Beria, Himmler, Valdés: una misma calaña

Ramiro Valdés, en foto de la edición impresa de L'Express del día de hoy, 4 de febrero de 2010

En mágica coincidencia, la revista francesa L’Express escogió su edición del 4 de febrero de 2010 para publicar una semblanza de Ramiro Valdés, «el Beria cubano». Aquí se la presenta traducida con prisa.

La gravedad de la presencia de Valdés en Venezuela ya no puede ocultarse. Que el totalitario régimen de los hermanos Castro haya creído oportuno enviar a su policía supremo a nuestro país, habla tomos enteros acerca de su preocupación por el destino del chavismo. Tal como plantea Axel Gyldén, autor de la nota en L’Express, Valdés ha acrecentado recientemente su poder en Cuba, donde espera por el deceso del alcoholizado Raúl Castro para asumir la primera magistratura de la isla hermana. No se trata, su venida, de una inocua cooperación técnica, la que por lo demás es incapaz de ofrecer. También explica Gyldén este nuevo encumbramiento de «Ramirito» como un regreso a la línea más represiva del castrismo.

Hugo Chávez no ha podido creer que los venezolanos aceptaríamos desprevenidos e ignorantes esta repugnante asistencia de Valdés sin medir su significación, sin repudiarla del modo más enfático. En consecuencia, o percibe su situación como casi perdida o ha decidido desafiar descaradamente a los venezolanos para que pensemos que ha muerto nuestra democracia. O para que anticipemos aterrorizados la cristalización del Estado dual y totalitario Cuba-Venezuela, en el que Chávez no puede ser, por razones de senioridad, el número uno.

Si pudieran oírme los estudiantes venezolanos que por estos días protestan sin cesar, les habría indicado la poca sabiduría de marcar con nuevas marchas la infausta fecha del 4 de febrero, con nuevas manifestaciones. En cambio, ahora les pediría un foco único, reconcentrado: que pospongan sus demás reclamos, por más importantes que sean, y apunten todos contra la figura de Ramiro Valdés y su nueva estada en Venezuela. Como buen perro de presa, mordería esa pata asquerosa sin aflojar. Valdés está aquí para lo mismo que se le ha convocado una vez más en Cuba: para recrudecer la represión. Es preciso que lo expulsemos. LEA

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Un duro bajo la sombra de Castro

En La Habana, el poder cerradura. Hombre clave de la represión, después de medio siglo, Ramiro Valdés regresa al plan original y pudiera un día suceder a Raúl.

Raúl, el presidente cubano de 78 años, no necesita presentación; tampoco su hermano convaleciente, Fidel, de 83 años. Pero ¿quién, más allá de las fronteras de Cuba, conoce a Ramiro? Figura histórica de la revolución castrista, es todavía su “tercer hombre”. Ministro de Informática y Telecomunicaciones desde 2006—un puesto estratégico desde el que controla Internet—Ramiro Valdés, de 77 años, ha sido ascendido en diciembre pasado a Vicepresidente del Consejo de Estado. Allí queda en posición de suceder a Raúl Castro si la salud de este último, sin duda debilitada por un sostenido consumo de alcohol, le traiciona.

Discreto, más bien secreto, este hombre de la sombra, enjuto y robusto, muy distante de la sensibilidad tropical, está lejos de ser un desconocido para los cubanos. Símbolo de la represión, Ramiro ha dirigido en efecto el Ministerio del Interior en las peores horas de la dictadura: una primera vez entre 1961 y 1969, luego de nuevo entre 1978 y 1985. Despiadado, el primer policía de Cuba se encargaba entonces de aplastar a la oposición, antes de prender a los homosexuales y a todos aquellos que el régimen consideraba como “desviados”. Sobre todo, “Ramirito”—como se le conoce—ha dirigido la policía política del sistema que, todavía hoy, espía las acciones y los gestos de los cuadros devotos del régimen.

“Ramiro Valdés es el Beria cubano”—sintetiza Jaime Suchlicki, Director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, en Florida—“Como jefe de la NKVD (precursora de la KGB) bajo Stalin, ese personaje siniestro y sin escrúpulos era el responsable de las acciones viles del régimen. La sola evocación de su nombre hacía que el pueblo temblara”.

