LEA #278

LEA

Las cifras de la revolución “bolivariana” no están cuadrando. Las reservas internacionales, para empezar, experimentan el embate de transferencias a FONDEN (Fondo de Desarrollo Nacional), o el gasto de divisas en recrecidas importaciones de productos terminados por el Convenio ALADI, ligadas al desabastecimiento. En los primeros dos meses del año estas importaciones más que se duplicaron respecto de igual lapso del año anterior. (108% de aumento).

Pero esto, claro, es el “cochino capitalismo”. Es lo que la revolución corregiría con inventos tales como la cogestión obrera. Ah, pero pasa que esta línea revolucionaria, como los benditos “motores” de la revolución, se está viendo interrumpida. Los trabajadores de una empresa textil intervenida (INVETEX), algo más de doscientas personas, ya no reciben remuneraciones, mucho menos las acciones que se les había prometido. (El tentempié que obtenía cada uno de la Misión Vuelvan Caras, 614 bolívares fuertes, ya no les llega, pues la tal misión ha sido descontinuada). Los obreros de Sanitarios Maracay ya no deben contar tampoco con un esquema de cogestión, dado que el gobierno ha decidido declarar el ramo como no prioritario y devolver la compañía sus propietarios originales. Por lo que respecta a la gente que trabaja en la papelera INVEPAL, titular de 49% de las acciones, ella se queja de las pérdidas de 18 millones de bolívares fuertes en 2007, y habla desenfadadamente de corrupción en la empresa.

Claro está, allí seguimos lidiando con la economía—“ser rico es malo”—pero si miramos a actividades puramente sociales, seguramente encontraremos allí los triunfos de la revolución. ¿No es así?

No, no es así. Luis Bravo Jáuregui, investigador de la Universidad Central de Venezuela, recién termina de analizar las cifras reportadas para la matrícula de educación primaria, según las reporta el mismo Ministerio del Poder Popular para la Educación. Reporta así Gustavo Méndez en El Universal: “De acuerdo al informe oficial, la matrícula del primer grado se incrementó en 16 mil 703 alumnos con respecto al año anterior para alcanzar un total de 640 mil 54 párvulos. Pero inmediatamente saltan las comparaciones. Para el período 96-97 la cifra era de 670 mil 701 alumnos en el mismo grado. Aún más, el docente indica que el número de repitientes fue de 61 mil 912 alumnos”. La “Quinta” República va para atrás, como el cangrejo.

Jáuregui concluye que el flaco crecimiento de la matrícula de primer grado es inferior al crecimiento de la población entre 6 y 7 años de edad, que es la que debiera ingresar al sistema de educación primaria. Siendo que se estima dicha población en 984.490 niños, se colige que unos 345.000 de ellos no han ingresado a ese sistema.

La solución sea tal vez declararnos, en referéndum, como país extranjero, a ver si Hugo Chávez se digna en visitarnos y prometernos los churupos que, digamos, ha concedido a Argentina. Más modestamente, ¿no sería posible que nos regalara, al menos, lo que el señor Antonini llevó hasta allá en un maletín?

LEA

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FS #185 – Ideología y paradoja

Fichero

LEA, por favor

Al Dr. Mauricio Báez, quien me obsequió La teoría pura de la ideología

El 27 de febrero de este año, falleció en el estudio de su casa de Stamford, Connecticut, a la edad de 82 años, uno de los más brillantes y combativos expositores del conservatismo norteamericano, William Frank Buckley. Aunque fuese radicalmente conservador—o libertario, como a veces se definía—su inteligencia le exigía realismo, y es así como, sin condenarla de un todo, opinó en un artículo de su propia revista (National Review, febrero de 2006), que no había dudas de que los norteamericanos habían fracasado en sus objetivos de la guerra en Irak. Antes había declarado: “…el conservatismo implica una cierta sumisión a la realidad, y esta guerra tiene una obvia irrealidad y está siendo inevitablemente capturada por los acontecimientos…” Si Bush fuese un primer ministro europeo, dijo, la experiencia de la guerra le hubiera forzado a retirarse o renunciar. Más generalmente, hizo este juicio: “La realidad de la situación es que las misiones en el extranjero que tratan de lograr un cambio de régimen en países que carecen de un estatuto de derechos o tradición democrática son terriblemente arduas”.

Quizás Buckley había aprendido algo de un famoso debate con Noam Chomsky, a quien llevó a una de las transmisiones del programa de televisión que condujo para el Public Broadcasting System durante treinta tres años (Firing Line, 1966-1999). La “entrevista” a Chomsky es característica del estilo pugnaz de Buckley, que impedía el despliegue argumental de su interlocutor con frecuentes interrupciones. En esa ocasión, los formidables personajes chocaron, justamente, sobre el tema de las intervenciones norteamericanas en terceros países. A juicio de quien escribe, Chomsky demostró un conocimiento más preciso de los hechos, mientras que Buckley se defendió, principalmente, a base de retórica. (Puede verse grabaciones del debate en YouTube, a partir de http://www.youtube.com/watch?v=VYlMEVTa-PI&feature=related).

Igualmente se encuentra en YouTube la entrevista que hiciera en 1985 a Kenneth Minogue (http://www.youtube.com/watch?v=-CIOSkrfRC4), a raíz de la publicación del libro de este último Alien Powers: The Pure Theory of Ideology. Minogue es Profesor Emérito de Ciencia Política en la Escuela de Economía de Londres, y un “euro-escéptico” miembro del Grupo de Brujas y la Fundación Europea, dos think tanks conservadores que, a pesar de sus nombres, descreen de la integración política de Europa. (La presidenta honoraria de la fundación es Margaret Thatcher).

El libro de Minogue ha sido traducido al castellano (La teoría pura de la ideología, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1988). Es un incisivo y profundo estudio del fenómeno ideológico, de valor pedagógico inestimable. En su introducción, escribe Minogue: “La ideología participa de todo el oportunismo de cualquier uso político del lenguaje”, y la define como “la propensión a construir explicaciones estructurales del mundo humano”. La Ficha Semanal #185 de doctorpolítico reproduce la sección inicial (Las paradojas de la ideología) de su último capítulo (Conclusión). No tiene desperdicio.

