Para empezar…

Así se dice próxima apertura en catalán

Así se dice próxima apertura en catalán

Hay piezas musicales que son portaestandartes. Abren una colección de piezas, una ópera, un ballet u otra clase de obras. He aquí unas cuantas instancias.

Prekudio al Te deum: parte de violín

Prekudio al Te Deum: parte de violín

Comencemos por la Introducción al Te Deum en Re mayor, H. 146, de Marc-Antoine Charpentier (1643-1704). Tal como es de esperar, es una música alegre: un Te Deum es un himno de acción de gracias, propio de celebraciones. (En Tosca, de Puccini, el Primer Acto cierra con uno equivocado; el oficialismo italiano de la época—el barón Scarpia incluido—celebra lo que creyó una victoria contra Napoleón, pero la cosa resultó al revés, y esto último se revela en el Acto Segundo). Charpentier descolló en el Barroco por la calidad de sus composiciones; para muestra, este botón que no por nada fue escogido por la Unión Radiofónica Europea como su tema insignia. Aquí lo interpreta la Orquesta de Cámara Inglesa conducida por Raymond Leppard.
Te Deum

El Rey del Barroco musical, tal vez de toda la música occidental, es el grandísimo Johann Sebastian Bach (1685-1750). Cuatro fueron las suites orquestales que compuso, y a ellas se las llama en alemán Ouvertüren, pues todas tienen como número inicial una obertura, que ya no preludiaba una ópera sino una suite de danzas u otras piezas. Ese término se emplearía más adelante para designar obras independientes que presagiaban la forma que se conocería como poema sinfónico. (Por ejemplo, la pieza perfecta de Tchaikovsky: la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta). Aun así, se suponía que debían iniciar un concierto, delante del resto de las piezas que lo compusieran. De la Suite Orquestal#3 en Re mayor (BWV 1.068) de Bach, escuchemos su grandiosa Obertura por la Akademie für Alte Musik de Berlín con la dirección de Bernhard Forck.
Suite Orquestal #3

El tercer gran líder—Mozart fue el segundo—de la música noble de Occidente, Ludwig van Beethoven (1770-1827), compuso varias oberturas: Egmont, Coriolano, Leonora I, II y III, Las ruinas de Atenas, La consagración de la casa… Su ópera principal es Fidelio, para la que compuso una obertura que aquí escucharemos en versión de Riccardo Muti al frente de la Orquesta de Filadelfia.
Fidelio

Caricatura de Berlioz en el Wiener Theaterzeitung (1846)

Caricatura de Berlioz en el Wiener Theaterzeitung (1846)

Poco después del paso de Beethoven por la tierra emergería la música de Héctor Berlioz (1803-1869), un compositor adelantado a su época. Esto es más evidente en su sinfonía dramática Roméo et Juliette (1839), una obra sinfónico-coral de gran escala. Berlioz fue un gran orquestador—escribió el Grand traité d’instrumentation et d’orchestration modernes (1844), anticipador de los Principios de orquestación (1891) de Nikolai Andreievitch Rimsky-Korsakoff— y un director de orquesta que exigía conjuntos de enormes dimensiones, los que no se verían en Europa sino hasta la época de Gustav Mahler (1860-1911). Por ese rasgo fue caricaturizado más de una vez, al punto de que nadie menos que Gustave Doré se ocupó de él en una caricatura publicada en el Journal pour rire en 1850. Ahora nos ofrece la Introduction de Romeo y Julieta la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige Colin Davis.

Roméo et Juliette

Otro poderoso compositor, esta vez el ruso Aleksandr Borodín (1833-1887), es el autor de la ópera El Príncipe Igor, de la que son especialmente populares sus Danzas Polovtsianas, o Danzas de los pólovtsy (cumanos), una tribu nómada que habitó a lo largo del Volga al norte del Mar Negro. El segundo tema de su Introducción es el de la canción Stranger in paradise, un número del musical de Robert Wright y George Forrest, Kismet, cuya música es enteramente de Borodín. El mítico Herbert von Karajan dirige la Orquesta Filarmónica de Berlín.