Último sobreviviente, aún en el poder, del ataque frustrado al cuartel Moncada en 1953 que marca la sublevación contra Batista, Valdés ha participado en todos los episodios de la epopeya castrista: el exilio en México, el desembarco del Gramma en las costas cubanas en 1956, la guerrilla en Sierra Maestra como segundo del Che Guevara (1956-1958) antes de convertirse en comandante y, en fin, el “triunfo de la revolución” del 1º de enero de 1959. Ostenta una impecable hoja de servicios que le ha valido los muy honrosos títulos de “Comandante de la Revolución” y “Héroe de la República”.

En el poder, Ramiro pronto se convirtió en el Director de la prisión de La Cabaña, en La Habana, donde los opositores eran fusilados implacablemente. Luego funda y dirige el Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), prefiguración de la actual “Seguridad del Estado”, la policía política. De 1960 a 1996, su rol en la DIER es determinante en el aplastamiento de la contraguerrilla campesina que desafía a Castro durante seis años desde las montañas del Escambray.

Amargo, distante, arrogante, cínico, sádico

También en la ciudad, “Ramiro” crea la atmósfera de terror necesaria al establecimiento de un poder totalitario. Su policía recoge a todos aquellos que el régimen define como “asociales”: jóvenes de cabellos largos tentados por la moda hippie, admiradores de los Beatles, cubanos de todas las edades en quienes se note una falta de ardor revolucionario, candidatos al exilio… sin olvidar sacerdotes, seminaristas y homosexuales. En esa época, Ramiro preside asimismo la creación de las famosas Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), esos campos de trabajo donde, entre 1965 y 1968, 30.000 detenidos seguirán cursos de reeducación ideológica.

“Yo creo que disfruta viendo sufrir a los demás”, considera en Miami su antiguo compañero de armas, Huber Matos, de 91 años, condenado en 1961 a veinte años de gulag tropical por haber osado criticar la deriva autoritaria del régimen al que entonces pertenecía. Manuel de Beunza, antiguo oficial superior de inteligencia bajo las órdenes de “Ramiro”, quien desertara en 1987 y vive desde entonces en los Estados Unidos, describe, él también, un ser amargo, distante, arrogante, cínico, sádico: “Durante su segundo paso por el Ministerio del Interior, convocó a una reunión de oficiales para incitarlos a expresarse libremente, incluyendo, insistió, la crítica al ministro mismo. Pero una vez que la reunión hubo terminado, quienes hubiesen mencionado el nombre Ramiro fueron degradados o castigados”. (Citado por Pedro Corzo en Cuba: perfiles del poder. Ediciones Memorias, 2007).

Finalmente, en 1985, Raúl convence a Fidel de la destitución de su homólogo encargado del Interior y su eterno rival. Las tensiones entre Raúl y Ramiro se remontan a los tiempos de la guerrilla. Han perdurado, atizadas por la concurrencia histórica entre los servicios de inteligencia de ambos ministerios.

Brazo de articulación del gobierno, Ramiro Valdés es sin embargo nombrado, en los años 80, a la cabeza de COPEXTEL, la empresa estatal encargada de desarrollar la electrónica, las telecomunicaciones y, luego, la Internet. De esta misión emerge exitosamente, en estrecha colaboración con empresas chinas y se impone como el artífice de la aproximación sino-cubana.

“En esta última década, Ramiro y Raúl remendaron la relación”—observa Brian Latell, ex Analista en Jefe de la CIA y autor de L’Après Fidel (Ediciones City). “En esos años emprendieron juntos un largo viaje de trabajo a China. Una cosa inimaginable en otros tiempos. Hoy en día, han decidido que deben cerrar filas y ayudarse mutuamente”.

El regreso a la gracia de “Ramirito” corresponde, en todo caso, a un endurecimiento del régimen. En julio de 2006, el advenimiento de Raúl Castro como Presidente interino suscitó la esperanza de una relajación. Pero el año 2009 ha marcado un nuevo giro: una recuperación de Fidel Castro, que ha reencontrado su tono y significa que él solo, como antes, fija la línea a seguir, a punta de editoriales publicados en la prensa oficial, de los que ha firmado al menos 111 el año pasado. El aumento de la represión contra los disidentes se inscribe en este contexto, así como el fin de una esperanza de aproximación con Washington. Ahora Fidel Castro tacha a Barack Obama de “George Bush afro-americano” y de “cínico”, aunque le reconoce de todas formas una “sonrisa amable”.

La completa rehabilitación del radical Ramiro Valdés se inscribe dentro de esta secuencia. “El mensaje de Fidel Castro a los cubanos es muy claro”, concluye Brian Latell. “Con Ramiro de nuevo en la cúspide del Estado, la línea dura está de regreso”.

Axel Gyldén

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Caja destacada:

“Ramirito” el policamburista

Omnipresente, Ramiro Valdés es el único personaje que se sienta en todos los órganos ejecutivos del poder. Éstos son sus cargos:

Ministro de Informática y Comunicaciones

Vicepresidente del Consejo de Estado

Vicepresidente del Consejo de Ministros

Miembro del “Politburó” del Partido Comunista

Sus títulos honoríficos son:

Comandante de la Revolución

Héroe de la República

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L’Express 4 de febrero de 2010 (Págs. 52 y 53).

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Un represor que no sabe de represas

Asesor y represor

El Grupo La Colina ante la llegada del experto en represión Ramiro Valdés para resolver la crisis eléctrica.

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Cuba no tiene nada que enseñar a Venezuela en materia de electricidad. El sistema eléctrico cubano es aproximadamente la décima parte del venezolano en términos de capacidad instalada y generación de energía, y su nivel de complejidad tecnológica es muchísimo menor al venezolano. Cuba tiene un sistema eléctrico basado en plantas térmicas, en su mayoría muy antiguas e ineficientes. Venezuela, por lo contrario, tiene un sistema de generación mixto y una extensa red de transmisión de alta tensión, con centros de consumo distribuidos en una amplia superficie.

Miente el presidente Chávez cuando dice que, debido a que Cuba tuvo problemas eléctricos muy graves en otras épocas, ese país está en capacidad de asesorar, apoyar o dirigir la solución de la actual crisis venezolana. La crisis cubana de electricidad no tiene nada que ver con la actual crisis eléctrica de Venezuela. El pueblo de Cuba ha sido sometido durante todos estos 50 años de dictadura comunista a un sistema de racionamiento PERMANENTE de todos los bienes y servicios necesarios para la vida de la sociedad cubana, incluyendo la electricidad. Los cubanos no tienen acceso, excepto los más cercanos a la burocracia en el poder, a equipos eléctricos y electrónicos domésticos como los que son comunes en Venezuela, ni tiene Cuba una industria manufacturera, petrolera, de aluminio o de servicios como la que existe en nuestro país. Cuba, bajo el régimen castrista, lamentablemente, es un país especialista en apagar luces, no en encenderlas.

La actual crisis eléctrica de Venezuela es el resultado acumulado de la incapacidad del Gobierno Nacional, que no ejecutó oportunamente los proyectos de generación y transmisión necesarios a pesar de contar con los recursos financieros; de la irresponsable desprofesionalización de las empresas eléctricas encargadas de generar, transmitir y distribuir electricidad, sustituyendo profesionales y técnicos de carrera por militantes del “proceso” sin suficientes credenciales; de la falta de mantenimiento, de la corrupción, y, en último lugar, de la sequía que afecta a nuestros principales ríos. Si hubiéramos contado con las plantas de generación térmica instaladas en condiciones adecuadas de disponibilidad y con las plantas en proceso de instalación listas en las fechas previstas, la sequía no nos hubiera afectado como lo está haciendo actualmente. En Bogotá no hay racionamiento, tampoco en Trinidad, ni en Curazao, ni en República Dominicana, ni en México. ¿O es que El Niño sólo afecta a Venezuela? Es un exabrupto comparar la situación de Cuba con la venezolana y pretender aplicar las soluciones cubanas a nuestro país.

La llegada de un personaje como Ramiro Valdés al frente de una delegación técnica cubana es un insulto a los venezolanos por dos razones.  Primero porque la especialidad de Ramiro Valdés no es la electricidad ni la energía sino la represión del pueblo cubano, materia en la cual ha sido particularmente eficiente y exitoso. ¿O es que vino a asesorar al régimen en cómo reprimir las protestas que se producirán por falta de luz?