LEA

Ideología y paradoja

El gran descubrimiento de la ideología fue que la civilización europea moderna, por debajo de sus apariencias ingeniosamente artificiales, es el despotismo más sistemáticamente opresor que el mundo haya conocido jamás. Toda historia, por supuesto, es un acto de opresión, pero sólo en los tiempos modernos la opresión comenzó a esconderse a sí misma detrás de una fachada de libertad.

Para poner este argumento en perspectiva, es relevante anotar que la germinación de la ideología coincidió con la abolición británica del tráfico de esclavos, y para el tiempo en que Lincoln firmó el Edicto de Emancipación ya estaba completamente establecida. Durante este mismo período, se preparó el trabajo preliminar por el sufragio universal de los adultos, y para liberar a las mujeres de la restricción doméstica hasta un grado sin precedentes. Es verdad, por supuesto, que muchos ideólogos reconocieron estas mismas liberaciones como cumbres de la tierra prometida. Sin embargo, el hecho más notable sobre la ideología es su intento de demostrar que lo que para pruebas más ordinarias—un fin del hambre y de las más pesadas cargas de trabajo, respeto por los derechos humanos—había sido un gigantesco salto hacia adelante de la humanidad, es realmente un retraso monumental. La civilización occidental se estaba confundiendo a causa del grado en que las instituciones opositoras y adversarias habían servido realmente para incrementar antes que para destruir su estabilidad; pero en ideología, esto había producido una oposición para terminar con todas las oposiciones, un adversario no inclinado a jugar un juego competitivo sino a la destrucción total de todo lo que constituye el mundo moderno. La ideología es la más pura expresión posible de la capacidad de la civilización europea de autoaversión.

La promoción de semejante movimiento enfrenta claramente problemas formidables. Retóricamente, son problemas de cómo persuadir a una sociedad de occidentales individualistas de embarcarse en un curso de acción tan evidentemente conducente a la autodestrucción; lógicamente, estos son problemas de contradicción entre lo que el ideólogo es y lo que parece ser. Levanta el estandarte del cambio contra un establishment conservador; sin embargo, su telos es una condición puramente estática. Hay un movimiento político inclinado hacia la destrucción de las mismas condiciones de la política. Apela a nuestras respuestas morales, aunque niega la realidad de la vida moral. Los proletariados de la teoría ideológica son primero vaciados de cualquier pensamiento y sentimiento real que puedan tener, y provistos entonces de las proposiciones de la ideología. Mientras afirma la libertad, encara una comunidad en la cual sólo el único tipo de acto correcto será concebible. Ataca las desigualdades, aunque apunta a la destrucción de las únicas entidades—los individuos—que pueden en algún sentido serio ser tomados como iguales. Afirma la democracia verdadera, pero encara una unanimidad que haría innecesaria a la democracia. Reclama la rúbrica del criticismo sólo para declarar incontestables sus propias verdades. Tales son algunas de las paradojas a las cuales nos lleva nuestro análisis.

Por encima de todo, quizás, está la paradoja de que la ideología, que propone romper las mistificaciones teóricas en la liberación de la praxis, supone la entera destrucción de la práctica. Pues la práctica es una transacción, en la cual un agente deseoso se distingue a sí mismo del resto del mundo, embarcado en una actividad a la búsqueda de satisfacción, y por esa razón acepta el riesgo de la frustración. Después de la transformación ideológica, sin embargo, el hombre no estaría ya apartado del hombre (o aun de la mujer), y la humanidad no estaría apartada de la naturaleza. Todas las distinciones constitutivas de la práctica, junto con los problemas morales y filosóficos que le son consecuentes, estarían abolidas, canceladas, aufgehoben pues (como Marx lo dijo):

Ese comunismo… es la genuina resolución del conflicto entre hombre y naturaleza y entre hombre y hombre—la verdadera resolución de la contienda entre existencia y esencia, entre objetivación y autoconfirmación, entre libertad y necesidad, entre el individuo y la especie. El comunismo es el acertijo de la historia resuelto, y sabe que él es la solución.

Una situación de las cosas en las cuales toda contienda entre esencia y existencia haya sido resuelta puede posiblemente ser una cosa bella, pero no habría nadie para contemplar semejante belleza, desde que la separación entre la belleza y su contemplador estaría también entre las cosas resueltas. No es una condición posible para los seres humanos, y esto quiere decir que la ideología plantea un problema esencialmente insoluble para Occidente, AI declarar Ia putrefacción de una civilización, realmente está declarando odio por cualquier vida humana posible. Lo que propone es el equivalente cósmico de un pacto suicida.

Si giramos hacia la influencia real de esta teoría pura de la ideología sobre Europa y el mundo, nos impactarán dos cosas. La primera es que la influencia de la ideología en Occidente puede fácilmente ser exagerada. Los movimientos políticos que generó, tales como comunismo y feminismo, tuvieron que tomar una forma política y de este modo se hicieron sensibles a lo que la gente real quiere, Todos los movimientos semejantes están marcados por fuertes tendencias revisionistas. La teoría pura de la ideología aparece sólo en áreas de pura intelectualidad, o entre pequeños grupos extremistas. No hay cambio importante en los dos últimos siglos que le pueda ser atribuido con exclusividad. Por supuesto. suministró un vocabulario y un ímpetu para vastos cambios en el sistema industrial, especialmente en las condiciones del trabajador industrial y también en la condición de las mujeres, pero estos dos cambios responden a desarrollos evidentemente sensibles de la tecnología y las costumbres. La contribución directa de la ideología fue poner al trabajador contra el capitalista, al negro contra el blanco, a los hombres contra las mujeres. La ideología fue para la vida pública lo que un buen arranque de cólera es a la vida privada: consigue resultados. Y, como la cólera, puede también tener desagradables efectos colaterales, tales como la multiplicación de las inútiles antipatías generalizadas. Pero, por todo esto, poca gente en Occidente estuvo por un momento preparada a abandonar las delicias de la alienación (a las cuales podrían llamar libertad) con el fin de vivir en una sociedad entregada para reencauchar a un conjunto de revolucionarios poseedores de la verdad, y un aparato de poder despótico. Por otro lado, la influencia de los modos ideológicos de pensamiento, tales como la propensión a las explicaciones estructurales que prescinden de autonomía moral, es muy poderosa, e inclina a mucha gente culta a asimilarse a sí misma a los universales ideólogos con desprecio de las lealtades particulares hacia los amigos, la familia y el país.

