por Luis Enrique Alcalá | Oct 16, 2008 | LEA, Política |

El ministro Andrés Izarra, encargado del despacho “del poder popular” para la Comunicación e Información, ha puesto el grito en el cielo por ácidos comentarios del editor Rafael Poleo, aireados en el programa de Globovisión, Aló Ciudadano, que dirige el periodista Leopoldo Castillo. Poleo, con quien esta publicación ha estado en frecuente desacuerdo, comparó a Hugo Chávez con Benito Mussolini, y expresó su preocupación de que nuestro Presidente pudiera tener un fin parecido al del líder de los fascistas originales—no acepte imitaciones—, los italianos.
Castillo advirtió a Poleo que esa opinión pudiera ser entendida como incitación a delinquir, y es precisamente ésa la línea asumida por Izarra. Con esa interpretación clamó a CONATEL y a las instituciones de la justicia venezolana, para que se tomara cartas en el asunto, las que serían contrarias a Poleo, Castillo y Globovisión.
Con el propósito de denunciar al autor de esta nota por similar delito, se reproduce aquí texto publicado en el #16A (Extra) de esta carta, con fecha del 5 de diciembre de 2002, seis años antes del atrevimiento de Poleo. Iba como sigue:
“Es el enjambre, Presidente, lo que puede perfectamente matarle. No un asesino a sueldo, no un asalto militar. Ud. pudiera morir como Mussolini sin Petacci… Ojalá no. Pero si llegara a ser, en desagravio a Bolívar, que su cuerpo colgara de un poste, amoratado, herido de mordiscos y cuchillos, mojado de saliva ajena, desnudo y de cabeza de un árbol de la Plaza Bolívar, Ud. recordará otro árbol señero, al que nunca conoció frondoso, ante el que una vez juró su desatino”.
En la cita está claro que no se le desea tal fin al Presidente, y desde estas mismas líneas se ha declarado estúpidas las iniciativas de conspiración en torno a golpes de Estado o intentos de magnicidio, tan recientemente como hace tres semanas.
Pero hay que tener tupé para encontrar incitación al delito por opiniones como las emitidas por Poleo o el suscrito. Si Izarra fuese capaz de una mínima objetividad, debiera percatarse de que su jefe, en aplicación del criterio que ha esgrimido rayando en la histeria, sería culpable, en grado de continuidad muy pertinaz, de incitar al delito prácticamente cada vez que abre la boca. Y sus seguidores, de rango mayor o menor, repiten la peligrosa conducta. Entre los poco importantes, sin ir muy lejos, se cuenta la ciudadana Lina Ron, que comentando el más reciente artefacto explosivo lanzado a Globovisión, y aprobando de un todo la iniciativa de quienes se atribuyeron la autoría, declaró sin ambages que esa planta televisora era “objetivo militar”.
Hasta hoy, ni el ministro Izarra, ni el ministro El Aissami—que el día del atentado se atrevió a exigir a los periodistas cómo debía reportarse el hecho—han siquiera condenado las declaraciones de Ron (no precisamente Santa Teresa), y mucho menos han buscado que caiga sobre ella el peso de la ley por tan inequívoca incitación a delinquir. Probablemente esperan que la combativa chavista emita su aprobación de la bomba lacrimógena y los panfletos lanzados en el periódico que edita Poleo.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Oct 9, 2008 | LEA, Política |

Entre las malas noticias, hay las que son rápidamente absorbidas. Emergen repentinamente y duran poco en la atención de las conciencias. Otras hay, en cambio, que persisten, como forúnculos tenaces.
Por ejemplo, la mala noticia del descubrimiento del maletín de Guido Alejandro Antonini Wilson es persistente. Hace más de un año que reventó el vergonzoso episodio en el terreno de los medios y la opinión, estuvo meses incubándose mientras permitía la elección de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y ha hecho nueva erupción en un juicio de flemática preparación que lleva ya varias semanas en las primeras páginas.
O, por ejemplo, siete meses han pasado ya desde que las fuerzas armadas de Colombia pusieran la mano sobre computadoras del difunto guerrillero Raúl Reyes, y a cada rato brotan datos inéditos sobre la relación del gobierno venezolano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, de aquellas máquinas y de otras incautadas después en otros incidentes.
