Addenda et corrigenda

Apartando correcciones tipográficas—un paréntesis, uso de cursivas—, se ha practicado una corrección importante en el texto de DICTAMEN 2010 (anterior entrada) al añadir unas oraciones en el último párrafo de la sección Producción de un hecho político eficaz, en el Tratamiento. Esa adición hace más comprensible la prescripción.

Antes decía:

En cambio, el referéndum sobre el socialismo, además de inobjetable, necesarísimo y largamente debido, sería, de resultar adverso al proyecto socialista, un golpe letal. En palabras del mismo Chávez: paralizaría todos los “motores de la revolución”.

Ahora dice:

En cambio, el referéndum sobre el socialismo, además de inobjetable, necesarísimo y largamente debido, sería, de resultar adverso al proyecto socialista, un golpe letal. En palabras del mismo Chávez: paralizaría todos los “motores de la revolución”. Un desenlace de este tipo tendría tanta fuerza que muy probablemente haría inevitable la renuncia de Hugo Chávez a su actual cargo; si a la convicción creciente acerca de la ineficacia e inconveniencia de su gobierno, se suma la anulación de su coartada general—el “socialismo del siglo XXI”—, la viabilidad política del régimen decrecería muy marcadamente, pues habría sido radicalmente desautorizado por el Poder Constituyente Originario, la verdadera Corona.

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DICTAMEN 2010

APTO MEDICO

Introducción

El presente estudio, ofrecido para esta fecha (17 de diciembre de 2009) a los suscritores de la Carta Semanal de doctorpolítico el pasado 11 de noviembre de 2009, es probablemente el ejercicio más clínico de los presentados en esa publicación. De este modo, hay más acercamiento a las tres primeras cláusulas del Código de Ética compuesto y jurado públicamente por el suscrito el 24 de septiembre de 1995. Se las reproduce a continuación:

*Recomendaré o aplicaré, según sea el caso, sólo las acciones y cambios que entienda sean beneficiosos a las personas y a sus asociaciones, a menos que este beneficio particular implique perjuicio a la sociedad general o daño innecesario a otras personas o sus asociaciones, y jamás recomendaré o aplicaré nada que yo sepa sería dañino a las personas o asociaciones que pidan mi consejo o asistencia.

*Procuraré comunicar interpretaciones correctas del estado y evolución de la sociedad general, de modo que contribuya a que los miembros de esa sociedad puedan tener una conciencia más objetiva de su estado y sus posibilidades, y contradiré aquellas interpretaciones que considere inexactas o lesivas a la propia estima de la sociedad general y a la justa evaluación de sus miembros.

*Pondré a la disposición pública mis prescripciones para la salud de la sociedad general cuando su aplicación requiera la aprobación de los Electores de esa sociedad, y daré a cualquier Elector que me la pida mi opinión acerca del estado y progreso de su sociedad general.

En junio de 1986, compuse un primer dictamen de esta clase. En él expuse: “Lo ofrezco como dictamen porque estoy convencido de que la política debe ser concebida como un acto médico. Es decir, en política lo realmente importante es, como en medicina, la salud del paciente. Y en política el paciente es la nación”. Y también:

Un paciente se encuentra sobre la cama. No parece padecer una indisposición común y leve. Demasiados signos del malestar, demasiada intensidad y duración de las dolencias indican a las claras que se trata de una enfermedad que se halla en fase crítica. Por esto es preciso acordar con prontitud un tratamiento. No es que el enfermo se recuperará por sus propias fuerzas y a corto plazo. Tampoco puede decirse que las recetas habituales funcionarán esta vez. El cuerpo del paciente lucha y busca adaptarse, y su reacción, la que muchas veces sigue cauces nuevos, revela que debe buscarse tratamientos distintos a los conocidos. Debe inventarse un nuevo tratamiento. La junta médica que pueda opinar debe hacerlo pronto, y debe también descartar, responsable y claramente, las proposiciones terapéuticas que no conduzcan a nada, las que no sean más que pseudotratamientos, las que sean insuficientes, las que agravarían el cuadro clínico, de por sí extraordinariamente complicado, sobrecargado, grave.

Es clarísimo que las circunstancias del país son hoy muchísimo más graves que hace veintitrés años. A comienzos del fatídico año de 2002, quien escribe concibió un procedimiento de abolición del gobierno que comenzaba por los siguientes considerandos:

Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando

Que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz…

Que el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines, al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto…

Es igualmente claro que la descripción contenida en el segundo considerando persiste en forma agravada.

………

Sumario

A la exploración clínica, el sistema político venezolano revela una evidente y grave patología. Sobre un prolongado cuadro crónico de casi dos décadas previas de insuficiencia política, se ha sobrepuesto un agudo proceso oncológico que ya dura más de un decenio, pernicioso e invasivo, que pone en gravísimo peligro el desempeño democrático del Estado, el que pudiera sufrir malformaciones de difícil reversión y someter a la población entera mediante una dominación y un control completos de sus libertades ciudadanas. Una intervención terapéutica eficaz se hace urgentemente necesaria, luego de la aplicación reiterada de tratamientos que han fracasado.

Diagnóstico

Un cuadro general de insuficiencia política—el sistema político resuelve mal los problemas de carácter público—caracteriza a Venezuela. La etiología de esta condición es de carácter paradigmático: el paradigma desde el que operan los actores políticos convencionales (Realpolitik o política de poder + definición ideológica en el eje izquierda-derecha) les impide la producción de soluciones eficaces a los problemas públicos. Aquellas que implementan usualmente conducen al agravamiento de esos problemas.

La condición descrita fue percibida por los Electores venezolanos ya en la primera mitad de la década de los años ochenta:

Tan temprano como en 1984 la encuestadora Gaither mostró cómo, en el lapso de un año, el porcentaje de encuestados que no lograba identificar un “mejor partido” entre las opciones AD, COPEI, MAS y otros—es decir, todos—saltó bruscamente de 27% a 43%, o casi la mitad de la opinión pública. Tradicionalmente, la abstención electoral en Venezuela había sido mínima; todavía para las elecciones presidenciales de 1983, la abstención fue de sólo 12%. Seis meses después, la abstención creció a 40,7% en las elecciones municipales de 1984. Dos años más tarde, la empresa Datos registraba que ya 58% de sus entrevistados prefería un candidato presidencial que no viniera de los partidos. (Carta Semanal #350 de doctorpolítico, 25 de septiembre de 2009).

Y acerca de la campaña presidencial de 1983, fue posible escribir:

El venezolano que asistió a cualquiera de las innumerables reuniones que poblaron, como a cualquier otra, la batalla electoral de 1983, estaba más preocupado por el país en su conjunto, clara y evidentemente enfermo, que por el interés sectorial de su inmediata incumbencia. De allí el éxito de la vaga promesa del “Pacto Social” por Jaime Lusinchi, pues si abstracta e imprecisa, al menos tenía la virtud de ser formalmente una panacea. (Memorias Prematuras, 1986).

Los actores políticos convencionales no han encontrado el modo de actualizarse paradigmáticamente. Reiteran incesantemente la “necesidad” de posicionarse ideológicamente y emitir declaraciones de principios doctrinarios, mientras operan desde una praxis de política de poder. (“…la actividad de obtener poder e impedir que el contrincante obtenga poder”. Carta Semanal #50 de doctorpolítico, 21 de agosto de 2003).

Sobre ese cuadro general ha emergido el proceso oncológico de la dominación de Hugo Chávez, desde su asunción al poder el 6 de diciembre de 1998. El término oncológico se emplea para destacar que la patología chavista no fue inoculada al país por un agente o vector externo, sino que procede de las propias entrañas de la nación, estaba en su seno. También, por supuesto, para designar su carácter pernicioso e invasivo, que ha ido penetrando extensamente los tejidos social e institucional trastocándolos y destruyéndolos. El mecanismo específico no es otro que el de una exacerbación del paradigma antes descrito: asumiendo una ubicación de izquierda extrema y llevando la praxis de política de poder a sus últimas consecuencias, sin el escrúpulo de la urbanidad política de un actor convencional. Yehezkel Dror ya había descrito esta tipología en Crazy States: A counterconventional strategic problem (1971):

Estos son los rasgos, según Dror, de un «Estado loco»: 1. tiene objetivos muy agresivos en contra de otros; 2. mantiene un profundo e intenso compromiso con esos objetivos (dispuesto a pagar un alto precio por su logro y correr grandes riesgos); 3. está imbuido de un sentido de superioridad frente a la moralidad convencional y las reglas habitualmente aceptadas de la conducta internacional (dispuesto a la inmoralidad e ilegalidad en términos convencionales en nombre de «valores superiores»); 4. exhibe un comportamiento lógicamente consistente dentro de tales paradigmas; 5. lleva a cabo acciones externas que impactan la realidad (incluyendo el uso de símbolos y amenazas). (Carta Semanal #62 de doctorpolítico, 13 de noviembre de 2003).

Este proceso que, por lo demás, ha venido manifestándose con agresividad creciente, ancla en cinco pedúnculos, que le prestan fuerza muy considerable:

1. El empleo de un “discurso salvaje” transformado en un “discurso de poder”, según apunte de Francisco Toro Ugueto (traducción del suscrito) sobre un libro de Juan Manuel Briceño Guerrero (El laberinto de los tres minotauros, 1977-1982):

…explica no sólo por qué existe el chavismo, sino también por qué tiene éxito. La atracción política de Chávez está basada en el lazo emocional que su retórica crea con una audiencia que resiente profundamente su marginalización histórica. Funciona al hacerse eco de la profunda resaca de furia de los excluidos, una furia que Briceño Guerrero explica poderosamente. La retórica de Chávez está basada en una comprensión intuitiva profunda del discurso no occidental/antirracional en nuestra cultura, un discurso que ha sido alternadamente atacado, descontado y negado por generaciones de gobernantes de mentalidad europea. Chávez valida el discurso salvaje, lo refleja y lo afirma. Lo encarna. En último término, transmite a su audiencia un profundo sentido de que el discurso salvaje puede y debe ser algo que nunca ha sido antes: un discurso de poder.

