por Luis Enrique Alcalá | Ene 23, 2007 | Fichas, Política |

LEA, por favor
William James (1842-1910) viene a la Ficha Semanal #128 de doctorpolítico para hacernos reflexionar sobre un asunto que incidiría nuestra actual realidad: la de una desmoralización extendida en algún estrato de la población venezolana; el de los ciudadanos más modernos, menos cargados ideológicamente. Entre ellos cunde la desesperanza, el desánimo, la pretensión de fuga, de rendición.
Los fragmentos iniciales de su ensayo Las energías de los hombres nos confrontan con nuestra holgazanería. («Ya yo marché, ya yo firmé, ya yo recogí firmas, y no valió de nada»). Nos revelan que disponemos de energías ocultas, rara vez exigidas, que despiertan si decidimos continuar el esfuerzo. En un ensayo diferente—Sobre una cierta ceguera en los seres humanos—sentencia: «Doquiera que un proceso vital comunica un ansia a quien lo vive, allí se vuelve la vida genuinamente significativa. A veces el ansia está más atada a las actividades motoras, a veces con las percepciones, a veces con la imaginación, a veces con el pensamiento reflexivo. Pero, doquiera se encuentre, allí está el entusiasmo, el cosquilleo, la excitación de la realidad; y hay allí ‘importancia’ en el único sentido real y positivo en el que la importancia pueda estar en cualquier caso».
Vistos en retrospectiva, los últimos ocho años, si bien han exigido del ciudadano común una actividad cívica a la que no estaba acostumbrado, no son tampoco un tesoro de heroicos esfuerzos. Una media docena de marchas no pueden compararse con el paso de Los Andes por nuestros llaneros de a pie. Durante el boom económico que caracterizó el primer período de Carlos Andrés Pérez, la venta de motor homes se disparó a niveles insólitos, y el parque aeronáutico civil de La Carlota se triplicó en año y medio. Hubo un empresario de la construcción que pronto hacía más dinero vendiendo puestos en la lista de espera de un Cessna Citation—él mismo nunca compró uno; simplemente obtenía un puesto y lo vendía meses o semanas más tarde como revendedor de estadio—que en su actividad habitual. En aquella época comenté, desagradado, a un amigo extanjero: «Los romanos, los ingleses, después de siglos de influencia civilizadora, tienen derecho a la decadencia. Venezuela no ha trabajado lo suficiente como para tener ese derecho».
La figura de William James, junto con Charles Sanders Peirce y John Dewey, descuella en la intelectualidad norteamericana como fundador de la escuela filosófica del Pragmatismo, que privilegia la importancia de los efectos prácticos en relación con las ideas teóricas. Habiendo sido el primero en emplear el término por escrito, en uso de su honestidad intelectual le atribuyó la paternidad a Peirce. Fue, primordialmente, un filósofo, y también un psicólogo: fundó el primer laboratorio de psicología experimental en tierras americanas. Sostenía la posición de que cada individuo tiene un valor único, y por tanto estaba opuesto a cualquier intento de colectivización. Dentro de tres años se cumplirá un siglo de su muerte.
LEA
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Tercer aire
A Leo Alcalá
Todo el mundo sabe lo que es comenzar un cierto trabajo, sea intelectual o muscular, sintiéndose rancio o viejo. Y todo el mundo sabe lo que es el “calentamiento” antes de un esfuerzo. El proceso de calentamiento se hace particularmente sorprendente en el fenómeno conocido como “segundo aire”. Con bastante frecuencia incurrimos en la práctica de detenernos en una ocupación tan pronto como encontramos la primera capa eficaz –por llamarla de algún modo– de fatiga. Entonces hemos caminado, jugado o trabajado “suficiente” y entonces desistimos. Esa cantidad de fatiga es una obstrucción eficaz en nuestra vida cotidiana. Pero si una necesidad inusual nos fuerza a seguir adelante, entonces ocurre una cosa asombrosa. La fatiga empeora hasta un cierto punto crítico, para desaparecer gradual o súbitamente, y entonces nos sentimos más frescos que antes. Evidentemente, en ese momento hemos descubierto un nuevo nivel de energía, el que hasta entonces estuvo enmascarado por el obstáculo de fatiga al que usualmente obedecemos. Podemos toparnos con capa tras capa de esta experiencia. Puede sobrevenirnos un tercer o cuarto “aire”. La actividad mental exhibe el fenómeno, así como la actividad física y, en casos excepcionales podemos encontrar, más allá del propio extremo de la molestia de la fatiga, cantidades de facilidad y de potencia que nunca soñamos poseer, fuentes de fortaleza que no hemos aprovechado jamás, porque habitualmente no pasamos más allá del obstáculo, nunca pasamos más allá de esos puntos críticos iniciales.
Por muchos años he meditado sobre el fenómeno del segundo aire, tratando de encontrar una teoría fisiológica. Es evidente que nuestro organismo tiene almacenadas reservas de energía que no son ordinariamente exigidas, pero que podemos convocar: estratos cada vez más profundos de material combustible o explotable, dispuestos de modo discontinuo, pero listos para el uso de cualquiera que explore profundamente, y reparables por el reposo de la misma forma que lo hacen los estratos superficiales. La mayoría de nosotros continúa viviendo innecesariamente cerca de la superficie. Nuestro presupuesto energético es como nuestro presupuesto nutritivo. Los fisiólogos dicen que un hombre está en “equilibrio nutritivo” cuando día tras día ni gana ni pierde peso. Pero la cosa extraña es que esta condición puede obtenerse con cantidades de alimento sorprendentemente diferentes. Tomemos un hombre en equilibrio nutritivo e incrementemos o disminuyamos sistemáticamente sus raciones. En el primer caso comenzará a ganar peso, en el segundo a perderlo. El cambio será más grande en el primer día, menor en el segundo, menor aún en el tercero y así sucesivamente, hasta que haya ganado todo lo que aumentará, o perdido todo lo que perderá, con esa dieta alterada. Ahora está de nuevo en equilibrio nutritivo, pero con un nuevo peso; y éste ni disminuye ni aumenta porque sus distintos procesos de combustión se han ajustado ya a la dieta cambiada. Se desprende, de una manera u otra, de tanto N, C, H, etc., como ingiere diariamente.
