CS #288 – Divino tesoro

Cartas

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…

Rubén Darío
Canción de otoño en primavera

……………..

Cuando comenzaban a correr los muy remotos días de 1969, el primer año de gestión del primer gobierno de Rafael Caldera, su Ministro de Educación de entonces, el Dr. Héctor Hernández Carabaño, pidió al hoy difunto Dr. Alfredo Anzola Montauban—gran señor de las iniciativas privadas de compromiso o responsabilidad social—que reuniese en su casa a una veintena de amigos—empresarios, ejecutivos privados, académicos—para plantear una cuestión que le preocupaba grandemente. Explicó el Ministro a los circunstantes que el Congreso de la época, dominado mayoritariamente por Acción Democrática, había reducido prácticamente todas las partidas del presupuesto nacional, con el interés político de hacerle la vida más difícil al presidente Caldera. El recorte había alcanzado a todos los ministerios, salvo—milagro divino o lo que nuevamente sería interés político o populista de los adecos—al despacho de Educación, el que no sólo no había sufrido reducción presupuestaria, sino que, por lo contrario, había obtenido un incremento respecto del presupuesto anterior en la fabulosa suma (para entonces) de 120 millones de bolívares al año. (Unos veintiocho millones de dólares, que a la tasa de CADIVI representarían hoy 60 millones de bolívares fuertes o 60.000 millones de los débiles).

La felicidad de Hernández Carabaño había durado poco, sin embargo. A las pocas semanas de este aumento en los recursos, uno de los consabidos conflictos laborales del magisterio—también controlado sindicalmente por Acción Democrática—había succionado 80 de esos 120 millones, y luego un inventario físico de las edificaciones escolares había determinado la necesidad de gastar de emergencia los restantes 40 millones, so pena de que los techos de varias escuelas se desplomaran sobre los alumnos. Hernández declaró, pues, que no le restaba ni un solo bolívar para invertir en nuevos programas que pudiesen innovar sobre el mero mantenimiento de lo existente.

Esto no era, no obstante, lo que más preocupaba al Ministro de Educación. La más angustiada de sus cuitas tenía que ver con un problema que ya no era de recursos financieros, sino de tiempo para manejar el cambio. Según confió Hernández Carabaño aquella noche en la casa que Anzola tenía en Los Campitos, su gestión como Ministro no pasaba la de ser un apagafuegos, y vivía de crisis en crisis, absolutamente impedido para dedicar un minuto siquiera al problema más importante del futuro de la educación venezolana. Era por esto que había solicitado la reunión, puesto que lo que quería de los invitados era que se apropiaran la tarea de pensar constructiva y creativamente sobre ese futuro.

A más de un cuarto de siglo de distancia, el Prof. Antonio Luis Cárdenas, Ministro de Educación del segundo gobierno de Caldera, se quejaba de que le resultara muy difícil cambiar la educación nacional desde adentro del “monstruo” del Ministerio de Educación.

En ese entonces, la más reiterada imagen en los discursos presidenciales de Rafael Caldera era la alegoría del túnel que Venezuela cruzaba en la oscuridad. Pudiera decirse que el presidente Caldera entendía su segunda misión como la de guiarnos en las tinieblas, y que tal vez sentía que tocaría a otros ejercer el liderazgo a campo abierto y a plena luz del día. Una clave de esta última presunción podía hallarse en la más importante de las declaraciones contenidas en su discurso de Año Nuevo, el 1º de enero del año de gracia de 1996. Al referirse a la abstención de la mitad de los Electores en las recién celebradas elecciones estadales y municipales, Rafael Caldera estimaba que tal hecho constituía una atractiva invitación para que “nuevos valores humanos, nuevas ideas, nuevas organizaciones políticas” se incorporasen a lo que llamó el debate trascendente.

El segundo gobierno de Rafael Caldera, pues, no fue sino la amplificación, a niveles desproporcionadamente altos, de la situación que le tocó vivir a Héctor Hernández Carabaño en el Ministerio de Educación de 1969. Seguramente había intentos por alcanzar metas más trascendentes que la mera estabilización económica en aquella época, pero, en términos generales, aquel gobierno estuvo signado, desde el comienzo, por una situación de recrecida crisis, a partir sobre todo de la débâcle del sector bancario, que se convirtió en la madre de todas las crisis. Por eso pensaba Ramón Escovar Salom, Ministro de Relaciones Interiores, que el principal problema del período era el de la “gobernabilidad”. El mismo fenómeno de la escasez de tiempo para la consideración estratégica, la sobrecarga táctica en el manejo de crisis tras crisis, continuaba predominando.

El Estado venezolano estaba urgido, sin duda, de una profunda reingeniería, tanto por causas de su propia patología, de su propia escala tumoral, como por razones incontrolables de variación del contexto internacional, en el que aceleradas y profundas transformaciones dejaban atrás las previsiones paradigmáticas de la Constitución de 1961 y los conceptos políticos de los inicios de la democracia en nuestro país. La pregunta de entonces era ¿conviene que sea el mismo gobierno el que se reforme a sí mismo, o se necesita un intervalo en el que la misión sea, exclusivamente, producir ese cambio profundo del sistema al que, una vez transformado, podrían venir a operar los líderes del futuro?

………

Nuevamente han salido a la calle los estudiantes que tuvieron destacada participación el año pasado, cuando la cesación de la licencia de señal abierta de televisión en poder de las Empresas 1BC les impulsó a la protesta, convirtiéndoles en protagonistas políticos instantáneos. Ayer rememoraron la circunstancia, marcharon por la ciudad y fueron a entregar a la Asamblea Nacional un pliego de peticiones. Reporta Carolina Contreras en El Universal las explicaciones de Ricardo Sánchez, Presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela: “El dirigente estudiantil explicó que el documento consta de varios puntos en donde piden que se restituya la señal de RCTV, detener el periodo de Ley Habilitante para el presidente, aprobar la Ley de Seguridad Social, debatir el presupuesto de las universidades nacionales, experimentales y garantizar los derechos laborales de los trabajadores independientes y que se abra un debate sobre el desarme de la población”.

¿Cómo explicaban ayer los estudiantes su reiterada presencia? Jon Goikoetxea, postuló la meta de “generar un movimiento capaz de transformar la terrible realidad del país que es la peor restricción de libertades, la pobreza, la inseguridad y la violencia”. Por su parte, Ricardo Sánchez apuntó: “El compromiso de los estudiantes está más vigente que nunca, Tenemos más razones para seguir en pie de lucha porque no ha habido rectificación ni respuestas para los requerimientos del pueblo venezolano”. Y añadió Roberto Álvarez, presidente adjunto de la Federación de Centros de la Universidad Simón Bolívar: “Vamos a seguir en las calles exigiendo que se nos respete el derecho a elegir, qué canal queremos ver y por qué gobernante queremos votar”.

