por Luis Enrique Alcalá | Oct 20, 2005 | LEA, Política |

El nuevo periplo europeo presidencial ha permitido una vez más la acusación directa de los Estados Unidos por parte de Hugo Chávez. El poderoso país no inspira miedo al mandatario venezolano, quien persiste en zaherir al gigante con sus incesantes puyas. En Salamanca la comunidad iberoamericana, como lo querían Castro y Chávez, aprobó una resolución contra el embargo norteamericano a Cuba, al que llamó «bloqueo» con todas sus letras. En Roma Chávez se sumó a la voz del dictador Mugabe para condenar al gobierno norteamericano. En París se refirió a la recomendación magnicida de Pat Robertson y adujo que la razón de economía revela que los planificadores estadounidenses habrían computado un presupuesto invasor, bastante más costoso que su asesinato.
Nada de esto ha impedido que el premier francés, Dominique de Villepin (que vivió y estudió cuando joven en Venezuela), se presente de lo más alineado con la política exterior de nuestro país. Tras un almuerzo con su huésped venezolano declaró: «Hay entre los dos países (Francia y Venezuela) una misma visión de las relaciones entre el norte y el sur, de la necesidad de cambiar las cosas y de tener nuevas ideas. Es importantísimo cambiar estas relaciones, salir del egoísmo internacional y entrar en una nueva era». Y asimismo se expresó elogiosamente de las iniciativas petroleras venezolanas en el Caribe: «Sabemos lo que hace Venezuela con los países del Caribe, con los que tienen más dificultades en América Latina. Son iniciativas que traducen la voluntad de renunciar al egoísmo para ayudar a los otros. Es un ejemplo de lo que se debe hacer y desarrollar en los años futuros».
Entretanto los Estados Unidos producen débiles declaraciones; una objetando la sustitución terminológica de «embargo» por «bloqueo»; la otra expresando preocupación por el proyecto Petrocaribe, al reclamar que dejaría al margen a las empresas petroleras privadas al pautarse como operación de gobiernos y empresas estatales.
Un cierto éxito, sin embargo, se anotan los Estados Unidos con la aprobación referendaria de la nueva constitución iraquí, pocos días antes de iniciarse el juicio a Sadam Hussein, cuyos abogados mostrarán videos de archivo en los que un Donald Rumsfeld joven habla obsequiosamente al otrora dictador con ocasión de llevarle armas norteamericanas para que fuesen empleadas contra Irán. (¿Quién le dio la hojilla al mono?) Se trata de un curiosísimo texto constitucional, con un preámbulo en el que se deja constancia de sangrientas tragedias político-militares del país, y con provisiones explícitamente antiterroristas y la mención desinfectante del partido Ba’ath, la organización antaño liderada por Hussein. Los sunitas radicales no pudieron impedir la aprobación del importante documento.
Pero ni con esto ha querido comprometerse Condoleezza Rice con el Senado de los Estados Unidos en lo concerniente a una fecha para el regreso de las tropas estadounidenses estacionadas en Irak. Y mientras el huracán Wilma empata y quiebra marcas de frecuencia e intensidad, el apoyo ciudadano a George W. Bush también quiebra las suyas, al situarse en 36% de aprobación, la más baja de sus dos períodos. Pero no pareciera preocuparle mucho el enredado papagayo: Rumsfeld ha emitido serias declaraciones en las que manifiesta que los Estados Unidos encuentran preocupante la opacidad de China en materia de rearme. La reciente aventura espacial de los asiáticos ha reavivado el latente tema del peligro amarillo.