Danzas polovtsianas

Del mismo modo, lo primero que suena en la obra de Igor Stravinsky (1882-1971) Le Sacre du Printemps (La Consagración—o Rito—de la Primavera) es la Introduction de su Primera Parte (L’adoration de la Terre), cuyo tema es inicialmente expuesto por el fagote. La obra causó un escándalo durante su estreno en París (1913) con los Ballets Ruses de Sergei Dhiagilev y tal vez esa introducción haya sido inspirada en el comienzo de Prelude a l’aprés midi d’un faune (1894), obra de Claude Debussy sobre un poema de Stéphane Mallarmé. Para facilitar el cotejo, primeramente suena el número de Stravinsky (Pierre Boulez con la Orquesta de Cleveland) seguido del tema de Debussy.

Le Sacre du Printemps
L’après-midi d’un faune

Montaje del Ballet de San José, California

Montaje del Ballet de San José, California

Carl Orff regaló a los melómanos una obra extraordinaria: su cantata escénica Carmina Burana (Canciones del Beuern). Aunque la música (1935-36) está orquestada con la riqueza instrumental del siglo XX, Orff logró una ambientación melódica y rítmica que sugiere su origen medieval. (Las letras de los distintos números están tomadas de una colección de poemas de los siglos XI, XII y XIII, descubierta en 1803 en la Abadía Benedictina del Beuern, en Baviera. Orff compuso también Catulli Carmina y Trionfo di Afrodite para completar la trilogía Trionfi). La impar obra fue estrenada en Francfort en 1937, en su versión completa con danza. Desde entonces, el mundo no ha dejado de disfrutarla y admirarla; nada más apropiado: Orff sigue en ella su concepto de escena total, su Theatrum Mundi. Aquí nos entregan su número introductorio—O Fortuna, que se repite, como en el Magnificat de J. S. Bach, al final—, de la breve sección inicial de la obra (Fortuna Imperatrix Mundi), la Orquesta Sinfónica de Londres y su Coro bajo la dirección de André Previn.

O Fortuna

De la precedente riqueza musical pasemos a la simplicidad de la Entrada de las Waldszenen (Escenas del bosque. op. 82) de Robert Schumann (1810-1856), en ejecución de Rudolf Serkin.

Entrada

El inicio de un tema con variaciones es la exposición del tema mismo. (Una excepción es la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Sergei Rachamninoff, que comienza por la primera variación precedida por una introducción). Está aquí el tema de las Variaciones para orquesta sobre un tema original (Enigma), del compositor inglés Edward Elgar (1857-1934), compuestas entre 1868 y 1869. Leonard Bernstein se encarga de dirigir a la Orquesta Sinfónica de la BBC para ofrecérnoslo.

Tema

La esposa de Weill estrenó el pael de Anna I

La esposa de Weill estrenó el papel de Anna I

Nadie discutirá que un prólogo es lo que viene antes de otro texto más largo, y hay obras cantadas que lo tienen. Uno famosísimo es el de la ópera Los Payasos, de Ruggiero Leoncavallo (1857-1919), la más famosa de sus obras. El gran barítono y bajo Ettore Bastianini se encarga de certificar que los artistas son gente de carne y hueso. De seguidas, Gisela May, acompañada por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Leipzig que conduce Herbert Kegel, nos trae el Prólogo de Los siete pecados capitales (en alemán, Die sieben Todsünden), un ballet chanté que surgió de la colaboración en 1933 (el año de la llegada de Adolf Hitler al poder en Alemania) del dramaturgo Bertolt Brecht, el músico Kurt Weill y el coreógrafo George Ballanchine. La ocasión trajo el alejamiento de Brecht y Weill; el primero quiso que esta historia de una esquizofrénica (Anna), ambientada en los Estados Unidos, siguiera un tratamiento marxista y Weill impuso un enfoque psicoanalítico. (La composición de Weill trae su habitual reminiscencia de la música de cabaret).

