Triunfo rotundo

Por fin ¿cuántos caminos hay?

CAPRIL  (Captopril)
TABLETAS
Antihipertensivo

INDICACIONES: Hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca, nefropatía diabética y pacientes con posinfarto al miocardio.

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No hubo mucha sorpresa en las elecciones primarias organizadas por la Mesa de la Unidad Democrática. Ya tiene esta federación un candidato presidencial: Henrique Capriles Radonski, quien no perdió nunca el primer lugar en las preferencias registradas por los estudios de opinión. Más aún: Capriles logró una votación porcentual de gran contundencia con el 63,9% de los votos válidos, más que duplicando al segundo lugar ocupado por Pablo Pérez, con 30,7%. Como se esperaba, María Corina Machado obtuvo la medalla de bronce, con una votación—3,7%—cercana a la que siempre le auguraban las encuestas. Claro que Capriles le sacó una ventaja gigantesca: ¡60 puntos! Diego Arria logró duplicar con 1,2% a Pablo Medina (0,5%); ésta será su última campaña por un sueño que tuvo desde niño: la Presidencia de la República.

(Todas las imágenes se amplían con un clic).

Las cifras anunciadas por Teresa Albánez

Una votación convincente

Dos cosas, no obstante, no resultaron como se presumía. La primera es la ventaja de 33 puntos de Capriles sobre Pérez, pues las encuestas le dieron en el mejor caso una diferencia a su favor de 20 puntos. Así que gran impacto tuvo, seguramente, el apoyo de Leopoldo López. Para el 15 de diciembre, Consultores 21 adjudicaba a Capriles 51% y a López 11,2%, lo que sumaba 62,2%, muy cerca de la votación de hoy a favor del primero. También midió esa encuestadora con bastante precisión la fracción favorable a Pérez: 30,1%. (Daba a Machado 3%, pero tenía invertidos a Medina con 1,1% y Arria con 0,4%. Naturalmente, con números tan bajos el error muestral puede modificar esos datos muy significativamente).

La segunda cosa que salió bastante mejor que lo esperado fue la participación total de votantes. Algún encuestador había estimado hace dos meses un rango de 1.200.000 a 1.900.000 votantes para una discusión de escenarios; la asistencia total de hoy estuvo muy cerca de tres millones (2.904.710 en 95% de mesas escrutadas, faltando básicamente el conteo de votos en el exterior). Es una votación muy apreciable. (La misma encuesta de Consultores 21 había contabilizado una intención «firme» de participar que equivalía a 28% del registro electoral, o 5.134.895 votantes. No hay duda de que la encuestadora obtuvo tal respuesta, aunque está claro que el valor predictivo de ese tipo de mediciones es más bien bajo). La MUD puede estar contenta de los resultados que cultivó con tesón.

Tampoco puede haber duda de que una presidencia de Capriles Radonski, a pesar de sus limitaciones, sería muy preferible a la continuación de Chávez en el poder. Es posible, por otra parte, que una mayoría del electorado crea el 7 de octubre que conviene la paz al país; si Capriles se distingue por algo de la opción continuista es, precisamente, porque representaría la disolución del clima pugnaz y agresivo que ha caracterizado el tiempo de Chávez. Quizás eso sea suficiente.

En todo caso, los próximos tres meses indicarán si existe alguna posibilidad de que Capriles supere a Chávez en las elecciones que sobrevendrán en ocho; ya algunas encuestas han mostrado la disminución de la ventaja de Chávez a números de un solo dígito, cuando hasta hace nada le adjudicaban 15 puntos sobre Capriles.

Este blog desea a Capriles la mejor de las suertes. Ojalá logre un desempeño convincente a breve plazo. LEA

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MUD: marca de camisas de fuerza (actualizado)

A las 6 p. m. del miércoles 25 de enero, el Licdo. Jesús Urbina me entrevistó en el programa Agenda Pública, que conduce en la emisora de radio de la Universidad del Zulia, LUZ Radio. Urbina centró sus preguntas sobre el tema del programa de la MUD, haciendo referencia a esta entrada. He aquí el archivo de audio de la conversación:

A la medida de seis precandidatos

 

Los signatarios de este acuerdo respaldaremos de forma unitaria al candidato que en las primarias del 12 de febrero sea escogido como abanderado de la Unidad Democrática en las próximas elecciones presidenciales. Igualmente nos comprometemos a respaldarlo de manera unitaria y transparente en el ejercicio de la Presidencia de la República y en el cumplimiento de nuestro programa de gobierno.

