A José Gabriel, el menor de los Alcalá-Corothie (nueve años menor que Arnold), quien me hiciera conocer el video colocado a continuación
Arnold Schwarzenegger habla al pueblo y el ejército de Rusia
Arnold Alois Schwarzenegger* Thal, Estiria, Austria, 30 de julio de 1947, es un actor, empresario, político y exfisicoculturista profesional austroestadounidense. Ejerció como trigésimo octavo gobernador del Estado de California en dos mandatos desde 2003 hasta 2011.
* Schwarze se traduce del alemán como negro, y negger también. El catire Arnold es, según su apellido, doblemente negro. (O negro oscuro; negro negrito).
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Última hora, en cable de Reuters:
PEKÍN, 18 mar -El presidente chino, Xi Jinping, dijo el viernes a su par estadounidense, Joe Biden, que los conflictos y enfrentamientos como los que se están produciendo en Ucrania no benefician a nadie, según reportaron los medios estatales de China.
Se esperaba que Biden dijera a su homólogo chino que Pekín pagaría un precio muy alto si apoya la invasión, una advertencia que llega en un momento de creciente acritud entre las dos naciones.
Las relaciones de estado a estado no pueden avanzar a una fase de confrontación, y los conflictos y enfrentamientos no benefician a nadie, dijo Xi a Biden en una videollamada.
“La crisis de Ucrania es algo que no queremos ver”, sostuvo el líder chino.
La efímera paz de Irène Némirovsky y Michel Epstein
Una de dos: o supimos del vocablo suite en contexto hotelero—una habitación de tres piezas: sala de estar, recámara y baño—o lo escuchamos por primera vez junto con la música de la Suite del Cascanueces. En este caso, es un conjunto de piezas musicales que han sido extractadas de una obra mayor, a modo de sinopsis o muestrario. Pero antes se llamaba suite a un grupo de danzas; la suite clásica estaba formada por cuatro con nombres franceses: allemande, courante, sarabande y gigue, pues en ese orden fueron establecidas en Francia en el siglo XVII, y el nombre mismo—suytte—fue empleado por vez primera en ese país a fines del XVI. Decir, por tanto, Suite francesa es algo redundante, pues son franceses los inventores de esa forma musical. Luego aumentaría el número de partes, especialmente en las benignas manos alemanas de Juan Sebastián Bach.
La Suite francesa de Irène Némirovski se llama así porque estaba planeada como una suite musical. Irène hizo una lista de los títulos que pensaba escribir: 1. Tempestad, 2. Dolce, 3. Cautividad, 4. ¿Batallas?, 5. ¿La paz? Nunca pudo escribir los tres últimos libros, aunque dejó notas y el planteamiento de ellos en su manuscrito.
Esta suite inconclusa fue el libro que leímos las Hormigas, mi club de lectura, en septiembre [de 2011]. Lo más impresionante es la historia real tras la novela: la que la autora escribe, en vivo y directo, en letra minúscula en un cuaderno, lo suficientemente pequeño como para llevarlo siempre con ella, mientras su mundo conocido se desplomaba. Dejó en él su testimonio de los horrores de la guerra, de la huida enloquecida de los parisinos ante la amenaza de la destrucción de París por los alemanes. Tuvo esta escritora presencia de ánimo como para observar los pequeños eventos cotidianos, la atracción siempre latente entre los sexos, la envidia, la fatuidad, la cobardía, la honradez y la crueldad; en resumen, todas las características buenas y malas del ser humano, ampliadas por el miedo, el hambre y la incertidumbre. Las comparaba con la absurda continuidad de la naturaleza, con su indetenible y hermoso cambio de estaciones, con su belleza, impertérrita ante el desastre provocado por los seres pensantes.
Es sorprendente que, siendo Irène judía de nacimiento y conocida por la crítica constante que hacía a las costumbres de sus iguales, ninguno de los personajes de su historia es judío. Puede ser que temiera que su manuscrito cayera en malignas manos alemanas para servirles de confesión involuntaria.
Es intrigante que en ningún momento relate la historia política de la guerra, la que muchos narrarían después de ella. La usa, sin describirla, no más que en trazos, como telón de fondo para pintar la belleza y la mezquindad de la historia humana.
