Entrevista con José Gregorio Graterol – 09/05/08

El sucinto diálogo se orientó a la alarma presidencial por proyectos secesionistas del estado Zulia y, luego, al tema de las elecciones de gobernadores y alcaldes de 2008.

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LEA #285

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La senadora Hillary Clinton trabajó duro ayer, luego de que los resultados del martes en las primarias de Indiana y Carolina del Norte parecieran indicar que su campaña por la candidatura demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos es un caso perdido. Clinton ganó la primaria de Indiana, pero sólo por 1,84% de diferencia, mientras que perdió la de Carolina del Norte por catorce puntos.

Ayer recibió un golpe de otro tipo. La persona para la que ella hiciera su primer trabajo político, el ex candidato George McGovern (que no pudo gobernar en su momento a pesar de su estupendo apellido), y que originalmente le había dado su apoyo, declaró ahora a favor de la candidatura de Barack Obama, no sin recordar su propia experiencia para advertir que no era nada bueno para los demócratas herir a quien seguramente portaría su estandarte, en referencia a los ataques desatados contra Obama en las semanas más recientes.

Reponiéndose de este golpe, Cinton procuró restañar la previsible hemorragia de superdelegados a favor de Obama, en reunión a puertas cerradas en Washington D. C. Lo que pudo ofrecer, sin embargo, es harto improbable. La oferta consiste en ganar cuatro de las seis primarias restantes, lograr el reconocimiento de delegados a la convención demócrata para los estados castigados de Florida y Michigan—porque se celebraron en contravención de normas del partido—y reclutar a su favor la gran mayoría de los 250 superdelegados que aun no se han pronunciado. No es una oferta creíble.

Luego habló por unos veinte minutos en la Universidad Shepherd, ante una audiencia que la abucheó en más de una ocasión. Su lenguaje había cambiado. Ya no dijo “cuando yo sea Presidente”, sino “si soy electa Presidente”.

Lo que resta de contienda entre Obama y Clinton debiera conducirse con realismo por parte de los demócratas. Su partido debiera capitalizar la idea de que cualquiera de sus dos precandidatos haría historia convirtiéndose en candidato y luego en presidente. Uno por ser negro, otra por ser mujer. Cualquiera de las dos opciones representa un cambio auspicioso.

De escuchar Clinton los llamados más frecuentes, que le recomiendan abandone la carrera, pudiera abrirse la puerta a que Obama le ofrezca el cargo número dos, como candidata a la Vicepresidencia, No es difícil percatarse de que que un ticket como ése será la combinación candidatural más poderosa de la historia política moderna de los Estados Unidos. La llave Obama-Clinton pudiera hacer prácticamente imposible la elección de John McCain, que ha venido usufructuando la disputa en el campo demócrata. Sería un regreso a las percepciones de hace unos meses, cuando una mayoría de estadounidenses pensaba que cualquier candidato republicano perdería ante cualquier candidato demócrata.

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CS #285 – Ciudadanía mundial

Cartas

Todavía falta tiempo bastante para que una conciencia irreversible se apodere de los seres humanos: que la suprema condición política es la de ciudadano del planeta, que la polis que finalmente tiene sentido es la planetaria.

Somos, en realidad, una sola cosa: la presencia, aunque étnica y culturalmente diversa, de Homo Sapiens sobre la tierra. Somos el fenómeno humano. (Pierre Teilhard de Chardin). Nuestra historia hizo divergir, hacia grupos distantes, hacia civilizaciones independientes entre sí, lo que según los paleontólogos era una primera camada de la especie, aparecida originalmente en sabanas de África. De allí migraron unos cuantos hacia Anatolia, subiendo por el Asia Menor, y de allí salió la exploración ramificada hacia Europa  y Asia y Oceanía y América. Radicados en tierras lejanas las unas de las otras, cuando el nomadismo dio paso al asentamiento agrícola, cada tribu primigenia fue construyendo su propia civilización.

Arnold Toynbee dedicó doce volúmenes (Estudio de la Historia) a enumerarlas y seguir su curso, no sin incurrir en distinciones de cierta arbitrariedad. Encontró las siguientes: Andina, Arábica, Babilónica, Cristiana Ortodoxa Rusa y Cristiana Ortodoxa Principal, Egipcíaca, Helénica, Hindú, Hitita, Índica, Iránica, Maya, Méxica, Minoica, Occidental, Oriental Lejana Japonesa y Oriental Lejana Principal, Sínica, Sumérica y Yucateca. A esta lista añadió cuatro civilizaciones “abortivas” (Cristiana Occidental Lejana Abortiva, Cristiana Oriental Lejana Abortiva, Escandinava Abortiva y Siríaca Abortiva) y cinco civilizaciones “detenidas” (Espartana, Esquimal, Nomádica, Otomana y Polinésica). La enumeración precedente deja algunas otras “civilizaciones” sin considerar. (La Etíope o la Etrusca, por ejemplo).

