por Luis Enrique Alcalá | Nov 13, 2003 | LEA, Política |

Piedra de escándalo ha sido la viral difusión de un ya famoso video chavista por el mundo: The Revolution will not be televised. (La revolución no será televisada).
No es para menos. Se trata de una ofensiva de propaganda muy bien montada, que deja bastante atrás los esfuerzos convencionales de un estilo convencional de oposición. El «documental» está siendo exhibido profusamente en el exterior. Una de las exhibiciones más recientes, y causa de las más recientes rasgaduras de vestimenta, ha tenido lugar en la universidad femenina de Smith College, Northampton, Massachussets.
La ficha técnica del video informa que fue filmado y dirigido por Kim Bartley y Donnacha O Briain, editado por Ángel Hernández Zoido, y producido en asociación con The Irish Film Board y la colaboración, entre otros, de la BBC y Radio Televisión Española. Créditos adicionales reivindican premios en festivales de cine en Málaga, Marsella, Seattle, Chicago, Irlanda, África del Sur, etcétera.
La presentación del video declara sinópticamente: «El 12 de abril de 2002 el mundo despertó con la noticia de que el presidente venezolano Hugo Chávez había sido removido de su cargo y había sido reemplazado con un nuevo gobierno interinario. Lo que había tenido lugar en realidad era el primer golpe latinoamericano del siglo XXI y el primer golpe de los medios en el mundo».
La distribución es auspiciada por las embajadas de Venezuela por todo el planeta. Y la actitud general de la oposición es la de aquella antonomásica cuña de la televisión venezolana: «¡Mamá, Federico me está molestando!» (Con honrosas y heroicas excepciones individuales).
Por supuesto, se trata de una construcción distorsionada de los hechos, de una muy sesgada presentación de lo que sucedió, de una fabricación de contextos desde los que un juicio favorable al pobre Chávez es ineludible. Pero el video es eficaz. Si no fuera así no habría causado el nivel de alarma que se observa.
¿Basta la alarma? ¿Bastan la indignación y el frenético y escandalizado cruce de correos electrónicos? Desde un cierto punto de vista se trata de procesos positivos, reacciones de la inmunología política venezolana. Pero no son suficientes.
Una vez más digo: no basta acusar; es preciso refutar. ¿Hay alguien capaz, hay un grupo de profesionales del video que esté preparando un documental que contrarreste lo que obviamente es una cuidadosa operación propagandística? ¿O es que, de nuevo, la «dirigencia opositora»—bloques o coordinadoras—pretende jugar pelota escolar en terrenos triple A?
La heroica acción de Valeria Nucete en Northampton—que refutó junto con otras venezolanas la torcida interpretación del video de marras—tal vez haya neutralizado localmente la inflamación, pero la extensión del virus aconseja un tratamiento sistémico.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 13, 2003 | Cartas, Política |

Hace ya 31 años que se publicó un sucinto y nutrido libro de Yehezkel Dror: Crazy States: A Counterconventional Strategic Problem. Dror emplea el término «contraconvencional» para referirse, naturalmente, a lo que no puede ser entendido de modo convencional, y postula que—para 1971—las cancillerías occidentales—en principio portadoras de la olímpica llama civilizatoria—no se habían mostrado capaces de entender—y por ende de tratar eficazmente—los problemas derivados de la acción de las cabezas de los «Estados locos». (Idi Amin Dada, Moammar Kadaffi y gente así).
Dror es un maestro mundial de la gran política. Capaz de asir los patrones y dinámicas de las sociedades, estuvo entre los poquísimos que fueron capaces de anticipar, por ejemplo, la caída del Shah de Irán. (O como quería que se le llamara: el Shah de Persia, para reclamar tres mil años de legitimidad). Las cancillerías a las que Dror dirigió sus advertencias y consejos estratégicos no vieron esa repentina y estrepitosa caída.
Estos son los rasgos, según Dror, de un «Estado loco»: 1. tiene objetivos muy agresivos en contra de otros; 2. mantiene un profundo e intenso compromiso con esos objetivos (dispuesto a pagar un alto precio por su logro y correr grandes riesgos); 3. está imbuido de un sentido de superioridad frente a la moralidad convencional y las reglas habitualmente aceptadas de la conducta internacional (dispuesto a la inmoralidad e ilegalidad en términos convencionales en nombre de «valores superiores»); 4. exhibe un comportamiento lógicamente consistente dentro de tales paradigmas; 5. lleva a cabo acciones externas que impactan la realidad (incluyendo el uso de símbolos y amenazas).