Las dos últimas formulaciones describen una misión de protesta; la primera anticipa un movimiento para “transformar la realidad”. El año pasado, algunos de los líderes del movimiento estudiantil llegaron a expresar que ellos constituían las “nuevas caras” para el reemplazo político que Caldera solicitaba en 1996. El mismo Ricardo Sánchez, por ejemplo, declaraba: “Llegó el relevo y asumamos los espacios de dirección política tanto universitaria como de la calle en términos de darle nuevas caras y rostros al país”.

Por el mero hecho de ser jóvenes, parecía, estaban políticamente legitimados, desde una cierta sospecha respecto de gente de mayor edad. Ya en el siglo XVII Francis Bacon parecía darles la razón, escribiendo de este considerable problema en su ensayo “Sobre la Juventud y la Edad”: “Los hombres de edad objetan demasiado, consultan demasiado tiempo, arriesgan demasiado poco, se arrepienten demasiado pronto, y rara vez impulsan los asuntos hasta el fin, sino que se contentan con una mediocridad de éxito”.

Bacon publicaba sus ensayos, sin embargo, en 1625, cuando ya había alcanzado lo que para la época era edad provecta: sesenta y cuatro años. Por otra parte, en el mismo ensayo advertía antes: “Un hombre que es joven en años puede ser viejo en horas, si no ha perdido tiempo. Pero eso ocurre raramente. En general, la juventud es como las primeras cogitaciones, no tan sabias como las segundas… Las naturalezas que tienen demasiado calor, y grandes y violentos deseos y perturbaciones, no están maduras para la acción hasta que han pasado el meridiano de sus años… Los jóvenes, en la conducta y manejo de las acciones, abrazan más que lo que pueden retener, agitan más que lo que pueden aquietar, vuelan hasta el final sin consideración de los medios y los grados, persiguen pocos principios con los que se han topado de manera absurda, no se preocupan de innovar pues esto trae inconvenientes desconocidos, usan al comienzo remedios extremos y esto, que duplica todos los errores, no lo reconocerán ni de ello se retractarán, como un caballo que no está listo y no se detiene ni da vuelta”.

La verdad es que si Hugo Chávez cesara mañana en sus funciones por cualquier causa, o si su mandato fuera revocado en 2010, no existe en el movimiento estudiantil capacidad suficiente para encargarse de la República. Su refrescante presencia es, por supuesto, muy bienvenida; pero todavía no hay en su seno las soluciones profundas a nuestros problemas políticos principales. Ahora es cuando los jóvenes de vocación pública tienen que aprender y cavilar.

Cuando un ser humano padece una terrible enfermedad, es muy natural que desee un remedio simple y definitivo. Así pasa con las sociedades: en el caso de la nuestra, aquejada de chavoma agudo, no son pocos los que prefieren las explicaciones y las soluciones simples. Por ejemplo, creer que la fecha magnífica del 2 de diciembre de 2007 se debió al movimiento estudiantil, que a su vez surgió del hecho arbitrario de despojar a RCTV de su señal abierta. Como esto sería así, había que marcar ayer esa efeméride inicial con un recuerdo efectista del arrebatón.

Esto, sin embargo, no es sino acción meramente táctica. Las tareas requeridas son más profundas, más estratégicas, y pasan por la concepción y emergencia de un nuevo tipo de organización política. En su diseño, en su espacio, la contribución de los jóvenes será crucial. El lunes de esta semana un artículo en The New York Times indicaba que la razón de fondo del triunfo de Barack Obama sobre Hillary Clinton es que ésta sería una mentalidad del siglo XX, mientras que la de su contendor es del siglo XXI, aludiendo al inteligente e innovador uso de Internet en la campaña del Senador por Illinois.

La superación de nuestra agobiante realidad política, por supuesto, no será posible sin nuestros estudiantes, pero ellos solos no son en absoluto suficientes.

LEA

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FS #196 – Cambio paradigmático

Fichero

LEA, por favor

En diciembre de 1990 pude completar un estudio sobre El problema de la calidad en la educación superior no vocacional en Venezuela, de donde he tomado el extracto que compone la Ficha Semanal #196 de doctorpolítico.

El estudio en cuestión abogaba por las ventajas que un esquema similar al del college norteamericano podía aportar a un primer ciclo de educación superior, siempre y cuando pudiera desplazar su atención de lo clásico o canónico al estudio de los pensadores más recientes. Así, argumentaba en la siguiente dirección: «Los norteamericanos tienen una estrategia de educación superior diferente a la de nuestras universidades, copiadas del estilo francés. Luego de lo que sería equivalente a nuestra escuela secundaria, su high school, el alumno norteamericano que ingresa a la universidad todavía debe pasar cuatro años de una educación de corte general. En sus colleges, pertenecientes a una universidad que también ofrece «estudios de graduados» (master en adelante), o en colleges independientes, los alumnos continúan en la exploración general del universo. Si bien ya se les facilita la expresión de intereses particulares, a través de un campo que enfatizan como un major, la salida es la de un grado de Bachellor in Science o de Bachellor in Arts, que refleja una gruesa división análoga a la de nuestros bachilleres en ciencias y en humanidades. Pero con una enorme diferencia. El tiempo dedicado al aprendizaje general es marcadamente superior en el bachellor estadounidense que en el bachiller venezolano. La edad en la que el bachellor debe escoger finalmente un campo de profesionalización es más madura que la que exhibe nuestro típico bachiller de 17 años. Luego, en dos años tan solo que toma el master de profesionalización, se obtiene un profesional capaz y más consciente de su papel general en la sociedad».

Pero la intención del estudio, que prescribía un cierto pénsum para una «licenciatura de estudios generales» en tres años, no se limitaba a la sola formación de una moderna y redonda concepción del mundo. De este modo adelantaba: «No nos es lícito asumir la postura del griego, que contemplaba al mundo, sino la del romano que lo transformó, según la comparación de Hegel, que en algunas clasificaciones ocurre como pensador ‘de derechasÂ’. No nos será suficiente comprender la realidad, si no logramos transformarla, como destacó Marx, alumno de Hegel y a quien algunas clasificaciones ubican a la izquierda. En el fondo ambos se habían topado con lo mismo, con una dualidad tan resistente como la historia. El hombre de pensamiento no puede eximirse de cooperar en la acción, pero tampoco el hombre de acción puede abstenerse de pensar. Sobre todo en una época como la actual, en la que el propio recambio paradigmático y epistémico induce a la incertidumbre conceptual, es criminal que aquél que vea lo que se puede hacer no procure que se haga, como es altamente peligroso que el que puede hacer rechace contemplar y entender lo que hace».

El trozo escogido para la ficha de esta semana corresponde a la parte final de la sección del estudio dedicada a los estudios sociales.

