Jota Jota Rendimiento y Jota Guaidólar trataron con Jota Goudólar

 

Hubo una época en Venezuela en la que Jota Jota designaba a Jose Joaquín González Gorrondona, el próspero banquero que fundara el desaparecido Banco Nacional de Descuento y construyera en el Parque Nacional El Ávila una notable casa que diseñara el arquitecto austriaco-estadounidense Richard Neutra. Pero el J. J. del día es el Sr. Juan José Rendón, “estratega general” de Juan Guaidólar, a quien acaba de presentar su renuncia luego de la torta de la Operación Gedeón. (Y luego de admitir a la cadena de noticias CNN que pagó, sin que le dolieran, cincuenta mil dólares—”“Sí, de mi cuenta, personal”—a Jordan Goudreau, el organizador de las incursiones que pretendían, al menos, apresar al presidente Maduro y cobrar por sus servicios al gobierno estadounidense la cantidad de quince millones de esa misma moneda).

El Sr. Rendón obtuvo fama temprana y efímera en Venezuela al ser entrevistado en Televén—por César Miguel Rondón en su programa “30 minutos” el 18 de agosto de 2004—acerca de su tesis de que había habido fraude en el referendo revocatorio celebrado tres días antes. La Carta Semanal #100 de doctorpolítico, que sostuvo lo contrario, se refirió el día siguiente a esa vistosa presentación en sociedad de Rendón:

Son tantas las ingeniosas teorías que su mera profusión llama a la sospecha. No sería posible enumerarlas y considerarlas acá una por una, aunque sólo sea porque sin duda no las conocemos todas. El asunto ha rebasado ya los límites del absurdo. Una economista ha tenido la ocurrente iniciativa—ignoramos si ha prosperado—de ofrecer un concurso para premiar a quien tenga éxito en comprobar efectivamente el fraude. Y sugiere el monto del premio y el modo de sufragarlo. Como Súmate habría dicho—jamás lo ha hecho—que hubo seis millones de votos revocatorios, bastaría que cada escuálido aportara una moneda de 100 bolívares para que el ganador obtuviera el jugoso premio de 600 millones de bolívares. (“Se busca fraude: vivo o muerto. Recompensa: 600 millones”). Se da por sentado que el fraude existió y el gélido cadáver de Disney descansa en una cripta criogénica.

Tal como en el Viejo Oeste

Probablemente el concursante más aventajado sea todavía J. J. Rendón, quien asegura saber cómo se habría configurado la descomunal estafa y que Smartmatic, para decir lo más prudente que se le ocurrió, habría sido al menos tonto útil al doloso plan del gobierno. (Lo que tal vez haya contribuido a que una turba, similar a un Ku Klux Klan en ánimo de linchamiento en Alabama, parecida a la que sitió con violencia la Embajada de Cuba el 12 de abril de 2002, se haya presentado ante las oficinas de Smartmatic ayer para gritar, democrática, constitucional, electoral y pacíficamente, “Mugica, ladrón” y otras menudencias por el estilo).

Rendón llevó ayer a canales de televisión su hallazgo: en dos centros del estado Bolívar encontró que había siete coincidencias exactas de votos por el “Sí”—en un acta tres veces el número 133, en otra del mismo centro dos veces el número 127, en otra de centro diferente dos veces el número 122. Luego ha afirmado, en sucesión, que tenía un total de 9 actas en la que se observaba este extraño fenómeno; más tarde que eran 15; luego que eran 24 y, antenoche, en el programa Rendón-Rondón, que le habían reportado anomalías similares en otros estados.

Pues bien, lo que sería verdaderamente anómalo es que en un universo total de 19.664 máquinas de votación no aparecieran centenares de actas con resultado idéntico. En sí mismo, cada caso parece extraño y, de hecho, considerados individualmente, los casos reportados resultan repugnantes a la intuición.

Sin embargo, la estadística es ciencia sosegadamente implacable que con frecuencia nos presenta aparentes paradojas o, en todo caso, sorpresas contraintuitivas. Por ejemplo, el famoso caso—entre los estadígrafos, naturalmente—del cumpleaños duplicado. En teoría, cualquier persona tuvo una probabilidad de nacer en un día específico del año calendario equivalente a 1/365—para no considerar años bisiestos—o, en términos porcentuales, 0,27%, o un poco más de un cuarto de uno por ciento. Consigamos entonces un grupo constituido por 23 personas elegidas al azar. ¿Cuál es la probabilidad de que dos personas de ese grupo cumplan años exactamente el mismo día? Nuestros lectores seguramente se sorprenderían si se les dice que esa probabilidad es de 50,7%, o 187 veces la probabilidad de que alguien haya nacido en un día específico del año.

