por Luis Enrique Alcalá | Ago 15, 2015 | Dr. Político en RCR, Política |

Ballet Nacional Inglés – El lago de los cisnes
Cuatro temas se propuso a la audiencia de Dr. Político en RCR, en la cita semanal #157: la emigración de talento venezolano, la extraviada idea de que el gobierno terminará por suspender las elecciones parlamentarias o desconocerá sus resultados, información acerca de la opinión pública reciente registrada por Datanálisis y reglas simples para la consideración de proposiciones políticas competidoras (licitación política). Sergio Rachmaninoff compuso Vocalise y P. I. Tchaikovsky el Vals del Acto I de El lago de los cisnes, las piezas propuestas fragmentariamente para acompañar el tratamiento de los asuntos planteados. Como es costumbre, acá puede escucharse el audio de la transmisión de hoy:
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 13, 2015 | Fichas, Política, Terceros |
Entre el 10 y el 23 de julio levantó Datanálisis los cuestionarios de su más reciente Encuesta Nacional Ómnibus. (Descargar: Omnibus julio). En sus 129 páginas hay mucha información seria y útil, pero acá se fijará la atención sobre cuatro láminas específicas. (Un clic sobre ellas las amplía). He aquí la primera:

¿A quiénes convencen los partidos de la polarización?
La afiliación a todos los partidos de oposición sumados, que incluye a la Mesa de la Unidad Democrática como si fuera un partido más—con un porcentaje, 5%, que es cincuenta veces el que recaba COPEI: 0,1% (la proverbial botella vacía por la que pelean los borrachos o, tal vez, un mero error estadístico)—, no alcanza la que es medida para el PSUV: 17,7% contra 18,4%. Es el segmento de los no afiliados (independientes) el mayor en la muestra, con 57,2%, significativamente más de la mitad de los entrevistados. En términos mercadológicos, la distribución pide a gritos una oferta nueva y convincente, pertinente; no bastaría presentarse como ni PSUV-ni MUD, como explicó Luis Vicente León el 11 de julio—faltaban 12 días para el cierre de la encuesta—en el programa #152 de Dr. Político en Radio Caracas Radio. (Los pequeños símbolos escogidos por la encuestadora treintañera para representar a los electores independientes, chavistas o de oposición introducen un cierto sesgo, al sugerir que sólo quienes se identifican con los partidos de oposición portan la Bandera Nacional. El símbolo escogido para quienes se tienen como independientes sugiere más bien gente indecisa. El de los chavistas es el más fiel de los tres: una figura con boina y brazalete rojos).
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¿Otra marcha más?
La población está harta de concentraciones y marchas, pero este dato no llegó a la MUD con suficiente antelación a su convocatoria para manifestar el 8 de este mes. El diario El Universal reportó la asistencia de «decenas» de opositores; más generosamente, el Latin American Herald Tribune habló de docenas (Venezuelan Opposition Admits Scant Attendance at Caracas Demonstration) y registró las insólitas explicaciones de Jesús Torrealba y Freddy Guevara: que no había gente porque el pueblo estaba haciendo colas en los supermercados, lo que sólo habría permitido la presencia de activistas o militantes—en cualquier caso, poquísimos—o que el fenómeno se explicaba ¡por la disputa entre la MUD y COPEI! Por cierto, Sr. Guevara (dirigente de Voluntad Popular que ofreció esta última teoría), la proporción de gente que no estaría dispuesta a «guarimbear» es aun mayor: la lámina 98 de la encuesta la mide en 86,5%.
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Una Asamblea con oficialismo en minoría
La suma de intención de voto por candidatos de oposición (50,7%) y candidatos independientes (8,4%) supera en 31,1% la que se pronuncia a favor de los candidatos del oficialismo (59,1% a 28,0% de los consultados que votarían con seguridad). La mesa parece estar sirviéndose para la pérdida del control oficialista del Poder Legislativo Nacional, lo que sin lugar a dudas introduciría un cambio cualitativo importantísimo en la escena política del país.