2. El rechazo a la unipolaridad planetaria. Dentro de la prédica del Presidente de la República, uno de cuyos focos principales es una constante censura a los Estados Unidos, su preferencia por un mundo multipolar resuena con percepciones bastante extendidas en el planeta, y fue facilitada por el áspero desempeño de los sucesivos gobiernos de George W. Bush. A estas alturas, los propios Estados Unidos han comenzado a dejar de verse a sí mismos como hegemón planetario. A fines de noviembre de 2008, ya electo Barack Obama pero con Bush aún en funciones, el Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos dio a conocer su estudio Tendencias Globales 2025 – Un mundo transformado. Allí se lee, por ejemplo:

El sistema internacional—tal como fuera construido luego de la Segunda Guerra Mundial—será casi irreconocible para 2025, debido al surgimiento de potencias emergentes, una economía globalizadora, una transferencia histórica de riqueza relativa y poder económico de Occidente a Oriente y la creciente influencia de actores no estatales. Hacia 2025, el sistema internacional será uno global y multipolar, al continuar estrechándose las brechas de poder nacional entre países desarrollados y en desarrollo.

3. El fracaso del Consenso de Washington. A la caída del “socialismo real” con el desplome de la Unión Soviética y su sistema de clientes satelitales, una lectura simplista (Francis Fukuyama, The End of History?, en la revista The National Interest, 1989) entendía que tan portentosos acontecimientos anunciaban una era de generalización de la democracia liberal y los mercados capitalistas en el mundo. La década siguiente mostró  cuán equivocada era esa impresión. (Entre nosotros, el “caracazo” de 1989 fue una trágica campanada). Más recientemente, la crisis de los mercados financieros, desatada a fines de 2008, contribuyó a alimentar con hechos las refutaciones conceptuales de la tesis de una generalización inevitable del sistema capitalista:

El impacto es de dimensiones tan enormes que The Guardian Weekly, el semanario inglés, preguntó a Vince Cable (Shadow Minister of the Treasury del partido Liberal-Demócrata) hace sólo nueve días: “¿Es esto el principio del fin del capitalismo como lo conocemos?” (Guardian Podcast #78). Cable rechazó esa interpretación, pero el mero hecho de que la pregunta haya sido concebida revela la extensión de la crisis de confianza, casi universal, que afecta ahora a los muy sofisticados sistemas financieros de los países más desarrollados del mundo. Los productos de una altanera ingeniería financiera se tambalean como un viaducto que estuvo bien hecho, pero fue colocado sobre terreno movedizo. (Carta Semanal #304 de doctorpolítico, 25 de septiembre de 2008).

El presidente Chávez no dejó de aprovechar el proceso para afirmar su “socialismo del siglo XXI:

Los recientes acontecimientos catastróficos en los mercados financieros estadounidenses, y los de países estrechamente conectados con ellos, han sido saludados con arrogancia socialista que proclama el fin del capitalismo. Se trata de una soberbia, de una hibris, equivalentes a los de Francis Fukuyama cuando decretaba “el fin de la historia” a la caída de la Unión Soviética. La hecatombe financiera del mes que acaba de concluir es ciertamente terrible, pero lo es más la catástrofe crónica del pueblo cubano o la que duró setenta años en Rusia bajo la égida comunista. (Carta Semanal #305 de doctorpolítico, 2 de octubre de 2008).

4. La dinámica de la democracia participativa. Ya en 1984, John Naisbitt incluía el tránsito de una democracia meramente representativa a una participativa en su libro Megatendencias:

La democracia participativa está revolucionando la política local en América y borbotea hacia arriba para cambiar también la dirección del gobierno nacional. Los años 70 marcaron el comienzo de la era participativa en política, con un crecimiento sin precedentes en el empleo de iniciativas y referenda… Políticamente, estamos en un proceso de desplazamiento masivo de una democracia representativa a una democracia participativa… El hecho es que hemos superado la utilidad histórica de la democracia representativa y todos sentimos intuitivamente que es obsoleta… Esta muerte de la democracia representativa también significa el fin del sistema de partidos tradicionales.

Naisbitt escribía una década antes de la explosión de la Internet. Chávez llevó el asunto no solamente a la Constitución de 1999, sino a la Cumbre Presidencial de las Américas que se celebrara en Québec en 2001. Localmente fue criticado al no prosperar su intento de insertar el concepto de democracia participativa en la declaración final.

Si uno se pone a ver, la frase «constitución moribunda», que tanto nos alarmó por lo inoportuna e irrespetuosa que fue en boca de Chávez en el solemne acto de su primera toma de posesión, es menos radical que la de «muerte de la democracia representativa», que Naisbitt emitiera, con el aplauso de sus muchos admiradores, hace ya diecisiete años. (El Llanero Solitario en Québec, artículo en la revista Zeta reproducido en la Ficha Semanal #36 de doctorpolítico, 8 de marzo de 2005).

5. La ideología marxista residual. Hugo Chávez adoptó desde su juventud una óptica marxista acerca de la vida social, y las proximidades conceptuales con Jorge Giordani, Martha Harnecker y Heinz Dieterich (últimamente muy distanciado)—para no hablar de su relación favorita con Fidel Castro—consolidaron ese punto de vista radical:

María de Lourdes Vásquez ha reportado en el diario El Universal recientes declaraciones (30 de junio) del Presidente de la República, que siguen ya un guión ortodoxamente marxista. Abre así su nota: “El Presidente de la República, Hugo Chávez, indicó durante la noche del martes que en Venezuela existe una ‘guerra social’, según él desatada por las clases poderosas que quieren seguir explotando a los más pobres y en función de ellos manipulan y tienen desatada una ‘guerra psicológica’.” (Carta Semanal #338 de doctorpolítico, 2 de julio de 2009).

La dominación chavista, pues e independientemente de su equivocación, goza de profundo sentido político e histórico, y eso la hace difícil de superar; además de tan fuertes y anchos anclajes pedunculares, ha recibido una abundante irrigación de recursos financieros, la que ha permitido la diseminación de este proceso tumoral en el país y en buena parte del continente.

 

Tratamiento

De la insuficiencia política

Comoquiera que la etiología del cuadro general y previo de insuficiencia política es de carácter paradigmático, la superación de esa condición patológica requiere un cambio de paradigma (paradigm shift, Thomas Samuel Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions, 1962). En el artículo Paradigm shift en Wikipedia (traducción del suscrito) encontramos:

El paradigma, desde el punto de vista de Kuhn, no es simplemente la teoría vigente, sino la visión del mundo completa dentro de la que existe y todas las implicaciones que vienen con ella. Está basado en aspectos del paisaje del conocimiento alrededor de los que los científicos se identifican… Cuando se ha acumulado suficientes anomalías significativas contra un paradigma vigente, la disciplina científica es empujada a un estado de crisis, según Kuhn. Durante esta crisis, nuevas ideas, quizás algunas previamente descartadas, pasan a ser ensayadas. En algún momento se forma un nuevo paradigma, el que gana sus propios nuevos adeptos, y una “batalla” intelectual se establece entre los seguidores del nuevo paradigma y los sostenedores del viejo paradigma… Kuhn dijo, con el empleo de una cita de Max Planck: “…una verdad científica nueva no triunfa por el convencimiento de sus oponentes haciéndoles ver la luz, sino más bien porque sus oponentes mueren tarde o temprano, y surge una nueva generación familiarizada con aquél”.

Con ocasión de aplicar este protocolo kuhniano a la comprensión de nuestra insuficiencia política en febrero de 1985, el suscrito comentó:

…es mi creencia que la revolución que necesitamos es distinta a las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una “catástrofe en las ideas”, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos. (Memorias Prematuras, 1986).

Y, como sugiere Kuhn, un paradigma político no puede cambiar si la visión del mundo—Weltanschauung—de los actores políticos convencionales (Chávez incluido) no es sustituida por una nueva. Nuestros actores políticos convencionales operan dentro de marcos mentales clásicos, newtonianos y deterministas, y no han accedido aún a nuevos núcleos conceptuales, provistos principalmente por las novísimas teorías de la complejidad. (“Existe ahora, pues, un marco teórico y analítico—la teoría de la complejidad, el concepto de fractales, la teoría del caos—que permite entender los sistemas políticos desde una nueva perspectiva, así como, por el lado del «análisis de políticas», un arsenal de instrumentos para una producción racional de políticas específicas”. Los rasgos del próximo paradigma político, referéndum #0, febrero de 1994).

