FS #105 – No crea en cuentos

Fichero

LEA, por favor

La gentileza del doctor Gonzalo Pérez Petersen me ha permitido leer Cuentos chinos, el informativo libro de Andrés Oppenheimer, conocido comentarista de la televisión internacional y periodista de gran influencia. (Fue escogido por Forbes Media Guide como uno de los quinientos periodistas más importantes de los Estados Unidos en 1993, y la revista Poder lo incluyó en una lista de las cien personas más poderosas en América Latina en 2002). El doctor Pérez Petersen me facilitó un ejemplar de la segunda edición (marzo de 2006) de la obra editada por Random House-Mondadori en noviembre de 2005. (Colección Otras Voces, Debate).

En diez capítulos, Oppenheimer, editor de asuntos internacionales en The Miami Herald y conductor de un programa de opinión muy visto en CNN, desmonta un número equivalente de «cuentos chinos» relativos al tema del desarrollo de América Latina. (Que él escribe América latina). Cuando escribe sobre China, o Irlanda o Polonia, lo hace con la intención de extraer lecciones pertinentes a las economías latinoamericanas. Un caso de su particular interés es el venezolano.

Al proyecto político de Hugo Chávez lo denomina «narcisista-leninista», una designación tanto gráfica como sintética, y desde el primer capítulo, El desafío asiático, la emprende contra la primitiva prédica del gobierno chavista. Es de este capítulo de donde se extrae el trozo inicial para componer esta Ficha Semanal #105 de doctorpolítico.

Oppenheimer se propuso construir bases razonables para un optimismo acerca del futuro latinoamericano, sobre cuyas esperanzas de renacer apunta en su epílogo: «Claro que las hay, siempre y cuando nuestros países se miren menos el ombligo, y más a su alrededor. En la medida en que nos adentremos en lo que parece ser el siglo asiático, la clave del éxito de las naciones—cualquiera sea su ideología política—es la competitividad. Y para eso hace falta que los países, como las empresas, atraigan inversiones productivas y busquen nichos de mercado donde puedan insertarse en las economías más grandes del mundo, como lo están haciendo con gran éxito los asiáticos».

Se trata de una tesis sencilla, nada misteriosa, asentada sobre sus observaciones de experimentado periodista internacional. (Oppenheimer nació en Buenos Aires, donde estudio cuatro años de la carrera de leyes—poco menos que Benjamín Rausseo—antes de obtener una maestría en Periodismo en la Universidad de Columbia en 1978).

LEA

No crea en cuentos

Uno tiene que viajar a China, en la otra punta del mundo, para descubrir la verdadera dimensión de la competencia que enfrentarán los países latinoamericanos en la carrera global por las exportaciones, las inversiones y el progreso económico. Antes de llegar a Beijing, había leído numerosos artículos sobre el espectacular crecimiento económico de la República Popular China y de otros países asiáticos como Taiwán, Singapur y Corea del Sur. Y estaba asombrado de antemano por el éxito chino en sacar a cientos de millones de personas de la pobreza en las últimas dos décadas, desde que el país se había abierto al mundo. Sin embargo, nunca imaginé lo que vería, y escucharía, en China.

Desde el minuto en que aterricé en la capital china, me quedé boquiabierto ante las gigantescas dimensiones de todo. Todavía sentado en el avión, desde la ventanilla, advertí que mi vuelo se aprestaba a ubicarse en el hangar número 305, lo que de por sí ya era un primer motivo de asombro para un viajero frecuente acostumbrado a bajarse en la puerta B-7 del aeropuerto de Miami, que tiene apenas 107 hangares, o en el hogar 28 del aeropuerto de Ciudad de México, que tiene 42. Cuando salí del avión con el resto de los pasajeros, me encontré con un aeropuerto gigantesco, parecido a un estadio cerrado de fútbol, sólo que cinco veces mayor, y de arquitectura futurista. Por el aeropuerto de Beijing transitan nada menos que 38 millones de personas por año, y ya está quedando pequeño, según me enteré después. De allí en más, saliendo del aeropuerto, la fiebre capitalista que se está viviendo en China, disfrazada por el régimen como una «apertura económica» dentro del socialismo, me deparó una sorpresa tras otra.

Era difícil no hacer comparaciones constantes entre lo que se ve en China y lo que está ocurriendo en América latina. Horas antes de mi llegada, en el vuelo de Tokio a Beijing, había leído en uno de los periódicos en inglés que repartían en el avión una noticia breve, según la cual Venezuela acababa de cerrar por tres días los ochenta locales de McDonald’s que operan en ese país. La medida, según el cable noticioso reproducido en el periódico, había sido tomada para investigar presuntas infracciones impositivas. El autoproclamado gobierno «revolucionario» de Venezuela sostenía que no toleraría más transgresiones de las multinacionales a la soberanía del país. Y aunque la controversia todavía no había sido resuelta en la Justicia, las autoridades habían ordenado cerrar los locales, y citaban la medida como un gran logro de la revolución bolivariana. La noticia no me sorprendió demasiado: había estado en Venezuela pocos meses antes, y había escuchado varios discursos incendiarios del presidente Hugo Chávez contra el capitalismo, el neoliberalismo y el «imperialismo» norteamericano. Pero lo que me asombró fue que, al día siguiente de mi llegada a la capital china, leyendo ejemplares recientes del China Daily—el periódico oficial de lengua inglesa del Partido Comunista chino—me encontré con un titular que parecía escrito a propósito para diferenciar a China de Venezuela y de otros países «revolucionarios»: «¡McDonald’s se expande en China!», anunciaba jubilosamente. El artículo señalaba que el consejo de directores en pleno de la multinacional norteamericana estaba por iniciar una visita a China, y sería recibido por las máximas autoridades del gobierno. Durante su estadía, los ilustres visitantes de la corporación multinacional anunciarían la decisión de McDonald’s de aumentar su red actual de seiscientos locales en China a más de mil durante los próximos doce meses. «China es nuestra mayor oportunidad de crecimiento en el mundo», señalaba Larry Light, el jefe de marketing de McDonald’s, al China Daily . Qué ironía, pensé para mis adentros: mientras en China comunista le dan una bienvenida de alfombra roja a McDonald’s, en Venezuela lo espantan.

Lo cierto es que hay un enorme contraste entre el discurso político de los comunistas chinos y el de sus primos lejanos más retrógrados en el escenario político latinoamericano. Mientras los primeros se desvelan por captar inversiones, una buena parte de los políticos, académicos y empresarios proteccionistas latinoamericanos se regodean en ahuyentarlas. En China, me encontré con un pragmatismo a ultranza y una determinación de captar inversiones para asegurar el crecimiento a largo plazo. Mientras Chávez recorría el mundo denunciando el «capitalismo salvaje» y el «imperialismo norteamericano», y recibiendo aplausos en los congresos latinoamericanos, los chinos les estaban dando la bienvenida a los inversionistas norteamericanos, ofreciendo todo tipo de facilidades económicas y promesas de seguridad jurídica, aumentando el empleo y creciendo sostenidamente a tasas de casi el 10 por ciento anual. Los jerarcas chinos mantienen un discurso político marxista-leninista para justificar su dictadura de partido único, pero en la práctica están llevando a cabo la mayor revolución capitalista de la historia universal. Después del XVI Congreso del Partido Comunista de 2002, que acordó «deshacerse de todas las nociones que obstaculizan el crecimiento económico», el pragmatismo ha reemplazado al marxismo como el valor supremo de la sociedad. Y, aunque a muchos nos repugnen los excesos del sistema chino, y no quisiéramos transplantar ese modelo a América latina, no hay duda de que la estrategia está logrando reducir la pobreza a pasos agigantados en ese país.