La clasificación de Toynbee es, naturalmente, discutible. Pero es una noción importantísima de su teoría, expuesta en la introducción del primer volumen de su colosal obra, que la verdadera unidad del estudio de la historia no es la nación-estado, sino la civilización. Para establecer este punto pregunta qué es un “campo inteligible para el estudio histórico”, y toma para ilustrar la cuestión el ejemplo de su patria chica, Inglaterra, que no sólo estableció el imperio más extenso de la historia (los Estados Unidos originales y Canadá, la Guayana Inglesa y más de una isla caribeña, Australia y Nueva Zelanda, la India, buena parte de Indochina y otros enclaves asiáticos, posesiones en el Mediterráneo y el Atlántico, así como enormes extensiones africanas como Rodesia y Suráfrica) sino que en tanto metrópoli existía en unas islas, las británicas, que están separadas de la Europa continental. Pues bien, a pesar de este relativo aislamiento metropolitano, y de la insólita extensión de sus dominios, Toynbee demuestra rápidamente que la historia de Inglaterra es incomprensible si no se la enmarca en el proceso más amplio de la Civilización Occidental. No hay manera de entender a Inglaterra sin referirse a Roma, a Escandinavia, a Alemania, a Francia, a España o Italia, para no mencionar a los fenicios, que llegaron a comerciar el estaño de las vetustas minas de Cornualles.

Más allá de Toynbee, otros autores han postulado unidades aun más grandes que las civilizaciones. Así, por ejemplo, David Wilkinson emplea conceptos de la “teoría de sistemas mundiales” (con nociones de origen marxista), y señala que, al menos desde el año 1.500 antes de Cristo, hubo conexiones entre civilizaciones antiguamente separadas que constituyeron una sola “Civilización Central”, expandida hasta incluir la India, el Lejano Oriente y, más tarde, Europa Occidental y las Américas para formar un único “Sistema Mundial”. Lewis Munford hablaba, ya en 1934, de una “ecumene” en el sentido cultural en Technics and Civilization, y luego William McNeill ha postulado que, en efecto, el predominio de Europa a través de sus formas económicas, su ciencia y sus instituciones políticas, ha establecido de hecho una “ecumene planetaria” hacia fines del siglo XVIII. Otros han señalado que antes de los viajes de Colón había en realidad dos “ecumenes” separadas por el Atlántico, y que fueron los conquistadores españoles quienes las fundieron en una sola en el siglo XVI. (Por más que a Chávez o Morales, que hablan español y sólo pueden pensar en esta lengua, les pese).

………

Como podemos ver, la idea tiene tiempo andando, y también el corolario político de que tal entidad ecuménica requiere un único gobierno. Antes del Renacimiento, Dante Alighieri (1265-1321) se ocupaba también, tanto como de la poesía, de la política, como correspondía a un buen ciudadano ilustrado de Florencia. En De Monarchia, el autor de la Divina Comedia dedica un capítulo entero del primer libro de aquella obra a la conveniencia de un gobierno mundial. Si Clausewitz supone que la guerra es connatural a las naciones, pues no existe una autoridad mundial distinta de las naciones que compiten entre sí, Dante quiere que se obtenga la paz entre ellas precisamente con la instauración de un gobierno mundial. Reconociendo que esto no existe, apunta a los tiempos del emperador Augusto, cuya autoridad, en tiempos de Jesucristo, se extendía al mundo entonces conocido por los europeos y había llevado la Pax Romana hasta sus confines. Para Clausewitz es la guerra lo natural; para Dante lo natural es el gobierno y la paz. Así titulaba éste, al estilo prerrenacentista, las dos primeras secciones del capítulo: “El conocimiento de un único gobierno temporal sobre la humanidad es lo más importante y lo menos explorado”; “Dado que esta teoría es una ciencia práctica, su primer principio es la meta de la civilización humana, la que debe ser una y la misma para todas las civilizaciones particulares”. Es en esta segunda sección donde define: “Por el gobierno temporal del mundo o imperio universal entendemos un único gobierno sobre todos los hombres en el tiempo, esto es, sobre y en todas las cosas que pueden ser medidas en tiempo”.

La visión de Dante se extendía, conscientemente, sobre la Civilización Occidental, por más que postulara un gobierno por encima de todas “las civilizaciones particulares”. Vivía en un mundo de difícil comunicación, y ni siquiera había entonces contacto frecuente entre Florencia y Venecia. Marco Polo (1254-1324), veneciano, era perfecto contemporáneo de Dante, pero éste no pensaba mucho en la lejana y desconocida Catay (China), que Marco visitó y relató después. Lo importante, sin embargo, es que si hubiera pensado en ella y en Cipango (Japón), si hubiera tenido conciencia de la Civilización Maya o de la existencia de la Polinesia, Dante habría recomendado de todas formas lo mismo: “Los cielos son regidos por un solo motor, Dios, y el hombre está mejor cuando sigue el patrón de los cielos y el Padre Celestial”; “Los gobiernos humanos son imperfectos en tanto no estén subordinados a un supremo tribunal”; “Por tanto, el gobierno mundial es necesario para el mundo. El Filósofo vio este argumento cuando dijo: ‘Las cosas detestan estar en desorden, pero una pluralidad de autoridades es desorden; por consiguiente, la autoridad es única’.” (“El Filósofo” es Aristóteles, que tomó la cita de la Ilíada).

