¡Sorpresa!*

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Es posible darle una sorpresa a la historia

 

outsider. One who is excluded from or does not belong to a group, association, or set.

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¿Es posible que el barril de petróleo se coloque en veinticinco dólares en menos de un mes? ¿Es posible que el precio del petróleo descienda a diez dólares por barril? ¿Es posible una guerra entre Venezuela y Colombia? ¿Es posible un golpe de Estado en Venezuela? ¿Es posible una guerra mundial? ¿Es posible un material superconductor económico a temperatura ambiente? ¿Es posible un ataque terrorista al Metro de Caracas o a las líneas de transmisión del Complejo del Guri? ¿Es posible ganarse el Kino? ¿Es posible que el próximo Presidente de Venezuela no sea miembro del Partido Socialista Unido de Venezuela o la Mesa de la Uidad Democrátiva?

La insólita condición del ambiente del tomador de decisiones de hoy día ha generado variadas imágenes más o menos descriptivas. Así, por ejemplo, podemos hablar de “turbulencia” para referirse a los tiempos actuales; hay analistas que declaran hallarse perplejos en materia de posibilidades de predicción y ad­miten con reiteración que “todo es posible”. Yehezkel Dror lo pone en los siguientes términos: “La sorpresa se ha hecho endémica”. Sus esquemas analíticos, tal como han sido desarrollados por él en varias instancias, siendo las principales su artículo Policy-gambling: A preliminary exploration y su conferencia How to spring surprises on history, pueden sernos de utilidad.

En primer término, es conveniente caracterizar la incertidumbre que confrontamos. ¿Qué tipo de incertidumbre es?

La incertidumbre puede ser llamada incertidumbre cuantitativa cuando lo que ignoramos no es el tipo de eventos de posible ocurrencia, sino la probabilidad de que cada tipo ocurra. Esta clase de incertidumbre no es la más grave, aunque en algunos casos especiales puede llegar a ser muy molesta. Más profunda es una incertidumbre cualitativa, cuando es la forma misma de los eventos futuros lo que nos es desconocido.

Si se trata de una incertidumbre del tipo cuantitativo, y una sor­presa política en Venezuela sería en parte de este tipo, entonces hay ante ella dos cursos de acción disponibles. El primero consiste en tratar de reducir la incertidumbre, fundamentalmente por la obtención de más y mejor informa­ción. (Por ejemplo, las encuestas de opinión que sean confiables, la información de primera mano respecto de los entretelones palaciegos, son información que puede reducir este pro­blema).

Sorpresa: ocurrencia de un hecho improbable

Sorpresa: ocurrencia de un hecho improbable

Así, la labor de inteligencia—en el sentido en el que este término se emplea en la expresión “inteligencia militar”—es el primer camino. Ahora bien, nos encontramos ante una situación en la que aun la mejor inteligencia nos dejará con una incertidumbre residual, irreductible, y por tanto será necesario adoptar un expediente adicional al de los esfuerzos por reducirla. Este segundo camino es el de estructurar la incertidumbre residual, para tener al menos la oportunidad de comprenderla mejor.

Pero además está presente en la consideración de una sorpresa política en Venezuela la segunda y más insidiosa forma de incertidumbre: la in­certidumbre cualitativa. Es decir, es posible afirmar la posibilidad de ocu­rrencia de eventos políticos que ni siquiera podemos describir en términos cualitativos.

Dror ha enumerado los rasgos de un modelo de confección de políti­cas (policymaking) en las condiciones actuales al que ha llamado el “modelo de apuesta difusa”: “Una buena imagen para considerar la confec­ción de políticas como apuesta difusa es la de un casino inestable, donde la opción de no jugar es en sí misma un juego con altas probabilidades en contra del jugador; donde las reglas del juego, las proporciones necesarias de suerte y habilidad y los premios, cambian en forma impredecible durante la apuesta misma; donde formas impredecibles de «cartas locas» (tales como un ataque terrorista o la distribución de diamantes por millonarios pródigos) pueden aparecer súbitamente; y donde la salud y la vida de uno mismo y la de sus seres amados puede estar en juego, algunas veces sin uno saberlo”.

El modelo extremo de apuesta difusa involucra situaciones en las que la dinámica que da origen a los resultados de una decisión es desconocida y toma la forma de indeterminación, discontinuidad y saltos. Algunas de las consecuencias de este estado de cosas son las siguientes:

1. Los resultados no pueden ser predichos ni en términos de posibilidades definidas ni en términos de riesgo, en el sentido técnico de distribuciones de probabilidad.

2. La adjudicación de probabilidades subjetivas es un acto que puede ser calificado de ilusorio.

3. La no-decisión, o las decisiones incrementales (modificación de las cosas “poquito a poco”), constituyen estrategias fútiles como modo de contener la incertidumbre, dado que la repetición del mismo acto o la misma política puede dar origen a resultados radicalmente diferentes en cada ocasión.

4. Los valores, y las metas mismas, pierden su constancia en la toma de decisiones, entre otras cosas a causa de cambios impredecibles en los contextos que establecen las prioridades.

5. Una mejor inteligencia, en el mejor de los casos, no puede hacer otra cosa que hacer más explícita la ignorancia.

6. Se está en presencia de una alta probabilidad objetiva de que eventos de baja probabilidad ocurran frecuentemente. En términos subjetivos, domina la sorpresa.

