La periodista María Alejandra Trujillo me entrevistó, y a su colega Pedro Pablo Peñaloza, para su programa—Palabras más, palabras menos—en Radio Caracas Radio (750AM), sobre el tema del segundo «debate» entre los precandidatos presidenciales de la Mesa de la Unidad Democrática. Por momentos, pareció que la anfitriona se proponía polemizar conmigo, y Peñaloza, quien forma parte de la planta del programa Aló ciudadano (Globovisión) que RCR retransmite, terminó teniendo palabras más y yo palabras menos. He aquí el archivo de audio de la doble entrevista, transmitida el 6 de diciembre de 2011 a partir de las 7 de la mañana.
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El formato sigue siendo malísimo. Hasta en el eficiente y disciplinado Grupo Santa Lucía los participantes pueden hablar tres minutos, que más o menos permiten el desarrollo de una idea. En Venevisión se repitió la camisa de fuerza de sesenta segundos de la UCAB, para contestar preguntas que en más de un caso fueron complejas. (El Chamán del Guaraira Repano caracterizó al evento como un remate por Twitter. «¿Quiere Ud. decir debate?», le pregunté. «No, nadie debatió nada con ningún otro; no sé porque insisten en llamar a esas subastas así. Eso se parece más a las señoritas de un concurso de belleza, presionadas para contestar en un minuto por qué quieren ser Miss Venezuela o Miss Universo. ¿Cómo puedes explicar por qué quieres ser Presidente en ciento cuarenta caracteres? Por cierto, le ha dado a ciertos locutores de televisión por aparentar que dominan la pronunciación inglesa de los gringos diciendo tuírer. Creen que porque oyen uórer para decir agua (water), deben pronunciar tuírer en lugar de simplemente tuíter. La doble consonante t no se convierte jamás en r. Es algo muy ridículo, algo así como los que pronuncian afectadamente Da jístori chánel para decir The History Channel, o como los más ridículos chavistas que escriben Waraira con una inicial extraña como si fuera autóctona, cuando la verdad es que los caribes ni siquiera teníamos alfabeto»).
Claro que el rating de Venevisión es muy superior, y el horario de domingo por la noche captó mucho más audiencia que el 1,8% de la transmisión previa de Globovisión. (A pesar de eso, Vladimir Gessen aseguró en aquel momento, tal vez irónicamente: «…ya las primeras cifras hablan de un nuevo récord en el rating de Venevisión”). La respuesta estándar de la Mesa de la Unidad Democrática a la crítica del formato es que los precandidatos primarios no deben debatir entre ellos, sino con Hugo Chávez. (Así lo dijo por tuírer Marta Colomina, repitiendo cosa dicha con ocasión del «debate» primero). Entonces, ¿para qué lo llaman debate? Lo cierto es que el producto de la cosa es decididamente pobre, aun si se entiende el asunto como una comparación implícita con la persona política del Presidente de la República. Y si éste habla durante horas, difícilmente puede rebatírsele en ráfagas cortas de sesenta segundos. Pero allá los estrategas de la MUD.
Una magnífica crónica (en inglés) del evento ha sido escrita, con gran precisión, por Francisco Toro Ugueto en Caracas Chronicles. Suscribo su análisis íntegramente. Por ejemplo, que María Corina Machado pudo exhibirse como la más competente e informada de los ejemplares exhibidos. («…María Corina barrió el piso con sus oponentes…», dijo Toro). Se atenía a la pregunta, presentaba datos pertinentes con la mayor seguridad y daba respuestas concretas. Pero su intervención final fue verdaderamente desafortunada, construida sobre la dudosa tesis de que «Venezuela necesita ovarios» para derrotar a Hugo Chávez, objetivo que fue su leit motiv a lo largo del programa, mientras decía que tal cosa era lo esencial y que era ella quien podía garantizarla. La pregunta era por qué quiere Ud. ser Presidente, y al enfocarse exclusivamente sobre el propósito de vencer a Chávez reforzó la falla de origen de la oposición venezolana: que sólo se entiende, precisamente, como oposición. Si Chávez no existiera, en consecuencia, el sentido de una presidencia de Machado dejaría de ser.
Diego Arria creyó que debía atenuar la virulencia que mostró en el primer encuentro, aunque mencionó de nuevo la constituyente y La Haya, y compitió en vaguedad con Pablo Pérez. Este señor resultó ser, en estrecha competencia con Pablo Medina, el peor de los participantes; a fin de cuentas, como me apuntó el chamán, había más expectativa acerca de lo que dijera el Gobernador del Zulia que acerca de lo que expusiera Medina, que siempre se ha comportado como un agitador. Los dos Pablos, pues, lo peor del programa de variedades. El zuliano al insistir en una gesticulación postiza—debe haberla traído de sus mítines—para sustituir el puñetazo zurdo sobre la palma derecha por un enganche de ambas manos; pareció estar hablándole a sordomudos. Medina, posiblemente creyendo que Arria se la había comido en la UCAB, quiso emularlo al decir que quería ser Presidente para que Chávez entendiera que iba contra él—dijo «Vamos por ti»—luego de acusar al alto gobierno de haber matado a Danilo Anderson.
Y es sobre este asunto donde se escuchó la única respuesta de cierto nivel: Capriles Radonski dijo que no le correspondería a él, como Presidente de la República, enjuiciar a nadie. Ésa era la respuesta. Después de este punto alto de su intervención, no dijo nada que valiera la pena recordar. Naturalmente, reiteró que era un buen gobernador como antes había sido un buen alcalde y un buen Presidente de la Cámara de Diputados. Su descubrimiento: «Cuando se hace las cosas bien, salen cosas buenas». Su punto de venta: «Soy un hombre bueno».
Queda por comentar el desempeño de Leopoldo López. Errático. Su respuesta de la primera ronda no tuvo absolutamente nada que ver con la pregunta. En la segunda se repuso, pero en general dio la impresión de haber sido aleccionado por John Magdaleno: «Leopoldo, el problema que más preocupa a los venezolanos, según miden las encuestas, es la inseguridad. Tú sólo debes hablar de eso. Si te preguntan por el deporte, por las finanzas públicas, por la salud, tú debes hablar de la inseguridad».
En síntesis, un acontecimiento del que no emergió una sólida contrafigura de Hugo Chávez. Si lo mejor que puede reunir la MUD es esta muestra donde una descollante ingeniera industrial quiere ser Presidente para derrotar a Chávez, le han hecho a éste un gran favor al exhibir tan grande pobreza. «Un suceso intrascendente», fue lo último que me dijo el chamán, antes de ascender la montaña. LEA
El descubridor del inconsciente, en su estudio en Londres
A Alberto Krygier
Irving Stone era un biógrafo de meticulosa investigación. El hecho de que su biografía de Miguelángel Buonarroti hubiera sido llevada al cine—La agonía y el éxtasis, con Charlton Heston—la hizo la más famosa de su obra. Pero es extraordinaria la que escribió de Sigmund Freud, Las pasiones del espíritu. En ella vi, a mediados de los ochenta, el modelo de las dificultades que el portador de un nuevo paradigma debe afrontar; creí que encerraba una importante lección para los innovadores en Política. Por esto hice un extracto de varios de sus pasajes, que traduje del original The Passions of the Mind (Doubleday, Nueva York, 1971). Es eso lo que sigue, con alguna que otra nota añadida en cursivas. LEA
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1. «La ciencia que investiga debe operar fuera del reino de la moralidad convencional. En ciencia toda ignorancia es mala y todo conocimiento bueno». (Freud a su futura esposa, Martha). Pág. 18.
2. …él y un compañero aprendieron español por sí mismos de forma de poder leer el Quijote de Cervantes en el original. (Freud en época de sus estudios de bachillerato). Pág. 19.
3. «Tú eres doctor en medicina y sin embargo no practicas. ¿Por qué es eso?» (Pregunta a Freud de Martha). Pág. 19.
4. «Nunca tuve la intención de ocuparme de pacientes. Yo sé cuán digno es aliviar el sufrimiento individual, pero a través de la investigación en los laboratorios y del aumento del conocimiento de lo que hace que el cuerpo funcione o no funcione, podemos encontrar formas para erradicar enfermedades enteras.» (Freud a Martha). Pág. 20.
5. «Josef, tengo que confesarte que éste ha sido el día más agonizante de mi vida. Simplemente no puedo ver una salida para mí».
Breuer pareció no impresionarse en absoluto.
«No hay forma de salir. Sólo hay una forma de entrar. Tú me has dicho que prefieres erradicar enfermedades genéricas antes que el dolor individual. Siempre he sentido que había un toque de mesianismo en ese deseo.»