Mesa de la Unidad Democrática

Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional (en revisión), diciembre de 2011

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Invitación

Ramón Guillermo Aveledo pudiera argüir que no me gustan ni los huevos fritos, una vez que sepa, como seguramente espera, que los Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional, a ser firmados en compromiso por los precandidatos y los dirigentes de la MUD el próximo 23 de enero, no me convencen en lo absoluto. También podrá decir, una vez escrito lo precedente, que él no se ocupa en lo más mínimo de lo que escribo. Por si acaso, no obstante, quiero aducir pruebas, primero que nada, de que el estilo planificador plasmado en el documento referido—LPGUN, para abreviar—es algo contra lo que he advertido desde hace mucho tiempo, bastante antes de la existencia de la Mesa de la Unidad Democrática, que él coordina con tanta diplomacia y tino.

Mi primer libro (Krisis: Memorias prematuras) salió a la luz en marzo de 1987, hace casi veinticinco años. En él puse, comentando el intento candidatural de Rafael Caldera en 1983:

La pirámide programática de Caldera era manejada por Luís Enrique Oberto, una de las “caras nuevas” que ya había sido su ministro de planificación y el conductor del programa de gobierno de Luís Herrera, el famoso texto que éste llamó Mi compromiso con Venezuela. El inconveniente de esta forma de redactar programas de gobierno es que el resultado final tiende invariablemente a la incoherencia. Más de una vez he asistido a reuniones de ese cuño. Desde una media docena de personas hasta varias decenas en algunos casos, se reúnen a “echar ideas” o a leer sus ponencias favoritas. Usualmente no le es dado al director de la reunión, aunque piense que oye alguna idea impertinente, rechazar muchas de las proposiciones, pues el compañero de Achaguas se podría resentir y el apoyo de Fulanito y los fulanistas sería escatimado. La sumatoria de un proceso de tal naturaleza es de un grado de incompatibilidad tal, o de un carácter tan absolutamente negador del concepto de prioridades (al incluir prácticamente de todo), que no es posible nunca llevarla a la práctica si se llega a ganar las elecciones.

Una lágrima tardía

Cuando la persistencia de Rafael Caldera lo llevó por segunda vez a Miraflores, inicié en febrero de 1994 la publicación mensual referéndum. Escribí para inaugurarla el trabajo Los rasgos del próximo paradigma político, en el que se lee entre otras cosas:

La confusión de la herramienta con el fin explica mucho de los resultados de la política nacional. La discusión pública venezolana se halla a punto de agotar los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a los principales factores de poder de la sociedad. Nuevamente, no hay duda de que términos tales como el de conciliación o participación se refieren a muy recomendables métodos para la búsqueda de un acuerdo o pacto nacional. No debe caber duda, tampoco, que no son, en sí mismos, la solución.

Tomemos el caso, por ejemplo, de la insistente proposición de una asamblea constituyente, bandera de lucha del llamado Frente Patriótico, asumida como lema electoral de José Antonio Cova, repropuesta por Oswaldo Álvarez Paz al término de las elecciones, voceada por Eduardo Fernández después del 4 de febrero de 1992, admitida como posibilidad por Rafael Caldera en su «Carta de Intención». El problema es que el Frente Patriótico no ha presentado un proyecto de constitución, y tampoco los demás actores mencionados. Es decir, se insiste en hablar de la herramienta sin hablar del producto que ésta debe construir.

Por otra parte, el método mismo tiende a ser ineficaz. Los ideales de democracia participativa, la realidad de la emergencia de nuevos factores de influencia y poder, han llevado, es cierto, a la ampliación de los interlocutores de las «mesas democráticas» de las que debe salir el ansiado «acuerdo nacional». Así fue diseñado, por ejemplo, el consejo de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), al combinar en él la presencia tradicional de líderes empresariales y líderes sindicales, con representantes de partidos, de la iglesia, de las organizaciones vecinales, etcétera. Así buscó conformarse el «Encuentro Nacional de la Sociedad Civil» organizado por la Universidad Católica Andrés Bello, cuando su rector tomó el reto que pareció recaer, a mediados de 1992, sobre la Iglesia Católica venezolana, en respuesta a un estado de opinión nacional de gran desasosiego, que buscaba en cualquier actor o institución que pudiera hacerlo la formulación de una salida a la aguda y profunda crisis política. Pro Venezuela, la Mesa Democrática de Matos Azócar, los encuentros que organizó José Antonio Cova, y la constante prédica de los partidos, todos fueron intentos de alcanzar ese ya mítico gran entendimiento nacional.