I Pagliacci

Los siete pecados capitales

Arriba se mencionó de pasada el concepto de poema sinfónico, una obra que sigue un poema, una narración o algún elemento pictórico en su desarrollo. Quien primero empleara el término fue el compositor y virtuoso húngaro Franz Liszt (1811-1886). Él mismo compuso trece obras de esa clase, y Les Préludes (d’aprés Lamartine), la tercera de ellas, se ocupa de representar musicalmente una oda del poeta francés en sus Nouvelles méditations poétiques. Es el poema sinfónico más popular de Liszt; el informe radial del ejército alemán (Wehrmachtbericht) en la Segunda Guerra Mundial, así como el noticiero Die Deutsche Wochenschau, emplearon la marcha final como su tema musical. La fina Orquesta Filarmónica de Viena es dirigida acá por Giuseppe Sinopoli.

Les Préludes

Pietro Mascagni

Pietro Mascagni

Un verdadero Preludio es el que introduce la ópera Cavalleria rusticana, la exitosa composición breve de Pietro Mascagni (1863-1945) que frecuentemente se graba junto con Los payasos. Aquí suena en los instrumentos de la Orquesta Filarmónica de Praga dirigidos por Friedemann Riehle. Daniel Barenboim queda a cargo de la Orquesta de París para interpretar otro muy importante, con el que cierra esta entrega de músicas introductorias: el Preludio a los Maestros Cantores de Nuremberg, la solemne composición de Richard Wagner (1813-1883). Es tan bueno, que a pesar de ser un preludio funciona perfectamente como epílogo.

Cavalleria Rusticana

Maestros Cantores

Bueno, ahora que quince magníficos músicos nos han preludiado quince veces, es hora de que nos pongamos a hacer algo muy importante. LEA

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Un encargo inacabado

Mi esposa ante el busto de Las Delicias

Mi esposa ante el busto de Las Delicias

In memoriam Ricardo Zuloaga

Mi infancia transcurrió en la urbanización Las Delicias de Sabana Grande. Allí jugué pelota en la calle, comí pomagás y bailé trompos en la «placita», con los muchos amigos que vivían en el vecindario. La casa paterna—16-1 de la Calle Los Mangos, luego bautizada Alcalareña—estaba a una cuadra de la plaza, y frente a ella esperaba a eso de las siete de la mañana el autobús del colegio. El rocío y la neblina mañaneros que humedecían y escondían sus arbustos eran parte de un clima caraqueño que ha desaparecido con el desarrollo de la ciudad.

Fue en esa plaza donde sufrí mi primera de cinco fracturas, en el codo, a mis doce años. Salté ineptamente un seto que enredó mis pies y quedé en el suelo un buen rato, mirando incongruentemente el busto de Rafael Arévalo González que marcó nuestro tiempo infantil desde el centro de la plaza. Fue después cuando leí Memorias de un venezolano de la decadencia, el libro de José Rafael Pocaterra que mi padre atesoraba; por él supe que el caballero que presidía los juegos de la pandilla de Las Delicias había sido un héroe. No podía prever entonces que un empeño de Don Ricardo Zuloaga me regresaría esos recuerdos.

A fines de 2009 llamó Ricardo a la casa; había concluido la lectura de Alicia Eduardo: Una parte de la vida y creyó que mi esposa, la autora, era indicadísima para componer una biografía novelada de Arévalo o, al menos, curar una reedición de sus memorias, que habían sido editadas en 1977 sin demasiado cuidado. Un desayuno de consultas de nosotros tres con Ramón J. Velásquez, Carolina Jaimes Branger y Milagros Socorro produjo la decisión: se trabajaría las memorias, dejando para más adelante la posibilidad de la novela biográfica. Esta circunstancia me permitió cooperar en el proyecto, pues carezco de la habilidad narrativa de mi señora; a cuatro manos acometimos la tarea en 2010, y me tocó aportar un preámbulo que se pone abajo. (También se incluye al final un enlace para descargar el trabajo entregado a la Fundación Ricardo Zuloaga en formato .pdf).