Sucedió de otro modo en el mundo no occidental. El proceso de modernización disolvió evidentemente muchos de los vínculos acostumbrados de la sociedad tradicional, Si esto fue tomado como un mal, entonces muchas de las sociedades tradicionales importaron no sólo el mal, sino también la ideología como un antídoto para el mal, que también es un producto occidental. Esto inhibió no sólo sus propios poderes de asimilar lo que podrían valiosamente usar de la civilización occidental, sino también su capacidad autóctona de desarrollar antídotos de su propia cosecha. Las formas recientes de nacionalismo y anticolonialismo tienden a ser destructivas de la cultura tradicional y espiritualmente incapaces de desarrollar nada nuevo. La elite se hace opresora o cosmopolita, y no hay duda sobre el modo característico de pensamiento que impera entre las elites opresoras del mundo no europeo: es ideológico.

Kenneth Minogue

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LEA #277

LEA

Es innegable que el actual proceso electoral de los Estados Unidos, que determinará quien será el sucesor del terrible George W. Bush, no tiene precedentes. Hasta John McCain, ya preungido como el candidato de los republicanos, no es un conservador típico, siendo como es un luchador incansable contra el predominio de poderosos intereses creados. Naturalmente, al emerger esta semana como el precandidato insuperable, ha ido a retratarse con Bush, por aquello de mantener unido al partido del Presidente con el de él mismo.

Pero lo que marca con un sello insólito la campaña por la Presidencia de los Estados Unidos es la coincidencia de dos precandidaturas muy especiales: la de la senadora Hillary Clinton, que pudiera ser la primera mujer en alcanzar tan suprema magistratura, y la del senador Barack Obama, el primer norteamericano de raza negra que pudiera lograr exactamente lo mismo.

Hasta el día martes la dinámica parecía favorecer inexorablemente a Obama, pero luego del resurgimiento de Clinton gracias a tres importantes triunfos primarios—Ohio, Texas y Rhode Island—ante su contendor, colega y copartidario, que sólo pudo ganar en Vermont,  la senadora por Nueva York ha recuperado momentum, y ahora es Obama quien argumenta con base en las matemáticas electorales. (Dijo que la cuenta de delegados a su favor arroja una ventaja que resultará insuperable. En los momentos supera a Clinton por un centenar de delegados).

Lo parejo de las posiciones amenaza con remitir la decisión al poder de los “superdelegados”, personalidades del partido que tienen un peso extra en la determinación final de la convención electoral de los demócratas. En teoría podrían revertir la decisión de los votantes en las primarias, pero las encuestas registran que un poco más de las dos terceras partes de éstos considera que los superdelegados deberán respetar la voluntad popular democráticamente expresada. En verdad, si esto no ocurriere, el Partido Demócrata debiera cambiarse el nombre.

A raíz de los resultados de las votaciones de anteayer, por otra parte, Hillary Clinton ha hecho una declaración audaz, que Obama no ha comentado hasta los momentos de redactar esta nota. Clinton ha dicho estar abierta a compartir la fórmula—el ticket—demócrata con Obama. Naturalmente, se apresuró a añadir: “Tal vez el proceso apunte en ese sentido, pero desde luego todavía debemos decidir quién encabezará la fórmula. Creo que el pueblo de Ohio dijo claramente que debería ser yo”.

La senadora Clinton no es suscritora de esta publicación, pero aquí se dijo en el #275, del 21 de febrero, comentando la posibilidad inversa—Obama como número uno y Clinton como número dos—lo siguiente: “¿Un ticket invencible? Al menos un verdadero cambio, ciertamente uno que el planeta necesita”.

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CS #277 – Brinco rabioso

Cartas

El idioma inglés, entre otras cosas por su manera peculiar de construir palabras a partir de componentes más simples, se caracteriza por una gran riqueza léxica. Por ejemplo, el sufijo –manship, construido él mismo a partir de man (hombre) y la desinencia –ship, ésta de uso variable, como en los casos de scholarship (estudio o logro académico, aprendizaje de alto nivel, beca) o apprenticeship (período durante el que se es un aprendiz o el proceso de serlo). En algunos casos esta desinencia se refiere a una habilidad especificada por la raíz que la precede. Por caso, el término marksman (que emplea mark en el sentido de un blanco para puntería y se une, de nuevo, a man para designar a un tirador experto) da origen a marksmanship, que connota la destreza de un tirador experimentado y preciso.

Bien, la palabra inglesa brink se aplica al borde de un precipicio, al borde de un terreno justamente antes de convertirse en una pendiente empinada o vertical; de un acantilado, digamos. El inglés no se detiene allí; a partir de tal vocablo fabrica el concepto de brinkmanship, cuya definición ofrece el Oxford American Dictionary en los siguientes términos: “El arte o práctica de proseguir una política peligrosa hasta los límites de la seguridad antes de detenerse, especialmente en política”. (Obviamente, la palabra política se refiere en el primer uso a una política, como puede ser la política de salud o la política económica o la de seguridad. La segunda vez que aparece en la definición está referida al sentido convencional de la actividad de consecución y empleo del poder).

Este preámbulo se hace necesario porque el castellano no tiene un equivalente de brinkmanship, palabra precisa que describe la conducta reciente de Álvaro Uribe Vélez, quien ordenó la penetración de fuerzas militares colombianas, el sábado 1º de marzo a las cero horas veinticinco minutos (hora local), a territorio de Ecuador para una misión que concluyó con la muerte de Luis Edgar Devia Silva, alias Raúl Reyes, el segundo jefe de las FARC, y de otros dieciséis (o veinte) guerrilleros, además de la muerte del soldado colombiano Carlos Hernández. Una vez consumada la operación, Uribe levantó el teléfono e informó al presidente ecuatoriano, Rafael Correa, acerca de la violación de territorio, alegando que este hecho fue un caso de legítima defensa ante los disparos que los efectivos colombianos habrían recibido de los irregulares de las FARC tras la frontera de Ecuador. Por esta acción ofreció inmediatamente sus excusas. A continuación, y una vez ordenadas las movilizaciones de tropas de Venezuela y Ecuador hacia sus respectivos límites con Colombia, Uribe declaró que las de Colombia no harían lo mismo. Brinkmanship. Uribe llegó al borde del precipicio y se replegó.