Con tantas sardinas en el fuego—Corea, Irán, Irak, Afganistán, China—no se ve como probable que ni siquiera un congreso que volviera a dirigir Newton Gingrich pudiera aprobar aunque sólo fuese un millón de dólares para una mítica invasión de Venezuela. Esto lo sabe Chávez, y por eso continúa echando tierra a los ojos de los Estados Unidos. Quienes esperan que una «solución» al problema político venezolano provenga del norte van a quedarse con los crespos hechos.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Oct 13, 2005 | LEA, Política |

En alguna parte de su libro Plataforma para el Cambio (Platform for Change, Wiley, 1975) Stafford Beer desmonta el falso dilema entre centralización y descentralización, al observar que en todo organismo biológicamente viable coexisten procesos altamente centralizados con procesos altamente descentralizados. Claro, a juzgar por esa observación, debe anotarse que la inmensa mayoría de los procesos biológicos es altamente descentralizada. Pero el punto es válido, de todas maneras. Hay, además de ésa, una que otra dicotomía social con propensión a degenerar en antinomia. Propiedad pública versus propiedad privada, estados versus mercados, por ejemplo.
La Nación debe estar sobre el Estado, ciertamente. El Estado sólo se justifica como servicio a la Nación. Si algo debe rechazarse de la administración Chávez es que haya excedido tanto al Estado, que haya ocupado tan abusivamente el tiempo de la Nación, que haya creído que ésta debe estar bajo el Estado y que el Estado es él, mientras intenta convencer que en realidad busca que toda la Nación sea el Estado. (Junto con él, pero debajo).
La Nación debe estar sobre el mercado, ciertamente, pues el mercado no es toda la Nación. El mercado se justifica como más eficiente distribuidor económico, aunque no todo mercado es eficaz o sano.
Tanto el Estado como el mercado, entonces, son creaciones históricas de la humanidad, cada una con su función y cada una debiendo influir a la otra. Ni siquiera el estado del país más capitalista ha podido dejar de regular el mercado de alguna manera, como pudieran certificar el espectro de John D. Rockefeller en sesión espiritista o Bill Gates en entrevista próxima, pues han sufrido en carne propia la legislación contra monopolios. Pero si los estados son manejados por hombres, sujetos a la falibilidad y concupiscencia características de los humanos, y quienes operan en los mercados arriesgan el trabajo y el capital de sus vidas en actividades legítimas y socialmente beneficiosas, también éstos tienen derecho a influir sobre los primeros y defenderse de su abuso.
El bien público, el bien general, el bien común, no es lo mismo que la propiedad pública. Es mejor que la propiedad privada supere en mucho la dimensión de la propiedad pública en un país determinado, con tal de que aquélla esté bien distribuida. Los especímenes concretos de homo sapiens no somos mejores cuando somos empresarios en lugar de políticos, pero tampoco a la inversa.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Sep 29, 2005 | LEA, Política |

Las capitulaciones parecieran estar en el ambiente. Hace nada se pensaba que el affaire del fundo La Marqueseña proveería un mártir instantáneo, un líder prêt-à-porter en la persona de Carlos Azpúrua, pues éste habría asegurado que primero saldría muerto de la propiedad de su familia. Pero ahora Azpúrua nos habla de la amabilidad y generosidad del Presidente de la República, y ha rechazado las manifestaciones de apoyo de colegas ganaderos y estuvo dispuesto a las negociaciones que habría dirigido de su lado el ex Ministro de Hacienda de Jaime Lusinchi, Manuel Azpúrua. La esposa de Carlos Azpúrua, la señora Fifí Pantin, estuvo entre las pioneras de la lucha de calle contra el régimen, cuando sólo unas mujeres aguerridas se atrevieron a marchar para decir: «Con mis hijos no te metas», bastante antes de las megamarchas de 2002 a 2004. ¿Estará el gobierno cobrando eso?
Por los momentos no pareciera ser éste el caso de Lorenzo Mendoza, el Presidente de Empresas Polar, pues ha indicado que peleará la expropiación de sus silos barineses en terrenos tribunalicios. (Con el cinismo que le es tan propio, José Vicente Rangel ha declarado que si Mendoza no se dispone a negociar eso sería su problema, como si no se estuviera «ofreciendo» la negociación con una pistola sobre la cabeza del interlocutor). Pero un Chávez desconocido, ahora más conciliador que su Vicepresidente, le dice a Mendoza que le llamará para conversar y que no se debe romper «los puentes». En esa conversación anunciada ¿cobrará Chávez que a Mendoza lo tienen anotado como asistente a Miraflores el 12 de abril de 2002?
