El quinteto de la muerte (actualizado)

Precandidatos precomprimidos

No tenía pensado comentar el «debate» de los precandidatos de la Mesa de la Unidad Democrática, montado el lunes 14 de noviembre en territorio de la Universidad Católica Andrés Bello. Tal como preveía, el evento no cambió sustancialmente mis conclusiones respecto de estas candidaturas y las elecciones primarias que dilucidarán entre ellas, expuestas acá en varias ocasiones. (El pelotón opositor, Primarias secundarias o el mito de la unidad, Reiteraciones con pretexto). Pero Alfredo Anzola Méndez creyó que debía escribir sobre el asunto y, más obligantemente aún, mi hija Eugenia, la hija bien nacida, puso en Twitter: «Qué irá a escribir @doctorpolitico sobre el @Debate14N ???»

No tengo, pues, más remedio que registrar acá mis impresiones acerca del acto de anteayer; por supuesto, con todo el sesgo de mis muy subjetivos prejuicios.

La cosa, naturalmente, no fue un debate. Leopoldo López no dijo nunca: «Estoy opuesto a lo que señala Capriles Radonski», y éste tampoco rebatió lo que expuso Pablo Pérez. El formato no lo permitía. Por fortuna para los organizadores, ya no corrían Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez Paz, Pablo Medina, Cecilia Sosa, Juan Carlos Sosa, Antonio Ledezma, etcétera. Pero aun así se obligó a los participantes—alguien los llama The Jackson Five—a responder las preguntas formuladas por estudiantes seleccionados en intervenciones de un minuto, un lapso en el que no caben respuestas suficientes.

Mi impresión general es que quien se desenvolvió mejor entre los precandidatos fue María Corina Machado. A diferencia de, sobre todo, Pablo Pérez y Henrique Capriles, sus discursos—que tendían a exceder el encierro del minuto—no se fueron en declaraciones de corte general y vago: «La educación es muy importante», «Es malo que haya gente pobre» y otras declaraciones por el estilo. La participación de Machado fue la más articulada y concreta de todas, seguida en este punto por las exposiciones de López.

Diego Arria tuvo éxito al posicionarse como el antichavista más radical: amenazó al Presidente de la República con el Tribunal de La Haya, para juzgarlo por presuntos crímenes de lesa humanidad. Detrás de él se colocó Machado, quien aludió al «comunismo» que se vende en las escuelas. (Dos días antes del encuentro en la UCAB, Luis Betancourt Oteyza había escrito Los dos polos de la MUD, artículo en el que separaba a quienes confrontaban más frontalmente a Hugo Chávez—Arria, Machado—de los precandidatos que eludían ese enfrentamiento: Capriles, Pérez, López. «Los que plantean un cambio radical de régimen y los que ofrecen mejoras en el ejercicio del poder»).

En este momento cabe anotar que, con excepción de Pérez, cada precandidato tiene una rencilla personal con Chávez: Arria sufrió la expropiación de la hacienda La Carolina, López fue inhabilitado, Capriles estuvo preso por los sucesos de la Embajada de Cuba el 12 de abril de 2002 y Machado acosada por su participación en la juramentación de Carmona el mismo día. (Hace nada fue recibida con disparos en la parroquia 23 de Enero).

Como era de suponer, Pérez, López y Capriles no perdieron oportunidad de exponer que en sus administraciones estadales o municipales habían desarrollado programas específicos en las materias que los estudiantes les planteaban, especialmente en educación. La implicación era obvia: «Si lo hice en el municipio Chacao lo voy a hacer en la Presidencia». Fue López quien habló con más seguridad acerca de cuando fuera Presidente.

El 9 de septiembre de este año, al tiempo de afirmar que si las elecciones fueran en ese momento Chávez las ganaría «con una diferencia de 10% frente a cualquier candidato de oposición”, Oscar Schemel (Hinterlaces) argumentó así: “No hay en este momento un aspirante que tenga un posicionamiento sólido, robusto, cuyo liderazgo o aspiración esté asociado a una idea fundamental. Hasta ahora, las propuestas de la oposición no van más allá de proponer algunas soluciones a algunos problemas fundamentales, incluso de manera muy torpe”. Conjeturo que el debate que no fue tal no le ha hecho mudar de opinión. (Al día siguiente, Chávez ofrecía allegar a las familias pobres Bs. F. 300 mensuales por cada hijo, hasta un máximo de tres. Esto es más torpe todavía, pero el oferente tiene la chequera más nutrida y descarada).

Un apunte final: al término del evento en la UCAB, las cámaras de Globovisión registraron las enfebrecidas declaraciones de una estudiante y dirigente, que pregonaba que el movimiento estudiantil hacía historia de nuevo, creando democracia, o algo así. La autoalabanza exagerada y arrogante, intensamente empleada por Chávez, no es nueva en nuestra política. En al menos ese sentido, pues, lo que dijo la dirigente estudiantil no es renovación alguna. Un amigo y profesor comentó: «Dejó salir el chavecito que llevamos dentro». LEA

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ACTUALIZACIÓN: Luego de que Pablo Medina reuniera los churupos para comprarse un puesto en las primarias (1.100.000 bolívares «fuertes»), y de que desistiera del recurso que había interpuesto ante el Tribunal Supremo de Justicia por el cobro del uso de las máquinas de votación que exige el Consejo Nacional Electoral—»El CNE comete un hecho pecaminoso contra el socialismo al cobrar en un proceso electoral que lo hace caer en el mercantilismo. Cada precandidato debe pagar un porcentaje del costo de las máquinas y creemos que el TSJ debe fijar posición», había dicho Medina—, la Mesa de la Unidad Democrática ha admitido su candidatura para las votaciones del 12 de febrero. Habría que organizar un acto en la UCAB para que Medina contestara las preguntas ya formuladas por los estudiantes. Comoquiera que las contestaría después de una deliberación que no pudieron hacer los Jackson Five, esa ventaja pudiera reportarle que pasara de un viaje al primer lugar en las encuestas. Por cierto, hay que cambiar el nombre del grupo, que ya no tiene cinco miembros. Se trata, más bien, de las Seis Caras de un Dado. Very square and random. Vale.