Como cuenta la nieta de la autora, este manuscrito no pudo ser terminado. Las dos secciones que podemos leer tal vez hubiesen sido pulidas, mejoradas por la autora, de no habérsele presentado la muerte a manos de aquellos alemanes que ella describió con benevolencia. La primera, Tempestad, es el relato del loco éxodo de los franceses ante la amenaza de la destrucción de París por las bombas y la inminente ocupación germana de la ciudad luz. La autora, al final, pone de manifiesto la ironía de aquel esfuerzo, pues París no fue tocada y, cuando volvieron, los habitantes encontraron la ciudad intacta. La novela es una crítica aguda de las costumbres burguesas de los franceses de esa época. Se puede encontrar en ella similitudes con nuestro particular presente histórico: con los que emigran por miedo, con los que no se percatan del peligro real, con los que son indiferentes ante los acontecimientos.
La segunda parte, Dolce, cuenta la historia de un pueblo francés ocupado por los invasores, las relaciones humanas plagadas del temor por el enemigo, de la incertidumbre ante la vida o la muerte del pueblo ocupado, de la incontenible atracción sexual entre los jóvenes que logra vencer el odio y sobreponerse a la guerra. Describe a los alemanes, menos como enemigos que como hombres, con asombrosa objetividad, como terminaron viéndolos las francesas jóvenes luego de una convivencia de años; a fin de cuentas, los hombres jóvenes franceses estaban fuera de su alcance, en el frente de batalla.
A pesar de los trágicos acontecimientos del momento, Suite francesa puede ser considerada una novela liviana, por sus descripciones exhaustivas del paisaje, por el fino sentido del humor con que narra y da cuenta de los acontecimientos más sencillos de la vida cotidiana de aquellas personas. María Isabel Ruán, nuestra hormiga psicóloga, encontró una explicación lógica ante esta aparente inconciencia o evasión de la realidad. Ella dice que la autora—quien escribía la novela mientras se desarrollaban los acontecimientos—tal vez encontraba en la escritura de la novela el escape necesario para no volverse loca con el horror y el miedo que estaba viviendo. Para Irène Némirovski, judía de nacimiento y convertida al catolicismo por temor, escribir era terapéutico y le permitía sobrellevar el desquiciante paralelismo entre la cotidianeidad y la guerra. Convirtió su oficio en una catarsis.
El texto es inteligente, sus descripciones son detalladas y hermosas, retratan perfectamente la capacidad de abstracción de la autora ante aquel desastre. El discreto humor subyacente, el fiel retrato de las emociones humanas, sus precisas descripciones de la naturaleza nos dejaron entrever la fina sensibilidad de esta escritora joven, víctima de la Segunda Guerra Mundial, antes que la alcanzaran la tortura y la muerte enferma de tifus, en Auschwitz.
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Irène Némirovsky nació en Kiev en 1903 y murió en 1942. De su matrimonio con Michel Epstein tuvo dos hijas. Fue detenida el 13 de septiembre de 1942. Cuando la llevaban, dijo a sus hijas: “Ahora salgo de viaje”.
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En 2015, la segunda parte de la novela de Némirovsky fue la base de una película con guión y dirección de Saul Dibb, Suite Française. He aquí, de la música compuesta por Rael Jones para el filme, el Tema de Bruno:
Lo que sigue es la presentación, traducida al español, de una edición especial de The Economisten correo de ayer que lleva por título
Cómo Volodymyr Zelensky encontró su rugido
Volodymir Zelenski
En la mañana del 26 de febrero, Volodymyr Zelensky publicó un video de sí mismo en Twitter. Después de una noche de los peores combates que se hubieran visto en Kiev desde la Segunda Guerra Mundial, y de la propaganda de Moscú que afirmaba que había huido de la capital por miedo, el Presidente de Ucrania salió de su oficina con los ojos rojos y sin afeitar. Sostenía un teléfono inteligente en su mano derecha mientras se filmaba caminando frente a la Casa con Quimeras, un famoso punto de referencia de Kiev que sirve como residencia presidencial. Sonrió a la cámara y declaró: “¡Buenos días a todos los ucranianos! Hay por ahí muchos bulos*… pero aquí estoy”.
Zelensky parecía exhausto pero feliz: feliz de estar vivo, feliz de que Kiev no hubiera caído y feliz de desempeñar el papel de líder nacional, manteniendo su calma y su país juntos en la hora más oscura de sus 30 años de historia como estado independiente. Ése no era el papel que había elegido, sino el que se le impuso cuando Rusia invadió a Ucrania el 24 de febrero. Lo ha desempeñado con dignidad, fuerza y una pizca de humor. Cuando Estados Unidos se ofreció a llevarlo por aire a un lugar seguro, él respondió: “La lucha está aquí; Necesito munición antitanque, no un aventón”.