………

Como era de esperar, Ecuador protestó de inmediato la incursión colombiana, violatoria de su espacio territorial. Más tarde, afirmó que de sus propias investigaciones in situ se desprendía que la relación colombiana no se ajustaba a la verdad. Según el gobierno ecuatoriano, los guerrilleros extranjeros estacionados en su territorio no habrían atacado a las fuerzas de Colombia, y que en cambio habían sido muertos en medio de plácido e inocente sueño. Correa se mostró más airado que al comienzo y, luego de consultas con Hugo Chávez, procedió a cortar relaciones diplomáticas con Colombia y movilizar efectivos militares hacia la frontera con este país, en ejercicio propio de brinkmanship.

Pero Colombia se asomó de nuevo al precipicio de la guerra. Aduciendo haber tomado posesión de tres computadores de Devia, mientras aquella movilización se iniciaba dijo haber encontrado en uno de ellos un informe del jefe guerrillero en el que se daba cuenta de una reunión suya con Gustavo Larrea, el Ministro de Seguridad Interna de Ecuador, en la que habría obtenido seguridades de que no sería molestado por autoridades militares o policiales ecuatorianas mientras se encontrara dentro de Ecuador con su tropa irregular.

Larrea se vio entonces impelido a admitir que se había reunido con Devia, pero declaró que el encuentro, sostenido en enero, se habría efectuado en un tercer país distinto de Colombia y Ecuador, y que los asuntos tratados no habían sido los expuestos por la policía colombiana. El ministro implicado aseguró que sólo había dialogado sobre la liberación de algunos rehenes en poder de las FARC y que había advertido a Devia que sus guerrilleros no debían ingresar a tierra ecuatoriana. (“Desde luego que incumplió la palabra”, dijo Larrea de un Devia que ya no está en capacidad de contradecirlo).

Es evidente que Colombia violó la territorialidad de Ecuador, como acaba de declarar (por aclamación) el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos. Pero estamos ante dos opciones, ambas muy problemáticas. La primera es que la verdad está del lado de Colombia (o, más bien, del lado de Devia): que el gobierno ecuatoriano toleraba la ocupación de parte de su espacio por irregulares colombianos. Esta opción es gravísima, naturalmente; implicaría que Rafael Correa ha tomado partido contra el gobierno de Colombia y a favor de su enemigo interno.

Pero la segunda posibilidad es que Ecuador dice la verdad, y que su gobierno ignoraba la presencia de un campamento guerrillero dirigido por Devia en su territorio. En este caso, la guerrilla colombiana ejercía uti possidetis de facto dentro de Ecuador. Dicho de otro modo, el grupo de Devia ejercía posesión de territorio ecuatoriano; ya la parcela en la que al menos dormían sus integrantes no era controlada por Ecuador sino por la guerrilla. Vista la cosa así, si el gobierno de Correa desconocía esta ocupación Colombia no penetró en territorio ecuatoriano sino en dominios guerrilleros, usurpados a Ecuador. Pero esta usurpación no ha sido en ningún momento reprobada por las autoridades ecuatorianas, mucho menos en los mismos términos tajantes, insultantes y airados que han sido dirigidos contra Uribe y sus colaboradores. Todavía no hemos visto, proveniente de Ecuador, una protesta iracunda contra las FARC, dirigida por ejemplo a Pedro Antonio Marín (alias Manuel Marulanda, alias Tirofijo o marksman), por el hecho de que serían sus fuerzas los originales violadores del territorio de Ecuador. Esta inconsistencia constituye una conducta que deja muy mal parados a Rafael Correa y su gobierno.

A mayor abundamiento, la doctrina del uti possidetis juris—originada por cierto en América Latina para curarse ante pretensiones europeas luego de la derrota de España en estas tierras, y para reducir la probabilidad de conflictos entre los estados que asumieron sus antiguos dominios—tiene su fuente remota en la noción romana de la posesión, distinta de la figura de propiedad. (La propiedad del terreno ocupado por Devia y sus secuaces, sin duda, es de Ecuador; no así lo era su posesión hasta el sábado 1º de marzo, cuando Colombia le hizo el favor de eliminar a sus presuntos usurpadores). Guatemala, por ejemplo, ha pretendido desde hace mucho que Belice, las antiguas Honduras Británicas, le pertenecería, y para sostener tal pretensión ha oscilado entre un principio de uti possidets juris y uno de uti possidetis de facto. Así lo revelan las siguientes palabras de Pedro de Aycinena, en su momento canciller de Guatemala, dirigidas a la Cámara de Diputados de su país (se traduce de la versión inglesa): “Al examinar esta situación, no podemos dejar de reconocer que el derecho que hemos alegado constantemente, como presuntos herederos de la soberanía de España, fue considerablemente debilitado, debido a nuestra falta de medios para tomar posesión de estos territorios que habían sido desertados y abandonados por España misma y subsecuentemente por nosotros. Más aún, tal derecho, enfrentado a una posesión real y el ejercicio práctico de soberanía [por Gran Bretaña primero y por Belice después], independientemente de los medios por los que fueron adquiridas, pudiera conducir a una discusión prolongada que, aunque soportada con algún fundamento por nosotros, no ofrecía ninguna esperanza razonable de éxito”.

En suma, Ecuador no puede alegar que ejercía control sobre el terreno ocupado por los irregulares colombianos, si es que quiere aducir ignorancia de su presencia; para reivindicar posesión—no la propiedad, por supuesto, que no se discute—tendría que admitir que los guerrilleros eran sus huéspedes.