………

Pero todo esto es pasado, y no tenemos gobierno mundial. Hay una asociación de estados-nación, más bien tenue, en la Organización de las Naciones Unidas, y ciertamente han ido añadiéndose instituciones planetarias con autoridades hasta hace poco inexistentes. (La Corte Penal Internacional es el caso más destacado y significativo). Por otra parte, hay megaprocesos cuya presión va llevándonos a conformar, en algún momento no tan lejano, una polis del mundo. Hay un calentamiento global que todos causamos, desde una vaca en Abisinia hasta un fumador en Estocolmo, desde un tractorista en Wisconsin hasta un talador en la Selva Amazónica. El clima no reconoce fronteras. Hay, desde hace tiempo ya, corporaciones transnacionales, pero también crimen transnacionalizado, desde el más vulgar hasta el terrorista, incontenible por policías locales. Hay, también, un cerebro del mundo en construcción. Google procesa ya alrededor de mil millones de búsquedas por día, y todavía la Internet está en pañales. Nos preocupa Chávez, pero también Putin y Bush, y se nos engurruña el corazón con un volcán chileno o un ciclón birmano. El mundo es plano, argumenta Thomas Friedman.

Es necesario un pacto federal que transfiera a una autoridad central planetaria ciertas atribuciones. ¿Cuáles serían? ¿Quiénes serían las autoridades de ese Estado global? ¿Cómo se les elegiría? Debe haber una legislatura planetaria, tal vez construible sobre una reforma de la Asamblea de las Naciones Unidas, pero probablemente haya que sustituir el Consejo de Seguridad por un Senado Planetario, compuesto por miembros elegidos por los bloques de la “geotectónica política”. Hay ya grandes bloques en el planeta bajo autoridad única: EEUU, Rusia, China, India, Europa, Australia. Hay protobloques en América del Sur y África, así como subbloques en Centroamérica. Hay entidades que tienen más bien base religiosa, como el Islam, que agrupa a más de 1.200 millones de almas. ¿Cómo sería y cómo pudiera establecerse un gobierno mundial viable y beneficioso? ¿Cómo se pagará?

En la base de todo tendría que estar la conciencia apuntada al principio: la de que en verdad somos, por encima de cualquier otra cosa, ciudadanos del planeta; la de que es una nueva soberanía planetaria, emanada del único pueblo del mundo, lo que dará base a un gobierno del mundo.

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Este nivel de análisis pudiera parecer escapista. A fin de cuentas, se dirá, nuestra realidad es Tascón y Müller Rojas, el apagón masivo de hace días y el currículo “bolivariano”, las elecciones de noviembre y la delincuencia que recrece con las lluvias, la restatización de SIDOR y el arrebatón del Valle del Turbio, el maletín de Raúl Reyes y el de Guido Antonini Wilson, la intervención en Bolivia y el escuálido proyecto del ALBA, el cangrejo de Danilo Anderson y el corrupto nepotismo de Barinas, la próxima coagulación del tránsito automotor y la neurosis de la psiquis nacional, la escuadra de 24 Sukhoi 30 para hacer la guerra y el estrellamiento creciente de aeronaves civiles, la escasez de leche y el precio ascendente de las demás cosas, el reventón de dólares y las escasas viviendas construidas, la ineficacia gubernamental que el propio Presidente admite y la reiteración de las odiosas coartadas. Es una variedad de sobresaltos que nos abruma.

Pero, en verdad, pensarnos como ciudadanos del planeta nos sirve doblemente. Por un lado, coloca en sus exactas proporciones de teatro bufo la gestión del gobierno nacional. Si sé que soy un ciudadano del mundo me percato más claramente de las pequeñeces intrascendentes de nuestra política, y veo con mayor nitidez la escasez de los discursos habituales.

Y también, por supuesto, se adquiere con esa conciencia el nivel correcto para el acceso a la modernidad y la superación de un proceso político generalmente mediocre. La solidaridad necesaria, la sintonía con el prójimo y sus necesidades, no puede agotarse en Evo Morales y sus tribulaciones, no debe ser formulada en términos guerreros y excluyentes.

Falta todavía mucho para que la crisis de la política, mucho más grave que una mera crisis política, dé paso a otra forma de hacerla, a un modo de entenderla que no la tenga por combate para aniquilar adversarios. Falta adquirir ese punto de vista, para que cesen simétricos chauvinismos que alientan un “choque de civilizaciones”.

Cuando Toynbee paseaba su mirada ancha por la historia del mundo, veía innumerables guerras de todo género y escala. Así como hacemos antropomorfismo de Dios—decir que somos creados a su imagen y semejanza es, en realidad, suponer presuntuosa y conmovedoramente que se nos parece—también lo hacemos de los animales, y hablamos del león como “el rey de la selva” o de todo el zoológico terrestre porque identificamos líder y combate, porque creemos consustancial a la política la lucha.