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Reiteraciones con pretexto

 

IVAD: encuesta del 27 de octubre al 3 de noviembre

 

El diario El Nacional publicó ayer, jueves 10 de noviembre, la información esencial de una encuesta del Instituto Venezolano de Análisis de Datos, que a criterio de este blog es una de las consultoras de opinión más rigurosas y atinadas del país. Las mediciones procedentes del levantamiento nacional de la opinión de venezolanos mayores de 18 años de edad, con alcance nacional, realizado entre el 27 de octubre y el 3 de noviembre, no pueden ser más desoladoras para la Mesa de la Unidad Democrática y sus precandidatos. En conjunto, confirman el diagnóstico adelantado acá el pasado 10 de marzo (exactamente hace ocho meses), reproducido como epígrafe en Realpolitik en viñetas. Hablando de lo que llamó El pelotón opositor, dijo el suscrito de quienes pescueceaban entonces por la candidatura presidencial de oposición a Chávez:

Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.

Empecemos precisamente por tales bondades. La encuesta del profesor Félix Seijas registra una competencia más o menos pareja entre Henrique Capriles Radonski y Pablo Pérez, y preguntó entre muchas otras cosas acerca de los rasgos más apreciados o esperados en los candidatos presidenciales. Claro que la gente espera que un candidato exhiba «preocupación por la gente»—rasgo apreciado por 96,1% de los entrevistados—y apreciará en él la presencia de «carisma» o simpatía (85,2%). Sin embargo, valora significativamente más la certeza de que combatiría la inseguridad (97,2%) y aun un poco más que sea «portador de futuro»: ¡97,4%! (Este tema, por cierto, fue tratado en este blog—El futuro no es historia (todavía)—el 7 de noviembre, tres días antes de la publicación de El Nacional. La cueva de Tío Conejo, por otra parte, no es cliente del IVAD, básicamente por escasez de fondos. No podía, por tanto, conocer los datos de la encuesta).

Bien; si ésos son los rasgos que los electores querrían ver en los candidatos a la Presidencia, ¿cómo son evaluados Capriles y Pérez al respecto?

Capriles y Pérez no calzan los puntos

En términos generales, el 70% de los encuestados no percibe esas cualidades en Capriles, y tampoco sus cuatro quintas partes en Pérez.

El empate virtual Capriles-Pérez—la lucha del nuevo AD (Un Nuevo Tiempo) contra el nuevo COPEI (Primero Justicia), la del estado Miranda contra el estado Zulia—se pone de manifiesto al preguntar por quién se votaría en las elecciones primarias de oposición, previstas para el 12 de febrero. Si la pregunta sugiere los nombres, 23,6% dice que votaría por Capriles y 20,6% por Pérez. (El error muestral se estima entre 1,03 y 2,37%, de modo que puede hablarse de empate técnico). Por Leopoldo López se pronunció el 11,2%, y 3,8% se inclinó por María Corina Machado, quienes ya lucen derrotados; El Nacional no reportó sobre las patéticas candidaturas de Diego Arria y Pablo Medina. Quienes dicen no saber por quién votarían, alcanzaron 41,3% de la muestra. Si los encuestados mencionan su candidato espontáneamente, entonces Capriles obtiene 14,6% de respaldo y, técnicamente empatado, Pérez recibe 13,3%. (López baja a 5,2%, Machado no es mencionada por la reseña de Maru Morales y ¡63,7% no respondió!)

Pero lo terrible es que a estas alturas 49,3% dice que votaría por Chávez hoy, contra 37,1% de quienes votarían en contra. Si confrontara a Capriles, esa intención bajaría 1,1%, hasta 48,2%, contra 38,6% de los que votarían por el gobernador de Miranda. Chávez sacaría ventaja de casi diez puntos (9,6%) a Capriles. En el caso de un cotejo con Pérez, aparentemente tendría Chávez peor desempeño (47,8%), pero el zuliano lo haría peor que Capriles con 36,1%. La ventaja de Chávez aumentaría a casi doce puntos (11,7%).

En dos platos: ninguno de los candidatos que pudieran hacerse con la candidatura de la Mesa de la Unidad Democrática es gallo para Chávez y eso, según se advirtió acá el 10 de marzo, era cosa sabida.

Como debía ser cosa sabida que la bendita unidad que garantizaría la derrota de Chávez era no más que un mantra que, repetido, sólo sirve para calmar corazones angustiados, con razón, por el chavismo. Aquí se le llamó «mito» el 20 de marzo (Primarias secundarias o El mito de la unidad). Y también se comparó lo que pudiera lograr la Mesa de la Unidad Democrática con una definición del comediógrafo Enrique Jardiel Poncela tan temprano como el 13 de julio de 2006 (Carta Semanal #194 de doctorpolítico) y, más recientemente, el 4 de junio de 2009, en artículo (Nacimiento o conversión) que, por casualidad, comentaba mediciones del IVAD:

…ni la federación del archipiélago opositor formal garantiza que Chávez será vencido. A pesar de la medición de Seijas, la gente no alineada sigue estando allí, insatisfecha crecientemente con el gobierno nacional, pero insatisfecha también, y muy especialmente, con el discurso de los partidos de oposición. Cuidado conque una reedición de la Coordinadora Democrática o el MUN de Ledezma se comporten según la definición de bote salvavidas propuesta por Enrique Jardiel Poncela: “Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado”.

Cuando la encuesta que reseño preguntó por simpatías partidistas o por la identificación con chavismo o antichavismo, obtuvo los siguientes resultados:

Los no alineados le ganan a la MUD

Maru Morales redactó casi exhaustivamente: «Las toldas que hacen vida en la mesa de la Unidad (AD, PJ, UNT, Copei, Proyecto Venezuela, ABP, Podemos, Voluntad Popular y otros) aglutinaron a 27,4% de los consultados». He allí, medido, el mito de la unidad. La idea de la unidad como ingrediente imprescindible es un error estratégico, como también es una equivocación fundamental creer que el asunto es definirse como opositor a Chávez, creer en uno de los lemas de la campaña de Viene María: «Somos mayoría».

Acá se dijo en Retrato hablado (30 de octubre de 2008), sobre los rasgos imprescindibles en un candidato exitoso: «El primero de ellos, paradójicamente, es que no sea una contrafigura de Chávez. Es decir, que su razón de ser no sea oponerse al actual Presidente de la República. El discurso de una contrafigura exitosa, si bien tendrá que incluir una refutación eficaz del chavismo, deberá alojar asimismo planteamientos nacionales que debiera sostener aun si Chávez no existiese. El problema político venezolano es más grande que Chávez».

Por supuesto, los voceros de la Mesa de la Unidad Democrática—MUD, que en inglés significa lodo, barro—continuarán empantanados en sus rígidos marcos mentales y asegurarán—como su progenitora, la Coordinadora Democrática, hasta un día antes del referendo revocatorio de 2004—que Félix Seijas no es un buen encuestador o que es una ficha del gobierno, que ellos tienen encuestas que dicen otra cosa. Esperable, conmovedor, pero suicida.

Quienes todavía disponen de fondos, cada vez más escasos, para colocar en apuestas políticas y quieren algo mejor que el pernicioso e indeseable continuismo chavista, debieran ir pensando si no es tiempo de explorar otro planteamiento candidatural que no sea el de políticos tan indigentes. Penúltimo aviso.

LEA

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El futuro no es historia (todavía)

 

Nuestra bandera sonríe cuando la vemos patas arriba

 

Gregorovius pensó que en alguna parte Chestov había hablado de peceras con un tabique móvil que en un momento dado podía sacarse sin que el pez habituado al compartimiento se decidiera jamás a pasar al otro lado. Llegar hasta un punto en el agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando…

Julio Cortázar, Rayuela

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En Francia primero, con la idea de futuribles promovida por gente como Bertrand de Jouvenel (1960) y antes (1957) Gaston Berger con su Centre d’études prospectives; en los Estados Unidos poco después, por ejemplo desde el Hudson Institute (1961) dirigido por Herman Kahn, la futurología y los futurólogos han tenido un espacio importante en las discusiones de la política grande.

Uno entre los futurólogos más atinados y exitosos es, sin duda, John Naisbitt, cuyo libro Megatendencias de 1982 se mantuvo dos años seguidos en la lista de bestsellers del Times de Nueva York, la mayor parte del tiempo en el primer lugar. Naisbitt estableció un laboratorio de análisis de eventos sociales microscópicos a nivel local: sus asistentes revisaban miles de periódicos de pequeñas localidades en los Estados Unidos, en busca de noticias acerca del nacimiento de lo que pudiera convertirse poco después en una tendencia que se generalizara. Con este método, pronto descubrió que había ciudades, a veces insospechadas, o estados que consistentemente eran pioneros en el uso de alguna práctica social; lo que se hacía al comienzo en ellos, se diseminaba luego de un cierto rezago al resto del país. California, por caso, era uno de esos bellwethers—así se llama a la oveja líder de un rebaño, a cuyo cuello se ha colgado una campana—que presagiaban con su conducta aquello que más tarde se convertiría en uso nacional.

La primera vez que pensé en las posibilidades de Venezuela como a bellwether Nation, capaz de un rol precursor en la innovación política, fue en 1986, con la escritura de Dictamen[1], mi primer atrevimiento explícito como médico-político. Me parecía entonces que faltaba tiempo para que la evidente insuficiencia política[2] de entonces hiciera crisis; que ese tiempo podía emplearse en una deliberación sosegada que diera origen a una especie nueva de organización política, dentro de la que fuera posible hacer una política distinta, suficiente. No veía que fuera constitucionalmente imposible a los venezolanos innovar políticamente antes de que sociedades más fuertes e influyentes lo hicieran.

Más tarde, volví explícitamente sobre esa intuición. En el artículo Una visión de Venezuela para el siglo XXI[3] escribí:

Somos un municipio del planeta. El mundo está por constituirse políticamente. El substrato de esa nueva polis existe: la hipótesis de James Lovelock llega a pensar la Tierra como un ente viviente, como una sola célula. Una gigantesca célula cuyos organelos interdependen ecológicamente, cuyas regiones se comunican por satélites inventados por el hombre. Un organismo vivo que construye, intento por intento, lo que Yehezkel Dror llama la “mente central del mundo”: su gobierno.

Un gobierno planetario que, como el sistema nervioso central de los animales superiores, el hombre incluido, regulará muy pocas de las actividades del conjunto. El desarrollo de la Tierra, en su mayor parte, no provendrá de las acciones de ese gobierno mundial, sino de las unidades locales. Y entre las unidades locales, las naciones del tamaño de la venezolana serán los municipios de la estructura política del planeta Tierra.

Un planeta que construye también una nueva versión, más comprensiva, de su conciencia. Que elabora con penoso esfuerzo los componentes de una nueva teoría del mundo, de una forma más desarrollada de funcionamiento político, hasta de una nueva percepción religiosa.

Se construye, poco a poco pero incesantemente, el cerebro del mundo. Las redes celulares y de computadores y telefacsímiles, CNN, Telemundo, los satélites, los servicios de medios múltiples, las fibras ópticas, van tendiendo los ganglios y los nervios, los núcleos cerebrales de esa mente central planetaria. Se construye un cerebro de la Tierra.