………

En una de mis primeras entrevistas con altos funcionarios chinos en Beijing y Shanghai, Zhou Xi-an, el subdirector general de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el poderoso departamento de planificación de la economía china, me contó que un 60% de la economía china ya está en manos privadas. Y el porcentaje está subiendo a diario, agregó. Zhou, un hombre de unos cuarenta años que no hablaba una palabra de inglés a pesar de tener un doctorado en Economía y trabajar en el sector más conectado con Occidente del gobierno chino, me recibió en el majestuoso edificio de la comisión, en la calle Yuetan del centro de la ciudad. Intrigado por cuán lejos había transitado China en su marca hacia el capitalismo, yo había ido a la cita armado de un fajo de recortes periodísticos sobre la ola de privatizaciones que estaba teniendo lugar en el país. Acostumbrado a viajar a países donde la palabra «privatización» tiene connotaciones negativas, en parte por sus resultados no siempre exitosos, pensaba que algunos de los datos que había leído sobre China eran exagerados, o por lo menos no serían admitidos públicamente por los funcionarios del gobierno comunista. Pero me equivocaba.

«¿Es cierto que ustedes piensan privatizar cien mil empresas públicas en los próximos cinco años?», le pregunté al doctor Zhou, artículo en mano, a través de mi intérprete. El funcionario meneó la cabeza negativamente, casi enojado. «No, esa cifra es falsa», replicó. E inmediatamente, cuando yo ya pensaba que me iba a dar un discurso en defensa del socialismo, e iba a acusar a los periódicos extranjeros de estar exagerando la nota sobre las privatizaciones, agregó: «Vamos a privatizar muchas más». Acto seguido, el doctor Zhou me explicó que el sector privado es «el principal motor del desarrollo económico» de China, y que hay que brindarle la mayor libertad posible. Yo no podía dar crédito a lo que estaba escuchando. El mundo estaba patas para arriba.

De ahí en más, mis entrevistas con funcionarios, académicos y empresarios en la capital china me depararían una sorpresa tras otra. Sobre todo, cuando entrevisté a los máximos expertos sobre América latina, que—sentados al lado de la bandera roja y profesando fidelidad plena al Partido Comunista—me señalaban que los países latinoamericanos necesitaban más reformas capitalistas, más apertura económica, más libre comercio y menos discursos pseudorrevolucionarios. Uno de ellos… me dijo que uno de los principales problemas de América latina era que todavía seguía creyendo en la teoría de la dependencia, el credo económico de los años sesenta según el cual la pobreza en Latinoamérica se debe a la explotación de los Estados Unidos y Europa. En la República Popular China, el Partido Comunista había dejado atrás esta teoría hacía varias décadas, convencido de que China era la única responsable de sus éxitos o fracasos económicos. Echarles la culpa a otros no sólo era erróneo, sino contraproducente, porque desviaba la atención pública del objetivo nacional, que era aumentar la competitividad, me aseguró el entrevistado. Ése era el nuevo mantra de la política china, que eclipsaba a todos los demás: el aumento de la competitividad como herramienta para reducir la pobreza.

Andrés Oppenheimer

Share This:

Fisica del siglo XX – (7)

physics

La fisión nuclear y la bomba de hidrógeno. El mecanismo básico de la energía estelar y la evolución de una estrella. Diagrama de Hertzsprung-Russell y la secuencia principal. Radio de Schwarzschild y límite de Chandrasekhar. Enanas blancas, estrellas neutrónicas (pulsares) y agujeros negros. Noción de singularidad.

El año de 1945 resultó ser crucial en el desarrollo de la energía atómica de uso militar. El 16 de julio de 1945, casi exactamente a las 5:30 a.m. (hora local) los Estados Unidos detonaron en el desierto de Álamogordo, en Nuevo México, el primer artefacto nuclear de la historia, una bomba de plutonio que alcanzó la potencia explosiva de 20 kilotones.[1] Tres semanas más tarde, el 6 de agosto, estallaba sobre Hiroshima la primera bomba atómica de la guerra, esta vez de uranio, y tres días después otra bomba de plutonio destruía el puerto de Nagasaki. Estos eventos produjeron el inmediato fin de la Segunda Guerra Mundial, pues Japón accedió al ultimátum de rendición inmediata e incondicional, sin otra petición que la de que se respetara la majestad del emperador Hirohito.

H-bomb

La formación de la bola expansiva de la bomba explotada en Álamogordo cuando aún no habían transcurrido más de 25 milésimas de segundo desde la detonación.

Los artefactos detonados eran todos de fisión nuclear, el fraccionamiento de átomos de uranio o plutonio con una enorme liberación de energía. El desarrollo tecnológico necesario había comenzado en los Estados Unidos justo al comienzo de la guerra, a raíz de una famosa carta enviada a Franklin Delano Roosevelt por Albert Einstein.

La carta firmada por Einstein el 2 de agosto de 1939 había sido redactada mayormente por Leo Szilard, un físico húngaro que junto con sus compatriotas Edward Teller y Eugene Wigner, temía que Alemania utilizara la fisión nuclear para la fabricación de bombas atómicas. Roosevelt recibió la carta un mes después, justamente al inicio de la Segunda Guerra Mundial, que comenzó con la invasión de Polonia por las fuerzas de Hitler el 1º de septiembre. Roosevelt ordenó la formación del “Comité del Uranio”, que inició investigaciones que al principio marcharon con lentitud, si les compara con las emprendidas por los británicos y los alemanes. Poco antes del ataque a Pearl Harbor, el programa alcanzó su aceleración final, luego de que Vannevar Bush[2] influyera decisivamente sobre Roosevelt.

Un hito del programa lo constituyó la operación segura del primer reactor atómico, bajo la dirección de Enrico Fermi (asistido por Szilard), en un sótano de la Universidad de Chicago.[3] El 2 de diciembre de 1942 se logró la reacción en cadena controlada. Una llamada telefónica del físico Arthur Compton a James Conant (el jefe de Vannevar Bush) anunció en código: “El navegante italiano ha llegado al nuevo mundo. Los nativos son amistosos”. La frase era una clara alusión a Cristóbal Colón, pero también a la nacionalidad de Fermi. El comentario sobre los nativos hacía referencia a la reacción controlada, ofreciendo la buena nueva de que Fermi y sus colegas, así como buena parte de Chicago, no habían sido vaporizados por una reacción fuera de control convertida en explosión.

