Ford Falcón modelo PPT

El candidato de Albornoz

El candidato de Albornoz

 

Quien primero me lo dijo fue Raúl Aular—médico, ejecutivo, líder de proyectos, experto en estudios de opinión y consultor gerencial—, escribiendo lo que sigue en correo electrónico del 9 de febrero de 2010, desde Barquisimeto:

Creo que en Lara puede darse una dinámica con la capacidad real de moldear de manera determinante los acontecimientos a nivel nacional. Hay mucha atención sobre lo que sucede en el estado y es vital moverse con inteligencia. Me preocupa el discurso de algunos “líderes” de oposición del estado: tienen una crisis de identidad; ante la ausencia de un discurso propio y al ubicarse en el bando opositor, se ven obligados a atacar a Falcón, pero inmediatamente quedan descolocados ante la popularidad del personaje y, sin quererlo, haciéndole el trabajo al chavismo radical. Este dilema es único en el país y representa un extraordinario reto de posicionamiento político, cuya resolución puede esconder las claves y códigos comunicacionales para desconectar a las masas tanto del discurso chavista como del discurso opositor ramplón que menosprecia al pueblo tanto como lo hacen los rojos. ¡Hay que meterle cabeza y sofisticación a la dinámica larense!

Luego, anteayer sábado, José Álvarez Cornett se comunicó conmigo por Twitter: “Una pregunta para @doctorpolitico El ‘nuevo’ PPT ¿le quitará más votos al chavismo o competirá mejor que la oposición por el segmento Ni-Ni?” Luego me incitó al delito: “@doctorpolitico Tal vez puede ser un buen análisis para su blog. Noto que gente importante: H. Falcón, Gral. Antonio Rivero, ahora están en PPT”.

Contesté diciendo, primero, que no todo lo que estuviera en primeras planas era importante, y luego que de Henri Falcón ya me había ocupado el pasado 21 de marzo (Qué cresta la de Falcón). Pero @chegoyo estaba en realidad tubeando al diario El Nacional, que ayer domingo publicó una entrevista a Henri Falcón de un poco más de media página.

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Es claro que Falcón busca hablar a los Ni-Ni aludidos por Álvarez Cornett, busca el posicionamiento descrito por Aular. Hernán Lugo-Galicia le pregunta en El Nacional: “¿Y en lo electoral no es así: blanco y negro?” Falcón contesta: “Si se revisan [sic] los estudios de opinión*, la mayoría rechaza los extremos radicales de la oposición y del Gobierno. Un sector de la población tiene la expectativa de que la dirigencia le hable de igualdad, ética, productividad, respeto y diálogo”. (Este blog promete y anuncia que dedicará, próximamente, todo un artículo a desmontar y discutir esta última enumeración).

Descubre Falcón el agua tibia, porque este problema ha sido diagnosticado muchas veces y desde hace varios años. Veamos, por ejemplo, lo reportado en el #60 de la Carta Semanal de doctorpolítico (30 de octubre de 2003, hace casi siete años):

“El Tercer Lado” es la fórmula que William Ury, experto internacionalmente reconocido en negociación de conflictos, propone para el encuentro de una salida pacífica en Venezuela. Según su enfoque, los conflictos se dan entre dos polos antagónicos y extremos, incluidos dentro de un “tercer lado” que representa a la comunidad general. Y ésta, que no participa directamente en el combate, es la más afectada. (Dato de Ury: las guerras de hoy en día, a diferencia de las clásicas, se caracterizan porque nueve de cada diez muertes son de civiles “ajenos” a la confrontación).El récipe de Ury: es preciso fortalecer el “tercer lado” para lograr la paz.(…) A través de múltiples ejemplos Ury mostró cómo es que los factores iniciales en la resolución de graves y recientes conflictos violentos fueron siempre las mujeres y los líderes religiosos. La iglesia católica venezolana, los medios de comunicación del país, parecieran buscar opciones distintas a las hasta ahora operantes. El Tercer Lado Ni-ni pudiera ser lo que andan buscando.