Fue tal vez el último proyecto de Ricardo Zuloaga; todavía espera la edición que acometan los descendientes de Arévalo. LEA

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De las Memorias de Rafael Arévalo González pudiera decirse lo mismo que de la Octava Sinfonía de Franz Schubert: que son una obra inconclusa. Así las llama, por cierto, Luis Villalba Villalba, redactor de una introducción de casi ochenta páginas—un verdadero estudio—a la primera edición de la Editorial Mediterráneo (1977).

Parece que las comienza en 1933; por referencia directa de él mismo, las escribía en 1934, un año antes de morir. Sólo él hubiera podido completarlas. No sólo es que son incompletas en el recuento de su vida y que dejó de contar en el texto que logró escribir muchos episodios, sino que su artesanía está inacabada, especialmente en lo tocante a claridad cronológica. Pero la pluma de Arévalo era elegante, incisiva y amena; las muchas cosas que refiere tocan al lector de manera vívida, y logran transportarle a la circunstancia y la angustia que él vivió con la fortaleza del titanio.

Las Memorias de Arévalo son, por sobre todo, una historia política de Venezuela. En ellas hay poca o ninguna referencia al paisaje, a la geografía; son, a la manière de Theodore Zeldin, historia emocional. También son un solo recuento: el de la lucha de una conciencia recta contra los poderes más retorcidos e implacables. Es la historia de la valentía de un hombre.

Esta nueva edición de las Memorias de Arévalo fue suscitada por el Dr. Ricardo Zuloaga. Habiendo conocido la versión de 1977, encontró en ellas una lección permanente de indoblegable rectitud, capaz de arriesgar la existencia misma por la verdad y por lo que es justo. Entonces hizo que la Fundación Ricardo Zuloaga encargara una nueva edición que las hiciera más legibles—la primera consiste de un solo texto continuo, sin capítulos—y que proporcionara contexto con notas apropiadas.

Éste es el resultado: las 207 páginas seguidas de la primera edición han sido reorganizadas en 33 capítulos de más fácil digestión y, a las dos notas a pie de página proporcionadas por el propio Arévalo, se ha añadido 115 notas que ofrecen la referencia necesaria para desenmarañar y entender el complejo tejido de personajes y ambiciones ante el que la honestidad del heroico periodista se manifestó con tenacidad indómita.

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Joaquín Crespo, Antonio Guzmán Blanco, Raimundo Andueza Palacio, Juan Pablo Rojas Paúl, Ignacio Andrade, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez son los presidentes venezolanos que definen el acontecer político nacional en el tiempo de Rafael Arévalo González. Forman una secuencia trágica, con honrosísimas y muy escasas excepciones a una historia de apetencia por el poder que es dirimida con primitiva violencia armada, no por los caminos avanzados de la competencia cívica. Aquellos personajes se rodean de corruptas y muchas veces incapaces camarillas, y poco hay de encomiable en la sucesión de períodos de gobierno en su época, poco que pueda ser causa de orgullo para los venezolanos de hoy, aunque sí de preocupación al encontrar en aquella Venezuela del cambio de siglo—fin de siècle y Belle Époque que el delirio de Guzmán Blanco pretendió emular en medio de su peculado—conductas y procesos que no han sido erradicados a estas alturas del siglo XXI.

Es ante ese cuadro que se desarrolla la existencia de Rafael Arévalo González, es por ese contexto que el contraste de su digno proceder se hace más agudo, como los blancos dientes de un perro que está muerto en el camino.

La serenidad del héroe

La serenidad del héroe

Arévalo fue, primordialmente, un político, en el viejo sentido de la raíz griega que nos da los vocablos de polémica y polemólogo. Ejerció ese noble arte desde la tribuna del periodismo que, por propia admisión, no le interesaba tanto cuando fue posible respirar, durante el segundo gobierno de Crespo, una relativa libertad de expresión. Eran las dificultades lo que estimulaba a Arévalo; mientras más arriesgada era la protesta más dispuesto estaba a proferirla.

Era un tiempo de formas todavía románticas, y Arévalo descuella con el modernismo de su prosa, argumentalmente hábil, sólidamente dirigida a lo substancial de los entuertos que combatía. Su atrevimiento estuvo siempre acompañado de una astucia expositiva que dificultaba hacerle prisionero sin desfachatez. Era buen psicólogo; en más de una anécdota muestra el rápido cálculo de las emociones que varias veces le permitió salirse con las suyas. En el tiempo del telégrafo, tan importante como la Internet de hoy para las comunicaciones, Arévalo dominaba la tecnología y la gerencia del invento. Era de inteligencia poco común.

Arévalo ha sido llamado ingenuo por algunos; aseguran que lo fue al proponer en 1913 la candidatura presidencial de Félix Montes, enfrentándola al apetito continuista de Juan Vicente Gómez. La lectura de su artículo en El Pregonero no encuentra en él ingenuidad alguna; es la brutalidad implacable de Gómez el origen de una reclusión de ocho años para el franco periodista y ciudadano que sufriría otras trece prisiones, para un total de veintisiete años de encierro, el cuarenta por ciento de su vida. Una maleta siempre dispuesta en su casa tenía el siguiente membrete: Rafael Arévalo – La Rotunda.

Otros consiguen en sus memorias arrogancia. Rafael Arévalo González (1866-1935) sufrió, como todo hombre excepcional, el peso de su extraordinaria inteligencia; a ella va indisolublemente unida, ineludible, la conciencia clara de sus propias capacidades, y no podía escapar a su entendimiento que la mayoría de los hombres no se conducía con su valor y su diligencia. Arévalo, en consecuencia, escribió más bien con modestia lo que pudo acerca de su vida ejemplar, no para la promoción de su propia figura, sino como testimonio doloroso de la constante bajeza política de su país.

Fue la suya una vida valiente, pues no entraba inconsciente en el peligro. Tenía los pies firmemente plantados sobre una tierra peligrosa, y siempre supo a qué represalias se exponía con su comportamiento. Es la humanidad entera, no sólo la sociedad venezolana, la que debe agradecer y atesorar la trayectoria ejemplar de Rafael Arévalo González.

Pues él arriesgó todo—familia, posesiones (modestas), salud y vida—por la justicia enfrentándose una y otra vez al despotismo. La Enciclopedia Británica publicó en 1963 la colección Gateway to the Great Books, en cuyo Tomo 4 reproduce la obra Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen. Acerca de ella dice: «Un hombre solo de pie, con la justicia de su lado contra el tirano, es una figura dramática familiar y poderosa. Pero también existe en la vida real. A menudo sufre la derrota personal, incluso la muerte. Pero su acción heroica no perece con él. Ella perdura, y hace a la vida más justa y habitable para el resto de nosotros. El idealismo, pues, en lugar de ser tonto e impráctico, puede resultar al final el único camino práctico». Es ése el veredicto exacto sobre la vida del inolvidable héroe de Río Chico.

Luis Enrique Alcalá

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Memorias R. Arévalo G

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A llorar p’al valle

Mar de lágrimas

Mar de lágrimas partidistas

Leopoldo Castillo creyó verA través de la mordaza—, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998. Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos. (En mi caso y explícitamente ¡desde febrero de 1985, catorce años antes de la primera presidencia de Chávez!)

