A ver qué encuentra

La máquina del espectrómetro magnético Alfa (AMS)

 

El transbordador espacial Endeavour (Emprendimiento) despegó del Centro Espacial Kennedy a las 8:56 ET del lunes 16 de mayo en su último viaje (penúltimo del programa; el Atlantis cerrará la larga y mayormente exitosa serie en junio). Se dirige a la Estación Espacial Internacional, a la que llevará equipo y otros suministros. El equipo principal, la máquina AMS (por sus siglas del inglés: Alpha Magnetic Spectrometer), será instalado en la estación con el propósito de llevar a cabo experimentos que pudieran detectar antimateria y/o materia oscura. Se trata de un equipo de fabricación internacional a un costo de dos mil millones de dólares.

El tamaño del AMS comparado con nosotros

Un concepto de antimateria fue formulado ya a fines del siglo XIX. Luego de nociones más o menos nebulosas de Willam Hicks, el físico británico (nacido en Alemania) Arthur Schuster habló de antimateria y antiátomos en dos cartas de 1898 a la revista Nature, en las que llegó a visualizar la aniquilación de materia y antimateria al encontrarse. La formulación moderna es la de Paul Adrien Maurice Dirac, quien predijo en 1928 un antielectrón, una partícula idéntica al electrón en todas sus propiedades (masa, espín) salvo en su carga eléctrica, que sería en su caso positiva, o contraria a la del electrón. En 1932, Carl D. Anderson confirmó experimentalmente la predicción de Dirac y llamó positrones (por su carga eléctrica positiva) a las partículas que pudo observar. Más adelante, el concepto fue generalizado para postular que toda partícula subatómica tiene su correspondiente antipartícula, y así dar actualidad a la idea de una antimateria. Por su mayor parte, la materia observable en el universo es, justamente, materia; la cantidad de antimateria sería más bien minúscula, y esta asimetría en la distribución de materia y antimateria es uno de los acertijos no resueltos de la física. Cuando materia y antimateria se encuentran, se produce su aniquilación mutua, quedando en su lugar energía en forma de radiación electromagnética.

Lo de la materia oscura es algo enteramente distinto, y bastante más misterioso. De hecho, la materia oscura y la más abundante energía oscura son una sorpresa incómoda para la cosmología, pues entre ambas constituirían  más del 90% de la masa presente en el universo. Sólo 4,6% de ésta correspondería a materia cuya naturaleza es la que laboriosamente ha llegado a ser comprendida durante más de un siglo de física subatómica o de partículas. Lo que se creía la coronación de esta rama de la física, el Modelo Estándar propuesto por Murray Gell-Mann, es aplicable a menos de 5% de la masa-energía existente en el cosmos. En una digresión sobre las virtudes de un buen político, (El político virtuoso, 18 de octubre de 2007), propuse que esta situación de la física, la más matemática, la más rigurosa de las ciencias experimentales era una lección de modestia:

El primer día de este mes de octubre, la revista Newsweek reportaba sobre los problemas novísimos que ha traído a la Física la constatación de que el cosmos contiene inconmensurables cantidades de materia y energía “oscuras”, las que son muchísimo mayores que la materia y energía para las que existen teorías más o menos aceptables. Es decir, que ignoramos cómo es y cómo se comporta el 96% de la materia y la energía contenida en el universo. Nuestra ciencia más avanzada ha conseguido, a duras penas, articular explicación acerca del comportamiento de sólo el 4% del cosmos. Newsweek escogió el siguiente título para el artículo referido: “En la ‘energía oscura’, humildad cósmica”.

Y en Tiempo de incongruencia, la sección final de un trabajo de febrero de 1985, ya anticipaba:

Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra.

Y es que en la misma matemática, por excelencia la reina del conocimiento humano, nos topamos con límites fundamentales. Así puse, en comentario sobre los famosos teoremas de Kurt Gödel (1931) de un trabajo de diciembre de 1990:

En términos generales, el límite göde­liano constituye una sobria advertencia, puesto que, si ni siquiera la “reina de las ciencias”, el conocimiento más frío y seguro está libre de inconsistencia, no puede admitirse de otras cien­cias—digamos de las políticas, por poner un caso—la pretensión que fue negada a la matemá­tica.

Claro, no abundan en el mundo, menos en Venezuela, los políticos modestos. LEA


El despegue del Endeavour, hoy a las 8:56 ET

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La belle au bois souriant

 

Edward Burne-Jones: El cenador de rosas (La bella durmiente)

 

Here lies the hoarded love the key/ To All the treasure that shall be/ Come fated heart the gift to take/ And smite the sleeping world awake*

Edward-Burne Jones

Inscripción bajo La bella durmiente, 4a. pintura de la serie La leyenda de la rosa de brezo

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Suite de La bella durmiente (Спящая красавица), ballet de Pyotr Ilyich Tchaikovsky sobre el cuento—La belle au bois dormant (1697)—de Charles Perrault. (Anatole Fistoulari, Orquesta Sinfónica de Londres).