LEA

Cambio paradigmático

Desde el punto de vista político, esto es, desde la perspectiva de la actividad del hombre en la solución de problemas de carácter público, es importante llamar la atención al hecho crucial de una crisis en los paradigmas políticos operantes.

El texto de John A. Vásquez, The power of power politics (sin traducción castellana), destaca la crisis de ineficacia explicativa y predictiva del paradigma que concibe a la actividad política como proceso de adquisición, intercambio y aumento del poder detentado por un sujeto de cualquier escala. (Individuo, corporación, estado.) Aun cuando su investigación se centra sobre la inadecuación de esa visión en el campo académico de las ciencias políticas, este fenómeno tiene su correspondencia en el campo de la política práctica. (A fin de cuentas, lo que la baja capacidad predictiva de ese paradigma significa es que en la práctica política el estilo de la Realpolitik parece, al menos, haber entrado en una fase de rendimientos decrecientes.)

Yehezkel Dror ha aportado un enfoque diferente. Dejando de lado el enfoque tradicional de la ciencia política, su interés se desplaza al de las ciencias de las políticas (policy sciences en lugar de political sciences). Por este camino ha podido proporcionar un bien estructurado es-quema de los modos concretos de arribar, con una mayor racionalidad, a «mejores soluciones» para problemas de carácter público. Es recomendable, al menos, el estudio de su libro Design for policy sciences.

La crisis del paradigma de la Realpolitik, junto con el despliegue de nuevos métodos para el análisis y configuración de las decisiones públicas debe desembocar en una nueva conceptualización de la actividad política. A nuestro juicio, el crecimiento de la informatización de la sociedad en su conjunto, exigirá un cambio importante en el modo de legitimación de los actores políticos. Un caso ilustrativo es el de la crisis del Partido Demócrata de los Estados Unidos de Norteamérica. William Schneider, en «Para entender el neoliberalismo», describe el cambio de este modo: «…la división era entre dos maneras distintas de enfocar la política, y no entre dos diferentes ideologías.»… «La generación del 74 rechazó el concepto de una ideología fija»… «En The New American Politician el politólogo Burdett Loomis emplea el término empresarial para describir la generación del 74.»… «De una manera general, los nuevos políticos pasaron a ser empresarios de política que vincularon sus carreras a ideas, temas, problemas y soluciones en perspectiva.» … «Adoptaron el punto de vista de que las cuestiones políticas son problemas que tienen respuestas precisas, a la inversa de los conflictos de intereses que deben reconciliarse.»

En Venezuela el modelo de la reconciliación, de la negociación, del pacto social o de la concertación, resulta ser todavía el modelo político predominante. En análisis relativamente modernos, como en el caso del difundido trabajo del IESA—»El Caso Venezuela: una ilusión de armonía»—la recomendación implícita es la de continuar en el empleo de un modo político de concertación, al destacar como el problema más importante de la actual crisis el manejo del conflicto.

Tal vez porque la etapa democrática venezolana es de cuño tan reciente, haya una resistencia, por ejemplo, al planteamiento de una «reconstitución política». La Constitución de 1961 es un hecho cronológicamente reciente. Como tal se la percibe como si fuese un dechado de modernidad, cuando en verdad viene a ser la última expresión de un paradigma político agotado.

Es por esto que resulta aconsejable incluir en un programa de estudios superiores no vocacionales una discusión sobre las nuevas direcciones y concepciones del quehacer político. Entre éstas, valdrá la pena, a nuestro juicio, examinar el nacimiento de una concepción «médica» de la actividad política, cuyo antecedente más próximo es la afirmación de Dror: «Policy sciences are in part a clinical profession and craft«.

La política no es una ciencia: es una profesión. Es un arte, un oficio. Como tal, puede aprenderse. Del mismo modo que la medicina es una profesión y no una ciencia, aunque de hecho se apoya en las llamadas «ciencias médicas», que no son otra cosa que las ciencias naturales enfocadas al tema de la salud y la enfermedad de la especie humana. Es así como la política debe ser entendida como profesión, aunque existan ciencias «políticas», como la sociología, exactamente en el mismo sentido en que el derecho es una ciencia y la abogacía es lo que resulta ser la profesión, el ejercicio práctico.

La informatización acelerada de la sociedad, con su consiguiente aumento de conciencia política de las poblaciones, está forzando cambios importantes en los estilos de operación política. El Glasnost, más que una intención, es una necesidad. El previo modelo de la Realpolitik requería, para su operación cabal, de la posibilidad de mantener discretamente oculta la mayoría de las decisiones políticas. Como hemos visto recientemente, hasta las operaciones que son intencionalmente diseñadas para ser administradas en secreto, son objeto de descubrimiento, casi instantáneo, por los medios de comunicación social.

Son condiciones muy diferentes aquellas que definen el contexto actual del actor político. El tiempo que separa la acción política de la evaluación política que de ella hacen los gobernados se ha acortado considerablemente, por señalar sólo uno de los cambios más determinantes. Es así como esta actividad humana atraviesa por un intenso período de reacomodo conceptual.

Si el paradigma médico puede servir para una reformulación de la actividad política, el concepto de qué es lo que puede ser descrito como una «sociedad normal» resulta ser noción central de todo el tema. Se trata de limpiar de carga ideológica y de pasión el acto evaluativo sobre el estado general de una sociedad determinada.

Por ejemplo, una definición de sociedad normal se verá expuesta a cambios de significado con el correr del tiempo, así como la definición de «hombre sano» ha variado en el curso de la historia. No puede ser la misma concepción de salud la prevaleciente en una sociedad en la que la esperanza de vida alcanzaba apenas a los treinta años, que la que es exigible en una que extiende la longevidad con las nuevas tecnologías médicas.

Del mismo modo, una cosa era la «sociedad normal» alcanzable a fines del siglo XVIII y otra muy distinta la asequible a las tecnologías políticas de hoy en día. Por ejemplo, es innegable el hecho de que la mayoría de las naciones del planeta exhiben una distribución del ingreso que dista bastante de lo que una «curva de distribución normal» describiría. Igualmente, la intensidad democrática promedio, aún en naciones desarrolladas, está bastante por debajo del grado de participación que las tecnologías de comunicación actuales permitirían.

Convendrá discutir, en el seno de este programa, sobre el tema de los límites psicológicos, tecnológicos y económicos de la democracia.

Psicológicos, porque no es dable pensar en una reedición literal de la asamblea griega clásica, en la que la agenda total de las decisiones públicas atenienses era manejada por la «totalidad» de los ciudadanos. Hay límites a la idoneidad del procedimiento democrático y hay decisiones, la mayoría de ellas técnicas, que son indudablemente mejor manejadas por los especialistas.

Tecnológicos, porque es la tecnología la que dibuja el borde de lo que es posible en principio. El avance de las redes de comunicación permite prever una mayor frecuencia de procedimientos de referéndum para una mayor gama de decisiones públicas. Y al entreverse la posibilidad la presión pública por acceder a ese grado de participación no se hará esperar.