«¿Qué tiene de malo lo mesiánico si sirve de acicate al logro?»
«Nada. Pero debería llegar como resultado, no como un comienzo. Sabes, Sigismund, ya hace un buen tiempo que descubrí bajo tu superficial timidez un ser humano extremadamente atrevido y sin miedo.»
Sigmund, miró a su amigo boquiabierto.
«Yo también lo he pensado, Josef, pero ¿cómo me ayuda eso en mi actual problema? Siempre he querido la universidad como medio de vida, con dedicación completa a la investigación y la enseñanza. Me siento en mi casa en medio de un estímulo constante a las ideas. Nunca quise luchar por mi existencia sobre una base competitiva.»
«Prefieres el claustro.»
«Sí, solamente que la universidad es un claustro donde los hombres buscan el conocimiento del futuro más que las formas enterradas del pasado. Y francamente no me gusta el dinero.»
«¿No te gusta el dinero o no te gusta pensar en ganar dinero?»
Sigmund tuvo la decencia de sonrojarse: porque Breuer frecuentemente venía en su rescate cuando estaba desesperado por fondos, insistiendo en que, como su propio ingreso era considerable y el de Sigmund todavía no había comenzado, debería tener el derecho de hacer su vida más llevadera. Sigmund llevaba una meticulosa cuenta del dinero que debía a los Breuer, varios cientos de gulders hasta los momentos; pero pasarían años antes de que pudiera comenzar a pagarlo”.
«Sig, tú has presentado un buen argumento de la vida académica, pero no serías feliz en ella por mucho tiempo. Echarías de menos la libertad. Tendrías que conformarte. Se te permitiría ser radical solamente a lo largo de líneas estrictamente convencionales. Tendrías alguien encima, dirigiéndote para que cambiaras tu enfoque, para que te apresuraras a publicar sobre algo que aprobaran, o para que destruyeras aquello que les incomodara»
Se paró de la mesa y caminó por la habitación.
«Sig, esto te permitirá pararte sobre tus propios pies. La primera parte de la ciencia médica es ver pacientes. En ese trabajo básico, que todo doctor debiera realizar, puedes hacer descubrimientos más importantes que viendo a través de un microscopio.» (Josef Breuer y Sigmund Freud. Éste se preocupaba porque si continuaba la carrera profesoral tardaría mucho tiempo en casarse con Martha. Breuer aconsejaba completar los estudios de medicina y buscar una clientela que le permitiera casarse). Pág. 37.
Portada de una biografía
6. Suponte que ella me preguntara, “¿Por qué has cambiado repentinamente de parecer? ¿Es que no tienes constancia?” (Posible pregunta de Martha ante el anuncio de que Freud aceptaba el consejo de Breuer). Pág. 50.
7. Capaces cirujanos le instruían, pero mientras más observaba más se convencía de que no tenía talento para el arte de la cirugía. Podían pasar dos años completos, incluyendo la realización de operaciones sobre cadáveres extendidos en el laboratorio de disección, antes de que se le permitiera operar pacientes. En verdad, ¿no sería mejor para él, cuando ya fuese practicante, remitir rápidamente a los pacientes a un cirujano calificado? Esa era la convicción a la que había arribado seis años antes. (Freud mientras trataba de graduarse para tener pacientes que le permitieran ganar el sustento). Pág. 71.
8. «Para un joven que se ha reconciliado con los rigores de una práctica privada, debo decir que estás abandonando demasiado rápido”. (Breuer a Freud, al saber que otra vez cambiaba de dirección y deseaba ahora una posición académica). Pág. 75.
9. «¡Sólo a la primera oportunidad!» (Respuesta de Freud a Breuer). Pág. 76.
10. «Debemos curar sin cortar el cuerpo del paciente». (Freud. Esta es la formulación estricta de la posición hipocrática ante lo quirúrgico: «No cortaré a las personas que sufran de cálculos, sino que dejaré este trabajo a quienes son practicantes de ese arte»). Pág. 8.
11. Ignaz tenía dos hermanos a quienes les iba bien en los negocios y ayudaban a mantener el hogar de su madre pero no le daban nada a Ignaz. Decían, “Tienes que mantenerte por ti mismo. ¿Dónde se ha oído que alguien viva del sánscrito?»
La Sra. Bernays también había estado acosando a Ignaz. Y no era por el sánscrito. Su marido la había imbuído de respeto por la vida universitaria y sus reverenciados títulos. Era porque creía que estaba fingiéndose enfermo; creía que debía graduarse de una vez de modo que pudiera conseguirse un trabajo profesional.
Ignaz gritaba: “Necesito más años de estudio. Es un campo muy vasto. Debo dominarlo antes de graduarme».
«Yo creía que un estudioso trabajaba toda su vida para convertirse en un experto. ¿Por qué tienes que terminar el trabajo antes de empezarlo?» (Ignaz Schönberg era novio de una hermana de Martha, la futura Sra. Freud. La Sra. Bernays, madre de Martha, se quejaba de que todos sus yernos eran pobres). Pág. 86.
12. «Te aconsejaría ir poco a poco, Sig; sé discreto. No arriesgues la ridiculización de Viena con tu idea de la histeria masculina. Lo único que puedes es hacerte daño».
Sigmund caminaba nerviosamente por el cuarto.
«Pero Josef, ¿tú no me estarás pidiendo que abandone lo que he aprendido?»
«Usa tu intuición y tu adiestramiento en tus pacientes. Construye primero un portafolio de pruebas».
«Una vez que mi traducción de Charcot aparezca en alemán el material definitivo estará disponible para que todos lo lean. Estaré comprometido».
Breuer negaba con la cabeza, vacilante. «Leerán la neurología de Charcot con gran respeto; y cuando lleguen al material sobre la histeria masculina lo desecharán como el pecado venial pasajero de un gran científico. Y en cuanto a tu parte en el libro, estás traduciendo, no abogando”.
«Josef, estoy planeando escribir sobre el tema para mi conferencia en la Asociación Médica…»
«¡Entonces no lo hagas! Es demasiado peligroso. Los escépticos sólo pueden ser convencidos a su propio ritmo, no al ritmo del proselitista». (Discusión de Breuer y Freud). Pág. 199.
13. Su deuda más grande era con Josef y Mathilde Breuer. Ya llegaba a los dos mil dólares. Había sugerido comenzar a pagarla en pequeñas cantidades mensuales. Breuer lo rechazó con un gesto.
“Eso no está bien, Sig. No necesitamos el dinero ahora. Tómate diez años de plazo. Al final de ese tiempo estarás ganando sustancialmente”.
No había mucha posibilidad de que ganara los necesarios cien dólares durante los primeros meses de práctica. Algunos de sus colegas consideraban tonto de su parte comenzar con tan pocas reservas. El Dr. Politzer, el otólogo que lo había llamado a consulta cuando sólo llevaba dos días en Viena, comentó, al oir que Sigmund planeaba casarse en el otoño: “Estoy horrorizado. Sé por nuestra reunión de hace pocos días que no tiene ningún medio de fortuna. ¿Por qué insiste en casarse con una muchacha pobre cuando podría obtener una dote de cien mil gulden?”Pág. 203.
14. «Esta es una ventaja inesperada del matrimonio: un hombro comprensivo sobre el cual pueda probar que yo tengo razón y el mundo no». (Freud a su mujer, luego de una mala recepción de su conferencia sobre histeria masculina en la Sociedad de Medicina en Viena). Pág. 233.
15. «Usted sabe, Dr. Freud, nos parecemos mucho en que no nos dejamos congelar en actitudes académicas y profesionales. Pensamos como Heráclito. ‘Todo fluye’. Cada día debemos aprender algo nuevo en nuestra ciencia o no hemos vivido esas veinticuatro horas». (Wilhelm Fliess a Freud). Pág. 256.
16. «Sigmund, el adversario que más te combate es el que está más convencido de que tienes razón”. (Theodor Meynert a Freud). Pág. 336.
17. «No soy un masoquista”, pensaba. “No disfruto que me aporreen. Anhelo la admiración y el respeto tanto como cualquier científico. Pero ¿cómo podré proceder con la publicación de mi descubrimiento más importante? Los que no se rían se burlarán. Murmurarán entre ellos a mis espaldas: ‘¡Allá va de nuevo el irresponsable de Freud, tratando de incendiar el mundo con un mechero Bunsen apagado¡’” (Freud al considerar la publicación de sus primeros casos exitosos). Pág. 350.