Para que se produzca una reacción en cadena—bombardeo de material fisionable por neutrones que genera una cascada de neutrones que continúa rompiendo átomos—es preciso contar con una “masa crítica”. En el caso del uranio 235 esa cantidad es de más o menos cincuenta kilogramos; para el plutonio 239 la cantidad es menor: bastan diez kilogramos. Por debajo de estas masas no se sostiene la reacción en cadena.

Fermi contaba, obviamente, con suficiente uranio para formar una masa crítica, y también con mecanismos de control. En primer lugar, los neutrones “lentos” son más eficientes para causar la fisión, y el grafito es un material que convierte neutrones energéticos en neutrones lentos. Luego, es preciso controlar el flujo de neutrones para que se dé una reacción en cadena que no se convierta en explosión. En el primer reactor de Chicago[4] se empleó tubos revestidos de cadmio, que es un eficaz absorbedor de neutrones. La introducción de estos tubos al seno del reactor reduce el flujo de neutrones, y su extracción lo aumenta.

El desarrollo de las armas propiamente dichas se hacía en otra parte. Las bombas no activas debían mantener separadas dos masas subcríticas que juntas harían una masa crítica. Así, se diseñó un cañón interno para la bomba de uranio (Hiroshima), que en el momento de la detonación disparara una masa subcrítica contra la otra. Para las bombas de plutonio (Álamogordo, Nagasaki) se usó más bien la compresión de una masa subcrítica en condiciones normales, mediante un dispositivo de “implosión” con cargas concéntricas. En ambos casos la fisión de átomos y la emisión de nuevos neutrones crecen exponencialmente.

En 1949 la Unión Soviética detonó su primera bomba atómica, y esto a su vez llevó a Harry Truman a ordenar el desarrollo acelerado de un segundo tipo de bomba nuclear: la bomba de hidrógeno, bomba de fusión o bomba termonuclear, cuyo más ardiente promotor era Edward Teller. Así, en 1950 Teller—un carácter difícil—asumió el liderazgo del nuevo programa. En colaboración no siempre tersa con el polaco Stanislaw Ulam, arribó a un diseño práctico en 1952. La primera bomba termonuclear fue detonada el 1º  de noviembre de ese año en el atolón de Enewatak, en el océano Pacífico, con un rendimiento de 10,4 megatones.

H-Bomb

“Ivy Mike”, el primer dispositivo termonuclear detonado por el hombre. Produjo un cráter de 2 kms. de diámetro e hizo hervir las aguas circundantes durante las próximas doce horas, además de derramar escombros coralinos radioactivos sobre buques estacionados a 45 kms. de la explosión.

Las bombas termonucleares fundamentan su enorme rendimiento energético en la reacción exotérmica—que produce energía—de la fusión de cuatro protones (núcleos de hidrógeno) para formar un núcleo de helio (partícula alfa, compuesta por dos protones y dos neutrones). En el proceso se emiten dos positrones (cada uno retira la carga eléctrica positiva del protón para convertirlo en un neutrón) y dos neutrinos[5] junto con una enorme liberación de energía. Para que los protones puedan vencer la repulsión electrostática que tiende a separarlos, su aproximación se realiza con la explosión “primaria” de una bomba de fisión alojada junto con el combustible fusionable. (Hidrógeno líquido). La terrible bomba atómica, que asoló las ciudades japonesas en 1945, había quedado reducida al papel de mero fulminante en una bomba muchísimo más poderosa. (Las bombas de 1945 alcanzaron una potencia de 20 kilotones, y en general los artefactos de fisión nuclear pueden llegar a rendir hasta 500 kilotones. Una bomba de hidrógeno moderna puede rendir fácilmente 500 megatones, o lo equivalente a la explosión de 500 millones de toneladas de TNT, y para activarse necesita alcanzar la temperatura de 3 millones de grados Kelvin que proporciona la bomba atómica que la enciende).

………

La energía liberada por humanos en los atolones del Pacífico es liliputiense en comparación con la cotidiana emisión energética de estrellas como nuestro Sol. Es precisamente la fusión de núcleos atómicos el motor que produce tan gigantesca radiación. Otra vez Arthur Eddington se adelantó con la proposición, en 1920, de que la energía proveniente del Sol sólo podría obtenerse de la fusión de hidrógeno para producir helio. Después de aportes de George Gamow, Hans Bethe y Carl von Weizsäcker, finalmente se obtuvo un cuadro bastante completo de lo que ocurre en el interior de las estrellas con el trabajo de Burbidge, Burbidge (marido y mujer), Fowler y Hoyle en 1957. (The B2FH paper).

En las estrellas más pequeñas que nuestro Sol (de tamaño intermedio) sólo ocurre la fusión de hidrógeno para formar helio; en estrellas de tamaño mediano el helio puede fusionarse para obtener carbono y oxígeno, y en sucesivas fusiones pueden llegar a formar átomos de hierro. Se necesita estrellas de mayor tamaño, capaces de alcanzar mayores temperaturas, para formar los elementos más pesados.

La evolución de las estrellas desde su formación hasta su muerte depende esencialmente de su tamaño inicial. Las estrellas se forman de la fragmentación y condensación de gigantescas nubes gaseosas—nubes moleculares—formadas en su mayor parte por hidrógeno (protones), en menor medida por helio y algo de metales. Estas enormes formaciones tienden a colapsar bajo la acción de la gravedad, y esta contracción aumenta su temperatura hasta alcanzar unos 50.000 grados Kelvin, lo que permite el inicio de la fusión nuclear. Dependiendo de la masa de la protoestrella, el nuevo astro seguirá uno de varios caminos evolutivos posibles.

Nubes moleculares

Gigantescas nubes moleculares en la nebulosa del Águila de la constelación de la Serpiente. (Cerca de Virgo y Libra). Es de este tipo de nubes que se forman estrellas. Fotografiadas por el telescopio espacial Hubble. (NASA).

El camino es diferente si la nueva estrella es de una masa intermedia, como la de nuestro Sol, o si es mucho mayor o mucho menor. En el caso de una estrella de masa cercana a la de nuestro astro local, la fusión de hidrógeno la hace ingresar a la “secuencia principal”, en la que permanecerá por miles de millones de años quemando hidrógeno. El término “secuencia principal” alude a una ruta dibujada en un útil diagrama conocido como diagrama de Hertzsprung-Russell, que ubica a las estrellas en un plano cuyo eje de ordenadas mide la luminosidad de la estrella (o su color o clase espectral), y el eje de abscisas su temperatura. Creado entre 1911 y 1913 por Ejnar Hertzsprung, un químico y astrónomo danés, y Henry Russell, un astrónomo norteamericano, el diagrama HR se convirtió rápidamente en un instrumento de gran ayuda para la comprensión de la evolución estelar. (Naturalmente, la escala temporal de la evolución de una estrella es muchas veces mayor que la de la evolución humana, por lo que la primera se comprende a partir de observaciones de muchas estrellas distintas, cada una en una fase particular de su evolución).

