La muerte de un coloso

Carisma

El llanto de un pueblo

 

    No llores por mí, Argentina – Paloma San Basilio

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La editorial Libros Marcados concibió, a mediados de 2005, un libro a construir de colaboraciones de varios autores; su nombre fue Chávez es derrotable. Fui invitado a someter uno de sus capítulos y lo llamé Tío Conejo como outsider. (Más tarde, el 20 de julio de 2006, reproduciría su texto como artículo principal de la Carta Semanal #195 de doctorpolítico). Allí dije de Hugo Chávez:

…ha adquirido una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar. Si Chávez muriera mañana, habrá dejado un hondo y extenso recuerdo en el mundo entero, y una empatía global con su trayectoria y sus posturas se convertiría en una amplificación y diseminación de ellas. A Chávez hay que mantenerlo vivo.

Volví a citar esas palabras el 30 de junio de 2011, minutos después de que el presidente Chávez anunciara a Venezuela y el mundo, desde La Habana, que padecía la enfermedad de los cancerosos. Impulsado por una admiración urgente, opiné entonces en Chapeau, Monsieur le President:

El discurso que transmitiera hoy desde La Habana es posiblemente el mejor discurso de su vida; con seguridad, el mejor que le he escuchado. Fuerte, franco, sintético, convincente, elegante. Con él habrá galvanizado a su favor a una holgada mayoría de venezolanos. Si las elecciones presidenciales fueran mañana, las ganaría de calle.

Y es que había visto a un hombre valeroso admitir con sobria seriedad la gravísima dificultad que enfrentaba. Por supuesto, la simpatía con el líder enfermo no llegaba a anular mis diferencias con su concepción política, de modo que así cerré mi reconocimiento:

…me sumo a quienes le han hecho llegar con sinceridad mensajes que auguran su recuperación. Desde mi mayor honestidad le deseo salud. Prefiero tenerlo vigoroso cuando se exhiba eficazmente, con la mayor claridad, lo equivocadas que son sus concepciones. Usted está en el error, pero sería mezquino si no admitiese que su equivocación es hermosa.

………

Hugo Chávez Frías fue un hombre equivocado: «el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines [la prosperidad y la paz de la Nación], al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto». (Proyecto de Acta de Abolición, 5 de marzo de 2002).

No es la primera vez en la historia que la hermosura de una causa digna se acompaña del error, que un conductor puede entusiasmar multitudes con una prédica despistada. Con frecuencia, está motivada por una pasión genuina. Girolamo Savonarola (1452-1498) predicaba fieramente y con razón en Florencia, contra la corrupción de la iglesia y las costumbres. Patrullas de jóvenes organizadas por él fueron casa por casa para recoger ostentosos objetos, que iban desde cosméticos hasta obras de arte, pasando por vestidos, libros e instrumentos musicales. Los quemarían luego en una inmensa hoguera de las vanidades en la plaza principal. Era Savonarola un orador mesiánico y carismático, que creía que Dios le hablaba y le pedía que hiciera cosas, y pretendió instaurar una democracia teocrática y un modo de vida en extremo puritano. Para él era malo ser rico, pero la bondad compulsiva no fue aceptada por la mayoría, y él no sabía que no se puede restaurar la moral de la noche a la mañana y que no se la puede forzar mediante decreto. La misma ciudad que dominó a partir de 1492—el mismo año en el que, sin intención, Colón descubría un mundo desconocido—lo llevó a la hoguera cuando el genovés hizo el viaje que lo trajo a Macuro y las bocas del Orinoco.

Tal vez Chávez escapó a un riesgo análogo con su enfermedad. Poco antes de anunciar su deceso, Nicolás Maduro sugirió que su mortal dolencia había sido inducida por mano enemiga, y ya la especie ha sido recogida y repetida por Mahmoud Ahmadinejad. Es muy irresponsable vocear esa sospecha—como la del envenenamiento de Bolívar y la detonación del terremoto de Haití por arma secreta—y quejarse antes de la siembra de rumores que surgieron en una sociedad desinformada y tensa. Sin duda, Chávez suscitó enemistades acérrimas, capaces de conspirar contra él, recomendar que se le diera un tiro y procurarlo. Ayer se celebró con júbilo en Doral, suburbio de Miami, la muerte de Chávez. Nada más execrable que ese horroroso festejo, nada más idiota; además de su bajísima humanidad, provee munición a Maduro que justifica su línea dura. Entre todos los mandatarios del mundo que ayer expresaron su luto por Chávez, Barack Obama destacó con un mensaje cicatero, quizás porque el Vicepresidente de la República, poco antes de participarnos la muerte de su jefe, anunció la expulsión inmediata de un agregado militar de la embajada de los Estados Unidos. Es de la dinámica de una radical enemistad la causación simétrica de profecías autocumplidas.

El 21 de junio de 2000, atendí la petición de British Petroleum Exploración de Venezuela; sus directivos querían entender a Chávez y solicitaron mi interpretación. Ya entonces les propuse:

The appearance of an unforeseen mutant and sterile powerful leader (The Mule), in the second volume of Isaac Asimov’s trilogy Foundation, can serve as a metaphor for understanding Chávez’ phenomenon. It may be sterile in the sense of not being able to produce a successor with his same features.

En Chapeau, Monsieur le President, expresé la misma idea: «…no logro ver el hombre o mujer que dentro de sus filas pudiera ser el primer albacea de su herencia, así que el término de su revolución sería sólo asunto de tiempo más bien breve, aunque se pusiera en práctica la usurpación violenta del poder que el hermano mayor ha previsto como posible camino». Nicolás Maduro no calza los zapatos de su líder; él mismo no lo pretende. Hasta ahora se ha mostrado como émulo de Chávez en sus más iracundas expresiones, que fueron la raíz de su equivocación. Anoche recibió, por fin en tono conciliatorio, los buenos deseos del comunicado opositor que leyera Henrique Capriles Radonski.