O por ejemplo esto, escrito en la Carta Semanal #72 (Ni lo uno ni lo otro, 5 de febrero de 2004, hace un poco más de seis años):

Laureano Márquez y Elías Santana, por nombrar sólo dos recientes casos, emiten vistosas pero superficiales y fáciles invectivas contra una buena cantidad de ciudadanos, a quienes una igualmente superficial nomenclatura intenta designar con el negativo apelativo de “ni-ni”. Lo hacen, además, con autosuficiencia moral. Regañan. José Antonio Gil, en cambio, anticipa o echa en falta un promedio entre extremos. William Ury viene a hablarnos de un “tercer lado”. ¿De quién hablamos? ¿Es que no hay modo de hablar de esa gente de modo sustantivo? No se trata de un tercer lado. No se trata de definirse diciendo: yo no soy tú pero tampoco tú. No se trata de insinuarse como una cuña entre dos polos para separarlos. Se trata de elevarse a un plano superior en el que sobrevivirán elementos de ambos polos. Pero no es un promedio porque la visión que necesitamos trae nuevos elementos. No es una suma algebraica. No es oposición sino superposición.

O, poco antes del referéndum revocatorio de 2004 (Carta Semanal #91, del 17 de junio de ese año), esta consideración: Pero hay una sustanciosa minoría de Electores—alrededor de 40%—que al tiempo que repudia a Chávez igualmente deja de encontrar atractivo en la, hasta ahora, difusa propuesta de la Coordinadora Democrática. Algunos creen que a estos Ni-Ni les pasaría lo que al asno de Buridan: un pollino equidistante de dos pacas de pienso absolutamente idénticas, que al no encontrar razón de preferir una a la otra deja de escoger y se muere de hambre.

O en El mero centro (Carta Semanal #190, 15 de junio de 2006, pronta a cumplir cuatro años y cuya lectura recomiendo ampliamente):

El respetado encuestador Eugenio Escuela incluyó una pregunta muy interesante en su estudio de la opinión pública venezolana de mayo de este mismo año 2006. (Levantamiento de datos entre el 6 y el 13 del mes pasado). Se preguntó a los entrevistados: “¿Usted se considera una persona de…?” Las opciones eran: extrema izquierda, izquierda, centro-izquierda, centro, centro-derecha, derecha, extrema derecha. Bueno, un 30% de los encuestados optó por no contestar o decir que no sabía. Pero los que contestaron se distribuyeron en lo que se asemeja mucho a una curva de Gauss, a una distribución estadística “normal”. De los que escogieron una ubicación, 1,03% dijo ser de extrema izquierda y 2,29% de extrema derecha; 8,69% se ubicó en la izquierda y 9,26% en la derecha; 14,42% se apostó en posición de centro-izquierda y 14,06% en centro-derecha. ¡Cincuenta coma veinticinco por ciento en el mero centro! (Respecto del universo total: extrema izquierda, 0,72%; extrema derecha, 1,60%; izquierda, 6,07%; centro-izquierda, 10,07%; centro-derecha, 9,82%, centro, 35,10%). ¿Será lo adecuado presentar una oferta que, entendiéndose a sí misma como trascendente de la vieja dicotomía izquierda-derecha, pueda ser comprendida por los electores como de centro? ¿Y será el candidato correcto ese caballero desconocido que responde al maracaibero nombre de Ninguno Nosabe Nocontesta?

(En este mismo blog se incluyó un gráfico de estos resultados en la entrada Por todo el centro, del 15 de abril de este año. Acá se reproduce de nuevo):

«Yo lo que soy es extremista de centro». LEA, noviembre de 1963 (clic para ampliar)

Claro, hay raíces más antiguas en esa población despegada de los actuales polos de la política nacional. El 8 de octubre del año pasado hacía referencia a ellas en la Carta Semanal #352 de doctorpolítico, en la que aludía a exposición del asesor político John Magdaleno (un abono que, a manera de introducción, hizo en favor de una intervención de su cliente, Leopoldo López):