H-R diagram

Un diagrama de Hertzsprung-Russell simplificado. Las estrellas tienden a caer únicamente en ciertas regiones del diagrama. La secuencia principal se desplaza diagonalmente, desde las más jóvenes y luminosas estrellas de arriba a la izquierda, a las menos luminosas y calientes de abajo a la derecha. Las enanas blancas aparecen abajo a la izquierda y las gigantes rojas arriba y a la derecha de la secuencia principal.

Una vez que una estrella promedio se encuentra en la secuencia principal pasará en ella las nueve décimas partes de su vida, convirtiendo hidrógeno en helio dentro de su núcleo, y emitiendo radiación al exterior desde el manto que lo cubre. Es la presión ejercida por la reacción nuclear en su seno lo que contrarresta la enorme presión gravitacional, y mientras este equilibrio existe se detiene el colapso que la había iniciado a partir de la nube molecular. El helio producido, en razón de su mayor densidad, se acumula paulatinamente en el centro de la estrella. A partir de cierta cantidad interfiere con la fusión del hidrógeno restante, y se habla del envenenamiento por helio.

A partir de este momento la estrella reinicia su colapso gravitacional, hasta que la temperatura asciende hasta unos 100 millones de grados, momento en que es suficiente para iniciar la fusión de átomos de helio para producir carbono y oxígeno. El hidrógeno remanente en capas adyacentes al núcleo añade más radiación, y como la masa de la estrella ya es menor[6], su manto se expande y la estrella crece para entrar en fase de “gigante roja”. El color de estas estrellas se debe a que la expansión enfría el manto y la radiación es entonces menos energética.

Si la estrella es lo suficientemente masiva en su origen (unas 8 masas solares), al agotarse el helio volverá a contraerse y aumentar más la temperatura, lo que a su vez permitirá que se inicie la fusión de átomos de carbono. Al llegar al hierro este proceso de sucesivas fusiones de elementos más pesados se detiene, y el núcleo de la estrella exhibe una estructura en “capas de cebolla”.

Capas estelares

Las capas sucesivas en el núcleo de una estrella, una vez que se ha producido la sucesión de fusiones de elementos progresivamente más pesados y poco antes de su colapso final.

Si, por lo contrario, la estrella original era pequeña (menor que 0,5 masas solares), nunca habrá temperatura suficiente para que la fusión de helio se inicie, y la estrella permanecerá por mucho tiempo (se calcula que hasta 50.000 millones de años) en forma de enana blanca. El astrofísico hindú Subrahmanyan Chandrasekhar calculó un límite de masa—límite de Chandrasekhar—a partir del cual la estrella no puede contrarrestar su colapso gravitatorio, por lo cual ésta procede a formar una estrella de neutrones (púlsar) o un agujero negro. El límite, 1,44 masas solares, es el tamaño máximo que puede tener una enana blanca. Una enana blanca tiene una densidad muy grande, pero mayor aún es la densidad de una estrella neutrónica, y todavía mucho mayor es la de un agujero negro.

Una estrella neutrónica se forma cuando la masa de la estrella es superior a 8 masas solares. Al agotársele el combustible nuclear explota como una supernova (de gran luminosidad instantánea) y el remanente estelar tiene una densidad tan grande—un centímetro cúbico pesa más de 24.000 kilos—que los protones y los electrones se combinan para formar neutrones. En 1967 Anthony Hewish y Jocelyn Bell descubrieron un tipo de estrella que emitía pulsos de radiación a intervalos regulares[7]. (Púlsar, o pulsating star). Poco después se explicó a los púlsares como estrellas neutrónicas. Provistas de muy intensos campos magnéticos, las estrellas neutrónicas giran a buena velocidad emitiendo radiación por sus polos magnéticos, y son como faros giratorios siderales. La brevedad de los períodos de rotación indica que los púlsares tienen un diámetro de pocos miles de kilómetros[8].

Pero queda todavía un destino diferente y más dramático para estrellas de masas aún mayores que las que formarían una estrella neutrónica. Se trata de la formación de agujeros negros, de tan enorme densidad, que su atracción gravitacional determina una “velocidad de escape” igual o superior a la de la velocidad de la luz[9]. En este caso, nada que esté por dentro del “horizonte de eventos” que rodea al agujero negro, ni siquiera los fotones, podría salir al exterior. Este horizonte viene determinado por un radio calculado por Karl Schwarzschild poco después de que Einstein publicara su teoría general de la relatividad, y depende de la masa del objeto:

Schwarzschild

(G es la constante de gravitación universal, M es la masa del objeto y c es la velocidad de la luz). Los agujeros negros fueron predichos por las ecuaciones de Einstein, como demostrarían Stephen Hawking y Roger Penrose en 1967. En su seno se supone que hay una “singularidad”: una región homogénea en la que la curvatura del espacio-tiempo producida por la presencia de masa es tan enorme, que las leyes físicas convencionales ya no son aplicables. Es justamente una condición de singularidad la que se predica para lo que existía antes de que el Big Bang se produjera. LEA


[1] Un kilotón equivale a la fuerza explosiva de mil toneladas de TNT.

[2] No tiene relación con George W. Bush. Como Director del Comité de Investigación de la Defensa Nacional (más tarde Oficina de Investigación Científica y Desarrollo), Vannevar Bush supervisó el Proyecto Manhattan, el nombre código asignado al programa norteamericano para el desarrollo de la bomba atómica. Bush fue un destacado ingeniero eléctrico. Un trabajo que acrecentó su fama de visionario fue publicado en Atlantic Monthly en 1945 (As we may think, que puede encontrarse íntegro en Internet), en el que visualizaba lo que luego se llamaría hipertexto, el lenguaje empleado en Internet: HTML, HyperText Markup Language

[3] Una cancha de squash bajo un estadio de fútbol abandonado.

[4] El primer reactor fue llamado una “pila atómica”: Chicago Pile Number 1, o CP-1.

[5] Los neutrinos son partículas eléctricamente neutras de masa infinitesimalmente pequeña. (Masa cero en reposo). Se conoce tres tipos de neutrinos, cada uno asociado a los tres leptones (partículas livianas que no forman parte del núcleo atómico): el electrón, el muón y la partícula tau.

[6] La pérdida de masa por expulsión causada por el viento solar es insignificante en términos de la masa de la estrella, aunque asombrosa para nuestras proporciones. Cada segundo el Sol expulsa 30.000 millones de kilogramos de su masa.

[7] El primer púlsar descubierto tenía un período de rotación de casi 1,34 segundos. Como el período era muy preciso, Bell y Hewish creyeron al principio que habían conseguido una señal de inteligencia extraterrestre. El descubrimiento subsiguiente de nuevos púlsares permitió desechar esta hipótesis.

[8] El más famoso de los púlsares es el del centro de la nebulosa del Cangrejo. Corresponde en el cielo al punto en el que astrónomos chinos describieran la explosión de una supernova en el año 1054.

[9] La velocidad de escape de la Tierra es la que tiene que alcanzar un móvil para escapar a la atracción gravitacional de nuestro planeta. Los cohetes lanzados hacia la Luna o más allá, debieron superar esta velocidad de 40.320 kilómetros por hora, equivalente a 11,2 kilómetros por segundo.