No es Chávez quien cobraría de la CANTV más de trescientos millones de dólares, sino sus jubilados, en cumplimiento de sentencia firme del Tribunal Supremo de Justicia. Pero ¿habrá autorizado Gustavo Roosen a su señora esposa, la indudable especialista en asuntos colombianos Beatriz de Majo, a publicar artículo en El Nacional en el que parece congraciarse con la política exterior del gobierno? Allí dice de Majo: «La hora venezolana en el proceso de paz colombiano está llegando. La posibilidad de convertirse en una pieza clave en la pacificación colombiana y de constituirse en el más importante elemento de la política de los últimos tiempos ha tocado a la puerta del gobierno revolucionario, y Hugo Chávez se ha agachado para recoger el guante. En efecto, el ofrecimiento del gobierno revolucionario de convertirse en acompañante y facilitador de las negociaciones de paz entre el ELN y el Gobierno colombiano es una de las más importantes y sagaces decisiones que este gobierno haya tomado en el plano internacional desde que Hugo Chávez se inauguró en el poder».
El artículo—Jugársela hasta la muerte—es verdaderamente agudo, revelador del profundo conocimiento que la autora posee acerca de Colombia, digno de leerse por lo inteligente y sensato. Pero ¿no hay un cuadre con el gobierno en el planteamiento? Por ejemplo, de Majo escribe de las bondades de la mediación de Chávez: «A la vez, Venezuela limpiaría su imagen de las acusaciones de connivencia con el terrorismo guerrillero, se evidenciaría como el mejor amigo del pueblo de Colombia y daría un portazo en la nariz de los Estados Unidos, esgrimiendo la argumentación de que a pesar de haber invertido 3.500 millones de dólares en colaborar con el Gobierno colombiano, los americanos no han conseguido sino distanciar a las partes del conflicto». A mitad del artículo, por otra parte, la autora menciona a Francisco Galán, el líder del ELN recientemente liberado, para citar sus palabras: «se jugaría hasta la vida por la paz colombiana». Preparación retórica para cerrar el artículo así: «Nadie está más consciente que Uribe que el revolucionario venezolano es de los que saben, al igual que Galán, jugársela hasta la muerte».
Lo que me llevó a recordar un pasaje en thriller de Agatha Christie (Destination Unknown, 1954), y que no debiera ser traducido para preservar el inglés tan inglés de la reina de la novela policíaca:
«When all this comes to an end?» Hilary repeated. «But why should it come to an end?»
«One must have the common sense,» said Dr. Barron, «nothing is permanent, nothing endures. I have come to the conclusion that this place is run by a madman. A madman, let me tell you, can be very logical. If you are rich and logical and also mad, you can succeed for a very long time in living out your illusion. But in the end»—he shrugged—“in the end this will break up. Because, you see, it is not reasonable, what happens here! That which is not reasonable must always pay the reckoning in the end. In the meantime»—again he shrugged his shoulders—»it suits me admirably».
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Sep 22, 2005 | LEA, Política |

Al menos en mi caso los nombres de Bagdad y Basora pertenecían a Las Mil y Una Noches. Eran las ciudades requeridas para contar las aventuras de Simbad el Marino. Ahora forman parte de nuestra cotidianeidad, pues los antiguos enclaves de Saddam Hussein son noticia dramática desde hace décadas, y hoy son territorio ocupado por los Estados Unidos y sus aliados.