Pero vienen tiempos de acomodo y convergencia. Viene una nueva política.

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FS #193 – Empresario pana

Fichero

LEA, por favor

En enero del año 2004, el suscrito concluía un trabajo por encargo: “Siete marcos para la interpretación de la libre empresa en Venezuela”. En aquellos momentos no habían desaparecido las esperanzas de revocar el mandato de Hugo Rafael Chávez Frías—el referéndum revocatorio tendría lugar el 15 de agosto de aquel año—, y aún era posible imaginar una etapa de transición que marcara un cambio positivo respecto del régimen imperante, claramente dañino.

El tema de ese trabajo era el de cómo escapar a una caricaturización oficialista del papel empresarial, montada sobre su decimonónica condena del “capitalismo” y la idea de que “ser rico es malo”. Desde un gobierno dado a la nomenclatura y la fabricación de etiquetas, se ha creado incesantemente “marcos” interpretativos que son vendidos a una clientela política que los acepta sin mayor análisis o deliberación. (Para un tratamiento bastante exhaustivo y técnico del tema de marcos de esta clase, con especial aplicación a la elección entre opciones con diferentes resultados esperados, y su diferente presentación o “enmarcamiento”, puede verse el libro Choices, Values and Frames, editado por Daniel Kahneman y Amos Tversky y publicado por  Cambridge University Press en 2000. Los autores se hicieron acreedores al Premio Nóbel de Economía por sus trabajos desde la perspectiva de la psicología de la cognición. Tversky murió antes de recibirlo).

El estudio proponía la elaboración y difusión de marcos alternos, para la fecha auspiciosa del cuadragésimo aniversario de la fundación del Dividendo Voluntario para la Comunidad. En esta Ficha Semanal #193 de doctorpolítico, se reproduce dos de las secciones del trabajo. (“Sexto marco: el empresario como pana”, y “Conclusión: llenar el marco”).

El diagnóstico que justificaba el análisis no ha variado esencialmente desde enero de 2004 (de hecho, más bien se ha agravado): “No cabe duda de que [a] una parte significativa del empresariado venezolano [s]e la ha presentado y enmarcado como insensible, delincuente, amotinada y traidora… En gran medida, este insatisfactorio estado de la opinión se debe a una deliberada actividad de propaganda contra la libre empresa, que ha tenido importante grado de éxito en ‘enmarcar’ la idea e imagen del empresariado o el empresario de manera negativa. Desde la campaña electoral de 1998 hasta la fecha la propaganda adversa ha sido más intensa y sistemática. No ha existido una defensa adecuada del empresariado ante este proceso. Si bien se han dado instancias aisladas y no sistemáticamente conexas de refutación del marco negativo, no se ha hecho el trabajo definitivo: la construcción y difusión programada de marcos sanos que puedan superponerse (más que oponerse) al marco pernicioso y permitan un nuevo posicionamiento del empresariado en la psiquis nacional”.

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Empresario pana

Se ha querido presentar al empresariado nacional como actor insensible y egoísta, involucrado en una dominación deliberada sobre los habitantes más pobres del país. La verdad es que el empresario venezolano ha sido destacado pionero en materia de responsabilidad y solidaridad social, tanto en términos de recursos aportados como en materia de iniciativas con imaginación y de conceptos avanzados en la materia.

Siempre hubo filantropía de los empresarios en Venezuela, pero es en la década de los años sesenta cuando su presencia se hizo marcadamente mayor y mejor orientada por una moderna filosofía de la responsabilidad social, de elaboración esencialmente autóctona. En 1963 los empresarios venezolanos concibieron y emitieron su “Declaración de Responsabilidad de la Libre Empresa”, que daba piso principista a la organización y el concepto del Dividendo Voluntario para la Comunidad, que cumple 40 años de existencia en 2004. El documento fue conceptualmente tan importante que la explicación venezolana de sus nociones fue requerida en el continente y en Europa, y misiones de empresarios nacionales fueron a distintos países a llevar el evangelio de la responsabilidad social.

La década de oro de la inversión social privada fue, entonces, la que va de 1963 a 1973, justo el año antes de que se inicie la patología económica venezolana antes comentada. Entre esos años floreció una numerosa constelación de organizaciones no gubernamentales dedicadas a la acción solidaria en casi cada parcela de necesidad, y criterios y conceptos desarrollados por ellas y por la actividad fundacional fueron asumidos por el gobierno para sus propios programas. (En materia, por ejemplo, de desarrollo de las comunidades de menores recursos o en la consideración de la enseñanza preescolar como sistema educativo formal).

Por aquella época, debe anotarse, la incipiente democracia venezolana se vio seriamente amenazada por la violenta actividad subversiva de la guerrilla rural y urbana. El empresariado venezolano eludió la tentación de involucrarse, como le fue propuesto, en la promoción de la violencia contraria, y asumió como suya la acción a favor de las comunidades desde la perspectiva de una ciudadanía corporativa que respondía a la realidad social.