Un claro ejemplo viene dado por la concepción de la economía clásica respecto de los mercados:

Para la economía clásica la mano misteriosa del mercado estaba basada en la eficiencia del decisor individual. Se lo postulaba como miembro de la especie Homo œconomicus, hombre económicamente racional. Los modelos del comportamiento microeconómico postulaban competencia perfecta e información transparente. El mercado era perfecto porque el átomo que lo componía, el decisor individual, era perfecto. La propiedad del conjunto estaba presente en el componente. En cambio, la más moderna y poderosa corriente del pensamiento cientí­fico en general, y del pensamiento social en particular,  ha debido admitir esta realidad de los sistemas complejos: que éstos—el clima, la ecología, el sistema nervioso, la corteza terrestre, la sociedad—exhiben en su conjunto “propiedades emergentes” a pesar de que estas mismas propiedades no se hallen en sus componentes individuales. En ilustración de Ilya Prigogine, Premio Nóbel de Química: si ante un ejército de hormigas que se desplaza por una pared, uno fija la atención en cualquier hormiga elegida al azar, podrá notar que la hormiga en cuestión despliega un comportamiento verdaderamente errático. El pequeño insecto se dirigirá hacia adelante, luego se detendrá, dará una vuelta, se comunicará con una vecina, tornará a darse vuelta, etcétera. Pero el conjunto de las hormigas tendrá una dirección claramente definida. Como lo ponen técnicamente Gregoire Nicolis y el mismo Ilya Prigogine en Exploring Complexity (Freeman, 1989): “Lo que es más sorprendente en muchas sociedades de insectos es la existencia de dos escalas: una a nivel del individuo y otra a nivel de la sociedad como conjunto donde, a pesar de la ineficiencia e impredecibilidad de los individuos, se desarrollan patrones coherentes característicos de la especie a la escala de toda la colonia”. Hoy en día no es necesario suponer la racionalidad individual para postular la racionalidad del conjunto: el mercado es un mecanismo eficiente independientemente y por encima de la lógica de las decisiones individuales. (Marcos para la interpretación de la libre empresa en Venezuela, enero 2004).

El cambio requerido es de tal naturaleza, que implicará la formación de tipos nuevos de organización política:

Es importante construir lo necesario para que se dé el tránsito de uno a otro paradigma, de uno a otro concepto, de una vieja a una nueva conceptualización. Esto precisa de una nueva asociación política. Los actores políticos tradicionales, legitimados internamente por sostener alguna posición ideológica en algún “espacio” del viejo eje político de derechas e izquierdas, difícilmente pueden aceptar lo que tendrían que aceptar, que es, ni más ni menos, que de aquello que les sostiene no es posible deducir soluciones a los problemas políticos importantes. Las reglas de las organizaciones políticas tradicionales configuran un ambiente asfixiante que impide la ventilación de planteamientos que difieran de las interpretaciones consagradas. Es necesario por esto diseñar y crear una nueva asociación política, con unas normas que faciliten la emergencia y difusión de las nuevas concepciones, así como la actividad de nuevos y más competentes actores políticos individuales. (Memorias Prematuras, 1986).

En febrero de 1985, luego de largos meses de trabajo y análisis, fue posible arribar en Venezuela al diseño general de un tipo de asociación política caracterizado por un código genético diferente al de un partido convencional. Subyacía al análisis un diagnóstico de insuficiencia política de los actores políticos tradicionales, y se ubicaba la etiología de esa condición en una «esclerosis paradigmática» de esos actores. Esto es, que no ya la negatividad de tales actores (la idea de que serían intencionalmente nocivos o de que la actividad política es de suyo una praxis «sucia»), sino la insuficiencia de su positividad en razón de que operaban dentro de marcos conceptuales obsoletos, eran la causa del deplorable desempeño de nuestro Estado, de nuestras instituciones y de los actores políticos predominantes. Creía tenerse claro para entonces que se requería toda una sustitución de paradigmas y la emergencia de un vehículo asociativo nuevo, que dejara atrás los vicios de constitución que fuerzan a los partidos convencionales, independientemente de la buena voluntad de sus integrantes y dirigentes, a un desempeño insuficiente. (Carta Semanal #102 de doctorpolítico, 2 de septiembre de 2004).

La superación de la insuficiencia política de Venezuela no será, por tanto, un proceso rápido. Se trata de un tratamiento complejo y más bien lento, a emprender con paciente perspectiva de largo plazo, desprovisto de expectativas inmediatistas. Es una transformación que, por otro lado, comienza a ocurrir en varios otros puntos del planeta:

Tal paradigma puede ser sustituido, como comienza en la práctica a ocurrir aun antes de que las elaboraciones teóricas parezcan existir. (“La victoria de Obama no señala un desplazamiento ideológico en este país. Significa que el público americano se ha hartado de las ideologías”, escribió Roger Simon para Capitol News el 5 de noviembre de 2008). “Nicolás [Sarkozy] ha adoptado el bipartidismo no sólo con una gracia natural, sino también con un sincero abrazo de corazón. Él se yergue en el moderno molde post-ideológico”, opinó Tony Blair en la edición “Hombre del Año 2008” de TIME Magazine. “Pienso que recibimos un fuerte mandato de cambio… Esto significa un gobierno que no esté impulsado ideológicamente”, dijo Barack Obama en entrevista para la misma edición de la revista. (Carta Semanal #326 de doctorpolítico, 2 de abril de 2009.

Del chavoma

Ahora bien, el cuadro patológico más agudo del sistema político venezolano, así como el más pernicioso y peligroso, es indudablemente la dominación chavista en progreso, y por tanto el tratamiento de esta enfermedad es tanto más importante como más urgente.

Médicamente hablando (en oposición a lo “quirúrgico” o inconstitucional), la remoción del “chavoma” debe ser obtenida por medios inobjetablemente democráticos. Para comienzos del año 2002, una clara mayoría de los ciudadanos de Venezuela—en medición unánime de las firmas encuestadoras—estaba inconforme con el gobierno presidido por Hugo Chávez, y esa condición imprescindible comienza a aflorar de nuevo en estos tiempos. Crecientemente, ciudadanos que durante largo tiempo han apoyado al gobierno, han llegado ya a la conclusión de que la continuación de Chávez en el poder es inconveniente a la República. (Una medición ilustrativa es la de la encuesta nacional de IVAD—trabajo de campo entre el 25 de octubre y el cuatro de noviembre de 2009—, que reporta: Acerca del comportamiento del Presidente ante la problemática que vive el país: aprueba 40,7%; desaprueba 54,0%. Opciones con las que está más de acuerdo, en cuanto al mandato del presidente Chávez: que el presidente Chávez culmine su mandato en el 2010, tras un referéndum revocatorio, 29,8%; que culmine su mandato en su período constitucional en el año 2012 y dé paso a otros liderazgos, 35,6%; que permanezca hasta el 2021, 6,6%; que permanezca más allá del 2021, 19,5%. Esto es, 65,4% de los encuestados prefieren que el presidente Chávez cese en sus funciones a más tardar en 2012).

El asunto está, entonces, en conseguir vías terapéuticas que procedan democráticamente, dentro del marco constitucional venezolano. Por un lado, es posible esperar hasta el año en el que, en principio, habría las elecciones presidenciales de fin de período: 2012; en este caso, el trabajo consistirá en promover una candidatura eficaz, capaz de vencer electoralmente al presidente Chávez, quien seguramente intentará reelegirse una vez más, según la facilidad que obtuviera a raíz del referéndum sobre enmienda constitucional del 15 de febrero de este año. (Los rasgos necesarios de una candidatura eficaz han sido enumerados y descritos en la Carta Semanal #309 de doctorpolítico, del 30 de octubre de 2008).

Por otro lado, la peligrosa perniciosidad creciente del gobierno de Chávez, aconseja encontrar modos democráticos y constitucionales anticipados de su remoción. Dos condiciones son imprescindibles en esta terapéutica: 1. la producción de un hecho político contundente, en el que se exprese inequívocamente la voluntad electoral (más bien, constituyente) en contra del gobierno; 2. la presencia de una contrafigura que concite la aprobación de los electores. (Esta última condición estuvo ausente en la oportunidad del referéndum revocatorio del 15 de agosto de 2004, y un buen número de electores que hubieran votado afirmativamente la revocación de haber contemplado un sucesor aceptable, votó en contra. “Cuando ya una mayoría nacional rechazaba a Carlos Andrés Pérez en 1991, se detectaba igualmente la negativa a su sustitución porque se ignoraba quién podía sucederlo”, Carta Semanal #309 de doctorpolítico, del 30 de octubre de 2008. En ambos casos, el comportamiento aparentemente paradójico de la opinión encuentra explicación en la imposibilidad de percibir un sucesor aceptable).

Producción de un hecho político eficaz

El hecho político contundente que cristalice la opinión crecientemente contraria a Chávez antes de la oportunidad electoral ordinaria, pasa por la apelación al Poder Constituyente Originario; es decir, a alguna clase de referéndum en el que se exprese ese poder supremo. Tres tipos principales son fácilmente concebibles:

1. El referéndum revocatorio contemplado en la Constitución. Ésta dice: “Artículo 72. Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato”.

El Presidente inició su período de seis años en enero de 2007 y, por consiguiente, en enero de 2010, el año que viene, puede ya recogerse las firmas para forzar un referéndum de esa clase. Si tuviere lugar antes de enero de 2011 y su poder le fuere revocado, se configura una falta absoluta que fuerza a nuevas elecciones presidenciales en el término de un mes. Si eso ocurre después del 10 de enero de 2011 (luego de cumplidos los primeros cuatro años del período), la falta absoluta es cubierta por el Vicepresidente (que él designa) hasta concluir el período y no hay elecciones.

La convocatoria de un referéndum tal exige la firma de 20% de los electores, unas 3.400.000 sobre un registro electoral de 17 millones de ciudadanos.

2. Un referéndum consultivo sobre una pregunta como: “¿Considera Ud., Sr. Elector, conveniente para la salud de la Nación que el ciudadano Hugo Chávez Frías continúe en el cargo de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela?” Al ser meramente consultivo, esta clase de referéndum no surte efectos vinculantes, y el Presidente pudiera negarse a renunciar, pero la presión introducida para esa renuncia es indudable, y el referéndum que dio origen al proceso constituyente en 1999 fue igualmente consultivo; técnicamente, no tenía carácter vinculante.