En segundo lugar, porque apelar a Cuba para resolver la crisis energética venezolana es desconocer o subestimar la capacidad de nuestros ingenieros, de nuestros profesionales, de nuestros técnicos y trabajadores, de nuestras empresas eléctricas, de nuestras empresas de ingeniería, para resolver los problemas y recuperar la condición del país mejor equipado de Latinoamérica desde el punto de vista eléctrico. Cuba es un país sumido en la oscuridad, y de ese país es muy poco lo que podemos aplicar para salir de la crisis de electricidad de Venezuela.

Esta misión cubana de última hora revela, también, el grado de desesperación del régimen que encabeza el  presidente Chávez frente a una crisis que no puede resolverse a realazos, sino con un cambio completo de la lógica que guía al presidente y sus ministros: el sectarismo, el centralismo, la exclusión del sector privado, la desprofesionalización de las empresas, la lealtad en lugar de la capacidad y experiencia y el mito del socialismo. La llegada de Ramiro Valdés al frente de esta misión cubana es una demostración de la postración y obsecuencia del presidente Chávez ante Fidel Castro.

Lo que sí es seguro es que cualesquiera sean los resultados del veterano represor Ramiro Valdés y de su séquito, la crisis eléctrica causada por la negligencia e incapacidad del gobierno de Chávez va a traer una baja en la producción industrial y de los servicios, aumento del desempleo, caída de la disponibilidad de bienes y servicios y una significativa baja en la calidad de vida de todos los venezolanos.

Es un insulto al pueblo de Venezuela, a sus ingenieros, a sus técnicos y trabajadores, a sus empresas eléctricas  y a sus empresas de ingeniería traer al país a un especialista en represión y a un equipo de técnicos de un país que está muy por debajo de Venezuela en materia de energía eléctrica y en muchos otros campos.

La llegada de Ramiro Valdés a Venezuela es un atentado inaceptable contra nuestra soberanía y dignidad.

Grupo La Colina

Caracas,  3 de febrero de 2010

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Nota 1: El suscrito ha consultado al Shamán del Guaraira Repano—muy molesto con la competencia de los brujos babalaos que asesoran al gobierno—sobre el significado de la visita de Valdés. Acababa de bajar del cerro y sabe ya que la causa de esta penetración es clara: el castrismo piensa que el gobierno venezolano se está cayendo, y manda al decano de sus verdugos para intentar su apuntalamiento. Y también me dijo: «Es esta visita, con el pretexto, la excusa, la coartada—sus ojos relampagueaban indignados—de la crisis eléctrica, que no puede creerse nadie, una visita preparada hace semanas, el verdadero motivo de la renuncia de Ramón Carrizales. Hasta allí le llegó lo de patria, socialismo o muerte». Éste fue el punto final: «Fidel sabe que Chávez se cae, ¡y Chávez también!» LEA

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Nota 2:

LA ASTUCIA DE RAÚL CASTRO Y LA EXTINCIÓN DEL COMANDANTE

En el enlace precedente (del blog Cuba Independiente) se encuentra la explicación del verdadero papel de Ramiro Valdés en Venezuela: el entorpecimiento de las nuevas comunicaciones electrónicas. Allí pone el Dr. Eugenio Yáñez:

«En este momento, sin embargo, lo que era entonces el ministerio de comunicaciones ha dejado de serlo hace tiempo: en la actualidad agrupa la informática y las comunicaciones, incluidas las telecomunicaciones, los servicios satelitales, el cable submarino, sistemas de interferencias electrónicas en ambas direcciones, y tiene en su ámbito lo relacionado con la base de espionaje electrónico de Lourdes, desactivada en la actualidad, pero para nada inutilizable en caso de decidirse su reactivación.

Además de que Granma señaló que los nuevos promovidos “continuarán desempeñando sus actuales responsabilidades al frente de los ministerios que dirigen”, sucede que el actual ministro del ramo es el Comandante Ramiro Valdés, lo que indica con certeza que no será reconstituido un sector de transporte y comunicaciones como el existente anteriormente, para ser atendido por Sierra Cruz, ni tampoco que Valdés asumiría otras responsabilidades en otro ministerio. La opción inversa, que Sierra Cruz fuera asignado a otro sector, no parece realista, además de por la nota de Granma, después de más de dos años en el ministerio de transportes, donde se ha ganado las simpatías de Raúl Castro.

