el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

Opinión perniciosa

La deshonestidad intelectual

El oficio de la deshonestidad intelectual

 

 Si el actual gobierno dedicase la misma energía, la misma preocupación, el mismo interés, el mismo esfuerzo, el mismo ingenio que a diario empeña en cazar peleas, en buscar camorra, en agredir a los demás, en hacer obra útil, en laborar por el país, tuviéramos, definitivamente, un gran gobierno. De ello no hay la menor duda. (…) Prácticamente en el país nadie queda excluido de la agresividad oficial. (…) En todo caso, lo que conviene señalar es que a medida que la crisis se acentúa, y el fracaso oficial es mayor, también se incrementa la agresividad oficial. El gobierno se hunde y como sucede con quienes caen en arenas movedizas, el esfuerzo consiste en chapotear aun más, lo cual determina un hundimiento mayor.

José Vicente Rangel – Bohemia #926, enero de 1981

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Todas las semanas habla y escribe José Vicente Rangel. No siempre dice tonterías, aunque lo hace las más de las veces en obsecuente y falaz defensa de los gobiernos chavisto-maduristas. Se ha cuidado de no repetir las palabras suyas que reproduce el epígrafe; absolvió la agresividad de Hugo Chávez, mucho peor que la que atribuía a Luis Herrera Campíns hace treinta y cuatro años, explicándola como propia del «estilo» de su jefe. Lo más reciente, distribuido por eljoropo.com, es el artículo en Últimas Noticias para su sección El Espejo, que titula mentirosamente: Todo cuanto plantea la oposición se sustenta en la violencia. Pudiera uno glosar esa falsedad con otra análoga: Todo cuanto plantea JVR se sustenta en la mentira. No siempre es así: ocasionalmente, dice la verdad; ocasionalmente emplea medias verdades y con frecuencia dice cosas falsas. En el cuerpo del texto califica esa presunta violencia, según él sustento de los planteamientos opositores: sería «abierta o solapada».

Por supuesto que «En todo tiempo, en todo sistema político, subsiste una fracción de per­sonas, muy reducidas las más de las veces, que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas. Hay conspiradores por vocación, que necesitan la excitación del secreto y la urdimbre de siniestros planes para hacerse con el poder». (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987). Por supuesto que hay gente que se opone al gobierno y que ha propuesto (en privado), que lo que había que hacer en 1998 era «pegarle un tiro a Chávez»; también hubo quien declarara a comienzos de 2002 que la deposición de Chávez no sería posible por medios “institucionales” (Cecilia Sosa), mientras Jorge Olavarría parecía equiparar derecho de rebelión y golpe de Estado; también ocurrió la contratación de mercenarios colombianos para el mismo fin (en 2004 por la persona interpuesta de Robert Alonso, quien carecía de medios de fortuna para hacerlo por su cuenta); también se predicó la multiplicación de «guarimbas» agresivas (el mismo Alonso y, después, Alejandro Peña Esclusa en 2005); también quienes han pregonado que debe crearse «una crisis de gobernabilidad» (María Corina Machado, 5 de abril de 2006), y que la misma señora y Leopoldo López inventaron el hashtag #lasalida como ingrediente de sus intentos por derrocar a Nicolás Maduro en 2014, y que a la misma dama se le grabó una conversación con Germán Carrera Damas—dada a conocer el 26 de junio de 2013—en la que decía que ella ha debido ir a plantear la situación venezolana al Departamento de Estado y el Congreso de los Estados Unidos porque «no puede ser que ellos no sepan lo que está pasando aquí».

Todo eso, y mucho más que desconozco, es verdad. Pero, por una parte, tales posiciones nunca han sido mayoritarias en la oposición nacional. Al descubrirse la estúpida ocurrencia de Robert Alonso y sus paramilitares, es cierto, Carlos Andrés Pérez ofreció declaraciones a Radio Caracol de Colombia (12 de mayo de 2004): “Es que Chávez ha rechazado todas las salidas pacíficas que se le han presentado, de manera que ya no queda más que el último recurso: la violencia». Pero sobre el mismo hecho comentaron lo opuesto Enrique Mendoza—“No hemos pretendido, no pretendemos ni vamos a aceptar la salida del señor Presidente por un acto de fuerza, de lo que se ha llamado vulgarmente golpismo, cosa que él sí ejerció contra un presidente constitucional”—y Pompeyo Márquez: «La oposición democrática no cree en atajos o salidas violentas. Todo factor o individualidad que coquetee con esas opciones está fuera de la Coordinadora Democrática». El 29 de mayo de 2005, diría Julio Borges: «Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten».