Otrosí. Algún lúcido abogado ha ilustrado a doctorpolítico sobre un recoveco jurídico que ignoraba: la llamada “culpa de la víctima”, que gravita sobre una “compensación de las culpas”. Para usar su ejemplo, si una dama de edad avanzada muere al ser atropellada por un carro, estamos ante un caso de homicidio cuya culpa recae sobre el conductor del vehículo, así sea un caso de homicidio culposo, esto es, sin intención. Pero si la víctima se abalanzó imprudentemente a la calle vestida de negro y con el rostro embetunado, en una vía carente de iluminación durante la fase de luna nueva o bajo un cielo enteramente nublado, entonces hay una culpa en la víctima que “compensa”, en algún grado a determinar por el juez, la culpa del conductor y la atenúa. Como él mismo señala, habría sido una clara imprudencia de Larrea haber puesto su confianza en un personaje delincuente como Devia, quien “[d]esde luego incumplió la palabra”.

Otrosí. Si el gobierno de Colombia faltó gravemente, por la violación de territorio ecuatoriano sin advertir de su intención a Rafael Correa, igualmente grave es que el ministro Larrea haya sostenido conversaciones con Devia a espaldas del gobierno de Colombia, por más que ellas hayan sido para tramitar la “humanitaria” liberación de personas secuestradas por las FARC o para decidir la construcción de un templo dedicado a la Virgen del Putumayo. (Cuya existencia ignoramos). Ningún tercer estado tiene derecho a entrometerse en el difícil proceso que debe ser regido únicamente por el legítimo gobierno de Colombia, sin que éste le haya autorizado expresamente. El derecho no asiste a los entrometidos. Es asqueroso que un tercer gobernante cualquiera se inmiscuya en tan complicada cosa, con el fin de desacreditar al gobierno colombiano y presentarse a sí mismo como campeón de causas humanitarias.

………

Otro es el caso de la intromisión del gobierno “bolivariano”, a todas luces impertinente y desmedida. La resolución del Consejo Permanente de la OEA, ciertamente, declaró que “el hecho ocurrido constituye una violación de la soberanía y de la integridad territorial del Ecuador y de los principios del derecho internacional”, pero ni fue tan lejos como una condena de Colombia, ni aludió para nada a Venezuela. Sin decirlo expresamente, la organización multilateral ha opinado que nuestro país no tiene vela en tan literal entierro.

El brinkmanship de Chávez también ha salido a relucir. Chávez, el “brinkman” (en su caso, el hombre que se la pasa brincando), ordenó mayestáticamente la movilización de tropas hacia parte de la frontera con Colombia e interrumpió las relaciones diplomáticas con este país, no sin su acostumbrada descarga cloacal de insultos e injurias interesadas. (Como es de esperar, la mediocridad de su canciller, de su embajador ante la OEA o de una negatividad tan extraviada como la de Iris Varela, le han hecho coro. Esta última, bajo la creencia de que es una política muy atenta, amenazó con declarar traidores a la patria a los medios de comunicación que reportaran sobre los movimientos de tropa venezolana. Cuando el papá del Bush ahora encaramado desató la inexcusable invasión de Panamá en diciembre de 1989, el mundo entero supo de la operación a través de imágenes difundidas por CNN, que captaron la partida de los invasores desde el Fuerte Bragg. Hasta José Vicente Rangel ha salido a defender la obligación de nuestros medios de reportar nuestros movimientos militares).

Un editorial del diario Tal Cual ha conjeturado que la desmesura de Chávez se explica por su temor de que efectivamente el gobierno colombiano encontrara, en el campamento donde murió Devia, pruebas que le comprometieran, y por tal razón habría intentado picar adelante con una alharaca que fungiese como cortina de humo.

A esta explicación puede añadirse una observación simple. Uribe no autorizó la penetración de territorio ecuatoriano para apropiarse de productos agrícolas, o bienes muebles de cualquiera otra índole. No lo hizo para tomar posesión permanente de un trozo del suelo de Ecuador. Uribe ordenó a conciencia la grave violación para ponerle la mano a un criminal, común y de guerra, que era el responsable de todo género de atrocidades y delitos y se encontraba refugiado en santuario de Ecuador. Por supuesto, también esperaba capturar, como aparentemente lo hizo, información útil a la lucha que libra contra los irregulares. Que Chávez, entonces, haya ordenado una desproporcionada movilización militar, y haya ofrecido como justificación que tal decisión obedece al temor de que el gobierno vecino pudiera ordenar una incursión análoga en territorio nuestro, equivale prácticamente a la admisión de que en nuestro suelo es posible encontrar pretextos idénticos: la presencia de guerrilleros colombianos ante, al menos, la vista gorda de Chávez y su combo.

El gobierno de Uribe sostiene que “Tirofijo” se encuentra en Venezuela, en una finca aledaña al departamento del Norte de Santander. (En Táchira o el Zulia). La inteligencia brasileña tiene al líder máximo de las FARC como enfermo necesitado de atención médica de consideración, y si es verdad que Devia debió su muerte a una llamada de Chávez, tal cosa sería porque el reporte personal de éste sobre la más reciente liberación de rehenes tenía que hacerse al jefe real de las FARC, impedido Pedro Marín de ocuparse directamente de las cosas por causa de incapacidad física. Raúl Reyes era a Marulanda como Raúl Castro es a Fidel, al menos mientras el “Mono” Jojoy y otros competidores por la herencia de “Tirofijo” así lo toleraran.

Claro, la cosa se ha puesto más seria para Chávez. No tiene nada de “risible” la posibilidad de una acusación en su contra ante la Corte Penal Internacional, de cuyo estatuto constitucional (Estatuto de Roma) son signatarias tanto Venezuela como Colombia. El gobierno de Uribe dice tener pruebas de unas amplias connivencia, complicidad y cooperación del gobierno “bolivariano” con los irregulares de las FARC. Chávez dice no tener miedo, pero la espada de Damocles que Uribe ha colgado sobre su cabeza es mucho más ominosa que cualquier penetración de piquijuye por tropas colombianas en nuestro territorio, que es lo que Chávez dice prevenir, “amante de la paz” como sería, con sus ramplones ejercicios de guerra.