Entonces la clave de los movimientos dependerá del nuevo papel del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés, que no abandonaría en estos momentos el ministerio de informática y comunicaciones, donde ha desarrollado precisamente lo que necesitaba el régimen para afianzarse en el poder».

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La presencia de Valdés cobra sentido para apuntalar un régimen cuya estabilidad preocupa grandemente a los hermanos Castro. Su «asesoría eléctrica» es el antifaz que disfraza su verdadero aporte: entorpecer la comunicación electrónica del enjambre ciudadano de Venezuela. Ya Chávez dijo que lo que circulaba por esas vías eran mensajes «terroristas», y procura escarmentar en la cabeza ajena de su pana Ahmadinejad, que bastante trabajo ha pasado con Twitter. LEA

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Entrevista con William Echeverría – 29/01/10

William Echeverría

Ya esta aquí completa—en tres segmentos sucesivos de video (6′ 11″, 6′ 39″ y 8′ 18″ respectivamente)—la entrevista que hiciera al suscrito William Echeverría, Presidente del Colegio Nacional de Periodistas, desde Globovisión. Fue grabada el miércoles 27 de enero de 2010 y transmitida dos días más tarde, el viernes 29, a partir de las 8:30 a. m.

Resultó ser una sorpresa que el Licdo. Echeverría no preguntara por la lucha estudiantil, la crisis de suministro eléctrico, las elecciones de Asamblea Nacional o la aguda situación de inseguridad, y que condujera la conversación sobre el tema de una Política Clínica.

Debo agradecerle esa perspicaz intuición; el programa atrajo audiencia inusitada hacia este blog y mucho interés sobre su asunto. Debo agradecer a Globovisión, por permitirme la reproducción en este sitio. Y a mi hermana, María Elena Alcalá, la grabación de la entrevista, su conversión en archivo digital y su segmentación en fragmentos admisibles en YouTube, el prodigioso servicio del que he tomado el código que hace posible verla desde aquí.

Pero también debo advertir que no tengo nada que ver con la presencia, en el escritorio de la escenografía, de una gorra del equipo Magallanes—honor al vencido—, al que el Licdo. Echeverría suscribe. Por lo contrario: león… león, león, león. LEA

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Primer segmento

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Segundo segmento

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Tercer segmento

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Temas de Política Clínica (1)

La solución de los problemas públicos

La solución de los problemas públicos

Ésta es la primera entrada de una serie de breves lecciones sobre los principios de la Política Clínica. Es el punto de vista asumido explícitamente por el suscrito desde 1984, y la aproximación que ha guiado las publicaciones de doctorpolítico. Entre los servicios que se anunciará prontamente en este blog, se encuentra un curso formal de Introducción a la Política Clínica, a ofrecer en varias ciudades del país.

(Aquí en archivo de audio):

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político, ca. 7. f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.

clínico, ca. 1. adj. Perteneciente o relativo al ejercicio práctico de la medicina basado en la observación directa de los pacientes y en su tratamiento.

Diccionario de la Real Academia Española

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Política Clínica (1)

Esencialmente, la Política Clínica es la práctica de la Política como un arte de carácter médico. De tan simple postulación, se desprende una buena cantidad de consecuencias.

Primero que nada, que la Política no es una ciencia; es un arte, un oficio, una ocupación, un métier, como la Medicina o la Ingeniería, que tampoco son ciencias, y mucho menos es la Política una ciencia deductiva, como la Geometría. (En un viejo y erróneo concepto, la Política se derivaría, como un teorema, a partir de primeros principios: las ideologías). Hay ciencias médicas, por supuesto—la Anatomía y la Histología, la Fisiología y la Fisiopatología, la Bioquímica y la Biofísica—, como se habla de “las ciencias de la Ingeniería” (Matemática, Física, Ciencia de los Materiales). Pero el médico y el ingeniero no son investigadores que contestan preguntas y expanden el campo del conocimiento teórico; son profesionales que resuelven problemas, son practicantes de un arte. Porque quieren ejercerlo responsablemente, buscan el auxilio de la ciencia, el modo más riguroso y serio de obtener conocimiento.