Una pacífica hermandad

Una «pacífica» hermandad

Por la otra, Rangel es particularmente ciego al ignorar la raíz indiscutiblemente violenta del chavismo. ¿Por qué nunca repudió esta admisión de Adán Chávez, hermano del golpista principal de 1992?:

Nuestro proceso bolivariano se inició en esta etapa bicentenaria por la vía electoral, y queremos seguir por allí, por una vía pacífica que permita construir el socialismo bolivariano, pero conscientes de los peligros que nos acechan y seguros de que el enemigo no descansa, no podemos olvidar otros métodos de lucha. Sería imperdonable limitarse tan sólo a lo electoral y no ver otros métodos, incluso la lucha armada, para obtener el poder. (27 de junio de 2011).

El proceso «bolivariano» de Hugo y Adán Chávez se inició con la asonada criminal, asesina, del 4 de febrero de 1992 y, como este último dejó claro, no se les aguaba el ojo diecinueve años después al anunciar una posible lucha armada «para obtener el poder».

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Hace no mucho (30 de noviembre de 2014) Rangel invitó a su programa dominical en Televén a Luis Vicente León. ¿Qué anda midiendo Datanálisis, la encuestadora que León dirige? Que la popularidad de Nicolás Maduro cayó en diciembre a 22%, que el mes anterior 80,1% de los encuestados sostenía que el «socialismo del siglo XXI» es un modelo equivocado que es preciso cambiar y que, ya para octubre, 68,1% prefería que el presidente Maduro abandonara su cargo el mismo año pasado o fuera removido por revocación de su mandato en 2016.

Datanálisis ha encontrado en noviembre que 85,7% de los encuestados opina que es mala la situación del país. (¿Es que más de las cuatro quintas partes de nuestra nación han constituido una agorera agencia de calificación de riesgo que impide el acceso razonable a financiamiento externo?) También midió la encuestadora, por cierto, un rechazo de 72,2% al gobierno y 71,5% de quienes creen que el mandato de Maduro será revocado en 2016. (Alquimia de la culpa, nota en la que hay registro de otra torpe mentira de JVR: “Maduro ha demostrado condiciones para ejercer el cargo de Presidente de la República. Logró sortear con éxito este año 2014 y resolvió situaciones críticas con serenidad y firmeza. A esto se agrega el masivo apoyo de calle que tiene…»)

La verdad es que «El gobierno se hunde y como sucede con quienes caen en arenas movedizas, el esfuerzo consiste en chapotear aun más, lo cual determina un hundimiento mayor». La verdad es que Dagong, la agencia china de calificación de riesgo que rebajó en agosto pasado la ubicación de la república venezolana, no forma parte del «eje mediático que impulsa el trabajo sucio contra Venezuela» (JVR hoy). La verdad es que las cuatro quintas partes de la opinión nacional rechazan hoy al gobierno madurista sin formar parte de la «confabulación mediática» que patrocina «la derecha internacional con apoyo directo de Washington y de ciertos demócratas reblandecidos» (JVR hoy). La verdad es que la principal confabulación mediática que afecta a los venezolanos es la de la ventajista acumulación de medios oficialistas—incluidos los que Rangel maneja—, que se esfuerza todos los días en ocultar la realidad del país. La verdad es que la propaganda socialista local ha superado en obscenidad de su gasto lo que a duras penas logró administrar Joseph Goebbels en la Alemania dominada por los nazis.