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No lo queremos
En octubre del año pasado, un máximo de 71,1% de los ciudadanos prefería que Nicolás Maduro no concluyera su período constitucional, fuera por revocación de su mandato en 2016, cuando tal cosa se hace posible, o aun antes, presumiblemente por renuncia forzada o voluntaria. Para abril de este año se había recuperado, cuando sólo un poco menos de 60% quería ese desenlace. Sin embargo, ya ha hecho méritos adicionales: 68,3% quiere ahora que se vaya cuanto antes. No es esto algo que pueda conseguir la oposición desde sus nuevas curules en la Asamblea Nacional; se necesitará un procedimiento distinto que indefectiblemente tendrá que apelar al Soberano. El parlamento no puede convocar un referendo revocatorio; sólo 20% de los electores puede hacerlo. Es de suponer que un referendo consultivo más barato (10%) pudiera forzar su renuncia.
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Al estupendo bioanálisis del que he comentado sólo cuatro resultados, es aconsejable superponer el ojo clínico. He aquí menos de dos minutos de anticipaciones en fragmento de audio de un programa especial de Y así nos va, transmitido por Radio Caracas Radio el 30 de diciembre del año pasado y grabado el 18 de noviembre. (De todos modos, en la conversación con Nehomar Hernández reconocí estar al tanto de mediciones de Datanálisis).
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 12, 2015 | Argumentos, Política |

La respuesta obvia a una pregunta común
El título de este artículo es la transliteración al alfabeto romano del cirílico, que dice en ruso: ¿qué debe hacerse? o ¿qué debemos hacer? Sirvió primero como título de una novela políticamente radical, escrita en prisión por Nikolai Chernyshevsky. (…) La obra fue criticada por Dostoievsky y por Tolstói (quien escribió un panfleto argumentativo con el mismo título), pero se convirtió en un clásico entre los socialistas y anarquistas europeos hasta que, finalmente, el mismísimo V. I. Ulianov, o Lenin para los íntimos, escribiera su propio panfleto político y preguntara de nuevo (1902): ¿qué debemos hacer? (…) Es ésa—¿qué debe hacerse?—la misma pregunta que se hacen muchos venezolanos, especialmente quienes ejercen o quieren ejercer, eficazmente, oposición al régimen político encabezado por (…) Chávez. Algunos, más aún, creen—creemos, para ser sinceros—tener la respuesta a esta cuestión. La semana pasada, se daba cuenta acá de cómo hay quienes creen que ella es la formación de una nueva organización, bajo la premisa de que la oposición formal expresada en los partidos aliados en la Mesa de la Unidad no sería capaz de capitalizar el creciente deterioro del gobierno en materia de apoyo político a su favor (lo que no es, ni con mucho, la única razón válida para proponerla).
Shto delat’? (Carta Semanal #352 de doctorpolítico, 8 de octubre de 2009)
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A un reciente comentario de Don Yunis Zujur Meneses en mi blog—»¿cuál es la respuesta frente a lo que está pasando en el país?»—, contesté: «…no hay una ‘respuesta’ fácil y única. Es preciso educar políticamente al pueblo y a quienes tengan vocación pública. Me comprometo a escribir una entrada en este blog con una explicación más completa y detallada». Después de haber hecho la promesa creí entender que él se refería a la respuesta en términos del planteamiento de Gonzalo Pérez Petersen en la edición #156 de Dr. Político en RCR: que la muy preocupante y dolorosa situación nacional podía ser respondida con huida, parálisis o pelea (que él postuló en términos constructivos). Voy a hacerme el sueco y pretender que Don Yunis preguntaba por una respuesta general al problema; no pienso desaprovechar el pretexto que me ha brindado.
El foco de lo que sigue, como en Chernyshevsky y Lenin, estará sobre lo que debemos hacer, no sobre lo que podemos hacer; nadie tiene el deber de hacer lo que no se puede, así que lo que se debe hacer de suyo exige que sea posible, aunque Daniel Kahneman observara: «A veces ocurre lo imposible y a veces no ocurre lo inevitable». (En Conflict resolution: A cognitive perspective, 1995. Conocí la frase por envío de un libro más que interesante—Expert Political Judgment, de Philip E. Tetlock—, que debo a Leonardo Durán). Y como no hay una respuesta fácil y única a esto tendré que escribir bastante, así que manejaré el asunto por entregas; esta primera tiene carácter introductorio.