Para uno de ellos la cosa se le ha puesto fea. Funcionarios iraquíes han acusado a las tropas británicas estacionadas en Basora de arrogancia y conducta bárbara, luego de que arremetieran con tanques de guerra contra una estación de policía donde estaban detenidos dos soldados ingleses. Ya no son terroristas partidarios de Hussein o de bin Laden quienes protestan la presencia inglesa. Por unanimidad de sus 41 miembros, el Consejo Provincial de Basora ha aprobado una resolución por la que suspende toda cooperación con los soldados de Su Majestad Británica, hasta que se reciban formales excusas y satisfacciones y compensaciones materiales para los familiares de los muertos y los heridos resultantes. Unos 200 iraquíes—la mayoría policías indignados—protagonizaron una airada marcha de protesta contra Albión, la pérfida. Esto delante de un telón de fondo de continua actividad violenta de los insurgentes.
En Estados Unidos mismos ni la tragedia de Luisiana ha relegado el tema de Irak al olvido. Ya hay analistas que comparan la retórica de Bush sobre la injustificable ocupación con la que empleaba Lyndon Johnson en los días finales de la guerra de Viet Nam. Kathleen Hall Jamieson, Directora del Centro Annenberg de Políticas Públicas de la Universidad de Pennsylvania explicó: «Cuando una guerra es prolongada y no es demostradamente positiva, las líneas argumentales disponibles a un presidente están seriamente constreñidas. Demócrata o republicano, los sesenta o la primera parte del siglo 21, uno va a oír una retórica común». Por ejemplo, al confrontárseles con la evidencia de crecientes bajas, tanto Johnson como Bush aducen como razón para seguir peleando los muertos que ya ha habido.
Naturalmente, los partidarios del gobierno norteamericano niegan cualquier parecido entre Irak y Viet Nam. Pero lo que se está comparando, no obstante, es la similitud retórica de dos presidencias separadas por cuatro décadas. Johnson y Bush, por ejemplo, emplearon ambos alusiones a la etapa formativa de los Estados Unidos para justificar su bélica presencia en tierras que buscarían su libertad y una forma democrática de gobierno. Tal vez el absurdo es más evidente en Bush, que ha dicho: «Tal como los fundadores de nuestra propia nación hace más de doscientos años, los iraquíes están luchando con problemas difíciles, tales como el papel del gobierno federal. Lo que es importante es que los iraquíes atacan ahora esos problemas mediante el debate y la discusión, no frente a un cañón». (¿?)
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Sep 8, 2005 | LEA, Política |

El martes de la semana que viene se iniciará en Nueva York la Sexagésima Asamblea General de las Naciones Unidas. Esa ocasión ha elevado la preocupación por la posibilidad de un nuevo acto terrorista de la mano de al Quaeda en territorio norteamericano. Un informe de Stratfor (Strategic Forecasting) hace notar que las bombas londinenses fueron sincronizadas con la reunión del G-8 en Escocia, y que la momentánea debilidad de los Estados Unidos, a raíz del impacto del huracán de Nueva Orleáns, pudiera tentar a la organización terrorista. (Ciertos revolucionarios son capaces de agredir al más débil de los ancianos. Cuando la hambruna hacía presa de San Petersburgo en 1917, y la gobernabilidad había disminuido hasta niveles insólitos, León Trotsky consideró el momento perfecto para el golpe de Estado, y sentenció: «Será tan fácil como dar una patada a un paralítico»).
Pero ésta no es la única fuente de preocupación para la organización política cupular del planeta. Ayer admitió Kofi Annan su responsabilidad «gerencial» en el escándalo del programa de intercambio de petróleo por comida en Irak, luego de que un informe condenatorio de 847 páginas, dirigido por el ex jefe de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Paul Volcker, fuera conocido por el Consejo de Seguridad de la ONU. (Annan tenía a Volcker sentado a su lado cuando dirigió su mea culpa a los actuales miembros del consejo). Volcker mismo declaró al mundo sin ambages en conferencia de prensa: «Nuestra misión era la de buscar mala administración en el programa de petróleo por comida y evidencias de corrupción dentro de la Organización de las Naciones Unidas y sus contratistas. Desafortunadamente hallamos ambas cosas».