La verdad, dudoso periodista Rangel—el gran Ryszard Kapuściński escribió: Los cínicos no sirven para este oficio—, es que Ud. escribe y dice muchas mentiras. No es verdad que «todo cuanto plantea la oposición se sustenta en la violencia». La verdad es que más de la mitad del país, mayoritariamente en contra de la administración de Nicolás Maduro, ni siquiera se afilia a nada de la oposición formal en Venezuela. La verdad es que la inmensa mayoría que se opone a lo que probablemente sea el más extraviado gobierno venezolano en toda su historia no está conspirando; quien viene desde hace rato conspirando es Ud., en contra de la salud de la República. LEA

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Dieciséis años de incompetencia

Capriles canta en coro con salidistas que querían clavarle un puñal

 

 

Some people at the demonstration worried about the low turnout. “There’s not a lot of people,” Diana Colorado, a 45-year-old electric engineer from Caracas, said at the march. “Everyone has become apathetic. They’ve lost faith in the politicians. The change they’d been hoping for never came.” At the Chacaito plaza where the opposition rally ended, a block from where Lopez was arrested last year, about a hundred young protesters remained at 2:45 p.m. and were surrounded by about twice as many riot police as they chanted “resistance.”

Venezuela Opposition March Ends After Police Scuffles (Bloomberg News, 24 de enero de 2015)

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Cada vez son más ralas las concentraciones de la oposición en Venezuela. (Las del oficialismo también). Sumadas todas las marchas y contramarchas convocadas desde que Jesús «Nos vamos p’a la calle» Torrealba se encargara como Coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática, no alcanzan a igualar una manifestación mediana de las de 2002 a 2004. Esta vez, en un arranque de ingenio, a alguien se le ocurrió bautizar la de ayer como «de las ollas vacías», tal vez en alusión a las que cocinan la imaginación estratégica opositora. Antes de la exigua demostración, la MUD lanzó la consigna de cornetear y cacerolear en todo el país la «Memoria y Cuenta» de Nicolás Maduro—«Dios proveerá»—, quien ha vuelto a coger el avión para regresar corriendo a Arabia Saudita. Respuesta a tal convocatoria: silencio nacional.

Ya había pasado lo mismo con una invitación parecida del profundo estratega Antonio Ledezma, cuando prescribió cacerolas y corneteo para anular la aprobación de la Ley Orgánica de Educación, publicada en Gaceta Oficial el 15 de agosto de 2009. Para ser justos, debe anotarse que un análisis posterior le llevó a recetar algo más contundente (aunque imposible): “un referendo abrogatorio que derogue la Ley Orgánica de Educación ya firmada este sábado por el presidente de la República Hugo Chávez Frías”. Todavía ignoraba que la Constitución norma en su Artículo 74: «No podrán ser sometidas a referendo abrogatorio las leyes (…) que protejan, garanticen o desarrollen los derechos humanos…«, y no había meditado sobre la posibilidad de que el obsecuente Tribunal Supremo de Justicia sentenciara innecesariamente que la educación es un derecho humano, pues ya está dicho en el Artículo 102 del texto constitucional: «La educación es un derecho humano y un deber social fundamental…»

Luego de demostrar el 14 de enero que sus dotes oratorias han mejorado mucho—en una rueda de prensa fustigadora del gobierno e informándonos que hay carestía e inflación en Venezuela, lo que no sabíamos—, Henrique Capriles Radonski señaló el remedio: «debe haber una movilización reivindicativa; tenemos que lograr que el pueblo sea escuchado. De acuerdo a los planes que se organicen, yo acompañaré a esa movilización desde cualquier estado del país, y tenemos un conjunto de acciones que presentaremos en próximas horas», aclarando que las presentaría en primer lugar a los partidos políticos y después, of course, al pueblo. (Hasta en esto imita a Chávez; cuando se preparaba el proyecto de enmienda que le permitiría elegirse indefinidamente, el difunto líder concedió graciosamente: “Les doy mi autorización al Partido Socialista Unido de Venezuela y al pueblo venezolano [en ese orden] para que inicien el debate para la enmienda constitucional…»)

La olla de una manifestación vacía

La olla de una manifestación vacía

Bueno, el ingenioso récipe de Capriles se materializó en la «Marcha de las Ollas Vacías», que con su solo nombre prometía, en brillante ocurrencia táctica, tumbar a Maduro. (En la misma alocución del 14 de enero, el doble excandidato presidencial declaró que éste era «el momento perfecto para cambiar de gobierno»). Naturalmente, es de la suprema importancia que Capriles acompañe estas novedosas prácticas «desde cualquier estado del país»; su personal asistencia a estas cosas sería providencial. También anunció que se había puesto de acuerdo con los «salidistas» (sin aludirlos por este nombre); es decir, con quienes, según él, «muchas veces te ponen la mano en el hombro y después le están clavando el puñal en la espalda». (El 16 de enero de 2013, cuando tomaba posesión como Gobernador de Miranda, en declaraciones que cerró así: «Venezuela cuenta con el Flaco, con este servidor»). Trece años llevamos ya de manifestaciones, movilizaciones, marchas, concentraciones, protestas, corneteos y cacerolazos, pero ahora la cosa será dirigida por «el Flaco»; ahora estamos hechos.