Share This:

LEA #197

LEA

La cosa se está poniendo muy fea en el entorno planetario. La geopolítica es ahora geotectónica. ¿Cómo evitar el choque de la placa continental de mil doscientos millones de musulmanes contra la de trescientos y tantos millones de estadounidenses? (Más la anexidad inglesa y la israelita). Un salto cualitativo adicional en la nueva guerra del Líbano puede conducir a la apertura de válvulas de escape que tal vez alivien la sismogénica presión.

Sobre un telón de fondo de profundo desarreglo económico—los rendimientos decrecientes de una burbuja de revalorización de bienes raíces, que ha venido financiando la merma en el poder de compra norteamericano por el aparentemente imparable incremento de los precios de los combustibles; el deterioro de la atención hospitalaria a la salud y la complicación en el sistema de seguridad social—los Estados Unidos no estarían muy lejos de un proceso de impeachment de George W. Bush, para replegarse de su sobrextensión por el planeta. Hace nada que la Corte Suprema de Justicia le paró el trote en Guantánamo, y ni siquiera el Chief Justice Roberts, su ostensible aliado, pudo impedirlo. Los Estados Unidos son peligrosos para sus enemigos, pero el gobierno de Bush es ya inadmisiblemente peligroso para los Estados Unidos.

Afganistán, Corea del Norte, Irak, Irán… y ahora la guerra de Israel contra Hezbolá en el Líbano. Son demasiadas emergencias juntas, y ya antes de la emergencia de este último conflicto el embajador de Arabia Saudita en la ONU temblaba ante la posibilidad de una triplicación de los precios del petróleo como secuela de cohetes lanzados sobre el estrecho de Ormuz.

El polemólogo favorito de doctorpolítico contempla un terrible «peor caso» si se repiten «los cañones de agosto», el «efecto dominó» de trabados intereses nacionales que no pudo ser detenido por la más febril actividad diplomática en vísperas de la Gran Guerra de 1918. Si se interrumpe el paso de tanqueros en el neurálgico estrecho, predice, tendremos a los marines ocupando el Zulia o induciéndolo a la secesión tras el escudo del ejército colombiano, y hasta un golpe de Estado en Brasil para llevar sus tropas hasta Maturín, en procura del aseguramiento de los yacimientos de la Faja Petrolífera del Orinoco.

Es con esta nitroglicerina con lo que el delirante Presidente de Venezuela juega, llamando «subanimales» a los imperialistas de los Estados Unidos desde Vietnam, y declarando que «si nos invaden» resistiremos como los vietnamitas. ¿Quién le ha dado derecho de meternos en brete tan preocupante y peligroso? Si los Estados Unidos se dirigen, aparentemente, a su colapso—ya la ocupación de Irak ha costado 800 mil millones de dólares—y se muestran excedidos ¿qué puede pensarse de esta república «quinta» y «bolivariana» que se amorocha con Irán, Bielorrusia y Vietnam, que interfiere en México, Nicaragua y Perú, que soborna a Rusia, Bolivia y Argentina?

LEA

Share This:

CS #197 – Súmate, Únete o Ercóndete

Cartas

Una cierta corriente de la Sociología entiende a esta ciencia como el estudio de los grupos, independientemente de su tamaño. (Desde una pareja hasta una nación). Y ha sido observación de este enfoque que la tríada, el grupo formado por tres entidades o personas, es uno de los grupos más inestables. En teoría, las tres comienzan como pares, pero pronto dos de las tres se encompinchan, se vuelven camaradas, se enamoran. Esto deja a la tercera excluida, relegada, obligada a seguir lo que la díada decida.

El tercero relegado se defiende entonces con una campaña de seducción sobre uno de la díada interna hasta que logra arrancarlo y formar una nueva díada, dejando un nuevo tercero excluido, undsoweiter (y así sucesivamente). Es ésa la dinámica de la tríada.

Para el término del mundial de fútbol de Alemania, el tercero excluido era Teodoro Petkoff. Rosales primero y en minutos Borges se plegaron al ultimátum primarista de Súmate, dejando a Petkoff desubicado: continuaba jugando pero se le había declarado en posición adelantada, íngrimo delante de la meta y con toda la defensa contraria en sus talones. Sus dos compañeros de ataque se habían replegado tras ésta, abandonándolo. La díada Borges-Rosales encontraba difícil reunirse con él, o asistía a sesiones acordadas con harto retraso.

Hoy sin embargo, Borges vuelve a recular y alude a la debilidad de unas primarias de baja asistencia porque «la gente tiene miedo», opina que la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia del viernes pasado, estipulando que Rosales no debe estar en el ejercicio del cargo de gobernador si quiere postularse, debe ser tomada en cuenta y que él será el candidato único. (Dicho sea de paso, el TSJ tenía que decidir como lo hizo. La Constitución no dice nada sobre una necesaria separación de su cargo de un presidente en ejercicio que quiera reelegirse; en cambio incluye un artículo específico, el 229, que dice así: «No podrá ser elegido Presidente o Presidenta de la República quien esté de ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora y Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección». Como se ve, tampoco exige la renuncia del gobernador del Zulia, tan sólo que no esté «de ejercicio»; ni siquiera dice «en el ejercicio». Si se quiere ver en esto una injusta ley del embudo, pues hay razón, pero no debiera haber sorpresa. Como en el caso de tantos dictadores de antaño en nuestro país, la constitución que nos rige fue hecha a la medida del presidente Chávez).

Borges se descoloca él solo, porque lo que debe andar cocinándose es un pacto entre Rosales y Petkoff. Éste no puede oponer a su par zuliano que es el mejor ubicado en las encuestas: Rosales es el primero de los tres y Petkoff el último de los tres, y hay mucho menos distancia ideológica entre Petkoff y Rosales que entre Petkoff y Borges. El autor de Las dos izquierdas difícilmente podría explicar su apoyo a un candidato de centro-derecha. Y así como Borges no podía dejar de atender al llamado de Súmate, tampoco podría dejar de apoyar al líder de Únete (UNT o Un Nuevo Tiempo), si Petkoff le pica adelante.

Así que lo más probable es que no haya primarias (Primero Justicia y COPEI han insinuado que Súmate no puede organizar las primarias exitosamente ni en Altamira), que Súmate eche la culpa del fracaso a los candidatos (como ya lo ha venido preparando) y a la campaña del gobierno en su contra, que Carlos Blanco ya ha reclamado. Lo más probable es que sea Rosales el candidato de la terna, y Súmate tendrá que decidir si continúa cerca de él, que a fin de cuentas era su candidato preferible, o si se radicaliza consistentemente hacia las posturas abstencionistas de Acción Democrática, Pablo Medina o Álvarez Paz. Pero aun cuando Súmate decida esta radicalización, que la separaría del candidato unitario-trinitario, Rosales quedaría marcado como el candidato «de oposición», esto es, como el candidato del 15% de los electores. (Que a estas alturas pueden ser pensados como escindidos en un 10% de participacionistas y un 5% de abstencionistas a ultranza).