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Primero que nada, debemos estar claros acerca de la naturaleza del problema.
Hace años que saber esto se ha entendido como la elección de una etiqueta; graves voces hemos escuchado sostener que si no comprendemos que vivimos en dictadura—que, para peor, sería una dictadura comunista—no seremos capaces de superar la situación actual en Venezuela. Pero, por un lado, dictadura comunista fue la que viviera Rusia bajo la dominación soviética, o la de Cuba, o la coreana norteña, o la china establecida por Mao Tse-tung (o Zedong), y de ellas las tres últimas subsisten, aunque los chinos han declarado en el 18º Congreso de su Partido Comunista (Plan 383, noviembre de 2013) que se proponen «fortalecer los cimientos de una economía basada en el mercado por medio de la redefinición del rol del gobierno; reformar y reestructurar las empresas del Estado y los bancos del sector público; desarrollar el sector privado; promover la competencia; y profundizar las reformas en cuanto a los factores tierra, trabajo y mercados financieros”. Por su parte, los cubanos han iniciado una morosa apertura de su economía en la misma dirección, proceso que será acelerado por el restablecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.

Dictador comunista (desconfíe de imitaciones)
Pronto será sólo en Corea del Norte, por tanto, que se viva bajo una dictadura comunista. Técnicamente no lo es, sin embargo, porque la propiedad estatal de los medios de producción es el rasgo definitorio del socialismo—DRAE: Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes—; según Carlos Marx, la fase comunista es ulterior: la propiedad sería común, es decir, habría desaparecido la propiedad privada que sería el asiento de la lucha de clases y por ende el Estado mismo se haría innecesario y también desaparecería. Dicho de otro modo, en ningún momento de la historia se ha visto un solo caso de sociedad comunista como los comunistas la entienden; lo que ha existido son dictaduras administradas por partidos que se llaman comunistas.
El mismo tipo de error terminológico se produce al asegurar que los países escandinavos son socialistas; en realidad se trata de naciones con economías de mercado que «socializan » algunas cosas, como el sistema de salud en Inglaterra, la cuna de la Revolución Industrial, claramente «capitalista». España no se convirtió en un «país socialista» porque Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero fuesen dirigentes del Partido Socialista Obrero Español.
Si, por otra parte, viviéramos bajo una dictadura común y corriente como, digamos, la de Pérez Jiménez o la de Pinochet, las columnas semanales de Laureano Márquez serían imposibles. Es solamente vistosa la explicación de la prisión de Leopoldo López sobre la noción de que está en la cárcel «por pensar distinto»; tal eslogan deja de explicar por qué están libres, entonces, tantas personas que piensan distinto de Nicolás Maduro, el suscrito incluido. Naturalmente, el país ha visto en los últimos años un agresivo ventajismo del gobierno en contra de más de un medio de comunicación en manos opositoras, y la represión física en contra de más de un comunicador; pero en una dictadura seria no se permitiría que Alberto Franceschi abriera la boca. (Por supuesto, Iósif Stalin no lo habría tolerado).
Propongo, pensando en quienes no pueden dormir si carecen de etiquetas con las que caracterizar al régimen venezolano, que hablemos, en el peor de los casos, de una subdictadura, en el mismo sentido en que un médico diagnostica casos de tiroiditis subaguda. Al cabo de año y medio de dictadura castrista, no había una empresa privada en Cuba, y centenares de pobladores habían sido detenidos, torturados y fusilados en paredones, y claramente no es esto el caso venezolano. La dictadura estalinista tuvo en su haber nueve millones de muertos; ella, con propiedad, fue una dictadura «comunista», no lo que aquí sufrimos.