Del mismo modo uno puede estar en lo que llamo “equilibrio de eficiencia” (ni se gana ni se pierde potencia una vez que el equilibrio es alcanzado) en cantidades de trabajo sorprendentemente diferentes, sin importar en que dirección pueda medirse el trabajo. Puede tratarse de trabajo físico, intelectual, moral o espiritual.
Por supuesto que hay límites: los árboles no crecen hasta el cielo. Pero sigue siendo un hecho simple que los hombres poseen cantidades de recursos que sólo individuos muy excepcionales empujan a un uso extremo. Pero estos mismos individuos, que empujan sus energías hasta el extremo, pueden en un vasto número de casos mantener el ritmo día tras día, sin encontrar “reacción” negativa, mientras se mantengan condiciones higiénicas decentes. Su mayor tasa de energizar no les destruye, puesto que el organismo se adapta y, a medida que aumenta la tasa de desperdicio, aumenta consecuentemente la tasa de reparación.
Digo la tasa y no el tiempo de reparación. El más ocupado de los hombres no necesita más horas de descanso que el holgazán. Hace unos años, el profesor Patrick, de la Universidad del Estado de Iowa, mantuvo a tres jóvenes despiertos durante cuatro días y sus noches. Cuando sus observaciones de los sujetos hubieron concluido, les permitió dormir. Todos despertaron del sueño completamente refrescados, y el único que tardó algo más para reponerse de la prolongada vigilia sólo durmió una tercera parte más del tiempo que acostumbraba.
Si el lector reúne estos dos conceptos, primero, que pocos hombres viven a su máximo de energía y, segundo, que cualquiera puede estar en equilibrio vital a muy distintas tasas de energización, encontrará, creo, que un problema muy práctico de la economía nacional, así como de ética individual, se abre sobre esta perspectiva. En términos gruesos, podemos decir que un hombre que energiza bajo su máximo normal fracasa por esa misma proporción en beneficiarse de su oportunidad en la vida, y que una nación llena de hombres tales es inferior a una nación que corre a presiones superiores.
William James
por Luis Enrique Alcalá | Ene 20, 2007 | Notas, Política |

LEA, por favor
La presente «Nota Ocasional» es un nuevo servicio de doctorpolítico, añadido a la Carta Semanal de los jueves y la Ficha Semanal de los martes. Se producirá cuando algún hecho excepcional amerite un comentario que sea mejor exponer instantáneamente. En particular, contendrá con mucha frecuencia la refutación de argumentos políticos que sean particularmente perniciosos o estén muy gravemente equivocados. En el caso de la presente, se contrae a refutar las justificaciones esgrimidas falazmente por el presidente Chávez para la anunciada estatización de la CANTV.
Fue en septiembre de 1995 cuando el suscrito redactara y jurase cumplir un código de ética profesional (de la Medicina Política), una de cuyas estipulaciones establece: «Procuraré comunicar interpretaciones correctas del estado y evolución de la sociedad general, de modo que contribuya a que los miembros de esa sociedad puedan tener una conciencia más objetiva de su estado y sus posibilidades, y contradiré aquellas interpretaciones que considere inexactas y lesivas a la propia estima de la sociedad general y a la justa evaluación de sus miembros«. Se trata, por consiguiente, del cumplimiento de un deber.
La nota de hoy lleva el número 9 porque en ocho ocasiones anteriores los suscritores han recibidos números «extra» de la Carta Semanal, los que cumplieron la misma función descrita para las nuevas notas ocasionales. (Fueron los números 39A, 54A, 76A, 89A, 94A, 127A, 127A2, 186A).
El diario Clarín de Buenos Aires reporta hoy en su sitio web: «Kirchner y Lula acordaron que tienen que moderar a Chávez. Coincidieron en la necesidad de que baje el tono de su discurso para no perjudicar los intereses del bloque regional. Y concluyeron que acelerar los proyectos de integración será clave para contener al venezolano. … Hay que decir que Lula y Kirchner llegaron a su encuentro con buena parte del trabajo hecho. En los dos últimos días, en los encuentros que mantuvieron por separado con Chávez, le reclamaron que abandone los excesos verbales, acentuados desde que asumió su segundo mandato, el 10 de enero pasado. Como sea, Kirchner y Lula coincidieron en la necesidad de moderar el discurso de Chávez en favor de los intereses del bloque regional, que entienden podría verse afectado por la retórica del presidente bolivariano. Se trata de un asunto irritante para los dos países ante este rico y poderoso nuevo miembro pleno del bloque, al que a pesar de los desbordes, siguen considerando un socio estratégico. … Aunque en público sus funcionarios decían lo contrario, Lula y Kirchner estaban molestos por las últimas declaraciones explosivas de Chávez, quien durante su asunción, anunció que Venezuela entraba en la vía socialista».
LEA
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Los motivos del lobo
Una rosa pintada de azul es un motivo; una pintada de rojo es dos motivos: las dos razones que Hugo Chávez aduce para que se tenga por necesarísimo estatizar la CANTV.