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Desde diciembre de 1998, la dirigencia opositora venezolana no ha dado pie con bola ante el chavismo. Primero, se sumió en un estado catatónico, en una crisis de vergüenza. Cuando vinieron las votaciones de constituyente, Henry Ramos Allup intentó elegirse por el estado Apure ¡por iniciativa propia!; no quería que se le confundiera con un adeco. Luego, organizada en la Coordinadora Democrática—señora ya fallecida cuya única hija es la Mesa de la Unidad Democrática—, se dedicó a tropezar una y otra vez. El 19 de agosto de 2004 alguien escribió:

Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia. (Bofetada terapéutica, en la Carta Semanal #100 de doctorpolítico).

En la misma vena, ahora incluyendo en el juicio a la MUD, el mismo autor puso en Las élites culposas:

Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre.

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Acá se ha advertido insistentemente sobre este preocupante fenómeno. (Ver, por ejemplo, MUD: marca de camisas de fuerza o MUD, MUD, MUD, es hora de partir). Y también se ha sugerido una salida al problema en más de una ocasión; la más reciente es del 8 de octubre del año pasado: El mercado político nacional. Pero este año debe haber elecciones para una nueva Asamblea Nacional, y sería un golpe de viento afortunado que el oficialismo pierda el control del poder Legislativo Nacional. Es bastante probable que la oposición obtenga mayoría de curules, vistos los niveles de desaprobación del gobierno y su pernicioso y obsoleto modelo en las encuestas. De darse este resultado, tal cosa se lograría no porque los dirigentes opositores tengan algo en la bola, sino por la terca incompetencia de los socialistas. A pesar de tal cosa, se trataría de un obvio mal menor, y hay mucha gente que se conformaría con eso.

En el horizonte, sin embargo, aparecerán tarde o temprano voces no alineadas en la polarización, con discurso transideológico, el necesario en Venezuela y todo el mundo. Porque es que más que oposición, lo que se necesita es superposición. LEA

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Hablan los oyentes

Sábados a mediodía en RCR 750AM

Sábados a mediodía en RCR 750AM

Oyentes del programa coparon la emisión #128 de Dr. Político en RCR en esta fecha, lo que impuso la variedad en los temas tocados. Hubo lectura de la carta de Dios a Nicolás Maduro, que el Supremo Hacedor remitió por mensajería de Laureano Márquez. El Nocturno del ballet La boutique fantasque (Rossini-Respighi) y el clímax del primer movimiento del Concierto para violín de P. I. Tchaikovsky acompañaron la participación de la audiencia. A continuación, el audio de la transmisión de hoy:

 

LEA

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Comunicaciones modernas

Texting en el Rijksmuseum

Texting en el Rijksmuseum

 

La foto parece ser de alumnos de algún colegio en Ámsterdam: separados por sexo, ninguno pone atención a la monumental Ronda nocturna, de Rembrandt. Lo indicado parece ser clavar la vista y los dedos sobre teléfonos móviles, y quien pudiera ser la maestra a cargo tampoco se ocupa de la pintura o de ellos, embebida como está en su propio teléfono celular a la izquierda del grupo.

Envié esta inquietante imagen a Cornelis Zitman en busca de explicación; a fin de cuentas, él es artista y además es holandés. Su conjetura: «Posiblemente los muchachos están conectados con la app del museo y ven el mismo cuadro en sus teléfonos inteligentes (más que ellos mismos), mientras ‘textean’: ¿Viste qué cuadro tan arrecho?»