18. Breuer negaba con la cabeza. “No. No tenemos un vocabulario para describir lo que estamos encontrando. No tenemos mapas ni aparatos… porque los viejos son irrelevantes». (Breuer a Freud, cuando éste le decía «Hemos descubierto verdades universales acerca de la mente inconsciente y sobre cómo descarga la histeria. ¿Es que cincuenta casos concienzudamente investigados no son tan reveladores como cincuenta láminas de patología estudiadas con el microscopio?» Freud pujaba para que Breuer se atreviera a la publicación conjunta de sus hallazgos, que lo eran más de Freud que de Breuer). Pág. 354.
19. «Josef, para no cambiar de tema, ¿ya escribiste la historia de Bertha Pappenheim y comenzaste tu último capítulo teórico?»
Josef dudaba, «…no. Pero he leído tus historias de casos».
«¿Te parecen claras? ¿Pueden ser seguidas lógicamente paso a paso?»
Josef sonrió con algo de tristeza.
«Por supuesto, por los convencidos. Es como cualquier otra religión. Los fieles no necesitan pruebas. Y para el infiel ninguna prueba es suficiente». (Breuer y Freud. El primero continuaba remolón ante la publicación de un libro conjunto). Pág. 392.
Martha Freud y su hija Sofía
20. «Creo que mis servicios y obligaciones para con un paciente se han completado una vez que he revelado el significado escondido y secreto de sus síntomas. La cura reside en ese mismo acto. Realmente no es mi responsabilidad si acepta mi diagnóstico o no, aunque por supuesto no habrá cura a menos que lo acepte. Por tanto, para mí es urgente que ella crea en mi solución y trabaje fielmente con mis indicaciones. Si los dolores son la culpa de Emma obviamente no soy yo el culpable; por tanto, ella ha fracasado en su propia cura y no soy responsable de ninguna parte del fracaso». (Freud comentándole a Martha un sueño que había tenido y que relacionaba con una paciente renuente a aceptar su diagnóstico y su tratamiento). Pág. 407.
21. «Freud, fuimos juntos a la Escuela de Medicina, trabajamos juntos en los laboratorios durante años, he admirado tu trabajo sobre parálisis en niños. Es por eso que te pido: no publiques tu conferencia. Eso te causará un daño irreparable. Perderás el respeto que ahora se tiene por ti. Tanto Kraft-Ebing como yo creemos que estás yendo demasiado rápido y tomando demasiados riesgos. Deberías trabajar varios años más, acumular evidencia adicional, probar tus hipótesis, erradicar la posibilidad de error».
Sigmund se sentía mal. Estudió los rostros de los dos hombres exitosos que tenía delante.
Kraft Ebing añadió con suavidad, “Hemos desarmado tu conferencia pieza por pieza, y estamos convencidos de que cometes un error fundamental con tu concepto de ‘sexualidad infantil’. Es completamente repugnante a la naturaleza humana. Te encarezco, mi querido Freud, que no permitas que tu creencia se lleve por delante las evidencias que hasta ahora has encontrado, como lo hiciste en tu conferencia. No abandones los precisos métodos de la ciencia a la que has dedicado tu vida. Una publicación prematura dañaría más que tu reputación.»
Sorprendido, Sigmund preguntó, “A quién más dañaría?»
«A la Escuela de Medicina. Rundschau se lee mucho. Podrías hacer un gran daño a tu universidad.» (Wagner-Jauregg y Kraft-Ebing, tratando de convencer a Freud de que no publicara su conferencia sobre la etiología de la histeria). Págs. 426 y 427.
22. Como era poco probable que fuese invitado de nuevo a hablar ante alguna sociedad médica, y la publicación de su conferencia había conducido, en sus propios términos, “a la ruptura de la mayor parte de mis contactos”, preguntó a un viejo conocido de su padre en los negocios acerca de un grupo con el que pudiera discutir sus descubrimientos.
«¿Dónde puedo encontrar un círculo escogido de personas de carácter que me reciban amigablemente a pesar de mi temeridad?»
El hombre mayor respondió: “El B’Nai Brith es un sitio donde se encuentran hombres de ese tipo. Pero para el propósito de la reunión a que te refieres, te recomiendo a los jóvenes del Círculo Académico de Lectura Judío.»
Cerca de treinta jóvenes se reunieron en el salón del club en la Ringstrassen Haus en una noche de sábado. Nada sabían de lo que Sigmund denominó “los primeros atisbos en las profundidades de la vida instintiva del hombre” ni habían oído jamás acerca de la estructura arquitectónica de la mente inconsciente. Escucharon con fascinado respeto y luego hicieron preguntas que indicaban que, aunque sólo comprendían elementalmente lo que el Dr. Sigmund Freud tenía que decir, estaban ansiosos por saber más. (Esta conferencia fue dictada por Freud a un público no iniciado luego de las primeras represalias de sus colegas. «Sus pacientes referidos por otros doctores se desvanecieron por completo, como si hubiera sido puesto en una lista negra. No venían los pacientes del Allgemeine Krankenhaus, del Instituto Kassowitz ni de los doctores que se los enviaban antes»). Pág. 430.
23. El resultado inmediato de su agitación por la pérdida de su padre fue el temor de los años venideros, en los que forzosamente tendría que ser un extraño en su profesión y su ciudad. No podía tolerar más la sensación de ser esquivado. Necesitaba una organización, una institución, algo a lo que pertenecer y que, en un sentido familiar, le perteneciera.Pág. 433.
24. Llegó a deprimirse, a hacerse introvertido, sin esperanzas por su propia vida y la del mundo, invadido por el temor de su propia muerte. Sufría toda clase de dolores corporales, que desaparecían tan misteriosamente como habían llegado, sólo para ser sustituidos por músculos adoloridos y huesos cansados. La autocensura hervía dentro de él; se sentía inhibido en todas sus actividades… perdió incluso la capacidad de hacer el amor.Pág. 457.
25. Sigmund se dió cuenta de que él tenía la culpa; durante diez años había alabado a Wilhelm hasta el cielo, diciendo de él que era el más audaz y más creativo científico médico en Europa. ¡Ahora el alumno estaba repudiando al maestro!
Aunque Sigmund había urgido a Wilhelm para que encontrase agujeros en el tejido de su propio razonamiento, y Wilhelm había respondido con entusiasmo, Sigmund Freud era el único hombre en el mundo del que Wilhelm Fliess no aceptaba la crítica. Pero, ¿no había sabido él mismo, Sigmund, desde hacía tres años, desde la operación de nariz de Emma Benn, que Wilhelm era un génie manqué, que cometía errores de juicio casi fatales? ¿Haciendo una operación que era innecesaria, y luego dejando la gasa en la nariz de Emma infectándose y casi matándola de la hemorragia? Mirando los hechos desnudos con el beneficio de su autoanálisis, comprendió que cuando le había escrito a Fliess, después de la infortunada operación, “Por supuesto, nadie te culpa de nada ni veo por qué tendría que hacerlo”, él había estado protegiendo su relación con un amigo que no podía aceptar la crítica, un amigo que no quería perder, un hombre que adoraba y necesitaba.
Su inconsciente había correctamente culpado a Fliess. ¿Sería ahora libre como para arriesgar esa tan querida amistad? (A raíz de una correspondencia cruzada entre Fliess y Freud, en la que este último cuestionaba las teorías del primero sobre bilateralidad y zurdera). Págs. 470 y 471.
26. No podía darse el lujo de estos viajes, pero estaba viviendo según un viejo proverbio vienés: “El modo de volverse rico es vender tu última camisa”. (De vez en cuando Freud llevaba a su familia en cortos viajes al campo, en épocas cuando sus ingresos habían mermado considerablemente). Pág. 480.
27. «¿Por qué tienes que leer cada palabra de esos libros?”
“Porque no me puedo arriesgar a que me acusen de haber desatendido estas obras, por más fragmentarias que sean”
Martha suspiró.
“¿Pero ese material no tendrá el mismo efecto adormecedor sobre tus lectores que el que ha tenido contigo?”
“Desafortunadamente, puede ser”.
“Bueno, yo diría que ningún lector serio se rendirá ante una introducción de unas diez o quince páginas históricas”.
Sigmund se puso en pie, fue a la caja sobre la mesa, encendió un habano y echó unas primeras fumadas.
“No son diez o quince páginas, Marty. Más bien unas cien, para hacerle justicia al material”.
Martha – Minna y Martha Bernays (clic amplía)
Martha lo miró con incredulidad.
“¡Cien páginas! Eso es un libro por sí solo. ¿Por qué quieres poner esa infranqueable Muralla China ante tus lectores?”