O, también, la mayoría de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia fue puesta en evidencia poco después del 5 de agosto de este año, cuando procediera a cercenar el alcance y significado del Artículo 42 de la Constitución Nacional, y así dar fundamento a la aplicación inconstitucional del Artículo 105 de la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República y del Sistema Nacional de Control Fiscal, que Clodosbaldo Russián, para beneplácito del “benemérito” presidente Chávez, empleó para violentar derechos políticos de un buen número de ciudadanos venezolanos.
Éste será también caso de noticia mala (para el gobierno) que no será posible escamotear indefinidamente. Las vacaciones judiciales dieron un respiro momentáneo a Luisa Estella Morales Lamuño, Marcos Tulio Dugarte Padrón, Francisco Antonio Carrasquero López, Carmen Zuleta de Merchán, Jesús Eduardo Cabrera y Arcadio de Jesús Delgado Rosales, este último quien construyera el aberrante y muy defectuoso razonamiento de la decisión #1.265 de la Sala Constitucional. Pronto comenzará un aguacerito sobre esas cabezas.
Por de pronto, el Consejo Europeo—organización que no debe confundirse con órgano alguno de la Unión Europea—ha emitido un señalamiento en el que destaca que las inhabilitaciones de Russián fueron actos inconstitucionales. La cosa, pues, no está olvidada.
Refresquemos. El Artículo 25 de la Constitución dice: “Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo, y los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores”. Esa espada pende sobre la nuca de los magistrados mencionados.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Oct 2, 2008 | LEA, Política |

El pasado domingo 28 de septiembre, otro referéndum en América del Sur fortaleció marcadamente la posición política de otro gobernante izquierdista. Ecuador aprobó, con una mayoría de 64%, la nueva constitución propuesta por Rafael Correa. Es, sin duda, un fenómeno a tomar en cuenta.
No falta quien destaque que el nuevo texto constitucional extiende los períodos de gobierno posible para Correa. Ahora puede elegirse de nuevo como si lo hiciera por primera vez—al estilo de la “relegitimación” de Chávez en 2000, luego de que se aprobara la Constitución de 1999—y reelegirse cuatro años más tarde. Si lo lograra disfrutaría del poder por un total de diez años, si es que no llegara a introducir ulteriores modificaciones constitucionales que extendieran su dominio.
Pero tal cosa no es tendencia exclusiva de gobiernos izquierdistas. No es secreto para nadie que eso es lo que justamente procura hacer en Colombia el presidente Uribe, quien busca un tercer mandato con una nueva enmienda a la carta fundamental colombiana. Las mieles del poder son pegajosas.
Apartando ese aspecto temporal, la nueva constitución ecuatoriana refuerza al poder ejecutivo nacional. Esto es, no sólo podría Correa mandar por más tiempo, sino que de una vez su poder ha recrecido. El Presidente de Ecuador podrá ahora disolver el Congreso, hacer más nombramientos en el poder judicial y controlar más estrechamente la economía y la propiedad privada. Las empresas mineras de Ecuador están en la mira presidencial.
Como en muchas otras partes, pues, el Estado invade más esferas de la sociedad en Ecuador. Es el signo de los tiempos, en un empuje de los ejecutivos de todo el mundo en busca de más poder, tal como lo ha hecho George W. Bush en los Estados Unidos. Si algunas circunstancias impiden o difieren más abiertos crecimientos o permanencias más longevas, entonces se recurre al gobierno por persona interpuesta, como ahora hace en Rusia el poderoso Vladimir Putin.
Estas cosas no ocurren sin reacción, naturalmente. Mikhail Gorbachev, nadie menos, se apresta a fundar un nuevo partido político en Rusia, el Partido Democrático Independiente, con planes de participar en las elecciones parlamentarias de 2011. En nuestro continente, Jaime Nebot, el Alcalde de Guayaquil, reivindica que en sus predios fue derrotada la propuesta constitucional de Rafael Correa. Por los momentos, sin embargo, ni Gorbachev ni Nebot representan serias amenazas a los gobiernos de sus respectivos países.
En Venezuela, Chávez pudiera estar pensando en gobernar por testaferro, como lo hace Putin, como lo hizo con tanto éxito Juan Vicente Gómez más de una vez.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Sep 25, 2008 | LEA, Política |

Puede afirmarse con seguridad que no ha habido ni un minuto de vida republicana en Venezuela, desde 1830 hasta ahora, cuando faltase alguna conspiración para hacerse por las malas con el poder político. Siempre ha habido uno o más grupos de golpistas residuales, que por vocación conspiran hasta en los momentos más felices de nuestra nación. Alguien que debiera saber esto muy bien es nuestro Presidente, que en compañía de unos cuantos cómplices conspiró durante más de 500.000 minutos republicanos, entre fines de 1983 y comienzos de 1992.