La verdad es, entonces, que lo esperable estadísticamente es que en varios centenares de casos se registre lo que al Sr. Rendón parece “matemáticamente imposible”, incluyendo, por supuesto, la aparición de “insólitas” coincidencias en un mismo centro de votación. Cualquier jugador de dominó registra en su memoria más de una vez en la que en un mismo partido tres o cuatro manos seguidas arrojan un resultado de, digamos, 22 puntos. (“¡Qué casualidad!”) Y más de uno entre nosotros ha observado la improbabilísima distribución de siete blancos en una misma mano, durante amistoso juego en el que a ningún miembro del Comando Maisanta se le ha permitido barajar las piedras.

Pero es que la necesidad emocional exige que nuestra hipótesis favorita—el fraude electoral masivo ante las narices de los observadores internacionales que se chupaban el dedo—encuentre asidero, y nuestra psiquis anda automáticamente—no es un ejercicio consciente y voluntario—a la caza de cualquier hábil pseudoexplicación que la corrobore. Estamos persuadidos de que el Sr. Rendón cree inocente y honestamente en su “explicación”. Pero no podemos estar de acuerdo conque de su involuntariamente defectuoso razonamiento extrapole acusaciones gravísimas. A él no le consta en absoluto que en verdad se haya producido la alevosa “programación” de los “topes” que postula.

Hace más de quince años, pues, que el suscrito no viera modo de respetar una ignorancia tan supina; desde entonces, no ha emergido motivo para invertir tal opinión sobre Rendón, quien después adquiriera la fatua costumbre de vestirse siempre de negro, tal como un olvidable “artista” venezolano “apodado el Príncipe Negro, sobrenombre que comenzó a regir desde 1968 para señalar el color predilecto del artista en su vestir (con gran pañuelo de seda, bastón, sombrero y cuando el clima lo merecía, capa)”.

Por lo que respecta al cliente* representado hasta hace pocos días por ese Black Prince de nuevo cuño, se ha preocupado por exigir—al día siguiente de conocerse los hechos, según registra La Prensa de Lara—”respeto a los derechos humanos y garantías fundamentales de las personas capturadas en las últimas horas”, tal como los operadores armados y dirigidos por Goudreau planeaban respetar los de Nicolás Maduro y su custodia. No vinieron con armas para usarlas, no; sólo eran para la foto que harían llegar a Mike Pompeo. (De nuevo, resisto la tentación de formular con el apellido de este último señor un facilísimo juego de palabras). LEA

………

La última de Guaidólar (reporta ayer contrapunto.com): “aseguró que la Operación Gedeón fue un montaje financiado por un testaferro del Gobierno de Maduro vinculado a un programa de chismes”. Más adelante publica el mismo medio:

“La operación ni operativamente ni militarmente tiene ningún tipo de posibilidad. Es un montaje de la dictadura para generar propaganda y victimización internacional y persecución a nivel interno. Engañaron a una cantidad de tenientes para masacrarlos. El nivel sadismo [sic] del régimen es de infiltrar y masacrar”, señaló Guaidó. En ese sentido, el opositor negó vinculación con la operación y aseguró que pidió una investigación por la muerte de ocho militares en La Guaira. Igualmente, indicó que el contrato que el Gobierno de Maduro asegura que firmó con Jordan Goudreau con el fin de asesinar a varios  de sus funcionarios, incluido Maduro, y provocar un Golpe de Estado en el país, no pasó de una fase exploratoria [?] y se dieron órdenes de no continuar con ninguna operación. [??]

Como oímos desde niños: “Ya no halla qué inventar”. Pero lo que inventa no parece convencer a la cadena de noticias CNN, que pone ayer una actualización sobre el caso y repite un minuto y veintisiete segundos de una entrevista de Fernando Del Rincón a Jota Jota Rendimiento con esta pregunta: “¿Estaba Juan Guaidó al tanto de la Operación Gedeón?”

___________________________________________________________

 

Share This: