Antes de los sucesos

Anfitrión de la charla

Manuel Felipe Sierra quiso conversar en 19 de abril, antes de las manifestaciones convocadas por ambos lados de la polarización, que esperamos no graven el circo político nacional con nuevos heridos o muertos. (La señal es acústicamente defectuosa; fue tomada de Internet, pues el archivo de audio que la emisora—Radio Venezuela 790 AM—me facilitara tenía mucho nivel de ruido y estaba cortado al principio; la voz del anfitrión fue registrada débilmente en ambas grabaciones). He aquí el registro de ese intercambio, con la participación de oyentes:

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En Sábado de Gloria

Huevos rusos de Pascua

En este día especial de la liturgia cristiana, el programa #244 de Dr. Político en RCR acometió la consideración de unas pocas vertientes que pudieran desaguar la dinámica política venezolana del actual momento, entre ellas las elecciones presidenciales (posiblemente inmediatas), una guerra civil o la renuncia sensata de Nicolás Maduro Moros a la Presidencia de la República. Acompañaron la ocasión la pieza de Klaus Badelt y Hans Zimmer para la película de Werner Herzog (Invincible, 2001), Benjamin believes y un pasaje de la Obertura de la Gran Pascua Rusa, compuesta por N. A. Rimsky Korsakoff. Abajo el audio de esta transmisión:

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Referéndum en sauvage

 

La calle en estado salvaje

 

 

A quien me ha brindado innumerables copas de vino de Jerez

 

Dice la primera parte de la séptima estipulación de mi código de ética política: «Reconoceré según mi conocimiento y en todo momento la precedencia de aquellos que hayan interpretado antes que yo o hayan recomendado antes que yo aquello que yo ofrezca como interpretación o recomendación…» Esto es, ese código me impide ganar indulgencias con escapulario ajeno.

He visto cosas que no había pensado gracias a otras personas y trato de darles crédito por lo que me han enseñado, pero eso no siempre es posible; tengo un amigo que por razones de peso me exige que lo mantenga en el anonimato, así que sólo puedo decir cuando me impone el silencio que lo que me ha explicado no es de mi autoría. Me hizo tomar conciencia en dos oportunidades en el año 2002, y de la primera sé el día exacto: le visitaba en compañía de un amigo común el 24 de febrero de ese año, un domingo. Al día siguiente asistiría a una edición del programa Triángulo, que conducía Carlos Fernandes en Televén. De hecho, el programa había sido concebido por mi insistencia, y su tema fue: ¿Existe el derecho de rebelión? Poco antes, Ernesto Ecarri Hung nos entrevistó a Ángel Álvarez (Director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela) y a mí en momentos (3 de febrero de 2002) cuando una buena parte del país barajaba modos de salir del gobierno de Hugo Chávez. A Ecarri le llamó mucho la atención una clara formulación del derecho de rebelión, que mencioné, en la Declaración de Derechos de Virginia. (Wikipedia: «El artículo tres consagra el derecho [de] la mayoría de la comunidad a reformar o abolir un gobierno, cuando considere que no está orientado al bien común. Se define aquí las bases del derecho a la resistencia o de rebelión contra la opresión»):

“…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos—[el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad]—una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indudable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública”.

Yo había llamado a Carlos Fernandes, a Marta Colomina y al mismo Ecarri, preocupado por una prédica posterior de Jorge Olavarría en la prensa y en la televisión:

…Jorge Olavarría escribió para El Universal dos artículos bajo el título Derecho de rebelión, y fue el jueves 21 de febrero a la edición meridiana del noticiero de Televén a exponer su particular interpretación de tal derecho. En su opinión, se justificaba una rebelión clásica, un golpe de Estado contra el gobierno de Chávez. En el primero de sus artículos, indicó que el procedimiento convencional era que los rebeldes expusieran al país los motivos de su alzamiento una vez que tuvieran éxito en deponer al Presidente. (Las élites culposas).

Fue Fernandes quien propuso de inmediato una de sus sesiones de Triángulo para tratar el asunto, y la víspera comenté al amigo incógnito mi propósito de enfatizar que el titular del derecho de rebelión, como postula el documento virginiano, era una mayoría de la comunidad, y no un grupo de militares que decidiera alzarse por su cuenta. Mi lúcido amigo hizo entonces esta observación: «Sí, pero la Declaración de Derechos de Virginia fue redactada por súbditos de Jorge III de Inglaterra, y nosotros no somos súbditos de Chávez».

Entonces me cayó la locha proverbial; al despedirme en la puerta de su casa le dije: «Clarísimo, es verdad; no somos sus súbditos, somos sus jefes, sus mandantes». A la tarde de ese día ya había concebido que si una mayoría de venezolanos firmaba un documento que declarase abolido el gobierno de Hugo Chávez, un acta de abolición, ese gobierno quedaría abolido de pleno derecho. Así lo expuse en Televén el 25 de febrero de 2002, sin que los demás participantes en el diálogo moderado por Fernandes atinaran a refutarme. (El 17 de diciembre del año pasado, adapté lo que luego redactaría para el caso de Chávez al de Nicolás Maduro: Manda Su Majestad).