Castillo esgrime una pobre defensa de una política que hace crisis planetaria. Para él, Carlos Fuentes habría errado en su testamento; en artículo publicado el día de su muerte (15 de mayo de 2012) éste osó advertir a François Hollande de un nuevo desafío: «…el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha«. Es realmente irónico que quienes fueron los principalísimos responsables de la llegada de Hugo Chávez Frías a Miraflores quieran cargar la culpa a los que se preocuparon de advertir a tiempo la necesidad de corrección, que pretendan pasar factura a Ibsen Martínez y RCTV por la transmisión de un registro de la realidad: la magnífica telenovela Por estas calles. El pasticho socialista del chavismo-madurismo es, por supuesto, una trasnochada y pretensiosa ilusión, una receta que no puede traer sino fracaso, pero es igualmente desandado el acatamiento irreflexivo a una Mesa de la Unidad Democrática que en materia de fracaso es experta. No fue capaz de demostrar la existencia de un fraude electoral el pasado 14 de abril, y ahora irá a decir, como en aquella cuña del detergente Ariel, a instancias internacionales: ¡Mamá, Federico me está molestando!

Por esto el país se reacomoda políticamente. Félix Seijas (Instituto Venezolano de Análisis de Datos) ha incorporado a sus estudios de opinión un concepto muy útil, el de «bloques políticos estructurales», las agrupaciones fundamentales de la opinión en referencia a los polos del espectro partidista local. He aquí lo que midió en mayo y julio de este año:

IVAD en mayo y julio

Bloques políticos estructurales (IVAD en mayo y julio de 2013)

En proporciones

En proporciones

En sólo dos meses, el acompañamiento al bloque oficialista perdió 1,1 puntos y la simpatía por la oposición descendió en 3,4%; la agrupación de los independientes—Ni-ni, no alineados, como se quiera nombrarlos—captó esas disminuciones para crecer 4,5 puntos.

La solución al problema de una calidad deficiente de la política a nivel mundial no es acallar su crítica; es ofrecer un nuevo tipo de organización política, con código genético distinto al de los partidos tradicionales, que se dedican a una lucha por el poder con pretexto de una ideología y exhiben la conducta de solidaridades o descalificaciones automáticas.

Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía di­ferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del princi­pio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como al­guien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra. (Sociedad Política de Venezuela – Documento base: Tiempo de Incongruencia, febrero de 1985).

Quienes puedan ofrecer una organización política convincente recibirán, en primera instancia, el apoyo de ese enorme bloque independiente que es ahora más del 40% del país; luego sumarán el de gente afiliada a ambos polos, que está allí porque no conoce una opción satisfactoria.

LEA

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A través de la mordaza

Fue gracias a Gonzalo Pérez Petersen que supe de esta conversación en la madrileña Casa de América. En ella guía Antonio Gárate, periodista de Radio Televisión Española, las muy claras y precisas intervenciones de Yoani Sánchez, Leopoldo Castillo y Carlos Pagni acerca de las vicisitudes de la libertad de prensa en Iberoamérica y en estos tiempos. He aquí el registro en video del conversatorio del pasado 27 de julio.

 

El tema del programa de la Casa de América, muy apropiadamente, es el del 3er. movimiento de la Sinfonía #9 (del Nuevo Mundo), del compositor bohemio Antonín Leopold Dvořák. LEA

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Lo que se viene

El pescozón de mardo a Capriles (El Nuevo País)

El pescozón de Mardo a Capriles (El Nuevo País)

Ni el Gobierno ni la Oposición lograron una movilización masiva en su convocatoria de ayer. Más apretada la concentración opositora y evidente el uso de recursos del Estado por parte del oficialismo, pero nada del otro mundo. Arriba, Capriles, camisa azul, cuando llama al diputado Mardo, leit motiv del evento, a compartir con él la tribuna. Abajo, Maduro en su estrategia de identificarse con Chávez. Ni lo primero mueve al pueblo opositor ni lo segundo es creído por el pueblo chavista.

El Nuevo PaísA media máquina, 4 de agosto de 2013

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Algún profundo estratega de la Mesa de la Unidad Democrática habrá dicho hace días: «Hay que calentar la calle». La retirada de Capriles del 17 de abril—convocó y desconvocó una marcha de protesta—fue reclamada por la parte más airada del pueblo opositor y también por algunos de sus dirigentes; notablemente, por María Corina Machado, grabada en conversación con Germán Carrera Damas. Fue ése el primer punto que trataron y el primero en que coincidieron. De allí la convocatoria a la concentración en defensa de Richard Mardo.