Cada uno de esos rasgos se aplica con asombrosa fidelidad al régimen de Hugo Chávez. Si Dror fue capaz de formular un tipo clínico que contiene exactamente a Chávez hace ya 32 años, sería difícil que no fuese aplicable en este caso específico una implicación droriana: no es posible tratar el chavoma con estrategias convencionales. (Que son, usualmente, las que proponen los estrategas convencionales).
Hay que decir que la caracterización de Dror no agota la descripción del régimen chavista. Hay más niveles descriptivos. Por ejemplo, esto dijeron de Napoleón tres historiadores académicos: «
Napoleón Bonaparte enseñó a todos los líderes autoritarios que le sucedieron los instrumentos esenciales de la dictadura: la propaganda, una eficaz e inexorable policía secreta que forma un Estado dentro del Estado, el uso de dispositivos democráticos como el plebiscito para arrastrar apoyo popular tras el régimen, la burocratización estatal de las instituciones críticas de la educación y la religión para emplearlas como instrumentos de adoctrinamiento, y el valor de las aventuras externas para hacer tolerable la represión doméstica». (Blum, Cameron, Barnes: The European World, Boston, 1970).
La enfermedad chavista no es enteramente original, por tanto. Ha sido descrita antes. Pero tampoco es una mera repetición, puesto que incorpora algunas mutaciones sobre modelos anteriores y, por otra parte, el contexto es cualitativa y cuantitativamente distinto. (Cuando Hitler se encaramó no existían CNN ni Internet, y cuando Castro implantó su férula vivía la Unión Soviética y el euro y al Quaeda no habían nacido).
Por eso hay diferencias. ¿Cuántos muertos, desaparecidos, torturados y prisioneros, cuántas expropiaciones y exilios deben atribuirse a Fidel Castro para la fecha de 1963, el año de la muerte de Kennedy? Chávez no se ha acercado en un lapso equivalente a tales récords.
O porque no quiere o porque no puede.
Por ahora puede encadenarnos episódica pero insistentemente en el recinto de la radio y la televisión locales. Pero al cabo de un tiempo la maraña de mentiras es de tal magnitud que la atención ciudadana ya no puede llevar cuenta de instancias específicas o detalles, y se percata de la estructura subyacente: que Chávez cree, como cualquier fanático elevado a supremo inquisidor, que es superior a la sociedad que pretende gobernar. Y ya no quedan muchos colectivos nacionales que admitan la superioridad de un hombre. No en un molino político universal que debilita a Bush, que maniata a Hussein, que erosiona a Uribe, que desapoya a Toledo y a Fox, que cuestiona a Lula, que se comería a Evo Morales. (Y que anulará al inútil y dañado parásito de Carlos de Inglaterra mientras mantiene vivo a Felipe de Borbón, el futuro marido de Leticia. Desde el extremo de esta farándula política, hasta las irresponsabilidades de Chávez o de Bush, le queda poca vida a la hegemonía de la Realpolitik).
Las cadenas de radio y televisión son cada vez más evidentemente tenidas por lo que son: un abuso de poder. Pero como cualquier mal político, como cualquier mal ejecutivo, Chávez reitera incesantemente su uso, en parte porque le fueron eficaces en un principio, en parte por su neurótica necesidad de escucharse a sí mismo como el venezolano más digno, más valiente, más justo, más significativo. En gran medida, pues, una soberbia desbocada que, como saben los psicólogos desde hace tiempo, sirve para disimular la inseguridad, para calmar la fantasmagórica angustia de la inferioridad.
Nadie tiene derecho a creerse superior a su grupo nacional. Ya no porque la base marxista de su coartada específica para el autoritarismo esté francamente errada, sino por el hecho más fundamental aun de que, hoy más que nunca, los pueblos son más sabios que sus gobernantes.