La evidencia es, pues, suficiente. La oposición de intereses en torno a una mesa de discusión difícilmente, sólo por carambola, conducirá a la formulación de un diseño coherente. Es preciso cambiar de método. Y es preciso cambiar el énfasis sobre la herramienta por el énfasis en el producto.

La mamá de la MUD

Finalmente, cuando la fallecida madre de la MUD, la Sra. Coordinadora Democrática, creía que de su seno saldría un sucesor de Hugo Chávez—pensaba que éste sería ineludiblemente revocado en su mandato presidencial en 2004, lo que forzaría una elección presidencial—, se dio a la tarea de elaborar el ya olvidado «Consenso-País» (la MUD ni lo menciona en los LPGUN).  Hubo quienes concedieran gran importancia a ese desdeñado documento. Me referí a una presentación del asesor John Magdaleno, del lunes 5 de octubre de 2009, en la Carta Semanal #352 de doctorpolítico:

Expuso una caracterización del fracaso opositor en el intento revocatorio de 2004 como un “salto al vacío”. En él se habría fracasado porque la oposición no acertó a poner en escena a una “contrafigura de Chávez”—explicación parcial posiblemente correcta—y, sobre todo (fue en lo que más insistió), porque el documento del llamado “Consenso-País” de la Coordinadora Democrática no fue suficientemente promovido o publicitado, porque no se imprimió y repartió una cantidad suficiente de ejemplares entre la población, porque no se hizo con él una campaña publicitaria con pegada.

Es de aquel inane texto que escribí el 20 de noviembre de 2003 (Consenso bobo, Carta Semanal #63 de doctorpolítico):

Los documentos del «consenso-país»—que incurre desde su propio nombre en la usurpación, pues «el país» no lo ha elaborado, como tampoco la Nación elaboró nuestros vetustos y ya olvidados planes «de la Nación»—indican una clase particular de proposiciones en su contenido: la de las «seudoproposiciones». Son afirmaciones tan generales como las de que hay que «reactivar la economía», «combatir la pobreza» o «eliminar el desempleo».

Era práctica ritual de muchos economistas venezolanos reunirse en diciembre de cada año durante el segundo período de Caldera—usualmente en el IESA—para echar predicciones sobre la inflación y la tasa de cambio del año siguiente. Los periodistas hacían su agosto, pues cada economista de alguno de estos «paneles de expertos» estaba muy dispuesto a conceder declaraciones. La declaración estándar era algo más o menos como lo siguiente: «Lo que propongo es un verdadero programa económico integral, armónico, coherente y creíble».

Ya el mero hecho de que tal afirmación se compusiera de un solo sustantivo y cinco adjetivos debía llamar a la sospecha. Pero, por otra parte, una sencilla prueba podía evidenciar que se trataba, en realidad, de una seudoproposición. La prueba consiste, sencillamente, en construir la proposición contraria, la que en este caso rezaría así: «Propongo un falso programa económico desintegrado, inarmónico, incoherente e increíble». Resulta evidentísimo que nadie en su sano juicio se levantaría en ningún salón a proponer tal desaguisado. Ergo, la proposición original no propone, en realidad, absolutamente nada.

Tomemos algunos casos concretos del documento base del so called «consenso-país». Por ejemplo esta seudoproposición: «Se reiniciarán o se reforzarán programas de becas, de alimentación y de dotación de útiles para los niños». (Página 39). ¿Querrá alguien oponerse proponiendo lo siguiente: «Se clausurarán o debilitarán programas de becas, de alimentación y de dotación de útiles para los niños»?

O esta otra: «Asegurar mecanismos de coordinación entre las diferentes organizaciones con responsabilidad sobre la seguridad ciudadana a nivel nacional» (Página 33). O ésta: «Establecer formas de financiamiento de largo, mediano y corto plazo, con fondos públicos y privados, en las modalidades necesarias para garantizar la eficiencia del crédito y para atender el especial perfil de riesgos de esta actividad». (Página 27).

¿Qué espera la Coordinadora Democrática? ¿Qué Chávez se oponga prometiendo formalmente mecanismos de descoordinación o modalidades innecesarias para garantizar la ineficiencia del crédito a corto, mediano y largo plazo?