Una renuncia provocada por un resultado adverso de tal magnitud configuraría una falta absoluta del Presidente de la República, y los plazos indicados en el aparte anterior aplican igualmente.

Un referéndum de esta clase, convocado por iniciativa popular, requiere la firma de 10% de los electores, o 1.700.000 ciudadanos habilitados para votar.

3. Un referéndum consultivo sobre la siguiente pregunta: “¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela de un sistema político-económico socialista?”

Este concreto referéndum fue propuesto en la Carta Semanal #341 de doctorpolítico, del  23 de julio de 2009, y predicado sobre el rechazo evidente de la mayoría ciudadana a la orientación expresamente socialista (estatista) del gobierno:

Todas las encuestas que ha podido conocer quien escribe han dado recientes datos bastante similares. Por ser representativo del conjunto, limitemos los números a un solo estudio: el informe final del Monitor Socio-Político de Hinterlaces del 1º de junio de este año. Este estudio “cuantitativo y cualitativo” registra lo mismo que otros investigadores reportan: que una mayoría de los consultados rechaza las políticas más recientes del Ejecutivo Nacional y sus demás poderes sumisos.

En particular, por ejemplo, Hinterlaces (Oscar Schemel) mide 68% de desacuerdo con la nacionalización de empresas y haciendas ordenada desde la Presidencia de la República. (Quienes están de acuerdo con esa medida alcanzan sólo al 28%. Cuatro por ciento no quiso o no supo responder). Por ejemplo, según el estudio referido, 63% estima que esa medida pudiera afectar a la propiedad privada de todos los venezolanos. (Treinta y tres por ciento no cree tal cosa). Por ejemplo, 68% está de acuerdo con la propiedad privada que apoyan los empresarios y no con la propiedad colectiva propuesta por el presidente Chávez. (Veintisiete por ciento dice preferir la propiedad colectiva sobre la privada).

Y 57% no aprueba el establecimiento del “socialismo del siglo XXI” en el país, frente a 35% que lo aprueba. Y si ese socialismo fuera como el cubano, la desaprobación asciende a 87% y la aprobación desciende a 9%.Y 83% expresa desacuerdo con la idea de que es malo ser rico. (Once por ciento expresa acuerdo). Y 86% no piensa que ser pobre es bueno. (Diez por ciento sí lo cree). Y 80%—contra 16%—no concurre con la idea de que todos debemos ser iguales para que no haya ricos ni pobres, como sostiene que ocurriría el Presidente de la República.

En suma, la mayoría de los venezolanos rechaza la pretensión de implantar en el país un sistema político-económico socialista…

¿Qué hace uno con una mayoría tan fuerte? Pues procura que se exprese políticamente de modo válido. Pide que el asunto sea votado, pues está seguro de ganar una consulta que lo considera. Es ésa una regla política elemental. Quien tiene la mayoría quiere que se la mida y certifique, porque quien tiene la mayoría puede mandar.

Las mismas exigencias de 10% de los electores convocantes y los mismos plazos referidos a la falta absoluta del Presidente se aplican a este caso.

………

Finalmente, es concebible asimismo la aplicación directa de un procedimiento de abolición del gobierno, no contemplado en la Constitución pero perfectamente jurídico en virtud de la doctrina constitucional venezolana establecida en sentencia del 19 de enero de 1999 de la Corte Suprema de Justicia, fundamento del proceso constituyente que culminó en la promulgación de la constitución vigente. (Que el Poder Constituyente Originario posee carácter supraconstitucional; que no todo lo constitucional está contenido en alguna constitución concreta). La astringencia de las condiciones políticas requeridas para la activación de un procedimiento de esta naturaleza—por ejemplo, rechazo confiablemente medido de no menos de 65% y apoyo no mayor de 25%, para una diferencia de cuarenta puntos—aconseja prescindir de tratar aquí esta posibilidad terapéutica. (Fue posible en 2002 y expuesta en ese año, pero despreciada por los principales actores de la oposición en esos momentos, tal vez porque les restaba protagonismo y control al poner el problema en manos de los electores o, también, porque era non invented here).

………

En opinión del suscrito, el referéndum preferible es la consulta sobre la conveniencia de un sistema político-económico socialista. El referéndum revocatorio requiere el doble de las firmas que uno consultivo, además de tener mala recordación por haber sido un fracaso el intentado en 2004. El referéndum consultivo sobre la posibilidad de permanencia en el cargo del presidente Chávez focaliza el asunto sobre su figura, lo que puede generar resistencia en una buena parte de la población con la que todavía mantiene lazos afectivos.

En cambio, el referéndum sobre el socialismo, además de inobjetable, necesarísimo y largamente debido, sería, de resultar adverso al proyecto socialista, un golpe letal. En palabras del mismo Chávez: paralizaría todos los “motores de la revolución”. Un desenlace de este tipo tendría tanta fuerza que muy probablemente haría inevitable la renuncia de Hugo Chávez a su actual cargo; si a la convicción creciente acerca de la ineficacia e inconveniencia de su gobierno, se suma la anulación de su coartada general—el «socialismo del siglo XXI»—, la viabilidad política del régimen decrecería muy marcadamente, pues habría sido radicalmente desautorizado por el Poder Constituyente Originario, la verdadera Corona.

El sucesor

Como se dijo antes, aun un nivel muy considerable de rechazo puede no convertirse en una votación positiva del referéndum sugerido si los electores no pueden visualizar quién pudiera asumir la Presidencia de la República a la cesación del mandato de Hugo Chávez, y si las figuras asomadas como posibilidad no logran—como ninguna hasta ahora—resultar atractivas a una mayoría de los ciudadanos.

Sobre todo si la remoción de Hugo Chávez de su actual cargo ocurre antes de enero de 2011, circunstancia que implicaría elecciones dentro de los treinta días siguientes a la configuración de la falta absoluta—teóricamente; es difícil imaginar que el Consejo Nacional Electoral pueda llevar a cabo esa proeza—, sería de la mayor conveniencia la aparición de una figura convincente, para la delicada labor de una presidencia de transición que complete los dos últimos años del período. (La cesación de Chávez antes del tiempo normalmente previsto abriría un lapso muy delicado en la vida de la Nación, con enormes riesgos y una acusada propensión a la inestabilidad gubernamental. Entre otras cosas, si el sucesor no sale de filas favorables al gobierno, deberá eludir la tentación de emprender una cacería de brujas, dado el grado de irritación e indignación que el presidente Chávez y sus más cercanos seguidores han causado a una gran parte de la población. “Ahora que nos encontramos en el umbral del post-chavismo es importante entenderlo así. Si rechazamos de él su ira y su miedo, si su sentido del deber es retorcido y extraviado, no neguemos que también actúa por amor. La venganza no debe ser su sucesor”. Carta Semanal #345 de doctorpolítico, del 20 de agosto de 2009).

La tarea a acometer al término del gobierno de Chávez es ciclópea: involucra una terapia reconstructiva, tanto en lo institucional y estrictamente político como en lo concerniente a la psiquis de la Nación.

Cualquier cosa positiva que Chávez haya podido traer a su pueblo es anulada por esta permanente modelación de la violencia, por cuanto aquí el daño que infiere es a lo psíquico de nuestra sociedad. No hay, pues, nada que pueda salvar a las administraciones de Chávez en el registro de la historia, y esto debe ser explicado a sus partidarios en nuestra ciudadanía. Uno pudiera invitarles a que hicieran una lista de los aciertos de Chávez, pues por más larga que fuese sería reducida a la insignificancia al cotejarla con su perenne modelación de la violencia y la agresión, que deja cicatrices en el espíritu de la Nación. ¿Cómo puede disminuir la delincuencia en un país cuyo presidente la modela, exacerbando el azote que lacera por igual a sus partidarios y sus opositores? ¿Qué asaltante no se sentirá “dignificado” por la conducta presidencial, cuya agresividad y cuyo desprecio por la propiedad puede tomar por modelos?

Este rasgo terrible y definitivo del modo de gobernar de Hugo Chávez se complementa con una “desconexión moral”—moral disengagement, otro concepto de Bandura—que le impele a fabricar excusas para su mala conducta, eludir la responsabilidad de sus consecuencias y culpar a sus víctimas. Las razones de Chávez son, mayormente, coartadas.

Y esta espantosa modelación, más gravemente, es amplificada en el más obsceno culto a la personalidad que haya conocido Venezuela. No hay agencia oficial que no le adule, no hay programa que no se atribuya a sus méritos, no hay pieza publicitaria del gobierno que no infle su ego megalómano y tóxico.

Preparémonos para una inmensa tarea de psiquiatría política al cese de su mando. (Carta Semanal #244 de doctorpolítico, 5 de julio de 2007).

Y esto debiera hacerse en tiempo más bien breve, bajo el liderazgo ejecutivo de una persona extraordinariamente capaz y adornado con virtudes balsámicas. Es todo un “Solón de Caracas” lo que convendría.

En resumen, Solón produjo una cantidad de cambio tan grande como la que Napoleón Bonaparte generaría más tarde en su época, sólo que desde una autoridad democrática. De hecho, la tiranía le fue propuesta a Solón y la rechazó. No contento con negarse a la dictadura, Solón hizo que los atenienses se comprometieran a aceptar sus disposiciones, a las que se dio validez por el lapso de cien años (fueron escritas en tabletas giratorias de madera y colgadas por toda la ciudad) y ¡abandonó el poder! Solón, habiendo terminado su tarea, cesó su intervención y desapareció de Atenas para viajar por Egipto y otros lugares, cuidando de no regresar a la ciudad antes de que diez años expiraran, a la que volvió de nuevo como su poeta.

