el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

Ésas son puras mentiras* (Actualizado)

Manipulación enteramente inútil

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El Presidente de la República seudobolivariana de Venezuela me perdonará si no interpreto con fidelidad lo que dijo ayer, en la rueda de prensa a la que convocó representantes de la prensa extranjera, para un intento de controlar los daños que sufriera su anacrónica e inepta revolución el domingo 26 de septiembre. No vi prácticamente nada de esa rueda de prensa salvo el fragmento en el que la periodista Andreína Flores lo hace desvariar y contestarle con ataques personales, en una nueva exhibición de su pobreza argumental. Lo que conozco es la concisa y útil sinopsis que hiciera de ella Noticias 24, la que estimo fiel.

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Pone la nota de Noticias 24: “Chávez criticó a voceros opositores que se han adjudicado la victoria en las parlamentarias de ayer. ‘Esa es su naturaleza, (están) mintiendo, manipulando’, dijo”. Más adelante reporta: “Dijo entonces que la oposición logró 5.320.175 votos ayer, estableciendo una diferencia de más de 100 mil votos con respecto a las alianzas del oficialismo, que lograron 5.422.040 votos, aun cuando esto no era una elección nacional… ‘Ellos están sumando para sí más de 500 mil votos que corresponden a un conjunto de otros partidos que no son de la Mesa de la Ultraderecha’, aseguró Chávez”.

El presidente Chávez no tiene poderes sobrehumanos que le permitan conocer la naturaleza de nadie; ni siquiera tiene estudios de Psicología. La acusación de que quienes señalan que el domingo hubo más votos contra Chávez mienten y manipulan, en cambio, es una proyección clásica: el segundo más primitivo de los mecanismos de defensa psicológicos enumerados por Sigmund Freud. El presidente Chávez miente de modo consuetudinario, y con la misma frecuencia atribuye su conducta falaz a los que disienten de su política. Ya el 10 de agosto de 1998 escribí sobre esto un artículo (Yugo Chávez es un mentiroso) que publicó El Diario de Caracas, del que transcribo ahora unos pocos fragmentos:

Una de sus reiteradas explicaciones, cuando intenta defender su infeliz ocurrencia del 4 de febrero de 1992, es que el frustrado levantamiento de esa fecha se produce como rectificación “bolivariana” de los acontecimientos del 27 y el 28 de febrero de 1989. La lógica chavista procede más o menos de este modo: primero, Simón Bolívar había señalado que un ejército sería maldito si enfilaba las armas contra su pueblo; segundo, Carlos Andrés Pérez ordenó al ejército venezolano enfilar sus armas contra el pueblo en 1989; tercero, en consecuencia, la asonada del 4 de febrero no fue otra cosa que el castigo merecido por el pecado perecista.

Eso es mentira. Mentira dicha con el mayor desparpajo, con el mayor irrespeto por la inteligencia y la memoria de ese pueblo que él dice defender. Durante su breve prisión en el penal de Yare, cuando no preveía aún el posterior desarrollo de los acontecimientos y por tanto se encontraba algo descuidado, Hugo Chávez Frías admitió que el grupo que encabezó el intento de golpe de Estado de 1992 llevaba muchos años conspirando, por lo menos cinco años antes de que se produjeran los disturbios de 1989, la excusa que ahora ofrece como explicación.

Hugo Chávez Frías miente. Miente cuando dice y repite que el artículo 250 de la Constitución Nacional lo obligaba a la asonada. (Así declaró, por ejemplo, a la revista Newsweek en 1994). Hugo Chávez Frías miente. Porque el texto del artículo 250, que por sí solo constituye el Título XI (De la inviolabilidad de la Constitución) lo que dice en su primer inciso es lo siguiente: “Esta Constitución no perderá vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone. En tal eventualidad, todo ciudadano, investido o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”.