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El 9 de enero hice los trámites para un pasaporte fresco en las oficinas del SAIME en Los Ruices. Hoy recibí un mensaje SMS en mi celular, que copio sin alteración: «Estimada se ora Barbara Gil, el pasaporte tramitado al menor Luis Alcala fue enviado a la oficina Los Ruices». Primero intenté contestar con mi propio SMS, identificándome como Luis Enrique Alcalá, explicando que no conozco a la señora Bárbara Gil y no soy menor de edad, y preguntando si por casualidad mi pasaporte estaba esperando por mí. Como ignoro si el mensaje fue recibido y leído por alguien—recibí dos respuestas automáticas e idénticas con ortografía (no caligrafía) similar: «Direccion de Regiones SAIME Acortando Distancia. Siempre Mas cerca de ti»—, intenté llamar a un teléfono (2387818) que la web del servicio presenta como el de la oficina en cuestión. Tono de teléfono incorrecto. Por último, obtuve del servicio de información de CANTV (113) otro número (2325757), que disqué con el mismo resultado: pirirí, pirirí, pirirí… Días antes, procuré infructuosamente solicitar el servicio de entrega a domicilio del pasaporte que el propio SAIME me recomendó, otra vez por mensaje SMS. Los números telefónicos proporcionados en el mensaje nunca sirvieron para nada. Estando cerca de la oficina de Los Ruices, allí pregunté si la cómoda entrega, a un costo de Bs. 200 (algo así como US$ 1,20), podía solicitarse en persona. La respuesta fue negativa, y al explicar que nunca contestaban al teléfono, fui enterado: «Hay problemas con esa gente».

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La gente de Esdata (Alfredo Weil Reyna—con quien me gradué de bachiller en 1959—et al.) pretendió debatir conmigo en Twitter, a base de mensajes limitados a 140 caracteres—el primer párrafo de esta nota tiene 303—, si es que existió demostración de fraude por alteración de resultados en el referendo revocatorio de 2004, argumentando que un tal teorema de Benford así lo demuestra. Debí defenderme de una andanada de tuits que incluyeron cosas como éstas: «Este trabajo: esdata.info/pdf/medina-es.… se DEMUESTRA el fraude y no tiene nada que ver con Benford»; «En nuestro website explicamos Benford ya que es más facil de entender que el Trabajo del Dr. Medina»; «Los resultados siguen este modelo lo cual solo debe ocurrir cuando se repite un mismo evento»; «Una recolección de firmas es un evento muy diferente a un referendo. Ese modelo no se podia dar sino con fraude electrónico»; «La deducción de ese modelo y prueba de que se cumple es independiente de exit polls». También incluyeron una imagen.

Bueno, sugerí que la comprobación de un fraude, un asunto penal, consiste en mostrar quién lo cometió y cómo, pero invité a esa gente a este blog, donde hay amplio espacio para discutir, y le envié un enlace para descargar un artículo (The Irrelevance of Benford’s Law for Detecting Fraud in Elections) que refuta la aplicabilidad de la «ley» de Benford a estos casos. ¿Cómo podía poner en 140 caracteres la traducción del sumario de ese trabajo?

Con creciente frecuencia, ciertas webs parecen argumentar que la aplicación de la Ley de Benford—una predicción sobre la frecuencia observada de números en los primeros y segundos dígitos de resultados electorales oficiales—establece fraude en ésta o aquella elección. Sin embargo, considerando datos de Ohio, Massachusetts y Ucrania, así como los datos artificialmente generados por una serie de simulaciones, sostenemos acá que la Ley de Benford es esencialmente inútil como indicador forense de fraude. Pueden surgir desviaciones de las versiones de los primeros o segundos dígitos de esa ley independientemente de si una elección ha sido libre y justa. De hecho, un fraude puede mover los datos en una dirección que satisfaga esa ley y por consiguiente ocasionar conclusiones enteramente erróneas.

Ésos son 800 caracteres de Joseph Deckert, Mikhail Myagkov y Peter C. Ordeshook, profesores de la Universidad de Oregón y el Instituto de Tecnología de California y autores del artículo. Me habría tomado seis tuits sólo para reproducir el texto aunque, claro, he podido llevarlo a archivo de imagen, luego de haberlo escrito en un procesador de palabras, mediante una captura de pantalla y después recortarla en un procesador gráfico. Nada engorroso, naturalmente. (Ver comentario de José Álvarez Cornett, que postula un medio alterno más económico, y mi respuesta).