………

En ocasión reciente (Carta Semanal #190, del 15 de junio de 2006) fue mencionado acá un hallazgo del encuestador Eugenio Escuela, quien había encontrado, en registro de opinión del mes de mayo, que la mitad (50,25%) de quienes respondían a una pregunta por ubicación política se tenían por colocados en el centro. Si se añade a quienes se confesaron de centro-derecha (14,06%) y a quienes se entienden de centro-izquierda (14,42%), se llega a la suma de 78,73%, prácticamente las cuatro quintas partes de quienes respondieron. (El 70% de los entrevistados).

Después de esa perla se dio a conocer (El Nacional, Descifrado) la encuesta de Hinterlaces que presentaron a cuatro manos Oscar Schemel y el asesor político norteamericano Dick Morris, sobre datos levantados en junio. A pregunta sobre ubicación en chavismo, oposición o categoría que no es ninguna de las otras dos, 35% dijo ser chavista, 15% opositor y 49% «ni-ni». Por otro lado, el mismo estudio medía una intención de voto de 55% a favor de Chávez, 7% para Rosales, 5% por Borges y 4% por Petkoff. (Para Smith, 2%, después de ¿diez millones de pasos?) Pero también encontraba que 17% quería «otro distinto» (más que el trío BPR unido), y 10% estaba por el candidato Nosabe Ninguno Nocontesta.

La Ficha Semanal #57 (Manual del outsider, 2 de agosto de 2005) y la Carta Semanal #68 (El outsider), del 9 de enero de 2004, trataron de la atractriz del outsider, un cauce disponible como salida eficaz, como viraje pronunciado de la dinámica política en la Venezuela de estos días. Y hace dos semanas se reproducía acá (Carta Semanal #195) un capítulo escrito el año pasado para un libro (Chávez es derrotable) editado por don Fausto Masó: Tío Conejo como outsider. Éste, a su vez, refrescaba un concepto expuesto en el #131 de la Carta Semanal de doctorpolítico (31 de marzo de 2005): «Siendo que Chávez tiene el mayor control del poder posible en Venezuela—político, militar, económico—una oposición al estilo cacical debe fracasar. Es un brujo, no un cacique, quien puede suceder a Chávez a corto plazo. (2006). No es otro ‘tío tigre’ menor que pretenda discutirle la posición alfa a Tío Tigre en su manada. Es Tío Conejo». Es difícil pensar en otra figura a la que le queden mejor el disfraz y el carácter de Tío Conejo que a Benjamín Rausseo.

Er Conde der Guácharo, hasta donde se la ha visto actuar, no ha incurrido en desatinos, y desde su humor—»MVR lo que significa es Me Volví Rico», «la diferencia entre Chávez y yo, que somos ambos feos y de pelo malo, es que yo vivo en Venezuela»—ha sido el más corrosivo competidor que se haya levantado ante «el líder del proceso». Sería verdaderamente Tío Conejo si estuviera pendiente de su seguridad, pues aparentemente sólo su desaparición física impediría que sus dardos desinflen la pomposidad mussolinista de Chávez y sus pretensiones de némesis de George W. Bush.

………

De Wikipedia: «El Guácharo (Steatornis caripensis) es un ave sudamericana de la familia Steatornithidae (única especie) y son conocidos como las aves de las cavernas o los pájaros aceitosos, una derivación de su nombre en otras lenguas europeas (p.ej. latín steatornis; alemán: Fettschwalm; inglés: oilbird.) Es la única especie de su familia y género, la única ave frugívora nocturna de su orden (los Caprimulgiformes), y una de las pocas aves, y la única nocturna, que navegan por los ecos en condiciones de baja luz.

Vive en colonias en el interior de profundas cavernas. Durante el vuelo nocturno fuera de las cavernas, arranca sus principales alimentos (nueces de palma) con su poderoso pico ganchudo. Mientras vuelan en cavernas oscuras, los guácharos emplean un sistema de orientación por ecos similar al sonar, produciendo ‘cliqueos’ audibles de frecuencia de 7.000 ciclos por segundo. Se puede oír fácilmente cuando el pájaro está en vuelo. A las 10 semanas de nacidas, las crías tienen 50 por ciento más de peso que sus padres. El cuerpo de los polluelos está lleno de grasa y se sabe que éstos comen un cuarto de su peso cada noche.

El guácharo vive en varias partes de la cordillera de los Andes desde la isla de Trinidad por lo menos hasta Bolivia; también se ha reportado en Brasil.

El guácharo fue descrito por Alejandro de Humboldt durante su viaje a Sudamérica en 1799. Lo observó en la Cueva del Guácharo, en Caripe, Venezuela. El nombre científico de la especie, Steatornis caripensis, significa ‘ave grasosa de Caripe’. La Cueva del Guácharo es el centro del Parque Nacional Cueva del Guácharo, y del Monumento Nacional (el primero establecido en Venezuela) ‘Alejandro de Humboldt’.»

El 8 de mayo de 2003 se hacía en la carta #35 la siguiente observación: «Un cierto matiz avícola ha teñido recientemente la política nacional. Desde el orgulloso anuncio de la importación de tres mil toneladas de pollo que ofreciera Chávez Frías, pasando por su previo dibujo de los estratégicos gallineros verticales y las ejecutorias criminales del prócer revolucionario Manuel Arias—alias ‘Pollo Ronco’—hasta las imágenes gallináceas que maneja con insistencia Henrique Salas Römer». Pero aunque la candidatura de Rausseo es aun mucho más ornitológica que la del jefe de Proyecto Venezuela, no tiene nada de gallinácea, como acabamos de ver.

………

Al anochecer del día que el coronel Soto alcanzara su efímera fama—cuando una patrulla de policía militar quiso prenderle y debió retirarse con el rabo entre las piernas, impedida por una acción de enjambre, por una espontánea aglomeración de vehículos y ocupantes protectores—y fue a tener en hombros hasta la Plaza Francia y más tarde a las afueras de La Casona, el conductor de un programa radial llamó a un analista político para hacerle la siguiente pregunta: «Dime ¿tú crees que el coronel Soto es el líder que la sociedad civil ha estado esperando?» Semejante interpelación, por supuesto, era un signo inequívoco de la sequía dirigencial del territorio no chavista, que hasta ahora no había visto candidatos que resonaran con el alma venezolana.

En cambio, ahora asistimos al despegue de un famoso cohete que, según parece haber medido Eugenio Escuela, en cuestión de días hace que la intención de voto por Chávez haya mermado hasta 40% y alcance por su cuenta 30% a su favor. Unos cuantos días más y tendremos un empate técnico, y si el cohete continúa en ascenso, Chávez quedará asolado en el piso del 35% chavista medido por Hinterlaces y habrá sido superado por Rausseo.