Y aunque a comienzos de la democracia el sector público disponía de más recursos que el sector privado, la acción social de éste se hizo sentir con su creatividad innovadora y la magnitud y energía de su dedicación.

Esto cambió de manera muy importante a partir de 1974. Un Estado repentinamente recrecido en recursos, trastocó las proporciones y las prioridades. Así, un Estado súbitamente rico ya no tuvo tanto interés en la cooperación social proveniente de la iniciativa privada, y el deterioro posterior de las condiciones económicas generales dificultó la proyección de la acción social empresarial.

A pesar de esto la solidaridad social del empresario venezolano sigue siendo muy significativa, como lo atestiguan las cifras de su inversión en la comunidad, que han sido recogidas por reciente investigación sistemática. (Tan sólo una entidad bancaria venezolana, por ejemplo, registra 17 millardos de bolívares de aporte en el “balance social” que publica con regularidad).

Pero más allá de las cifras, es la calidad y la eficiencia de la inversión social privada algo digno de destacar. La sola iniciativa de la red de escuelas de Fe y Alegría representa para el Estado venezolano un enorme alivio de la carga social, y a todas luces es de una productividad superior a la del sistema educativo público.

Hoy en día la presencia social del empresario nacional está multiplicada por todas partes, a través de su contribución al sostenimiento de numerosas ONGs o mediante la operación directa de programas propios. Además del Dividendo Voluntario para la Comunidad, Fedecámaras ha establecido una especial Oficina de Responsabilidad Social, y la Cámara de Comercio Venezolano-Americana (Venamcham) administra su vigoroso programa de Alianza Social. Numerosas fundaciones de diversas escalas canalizan fondos de muy importante cuantía para la educación, la ciencia, la cultura, el alivio de la pobreza, la profilaxis contra las drogas, la salud, el deporte.

Pero como decía Juan XXIII, no sólo hay que ser bueno, hay que parecerlo. Es necesario que el empresariado de Venezuela se reposicione a este respecto, a partir de la realidad de su trascendente solidaridad social.

………

Resulta ser de la mayor importancia estratégica para los empresarios venezolanos formular marcos cognitivos que eludan la interesada caricatura negativa que se ha querido endilgarles. No basta negar este marco pernicioso: es preciso tomar la iniciativa y desarrollar y difundir los marcos exactos y justos.

Resulta indicado, por tanto, concebir y diseñar campañas de información a este respecto, puesto que es necesario disipar interpretaciones “oficiales” que falsean la realidad y contraponen el ánimo ciudadano a una de sus más imprescindibles instituciones: la libre empresa. Es necesario reconstruir la interpretación de nuestra realidad como nación, el recuento de nuestra historia reciente, la lectura de nosotros mismos.

No es suficiente, sin embargo, construir los marcos para la nueva interpretación; ni siquiera tener éxito en lograr que prendan eficazmente en la percepción nacional. Los marcos de esta clase existen para ser llenados, y éstos deben ser llenados con acción social.

Es sabido que el sector privado ha sufrido, en los años más recientes, una atrición importante, como consecuencia de un conjunto de inconvenientes políticas públicas. Es sabido que los recursos de solidaridad social disponibles han sufrido igualmente una atrición muy marcada, a consecuencia del deterioro general de la economía nacional y en virtud de mayores y reiteradas exigencias sobre tales recursos. Por otra parte, también es cierto que el deterioro reciente ha afectado a la población de escasos recursos en mayor medida que a la empresa privada, y por esto el empresariado, consciente de su posición como ciudadano sensible a las necesidades del entorno, tendrá que hacer un esfuerzo supremo en la nueva etapa que se avecina.

De estar inmerso en una sociedad normal, el empresario podría bastarse con el estricto cumplimiento de su función económica natural. Habitando, en cambio, en el seno de una sociedad enferma, tiene que hacer un aporte extraordinario.

El primer aporte es de unión. De esto nos hablaba Eugenio Mendoza Goiticoa hace más de cuarenta años cuando concebía la noción de un dividendo para la comunidad, pues el Dividendo Voluntario para la Comunidad es una idea de unión, de acción concertada y concentrada. También pensaba en la unión cuando auspiciaba otro punto de encuentro: la Federación de Instituciones de Protección al Niño (FIPAN). Mendoza creía en la unión: si hubiera vivido en Filadelfia en 1776 hubiera auspiciado la formación de los Estados Unidos; si estuviera vivo hoy nos hablaría de lo mismo, de la unión y la concertación de esfuerzos.

El ideal racionalizador del Dividendo Voluntario para la Comunidad no llegó a plasmarse en plenitud. La concentración de recursos implícita en la iniciativa del DVC cedió el paso a la autonomía filantrópica de cada empresario, y por esto puede haber hoy, como ayer, un buen grado de redundancia e ineficiencia en la inversión social privada considerada en su conjunto.

Pero debe ser posible propiciar la concertación sectorialmente y, antes que en la fuente del financiamiento, en el nivel operativo de las ONGs. Así, debe estimularse la asociación o federación de ONGs de actividad similar, para al menos conseguir la uniformación y el acuerdo metodológico que sea posible en el ataque a los problemas sociales. La idea de FIPAN, así como la de Sinergia, es justamente un modelo apropiado de alianzas estratégicas en esta dirección.