Económicos, porque obviamente las instituciones políticas tienen un costo de inserción y un costo de operación. No es posible hacer todo.

Pero en cualquier caso, el cambio de paradigma político está en proceso. Retornamos a Schneider: «Los que solucionan problemas viven en una cultura política altamente intelectualizada que respeta la pericia y la competencia. Esto no significa que practiquen una política libre de valores. Varios miembros de la generación del 74 a los que entrevisté se sentían ofendidos cuando se les calificaba de tecnócratas, y prácticamente cada uno de ellos hacía demasiado hincapié en su compromiso con los valores liberales. Sin embargo, no los distinguen sus valores sino su manera de enfocar la política. Los que solucionan problemas practican una política de ideas. Los demócratas más tradicionales se consideran defensores; la suya es una política de intereses.»

Creemos que sería inconveniente enseñar, a los alumnos de un programa que aspira a ser distinguido por su contemporaneidad, una política que sólo se concibe como conciliación de intereses, cuando justamente esa política está dando paso a una política de ideas y soluciones.

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LEA #287

LEA

El protagonista principal del referéndum del 2 de diciembre pasado no fue Raúl Isaías Baduel; tampoco Jon Goikoetxea, Marisabel Rodríguez, Teodoro Petkoff, Julio Borges o Manuel Rosales; ni siquiera el movimiento estudiantil considerado como un todo. Todos ellos integraron el estelar elenco, pero el Oscar al Mejor Actor cabe, sin duda alguna, al enjambre ciudadano entero, al Pueblo de Venezuela.

Es ese conjunto, un sistema complejo en el que como tal se revelan “propiedades emergentes”, la entidad que estuvo rumiando durante 2007 y finalmente decidió no aumentar más los poderes que ya excesivamente acumula el Presidente de la República.

No ha cesado de rumiar. Desde entonces, ha contemplado en calma la farsa cada vez más evidente de la revolución “bolivariana”, la vaciedad de su discurso, la peligrosidad de sus ejecutorias. La más reciente de sus cavilaciones es obvia: con foco en lo que denuncian las computadoras incautadas por el ejército colombiano en el campamento de Raúl Reyes en Ecuador.

Es el comportamiento más infrecuente entre los humanos el reconocimiento responsable de una falta cometida. Quien choca el automóvil de otro por detrás usualmente se baja a insultar al agraviado, y a transferirle su culpa porque no habría puesto una luz de cruce o apartado el carro. Es posible contar con diez dedos los casos de delincuentes, aun flagrantes, que en toda la historia del hombre han admitido ser culpables.

Chávez no es la excepción a esta regla. Si el 4 de febrero de 1992 asumió la responsabilidad de sus actos fue porque estaba ya reducido y preso; si el 11 de abril de 2002 ofreció renunciar era porque tenía a casi todos los mandos militares en su contra. Pero esta vez, sabedor de la inmensa gravedad de lo que los computadores guerrilleros guardan en sus unidades de almacenamiento, se niega a admitir lo que ya es transparente para el mundo entero porque son datos duros compatibles con su ya larga conducta complaciente hacia las FARC. En vez de aceptar la verdad, la emprende entonces contra la cabeza de Interpol y ordena que la pertenencia de Venezuela a este organismo técnico sea revisada.

Nada de esto, nada de su claro significado, escapa al enjambre ciudadano, harto de la procaz pugnacidad de su presidente. Va destilando así, pacientemente, sus conclusiones, para hacerlas prevalecer en el oportuno momento de la madurez política.

No necesita que ningún iluminado providencial venga a enseñarle nada, ni a regañarlo porque, presuntamente, se degrada moralmente. (“Queremos que la sociedad nos acompañe con su aliento tomando conciencia cada quien del riesgo que corremos como pueblo, si no sucede un viraje urgente como el que, aquí y ahora, proponemos en nombre de todos los venezolanos”. “Movimiento 2 de diciembre” “¿… esperaremos insensibles hasta alcanzar el último grado de la degradación moral?”, Antonio Sánchez García).

Por lo contrario, el Pueblo de Venezuela ha aprendido y crecido en todos estos años de despropósito chavista (y opositor, también), ciudadana y, sobre todo, moralmente. Y no es nada bruto; más bien es muy inteligente.

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CS #287 – Movimiento rebajado

Cartas

“Este libro nació de un texto de Borges…”, decía Michel Foucault en la introducción de su obra cumbre—Las palabras y las cosas—y este texto nació del “Día a Día” del 20 de mayo en el diario Tal Cual, que como siempre lleva la firma de Simón Boccanegra, seudónimo de Teodoro Petkoff, su Director. Si, siguiendo la costumbre de quienes bautizan sus “movimientos” con fechas que pretenden usurpar, ese fragmento de Boccanegra se convirtiere en manifiesto, quien suscribe no vacilaría en firmar al pie.

La nota dice: “Este minicronista oyó ayer a Miguel Henrique Otero explicando en TV los alcances y propósitos del grupo del cual es vocero, el 2D. Según el director de El Nacional, en vista de que los partidos políticos sólo se ocupan del tema electoral y no le paran bola a los ‘verdaderos problemas’ que está viviendo el país, el 2D se ocupará de ello. Es decir, nos hará saber que tenemos un lío con Colombia, que nadie había notado, probablemente; que la inflación va por 30%, cosa que seguramente tampoco nadie sabía, etc., etc. Muy loable, desde luego, ese esfuerzo. Pero a este minicronista le llama la atención que para llevarlo adelante tenga MHO que darle, de refilón, un tequichazo a los partidos. Por una parte, es falso de toda falsedad que los partidos políticos no se ocupen de los problemas del país. En el propio diario de MHO pueden leerse numerosas declaraciones de dirigentes políticos ocupándose precisamente de los problemas a los que aquél se refiere. Por otra parte, uno que es bruto, se pregunta si trabajar para derrotar al gobierno electoralmente, en noviembre, no es la manera más directa y eficiente de ocuparse, precisamente, de los problemas del país. ¿El propio nombre que se ha dado el grupo, 2D, no es, acaso, la mejor demostración de la eficacia de una estrategia democrática y electoral? ¿O es que la contienda por las elecciones de gobernadores y alcaldes es un juego floral, una diversión para eludir los ‘verdaderos problemas’—que sólo desvelarían, al parecer, a los integrantes del 2D? A este minicronista le gustaría saber, junto a mucha otra gente, si, además del esfuerzo—que se le agradece al 2D—de informarnos del mal que estamos muriendo, tienen alguna alternativa que ofrecernos. Porque si preparar una campaña electoral es soslayar los ‘verdaderos problemas’, ¿cuál sería la verdadera manera de hacerles frente?”