Estos son los rasgos de un caso extremo y abstracto de “apuesta di­fusa” que, no obstante, puede ser más pedagógico a la hora de comprender el tipo de situación que confrontamos. Un modelo más cercano a la realidad modera la gravedad de esos rasgos y puede ser descrito, a su vez, en los siguientes términos:

1. Una cierta proporción de los resultados podrá ser prevista en términos de —estimación cuantitativa—y en términos de posibilidades: estimación cualitativa. La proporción restante adoptará la forma de configu­raciones impredecibles, con discontinuidades y saltos.

2. En una cierta proporción, las situaciones podrán ser diagnos­ticadas como tendiendo más hacia la discontinuidad o como tendiendo más hacia la continuidad. En una cierta proporción la ignorancia domina, sin que exista la posibilidad de evaluar de antemano las situaciones como con­du­centes a la continuidad o a la ruptura.

3. La utilidad del empleo de probabilidades establecidas subje­tivamente, y la del análisis de decisiones que se base en ellas, la constancia de valores y metas, la capacidad de la inteligencia para contener y reducir la ignorancia, etcétera, dependerán de una mezcla de incertidumbre e igno­rancia.

4. Eventos considerados como de baja probabilidad ocurren con frecuencia variable y la sorpresa llega a ser endémica.

Matriz de preparación

Matriz de preparación

Puede ser que esta última enumeración no parezca mejorar las cosas demasiado. Sin embargo, permite una aproximación más constructiva al asunto. Por ejemplo, será posible, al menos para el tratamiento de una parte de los posibles eventos políticos o la preadaptación a ellos, una clasificación de los mismos en cuatro categorías a considerar, según sea su proba­bilidad de ocurrencia y el grado de impacto que tendrían: 1. Eventos de alta probabilidad y alto impacto, para los que sería una locura no prepararse. 2. Eventos de alta probabilidad y bajo impacto, para los que no se requiere demasiada prevención, dado que modificarían poco el statu quo. 3. Eventos de baja probabilidad y bajo impacto, los que pueden ser más o menos desatendidos. 4. Eventos de baja probabilidad y alto impacto, para los que es aconsejable, al menos, tener previsto un plan contingente, ya que de ocurrir aquéllos las cosas cambiarían significativamente. (Estos pueden ser, entre otros, la posibilidad de un verdadero outsider como Presidente o la posibilidad de un golpe de Estado militar).

Es importante advertir que en materia de la clasificación anterior no se califica los impactos en términos de bondad o maldad—un alto impacto puede ser positivo o puede ser negativo—; tan sólo se afirma que de esas cuatro posibilidades únicamente la última introduciría cambios más marcados respecto del estilo y orientación general de la actual administración en el país, pero puede haber outsiders positivos y negativos.

Desde el punto de vista de las posibilidades que provee una situación turbulenta, es necesario advertir que aumentan las probabilidades de éxito de aventuras que intencionalmente busquen cristalizar a su favor las múlti­ples tensiones existentes, siempre y cuando sean bien ejecutadas y den realmente salida a tales tensiones. En Road maps to the future (1980), Bohdan Hawrylyshyn dice lo siguiente: “En química, puede uno disolver más y más sólidos en una mezcla hasta que se alcanza el estado de saturación. Un solo cristal adicional puede entonces precipitar a todos los sólidos fuera de la solución. La historia reciente muestra que los eventos pueden ser precipi­tados en una forma análoga en sociedades en las que se acumulan demasiadas tensiones. Lo que se requiere entonces es sólo un catalizador. En Portugal puede haber sido un libro publicado por un general. En Irán, que también tenía un ejército fuerte y una implacable organización de seguridad interna, fue la voz de Khomeini, oída directamente (como del cielo) en cas­settes de audio. En Polonia, el Papa, durante su reciente visita, pudo haber desencadenado casi cualquier conjunto de eventos según su escogencia».

Yehezkel Dror emplea, junto con un análisis riguroso, varias sugesti­vas imágenes para el enfoque del tema en Cómo sorprender a la Historia (How to spring surprises on history). Por ejemplo, nos recuerda a Maquiavelo, para “considerar la posibilidad de convergencia entre oportuni­dades históricas raras (ocassione) que provee la historia (fortuna) y que pueden ser utilizadas por gobernantes que tengan las raras cualidades ne­cesarías (virtu)”. En la segunda parte de su más reciente libro—Avant-Garde Politician: Leaders for a New Epoch (2014)—, Dror enumera esas cualidades; Michael Marien las resume en su reseña de la muy importante obra: Part Two.

Pudiéramos acordar que la situación actual de la política venezo­lana corresponde a la situación de saturación descrita anteriormente en los términos de Hawrylyshyn. Por esta razón pudiéramos pensar que ninguno de los nombres más presentes en la escena política nacional tiene la potencialidad de ser el “catalizador” que cristalice o, mejor aún, canalice a su favor las tensiones. La gran mayoría de ellos ha tenido ya exposición pública suficiente, por lo que, si hubiera sido percibido alguno como el líder buscado, hace tiempo ya que se hubiera producido la estampida y hace tiempo ya que esto se hubiera manifestado en los registros de opinión pública.