El arte de la Política es el de resolver problemas de carácter público. Muchos problemas humanos, la gran mayoría, encuentran solución en el intercambio privado: las interacciones de personas individuales que componen el reino del Derecho Civil o Mercantil. Otros adquieren una dimensión que escapa a esa capacidad de la interacción privada y afectan a grandes contingentes de personas, a pueblos enteros, incluso al mundo todo. Entonces se hacen necesarias las instancias que puedan tramitarlos, entenderlos y resolverlos: las instituciones públicas.

El diseño, la invención de las instituciones y su operación—mediante “las políticas”, ahora en plural—para resolver los problemas públicos, es la médula del arte de la Política. Ninguna otra cosa que la solución a esta clase de problemas justifica a los actores públicos: partidos y líderes, instituciones y ministros, estados y gobernantes. Es para eso, y solamente para eso, que las sociedades constituyen estados; ninguno se justifica sino por eso.

Por consiguiente, los dirigentes de los estados no son los jefes de los pueblos o sociedades; son quienes comandan un aparato institucional que resuelve problemas públicos, los que aquejan a las sociedades, a los pueblos. Un médico no es el jefe de sus pacientes; es su servidor, su consejero. LEA

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Una mujer tan grande como el mundo

 

Jacquetta Hawkes (1910-1966)

A Nacha, Eugenia, María Ignacia y Maya, las mujeres de mi vida.

 

En anteriores oportunidades he mencionado la fábula de Jacquetta Hawkes (Jessie Jacquetta Hopkins), arqueóloga británica de profusa vena poética: A Woman as Great as the World. Con admirable concisión, la aparición y desarrollo de la vida en el planeta—dinosaurios y glaciaciones incluidas—son presentados en una parábola con moraleja: la serísima advertencia al género humano, ocupado en molestar a la Tierra con su actividad destructiva y contaminante, acerca de la posibilidad de cataclismos que acaben con la vida. El conmovedor texto de Hawkes es ¡de 1953!, bastante antes de que la conciencia ecológica hiciera presencia significativa entre nosotros. (La obra que en su momento fuera tenida por biblia de la futurología—The Year 2000, de Herman Kahn, 1966—no hizo mención alguna, en sus centenares de páginas, del problema ambiental).

Nunca, sin embargo, había publicado su breve admonición, que encontré en 1973—mediante préstamo de Diego Arria Salicetti—en Subversive Science: Essays Towards an Ecology of Man (1969). Recuperada por mí hace poco, gracias a Internet, he hecho de ella una traducción apresurada, que aquí publico. Mi entusiasmo por la poderosa fábula me ha llevado a leerla en alta voz y grabarla. También he colocado a continuación el archivo de audio correspondiente. LEA

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Una mujer tan grande como el mundo

 

Había una vez una mujer tan grande como el mundo. Ella era de disposición plácida y, sabiéndolo todo, no tenía preocupaciones. De hecho, difícilmente hubiera estado consciente de su hermosa y completa existencia si no hubiera sido por el Viento visitante que venía a perturbar su paz. Él soplaba alrededor de donde ella yacía, inflando las nubes que lamían sus miembros ociosos; a veces la acariciaba tiernamente, su tacto como el de una mano firme que palpa el hueso y aviva la carne; a veces soplaría tormentoso hasta que su cabello ondeara entre las nubes. Cuando venía, siempre llenaba su mente con imágenes de sí misma suspendidas ante ella, que parecían, por su mera presencia, exigir una explicación. Ella deseaba que él no viniera a perturbarla, y cuando él no venía sentía hambre de él.

Algunas veces, aunque raramente, él llegaría como un remolino, reunido en un solo cetro, como espiral de vidrio derretido. Entonces le ordenaba que se abriera a él, y ella obedecía hasta sentir el desmayo de su conciencia, sorbida por las cuevas y lechos marinos de su ser. Después de estas visitaciones se sentía pesada, llena de bostezos y letargo, hasta que al fin abría sus muslos de nuevo, permitiendo la salida a una nueva creación.