La noche anterior, en un discurso en Moscú, Vladimir Putin, el presidente de Rusia, se había comprometido a eliminar a Zelensky. El presidente de Ucrania es un hablante nativo de ruso con ascendencia judía. No obstante, hirviendo de odio, Putin lo había calificado a él y a su gobierno como “nazis consumidores de drogas”.
Si la fortuna favorece a Zelensky, es porque tiene la virtud que le falta a Putin: dice la verdad por su pueblo.¶
La discusión pública sobre Ucrania tiene que ver con la confrontación. Pero ¿sabemos adónde vamos? He visto En mi vida cuatro guerras comenzadas con gran entusiasmo y apoyo público, todas las cuales no supimos terminar y de tres de las cuales nos retiramos unilateralmente. La prueba de la política es cómo termina, no cómo comienza.
Con demasiada frecuencia, la cuestión de Ucrania se plantea como un enfrentamiento: si Ucrania se une al Este o al Oeste. Pero para que Ucrania sobreviva y prospere, no debe ser un puesto de avanzada de ninguno de los lados contra el otro; debe funcionar como un puente entre ellos.
Rusia debe aceptar que tratar de forzar a Ucrania a convertirse en un satélite y, por lo tanto, una nueva modificación de las fronteras de Rusia condenaría a Moscú a repetir su historia de ciclos autocumplidos de presiones recíprocas con Europa y Estados Unidos.
Occidente debe entender que, para Rusia, Ucrania nunca puede ser simplemente un país extranjero. La historia rusa comenzó en lo que se llamó la Rus de Kiev. La religión rusa se extendió desde allí. Ucrania ha sido parte de Rusia durante siglos, y sus historias ya estaban entrelazadas antes de esa fecha. Algunas de las batallas más importantes por la libertad rusa, comenzando con la Batalla de Poltava en 1709, se libraron en suelo ucraniano. La Flota del Mar Negro, el medio de Rusia para proyectar su poder en el Mediterráneo, tiene su base en arrendamiento a largo plazo en Sebastopol, en Crimea. Incluso disidentes tan famosos como Aleksandr Solzhenitsyn y Joseph Brodsky insistieron en que Ucrania era una parte integral de la historia rusa y, de hecho, de Rusia.
La Unión Europea debe reconocer que su burocrática morosidad, y la subordinación del elemento estratégico a la política interna en la negociación de la relación de Ucrania con Europa, contribuyeron a convertir una negociación en una crisis. La política exterior es el arte de establecer prioridades.
Los ucranianos son el elemento decisivo. Viven en un país con una historia compleja y una composición políglota. La parte occidental se incorporó a la Unión Soviética en 1939, cuando Stalin y Hitler se repartieron el botín. Crimea, el 60 por ciento de cuya población es rusa, pasó a formar parte de Ucrania recién en 1954, cuando Nikita Jruschov, ucraniano de nacimiento, la otorgó como parte de la celebración del tricentenario de un acuerdo ruso con los cosacos. Occidente es mayoritariamente católico; el este es en gran parte ortodoxo ruso. En el oeste se habla ucraniano; en el este habla principalmente ruso. Cualquier intento de un ala de Ucrania de dominar a la otra, como ha sido el patrón, conduciría eventualmente a una guerra civil o una ruptura. Tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste hundiría durante décadas cualquier posibilidad de llevar a Rusia y Occidente, especialmente Rusia y Europa, a un sistema internacional cooperativo.
Ucrania ha sido independiente por solo 23 años; anteriormente había estado bajo algún tipo de dominio extranjero desde el siglo XIV. No es sorprendente que sus líderes no hayan aprendido el arte del compromiso, y menos aún el de la perspectiva histórica. La política de Ucrania posterior a la independencia demuestra claramente que la raíz del problema radica en los esfuerzos de los políticos ucranianos por imponer su voluntad en partes recalcitrantes del país, primero por una facción, luego por la otra. Ésa es la esencia del conflicto entre Viktor Yanukovich y su principal rival política, Yulia Tymoshenko. Representan las dos alas de Ucrania y no han estado dispuestos a compartir el poder. Una política sabia de EE. UU. hacia Ucrania buscaría una manera de que las dos partes del país cooperen entre sí. Debemos buscar la reconciliación, no el predominio de una facción.