En la reciente y accidentada reunión del Mercosur en Río de Janeiro, Hugo Chávez, consciente de que algunas entre las medidas que ha anunciado como de inminente ejecución por su gobierno son vistas con suspicacia por sus colegas de América del Sur, se sintió obligado a dar explicaciones. Así, luego de declarar que las telecomunicaciones son “un sector estratégico” que debe estar en manos del Estado, explicó ayer lo siguiente: »Yo acabo de anunciar la recuperación de la propiedad estatal de la telefónica venezolana. ¿En manos de quién está [CANTV]? En manos de capitales norteamericanos y han utilizado la telefónica venezolana para grabar al Presidente de la República, por ejemplo. Es el imperio, hermano”.
La argumentación es de una indigencia abismal, y habría que ver si los presidentes y funcionarios que asistieron a la cita de Río se tragaron tan pobre y poco convincente justificación. Se compone de dos partes: primera, que las telecomunicaciones, por ser de carácter estratégico, deben ser propiedad pública; segundo, que CANTV habría registrado conversaciones suyas y, por ende, procede la estatización para impedir que tal cosa continúe.
Por lo que respecta al primer argumento, no cabe duda de que las telecomunicaciones revisten dimensiones estratégicas. Ahora bien, no hay país en el mundo que tenga una carga estratégica mayor que los Estados Unidos de Norteamérica, que son la primera potencia del mundo. Sin embargo, jamás han necesitado que sus compañías telefónicas sean de propiedad federal. (Ni de sus estados miembros). Les ha resultado muy suficiente controlarlas y ordenar su fragmentación, cuando han evolucionado hacia monopolios que vulneran la libre competencia que asegura el mejor servicio a los consumidores. Si alguna república requiere tranquilidad estratégica son los Estados Unidos, pero nunca han considerado por tal cosa que Bell South deba ser propiedad de su gobierno. No hay relación lógica alguna entre el carácter estratégico de una actividad y la supuesta necesidad de que sea por tal causa de propiedad estatal.
En cuanto a la segunda razón, con la que la “víctima” Chávez creyó impresionar a los asistentes a la Cumbre del Mercosur, que la CANTV le habría grabado conversaciones, puede apuntarse lo siguiente. Primero, no se necesita poseer una gran empresa telefónica para grabar las conversaciones presidenciales ni ninguna otra. La tecnología actual puede hacer eso sin que se necesite poseer ni una sola acción de CANTV para espiar conversaciones. También la tecnología actual ofrece defensas ante tal espionaje. (Encriptación de llamadas, por ejemplo). De modo que ni es necesario estatizar una empresa para impedir que el Presidente sea escuchado por terceras personas, ni tampoco la estatización garantiza que otros actores dejarán de espiar el tráfico telefónico del mandatario.
Pero hay más: durante el período presidencial de Luís Herrera Campíns el hoy difunto (y muy añorado) Arístides Calvani denunció que las conversaciones presidenciales estaban siendo grabadas desde CANTV, ¡que en los momentos era una empresa estatal! Es decir, desde una CANTV renacionalizada sería perfectamente posible grabar a Chávez. Nada garantiza que una CANTV regresada al control del Estado no grabaría al Presidente.
¿Quién le asegura a Chávez que Diosdado Cabello, por poner un caso hipotético, no está interesado en escuchar sus conversaciones? ¿Quién le dice que Luis Inazio Lula Da Silva no tiene el mismo interés? ¿O hasta Raúl Castro o Evo Morales?
Adicionalmente puede comentarse que la etiqueta de “estratégico” es tanto resbalosa como peligrosa en labios de Chávez. Para empezar, es palabra esdrújula, como “protagónico” o “endógeno”, y es sabido el gusto revolucionario por las palabras acentuadas en la antepenúltima sílaba. Luego, casi todo puede considerarse estratégico. Por ejemplo, desde sus inicios (1977) el Consejo Nacional de Seguridad y Defensa estimó importantísimo asunto la seguridad alimentaria. Es por tal razón que las industrias de alimentos informan desde entonces a este órgano acerca de sus niveles de producción, en cumplimiento de previsiones contenidas en la Ley Orgánica de Seguridad y Defensa de 1976. ¿Significa esto entonces que, porque es estratégico el nivel de los inventarios de harina precocida, Promasa, la productora de Harina Pan, debe ser igualmente propiedad pública? (Esto es, propiedad de Chávez). ¿Y además porque así se garantizaría que no le sirvan una arepa envenenada?
El aparato político de Chávez, por último, es un consuetudinario espía de los venezolanos, y cuando estima que una táctica sucia le conviene entonces da incluso a la luz pública el contenido de conversaciones privadas. Carlos Ortega y Teodoro Petkoff son sólo dos casos, entre muchos, de personas cuya privacidad ha sido, no sólo violada, sino descaradamente publicada por Radio Nacional de Venezuela y Venezolana de Televisión. (Ya no en la oposición, Luis Velásquez Alvaray fue objeto del mismo tratamiento, y en la Asamblea Nacional llevar grabaciones hechas por alguna agencia del gobierno a sus sesiones es moneda corriente).
De modo que ¿a quién quiere Chávez engañar? Quiere el control de la CANTV para espiarnos él a nosotros, en nuestras conversaciones por teléfono, en nuestra correspondencia electrónica, en lo que buscamos por Internet. Le interesa también dominar la infraestructura empleada en la transmisión de los datos electorales, que no es otra que la provista por CANTV. La empresa, además, posee una muy apreciable capacidad computacional, la que según Heinz Dieterich haría posible el perfecto funcionamiento de un modelo socialista pleno, que no habría estado disponible para la Rusia soviética.
