por Luis Enrique Alcalá | Nov 27, 2015 | Fichas, Política |

Intención de voto (clic sobre la imagen la amplía)
Hace cinco días que Venebarómetro (Croes, Gutiérrez & Asociados) ha cerrado su encuesta especial sobre las elecciones parlamentarias, pues el trabajo de campo tomó del 8 al 22 de noviembre. Acá puede descargarse el reporte ejecutivo de la misma: Venebarometro NOViEMBRE 2015. PR.
Como era de esperarse, la medición recoge una mayoría de intención de voto a favor de candidatos de oposición, que supera por 15,1% a la que favorece los candidatos oficialistas. En comparación con el registro de octubre, se dio un aumento de preferencias por ambos bandos con el natural fortalecimiento de la polarización a medida que se acerca el 6 de diciembre. (De 3,6% a favor de los opositores y 2,7% por los chavistas; la intención a favor de los candidatos independientes se redujo en 3,8% y la indecisión pasó de 21,1% a 18,7%).
Los resultados confirman las mediciones de otras encuestadoras—hasta Oscar Schemel admitió: “difícilmente el chavismo logre mayoría parlamentaria”—y reflejan el descontento generalizado con la situación del país, mayormente atribuida a las políticas gubernamentales. En cualquier caso, no se espera que un triunfo opositor introduzca cambios positivos de mucha significación; esto es, se trata esencialmente de un voto castigo antes que de méritos de la coalición opositora. LEA

La situación nacional empeora (clic amplía)

Expectativas de progreso (clic amplía)
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por Luis Enrique Alcalá | Nov 25, 2015 | Argumentos, Política |

Metiendo miedo al chavismo-madurismo
Henry Ramos Allup habló ayer martes a una asamblea de ciudadanos en San Bernardino y dijo esto: «Luego de las elecciones parlamentarias vendrá un debate político interno [en el oficialismo], una medición de fuerzas entre ellos y, a la larga, un resquebrajamiento que puede poner fin en breve al Gobierno, bien sea por la vía de referéndum revocatorio, enmienda constitucional, una Constituyente o la renuncia del Presidente».
Bueno, ese debate ha comenzado hace rato. Ana Elisa Osorio, miembro del PSUV, Diputada de Parlatino (como Ramos) y antes Ministra del Ambiente (del Poder Popular, naturalmente) acaba de conceder una entrevista a Infobae América, de Argentina, en la que declaró: «Creo que si en las elecciones tenemos un resultado adverso, debemos pedir la renuncia de la dirección del partido. Y no sólo la renuncia de la dirección del partido, sino del gabinete del presidente Nicolás Maduro. Sería necesario, para que haya un giro y que el proceso se vuelva proactivo, que resuelva, que escuche a la gente. Hoy el Gobierno no escucha a la gente, está en una burbuja, no ve las colas de la gente o no sabe que el descontento germina en ellas». Aún no llega a sugerir la renuncia del propio Maduro, pero está muy cerca: «Al presidente Maduro le tocó una situación difícil, no estaba preparado para ella. Bueno, en realidad, nadie estaba preparado para esta crisis. Todos aceptamos la decisión del presidente Chávez en cuanto a su sucesor, era importante que fuera respetado quien pudiera seguir este proceso. Ahora, una cosa es ser el elegido del presidente Chávez y otra cosa es ser presidente, pues». (La entrevista ya ha sido eliminada de la web argentina, pero puede ser leída en esta nota de La Verdad de Maracaibo, y muchos otros medios la reproducen parcialmente).
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La baraja enumerada por Ramos Allup—revocación, enmienda (de recorte de período, supongo), constituyente, renuncia—debe ser sopesada con sosiego y seriedad. La revocación del mandato presidencial no compete en ningún caso a la Asamblea Nacional («Luego de las elecciones parlamentarias…», Henry dixit). El empleo de esa salida corresponde únicamente a la iniciativa popular, pues los diputados no eligieron a Maduro y éste no puede revocarse a sí mismo. Eso requeriría la recolección, y certificación por el Consejo Nacional Electoral, de 3.900.000 firmas de electores registrados. (1.500.000 más que las recolectadas para el referendo revocatorio de 2004).
La enmienda de recorte de período—propugnada originalmente por Primero Justicia a fines de 2001—sí puede ser desencadenada por los asambleístas; un 30% de los diputados (56 de una cámara de 167) puede introducir el proyecto que necesita la aprobación de la mayoría simple (84) para que, finalmente, sea sometido a la aprobación final de nosotros, los Electores, en referendo. También puede hacerlo el Presidente de la República, pero no es realista imaginar que querrá recortarse el mandato, y seguramente tampoco que el Tribunal Supremo de Justicia toleraría la aplicación «retroactiva» a Maduro de ese recorte, supuestamente a un período de cuatro años; en 2009 ya proponía el magistrado Francisco Carrasquero López a su Sala Constitucional que la reelección permitía “recompensar a quienes [el pueblo] estime como sus mejores gobernantes”. Si la Presidencia es un premio, ¿cómo podría quitarse a Maduro el suyo completo—hasta el 10 de enero de 2019—que se ganó en la rifa del 14 de abril de 2013?
La convocatoria de una constituyente es una mala idea. Se ha aceptado sin mayor examen la idea chavista de que una constituyente es “originaria” y por tanto tendría poderes absolutos. Ya el 10 de septiembre de 1998 pudo escribirse en Contratesis (para La Verdad de Maracaibo):
La constituyente tiene poderes absolutos, tesis de Chávez Frías y sus teóricos. Falso. Una asamblea, convención o congreso constituyente no es lo mismo que el Poder Constituyente. Nosotros, los ciudadanos, los Electores, somos el Poder Constituyente. Somos nosotros quienes tenemos poderes absolutos y no los perdemos ni siquiera cuando estén reunidos en asamblea nuestros apoderados constituyentes. Nosotros, por una parte, conferiremos poderes claramente especificados a un cuerpo que debe traernos un nuevo texto constitucional. Mientras no lo haga, la Constitución de 1961 continuará vigente en su especificación arquitectónica del Estado venezolano y en su enumeración de deberes y derechos ciudadanos. Y no renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros la aprobemos en referéndum.
A mayor abundamiento, el 23 de enero de 2012 fueron suscritos por quienes se medirían en las primarias presidenciales de la MUD los Lineamientos del Programa de Gobierno de la Unidad Nacional, de los que vale la pena recordar tres estipulaciones seguidas:
44. La base normativa fundamental para el nuevo gobierno es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la cual calificamos como una Constitución democrática, respetuosa del Estado de Derecho y de los derechos humanos.
45. Ella representa no sólo el punto de partida ineludible desde la perspectiva de la validez y vigencia formal de las normas, aunado ello a su ratificación popular, sino también una plataforma jurídica aceptable para el despliegue de las políticas de un gobierno democrático. Permite el funcionamiento de instituciones democráticas y garantiza los derechos humanos.
46. La prioridad político-institucional del nuevo gobierno no ha de cifrarse en el cambio global de esa Constitución, ni en la convocatoria de una Asamblea Constituyente.
Para el 7 de diciembre de 2013, veinticuatro horas antes de las elecciones municipales que Capriles presentó erróneamente como un plebiscito sobre el gobierno de Maduro, Leopoldo López y Ma. Corina Machado habían olvidado que firmaron tales lineamientos en señal de aquiescencia, pues publicaron un manifiesto sorpresivo fuera de la línea de la MUD, propugnando justamente una constituyente como medio de salir del actual sistema de gobierno, Maduro incluido. (Dos meses después lanzarían #lasalida).
En cualquier caso, convocar a constituyente para salir de Maduro es, en palabras de Daniel Lara Farías, «matar cucarachas a mandarriazos». Una constituyente es sólo un método para someter al Poder Constituyente Originario un proyecto de constitución nueva; es decir, un texto constitucional al que no pueda arribarse por los procedimientos más ordinarios de enmiendas o reformas, porque se trate de introducir conceptos constitucionales enteramente distintos a los existentes. Para salir de un gobierno está, primariamente, el mecanismo electoral y también, por supuesto, el procedimiento revocatorio. Aquel ciudadano que crea, de todas maneras, que convenga rehacer todo mediante una constituyente previa, puede darse a la tarea de recoger casi tres millones de firmas (2.925.616 hoy), las mismas que podrían introducir un proyecto de enmienda de recorte de período (con las salvedades tribunalicias mencionadas).

Las opciones de Ramos… y una ñapa
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La renuncia de Nicolás Maduro sólo puede producirla él, pero puede ser inducida. Creo desde hace tiempo que nada sería más eficaz a este respecto que la celebración de un referendo consultivo sobre la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista. (DRAE: socialismo. Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes). Así, se escribió en Irrupción constituyente:
Siendo que la pretensión socialista es la excusa universal, la coartada general de todos los actos del gobierno, un rechazo masivo al socialismo en referendo debe forzar la renuncia de Nicolás Maduro al cargo que ahora ocupa. No podría sostenerse si se viera forzado a suprimir de papelería, gigantografías y carteles, de discursos y decretos, la especie de que se ocupa en la construcción del socialismo.
Los ciudadanos podemos convocar un referendo consultivo con la mitad de las firmas de un revocatorio y 50% menos que las necesarias para introducir una enmienda o convocar a una constituyente por iniciativa popular. ¡Y la Asamblea Nacional puede hacerlo por mayoría simple de diputados! Bastará que 84 brazos se levanten para forzar el referendo consultivo que sería tan seguro como un tiro al piso: hace ya un año, Datanálisis registró cuatro quintas partes del país convencidas de que el modelo socialista es una equivocación que debe ser corregida. A juzgar por el desplome oficialista en la opinión desde esa fecha, tan enorme mayoría debe ser aun superior.
Ése es, por tanto, el tratamiento preferible que Ramos Allup no ha considerado hasta ahora, y lo es por tres razones: 1. porque causaría la renuncia de Nicolás Maduro; 2. porque anularía la aprobación del Plan «de la Patria», un plan socialista, y todo decreto madurista encabezado así: “Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…”; 3. porque es lo profundamente democrático el pronunciamiento del Poder Constituyente Originario, del Pueblo, de la Corona, del Soberano, del Poder Supremo del Estado, acerca de esta crisis que la misma Ana Elisa Osorio definiera hace cuatro meses como «la peor crisis que hemos vivido en los últimos cuarenta años». ¿Creen o no creen nuestros políticos en la democracia participativa, en el Pueblo y en su sabiduría?
Es consideración que elevo, con mucho respeto, a quien tal vez presida la nueva Asamblea Nacional. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Nov 22, 2015 | Notas, Política |

…desde el Sur
La novela explora la ideología política y la naturaleza del fanatismo. Tras advertir la facilidad con la que emplea el tópico de «enemigo del pueblo», Jordan pasa rápidamente a adentrarse en las discusiones y opina que «para ser fanático hay que estar absolutamente seguro de tener la razón y nada infunde esa seguridad, ese convencimiento de tener la razón como la continencia. La continencia es el enemigo de la herejía». Más adelante en el libro, Robert Jordan explica la amenaza del fascismo en su país. «Robert Jordan, rebañando la salsa de su cuenco de barro con un trozo de pan, explicó cómo funcionaba el impuesto sobre la renta y sobre la herencia. —Pero las grandes propiedades siguen existiendo –dijo–, y hay también impuestos sobre el suelo. —Pero, seguramente, los grandes propietarios y los ricos harán una revolución contra esos impuestos. Esos impuestos me parecen revolucionarios. Los ricos se levantarán contra el Gobierno cuando se vean amenazados, igual que han hecho aquí los fascistas –dijo Primitivo. –Es posible. —Entonces tendréis que pelear en vuestro país como lo estamos haciendo aquí. —Sí, tendríamos que hacerlo. –¿Hay muchos fascistas en vuestro país? –Hay muchos que no saben que lo son, aunque lo descubrirán cuando llegue el momento». En la misma conversación que mantiene Robert Jordan con los demás, se da cuenta de cómo hay políticas populistas en Estados Unidos en ese momento, a saber, la Ley de Asentamientos Rurales, que era ampliamente usada por los colonos estadounidenses para establecerse en el Oeste desde 1863. «Robert Jordan explicó el sistema. No se le había ocurrido nunca que fuese una reforma agraria. —Eso es magnífico –dijo Primitivo–. Entonces es que tenéis el comunismo en tu país. —No, eso lo hace la República».
Por quién doblan las campanas (Ernest Hemingway) – Wikipedia en Español
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Diálogo con Don Gustavo, de Argentina (21/11/15)
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En nuestro cuerpo se alternan el sistema simpático y el parasimpático. El primero contrae los vasos sanguíneos, «dilata las pupilas, aumenta la fuerza y la frecuencia de los latidos del corazón, dilata los bronquios, disminuye las contracciones estomacales, estimula las glándulas suprarrenales». El sistema parasimpático no hace sino llevarle la contraria. El simpático aminora la pérdida de sangre en una hemorragia, el parasimpático la distribuye mejor por vasos dilatados en condiciones de integridad.
En las sociedades ideologizadas se alternan izquierda y derecha, conservatismo y revolución. Es en cierto modo natural que existan estos sistemas simpático y parasimpático sociales; lo que deben aprender de los biológicos es la coexistencia útil, imprescindible. En las sociedades transideológicas, estas tendencias se manifestarán de modo distinto.
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Las campanas doblan en el sur por Nicolás Maduro, por el experimento socialista venezolano. Nadie creerá que el oficialismo gane las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, ni siquiera Ernesto Samper. Nadie cree en la guerra económica; Datanálisis reportó en junio: mientras 47% de sus entrevistados responsabilizaba al presidente Maduro por la situación de desabastecimiento, 8% al gobierno o los ministros, 3,1% a los gobiernos regionales y 2,3% al PSUV—para un total de 60,4%—, sólo 0,6% culpaba a los empresarios nacionales y 0,7% al gobierno de los EEUU. El modelo socialista ya no aguanta más en Venezuela. Habrá una nueva elección presidencial antes de enero de 2017, cuando pasaría el Poder Ejecutivo a manos del Vicepresidente hasta enero de 2019… y le ocurra lo mismo que a Adolfo Rodríguez Saá en Argentina, quien se vio obligado a renunciar a la semana de que el poder cayera en sus manos, luego de los dos años presidenciales de Fernando de la Rúa, quien no terminó su período.
Más de uno, incluyendo más de un opositor, apuesta a ese estiramiento, en la esperanza de persuadir a Maduro de que aguante un año más y le nombre Vicepresidente poco antes de renunciar el 11 de enero de 2017. Pero escamotear la decisión popular mediante intrigas palaciegas es algo que no será tolerado.
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Una elección presidencial traerá de suyo lo que muchos han deseado: una presidencia transicional. Ramón J. Velásquez no pudo ser otra cosa que albacea en ocho meses en el cargo; dos años y medio y tal vez algo más permitirán curas más profundas. Si quien suceda a Maduro el año que viene no pretende reelegirse, podrá asumir los costos políticos de remedios amargos como febrífugos.
Podré admitir mi postulación para cargos públicos cuyo nombramiento dependa de los Electores en caso de que suficientes entre éstos consideren y manifiesten que realmente pueda ejercer tales cargos con suficiencia y honradamente. En cualquier circunstancia, procuraré desempeñar cualquier cargo que decida aceptar en el menor tiempo posible, para dejar su ejercicio a quien se haya preparado para hacerlo con idoneidad y cuente con la confianza de los Electores, en cuanto mi intervención deje de ser requerida. (Código de Ética Política, 24 de septiembre de 1995).
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Las frases más destacadas (para el diario La Nación) del Presidente Electo de Argentina, Mauricio Macri, hoy al presentar su victoria:
«Estoy acá porque ustedes lo han decidido»
«Sin familia no hay felicidad»
«Es un cambio de época que va a ser maravilloso»
«Este cambio no puede detenerse en revanchas o ajustes de cuentas»
«Tenemos que construir una Argentina con pobreza cero».
«Tenemos que unir a todos los argentinos».
«Queremos tener buenas relaciones con todos los países»
«Este país maravilloso es uno de los países con más espíritu emprendedor»
«Ustedes hoy hicieron posible lo imposible con su voto»
«Le pido a Dios que me ilumine para ayudar a los argentinos»
«El 10 de diciembre comienza una nueva etapa de la Argentina»
«Es acá, es ahora»
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LEA
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