 

1. Introducción y marcha

2. El hada lila

3. Panorama

4. Adagio de la rosa

5. Vals final

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LA BELLA SONRIENTE DEL BOSQUE

Érase una vez un reino que aún no había conocido la alegría, hasta que nació la esperada Princesa. Cuando eso ocurrió, los morosos capullos florecieron en los jardines y en el bosque de la comarca los animales festejaron cada cual a su modo. El cielo se puso cintas blancas sobre el vestido azul, y los habitantes lo imitaron con paños y pañuelos. Por unos días, no se escuchó un quejido en todo el reino.

Botticelli – La Primavera

Siendo niña todavía, el Rey ordenó que la retrataran y Sandro pintó la Primavera. Por unos días, el retrato colgó del salón principal del palacio, hasta que un día desapareció de la vista de todos. Algún cronista real asegura que lo escondió el mismo pintor, avergonzado por la belleza del rostro real de la Princesa a la que no pudo ser fiel.

Siendo niña todavía, adquirió la costumbre de adentrarse en el bosque escoltada por un séquito de pájaros, hasta el arroyo que sonaba como su propia voz. Allí estableció la corte de sus amigos, a quienes enseñaba juegos y canciones. Pronto se supo en el reino y en las comarcas vecinas que la Princesa curaba los dolores del alma con su risa, y entonces sus amigos aumentaron. Algún cronista real conjeturó que no menos de diez mil la visitaban y reían con ella, olvidados de sus penas. Algún otro que cien mil eran.

Siendo joven, aprendió a tañer instrumentos y a callar para que fueran los amigos los cantores. La creciente gente ferviente iba a ver a la Princesa sonriente. Algún trovador de paso aprendió unas pocas de sus canciones y entonces su fama llegó a lejanas tierras; algún juglar errante aprendió varios de sus juegos y la alegría alcanzó reinos distantes.

Por unos años, casi nueve y cincuenta, la Princesa cantó, rió y jugó en el bosque, hasta que un día un tumulto nuevo se escuchó en el cielo. Los celosos dioses discutían y clamaban que su risa, sus canciones y sus juegos debían acontecer en las alturas, diciendo egoístamente que la tierra inferior no la merecía. Las deidades no sabían reír como ella lo hacía. Por unos días, los truenos retumbaron allá arriba.

Entonces enviaron, dice un cronista real, un mensajero hasta sus sueños para invitarla al firmamento. La Princesa, dormida, consideró el encargo. Durmiendo pensó que convenían dioses que fueran sonrientes, pues así serían benevolentes con los habitantes de su reino. Pidió sólo una cosa a cambio: que su retrato, con la sonrisa primaveral pintada en el rostro, fuera encontrado y devuelto y expuesto en el bosque, y así sus amigos no estuvieran solos.

Ahora la bella Princesa sonriente juega y canta en el cielo; en el bosque, su bella efigie durmiente sonríe, y una canción alegre resuena en la memoria de su gente. La letra prohíbe el llanto.

LEA

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*Aquí yace el amor acaparado, la llave/ De todos los tesoros que serán/ Ven a tomar el regalo, corazón predestinado/ Y de un golpe a despertar al mundo durmiente.

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11 musicales: 1 obertura, 1 marcha, 17 canciones

Efigies de Rossano Brazzi y Mitzi Gaynor en poster original de South Pacific

El género de los musicales es propiamente de ámbito anglosajón. Es menos musical—es más teatro—que una zarzuela, opereta u ópera. El tiempo del parlamento sin música comprende mayor duración que el de los números cantados o bailados y éstos no son meras inserciones incidentales; cada canción y cada danza hacen que la acción avance, son elementos narrativos.

Seguramente la obra de Gilbert & Sullivan en Inglaterra—trece operas cómicas en colaboración—es una de las raíces del género, pero el teatro musical propiamente dicho, o musical, se fecha con la obra The Black Crook (1866), que tuvo por autores tres músicos y un escritor de letras. La obra alcanzó 474 representaciones, lo que para la época señalaba un éxito notable.

Pero el musical es una forma característica del siglo XX, y su apogeo tuvo lugar entre 1940 y la década de los sesenta. Siendo ése su tiempo, no podía no ser influida por el cine. Así, tanta importancia tiene para su desarrollo la música de Cole Porter como el baile de Fred Astaire.

Nombres como el de Porter, George Gershwin, Irving Berlin, Richard Rodgers, se unían al de escritores de calidad, como Nöel Coward, para producir teatro musical. Son, sin embargo, las colaboraciones estables de socios especializados—compositor y lyricist—las que establecen el musical en el gusto de las masas, con obras que inevitablemente pasaron de las tablas al cine. Es, por supuesto, la colaboración más famosa la de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II—Oklahoma, Carrusel, South Pacific, El rey y yo, Cenicienta, La novicia rebelde—, la más representada y reproducida. En menor medida, la colaboración de Alan Jay Lerner (letras y libreto) y Frederick Loewe (música), produjo éxitos como Brigadoon, Gigi, Camelot, El principito (más bien fracaso) y, naturalmente, la aclamadísima My Fair Lady, obra a la que se tiene como el musical perfecto.

Rodgers & Hammerstein

Lerner & Loewe (der. a izq.)

 

 

 

 

No son los únicos, por cierto. El primer audio acá propuesto es Mein Herr, del musical Cabaret (libreto de Joe Masteroff, música de John Kander  y letras de Fred Ebb). Nadie mejor que la gran Liza Minnelli para cantar el número que ella inmortalizó en el cine:

Liza Minnelli en el rol principal de Cabaret

O podemos escuchar los dos números estelares del lechero Tevye en El violinista sobre el tejado, obra ambientada en la Rusia de 1905, con libreto de Joseph Stein, música de Jerry Bock y letras de Sheldon Harnick. Quien emblemáticamente encarna la figura de aquel personaje no es otro que Chaim Topol, nacido en Israel en 1935, y es él quien aquí canta en sucesión Tradition y If I were a rich man.

Chaim Topol en el papel de Tevye en la película


O, también, escuchar la versión de teatro musical de melodías tomadas de Alexander Borodin. La música de este compositor ruso fue adaptada en 1953, por Robert Wright y George Forrest, al libreto de Charles Lederer y Luther Davis, a su vez basado en una pieza teatral escrita en 1911 por Edward Knoblock: Kismet, que en idioma turco quiere decir hado o destino. Su canción más conocida es Stranger in paradise—aquí cantada por Tony Bennett con un coro muy cincuentoso—, y su melodía está tomada de las Danzas Polovetsianas, de la ópera El príncipe Igor, de Borodin. A continuación, un breve fragmento de la composición del ruso con su tema, antes de escuchar la versión en plagio de Wright y Forrest.

El musical es un género que debe ser tomado muy en serio. Gente muy seria, como Leonard Bernstein, compositor de música seria y director por largos años de la muy seria Filarmónica de Nueva York, fue cultor del musical. De los varios que compuso es el más famoso West Side Story.

Compositor de musicales

La obra es, esencialmente, una traslación de la tragedia de Romeo y Julieta a la ciudad de Nueva York, donde los Montescos y los Capuletos son suplantados por bandas rivales de norteamericanos y portorriqueños. Un número con canto y baile es America, en el que descuella la voz y la figura de Rita Moreno.

Pero escuchemos por fin unas cuantas canciones de Rodgers & Hammerstein, los príncipes del musical. Para hacerles justicia, nueve de ellas se escuchan en sucesión.

Un bajo de postín

 

Loló Sylva de Álvarez, quien decía ser mi madre putativa, deliraba por el actor italiano Rossano Brazzi, a quien tenía por más apuesto que Clark Gable. Adquirió esta postura luego de ver South Pacific, la película del musical de R&H en la que Brazzi enamora a Mitzi Gaynor. Pero Brazzi sólo movía los labios mientras cantaba nadie menos que Giorgio Tozzi, y en la versión original en las tablas era Ezio Pinza, otro bajo italiano de largo reinado en el Metropolitan Opera House, quien cantaba, sobre todo, Some Enchanted Evening. La voz que se escucha ahora es la de Pinza.

Una escena de danza en Oklahoma

Oklahoma fue la primera colaboración y el primer triunfo de Rodgers & Hammerstein. What a beautiful morning se escuchaba originalmente a lo lejos cantada a capella, pero aquí está en la versión fílmica de 1955, en la voz de Gordon MacRae.

Las colinas están vivas con el sonido de la música

Pasemos ahora al sonido de la música, La novicia rebelde, The Sound of Music. Llevada al cine para consagración de Julie Andrews, era promocionada con esta invitación: Ve a verla con la persona que más quieras. La fui a ver en el cine Florida con mi hermana María Elena, que por estos días muere poco a poco de cáncer cerebral. Pongo acá la hermosa canción de apertura—The hills are alive—seguida por My favorite things, cantadas ambas por Julie Andrews, la grande dame del musical.

Poster de la película (1956) El rey y yo

Las siguientes cinco piezas son todas de The King and I, posiblemente el musical mejor compuesto y orquestado por Richard Rodgers. Cinco años después de su estreno en Broadway, llegaba al cine con las figuras estelares de Yul Brynner (el Rey de Siam) y Deborah Kerr (Ana, la institutriz inglesa de los hijos del Rey). En esta ocasión, Kerr doblaba la voz de Marni Nixon, especializada en cantar lo que las actrices sin voz no podían. (La llamaron la Voz de Hollywood). En sucesión, la Obertura de la obra—algunos de cuyos temas se reconocen en los números que las siguen—; I whistle a happy tune; Hello, young lovers; Marcha de los niños siameses; Getting to know you.

Marni Nixon aún canta

Harrison & Hepburn en el set (clic amplía)

La más fuerte competencia de R&H era, obviamente, la de Lerner & Loewe. Su obra cumbre es Mi bella dama, una adaptación de Pigmalión, la conocida obra teatral de George Bernard Shaw. Julie Andrews la interpretó mucho tiempo en su versión teatral junto al insuperable Rex Harrison en el papel del profesor Higgins. Pero los productores de la versión fílmica prefirieron la distinguida belleza de Audrey Hepburn para el papel de Eliza Doolittle. Es la rendición de I could have danced all night por Andrews la colocada aquí; luego oímos al barítono Bill Shirley en la estupenda On the street where you live y, por último, Rex Harrison canta y murmura I’ve grown accustomed to her face, que cierra la película y el musical.

Andrew the Lord Lloyd-Webber

¿Está agotado el género del musical después de las maravillas logradas por R&H y L&L? En absoluto; después de ellos llegó un gigante: Andrew Lloyd-Webber. Su misma aparición indica que el musical está vivito y coleando, y que seguramente le seguirán otros buenos cultores del género. Lloyd-Webber nos ha regalado Jesucristo Superestrella, Evita, Cats, El fantasma de la ópera, Sunset Boulevard, entre otras obras magníficas. Sineád O’Connor canta, de Evita, Don’t cry for me, Argentina. Y como Barbra Streisand es al canto lo que Meryl Streep a la actuación, ha sido convocada para clausurar este concierto de musicales con su invencible versión de Memory, de uno de los más taquilleros musicales de todos los tiempos: Cats.

No llores por mí, Argentina

Un nuevo día ha comenzado

 

 

Evita llorar; la aurora despunta. LEA

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La voz de la serenidad

Serenity, por Arthus en Deviantart

 

bálsamo. 4. m. Med. Medicamento compuesto de sustancias comúnmente aromáticas, que se aplica como remedio en las heridas, llagas y otras enfermedades.

Diccionario de la Lengua Española

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Dios, dame la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para conocer la diferencia.

Reinhold Niebuhr  Oración de la serenidad

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Señor, dame paciencia… ¡pero dámela ya!

Anónimo – Oración de la paciencia

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El alma del mundo está lesionada: el dolor de Japón, el de Libia. Nosotros, los venezolanos, sumamos esas penas a nuestra cotidiana crispación—que, hay que admitir, últimamente es de tensión menor—y, para colmo, se nos ha muerto Elizabeth Taylor. El alma del mundo pide música que la alivie. La serenidad no es tanto un ingrediente de la conciencia como una capa que la envuelve en toda su extensión. Ella es capaz de empacar, bajo su tranquilo celofán, dolores, pasiones, amores, deseos. La música es su más fiel retrato; la música serena es el papel adecuado para el envoltorio del desasosiego. He aquí dieciséis piezas que, juntas, son un poco más de una hora y cuarto de música balsámica. Cada quien puede dosificar su audición según sus necesidades de impavidez.

1. Adagio

El domingo del Adagio

El segundo movimiento de la Toccata, adagio y fuga en Do menor de Juan Sebastián Bach (BWV 564) es una de las composiciones más hermosas del decano de la música occidental. Como en otras de su repertorio, las notas que la componen hablan, dicen, conversan, explican, convencen. Esta rendición de Vladimir Horowitz—en vivo desde Carnegie Hall, el domingo 9 de mayo de 1965—deja en claro ese carácter conversatorio de las obras de Bach que, en este caso, se manifiesta con decires calmados.

 

 

2. Ave María

María, madre de Jesús de Nazaret, es remanso de los fieles cristianos. Sujeto de penas horribles, ella misma ha conocido el dolor y por eso aprovecha su poderosa influencia para calmar a los hombres. Ella es, proclaman las letanías, Madre del buen consejo, Madre de misericordia, Virgen clemente, Causa de nuestra alegría, Estrella de la mañana, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consoladora de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Reina de la paz. Franz Schubert logró decir todo eso en su Ave María, aquí cantada por Plácido Domingo, los Niños Cantores de Viena y la sinfónica de la ciudad. Su nombre es la placidez.

3. Poco allegretto

El más noble de los músicos

La nobleza caracterizó la persona y la música de Johannes Brahms, de corazón tan generoso como el del plácido tenor que acabamos de escuchar. No hay nobleza sin serenidad; la histeria, la iracundia, el resentimiento y la crueldad no son pasiones serenas. Se puede, en cambio, ser serenamente apasionado. Así es el tercer movimiento de la Tercera Sinfonía de Brahms en Fa mayor, opus 90. Wolfgang Sawallisch dirige la Orquesta Sinfónica de Viena que oímos también antes.

4. Panorama

Pas de six

Un recurso que el compositor puede usar para transmitir placidez es, por supuesto, el ritmo. En este número del ballet La bella durmiente, de Pyotr Illich Tchaikovsky, la partitura lleva la marca leggiero, es decir, sin acentuación. El tempo viene marcado por el pizzicatto de las cuerdas graves, pero si se pone atención a la canción de los violines y las insistentes figuras de las maderas—más tarde las trompas—uno se percata de que sus notas no llevan acento; todas suenan con la misma intensidad. Anatole Fistoulari dirige la Orquesta Sinfónica de Londres en esta serenidad paisajista.

5. Consolación

La liga de Liszt

Si esta pieza de Franz Liszt—la tercera con ese nombre—no fuera consoladora, habría estado muy mal bautizada. Se trata del acto de conseguir serenidad como resultado del consuelo. El pianista británico Peter Katin la interpreta para nuestro apaciguamiento.

 

6. Dueto de la flor

No son flores de Bach; son de Delibes

La ópera Lakmé, de Léo Delibes, incluye en su primer acto la hermosísima aria Viens, Malika, en la que Lakmé y su sirviente cantan mientras recogen flores río abajo. La música refleja la serenidad que suscita la naturaleza bella y paciente. Dos grandes del canto, Katherine Jenkins y Kiri Te Kanawa, logran una versión difícil de superar.

7. Danza de los espíritus benditos

Gluck en buena compañía

Cristoph Willibald Gluck fue finísimo compositor del período clásico—el mismo de Haydn y Mozart—de la música occidental. Compuso principalmente óperas y ballets; su obra puramente instrumental es breve. De la serenísima danza de su ópera Orfeo, interpretan su sección media los músicos de la Orquesta de Cámara Inglesa, dirigidos por Raymond Leppard. Serenidad mística, pudiera decirse.

8. Mantras tibetanos

Lamas en oración

Pero lo místico no es, en absoluto, exclusivo de Occidente. De hecho, es muy anterior en Oriente. Los monjes budistas del Monasterio de Maitri Vihar entonan ahora tres mantras del Tíbet en sucesión, y el efecto que obtienen no está lejos, gracias a su simplicidad, de la serenidad típica del europeo Canto Gregoriano.

9. In Paradisum

Sin duelo

El Réquiem en Re menor, opus 48, de Gabriel Fauré es único porque su último número no es sobre la muerte, sino sobre la vida perdurable en el Paraíso. El Coro del King’s College de la Universidad de Cambridge interpreta este consuelo, unas estrofas que parecen cantar muy tranquilas las almas resurrectas. La angustia por la inmortalidad se tranquiliza.

10. Au fond du temple saint

Dos grandes amigos

La serenidad que sucede a la renuncia, esa liberación del objeto deseado, emerge en el dúo de barítono y tenor del Acto I de Los pescadores de perlas, fina ópera de Georges Bizet. Dos hombres recuerdan a una mujer que enamoró a ambos, a la que renunciaron para preservar la amistad. Zurga y Nadir son los pescadores de Ceilán (hoy Sri Lanka) personificados por Jussi Bjoerling y Robert Merrill, quienes cantaron el dueto como ningún otro par de cantantes pudo hacerlo.

11. Preludio en Mi menor

De sus Preludios del opus 28, el #4 en Mi menor ilustra cómo era Federico Chopin capaz de envolver la melancolía romántica en canto sereno, que cubre las tensiones que surgen de la mano izquierda, la mano del corazón. La serenidad las envuelve y las protege. Vladimir Ashkenazy al piano.

Espectro (sonoro) de Chopin (clic para ampliar)

12. Claro de luna

Philippe Entremont, por francés y por refinado pianista, es muy indicado para tocarnos la serenidad de esta pieza de la Suite bergamasca de su compatriota, Claude Debussy, Claude de France. El Día de San José tuvimos la infrecuente Luna Grande, pero Debussy capturó para siempre su impertérrita dulzura en pentagramas inmortales.

Mar de la Tranquilidad

13. Salut d’amour

Cómo escribir variaciones hermosas

El opus 12 de Edward Elgar es una sencillísima y tranquila canción sin palabras, aquí dirigida por David Zinman al frente de la Orquesta Sinfónica de Baltimore. Se trata del saludo de un amor apacible pero alegre, seguro de sí mismo, sereno en la conciencia de su naturalidad.

La máquina Enigma de Alan Turing

14. Nimrod

La variación IX de las catorce Variaciones Enigma de Elgar—designadas con títulos en clave—alude a uno de sus grandes amigos, Augustus Jaeger, quien le ofreció a lo largo de su vida sinceros y útiles consejos críticos. Es el número la más bella de las variaciones; en ella, el espíritu crece con la crítica y adquiere fortaleza que no está reñida con la serenidad. La gente superior sabe que la crítica es el mejor de los alimentos. Eugene Ormandy dirige la Orquesta de Filadelfia.

15. Sehr ruhig

Muy calmo (Sehr ruhig) es la indicación dinámica para el trozo final de la Noche transfigurada (Verklärte Nacht) de Arnold Schönberg, una obra de su período tonal, antes de que desarrollara los principios atonales dodecafónicos. (Aquí por la Orquesta de Cámara de Viena, dirigida por Raphael Eröd). Una mujer cuenta, al hombre enamorado que la acompaña en su paseo nocturno, que lleva en su vientre el hijo de otro. El hombre le dice: «No dejes que el niño concebido sea en tu alma una carga. ¡Mira como brilla el universo! (…) Me has inundado de esplendor, haz hecho un niño de mí». Es la serenidad del amor que sabe perdonar.

Transfiguración nocturna

16. Aire en la cuerda de Sol

Denme aire, por favor

Juan Sebastián Bach tuvo veinte hijos. Imaginemos a la mitad portándose mal al unísono y entenderemos que la serenidad era, para él, asunto crucial en materia de salud psicológica. De su Tercera Suite Orquestal en Re mayor (BWV 1.068) es el movimiento más famoso el segundo: Aire («en la cuerda de Sol». Lo toca al cierre la Orquesta de Filadelfia, dirigida por Eugene Ormandy). Es, en efecto, la atmósfera toda, el aire que respiramos, lo que se confunde con la esencia de la serenidad. Hace algún tiempo pensé que sería la música que quisiera escuchar mientras muriera. En paráfrasis de Andrés Eloy Blanco, es la mejor música para decir me muero. LEA

………

Su Majestad Serenísima (Q. E. P. D.)

 

 

 

 

 

 

 

 

(Las distintas piezas aquí colocadas pueden ser descargadas al disco duro de su computador desde el Canal Dr. Político en www.ivoox.com; también conduce allí oprimir la letra «i» a la derecha de cada reproductor o, directamente a la pieza en cuestión, la pequeña flecha vertical naranja a la izquierda).

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Música política

Música y política, tema de la XIX Conferencia de la Asociación Argentina de Musicología (2010)

Cuando oigo a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia.

Woody Allen

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La música ha acompañado la pena y las alegrías del hombre desde que en la tierra se escuchara la primera melodía. Desde siempre, por tanto, las tensiones políticas han suscitado la composición de obras musicales. En la entrada precedente en este blog, se trajo al recuerdo una de las más famosas, la Tercera Sinfonía, Heroica, de Ludwig van Beethoven. Cuando todavía no había recibido el título por el que hoy la conocemos, Beethoven la había denominado Sinfonía Grande y bajo este nombre estaba la inscripción Intitulata Buonaparte, que luego tachó y rasgó por las razones conocidas. El Romanticismo musical, que esta pieza anticipa, fue una época de rebelión en el arte y la política que desatara Goethe en literatura (Las desventuras del joven Werther, 1775), Beethoven en música, Goya, Delacroix y Géricault en pintura. He aquí el movimiento final, Allegro molto, de la Tercera Sinfonía en Mi bemol mayor (op. 55, 1805) de Beethoven, interpretada por la Orquesta Real del Concertgebouw de Amsterdam, bajo la dirección de Wolfgang Sawallisch:

Dedicatoria tachada y rasgada

Cinco años más tarde, Beethoven quiso expresar musicalmente su repudio de Bonaparte con la Obertura Egmont, op. 84, que exalta la figura heroica de Lamoral, el holandés Conde de Egmont, condenado a muerte por su valeroso rechazo de la tiranía y cuyo sacrificio redundaría a la postre en la emancipación de los Países Bajos. Aquí está tocada por la orquesta Sinfónica NBC, el conjunto creado para ser dirigido por Arturo Toscanini, en audio tomado de una transmisión radial histórica del 18 de noviembre de 1939, poco después del inicio de la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia por Hitler.

Polonia ha sido, precisamente, una nación muy atribulada, políticamente hablando. Hace mucho tiempo, eran los polacos quienes predominaban sobre los rusos, pero en tiempos más recientes los papeles se invirtieron. En época de Federico Chopin (1810-1839), el Levantamiento de Noviembre, acaecido simultáneamente en Lituania, Ucrania, Bielorrusia y Polonia (1830), duró todo un año antes de ser aplastado sin miramientos por el Imperio Ruso. Chopin compuso su famoso Estudio Revolucionario (op. 10, #12) o Estudio sobre el Bombardeo de Varsovia, en 1831. Lo interpreta aquí Alfred Cortot quien, irónicamente, fue un connotado colaboracionista de los nazis en Francia:

Chopin por Delacroix

La ironía permanece en la siguiente rendición del coro Va, pensiero, de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, por el Coro (ampliado) del Ejército Rojo de la Unión Soviética, destacada nación opresora. Verdi fue figura importante del Risorgimento italiano; llegó a ser diputado y senador, nombrado a este último cargo por Víctor Emanuel II. Muchas de sus óperas tienen obvias connotaciones políticas; Nabucco trata del sojuzgamiento de los esclavos hebreos a manos de Nabucodonosor, Rey de Babilonia.

Letra de Va, pensiero (clic para ampliar)

Pero los rusos pueden también ser víctimas. Como dijimos antes, de los polacos, pero también de los alemanes. En 1938, el cineasta soviético Sergei Eisenstein produjo la película Alexander Nevsky, sobre las batallas heroicas de este héroe contra la invasión de los Caballeros Teutones del Sacro Imperio Romano, en el siglo XIII. Al año siguiente, Stalin y Hitler firmaban el Pacto de Acero entre la Unión Soviética y Alemania, pronto roto por la invasión de Hitler a Rusia en 1941. El tocayo del gran director de cine, Sergei Prokofiev, compuso la música del filme en forma de cantata. Su séptimo y último número (Entrada de Alexander en Pskov) es interpretado de seguidas por la Orquesta y Coros de la Filarmónica de Los Ángeles, que conduce André Previn:

Prokofiev y Eisenstein

Naturalmente, las más de las veces son los rusos victimarios opresores. Finlandia ha sido coto de caza de Rusia desde hace mucho tiempo, y el poema tonal que lleva ese nombre (op. 26), compuesto por el músico finés Jan Sibelius, es tenido hoy como una declaración acerca de su libertad, como himno sentimental. Fue compuesto en 1899 para las Celebraciones de Prensa de ese año, que fueron una mal disimulada protesta por la censura de prensa impuesta por el Imperio Ruso. Eugene Ormandy dirige esta versión sinfónico-coral que ejecutan la Orquesta de Filadelfia y el Coro del Tabernáculo Mormón.

Finlandia: Castillo Olavinlinna

Las obras anteriores son de épocas de reyes y emperadores. Es una pieza enteramente democrática, en cambio, la Fanfarria para el hombre común, del estadounidense Aaron Copland, compuesta cuando aún faltaba un año para que la Segunda Guerra Mundial concluyera. De hecho, el título de la obra es antítesis de la noción nazi del superhombre ario. Es música muy poderosa, sugestiva de la fuerza que reside en el enjambre de los ciudadanos comunes. Cerremos, pues, esta excursión por la música política con una obra de la democracia, escuchándola en los instrumentos de la Orquesta Sinfónica de Detroit, dirigida por el gran maestro Antal Doráti.

Partitura de trompeta (en Si bemol) de la Fanfarria de Copland

La partitura lleva como indicación esta exigencia de Copland a los intérpretes: Muy deliberadamente. LEA

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Ad nauseam

El país de las sonrisas

A Ramón Peña, Orden del CHAPATEC (Comité de Habladores de Paja Tecnológica) en grado de Comendador

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Ramon Fernandez, tell me, if you know,
Why, when the singing ended and we turned
Toward the town, tell why the glassy lights,
The lights in the fishing boats at anchor there,
As the night descended, tilting in the air,
Mastered the night and portioned out the sea,
Fixing emblazoned zones and fiery poles,
Arranging, deepening, enchanting night.

Oh! Blessed rage for order, pale Ramon,
The maker’s rage to order words of the sea,
Words of the fragrant portals, dimly-starred,
And of ourselves and of our origins,
In ghostlier demarcations, keener sounds.

Wallace Stevens

The Idea of Order at Key West

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Dos rasgos tiene esta nueva entrada musical en el blog: un carácter obsesivo y una buena dosis de arbitrariedad.

La obsesión es compartida con quienes tienen la placentera costumbre de escuchar música en compañía. Con relativa rapidez, adquieren un hábito complementario: el de comparar versiones distintas de una misma pieza con el ánimo de discutir hasta la muerte acerca de las virtudes de un director sobre otro, de un cantante sobre otro, de una orquesta sobre otra y hasta, en el caso de verdaderos especialistas, de una casa grabadora sobre otra.

Así, es lo más frecuente que los melómanos se organicen en bandos o partidos, y lo más común es que los líderes de los respectivos movimientos sean cantantes, usualmente de ópera. (En La voz de titanio, se refiere en este blog cómo en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado se dio una larga guerra entre los católicos partidarios de Mario Del Mónaco y los inteligentísimos hugonotes que apoyábamos—lo hicimos con éxito de gran facilidad—la causa de Jussi Bjoerling).

Los cotejos de esta clase llegan a la obsesión, y la entrada que propongo no es otra cosa que una manifestación aguda de tal enfermedad musical. Se trata de traer aquí nada menos que ocho versiones de exactamente la misma pieza: Dein ist mein ganzes Herz (Eres el deleite de mi corazón), aria-canción de la opereta El país de las sonrisas (Das Land des Lächelns), de Franz Lehár.

Por supuesto que la canción es bellísima: en esta entrada se la propone, primeramente, en versión instrumental, para establecer colonia en nuestros oídos con sus maravillosas melodías (dos temas en una clásica forma ABA; primer tema o sección, segundo tema, repetición del primero). Inmediatamente después, seis tenores diferentes la cantan, uno de ellos dos veces en una versión en inglés y, luego, también en el original alemán.

La arbitrariedad es otra cosa. Ruego ser creído cuando digo que he considerado el efecto de tedio o náusea que esa conducta obsesivamente repetitiva puede causar en algunos visitantes. Pero mi esposa me ha dicho: «Ése es tu blog; tú puedes poner allí lo que te dé la gana». Animado, pues, de tan altruista sentimiento, incurro en acto arbitrario perché mi piace.

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André Rieu es, no cabe duda, un gran popularizador de la música culta. Sus conciertos reciben la asistencia, muy principalmente, de gente joven poco familiarizada con el repertorio de concierto. Caballero de la Orden del León de los Países Bajos, Rieu nació en Maastricht, pero proviene de una familia francesa de hugonotes, buena gente de Dios. Es a él y a su animosa orquesta de divulgación musical que confiamos la tarea de presentar aquí la hermosa canción de Lehár:

André Rieu

Manteniéndonos en terreno familiar, es seguramente la rendición que José Carreras hace de la pieza la más conocida entre las versiones recientes puesto que, en la serie de conciertos de Los Tres Tenores, Domingo y Pavarotti se la dejaban las más de las veces a él. Carreras, entre muchos honores y títulos que ostenta, es Chevalier de la Légion d’Honneur de Francia. (Bajo el archivo de audio, la letra de la canción en alemán).