Minna reía. “Bueno Martha, tú sabes que la más consistente ambición vital de Sigi es la de ser mártir”. Se volvió hacia su cuñado. “¿No estarás matando cadáveres? ¿Por qué citar a medio centenar de autores sólo para probar que están equivocados?”
“Porque esa es la manera científica: resumir todo lo que ya ha sido escrito sobre el tema y analizar su valor”.
“Pero ¿qué le pasará al lector que se extravíe en ese matorral?”
Sigmund sonrió con melancolía. “Nunca llegará a ver a la Bella Durmiente que está adentro. Es como una limpieza ritual del terreno, como los granjeros incendian los rastrojos del año anterior antes de la siembra de primavera”. (Acoso de Martha Freud y su hermana Minna a Freud, quien preparaba su texto sobre interpretación de los sueños con la lectura de unos ochenta volúmenes). Pág. 485.
28. Existía una costumbre no escrita en la universidad que se centraba sobre la frase Tres faciunt collegium: tres hacen un colegio.Pág. 502.
29. «Sigi, tú dijiste que escribirías ese largo artículo para el público general. ¿Entonces por qué lo estás ofreciendo a la Revista de Psiquiatría y Neurología en vez de a una publicación periódica general? ¿Es porque les retiraste el manuscrito sobre Dora Giesl?”
“Sólo en parte. Simplemente no es correcto que un médico publique material médico en un periódico popular. Debe confinarse a las revistas científicas”.
“¿Entonces cómo le va a llegar tu material al público general?”
“Por ósmosis. Permea. Como el gas de la tierra o el agua de un tejado plano”. (Martha preguntando por el trabajo que Freud llamó La Psicopatología de la Vida Cotidiana). Pág. 516.
30. La conferencia fue anunciada en el Neue Freie Presse y generó considerable interés. Por la mañana del día de la conferencia llegó una carta expresa a la Berggasse. Excusándose, el vocero de la Sociedad Filosófica explicaba: se había filtrado algo acerca del contenido de la conferencia del Dr. Freud; algunos de los miembros, los hombres, no las mujeres, habían objetado. ¿No podría el Dr. Freud ser tan considerado como para comenzar con casos y ejemplos inofensivos, no sexuales? Luego, cuando llegase al material que algunos pudieran considerar ofensivo, no podría él, tan delicadamente como fuese posible, que se disponía a detallar ciertos asuntos objetables; y luego esperar unos instantes, en silencio por supuesto, “durante los cuales las damas pudieran abandonar el salón?”
Canceló la conferencia con una nota tan indignada que casi quemaba el papel. Martha preguntó: “¿No podrías haber disertado sobre la psicopatología de la vida cotidiana? Tú mismo has dicho que ése es el camino fácil hacia el inconsciente, y hay muy poco material sexual en el libro».
“Sí hubiera podido, si para empezar me hubieran pedido esa conferencia. Pero después de que he presentado el cuerpo principal de mi obra, declarar noventa por ciento de ella indecente o reprensible sería admitir que estoy haciendo algo malo. Si estos hombres creen que los oídos de sus mujeres son demasiado delicados para oír acerca de la vida sexual de Homo Sapiens prefiero retirarme de su plaza de toros”.
“Si tuvieras que elegir” le echó en cara Minna, “¿qué preferirías ser, el matador o el toro?”
“En cada corrida salgo gloriosamente ataviado como el matador, pero al final de la prueba de algún modo me he transformado en el toro con la espada en el lomo, dobladas mis rodillas en la arena”. (Freud comentando su frustración amargamente ante su mujer y su cuñada, pues hacía cinco años, desde la conferencia ante la Sociedad de Psiquiatría y Neurología, que no recibía invitaciones. La que le hizo la Sociedad Filosófica le había alegrado enormemente, sólo para que la conferencia nunca se llevara a cabo). Pág. 517.
31. Esa noche Sigmund se sentó en su estudio y escribió a Fliess con sarcasmo:
“El Wiener Zeitung no lo ha publicado todavía, pero las noticias se han regado desde el Ministerio. ¡El entusiasmo público es inmenso! Las felicitaciones y los ramos de flores continúan lloviendo, como si el papel de la sexualidad hubiera sido reconocido súbitamente por Su Majestad, la interpretación de los sueños confirmada por el Consejo de Ministros, y la necesidad de la terapia psicoanalítica de la histeria aprobada por una mayoría de dos terceras partes del Parlamento. Obviamente, vuelvo a tener buena reputación, y mis más tímidos admiradores ahora me saludan desde lejos en la calle”.
Uno de los primeros en aparecer fue un efervescente Wilhelm Stekel. Su cara resplandecía de orgullo. Sigmund se sintió conmovido.
“¡Excelencia! Ahora que usted es el Profesor Sigmund Freud en vez de un simple e inferior Dozent, ¿no habrá llegado el momento de llevar a cabo su plan de formar su propio grupo? Creo que usted lo llamó un seminario, un círculo de gente interesada en el psicoanálisis…” (Después de largos años Freud había sido nombrado Profesor, distinción que en el Imperio Austro-Húngaro era conferida por el propio Emperador. En la campaña final fue ayudado por la presión a su favor de la Baronesa von Ferstel, a la que había curado). Pág. 536.
32. «Con todo, es mejor que ser ignorado. Es tradicional atacar salvajemente aquello que uno más teme». (Freud a Stekel). Pág. 562.
33. «La herejía de una generación es la ortodoxia de la siguiente». (Freud a Jung). Pág. 563.
34. «Cuando escribimos, disertamos, y por otros medios abogamos por la diseminación del psicoanálisis, ¿no cree usted que sería más sabio evitar el tema terapéutico al comienzo de nuestra exposición? No es que usted no haya logrado resultados significativos –incluso yo, en mis modestos inicios, he logrado ayudar mucho– sino más bien porque usted nos ha dado una ciencia de la psicología completamente nueva y revolucionaria, una que será capaz de aplicarse a todas las actividades del hombre. ¿Por qué entonces arriesgar la reputación y la validez del psicoanálisis, cuyo significado último será mil veces más amplio que la terapia misma, en manos de doctores que pudieran tomar casos inadecuados, que pueden incluso venir a su campo porque se imaginan que la teoría psiconalítica es fácil, y que dañarían nuestro movimiento por la ignorancia de nuestras técnicas?. ¿No sería mejor, en nuestras declaraciones públicas, minimizar nuestra pretensión de los poderes curativos de nuestra terapia hasta que nosotros mismos podamos dar adiestramiento especializado a un grupo de doctores que entonces sean capaces de practicar el análisis freudiano?
Sigmund buscó un cigarro y lo encendió pensativo. ¿Se le estaría pidiendo de nuevo ser el maquinista de un tren que tuviera ruedas de un solo lado? Él mismo ya le había escrito a Carl Jung en diciembre pasado, “He tenido el cuidado de no mantener en mis escritos algo más que ‘el método funciona mejor que cualquier otro’”. (Jung a Freud). Pág. 565.
35. «Bleuler debe ser un magnífico administrador”, observó Sigmund; “es un don raro, uno que he admirado pero nunca poseído”. (Freud a Jung). Pág. 634.
Freud, Stanley Hall, Jung; Brill, Jones, Ferenczi – Universidad Clark, EEUU, 1909 (clic amplía)
36. Viajaban hacia el puerto de Nueva York al final de una tarde de viernes, el 27 de agosto, un día claro y brillante. Sigmund se acomodó al frente de la proa con Jung a un lado y Ferenczi al otro, mientras la silueta de Manhattan aparecía a la vista, primero como un borrón en el horizonte y luego los edificios haciéndose más destacados: altos, majestuosos, aparentemente erectos directamente sobre las aguas de la bahía. Sigmund estaba fascinado por el contorno de la isla, la punta de aguja de Battery anchándose hacia el norte. Entonces pensó:
“Me pregunto si estoy viendo a los Estados Unidos del mismo modo que Bernays lo hizo. Él buscaba un nuevo hogar y una nueva manera de vivir; se preguntaba ‘¿Es acá donde debo estar? ¿Voy a convertirme en un americano?’ Millones de europeos han tenido esa misma esperanza y esa misma pregunta al ver por primera vez esta vista sensacional. Pero sólo estaré aquí unas pocas semanas. Cuando concluyan las conferencias me iré al patio de la posada, encontraré mi propio equipaje, me lo pondré a la espalda y regresaré a Viena”.
Al pasar ante la Estatua de la Libertad, Sigmund exclamó:
“¡Van a recibir una sorpresa cuando oigan lo que tenemos que decirles!”