De todos modos, ya me ocupé de las peregrinas pretensiones de Esdata en Suma contra gentiles abstencionistas (1º de enero de 2012). Pero mi negativa a participar en un simposio en Twitter produjo este examen de conciencia: ¿no habré sido rebasado ya por la moderna tecnología de comunicaciones? LEA

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Los nuevos adivinos

La adivinación moderna (Emma Thompson como Sybill Trelawney en Hogwarts, la escuela de Harry Potter)

La adivinación moderna: Emma Thompson como la Profra. Sybill Trelawney en Hogwarts, la escuela de Harry Potter.

 

A Néstor Luis y Ana Gabriela

 

Los logros cumbre del pensamiento tardan un tiempo antes de llegar al vulgo en una suerte de goteo o trickling down (a lo Ronald Reagan), y cuando finalmente lo hacen, con décadas de retraso, muy poco de su esencia es entendido por quienes lo reciben.

O corres o te encaramas

O corres o te encaramas

Estas filtraciones de cultura de un piso a otro de las conciencias sociales pueden ocurrir, no obstante, con algo de mayor rigurosidad; hay ocasiones en las que teorías exitosas de cierta disciplina son objeto de transplante a otros campos. Por ejemplo, la poderosa eclosión del evolucionismo de Carlos Darwin no tardó en suscitar un “darwinismo social”: la interpretación de la historia humana como resultado de la competencia y el predominio del más fuerte. (Spencer, Galton, Carnegie y otros). El propio Darwin había atizado este fuego, al exponer en El origen del hombre y de la selección en relación al sexo: “Así, los miembros débiles de las sociedades civilizadas propagan su tipo. Nadie que haya atendido la cría de animales domésticos pondrá en duda que esto debe ser altamente injurioso a la raza humana”. Dos siglos después de su nacimiento, ya no se sostiene el principio de supremacía del más dotado como explicación suficiente de la evolución de las especies, por una parte—hay que leer a Stuart Kauffman—; por la otra, el darwinismo social no duró como teoría que las ciencias sociales tomaran en serio.

En otros casos el asunto procede de otra manera: ahora se nota la emergencia de procesos de estructura muy similar en campos muy distintos, los que parecen seguir una misma matemática. Los modelos de teoría del caos, por ejemplo, se aplican con idéntica pertinencia a problemas de turbulencia de fluidos, fibrilación ventricular, colapsos bursátiles, dinámica planetaria, meteorología o acústica. Pero, las más de las veces, dentro de la ciencia habitual la contaminación de una disciplina a partir de otra ocurre inconscientemente. La ciencia precursora, por así llamarla, contribuye a la conformación de un contexto cultural genérico—la episteme de Foucault—, un telón de fondo, casi un “inconsciente colectivo” en el que es posible que una disciplina tome, sin advertirlo, alguna noción prestada de otro campo. (El concepto común de «fuerzas» políticas, por ejemplo, directamente de Newton). Y éste es el caso de los esfuerzos profesionales por hacer predicción social seria.

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Recta de regresión

Recta de regresión

Es en 1794 cuando el Príncipe de los Matemáticos, Carlos Federico Gauss, describió el método de los “mínimos cuadrados”, que permite representar un número suficiente de mediciones de algún fenómeno o proceso por una línea recta. En verdad, la ecuación que relaciona, digamos, la presión y la temperatura de un gas dentro de un recipiente da origen a una línea recta como representación, aun cuando en la práctica las mediciones reales llevadas a un gráfico nos proporcionan más bien una nube de puntos que más o menos se extiende en una trayectoria borrosamente rectilínea. El método de Gauss, pues—que empleó a sus diecisiete años para predecir el trayecto del planetoide Ceres (por estos días asediado por la NASA)—, permite lo que los estadísticos llaman una “regresión lineal”, la conversión de una serie de datos en una línea recta cuya pendiente sigue aproximadamente la dirección general de los puntos que esos datos determinan en un gráfico. Es la recta que mejor representa a los puntos; ninguna otra lo haría mejor.

Muy pronto comenzó a trasladarse esta técnica al problema de la predicción social; no en balde el nombre de la Estadística viene del término Estado. A pesar de que hay Física Estadística, y que los sistemas de control de calidad en una fábrica de cerveza se fundan en métodos estadísticos, aquella ciencia se considera fundada en 1662, con la obra del demógrafo precursor inglés John Graunt: Observaciones naturales y políticas sobre las partidas de defunción. Los Estados serios debían asentar sus decisiones sobre censos y otras mediciones confiables, y la ciencia que los trataba era la Estadística.

Pero al principio la Estadística no se usaba para predecir. Es en el siglo XIX cuando comienza a generarse líneas de regresión para series temporales, las que correlacionaban el progreso de alguna magnitud—tamaño de una población en habitantes, por ejemplo—con el mero paso del tiempo. Al obtener líneas rectas que representaban el crecimiento poblacional, los profesionales de la Estadística sucumbieron a la tentación de prolongar sus líneas hacia fechas del futuro. Así pronosticaban, y con marcado acierto, el tamaño de una población en tiempos del porvenir.

Es en el mismo siglo XIX cuando Carlos Marx pregona su pretensión de que ha dado con un método para tratar científicamente el despliegue histórico de la humanidad: el materialismo histórico. Marx creyó haber descubierto, como si fuera un Newton social, las “leyes de la historia”, las que le permitirían pronosticar el decurso futuro de la humanidad como si se tratara de una trayectoria balística, fácilmente determinable mediante ecuaciones de mecánica racional.

Y, en gran medida, la cultura inmediatamente postmarxista llegó a pensar que, en efecto, el futuro de la humanidad era predecible. En cierto sentido, todos eran algo marxistas a comienzos del siglo XX, como eran todos un poco darwinistas. Allí estaba el telón de fondo cultural que reforzaba la validez de la regresión lineal como método adivinatorio del futuro cuantificable. Se trata, por supuesto, de un telón rasgado por Karl Popper en La miseria del historicismo (1944).

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Sin embargo, es justamente en los propios inicios del siglo veinte, entre 1905 y 1916 para ser precisos, cuando Alberto Einstein construye una nueva física de lo más grande: sus teorías especial y general de la relatividad. Uno de sus gráficos más didácticos consiste en una mitad inferior en la que una línea vertical choca hacia arriba, perpendicularmente, contra una línea horizontal que representa el instante presente; la línea vertical representa la trayectoria del pasado hasta este momento. De ese pasado no hay duda; ya ocurrió, ya colapsó, aunque pueda ser ignorado mientras no sea descubierto. A Julio César se le asesinó de veintitrés puñaladas el 15 de marzo del año 44 antes de Cristo; no fue el 16 de marzo ni el 8 de enero, y no fueron cinco puñaladas ni cincuenta, sino las referidas.

Es imposible ir más rápido que la luz

Es imposible ir más rápido que la luz

¿Qué pasa con el futuro? La mitad superior del gráfico consiste en dos líneas oblicuas divergentes que se originan en el punto de encuentro de las líneas vertical y horizontal ya descritas; aquéllas limitan la distancia que puede ser recorrida en cierto tiempo a la velocidad de la luz. Naturalmente, a mayor tiempo es mayor la distancia que puede recorrerse, y por esto las líneas divergen como los bordes de un abanico, para describir un área que es más grande a medida que uno se adentra en el futuro. Lo que cae fuera de estas líneas oblicuas queda definido como futuro imposible: cualquier punto en el exterior del abanico (o cono, más propiamente) representaría un lugar al que sólo podría alcanzarse viajando a una velocidad mayor que la de la luz, que para la teoría de la relatividad es la velocidad máxima absoluta.

Es seguro que no se razonó así—a partir de un gráfico einsteiniano—en la Corporación RAND a comienzos de los años sesenta para replantearse el problema de la predicción social, pero la episteme más reciente prescribía pensar en términos relativistas cuando los científicos sociales del mayor think tank del mundo inventaban la técnica de predecir mediante la construcción de “escenarios”. Puede presumirse que las nociones relativistas fueron permeando, fueron goteando durante décadas para cristalizar, en el campo de la futurología social, como la idea de que el futuro no era único (la pretensión del materialismo histórico) sino plural. Al mismo tiempo, la constatación evidente de que los más entre los procesos sociales son bastante erráticos, y no pueden ser razonablemente representados por una línea recta, erosionó aun más la noción de que el futuro era lineal. (En procesos de gran inercia, de cambio lento, como el crecimiento de una población lo suficientemente grande, todavía resulta adecuada la herramienta de la regresión lineal; no así en procesos más volátiles, como por ejemplo en el caso de los valores de acciones o productos en el tiempo).