En cuanto a la hipótesis de que la tengo cogida con la Mesa de la Unidad Democrática, pues, I rest my case: mi opinión sobre la clase de ejercicios a la que pertenecen los LPGUN ha permanecido invariable desde que comencé a ocuparme sistemáticamente de política. Pero una nueva referencia a otro enfoque de John Magdaleno puede adelantarse, porque resultará apunte pertinente al análisis que sigue. Esta vez hablaba el 19 de enero de aquel mismo año de 2009, para presentar en compañía de Roberto Briceño León los resultados de un estudio de opinión y recomendar acciones contrarias al proyecto de enmienda constitucional que permitiría la reelección indefinida de mandatarios públicos. La referencia se encuentra en la Carta Semanal #316 de doctorpolítico, del 22 de enero de 2009: «Un estudio particularmente interesante fue el dirigido por Roberto Briceño León, John Magdaleno, Olga Ávila y Alberto Camardiel. Este esfuerzo combinó una encuesta nacional (22 de diciembre) y la realización de focus groups bastante especiales, pues fueron compuestos de modo que no se mezclaran partidarios del gobierno, sus opositores o gente no alineada con ninguno de esos polos. (…) La interpretación de la encuesta, por su parte, pone de manifiesto el carácter crucial de los electores no alineados ni con el gobierno ni con la oposición».

Más adelante referí y cuestioné:

Briceño y Magdaleno, luego de expresar su convicción de que la inminente consulta ofrece una oportunidad para “reposicionar” a la oposición, argumentaron que era de la suprema importancia la elección de quienes debieran hacer ostensiblemente frente—fronting—al proyecto de enmienda. Hablaron de una disyuntiva—falsa, a mi manera de ver—entre estudiantes y líderes convencionales, dando a entender que no había otras voces posibles. (En intento pedagógico hablaron, debe reconocerse, de encontrar los “badueles” o “marisabeles” de 2009). Esto es, la recomendación de Briceño y Magdaleno es la de constituir un coro de tres voces: la de aquellos que aún no están listos (estudiantes), la de los rechazados (líderes convencionales), la de los saltadores de talanquera (“badueles” y “marisabeles”). ¿Es que no hay otras voces en Venezuela?

Llama la atención que, después de haber expuesto que sería decisiva la participación de los electores no alineados—el estudio combinado mide su tamaño a la par de quienes apoyan a Chávez y mayor que el de sus opositores, como lo han hecho desde hace al menos seis años todas las encuestadoras, en proporciones cambiantes que oscilan entre 35% y 50%—, no se saque la conclusión obvia. Antes que “badueles” o “marisabeles”, urge conseguir voces no alineadas, con discurso no alineado y argumentos no alineados para asestar el golpe definitivo a las pretensiones continuistas de Hugo Chávez.

………

La primera cosa criticable de los LPGUN es un asunto fundamental, y se pone de manifiesto desde el inicio mismo del documento, en el numeral noveno de la introducción. Sus primeros tres puntos están referidos, como los números 10 y 11 y luego del 18 al 26, ambos inclusive, a la factura y método de los lineamientos. Son los números 4, 5, 6, 7 y 8 los que establecen el territorio terapéutico, con la crítica al desempeño del gobierno actual, que califican justamente como traicionero a la Constitución, contrario a los principios democráticos y nefasto, con el resultado de un grave deterioro de la calidad de vida de los venezolanos. Es entonces el punto 9 el que define el objetivo de los LPGUN:

«Para enfrentar estos desmanes, y rescatar la institucionalidad democrática se presentan los siguientes Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional, en procura de un buen gobierno, una sociedad productiva, con calidad de vida y con buenas relaciones internacionales».

Nunca hemos sido mayoría

Es decir, los LPGUN son presentados y justificados en función del gobierno de Hugo Chávez, en reiteración de la falla de origen de la oposición formal y burocratizada de los últimos trece años. En la Carta Semanal #352 de doctorpolítico, antes citada, me referí a este fenómeno del siguiente modo:

El encuestólogo y prologuista [John Magdaleno] ofreció como premisa inicial la siguiente declaración: “Apartando el 2 de diciembre de 2007, nunca hemos sido mayoría”. Y ese plural de la primera persona gramatical no necesitaba ser explicado; aquello a lo que ese implícito “nosotros” se refería era a quienes se oponen a Chávez y, más específicamente, a la audiencia que tenía por delante mientras hablaba. Ése es el conglomerado que entiende como determinante, ésa sería la clientela que esperaba sus palabras.