Trabajo en equipo

Trabajo en equipo

Dror ofrece la tesis de que en el mundo contemporáneo la probabili­dad de discontinuidades está aumentando, lo que provee “situaciones en las que es posible estimular o hacer surgir algunas discontinuidades me­diante la intervención consciente». Variables exógenas de importancia (esto es, no controladas desde dentro de un sistema político en particular, por ejemplo, el precio del petróleo) así como tendencias de creciente aproximación a soluciones de crisis, son los tipos principales de factores que hacen aumentar las ocurrencias sorpresi­vas. A su juicio, tres situaciones principales pueden justificar o motivar los intentos conscientes de provocar mutaciones políticas: “a. Si las tendencias actuales son vistas como crecientemente negativas y cada vez más peligro­sas para los valores aceptados. b. Si se ha dado un salto en los valores que lleva consigo un imperativo categórico de tratar de cambiar la realidad, aun cuando ésta sea satisfactoria para los valores previos. c. Si la realidad se percibe en cualquier caso como turbulenta y mudable, requiriendo respues­tas bajo la forma de saltos en políticas como el único modo de tener, tal vez, feedback positivo. (Bien sea para evitar cambios negativos o para apro­vecharse de oportunidades positivas)”.

Es también útil tomar en cuenta los pocos comentarios tentativos que puede Dror ofrecer—él mismo reconoce que en este terreno se mueve en te­rra incognita—ante el problema operativo: cómo se planifica mejor una sor­presa a la historia. Sobre esto dice textualmente:

La selección y el éxito de intentos por mutar tendencias de­pende del macroanálisis de situaciones socio-políticas y político-estratégi­cas y su evolución. Algunas veces un individuo se muestra capaz de asir tales Gestalten. Pero, para hacerlo sistemáticamente, son necesarias uni­dades especiales compactas, altamente calificadas e interdisciplinarias. Los equipos de análisis político y de inteligencia del tipo convencional son in­capaces de hacer el trabajo.

Es posible definir situaciones en las que se justifiquen inten­tos de ir más allá del incrementalismo y de sorprender a la historia. Tendencias al deterioro que constituyan amenazas cada vez más serias; ideologías y aspiraciones que no tengan chance sin rupturas radicales de la continuidad; turbulencia histórica que o se vuelve demasiado riesgosa o provee oportunidades que no volverán; todo esto, como ya ha sido mencio­nado, son condiciones que pueden ser analíticamente diagnosticadas y que justifican políticas de shock.

Puede ser posible a veces el diseño de una política de shock como política dominante, la que en el mejor de los casos logra desplaza­mientos muy deseables en los eventos y que en el peor de los casos no in­volucra costos serios. En otras situaciones puede ser posible reducir los riesgos de fracaso o sus costos, mediante un sondeo y aprendizaje prelimi­nares, construyendo sobre la base de la reversibilidad o por varias estrate­gias de «compensación de apuestas». (Hedging). En vista de la incertidumbre de la postdiscontinuidad, las políticas de cambio radical usualmente confrontan riesgos irreductibles e indefinibles. Por tanto, a pesar de las posibilidades arriba mencionadas, tales políticas son intelectual y emocionalmente «apuestas difusas». Todas las metodolo­gías de confrontación de incertidumbre son útiles, pero de utilidad limitada.

Justo enfrente

Hay quienes pueden organizar la sorpresa

La prudencia (que es un juicio de valor en «loterías») requiere por tanto de un «análisis del peor caso», en el que lo pésimo de la conti­nuación de tendencias o de la no intervención en la turbulencia ambiental se compara con lo pésimo de los intentos de causar discontinuidad. La comparación de lo pésimo de la no intervención con lo óptimo de la inter­vención es un enfoque muy riesgoso que no puede ser recomendado. (Aunque, inherentemente, esto es un asunto de juicios de valor sobre las actitudes ante el riesgo). Por el otro lado, la comparación de lo óptimo de la no intervención contra lo pésimo de la no intervención tampoco puede ser recomendada, por más que esto sea una difundida postura intelectual del incrementalismo y del conservatismo”.

Por último, consideremos esta opinión de Dror sobre una de las condi­ciones esenciales a la mutación histórica:

“Un empresariado político («policy entrepreneurship») es un requisito para darle sorpresas a la histo­ria. Implica la existencia de políticos singulares que sean innovadores, anulen el conservatismo y quizás sean más aventureros, aceptadores de riesgo y propensos a apostar».

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*Adaptado de Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987. Esta entrada puede complementarse con la lectura de Los nuevos adivinosLEA

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¿Han muerto los DDHH en Venezuela?

En RCR los sábados a mediodía

En RCR los sábados a mediodía

El revuelo suscitado por la publicación en Gaceta Oficial de normas para el control de manifestaciones ciudadanas por la Fuerza Armada Nacional fue el tema de la edición de hoy de Dr. Político en RCR. Se dio lectura a la nueva normativa y artículos pertinentes de la Constitución, así como se tomó en cuenta opiniones expertas, como la de la abogada Rocío San Miguel, ducha en cuestiones militares. En ningún caso las normas promulgadas significan «la muerte de los Derechos Humanos» en Venezuela, ni la instauración en el país de la pena de muerte. Alfonso Ortiz Tirado nos cantó Fúlgida luna (atribuida a Vicente Emilio Sojo) y el último segmento se inició con el poderoso comienzo (Maestoso) del primer concierto para piano y orquesta de Johannes Brahms. Acá está el audio de la transmisión que cerró el primer mes de 2015.

LEA

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Historia complementaria

 

La MUD hace cinco años y pico

La MUD hace cinco años y pico

Lo que sigue es el texto de una sección—La hija de la Coordinadora—del capítulo VIII (La enfermedad de la victoria) de Las élites culposas, y detalla la cacofónica incompetencia de la Mesa de la Unidad Democrática, tal como se manifestaba en 2009. Sirve de complemento a parte de lo expuesto en Dieciséis años de incompetencia.

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Quien escribe ignora cómo transcurrieron los procesos de deliberación estratégica en el seno de la MUD en 2009 pero, a juzgar por sus resultados, el método empleado en aquéllos debía ser errático, superficial y apresurado. La serenidad parecía estar ausente de esa deliberación, así como la unidad de criterio. En respuesta a la angustia ciudadana causada por la anunciada aprobación de la Ley Orgánica de Educación—13 de agosto de 2009—, líderes de distintos partidos pertenecientes a la Mesa saltaron ante la opinión pública con urgentes anuncios a nombre de “la oposición”, sólo para contradecirse en pocas horas.

El diario El Universal reseñaba, por ejemplo, el 14 de agosto: “El diputado del partido Podemos, Ismael García, anunció que a partir de este momento se declaran en rebeldía y desacato contra el instrumento legal, que calificó de absurdo… Indicó que acudirán al Consejo Nacional Electoral para solicitar un referéndum abrogatorio”.

La misma nota, de Yaneth Fernández y Alicia De La Rosa, recogía la posición de Antonio Ledezma: “Declaramos a todos los sectores democráticos en Venezuela, a los partidos políticos, a los sectores estudiantiles, a los educadores de universidades, liceos y escuelas, a los padres y representantes, a los transportistas, a los comerciantes de los pueblos del país, a los congresantes, a los legisladores, nos declaramos a partir de este momento en lucha permanente en defensa de la Constitución y la democracia venezolana”. De seguidas recomendaba esta novísima táctica: “Convocamos a Venezuela a activarnos esta noche haciendo sonar un gran cacerolazo en rechazo a la Ley inconstitucional. Esta noche a las ocho comenzará el corneteo en calles, autopistas de toda Venezuela y que se hagan escuchar en barrios y urbanizaciones las cacerolas”. No hubo reportes posteriores de cacerolas batientes dignas de reseñar.

Al domingo siguiente el mismo diario titulaba: “Oposición acuerda apoyar referendo abrogatorio contra Ley de Educación”. Daba cuenta de una reunión en la que el alcalde Ocariz había servido de anfitrión: “Alcaldes de oposición del Área Metropolitana, acordaron con la gobernación de Miranda, la Alcaldía Metropolitana, padres, representantes y docentes en contra de la Ley Orgánica de Educación, organizar la convocatoria a un referendo para eliminar este instrumento jurídico”. El primer orador del acto fue Juan José Molina, diputado por Podemos, quien dijo: “… queda el camino de la democracia y solicitar un referendo abrogatorio para seguir viviendo en la democracia que todos estamos acostumbrados”. También hablaron Gerardo Blyde—ex Primero Justicia, también pasado a Un Nuevo Tiempo—, Antonio Ledezma (Alianza Bravo Pueblo) y Carlos Ocariz (Primero Justicia), quien “se comprometió a apoyar a la sociedad civil en la recolección de firmas para el abrogatorio”. Ledezma, dice el periódico, “insistió en la necesidad de hacer un referendo abrogatorio que derogue la Ley Orgánica de Educación ya firmada este sábado por el presidente de la República Hugo Chávez Frías”. Blyde afirmó: “Hay que borrar [la LOE] del mapa jurídico venezolano y para eso es el abrogatorio”. Cerró el acto el Gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, quien contribuyó anunciando la creación del Comando Moral y Luces—siguiendo la pauta de Chávez, que todo lo relaciona con Bolívar—, cuya misión sería la de “solicitar formalmente” a las autoridades del Consejo Nacional Electoral activar un referéndum para “que sea el mismo pueblo venezolano el que apruebe o no la Ley de Educación”.

Esta fase del proceso merece tres comentarios. Primero, la iniciativa popular no solicita; manda, a pesar de la redacción constitucional. Segundo, éste no es asunto en el que debieron involucrarse de manera tan protagónica alcaldes y gobernadores electos, cuya exclusiva función era la de rendir un servicio público en sus respectivas circunscripciones; no podía servir de excusa que Hugo Chávez excediera su función presidencial al actuar como líder del PSUV y meterse en cosas que no le incumbían—fue costumbre sana, ya olvidada, de nuestra democracia liberar de disciplina partidista al Presidente de la República—, y si los partidos mencionados querían estar en aquel acto, sus voceros han debido ser Omar Barboza, Oscar Pérez o Richard Blanco y Julio Borges. Tercero, ya yo había alertado[1] que el camino abrogatorio sería impedido irremisiblemente, sobre la disposición del último párrafo del Artículo 74 de la Constitución: “No podrán ser sometidas a referendo abrogatorio las leyes… que protejan, garanticen o desarrollen los derechos humanos…”

No era difícil anticipar que el TSJ, cuya Sala Constitucional mutila la Constitución Nacional sin espabilar, declararía que la LOE era, justamente, un “desarrollo” del derecho a la educación, que es un derecho humano. Le bastaría apuntar a la primera cláusula del Artículo 103 de la Constitución Nacional: “Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones”. En consecuencia, un esfuerzo opositor por abrogar la nueva Ley Orgánica de Educación sería, irremisiblemente, trabajo perdido. Se trataba de un espejismo.

Debe reconocerse, por supuesto, que Acción Democrática no participó de tal sarao de apresuradas opiniones, y que Un Nuevo Tiempo anunció poco después su posición oficial de rechazo a la idea del referéndum abrogatorio. Pero no fue sino hasta el miércoles 19 de agosto cuando El Universal reportara:

La determinación de la Mesa de la Unidad contra un abrogatorio se tomó en una reunión plenaria la noche del lunes—según algunas fuentes, a instancias del MAS—en el entendido de que el anuncio de García no contaba con el consenso pleno, existiendo incluso dentro de la cúpula de los partidos posiciones divergentes. Éste fue el caso de Primero Justicia, pues Julio Borges dejó claro que el apoyo expresado a la consulta electoral por el gobernador de Miranda, Henrique Capriles, durante el acto del domingo en La Urbina, no contaba con el respaldo de la dirección nacional, confió uno de los asistentes al pleno… El secretario general de COPEI, Luis Carlos Solórzano, sí estima procedente impulsar un referendo contra la LOE, pero ninguno de los directivos de ese partido asistió a la reunión del lunes. Asimismo, las versiones coinciden en que en el debate, tanto Acción Democrática como La Causa R presentaron posiciones institucionales firmes desde el principio en contra de esa posibilidad… En cuanto al MAS, la posición inicial favorable expresada de manera pública por sus dos coordinadores nacionales, José Antonio España y Nicolás Sosa, debió ser reconsiderada tras la demanda del resto de los miembros de la dirección naranja por una posición colegiada.

También anotó el diario: “…otro dirigente, molesto por las marchas y contramarchas estratégicas de la alianza de oposición, estuvo en desacuerdo con responsabilizar a García exclusivamente y puso de bulto la concatenación de sucesos, pues tras la rueda de prensa del viernes—recalcó—se realizó el acto de calle en Chacaíto y el pronunciamiento de los alcaldes del Área Metropolitana de Caracas y del gobernador de Miranda a favor del abrogatorio, de modo que, a su juicio, hay una responsabilidad compartida en el apresuramiento del anuncio y el costo político que deberán pagar ahora una vez reconsiderada la decisión”.

Una vez muerta la peregrina noción abrogatoria, sin embargo, parecía que la Mesa de la Unidad buscaba una ganga: la décima parte de las firmas requeridas para forzar una consulta de abrogación. El lunes 24 de agosto continuó informando Carolina Contreras en El Universal: “Henrique Capriles Radonski, Gobernador de Miranda, acudió en representación de la Mesa de Unidad al Consejo Nacional Electoral (CNE) para solicitar un mecanismo que permita la reforma de la Ley Orgánica de Educación (LOE) vía iniciativa popular”. Y citó al mandatario mirandino, quien habría dicho: “Ya que se negó el referendo abrogatorio (…) el artículo 204 de la Constitución, 205 de la Constitución establece claramente de un 0.10% de los electores inscritos en el CNE pueden solicitar la reforma de una ley. Es decir que el Consejo Nacional Electoral tendría que fijar el mecanismo para que nosotros podamos a buscar la voluntad de ese 0.10% de electores”. (Sic, sic, sic).

Bueno, en primer término, la iniciativa popular de las leyes puede ejercerse con 1% de los electores, no con 0,1%, como señalaba Capriles mal informado, suponiendo que no hubiera sido citado incorrectamente. Luego, la iniciativa popular no puede reformar ninguna ley; tan sólo puede introducir un proyecto de reforma, cuyo destino será determinado por la Asamblea Nacional, hecho que lleva a otras consideraciones.

Para empezar, el Artículo 205 de la Constitución reza: “La discusión de los proyectos de ley presentados por los ciudadanos y ciudadanas conforme a lo dispuesto en el artículo anterior, se iniciará a más tardar en el período de sesiones ordinarias siguiente al que se haya presentado. Si el debate no se inicia dentro de dicho lapso, el proyecto se someterá a referendo aprobatorio de conformidad con la ley”. Si hubiera sido seria la intención de la Mesa de Unidad, lo más rápidamente que habría podido actuar sería recoger las firmas a tiempo para introducir el proyecto de reforma antes del 15 de diciembre de 2009, cuando concluía el segundo período de sesiones ordinarias de 2009. En tal caso, la Asamblea tendría la obligación de iniciar—no necesariamente concluir—la discusión del proyecto antes del 15 de agosto de 2010. A Cilia Flores le bastaría dar la palabra a un solo orador que “iniciara” la discusión el mismo 15 de agosto de 2010 en horas de la tarde.

Pero el obstáculo principal—que remitía al recuerdo de la pretendida enmienda de recorte de período en 2002—era que la misma Asamblea Nacional que acababa de aprobar la Ley Orgánica de Educación habría sido el órgano encargado de discutir y aprobar, o más probablemente rechazar, un proyecto de reforma introducido por iniciativa popular, así llegara respaldado por dieciocho millones de firmas, o el registro electoral en pleno. La Constitución no garantiza que un proyecto de ley introducido por iniciativa popular será aprobado. ¿En qué cabeza cabía, pues, que era una idea medianamente productiva la introducción de un proyecto de ley que negase lo que la asamblea de Cilia acababa de aprobar?

Así estaban las cosas, pues, con la oposición formal venezolana. Si la Mesa de la Unidad no volvía a revertir la actuación de su delegado, Henrique Capriles Radonski, para deslindarse de tamaño desatino, ya no tendría un chivo expiatorio, como en el caso de Ismael García, a quien atribuir el nuevo apresuramiento y la nueva equivocación, después de que ella convocara una enésima marcha de protesta en seguimiento de aquella profunda máxima estratégica de que había que “calentar la calle”.

La representación de Capriles, por otra parte, revelaba holgazanería política en la Mesa de la Unidad. Cuando todos los estudios de opinión reportaban rechazos muy mayoritarios a casi toda ejecutoria reciente del gobierno, se conformaba con captar la aquiescencia de uno por ciento de los electores, lo que ciertamente era más barato que diez por ciento de ellos.

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[1] En la Nota Ocasional N˚ 21 de doctorpolítico, del 15 de agosto de 2009.

 

LEA

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Opinión perniciosa

La deshonestidad intelectual

El oficio de la deshonestidad intelectual

 

 Si el actual gobierno dedicase la misma energía, la misma preocupación, el mismo interés, el mismo esfuerzo, el mismo ingenio que a diario empeña en cazar peleas, en buscar camorra, en agredir a los demás, en hacer obra útil, en laborar por el país, tuviéramos, definitivamente, un gran gobierno. De ello no hay la menor duda. (…) Prácticamente en el país nadie queda excluido de la agresividad oficial. (…) En todo caso, lo que conviene señalar es que a medida que la crisis se acentúa, y el fracaso oficial es mayor, también se incrementa la agresividad oficial. El gobierno se hunde y como sucede con quienes caen en arenas movedizas, el esfuerzo consiste en chapotear aun más, lo cual determina un hundimiento mayor.

José Vicente Rangel – Bohemia #926, enero de 1981

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Todas las semanas habla y escribe José Vicente Rangel. No siempre dice tonterías, aunque lo hace las más de las veces en obsecuente y falaz defensa de los gobiernos chavisto-maduristas. Se ha cuidado de no repetir las palabras suyas que reproduce el epígrafe; absolvió la agresividad de Hugo Chávez, mucho peor que la que atribuía a Luis Herrera Campíns hace treinta y cuatro años, explicándola como propia del «estilo» de su jefe. Lo más reciente, distribuido por eljoropo.com, es el artículo en Últimas Noticias para su sección El Espejo, que titula mentirosamente: Todo cuanto plantea la oposición se sustenta en la violencia. Pudiera uno glosar esa falsedad con otra análoga: Todo cuanto plantea JVR se sustenta en la mentira. No siempre es así: ocasionalmente, dice la verdad; ocasionalmente emplea medias verdades y con frecuencia dice cosas falsas. En el cuerpo del texto califica esa presunta violencia, según él sustento de los planteamientos opositores: sería «abierta o solapada».

Por supuesto que «En todo tiempo, en todo sistema político, subsiste una fracción de per­sonas, muy reducidas las más de las veces, que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas. Hay conspiradores por vocación, que necesitan la excitación del secreto y la urdimbre de siniestros planes para hacerse con el poder». (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987). Por supuesto que hay gente que se opone al gobierno y que ha propuesto (en privado), que lo que había que hacer en 1998 era «pegarle un tiro a Chávez»; también hubo quien declarara a comienzos de 2002 que la deposición de Chávez no sería posible por medios “institucionales” (Cecilia Sosa), mientras Jorge Olavarría parecía equiparar derecho de rebelión y golpe de Estado; también ocurrió la contratación de mercenarios colombianos para el mismo fin (en 2004 por la persona interpuesta de Robert Alonso, quien carecía de medios de fortuna para hacerlo por su cuenta); también se predicó la multiplicación de «guarimbas» agresivas (el mismo Alonso y, después, Alejandro Peña Esclusa en 2005); también quienes han pregonado que debe crearse «una crisis de gobernabilidad» (María Corina Machado, 5 de abril de 2006), y que la misma señora y Leopoldo López inventaron el hashtag #lasalida como ingrediente de sus intentos por derrocar a Nicolás Maduro en 2014, y que a la misma dama se le grabó una conversación con Germán Carrera Damas—dada a conocer el 26 de junio de 2013—en la que decía que ella ha debido ir a plantear la situación venezolana al Departamento de Estado y el Congreso de los Estados Unidos porque «no puede ser que ellos no sepan lo que está pasando aquí».

Todo eso, y mucho más que desconozco, es verdad. Pero, por una parte, tales posiciones nunca han sido mayoritarias en la oposición nacional. Al descubrirse la estúpida ocurrencia de Robert Alonso y sus paramilitares, es cierto, Carlos Andrés Pérez ofreció declaraciones a Radio Caracol de Colombia (12 de mayo de 2004): “Es que Chávez ha rechazado todas las salidas pacíficas que se le han presentado, de manera que ya no queda más que el último recurso: la violencia». Pero sobre el mismo hecho comentaron lo opuesto Enrique Mendoza—“No hemos pretendido, no pretendemos ni vamos a aceptar la salida del señor Presidente por un acto de fuerza, de lo que se ha llamado vulgarmente golpismo, cosa que él sí ejerció contra un presidente constitucional”—y Pompeyo Márquez: «La oposición democrática no cree en atajos o salidas violentas. Todo factor o individualidad que coquetee con esas opciones está fuera de la Coordinadora Democrática». El 29 de mayo de 2005, diría Julio Borges: «Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten».

Una pacífica hermandad

Una «pacífica» hermandad

Por la otra, Rangel es particularmente ciego al ignorar la raíz indiscutiblemente violenta del chavismo. ¿Por qué nunca repudió esta admisión de Adán Chávez, hermano del golpista principal de 1992?:

Nuestro proceso bolivariano se inició en esta etapa bicentenaria por la vía electoral, y queremos seguir por allí, por una vía pacífica que permita construir el socialismo bolivariano, pero conscientes de los peligros que nos acechan y seguros de que el enemigo no descansa, no podemos olvidar otros métodos de lucha. Sería imperdonable limitarse tan sólo a lo electoral y no ver otros métodos, incluso la lucha armada, para obtener el poder. (27 de junio de 2011).

El proceso «bolivariano» de Hugo y Adán Chávez se inició con la asonada criminal, asesina, del 4 de febrero de 1992 y, como este último dejó claro, no se les aguaba el ojo diecinueve años después al anunciar una posible lucha armada «para obtener el poder».

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Hace no mucho (30 de noviembre de 2014) Rangel invitó a su programa dominical en Televén a Luis Vicente León. ¿Qué anda midiendo Datanálisis, la encuestadora que León dirige? Que la popularidad de Nicolás Maduro cayó en diciembre a 22%, que el mes anterior 80,1% de los encuestados sostenía que el «socialismo del siglo XXI» es un modelo equivocado que es preciso cambiar y que, ya para octubre, 68,1% prefería que el presidente Maduro abandonara su cargo el mismo año pasado o fuera removido por revocación de su mandato en 2016.

Datanálisis ha encontrado en noviembre que 85,7% de los encuestados opina que es mala la situación del país. (¿Es que más de las cuatro quintas partes de nuestra nación han constituido una agorera agencia de calificación de riesgo que impide el acceso razonable a financiamiento externo?) También midió la encuestadora, por cierto, un rechazo de 72,2% al gobierno y 71,5% de quienes creen que el mandato de Maduro será revocado en 2016. (Alquimia de la culpa, nota en la que hay registro de otra torpe mentira de JVR: “Maduro ha demostrado condiciones para ejercer el cargo de Presidente de la República. Logró sortear con éxito este año 2014 y resolvió situaciones críticas con serenidad y firmeza. A esto se agrega el masivo apoyo de calle que tiene…»)

La verdad es que «El gobierno se hunde y como sucede con quienes caen en arenas movedizas, el esfuerzo consiste en chapotear aun más, lo cual determina un hundimiento mayor». La verdad es que Dagong, la agencia china de calificación de riesgo que rebajó en agosto pasado la ubicación de la república venezolana, no forma parte del «eje mediático que impulsa el trabajo sucio contra Venezuela» (JVR hoy). La verdad es que las cuatro quintas partes de la opinión nacional rechazan hoy al gobierno madurista sin formar parte de la «confabulación mediática» que patrocina «la derecha internacional con apoyo directo de Washington y de ciertos demócratas reblandecidos» (JVR hoy). La verdad es que la principal confabulación mediática que afecta a los venezolanos es la de la ventajista acumulación de medios oficialistas—incluidos los que Rangel maneja—, que se esfuerza todos los días en ocultar la realidad del país. La verdad es que la propaganda socialista local ha superado en obscenidad de su gasto lo que a duras penas logró administrar Joseph Goebbels en la Alemania dominada por los nazis.

La verdad, dudoso periodista Rangel—el gran Ryszard Kapuściński escribió: Los cínicos no sirven para este oficio—, es que Ud. escribe y dice muchas mentiras. No es verdad que «todo cuanto plantea la oposición se sustenta en la violencia». La verdad es que más de la mitad del país, mayoritariamente en contra de la administración de Nicolás Maduro, ni siquiera se afilia a nada de la oposición formal en Venezuela. La verdad es que la inmensa mayoría que se opone a lo que probablemente sea el más extraviado gobierno venezolano en toda su historia no está conspirando; quien viene desde hace rato conspirando es Ud., en contra de la salud de la República. LEA

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Dieciséis años de incompetencia

Capriles canta en coro con salidistas que querían clavarle un puñal

 

 

Some people at the demonstration worried about the low turnout. “There’s not a lot of people,” Diana Colorado, a 45-year-old electric engineer from Caracas, said at the march. “Everyone has become apathetic. They’ve lost faith in the politicians. The change they’d been hoping for never came.” At the Chacaito plaza where the opposition rally ended, a block from where Lopez was arrested last year, about a hundred young protesters remained at 2:45 p.m. and were surrounded by about twice as many riot police as they chanted “resistance.”

Venezuela Opposition March Ends After Police Scuffles (Bloomberg News, 24 de enero de 2015)

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Cada vez son más ralas las concentraciones de la oposición en Venezuela. (Las del oficialismo también). Sumadas todas las marchas y contramarchas convocadas desde que Jesús «Nos vamos p’a la calle» Torrealba se encargara como Coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática, no alcanzan a igualar una manifestación mediana de las de 2002 a 2004. Esta vez, en un arranque de ingenio, a alguien se le ocurrió bautizar la de ayer como «de las ollas vacías», tal vez en alusión a las que cocinan la imaginación estratégica opositora. Antes de la exigua demostración, la MUD lanzó la consigna de cornetear y cacerolear en todo el país la «Memoria y Cuenta» de Nicolás Maduro—«Dios proveerá»—, quien ha vuelto a coger el avión para regresar corriendo a Arabia Saudita. Respuesta a tal convocatoria: silencio nacional.