El folklore judeocristiano sabe desde hace mucho que la soberbia es la más poderosa fuente de maldad, y al nivel mitológico de lo demoníaco la duración paradójica de la maldad es conmensurable con la de la historia de la humanidad entera. Pero en la realidad toda tiranía expira, y muchas veces con la muerte o el exilio del tirano. Puede ser aislado y preso en medio del Atlántico, si se ha sido tan importante como Bonaparte; puede ser asesinado como Pol Pot, cuando el dictador busca refugio en una selva guerrillera; a veces linchado como Mussolini o Ceasescu; en algunos casos se da el suicidio, como el de Hitler.
Es posible que la de Chávez sea una personalidad suicida que no se basta con una nota al juez de media página; que prolonga y multiplica sus ególatras cadenas porque está justificando su deceso a la escala épica que cree merecer.
Esta dinámica no tiene nada que ver con firmazos, reafirmazos o futuros requetereafirmazos. Entretanto, las cancillerías estadounidense, española, colombiana, brasileña, que busquen y lean el libro de Dror, que todavía se consiguen ejemplares. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Nov 6, 2003 | LEA, Política |

En el paleolítico año de 1978 un alto funcionario público de vistosa carrera pretendería la Presidencia de la República a partir de una estructura ajena a los partidos tradicionales. Para esto invitó a cierta persona que creía capaz de creación política y le explicó: «Traté de hacerlo por los cauces convencionales y me lo impidieron. Por eso tengo que intentarlo desde tienda aparte. Te he llamado porque quiero que tú seas el ideólogo de mi organización de campaña».
Tres buenas botellas de vino blanco aderezaron el almuerzo y la conversación, al cabo de las cuales el invitado se atrevió a decir, enológicamente alentado: «¿Sabes una cosa? Yo creo que si la improvisación fuese admisible yo sería mejor presidente que tú».
Pero el anfitrión también estaba algo alebrestado por el vino, y respondió con sus características agilidad y simpatía: «Estoy de acuerdo, pero tienes que concederme que yo tengo más chance que tú».
No importa saber si la pretendida colaboración se dio (no se dio); no importa siquiera si la conversación ocurrió de verdad (se non é vero é ben trovato); lo importante es que el diálogo diseca y pone al desnudo una tensión polar entre idoneidad y oportunidad que con alguna frecuencia se hace presente en las discusiones sobre el poder. Usualmente esta tensión se resuelve a favor de la oportunidad.
En la búsqueda de un deseable candidato unitario para la llamada presidencia de transición esta tensión está presente, pues seguramente hay quienes serían una magnífica escogencia pero no disponen de los canales para emerger. Dentro del territorio del «tercer lado», entonces, pudiera valer el ejercicio de yuxtaponer, a la lista de los que «tienen chance», una compuesta por nombres de los que sabrían qué hacer con el coroto. Pudiera ser que la oportunidad fuese más fácil de construir a breve plazo que la capacidad.
Comoquiera que el asunto es serio, no conviene forzarlo, como se ha propuesto, para la misma fecha del reafirmazo. Ya el confuso combo del firmazo del 2 de febrero fue un atropellamiento que a la postre resultó inútil, por el simple hecho de que había una fecha «propicia» por delante.
Lo que sí debe hacerse ya es abrir todos los canales a la participación y exposición de actores no convencionales, dado que éstos, hasta ahora, no terminan de convencer.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 6, 2003 | Cartas, Política |

Mientras las encuestas registran todas un aumento del «tercer lado» (en la terminología de William Ury) o de los «Ni-ni» (en argot local), un mar de fondo se prepara en el seno de la Coordinadora Democrática.
Sin duda la señal emitida con la constitución del «Grupo de los Cinco»—Enrique Mendoza, Henrique Salas, Julio Borges, Henry Ramos, Juan Fernández—tuvo algún efecto positivo en el sentido de mostrar una aparente unidad de los principales factores de poder dentro de la oposición. (La Asamblea de la ONU es a la Coordinadora Democrática—14 partidos, 40 plus ONGs—lo que su Consejo de Seguridad es al Grupo de los Cinco—4 partidos, 1 ONG, o tres socialcristianos, un socialdemócrata y un tecnócrata). En teoría, es allí donde está el poder efectivo (Gente del Petróleo sería, con mucho, la ONG más grande, al punto de que algunas encuestas la sitúan sólo por debajo de Acción Democrática si se la mira como partido. Lo más probable es que, efectivamente, ése sea el destino final de Gente del Petróleo: hacer metamorfosis en organización política al tiempo que deje a la organización de Horacio Medina la ingrata tarea de pelear por los intereses de 19.000 petroleros cesantes).