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Una exageración análoga es la calificación del actual estado de cosas en nuestro país como «crisis humanitaria». El 20 de mayo de este año, Ma. Corina Machado enviaba una carta «con carácter de urgencia» a la Mesa de la Unidad Democrática, para que ésta se pronunciara perentoriamente sobre «presuntos crímenes de enorme gravedad, que involucran a individuos que ostentan los más altos cargos en el Gobierno y en las Fuerzas Armadas. Todo lo cual, de ser ciertas las denuncias, significaría que estamos ante la presencia de un narco Estado». (Otra etiqueta). Entonces observó este blog (en Ma. Corina y Shakespeare):
La Sra. Machado hace gala de retórica hiperbólica en la misiva, al certificar en nuestro país una “crisis humanitaria”. El 11 de febrero sólo se atrevía a sugerir su inminencia, en el comunicado que firmó junto con Antonio Ledezma y Leopoldo López: “La precariedad y las tensiones que resultan de esta crisis y la insistencia del régimen en ‘profundizar’ el modelo que la genera, pueden llevarnos en muy corto plazo a una emergencia humanitaria”. (Llamado a los venezolanos a un acuerdo nacional para la transición). Crisis humanitaria, por Dios, fue la que vivió Haití a partir del poderoso terremoto de 2010, seguido por una epidemia de cólera, para un total de 300.000 muertos, otros tantos heridos y un millón de personas sin hogar. Quizás pueda llamarse crisis humanitaria la epidemia del virus de Ébola para Guinea, Liberia y Sierra Leone en 2014, a la que la Organización Mundial de la Salud le atribuye 11.135 muertes y un total de 26.969 casos probables hasta el 17 de este mes.
La utilidad de etiquetar al régimen no pasa de proveer—a los héroes y heroínas de Facebook, Twitter y llamadas telefónicas a ciertos programas de radio—una fórmula simple y autosuficiente para denostarlo. Pero no sirvió de nada a los rusos, checos, húngaros, polacos, albanos, búlgaros, rumanos y alemanes orientales tomar conciencia de que vivían bajo dictaduras «comunistas». Bautizar un problema no es lo mismo que resolverlo, y partir de premisas incorrectas o falsas es garantía de que las estrategias que se fabriquen a partir de ellas serán ineficaces. (Si Eisenhower hubiera ordenado a Patton tomar Berlín y le hubiera provisto de mapas donde la capital alemana se mostrara al este de Moscú…)
Que tal es el caso de la estrategia reiterada de la oposición venezolana es indiscutible. Para empezar, su «falla de origen es, justamente, entenderse como oposición, como algo que está definido en función de un tercer ente externo a ella. Si ese ente deja de existir ¿qué la justificaría?» (La Razón como anfitrión). Henry Ramos Allup declaraba el 9 de marzo de 2011 a Ciudad Ccs: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”. Los propósitos, naturalmente, son los de salir del chavismo, y el medio para obtenerlos la descalificación ritual. La única estrategia opositora ha sido la de acusar al régimen todos los días, nunca refutar su discurso, que siempre ha sido la tarea necesaria. En abril de 2005 dijo Hugo Chávez ante unos empresarios: «Ser rico es malo, es inhumano». Diez años después, no ha aparecido el dirigente opositor que pudiera refutar esa paráfrasis de Pierre Joseph Proudhon: «La propiedad es un robo».
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Reiteración en 2007 ante Seguros Nuevo Mundo
¿Significa lo que antecede que valoro al régimen chavista-madurista como algo de escasa gravedad? En absoluto; ya en febrero de 2003 lo había llamado chavoma, para enfatizar su carácter pernicioso e invasivo, y reiteraba un tratamiento radical para su extirpación—propuesto el año anterior y desatendido por la dirigencia opositora de la época—que se fundaba en la actuación especial del Poder Constituyente Originario (Memoria Clínica: Tratamiento de abolición). Pero el chavoma es sólo el aspecto más agudo de la enfermedad política venezolana, una manifestación superpuesta y derivada del crónico cuadro de insuficiencia política—la incapacidad de las instituciones políticas para resolver los problemas públicos de importancia—que tiene su origen en la obsolescencia, por esclerosis, de los marcos mentales de los actores convencionales. Ellos son, fundamentalmente, la idea de que la política es una lucha por el poder justificada sobre una ideología particular, noción que es compartida por los actores políticos en todo el mundo, lo que explica por qué la política misma es lo que está en crisis en todas partes. (Ver Habas en proceso de cocción).