He allí la falla de origen de la inmensa mayoría de los planteamientos políticos distintos del chavismo: que sólo atinan a definirse como antichavistas. Desaparecido Chávez, dejarían también, entonces, de tener sentido sus existencias. Ésa es la misma falla de origen de la iniciativa que acá se discute. Una nueva acción política que quiera ser viable no puede pensarse como oposición a Chávez; es preciso que procure superar el actual estado de cosas por superposición, por salto a un nivel superior de la política. (A fin de cuentas, el régimen de Chávez no es otra cosa que la exacerbación oncológica de una política que no inventó él: la política de poder posicionada en algún punto del eje decimonónico de izquierda y derecha). La refutación de Chávez debe venir, para usar términos evangélicos, por añadidura, nunca como única justificación. (…) Otras cosas dijo el encuestólogo asesor que querían causar un efecto preparatorio pero eran, por decir lo menos, inexactas. Por ejemplo, afirmó que los electores no alineados (los vilipendiados Ni-ni) habrían venido a la existencia a partir del “carmonazo”. Bueno, los electores que llegaron a conformar hasta 70% de intención de voto por Irene Sáez, ya en 1996, no querían nada con partidos, ni de izquierda ni de derecha (Ni-ni), y la encuestadora Gaither registraba en agosto de 1984 que 43% de sus consultados no identificaba un mejor partido entre las opciones AD, COPEI, MAS y Otros (Ni-ni-ni-ni). Para esos momentos, Gonzalo Barrios alertaba sobre la posibilidad de un outsider como candidato presidencial exitoso (en portada de la revista Auténtico), y la encuestadora Datos medía la preferencia de casi sesenta por ciento de sus entrevistados por un candidato que no viniera de los partidos en 1986.

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No hay, entonces, nada de novedoso en la aproximación de Henri Falcón, en procura del mercado de los Ni-Ni, obvia mayoría en el país (que también Leopoldo López busca cortejar). Menos aún cuando insiste en regresar a la dimensión ideológica, una aproximación claramente obsoleta. A El Nacional le dijo: “Creo en la democracia, en un socialismo ético y productivo y en la Constitución”. (Destacado de este blog). Eso es lo que se conoce como posición socialdemócrata y, por tanto, Henri Falcón hubiera podido inscribirse perfectamente en Un Nuevo Tiempo (que no habla de socialdemocracia sino de democracia social para que creamos). Henri Falcón es neo-adeco.

Pero fue a refugiarse bajo el toldo de Patria Para Todos, un poco más a la izquierda de AD-Un Nuevo Tiempo (como antes lo fue, en mayor medida, el Movimiento Al Socialismo de Petkoff). Así da cuenta Wikipedia en español acerca del PPT:

Patria Para Todos o PPT, es un partido político venezolano fundado el 27 de septiembre de 1997 ubicado en la izquierda, está formado en su mayor parte por antiguos sindicalistas y algunos profesionales. El PPT surgió como una escisión de La Causa Radical. Inmediatamente desde la fundación del PPT, se alió con Hugo Chávez junto a la plataforma electoral Polo Patriótico. En el 2000 se separó de la coalición por divergencia en la elección de candidatos en los comicios legislativos y de gobernadores y de alcalde[s] de ese año. A pesar de la separación del gobierno de Chávez, el PPT no se alió con la oposición, pasando ser crítico de ésta y del gobierno, hasta que en el 2002 se volvió a integrar al chavismo, conformando el Bloque del Cambio.

En síntesis, Henri Falcón es “de izquierda”, lo que es cosa tan atávica como serlo “de derecha”. (“En los partidos políticos de segunda ola, los temas principales han sido el control de los medios de producción, el trabajo y los recursos naturales. Un partido de segunda ola proveía LA RESPUESTA: socialismo, capitalismo, marxismo, fascismo, dando por sentado que si todo el mundo siguiera sus dictados todos los problemas del mundo se resolverían. No es necesario decir que ninguna de las agendas mencionadas ha traído la era utópica que anunciaban”. Amos Davidowitz: The Internet and the Transformation of the Political Process: MAPAM, a Case Study, 1996).

Más aún: ha acompañado a Hugo Chávez durante una década. Todavía pasa trabajo para despegarse totalmente—en la entrevista concedida a Lugo-Galicia se mueve, en general, como una guabina—de Chávez y su gobierno. Pregunta: ¿Por qué tardó tanto en descubrir las amenazas o riesgos que implicaba Chávez? Respuesta: No hablo de amenazas y riesgos; hablo de la persona que conocí, de decisiones que en lo político están marcadas por momentos y circunstancias. Pregunta: ¿No representa un riesgo para la democracia un gobernante sectario? Respuesta: Eso depende del momento y sus circunstancias. El peligro viene dado más por la inacción, el miedo a actuar, consciente y duramente, dentro de la Constitución y las leyes. Pregunta: ¿Cuándo comenzó a distanciarse del Gobierno? Respuesta: Mi distanciamiento, más que del Gobierno y del partido, es de la conducción y los métodos que niegan el sentido de lo colectivo y el debate y que impiden una efectiva materialización de los principios de la Constitución, que para muchos, y me incluyo por ser corredactor, es una de las más avanzadas del mundo. Pregunta: ¿Ha dicho todo lo que sabe del poder? Respuesta: No soy quién para calificar; sólo expreso, de manera clara, mi verdad.