Ah, y Chávez quiere la CANTV para sí también porque no tolera otro poder que no sea el suyo, y esto se puso de manifiesto cuando apuntó que CANTV es la actividad que más negocio hace en Venezuela después de PDVSA. Allí tendría, de paso, uno que otro millardito a su disposición. He allí las verdaderas razones, he allí el verdadero peligro.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 18, 2007 | LEA, Política |

El martes de esta semana la Organización de las Naciones Unidas presentó al mundo un informe sobre el número de muertes de civiles en Irak en el año 2006. (Al que le falta registrar por completo las víctimas del mes de diciembre). El informe sostiene que 34.452 iraquíes que no eran militares murieron el año pasado como consecuencia de la violencia desatada en el país a raíz de la invasión norteamericana, la que se acerca ahora al cumplimiento de su cuarto aniversario. El mismo día de la presentación, 70 civiles más se unían a la grotesca cuenta, cuando varias explosiones al noreste de Bagdad ocurrieron en una universidad predominantemente shiíta.
Como era de esperarse, un vocero del gobierno de Iraq expuso que tal cifra era exagerada. La ONU, sin embargo, asegura que el origen de sus datos está en cifras oficiales, contenidos por su mayor parte en certificados de defunción expedidos por el propio gobierno iraquí. (Los familiares de los fallecidos procuran por todos los medios conseguirlos, pues sólo con ellos pueden tramitar asuntos de herencia y posibles compensaciones gubernamentales). Más aún, puede presumirse que la cifra real es en verdad mayor, puesto que no todas las muertes son reportadas.
Los números indican a las claras el fracaso de la iniciativa bélica norteamericana, supuestamente emprendida para traer, no sólo la democracia a Irak, sino para brindar estabilidad a toda el área del Oriente Próximo. La verdad es que más de un experto teme ahora por una “balcanización” de toda la región, al irse consolidando la tendencia de una confrontación abierta y generalizada entre sunis y shiítas.
Esta posibilidad ha sido recientemente regada con material extremadamente combustible: las ejecuciones de Saddam Hussein y sus colaboradores más inmediatos. El periódico Greater Kashmir opina de esta forma: “Un juicio que fue una farsa. Una corte de canguros. Un veredicto amañado… La venganza política del gobierno iraquí, que debe su sobrevivencia a la gigantesca máquina de guerra americano-británica, voló con tal furia que quiso que Saddam fuese ejecutado en una fecha especial”. El periódico revela asimismo un motivo para la urgencia: “Un panel de discusión de La Voz de América ofreció una razón de la prisa judicial. Dijo que según una ley iraquí no pude ahorcarse a un hombre que haya alcanzado la edad de 70 años, y que Saddam los cumpliría en 2007, y así hubiera podido escapar del lazo. Puede ser. Pero hay una razón más convincente y sustancial. No era del interés de América y Europa confrontar a Saddam en el tribunal porque tal cosa habría descubierto su rol al cumplir tratos de suministrarle armas químicas y biológicas (armas de destrucción masiva) que empleó contra los kurdos e Irán. El mundo sabe que Irak servía en esa época a sus intereses y que Saddam era su consentido”.
Tan embarazoso es el asunto que, primero Blair y luego Bush, han procurado distanciarse de la ejecución del antiguo dictador iraquí. Hay que tener riñones para lavarse las manos de esa manera, después de que un promedio de 96 civiles murió diariamente en Irak en 2006 como consecuencia de la invasión que estos señores han protagonizado.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 18, 2007 | Cartas, Política |

Se ha comentado aquí otras veces, pero en estos días es muy oportuno recordarlo. Durante la campaña electoral de 1998 era issue dominante la propuesta celebración de una asamblea constituyente. Como se sabe, sólo Hugo Chávez Frías, entre los diversos candidatos, abanderaba la proposición. Se alineaba así con una prédica que había comenzado en 1989 el Frente Patriótico (Juan Liscano et al.) y que para 1998 había logrado ser aceptada por una mayoría de los ciudadanos.
El estamento político convencional se oponía firmemente; hasta el presidente Caldera rechazó una petición de última hora para que convocara él un referendo consultivo sobre la conveniencia de elegir una constituyente: “Creo que Rafael Caldera merece ser quien haga esa convocatoria. Más allá de las críticas de la más variada naturaleza que puedan hacérsele, el presidente Caldera puede ser considerado con justicia el primer constitucionalista del país. No sólo formó parte de la Constituyente de 1946; también fue quien mayor peso cargó cuando se redactaba el texto de 1961; también fue quien presidió la Comisión Bicameral para la Reforma de la Constitución de 1991; también fue quien expuso en su aludida ‘Carta de Intención’: ‘El referéndum propuesto en el Proyecto de Reforma General de la Constitución de 1992, en todas sus formas, a saber: consultivo, aprobatorio, abrogatorio y revocatorio, debe incorporarse al texto constitucional’; y también fue quien escribió en el mismo documento: ‘La previsión de la convocatoria de una Constituyente, sin romper el hilo constitucional, si el pueblo lo considerare necesario, puede incluirse en la Reforma de la Constitución, encuadrando esa figura excepcional en el Estado de Derecho’; fue también, por último, quien nombró como Presidente de su Comisión Presidencial para la Reforma del Estado al jurista Ricardo Combellas, el que advirtió ya en 1994 que si este Congreso no procedía a la reforma constitucional habría que convocar a una Constituyente. Si alguien merece la distinción de convocar al Primer Referendo Nacional ése es el Presidente de la República, Rafael Caldera”. … “El Presidente de la República tiene la potestad de desencadenar ese proceso. Será estupendo constatar que en sus manos no se perdió la República, pero lo será más todavía que pueda decirse que en esas mismas manos creció la democracia que él tanto contribuyó a crear”. (referéndum, septiembre de 1998).