El reconocimiento de la pluralidad del futuro, en consecuencia, comenzó a ser manejado con la redacción de diversos escenarios considerados como posibles, para los que había que imaginar la serie de pasos que llevarían del presente a la situación que describen. Un esquema frecuente es el de imaginar un “mejor escenario”, un “peor escenario” y un “escenario intermedio”. Pero no hay nada de mágico u obligatorio en el número de tres escenarios. Puede perfectamente redactarse cinco escenarios, o seis, u ocho, o veintiséis…

La técnica de predicción por escenarios se inventó delante del telón de fondo cultural del abanico relativista. A medida que el futuro es más lejano, la incertidumbre es mayor, como lo es el área del abanico a medida que se aleja del vértice que es el momento presente. Pero, al hacerlo así, acogió inadvertidamente una premisa no explícita: que el área del abanico es continua, y que en principio sería posible imaginar una infinitud de escenarios. Entre dos escenarios cualesquiera, siempre resultaría posible imaginar un escenario intermedio.

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Así llegamos a una nueva percepción. El nuevo telón de fondo conceptual viene provisto por las teorías de la complejidad y el caos, con su apropiada matemática: la geometría fractal. Son disciplinas que han emergido en la segunda mitad del siglo XX y, por tanto, son de goteo reciente.

Estas teorías tratan con procesos que proceden a paso de bifurcaciones y ramificaciones, como la anatomía de un árbol o la formación de un delta fluvial. El formalismo matemático sobre el que se asienta la teoría de la complejidad permite, también, describir el futuro como una estructura arborificada o ramificada, como una arquitectura discontinua en la que unos pocos futuros posibles actúan como cauces o “atractrices” por los que puede discurrir la evolución del presente.

El futuro es un delta de cauces posibles

El futuro es un delta de cauces posibles

Los sistemas complejos, como el clima, la ecología o la sociedad, se mueven a lo largo de unos pocos cauces, siendo los más caudalosos los de mayor probabilidad. El futuro, entonces, no está compuesto de una variedad infinita de escenarios. Son tan sólo unos pocos cursos, carriles o cauces—sus atractrices—los que conducen el cambio de un sistema complejo. Son, por ejemplo, unos pocos conductos los que están desaguando el caudal político venezolano, y si esto es así la incertidumbre viene siendo algo menor de lo que habitualmente se supone. Hay incertidumbre, naturalmente, pero al menos podemos estructurarla, al menos conocemos la forma general del delta de los cauces políticos en Venezuela a comienzos del año 2015:

«Es así como aun en condiciones de extrema complejidad es posible tanto predecir el futuro como seleccionarlo. Por el lado de la predicción social, el problema es ahora un asunto de identificación de las atractrices (cauces) actuantes en un momento dado. Por el lado de la acción, se trata de evitar ciertas atractrices indeseables y de seleccionar alguna atractriz conveniente o, más allá, de crear una nueva atractriz altamente deseable. Eso es, fundamentalmente, la esencia de una imagen-objetivo. Eso es lo que deben proporcionar los estrategas políticos». (Los rasgos del próximo paradigma político, referéndum, 1º de febrero de 1994).

 

luis enrique ALCALÁ

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Junta Política #1

Con Daniel Lara y Nehomar Hernández

Con Daniel Lara y Nehomar Hernández

 

En día de hoy, Daniel Lara y Nehomar Hernández, conductores de Así nos va, me acompañaron en Dr. Político en RCR para considerar el tema prominente de la política nacional: la cesantía anticipada de Nicolás Maduro en su cargo de Presidente de la República. El tema ha emergido en declaraciones de Luis Ugalde S. J., la rueda de prensa del 14 de enero de Henrique Capriles Radonski y otras voces previas (Luis Chataing, por ejemplo), y ciertamente es necesidad sentida crecientemente por la población. De nuevo vino Antonín Dvořák con su Humoresque para cerrar el primer segmento de la transmisión, y Jan Sibelius con su poema sinfónico Finlandia, una pieza de rebeldía, para abrir el segmento tercero y final. He aquí el audio de esta primera junta política sostenida en el programa:

LEA

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