………

De tan certero disparo se ocupó el mismo día el geólogo petrolero, Gustavo Coronel, antiguo activista de la “sociedad civil” venezolana, ex director de PDVSA, quien desde hace años procura dirigir la oposición local desde su residencia en los Estados Unidos. Así escribió en su ecléctico blog castrense (http://www.lasarmasdecoronel.blogspot.com/): “En Tal Cual, edición de hoy martes 20 de mayo, el cronista Simón Boccanegra publica un corto comentario titulado ‘Preguntas Ingenuas al 2D’, en relación a los propósitos del nuevo grupo de opinión política llamado grupo 2D. A pesar del tono crítico de la nota creo que, por primera vez, se vislumbra la posibilidad de un diálogo serio entre la oposición. Creo que el grupo 2D debe aprovechar la nota de Petkoff para establecer ese diálogo”.

También dice: “Petkoff hace algunas preguntas al Grupo 2D, las cuales, aun formuladas en tono de queja, son pertinentes y pueden y deben ser respondidas de buen talante por el Grupo 2D”. Más adelante compensará eclécticamente, no vaya a ser que se le presuma “teodorista”: “Petkoff está en lo cierto al afirmar que las elecciones son una excelente herramienta de cambio político y el grupo 2D tiene razón al afirmar que la ansiedad mostrada por los partidos de oposición por lograr posiciones burocráticas para sus propios grupos o líderes, no es lo que más le conviene al país en estos momentos”.

Y añade esto: “Lo que el país requiere ya es suficientemente sabido y estoy seguro de que Petkoff mismo debe tener sus ideas bastante claras en ese sentido. Pero, es que ¡la ausencia de Chávez es ya una alternativa a seguir teniendo a Chávez! Nunca he podido comprender el argumento de distinguidos miembros de la oposición, ése de que Venezuela no tiene alternativas a Chávez y, que por ende, tenemos que aguantarlo resignadamente hasta el 2012 (o más allá)”.

Y también: “La estrategia electoral es importante pero no es la única. Allí hay una diferencia de fondo entre el Grupo 2D y líderes como Petkoff, Borges y Rosales, para quienes la vía electoral parece ser la única y quienes parecen haberse convencido de que es necesario calarse a Chávez por cinco años más, a fin de derrotarlo electoralmente en el 2012”.

El artículo de Coronel aboga, finalmente, por la celebración de un “Congreso por la Democracia, en Venezuela, con la participación de dos o tres invitados extranjeros de estatura internacional, a lo Clavel [Havel, se supone], Cardozo [Cardoso, se presume] u otros líderes democráticos del mundo, un Congreso donde la oposición se ponga de acuerdo en torno a estrategias electorales y programas de transición post-Chávez que sean breves, claros y sencillos”. Es decir, todo un evento de primera, con tarjetas de identificación en la solapa y todo.

Toda la pieza está profusamente ilustrada, con una secuencia de ocho fotografías. La que abre la serie y está más destacada es una de Jon Goikoetxea, en la que se le muestra micrófono de megáfono—¿contradictio in terminis?—en mano dirigiéndose a un grupo de estudiantes. No se le nombra en el artículo, pero se le concede el sitio de honor, luego de que recibiera el Premio Milton Friedman (líder de la “Escuela Monetarista de Chicago”, inspiradora de las economías de Ronald Reagan y Augusto Pinochet) de la Libertad. (Concedido por el Instituto Catón, un think tank de definición “libertaria”, es decir, derechista, que “busca ampliar los parámetros del debate de la política pública para permitir la consideración de los principios estadounidenses tradicionales del gobierno limitado, la libertad individual, los mercados libres y la paz”. Esto último, por cierto, no pareciera ser un “principio tradicional de gobierno” de los Estados Unidos, que sin contar una que otra invasioncilla menor se ha comprometido en al menos cuarenta y ocho guerras con posterioridad a su independencia. Una cuenta distinta puede verificarse en la incómoda Wikipedia—List of United States military history events—, que enumera más de doscientos cincuenta “principales despliegues extraterritoriales y domésticos”—guerras como la Segunda Mundial, la de Corea, la de Vietnam, la de Irak, etcétera cuentan cada una como una sola intervención—, sin contar setenta contra sus pieles rojas y la advertencia siguiente: “Además de las operaciones enumeradas arriba, los Estados Unidos tienen una muy activa política exterior que emplea diversos métodos para influir los eventos en otros países. Estos métodos incluyen: venta de armas, asesoría militar y adiestramiento, préstamos internacionales, sanciones económicas, ayuda al desarrollo, transmisiones radiales al exterior, donaciones a organizaciones no gubernamentales, apoyo a grupos separatistas y apoyo de medios de prensa antigubernamentales”). ¿Habrá sido ya coaptado por la derecha estadounidense el prometedor Goikoetxea?

Debajo de Goikoetxea sigue la foto—una de las más pequeñas—de Teodoro Petkoff, y por debajo de ésta las de Miguel Henrique Otero (“Movimiento 2D”), Antonio Ledezma, Oswaldo Álvarez Paz (“Movimiento 4D”), Marcel Granier (“Movimiento 4D”), Oscar García Mendoza (“Movimiento 4D”), Leopoldo López y, para cerrar, la de Manuel Rosales. Implicación: éstos son, para Coronel, los líderes venezolanos más importantes del momento, quienes debieran “dialogar”.

………

La pieza de Coronel puede ser comentada a muchos niveles. Podría empezarse con el análisis de la última de sus oraciones citadas: “… un Congreso donde la oposición se ponga de acuerdo en torno a estrategias electorales y programas de transición post-Chávez que sean breves, claros y sencillos”. Primero que nada, una vez más la acción política relevante queda definida, para opinadores como Coronel, como “oposición” a Chávez. Si Chávez no existiera, ¿cuál sería entonces la esencia de esa acción? (Como el “postmodernismo”, que sólo atina a definirse en relación con el “modernismo” que lo precede). Luego, es sospechosa la cantidad de adjetivos—de transición post-Chávez, breves, claros, sencillos—para calificar a una sola noción sustantiva: programas. Claro, Coronel ha explicado antes que “[l]o que el país requiere ya es suficientemente sabido”, y por esto se abstiene de especificarlo, aunque luego propugne que sobre tal cosa hay que ponerse “de acuerdo”.