En su enjundioso estudio acerca de la insensatez política (The March of Folly), Bárbara Tuchman concluye que la insensatez política ha sido históricamente la regla. Solón de Atenas fue la excepción. Desprovisto de apetencias de un poder prolongado, enfrentó como médico el cuadro de enfermedades sociales de su tiempo en su patria, le dio solución inteligente y justa, y descendió por propia voluntad de la primera magistratura ateniense, rehusando toda oferta de convertirse en gobernante totalitario. Solón fue, sin duda, quien cambió la frecuencia de Atenas y abrió la puerta al Siglo de Oro signado luego por la gestión de Pericles. No en vano es Solón figura inamovible del Salón de la Fama griego, porque su vocación no fue la de ser gobernante, sino la de ser ex gobernante.

Según puede predecirse como desenlace más probable—no inexorable—de la actual situación política venezolana, estamos ante la posibilidad de una cesación del actual gobierno y la elección de un nuevo presidente que complete el período constitucional. (Desde el momento de la toma de posesión hasta el 9 de enero de 2007, según lo establecido por sentencia de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia). Tal circunstancia determina de por sí un lapso corto y extraordinario que, por una parte, estará signado por grandes dificultades y, por la otra, convendrá tomar como oportunidad especialísima para introducir cambios sustanciales y suficientes en el esquema político nacional. ¡Qué bueno sería que pudiéramos contar con Solón! (Carta Semanal #89 de doctorpolítico, 3 de junio de 2004).

La fortuna ha querido que los venezolanos tengan a la mano una persona de ese calibre: José Antonio Abreu.

El maestro Abreu es una figura que es ampliamente querida, hasta venerada, por una inmensa mayoría de los venezolanos. Su profesión, además de la de músico, es la de economista; esto es, fue adiestrado en una disciplina social diferente de la jurídica, más propiamente científica. El maestro Abreu ha sido bendito por una grandísima inteligencia, y además hace gala de una envidiable “mano izquierda”, que le ha permitido crear y desarrollar, para admiración planetaria, el ejemplar, benéfico y único Sistema de Orquestas Juveniles. El maestro Abreu tuvo una temprana vocación política, que sacrificó a la música pero le ha servido para adquirir dotes de negociación y convicción que facilitaron sus logros increíbles. De hecho, tiene conocimiento directo de la administración pública, al haber sido el segundo hombre en Cordiplán (1974) y Ministro para la Cultura (1984). El maestro Abreu, además de su Doctorado en Economía en la Universidad Católica Andrés Bello, realizó estudios de postgrado en Economía Petrolera en la Universidad de Michigan. El maestro Abreu es hombre probo, de hábitos frugales, como corresponde a quien se concentra en la búsqueda de valores espirituales permanentes. El maestro Abreu, por encima de todo, ha sido el inventor y animador principal de un movimiento que ha beneficiado directamente a cientos de miles de niños y jóvenes venezolanos, en manifestación poderosísima de una vocación social sin parangón.

El 31 de agosto de este año, José Antonio Abreu recibió de manos del rey Carl XVI Gustaf de Suecia el Premio Polar de Música, conferido por la Academia Real Sueca de Música. Esta academia dijo de él:

El Premio Polar de Música 2009 se concede al director, compositor y economista José Antonio Abreu. Impulsado por una visión de que el mundo de la música clásica puede ayudar a mejorar las vidas de los niños venezolanos, ha creado la red musical El Sistema, que ha ofrecido a cientos de miles las herramientas para superar la pobreza. La exitosa creación de José Antonio Abreu ha promovido valores tradicionales, como el respeto, la solidaridad y la humanidad. Su logro nos muestra lo que es posible cuando se hace de la música un terreno común y por eso mismo parte de la vida cotidiana de la gente. Simultáneamente, se ha dado a niños y padres, así como a los políticos, una nueva esperanza para el futuro. La visión de José Antonio Abreu sirve de modelo para todos nosotros.

En suma, José Antonio Abreu está mandado a hacer para la dificilísima tarea de asumir la jefatura del Poder Ejecutivo Nacional a la cesantía de Hugo Chávez, con una capacidad incomparable y una disposición real de unir a los venezolanos.

Hace unos días, en un sorprendente ejercicio de lucidez, por lo demás habitual en él, el Dr. Ramón J. Velásquez dibujó con hábil pincel grueso el trayecto histórico que nos ha traído a este insólito momento. Con toda la intención trazó la rúbrica de cierre: “El resultado de todo esto es que el país está dividido”.

¿Unir a “la oposición”, cuando la mitad de la nación no le está afiliada, sería la estrategia adecuada? Tal vez, pero la tarea política profunda es la de unir a ese país dividido. (Carta Semanal #320 de doctorpolítico, 19 de febrero de 2009).

Venezuela tiene, pues, la inmensa suerte de que uno de sus hijos, nacido en Valera, sea José Antonio Abreu. Es la esperanza del facultativo que prescribe estos tratamientos que, llegado el momento crítico, trascendental, el maestro Abreu sepa aceptar el reclamo que muchos venezolanos le haríamos. Nadie como él tiene la oportunidad de reparar los graves daños inflingidos al país durante las últimas décadas, primero por una clase política incompetente y luego por la dominación chavista; nadie como él restituiría ante el mundo de manera tan instantánea el buen nombre del país.

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Advertencia: quien escribe certifica que no conversa con José Antonio Abreu desde un mediodía de septiembre de 1974, cuando fuera invitado por él a almorzar en el restaurante Anatole, de San Bernardino. La consideración de su posible candidatura, concebida hace un poco más de un mes, ha sido conversada solamente con cinco personas cercanas al suscrito. Ninguna de ellas ha llevado la delicada idea al maestro Abreu.

luis enrique ALCALÁ

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FS #267 – Ejercicio de Elector

6_02LEA, por favor

El año de 1998 fue indudablemente portentoso para los venezolanos, pues fue aquél en el que Hugo Chávez fuera elegido por vez primera como Presidente de los venezolanos. Causas profundas y longevas—la insuficiencia política de los actores convencionales—, así como una incomprensible secuencia de errores más cercanos a la fecha electoral, dieron el triunfo a quien un año antes de la votación no pasaba de 8% de intención de voto a su favor.

Para la época, Hans Neumann, antiguo jefe y amigo desde hacía treinta años, había adquirido el control de El Diario de Caracas, y no me fue difícil colarme en la nómina de articulistas. (Ya antes, bajo las direcciones de Ricardo Ball, Joaquín Marta Sosa y Diego Urbaneja, había enviado allí unos pocos artículos, como siempre sobre tema político).

La Ficha Semanal #267 de doctorpolítico reproduce un artículo del 11 de noviembre de aquel año electoral, el que, como él mismo explica, se sugirió solo a partir de una entrevista radial que me hiciera Marta Colomina desde Unión Radio, casa que también fuera mía entre 1994 y 1996, cuando conducía el programa dominical Argumento.

Las elecciones de ese año ya lejano—en diciembre próximo se cumplirán once años de la elección (el artículo los cumplirá mañana)—fueron nutridas en cuanto a número de candidatos, entre ellos el propio Hugo Chávez, Irene Sáez, Henrique Salas Roemer, Claudio Fermín, Radamés Muñoz León, Miguel Rodríguez, Alfredo Ramos y Luis Alfaro Ucero, que se quedó en el camino una vez que su partido, Acción Democrática, hiciera a última hora lo impensable: defenestrar a quien era la destilación más acabada del modo de ser adeco, para ofrecer apoyo—el beso de la muerte—a Salas Roemer. (Alfaro continuó apoyado por los partidos ORA y URD y obtuvo, finalmente, 30.000 votos).

También estuvieron llenas de insólitas decisiones políticas. Por ejemplo, el Congreso de la República aprobó en diciembre de 1997 una reforma a la ya derogada Ley Orgánica del Sufragio, y en esta ocasión estaba previsto que las elecciones de gobernadores se hicieran junto con las de Presidente de la República. Ya avanzado el año 1998, los partidos hasta entonces dominantes—AD y COPEI—se percataron del peligro electoral de Hugo Chávez y decidieron volver a reformar la ley para separar ambas elecciones, con la esperanza de obtener entrambos una mayoría de gobernadores y así construir un cerco de autoridades regionales al Ejecutivo Nacional. Alfaro Ucero, que con todo lo que pueda criticársele siempre fue un hombre serio, dijo que ese viraje de 180 grados ocurriría “sobre su cadáver”. No pudo detener la burda maniobra, y Acción Democrática lo redujo a la condición figurada de cadáver político. Desapareció del mapa, pero los electores asistieron al teatro y se percataron de la tracalería, aumentando su propensión a votar por Chávez.