Luego puede pensarse, si no en una racionalización a ultranza y centralizada de la acción social empresarial, sí en un dividendo extraordinario para la comunidad en estos momentos incipientes de un nuevo período de cambio y de defensa de la democracia. Se trata de concebir una Iniciativa Social Empresarial de acción rápida y concentrada, guiada por una sucinta colección de prioridades racionalmente establecida y acumulada a partir de un esfuerzo especial de contribución extraordinaria en vista de la crisis y el sufrimiento social.

Finalmente, sería una mengua que la libre empresa venezolana, en momentos cuando el principal problema social es el acusado grado de desempleo, no fuera capaz de estructurar una iniciativa de aumento del empleo. En tal sentido debe aprovecharse con imaginación la circunstancia de capacidades instaladas ociosas que facilitarán la puesta en práctica de un inmediato programa de nuevos empleos en el sector privado. Cada empresario debe ser invitado a participar en este otro esfuerzo extraordinario.

Una nueva oportunidad se abre ahora para Venezuela. No estará exenta de peligros y complicaciones. Por esto requerirá el concurso de sus mejores talentos, y el capital empresarial venezolano está llamado a participar en la primera línea del esfuerzo.

La noción griega de aristós, los mejores, de la que deriva el término aristocracia (o gobierno de los mejores), no evocaba tanto una condición de privilegio como una de responsabilidad. Quien tiene más debe dar más.

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FS #192 – Vicio de arbitrariedad

Fichero

LEA, por favor

Un inusitado interés recibió la ficha de la semana pasada, con texto de Benjamín Constant sobre la piedra angular de la constitucionalidad: el principio por el que la soberanía, aun siendo el primero de los poderes, no debe ser ilimitada. Los amables suscritores que comentaron la edición coincidieron en alabar la claridad de Constant y la fuerza de sus verdades. Uno de ellos escribió, muy gráficamente: “Este texto es muy sorprendente. Aunque habría que agiornarlo a una redacción más contemporánea, su claridad es maravillosa y habría que darle con él en la cabeza a cada Consejo Comunal, Círculo Bolivariano y demás intentos de embudos que pretenden representar la voluntad ciudadana. Yo diría que contiene prescripciones para una hipotética Constitución. Merece ser divulgado con megáfonos”.

Esta semana se compone la Ficha Semanal #192 de doctorpolítico con un texto complementario, escrito por el mismo Constant. Lo que se reproduce acá es la primera mitad de “La libertad individual”, que es el décimo octavo capítulo de sus “Principios de Política”. Es esta primera parte una denuncia y un rechazo de la forma arbitraria de gobernar. Menos general que el texto de la semana anterior, es sin embargo igualmente transparente y poderoso.

En un capítulo todavía anterior (Inviolabilidad de la propiedad privada), ya Constant arremete contra el ejercicio arbitrario del poder, y dice: “Las arbitrariedades contra la propiedad son muy pronto seguidas por arbitrariedades contra las personas: primeramente, porque la arbitrariedad es contagiosa, en segundo lugar porque la violación de la propiedad provoca necesariamente resistencia. La autoridad obra con severidad contra el oprimido que resiste; y porque ella ha querido arrebatarle su bien, es conducida a atentar contra su libertad. Yo no trataría aquí en este capítulo sobre las confiscaciones ilegales y otros atentados políticos contra la propiedad, pues no se pueden considerar esas violencias como prácticas usadas por los gobiernos regulares; ellas son de la naturaleza de todas las medidas arbitrarias, no son una parte inseparable de ellas; el desprecio por la fortuna de los hombres sigue de cerca al desprecio por su seguridad y su vida”.

En su introducción a la obra cumbre de Constant, explica Nicholas Capaldi: “En los Principios, Constant reafirma su compromiso de toda una vida con la libertad individual e institucional y la ausencia del poder arbitrario. Él afirma que incluso un solo acto arbitrario pone al gobierno en la senda del despotismo. Constant vio siempre a la libertad como un fenómeno orgánico: atacarlo en cualquier punto particular era atacarlo de forma general”.

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Vicio de arbitrariedad

Todas las constituciones que ha tenido Francia garantizaban igualmente la libertad individual, y bajo el imperio de esas constituciones, la libertad individual ha sido violada sin cesar. Es que no basta una simple declaración, son necesarias garantías; son necesarios cuerpos bastante potentes para emplear en favor de los oprimidos los medios de defensa que consagra la ley escrita. Nuestra actual constitución es la única que ha creado sus garantías e investido de bastante poder a los cuerpos intermedios.

La libertad de la prensa colocada encima de todo ataque, gracias a los juicios con jurados; la responsabilidad de los ministros, y sobre todo la de sus agentes inferiores; finalmente la existencia de una representación numerosa e independiente, tales son los bulevares de los cuales la libertad está hoy día rodeada.