Después está su iluminadora declaración de que “la ausencia de Chávez es ya una alternativa a seguir teniendo a Chávez”. (La presencia de Coronel no es lo mismo que su ausencia). Adelanta tan profundo descubrimiento para postular su incomprensión del “argumento de distinguidos miembros de la oposición, ése de que Venezuela no tiene alternativas a Chávez y, que por ende, tenemos que aguantarlo resignadamente hasta el 2012 (o más allá)”. Ésta es una caracterización falaz. Lo que algunos distinguidos miembros “de la oposición” y otros observadores que no se definirían así—de los llamados “Ni-ni”, por ejemplo—han señalado es que no hay en el panorama político venezolano una oferta alterna de proporciones equivalentes a la chavista que, obsoleta y maligna como es, todavía no tiene competidores. (Por lo menos no hay ninguna que haya concitado igual grado de apoyo. ¿O es que acaso “Un sueño para Venezuela”, de Gerver Torres, después de años de patrocinio bancario y largo recorrido por el país, ha levantado una poblada?) Y este dato de nuestra terca realidad no es un axioma del que se desprenda, como teorema ineludible, que hay que calarse a Chávez hasta el 2012 (o más allá). Se trata de dos juicios independientes.

Ya que estamos en esto, puede apuntarse que ciertamente la elección que previsiblemente proveería un sucesor de Chávez ocurriría en 2012, pero en 2010 vuelve a presentarse la posibilidad constitucional de revocar su mandato. Esto no parece ser suficientemente rápido para Coronel—ni para el “movimiento” 2D—y por tanto lo que promueven, sin decirlo, no es un expediente constitucional. Repitamos una cláusula esclarecedora de Coronel: “La estrategia electoral es importante pero no es la única. Allí hay una diferencia de fondo entre el Grupo 2D y líderes como Petkoff, Borges y Rosales, para quienes la vía electoral parece ser la única y quienes parecen haberse convencido de que es necesario calarse a Chávez por cinco años más, a fin de derrotarlo electoralmente en el 2012”. No, la estrategia electoral no es la única, pero ninguna otra aceptable puede contradecirla.

Ha costado mucho haber obtenido los resultados, precisamente electorales, del pasado 2 de diciembre, fecha que ahora se apropia un grupo que procura desacreditar a quienes—Petkoff, Borges y Rosales—con el mayor acierto siempre pusieron fe en el camino electoral, incluso luego de la insensatez del insurreccional paro petrolero, la necedad de los invasores militares en Altamira, el incompetente manejo “coordinado” del fallido intento revocatorio y, sobre todo, la estupidez criminal de la conspiración que tuvo por mascarón de proa a Pedro Carmona Estanga. Hasta el mismo premiado de Catón, Jon Goikoetxea, muy principalmente, insistió siempre en que había que ir a votar el 2 de diciembre de 2007.

Cuatro días más tarde de esa fecha, esta publicación quiso despejar una que otra cosa previa, antes de sugerir un “orden correcto” de las tareas políticas, fortalecido por el crucial logro de rechazar el proyecto de “reforma constitucional” del combo Chávez-Asamblea Nacional. Así ponía: “La primera es la de despejar las leyendas urbanas alimentadas desde los recalcitrantes radicales de oposición que a estas alturas, como dice Luis Alberto Machado, en vez de regocijarse con los resultados del domingo, y por mantener tercamente que tenían razón cuando obviamente carecían de ella, andan buscando el modo de amargarse la vida. (Como, por ejemplo, la necedad totalmente falsa que circula en correos anónimos alegremente distribuidos: ‘Baduel, Chávez, el CNE, el Alto Mando Militar y los factores del NO, negocian unos resultados que no fueran humillantes para Chávez y aparecen esos resultados cerrados’. Esta estúpida especie es de la misma calaña de las que sostenían que Gaviria se vendió en agosto de 2004, que Petkoff fue a reunirse con Fidel Castro de regreso de la toma de posesión de Bachelet en abril de 2006 y que Rosales se reunió en Fuerte Tiuna en diciembre de ese mismo año para negociar su rendición)”. Y luego recomendaba: “Hay, en cambio, un evento electoral inexorablemente pautado para 2008: las elecciones de nuevos gobernadores y alcaldes. Sólo un poco más de diez meses nos separan de esos comicios… La preparación de candidaturas para esa circunstancia ineludible debe comenzar ya”.

En efecto, hay una “diferencia de fondo entre el Grupo 2D y líderes como Petkoff, Borges y Rosales”, y es por ella que el “diálogo” que Coronel vislumbra entre ambos bandos es más bien ilusorio. Es quizás imposible.

………

“Uno crea sus propios precursores”, dijo una vez Jorge Luis Borges, quien inspirara a Michel Foucault, para indicar que a veces uno arriba independientemente a un hallazgo ya encontrado antes por otros. Esto ha debido pasar a Antonio Sánchez García (“Movimiento 4D”), que escribe anteayer el artículo “¡Renuncie, Presidente!”, que encabeza de este modo: “Esa sería la exigencia que una oposición política seria, digna y honorable, a la altura de las circunstancias y responsable ante el pasado, el presente y el futuro de su patria, le hubiera planteado ya hace horas a quien, dirigiendo los destinos de un país decente, hubiera sido desenmascarado ante el mundo como un mandatario irresponsable de su alta investidura, coaligado con las narcoguerrillas de un país vecino y embarcado en la aventura de destruir sus bases morales, jurídicas y culturales”.

Once días antes, el viernes 9 de mayo, el suscrito fue entrevistado gentilmente por José Gregorio Graterol desde Unión Radio. El rumbo de la conversación llevó a que comentara que a principios de 2002, cuando comenzaba a generalizarse en el país la impresión de que una continuación de Chávez en el poder era nacionalmente inconveniente—mayoría civil destrozada por los conspiradores de abril—, los analistas revisaban un abanico de posibilidades: enmienda para recorte del período (Raffalli, Primero Justicia), nueva constituyente, referendo consultivo, “acta de abolición” (quien escribe) y hasta golpe de Estado puro y simple (Olavarría, en el artículo “Derecho de rebelión”). Pero más allá de la consigna inmediatista de las marchas de la época (“¡Chávez, vete ya!”) nunca fue seriamente considerada la petición masiva de la renuncia presidencial, seguramente porque, con alguna razón, se pensaba que Chávez había llegado al poder para aferrarse a él. Entonces dije a Graterol, luego de inventario breve de las más recientes arbitrariedades y delincuencias de Hugo Chávez, que bien pudiera hacerse necesario exigírsela.

Es poco probable que Sánchez García haya escuchado el programa de Graterol, así que estaría en la situación borgiana. Esto tranquiliza a quien escribe, pues usualmente está en desacuerdo con Sánchez García. Del propio artículo de éste se desprende que cree que Chávez haría caso omiso de una petición de renuncia (a la que habría que construirle una abrumadora mayoría para que fuese eficaz). Por esto es otra cosa a la que apunta cuando, también descargando su invectiva contra los dirigentes partidistas—“Ante el ominoso silencio de quienes debieran estar exigiendo su inmediata renuncia”—, cierra su argumento con las horrorizadas preguntas: “¿Habrá quienes honren lo que nuestra sociedad civil espera de ellos? ¿Habrá quienes asuman el peso de la historia y salven la Patria en peligro? ¿O esperaremos insensibles hasta alcanzar el último grado de la degradación moral?” Así concluye: “De la respuesta a estas sencillas interrogantes depende el futuro de la Patria”.