Jung se volvió y replicó, no sin amabilidad:
“¡Cuán ambicioso es usted!” (Freud había sido invitado por la Universidad Clark para una serie de conferencias como parte de la celebración del vigésimo aniversario de su fundación). Págs. 653 y 654.
37. Cuando dos entre su gente se ponían a pelear, los invitaba a cenar juntos y les proporcionaba una noche interesante, revisando material de casos, trayendo a cada uno a la conversación, escuchando con cuidado, admirando su comprensión del tema, levantando su confianza no sólo en sí mismos sino también en el otro, a fin de que salieran del 19 de la Berggasse abrazados y se acompañaran en el camino. Si iba a tener que ser el paterfamilias no tenía elección: estos niños dispares vivían todos dentro de su hogar ideológico. Tenía que encontrar formas de mantenerlos felices. No obstante, había momentos cuando varios de los miembros mayores lo entristecían con sus guerras intestinas. (Problemas en el primer grupo de psicoanalistas). Págs. 662 y 663.
38. «El psicoanálisis como ciencia probará su valor conmigo o sin mí, porque contiene muchas verdades y porque es conducido por personas como usted y Jung. La introducción de la política de ‘puertas cerradas’ asustó a muchos amigos y convirtió a algunos de ellos en oponentes emocionales”. Volvió sus honestos y preocupados ojos hacia Sigmund. “No importa cuán grandes sean sus logros científicos, usted me parece psicológicamente un artista. Desde este punto de vista es comprensible que usted no quiera que el producto de su arte sea destruido. En el arte tenemos una unidad que no puede ser despedazada. En ciencia un descubrimiento que debe permanecer. Cuánto de lo que está vagamente conectado con eso sobrevivirá no es lo importante. Pero voy a hacer una predicción: usted verá que en el largo plazo yo permaneceré más cerca de sus creencias que su segundo al mando, Carl Jung». (Bleuler a Freud. Eugen Bleuler se había separado de la Sociedad Suiza de Psicoanálisis, presidida por Jung, a raíz de la cancelación de una ponencia de Max Isserlin, un psiquiatra de Munich, para el Segundo Congreso de Psicoanálisis en Nuremberg. El texto de Isserlin era un ataque violento contra el concepto del subconsciente. Varios miembros del grupo de Viena convencieron a Freud para cancelar la presentación de Isserlin). Pág. 692.
39. «Éste es un momento triste en mi vida. Es la primera vez en los nueve años que nuestro grupo se reúne que he perdido un discípulo”.
Adler replicó con firmeza, “Yo no soy ni nunca he sido su discípulo”
“Acepto la corrección: un colega. No es un suceso feliz el perder un colega de muchos años. Pero en verdad ya le habíamos perdido hace bastante tiempo”.
Adler se quitó sus anteojos. Sus ojos estaban encapotados. Dijo, sin mirar a Sigmund a la cara:
“La ruptura ha sido obra suya”.
“¿Cómo es eso, Doctor?”
“Al cometer el mismo crimen que usted ha atribuido a Charcot y Bernheim: ¡usted ha congelado su propia revolución!”
Sigmund quedó profundamente consternado. La acusación lo hirió más hondamente que cualquier cosa que le atribuyeran sus enemigos.
“Por lo contrario, Doctor, cuando he cometido errores los he admitido y continuado la búsqueda. He incorporado con orgullo en el cuerpo del psicoanálisis ideas que usted mismo ha contribuido. ¿Cuál es la razón real de su renuncia a la Sociedad Psicoanalítica de Viena?”
La angustia inundó el orgulloso y sensitivo rostro de Adler.
“¿Por qué siempre debo hacer mi trabajo bajo su sombra?» (Freud había abandonado la Presidencia de la sociedad poco después del Congreso de Nuremberg, y postulado a Adler en su lugar. En 1911 Adler habló por tres sesiones seguidas exponiendo un conjunto de conceptos totalmente incompatibles con el esquema freudiano, recibiendo un feroz ataque de los miembros de la sociedad. Adler renunció). Pág. 696.
40. Fijó su atención sobre Jung y le preguntó sobriamente:
“Mi querido colega, ¿por qué es que en sus recientes conferencias y publicaciones usted ya no me nombra?”
Hubo un incómodo momento de silencio, luego del cual Carl Jung sonrió y dijo despreocupadamente:
“Mi querido Profesor, todo el mundo sabe que Sigmund Freud es el fundador del psicoanálisis. Ya no hay ninguna necesidad de mencionar su nombre cuando hacemos recapitulaciones históricas”.
Una aguda estocada de dolor atravesó el pecho de Sigmund. ¡Se había estado engañando a sí mismo! La arrogante respuesta de Jung revelaba la verdad. En las profundidades del subconsciente de Carl Jung había una poderosa fuerza que crecía lentamente y buscaba romper la relación abiertamente. En su mente consciente Jung quería reconciliarse. Todavía amaba y veneraba a Sigmund Freud, y no estaba simulando cuando, en su paseo de dos horas, le había asegurado a Sigmund que todo lo bueno de su relación estaba restaurado y que trabajarían juntos en los años venideros. Pero en ese jirón de sonrisa en el rostro de Jung, y en su despreocupada respuesta, Sigmund percibió la represión que no podría negarse por mucho tiempo más; Carl Jung necesitaba ser libre e independiente, producir el rompimiento y hacerse su propio hombre.Pág. 719.
41. «Para las decisiones sin importancia busca en tu mente consciente. Para las grandes decisiones de tu vida, deja que domine tu mente inconsciente. De esa forma no te equivocarás». (Freud a Theodor Reik, que le pedía consejo sobre su matrimonio y su vida profesional). Pág. 721.
En portada de 1924
42. Lo escaso de su práctica era en realidad una bendición, puesto que su mayor deseo era escribir el manuscrito completo Sobre la Historia del Movimiento Psicoanalítico en los primeros meses del año, de modo que pudiera ser publicado en el Anuario para el momento cuando la noticia de la renuncia de Carl Jung se regara por Europa, Inglaterra y América. Siempre había sido su política la de no estar a la defensiva, sin embargo este manuscrito sería defensivo. Había una necesidad de establecer la verdad acerca del nacimiento y el desarrollo del psicoanálisis, acerca de lo que él había descubierto, desarrollado, puesto en movimiento; y acerca de cuáles habían sido las contribuciones subsiguientes debidas a Alfred Adler o Carl Jung. Trataría de escribir la historia con pleno candor y honestidad.Pág. 735.
43. Desde el Armisticio la Sociedad Psicoanalítica Internacional había crecido tremendamente; ahora tenía doscientos treinta y nueve miembros, de los cuales ciento doce habían asistido al Congreso, con la adición de otros ciento cincuenta interesados. Once miembros habían hecho el viaje desde América, treinta y uno de Inglaterra, noventa y uno de Berlín, un testimonio del trabajo hecho por Karl Abraham, Max Eitingon y luego Hanns Sachs y Theodor Reik en el centro de adiestramiento. A pesar de la continua oposición y adversidad, veinte miembros habían venido desde Suiza. Mirando al gran salón y recordando los desafortunados quebrantos en el Congreso de Munich de hacía una década, Sigmund reflexionaba:
Pregunta que sugiere la respuesta
“Tenemos la cantidad y la fortaleza para sostenernos. ¡Hemos llegado! Puede que perdamos miembros a lo largo de los años, por razones relevantes o irrelevantes; pero estamos tan firmes sobre nuestros pies como cualquier sociedad psiquiátrica o neurológica”.
El psicoanálisis había llegado para permanecer. (Congreso de Berlín de 1922). Pág. 764.
Son muchos los ejemplos de música con intención o inspiración política. Tanto la música popular como la que llamamos culta o clásica alojan un buen número de piezas con tal carácter. (Ver en este blog, por ejemplo, Música política). He aquí una colección abigarrada, que comienza por lo que pudiera considerarse el himno de la democracia, la Fanfarria para un hombre común, de Aaron Copland, quien optó por celebrar a la gente común y corriente en lugar de algún héroe o hazaña. En esta ocasión la interpreta la maravillosa Orquesta de Filadelfia, dirigida por Eugene Ormandy. (Puede compararse con una versión por la Orquesta Sinfónica de Detroit, dirigida por Antal Doráti, en Música política):
Buena parte de la carga política en la música popular viene expresada en testimonios de la pobreza. Lamento borincano, cantada aquí por Marco Antonio Muñiz, es una queja campesina que contrasta los sueños de un padre pobre con su fracaso: el jibarito va pensando así, diciendo así, llorando así por el camino: ¿que será de Borinquen, mi Dios querido, que será de mis hijos y de mi hogar?