Como ha apuntado acertadamente el profesor Antonio Cova, Rausseo ha cortado el nudo gordiano de la abstención al mostrar el tramojo del método ucraniano contra un intento de fraude electoral, en señal de doble filo: una advertencia al gobierno y una superación de los abstencionistas, sin siquiera discutir con ellos. E Ignacio Ávalos así lo caracteriza: «Tipo popular, de físico criollo a más no poder, ideal, argumentan, para echarle una vaina a Chávez, al margen de que no se sepa de sus ideas políticas, de su diagnóstico sobre el país, mucho menos de las proposiciones que tiene para gobernarlo. Pero no importa, es el Chávez de los que no quieren a Chávez».

Es más bien otra cosa que esto último. En un país organizado como Schemel-Morris lo han medido, la polarización entre Chávez y un «candidato único de oposición» daría el triunfo al primero, pero, en contra de lo intuitivo, en una campaña entre tres—Chávez, Rosales, Rausseo—el primero pudiera perder sin que todo su poder sea capaz de impedirlo. Rausseo, aunque no lo ha dicho, es el más genuino ofertante hacia los «ni-ni», hacia el centro que es la inmensa mayoría nacional.

Hace seis meses no quise poner atención a un amigo siempre sorprendente que me advertía: «Hay un grupo que está reuniendo un ‘pote’ para lanzar al Conde del Guácharo, pues estima que a la procacidad de Chávez sólo puede oponérsele otra, y cuidado como se convierte en un fenómeno electoral». Pero ahora estoy a punto de creer que Rausseo puede suceder a Chávez y Castro puede ser sustituido, no por su hermano Raúl, sino por Álvarez Guédez. Ya sintonizan con el eco de orientación serísimos abogados. Uno de ellos querría sugerir al bunker de Musipán que se considere el nombre del accidentado Jorge Rodríguez como Ministro de Vivienda: si fue capaz de meter dos millones de habitantes en una sola casa…

Chávez será el miedo, Rosales tomará prestado el lema teodorista «contra el miedo», Rausseo será la risa, que bastante falta nos hace y nunca pudo Salas Römer devolverle a Venezuela.

LEA

Share This:

FS #104 – Chávez habemus

Fichero

LEA, por favor

La Ficha Semanal #104 de doctorpolítico reproduce un texto escrito y transmitido por correo electrónico, en horas de la tarde del 2 de diciembre de 1998, por el ingeniero de petróleo venezolano Marco Antonio Suárez, cuatro días antes de que el actual presidente fuera electo.

Conocí a Tony en Maracaibo, donde ya mostraba el carácter quirúrgico de su pluma en artículos que publicó, entre 1989 y 1990, el diario La Columna. Al tiempo de reiniciar actividades El Diario de Caracas en 1998, fui invitado a colaborar con artículos para sus páginas y pocas horas antes de la elección presidencial de ese año opté por servir de anfitrión al ingeniero Suárez, reproduciendo su potente y hermoso texto. Me limité a precederlo de las siguientes notas:

«Cuando he podido sentarme a teclear ya es viernes, 4 de diciembre, por la tarde. No ha votado aún, entonces, el pueblo de Electores. Pero yo creo que todo el mundo sabe ya, y el primero que lo sabe es Henrique Salas Römer, experto interpretador de encuestas, que Hugo Chávez Frías es el nuevo Presidente de la República de Venezuela.

Esto la sabía Salas el mismo 8 de noviembre. De allí su cara de preocupación y su irritabilidad. Habrá que reconocerle a Salas, no obstante, un manejo muy inteligente de sus posibilidades, con un gran sentido del timing y la valerosa constancia de luchar hasta el final, aunque se supiera perdido. Pero hasta Datanálisis, la encuestadora que más le favoreció, le tenía como perdedor por unos quince puntos de diferencia. Con estos resultados es prácticamente imposible que Salas Römer pueda ahora liderar un futuro partido conservador en el que encontraría unos cuantos competidores. La estructura convergentoide del Proyecto Venezuela no es un trozo suficientemente grande como para dominar la próxima reagrupación de la derecha venezolana.

Ha ganado la izquierda nacional. Ha llegado Chávez, y sólo queda esperar que se parezca más a Mitterrand que a Castro. Su margen de maniobra económico es más bien estrecho. Acá no puede inventar demasiado. Y en lo político no es tampoco omnímodo, a menos que quiera intentar la dictadura. No podrá hacerlo.

Los casi dos meses que nos separan de su asunción efectiva al poder son cruciales para establecer, ante su esquema en su versión más cruda y beligerante, un curso más sereno y sensato. Es una enorme responsabilidad gobernar. Es una terrible responsabilidad entrometerse con la historia. Ante lo que está planteado, en todo caso, la actitud de fuga es necia y es cobarde. Ahora es cuando esto se pone bueno. Ahora es cuando hay que fajarse a trabajar.

Vienen nuevos actores al proscenio político. Y no son solamente los del polo ‘patriótico’, que de todas formas muchos de sus actuales miembros continúan siendo portadores de un viejo paradigma de Realpolitik».

LEA

Chávez habemus

Libero a mis amigos y a mi familia de todas las cosas que les he dicho sobre Hugo Chávez. Los dejo al libre albedrío de sus voluntades. Finalmente he comprendido que el 7 de diciembre tendremos que aceptar que el hombre de la verruga en la frente será el presidente electo de Venezuela. Porque he comenzado a entender que la gente de mi país no está eligiendo a Chávez, está expresando un sentimiento que desde más adentro que el impacto de cualquier cuña electoral les dice a los usurpadores de la democracia y del tesoro nacional: basta.

Ha podido ser cualquiera, Chávez sólo cabalga sobre la cresta de la ola. Empezó siendo Irene, hasta que el vampiro COPEI se arrodilló a chuparle la inexperta sangre. Ha podido ser Salas, y realmente creí que pudiera haber sido Salas el estandarte del cambio pacífico, si ya no estuviese condenado al untarse sin querer queriendo de la bazofia adeca de la boca de Ixora y Morales Bello: le cuidaremos los votos.

Pero es Chávez, montado sobre una ola de genuina rabia y asco profundo, quien se ha convertido en el heraldo y en la patada de los que quieren decirle al patético y vergonzoso circo adeco: fuera; al fúnebre y tragicómico draculismo copeyano: fuera; al oportunismo voltiarepas masista: fuera. (Ya deben estar advertidos).

Bienvenido sea, entonces, Chávez presidente, desde lo más profundo de mis miedos y mis oscuras nubes que presagian tormenta. Y no es miedo a Chávez; el tipo se la ha ganado en buena lid en un debate donde la profundidad es escasa.

La nuestra es democracia coja hasta por ahí, nos guste o no. Anoche cuando lo veía en un programa de televisión internacional sus limitaciones se me hicieron escandalosomante evidentes, pero eso no importa ya. El problema de Venezuela es muy superior a Chávez en este fin de siglo tropical y deliafiallesco.

Es el mensaje que le mandamos al mundo de elegir al hombre de las nueve caras, The Economist dixit. Es el temblor de una economía frágil en un entorno universal también frágil. Es una señal caótica que emite un país proveedor de buena parte de la energía que mueve al planeta, commodity que andará de capa caída. Es caos dentro del caos global, que nos arrastra en una bajada de montaña rusa, a pesar de las buenas intenciones del presidente electo del 6D, que de seguro las tiene.