Una región del planeta puede ser maqueta para el conjunto. Como veremos más adelante, aun dentro de sí misma Venezuela puede potenciar las instancias asociativas en su aparato político. La imagen-objetivo de Venezuela como lúcido y anticipador municipio del planeta, en tanto campo de demostración de las ventajas del conocimiento como determinante político es perfectamente sostenible.

Francisco Nadales nació en Cumanacoa, Estado Sucre, Venezuela. Pudo completar solamente una educación primaria, lo que no le permitió mejor empleo que el de obrero no calificado de la industria de la construcción. Una vez fue puesto, sin otra preparación previa, delante de un moderno computador personal. La pantalla mostraba una hoja de cálculo electrónica, en la que en breves segundos postuló, bajo instrucciones, una operación algebraica. Cuando la pantalla titiló mostrando el resultado, una sonrisa tan amplia como su cara demostró su alegría profunda, y la extensión de su súbita comprensión fue expresada en su inmediato comentario: “¡Hay que ver que el hombre es bien inteligente!”

Francisco Nadales hablaba, claro, del hombre que había sido capaz de concebir, producir y ensamblar la intrincada maraña de circuitos y componentes del computador que tuvo ante sí; del que había sido capaz de generar y enhebrar las numerosas líneas del código de programa que le permitió usar el álgebra por primera vez. Pero esa referencia no habría bastado para ampliarle la sonrisa de aquel modo. Francisco Nadales estaba también hablando de sí mismo. Francisco Nadales era ese hombre bien inteligente y Venezuela puede contribuir significativamente a la constitución política de la Tierra.

Yo no usaría Internet por la primera vez hasta el año siguiente de haber escrito esos párrafos, en 1995, cuando CANTV ofreció por primera vez el servicio de dial-up en Venezuela. En octubre de ese año, discutiendo la necesidad de un proceso constituyente[4] recordé otra alusión de enero del mismo a la cosa de las capacidades de nuestro pueblo, cuando discutía la conveniencia de instalar en Venezuela redes de fibra óptica para ofrecer plataforma moderna a la participación democrática cotidiana:

Pero ahora disponemos de una tecnología comunicacional que vuelve a ofrecer las condiciones requeridas para una participación masiva, instantánea y simultánea, de grandes contingentes humanos. Ya vimos algo de esto en las teleconferencias de amplia extensión que sostuvo Ross Perot en los Estados Unidos en su carrera hacia la presidencia de ese país.

Alguien puede argumentar ante este planteamiento que el nivel de desarrollo político y tecnológico norteamericano es inconmensurablemente superior al venezolano, y que por esa razón ese concepto de democracia participativa electrónica estaría, para nosotros, muy lejos dentro de un futuro largamente incierto. Pero puede a su vez contraargumentarse que los venezolanos no hemos tardado mucho para aprender a operar telecajeros electrónicos, celulares, telefacsímiles, etc., y que con igual o mayor facilidad podríamos navegar dentro de una red permanente de referenda electrónicos. Opinábamos de esta manera en el Nº 11 del volumen 1 de esta publicación (enero de 1995): “Nada hay en nuestra composición de pueblo que nos prohíba entender el mundo del futuro. Venezuela tiene las posibilidades, por poner un caso, de convertirse, a la vuelta de no demasiados años, en una de las primeras democracias electrónicamente comunicadas del planeta, en una de las democracias de la Internet. En una sociedad en la que prácticamente esté conectado cada uno de sus hogares con los restantes, con las instituciones del Estado, con los aparatos de procesamiento electoral, con centros de diseminación de conocimiento”.

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Pero la resistencia a esta manera de ver las cosas es muy considerable. Entre 1980 y 1982, una de las temporadas profesionales más satisfactorias de mi vida, tuve la inmensa suerte de ejercer la Secretaría Ejecutiva de CONICIT, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas que fundara el hombre-ciencia de Venezuela, el Dr. Marcel Roche. Viniendo de mi trabajo ejecutivo en la Corporación de Desarrollo Tecnológico, una empresa que creé para el Grupo Corimón, tenía bastante noticia de la novísima actividad de ingeniería genética en EEUU y Europa.

Llevaría yo dos o tres meses en el cargo de CONICIT cuando se presentó la oportunidad de asistir a una gigantesca conferencia sobre ingeniería genética que tendría lugar en las afueras de la ciudad de Washington, y hacia allá encaminé mis pasos. La experiencia valió la pena, pues pude ver un amplio panorama de aplicación de las últimas técnicas de manipulación del material genético celular. Regresé, por tanto, decidido a promover desde el organismo rector de la ciencia y la tecnología en Venezuela un programa especial de investigación en ingeniería genética: la dotación de fondos para que los dos núcleos más prometedores en Venezuela, uno en la Universidad de Los Andes y otro en el IVIC,[5] progresaran con más rapidez y amplitud que lo que harían vegetativamente. Llevé el planteamiento al Directorio de la institución, que se reunía todos los lunes: un ingeniero agrónomo, un físico, un médico, un matemático, un industrial. Les dije que estaba muy bien eso de invertir en investigación en petroquímica; a fin de cuentas, Venezuela está atapuzada de hidrocarburos. Pero señalé también que en materia de industria química los alemanes nos llevaban 150 años de ventaja y, en cambio, en ingeniería genética teníamos un atraso de, a lo sumo, dos años, en razón de la novedad del campo.[6]

No hubo manera de hacer pasar la idea de esa sesión del Directorio, donde murió. Quienes debían liderar el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el país se habían constituido en cuerpo refractario al cambio, tal vez dominados por un complejo de inferioridad que es lamentablemente extendido en nuestra cultura.