Construçao, en cambio, de Chico Buarque de Holanda, es una tragedia urbana, la muerte de un obrero albañil que cae al tropezar desde lo alto de una obra. Como una canción de nuestro Vicente Emilio Sojo, la última palabra de cada verso es esdrújula. He aquí su letra:
Amou daquela vez como se fosse a última Beijou sua mulher como se fosse a última E cada filho seu como se fosse o único E atravessou a rua com seu passo tímido Subiu a construção como se fosse máquina Ergueu no patamar quatro paredes sólidas Tijolo com tijolo num desenho mágico Seus olhos embotados de cimento e lágrima Sentou pra descansar como se fosse sábado Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago Dançou e gargalhou como se ouvisse música E tropeçou no céu como se fosse um bêbado E flutuou no ar como se fosse um pássaro E se acabou no chão feito um pacote flácido Agonizou no meio do passeio público Morreu na contramão atrapalhando o tráfego Amou daquela vez como se fosse o último Beijou sua mulher como se fosse a única E cada filho seu como se fosse o pródigo E atravessou a rua com seu passo bêbado Subiu a construção como se fosse sólido Ergueu no patamar quatro paredes mágicas Tijolo com tijolo num desenho lógico Seus olhos embotados de cimento e tráfego Sentou pra descansar como se fosse um príncipe Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo Bebeu e soluçou como se fosse máquina Dançou e gargalhou como se fosse o próximo E tropeçou no céu como se ouvisse música E flutuou no ar como se fosse sábado E se acabou no chão feito um pacote tímido Agonizou no meio do passeio náufrago Morreu na contramão atrapalhando o público Amou daquela vez como se fosse máquina Beijou sua mulher como se fosse lógico Ergueu no patamar quatro paredes flácidas Sentou pra descansar como se fosse um pássaro E flutuou no ar como se fosse um príncipe E se acabou no chão feito um pacote bêbado Morreu na contramão atrapalhando o sábado
En la misma onda, el clásico Sixteen tons (canción de Merle Travis; ver la magnífica versión de The Platters, en la rica voz baja de Herb Reed en Una docena más) describe la alienación de los mineros de carbón, amarrados de por vida a las compañías explotadoras de los yacimientos y sus obreros. (You load sixteen tons, what do you get/Another day older and deeper in debt/Saint Peter don’t you call me ‘cause I can’t go/I owe my soul to the company store). Quien popularizó esta canción fue Tennessee Ernie Ford, que la canta acá:
Todavía en situación peor, la gente encarcelada es cantada en Prison song por Graham Nash—formó parte del grupo Crosby, Stills, Nash & Young—, quien asegura que la gente rica no paga penas carcelarias: And here’s a song to sing for every man inside/If he can hear you sing, it’s an open door/There’s not a rich man there who couldn’t pay his way/And buy the freedom that’s a high price for the poor.
David Crosby y Graham Nash en Occupy Wall Street (clic amplía)
Puede cantarse a los héroes de epopeyas revolucionarias, personajes concretos o caracteres genéricos como el de Canción del elegido, obra de Silvio Rodríguez interpretada por Soledad Bravo, quien grabó un álbum de canciones de la Nueva Trova Cubana.
El romance de personajes de reparto
Hablando de epopeyas, en 1960 se estrenó el filme Éxodo, dirigido por Otto Preminger, que narra el episodio de unos refugiados que se trasladaban en barco en momentos de la fundación del Estado de Israel. Su tema musical se convirtió en un éxito principalmente por la versión del dúo de pianistas Ferrante & Teicher. Aquí se pone en la interpretación de nadie menos que Edith Piaf, el Ruiseñor de Francia.
Por supuesto, es una mordaz crítica a los valores sociales pervertidos el famosísimo tango Cambalache, de Enrique Santos Discépolo. Un cantautor que siempre ha tenido carácter protestatario, Joan Manuel Serrat, la expone en este archivo:
Ese mismo cantante profiere un reclamo más extenso en El sur también existe:
Con menor aspereza, John Lennon compuso y canta aquí Imagine, una canción que la revista Rolling Stone colocó en el tercer lugar de las quinientas canciones más grandes de todos los tiempos.
La canción We are the world, compuesta por Michael Jackson y Lionel Richie, reunió un supergrupo de estrellas en 1985 para producirla. La canción vendió más de veinte millones de copias, y los ingresos fueron destinados a aliviar el hambre africana (recaudó 63 millones de dólares).
There comes a time when we heed a certain call (Lionel Richie) When the world must come together as one (Lionel Richie & Stevie Wonder) There are people dying (Stevie Wonder) Oh, and it’s time to lend a hand to life (Paul Simon) The greatest gift of all (Paul Simon/Kenny Rogers)
We can’t go on pretending day by day (Kenny Rogers) That someone, somewhere will soon make a change (James Ingram) We’re all a part of God’s great big family (Tina Turner) And the truth (Billy Joel) You know love is all we need (Tina Turner/Billy Joel)
(CORO) We are the world, we are the children We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Michael Jackson) There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Diana Ross) It’s true we’ll make a better day just you and me (Michael Jackson/Diana Ross)
Well, send ‘em you your heart so they know that someone cares (Dionne Warwick) And their lives will be stronger and free (Dionne Warwick/Willie Nelson) As God has shown us by turning stone to bread (Willie Nelson) And so we all must lend a helping hand (Al Jarreau)
We are the world, we are the children (Bruce Springsteen) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Kenny Loggins) Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Steve Perry) It’s true we’ll make a better day just you and me (Daryl Hall)
When you’re down and out there seems no hope at all (Michael Jackson) But if you just believe there’s no way we can fall (Huey Lewis) Well, well, well, let’s realize that a change can only come (Cyndi Lauper) When we (Kim Carnes) stand together as one (Kim Carnes/Cyndi Lauper/Huey Lewis)
We are the world, we are the children (Todos) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos) There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos) It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)
We are the world, we are the children (Todos) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos) There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bob Dylan) It’s true we’ll make a better day just you and me (Bob Dylan)
We are the world, we are the children (Todos) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos) There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos) It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)
We are the world, we are the children (Todos) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos) Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles) It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)
We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen) There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Stevie Wonder) It’s true we’ll make a better day just you and me (Stevie Wonder)
We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen) There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bruce Springsteen) It’s true we’ll make a better day just you and me (Bruce Springsteen)
We are the world, we are the children (Todos) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos) There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos) It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)
We are the world, we are the children (James Ingram) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (James Ingram) There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles) It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)
We are the world, we are the children (Todos) We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos) There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos/Ray Charles) It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos/Ray Charles)
Sibelius y Ormandy en la casa de campo del primero
Si entramos a otra dimensión, la música culta nos proporciona música de independencia y liberación. Éste es el caso de Finlandia, el opus 26 de Jan Sibelius. Suena acá en versión monumental de la Orquesta de Filadelfia y el Coro del Tabernáculo Mormón, dirigidos ambos por Eugene Ormandy. (La orquesta fue a Finlandia en 1955 y visitó a Sibelius poco antes de su muerte. Los músicos esperaron fuera de los autobuses que los llevaron a la casa del compositor, en pleno y nevado invierno, a que Ormandy sacara al maestro a saludarlos).
Krzysztof Penderecki, compositor polaco contemporáneo, que últimamente ha suavizado su música muy astringente con un nuevo estilo postromántico, se hizo conocer con la gélida Trenodia por las víctimas de Hiroshima (para 52 instrumentos de cuerda), que toca aquí la Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional Polaca. (Advertencia: debe oírse teniendo a la mano una buena dosis de sal de frutas).
La ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, como otras de este compositor, adquirió pronto un tinte político, gracias principalmente a Va, pensiero, cantada en coro por los esclavos hebreos de Nabucodonosor. El justamente afamado Riccardo Muti potenció ese significado el 12 de marzo de este año, cuando rompió todo protocolo para arengar al público en protesta por los recortes de fondos para la cultura dispuestos por el gobierno de Silvio Berlusconi. Concluida la interpretación de este coro por la Ópera de Roma, Muti interrumpió la ejecución y dirigió un breve discurso a la audiencia, a la que luego reclutó para volver a cantar la pieza junto con la orquesta y los cantantes. Aplausos, vítores y lágrimas de músicos y público confirmaron que el maestro había tocado un nervio particularmente sensitivo. Dijo Muti en la ocasión: «Como italiano que da vueltas por el mundo me encuentro muy adolorido por lo que está pasando». (Se ha generalizado la impresión errónea de que sus palabras fueron dichas delante del propio Berlusconi, pero esto no fue así. El Primer Ministro de Italia asistió a otra representación de Nabucco seis días más tarde, pero la fuerza de la crítica de Muti no fue menor por eso. Berlusconi, naturalmente, ya no está en el cargo al que se aferrara tanto tiempo; Muti permanece).