Como era de esperarse, el oficialismo inventó una marcha para el mismo sábado 3 de agosto de la concentración opositora en Los Ruices; es su táctica habitual. Pero, como registra El Nuevo País, ni la MUD ni el gobierno lograron interesar a la ciudad de Caracas, que siguió su vida sabatina como si la cosa no fuera con ella. Hay una fatiga, un aburrimiento derivado de la repetición, nada original, de esta clase de eventos.

Maduro centró su oferta en la recién estrenada lucha contra la corrupción. (Aunque el invento no tiene nada de nuevo; cuando Hugo Chávez inscribió su candidatura en 2006, salió del Consejo Nacional Electoral para declarar que su postulación convocaba al pueblo a ayudarlo a «continuar la lucha contra la corrupción». Siete años después, Maduro tiene que remendar la tela de la vieja bandera). Capriles defendió a Richard Mardo, pero centró su mensaje en el logro de un triunfo en las elecciones del próximo 8 de diciembre, no sin indicar que pudiera intentarse una asamblea constituyente el año que viene.

Esto es una aventura que ha venido siendo propuesta, con insistencia creciente en los últimos tiempos, en predios opositores, principalmente por Julio César Moreno León—ver en este blog La imaginación al poder para una crítica de la idea—, y el propio Capriles anticipó en su programa semanal de TV digital el 18 de junio: «No descartemos que en el futuro se lleve a cabo un proceso constituyente, porque para que este país pueda funcionar no solo basta con cambiar el Presidente. Aquí tiene que cambiar el sistema judicial, los alcaldes, el CNE, la Fiscalía, la Contraloría, tiene que venir un cambio absoluto». Bueno, para cambiar esos poderes no es necesaria una asamblea de esa clase; bastaría con ganar las elecciones municipales y las próximas de Asamblea Nacional, el órgano que elige todo lo demás. Una constituyente es para cambiar la Constitución por una nueva, y con ocasión de los Lineamientos para el Programa de Gobierno de la Unidad Nacional (23 de enero de 2012), Capriles refrendó lo siguiente:

44. La base normativa fundamental para el nuevo gobierno es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la cual calificamos como una Constitución democrática, respetuosa del Estado de Derecho y de los derechos humanos.

45. Ella representa no sólo el punto de partida ineludible desde la perspectiva de la validez y vigencia formal de las normas, aunado ello a su ratificación popular, sino también una plataforma jurídica aceptable para el despliegue de las políticas de un gobierno democrático. Permite el funcionamiento de instituciones democráticas y garantiza los derechos humanos.

Claro que se tiene la idea equivocada de que una constituyente es «originaria», con poder suficiente para repetir el abuso inconstitucional de la Preeliminación del Senado en 1999, antes de que la Constitución vigente hubiera sido aprobada y promulgada por el referendo popular del 15 de diciembre de ese año. (Oportunidad en la que no se registra reclamo de alguna importancia de Capriles, que entonces presidía la Cámara de Diputados).

Una plúmbea mediocritas, entonces, caracteriza a la política que ofrecen gobierno y oposición. El primero no termina de asentar el liderazgo de Maduro, lo que se refleja en encuestas (IVAD; Datanálisis, Varianzas) que encuentran una hipotética derrota suya ante Capriles si se repitiera las elecciones del 14 de abril. La segunda no ha demostrado al país que ese día le robaron las elecciones a Capriles.

Con tal de que no me preeliminen...