Hace unas dos semanas fui testigo de una conversación típica, en la que una persona conocedora del mundo financiero aconsejaba a un ama de casa que abriera una cuenta en dólares. Me llamó la atención la sugerencia y pregunté por qué, si el uso de fondos de la dama ocurría en bolívares y la remuneración del ahorro es mucho mayor en Venezuela que en los Estados Unidos, donde no se percibe intereses. Mentalmente me preparé para escuchar una explicación cuasi-técnica en la que oiría alusiones al poder de compra comparado de ambas monedas—el dólar-hamburguesa—y otras cosas por el estilo. En verdad, esperaba ser instruido.

La respuesta me dejó atónito: “Pues, ¡porque en los últimos sesenta años los norteamericanos han demostrado ser más inteligentes que los venezolanos!” Cuando repuse que la crisis financiera estadounidense de 2008—todavía no superada, montada con la irresponsable ingeniería financiera sub-prime sobre una burbuja inmobiliaria cuya enfermedad se conocía al menos dos años antes—no parecía algo demasiado inteligente, el consejero optó por despedirse con rapidez.

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Notas de lo futurible: cuaderno de la artista cantábrica Cecilia Álvarez de Soto (clic amplía)

Soy poco dado a exhortaciones voluntaristas, pero admito el valor en la disposición actitudinal que aparece en el cuaderno de Cecilia Álvarez de Soto: “Cómo reinventarse dentro de la rutina. Inaugurar dentro del mismo marco cotidiano nuevos hábitos y perspectivas. Ruptura de círculos. Requiere voluntad, sacrificio, proyección”. En general, creo que las exhortaciones que exigen sacrificio son motivadores ineficientes; a muy poca gente le gusta sacrificarse. Contribuiré, pues, diciendo que no es uno quien tiene que sacrificarse, sino uno quien debe sacrificar en el altar de la verdad las ideas que bloquean el progreso; muchas de ellas lo hacen imperceptiblemente.

Y es que, además de que tenemos que desembarazarnos de ataduras terminológicas, el caso de Venezuela como posible nación pionera no es tan descabellado. En materia política, por caso y paradójicamente, por haber llegado relativamente tarde a la democracia, pues no es sino hasta que la primera mitad del siglo XX se hubiera cumplido que logramos cierta estabilidad a ese respecto. Pero a esa democracia embrionaria, aun así saludada como modelo para el mundo y en especial para América Latina, le cayó la plaga de la inundación de dólares que parecía ser otra bendición del cielo—no buscada por Venezuela, producto de decisiones políticas en el mundo árabe a raíz de la Guerra del Yom Kippur—y terminó siendo una indigestión que ningún otro país hubiera asimilado mejor. La evolución de los partidos políticos a partir de estos hechos puso de manifiesto, precozmente, signos de deterioro de los sistemas ideológicos que tardaron dos o tres décadas en emerger con claridad en sociedades tenidas por más avanzadas.

Nuestra patología económica, por otra parte, siguió su curso, y en 1994 sufrimos lo que el mundo de los países más desarrollados experimentaría con creces catorce años después. La hecatombe bancaria de aquel año me permitió decir:

…es posible afirmar que uno de los problemas básicos de la economía venezolana es, hoy por hoy, el crecimiento desproporcionado de la actividad financiera nacional, el que ha incluido una buena parte de actividad puramente especulativa. (…) Los economistas acostumbran distinguir dos ciclos complementarios y ‘opuestos’ de producción. El primero de ellos, constituido por la suma de los productos y servicios generados dentro de un determinado territorio, es el sistema del producto ‘real’. En oposición a él, el volumen monetario presente en el mismo período dentro del mismo espacio es denominado el sistema simbólico o ‘virtual’. Está compuesto por el dinero en todas sus formas: efectivo, efectos de pago tales como el llamado ‘dinero plástico’, cuasi-dinero… En teoría, se tiene inflación cuando el sistema virtual de la economía crece más aceleradamente que el sistema real. Esto es, justamente, lo que ha venido ocurriendo en Venezuela. No sólo proviene la inflación, pues, del crecimiento del gasto público y de la devaluación constante de nuestra moneda. También del desarrollo de la actividad bancaria y financiera en general el que, como hemos dicho, ha sido muy superior al experimentado por los sectores aportantes de producto real.[7]

El que Dominique Strauss-Kahn, hasta hace no mucho Director General del Fondo Monetario Internacional, presuntamente adolezca de satiriasis, no lo descalifica como experto económico. Y el 17 de septiembre de 2008 juzgaba así lo que estaba ocurriendo con los bancos y mercados de valores: “…los sistemas financieros, … se han desarrollado en exceso en relación con la economía real”. Exactamente el mismo diagnóstico que el suscrito hacía en mayo de 1994 comentando la primera fase de la crisis bancaria nacional. (No tengo otro parecido con el Sr. Strauss-Kahn, por cierto). Por esto aventuré en Pompa y circunstancia (25 de septiembre de 2008): “Es decir, en maqueta, los venezolanos vivimos a nuestras modestas escalas lo mismo que sufre ahora el sistema financiero estadounidense. Nos adelantamos a los gringos. Somos unos machetes”.

Incluso, hace diecisiete años, anticipó Rafael Caldera movimientos recentísimos de Georgios Papandreou, que anunció un referéndum que hizo recular al líder de la oposición a su gobierno, por lo que retiró el reto y optó por una votación en las cámaras legislativas, que ganó. En 1994, un segundo decreto de suspensión de garantías emitido por el gobierno de Caldera enfrentó inicialmente el rechazo de varios partidos en el Congreso de la República. Entonces amenazó con someter la medida a referéndum (José Guillermo Andueza, Ministro de Relaciones Interiores, aseguró tener lista la redacción del decreto que lo convocaría). Acción Democrática optó por cambiar su posición opositora—luego de que una encuesta conducida por el diario El Nacional mostrara que 90% del país estaba de acuerdo—, asegurando así el triunfo de la suspensión segunda en el Congreso. Entonces, el senador Juan José Caldera anunció que ya el referéndum no sería necesario.