Veamos entonces. Hugo Chávez Frías estaría diciendo la verdad, por una parte, si el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez hubiera dejado de observar la Constitución por acto de fuerza o la hubiera derogado por un medio distinto del que ella misma dispone. Y es muy claro que ninguno de esos dos casos estuvieron presentes en 1992. Por otra parte, no creo que puede sostenerse que una conspiración militar, preparada largamente, puede ser entendida como una “colaboración” para el restablecimiento de la efectiva vigencia de la Constitución. Al contrario, nada hay más inconstitucional que la única acción notoria de Hugo Chávez Frías. (Artículo 115 de la Constitución: “Los ciudadanos tienen el derecho de manifestar pacíficamente y sin armas, sin más requisitos que los que establezca la ley”. Artículo 119: “Toda autoridad usurpada es ineficaz, y sus actos son nulos”. Artículo 120: “Es nula toda decisión acordada por requisición directa o indirecta de la fuerza, o por reunión de individuos en actitud subversiva”).

También manipula, para no decir que miente, el presidente Chávez cuando se refiere a la Mesa de la Unidad Democrática como la “Mesa de la Ultraderecha”. El partido COPEI, que antaño se ubicara al centro-izquierda, es hoy una organización de centro-derecha, como lo es Primero Justicia; ninguno de los dos puede ser ubicado sin faltar a la verdad en la derecha extrema. Los partidos Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, miembros como los anteriores de la MUD, son formaciones socialdemócratas, colocadas en el centro-izquierda. Los partidos Podemos, La Causa R y Bandera Roja son socialistas, organizaciones de izquierda. (Y el partido Patria Para Todos, que no pertenece a la MUD pero también se opuso al PSUV desde una postura socialista, tampoco puede ser considerado de derecha, mucho menos de ultraderecha. Si alguien manipula en estas cosas expertamente es Hugo Chávez).

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El domingo 26 de septiembre hubo más votos por candidatos que no eran del PSUV o sus aliados. Las cifras que ofreció el propio Presidente reflejan inequívocamente ese resultado. Más de la mitad de los votantes optó por rechazar la oferta oficialista, y esto es una realidad que el Presidente no podrá ocultar con ningún malabarismo, como tampoco el Consejo Nacional Electoral. (Cuadro de abajo con cifras totales definitivas del CNE).

Esto sí es una victoria de m...

Dice Noticias 24: “Chávez puso la jornada de ayer en cifras, indicando que las fuerzas aliadas al gobierno lograron el 59,39% de los diputados, mientras que la oposición logró 40% del parlamento”. Pero lo que Chávez oculta para su conveniencia es que en la Asamblea Nacional actuante el PSUV sienta a 139 diputados y esta vez logró elegir a 98; esto es una pérdida de 41 curules. Del lado opositor, la actual Asamblea tiene 11 diputados; la nueva tendrá 67 (65 MUD + 2 PPT), para una ganancia de 56 curules. (El oficialismo, no obstante, tiene una manera peculiar de sacar sus cuentas. Hoy reporta la web de Unión Radio declaraciones de la diputada electa al Parlamento Latinoamericano por el PSUV, Ana Elisa Osorio, quien dijo: “Hubo un decrecimiento, porque hoy en día sólo con el Partido Comunista y nosotros tenemos 98, y ellos llegaron a 65 después que tuvieron 80, así que realmente han venido perdiendo espacios”. De su propia pérdida parece no tener ningún conocimiento).

Que el PSUV alcanzó una votación mayor en mayor número de estados es verdad, pero la unidad de la democracia no es el territorio, es el ciudadano, y un mayor número de ciudadanos votó en su contra. Gracias a la redistribución sesgada de los circuitos efectuada por el CNE—así venga hoy la rectora Lucena, algo tarde, a defenderla con la cínica noción de que no se hizo para favorecer a nadie—, las zonas menos pobladas y desarrolladas del país quedaron sobrerepresentadas en la Asamblea. (Gustavo  Tarre Briceño no tiene razón, sin embargo, cuando dice que esto es inconstitucional, puesto que la Constitución garantiza la representación de las minorías, pero igualmente garantiza la personalización del voto, es decir, la elección nominal, sin indicar la proporción de la mezcla de ambos principios. Ver sobre el punto Elecciones de Asamblea Nacional en este blog).