Rusia y Occidente, y mucho menos las diversas facciones de Ucrania, no han actuado según este principio. Cada uno de estos actores ha empeorado la situación. Rusia no sería capaz de imponer una solución militar sin aislarse, en un momento en que muchas de sus fronteras ya son precarias. Para Occidente, la satanización de Vladimir Putin no es una política; es una coartada para la ausencia de una.
Putin debiera percatarse de que, cualesquiera que sean sus quejas, una política de imposiciones militares produciría otra Guerra Fría. Por su parte, los Estados Unidos necesitan evitar el tratamiento de Rusia como un aberrante al que debe enseñársele pacientemente las reglas de conducta establecidas por Washington. Putin es un estratega serio, montado sobre premisas de la historia rusa. La comprensión de los valores y la psicología de los EE. UU. no es sus punto fuerte. La comprensión de la historia y la psicología rusas tampoco ha sido un punto fuerte de los legisladores estadounidenses.
Los líderes de todos los bandos deben volver a examinar los resultados, no competir en posturas. Ésta es mi noción de un resultado compatible con los valores y los intereses de seguridad de todas las partes:
Ucrania debiera tener derecho a elegir libremente sus asociaciones económicas y políticas, incluso con Europa.
Ucrania no debiera unirse a la OTAN, una posición que asumí hace siete años, cuando se trató el punto por última vez.
Ucrania debe tener la libertad de crear cualquier gobierno compatible con la voluntad expresa de su pueblo. Los sabios líderes ucranianos optarían entonces por una política de reconciliación entre las diversas partes de su país. A nivel internacional, debieran adoptar una postura comparable a la de Finlandia. Esta nación no deja dudas sobre su fiera independencia y coopera con Occidente en la mayoría de los campos, pero evita cuidadosamente la hostilidad institucional hacia Rusia.
Es incompatible con las reglas del orden mundial existente que Rusia se anexe Crimea. Pero debiera ser posible poner la relación de Crimea con Ucrania sobre una base menos tensa. Con ese fin, Rusia reconocería la soberanía de Ucrania sobre Crimea. Ucrania debiera reforzar la autonomía de Crimea en elecciones celebradas en presencia de observadores internacionales. El proceso incluiría eliminar cualquier ambigüedad sobre el estado de la Flota del Mar Negro en Sebastopol.
Éstos son principios, no prescripciones. Las personas familiarizadas con la región saben que no todos son aceptables para todas las partes. La prueba no es la satisfacción absoluta sino la insatisfacción equilibrada. Si no se logra alguna solución basada en estos u otros elementos comparables, se acelerará la deriva hacia la confrontación. El tiempo para eso llegará muy pronto.
Kissinger fue Secretario de Estado de 1973 a 1977. Este artículo se publicó por primera vez en The Washington Post en 2014.
El mapa del NYT marca catorce sitios bombardeados en Ucrania
Lo que sigue ha sido traducido de correo del servicio de noticias proporcionado esta mañana por The New York Times (a las 7:51 a. m. hora de Caracas)
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Ha comenzado la guerra europea más significativa en casi 80 años
Temprano esta mañana en Ucrania, las tropas rusas cruzaron la frontera y los aviones y lanzamisiles rusos atacaron ciudades y aeropuertos ucranianos. Los ataques abarcaron gran parte del país, mucho más allá de las provincias fronterizas donde ha habido enfrentamientos esporádicos entre las naciones durante años.
El gobierno de Ucrania lo llamó “un ataque a gran escala desde múltiples direcciones”.
Se escuchó explosiones en Kiev, la capital, así como en más de una docena de otras ciudades. En un aeropuerto en las afueras de Kiev, los ataques con cohetes se dirigieron a aviones de combate ucranianos estacionados. En la ciudad portuaria sureña de Odessa, las tropas rusas llegaron desde el mar. En Lutsk, en la esquina noroeste de Ucrania, más cerca de Polonia que de Rusia, también se informó de explosiones.