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Hablando en serio, el asunto es que podemos saltar como país a una economía y una política y a una educación el siglo XXI. En diciembre de 1990,[8] quien suscribe abogaba por programas de estudios universitarios generales que se centraran en lo más recientemente pensado—lo clásico, lo canónico es saber bastante de Platón y nada de Popper—; luego de exponer lo que creía que eran sus virtudes, volví a creer que podíamos atrevernos al liderazgo:

…bien dise­ñado, el programa vendría a ser innovador, no sólo en Venezuela, sino en términos de cómo se entiende hoy el problema de la educación superior en el mundo. La interpretación estándar de nuestras posibilidades nos hace creer que, en el me­jor de los casos, una creación nuestra nos colocaría en un nivel más cercano pero in­ferior a lo logrado en otras latitudes “más desarrolla­das”, y por eso no intentamos lo posible cuando se nos antoja demasiado avanzado. Es como el pugilista que desacelera inconscientemente su puño antes de completar el golpe.

Si Irlanda hubiera continuado amarrada a sus hortalizas y sus ovejas, habría seguido sumida en su miseria de siglos. Se atrevió a entrar con decisión en el campo informático y protagonizó a partir de 1995 un “milagro económico” que le valió el remoquete del “Tigre celta” que dejaba atrás su pobreza secular. Esto no basta, naturalmente; luego invirtió donde no debía, descuidó su infraestructura como lo ha hecho Venezuela en los últimos años y entró en crisis financiera al olvidar la virtud de la prudencia.

Pero nosotros podemos progresar sin estos errores, si nos percatamos de que “ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando…” Si dejamos atrás lo que nos ancla a un pasado que fue el presente de nuestros antecesores, nunca el nuestro.

El Presidente de la República acaba de decir que “la educación es Bolívar”. No puede estar más equivocado. Su fijación sobre un venezolano heroico, épico, muerto antes que la primera mitad del siglo XIX se cumpliera, es patológica, enfermiza, para no entrar a considerar el abuso manipulador de su figura. La gente, cuando alcanza mayoría de edad, también asume su autodeterminación ética. Uno establece ahora sus propias opiniones y sus propios valores, uno se emancipa de los padres, por más que los quiera. Es ley de vida, y lo que propone el Presidente es ley de muerte.

Simón Bolívar hizo su historia, ciertamente grande. Hagamos ahora la nuestra. LEA

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[1] Venezuela es el paciente. Es obvio que sus males no son pequeños. Ya casi se ha borrado de la memoria aquella época en la que nuestros medios de comunicación difundían una mayoría de buenas noticias, cuando en la psiquis nacional predominaba el optimismo y la sensación de progreso. La política se hace entonces exigible como un acto médico. En las condiciones actuales, en las que el sufrimiento es intenso y creciente, ya no basta que los tratamientos políticos sean lo que han venido siendo. Por esta razón este dictamen se ofrece en la justa dimensión indicada por su nombre. Es lo que yo propondría en la junta política que tuviera que atender la salud de la Nación en la presente circunstancia. Lo ofrezco en el espíritu con el que deben emitirse los dictámenes: a la vez con la fuerza del mejor tratamiento que uno sabe proponer y con la conciencia de su imperfección, deliberadamente abierto y vulnerable ante la refutación. A fin de cuentas aun lo que propone el hombre más seguro no pasa de ser una mera conjetura. (Dictamen – Versión preliminar, junio de 1986).

[2] Condición caracterizada por una baja proporción de problemas públicos resueltos por las instituciones políticas de una sociedad.

[3] referéndum, Vol. I, N˚ 2, 4 de abril de 1994.

[4] Comentario constitucional, referéndum, Vol. II, N˚ 4, octubre de 1995.

[5] El Dr. Manuel Rieber, quien asistió a la conferencia de Washington, ya hacía para entonces en su laboratorio del IVIC anticuerpos monoclonales: moléculas idénticas porque eran fabricadas por clones de una sola célula madre, con valor inmunológico.

[6] La primera combinación de ADN que procediera de células distintas ocurrió en 1972, ocho años antes, aunque el concepto mismo de «ingeniería genética» apareció en Dragon’s Island, una novela de ciencia-ficción de Jack Williamson, en 1951. Pero, como muestra la mención del trabajo de Rieber, Venezuela no partiría de cero en 1980 y, en el momento cuando ambos nos presentamos en Washington, faltaban todavía seis años para que las primeras pruebas de campo de plantas genéticamente modificadas se llevaran a cabo en Francia y los EEUU. Estábamos a tiempo.

[7] En referéndum, Vol. I, Nº 3, 4 de mayo de 1994 Citado en Pompa y circunstancia.

[8] En Tratamiento al problema de la calidad en la educación superior no vocacional en Venezuela.

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Entrevista de Análisis

Javier Perera Díaz en infrecuente reposo

El 26 de octubre de 2011 se grabó la entrevista que me hiciera Javier Perera Díaz para el espacio Análisis, de la emisora RCR 750AM. Al día siguiente, a las 6:20 a.m., fue transmitida. Acá queda el archivo de audio de la misma:

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Realpolitik en viñetas

 

Candidatos es lo que sobra

 

Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos.

El pelotón opositor (10 de marzo de 2011)

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Escena en el amplísimo gabinete de campaña de Henrique Capriles Radonski. Se discute el tono de la campaña, de la que ya se ha decidido que no atacará frontalmente al Presidente de la República. Es tiempo, le dice su asesor electoral, de comenzar un recorrido por el país, para sacarlo del encierro regional del estado Miranda.

“Usted sabe, Gobernador, que no es tanto lo que se dice sino cómo se dice. El tono del recorrido debe ser optimista, estimulante, alegre, positivo. Nadie vota por candidatos agoreros, que van pintando un paisaje de desastre. Y también sabe que el arte de la comunicación electoral se expresa en frases cortas, en eslóganes o consignas de fácil recordación y repetición, en lemas. Necesitamos un nombre así para su inminente excursión por el país. Le propongo que la llamemos La Caminata del Progreso”.

“¿Qué piensas tú, Juan Pablo?”, preguntó el candidato. Juan Pablo Guanipa, concejal de Primero Justicia por el municipio Maracaibo, estaba en la reunión porque la cosa empezaría por esa ciudad, para meterse en territorio de Pablo Pérez, un rival que Capriles tendría que considerar seriamente en las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática. “Yo creo, Gobernador, que la denominación que propone su asesor es perfecta; lo dice todo”. Capriles replicó: “Yo creo lo mismo. Por eso es que lo tengo de asesor”. “Por mi parte le recomiendo—añadió Guanipa—que la arranquemos por el Pozón de William en la parroquia Santa Lucía, que toquemos el Pozón de El Saladillo que viene siendo el corazón de Maracaibo, y que la terminemos en la Plaza República para inaugurar la sede de Independientes con Capriles”.

En estos detalles tácticos se consumió el resto de la planeación. Luego declararía Guanipa a la prensa: “Muchos sectores de la sociedad se unen en un solo sentir. Será un conglomerado diverso, plural que no se limitará a los partidos políticos. Muchísima gente de sectores independientes que quieren y están dispuestos a trabajar por la Venezuela que merecen, nos acompañarán. Todos somos necesarios en la construcción de esta esperanza, en la consecución de este sueño que todos anhelamos”.

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Correo con artículo de Axel Capriles (clic amplía)

Escena en el amplio gabinete de campaña de María Corina Machado. “María Corina—le dice su consejera de confianza, una dama profesional que no para de hablar—, no tienes idea de cómo ha pegado el eslogan Viene María. Yo te lo había dicho: Viene María Corina habría sido demasiado largo, y se habría desaprovechado la conexión religiosa. Tú sabes, por la asociación con Cristo viene. No es nada malo que te identifique la gente con la Virgen María, la mamá de Cristo, que de que viene viene. Y tenemos que repartir a nuestra lista de correos el artículo de Axel Capriles; ése donde dice que los Indignados son capitalistas. Se ve que le encanta tu lema de Capitalismo Popular. A él no le importa que exista Alianza Popular, de Álvarez Paz; Voluntad Popular, de Leopoldito; o que COPEI se haya llamado hasta hace poco—ya se dejó de eso—Partido Popular. Hay también una Vanguardia Popular ¿no? Pero eso no importa; nadie ha tenido los ovarios de hablar de Capitalismo Popular, de enfrentar ideología socialista con ideología capitalista. A nadie se le había ocurrido hablar de Capitalismo Popular. ¡Genial! ¡Ah, mira! La canción María, María, que hace la rima con mayoría, ha pegado también. Gusta mucho, porque de verdad somos mayoría. Por eso es que el gafo de Henrique está bien equivocado cuando dice que es mejor no meterse mucho con Chávez. ¡Qué riñones! Si somos mayoría, con él es con quien tenemos que meternos. Y dígame esa gente que dice que pobrecito, que se está muriendo de cáncer. ¡Ojalá se muera hoy, no juegue! Pero óyeme, el viernes fui a una fiesta en Los Chorros y un chamo tenía tu canción en el iPod y la puso y la bailamos todos: ¡María, María! ¡Una nota! Me acordé de West Side Story; ¡que maravilla de película! Tú no habías nacido cuando la estrenaron en el cine Broadway. Y también…” En este punto, la candidata, algo mareada, interrumpió la entusiasta catarata y dijo: “Perdona, pero tengo que ir al baño”.

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Escena en un salón de reuniones del instituto de formación que preside Eduardo Fernández; una rueda de prensa está en progreso. Pregunta el corresponsal de la revista Campaigns & Elections: “Entonces, cree Ud. ser el candidato indicado?” Fernández responde: “Quien sea candidato debe de ser alguien que combinara el carisma de Kennedy y la sabiduría de Mandela; esto sería ideal”.

Pregunta Clodovaldo Hernández, para Ciudad CCS, una publicación progubernamental: “En 1987, su eslogan era ‘El tiempo ha llegado’. En 2011, ¿no podría decirse que ‘el tiempo ha pasado’?” Fernández responde: “No. Todo lo que propuse está por hacer: propuse más democracia y descentralización y hemos tenido más caudillismo y centralismo. Propuse una economía moderna y hoy dependemos más que nunca del petróleo. Propuse ‘pobreza cero’ porque era un problema escandaloso y sigue siéndolo. Propuse dar prioridad a la educación y, aunque se ha hecho un gran esfuerzo cuantitativo, cada vez tiene menos calidad. Y propuse una transformación ética, porque había mucha corrupción y ahora hay muchísima y no sólo en el sector público, sino en la vida nacional. Muchos dicen que la oportunidad le toca a las nuevas generaciones, pero cuando les pregunto: ‘¿Tú pondrías tu negocio en manos de esas nuevas generaciones?’, me responden: ‘¡No, ni de vaina!’ La Presidencia requiere madurez, tolerancia y amplitud, que solamente vienen con las canas».