Que la elección tuvo una estructura mayormente circuital, como la llama el Presidente de la República, es también cierto, pero verdad es asimismo que el presidente Chávez quiso que se interpretara como un plebiscito sobre su persona, y aseguraba (el 16 de septiembre) que  ya estaba en campaña para las elecciones de 2012 y que la elección de la Asamblea sería un preludio de lo que pudiera suceder en las elecciones presidenciales. No puede, por tanto, sin incurrir una vez más en la inconsistencia que le es tan característica, venir ahora con que las elecciones del pasado domingo eran circuitales y no deben ser interpretadas como un evento nacional.

Más aún: la campaña de los candidatos del PSUV fue asumida como una sola tarea colocada sobre los hombros universales y únicos de Hugo Chávez. Todavía cuelgan en las calles los carteles en los que el rostro del Presidente empequeñece el de los verdaderos candidatos. Y tan temprano como en mayo de este año, el fallecido Willian Lara, cuyo nombre fue escogido por el presidente Chávez para designar las operaciones de su aparato en la fecha electoral, definía el carácter único de la campaña. Leo en Correo del Orinoco del 10 de mayo:

Willian Lara, gobernador del estado Guárico y miembro del PSUV, hizo referencia a la campaña  única que realizarán las candidatas y los candidatos que resultaron ganadores en las elecciones internas del partido revolucionario, para participar en la contienda por los curules de la Asamblea Nacional que se efectuarán el próximo 26 de septiembre.

El periodista y Gobernador del estado Guárico indicó que los candidatos ganadores en los comicios internos no podrán realizar campañas políticas individuales, sino en equipo. En ese sentido, el militante de la organización revolucionaria resaltó que se conformará un comando nacional de campaña, el cual se regirá bajo los estatutos de la dirección nacional del PSUV.

“Este comando de campaña abarcará cada uno de los circuitos electorales y, por ende, en cada uno de los estados del país”, dijo Lara, al tiempo que precisó que se debe “hacer una sola campaña para no segmentar al electorado“.

Ahora, cuando una mayoría nacional ha votado contra los candidatos de la alianza encabezada por el PSUV, el presidente Hugo Chávez pretende que ese planteamiento centralista y único de la campaña, en ámbito nacional, sea olvidado. Ya no quiere que se le mencione lo que Lara y él dijeron.

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Curiosamente, el presidente Chávez escogió referirse ayer a dos temas ajenos a las elecciones del 26 de septiembre: el primero fue su reiterada invitación—más bien desafío—a la convocatoria de un referendo revocatorio de su mandato.

Noticias 24 reproduce sus palabras: “Si dicen que ya son mayoría, convoquen un revocatorio. Les hago un reto, como dicen que son mayoría, ya yo cumplí tres años de este período, tres años y medio, les hago un reto: convoquen a referéndum. ¿No son mayoría? Háganlo. ¿Por qué esperar dos años?”

Es un tema que se ha convertido para él en obsesión. Desde el año pasado anda en eso. La última vez que lo planteara fue el 2 de junio, cuando añadiera un elemento nuevo: “¿Por qué no llaman a un referendo revocatorio, si la constitución les da ese derecho? Aprovechan las elecciones y piden un referendo para el 26 de septiembre”. Noticias 24 reportó ese día: “Según Chávez, el Consejo Nacional Electoral está en capacidad de organizar la consulta revocatoria en 4 meses”.

La idea de celebrar el referéndum junto con las elecciones la había plagiado de este blog, que había propuesto el 31 de mayo, dos días antes de lo que Chávez presentó como su ocurrencia, lo siguiente:

…somos los Electores—10% del registro electoral—quienes debemos ocuparnos de la convocatoria. Somos nosotros quienes, por iniciativa popular, tendremos que causar la consideración, por parte de cada ciudadano hábil para votar, de esta pregunta: “¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela de un sistema político-económico socialista?”