………

Mantuve informado al amigo sin nombre de la evolución de la idea abolicionista, que ahora imaginaba cristalizada en Internet; el Artículo 4 de la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas—decretada por Chávez con poderes de ley habilitante en enero de 2001—establece: «Los Mensajes de Datos tendrán la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos…», y añadió él otra intuición: «Puede hacerse, sin duda, con las firmas ciudadanas que visualizas, pero a lo mejor la cosa ocurre espontáneamente en la calle; puede darse un referéndum en sauvage». (Salvaje, en estado puro). A mi vez, no pude menos que asentir y comenté: «De nuevo tienes razón; si vas a elegir al Presidente de la Asamblea, es procedimiento válido declarar electo a alguien si al mencionar su nombre los diputados prorrumpen en vítores. El director de debates lo declara electo por aclamación sin necesidad de contar votos». Faltarían en ese momento unas dos o tres semanas para la manifestación caraqueña del 11 de abril de 2002.

Así que más de una vez este amigo ha expandido mi comprensión de la realidad política, y anoche recordaba estas cosas al enterarme por Twitter de la onda expansiva de protestas simultáneas en muchos puntos del país, en muchos de Caracas, luego de que el violento repudio de Nicolás Maduro en San Félix prendiera la mecha.

Las hormigas, también, tienen mente de colmena. Una colonia de hormigas, en movimiento de un nido a otro, exhibe el substrato kafkiano del control emergente. Cuando hordas de hormigas abandonan su campamento y se dirigen al oeste, llevando huevos, larvas, pupas—las joyas de la corona—en sus picos, otras hormigas de la misma colonia, obreras patrióticas, cargan el tesoro hacia el este con la misma velocidad, mientras aun otras obreras, quizás reconociendo mensajes conflictivos, corren en una y otra dirección con las manos vacías. Un día de oficina típico. Y, sin embargo, la colonia se mueve. Sin que haya una toma de decisiones visible en un nivel superior, escoge un nuevo sitio para anidar, instruye a las obreras que comiencen a construir y se gobierna a sí misma. (Kevin Kelly, Out of Control1994).

No puedo saber si todo lo que ocurrió anoche en una docena de ciudades venezolanas fue espontáneo—»Los enjambres actúan sin líder» (Dinámicas de enjambre)—; cabe la posibilidad de que haya habido algo de ingeniería, pero me inclino a pensar que en Martes Santo la protesta nacional fue, simplemente, seguir el ejemplo que San Félix dio. LEA

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Otros recuerdos

Sede del PSUV en Tovar, estado Mérida

¿Estarán ya no uno sino mil enjambres ciudadanos africanizados? En la madrugada del 10 de diciembre de 2002, luego de conocer la violenta y extensa acción coordinada de bandas que agredieron un sinnúmero de medios de comunicación privados por todo el país, redacté un número extra (16 A) de la Carta Semanal de doctorpolítico, donde puse:

Dictaduras mucho más estrechas que la que Chávez aspira a completar, como la de Reza Pahlavi en Irán, con un estado que era la admiración del planeta por lo eficaz de sus policías, especialmente de su policía política, y amigo de los Estados Unidos, cayó estrepitosamente. Chávez no puede durar eternamente. El castrismo no puede ejecutarse en cámara lenta porque, mucho antes de asegurarse la parálisis del cuerpo social, éste se manifiesta como enjambre, como una eruptiva de incendios simultáneos en tantos sitios que el gobierno de una era totalmente informatizada ya no puede apagar.

Es el enjambre, Presidente, lo que puede perfectamente matarle. No un asesino a sueldo, no un asalto militar. Ud. pudiera morir como Mussolini sin Petacci. Si Ud. continúa en su libreto, y busca dominar a Venezuela como Castro sojuzga a Cuba; si Ud. manda a atacar ahora a una decena de urbanizaciones en Caracas para aterrorizar las casas de sus enemigos; si Ud. llegare a ordenar una vez que se eche el común delincuente, con la seguridad de resultar impune, sobre los pobladores que le adversan, en alguna persecución de nombre y apellido, sepa que está sellando su suerte.

Las abejas son usualmente inocuas hacia el hombre o las bestias. Pero son letales para el más grande de los animales. Hasta el mayor de los elefantes sucumbe a los mil aguijones envenenados de un enjambre. Como mil hipodérmicas sobre un hombre, cada una de las cuales inocula la milésima parte de una dosis mortal. LEA

(En Dinámicas de enjambre, 8 de junio de 2015).