Rafael Correa y Hugo Chávez, pues, se han puesto ellos mismos en evidencia. Que la OEA no haya mencionado siquiera de pasada a Venezuela en su recentísima resolución sobre la crisis andina, no sólo dice que nuestro país no tiene competencia o interés en el asunto, sino que muy pocos quieren verse asociados ya con Chávez, al menos en el tema de las guerrillas colombianas.

El pueblo venezolano tampoco. Podía argüirse que en la guerra que ya no tendrá lugar Venezuela podía aspirar a una superioridad de ataque aéreo, o en materia de equipo blindado. Con lo que Chávez no iba a poder contar era con la moral de la población, el más importante de los factores de un esfuerzo bélico exitoso.

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FS #184 – Chávez hipotético

Fichero

LEA, por favor

Por estos mismísimos días se hace sentir muy mucho la falta de Alberto Garrido, el más experto y atinado de todos los chavólogos de este país. Inmerso con enjundioso método en la historia del chavismo, produjo importantísimos y profundos análisis de la revolución “bolivariana”, al punto que el propio Hugo Chávez admitiera públicamente que él era el más serio de los analistas políticos de la oposición.

Garrido esperó a que ocurriera el referéndum del pasado 2 de diciembre para morir, cuarenta y ocho horas después de su celebración. Conocedor como ninguno de los vínculos de Chávez con las FARC colombianas, habría sido el más agudo de los intérpretes del teatro de variedades en que se ha convertido la interacción de nuestro gobierno con el colombiano desde que aquél fuera despedido por Uribe de su cargo de mediador.

El promedio de bateo de Garrido en cuanto a predicciones de la conducta chavista y su entorno era particularmente alto, y su penetración asombrosa. Tan temprano como hace casi seis años ya preveía, por ejemplo, un papel destacado para Raúl Isaías Baduel. El 8 de julio de 2002, a menos de tres meses del “carmonazo”, la revista Newsweek certificaba: “El comentarista político Alberto Garrido cree que el cauto Baduel es una alternativa militar tanto ante Chávez como ante los golpistas”.

Si en algún área era Alberto Garrido un especialista es en materia de la guerra, y en particular en lo tocante a los objetivos militares del presidente Chávez. La Ficha Semanal #184 de doctorpolítico reproduce un artículo suyo, “Las hipótesis de guerra de Chávez”, del 7 de agosto de 2006. Su lectura resultará altamente oportuna en estos momentos de ruido de sables, recrudecido a raíz de la acción colombiana en violación de territorio de Ecuador.

El texto desarrolla con más amplitud consideraciones ya anticipadas en entrevista que concediera a Casto Ocando, de El Nuevo Herald, el 9 de octubre de 2005. Francisco Toro, al reproducir en inglés la entrevista en su agudo blog, hace un tributo inicial al desaparecido estudioso en los siguientes términos: “…Garrido se ha tallado un nicho analítico escrutando cuidadosamente la palabra misma de Chávez, de ahora y de antes y, novedad de novedades, haciéndole caso… Garrido, durante años, ha sido una de las voces más consistentes entre las que argumentan que Chávez quiere implementar en verdad una dictadura… Ha sido ridiculizado por implicar que todo lo que Chávez hace ha sido planeado con años de antelación… pero el hecho es que el hombre ha tenido la razón muy a menudo…”

En la entrevista, dice Garrido: “Ahora existe una nueva doctrina. Un general del Ejército, Isaías Baduel, ha formulado hipótesis de guerras posibles. Una, un aumento del conflicto fronterizo con Colombia. Dos, la posibilidad de una intervención multilateral bajo mandato de la ONU o la OEA, que considero muy improbable. Tres, un golpe de Estado. Cuatro, la posible invasión de Venezuela por los Estados Unidos”.

Por implicación, la primera, la tercera y la cuarta posibilidad no serían tan improbables. Alberto Garrido era un hombre sabio. Mosca, pues.

LEA

Chávez hipotético

Desde que se propuso la toma del poder Hugo Chávez planteó, como hipótesis final del proceso revolucionario, una confrontación bélica en dos planos. En primer lugar, con Estados Unidos, caracterizado como el enemigo estratégico a derrotar. Por otra parte, con los aliados, externos o internos, de Estados Unidos.

En sus largas conversaciones con Agustín Blanco Muñoz, (Habla el Comandante, UCV, Caracas, 1998), Chávez es explícito en cuanto a su concepción guerrerista de la realidad política: “Nosotros hablamos de la lucha política como de la guerra política; es decir, de la guerra o el combate militar que hicimos. Estamos ahora en una guerra política, estamos en otra forma de guerra, y no sabemos si más adelante pasaremos a la guerra nuevamente” (op.cit., pp. 344-345).

Esa guerra intermitente tiene dos fines: a) instalar la multipolaridad mundial, para que no cuaje la intención unipolar de Estados Unidos; y, b) impulsar la revolución socialista y antiimperialista venezolana y continental.

En esa guerra el enemigo externo también puede tener aliados internos. Chávez le recordó a Blanco Muñoz que así ocurrió en el Chile de Allende (Ibídem, p. 605).

En julio de 1992 Chávez sostenía la misma posición. En la cárcel de Yare escribió: “Se inicia, asimismo, en este lado del escenario, una acumulación de fuerzas transformadoras que van siendo encarriladas por una sola vía. La escalada del conflicto y su desencadenamiento en una guerra civil, fratricida, pero justa y legítima” (ver Hugo Chávez, “Terrorismo de Estado y Guerra Civil”, en Alberto Garrido, De la Guerrilla al Militarismo, Ediciones del Autor, Mérida, 2.000, p.73).

Con Chávez en pleno ejercicio del poder real, Raúl Baduel, su compañero de ruta desde la fundación del MBR-200 y actual Ministro de Defensa, organizó de manera sistemática las distintas hipótesis de guerra que Hugo Chávez había formulado en términos generales.

El periodista y director del diario Ultimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel, al resumir las hipótesis de guerra enumeradas por Baduel, las ordenó de la siguiente manera: “1) Guerra de Cuarta Generación, con posible confrontación asimétrica; 2) desestabilización y desarticulación del país mediante golpe de Estado, subversión o acciones de grupos separatistas; 3) conflicto regional, que podría derivarse del estado de violencia interna en Colombia, en el que participa Estados Unidos con algo más que el Plan Colombia, y usar el pretexto de que Venezuela es promotor de violencia en ese país para utilizarlo como ‘casus belli’ y propiciar una intervención en el nuestro: y, 4) invasión directa de Estados Unidos, no descartable en vista de la política desarrollada por Estados Unidos, sobre todo en Oriente Próximo”.

De esta forma, las hipótesis de guerra (Chávez-Baduel) pueden agruparse en dos grandes líneas: a) guerra internacional, que pueden ser de alta intensidad (invasión directa de Estados Unidos) o de mediana intensidad (confrontación bélica en el marco del Plan Colombia-Andino); y, b) guerra interna de baja intensidad (separatismo regional zuliano, intento de golpe de Estado, violencia callejera, desestabilización).

En el Alto Mando se maneja, en fin, el concepto de guerra total (externa e interna), y los frentes son múltiples (relación directa con el conflicto de Medio Oriente, acusaciones de amistad con la guerrilla colombiana con el fin de llevar a Venezuela a formar parte de la guerra del Plan Colombia-Andino, enfrentamiento con movimientos desestabilizadores o fraccionalistas venezolanos).

Baduel incorpora en sus hipótesis, además, la guerra del petróleo, que marca la presente etapa de la historia mundial. Esta pasaría por la posible interrupción de suministro petrolero de Venezuela a Estados Unidos “si se produce una agresión externa”, tal como lo han advertido en varias oportunidades tanto el Presidente Hugo Chávez como el Ministro de Energía, Rafael Ramírez. Para la potencia del Norte el resguardo de sus fuentes petroleras tradicionales es parte de su estrategia de seguridad nacional y encabeza las hipótesis de intervención del Comando Sur en América Latina y el Caribe (ver Tom Barry, “Nuevas Prioridades para el Comando Sur”, Americas Program, IRC, julio 05, 2005).

La dinámica geopolítica mundial ha colocado en el primer lugar de las hipótesis de guerra, más que la ampliación regional del conflicto colombiano, que pasa previamente por la fase de ejecución del Plan Patriota en la Frontera Norte de Ecuador y el reacomodo de los “ejes” político-militares regionales, otra extensión, impredecible en el tiempo, pero potencialmente más peligrosa: la prolongación de la Guerra del Medio Oriente.

La alianza estratégica de la revolución bolivariana con Irán y con el mundo musulmán da origen a la pregunta de hasta dónde puede llegar el compromiso de Chávez con Ahmadinejad y con el mundo musulmán en caso de que estalle una guerra que involucre a la nación persa. Esta circunstancia significaría que, además de Israel, en la Guerra de Medio Oriente intervendría Estados Unidos, que ya ha expresado, por intermedio de su Secretaria de Estado, Condolezza Rice, su deseo de crear un “nuevo mapa” en esa región.

Chávez ha condenado al Estado de Israel por la desproporción de su respuesta militar ante el caso de los dos soldados hebreos secuestrados en territorio israelí por parte de Hezbolláh. Además, ordenó el retiro del Encargado de Negocios de la Embajada de Venezuela en Tel Aviv. También acusó a Washington de ser el verdadero propiciador de la guerra de Palestina y del Líbano. Chávez ha planteado, a su vez, en Mali, un “plan de integración para enfrentar la era imperialista, neoliberal y de atropellos”.

Pero la amenaza real para Estados Unidos es el corte del flujo petrolero venezolano, equivalente al 15 por ciento de sus importaciones.

En este aspecto pudiera encontrarse, tal vez, el acuerdo estratégico antiestadounidense Irán-Venezuela. El Ministro de Energía, Rafael Ramírez afirmó en Teherán que “si Estados Unidos quiere tener una política hostil hacia nosotros dejaremos de exportar petróleo a ese país. Si Irán fuera atacado definitivamente actuaría igual que nosotros”.

Igualmente Irán y Venezuela han propuesto pasar el valor financiero del petróleo al euro y sacarlo así de la esfera del dólar, decisión que significaría un golpe letal a la moneda y a la economía estadounidense, con rebote sobre el sistema económico mundial.

Lo que no aclaró Ramírez es si la acción—la interrupción del flujo petrolero—sería simultánea, en el marco de la alianza estratégica con Irán, o individual. Ése será el gran test que tendrá la alianza si la contienda de Medio Oriente (que incluye la cuestión nuclear), incorpora abiertamente a Irán, ya que saldrían del mercado aproximadamente 7 millones de barriles de petróleo diarios.

El jefe del estado persa ha advertido de una “explosión islámica” que “no se limitará a fronteras geográficas, sino que quemará también a los que crearon Israel en los últimos 60 años”. Para que no quedaran dudas sobre quienes eran los “creadores” a los que se refería, Ahmadinejad dijo que “Gran Bretaña y Estados Unidos son cómplices del régimen sionista en sus crímenes en el Líbano y Palestina” (AP, 23,07-2006). En una cumbre de la Conferencia Islámica realizada el jueves 3 de agosto, Ahmadinejad afirmó que “la verdadera solución al conflicto armado del Líbano y de Palestina es la eliminación del régimen sionista”, aclarando que, sin embargo, “en esta etapa debe haber un cese del fuego inmediato”.

Israel, la tercera potencia nuclear del planeta, que además cuenta, en términos convencionales, con el quinto ejército más poderoso del mundo, y que tiene como aliado estratégico a Estados Unidos, la primera potencia militar de la tierra, difícilmente será borrado del mapa de Medio Oriente pasivamente.

Chávez ha comprado una poderosa flota aérea de cazas rusos Su-30 y decenas de helicópteros multipropósito, así como barcos de guerra. También ha anunciado la instalación de un sistema de defensa antiaérea de última generación.

En realidad, ese tipo de armamentos son poco útiles para confrontar militarmente con Estados Unidos, cuya superioridad bélica en términos convencionales es abrumadora frente a cualquier otro país, incluidos Rusia y China.

Estratégicamente, dentro de la hipótesis de Guerra Asimétrica de Resistencia, son mucho más útiles los fusiles Kalashnikov, así como la instalación de una fábrica para construirlos, junto con sus proyectiles. La experiencia de combate a base de cohetes ensayada en el Líbano por Hezbolláh, que libra igualmente una guerra asimétrica contra Israel (Hezbolláh no usa aviones, helicópteros, ni tanques, ni barcos) orienta las compras de armamento convencional efectuadas por Venezuela hacia una guerra de primera fase tradicional, contra Ejércitos regulares de estados vecinos, que debería convertirse, en plazo breve, en una Guerra Asimétrica (irregular ilimitada en la metodología y en el tiempo) al producirse la esperada intervención estadounidense.

Esta hipótesis es alimentada por algunos movimientos del Pentágono. El Comando Sur, por ejemplo, acaba de patrocinar una reunión en Lima que contó con la presencia de altos mandos y representantes militares de 14 países de América Latina. La cita culminó el pasado viernes 4 de agosto. Los jefes militares de los ejércitos de Argentina, Brasil y Bolivia estuvieron presentes. Los acompañaron sus pares de Colombia, Ecuador, El Salvador, Uruguay, Guatemala, Chile, Paraguay, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú. La reunión fue coordinada por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas Peruanas y se hizo para “compartir experiencias en operaciones de mantenimiento de paz” (EFE, 04-08-2006).

Si el ataque contra Venezuela se concreta, en ese momento se incorporarán a la contienda, si las palabras se traducen en hechos, milicianos cubanos, argentinos, nicaragüenses y salvadoreños (dirigentes y militantes revolucionarios de esos países han manifestado públicamente su voluntad de participar en una guerra en defensa de la revolución bolivariana), así como las FARC, que ya anunció esa intención, en la frontera colombo-venezolana.

La atomización de la resistencia pudiera trasladarse a otros países con importante población indígena radicalizada (Ecuador, Bolivia, Perú). Si esa situación ocurre, la región andina estaría en guerra, con Ejércitos de estado apoyados por Estados Unidos, contra oponentes no estatales, al estilo de la resistencia iraquí o libanesa, mientras algunos jefes de estado (Cuba, Venezuela, Bolivia) desarrollarían, hasta donde les fuera posible, una guerra combinada (convencional y asimétrica).

Solamente que en el caso de América Latina, donde el factor dominante no sería el geopolítico-religioso-energético, sino el geopolítico-antiimperialista (energético en el caso de Venezuela y Bolivia), la Guerra Asimétrica tendría un mayor peso como guerra irregular desparramada, tal como hace décadas fue planteada por Ernesto Guevara (“uno, dos, muchos Vietnam”).

En este contexto las elecciones presidenciales venezolanas son un paso necesario para legitimar la presencia de Hugo Chávez en el concierto institucional internacional.

En cuanto al dolor de cabeza que tiene el gobierno con la oposición, el Zulia, la activación de la hipótesis de guerra anti-separatista dejará en posiciones cada vez más incómodas al actual gobernador de ese Estado, participe o no en el proceso electoral nacional.

Sobre la subversión callejera y el golpe de Estado, otras de las hipótesis de guerra interna, la debilidad estructural de la oposición hace que queden instaladas en un espacio alejado 180 grados del previsto originalmente.

Por ahora se trata de hipótesis. Pero ya son mucho más que juegos de guerra. Ésa es la cuestión.

Alberto Garrido

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No puede ocultarse el hecho de que el Islam incluye gente de muy radicales convicciones, que se siente autorizada por el Creador (Alá) a matar o mutilar congéneres con extraordinarias violencia y crueldad. La Sura del Arrepentimiento, parte integral del Corán, incluye la siguiente prescripción: “Maten a los paganos donde los encuentren”. Es esta consigna la que se emplea, con pasión fundamentalista, para justificar una idea de “guerra santa” que ha permitido, por mencionar una sola cosa, condenar a muerte al escritor Salman Rushdie, por hacer mofa de la religión musulmana en su libro Los versos satánicos.

Pero los musulmanes que adoptan esa posición extrema son una minoría. Intelectuales islámicos como Muhammad Shahrour sostienen que aquella orden asesina sólo podía aplicarse a la guerra concreta de Mahoma por establecer un estado musulmán en la Península Arábiga, y no debe ser entendida como un mandato general de Alá válido para todo tiempo y lugar. Son claridades como ésa las que terminarán desasociando la religión musulmana de la violencia que se comete en su nombre.

Entretanto, es refrescante pasearse por la consideración de la sorprendente conducta, durante la Segunda Guerra Mundial, de todo un país de mayoría musulmana: Albania. A pesar de que el dominio soviético de 45 años proclamó, por primera vez en la historia, que Albania era oficialmente un estado ateo, nunca pudo suprimir el hecho de que un 60% de los albaneses es de religión islámica. Al norte del país predomina el catolicismo, y en zonas del sur siempre ha habido una fuerte presencia cristiana ortodoxa.

Pero Albania es el único país de Europa ocupado por los nazis que emergió de la Segunda Guerra Mundial con una población judía mayor que la que alojaba al comienzo. Sólo una familia judía de seis miembros fue deportada de Albania y muerta durante toda la duración de la guerra. Los albaneses no sólo protegieron sus propios judíos, sino que ofrecieron refugio a los judíos que llegaban de países vecinos. Negándose a las exigencias de los nazis, en vez de suministrarles listas de judíos proveyeron a éstos con documentos forjados y les ayudaron a ocultarse dispersándolos en el seno de la población albanesa. Ni un sólo judío cayó en manos de los nazis en febrero de 1944, cuando éstos atacaron los refugios en las montañas de Albania.

No fue este insólito resultado la obra de unos pocos héroes individuales, de unos cuantos señores Schindler; fue todo un pueblo, en su mayoría musulmán, el que ahorró a su población judía y a la de naciones vecinas la atrocidad de los nazis. La tolerancia religiosa de los albaneses es proverbial, y es ella la causa de numerosos y habituales matrimonios interreligiosos de su gente. Quienes desde este lado albergan en su corazón un pernicioso prejuicio antimusulmán, que consideren el caso albanés para seguir su ejemplo.

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