Esa clara “verdad”, aparentemente es ésta: “Soy un creyente de la democracia inclusiva, cargada de garantías y de oportunidades y con énfasis en lo social. (…) Creo en la democracia, en un socialismo ético y productivo y en la Constitución”. Tan clara “verdad” como haber establecido que pudiera haber momentos y circunstancias en las que un gobernante sectario no representaría un riesgo para la democracia.

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En este blog se puso el pasado 21 de marzo: “No hay quejas sustantivas de la actuación administrativa de Henri Falcón en el estado Lara, ni en su carácter de alcalde, electo y reelecto, del municipio Iribarren (Barquisimeto), ni en el de su gobernador electo y reelecto. Todo lo contrario: el 23 de noviembre de 2008, fue el gobernador en funciones que obtuvo la mayor votación en cualquiera de los estados del país, recibiendo el 73,15% de los votos. Ni siquiera Chávez se ha acercado a un resultado como ése, y seguramente lo envidia”. Tales méritos, sin embargo, no lo convierten en contrafigura eficaz de Chávez—contra quien alguien o algunos habrán de medirse en 2012—, como los éxitos de Manuel Rosales, primero en Maracaibo y después en todo el estado Zulia (al igual que Falcón en Barquisimeto y Lara), no lo hicieron contendor suficiente en 2006. La popularidad de Rosales en el Zulia no fue trasplantable a todo el país (perdió en todas partes, incluido el estado Zulia, salvo en Maracaibo); nada garantiza que la popularidad de Falcón en Barquisimeto y Lara pueda extrapolarse a Venezuela.

También se dijo en la oportunidad aludida: “Falcón, por otra parte, se ha caracterizado por ser un gobernante moderado y asequible, muy distinto del estilo típico del Presidente de la República”. Pero asimismo: “Ha marcado Falcón distancias estilísticas con Chávez, obviamente, pero tampoco es que ha manifestado frontal desacuerdo con ninguna de las ejecutorias presidenciales de los últimos once años, que son muchísimas, por supuesto, la mayoría terribles”. La perniciosidad de Hugo Chávez no se agota en su malacrianza. LEA

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*La construcción correcta es “Si se revisa los estudios de opinión…” De un tiempo a esta parte se construye con excesiva frecuencia—no es vicio exclusivo de su idioma—como lo hizo Falcón: “Si se revisan los estudios de opinión…” La confusión se origina porque la atención se pone sobre el plural del complemento directo “los estudios de opinión”. Pero, en castellano, el verbo concuerda en número con el sujeto, no con el complemento directo. (“Él revisa los estudios de opinión” y no “Él revisan los estudios de opinión”). Aquel tipo de oraciones se conoce como oraciones “cuasirreflejas”; parecen reflejas—“Yo me peino, tú te bañas, ellos se mudan de ropa”—, en las que el sujeto y el complemento directo son una misma cosa, pero no lo son. (Por esto los camiones deben decir: “Se hace viajes y mudanzas” y no “Se hacen viajes y mudanzas”, puesto que los viajes no se hacen a sí mismos). Una oración cuasirrefleja es una clase de oración impersonal; esto es, de sujeto no especificado o inexistente. (“Ayer llovió”). Se lo presume gramaticalmente en singular. (“Ayer llovió a cántaros”, y no “Ayer llovieron a cántaros”). Vale.