José Carreras

Dein ist mein ganzes Herz!/ Wo du nicht bist, kann ich nicht sein./ So, wie die Blume welkt,/ wenn sie nicht küsst der Sonnenschein!/ Dein ist mein schönstes Lied,/ weil es allein aus der Liebe erblüht./ Sag mir noch einmal, mein einzig Lieb,/ oh sag noch einmal mir:/ Ich hab dich lieb!

 

Wohin ich immer gehe,/ ich fühle deine Nähe./ Ich möchte deinen Atem trinken/ und betend dir zu Füssen sinken,/ dir, dir allein! Wie wunderbar/ ist dein leuchtendes Haar!/ Traumschön und sehnsuchtsbang/ ist dein strahlender Blick./ Hör ich der Stimme Klang,/ ist es so wie Musik.

 

Dein ist mein ganzes Herz!/ Wo du nicht bist, kann ich nicht sein./ So, wie die Blume welkt,/ wenn sie nicht küsst der Sonnenschein!/ Dein ist mein schönstes Lied,/ weil es allein aus der Liebe erblüht./ Sag mir noch einmal, mein einzig Lieb,/ oh sag noch einmal mir:/ Ich hab dich lieb!

Ahora es un primer sueco quien canta la canción. Nicolai Gedda, el tenor supuestamente más grabado de la historia, recibió la Medalla Real Litteris et artibus de Suecia.

Nicolai Gedda

Con Herbert Ernst Groh, exitoso tenor suizo nacido en Lucerna, nos acercamos a la fuente germánica del manantial. Es probablemente la parsimonia suiza la que nos impide conseguir noticia de algún honor o condecoración que haya sido impuesta a Groh, pero él murió reconocido como una de las más finas voces del siglo XX.

Herbert Ernst Groh

Una muy seria competencia proviene del canto claro, preciso y fuerte del alemán Fritz Wunderlich. A sus 36 años murió al caer bajando la escalera de la casa de vacaciones de un amigo. (Mi accidente decembrino, también en una escalera, fue más afortunado). Wunderlich no tuvo tiempo de recibir condecoraciones.

Fritz Wunderlich

Y llegamos, por fin, a oír Dein ist mein ganzes Herz cantada por quien fuera, en vida, el verdadero dueño de la canción: el austriaco Richard Tauber, cantante de excepcional timbre y gran control de la voz. Primero la canta en inglés (la letra abajo), luego en alemán. Lehár y Tauber eran grandes amigos, y El país de las sonrisas fue compuesta con el Tauberlied (canción de o para Tauber) de rigor: Eres el deleite de mi corazón. (Una primera versión de la opereta, Die gelbe Jacke, La chaqueta amarilla, estrenada en Viena en 1923, fue revisada y convertida en El país de las sonrisas, presentada en Berlín en 1929 con Tauber en el papel principal de Sou-Chong). Tauber ha recibido el honor de más de un premio instituido en su memoria, como la Medalla de la Sociedad de Música Anglo-Austriaca.

Richard Tauber

You are my heart’s delight,/ And where you are, I long to be/ You make my darkness bright,/ When like a star you shine on me/ Shine, then, my whole life through/ Your life divine bids me hope anew/That dreams of mine may at last come true/ And I shall hear you whisper, “I love you”.

In dreams when night is falling/ I seem to hear you calling/ For you have cast a net around me/ And ‘neath a magic spell hath bound me/ Yours, yours alone/ A wondrous air is your beautiful hair/ Bright as a summer sky is the night in your eyes/ Soft as a sparkling star is the warmth of my love.

You are my heart’s delight,/ And where you are, I long to be/ You make my darkness bright,/ When like a star you shine on me/ Shine, then, my whole life through/ Your life divine bids me hope anew/ That dreams of mine may at last come true/ And I shall hear you whisper, “I love you”.

Pero por más que Tauber tuviera un timbre de gran variedad, fue Jussi Bjoerling (otro sueco más), La voz de titanio, quien cantara con mayor riqueza de armónicos y la voz más educada de todas. Aquí canta la canción en vivo, al inicio en sueco y en alemán a su conclusión. Más que una condecoración vale lo siguiente: en 1999, una encuesta entre críticos del Reino Unido lo ubicó en la cima como el más grande cantante del siglo XX. Ahí queda eso, monegascos ridículos.

Jussi Bjoerling

Haga usted, si ha sobrevivido a las náuseas, su propia selección entre los seis cantantes presentados. ¿Quién ha cantado mejor Dein ist mein ganzes Herz?

La obsesión es para toda una vida. Usted puede escucharla cantada por un gentío. Por ejemplo, puede ver en YouTube otras versiones por Plácido Domingo, Rolando Villazón, Luciano Pavarotti (en italiano), Joseph Schmidt, Piotr Beczala, Rudolf Schock, James Longacre, Richard Tucker, Paul Potts (con fama de Britain’s got talent), etcétera. Está visto que no es sólo a mí a quien le gusta la canción. Cambio y fuera. LEA

Franz Lehár orquestando

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