La unidad operativa real del Grupo de los Cinco es otra cosa. Algunos mandos medios de la Coordinadora intentaron reunirse con los Cinco para plantear que la presencia partidista fuese enfriada a cero absoluto de aquí al reafirmazo. (Y también para añorar «dirigencia» que no existiría y solidez estratégica que tampoco). Supuestamente había aquiescencia de uno de los Cinco, pero a la fecha fijada no se presentaron sino unos cuantos comacates y tres de los Cinco dijeron no estar enterados del asunto.
Pero la verdadera tranca está planteada en torno a la presidencia de la transición: la hipotética presidencia corta que transcurriría entre la cesantía de Chávez y la culminación del período en agosto de 2006. Tres de los Cinco han dejado saber que no pretenden tal responsabilidad: Borges, Ramos y Fernández. Quedan sólo dos trenes: Salas y Mendoza. Tan irreconciliables serían estas dos campañas que Alfredo Keller ha decidido medir intención de voto a tres candidatos—Chávez, Salas, Mendoza—e indicaba en septiembre que aún en estas condiciones sería posible ganarle a Chávez. (Las mediciones de Keller muestran a Salas con significativa ventaja sobre Mendoza en este escenario: Chávez 31, Salas 31, Mendoza 24, Indecisos 14).
Versiones contrarias corren sobre si Enrique Mendoza aceptaría no ir a reelección en 2006 de ser él escogido como presidente de la transición. Hay quien afirma que Mendoza aceptaría la condición, pero hay quienes aseguran que jamás consentiría, como Salas Römer, en cortarse esas alas. Y este punto puede ser el pivote determinante, porque los restantes factores probablemente optarían por apoyar al candidato «más unitario», y éste ciertamente sería el que aceptase, como Mesa en Bolivia, ser un presidente de período recortado.
¿Cómo pudieran darse los apoyos? Ya Acción Democrática se cuadró una vez con Salas Römer en 1998—a la tardía defenestración de Alfaro Ucero—por lo que un entendimiento entre estos dos factores es camino ya trillado. La posición más cómoda y fuerte pertenece en este caso a Ramos Allup, el jefe del partido tradicional más recuperado, con tiempo en sus manos, pues por tales razones es un complemento apetecible por Mendoza tanto como por Salas, y literalmente puede sentarse a esperar las ofertas de ambos pretendientes.
Pero Primero Justicia no es de despreciar, aun si sus números no son tan robustos como los de AD o, incluso, los mismos de Gente del Petróleo. PJ aportaría, a un candidato que como Mendoza aparece todavía más ligado a COPEI que Salas Römer, la cara fresca de políticos jóvenes post cuarto republicanos. En la «base» de Primero Justicia Salas Römer tiene fuerte rechazo, por otra parte, de modo que en principio sería más tragable una alineación de los primerojusticieros con el gobernador de Miranda que con el de Carabobo.
En síntesis, debe partirse de por lo memos una irreversibilidad: la candidatura de Salas. Como Chávez, no ha ocultado sus propósitos, y será candidato hasta que se convenza, para usar sus palabras, de que hay un gallo que sea más gallo que él. (O que su «pollo». Salas ha insistido en la bicefalia de su gallináceo corral valenciano. Ramsés I y Ramsés II están disponibles).
Pero si Mendoza termina por aceptar la condición de la presidencia corta, su figura, ya posicionada como la de hombre que sabe jugar en equipo en el seno de la Coordinadora, emergerá con un carácter más unitario que la del divisivo Salas—quien ha manifestado intencionalmente en más de una ocasión deslindes con la Coordinadora, pues pretende captar votos en el «tercer lado». En tal caso, Proyecto Venezuela pudiera terquear frente a Mendoza aunque éste llegue a reunir en torno suyo una coalición de los restantes factores.