Ya había pasado lo mismo con una invitación parecida del profundo estratega Antonio Ledezma, cuando prescribió cacerolas y corneteo para anular la aprobación de la Ley Orgánica de Educación, publicada en Gaceta Oficial el 15 de agosto de 2009. Para ser justos, debe anotarse que un análisis posterior le llevó a recetar algo más contundente (aunque imposible): “un referendo abrogatorio que derogue la Ley Orgánica de Educación ya firmada este sábado por el presidente de la República Hugo Chávez Frías”. Todavía ignoraba que la Constitución norma en su Artículo 74: «No podrán ser sometidas a referendo abrogatorio las leyes (…) que protejan, garanticen o desarrollen los derechos humanos…«, y no había meditado sobre la posibilidad de que el obsecuente Tribunal Supremo de Justicia sentenciara innecesariamente que la educación es un derecho humano, pues ya está dicho en el Artículo 102 del texto constitucional: «La educación es un derecho humano y un deber social fundamental…»

Luego de demostrar el 14 de enero que sus dotes oratorias han mejorado mucho—en una rueda de prensa fustigadora del gobierno e informándonos que hay carestía e inflación en Venezuela, lo que no sabíamos—, Henrique Capriles Radonski señaló el remedio: «debe haber una movilización reivindicativa; tenemos que lograr que el pueblo sea escuchado. De acuerdo a los planes que se organicen, yo acompañaré a esa movilización desde cualquier estado del país, y tenemos un conjunto de acciones que presentaremos en próximas horas», aclarando que las presentaría en primer lugar a los partidos políticos y después, of course, al pueblo. (Hasta en esto imita a Chávez; cuando se preparaba el proyecto de enmienda que le permitiría elegirse indefinidamente, el difunto líder concedió graciosamente: “Les doy mi autorización al Partido Socialista Unido de Venezuela y al pueblo venezolano [en ese orden] para que inicien el debate para la enmienda constitucional…»)

La olla de una manifestación vacía

La olla de una manifestación vacía

Bueno, el ingenioso récipe de Capriles se materializó en la «Marcha de las Ollas Vacías», que con su solo nombre prometía, en brillante ocurrencia táctica, tumbar a Maduro. (En la misma alocución del 14 de enero, el doble excandidato presidencial declaró que éste era «el momento perfecto para cambiar de gobierno»). Naturalmente, es de la suprema importancia que Capriles acompañe estas novedosas prácticas «desde cualquier estado del país»; su personal asistencia a estas cosas sería providencial. También anunció que se había puesto de acuerdo con los «salidistas» (sin aludirlos por este nombre); es decir, con quienes, según él, «muchas veces te ponen la mano en el hombro y después le están clavando el puñal en la espalda». (El 16 de enero de 2013, cuando tomaba posesión como Gobernador de Miranda, en declaraciones que cerró así: «Venezuela cuenta con el Flaco, con este servidor»). Trece años llevamos ya de manifestaciones, movilizaciones, marchas, concentraciones, protestas, corneteos y cacerolazos, pero ahora la cosa será dirigida por «el Flaco»; ahora estamos hechos.

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Desde diciembre de 1998, la dirigencia opositora venezolana no ha dado pie con bola ante el chavismo. Primero, se sumió en un estado catatónico, en una crisis de vergüenza. Cuando vinieron las votaciones de constituyente, Henry Ramos Allup intentó elegirse por el estado Apure ¡por iniciativa propia!; no quería que se le confundiera con un adeco. Luego, organizada en la Coordinadora Democrática—señora ya fallecida cuya única hija es la Mesa de la Unidad Democrática—, se dedicó a tropezar una y otra vez. El 19 de agosto de 2004 alguien escribió:

Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia. (Bofetada terapéutica, en la Carta Semanal #100 de doctorpolítico).

En la misma vena, ahora incluyendo en el juicio a la MUD, el mismo autor puso en Las élites culposas:

Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre.

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Acá se ha advertido insistentemente sobre este preocupante fenómeno. (Ver, por ejemplo, MUD: marca de camisas de fuerza o MUD, MUD, MUD, es hora de partir). Y también se ha sugerido una salida al problema en más de una ocasión; la más reciente es del 8 de octubre del año pasado: El mercado político nacional. Pero este año debe haber elecciones para una nueva Asamblea Nacional, y sería un golpe de viento afortunado que el oficialismo pierda el control del poder Legislativo Nacional. Es bastante probable que la oposición obtenga mayoría de curules, vistos los niveles de desaprobación del gobierno y su pernicioso y obsoleto modelo en las encuestas. De darse este resultado, tal cosa se lograría no porque los dirigentes opositores tengan algo en la bola, sino por la terca incompetencia de los socialistas. A pesar de tal cosa, se trataría de un obvio mal menor, y hay mucha gente que se conformaría con eso.

En el horizonte, sin embargo, aparecerán tarde o temprano voces no alineadas en la polarización, con discurso transideológico, el necesario en Venezuela y todo el mundo. Porque es que más que oposición, lo que se necesita es superposición. LEA

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