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La voz de titanio

El insuperable torrente de una voz elegante

 

A tío Edgar, y a Horacio, mi compadre

El abajo firmante admite de buen grado que lo que sigue contiene una dosis elevada de sesgo y fanatismo. Es un homenaje a quien considero—y no estoy, de ningún modo, solo en esto—el tenor operático perfecto: Jussi Bjoerling. El único tío que me queda, Edgar Corothie-Chenel, a quien dedico esta entrada, me hizo escucharlo por primera vez, una tarde en su cuarto de la quinta Aragonesa, cuando yo tenía catorce años (en Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni, seguida de I Pagliacci, de Ruggiero Leoncavallo, pues ambas óperas breves venían en un solo álbum). Allá por los años cincuenta, así como güelfos y gibelinos que enfrentaban los carros Ford a los Chevrolet, RCTV a Televisa (predecesora de Venevisión), La Salle al Loyola y el Caracas al Magallanes, hubo quienes prefirieran a Mario del Monaco. Los partidarios de Bjoerling, no obstante, si dudábamos a veces en alguna de las categorías de aquel mundo binario, en cuanto al arte de su noble voz no abrigábamos la menor hesitación: nos sabíamos asistidos de la razón más absoluta. Hoy todavía opondríamos su canto—con ventaja algo menor, hay que reconocerlo—a quienes juran que Luciano Pavarotti ha sido el más grande de los tenores. Para que el visitante de esta casa virtual pueda juzgar por sí mismo, se ha puesto aquí una abundante muestra de la perfección canora del tenor sueco. No hay por qué escucharla toda en una sola sentada.

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Johan Jonatan «Jussi» Björling (1911-1960) nació en la pequeña localidad de Borlänge (40.000 habitantes), en la provincia sueca de Dalarna. El mundo tuvo la inmensa suerte de que su padre, David Bjoerling, fuese él mismo un refinado cantante y le enseñara a usar su voz única, incomparable, desde que fuera un infante. El debut de Jussi, con el Cuarteto Masculino Bjoerling, tuvo lugar cuando tenía ¡cuatro años de edad! He aquí un registro en YouTube en el que canta Mattinata, de Leoncavallo, poco antes de cumplir veinte, en 1930 (el año en que tuviera lugar su debut operático) y en sueco.

Después de cantar durante un poco más de once años con el cuarteto familiar, Bjoerling hizo su debut en un concierto en solitario en los Estados Unidos, en el inevitable Carnegie Hall, en 1937. Al año siguiente hizo el papel de Rodolfo en La bohème, de Giacomo Puccini, en el Metropolitan Opera House de Nueva York. Desde entonces sería el dueño de ese patio en las décadas de los cuarenta y los cincuenta.

Era inevitable que se le comparara con Enrico Caruso (1873-1921), quien había sido el rey del Metropolitan, donde acumuló el récord imbatible de 863 apariciones en dieciocho temporadas consecutivas. De hecho, pronto se conoció a Bjoerling como “el Caruso sueco”. Resulta imposible dilucidar hoy quien tuvo mejor voz o era el mejor cantante; las grabaciones de la época del gran tenor italiano eran ciertamente muy limitadas. Sin embargo, el estilo de Caruso se parecía más bien al de Pavarotti, excesivamente melodramático. Pavarotti fue el Caruso que cerrara el siglo XX y muriera abriendo el XXI.

No había nada de melodramático en Bjoerling. Quienes aupaban a del Monaco le reclamaban, precisamente, que cantara con presunta frialdad escandinava. Pero esto último era evaluación peregrina. Bjoerling ajustaba, asombrosamente, su canto al sentido de la letra y el drama que actuaba, en perfecto delivery. Nadie como él ha hecho orfebrería vocal tan perfecta, nadie como él ha cantado, por ejemplo, E lucevan le stelle, de la ópera Tosca de Giacomo Puccini, con tan rico contraste. Ésta es la letra:

Bjoerling como Cavaradossi

E lucevan le stelle…
ed olezzava la terra…
stridea l’uscio dell’orto…
e un passo sfiorava la rena…
Entrava ella, fragrante,
mi cadea fra le braccia…
Oh! dolci baci, o languide carezze,
mentr’io fremente
le belle forme disciogliea dai veli!
Svanì per sempre
il sogno mio d’amore…
L’ora è fuggita…
E muoio disperato!
E non ho amato mai tanto la vita!…