La muy mediocre y nociva «revolución bolivariana» para lo que ha servido es para disimular la muy mediocre y no tan nociva política de sus opositores profesionales, la Coordinadora Democrática y su hija única: la Mesa de la Unidad Democrática. (Ver La torta). Fue, además, la inocultable decadencia de la política que hacían nuestros partidos tradicionales—AD, COPEI, MAS, La Causa R y otros menos importantes—lo que permitió la llegada de Chávez al poder, un candidato que doce meses antes de las elecciones de 1998 no superaba 7% de intención de voto a su favor. Todavía a estas alturas esos actores y los más nuevos—Primero Justicia se presentaba a su fundación como una organización que reemplazaría la «política vieja»— se bastan con el hecho evidente de la nocividad del chavismo-madurismo:
La ritual execración de la figura presidencial proporciona al opositor adicto un progreso indirecto en la imagen ética que tiene de sí mismo. En efecto, mientras puedo hablar peor del Presidente, mientras más malvado lo encuentro, yo soy por implicación una mejor persona. Como no soy como él—¡Dios me libre!—entonces soy bueno. Mi bondad progresa relativamente, sin que yo haga mérito independiente, porque su maldad crece todos los días. Así obtengo satisfacción moral». (Enfermo típico).
Pero la negatividad del adversario no me legitima, la maldad de Hitler no me convierte en santo. LEA
(Continuará)
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 8, 2015 | Dr. Político en RCR, Política |

Una película imperdible
Tres años de actividad semanal marcan la emisión #156 de Dr. Político en RCR, que contó con el aporte del Dr. Gonzalo Pérez Petersen, voz autorizada en temas de conducta social. Él trajo a consideración tres posibles respuestas a situaciones estresantes: la huida, la parálisis, la pelea (que puede ser constructivamente una acción realista y eficaz). La ocasión fue algo accidentada, al superponerse en los minutos iniciales una de las acostumbradas cadenas oficiales de radio y televisión y sufir después algún inconveniente técnico adicional. Je vais t’aimer, una canción de Michel Sardou que es parte de la banda sonora de La familia Bélier, un filme aleccionador, y luego el tema de una escena del ballet La amapola roja, de Reinhold Glière, sonaron en esta transmisión aniversaria, cuyo archivo de audio se coloca a continuación:
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ago 4, 2015 | Argumentos, Política |

Se dijo que esto ocurriría
Uno debe tener sentido común (…) nada es permanente, nada perdura. He llegado a la conclusión de que este lugar es manejado por un loco. Un loco, déjame decirte, puede ser muy lógico. Si eres rico y lógico, y también loco, por muy largo tiempo puedes tener éxito en vivir tu ilusión. Pero al final—se encogió de hombros—, al final esto se desintegrará. Porque, ve, ¡lo que ocurre aquí no es razonable! Al final, lo que no es razonable debe siempre pagar sus cuentas.
Agatha Christie – Destino desconocido
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Un estado loco 1. tiene objetivos muy agresivos en contra de otros; 2. mantiene un profundo e intenso compromiso con esos objetivos (dispuesto a pagar un alto precio por su logro y a correr grandes riesgos); 3. está imbuido de un sentido de superioridad frente a la moralidad convencional y las reglas habitualmente aceptadas de la conducta internacional (dispuesto a la inmoralidad e ilegalidad en términos convencionales en nombre de “valores superiores”); 4. exhibe un comportamiento lógicamente consistente dentro de tales paradigmas; 5. lleva a cabo acciones externas que impactan la realidad (incluyendo el uso de símbolos y amenazas).