Los ucranianos se apresuraron a refugiarse en las estaciones de autobús y metro. En Kiev, la gente empacó sus autos y esperó en largas colas por gasolina antes de salir de la ciudad. En el este de Ucrania, se formaron filas en cajeros automáticos y gasolineras. “Es pánico, ¿no lo ves?” Yevheni Balai le dijo a Michael Schwirtz de The Times, señalando una cola de ucranianos ansiosos parados afuera de un banco cerrado en Slovyansk, en la parte este del país. “Han obtenido exactamente lo que querían los del otro lado: pánico y desestabilización”, dijo.
“Hemos vivido ocho años de guerra interminable”, dijo a The Times una mujer que dirige un banco de sangre en el este de Ucrania. “No hay a dónde correr. Toda Ucrania está explotando”.
Los detalles
Vladimir Putin, el presidente ruso, describió la invasión como “una operación militar especial” en lugar de una guerra, y Rusia dijo que los civiles no serían atacados. Pero Putin ha mentido repetidamente en el período previo a la invasión, y no estaba claro si esos comentarios tenían algún significado.
El Ministerio de Defensa de Rusia afirmó haber desactivado todas las defensas aéreas y bases aéreas de Ucrania alrededor de las 8 a.m. hora local, según Anton Troianovski, jefe de la oficina de The Times en Moscú. (Ucrania está siete horas por delante de Nueva York).
Putin advirtió a otros países que interferir con la invasión traería “consecuencias como nunca antes han experimentado en su historia”. Algunos analistas se preguntaron si esa línea equivalía a una amenaza de usar armas nucleares.
Poco antes de las 7 a. m. hora local, el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, declaró la ley marcial y pidió a la gente que se quedara en casa y mantuviera la calma.
Las fuerzas ucranianas derribaron seis cazas rusos y un helicóptero durante intensas batallas para mantener el control de las ciudades, dijo un alto funcionario militar ucraniano. Las tropas ucranianas también afirman haber repelido, por el momento, los avances rusos sobre dos ciudades importantes: Chernihiv, en el norte, cerca de Bielorrusia, y Kharkiv, en el noreste, cerca de la frontera con Rusia.
El presidente Biden condenó el ataque “no provocado e injustificado”, calificándolo de “una guerra premeditada que traerá una pérdida catastrófica de vidas y sufrimiento humano”. Dijo que hoy anunciaría “sanciones severas” contra Rusia.
Tanto los demócratas como los republicanos en el Capitolio pidieron a Estados Unidos que apoye a Ucrania. “Si Putin no paga un precio devastador por esta transgresión, nuestra propia seguridad pronto estará en riesgo”, dijo el senador Chris Murphy, demócrata de Connecticut. El senador Ted Cruz, un republicano de Texas, dijo: “Estados Unidos apoyará a nuestros aliados ucranianos”, con ayuda continua, y responsabilizará a Putin.
La OTAN llevará a cabo una sesión de emergencia esta mañana, según Steven Erlanger de The Times. “La OTAN hará todo lo necesario para proteger y defender a todos los aliados”, dijo Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN. Ucrania no es miembro de la OTAN, pero su creciente cercanía con Estados Unidos y Europa occidental ha enfurecido a Putin.
Mientras Putin anunciaba la invasión, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estaba en medio de una reunión de emergencia. Resultó en una escena notable, ya que los diplomáticos reaccionaron a la noticia. “No hay purgatorio para los criminales de guerra”, dijo el embajador de Ucrania a su homólogo ruso. “Se van directo al infierno, embajador”.
El gobierno de China buscó mantener su delicado acto de equilibrio en la crisis, reiterando los llamados a la diplomacia y aprobando las importaciones de trigo ruso, lo que podría suavizar el impacto de las sanciones occidentales.
En los mercados globales, el precio del petróleo superó los 100 dólares el barril. Los índices bursátiles asiáticos bajaron un 3 por ciento a las 6:20 a. m., hora del Este.
Daniel Dale de CNN ha compilado una lista de reporteros en Ucrania. Muchos rusos sienten una profunda inquietud por ir a la guerra. En Times Opinion, Richard Haass escribe: “Occidente debe mostrarle a Putin lo equivocado que está al elegir la guerra”. ¶
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(De correo ulterior)
NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA
Actualizaciones en vivo: el gobierno de Ucrania prometió una «defensa total» cuando Rusia atacó a más de una docena de ciudades y pueblos en todo el país por tierra, aire y mar. (jueves, 24 de febrero de 2022 9:32 a. m. EST)
Funcionarios ucranianos dijeron que Rusia disparó misiles de crucero y balísticos contra aeródromos y cuarteles militares cerca de la capital, Kiev.