No puede caber duda de que tan contundente dictamen detona una crisis de credibilidad que probablemente Annan no podrá detener. Es el «Watergate» de la ONU. Ya se han pronunciado voces—algunos líderes republicanos en los Estados Unidos—que exigen la renuncia del Secretario General, cuya posición estaba ya indirectamente debilitada por la entrada del proverbial elefante en una cristalería: John Bolton, el embajador designado por el presidente Bush—sin ratificación del Senado—que en el primer día de labores presentó un agresivo programa de reformas de la organización y ahora se apoya en el informe Volcker para fortalecer su argumentación. (El informe, no obstante, declara no haber encontrado pruebas de la influencia indebida de Annan en la concesión de un contrato a la firma suiza para la que su hijo Kojo trabajaba—Cotecna Inspection Services—aunque sí de presiones de éste sobre las instancias de la ONU que se ocupan de este tipo de decisiones).
Los jefes de Estado que se reunirán en Nueva York la semana que viene no podrán eludir el tema de la reforma de la cúpula sexagenaria—sobre el que el propio Secretario General había adelantado una propuesta anterior a la de Bolton—a menos que al Quaeda decida complicar más las cosas.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ago 18, 2005 | LEA, Política |

La saga galáctica continúa. Hugo Chávez firma acuerdos ventajosos para Uruguay y Argentina y va a Brasil a defender a un asediado presidente Lula, impidiendo de este modo que la procura de acuerdos bilaterales de Estados Unidos contra el gobierno venezolano—luego de que resultara fallido su intento de imponer un órgano de vigilancia sobre Venezuela en la OEA—pueda madurar como estrategia eficaz.
Ahora el asunto se ha trasladado al campo de la lucha antidrogas. El gobierno venezolano (7 de agosto) ha interrumpido los programas de cooperación con la «Drug Enforcement Agency» (DEA) sobre la base de que sus funcionarios estarían violando leyes venezolanas y actuando como espías. Cinco días después de este movimiento, los Estados Unidos suspendieron las visas de media docena de oficiales de la Guardia Nacional, por considerarlos sospechosos de narcotráfico. En retaliación Chávez ordenó la suspensión de la inmunidad diplomática del personal de la DEA en Venezuela.
Estas escaramuzas indican que es harto probable que el gobierno de Bush proceda a «descertificar» próximamente a Venezuela como país que coopera en el control y la lucha con el narcotráfico, tal como los Estados Unidos lo hicieran en su momento con el gobierno de Ernesto Samper en Colombia. Las consecuencias inmediatas de una medida tal serían la suspensión de la ayuda norteamericana a Venezuela—asunto que tiene a Chávez sin cuidado—y una acusación adicional en descrédito del gobierno venezolano.
Si esto corresponde a una nueva estrategia norteamericana para contener a Chávez, el Informe Stratfor—que no es precisamente comunista—estima que esa iniciativa fracasará. Así dice Stratfor el 15 de agosto: «Tratar de manchar al gobierno de Chávez como tolerante del tráfico de drogas, sin embargo, no va a funcionar. En primer lugar, probablemente el gobierno de los EEUU nunca pueda ligar directamente a Chávez o a altos funcionarios chavistas con el narcotráfico. Que algunos funcionarios gubernamentales venezolanos puedan ser corruptos no significa que esa corrupción sea oficialmente sancionada o tolerada por el gobierno de Chávez. También, ya Chávez ha suspendido toda cooperación militar y antidrogas con los Estados Unidos. El gobierno de Chávez no quiere ayuda antidrogas de los Estados Unidos, porque al rechazarla reduce la capacidad de Washington para torcer el brazo de Chávez con amenazas de suspensión de la ayuda. Y el impacto financiero de una descertificación de los EEUU sería limitado, puesto que Chávez tiene cerca de 30 mil millones de dólares de reservas internacionales y el precio promedio del petróleo venezolano excede ahora los 50 dólares por barril. Finalmente, si el gobierno de los EEUU descertifica oficialmente a Venezuela como no cooperador en la guerra contra las drogas, Chávez probablemente se ría de las medidas y haga retaliación tomando como blanco a ciudadanos de los EEUU en Venezuela».
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