La atribución al Presidente de la República en Consejo de Ministros de convocar un referendo consultivo le había sido conferida por la reforma de diciembre de 1997 a la Ley Orgánica del Sufragio y la Participación Política, la que había establecido que además podían convocarlo una mayoría calificada del Congreso de la República y un diez por ciento de los Electores. Seguramente un proceso constituyente iniciado por Caldera habría sido muy diferente de la apabullante secuencia presidida en 1999 por Hugo Chávez.
Pero Caldera no convocó el referendo necesario, y tampoco ningún otro candidato apoyó la cosa. (El opositor final a Chávez, Henrique Salas Römer, opinó que la constituyente era “un engaño y una cobardía”, por más que lo que parecía cobarde era precisamente no convocarla). Ya hacía tiempo que el estamento político convencional se revelaba insuficiente, pero esta omisión trajo profundas consecuencias. Cuando se haga la historia de la “insensatez política” (Tuchman) de las élites venezolanas en las últimas décadas, su tenaz oposición a la constituyente, a pesar de que era incontestable que el “sistema operativo” del Estado venezolano debía ser sustituido por otro, probablemente destaque como el más grave de sus numerosos errores estratégicos. Salas Römer encarnó a la perfección el papel de campeón de los conservadores, dejando a Chávez el ventajoso rol del cambio.
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Tan claro estaba Chávez acerca del apoyo popular mayoritario a la idea de la constituyente, que por intermedio del MVR anunció, a comienzos de 1998, que procedería a recoger las firmas necesarias para convocar el referendo, como lo permitía la ley, por iniciativa popular. Es posible que la recolección no hubiera funcionado muy bien, pero en cualquier caso Chávez se olvidó del asunto. En cuanto supo que las encuestas—ya a mediados de año—le daban como ganador en la elección del 6 de diciembre próximo, entendió también que ya no necesitaba al pueblo. Una vez Presidente en ejercicio podría con toda comodidad convocar el referendo por sí mismo—electo, pero aún no en funciones, diría en La Viñeta: “Yo tengo facultades constituyentes”—así que ¿para qué molestarse reclutando la participación popular? Quien se llena la boca con aquello de la democracia “participativa”, a la hora de la verdad prescinde de ella si estima que no la necesita para alcanzar su objetivo.
Lo mismo acaba de hacer ahora. En la campaña del año pasado, porque se interesaba en parecer democrático y amoroso, comentó que a lo mejor consultaba en referendo ciudadano si el pueblo quería que se negara la renovación de la licencia de señal abierta a Radio Caracas Televisión. Ya no quiere acordarse—seguramente no quiere que se lo recuerden—y ha escogido comenzar el año 2007, aun antes de las restantes amenazas, con el anuncio de que el término de la concesión a Empresas 1BC es una decisión tomada. ¿Consultar? ¿Para qué?
De nuevo, pues, lo mismo. Primero una fachada democrática para asegurarse apoyo electoral; una vez obtenido éste, la exhibición de su real temperamento autocrático. (Pregunta al margen: ¿no se le ha ocurrido a ninguno de los dirigentes opositores—que ahora convocan, cada quien por su lado, marchas y concentraciones de todo género—tomarle la vieja palabra y probar la convocatoria de un referendo consultivo sobre la concesión de RCTV por iniciativa popular? Se trata de reunir tan sólo un millón setecientas mil firmas, bastante menos que las que se logró recoger cuando se quiso revocar el mandato presidencial hace tres años).
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Anulando los precoces anticipos de magnanimidad de parte de algunos funcionarios o dirigentes de su campo un tanto blandengues, Chávez, ducho en falacias resbalosas, ha invitado a la oposición a “sumarse a las tareas del cambio”. Pero eso no significa que la tomará en cuenta para formar sus propósitos. Expone que la mayoría es la que debe prevalecer, y la mayoría votó por el “socialismo del siglo XXI”, por lo que la oposición, que es minoría, debe acatar esa voluntad sin pataleo.
Es verdad que Chávez habló siempre de ese socialismo. La semana pasada se recordaba acá: “No es la primera vez que habla de socialismo—tiene años haciéndolo—y no calló el concepto durante su campaña electoral del año pasado, de modo que quienes votaron por él—y también quienes no lo hicieron—debían saber que por ahí vendrían los tiros”. Pero también había dicho, más de una vez, que esa particular variedad de socialismo tenía que ser “inventada”; esto es, que él mismo no sabía cuál era. Bueno, parece que ya la inventó.
El socialismo del siglo XXI es la renacionalización de la CANTV, la estatización de todo el suministro eléctrico, la privación de su autonomía al Banco Central de Venezuela, la desaparición de las alcaldías, la terminación de la licencia de RCTV, el control de las operadoras de la Faja Petrolífera del Orinoco, el nombramiento ministerial de su hermano para que instruya a nuestros hijos en la ideología revolucionaria y mucho, pero mucho, gasto público.
Pero estas medidas, expuestas con el mayor engreimiento, son en su concreción elementos de un programa de gobierno que pudo anunciar y no lo hizo, que pudo presentar en su campaña y no lo hizo. Y es que Chávez no hizo en realidad campaña, si es que por esto se entiende la exposición de un programa de gobierno para el que se busca apoyo o aquiescencia. Ninguno de esos elementos, que debieron ser explicados de antemano a los Electores, fue mostrado en modo alguno. El único mencionado, el cierre de Radio Caracas Televisión, iba a ser decidido por los mismos Electores en referendo consultivo.