En tierra, las tropas rusas cruzaron la frontera con Ucrania en múltiples áreas a la vez.
De nuevo somos foco de interés para el Grupo Internacional de Crisis, en extenso estudio de esta fecha sobre nuestro estira y encoge entre gobierno y oposición. De seguidas, el resumen inicial:
Conclusiones principales
¿Qué hay de nuevo? La lucha por la supremacía política en Venezuela, que en algún momento fue un asunto de política interna, se ha convertido en una constante fuente de discordia geopolítica. En parte debido al deterioro de la crisis humanitaria, éste sigue siendo un asunto preocupante para los países vecinos. La reciente disposición de los partidos venezolanos a negociar les podría permitir a los actores internacionales desempeñar un papel más constructivo.
¿Por qué importa? Los actores externos no pueden imponer el fin de la disputa entre el gobierno del presidente Nicolás Maduro y la oposición. Pero las dos partes tampoco pueden resolver la crisis sin el consentimiento tácito y, preferiblemente, la participación activa de las potencias mundiales, incluidos EE. UU., la UE, Rusia y China.
¿Qué se debe hacer? Las conversaciones entre el gobierno y la oposición, actualmente suspendidas, requerirán mediación externa, apoyo constante por parte de los aliados extranjeros de ambas partes, al igual que compromisos de apoyo financiero y técnico en caso de que finalmente se alcance un acuerdo.
Resumen ejecutivo
Más de dos décadas de agitación política en Venezuela han resultado involucrando a gran parte del mundo. La disputa entre los gobiernos del autoproclamado socialista Hugo Chávez (1999-2013) y su sucesor Nicolás Maduro, por un lado, y una alianza de oposición por el otro, se propagó primero por América Latina y desde entonces se ha convertido en una disputa global. A principios de 2019, el presidente de EE. UU., Donald Trump, con el apoyo de la principal corriente de oposición, intentó abiertamente derrocar a Maduro a través de la estrategia de “máxima presión”: sanciones económicas severas, aislamiento diplomático y vagas amenazas de intervención militar. El intento fracasó. Pero trazó una clara línea divisoria entre los Estados que apoyan a Maduro, incluidos Rusia y China, y casi 60 otros países que respaldaron la iniciativa estadounidense y la “presidencia interina” del líder opositor Juan Guaidó. Tres años después, el país vive un estancamiento político y una fuerte crisis humanitaria. Pero las dos partes volvieron a la mesa de negociación en 2021. Los aliados extranjeros de ambos lados deben respaldar con urgencia los posibles esfuerzos, actualmente suspendidos, para lograr una solución negociada para Venezuela.
Chávez, un consumado populista carismático, se valió del petróleo barato, generosas finanzas y actos de solidaridad para cultivar un círculo de aliados cercanos en América Latina y el mundo, entre los que destaca Cuba. Al mismo tiempo, satanizó a quienes se oponían a su gobierno, en particular a EE. UU. y sus acólitos. Pero poco después de su muerte en 2013, el inicio de una devastadora recesión económica intensificó el conflicto político interno venezolano y lo extendió mucho más allá de sus fronteras. Los países vecinos absorbieron la mayor parte del masivo éxodo de migrantes, actualmente estimado en seis millones de personas, quienes huían de la pobreza y del colapso de los servicios públicos. Mientras tanto, el crimen organizado y grupos armados colombianos intentaron obtener ganancias en negocios ilícitos y la complicidad de las desfinanciadas fuerzas de seguridad del otro lado de la frontera, lo que desató la ira de Bogotá. Los dos Estados rompieron relaciones en 2019.
El gobierno venezolano afinó su aparato de seguridad estatal y adoptó una postura más represiva, por lo que EE. UU. endureció sus sanciones a partir de 2015 contra funcionarios estatales y posteriormente las amplió para dirigirlas a sectores económicos completos. Múltiples países de Europa y América Latina se unieron a esta causa después de que Maduro fuera reelecto en 2018 en medio de unas elecciones boicoteadas por la oposición y acusaciones de fraude. Estos eventos llevaron a la Asamblea Nacional controlada por la oposición a nombrar a Guaidó como jefe de Estado en enero de 2019. Decenas de Estados reconocieron su nuevo “gobierno interino”.