No lo culpo a él, ni a la gente que hoy lo ve como un mesías de las circunstancias de los años cuarenta. Pienso que en ese puntapié al mero coxis de AD y COPEI se nos van a ir también veinte años de reconstrucción nacional. No está mal. Somos un país de jóvenes. Pero tendremos que pagar el learning curve de Hugo Chávez y su equipo. Y nos va a salir costosísimo el adiestramiento.

………

Lo que he dicho arriba no quiere decir que yo me haya sumado a la corriente. No puedo votar por Chávez. Hago uso de mi muy democrático derecho a disentir. Por mucha arrechera que también tenga encima no pretendo lanzarme del trampolín sin saber si la piscina tiene agua, o por lo menos si hay piscina. No he visto en Chávez ni la intuición de saber gobernar esta complicación llamada Venezuela. No le he leído una frase coherente, sino efectista; no le he escuchado una propuesta sabia, sólo una denuncia hiperbólica llena de malabares. Lo cual no me impide ver que su triunfo es inminente y hasta posiblemente necesario. Creo que en su rabia represada los venezolanos estaremos tomando una decisión propia de ignorantes.

Y eso es válido. Hace unos cuarenta años, la educación primaria en Venezuela gozaba de estándares muy altos, que la calificaban como una de las mejores del continente. Hoy, en los albores del milenio, las cifras comparativas colocan a la educación venezolana a niveles del sub-Sahara, por encima apenas de países con condiciones paupérrimas del cuerno de África. ¿Qué nos pasó? En nuestro gran esfuerzo de masificar la educación y llevarla a todos los rincones, descuidamos la calidad y la preparación, nos interesó el volumen sin importarnos el producto. Los maestros pasaron de ser dignos representantes comunitarios a lamentables parias malhablados y llenos de carencias.

En cuarenta años la democracia venezolana ha preparado una generación completa de ignorantes, educados mediocremente, que leen y escriben su propia lengua mediocremente, mientras el chorro petrolero nos pasaba a todos por encima en cantidades encandilantes e iba a parar a bolsillos más que identificados, los mismos que de quienes hoy se rasgan las vestiduras. He aquí la combinación de la cual Hugo Chávez es producto: Venezuela está a punto de tomar una decisión marcada por la ignorancia innata de toda una generación estafada por nuestra versión de democracia.

Hay que aceptar la lección y aprender de ella. Somos un campanazo para América Latina, dicen las «imparciales» publicaciones globales. Ya una vez lo fuimos, y a lo mejor ése es nuestro papel en la historia. Nos toca vivir las consecuencias de ese campanazo, nos toca agarrarnos duro de los pasamanos de este vagón que nos lleva cuesta abajo con espeluznante vértigo.

Ya ni siquiera hace falta pensar en los culpables, que en su hirsuto afán de aferrarse a cualquier tipo de poder no se detienen a pensar que están frente a lo que crearon, y que lo mejor es encararlo con una dignidad que desconocen. Ojalá que entre la miríada de interrogantes que Chávez se niega a responder con algún dejo de claridad esté escondida en alguna parte una declaración de emergencia de la educación venezolana. Si alguno, ése debe ser su legado.

Porque una vez electo, no son cinco, ni diez, son veinte años antes de que volvamos a ver luz. Y mientras tanto una nueva generación podrá educarse para que estos resbalones históricos no vuelvan a suceder. Para que la retórica superficial y sabanera no vuelva a ser protagonista. Para que los adornos baratos del lenguaje no sustituyan la discusión seria.

Por lo pronto, Chávez habemus, con todo y verruga. Es nuestra manera particular de recibir el siglo XXI. Por ahora.

Marco Antonio Suárez

Share This:

LEA #196

LEA

El término «sociedad civil» se ha hecho de uso común en los últimos años. A comienzos del gobierno de Hugo Chávez una referencia al mismo por parte de Elías Santana, de larga trayectoria como dirigente civil, provocó el despectivo comentario de Luis Miquilena: «¿Con qué se come eso?» Vale la pena detenerse en su significado, sobre todo cuando ahora se prepara una «hoja de ruta» de «la sociedad civil» y se convoca a reuniones para considerar «el curso de acción política de la Sociedad Civil de cara al 2007». (En la convocatoria de una reunión específica sobre este asunto, se añade: «Tendremos a varios voceros de ONG’s invitados», y en la mención del año próximo hay una suerte de admisión de la inevitabilidad de la reelección de Chávez, puesto que la invitación acoge sólo a opositores al gobierno).

El Banco Mundial entiende por sociedad civil «una amplia gama de organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro que están presentes en la vida pública, expresan los intereses y valores de sus miembros y de otros, según consideraciones éticas, culturales, políticas, científicas, religiosas o filantrópicas. Por lo tanto, el término organizaciones de la sociedad civil abarca una gran variedad de organizaciones: grupos comunitarios, organizaciones no gubernamentales, sindicatos, grupos indígenas, organizaciones de caridad, organizaciones religiosas, asociaciones profesionales y fundaciones».

Pero a veces esta «sociedad civil», entendida como conjunto de organizaciones civiles no partidistas, pretende que se la tenga por coextensiva a lo que gente como Jóvito Villalba y Gonzalo Barrios denominaba «el país nacional», en contraposición a su noción de «país político». (El Estado y los partidos, en particular sus dirigentes). Más específicamente, se quiere hacer creer que «la sociedad civil», entera, está opuesta a Chávez. Resulta, sin embargo, que los Círculos Bolivarianos, por caso, están incluidos en la definición del Banco Mundial. Más transparente y veraz sería admitir que se habla de la parte opositora de «la sociedad civil», pues hay organizaciones no gubernamentales que son neutras o apoyan al gobierno.

A mediados de la década de los ochenta jugué con la idea de postularme uninominalmente al Senado de la República. Por ese tiempo fui invitado a hablar de temas generales de política—incluían, por ejemplo, el problema de la integración latinoamericana—a un grupo de dirigentes vecinales de varias partes del país que asistían a un taller en Caracas y mi pretensión salió a relucir. Recuerdo haber advertido que si finalmente entraba en campaña, y quisiera el apoyo de electores del estado Miranda, donde resido, jamás les pediría ese apoyo en tanto dirigentes vecinales, sino como ciudadanos. Así como las organizaciones vecinales resentían, con razón, el intento partidista de penetrarlas y cooptarlas, tampoco era apropiado que ellas rebasaran su competencia para intervenir en asuntos estrictamente políticos.

No se adquiere, pues, ningún título especial para la actividad política por el mero hecho de pertenecer a una ONG, y lo que debe surgir de la sociedad venezolana es un nuevo tipo de asociación política de ciudadanos. Ni el neoadequismo de Un Nuevo Tiempo, ni el neocopeyanismo de Primero Justicia, ni el neosocialismo (por inventar) prepotente del MVR son lo que se necesita, pero tampoco lo es una coalición de ONG formuladas como entidades opositoras al gobierno, que no serían otra cosa que una Coordinadora Democrática sin partidos.

LEA

Share This: