Poco ruido y muchas nueces

La fiesta familiar del Cascanueces

 

En esta época del año, provoca la sensación de un misterio más alto y el sentido espiritual de la buena voluntad. Sin el Cascanueces, todos seríamos más pobres.

David Bintley, Director del Ballet Real de Birmingham

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Oiremos el estampido de un cañón de juguete que señala el comienzo de la batalla entre el Cascanueces y el Rey de los Ratones, sin duda, pero eso es todo el ruido—y el de los platillos, bombo y redoblantes—de este ballet maravilloso y navideño. Todo lo demás es música hermosa.

Tchaikovsky por Kuznetsov

En su estreno de 1892—el 18 de diciembre, en doble tanda con su ópera Yolanta—, escenificado en el Teatro Imperial Mariinsky de San Petersburgo, el tercero y último ballet de Pyotr Ilyich Tchaikovsky tuvo más éxito en tanto música que como espectáculo de danza, y luego la Suite No. 1 (op. 71a) popularizó los números que nos son más familiares. Hoy en día, por supuesto, y por este tiempo, es visto por millones en todo el mundo, especialmente en los Estados Unidos. En 1940, Walt Disney presentó su aclamada película Fantasía, y la Suite era el segundo de los números animados, tras la Tocata y Fuga en Re menor de J. S. Bach. Cosas como éstas han hecho de la música del Cascanueces una de las obras más conocidas por los grandes públicos de todas partes.

Première en San Petersburgo

Cascanueces es el más corto de los ballets de Tchaikovsky, pero aun así contiene bastante más música que la Suite No. 1. El propio compositor hizo una segunda selección (Suite No. 2, op. 71b) que es menos frecuentemente ejecutada. Ella agrupa siete otros números de la obra, todos los cuales están incluidos en la selección que aquí se trae junto con material adicional, interpretados por la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige André Previn, su titular entre 1968 y 1979.

El primer número aquí ofrecido es Comienzo del hechizo, del Acto I. El abuelo de Clara le ha regalado un cascanueces que es un muñeco soldado, y éste cobrará vida en el escenario una vez que los invitados se hayan ido y Clara vaya a dormir.
Comienzo del hechizo

David y Nicholas Schultz danzan la pelea

Este hecho mágico conviene mucho a Clara, quien recibe o sueña el ataque de numerosos ratones mandados por su monarca. El Cascanueces la defiende con fiera oposición de los soldados de jengibre que dirige a los roedores, mientras él se encarga personalmente del Rey de los Ratones.
Batalla del Cascanueces con el Rey de los Ratones

Como era de esperar, luego de su triunfo el cascanueces en forma de soldado se transforma en príncipe, y emprende viaje con Clara en un bote de nuez halado por delfines hacia el Reino de Confituremburgo, donde serán recibidos por el rey y la reina. La música que los acompaña corresponde a la partida en la Escena en el bosque de pinos.
Viaje por la nieve

La nieve también baila

Todavía en el bosque, son agasajados por los copos de nieve que bailan un vals en su honor, en el que suena un coro de voces infantiles.
Copos de nieve

Recibidos por la pareja real, Clara y el Príncipe verán varias danzas protagonizadas por diferentes golosinas o bebidas, como celebración del valor de nuestros héroes en la batalla que han dejado atrás y él ha referido al Hada de Ciruela Azucarada, quien organiza el baile. En la Suite No. 1, nos hemos acostumbrado a escuchar la danza rusa (Trepak, con bastones de caramelo), la danza china (Té) y la fascinante danza árabe (Café). Aquí tenemos al Chocolate o Danza española.
Chocolate – Danza española

Y bajo la falda de Mamá Liebre se esconden sus polichinelas, que salen de ella a bailar alborozados.
Mamá Liebre y los payasos

El Pas de deux de Maria Kochetkova y Davit Karapetyan

Por último, la propia Hada de Ciruela Azucarada concluye el baile en el hermoso Pas de deux acompañada por su Cavalier. El estrépito del tutti orquestal es incapaz de ahogar la aguda voz del flautín. (Se dice que Tchaikovsky recibió el reto de hacer una melodía con las notas sucesivas de una escala musical. Las notas del hermosísimo tema del Pas de deux son, por cierto, las de una escala descendente).
Pas de deux

Entonces una Coda prepara el terreno para el Vals Final y Apoteosis del Cascanueces. Una vez más, el flautín, que es el instrumento más pequeño en una orquesta sinfónica, no puede ser opacado por todo el resto de los instrumentos tocando forte. Su timbre es único, penetrante, inconfundible. (Parábola política: discutiendo, en septiembre de 1987, los rasgos de la campaña indicada para un outsider que pretendiera la Presidencia de la República, en Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, escribí: «Por el mismo hecho de plantearse una campaña de es­tilo diferente es como se daría la posibilidad de distinguir el mensaje en un mar de ruido electoral, en la cacofonía de las abrumantes campañas tradi­cionales, como un minúsculo flautín clarísimo lo hace dentro de un tutti orquestal»).
Coda
Vals final y Apoteosis

Las sorpresas llegan en punta de pie

De manera que el Cascanueces da para todo, aun para modelar subrepticiamente las sorpresas en política, de las que una pudiéramos ver en 2012. Claro, su significado fundamental es la alegría de la Navidad, que deseo plena a los amables visitantes de este blog. LEA

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No hay navidad sin cascanueces

Edgar Degas: Bailarinas haciendo reverencias

 

El ballet es danza ejecutada por el alma humana

Alexander Pushkin

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Ocurren melodías de lo más memorables en la música compuesta para el ballet. Es natural; se trata de apoyar la estética de una experiencia visual, la coreográfica, con música bella.

Claro que la idea de lo que es hermoso varía de cultura a cultura y de época a época. El ballet es forma de arte relativamente reciente, originada en el siglo XV de la Italia renacentista como representación de la esgrima en obras para la escena. Es en 1661 cuando Luis XIV funda la Académie Royale de Danse, siendo que él mismo era un entusiasta bailarín, y ciertamente la estética occidental ha variado desde esta fundación del ballet clásico por el Rey Sol.

Del mismo modo, la música de ballet ha seguido la fluctuación del gusto con el tiempo, como lo atestigua la muestra seleccionada en esta nueva ocasión de compartir música cuya belleza aprecio. No hay duda de que la profundidad musical de estas piezas, con excepciones, es menor que la exigible en una misa de Mozart o una sinfonía de Brahms; estamos ante música cuya función es auxiliar de lo que se muestra en el teatro, una musicalización para el espectáculo de la danza, como lo son los sound tracks que apoyan la línea narrativa del cine. Es esto mismo, en todo caso, lo que pide música que no sea complicada—otra vez, con excepciones en el tratamiento más moderno—, que sea fácil y pegajosa, lo que no obsta para que alguna música de ballet sea de muy gran calidad.

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Ante el pino de Cascanueces

Seguramente es el rey y el sol de la música para ballet el ruso Pyotr Ilytch Tchaikovsky. Sus tres composiciones para danzar son extraordinarias obras en concepción dramática, orquestación, rítmica, variedad sinérgica y melodía. He aquí tres números tomados de cada uno de sus tres ballets, por orden de su composición: El lago de los cisnes, op. 20; La bella durmiente, op. 66; El cascanueces, op. 71. Del primero de ellos, su número 23, que es una mazurca, dirigida con potencia característica por Antal Doráti, al mando de la Orquesta de Minnesota. Del segundo, su famoso Vals final, que los niños aprenden a disfrutar con la película de Disney y aquí es interpretado por la Orquesta Sinfónica de Londres que dirige Anatole Fistoulari. Finalmente, del ballet navideño por excelencia, su Obertura miniatura por la orquesta anterior y, de nuevo, Doráti.

El lago de los cisnes
La bella durmiente
El cascanueces

Coppelia: la niña con ojos de esmalte

Mudados a Francia, la patria del ballet y tierra de maravillosos melodistas, escuchemos primeramente la Navarresa de la música de ballet en El Cid, ópera de Jules Massenet. (Sí, la ópera no tardó en valerse de la danza para enriquecer su concepto de espectáculo total). La interpreta aquí la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, dirigida por el inevitable Gustavo Dudamel. A continuación, la Orquesta de Filadelfia bajo la familiar batuta de Eugene Ormandy toca, de la ópera Fausto de Charles Gounod, el hermoso Moderato con moto de su ballet. Luego dos piezas de Léo Delibes, de sus ballets más famosos, Sylvia y Coppelia. El Valse lente de Sylvia lo oímos con la Orquesta del Teatro Nacional de la Ópera de París, dirigida por Jean-Baptiste Mari, quienes nos ofrecen también la Mazurca de Coppelia, La fille aux yeux d’émail.

El Cid
Fausto
Sylvia
Coppelia

El ballet de un forajido

Un nuevo traslado nos lleva, en idéntico trayecto al que recorriera la Estatua de la Libertad, hasta los Estados Unidos a encontrarnos con música de Aaron Copland para su ballet Billy the Kid. Uno tras otro, el número correspondiente a la aprensión de Billy por una comisión de captura que dispara y la música divertida que le sigue. (Billy birla la llave al carcelero mientras juegan a las cartas y logrará escapar). Una vez más, Ormandy dirige a los músicos de Filadelfia.

Billy the Kid

Roberta Márquez, la llama que vuela

Ahora regresamos a Rusia, sólo que en el siglo XX, dado que acabamos de dejar a Copland. Para no abandonar de un todo a los estadounidenses, es la misma Orquesta de Filadelfia, liderada por quien fuera su titular después de Ormandy, el vigoroso Riccardo Muti, la que ejecuta el número Montescos y Capuletos, del Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev. Después, del mismo compositor, el Vals de Cenicienta y Medianoche, por la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo que conduce Yuri Temirkanov. Rusia, en tanto Unión Soviética, dominaba el país de Aram Khachaturian, Armenia. De su ballet Gayané, escucharemos la Canción de cuna en los instrumentos de la Orquesta Sinfónica de Londres comandada por—¿quién más?—Antal Doráti. En esa Rusia dominadora nació e hizo su primera música el emblemático Igor Stravinsky, que compuso para los Ballets Russes de Sergei Dhiagilev. La segunda de las obras comisionadas por este empresario radicado en París fue Petrushka (1911), y su número La bailarina y el moro (del Tercer Cuadro) lo interpreta también la Orquesta de Filadelfia dirigida por Muti. El tercer ballet de Stravinsky fue presentado en 1913 en medio del escándalo del público parisino, que motivó presencia policial a partir del intermedio luego de los abucheos y protestas que recibieron su primera parte. Hablo de la Consagración (o Rito) de la Primavera, dos de cuyos fragmentos contiguos—Evocation des ancétres, Action rituelle des ancétres—dirige Pierre Boulez y toca la Orquesta de Cleveland. Y del Segundo Cuadro de L’oiseau de feu (El pájaro de fuego, 1910), el mismo Boulez dirige ahora a la orquesta Filarmónica de Nueva York para la solemne conclusión de esta música ígnea: Disparition du Palais et des Sortilèges de Kastchei, Animation des Chevaliers Pétrifiés, Allégresse Générale.

Romeo y Julieta
Cenicienta
Gayané
Petrushka
La consagración de la primavera
El pájaro de fuego

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El fuego brilla también, y muy calurosamente, en Andalucía. El gaditano Manuel De Falla compuso la hermosa música de El amor brujo, cuyo número más famoso es la Danza ritual del fuego. El video que sigue cierra con esa pieza, seguida de inmediato por la Canción del fuego fatuo, esta ofrenda navideña. Gracias a Carlos Saura—a quien Carlos Fuentes llamó junto con Geraldine Chaplin «demiurgos del pastelón podrido de Madrid» en su dedicatoria de Terranostra (1975, el año cuando Francisco Franco moriría)—por la película en la que Antonio Gades y su gente, en la que resalta Cristina Hoyos, recrean como ningunos otros ese ballet con música española. Feliz Navidad. LEA

La música en esta entrada puede descargarse del canal en ivoox de Dr. Político.

Las fotos pequeñas se amplían con un clic.

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Más música política

Gabriela Montero: el arte puesto de pie

Son muchos los ejemplos de música con intención o inspiración política. Tanto la música popular como la que llamamos culta o clásica alojan un buen número de piezas con tal carácter. (Ver en este blog, por ejemplo, Música política). He aquí una colección abigarrada, que comienza por lo que pudiera considerarse el himno de la democracia, la Fanfarria para un hombre común, de Aaron Copland, quien optó por celebrar a la gente común y corriente en lugar de algún héroe o hazaña. En esta ocasión la interpreta la maravillosa Orquesta de Filadelfia, dirigida por Eugene Ormandy. (Puede compararse con una versión por la Orquesta Sinfónica de Detroit, dirigida por Antal Doráti, en Música política):

Buena parte de la carga política en la música popular viene expresada en testimonios de la pobreza. Lamento borincano, cantada aquí por Marco Antonio Muñiz, es una queja campesina que contrasta los sueños de un padre pobre con su fracaso: el jibarito va pensando así, diciendo así, llorando así por el camino: ¿que será de Borinquen, mi Dios querido, que será de mis hijos y de mi hogar?

Construçao, en cambio, de Chico Buarque de Holanda, es una tragedia urbana, la muerte de un obrero albañil que cae al tropezar desde lo alto de una obra. Como una canción de nuestro Vicente Emilio Sojo, la última palabra de cada verso es esdrújula. He aquí su letra:

Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido
Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima
Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música
E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido
Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego
Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho seu como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado
Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego
Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo
E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido
Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público
Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro
E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contramão atrapalhando o sábado

En la misma onda, el clásico Sixteen tons (canción de Merle Travis; ver la magnífica versión de The Platters, en la rica voz baja de Herb Reed en Una docena más) describe la alienación de los mineros de carbón, amarrados de por vida a las compañías explotadoras de los yacimientos y sus obreros. (You load sixteen tons, what do you get/Another day older and deeper in debt/Saint Peter don’t you call me ‘cause I can’t go/I owe my soul to the company store). Quien popularizó esta canción fue Tennessee Ernie Ford, que la canta acá:

Todavía en situación peor, la gente encarcelada es cantada en Prison song por Graham Nash—formó parte del grupo Crosby, Stills, Nash & Young—, quien asegura que la gente rica no paga penas carcelarias: And here’s a song to sing for every man inside/If he can hear you sing, it’s an open door/There’s not a rich man there who couldn’t pay his way/And buy the freedom that’s a high price for the poor.

David Crosby y Graham Nash en Occupy Wall Street (clic amplía)

Puede cantarse a los héroes de epopeyas revolucionarias, personajes concretos o caracteres genéricos como el de Canción del elegido, obra de Silvio Rodríguez interpretada por Soledad Bravo, quien grabó un álbum de canciones de la Nueva Trova Cubana.

El romance de personajes de reparto

Hablando de epopeyas, en 1960 se estrenó el filme Éxodo, dirigido por Otto Preminger, que narra el episodio de unos refugiados que se trasladaban en barco en momentos de la fundación del Estado de Israel. Su tema musical se convirtió en un éxito principalmente por la versión del dúo de pianistas Ferrante & Teicher. Aquí se pone en la interpretación de nadie menos que Edith Piaf, el Ruiseñor de Francia.

Por supuesto, es una mordaz crítica a los valores sociales pervertidos el famosísimo tango Cambalache, de Enrique Santos Discépolo. Un cantautor que siempre ha tenido carácter protestatario, Joan Manuel Serrat, la expone en este archivo:

Ese mismo cantante profiere un reclamo más extenso en El sur también existe:

Con menor aspereza, John Lennon compuso y canta aquí Imagine, una canción que la revista Rolling Stone colocó en el tercer lugar de las quinientas canciones más grandes de todos los tiempos.

La canción We are the world, compuesta por Michael Jackson y Lionel Richie, reunió un supergrupo de estrellas en 1985 para producirla. La canción vendió más de veinte millones de copias, y los ingresos fueron destinados a aliviar el hambre africana (recaudó 63 millones de dólares).

There comes a time when we heed a certain call (Lionel Richie)
When the world must come together as one (Lionel Richie & Stevie Wonder)
There are people dying (Stevie Wonder)
Oh, and it’s time to lend a hand to life (Paul Simon)
The greatest gift of all (Paul Simon/Kenny Rogers)

We can’t go on pretending day by day (Kenny Rogers)
That someone, somewhere will soon make a change (James Ingram)
We’re all a part of God’s great big family (Tina Turner)
And the truth (Billy Joel)
You know love is all we need (Tina Turner/Billy Joel)

  (CORO)
  We are the world, we are the children
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Michael Jackson)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Diana Ross)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Michael Jackson/Diana Ross)

Well, send ‘em you your heart so they know that someone cares (Dionne Warwick)
And their lives will be stronger and free (Dionne Warwick/Willie Nelson)
As God has shown us by turning stone to bread (Willie Nelson)
And so we all must lend a helping hand (Al Jarreau)

  We are the world, we are the children (Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Kenny Loggins)
  Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Steve Perry)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Daryl Hall)

When you’re down and out there seems no hope at all (Michael Jackson)
But if you just believe there’s no way we can fall (Huey Lewis)
Well, well, well, let’s realize that a change can only come (Cyndi Lauper)
When we (Kim Carnes)
stand together as one (Kim Carnes/Cyndi Lauper/Huey Lewis)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bob Dylan)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Bob Dylan)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  Oh There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)

  We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Stevie Wonder)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Stevie Wonder)

  We are the world, we are the children (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Stevie Wonder/Bruce Springsteen)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Bruce Springsteen)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Bruce Springsteen)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos)

  We are the world, we are the children (James Ingram)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (James Ingram)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Ray Charles)

  We are the world, we are the children (Todos)
  We are the ones who make a brighter day so let’s start giving (Todos)
  There’s a choice we’re making we’re saving our own lives (Todos/Ray Charles)
  It’s true we’ll make a better day just you and me (Todos/Ray Charles)

Sibelius y Ormandy en la casa de campo del primero

Si entramos a otra dimensión, la música culta nos proporciona música de independencia y liberación. Éste es el caso de Finlandia, el opus 26 de Jan Sibelius. Suena acá en versión monumental de la Orquesta de Filadelfia y el Coro del Tabernáculo Mormón, dirigidos ambos por Eugene Ormandy. (La orquesta fue a Finlandia en 1955 y visitó a Sibelius poco antes de su muerte. Los músicos esperaron fuera de los autobuses que los llevaron a la casa del compositor, en pleno y nevado invierno, a que Ormandy sacara al maestro a saludarlos).

Krzysztof Penderecki, compositor polaco contemporáneo, que últimamente ha suavizado su música muy astringente con un nuevo estilo postromántico, se hizo conocer con la gélida Trenodia por las víctimas de Hiroshima (para 52 instrumentos de cuerda), que toca aquí la Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional Polaca. (Advertencia: debe oírse teniendo a la mano una buena dosis de sal de frutas).

La ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, como otras de este compositor, adquirió pronto un tinte político, gracias principalmente a Va, pensiero, cantada en coro por los esclavos hebreos de Nabucodonosor. El justamente afamado Riccardo Muti potenció ese significado el 12 de marzo de este año, cuando rompió todo protocolo para arengar al público en protesta por los recortes de fondos para la cultura dispuestos por el gobierno de Silvio Berlusconi. Concluida la interpretación de este coro por la Ópera de Roma, Muti interrumpió la ejecución y dirigió un breve discurso a la audiencia, a la que luego reclutó para volver a cantar la pieza junto con la orquesta y los cantantes. Aplausos, vítores y lágrimas de músicos y público confirmaron que el maestro había tocado un nervio particularmente sensitivo. Dijo Muti en la ocasión: «Como italiano que da vueltas por el mundo me encuentro muy adolorido por lo que está pasando». (Se ha generalizado la impresión errónea de que sus palabras fueron dichas delante del propio Berlusconi, pero esto no fue así. El Primer Ministro de Italia asistió a otra representación de Nabucco seis días más tarde, pero la fuerza de la crítica de Muti no fue menor por eso. Berlusconi, naturalmente, ya no está en el cargo al que se aferrara tanto tiempo; Muti permanece).

¡Ve, pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el dulce aire de la tierra natal!
¡Saluda las orillas del Jordán
y las destruidas torres de Sión!
¡Oh, mi patria, tan bella y perdida!
¡Oh recuerdo tan caro y fatal!
Arpa de oro de fatídicos vates,
¿por qué cuelgas muda del sauce?
Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡que hable del tiempo que fue!
Al igual que el destino de Sólima
¡canta un aire de crudo lamento,
que te inspire el Señor un aliento
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
que al padecer infunda virtud,
al padecer, la virtud!

Un tono distinto de rojo

La pianista venezolana más renombrada, después de Teresa Carreño, es Gabriela Montero, que tempranamente recibió estímulo de la gran Martha Argerich. Con motivo del lanzamiento de su disco Solatino, se empeñó en que el logotipo de la disquera inglesa EMI sutituyera su color rojo habitual por el blanco. Montero explicó:

«Decidí excluir el color rojo en SOLATINO, a excepción de la letra ‘O’, porque en Venezuela el color rojo ha sido robado de su apasionada belleza y poder y es ahora asociado a la represión, la furia y el control. También notarán que el título tiene los colores amarillo, azul y rojo. Estos son los colores de la bandera venezolana.

El rojo es el último color de mi bandera y, coincidencialmente, ‘O’ es mi tipo de sangre. Encuentro este simbolismo muy hermoso. Todos compartimos la misma fuente de vida: la sangre. Son las células rojas de la sangre las que llevan el oxígeno por nuestros cuerpos. Sin ellas, perecemos. Con el balance adecuado, prosperamos. Me gustaría que esta ‘O’estuviese coloreada por un matiz pacífico de rojo. El rojo que nos pertenece a todos. El rojo que es hermoso en su intensidad, y no hiriente en su agarre. El rojo que pertenece a este mundo y no el que nos separa y extingue. No hay espacio para el tipo equivocado de rojo, y escojo removerlo de este álbum.

Esta es mi declaración».

Luego, en octubre de este año, estrenó en Nuremberg su opera prima para piano y orquesta, a la que llamó ExPatria. Dijo para presentarla: “Es el grito de una sociedad asfixiada y la denuncia de la complicidad e inconsecuencia del mundo ante la desventura de los venezolanos, encubierta en un tenue y engañoso velo de democracia. Va más allá de la nostalgia privada a un grito muy público. ExPatria es un retrato de un país apenas reconocible del que conocí en mi juventud. Es mi respuesta emocional a la pérdida de Venezuela a sí misma, a la ilegalidad, la corrupción, el caos y las tasas de homicidio entre las más altas del mundo”.

Cerremos este amasijo de música política con una interpretación por Gabriela Montero de la Polonesa Heroica de Federico Chopin, una de las piezas políticas del genio polaco del piano. (El 3 de diciembre de 2007 en el Centro Gubenkian de Lisboa). Buen provecho. LEA

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Los apremios de una mujer fenicia

León de Pas – Zeus y Europa, 1997 – Cuartel General del Consejo Europeo, Bruselas

Según la leyenda, Zeus estaba enamorado de Europa y decidió seducirla o violarla, siendo ambas versiones casi equivalentes en la mitología griega. Se transformó en un toro blanco y se mezcló con las manadas de su padre. Mientras Europa y su séquito recogían flores cerca de la playa, ella vio al toro y acarició sus costados y, viendo que era manso, terminó por subir a su lomo. Zeus aprovechó esa oportunidad y corrió al mar, nadando con ella a su espalda hasta la isla de Creta. Entonces reveló su auténtica identidad y Europa se convirtió en la primera reina de Creta. El acto amoroso tuvo lugar bajo un plátano, árbol que, según la mitología, debe el que sus hojas sean perennes a este acontecimiento.

Wikipedia en Español

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Creta es la mayor isla de Grecia, naturalmente, allí donde Georgios Papandreou fue el primer gobernante que perdiera su investidura a causa de la crisis financiera de la zona euro. A aquel destino llegó Europa, una princesa fenicia, desde las arenas de las playas de Tiro. Un dios tan libidinoso como Silvio Berlusconi, el segundo gobernante que cayera por las mismas razones, se transformó en el símbolo de los mercados en pujanza para seducirla. Su hermano, Cadmo, trajo el alfabeto, la fundición de metales, el arado y la agricultura, tal vez la moneda inventada al continente y la cultura que comienzan con Grecia. Gente laboriosa estos fenicios, los comerciantes de la antigüedad que fueron a buscar estaño hasta las Islas Británicas donde David Cameron balbucea y reprime las protestas de la pobreza, los primeros colonizadores de la Península Ibérica, donde otro gobierno incapaz de arreglar la economía se prepara a cesar, esta vez por votos indignados.

Pero ahora su descendencia está en problemas: crujen las economías de doce repúblicas de la Unión Europea. Conductas macroeconómicas en gran medida irresponsables, exageradamente optimistas o arrogantes, han puesto en peligro el gran experimento de la integración de Europa. Ya hay quien expide certificados de defunción del euro; Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, ha hecho precisamente eso: «This is the way the euro ends. Not with a bang but with bunga-bunga». (El 9 de noviembre en su blog en The New York Times). Como él, la mayoría de los analistas espera el deceso del sueño europeo.

Y, sin embargo, viendo las cosas bien, asistimos a un inusitado esfuerzo de cooperación de los jefes de Estado de Europa. Nunca antes, los líderes del Viejo Continente habían actuado de manera tan coordinada, tan sinérgica. (Merkel y Sarkozy destacan por su diligencia y desprendimiento, por su prudencia). Antes resolvían sus problemas con guerras que extendían al mundo, dos veces el siglo pasado. Ahora los líderes se reúnen y acuerdan tratamientos sensatos.

La Zona Euro no ha muerto todavía; es más, se puede argumentar que se dirige a un nuevo estadio evolutivo. El peligro común alimenta el cambio, dirigido a un ulterior fortalecimiento de las instituciones centrales. Así, se le pide al Banco Central Europeo que funcione abiertamente como lo hace la Reserva Federal de los Estados Unidos, que intervenga para salvar a la moneda única del continente.

Stuart Kauffman es el biólogo teórico que destacara que la rica complejidad de la vida resulta no sólo de la selección natural de una competencia darwiniana, sino de una auto-organización que emerge de dinámicas bastante distantes del equilibrio. Un cristal es completamente organizado, sus átomos en posiciones fijas dentro de una estructura regular; pero un cristal es una estructura muerta. La desorganización total, por otra parte, es también la negación de la vida, que requiere la preservación de estructuras orgánicas. Por eso dice Kauffman que la complejidad de los organismos y los sistemas biológicos se crea en una franja al borde del caos.

Creo que es justamente eso lo que ahora ocurre en Europa y que, a pesar de los anuncios de Casandra, la fuente de la cultura occidental terminará por resolver su crisis sistémica. Europa saldrá fortalecida, una vez más, de tierras griegas y romanas.

El 2 de agosto de 1993, el esquema integracionista europeo, ya debilitado por la poco entusiasta—hasta difícil—aprobación del Tratado de Maastricht por parte de varios de los países de la Comunidad, recibió un golpe de importante magnitud. La especulación desatada contra las monedas de Francia, Dinamarca, Bélgica, España y Portugal, como consecuencia de la negativa del Bundesbank a las peticiones de reducción de su tasa de interés clave, pareció descarrilar el programa previsto para la unificación monetaria europea: la meta de una única moneda hacia 1999. Al mes siguiente de estos hechos, Milton Friedman, el Premio Nobel de Economía y líder de la llamada Escuela de Chicago, se expresaba en estos términos: «Si los europeos quieren de veras avanzar en el camino de la integración, deberían comprender que la unidad política debe preceder a la monetaria. El continuar persiguiendo algo que se acerca a una moneda común, mientras cada país mantiene su autonomía política, es una receta segura para el fracaso». (Entrevista en la revista L’Espresso, 26 de septiembre de 1993).

La nueva crisis es mucho más extensa y profunda. La apuesta de este blog es que de ella resultará el aprendizaje que unirá más a los europeos. Pocos grupos humanos merecen más una polis común próspera y poderosa. LEA

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Europa, una luna muy particular

Es muy apropiado que Europa, uno de los satélites de Júpiter—Dyēus-pətēr, en indo-europeo; Dyaus Pita en védico; Dieus-pater en latín; es decir, el Padre Zeus—, su dios amante, haya sido el nombre que Galileo Galilei le adjudicara hace cuatrocientos años y un año al descubrirlo. La especial tectónica de Europa, el hecho de que tenga agua y hasta una delgada atmósfera de oxígeno, han alentado especulaciones de que pueda alojar alguna forma de vida. Lo más reciente acerca de este caso hipotético es reportado en TIME Magazine. Allí se lee cómo se agencia Europa para tener una temperatura más propicia a la vida, con una superficie fracturada que los planetaristas han designado como «terreno del caos». Y eso que no estaban pensando en la tesis de Stuart Kauffman.

 

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Música infrecuente

 

Antarah ibn Shaddad y Abla, en patrón de tatuaje egipcio del s. XIX

A Adolfo Salgueiro, entusiasta de la música buena.

Hay piezas de música archiconocidas, que han sido interpretadas y escuchadas hasta la náusea. Rachmaninoff, por ejemplo, llegó a aborrecer su famoso Preludio en Do sostenido menor, tanto lo exigía el público en sus conciertos como encore mucho después de que hubiera decidido no incluirlo en los programas. Claro que cada compositor ha hecho más música que la que habitualmente se interpreta en los conciertos o alcanza la dignidad de una grabación. Hay mucho más música que no suena. Del compositor ruso, por ejemplo, es su obra más ejecutada el segundo Concierto para piano y orquesta en Do menor, su opus 18; le sigue el tercero en popularidad y frecuencia, aunque pueda sostenerse que es musicalmente mejor. Sus otros dos conciertos son rara vez escuchados. (Con razón).

En algunos casos, como con el primero y el cuarto concierto de Rachmaninoff, es la calidad de las piezas el factor determinante. En otros es, simplemente, la poca popularidad de las obras o los compositores. Ha habido más de un director que emprendiera una campaña de educación de su público, para dar a conocer la obra de algún compositor poco escuchado. Gustav Mahler, por caso, cayó en desfavor de orquestas y audiencias poco después de su muerte; fue necesario el esfuerzo de Leopoldo Stokowski, John Barbirollli y, sobre todo, Leonard Bernstein en los años sesenta, para que su música creciera en familiaridad. (Muerte en Venecia, la película de Luchino Visconti basada en la novela de Thomas Mann, contribuyó a fijar a Mahler en la conciencia contemporánea al incluir el Adagietto de su Quinta Sinfonía en la banda de sonido del filme).

Puede argumentarse también que la dificultad técnica o las exigencias especiales de una pieza contribuyen a arrinconarla en el olvido. Naturalmente, es mucho más complicado montar la Octava Sinfonía de Mahler—la «Sinfonía de los mil»—, con su recrecida orquesta, dos coros convencionales de cuatro voces, un coro infantil y ocho solistas, que la Pequeña Serenata de Mozart. No siempre es la causa de esta infrecuencia, sin embargo, la dificultad de la pieza para los ejecutantes o lo aparatoso de la orquestación. En muchos casos es asunto de mero desconocimiento de compositores y obras y, como vimos, esto puede ocurrir por épocas. El mismísimo Juan Sebastián Bach fue prácticamente olvidado hasta que la campaña de Félix Mendelssohn rescatara al Padre de la Música Occidental para generaciones posteriores. Hoy es universalmente venerado, y sus obras son mil veces más escuchadas que las de, por ejemplo, el elegante Johann Joachim Quantz, su compatriota y contemporáneo.

Estas consideraciones me llevan a proponer que escuchemos unas cuantas piezas poco conocidas o interpretadas. Por su alegre frescura, casi matinal, es probablemente apropiado arrancar con Otoño, una de las cuatro partes de Las estaciones, música de ballet compuesta por Alexander Glazunov (1865-1936). Es el último de los cuadros del ballet, puesto que éste comienza por el Invierno; sus números son Grande bacchanale des saisons, Petit adage, Variation du Satyre y Coda générale. Dirige Edo de Waart la Orquesta de Minnesota.

Alexander Glazunov

¿Qué tal si continuamos por música líquida, que es la que hace un arpa? El opus 86 de Gabriel Urbain Fauré (1845-1924), quizás el más grande compositor francés, abierto maestro de compositores como Maurice Ravel, Georges Enescu y Nadia Boulanger, es un hermoso Impromptu para arpa, en interpretación de la estupenda arpista Naoko Yoshino.

 

Gabriel Fauré

Y ya que escuchamos arpa, y de un francés, ¿por qué no oir el tercer movimiento (Rondó: Allegro agitato) del Concierto para arpa y orquesta en Do mayor de François-Adrien Boieldieu (1775-1834)? Boieldieu fue un compositor elegante, que algunos llamaron el Mozart de Francia. Marisa Robles es la ejecutante, acompañada por la Academy of Saint-Martin-in-the-Fields que dirige Iona Brown.

François-Adrien Boieldieu

Si continuáramos en vena matutina, convendría escuchar la Canción de mañana, el opus 15 de Edward Elgar (1857-1934). No es pieza de frecuente interpretación; menos aún en órgano, que toca acá el estadounidense Carlo Curley. (Cuidado con las frecuencias bajas del poderoso instrumento).

Edward Elgar

Y si nos mudamos a la noche, el Nocturno de La boutique fantasque, música para el ballet del mismo nombre por Ottorino Respighi (1879-1936) sobre composiciones de su más famoso compatriota, Gioachino Rossini (1792-1868), es una pieza muy apropiada y serena. Andrew Davis dirige aquí la Sinfónica de Toronto.

 

Ottorino Respighi

Un carácter también nocturnal, pero con sonoridades orientales, tiene el Largo o segundo movimiento del Concierto para violonchelo y orquesta de Dmitri Kabalevsky (1904-1987), un compositor del que a veces se escucha el Galop de su suite de ballet Los comediantes. El gran cellista japonés Yo-Yo Ma lo interpreta en compañía de la Orquesta de Filadelfia, conducida por Eugene Ormandy.

Dmitri Kabalevsky

En cambio, está lleno de una alegría muy particular Día de bodas en Troldhaugen, de Edvard Grieg (1843-1907), el número 6 de sus Piezas líricas del opus 65. Grieg vivió en Troldhaugen con su esposa y prima hermana, Nina Hagerup. Interpreta la muy noble música el pianista noruego Leif Ove Andsnes.

Edvard Grieg

Alegre es, asimismo, el tercer movimiento de la Suite sinfónica o Sinfonía Antar, por el gran instrumentador Nikolai Andreievich Rimsky-Korsakoff (1844-1908), quien usaba lujosamente su paleta orquestal en temas orientales o exóticos para los rusos (Scheherezada, Capricho español). Antar (Antarah ibn Shaddad, 525-608) era un héroe y poeta árabe pre-islámico. Yevgeny Svetlanov dirige la Orquesta Filarmonia.

N. A. Rimsky-Korsakoff

De la música de ballet de la ópera El Cid, de Jules Massenet (1842-1912), la danza Andaluza juega con un bello y melancólico tema que alterna modulando de tonalidad mayor a menor. La escuchamos por la Orquesta Filarmónica Eslovaca, dirigida en esta ocasión por Peter Skvor.

Jules Massenet

Paul Hindemith (1895-1963) compuso cuatro Metamorfosis sinfónicas sobre un tema de Carl Maria von Weber. La tercera, un Andantino que se desarrolla con nobleza, es interpretada aquí por Eugene Ormandy al mando, como era costumbre, de la Orquesta de Filadelfia.

Paul Hindemith

Un compatriota de Hindemith, Kurt Weill, colaboró varias veces con el dramaturgo Bertolt Brecht. Éste quiso que Los siete pecados capitales—un ballet chanté—fuera una obra marxista, pero Weill terminó imponiendo, más bien, un sesgo freudiano. El papel protagónico que Lotte Lenya estrenara—Anna, una psiquis escindida—es cantado acá por Gisela May (Prólogo). La orquesta es esta vez la Sinfónica de la Radio de Leipzig, conducida por Herbert Kegel.

Kurt Weill

Y otro alemán, el líder de la composición según reglas dodecafónicas, Arnold Schoenberg (1874-1951), tuvo un comienzo no tan alejado de la tonalidad que Richard Strauss (1864-1949) había preservado y enriquecido. Su Verklärte Nacht (Noche transfigurada, op. 4) está compuesta sobre un poema de Richard Dehmel, que describe la confidencia de una mujer a su amante: lleva en su vientre un hijo que es de otro. Bajo la luz de la luna, su compañero le dice:

No dejes que el niño que has concebido sea una carga para tu alma. / ¡Mira, cuán luminoso brilla el universo! / El esplendor cae sobre todo alrededor y tú viajas conmigo en un mar frío, / pero está la lumbre de un calor interno, de ti en mí, de mí en ti. / Ese calor transfigurará el hijo del extraño y tú me lo darás y lo tendré. / Tú me has inundado con esplendor, / tú has hecho un niño de mí.

Herbert von Karajan conduce la Filarmónica de Berlín en el inicio de esta versión.

Arnold Schoenberg

Para curarnos de una belleza tan ácida, viene acá la Romanza op. 95, «El tábano», de Dimitri Shostakovich (1906-1975). Es una pieza poco característica del ruso, en lenguaje muy romántico. Theodor Kuchar dirige la Orquesta Sinfónica del Estado de Ucrania.

Dimitri Shostakovich

El armenio Aram Khachaturian (1903-1978) es conocido, sobre todo, por la Danza de los sables, de su ballet Gayaneh. También son tocados con alguna frecuencia su Concierto de piano y su Concierto de violín, su Suite Mascarada, de valse dinámico y mazurca vivaz, y el Adagio amoroso del ballet Espartaco. En cambio, es menos conocida su obra sinfónica. Aquí dirige el mismo compositor la Orquesta Filarmónica de Viena en el segundo movimiento—Allegro risoluto—de su Sinfonía #2 (de la Campana) en Mi menor.

Aram Khachaturian

No sólo es desusado escuchar el Valse sentimentale (#6 del op. 51) de Pyotr Illich Tchaikovsky (1840-1893), que puede ser interpretado por orquesta de cuerdas, violín y piano o piano solo; en esta versión, además, es interpretado en un teremín, un instrumento electrónico que es activado al aproximar las manos del ejecutante a dos antenas sin tocarlas, una de las cuales gobierna la frecuencia del sonido y otra su volumen. La experta en teremín, Clara Rockford, es aquí la intérprete que sustituye a un violinista, y se hace acompañar de piano.

Pyotr Illich Tchaikovsky

También es de Tchaikovsky, para cerrar, una verdadera pièce de résistance: el primer movimiento—Lento lugubre – Moderato con moto – Andante—de la Sinfonía Manfredo en Si menor, op. 58, basada en el poema de Lord Alfred Byron. La vigorosa y apasionada dirección de Riccardo Muti, al frente de la Orquesta de Filadelfia. cuyo sonido cambió, pone término a esta excursión por caminos musicales poco frecuentados.

John Martin: Manfredo en el Jungfrau

LEA

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(Los 16 archivos de audio de esta entrada pueden ser descargados en el Canal de Dr. Político en ivoox. Si se pulsa las imágenes podrá vérselas ampliadas).

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Feliz cumpleaños, Profesor

 

El Himno Nacional Argentino se interpretó por primera vez en casa de María Sánchez de Thompson. El pintor chileno Fray Pedro Subercaseaux Errázuriz registró la ocasión para la posteridad.

 

Hoy cumple años José Rafael Revenga y Gorrondona, mi amigo y profesor. Es un venezolano excepcional, de cultura profunda y diversa, de pasión diversa y profunda. José Rafael completó la carrera de Filosofía en Lovaina, Bélgica, adonde llegó de previos estudios filosóficos y teológicos en Roma, pero antes había probado algo de Ingeniería en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Esto era sólo el inicio de su asombrosa acumulación de conocimiento, el comienzo de su modernidad como pensador, siempre actualizada. Es, por ejemplo, una autoridad en asuntos de Internet—en broma, lo llamo el Negroponte venezolano—, pero también es erudito en polemología y sistemas de armas, docto en procesos internacionales, conocedor de poesía española e inglesa, tangos y pasodobles, de Ernest Hemingway y Juan David García Bacca, su gran amigo, y un certero analista de nuestra política y uno de sus profetas más atinados. Puede hablar en detalle del mundo de las carreras de la Fórmula 1, fue empresario de pistas de go kart—en el legendario terreno de Chuao—, tuvo una de las dos primeras Honda 750 a cuatro cilindros que llegaron a Venezuela—la otra era de su hermano José Luis—, practica el tenis y toma café o vino como si fueran agua, pero no fuma. Hizo labor de responsabilidad social desde la Fundación Creole, el Dividendo Voluntario para la Comunidad y el Instituto para el Desarrollo Económico y Social. Enseñó Filosofía en la Universidad Central de Venezuela, la Simón Bolívar, la Católica Andrés Bello y la Metropolitana como uno de sus fundadores. Fue como un hijo para Arturo Úslar Pietri y Pedro Grases. Ejerció por diecinueve años la Vicepresidencia Ejecutiva de Venevisión. Forma pareja fructífera, de obra excelente, con Alba Fernández Ron, por quien me consta se derrite.

Este monstruo de la naturaleza es mi amigo y consejero. Lo irritaré certificando que su juego de dominó es peor que el mío (más bien majunche), aunque me supera con creces como cultor del bridge y fabricante de aviones de papel. Tiene grandes agujeros en su cultura musical, que trato de remediar. Por esto la ofrenda que aquí pongo de veintiún archivos de audio, uno por cada uno de sus agostos en ésta su mayoría de edad. Para hacerle la escucha fácil, la compongo con himnos y marchas pues, aun medio sordo, es un patriota intenso. (Su antepasado y homónimo exacto fue Secretario de Simón Bolívar, Cofundador del Correo del Orinoco y su Director, Ministro de Hacienda y Relaciones Exteriores nombrado por el Libertador, Embajador en Madrid y en Londres, Miembro del Consejo de Estado en Bogotá, Diputado, agricultor y ganadero).

 

PROGRAMA

Porque José Rafael nació en París, he aquí primero que nada La Marsellesa, en la voz de Edith Piaf y, de seguidas, de la ópera Fausto de Charles Gounod el Coro de los soldados—por la Orquesta y Coros de la Ópera de París—, puesto que es guerrero.

Porque José Rafael es gente noble, de la ópera Mlada de Nikolai Rimsky Korsakoff, su Procesión de los Nobles, por la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Fritz Reiner.

Porque José Rafael entiende de naciones, tres himnos nacionales en fila: el ABC de Argentina, Brasil y Colombia, nuestro polo y nuestros vecinos. (Banda Marcial Argentina, Banda Marcial y Coro de la Ciudad de Sao Paulo, Banda Marcial de Colombia).

Porque José Rafael es de alma andaluza y, de ser más viejo, habría peleado en la Madre Patria su Guerra Civil del lado republicano reclutado por Albert Camus, el Himno Nacional de España o Marcha Real. La Banda Marcial de la Marina de los Estados Unidos es la ejecutante.

Porque José Rafael tiene a Roma como una de sus segundas casas, el Himno de Italia, L’Inno de Mameli: Fratelli d’Italia. De nuevo, los marinos estadounidenses lo tocan.

Porque para José Rafael la cultura inglesa y su lengua parecieran sus primeras, en sucesión los himnos de Inglaterra—God save the Queen—y de sus hijos, los Estados Unidos. La Orquesta Filarmónica de Londres y su Coro, y la Orquesta Boston Pops, los ejecutan.

Porque José Rafael es planetario, el Himno Nacional de Rusia, cantado por el Coro del Ejército Rojo.

Porque José Rafael es medularmente venezolano, el Himno Nacional de Venezuela, tocado por la Orquesta Municipal de Caracas.

Porque José Rafael es castrense con elegancia, dos marchas militares de Edward Elgar, la primera—Land of hope and glory—y la cuarta del grupo de Pompa y circunstancia. Georg Solti dirige la Orquesta y el Coro de la Filarmónica de Londres.

Porque José Rafael es de temperamento heroico, la Marcha del coronel Bogey, del filme El puente sobre el río Kwai. La Boston Pops se la obsequia.

Porque, simplemente, a José Rafael le encantan las marchas, tres de las mejores de John Philip Sousa: Semper fidelis, Washington Post, Stars and stripes forever. Las dos primeras por la Banda de Campo del Ejército de los Estados Unidos, la tercera por la Boston Pops.

Porque José Rafael es lúdico, la Marcha de los juguetes, de Víctor Herbert, por la Orquesta de Filadelfia que dirige Eugene Ormandy.

Porque José Rafael, repito, es de espíritu gitano, dos pasodobles, que como todos ellos tienen el tiempo binario de las marchas: Silverio Pérez, cantado por Alfredo Sadel, y España cañí, en interpretación de la Orquesta de André Rieu.

Al profesor, al consejero, al amigo y compañero, un feliz cumpleaños. LEA

(Los archivos de audio de esta entrada pueden ser descargados en el Canal de Dr. Político en ivoox).

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