Pregunta Andrew Mulligan, de U. S. News and World Report: “En su momento, Ud. se quejaba de que Rafael Caldera no dejaba campo a los políticos jóvenes, porque quería ser candidato una y otra vez. Ud. fue candidato en 1988, hace 23 años, y quiso serlo de nuevo en 1993, cuando fue derrotado por Álvarez Paz. Ahora vuelve a las andadas. ¿No está haciendo lo mismo que criticaba a Caldera?” Fernández responde: “Quien sea candidato debe de ser alguien que combinara el carisma de Kennedy y la sabiduría de Mandela; esto sería ideal”. Insiste Mulligan: «No se le ha escuchado decir que participará en las primarias de la Mesa de la Unidad Democrática». Fernández responde: «Bueno, eso depende de las circunstancias. Kennedy participó en primarias, pero Mandela no».

Pregunta Auristela Matute, de El Correo del Caroní: «¿De dónde proceden los fondos para su campaña? Se ha escuchado que lo financia el gobierno para enredar a la oposición». Fernández no responde. Acto seguido, el moderador del acto declara: “Ha concluido la rueda de prensa. Muchas gracias”.

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Escena en el despacho del Gobernador del estado Zulia. «¡Qué molleja!—exclama Yonfitzyeral Semprún, veterano de lides políticas en Acción Democrática, hoy miembro del comando de campaña de Pablo Pérez—¡Qué riñones los de ese patiquincito de Capriles! ¡Mirá y que venir al Zulia a comenzar su campaña nacional!» Y dice Pérez: «No te preocupéis, Yon, que ya estamos planeando devolverle el golpe. Ya vais a ver cómo le queda el ojo cuando me aparezca en Los Teques. Pero ahora me preocupa otra cosa, porque el patiquincito está resquebrajando el Frente Progresista, que se iba a cuadrar con nuestra democracia social, que es lo mismo que la socialdemocracia de AD. Ya logró que la Causa R y Podemos lo apoyen. Es urgentísimo que precisemos a Ramos Allup, porque si no lo único que nos va a quedar es la alianza con Henri Falcón y el PPT; o sea, un micropartido con dos diputados por Amazonas. Ni en Lara sacaron un solo diputado. Esa vaina no es la recomposición del pueblo adeco».

«Y ¿qué estáis esperando para mandarle su caja de 18 años? ¿Que sea Navidad? Invitalo como huésped de honor a la Feria de la Chinita?», repuso Yonfitzyeral. «Ésa no se me había ocurrido. Vos si que sois arrecho, Yon. Mandale otra invitación de tu parte a Antonio Ledezma, para que yo no aparezca. Adeco es adeco hasta que se muera, y algo de militancia adeca lo sigue. Cada voto cuenta». «Arrecho sois vos, candidato. Pa’ patiquín patacón», remató Semprún.

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Escena telefónica. Conversan animadamente Jesús Petit Da Costa y Cecilia Sosa. «El estadista que requiere el país—dice Petit—es un hombre bien arrecho, Cecilia, como yo. A mí no se me enfría el guarapo». Responde Sosa: «Una persona bien arrecha, mi querido doctor, no necesariamente un hombre. ¿O es que usted me va a decir que yo no las tengo bien puestas?»

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La política de la arrechera

Escena telefónica. Otro Sosa, Juan Carlos, ha llamado a Leopoldo López. «Oye, Leo: Chávez hará que todos los militantes del PSUV voten en las primarias de la MUD según sus instrucciones. Ergo: el candidato presidencial de la ‘oposición’ lo escogerá Chávez. Yo sé que no tengo el más mínimo chance, pero tú pudieras alzarte con la cosa si eres capaz de jugar a la alta política y obtener un pacto con Chávez, lo que es, por supuesto, absolutamente insospechable. Date cuenta tú mismo: si te pones de acuerdo con Chávez,  él te dará los votos y te quitará definitivamente el dolor de cabeza ése de la inhabilitación».

López contestó muy airado: «Pero, ¿qué acuerdo sería posible?» Entonces Sosa Azpúrua mostró su hilado fino: «Que tú seas su Vicepresidente Ejecutivo con un compromiso de dos años en el cargo. Así, cuando el señor se muera de cáncer, tú serás el Presidente. Yo, siendo tú, lo trabajaría con lo de tu parentesco con Bolívar. Hazle ver que sería un lujo para él tenerte en la Vicepresidencia. Imagínate: el retátara-sobrino-nieto del Libertador». La grabación del intercambio telefónico se interrumpe a partir de esta última descripción.

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Escena en el Hospital Militar. Un hombre de cuero cabelludo desierto y rostro abotagado vocifera: «¡Me agarran a ese Navarrete donde esté! Si está en España, que me consigan al etarra que lo pueda atrapar». A lo que un joven ya maduro responde: «Pero Duce, la ETA acaba de decir que abandona de un todo la lucha armada. No va a ser fácil».

«¡Ah carajo, Nicolás! ¡Zapatero a sus zapatos! Si tengo que ofrecerle a ese bolsa que la réplica de la Santa María regresa al Parque Miranda o la estatua de Colón a Maripérez estoy dispuesto a pagar el precio, como contribución bolivariana a la crisis financiera española. Hasta podemos devolver la Agroisleña, pero a ese medicucho lo voy a joder».

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Escena en el barrio La Dolorita. Un grupo que inicialmente fue de cuatro amigos que conversaban sobre las dificultades de la vida en Venezuela, ya sobrepasa el número de treinta personas. Una de ellas habla por su teléfono celular y luego reporta: «En El Valle hay mucha indignación». Otra confirma: «Y también en el 23 de enero, y en La Silsa». Una más reconfirma: «Cuando venía para acá vi aglomeraciones en Los Palos Grandes y en La California; la cosa como que es en todos lados».

Hasta que alguien dice: «Bueno, somos el 99%. ¿Por qué no nos indignamos?»

LEA

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Archivo de audio de entrevista para el espacio Análisis, de RCR 750AM, conducido por Javier Perera Díaz. (Grabada el 26/10/2011; transmitida el 27 a las 6:20 a. m.)

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