Este blog anuncia que ya hay quienes estamos estudiando la ingeniería de la cosa, y que nos proponemos que la consulta tenga lugar exactamente el domingo 26 de septiembre de este mismo año. De este modo, no se exige un gasto adicional y un esfuerzo organizativo distinto al Consejo Nacional Electoral.

Y es que este referéndum sobre el socialismo fue propuesto por vez primera en la Carta Semanal #341—Parada de trote—de Dr. Político el 23 de julio de 2009. Se trata de un referéndum que el Presidente de la República habría podido convocar en Consejo de Ministros si hubiera tenido las agallas, a diferencia del revocatorio que no puede convocar contra sí mismo. De hecho, en este blog—leído, si no por él mismo (águila no caza moscas), por su Sala Situacional—le dije:

De modo, pues, Señor Presidente, que si Usted ha recomendado insistentemente a sus opositores organizados en partidos políticos la convocatoria de un referéndum revocatorio en Su contra, a Usted puede recomendársele recíprocamente, más bien exigírsele, que convoque Usted mismo, en acuerdo con Sus ministros, el referéndum consultivo sobre la conveniencia de instaurar en nuestro país un régimen político-económico socialista.

Si Usted cree verdaderamente en la democracia participativa, si Usted puede ver que la pretendida instauración modifica profundamente la estructura y el concepto del Estado venezolano y las costumbres de la Nación, si puede ver que Usted no tiene derecho de imponer tal cosa, por su gravedad, sin recabar la opinión del Soberano, entonces Usted no puede negarse a la inmediata convocatoria del referéndum descrito. Usted nos debe esa consulta; se la debe al Pueblo, el Poder que le supera. (Emplazamiento de Caracas, 8 de febrero de 2010).

El presidente desafiante, el político que se la pasa retando y profiriendo amenazas, optó por ignorar el razonable emplazamiento. No tuvo el valor de asumirlo; él, que acostumbra decir que asume.

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La segunda referencia presidencial a un asunto desconectado de las elecciones del 26 de septiembre fue el descarado, lastimero y repetido intento de que no se le tenga por golpista. Una vez más, la cita procede de Noticias 24: “Yo participé en una rebelión, si lo llaman golpe, está bien, lo acepto. La rebelión está diametralmente opuesta a los golpes de Estado; fue la juventud militar que se alzó contra los altos mandos”.

Cada vez que Hugo Chávez se refiere a los actos abusivos del 4 de febrero de 1992 cambia los matices, dice cosas distintas. Él recordará que nos vimos por primera vez en un desayuno durante la campaña presidencial de 1998, y que ya en esa ocasión le hice conocer mi opinión acerca de su criminal abuso. Tal vez, en cambio, no leyera un artículo con el que penetré la revista Zeta, algo premonitoriamente, un mes antes del Carmonazo. De él cito:

Esto dice, por ejemplo, la Declaración de Derechos de Virginia, de la que calcaba tres semanas después la Declaración de Independencia de los Estados Unidos: “…cuando cualquier gobierno resultare inadecuado o contrario a estos propósitos—el beneficio común y la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad—una mayoría de la comunidad tendrá un derecho indubitable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, del modo como sea considerado más conducente a la prosperidad pública”.

El sujeto del derecho de rebelión, como lo establece el documento virginiano, es la mayoría de la comunidad. No es ése un derecho que repose en Pedro Carmona Estanga o un grupo de comandantes que juran prepotencias ante los despojos de un noble y decrépito samán. No es derecho de las iglesias, las ONG, los medios de comunicación o de ninguna institución, por más meritoria o gloriosa que pudiese ser su trayectoria. Es sólo la mayoría de la comunidad la que tiene todo el derecho de abolir un gobierno que no le convenga. El esgrimir el derecho de rebelión como justificación de golpe de Estado equivaldría a cohonestar el abuso de poder de Chávez, Arias Cárdenas, Cabello, Visconti, Gruber Odremán, Chacón y demás golpistas de nuestra historia, y esta gente lo que necesita es una lección de democracia. (3 de marzo de 2002, referido en Salir de la caja, 25 de marzo de 2004).