¡Ve, pensamiento, con alas doradas, pósate en las praderas y en las cimas donde exhala su suave fragancia el dulce aire de la tierra natal! ¡Saluda las orillas del Jordán y las destruidas torres de Sión! ¡Oh, mi patria, tan bella y perdida! ¡Oh recuerdo tan caro y fatal! Arpa de oro de fatídicos vates, ¿por qué cuelgas muda del sauce? Revive en nuestros pechos el recuerdo, ¡que hable del tiempo que fue! Al igual que el destino de Sólima ¡canta un aire de crudo lamento, que te inspire el Señor un aliento que al padecer infunda virtud, que al padecer infunda virtud, que al padecer infunda virtud, al padecer, la virtud!
Un tono distinto de rojo
La pianista venezolana más renombrada, después de Teresa Carreño, es Gabriela Montero, que tempranamente recibió estímulo de la gran Martha Argerich. Con motivo del lanzamiento de su disco Solatino, se empeñó en que el logotipo de la disquera inglesa EMI sutituyera su color rojo habitual por el blanco. Montero explicó:
«Decidí excluir el color rojo en SOLATINO, a excepción de la letra ‘O’, porque en Venezuela el color rojo ha sido robado de su apasionada belleza y poder y es ahora asociado a la represión, la furia y el control. También notarán que el título tiene los colores amarillo, azul y rojo. Estos son los colores de la bandera venezolana.
El rojo es el último color de mi bandera y, coincidencialmente, ‘O’ es mi tipo de sangre. Encuentro este simbolismo muy hermoso. Todos compartimos la misma fuente de vida: la sangre. Son las células rojas de la sangre las que llevan el oxígeno por nuestros cuerpos. Sin ellas, perecemos. Con el balance adecuado, prosperamos. Me gustaría que esta ‘O’estuviese coloreada por un matiz pacífico de rojo. El rojo que nos pertenece a todos. El rojo que es hermoso en su intensidad, y no hiriente en su agarre. El rojo que pertenece a este mundo y no el que nos separa y extingue. No hay espacio para el tipo equivocado de rojo, y escojo removerlo de este álbum.
Esta es mi declaración».
Luego, en octubre de este año, estrenó en Nuremberg su opera prima para piano y orquesta, a la que llamó ExPatria. Dijo para presentarla: “Es el grito de una sociedad asfixiada y la denuncia de la complicidad e inconsecuencia del mundo ante la desventura de los venezolanos, encubierta en un tenue y engañoso velo de democracia. Va más allá de la nostalgia privada a un grito muy público. ExPatria es un retrato de un país apenas reconocible del que conocí en mi juventud. Es mi respuesta emocional a la pérdida de Venezuela a sí misma, a la ilegalidad, la corrupción, el caos y las tasas de homicidio entre las más altas del mundo”.
Cerremos este amasijo de música política con una interpretación por Gabriela Montero de la Polonesa Heroica de Federico Chopin, una de las piezas políticas del genio polaco del piano. (El 3 de diciembre de 2007 en el Centro Gubenkian de Lisboa). Buen provecho. LEA
El cognomento del título es justificado con orgullo en el generalmente benévolo artículo de Wikipedia en Español sobre Diego Arria: «Su gestión contra las construcciones ilegales en el DF, con sus respectivas demoliciones inmediatas sin mediar tribunales y su rigidez en el manejo del poder entonces le dio el sobrenombre de ‘Diego Mandarria’. El juego de palabras es por Manda-Arria, pero en Venezuela se conoce como mandarria a un tipo de mazo de hierro pesado usado para demoler paredes». En ocasión de candidatearse por segunda vez a la Presidencia de la República, parece venir con todos los hierros. (La primera vez lo hizo en 1978, aunque anunció privadamente su intención a un pequeño grupo reunido en su casa en noviembre de 1974, cuando el gobierno al que servía como Gobernador del Distrito Federal no había cumplido siquiera un año. De los 5.332.712 votos emitidos en aquella oportunidad, Arria obtuvo 90.060, o 1,69% de la votación. Todavía no se había mudado «a vivir con su familia a la ciudad de Nueva York en donde se convierte en socio de negocios de Donald Trump»).
Arria con CAP en tiempos idos (clic amplía)
De los seis candidatos a las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática es Arria, sin duda, el político de más cartel: ex gobernador, ex presidente del Centro Simón Bolívar, ex ministro, ex candidato presidencial, ex embajador ante la Organización de las Naciones Unidas. En este organismo destacó como Asesor Especial de su Secretario General (Kofi Annan), y como hábil negociador en el Consejo de Seguridad, donde la «Fórmula Arria» designaba un exitoso mecanismo de consultas informales que se empleó durante la más reciente guerra en los Balcanes. Siempre ha sido un negociador eficaz: de las mazmorras del mismísimo Augusto Pinochet, Arria liberó a Orlando Letelier, ex ministro de Salvador Allende. Es una capacidad que puso de manifiesto tempranamente en la década de los sesenta, cuando era funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo.
Pero también es el candidato que Hugo Chávez preferiría confrontar, su más cómodo enemigo. Chávez no tendría problemas al catalogarlo como representante destacado de «la Cuarta República», y seguramente sacaría a relucir la estela de cuestionamientos que Arria dejó a su salida del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1978: «Su gestión como gobernador no está ausente de polémicas, entre éstas se cuenta el hecho denunciado que la adquisición de los autobuses importados no fué bajo licitaciones por ley, una adquisición por parte del CSB de unos terrenos en Antímano y otra con respecto a unas obras realizadas en el balneario de Camurí» (Wikipedia). Arria, el más redondo y experimentado de los precandidatos de la MUD, es también el más vulnerable.
………
Ahora Arria quiere lograr tres cosas: la Presidencia, por supuesto; una nueva asamblea constituyente; sentar a Hugo Chávez en el banquillo de los acusados de la Corte Penal Internacional de La Haya, por presuntos «crímenes de lesa humanidad». Ya elevó su denuncia ante la comisión del tribunal encargada de procesar estos delitos, y la prueba principal que aduce es un conjunto de grabaciones del Presidente de la República en intervenciones por televisión: “Introducimos la denuncia en defensa de los miles de niños venezolanos que han sido afectados por Chávez (…) Nosotros no somos acusadores; eso le corresponde al fiscal. Nosotros venimos como defensores de los venezolanos». Bueno, eso tiene sus reglas y su proceso. Ya veremos si los magistrados de La Haya encuentran méritos para el enjuiciamiento y condena de Chávez según la pretensión de Arria, que es persona de fama internacional y contactos importantes.
Pero es otra cosa el asunto ese de una nueva constituyente. Arria se añade a la lista de proponentes de esa panacea: Herman Escarrá, Raúl Isaías Baduel, Ángel Lombardi, Teódulo López Meléndez… Cada uno—Arria también—concibe a ese mecanismo como el indicado para anular políticamente al régimen chavista que sería, en principio, derrotado electoralmente. Los procesos constituyentes, sin embargo, son para otra cosa: para redactar el proyecto de una constitución enteramente nueva. Quienes proponen la constituyente para realizar una teórica limpieza política indican un uso equivocado de un organismo tal. Cuando se discutía en 1998 el tema de la constituyente, varios errores de concepto salieron a relucir en el debate; entonces, escribí el 10 de septiembre de ese año un artículo (Contratesis, para el diario La Verdad de Maracaibo) con el peregrino propósito de enderezar las ideas. Uno de sus fragmentos es éste: «La constituyente tiene poderes absolutos, tesis de Chávez Frías y sus teóricos. Falso. Una asamblea, convención o congreso constituyente no es lo mismo que el Poder Constituyente. Nosotros, los ciudadanos, los Electores, somos el Poder Constituyente. Somos nosotros quienes tenemos poderes absolutos y no los perdemos ni siquiera cuando estén reunidos en asamblea nuestros apoderados constituyentes. Nosotros, por una parte, conferiremos poderes claramente especificados a un cuerpo que debe traernos un nuevo texto constitucional. Mientras no lo haga, la Constitución de 1961 continuará vigente en su especificación arquitectónica del Estado venezolano y en su enumeración de deberes y derechos ciudadanos. Y no renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros la aprobemos en referéndum».