Esta noche ha habido protestas contra el gobierno en Caracas—El Paraíso, Ruiz Pineda, Caricuao, Puente Hierro, Qta. Crespo, Petare, La Candelaria—, Maracay, Valencia, Cabudare, Barquisimeto, Maracaibo, Tovar… sin contar lo acontecido en San Félix.

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Hace 15 años

 

Ortega, Ugalde, Carmona: la unción preparatoria de La Esmeralda (5 de marzo de 2002)

 

El 11 de abril de 2002 se reunió, en torno a las oficinas de PDVSA en Chuao, la más gigantesca concentración humana que se haya visto en Venezuela. Un descomunal río de gente inundaba la arteria vial de la autopista Francisco Fajardo. Personas de todas las edades y extracciones sociales se daban cita para protestar el atropello de la industria petrolera y exigir, a voz en cuello, como ya se había gritado el 23 de enero, la salida de Hugo Chávez de Miraflores. Confiado en su innegable y colosal fuerza, y estimulado por la consigna de los oradores de Chuao, que veían excedidas sus más optimistas expectativas, el inconmensurable río comenzó a desbordarse en dirección a ese palacio de gobierno. Por aclamación de unanimidad asombrosa, la mayoría aplastante del pueblo caraqueño, para asombro y terror de Chávez y sus acólitos, pedía que los militares se pronunciaran y sacaran al autócrata de la silla presidencial.

El grandioso movimiento encontró eco en todo el país. Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Puerto La Cruz, Margarita, las ciudades todas alojaban la unánime manifestación de repudio. Y el gobierno se aprestó a dar la batalla de Caracas. Freddy Bernal comandó las huestes armadas del chavismo, cuya presencia fue exigida por el Ministro de la Defensa, José Vicente Rangel. Si lo hubiera querido, la portentosa masa hubiera asolado las oficinas de éste en la base aérea de La Carlota, aledaña al escenario de Chuao.

Luego los muertos. Muchos portaban chalecos que les hacían aparecer como fotógrafos de prensa. Asesinados a mansalva, con ventaja, con alevosía. La sociedad civil puso los mártires necesarios a una conspiración que, sordamente, se había solapado tras la pureza cívica de un movimiento inocente.

Dos semanas antes del sangriento día, un corpulento abogado trasmitía las seguridades que enviaba una “junta de emergencia nacional” a una reunión de caraqueños que habían descubierto su vocación por lo político en la lucha contra Chávez. Enardecido, con una bandera norteamericana prendida en la solapa, admitía que conspiraba junto con otros, que una junta de nueve miembros—cinco de los cuales serían civiles y el resto militares—ineluctablemente asumiría el poder en cuestión de días. Por ese mismo tiempo, Rafael Poleo rechazaba una contribución mía—ofrecida a su revista luego de aquel artículo* sobre el Acta de abolición—, en la que exploraba otros caminos constitucionalmente compatibles; explicó con paciencia de adulto al ingenuo niño que yo era que lo que iba a pasar era que “los factores reales de poder en Venezuela” depondrían a Chávez y luego darían “un maquillaje constitucional” a un golpe de Estado.

Pedro Carmona Estanga emergería como el líder de un golpe cuyo blanco, antes de que Hugo Chávez fuera depuesto por la presión de un pueblo, era este mismo pueblo, manipulado y utilizado por la sofisticación artera de operadores políticos que habían decidido la operación inconstitucional con bastante antelación. Los conspiradores viajaron a los Estados Unidos desde fines de 2001 para consultas, coordinaron calendarios, calibraron la temperatura creciente de la protesta popular, y estuvieron listos para el golpe de mano. Nada de esto sabían los que marcharon el 11 de abril. Nada sabrían hasta que la verdadera cara de los golpistas emergiera al día siguiente.

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El cardenal Velasco firma el decreto de Carmona (12/04/02)

* …el sujeto del derecho de rebelión, como lo establece el documento virginiano, es la mayoría de la comunidad. No es ése un derecho que repose en Pedro Carmona Estanga, el cardenal Velasco, Carlos Ortega, Lucas Rincón o un grupo de comandantes que juran prepotencias ante los despojos de un noble y decrépito samán. No es derecho de las iglesias, las ONG, los medios de comunicación o de ninguna institución, por más meritoria o gloriosa que pudiese ser su trayectoria. Es sólo la mayoría de la comunidad la que tiene todo el derecho de abolir un gobierno que no le convenga. El esgrimir el derecho de rebelión como justificación de golpe de Estado equivaldría a cohonestar el abuso de poder de Chávez, Arias Cárdenas, Cabello, Visconti y demás golpistas de nuestra historia, y esta gente lo que necesita es una lección de democracia. (De artículo del suscrito solicitado por la Revista Zeta, 3 de marzo de 2002).

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Texto de la entrada tomado de Las élites culposas, Editorial Libros Marcados, Caracas, 2012, a su vez extraído de Tragedia de abril (El Carmonazo), 14 de junio de 2002. LEA

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