Por lo que respecta al oponente de éste en 1998, Henrique Salas Roemer, mantuvo una postura contraria a la realización de una constituyente, en momentos cuando la mayoría del electorado quería una. El candidato conservador declaró que la constituyente era «un engaño y una cobardía». Cerca de dos mil millones de bolívares de 1998—unos tres millones y medio de dólares—, según dato que me ofreciera la Dra. Colomina, fueron gastados (causados) por una tal asociación civil «La Gente es el Cambio», en profusas cuñas televisadas en blanco y negro que aseguraban que la constituyente era una horrible idea. Se trataba de la puesta en práctica de una prescripción adelantada, el 24 de junio de 1998, por un destacado empresario venezolano: «Lo que hay que hacer es una campaña inteligente, profunda y con mucho real para parar a Chávez». El mucho real lo hubo, pero la campaña misma fue un clásico tiro por la culata. En cuanto el habitante más lerdo de las barriadas escuchó la centésima séptima cuña, repetida en prime time por todos los canales de televisión, ha debido darse cuenta de que «La Gente es el Cambio» era la gente con mucho real, y rechazaría su propuesta aniconstituyente. Al año siguiente, una de las personas directivas de «La Gente es el Cambio» intentó postularse a la constituyente que había combatido con tanto denuedo. Proyecto Venezuela, liderado por Salas Roemer, apoyaría también candidatos a la constituyente que tuvo antes por «engaño y cobardía».

LEA

Ejercicio de Elector

Hace unos días, tuve el privilegio de conversar con la doctora Marta Colomina en el programa que tiene por las mañanas en 1.090 KHz. Una o un oyente tuvo la amabilidad de interesarse en saber con cuál de los candidatos presidenciales estaba yo. Contesté que estaba como el profesor Jesús Sanoja Hernández, quien hace poco escribió en la prensa que lo había sorprendido el mes de octubre sin candidato.

A partir de esa pregunta se me ocurrió hacer un ejercicio. Consistió en considerar una serie de polarizaciones imaginables, y preguntarme por cuál de los dos candidatos de cada polarización considerada votaría. Lo que sigue es el resultado de pensar en las parejas de candidatos que consideré. No pensé en todas, por supuesto. Habría tenido que considerar más de un centenar de combinaciones. Cada pareja considerada tiene sus nombres ordenados alfabéticamente.

1. Chávez Frías – Salas Römer:

Votaría a regañadientes por Salas Römer. Mi principal problema con este último candidato es que no conozco, para empezar, su programa. Salas ha dicho que presentará su programa en noviembre—a última hora—porque considera “una irresponsabilidad” explicarlo en este momento. El otro día asistí a la segunda mitad de una conferencia en la que el expositor argumentaba que Salas sí tenía programa, pero que si lo presentaba perdía las elecciones, porque no sería tan reivindicativo como el de Chávez. El hecho es que no lo ha presentado y en este sentido repite lo que hasta ahora ha sido la regla de la política venezolana más reciente: que la legitimidad se establece sin que los Electores sepamos con alguna claridad qué harían los candidatos desde la Presidencia de la República.

Hasta ahora sabemos que buscará «la descentralización, la despartidización y la desmarginalización», y que ha declarado no estar muy seguro de cuál es el nuevo modelo político del que Venezuela, a su juicio, estaría muy necesitada. (3 de diciembre de 1997). Sabemos también que monta un caballo llamado Frijolito y que no promete freír adecos y copeyanos pero está orgulloso de haber “acabado con los partidos” en Carabobo.

Pero votaría por él sin dudarlo mucho si sólo quedaran Chávez y él. En estas páginas he expuesto con claridad suficiente por qué creo que Chávez sería nefasto para Venezuela. Muchos otros venezolanos han advertido también acerca de las desastrosas consecuencias de un triunfo de Chávez. Hoy quiero comentar tan sólo que Chávez es sin duda alguna un hombre muy hábil, pero es, en el fondo, una cabeza simple, simplista, sin profundidad. Quiere impresionar con citas memorizadas como si hubiera leído mucho. La verdad es que cita muy selectivamente, como a Bolívar, del que se siente mejor intérprete que la Sociedad Bolivariana o Pedro Grases. Es más, se cree la encarnación de Bolívar. Pero la verdad es que la pretendida erudición es, por una parte, en su pretencioso y pedante despliegue, en gran medida anacrónica, y por la otra, muchas veces sin real pertinencia a lo que se le pregunta o dice.

2. Alfaro Ucero – Chávez Frías:

Mil veces votaría por Alfaro antes que por Chávez. El carácter aluvional, chiriposo, oportunista y militarizado del apoyo a Chávez es mucho menos preferible que la organizada Acción Democrática, por más que ésta sea todavía una organización montada sobre viejos paradigmas políticos. En todo caso, los “paradigmas” de Chávez son aún más ancianos. El chavismo es tal cual como el paludismo, que habíamos dejado atrás como un mal pasado y ahora resurge con el deterioro acumulado. No quiero a Venezuela enferma de paluguismo.

No hay comparación posible entre la ligera y abusiva irresponsabilidad de Chávez y la seria responsabilidad de Alfaro, que dio apoyo a la transición y la seriedad de Caldera. Claro que una cierta cercanía ideológica se lo facilitaba: posiciones parecidas ante inventos tales como la venta de PDVSA y la caja de conversión, posiciones parecidas ante un dogmatismo neoliberal que ahora comienza a ser criticado universalmente. Hasta la revista Newsweek, pues, en su edición del Día de la Raza.

3. Chávez Frías – Sáez Conde:

Bueno. Votaría de nuevo contra Chávez por Sáez Conde. Gracias a Dios que muy probablemente no tendré que hacerlo. Pero hasta por Sáez votaría si la única otra posibilidad fuese Chávez. Probablemente lo haría con la tarjeta de Urbaneja, para no hacerlo por el nepótico “movimiento” IRENE o la verde tarjeta que ahora quiere desconocer Enrique Mendoza. (A mi casa llegaron cartas de este candidato a Gobernador del Estado Miranda en la que no había ni una sola mención de COPEI—ni siquiera cuando solicita en la comunicación el voto de apoyo para la Asamblea Legislativa—y un ribete azul más pálido que el de los impresos de Sáez, no el verde copeyano, bordea y enmarca la carta semipersonalizada). Prefiero la insulsez cariñosa de Sáez a la pendenciera superficialidad de Chávez.

4. Fermín – Chávez Frías:

Acá juro que no sabría. Creo que este caso sería el único en el que votaría nulo. Está claro que Fermín puede exhibir una mejor preparación de estadista que la que ni a duras penas podría pretender Chávez. No sé, sin embargo. Hay algo muy postizo en Fermín, hay nexos próximos muy indeseables, hay, con mayor urbanidad, naturalmente, la misma echonería de Chávez.

5. Chávez Frías – Rodríguez:

De nuevo, contra Chávez por Rodríguez. Ya no quiero decir nada malo adicional sobre Chávez, de modo que sobre Rodríguez diré esto: a pesar de que continúo convencido de que es lo mejor que Pérez desaparezca de una vez por todas de la escena política nacional, creo en la sinceridad de aquél cuando se distingue ideológica y programáticamente de Pérez. Creo en la honestidad intelectual de Rodríguez. Además ha presentado un programa bastante bueno, con el que yo pudiera llegar a estar, tal vez, de acuerdo.

6. Chávez Frías – Muñoz León:

Bueno, fíjense. Aquí sí he llegado a una pareja absurda, y como es absurda votaría absurdamente ¡por Chávez! Entre un golpismo subdesarrollado como el de Chávez, y un golpismo gorilista de Muñoz, el que según un ex Presidente de la República no llegó a expresarse en la práctica no porque no quiso sino porque no pudo, me quedo con el primero. Por lo menos tendríamos un populista folklórico y no un señor que dijo que él quería mandar porque había estudiado “para poner orden”. Digo no al pinochetismo, así pudiera ser menos terrible porque sea de tercera categoría.

7. Chávez Frías – Quintana:

Este otro caso—y tal vez también el de la imposible pareja de Chávez Frías y Peña Esclusa—sería otro espantoso escenario en el que votaría por Chávez. Prefiero el patriotismo pueril y trasnochado de Chávez a la servil adulación proyanqui de Quintana. Éste se complació en hacernos saber, en inexplicada  reseña y foto en colores de algún periódico nacional, que él había saludado a William Clinton como el “representante de la república imperial”. (Seguramente lo pensó en mayúsculas). Perdone, Mr. Maisto, pero no cambiaría mis siete menesterosas estrellas por la tentadora estrella cincuenta y uno de la bandera que Ud. tan dignamente sirve.

8. Alfaro Ucero – Salas Römer:

Me sorprendí a mi mismo sintiendo serenamente que votaría por Alfaro y no por Salas. Votaría por éste, creo yo, en cualquiera otra polarización. Es decir, prefiero a Salas antes que a Rodríguez, a Sáez, a Fermín, a Chávez como ya dije. Pero si tengo que escoger entre un proyecto con claros visos nepóticos, convergentoide, como el de Salas, y la posibilidad de un gobierno adeco, escojo esto último. No veo un claro dibujo de organización política en Salas. Veo a Frijolito, veo a su hijo, veo el mismo encierro en el que se convirtió Convergencia, pero no veo claro ese futuro organizativo. En cambio creo que, a pesar de todas las cosas, la historia de Acción Democrática sigue siendo significativa y en balance positiva, como lo es la de COPEI, sólo que AD tiene más probabilidades de someterse a vientos de cambio y modernización, en un ambiente bastante más democrático que el que impera en el Proyecto Venezuela como extensión del Proyecto Carabobo. Prefiero el modo adeco al de römerolandia.

Esto fue lo mejor que pude hacer con el ejercicio. Para ser totalmente honesto, debo añadir que preferiría que fuese presidente un señor equis que ni siquiera es candidato, porque creo que puede haber un mejor presidente que Alfaro Ucero. Para justificar esto tendría que exponer un programa que conviniese más a la Nación en este crucial momento de su historia, y eso llevaría, por lo menos, un artículo más.

No sé si alguna encuestadora propone un ejercicio similar a los Electores que consulta. Pero tal vez este periódico en el que amablemente reciben mis artículos, desee promover una correspondencia que solicite a los Electores su opinión acerca de las polarizaciones mencionadas y también otras que son posibles.

luis enrique ALCALÁ

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LEA #356

LEA

Quince días de intensa actividad, a partir del próximo 7 de diciembre, aguardan a la comunidad internacional, que se reunirá en Copenhague para decidir un instrumento de compromiso planetario que suceda al Protocolo de Kyoto, cuya vigencia expira en 2012. Se trata del COP 15, la décimo quinta Conferencia de las Partes (Conference Of the Parties) bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Esta asamblea es la mayor autoridad creada por esa convención (Kyoto), y consiste en los ministros del ambiente de los países signatarios, que deben reunirse anualmente para el seguimiento y desarrollo del acuerdo.

A ella se llega con aprensión y un buen grado de escepticismo. Estas actitudes acaban de hacer erupción en Barcelona, España, después que 55 países africanos exigieran la suspensión de ulteriores negociaciones bajo el Protocolo de Kyoto hasta que los países ricos evidencien progreso sustancial en la reducción de sus emisiones de gases de invernadero. Todos los demás bloques de países en desarrollo ofrecieron su apoyo a África. Bruno Sekoli, quien preside el grupo LDC (Least Developed Countries), declaró: “En estos instantes, África y los africanos mueren mientras aquellos que son históricamente responsables no actúan”. Los países africanos manifestaron estar preparados para provocar una crisis de gran magnitud en las Naciones Unidas, si los Estados Unidos y otros países ricos no se comprometen a reducciones mayores y urgentes de sus emisiones.

Los Estados Unidos, desplazados al segundo lugar de culpabilidad actual por el nuevo líder contaminante, China, han expresado, por boca de su Presidente y su Secretaria de Estado, que hablan en serio cuando dicen que moderarán significativamente sus emisiones. Habrá que ver hasta donde hay seriedad en el asunto cuando se sienten en la mesa de Copenhague.

El tercer país contaminante del mundo, Rusia, no se ha mostrado, en cambio, muy convencido de la relación entre emisiones y calentamiento global. En junio de este año, Dmitri Medvedev anunció las metas de la emisión rusa a unos niveles que representarían un incremento de 30% sobre los niveles actuales para 2020. En las rondas preliminares de la reunión en Dinamarca, el jefe de la delegación rusa, Mikhail Zelikhanov, dijo muy campante que “círculos científicos en Rusia y otras partes no tienen una opinión unificada acerca de las causas del calentamiento global”. Sergei Mironov, Presidente de  la Cámara Baja del Parlamento de Rusia, sostuvo en 2007, en una conferencia en San Petersburgo sobre cambio climático, que más bien había ¡un enfriamiento global! La evidencia que aportó: las pinturas de los maestros holandeses del siglo XVI, que muestran paisajes de colores cálidos, lo que sugiere que las temperaturas eran entonces mayores.

Hace tiempo que Rusia, luego del deceso de la era soviética, no se interesa mucho en el destino de los países africanos o, en general, de los países menos desarrollados. Pero en momentos cuando los Estados Unidos, China, India y Brasil parecen alinearse con una acción más afirmativa en este asunto, Rusia pudiera quedar aislada como el malo de la película. Tendría a todo un continente en contra.

Una llamada de Hugo a su compinche Vladimir pudiera ayudar bastante.

LEA

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CS #356 – Tragedia verde

Cartas

Era el año de 1964. Como todos los años, como en todas las universidades, la comunidad estudiantil de la Universidad Católica Andrés Bello se aprestaba para elegir las directivas de sus centros de estudiantes y de su federación de centros. Por aquella época, quien escribe era independiente, aunque de tendencia socialcristiana. Algún trabajo hecho por el suscrito en el seno del Movimiento Universitario Católico de las universidades de Mérida y Central de Venezuela, llevó a Eduardo Fernández, entonces Secretario General de la Juventud Revolucionaria Copeyana, a pedirme que coordinara un comité de cinco personas que manejaría la campaña de los candidatos copeyanos en esas elecciones de la UCAB de hace cuarenta y cinco años.

En aquel tiempo, el grado de participación de la “base” en las decisiones de COPEI era bastante menor que la que sería posible después, por lo que la determinación de quién sería el candidato del partido a la Presidencia de la Federación de Centros de Estudiantes estaba prácticamente en manos del Secretario General de la JRC. Cuando faltaban cuarenta y ocho horas para el cierre de la inscripción de planchas, COPEI todavía no había determinado la persona que sería presentada como candidato a esa posición de dirigencia estudiantil y tampoco existía ni una sola línea escrita o pensada respecto del programa que ese candidato inexistente presentaría al electorado como su oferta de trabajo.

Ante esta situación reuní en mi casa paterna, en Las Delicias de Sabana Grande (relativamente vecina a Punto Fijo, la casa de la familia Caldera) a dos de los miembros del comité copeyano de coordinación electoral de la UCAB, los hoy economistas Alejandro Suels y Rafael Peña. (Los restantes dos jamás trabajaron en nada). Allí les planteé que a mi juicio constituía una irresponsabilidad del partido presentar un candidato a última hora e improvisar a toda prisa, en la última madrugada del plazo, un programa de actividades. Eso era, dije, muy poco serio y por tanto contrario a toda ética política o, por lo menos, a la ética política que COPEI, en tanto partido demócrata cristiano, decía sustentar. Mi argumentación resultó persuasiva, por lo que Alejandro y Rafael estuvieron de acuerdo con mi siguiente proposición: que COPEI se abstuviera de presentar candidato a la Presidencia de la Federación de Centros, restringiéndose a presentar candidaturas a los centros de estudiantes de cada facultad, donde sí podía hablarse de un trabajo meritorio y una preocupación real por los problemas estudiantiles.

Al conocerse esta decisión en la jefatura de la JRC, naturalmente, estalló una reacción inusitada. Comenzó a verse por los pasillos de la UCAB la figura de dirigentes copeyanos que no la visitaban desde hacía más de un año: Luis Herrera Campíns (a la sazón coordinador de las fracciones universitarias de COPEI), Edecio La Riva Araujo, y varios otros. Eduardo Fernández ordenó la celebración de una asamblea de militantes copeyanos de la universidad, que presidió Adel Muhammad, como medio de buscar una salida a la crisis planteada.

Muhammad, quien fungiera más tarde como Secretario de la Cámara de Diputados y antes como Presidente de CORPORIENTE durante el gobierno de Herrera Campíns, identificó el origen del problema en que Alex Suels y el suscrito tendríamos una “concepción beatífica de la política”. Pedí la palabra, mientras blandía en una mano el libro de Enrique Pérez Olivares, Principios de la Democracia Cristiana. Expliqué que COPEI me había pedido que yo impartiese cursos sobre este tema principista a nuevos militantes del partido, y que en tales cursos el libro de Pérez Olivares era el libro de texto. Busqué en el capítulo de “principios para la acción” y leí lo correspondiente a “moral política”, moral sin la cual una organización demócrata cristiana no lo sería. Recuerdo también haber preguntado en esa reunión de hace cuarenta y cinco años, retóricamente: “Si no se hace caso a este principio de moral política, ¿qué diferencia entonces a COPEI de Acción Democrática?”

Sorprendentemente, un joven copeyano, que décadas más tarde ocuparía un puesto de Director en el Ministerio de Transporte y Comunicaciones del gobierno, otra vez, de Luis Herrera Campíns, (no lo identificaré en vista de la enormidad de lo que sigue), se levantó para proponer una solución práctica al problema. Su proposición consistía en redactar, reproducir y distribuir al estudiantado ucabista un comunicado en el que debía decirse que el retraso en la presentación de la candidatura copeyana se debía a maniobras obstruccionistas en el seno de la Comisión Electoral de la UCAB (su Consejo Supremo Electoral), la que estaría controlada por los oponentes. (Por aquellos años sólo había en la UCAB dos movimientos de cierta importancia: COPEI o Plancha 4, y la Plancha 2, de tendencia neoliberal y propiciada por Pedro Tinoco y la Electricidad de Caracas de la época, entre cuyos más notables miembros se encontraban los hoy doctores José Antonio Abreu y Marcel Granier. El candidato de la Plancha 2 a la Presidencia de la Federación de Centros era el bachiller Roberto Wallis Olavarría).

Obviamente, lo propuesto por el astuto protofuncionario de Herrera Campíns era una patraña, una vulgar calumnia, pues no otra cosa que la desidia copeyana era la razón del retraso en la postulación. En vista de la proposición pedí de nuevo la palabra para decir que si tal comunicado se redactaba y repartía yo mismo tomaría un megáfono para vocear por toda la universidad la falsedad del documento. Acto seguido, me retiré de la asamblea y pocos días después hice saber de mi apoyo a la candidatura de Roberto Wallis.

Este comunicado, por supuesto, nunca llegó a redactarse. COPEI presentó a su candidato a última hora, quien, como era de esperarse, resultó a la postre derrotado. Lo sintomático, sin embargo, era que un militante de COPEI pudiera con total libertad hablar en una asamblea del partido y proponer una cosa tan contraria a los principios de su doctrina sin que a nadie se le ocurriera pedir su pase inmediato al Tribunal Disciplinario.