………

En 1992, como aún ahora, había una pobreza desmedida en Venezuela. La había en 2002, cuando Fedecámaras y la Confederación de Trabajadores de Venezuela firmaron un pacto para el gobierno que sucedería al derrocamiento de Hugo Chávez. El 14 de junio de ese último año, completé unos apuntes sobre la gesta deforme de Pedro Carmona (Tragedia de abril). Allí se lee:

Mucho se ha dicho que Chávez ha sido el gran aglutinante de la oposición, y algunos comentaristas extienden este benéfico efecto hasta los confines de la “sociedad civil”. Pero lo cierto es que el efecto neto de Chávez ha sido divisivo. No en balde el segundo objetivo del acuerdo Fedecámaras-CTV rezaba: “Queremos una sociedad unida e inclusiva”. Esto es, el diagnóstico revelaba con alarma la existencia de una profunda división de la sociedad venezolana: de un lado, la mayoritaria masa empobrecida; del otro, el “escuálido” segmento favorecido con recursos y afluencia. No hay nada nuevo en este diagnóstico. Cuando Lech Walesa llegó a Caracas para asistir a la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez en 1989, observó, como primera cosa que vino a su mente tras el recorrido de la autopista desde el aeropuerto, que en su opinión Venezuela era en realidad no uno sino dos países. Le había bastado ver los cerros tapizados de ranchos a la entrada de nuestra capital. El nuevo elemento, en realidad, es la prédica de lucha de clases que Chávez ha introducido. Es ésta la división que el acuerdo Fedecámaras-CTV denuncia como peligrosa.

Por cierto que Walesa ostenta rasgos que Chávez exhibe. En reciente entrevista para el diario La Nación de Buenos Aires declaraba: “Sirvo más para la revolución que para la democracia”, y la periodista destacaba cómo es que el líder polaco “está lejos de hacer gala de la elegancia o del lenguaje políticamente correcto que a sus pares les surge casi naturalmente. Podrá vestirse de traje azul marino y llevar en la muñeca un reloj de oro, pero sus gestos y modales son los mismos que cuando se calzaba el overall de los astilleros y de su solapa aún pende la muy polaca imagen de la Virgen Negra… El polaco es un pueblo sofisticado que se muere por entrar en el primer mundo de la Unión Europea. El estilo paisano de Walesa no es algo que quieren ver en la presidencia”.

Es la existencia de dos Venezuelas, evidente a los ojos del visitante ocasional como Walesa, presente en innumerables discursos electorales, problema irresuelto del país, lo que pasa con Chávez a primer plano, sin que tampoco él tenga solución eficaz.

Chávez, entonces, no ha traído ninguna gran innovación a la política venezolana. Sus paradigmas políticos distan mucho de la modernidad, y son una mezcla cacofónica de autores que pertenecen a un pasado histórico en gran medida irrelevante. Ya no hace tanta referencia a Simón Rodríguez, por ejemplo, pero antes era éste patrono predilecto de su personal santuario: Bolívar, Zamora, Maisanta (porque era guerrero y era su antepasado), Rodríguez. Tanta referencia al pasado le habría merecido una reconvención del maestro del Libertador. En la frase más citada de Simón Rodríguez se advierte: “O inventamos o erramos”. Y evidentemente no es inventar la fijación con el pasado.

Lo que no obsta para reconocer que ciertas presencias antaño desconocidas se han hecho realidad con el gobierno de Chávez. La indígena, por ejemplo, aunque en este caso es más probable que tenga más que ver con su concepción geopolítica, teñida por su propio nacimiento llanero, con su obsesión por el Apure y el Orinoco, cacareado “eje estratégico” que no se ha materializado en nada concreto.

Pero buena parte de la “revolución” de Chávez es puramente terminológica. Cree que es un gran logro decir Tribunal Supremo de Justicia en lugar de Corte Suprema, o Asamblea Nacional en vez de Congreso de la República, o República Bolivariana en sustitución de República a secas. Sus soluciones son superficiales, episódicas, demagógicas: el Banco del Pueblo, el Correo del Presidente (periódico rápidamente fenecido, luego de considerable dilapidación de recursos), el Plan Bolívar 2000. Elegido en gran medida, como otrora Luis Herrera Campíns, al proyectarse como paladín de una cruzada contra la corrupción, no ha logrado otra cosa que hacerla más grande y más impune.

En el fondo, Hugo Chávez no es otra cosa que la exacerbación del mismo modelo agotado de la política “realista”, esa Realpolitik predominante en Venezuela, idea según la cual la política consiste en obtener el poder, acrecentarlo e impedir, por cualquier medio, que el adversario se haga con el poder. Él lo ha dicho, al comparar innumerables veces el ejercicio político con el de la guerra. En esto tampoco es un innovador, pues ya Caldera se ubicaba alguna vez en las “arenas de la lucha política”, y Pérez se definía como “luchador político” y los miembros del Movimiento Electoral del Pueblo se saludan, no como compañeros o camaradas, sino como “combatientes”.

Al emerger como una última consecuencia de esta conceptualización, Chávez soslaya, de nuevo, la solución de los problemas públicos. Ni la pobreza, ni la inseguridad, ni el desempleo, ni la dependencia excesiva del petróleo, han moderado significativamente sus efectos negativos sobre Venezuela durante la jefatura de Chávez.

Pero Chávez representa la exigencia, ahora locuaz y amenazante, de los pobres venezolanos, y ha tenido éxito en articular un discurso falaz pero persuasivo. Es por tal razón que la oposición a Chávez, expresada tan sólo como negación de Chávez, se ha revelado como particularmente ineficaz. La oposición a Chávez que tendría éxito sería una superposición, un trascenderlo, un ir más allá de él, con modernidad y sensatez, con ciencia del gobierno, hacia la invención política que el país requiere. No es comportándose como perros que ladran tras el automóvil como será posible superar a Chávez—un Savonarola, un Robespierre, un McCarthy o un Hitler como los que surgen de cuando en cuando en el seno de las mejores repúblicas—que, demagogo como ellos, es el resultado irracional e intenso de un largo proceso de deterioro. A Chávez lo inventó la “Cuarta República”.

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Sería necio negar logros tangibles de las administraciones de Hugo Chávez. La Carta Semanal #188 de doctorpolítico (1º de junio de 2006) registraba mediciones no oficialistas del impacto de sus misiones, a tres años de su inicio:

¿Ha significado el gobierno de Hugo Chávez un progreso real para los venezolanos menos dotados de recursos y oportunidades?

A juzgar por las muy confiables y serias mediciones de Datos (Encuesta «Pulso Nacional»), hay progreso evidente. En reciente presentación a VenAmCham—cuyo actual Presidente es Edmond Saade, también Presidente de Datos—se reporta la mejoría apuntada: más de la mitad de los venezolanos está satisfecha de su «situación actual de bienestar». Para el año 2000, sólo 21% de los venezolanos manifestaba que su situación personal había mejorado o era igual de buena con respecto al previo ejercicio. A las alturas de 2005 este indicador había subido a 45%, nivel en el que se ha mantenido durante el primer trimestre de 2006.

Estas son cifras generales; si se indaga por esta dinámica en los sectores D y E, se mide un progreso del ingreso real por hogar. Entre 2003 y 2006 este incremento es de 137% para el Nivel E. (En bolívares corrientes ha pasado de Bs. 286.022 a Bs. 680.419 mensuales). La clase D experimentó en el mismo lapso una mejoría de sólo 17%, mientras que la clase C menos (clase media baja) progresó en 31%. Conclusión oficial de Datos: «Hay una clara mejoría en el nivel de ingreso por hogar de los venezolanos, especialmente en quienes representan la mayoría del país». (Datos reporta la siguiente composición poblacional: Nivel socioeconómico ABC+, 4%; Nivel C-, 15%; Nivel D, 23%; Nivel E, 58%).

Naturalmente, también señala la encuestadora déficits en varios renglones: el progreso ocurre en «alimentación y cierta ampliación en los servicios de salud y educación». Rubros como vivienda, seguridad y empleo—a pesar de una mejora en la composición de éste: entre 2003 y 2004 el empleo formal, según cifras que Datos toma del Instituto Nacional de Estadísticas, habría pasado de 47% a 53%—no satisfacen las expectativas de la mayoría. Pero en términos generales la gente ubicada en los niveles más bajos está económicamente mejor que antes. Si sumamos a esto que también hay una mejora en el reconocimiento social de clases antes muy diferidas o poco tomadas en cuenta ¿qué razones puede ofrecerse al 81% de los electores (niveles D y E) para cambiar de gobierno?

También, por supuesto, hubo aciertos en la dimensión estrictamente política, como se reconoció en la vigésima quinta emisión de Dr. Político por Radio Caracas Radio, el 29 de diciembre pasado:

Dr. Político del 29/12/12

………

Chávez no puede haber ocurrido en vano. A su sacrificio, el pueblo de Venezuela le debe su aprendizaje. No es sabio suponer que gobernó catorce años y que éstos no dejarán en nosotros profunda huella. Es preciso extraer la lección de su poderoso paso, ahora detenido. La visibilidad de la pobreza venezolana ya es, gracias a él, irreversible; también su orgullosa dignidad.

Llegó al poder con indignación. Derrotado cuando intentó tomarlo a la fuerza, no dejó de afincarse en su resentimiento. A los directivos de British Petroleum todavía propuse hace trece años una segunda metáfora. Chávez era hombre de escarmiento, como el Lobo de Gubbio, cuya leyenda inmortalizó Rubén Darío en Los motivos del lobo, aquel que el santo Francisco de Asís había domesticado:

Un día, Francisco se ausentó. Y el lobo
dulce, el lobo manso y bueno, el lobo probo,
desapareció, tornó a la montaña,
y recomenzaron su aullido y su saña.
Otra vez sintiose el temor, la alarma,
entre los vecinos y entre los pastores;
colmaba el espanto los alrededores,
de nada servían el valor y el arma,
pues la bestia fiera
no dio treguas a su furor jamás,
como si tuviera
fuegos de Moloch y de Satanás.

Cuando volvió al pueblo el divino santo,
todos lo buscaron con quejas y llanto,
y con mil querellas dieron testimonio
de lo que sufrían y perdían tanto
por aquel infame lobo del demonio.

Francisco de Asís se puso severo.
Se fue a la montaña
a buscar al falso lobo carnicero.
Y junto a su cueva halló a la alimaña.
En nombre del Padre del sacro universo,
conjúrote—dijo—, ¡oh lobo perverso!,
a que me respondas: ¿Por qué has vuelto al mal?
Contesta. Te escucho.
Como en sorda lucha, habló el animal,
la boca espumosa y el ojo fatal:
Hermano Francisco, no te acerques mucho…
Yo estaba tranquilo allá en el convento;
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas
estaban la Envidia, la Saña, la Ira,
y en todos los rostros ardían las brasas
de odio, de lujuria, de infamia y mentira.
Hermanos a hermanos hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos,
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos
y los pies. Seguía tus sagradas leyes,
todas las criaturas eran mis hermanos:
los hermanos hombres, los hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así, me apalearon y me echaron fuera.
Y su risa fue como un agua hirviente,
y entre mis entrañas revivió la fiera,
y me sentí lobo malo de repente;
mas siempre mejor que esa mala gente.
y recomencé a luchar aquí,
a me defender y a me alimentar.
Como el oso hace, como el jabalí,
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad,
vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue tu camino y tu santidad.

El 5 de julio de 1987, Eduardo Fernández, apacible caballero, había dicho en el Congreso de la República: «El pueblo está bravo». Dos años después, esa realidad se manifestaría con elocuente violencia.

………

La creencia en que una ideología, sea ella socialista o liberal o intermedia, prescribe la solución eficaz y definitiva a los sufrimientos de una sociedad es una postura ingenua, independientemente de su honestidad. Para justificar su dominación, Hugo Chávez creyó y propaló una fe defectuosa: que sólo él era mandatario que se doliera con el pueblo. Fernández había señalado en 1987:

“El complejo de Adán” padecido por algunos de nuestros gobernantes, que se empeñaron en sentirse los primeros habitantes de esta tierra ignorando todos los antecedentes y alegando que comenzaban todo de nuevo a partir de cero, debe ser erradicado de todos los que aspiramos gobernar a Venezuela.

Carlos Andrés Pérez, a quien primero recomendé y luego exigí su renuncia a partir de 1991, se había convencido honestamente de que para que un pueblo alcanzara el bienestar general de los países más desarrollados tenía que comportarse como ellos, lo que si a ver vamos no es pensamiento tan descaminado. Al adoptar, sin embargo, el catecismo simplista del Consenso de Washington—hoy repudiado por los mismos que lo recomendaban—, desató la ira popular y metió al país en un rumbo reactivo e insensato. A su primera gestión se le debe la nacionalización de la industria petrolera y la creación de Petróleos de Venezuela, la empresa que ha sostenido al sistema chavista de gobierno. Quien lo precedió, Rafael Caldera, logró que se aprobara la Ley de Reversión de las Concesiones Petroleras y denunció el tratado de comercio entre Venezuela y los Estados Unidos. Antes de Chávez, hubo una serena defensa de nuestra independencia como nación y como economía. Todo lo que obtuvo hubiera podido alcanzarlo sin estridencia o agresividad.

Claro que Chávez encarnó el discurso salvaje, como apuntara Francisco Toro Ugueto al comentar El laberinto de los tres minotauros (1977-1982), la importante obra de José Manuel Briceño Guerrero:

«…explica no sólo por qué existe el chavismo, sino también por qué tiene éxito. La atracción política de Chávez está basada en el lazo emocional que su retórica crea con una audiencia que resiente profundamente su marginalización histórica. Funciona al hacerse eco de la profunda resaca de furia de los excluidos, una furia que Briceño Guerrero explica poderosamente. La retórica de Chávez está basada en una comprensión intuitiva profunda del discurso no occidental/antirracional en nuestra cultura, un discurso que ha sido alternadamente atacado, descontado y negado por generaciones de gobernantes de mentalidad europea. Chávez valida el discurso salvaje, lo refleja y lo afirma. Lo encarna. En último término, transmite a su audiencia un profundo sentido de que el discurso salvaje puede y debe ser algo que nunca ha sido antes: un discurso de poder».

Tío Conejo como outsider adelantaba en 2005 una conjetura estratégica:

En «El laberinto de los tres minotauros» [Briceño Guerrero] sostiene que en América coexisten y se combaten un discurso salvaje—el de los primeros pobladores y las razas sojuzgadas que Chávez reivindica—uno mantuano, el del privilegio aristocrático u oligárquico, y el discurso racional occidental, limitado por el rigor lógico y por la verdad. En nuestro teatro político actual sólo han actuado suficientemente los dos primeros, con abrumadora ventaja reciente del salvaje sobre el mantuano. La dilucidación del problema sólo podrá ser aportada desde un discurso racional.

La mayoría nacional, sabedora de que ya no es invisible o descartable, está ávida de reconciliación. Un nuevo liderazgo, ni oficialista ni opositor, deberá emerger para reunificar a un país dividido. Pero si una semana antes de la muerte de Chávez dije de la de Luis Penzini Fleury que había muerto un gigante, ahora es lo justo decir que ha muerto un coloso. LEA

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El único pensamiento

Para proponer vacuidades

Para proponer vacuidades

La Rutina, síntesis de todos los renunciamientos, es el hábito de renunciar a pensar.

José Ingenieros

El hombre mediocre

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Hay proposiciones que no proponen nada; seudoproposiciones, pudiera llamárselas. Su hábitat natural es el discurso político, pero también los economistas pueden esgrimirlas.

Era práctica ritual de muchos economistas venezolanos reunirse en diciembre de cada año durante el segundo período de Caldera—usualmente en el IESA—para echar predicciones sobre la inflación y la tasa de cambio del año siguiente. Los periodistas hacían su agosto, pues cada economista de alguno de estos «paneles de expertos» estaba muy dispuesto a conceder declaraciones. La declaración estándar era algo más o menos como lo siguiente: «Lo que propongo es un verdadero programa económico integral, armónico, coherente y creíble».

Ya el mero hecho de que tal afirmación se compusiera de un solo sustantivo y cinco adjetivos debía llamar a la sospecha. Pero, por otra parte, una sencilla prueba podía evidenciar que se trataba, en realidad, de una seudoproposición. La prueba consiste, sencillamente, en construir la proposición contraria, la que en este caso rezaría así: «Propongo un falso programa económico desintegrado, inarmónico, incoherente e increíble». Resulta evidentísimo que nadie en su sano juicio se levantaría en ningún salón a proponer tal desaguisado. Ergo, la proposición original no propone, en realidad, absolutamente nada. (En Consenso bobo, Carta Semanal #63 de doctorpolítico, 20 de noviembre de 2003).

Nueve años antes—el 11 de diciembre de 1994—, se usaba el mismo ejemplo en Tiempo de proponer, el artículo principal en el número 9-10 de referéndum, donde se añadía: «Una vez determinado, por los pasos anteriores, que la formulación considerada es, en efecto, una pseudoproposición, investíguese si los proponentes de la misma son capaces de presentar un ejemplo concreto de lo que propugnan. (O sea, ¿alguno de los panelistas del IESA exhibió un ‘verdadero plan económico, coherente y creíble’?)» También se refería allí declaraciones a la prensa de Antonio Ledezma, un tanto disminuido entonces por las decisiones antiperecistas de la Acción Democrática de Luis Alfaro Ucero. Ledezma salía de una audiencia que le concediese Andrés Caldera, Ministro de la Secretaría de la Presidencia, y propuso que se buscara en el país ¡un gran acuerdo nacional! En Los rasgos del próximo paradigma político, del #0 de esa publicación (1º de febrero de 1994) ya se advertía:

La discusión pública venezolana se halla a punto de agotar los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a los principales factores de poder de la sociedad. Nuevamente, no hay duda de que términos tales como el de conciliación o participación se refieren a muy recomendables métodos para la búsqueda de un acuerdo o pacto nacional. No debe caber duda, tampoco, que no son, en sí mismos, la solución.

Tomemos el caso, por ejemplo, de la insistente proposición de una asamblea constituyente, bandera de lucha del llamado Frente Patriótico, asumida como lema electoral de José Antonio Cova, repropuesta por Oswaldo Alvarez Paz al término de las elecciones, voceada por Eduardo Fernández después del 4 de febrero de 1992, admitida como posibilidad por Rafael Caldera en su «Carta de Intención». El problema es que el Frente Patriótico no ha presentado un proyecto de constitución, y tampoco los demás actores mencionados. Es decir, se insiste en hablar de la herramienta sin hablar del producto que ésta debe construir.

Por otra parte, el método mismo tiende a ser ineficaz. Los ideales de democracia participativa, la realidad de la emergencia de nuevos factores de influencia y poder, han llevado, es cierto, a la ampliación de los interlocutores de las «mesas democráticas» de las que debe salir el ansiado «acuerdo nacional». Así fue diseñado, por ejemplo, el consejo de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), al combinar en él la presencia tradicional de líderes empresariales y líderes sindicales, con representantes de partidos, de la iglesia, de las organizaciones vecinales, etcétera. Así buscó conformarse el «Encuentro Nacional de la Sociedad Civil» organizado por la Universidad Católica Andrés Bello, cuando su rector tomó el reto que pareció recaer, a mediados de 1992, sobre la Iglesia Católica venezolana, en respuesta a un estado de opinión nacional de gran desasosiego, que buscaba en cualquier actor o institución que pudiera hacerlo la formulación de una salida a la aguda y profunda crisis política. Pro Venezuela, la Mesa Democrática de Matos Azócar, los encuentros que organizó José Antonio Cova, y la constante prédica de los partidos, todos fueron intentos de alcanzar ese ya mítico gran entendimiento nacional.

La evidencia es, pues, suficiente. La oposición de intereses en torno a una mesa de discusión difícilmente, sólo por carambola, conducirá a la formulación de un diseño coherente. Es preciso cambiar de método. Y es preciso cambiar el énfasis sobre la herramienta por el énfasis en el producto.

Pero tal evidencia no fue suficiente para Antonio Ledezma y tampoco, diecinueve años después, para el redactor del editorial de hoy, 4 de marzo de 2013, en Analítica: Los países no se suicidan. Para comprobar su vacuidad, vale la pena transcribirlo in toto:

La crisis que afecta hoy en día a la sociedad venezolana tiene múltiples causas pero tal vez la más inmediata ha sido una errónea concepción de cómo enfrentar la desigualdad económica y social en un petro-estado. Los militares que tomaron el poder encabezados por Chávez a finales del siglo pasado no tenían una ideología clara que les diera luces para resolver los problemas que según ellos aquejaban a la sociedad venezolana. A lo sumo se cobijaban bajo una amalgama ideológicamente incompatible como lo era el árbol de las tres raíces, ya que nada en común tenían las ideas del aristócrata centralizador Simón Bolívar con las del federalista Zamora.

Para resolver esa falta de sustancia Chávez recibió oxigeno ideológico por parte de activistas de la izquierda derrotada en los años sesenta quienes vieron en el joven teniente coronel una oportunidad histórica de desquitarse de la derrota que les habían propiciado Rómulo Betancourt y Raúl Leoni.

Por el otro lado, la dirigencia democrática del país tampoco tenía claro cuál era el rumbo a seguir para superar la crisis. No hubo el diálogo ni la voluntad necesarios para enfrentar de manera radical los cambios inevitables que permitieran evolucionar positivamente hacia otro tipo de sociedad.

Hoy estamos en un estado de anomia y de anarquía, los lazos societarios están severamente afectados y vivimos virtualmente una situación de sálvese quien pueda. La violencia desmesurada, el irrespeto absoluto a las normas de conducta, la incapacidad manifiesta para resolver las necesidades básicas de la población son una combinación explosiva que si no se enfrenta con la debida sindéresis nos puede conducir a una salida trágica tanto para tirios como troyanos.

Es hora de entender que nadie, por sí solo, tiene la clave para resolver esta situación. Ni el gobierno, ni la oposición pueden hacerlo sin un vasto acuerdo nacional en el que se permita sentar las bases de un gran esfuerzo de reconstrucción nacional. Para lograrlo se requiere liderazgo, inteligencia y tolerancia, elementos que parecen escasear en estos tiempos confusos, aunque no dudamos que aparecerán porque los países no tienen vocación de suicidas.

Bueno, comencemos por esto último. Los países sí pueden suicidarse, como muestra elocuentemente Jared Diamond en su libro Colapso. Las sociedades pueden tomar decisiones catastróficas, como los pobladores de la Isla de Pascua que talaron todos los árboles de su territorio, agotando aquello de lo que dependía su subsistencia. El empleo en el pobre editorial de una frase efectista—elevada al honor de titular—para arribar a la conclusión final de que contaremos con «liderazgo, inteligencia y tolerancia» es realmente deplorable.

Desde el mismo comienzo emerge el vacío conceptual. Para poder declarar que algo es erróneo—una errónea concepción de cómo enfrentar la desigualdad económica y social en un petro-estado—es preciso conocer lo que es acertado. ¿Expone Analítica una concepción correcta de esa tarea, o sigue el ejemplo de los economistas que no acertaron a proponer un «verdadero plan económico, coherente y creíble»?

Luego, Analítica ubica la raíz del mal en una carencia ideológica del chavismo, pero es justamente lo ideológico lo que debe dejarse atrás. (Ver en este blog Panaceas vencidas). A «la dirigencia democrática del país» el editorial le echa en cara su ignorancia del rumbo correcto «para superar la crisis», y condena que no hubiera habido «el diálogo y la voluntad necesarios para enfrentar de manera radical los cambios inevitables que permitieran evolucionar positivamente hacia otro tipo de sociedad». ¿Qué dice en concreto tan grandilocuente frase? ¿Fue un asunto de falta de voluntad? Esto supone que la «la dirigencia democrática del país» sabía lo que había que hacer y no quiso hacerlo. Si eran «cambios inevitables»—(Del lat. inevitabĭlis) adj. Que no se puede evitar—, ¿cómo es que no ocurrieron? ¿Procuró conscientemente conseguir «la dirigencia democrática del país» una evolución negativa hacia el mismo «tipo de sociedad»?

Claro, estas insuficiencias de razonamiento no impedirán que haya quien recomiende la lectura de la inútil pieza como lección de política profunda. Y es que suena buenísimo, principalmente por sus declaraciones totalizantes: el irrespeto absoluto a las normas de conducta, por ejemplo. Supongo que Analítica reivindicará que sí las respeta, así como «la dirigencia democrática del país», pero entonces no sería tan absoluto el irrespeto. Por otro lado, no deja de ser ingenuo concebir que el gobierno y la oposición, entes antitéticos, pudieran lograr un «vasto acuerdo nacional» (la clave parece estar en el adjetivo). Tampoco es consistente, si se atiende a la prédica reciente de Analítica, negadora del gobierno y elogiosa de «la dirigencia democrática del país» durante todo el año de campaña electoral y aun ahora: «Ahora bien, si se trata de lograr un consenso, una buena fórmula sería convenir alrededor del candidato con más opción pero representado, no por una miríada de partidos, sino por la tarjeta única de la alternativa democrática. Eso permitiría que todos nos sintiéramos identificados con el espíritu de unión de los venezolanos demócratas». (La oportunidad de la tarjeta única, 25 de enero de 2013).

La recomendación de Analítica es que Venezuela alcance un pensamiento único «en el que se permita sentar las bases de un gran esfuerzo de reconstrucción nacional», mediante un «vasto acuerdo nacional». Pero esto del gran acuerdo nacional parece ser, para algunos, más bien un único pensamiento. ¿No es así, Ledezma? LEA

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Gourmet de la inteligencia

Tristes, como Durero, por el adiós de Luis

Tristes, como Durero, por el adiós de Luis Penzini Fleury

Es un caballero que se ha ido. Ya no celebrará a Kepler y Copérnico ni hablará orgulloso de sus hijos, ni mejorará el paisaje urbano, ni jugará dominó con nosotros, ni nos obsequiará libros o aderezos deliciosos. No contará más chistes ingeniosos y finos o anécdotas hilarantes, no nos sorprenderá más con las cosas muchas que sabía; no nos abrazará con su sonrisa, no nos llamará con su voz dulce, gentil y pedagógica, no nos convocará a la bondad. El peso de todo eso reunido lo sentiremos ahora, como una sola mole de amistad descomunal, en su elocuente ausencia. Luis Penzini Fleury fue él mismo un generoso regalo cósmico.

Hubo cosas que no pudo conocer: la doblez, la mezquindad, la malicia; en esto era un ignorante. Despedía luz, eso sí; inventaba incesantemente iniciativas bondadosas y eficaces, pintaba las conversaciones de nobleza, comunicaba con entusiasmo su admiración por los hechos de la inteligencia, no se rendía.

El país era, tras la familia, su interés supremo; jamás dejó de vivirlo, de sufrirlo y gozarlo. Últimamente, predicaba que a la sucesión de los discursos de la vieja democracia y el prevaleciente del hombre fuerte militarista, buscáramos superponer a la patria el discurso de los valores, el del hombre sabio.

Una última sonrisa me regaló el lunes, con ojos que se despedían, al regresar a su casa de la diálisis rutinaria en la que puso conmovedora esperanza, pasando frente a la mía para morir. De algún modo, supe que no volvería a verlo y que no le había agradecido adecuadamente todo lo que me había dado.

Mañana será cremado como Sigfrido, la paz de la victoria. Ha muerto un gigante amable, y su huella enorme ha quedado impresa suavemente, como suave era su corazón, en el territorio de nuestras almas y en el de la geografía. Esa marca irá creciendo con la edad de nuestra nostalgia. LEA

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Funeral de Sigfrido e inmolación de Brunilda – George Szell y Orquesta de Cleveland

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La sabrosura acústica

AVISO: El Blog de Dr. Político estará en receso durante el mes de febrero. En este lapso, sólo habrá cambios en la Lectura y el Tragaluz de la parte superior de su columna izquierda y, en ella misma cada sábado, la incorporación del audio de la emisión correspondiente de Dr. Político en RCR.

André Rieu: Koning van lekkere muziek

André Rieu: Koning van lekkere muziek

A mis amigos Cornelis y Vera

sabroso. 1. adj. Sazonado y grato al sentido del gusto. 2. adj. Delicioso, gustoso, deleitable al ánimo.

Dicionario de la Lengua Española

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La música es el mejor de los elíxires: entra por el oído y por la piel (especialmente por la que cubre el vientre), pero es posible degustarla como manjar maravilloso; nada mejor para expresar y contagiar la alegría. Naturalmente, hay música melancólica y triste, pues su rango emocional equipara al de los sentimientos humanos, pero puede argumentarse que la que más disfrutamos es aquella que tenemos, simplemente, por música sabrosa.

Shostakovich sobre Mravinsky

Shostakovich sobre Mravinsky

Hay música sabrosa en la que han hecho los grandes compositores clásicos. Juan Sebastián Bach es seguramente el jefe en esta materia; hasta un joropo compuso. No otra cosa es el Allegro que cierra su Concierto de Brandenburgo #3 en Sol mayor (BWV 1.048). Si tiene a mano alpargatas, úselas para iniciar bailando esta entrega musical. (En vez de Juan Vicente Torrealba, tenemos a Simon Addison dirigiendo a la Orquesta Filarmónica Inglesa).

Allegro

No sólo en el Barroco era posible componer música sabrosa. Dmitri Shostakovich podía hacerlo convincentemente, como lo demostró con el 2do. movimiento (Allegretto) de su Sinfonía #5 en Re menor, op. 47. Una versión de lujo está acá por la Orquesta Filarmónica de Leningrado bajo la dirección de Yevgeny Mravinsky, el mismo conjunto y el mismo conductor que estrenaron la obra en 1937.

Allegretto

Después de esta sabrosura sofisticada, noble y de trovador, admitamos nuestras raíces plebeyas—todo el mundo tiene al menos una—y abracemos el canto del juglar. Podemos comenzar por Nuestramérica y pedir a Soledad Bravo que nos cante Déjala bailar en paz. (Que no nos engañe la letra castellana; la pieza es del brasileño Chico Buarque de Holanda, y se llama originalmente Deixe a menina).

Déjala bailar en paz

Barry, Robin y Maurice Gibb formaron el popular grupo los Bee Gees, e hicieron varias canciones de gran éxito. En el filme insignia de la música disco, descuella entre ellas Stayin’ alive, que John Travolta bailó famosamente en Saturday Night Fever (1977) junto a Olivia Newton-John. Hela aquí:

Stayin’ alive

El grupo sueco ABBA—Agnetha Fältskog, Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid Lyngstad—llenó los oídos del mundo con música buena y sabrosa en los años setenta y ochenta. Uno de sus números más incitantes al baile alegre es Super Trooper, canción que dio el nombre al álbum en el que se grabara.

Super Trooper

Para los caraqueños, la alegre sabrosura se consigue concentrada en la Billo’s Caracas Boys, la maravillosa orquesta que formó el ilustre inmigrante dominicano Luis María Frómeta Pereira. Todos hemos bailado felices su Canto a Caracas.

Canto a Caracas

Andrea y Eros

Andrea y Eros

Es claro que Andrea Bocelli es uno de los líderes del género crossover (combinación de música clásica y pop); canta con igual propiedad arias de ópera y temas del repertorio popular. Protegido de Luciano Pavarotti, gusta de cantar en compañía de colegas, tal como su mentor lo hiciera. Con Eros Ramazzotti ha cantado muchas veces, e Il mare calmo della sera—canción de Zucchero Fornaciari, Giampiero Felisatti y Gloria Nuties—es una de sus mejores colaboraciones; es muy agradable al oído el contraste de la voz redonda del primero con la áspera del otro.

Il mare calmo della sera

Difícil resulta a los melómanos de esta época concebir la música sin la presencia del guitarrista andaluz Paco de Lucía. Inolvidable, por ejemplo, es su participación en Carmen, la película de Carlos Saura con la compañía de baile de Antonio Gades. Con Al Di Meola grabó Mediterranean Sundance en 1977; luego, éste formó The Guitar Trio—aumentando el requisito de Chopin («Sólo hay algo más hermoso que una guitarra: dos guitarras»)—al añadir a John Mc Laughlin, un grupo excepcional que grabó en 1981 Río Ancho-Mediterranean Sundance como oímos a continuación del álbum Friday Night in San Francisco, en una endemoniada fusión de flamenco y jazz.

Río Ancho-Mediterranean Sundance

Hablando de jazz, un álbum experimental del digno género, con altísima popularidad, fue Time Out, por el Cuarteto de Dave Brubeck. Las piezas ocurren en ritmos inusuales, siendo la más convencional Strange Meadowlark que, arrancando en tiempo indefinido, pronto se acomoda en un familiar 4/4.

Strange Meadowlark

En mi memoria auditiva ocupan neuronas muy próximas It’s not unusual, el número que lanzó a Tom Jones a la fama, y Music to watch girls go by, que confirmó la de Andy Williams (fallecido el año pasado a sus 84 años). ¿Quién discutirá que son piezas de música sabrosa?

It’s not unusual

Music to watch girls go by

Toda la música del musical cumbre de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, The Sound of Music, es un festín auditivo, pero seguramente es uno de los números más simpáticos These are a few of my favorite things, que María canta con los niños von Trapp para ahuyentar el miedo. (En teatros desde 1959; en el cine en 1965 con sendos Premios Oscar a la Mejor Película y el Mejor Director). La versión que sigue es de la voz inconfundible de la dueña del rol principal, Julie Andrews.

These are a few of my favorite things

Cartel de película

Cartel de película

Otra María protagoniza West Side Story, el musical con las piezas compuestas por Leonard Bernstein, mítico Director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York. America es un número de entreverado y sabroso ritmo, que cantan los jóvenes portorriqueños liderados por María (Natalie Wood) y Anita (Rita Moreno). Robert Wise, quien había ganado el Oscar como director de la película precedente, había hecho lo mismo en este filme de 1961 en compañía de Jerome Robbins; en total, la película que coloca a Romeo y Julieta en las calles de Nueva York obtuvo de la Academia del Cine diez premios de once nominaciones.

America

Pero si, ya no la Academia del Cine, sino la Sueca como en el caso de Jorge Luis Borges en Literatura, se niega a conceder a José Antonio Abreu el Premio Nóbel de la Paz, insistiré con la candidatura de André Rieu, el violinista y director de orquesta holandés que puede ser tenido como el Isaac Asimov de la música. No sólo es que la divulga, sino que su gusto es, como el del escritor ruso-estadounidense, universal y dirige como éste escribe, con sabrosura. He aquí su rauda versión sintética de la Obertura de Carmen, la ópera magna de Georges Bizet. (Rieu dirige su Orquesta Johann Strauss).

Carmen

Rieu, por otra parte, tiene un sentido espectacular del espectáculo, valga la redundancia. En múltiples ocasiones, se agencia el concurso de otros magníficos artistas, como ahora, cuando convoca a los Coros Evangélicos de Harlem y Soweto para una eléctrica rendición de When the saints go marching in (en Maastricht, la ciudad  capital de la provincia holandesa de Limburg donde se fabricó la Unión Europea).

Valió la pena ese concierto neerlandés a cargo del gran holandés errante, y así cerramos con el testimonio de Mark Anthony quien canta, precisamente y pensando no en Europa sino en la estupendísima Jennifer López, Valió la pena. La salsa, sin duda, es sabrosura pura. LEA

Valió la pena

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Bonjour tristesse

Antes eran los bloques de la Urb. 2 de diciembre

Antes eran los bloques de la Urbanización 2 de diciembre

Me deja—agrega el médico—perplejo/vuestro mal, y no debe acobardaros;/tomad hoy por receta este consejo/“Sólo viendo a Garrick podréis curaros”./—¿A Garrick? —Sí, a Garrick… La más remisa/y austera sociedad le busca ansiosa;/todo aquel que lo ve muere de risa;/¡Tiene una gracia artística asombrosa!/—¿Y a mí me hará reír? —¡Ah! sí, os lo juro;/Él sí; nada más él; mas… ¿qué os inquieta?/—Así—dijo el enfermo—, no me curo:/¡Yo soy Garrick!… Cambiadme la receta.

Juan de Dios Peza

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¿Para qué negar una tristeza? Eso me ha dejado el 23 de enero, el día de ayer, y me ha durado hasta hoy. La inconsistencia implícita en una «celebración» oficialista de un nuevo aniversario del 23 de enero de 1958, cuando cayera el régimen de un dictador calificado por Hugo Chávez (el 25 de abril de 2010) como «el mejor presidente que tuvo Venezuela por mucho tiempo… Lo odiaban porque era militar». Al comenzar el año aciago de 2002, el mismo Chávez decía que no había nada que celebrar el 23 de enero. Pero ahora su propio gobierno conmemora la fecha para arrebatarle la efeméride a la oposición, que había anunciado una marcha de manifestación política. Para desatar una «marea roja» no hubo oficinas públicas abiertas al servicio del ciudadano. Así lo advirtió una funcionaria a mi esposa, cuando solicitaba la solución de un simple trámite que ya lleva más de tres años. (La atendería el próximo lunes, porque el miércoles de esta semana debía asistir a una manifestación). El propio Chávez recordaba contradictoriamente, el 23 de enero de 2011, a Fabricio Ojeda, líder de la resistencia civil contra el tirano tachirense.

La tristeza había comenzado un día antes, cuando leí en El Universal: «…un grupo de sujetos encapuchados usando armas de varios calibres, ingresó al edificio 32 de la urbanización 23 de Enero y sacó de sus hogares a tres hombres (Ángel Rodríguez, César Torres y Elías Benjamín Laya), el resto de integrantes del colectivo armado enfrentaba a una comisión de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que patrullaba la zona y que trató de impedir que se cometiera el triple homicidio, relataron vecinos del sector. La GNB no pudo evitar la muerte de las tres víctimas, porque el colectivo que los enfrentaba estaba mucho mejor armado que los militares y lograron repelerlos y luego huyeron. (…) A Elías lo mataron dentro de su casa, a Ángel lo maniataron y lo bajaron arrastrado por las escaleras del edificio hasta tirarlo en la entrada y acribillarlo, y a César lo lanzaron desde una de las ventanas de su apartamento en el piso 11».

En la fecha conmemorativa, ciudadanos ataviados de rojo se reunieron en la urbanización de los horribles homicidios de la víspera, allí donde ni siquiera gente de la Guardia Nacional «Bolivariana» es capaz de resguardar la vida de sus habitantes. En esa urbanización creada por Pérez Jiménez funciona un Estado dentro del Estado, y es intocable. Está bien que Néstor Reverol, Ministro del Interior y Justicia, ruja contra presuntos atentados fraguados contra Nicolás Maduro y Diosdado Cabello; así ha dicho: «No vamos a permitir ni un milímetro de desestabilización de parte de la ultraderecha». Debiera notar, sin embargo, que a los colectivos armados de la Parroquia 23 de Enero les ha permitido varias leguas.

Chávez dijo que Pérez Jiménez había sido mejor gobernante que todos los presidentes demócratas que lo sucedieron y le precedieron a él pero, en materia de seguridad personal, el gobierno claramente deficitario es el suyo.  LEA

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