Desde la campaña electoral de 1998, cuando se veía crecer la posibilidad electoral de Hugo Chávez, ya se pensaba pagarle con la misma moneda. En consideración de los ramales de un delta político nacional, escribió el suscrito el 20 de septiembre de aquel año:
“Luego está una tercera rama, la más estúpida de todas, de los que han cruzado la raya de la inmoralidad política y se creen autorizados a emplear medios criminales para impedir el triunfo de Chávez Frías. Esta rama tiene a su vez tres ramitas: el asesinato, el fraude electoral, el golpe ‘preventivo antes de las elecciones nacionales… Tiene que haber en estos momentos la conformación de un plan de esta naturaleza: antidemocrático, abominable, estúpido. Hay demasiados signos de que esto es así. Más a futuro, otra pequeña rama aspira surgir: un golpe de Estado ‘curativo’ una vez que Chávez Frías esté en el poder y haya producido, previsiblemente, efectos allendistas… Los modos de pensar de quienes transitan por estos cauces son realmente defectuosos. La democracia está amenazada, dicen, por Chávez Frías, y para evitar este daño es preciso interrumpirla antes de que él lo haga. Bárbara Tuchman empleaba como ejemplo de insensatez política la declaración más citada de la guerra de Vietnam. Un mayor norteamericano justificaba que se hubiera arrasado un pueblo vietnamita del siguiente modo: ‘Se hizo necesario destruir el pueblo con el objeto de salvarlo’.”
Es perfectamente posible la conspiración por estos días, sobre todo cuando la avasalladora arrogancia de Chávez, en desprecio de la voluntad popular, la azuza con cada arbitrariedad que se le ocurre. Que el gobierno haya verdaderamente descubierto una cábala no tiene visos de credibilidad, y es perfectamente posible también que todo su escándalo—tema del que la mayoría de los venezolanos ni se ocupa—sea una cortina de humo, una patraña. Pero así como el PSUV emitió un comunicado en repudio de la bomba recientemente lanzada contra Globovisión—no sin repudiar al canal mismo—, se echa en falta un rechazo en principio a golpes y magnicidios en boca de los más notorios dirigentes opositores. El 29 de mayo de 2005 decía valientemente Julio Borges (entrevista por Alonso Moleiro en El Nacional): “Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten”.
Y el gobierno debiera dejar su cobarde llorantina al respecto. Ni tiene autoridad moral para hacerlo, ni tal cosa es conducta de gente seria.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Sep 11, 2008 | LEA, Política |

Mientras su compañero del alma, Evo Morales, se encuentra a punto de necesitar una afirmación de su autoridad con el empleo de la fuerza militar en Santa Cruz—para restablecer el orden público, severamente alterado en la capital de la oposición boliviana—, Hugo Chávez mismo, y diversos personeros de su gobierno están siendo crecientemente mencionados en el sonado “juicio del maletín” en Miami, que por ahora va contra Franklin Durán. Algunos de los alegatos del fiscal acusador parecen estar soportados por grabaciones de encuentros entre varios de los acusados con Guido Antonini Wilson, el correo de los casi ochocientos mil dólares provenientes de Venezuela que estarían destinados a la campaña electoral de Cristina Kirchner. En una de ellas se le habría asegurado a Antonini que Néstor Kirchner y Hugo Chávez, los propios presidentes de Argentina y Venezuela, garantizaban que no quedaría preso si se entregaba a la justicia del país más sureño de América.
Los nombres del Presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, del Director de la DISIP, Henry Rafael Silva, y hasta el del ex Superintendente del SENIAT, José Gregorio Vielma Mora, han salido a relucir en los testimonios bajo juramento. Este último, a diferencia de otros que dicen negarse a responder infundios estadounidenses, produjo una persuasiva argumentación para exculparse. Vielma Mora dijo: “Lo que queremos es que descubran a los verdaderos culpables”. Esto es, que hay, a su juicio, un delito, puesto que hay culpables.
Uno de los que más vocifera que el juicio no es más que un show, un “proceso comprado”, es el jefe de todos ellos, el presidente Hugo Chávez. Ayer echó mano de su gastada excusa favorita: que todo era un montaje del “imperio”, que también buscaba deponerlo mediante golpe de Estado o asesinarlo.