Pero todavía insiste desde su mala conciencia, aunque nadie le hubiera tocado ayer el tema, ni siquiera Andreína Flores. Con la negación: el más primitivo de todos los mecanismos freudianos de defensa. LEA

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*Ésas son puras mentiras. Los amigos invisibles. Ir a descargar
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Una victoria pírrica

El madrugonazo. (Foto de Eduardo Mayorca)

La multimillonaria maquinaria electoral del Partido Socialista Unido de Venezuela, bajo la asfixiante jefatura de Hugo Chávez, candidato único, no pudo «pulverizar» a la oposición democrática, no pudo obtener la mayoría calificada que se proponía, no pudo obtener la mayoría en el conteo de los votos totales emitidos. El paciente esfuerzo de la Mesa de la Unidad Democrática rindió sus frutos, aun dentro de unas reglas de juego sesgadas a favor del oficialismo. Datos y Datanálisis no tenían razón; IVAD y Consultores 21 la tuvieron, pues sus últimas mediciones indicaron con mucha precisión la mayoría opositora.

En el Consejo Nacional Electoral, el rector Vicente Díaz ya no estaba relegado a un extremo de la mesa, cuando la rectora-presidenta, Tibisay Lucena, leyó el primer boletín oficial, con resultados irreversibles. Lucena lo sentó a su lado izquierdo. Medio país estaba despierto para escuchar que la oposición había conseguido, prácticamente, el máximo logro dentro de lo posible. Hoy amaneció sereno: una calma extensa es el sentimiento dominante; la semana arranca con un país diferente, consciente de que todo es posible.

La abstención electoral fue del orden de 35%. Una participación mayor habría empeorado la situación para el gobierno que, aun así, recibió sólo el 48% del apoyo nacional frente al 52% recabado por la oposición. Ya no es mayoría; Hugo Chávez tiene enfrentada a más de la mitad de la nación. No va ser reelegido en 2012; en el seno del PSUV debe haber ya una angustia preelectoral pues, como siempre, Chávez insistió en funcionar como el único candidato para la Asamblea Nacional. Y más desinflado todavía como posible candidato presidencial está Henri Falcón: dos diputados pudo sacar Patria Para Todos en el país entero, que para este partido se convirtió en Amazonas. En Lara, su bastión, no sacó ni uno.

Otros recibieron un golpe tan mortal como el propinado al empecinado Presidente; aquellos que siempre han predicado rutas desviadas de lo electoral. El aprendizaje político del país es enorme.

Entretanto, que disfrute, por el poco tiempo que le queda de mando, Hugo Chávez su victoria de m. LEA

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Diálogo en la bomba

En la mañana del viernes 24 de septiembre fui a poner gasolina en la estación de servicio de Sta. Eduvigis, sobre la avenida Rómulo Gallegos. Mientras se llenaba el tanque el operario gritó a uno de sus compañeros: «Entonces, ¿vas a votar por el comandante?»

No pude contener una pregunta: «¿Y el comandante es candidato a diputado?» El individuo contestó: «No, pero hay que votar por los de él». «Ah—repuse—¿y por cuáles diputados votará usted en su circunscripción?» El interpelado dijo: «El que más recuerdo es uno de lentes». «Estamos bien informados», respondí. «Yo me informo después, en La Cremallera», completó.

El tanque ya estaba lleno; pagué y recuperé las llaves. Cuando me iba volvió a gritar al compañero, con clara intención de que yo lo oyese: «El comandante va a agarrar cincuenta escuálidos y los va a mandar a Cuba. Para que se los coman los tiburones».

Todo un demócrata que participa. Con amenazas calcadas de su líder, por supuesto. Su voto lo dará al señor de lentes. LEA

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Elecciones de Asamblea Nacional

El siguiente video lo debo a la hermana cibernética, María Elena Alcalá, quien a veces graba nuestras conversaciones por Skype cuando son de trabajo. En este caso, extrajo de la última que tuvimos, el domingo 19 de septiembre, el fragmento que dedicamos a las inminentes elecciones de Asamblea Nacional. LEA

Sólo el archivo de audio:

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Opereta, zarzuela y musical

Intermedio de La boda de Luis Alonso, zarzuela de Jerónimo Giménez. Concierto Voces para la Paz, Auditorio Nacional de Música, Madrid, 10 de Junio de 2007.