En efecto, esta libertad es la finalidad de toda asociación humana; sobre ella se apoya la moral pública y privada; sobre ella reposan los cálculos de la industria; sin ella no hay para los hombres ni paz, ni dignidad, ni felicidad. La arbitrariedad destruye la moral; pues no existe moral sin seguridad, no existen amables afectos sin la certeza de que los objetos de esos afectos reposan arropados bajo la égida de su inocencia. Cuando la arbitrariedad golpea sin escrúpulo a los hombres que le son sospechosos, no es sólo a un individuo a quien persigue, es a la nación entera a quien en primer lugar indigna y luego degrada. Los hombres tienden siempre a liberarse del dolor; cuando lo que ama está amenazado, ellos se apartan o lo defienden.

Las costumbres, dice M. de Paw, se corrompen repentinamente en las ciudades atacadas por la peste; los moribundos se roban entre sí; la arbitrariedad es a lo moral lo que la peste a lo físico.

Es enemiga de los lazos domésticos, pues la sanción de los lazos domésticos es la esperanza fundada en vivir juntos y libres bajo la protección que la justicia garantiza a los ciudadanos. La arbitrariedad fuerza al hijo a ver como se oprime a su padre sin poder defenderle, a la esposa a soportar en silencio la detención de su marido, a los amigos y los vecinos a negar los más sagrados afectos.

La arbitrariedad es el enemigo de todas las transacciones que fundan la prosperidad de los pueblos; quebranta el crédito, aniquila el comercio, afecta todas las seguridades. Cuando un individuo sufre sin haber sido reconocido culpable, si carece de inteligencia se creerá amenazado, y con razón; pues destruida la garantía, todas las transacciones se resienten por ello, la tierra tiembla y sólo se vive con terror. Cuando la arbitrariedad es tolerada, se disemina de tal modo que el ciudadano más desconocido puede de golpe encontrarla dispuesta a atacarle. No basta mantenerse aparte y dejar golpear a los demás. Mil lazos nos unen con nuestros semejantes y el egoísmo más inquieto no consigue romperlos todos. Os creéis invulnerables en vuestra voluntaria oscuridad pero tenéis un hijo, la juventud lo arrastra; un hermano menos prudente que vosotros se permite una murmuración; un antiguo enemigo que en otro tiempo habéis herido, ha sabido conquistar alguna influencia. ¿Qué haréis entonces? Después de haber censurado con amargura todo reclamo, rechazada toda queja, ¿váis a quejaros a vuestra vez? Estáis condenados de antemano por vuestra propia conciencia y por esta opinión pública envilecida que vosotros mismos habéis contribuido a formar. ¿Cederéis sin resistencia? Pero ¿se os permitirá ceder? ¿No se desechará, no se perseguirá un objeto inoportuno, monumento de una injusticia? Habéis visto a los oprimidos; les habéis juzgado culpables; habéis, pues, abierto el camino donde camináis a vuestra vez.

La arbitrariedad es incompatible con la existencia de un gobierno considerado bajo la razón de su institución, pues las instituciones políticas no son sino contratos; la naturaleza de los contratos es la de establecer límites fijos; así igualmente la arbitrariedad siendo precisamente opuesta a un contrato, socava en su base toda institución política.

La arbitrariedad es peligrosa para un gobierno, considerado bajo el producto de su acción; pues, aun cuando precipitando su marcha le da a veces aire de fuerza, no obstante quita siempre a su acción la regularidad y la duración. Diciendo a un pueblo: vuestras leyes son insuficientes para gobernaros, se autoriza a ese pueblo para responder: si nuestras leyes son insuficientes queremos otras leyes; y con esas palabras, toda la autoridad legítima es puesta en duda: no queda más que la fuerza; pues también sería demasiado creer en la ingenuidad de los hombres el decirles: habéis consentido en que se os imponga tal o tal obligación para asegurarnos tal protección, ahora os quitamos esta protección, pero os dejamos la obligación; soportaréis, por un lado, todas las trabas del estado social, y por el otro, estaréis expuestos a todos los azares del estado salvaje.

La arbitrariedad no es de ninguna ayuda para un gobernante, desde la perspectiva de su seguridad. Lo que un gobernante hace por la ley contra sus enemigos, sus enemigos no pueden hacerlo contra él por la misma ley, pues ella es precisa y formal; pero lo que él hace contra sus enemigos por la arbitrariedad, sus enemigos también pueden hacerlo del mismo modo contra él, pues la arbitrariedad es vaga y sin límites.

Cuando un gobierno regular se permite el empleo de la arbitrariedad, sacrifica la finalidad de su existencia a las medidas que toma para conservarla. ¿Por qué se quiere que la autoridad reprima a aquellos que atacarían nuestras propiedades, nuestra libertad o nuestra vida? Para que esos goces nos sean asegurados. Pero si nuestra fortuna puede ser destruida, nuestra libertad amenazada, nuestra vida perturbada por la arbitrariedad, ¿qué bien sacaríamos de la protección de la autoridad? ¿Por qué se quiere que ella castigue a aquellos que conspirarían contra el Estado? Porque se teme ver sustituida una organización legal por un poder opresivo.