Es la evocación de amor de un hombre pronto a morir ajusticiado, desesperado al fin del parlamento porque ese destino le toca justamente cuando ama tanto la vida a causa de su amada. Antes, cuando recuerda los besos y caricias, el sentimiento es otro, una memoria de dulzura. En el verso le belle forme disciogliea dai veli! (“¡las bellas formas libraba del velo!”) Bjoerling borda delicadamente ese significado, con un control de la voz en pianissimo que es más difícil que el necesario para gritar un Do de pecho. (Otros tenores cantan con fuerza, inapropiadamente, ese pasaje que habla de despojar a la amada, delicadamente, de sus tules). Luego, convoca la potencia de sus pulmones para expresar la furia de la desesperación. Los monegascos de los cincuenta, pues, estaban grandemente equivocados. Oigamos a Bjoerling en el aria del Acto III de Tosca:

Tosca

Lo que caracterizó a Bjoerling fue lo que, a falta de concepto más preciso, se llamara su “sonido”. El timbre o, mejor, los timbres de la voz de Bjoerling eran de una riqueza insólita, llena de armónicas como una campana, como la voz de Pedro Vargas. Era un sonido cristalino, elegante, justamente afinado, dulce, brillante, sedoso, noble, potente, suave, viril, luminoso. Tal vez sea éste el adjetivo más apropiado. Bjoerling tenía la paleta de Pierre-Auguste Renoir en la garganta (y el exacto dibujo de Durero). Hela aquí desplegada en Donna non vidi mai (Manon Lescaut, Puccini):

Manon Lescaut

Fueron las óperas de Puccini, por supuesto, las que mejor se avenían, por su melodiosa musicalidad, a la tersura de su voz, en la que el vibrato nunca salía de sus justos términos. La técnica de Bjoerling, además, era de una exactitud y una naturalidad pasmosas. Ni en las arias más difíciles se le oyó jamás la menor inspiración para tomar aire. Su canto era un río incesante, impulsado por el fuelle de un pecho fuerte hacia una estructura facial de pómulos amplios que graduaba el timbre como un sintonizador de precisión, para no hablar de la impecable pronunciación en cualquier idioma en que cantara. Pero también cantó mucho de Verdi—se tiene por la grabación definitiva de su Requiem la que Bjoerling hizo tres meses antes de morir—, de Gounod, Cilea, Giordano, Strauss (Richard), Rachmaninoff, Brahms, Leoncavallo, Donizetti, Borodin, Grieg, Mascagni, Bizet, Sibelius, Tchaikovsky, Flotow, etcétera. El famoso Largo de Händel es, en verdad, el aria Ombra mai fu, de su ópera Jerjes. Aquí está cantada por Bjoerling, seguida por su convincente rendición de la difícil Aria de Lenski, de la ópera Eugenio Oneguin de Pyotr Ilyich Tchaikovsky, cantada en sueco:

Jerjes

 Eugenio Oneguin

Jussi Bjoerling debió fajarse con una seria propensión alcohólica, que probablemente fue la causante de su muerte poco antes de cumplir sesenta años. (Murió seis meses después de un ataque cardiaco sobrevenido el 15 de marzo de 1960; sin hacerle caso, ¡se presentó ese mismo día en Covent Garden, la sede de la Ópera Real de Londres, para cantar en el rol de Rodolfo en La bohème!). Su viuda, Anna-Lisa Berg, una fina soprano ella misma, dejó constancia de los problemas de su esposo en la biografía que escribió con ayuda de Andrew Farkas, pero también del carácter de Jussi como “amoroso hombre de familia y colega generoso”.

Jussi Bjoerling amaba el mar y el deporte de la navegación a vela. En el video que sigue podemos escuchar, de su compatriota Gustaf Nordqvist, la poderosa canción Till havs (Al mar):

Para cerrar este insuficiente homenaje al noble tenor perfecto, la pièce de résistance, traída acá a propósito para humillar y zaherir a los fanáticos de Pavarotti: Nessun dorma, la popular aria de Calaf en Turandot, ópera última y póstuma de Giacomo Puccini. A estas alturas, con el vigoroso sonido del tubo de órgano que era Jussi Bjoerling, con ese Do de pecho, ya sólo puede hablarse de gañote. Apártese, don Luciano, que hubiera querido usted cantar así para un día de fiesta. LEA

Turandot

<i>Bjoerling, 1960, durante la grabación de Turandot. Al centro está sentado Erich Leinsdorf, quien dirgió la Orquesta de la Ópera de Roma</i>

Bjoerling, 1959, durante la grabación de Turandot. Sentado al centro, Erich Leinsdorf, quien dirigió la Orquesta de la Ópera de Roma

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