Unas son de cal y otras son de arena, pudiera pensar el mandatario. El gobierno de Gordon Brown en Inglaterra le ha extendido una invitación a la cumbre que se celebrará, en ese país, sobre el tema petrolero en diciembre de este año. Chávez compartiría honores con Muammar Kadaffi, el verdadero invitado estrella, ahora beneficiado con cuantiosas inversiones inglesas en Libia, después de que el autor del Libro Verde reconociera la responsabilidad de su gobierno en viejos desaguisados. (Como el derribo de un avión comercial estadounidense sobre suelo escocés en 1988). No se cursó invitación a Mahmoud Amahdinejad, de Irán.
Mientras Chávez prepara sus enésimas maletas, la OPEP decidió ayer un recorte de producción de un poco más de medio millón de barriles diarios, amoscada por el descenso del precio internacional del barril en los últimos días, que lo llevó por debajo de los cien dólares. En noviembre de 1997 la OPEP decidió en una cumbre en Indonesia el movimiento contrario, un aumento de producción, en momento muy inoportuno: justamente cuando explotaba la crisis financiera del sudeste asiático. Los precios del barril de petróleo llegaron entonces a deprimirse, desde el nivel de veinte dólares, hasta los ocho dólares a comienzos de 1999. El llamado “fantasma de Jakarta” atemoriza a los miembros de OPEP, y los halcones entre ellos—Irán y Venezuela principalmente—lograron imponer su criterio de defender el precio mediante un recorte de producción.
Con un petróleo demasiado barato se hace más difícil llenar con dólares los maletines de la diplomacia chavista.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Sep 4, 2008 | LEA, Política |

Después de su discurso de aceptación de la candidatura presidencial demócrata en Denver, y aun después de la vistosa y audaz selección de la gobernadora de Alaska como compañera de fórmula de McCain, Barack Obama ha logrado un pequeño margen de ventaja—6 a 8%—en las encuestas de intención de voto en los Estados Unidos. Este margen, sin embargo, puede disminuir en las próximas horas, puesto que todavía no ha concluido la convención republicana, desde la que seguirán lloviéndole ataques.
Por otra parte, la intención de voto puede ser un predictor razonable de lo que será el voto popular, pero como en los Estados Unidos hay en realidad un sistema de elección de segundo grado, lo que a la postre importa es la cantidad de votos de los llamados colegios electorales de los estados para determinar el resultado de la elección. Al Gore, por ejemplo, obtuvo más votos de los ciudadanos, pero perdió la elección cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos adjudicó a George W. Bush los votos del colegio electoral de Florida. En los actuales momentos ninguno de los adversarios tiene una ventaja clara a este respecto, aunque de nuevo Obama parece estar mejor posicionado. En síntesis, la elección del próximo Presidente de los Estados Unidos dista bastante de haberse definido.
Debe apuntarse, además, que Obama no siempre es atinado en sus declaraciones. Dándose por aludido en el tema de su preparación para el cargo, cometió una pifia incomprensible, al compararse no con John McCain, sino con Sarah Palin, la elección del primero para la Vicepresidencia. Obama argumentó, innecesaria y débilmente, que su experiencia ejecutiva era superior a la de Palin, dado que ha sido el ejecutivo principal de su propia campaña. El discurso de ésta en la convención de los republicanos, y la agresiva campaña de McCain, han metido el dedo en esa llaga, y seguramente continuarán haciéndolo hasta las elecciones. Con una metida de pata tan marcada, Obama no ayuda a su candidatura. Ruddy Giuliani introdujo un clavo adicional al señalar que la Sra. Palin ya tenía más experiencia ejecutiva, como alcalde de una ciudad y gobernadora de un estado, que la conjunta de Obama y John Biden, ambos hombres de experiencia reducida a la función legislativa.
En este mes se producirán los importantes debates televisados entre los contendientes. En otras elecciones, notablemente en la de Kennedy vs. Nixon, los debates fueron determinantes a la hora de la escogencia popular. En este caso, dos estilos muy diferentes llegarán a enfrentarse: uno más intelectual, el de Obama, contra el más directo y familiar de McCain.
Las edades combinadas de ambas fórmulas son muy similares: el ticket demócrata suma 112 años, el republicano 116. La proporción está invertida en los dos casos, sin embargo: los demócratas tienen un candidato presidencial más joven (47) que el vicepresidencial (65); los republicanos uno más viejo (McCain, 72; Palin, 44).
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