Yehezkel Dror – Estados locos
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El profético y desatendido estudio de Yehezkel Dror—Crazy States: A Counterconventional Strategic Problem—fue publicado en 1971, veintiún años antes del fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 en Venezuela; la novela atípica de Agatha Christie—Destination Unknown—, política antes que policial, es de 1954, el año en el que Hugo Chávez Frías viniera al mundo. Ambos se aplican a nuestro proceso político.
Dror ofreció su estudio, elaborado desde su ocupación como Investigador Senior en la Corporación RAND, el más grande think tank del planeta, en respuesta a una asignación: debía presentar su propia versión acerca de una «amenaza inusual» (uncommon threat). Veinte años más tarde, Daniella Ashkenazy lo entrevistaría—hacen hoy exactamente veinticuatro y un día—para The Jerusalem Post:
El libro fue publicado antes de que el líder libio Muammar Gaddafi comenzara a enviar sub-ametralladoras por valija diplomática, y en un momento en el que muchos en el mundo jamás habían oído de un ayatollah. También eran desconocidos líderes tan infames como Pol Pot y Saddam Hussein. Crazy States fue escrito en una era antes de que terroristas y movimientos separatistas y de liberación comenzaran a volar aviones y autobuses, secuestrar civiles y políticos y asesinar atletas olímpicos. Dror puso gran energía en probar que su visión del futuro habitaba el reino de lo probable. Crazy States dibujó el mapa de una visión que los humanistas encontraron difícil de aceptar. La prestigiosa American Political Science Review observó: «Brillante pensamiento… pero ¿cómo se puede ser tan fantástico y estar tan distanciado de la realidad?» En retrospectiva, aunque Dror pudo reír de último, su risa era hueca: «Tengo sentimientos encontrados por haber tenido razón, a la vez satisfacción y pesar», me dijo: «satisfacción intelectual; pesar en tanto ser humano».
En verdad, no hay diversión en ver cómo se desenvuelve un resultado negativo que haya sido suficientemente advertido y con bastante antelación. Cinco días antes del 7 de diciembre de 1998, la fecha de la primera elección de Hugo Chávez, el ingeniero petrolero Marco Antonio Suárez escribía a sus amigos: «Porque una vez electo, no son cinco, ni diez, son veinte años antes de que volvamos a ver luz. Y mientras tanto una nueva generación podrá educarse para que estos resbalones históricos no vuelvan a suceder. Para que la retórica superficial y sabanera no vuelva a ser protagonista. Para que los adornos baratos del lenguaje no sustituyan la discusión seria. Por lo pronto, Chávez habemus, con todo y verruga. Es nuestra manera particular de recibir el siglo XXI. Por ahora». He aquí predicciones más anticipadas:
Por otra vía, los golpistas podrían buscar apoyo, ya no en los sectores económicos, sino en los estratos de más bajos ingresos, planteando una orientación populista nutrida ideológicamente de fórmulas de izquierda, esto es, con dosis variables de marxismo. (…) En cambio, de ganar las elecciones de 1988 uno de los candidatos tradicionales (…) el próximo gobierno sería (…) ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991, o aun antes, sería considerable. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987. El MBR 200 se planteó dar el golpe el 16 de diciembre de 1991, para amanecer en Miraflores en un nuevo aniversario de la muerte de Simón Bolívar).
Alexis de Tocqueville consideraba que el «verdadero arte del Estado» consistía en “una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro”. Pero Agatha Christie no podía saber, cuando escribía su thriller, que en ese tiempo alguien nacía en Sabaneta para establecer cuarenta y cinco años después un «estado loco» en Venezuela, un régimen nada razonable que tendrá que pagar sus cuentas.
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Nadie sabe cuál forma adoptará el desenlace, pero todos lo presentimos. Los médicos conocen una condición clínica a la que llaman «hemorragia (o sangrado) en capas», que se presenta sin aviso en pacientes con lesiones abdominales; saben con seguridad que ocurrirán nuevos sangramientos, aunque ignoran cuándo y dónde. Todavía sufrirá más el pueblo venezolano antes de que lo razonable se establezca. LEA
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