Las operetas y zarzuelas son como óperas ligeras, dramas musicales sobre temas livianos que usualmente llevan tono de comedia. En Viena, sobre todo, reinan las primeras, a pesar de que el nombre es diminutivo italiano (operetta) de ópera; en España, las segundas han regalado incontables horas de esparcimiento a incontables audiencias populares.

Zarzuela es, para el DRAE, una «Obra dramática y musical en que alternativamente se declama y se canta», y también la letra o la música de una obra de esa clase. Una última acepción de la palabra dice: «Plato consistente en varias clases de pescados y marisco condimentado con una salsa». Pero el nombre de las obras escénico-musicales que conocemos como zarzuelas se debe al sitio donde fueron representadas por vez primera, abundante en zarzas, donde Felipe IV mandó a construir lo que hoy es la residencia principal de los reyes de España: el Palacio de la Zarzuela, en las afueras de Madrid.

En el siglo XX se desarrolló el género del musical, y esta forma próxima a la zarzuela y la opereta recibió el impulso del cine. Por su mayor parte, los musicales fueron comedias, hasta que llegó el genio de Andrew Lloyd Webber con obras como Jesucristo Super Estrella, Evita o Los miserables.

He aquí una colección de doce números (uno repetido) de este tipo de composiciones para canto, baile y parlamento normal de teatro.

Comencemos por la voz robusta de Plácido Domingo, en Dein ist mein ganzes Herz, de Das Land des Lächelns, la más famosa de las operetas del compositor húngaro Franz Lehár.

Domingo canta con igual facilidad un aria que un tango, una opereta como la precedente que una zarzuela, de la raíz misma de su patria. Luisa Fernanda, compuesta por Federico Moreno Torroba, es una de las más populares. El gran tenor español canta de ella, primero, Vidal y el Coro de Vareadores, y luego, en compañía de la estupenda soprano catalana Monserrat Caballé, la Mazurca de las sombrillas.

Las leandras, en cambio, de Francisco Alonso, no es clasificada como zarzuela; es una revista musical. Su pasodoble Los nardos es interpretado acá por Paloma San Basilio.

Jerry Bock compuso la música para una obra realmente especial, que todos conocimos por la película El violinista sobre el tejado (1971). Seguramente es su número más conocido If I were a rich man, que aquí canta (Chaim) Topol, en su inolvidable actuación como Tevye.

La hija de Judy Garland, Liza Minelli, resultó ser una fuerza artística probablemente superior a la de aquélla. La película Cabaret la inmortalizó, con un Oscar como mejor actriz, bailarina, cantante, etcétera. John Kander hizo la música. De ese estupendo musical, ambientado en Berlín durante los primeros años de Hitler, Minelli canta acá Mein Herr.

Arriba se afirmó que Andrew Lloyd Webber es un genio; más específicamente, lo es en la composición de musicales de gran profundidad dramática. Su obra Cats estuvo en cartelera en Londres durante 21 años seguidos, y en Broadway 18 años. La canción Memory es cantada aquí en la rendición insuperable de Barbra Streisand.

También es de Lloyd Webber el musical Evita, y su más famosa canción es Don’t cry for me Argentina, que quiere cantar toda soprano que se precie. Aquí está en versión de Sarah Brightman.

En vena muy diferente, por supuesto, fue Richard Rodgers—en estrecha colaboración con Oskar Hammerstein—el rey del musical estadounidense. Una de sus obras que llegara al cine en 1958, South Pacific (1949), incluye el hit que aquí canta el bajo italiano que conquistara Nueva York, Ezio Pinza: Some enchanted evening.