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Si el estilo inconfundible de la Realpolitik, de la política del poder por el poder, pudo entronizarse en tal grado en la práctica de la dirigencia copeyana, eso fue posible gracias al anquilosamiento de la función ideológica socialcristiana. En términos sobresimplificados, el esquema de actuación del político copeyano, en especial de su dirigencia, consistía en conocer los principios de la democracia cristiana—contenidos, como está dicho, en el libro de Pérez Olivares y en la obra posterior de Rafael Caldera: Especificidad de la Democracia Cristiana—procurarse un adiestramiento retórico y de oratoria y manejarse dentro de los estatutos y reglamentos del partido, anotándose en alguno de los “ismos” determinados por el liderazgo de alguna figura en particular: calderismo, herrerismo, eduardismo, oswaldismo. El supuesto simplista de este esquema residía en la idea de que los principios funcionarían como axiomas geométricos, a partir de los cuales sería posible deducir la política concreta.

Es así como, tan tarde como en 1985, Eduardo Fernández y Gustavo Tarre Briceño entendían las labores del Congreso Ideológico Nacional de COPEI como partiendo de un “nivel filosófico-principista” e incluyendo un “nivel de la política concreta”. Ambos niveles, pensaban, requerían un “puente sociológico” que les comunicase, lo que revelaba la dificultad con la que se habían topado: la incomunicabilidad entre principios y práctica política.

El problema era éste: no bastaba reflexionar intensamente sobre, digamos, el principio de la dignidad de la persona humana para extraer deductivamente una solución al problema de la deuda externa que fuese una solución demócrata cristiana.

Esa creencia en una relación deductiva entre principios y política es un rasgo bastante común del paradigma político clásico, y se manifestaba con particular intensidad en el pensamiento de los líderes de la democracia cristiana venezolana. Un destacado ejemplo lo constituyó el debate sobre el “agotamiento del modelo de desarrollo venezolano”, tema de moda por los comienzos de la década de los ochenta y en el que terció el Dr. Rafael Caldera con una tesis bastante típica de las formulaciones clásicas. Caldera argumentó, desde un discurso pronunciado en tierras mexicanas, que no era cierto que el modelo de desarrollo venezolano hubiese caducado; más bien, por lo contrario, el asunto era que no había sido llevado a la práctica, y que debía buscarse la descripción del susodicho modelo en el Preámbulo de la Constitución Nacional de 1961.

Una postura idéntica podía encontrarse en muchos otros discursos como, por ejemplo, en la estereotipada conferencia sobre “objetivos nacionales” del curso del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional: “Los Objetivos Nacionales se dividen en Objetivos Nacionales Permanentes y Objetivos Nacionales Transitorios. Los Objetivos Nacionales Permanentes están enumerados en el Preámbulo de la Constitución Nacional”.

Vale la pena transcribir acá el texto pertinente del Preámbulo de aquella constitución:

…con el propósito de mantener la independencia y la integridad territorial de la Nación, fortalecer su unidad, asegurar la libertad, la paz y la estabilidad de las instituciones; proteger y enaltecer el trabajo, amparar la dignidad humana, promover el bienestar general y la seguridad social; lograr la participación equitativa de todos en el disfrute de la riqueza, según los principios de la justicia social, y fomentar el desarrollo de la economía al servicio del hombre; mantener la igualdad social y jurídica, sin discriminaciones derivadas de raza, sexo, credo o condición social; cooperar con las demás naciones y, de modo especial, con las repúblicas hermanas del continente, en los fines de la comunidad internacional, sobre la base del recíproco respeto de las soberanías, la autodeterminación de los pueblos, la garantía universal de los derechos individuales y sociales de la persona humana, y el repudio de la guerra, de la conquista y del  predominio económico como instrumentos de política internacional; sustentar el orden democrático como único e irrenunciable medio de asegurar los derechos y la dignidad de los ciudadanos, y favorecer pacíficamente su extensión a todos los pueblos de la Tierra; y conservar y acrecer el patrimonio moral e histórico de la Nación…

Obviamente, el texto que antecede es un recuento de valores y criterios más que de objetivos, por lo que difícilmente puede llamarse al Preámbulo de la Constitución de 1961 un “modelo de desarrollo”.

Ante tales dificultades, llegó a hacerse doctrina del Instituto de Formación Demócrata Cristiana, IFEDEC, fundado por Arístides Calvani, la existencia de unos “planos de mediación”: pisos sucesivos de concreción mediante los cuales sería posible “descender” del techo de los principios hasta la planta baja de las políticas específicas. El invento era una elaboración de tesis formuladas en Chile, hacia la época de los años sesenta, por el padre jesuita Roger Vekemans, de gran influencia ideológica en la democracia cristiana continental.

Tales elaboraciones no hacían otra cosa, por supuesto, que complicar el problema, introduciendo una serie de pasos conceptuales que equivalía a correr la arruga una y otra vez. Una formulación alternativa, que les fue ofrecida, no contó con mucha acogida. (En 1985 ya les había sugerido que los valores no debían ser vistos como “objetivos”, sino como criterios de selección de tratamientos políticos. La idea subyacente, en este caso, es que la política no se deduce sino que se inventa. Frente a un determinado problema surge—dependiendo del “estado del arte” de las disciplinas analíticas—un grupo de soluciones diferentes, ante las que los valores son útiles para escoger aquella solución “más democrática” o “más justa” o que mejor parada deje a la “dignidad de la persona humana”).

Pero esta bizantina salida de postular la existencia—inobservable—de unos supuestos “planos de mediación” no obstaba para que en IFEDEC se admitiera que en política era inevitable “derramar sangre”, por lo que además del discurso principista y ético se manejaba una soterrada autorización a la práctica de la Realpolitik.

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Hoy COPEI no pasa de ser un fantasma del otrora poderoso partido; encuestas como la más reciente Ómnibus de Datanálisis (octubre de 2009) lo agrupan en la categoría “otros” para la pregunta “¿de qué movimiento o partido se considera?”, pues no alcanza la simpatía de siquiera 1% de los entrevistados.

¿Debe entonces emitirse la partida de defunción de COPEI?

A mediados de la década de los ochenta varias voces copeyanas expresaron la idea de que COPEI debía “volver a sus orígenes”. Oswaldo Álvarez Paz fue posiblemente el más elocuente expositor de esa noción. Vista en términos generales, se trata de una posición conservadora y tradicional. Las organizaciones humanas, en especial las políticas, deben mirar más al futuro que hacia el pasado. Los líderes que pedían un regreso a la “época dorada” de los comienzos se mostraban, en consecuencia, incapaces de formular una metamorfosis futurista del partido COPEI.

Pero hay un sentido en el que pudiera darse la razón a la proposición de Álvarez Paz, hay un sentido en el que lo indicado pudiera ser una vuelta al comienzo. A la fundación de COPEI, estas siglas designaban a un “Comité de Organización Política Electoral Independiente”. La designación de partido “socialcristiano” o “demócrata cristiano” fue una consideración posterior aunque, naturalmente, respondió a la ideología predominante entre los miembros fundadores, provenientes de institutos de educación católica. COPEI podría volver a pensarse a sí mismo como un comité de operaciones políticas y electorales, dejando a la dimensión personal de sus militantes el problema ideológico y ético de guiarse en la acción política por un código de criterios de inspiración cristiana o, más concretamente, de inspiración en la doctrina social de la Iglesia Católica.

Así, la dimensión ideológica, el compromiso con un código de valores, quedan en la esfera de la persona individual. Rafael Caldera o Eduardo Fernández no podían, como no podrían Luigi Sturzo o Konrad Adenauer redivivos, garantizar que un contingente humano heterogéneo, como era la militancia copeyana, fuera a comportarse “socialcristianamente”. Ellos podían garantizar esa conducta únicamente de sí mismos.

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La raíz primigenia de COPEI es conservadora, y por eso no le ha costado demasiado resbalarse del centro-izquierda (definición de Caldera, diciembre de 1963) hasta el centro-derecha de un “Partido Popular” en imitación y cortejo del partido de José María Aznar. Cuando surgía, en enero de 1946, hacía menos de un año que la revolución del 18 de octubre hubiera desplazado del poder a las generaciones andinas—Castro, Gómez, López Contreras, Medina—que habían gobernado a Venezuela en la primera mitad del siglo. Al emerger COPEI como oposición a Acción Democrática, muchos de los desplazados pusieron la mirada en las banderas verdes. Esto explica por qué los primeros bastiones electorales de COPEI se asentaron, nítidamente, en los estados andinos. Todavía en 1958, COPEI no había logrado prevalecer en algún otro estado fuera de Táchira, Mérida  y Trujillo. Algo del gomecismo, pues, penetró en COPEI.

La historia nos muestra, con implacable reiteración, la verdad de la falibilidad humana. No existe en el mundo en ninguna de sus épocas un movimiento político, un régimen o concepto gubernamental exitoso que no fuese luego presa de la entropía, de la tendencia al envejecimiento y el deterioro. No hace mucho, por ejemplo, Acción Democrática exhibía un discurso muy similar al de la Causa R y era vista como un partido revolucionario, pues sus raíces fueron, como se reconocía aún en documentos oficiales de 1958, de cepa marxista. Ahora se le percibe como el partido de la restauración borbónica por antonomasia. “La herejía de hoy es la ortodoxia del mañana”.

Pero también es posible al quehacer humano la metamorfosis de sus organizaciones. Para que esto sea posible en COPEI es necesario hacer algo más de lo que traslucen las intenciones y discursos manifiestos de sus actuales autoridades. Se necesita algo más que apósitos puntuales a unos estatutos superados. Sería preciso efectuar todo un proceso de rediseño, de reingeniería. Los tiempos del futuro próximo determinarán si COPEI es capaz de aprovechar una última oportunidad de transformación, o si desaparecerá definitivamente como factor de alguna significación en la actividad política en Venezuela.

luis enrique ALCALÁ

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