Sánchez García fue figura muy visible del “Movimiento 4D”, aquel grupo en el que destacaban dos de los retratados por Coronel, Oscar García Mendoza (patrocinante de “Un sueño para Venezuela”) y Marcel Granier. (De éste se guindó oportunamente Sánchez García, cuando a raíz del arrebatón contra RCTV dijera: “Venezuela ha perdido un canal, pero ha ganado un estadista”). Éste era otro “movimiento” inmediatista más—ya difunto—, que pretendía que el silencio de la abstención de 75% en las elecciones para Asamblea Nacional en 2005 equivalía a catorce “mandatos” específicos “del Pueblo a la Nación” que jamás fueron pronunciados.

Ahora ha sido sucedido por otro “movimiento” (rebajado de 4D a 2D) con parecido propósito. El más notorio líder (su presidente de facto) de la nueva agrupación, a la que no se puede augurar destino mejor que el de la precedente, es Miguel Henrique Otero, editor y codueño del diario El Nacional. Es el mismo periódico que apoyó a Hugo Chávez en 1998 y al comienzo de su gobierno, cuando uno de sus antiguos directores, el desaparecido Alfredo Peña (trasladado de prisa a Venevisión la última vez que Caldera ganó una elección), fungía como Ministro de la Secretaría de la Presidencia de Chávez, y cuando quien entonces era la esposa de Otero, Carmen Ramia, aún dirigía la Oficina Central de Información.

Otero dice no tener nada en contra de los partidos de oposición o las elecciones regionales, aunque advierte: «Pero para llegar al proceso del 23 de noviembre, primero se deben (sic) atender las irregularidades en el área militar y educativa, por ejemplo”. De lo educativo se está ocupando un gentío; ¿será que Otero (o su “movimiento”) se ocupa de “las irregularidades en el área militar”?

Lo que nos lleva a mencionar al más nuevo entre los mártires castrenses, el general Francisco Usón, otro notorio líder del “Movimiento 4D”. (También muy cómodo en la primera parte del gobierno de Chávez, al punto de que fuera su Ministro de Finanzas en 2001 y hasta 2002, hasta cuatro años después de iniciado el estropicio). Usón ha dicho en Globovisión que el “Movimiento 4D” “representa a todos los venezolanos que, en un momento dado, estamos preocupados por la situación del país”. Ha debido preocuparse él antes, desde 1999 al menos, por un lado; por el otro, el “Movimiento 4D” representa, si acaso, a los opositores más talibánicos y atrabiliarios de Hugo Chávez, que nunca han tenido sentido político y que, en más de una ocasión, fueron sus promotores de antaño.

El 28 de febrero de este año, la Carta Semanal #276 de doctorpolítico advertía: “…no es en absoluto despreciable la probabilidad de que este quinquenio no culmine. Muchos factores, en convergencia no necesariamente planeada, pueden suscitar un desenlace distinto: la interrupción del mandato de Chávez antes de que llegue a su término constitucional”. Pero también señalaba: “Suceder a Hugo Chávez en la Presidencia de la República es, sin duda, un asunto enormemente complejo… como dice el adagio político norteamericano, you can’t fight somebody with nobody. Si se ve la cosa desde el punto de vista de la oposición a Chávez, la ausencia de una figura nacional clara, con suficiente arraigo, es la más evidente carencia política”. Y más adelante: “Lo más probable es que el régimen de Chávez pueda superar este año de 2008, especialmente porque la población querrá esperar la consulta electoral de noviembre, que será un indicador muy significativo del apoyo que haya podido conservar. Todavía pudiera sobrevivir a 2009. La mera inercia de un ente tan enorme como el gobierno hará que su caída no sea excesivamente rápida, como debe comenzar a frenarse un supertanquero unas buenas decenas de kilómetros antes de llegar a Rotterdam, so pena de encallar en medio de la ciudad. El éxito de un referéndum revocatorio será más seguro en la medida en que se haya hecho universalmente insoportable el gobierno de Chávez, y para esto deberá invertirse lo que queda de este año y el siguiente. Así como Chávez tuvo la paciencia de esperar cinco años para revocar la licencia de señal abierta a RCTV, así debiera tenerse pulso firme para eludir atajos desesperados y asegurar la revocación”.

Ni Miguel Henrique Otero es, después de muy largos intentos, una figura nacional clara con suficiente arraigo, ni debe permitírsele que nos lleve por atajos desesperados.

LEA

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FS #195 – El líder ante el espejo

Fichero

LEA, por favor

A Juan Bravo Sananes

Es una fortuna para nuestro país que Yehezkel Dror lo haya conocido y amado. En un cortejo mutuo que duró entre 1972 y 1994, el profesor Dror visitó innumerables veces a Venezuela, en cuyo destino, con dolor creciente, no ha dejado de interesarse.

Yehezkel Dror es una autoridad mundial en los temas de la gran política: la toma de decisiones de alto nivel. Nacido en Viena y graduado en leyes en Harvard, Dror saltó a la atención de los entendidos con un penetrante e inusual libro: Crazy States: A Counterconventional Strategic Problem. (1971). Un año más tarde dictaba en Caracas su primer “taller” para tomadores de decisiones de alto nivel. Desde entonces, Dror penetró y cofundó el campo de las policy sciences desde un nivel de universalidad sin precedentes. Los gobiernos de Canadá, Holanda e Inglaterra, por mencionar algunas naciones cliente, así como la Comunidad Europea en Maastricht buscaron sus servicios de brujo insuperable. En su propio país de adopción y residencia, Israel, Dror fue Wolfson Professor of Political Science en la Universidad Hebrea de Jerusalén, y sabio residente (chief scientist) del Partido Laborista y el Ministerio de Industrias. En la actualidad dirige un novedoso think tank que fundara hace poco: el Jewish People Policy Planning Institute, JPPPI. (http://www.jpppi.org.il/).

El profesor Dror es autor de un buen número de libros de gran importancia en su campo: Design for Policy Sciences, Public Policy-Making Reexamined, Policymaking Under Adversity, y el monumental Capacity to Govern: A Report to the Club of Rome (2001), así como el ya mencionado Crazy States. Ahora pone a punto su próximo libro, The New Ruler, un manual de sabiduría para el ejercicio de un “Nuevo Gobernante”, que Dror define como “un líder político modelo de nivel superior requerido en el siglo 21”.

Fue con gran alegría que el suscrito recibiera anteayer, de manos del propio Dror, una sinopsis del libro, aparecida como documento base en el sitio web del JPPPI: The New Ruler: Leadership for the 21st Century. (Todo el ensayo está permeado por un concepto, ofrecido ya por Dror en su informe al Club de Roma: la superación de la vieja «razón de Estado» por la más universal «razón de humanidad»). De este artículo se traduce en esta Ficha Semanal #195 de doctorpolítico su sección final: “Un espejo personal para políticos que aspiran a parecerse a un Nuevo Gobernante”, que está estructurada en diecisiete consejos específicos.