Los partidarios de Maduro lo defendieron de inmediato, lo que provocó un enardecido enfrentamiento en la escena internacional. Moscú, que ya respaldaba financiera, militar y diplomáticamente a Caracas, le ayudó a evadir las sanciones y bloqueó las iniciativas de EE. UU. con las que pretendía promover medidas punitivas en el Consejo de Seguridad de la ONU. Beijing también ha invertido mucho en Venezuela, a menudo a su pesar, pero de igual manera se sumó a los esfuerzos para proteger al gobierno de Maduro. Turquía e Irán, por su parte, se convirtieron en socios económicos cruciales del agobiado Estado sudamericano.
Tres años después de que Guaidó reclamara la presidencia y los aliados internacionales de Venezuela se dividieran en bloques rivales, los gobiernos extranjeros pueden estar ahora posicionados para fomentar, en lugar de obstaculizar, una solución pacífica para la crisis. El gobierno y la oposición reanudaron las negociaciones facilitadas por Noruega en agosto de 2021 en Ciudad de México, aunque el gobierno suspendió su participación dos meses después. La participación de la comunidad internacional está contemplada explícitamente en el memorando de entendimiento firmado al inicio de las conversaciones. Rusia y los Países Bajos han sido invitados como “acompañantes” del proceso. También está previsto un Grupo de Amigos, compuesto por un número igual de aliados de cada parte; sin embargo, aún no se ha definido la composición de este grupo ni el papel que desempeñarán los países que lo integren.
Los diálogos comenzaron en medio de un clima internacional que es, de algún modo, más favorable para un acuerdo que en cualquier otro momento del pasado reciente. Bajo la presidencia de Joe Biden, Washington adoptó una postura más multilateral y modificó la política de “máxima presión” de Trump, lo que ha permitido una alineación mucho más estrecha entre EE. UU., Canadá y la UE con respecto a Venezuela. América Latina está dividida más equitativamente que antes y, con algunas excepciones, menos decidida a expulsar a Maduro de su cargo. Con cada vez menos apoyo a la reivindicación de Guaidó a la presidencia interina y el colapso del gobierno aparentemente improbable, Rusia y China pueden estar menos preocupadas por el cambio de régimen y los efectos que pueda tener en su posición global, y más interesadas en rescatar sus devaluadas inversiones.
Aun así, lograr un consenso a través de la división que genera la crisis venezolana no es nada fácil dadas las tensas relaciones entre las principales potencias, que sólo han empeorado por el enfrentamiento sobre Ucrania. EE. UU. percibe la creciente presencia de Rusia y China en América Latina como una amenaza. Ni Moscú ni Beijing están dispuestos a contemplar un acuerdo que represente una clara ganancia estratégica para Washington, en especial si además perjudica sus intereses económicos.
Para lograr que las distintas potencias extranjeras hagan concesiones será necesario adaptarse a sus principales intereses y límites. EE. UU. tiene un pequeño pero influyente grupo de cabildeo sobre Venezuela que se opondrá activamente a cualquier acuerdo que considere demasiado indulgente con Maduro. Cuba y otras naciones del Caribe necesitarán garantías de que sus necesidades energéticas serán satisfechas. Rusia y China intentarán obtener garantías para sus inversiones, especialmente en el sector energético, y para el pago de las deudas bilaterales. Bogotá estará inconforme con cualquier acuerdo que no aborde el tema del refugio que los grupos armados dedicados a la economía ilícita en Colombia han encontrado en Venezuela.
Pero estas dificultades no deben ocultar el evidente interés de los aliados de ambas partes por encontrar una salida para el estancamiento. Con este objetivo, ellos deben exhortar a sus pares venezolanos a volver a la mesa de negociaciones y trabajar de buena fe para lograr un acuerdo; y deben ofrece incentivos, en especial al lado del gobierno, para alcanzarlo. También deben estar preparados para prestar distintos tipos de asistencia para sortear obstáculos y garantizar el progreso de las conversaciones, desde paquetes de ayuda financiera hasta apoyo a reformas de seguridad interna o justicia, o comprometiéndose a verificar el cumplimiento de un acuerdo final.
La fractura geopolítica ha hecho que sea fácil para ambas partes en Venezuela recurrir a sus aliados extranjeros en busca de apoyo, en lugar de hacer concesiones a sus opositores nacionales. Pero mientras el país esté sumido en una emergencia socioeconómica extrema, todos los interesados tienen más que ganar con una solución pacífica y negociada a esta prolongada crisis.
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