También vimos en el cine My Fair Lady (Alan Jay Lerner y Frederick Loewe), la película que arrebató a Julie Andrews el papel de Eliza que hizo mil veces para darlo a Audrey Hepburn, cuya voz debió ser doblada por la de Marni Nixon, experta en esa clase de menesteres. También fue doblada, para cantar, la de Jeremy Brett con la de Bill Shirley, para el papel de Freddy Eynsford-Hill. Es de Shirley la voz aquí grabada en On the street where you live.

Ahora una trampa al cierre, para traer la voz de quien fuera un gran cantor alemán de voz especialísima, magnífica para las melodías de opereta. Se trata de Richard Tauber, el dueño de Dein ist mein ganzes Herz, que oímos al comienzo y aquí se reproduce con su timbre inimitable (cantada en inglés). La trampa consiste en oírlo cantar primero Wien, du Stadt meiner Träume (Viena, ciudad de mis sueños, del compositor austriaco Rudolf Sieczyński), que no pertenece a ninguna opereta y también estuvo indisolublemente unida a su voz. Luego, al cantar Tuyo es todo mi corazón, la canción de Lehár que hizo suya, escoge en esta ocasión terminarla en pianissimo, una de las varias formas en que supo cantarla como nadie.

Cordialmente, LEA
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Música para ver

Una fanfarria de veinte segundos, compuesta por Alfred Newman en 1933, basta para decir triunfalmente cine al comienzo de cualquier película distribuida por 20th Century Fox, para disponernos favorablemente a la inminente y excitante experiencia. Es más música que imagen, en su caso, y aquí está en tres versiones, la última computarizada.

 

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Admito haber pasado por una época de lectura de sabrosos bestsellers de gente como Irving Wallace o Arthur Hailey, y fui a ver tres veces la adaptación de una de las más exitosas novelas de este último: Aeropuerto. ¿Por qué? Bueno, me gusta la aviación en general, naturalmente, pero la segunda y la tercera vez que vi la película lo hice por volver a experimentar un instante audiovisual, un fragmento de segundo en el que la toma hizo un corte a otra vista simultáneamente con un golpe sonoro, en el que un profundo y noble acorde orquestal apoyaba y potenciaba lo que la imagen decía. El avión peligrosamente averiado lleva un rato buscando la pista del aeropuerto; así nos cuenta la edición de la película al mostrar en sucesión lo que mira el piloto, a través de un parabrisas por el que no se ve otra cosa que niebla, el pánico de los pasajeros y la comunicación con la torre de control que lo guía, alternadamente. Súbitamente, desde la cabina se percibe la salvadora pista iluminada en el aeropuerto O’Hare de Chicago, y es en ese preciso instante cuando el editor del filme lanza el poder sónico de una gran orquesta para que reine la música compuesta, precisamente, por Alfred Newman.

 

 

La música añade poderosos tonos emocionales a la imagen. Salvo excepciones contadísimas—Silent Movie, de Mel Brooks (1976), o Dr. Plonk, de Rolf de Heer (2007)—todo cineasta contemporáneo incluye en sus películas una banda sonora musical, sin la que ellas serían experiencias más bien planas, una suerte de teatro filmado.

Y es que antes hubo cortes reales, ducales, condales que sostenían el trabajo de los buenos músicos, e iglesias que podían contratar un Kapellmeister que se encargara de tocar órgano, dirigir coro y orquesta y, de paso, componer una que otra cantata, como hizo Juan Sebastián Bach para cada día del año litúrgico. Es decir, había que empatarse con la realeza o la nobleza, o con los apoderados de Dios en la tierra, para hacer música y comer al mismo tiempo. Pero ahora son las cortes de Hollywood o Bollywood o Cinecittà las que hacen económicamente posible mucha música bien compuesta.

Aquí siguen once temas musicales fílmicos que vale la pena recordar.

El primer tema en esta selección es de la agridulce película Verano del 42, sobre el amor de un adolescente virgen con una bella mujer (Jennifer O’Neill) cuyo esposo ha muerto en la guerra europea, dirigida por Robert Mulligan. La música fue compuesta por Michel Legrand, quien ha producido más de doscientas partituras para cine y televisión y unos cuantos musicales.