Ahora bien, todo esto se mueve a espaldas de la sociedad civil, dentro de la que el estado de opinión más fuerte es justamente el de ese «tercer lado» o «Ni-ni. Tal cosa está directamente relacionada con la erosión de la Coordinadora Democrática. Alfredo Keller escribe: «Aunque ha quedado el sentimiento de desconfianza hacia la Coordinadora Democrática, causa de la neutralidad de más de un tercio de los electores, también se ha perdido su imagen de ‘factor dirigente’ de la Oposición. En los Focus Groups ninguno de los participantes pudo identificar quién la dirige porque ya no existe más una figura central que actúe como su jefe visible, como fue con el caso de Carlos Fernández y Carlos Ortega. Esto hace que se refuerce la idea de que la Oposición carece de líderes y de que, por consecuencia, está desunida. Y esta percepción refuerza la idea, a su vez, de que ‘con una oposición así Chávez es imbatible’. La solución más obvia parece ser la de fortalecer liderazgos en vez de a la CD».
Sobre esa pantalla acústica tienen algún eco proposiciones como las de Elías Santana o Aíxa Armas en dirección de unas primarias que determinen un candidato unitario fuera de los manejos entre telones de dos de los Cinco. De nuevo Keller: «
en los Focus Groups observamos dos actitudes inusitadamente firmes y convencidas: 1) la necesidad de ‘escoger muy bien’ en el futuro al próximo presidente y, 2) la necesidad de no dejarse influir por intermediarios (partidos políticos o la Coordinadora Democrática en especial). De estas dos actitudes se desprende la conclusión, en todos los grupos analizados, de que sólo el pueblo puede escoger al candidato que represente a la Oposición».
Pero tal vez el factor determinante real lo tengan otros factores de poder: los asignadores de recursos, sean éstos los financieros necesarios a una campaña o los espacios en medios masivos de comunicación.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Oct 30, 2003 | LEA, Política |

Habla muy bien de los grandes medios televisivos venezolanos que, en momentos cuando el arbitrario despojo gubernamental impide el normal desenvolvimiento de Globovisión, promuevan la transmisión del programa «El Tercer Lado» por el canal de Vale TV.
Vale TV es formalmente un canal administrado por el Arzobispado de Caracas, pero en la práctica es el consorcio de los grandes canales—RCTV, Venevisión y Televén—el verdadero determinante de la programación.
«El Tercer Lado» es la fórmula que William Ury, experto internacionalmente reconocido en negociación de conflictos, propone para el encuentro de una salida pacífica en Venezuela. Según su enfoque, los conflictos se dan entre dos polos antagónicos y extremos, incluidos dentro de un «tercer lado» que representa a la comunidad general. Y ésta, que no participa directamente en el combate, es la más afectada. (Dato de Ury: las guerras de hoy en día, a diferencia de las clásicas, se caracterizan porque nueve de cada diez muertes son de civiles «ajenos» a la confrontación).
El récipe de Ury: es preciso fortalecer el «tercer lado» para lograr la paz.
William Ury vino a Caracas a comienzos de este año bajo el patrocinio del Centro Carter, y fue el ponente principal en un taller sobre el tema que fuera auspiciado por el mismo centro y la Universidad Central de Venezuela, y al que César Gaviria, por aquel entonces todavía huésped frecuente y duradero de Caracas, asistió. El programa que Vale TV transmitiera era justamente un video editado a partir de lo transcurrido en ese evento.
Lo que llama la atención como signo de madurez y apertura de los canales es que Ury indicó, como muy mal signo de agravación de un conflicto, la politización de los medios de comunicación. Que la crítica implícita a los canales de televisión haya sido teledifundida a través de un canal precisamente controlado por ellos, dice mucho acerca de su inteligencia y su seguridad filosófica.
Y también, obviamente, que la Iglesia ande en esto. A través de múltiples ejemplos Ury mostró cómo es que los factores iniciales en la resolución de graves y recientes conflictos violentos fueron siempre las mujeres y los líderes religiosos. La iglesia católica venezolana, los medios de comunicación del país, parecieran buscar opciones distintas a las hasta ahora operantes. El Tercer Lado Ni-ni pudiera ser lo que andan buscando.
LEA
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