Pero si la autoridad ejerce ella misma este poder opresivo, ¿qué ventaja conserva? Una ventaja de hecho, quizás, durante algún tiempo. Las medidas arbitrarias de un gobierno consolidado son siempre menos numerosas que las de las facciones que tienen aún que establecer su poder; pero incluso esta ventaja se pierde en razón de la arbitrariedad. Una vez admitidos sus medios, tan concisos, tan cómodos, no se quiere emplear otros.

Presentados primeramente como un recurso extremo en circunstancias infinitamente escasas, la arbitrariedad llega a ser la solución de todos los problemas y la práctica de cada día.

Lo que preserva la arbitrariedad es la observancia de las formas. Las formas son las divinidades tutelares de las asociaciones humanas; las formas son las únicas protectoras de la inocencia, las formas son las únicas relaciones de los hombres entre ellos. De hecho, todo es oscuro; todo está entregado a la conciencia solitaria, a la opinión vacilante. Únicamente las formas son evidentes, es únicamente a las formas que el oprimido puede acudir. Lo que remedia la arbitrariedad es la responsabilidad de los agentes.

Los antiguos creían que los lugares mancillados por el crimen debían sufrir una expiación, y yo creo que en el porvenir el suelo manchado por un acto arbitrario necesitará, para ser purificado, el castigo manifiesto del culpable, y toda vez que vea en un pueblo un ciudadano arbitrariamente encarcelado y no así el pronto castigo de esta violación de las formas, diré: Ese pueblo puede desear ser libre, puede merecer serlo; pero desconoce aún los primeros elementos de la libertad. Algunos no perciben en el ejercicio de la arbitrariedad sino una medida de policía; y como aparentemente ellos esperan ser siempre los distribuidores de ello, sin jamás ser los objetivos, la encuentran muy bien calculada para la paz pública y el orden correcto; otros más sombríos no disciernen, sin embargo, más que una vejación particular; pero el peligro es mucho mayor. Dad a los depositarios de la autoridad ejecutiva el poder de atentar contra la libertad individual y anularéis todas las garantías, que son la primera condición y la única finalidad de la asociación de los hombres bajo el imperio de las leyes.

Benjamín Constant

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LEA #284

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Ha habido más de una campaña electoral que ha sido comparada con una montaña rusa; esto es, como un trayecto de subidas y bajadas que se alternan. Ciertamente, ésta es una caracterización que puede muy bien aplicarse a la carrera por la nominación de la candidatura demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos. Hasta el martes pasado la candidatura del senador Barack Obama parecía invencible, al punto de que la senadora Hillary Clinton recibió presiones para que retirara la suya. Sin embargo, los resultados de la elección primaria de Pennsylvania, que le han dado el triunfo y un nuevo aire a Clinton, parecen haber puesto a Obama a la defensiva.

Por supuesto, Clinton fue siempre la favorita para ganar en ese estado—the Keystone state—, donde las encuestas le auguraban inicialmente una ventaja de hasta veinte puntos, y Obama logró recortar esa diferencia a la mitad. Este “logro” es destacado por el comando de campaña del senador por Illinois. También es verdad que Obama sigue punteando en votos totales, en delegados adquiridos, en compromisos públicos de “superdelegados” y, last but not least, marcadamente en recursos financieros. (Aunque la victoria en Pennsylvania le ha reportado a Clinton un súbito crecimiento de contribuciones en dinero a su campaña). Todavía tiene Clinton más problemas que Obama.

Pero los resultados del martes han disminuido el aura de invencibilidad que Obama había comenzado últimamente a disfrutar. Hay analistas que adelantan que el factor racial está afectando negativamente a la carrera de Obama. Una encuesta entre los electores de Pennsylvania—Edison-Mitofsky—indica que Clinton obtuvo el favor de 63% de los votantes de raza blanca, mientras que Obama se alzó con 90% de los negros.

Obama ha tratado de minimizar estas interpretaciones de sus recientes dificultades, señalando que fue un factor más importante que los votantes de mayor edad “son muy leales” a Hillary Clinton. La implicación es que ese grupo de edad, por razones naturales, tiende a temer el grado de cambio que Obama representa. La oposición republicana, por su parte, no ha dejado de estimular el sesgo racial, al continuar la explotación publicitaria de los incendiarios discursos de Jeremías Wright, el pastor negro que dirige la iglesia a la que Obama está afiliado.

Pero algún efecto negativo han debido ejercer unas imprudentes declaraciones del candidato negro, quien poco antes del cotejo de Pennsylvania propuso en San Francisco, en clara alusión a pobladores de ese estado, la tesis de que la amargura de los obreros les llevaba a refugiarse en la religión y las armas de fuego. Una cosa así suena demasiado a arrogancia, a una persona que ya se sentía ungido como el candidato demócrata, que creyó que su exitoso discurso sobre el problema racial norteamericano le autorizaba a juicios críticos horizontales que no pueden caer bien a estratos enteros de la población. Si éste es el caso, tal conducta no es un buen síntoma.

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