Justamente es uno de los musicales de Michel Legrand—hijo de gato (Raymond Legrand) caza ratón—el que lanza a Catherine Deneuve a la fama mientras uno se enamora del rostro más hermoso del cine (digo yo) en Los paraguas de Cherburgo. (¿No es ella, acaso, la Grand Dame? Dígalo ahí). El gran violinista de concierto Itzhak Perlman es el solista en esta banda original.

John Williams, pero no el compositor de música para cine, sino el magnífico guitarrista clásico inglés, interpreta acá la Cavatina de El cazador (The deer hunter, 1978) película en la que intervienen Robert De Niro, Meryl Streep y, en un rol muy especial, Cristopher Walken. La música de este punzante filme acerca de la guerra de Vietnam es de Stanley Myers.

La ancha elocuencia de una moderna orquesta sinfónica está mandada a hacer para comunicar el gran espacio humano de la hazaña, de la epopeya más expansiva, para sugerir nobleza. John Barry la emplea con maestría en el gran tema de Danzas con lobos, la película cúspide de Kevin Costner. Hay una versión larga y una reducida, que es la que aquí se escucha.

 

Tal vez sea el tema más famoso de Ennio Morricone el que compuso para La misión, que narra la aventura de un misionero jesuita en el Iguazú. En cualquier caso, el American Film Institute le ha adjudicado el puesto 23 en su lista de mejores partituras fílmicas. Al inevitable Robert De Niro se unieron Jeremy Irons y Liam Neeson bajo la dirección de Roland Joffé.

In the mood for love es una magnífica y revolucionaria película hecha en Hong Kong por el director Wong Kar-wai. Su técnica narrativa de líneas paralelas es asombrosa, y también lo es su música, que contó con dos compositores, Michael Galasso y Shigeru Umebayashi. De este último es la muy hermosa Canción de Yumeji, cuya textura semeja la estructura fílmica.

En lugar de dos, tuvo tres compositores la obra maestra de Bernardo Bertolucci, El último emperador: Ryiuchi Sakamoto, David Byrne y Cong Su. Es de Sakamoto una perfecta miniatura contrapuntística: Rain – (I want a divorce). La película de Columbia Pictures (1987) ganó nueve premios Oscar, incluidos el de Mejor Película y Mejor Director.

Se debe al maestro Steven Spielberg el filme La lista de Schindler, con las actuaciones inolvidables de Liam Neeson, Ben Kingsley y Ralph Fiennes. Entre los siete premios de la Academia que cosechó estuvo, además de los de Mejor Película y Mejor Director, el de Mejor Partitura Original. Spielberg eligió al veterano John Williams para hacer música de tristeza infinita.

Pablo Neruda (Philippe Noiret) hace que el cartero ensaye la magia de un dictáfono y le insta a grabar algo bello. «Beatrice Russo» (Maria Grazia Cuccinotta), dice Il postino (Massimo Troisi) porque es el nombre de quien lo tiene enamorado. Michael Radford confió la composición de su música al muy competente argentino Luis Bacalov.

No es fácil conseguir un tema más reconocible que el que Henry Mancini compusiera para La pantera rosa, usado en los cortos animados y la serie de comedias que hizo Peter Sellers en el papel del inspector Clouzeau—«Ai vant a rœm»—antes de que Steve Martin se atreviera a continuarla en 2006 y 2009. Cristophe Beck compuso para estas últimas versiones.

El cierre de la colección es de lujo, y lo proporciona el músico inglés Richard Addinsell, quien compuso Concierto de Varsovia para la película Dangerous Moonlight (1941), dirigida por Brian Desmond Hurst. La pieza es perfecta; en poco menos de nueve minutos desarrolla tres hermosísimos temas, como la maqueta de un concierto de piano al estilo de Sergei Rachmaninoff.

El séptimo arte es hoy por hoy, no cabe duda, el mejor promotor de la buena música. ¡Qué viva el cine! LEA

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