No es cierto, pues, que siete millones de venezolanos votaran por esas medidas. No es verdad que los caraqueños preferimos a la Electricidad de Caracas roja rojita, en manos del Estado de Chávez. Es mentira que queremos que se despoje al BCV de su autonomía, facultad sugerida por la sabiduría política acumulada en centenares de años. No es cierto que optamos por federaciones de juntas comunales como sustitutos de los alcaldes. Cada una de estas cosas, que por tratarse de medidas específicas debieron constituir un programa de gobierno conocido por el enjambre ciudadano, fue ocultada adrede, porque Chávez sabía que si las notificaba los resultados electorales hubieran sido otros. En lugar de descubrirlas las escondió, y ahora decidirá como jeque omnímodo cada una de ellas por sí solo, puesto que los borregos de la Asamblea Nacional enajenarán su función propia en el Presidente de la República.
Una vez más, entonces, Hugo Chávez se burla de los Electores y pretende engañarlos. Mientras estuvo en campaña, se limitó a mencionar lo impreso en la etiqueta de un frasco que contenía un menjurje genérico e indefinido, la panacea incógnita del “socialismo del siglo XXI”. Desde lejos asomaba ocasionalmente el frasquito, como antes sacaba a cada instante de un bolsillo de sus trajes de marca el librito azul que ahora cree defectuoso. (Idéntico a Jaime Lusinchi, que fue elegido sin más explicación que la del nuevo “pacto social”). Pero nunca reveló, al escamotearlas deliberadamente, qué medidas se proponía instrumentar. Para ninguna de ellas tiene consentimiento electoral, ni siquiera para que pueda de nuevo legislar según su único entender. Y si no, que pruebe a consultarlas. Como Caldera en 1998, él tiene la facultad de llamar a un referendo consultivo, y nada impide que en un solo acto referendario se consulte más de una materia «de especial trascendencia nacional». (Artículo 71 de la Constitución).
Pero claro, no está en la naturaleza de Chávez el procedimiento democrático. Lo de él es pantalla y decreto, así que ¿por qué no emprende la oposición la convocatoria de un amplio referendo por iniciativa popular? ¿Qué tal si el triunvirato Borges-Petkoff-Rosales que ha vuelto a reunirse pone orden nuevamente en la incipiente cacofonía opositora y se atreve, aunque sea esta vez, a una iniciativa política audaz, profunda, de aliento? ¿No y que somos cuatro millones de los que menos de la mitad tendría que firmar? ¿No es cierto que la mayoría de los venezolanos—Datanálisis dixit—no quiere ni dictadores ni “mares de la felicidad”? Ése es un referendo que pudiera muy bien ganarse para la democracia en Venezuela, que no es otra cosa que el respeto a la inteligencia de sus Electores. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 16, 2007 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Ángel Bernardo Viso, une autre fois. Esta vez la Ficha Semanal #127 de doctorpolítico copia enteramente la carta #20 (Madrid, 24 de mayo de 1990) de sus Memorias marginales.
Como Viso ha escogido la forma epistolar para disparar una ráfaga de veintitrés magníficos ensayos, constantemente alude a las cartas anteriores. (Dice, no poco borgianamente, en la Advertencia: «…la forma elegida para este libro no es un ardid literario, ni un disfraz, sino el cauce espontáneo de vivencias e ideas sólo empezadas a recuperar por la conciencia al final de una madrileña tarde de abril, en el curso de una larga confesión interior dirigida a un amigo, perdido de vista desde la juventud, y cuya respuesta no me alcanzará»).
En la carta vigésima, refiere a menciones previas de Mircea Eliade (Tratado de historia de las religiones y El mito del eterno retorno), Juan Nuño (Los mitos filosóficos) y, sin nombrarlos, a Manuel García Pelayo (Los mitos políticos) y Germán Carrera Damas (El culto a Bolívar y Validación del pasado): «…Carrera Damas también ha demostrado que el culto a los héroes no sólo ha sido aceptado por el establishment, incluida la jerarquía católica —que por la pluma de Monseñor Navarro se esforzó en probar la ejemplaridad del cristianismo bolivariano—, sino por los grupos de izquierda, y en especial por el Partido Comunista…» (Carta décimo novena, 20 de mayo de 1990 desde Madrid).
Conviene notar, pues, que la escritura de Viso precede por dos años a la emergencia pública de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992. Como pasa con los analistas profundos, lo que escribe tiene valor profético; basta leerlo para comprobar su luminosa vigencia. Por ejemplo, apunta en la carta décimo novena: «…jóvenes y revolucionarios se han llamado algunos movimientos políticos por ser ésos los caracteres distintivos del grupo promotor de la Independencia, cuyas hazañas siguen vigentes gracias a su reactualización periódica. …toda la educación venezolana está basada explícita o implícitamente en esa idea; es más, la nacionalidad misma, en su sentido concreto y excluyente, depende de una idea parecida; por eso Arturo Uslar Pietri ha podido decir que en Hispanoamérica el estado (a mi juicio, un puro fruto revolucionario) ha precedido a la nación…»
Nihil sub sole novum. (Eclesiastés, I, 10). No hay nada de novedad en el plan chavista, que no hace sino repetir extravíos arcaicos, primitivos, bárbaros. Se trata —el programa de Chávez— de recaídas atávicas que ya nuestro pueblo ha sufrido. Esta vez es tan absurda la cosa que a su término probablemente nos hayamos curado de eso para siempre.
También usa Viso al final de la carta reproducida acá, la noción mitológica germana designada como ragnarök, la titánica lucha entre los dioses del Valhalla al final de los tiempos. Jorge Luis Borges escribió una de sus piezas más cortas justamente bajo ese título, que comienza diciendo: «En los sueños (escribe Coleridge) las imágenes figuran las impresiones que pensamos que causan; no sentimos horror porque nos oprime una esfinge, soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos. Si esto es así ¿cómo podría una mera crónica de sus formas transmitir el estupor, la exaltación, las alarmas, la amenaza y el júbilo que tejieron el sueño de esa noche?» Borges describe un sueño en el que los dioses regresan, incongruente como los sueños son, y concluye con esta última cláusula: «Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses». Puede estar llegando la hora de dar muerte a Bolívar.