Tan sencillos conceptos no fueron atendidos. La oposición a Chávez permitió que éste lograra un carácter «originario» para la Constituyente de 1999, que decapitó al Congreso de la República cercenándole el Senado—sin que Henrique Capriles Radonski, entonces Presidente de la Cámara de Diputados, protestara la barbaridad, pues su oficina permanecía incólume—en acto abusivo que dio en llamarse «la Preeliminación del Senado». (Los dirigentes de oposición parecían actuar en aquellos momentos desde una vergüenza y una conciencia culpable que permitió estas cosas. Henry Ramos Allup, por ejemplo, se postuló como candidato a diputado constituyente, con la intención de que su condición adeca pasara desapercibida, ¡como independiente por el estado Apure!)
Ahora quieren los opositores que propugnan una constituyente que ésta siga el equivocado modelo chavista. Arria ha señalado, por supuesto correctamente, que un candidato opositor triunfante en 2012 tendría que encargarse del gobierno en condiciones de muy difícil gobernabilidad: la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia, la Contraloría General de la República, el Consejo Nacional Electoral, etc., estarían en manos de chavistas. Es por esto que propone la constituyente como modo de arrasar con ese dominio.
Pero, en cualquier caso, la elección de diputados a una nueva constituyente tendría que efectuarse según las reglas de la Ley Orgánica de Procesos Electorales promulgada en agosto de 2009, y ella estableció una estructura de distritos electorales que permitiría, de nuevo, que el Partido Socialista Unido de Venezuela obtuviera una cómoda mayoría en la hipotética constituyente, como pudo lograr la mayoría operativa en la Asamblea Nacional en las elecciones de 2010. (Con una diferencia a su favor que no llegó a 1% de los votos, el PSUV logró 98 diputados contra 65 de la MUD). Es un espejismo, por consiguiente, el control de una constituyente por la MUD, por la que se pronunció el 27,4% de los consultados por IVAD entre el 27 de octubre y el 3 de noviembre, frente a 37,1% que expresó preferencia por el PSUV.
Claro, el espejismo previo es la elección misma de Diego Arria como Presidente de la República. Ni siquiera ganará las primarias del 12 de febrero, lo que hace de esta nota, en verdad, un ejercicio innecesario. Posicionado como el más radical antichavista, como agente justiciero que quiere ver a Chávez en el lugar de Milosevic, ha optado deliberadamente por cortejar el apoyo de la minoría más furibunda. Así no se gana elecciones. LEA
León de Pas – Zeus y Europa, 1997 – Cuartel General del Consejo Europeo, Bruselas
Según la leyenda, Zeus estaba enamorado de Europa y decidió seducirla o violarla, siendo ambas versiones casi equivalentes en la mitología griega. Se transformó en un toro blanco y se mezcló con las manadas de su padre. Mientras Europa y su séquito recogían flores cerca de la playa, ella vio al toro y acarició sus costados y, viendo que era manso, terminó por subir a su lomo. Zeus aprovechó esa oportunidad y corrió al mar, nadando con ella a su espalda hasta la isla de Creta. Entonces reveló su auténtica identidad y Europa se convirtió en la primera reina de Creta. El acto amoroso tuvo lugar bajo un plátano, árbol que, según la mitología, debe el que sus hojas sean perennes a este acontecimiento.
Wikipedia en Español
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Creta es la mayor isla de Grecia, naturalmente, allí donde Georgios Papandreou fue el primer gobernante que perdiera su investidura a causa de la crisis financiera de la zona euro. A aquel destino llegó Europa, una princesa fenicia, desde las arenas de las playas de Tiro. Un dios tan libidinoso como Silvio Berlusconi, el segundo gobernante que cayera por las mismas razones, se transformó en el símbolo de los mercados en pujanza para seducirla. Su hermano, Cadmo, trajo el alfabeto, la fundición de metales, el arado y la agricultura, tal vez la moneda inventada al continente y la cultura que comienzan con Grecia. Gente laboriosa estos fenicios, los comerciantes de la antigüedad que fueron a buscar estaño hasta las Islas Británicas donde David Cameron balbucea y reprime las protestas de la pobreza, los primeros colonizadores de la Península Ibérica, donde otro gobierno incapaz de arreglar la economía se prepara a cesar, esta vez por votos indignados.
Pero ahora su descendencia está en problemas: crujen las economías de doce repúblicas de la Unión Europea. Conductas macroeconómicas en gran medida irresponsables, exageradamente optimistas o arrogantes, han puesto en peligro el gran experimento de la integración de Europa. Ya hay quien expide certificados de defunción del euro; Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, ha hecho precisamente eso: «This is the way the euro ends. Not with a bang but with bunga-bunga». (El 9 de noviembre en su blog en The New York Times). Como él, la mayoría de los analistas espera el deceso del sueño europeo.
Y, sin embargo, viendo las cosas bien, asistimos a un inusitado esfuerzo de cooperación de los jefes de Estado de Europa. Nunca antes, los líderes del Viejo Continente habían actuado de manera tan coordinada, tan sinérgica. (Merkel y Sarkozy destacan por su diligencia y desprendimiento, por su prudencia). Antes resolvían sus problemas con guerras que extendían al mundo, dos veces el siglo pasado. Ahora los líderes se reúnen y acuerdan tratamientos sensatos.
La Zona Euro no ha muerto todavía; es más, se puede argumentar que se dirige a un nuevo estadio evolutivo. El peligro común alimenta el cambio, dirigido a un ulterior fortalecimiento de las instituciones centrales. Así, se le pide al Banco Central Europeo que funcione abiertamente como lo hace la Reserva Federal de los Estados Unidos, que intervenga para salvar a la moneda única del continente.
Stuart Kauffman es el biólogo teórico que destacara que la rica complejidad de la vida resulta no sólo de la selección natural de una competencia darwiniana, sino de una auto-organización que emerge de dinámicas bastante distantes del equilibrio. Un cristal es completamente organizado, sus átomos en posiciones fijas dentro de una estructura regular; pero un cristal es una estructura muerta. La desorganización total, por otra parte, es también la negación de la vida, que requiere la preservación de estructuras orgánicas. Por eso dice Kauffman que la complejidad de los organismos y los sistemas biológicos se crea en una franja al borde del caos.
Creo que es justamente eso lo que ahora ocurre en Europa y que, a pesar de los anuncios de Casandra, la fuente de la cultura occidental terminará por resolver su crisis sistémica. Europa saldrá fortalecida, una vez más, de tierras griegas y romanas.
El 2 de agosto de 1993, el esquema integracionista europeo, ya debilitado por la poco entusiasta—hasta difícil—aprobación del Tratado de Maastricht por parte de varios de los países de la Comunidad, recibió un golpe de importante magnitud. La especulación desatada contra las monedas de Francia, Dinamarca, Bélgica, España y Portugal, como consecuencia de la negativa del Bundesbank a las peticiones de reducción de su tasa de interés clave, pareció descarrilar el programa previsto para la unificación monetaria europea: la meta de una única moneda hacia 1999. Al mes siguiente de estos hechos, Milton Friedman, el Premio Nobel de Economía y líder de la llamada Escuela de Chicago, se expresaba en estos términos: «Si los europeos quieren de veras avanzar en el camino de la integración, deberían comprender que la unidad política debe preceder a la monetaria. El continuar persiguiendo algo que se acerca a una moneda común, mientras cada país mantiene su autonomía política, es una receta segura para el fracaso». (Entrevista en la revista L’Espresso, 26 de septiembre de 1993).
La nueva crisis es mucho más extensa y profunda. La apuesta de este blog es que de ella resultará el aprendizaje que unirá más a los europeos. Pocos grupos humanos merecen más una polis común próspera y poderosa. LEA
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Europa, una luna muy particular
Es muy apropiado que Europa, uno de los satélites de Júpiter—Dyēus-pətēr, en indo-europeo; Dyaus Pita en védico; Dieus-pater en latín; es decir, el Padre Zeus—, su dios amante, haya sido el nombre que Galileo Galilei le adjudicara hace cuatrocientos años y un año al descubrirlo. La especial tectónica de Europa, el hecho de que tenga agua y hasta una delgada atmósfera de oxígeno, han alentado especulaciones de que pueda alojar alguna forma de vida. Lo más reciente acerca de este caso hipotético es reportado en TIME Magazine. Allí se lee cómo se agencia Europa para tener una temperatura más propicia a la vida, con una superficie fracturada que los planetaristas han designado como «terreno del caos». Y eso que no estaban pensando en la tesis de Stuart Kauffman.
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