Con tal de que no me preeliminen…

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Pero lo que viene no son elecciones presidenciales, sino municipales. La última vez que se eligió alcaldes fue en 2008, junto con los gobernadores de los estados. El 23 de noviembre de ese año, el gobierno perdió terreno al nivel estadal, pues la oposición añadió tres gobernaciones a las alcanzadas en 2004 y la Alcaldía Metropolitana. El suscrito presumió, equivocadamente, que lo mismo ocurriría en materia municipal, pero el oficialismo conquistó el 82% de las alcaldías, dejando a las candidaturas opositoras sólo 58 de las 321 en disputa. Del mismo modo, luego de las elecciones presidenciales del 7 de octubre del año pasado, el desempeño opositor en las elecciones de gobernadores del siguiente 16 de diciembre empeoró; la oposición regresó a tener solamente dos de veintitrés gobernaciones. El propio Capriles, que pudo superar a Elías Jaua por 4,01%, obtuvo una votación porcentual menor que la que sacara en 2008.

De modo que la cosa no está cantada, a pesar de la ventaja de Capriles sobre Maduro en los últimos sondeos de opinión; se trata de unas elecciones diferentes. Me abstendré de predecir para no repetir mi error de 2008, aun cuando creo que la oposición conquistará más alcaldías que en aquel año. En cualquier caso, Varianzas ha medido en junio-julio 42,7% de simpatías por el PSUV y sólo 24,5% por Primero Justicia, el más grande fragmento de la MUD (Un Nuevo Tiempo 6,5%, Voluntad Popular 5%, AD 4,4%, COPEI 1,4%).

Ahora bien, conviene mirar con atención un caso particular: la candidatura de Antonio Ecarri a la Alcaldía del Distrito Libertador. Ecarri fue derrotado, según la MUD, por Ismael García en las primarias del 12 de febrero de 2012 con una diferencia de 500 votos, y él ha aducido votaciones irregulares que no pueden ser comprobadas a la destrucción de los cuadernos electorales por parte de la central opositora. Es decir, Ecarri reclama lo mismo que Capriles respecto de la última elección presidencial.

¿Puede la conciencia de Ecarri tolerar que quien fuera chavista por mucho tiempo, artífice de la «Lista Maisanta»—análoga a la Lista de Tascón—se convierta en alcalde en el centro de la capital? No parece ser el caso, y se da por seguro que en estos días presentará su fresca candidatura fuera de la federación opositora.

La dirigencia de oposición, y buena parte de sus seguidores, se ha mostrado constantemente dispuesta, no sólo a recibir a la disidencia del chavismo, sino a permitir que se conviertan sus miembros más conspicuos en dirigentes suyos: los generales Rosendo y Lameda, Alfredo Peña (primer Ministro de la Secretaría de la Presidencia de Chávez, diputado constituyente y Alcalde Metropolitano elegido en planchas de Chávez), Alejandro Armas (pretendiente miquilenista a la candidatura presidencial opositora en caso de que Chávez fuera revocado en 2004), Margarita López Maya (que trataba con sorna a quien osara oponerse al difunto presidente), Henri Falcón (que quiso posicionarse antes de su notorio ingreso a la MUD como líder de los no alineados), etcétera. Ismael García es otro caso más de ésos que apoyaron por tiempo considerable al oficialismo chavista y ahora son tenidos por héroes a los que se debe seguir.

Si se materializa la candidatura de Ecarri, estaremos ante una jugada con vocación de más amplia significación: una candidatura que no se identifica ni con el gobierno ni con su leal oposición. Su discurso puede hacerle anclar en el universo no alineado, y luego captar intención de voto de ambos polos. Pudiera ganar, y entonces se habría demostrado que no es necesaria «la unidad», ese monopolio mítico de la oposición, para derrotar al chavismo.

Un tal desenlace sería portentoso: sería el modelo a tomar en cuenta cuando llegue la próxima elección presidencial.

LEA

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Lo que sigue es el archivo de audio de una entrevista con Manuel Felipe Sierra por Radio Venezuela, en la misma fecha de esta entrada. Sierra introdujo el tema de Ecarri. Tres días después, quiso enfocar en Noticias 24 Radio las venideras elecciones municipales.

 Radio Venezuela, 05/08/13
 Noticias 24 Radio, 08/08/13
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