LEA
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Política arcaica
Resulta una experiencia temible sumergirse en los mitos antes expuestos, con el fin de explicar nuestra manera de entender el tiempo histórico: «Time the destroyer is time the preserver», escribió también T. S. Eliot… En Disgregación e integración, Laureano Vallenilla Lanz se había adelantado de manera brillante a las ideas apuntadas en las páginas anteriores, al decir: «Para los hombres que durante un siglo se sucedieron en la dirección intelectual y política de Venezuela, jamás el pasado tuvo significación alguna… Del caos de la Colonia nació la efímera y candorosa República de 1811; del caos de la guerra magna surgió la Gran Colombia; del largo y tenebroso caos de la dominación oligarca surgió el partido liberal; y cuando la dinastía de los Monagas volvió la República a la nada, la obra creadora se dividió entre los convencionales de 1858 y los guerrilleros federales, hasta que del seno de otro caos formado por la dictadura y por la guerra de cinco años apareció la República democrático-federativa del 64… Obsérvese además que cada generación, cada partido, cada revolución, no abrigó nunca otro propósito sino el de destruir para crear».
La repetición en el tiempo del mito juvenil y revolucionario, y su carácter cíclico, adquirido después de su nacimiento, me hace pensar que el modo de aprehender la realidad histórica por parte de la sociedad venezolana, inducida por el grupo gobernante, en gran medida se ha vuelto arcaico; ese carácter cíclico es propio de las sociedades primitivas, como demuestra la etnografía, y de las sociedades tradicionales analizadas por Eliade en sus obras antes citadas. En una de ellas, El mito del eterno retorno, ese autor nos señala que el hombre primitivo no tiene capacidad para comprender a cabalidad los sucesos aislados, ni los conflictos personales, sino en la medida de su correspondencia con un arquetipo. Por eso el héroe es dotado por la imaginación popular, después de su muerte, con todos los rasgos correspondientes a su categoría, mientras caen en el olvido los elementos distintivos propios de un ser humano: la memoria colectiva no los retiene.
Hay algo más grave; Eliade explica en sus dos obras referidas, y en su extensa Historia de las ideas y de las creencias religiosas, que en las sociedades primitivas y tradicionales los mitos de origen tienen como misión fundar la realidad; sólo pasa a ser real lo que corresponde al arquetipo, dios o héroe fundador: «Debemos hacer lo que los dioses hicieron al comienzo» (Çatapatha Brâhmana, VII, 2, 1, 4). «Así lo han hecho los dioses; así hacen los hombres». (Taîttirîya Brâhmana, I, 5, 9, 4). «Ese adagio indio resume toda la teoría subyacente a los rituales de todos los países». De modo que la mitificación de los héroes de la Independencia no es inocente: ella fija un modelo de conducta alejado en el tiempo y que requiere ser actualizado tal como tuvo lugar inicialmente… Dedicarse a la mitopoeia es mucho más riesgoso que convertirse en aprendiz de brujo.
El hecho antes señalado es de gran importancia para mi análisis; demuestra que el culto venezolano a los héroes —el más marcado de toda Hispanoamérica—, tiene igualmente un claro carácter arcaico y no es en absoluto positivo para enfrentar los retos de nuestra época. Adicionalmente, como te expresé en otra parte de este escrito, ese culto induce a creer que cada país latinoamericano es una nación distinta y completa, creencia justamente criticada por Julián Marías en Hispanoamérica, y por Octavio Paz en De la Independencia a la Revolución. Ese arcaísmo no sólo ha inducido sino que implica un retroceso en la relación con la sociedad colonial, cuya clase dirigente tenía una concepción de la historia semejante a la de los pueblos cristianos de su tiempo… Finalmente, dicho arcaísmo se compagina a cabalidad con nuestro pretendido carácter de pueblo joven; dos siglos de existencia es un lapso muy breve en la vida de un pueblo, y según algunos ésa es la duración de nuestra historia; ella justifica todos los errores políticos, los pasados desmanes populares y las frecuentes rectificaciones de rumbo; ella refuerza igualmente todos los caracteres arcaicos, pues parece natural mantener todavía los rasgos de niños balbuceantes.
Juan Nuño también nos dice, en su antes citado libro, refiriéndose al judaísmo, al cristianismo y al hegelianismo, que «Una visión simplificadora de la historia se ha complacido en oponer la concepción lineal y abierta a otra circular y cerrada», siendo así que «ninguna de las grandes visiones de la historia escapa, de una forma u otra, a algún tipo de circularidad…» «por lo que… preferible sería elegir entre concepciones cíclicas de tiempo indeterminado y concepciones cíclicas de tiempo limitado. Y en ambas se presenta el mito de la recuperación de algo pasado, o en tanto tal pasado o en tanto proyectada utopía o incumplida promesa».
Sin estar capacitado para entrar al fondo de este arduo tema de filosofía de la historia, creo deber observar que, al menos para los cristianos, la escatología deja un gran margen de libertad antes del fin de los tiempos —acontecimiento imprevisible e independiente de la voluntad humana—; en uso de esa libertad, el hombre construye dramáticamente su vida y contribuye al desarrollo del mundo; es más, de acuerdo con Teilhard, en El medio divino, la acción humana tiene un valor absoluto en sí mismo y su objeto es lograr, mientras llega la parusía, una progresiva espiritualización de la materia, completando la obra divina; de esa manera, al acabarse el tiempo del hombre, no habría una abolición de la obra humana, ni una recuperación de algo exclusivamente elaborado por Dios; la historia sería lineal y progresiva: nos presentaríamos al gran juicio con nuestros modestísimos trabajos, pero acompañados con la Gioconda, la Pasión según San Mateo y hasta la mismísima Puerta del Infierno…
Me podrás decir que esas ideas del poco común jesuita —asombroso descendiente directo de Voltaire—, esconden simplemente sus creencias, a pesar de los silogismos que plagan su citado libro. Sin embargo, si es cierto que aun el pensar filosófico está orientado por soterrados mitos, si nuestra poderosa irracionalidad aflora a cada paso, aunque tratemos de evitarlo, si incluso las ideas concebidas por la mente no pueden evadir los arquetipos descubiertos por Jung, más vale tomar en cuenta esos hechos, en lugar de eludirlos y, aunque sea a tientas, tratar de desechar las creencias empobrecedoras y aferrarse sólo a aquéllas susceptibles de servir de base a una vida y a una cultura dignas de ser asumidas en su plenitud.