Quien escribe admite haber sentido una cierta alarma al leer la décima cuarta prescripción: “Para todo lo que hagas, independientemente de su validez, necesitarás mucho poder. Inevitablemente, tendrás que usar estratagemas que podrán ser inmorales. Haz esto muy de vez en cuando, y pon cuidado extra en que no envenenen tu alma”. Es mi preferencia no dejar ni un solo resquicio a la inmoralidad, pues por él se colarán después, con facilidad, violaciones mayores una vez que uno se tolera “pecados veniales”. Prefiero, pues, entender esta admonición de Yehezkel Dror—en quien me honro en reconocer a mi amigo y mentor de más de treinta años—en los términos acuñados por otro gran judío, Isaac Asimov: “Nunca dejes que tu sentido de la moralidad te impida hacer lo que es correcto”.

LEA

El líder ante el espejo

1. Como fundamento de todo lo que pienses y hagas, entiende que ser un Nuevo Gobernante es una vocación y una misión que te impone muchas responsabilidades, con privilegios que son sólo un instrumento que te ayude a cumplir tus tareas.

2. Como político de alto nivel del siglo 21, o como quien aspira a serlo, tu primera misión es o será cuidar del futuro a largo plazo de la humanidad y tu país. Esto implica dedicar mucha atención, en la contemplación tanto como en la acción, al tejido del futuro hacia los cimientos de un mundo nuevo.

3. Esto no significa que el aquí y ahora no sean parte de tu deber, pero no deberás permitir que el “tiempo de ahora” y el “aquí estoy” dominen tu mente y monopolicen tu atención. Más bien, el cuidado del futuro deberá recibir alta prioridad tanto en tu mente como en tus acciones.

4. Para hacer esto con eficacia debes desarrollar el carácter, los valores, las capacidades cognitivas, el conocimiento y las destrezas de conducta esenciales para cumplir tu misión principal y también las misiones secundarias.

5. Como político, en parte te debes a quienes te eligieron y te seleccionaron. Pero compartes responsabilidad por el futuro de la humanidad entera. Por tanto, deberás dar mucho peso en tus decisiones importantes a consideraciones de la raison d’humanité.

6. Tejer el futuro implica cuestiones morales que no tienen precedente, tales como el significado de la “justicia” a una escala planetaria, los usos justificados de la fuerza, la limitación de la libertad de la ciencia y la información, y el manejo del potencial de la biotecnología. La consideración de estas cuestiones es, por consiguiente, una apremiante condición “práctica” para llegar responsablemente a una decisión sobre la acción apropiada. Para hacer esto deberás involucrarte en mucho pensamiento penetrante que te provea fundaciones profundas de la práctica y la pragmática.

7. De hecho, necesitas más. Para decidirte de modo responsable, necesitas involucrarte en mucha contemplación. No permitas que la presión de los eventos cotidianos, tu aprecio por la compañía y las tentaciones de ser “práctico” te impidan involucrarte solitariamente en mucha contemplación dirigida a la acción.

8. El pensar-en-la-historia está en el núcleo de tu intento por dar forma al futuro. Debes entender los procesos globales para ser capaz de optimizar intervenciones en ellos, lo que a menudo asumirá la forma de “gran política”. Esto requiere una exhaustiva conciencia de la complejidad de los procesos históricos, los que no son lineales y son densos no sólo en incertidumbre sino también en la cualidad de ser inconcebibles. No menos importantes son la identificación e invención de opciones de política que, realizadas con una adecuada masa crítica, pueden cambiar trayectorias históricas hacia direcciones deseadas. Es imperativo el desarrollo de tus capacidades de pensar, sentir y decidir en esos términos, así como dentro de marcos de surgimiento y declinación.

9. Evita ser cautivado por eslóganes simplistas, tales como el de la “sustentabilidad”, o ser esclavizado por “soluciones” simples, tales como dejar todos los problemas difíciles a la magia del mercado. Evita también las jaulas mentales de la “corrección política”, aun cuando no puedas admitirlo en público.

10. La educación del público es una de tus principales misiones, como un valor en sí misma y como una precondición para la realización de nuevas políticas y la movilización del apoyo que necesitas para hacerlo. El empleo de nuevos modos de interacción y comunicación, tales como nuevos sitios de redes como Facebook, blogs, YouTube y similares, puede ser muy útil, y te hará menos dependiente de recursos monetarios y popularidad en los medios masivos. Pero cuida no resbalarte de la educación del público hacia la fosa de la propaganda y el sesgo de los medios masivos.

11. La advertencia precedente no es más que una introducción a tu difícil y dolorosa tarea de involucrarte en mucha destrucción creativa, tanto en relación con tus ideas favoritas como con los tercos datos exteriores de las opiniones fijas, los intereses creados y otras tiranías del statu quo.

12. La participación en la construcción de una decisiva gobernabilidad planetaria, como algo esencial al futuro de la humanidad, es parte de tu misión. La cooperación con Nuevos Gobernantes es un modo principal de cumplirla.

13. Dependes de otros para ayudarte a pensar y decidir y para implementar tus opciones. Cuida evitar los amigotes y a quienes te dicen que sí a todo. En su lugar, construye equipos de consejo y consulta compuestos de personas dispuestas a decirle la verdad al poder. Pero no confíes en un único grupo de consejeros. Mientras más importante sea una cuestión, más deberás exponerte a una multiplicidad de perspectivas, puntos de vista, evaluaciones y opciones. Pero sé siempre escéptico, tanto de ti mismo como de los demás.

14. Para todo lo que hagas, independientemente de su validez, necesitarás mucho poder. Inevitablemente, tendrás que usar estratagemas que podrán ser inmorales. Haz esto muy de vez en cuando, y pon cuidado extra en que no envenenen tu alma.

15. Evita una “política como el arte de lo posible”, impulsada por encuestas de opinión y la búsqueda de compromisos fáciles, en vez de luchar por la mejor opción sobre sus méritos sustanciales. Explicarte a ti mismo, y la ilustración del público y la construcción de coaliciones apropiadas de los dispuestos deben ser tus herramientas principales para lograr el consenso necesario, no los sesgos de los medios masivos.

16. Es también necesario el cultivo de una filosofía personal adecuada, incluyendo mucho entusiasmo estoico, para que puedas persistir haciendo lo muy difícil.

17. Ningún ser humano puede llegar a ser un Nuevo Gobernante perfecto. Pero puedes luchar por aproximarte a él. Esto requiere autoconciencia y autoevaluación constantes, así como una ardua reconstrucción de ti mismo, asistida por consejeros de gran estatura en quienes confíes.

Yehezkel Dror

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