Quizás su progenie serían peces: muchos suaves y simples con sus escamas plateadas, otros intrincados con aletas, barbas y espinas; algunos delicados y bellos, sus aletas y colas como velos de sedas irisadas; algunos feroces y feos, con rostros que eran máscaras de furia. O pudiera ser una fantástica creación de reptiles: monstruos acorazados gigantescos, armados como para resistir la colisión de planetas; o pájaros: cada especie alojando sus propios cantos y gritos, sus propias destrezas para formar nidos, y un plumaje específico hasta la más débil línea de la pluma más pequeña. Todas estas criaturas exhibían en cada una de sus partes la interminable inventiva, la inconmensurablemente poderosa imaginación del Viento generador; ellas se hacían una con la Mujer, acrecentando su belleza como un fino vestido.

El Viento estuvo lejos por muy largo tiempo; a la Mujer le pareció que habían transcurrido eones desde que él hubiera, meramente, soplado los canales del dorso de su mano o agitado una sola hebra de su frente. Toda su vieja resistencia a recibirlo había sido olvidada; sin él estaba inquieta y sin vida; su hermoso cuerpo empezó a tener frío, a congelarse y destruir su propia vida. Entonces, por fin el Viento estuvo sobre ella; ella escuchó sus rápidos suspiros y vio como las nubes se separaban ante él como un rebaño de ovejas primaverales. Él embistió entre ellas y, sin caricia ni ternura, la penetró; todas las partículas de su vaga conciencia de sí misma explotaron juntas, reforzadas, y barrieron su interior como si hubiese sido inundada por una ola cargada de guijarros.

Michael ThompsonWoman at rest (2009)

La Mujer quedó sumida en su pesadez usual; de hecho, era aun más profunda que nunca, mientras las imágenes que se le presentaban eran más que nunca claras y perturbadoras; se sintió más cerca de entender el secreto de su vida. Cuando llegó el tiempo de abrir sus muslos esperaba dar a luz una creación de maravilla insuperable, a criaturas más fuertes que los reptiles o más exquisitas que los pájaros. Cuando de su vientre surgieron feos espantapájaros, que caminaban torpemente en dos patas y de una vez empezaron a cubrirse con hojas y pieles, estuvo primero alicaída. Esta progenie, seguramente, no podría hacer nada para glorificarla y enriquecerla. Pero entonces la Mujer se extrañó al sentir en ella una nueva cosa desconcertante, una persistente conciencia de sí misma, como si el Viento estuviera siempre con ella, como si él estuviera presente entre los tejidos de su cuerpo. Y ella empezó a sentirse agradada por lo que había ocurrido, pensando, con una claridad que antes hubiera estado fuera de su alcance: “Ahora soy tan lista e imaginativa como el Viento; puedo ser su igual y ya no meramente su obediente querida, el instrumento que él toca”.

Pronto, sin embargo, descubrió que la nueva relación no le acomodaba; ella y el Viento se la pasaban peleando, golpeando con terribles tormentas, inundaciones, terremotos y volcanes en su furia. Algunas de sus peleas eran provocadas por los intentos de la Mujer de argüir lógicamente, algunas por sus celos al comprobar que el Viento gustaba de vagar entre las nuevas criaturas, susurrándoles y, sospechaba ella, acariciándoles. Pronto, además, las nuevas criaturas se hicieron molestas. Atormentaban su piel y su carne de cien modos con su incansable actividad; dañaban su física belleza mientras destruían la milenaria quietud de su mente.

Sus querellas con el Viento y sus celos, su incomodidad corporal y mental, fueron a la larga demasiado para la natural negligencia y el buen carácter de la Mujer. Su cuerpo era ella misma y suya la plenitud de ser. Se dio vueltas una y otra vez, se rascaba y se abofeteaba, y mientras se rascaba, se abofeteaba y se volteaba comenzó a reír. Rió mas fuerte, abandonándose totalmente a la risa.

Cuando se calmó, y las nubes pudieron de nuevo doblarse suavemente en su derredor, estuvo una vez más en paz, sabiéndolo todo y no importándole nada. Ni siquiera se preocupaba porque el Viento nunca regresara, incapaz de perdonarle su disoluta destrucción. Así como toda mujer puede disfrutar la visión de su carne limpia y tibia, estirada en el baño mientras rizos de vapor ascienden livianos del pálido paisaje de su cuerpo, ahora se examinó a sí misma apreciándose, sin hacer caso, mientras descansaba entre las nubes.

Jacquetta Hawkes

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