En todo caso, aun dentro de las limitaciones señaladas por Nuño, es indudable que una concepción —más bien ilusión—, histórica de un ciclo tan arbitrario y limitado como el prevaleciente entre nosotros, y la devolución por el período heroico de los «tiempos aurorales» (de esa crepuscular aurora de 1810), no se limitan a ser arcaizantes: están en el fundamento mismo de nuestros fracasos. No obstante, el triunfo de aquella concepción no puede ser nunca definitivo ni completo en una sociedad como la nuestra, cuya credulidad es sólo parcial en relación con lo que se le enseña, más todavía si se pretende hacerlo con académica pedantería o utilizando las pompas del poder.
La coexistencia inevitable entre esas dos contradictorias maneras de pensar el tiempo histórico, crea un desajuste adicional en nuestro medio, mayor al atribuido en estas páginas a las diferencias étnicas y sociales; no se trata de algo situado en la superficie, sino en el fondo del alma, y que ayuda a explicar los tropiezos de nuestra sociedad mejor que el estudio de todos los errores económicos juntos; es más, cuando se adopta una correcta política liberal para reformar la economía —caso actual de Venezuela—, su vacilante y deformada aplicación no se debe a razones económicas, sino a un recurrente populismo y a deficiencias humanas y conceptuales que continuarán presentándose mientras no logremos exorcizar nuestros demonios.
Un íntimo amigo de ambos nos solía repetir desde la universidad ¿recuerdas? que los venezolanos tenemos mentalidad apocalíptica, pues a cada inconveniente grave juzgamos que ha llegado el fin del mundo; no podía responderle entonces, porque no lo sabía, que en una sociedad donde se crea la expectativa de renacimientos periódicos es lógica la creencia en destrucciones inminentes, auspiciadas en tiempo electoral por los candidatos de todos los partidos, pretendiendo que ellos son la última oportunidad de recuperar el país antes de su inevitable naufragio; no se trata, lógicamente, del germánico ragnarök —catastrófico combate final entre los dioses— sino de un fin de mundo a nuestra medida; más que nada, de una nueva e importante mengua en relación con nuestra posición anterior… Esa mentalidad, donde el arcaísmo desemboca en predicción de atenuadas catástrofes, no puede permitir el desarrollo buscado por la política liberal antes citada, ni con el apoyo de todos los Fondos Monetarios del mundo; tampoco permite una plena realización personal: somos miembros de la tribu, de acuerdo con la vieja definición aristotélica, so pena de ser animales o dioses.
Ángel Bernardo Viso
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 11, 2007 | LEA, Política |

Después de elaborado forcejeo entre telones, George W. Bush acaba de anunciar que en pocas semanas enviará a Irak un contingente de 21.000 soldados norteamericanos adicionales. Su línea de razonamiento sostiene que aflojar en Irak en estos momentos provocaría el colapso del gobierno local y que, en cambio, el incremento (surge) de tropas estadounidenses “en este momento crucial”, para ayudar a los iraquíes a “romper el actual ciclo de violencia” pudiera apresurar “el día en que nuestras tropas puedan regresar al hogar”.
Se trata de unas cinco nuevas brigadas de cuatro mil hombres cada una, que elevarán el actual contingente de 135.000 soldados a 153.000. El grueso de las nuevas fuerzas será asignado a Bagdad, donde será nombrado un nuevo comandante supremo, aunque dos batallones de marines irán a la provincia de Anbar. (El 80% de la violencia entre sectas ocurre en un radio de 45 kilómetros alrededor de Bagdad).
Bush solicita 5 mil seiscientos millones de dólares frescos para pagar las tropas y mil doscientos millones más para reconstrucción y creación de empleos entre la población de Irak. A este país se le exige 10 mil millones de dólares a los mismos fines, aunque no se permitirá la “interferencia” iraquí en las operaciones militares.
Como era de esperarse, el plan no cuenta con el consenso político que sería recomendable, ya no digamos entre los demócratas—el senador Edward Keneddy ha introducido un proyecto de ley que bloquearía el financiamiento—sino entre los mismos republicanos y no pocos jefes militares. Norman Coleman, senador republicano por Minnesota que busca ser reelegido en 2008, declaró: “Me rehuso a poner más vidas americanas en riesgo en Bagadad sin seguridad de que los iraquíes mismos estén dispuestos a terminar la violencia de iraquíes contra iraquíes. Por esto es que me opongo a la proposición de un aumento de tropas en Bagdad, donde la violencia sólo puede ser definida como sectaria”.
Lo que más temen los críticos del nuevo plan de Bush es que el aumento de la presencia norteamericana en Irak reavivará el desagrado de la población en general, por un lado, y que, por el otro, el gobierno de ese país se haga todavía más “adicto” a la ayuda de los Estados Unidos.
Pero, como por estos lares, el presidente Bush no atiende a las críticas, ni de los demócratas, ni de sus copartidarios ni del público en general. The beat goes on.
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