Tal óptica no es nueva; desde que Chávez asumió por vez primera la Presidencia de la República, en los inicios de 1999, el resto de las iniciativas políticas ha optado por entenderse como mera oposición a Chávez. En terminología relativamente reciente, se la nombra como “comunidad opositora”. Un artículo en el diario El Nacional aducía poco después de la derrota de Manuel Rosales en las elecciones presidenciales de 2006: “La votación que el CNE le adjudicó al candidato opositor es importante, siempre y cuando éste sepa ejercer el liderazgo del antichavismo…” (Felices perdedores, 12 de diciembre de 2006). Exactamente ese mismo día, un análisis que circuló privadamente se expresaba en términos como los siguientes (se subraya un cierto término repetido insistentemente):

La oposición… decidió no participar en las elecciones legislativas… la Oposición ya había perdido sus Gobernaciones y Alcaldías… para una parte importante de la Oposición el contrincante mayor no era Chávez, era el CNE… Muchos pensaban que la oposición era mayoría… la ausencia de la Oposición de la contienda electoral… La Oposición se debatía entre el método de escogencia del candidato único y la campaña por condiciones… Muestra un liderazgo indiscutible en la oposición durante la campaña… Se ganó al lograr la unidad de toda la oposición… Que la oposición es minoría… ¿Cuál es el estado de la oposición un día después?… La Oposición amanece como un conglomerado nacional de importante magnitud… no desperdiciar esfuerzos en combatir a la oposición desde la oposición misma…

He allí la falla de origen de la inmensa mayoría de los planteamientos políticos distintos del chavismo: que sólo atinan a definirse como antichavistas. Desaparecido Chávez, dejarían también, entonces, de tener sentido sus existencias. Ésa es la misma falla de origen de la iniciativa que acá se discute.

Una nueva acción política que quiera ser viable no puede pensarse como oposición a Chávez; es preciso que procure superar el actual estado de cosas por superposición, por salto a un nivel superior de la política. (A fin de cuentas, el régimen de Chávez no es otra cosa que la exacerbación oncológica de una política que no inventó él: la política de poder posicionada en algún punto del eje decimonónico de izquierda y derecha). La refutación de Chávez debe venir, para usar términos evangélicos, por añadidura, nunca como única justificación.

El último numeral (27) de la introducción de los LPGUN reformula la coletilla del numeral noveno sin aludir, gracias a Dios, al gobierno chavista: «Estos Lineamientos se presentan como base para un gobierno de unidad, amplitud, diálogo y respeto que promueva el progreso de todos los venezolanos». Un opositor a la oposición tendría que sugerir «un gobierno de desunión, estrechez, monólogo e irrespeto que impida el progreso de todos los venezolanos». Ni siquiera Chávez se atrevería a proponer algo así.

………

Dos cuestiones planteadas con énfasis en los LPGUN llaman la atención. La primera de ellas es la consagración de la Constitución de 1999 como base del esfuerzo programático. Dice el documento:

44. La base normativa fundamental para el nuevo gobierno es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la cual calificamos como una Constitución democrática, respetuosa del Estado de Derecho y de los derechos humanos.

45. Ella representa no sólo el punto de partida ineludible desde la perspectiva de la validez y vigencia formal de las normas, aunado ello a su ratificación popular, sino también una plataforma jurídica aceptable para el despliegue de las políticas de un gobierno democrático. Permite el funcionamiento de instituciones democráticas y garantiza los derechos humanos.

Se trata de la misma Constitución que no gustaba en 1999 a los principales partidos de oposición. («AD, Copei, Primero Justicia, Proyecto Venezuela y Fedecámaras hicieron campaña contra la aprobación de la Constitución», Wikipedia en español). Cuando Luis Ugalde argumentaba en El Nacional—El día después, 25 de octubre de 2007—que votar contra los proyectos de reforma constitucional del Ejecutivo y el Legislativo nacionales era lo mismo que abstenerse de votar, también defendía con denuedo la Constitución de 1999: “Chávez ha decidido imponer una nueva Constitución (acabando con la bolivariana)… La nueva constitución es una locura… Hay que… evitar que se aplique un régimen que reduzca los derechos humanos y elimine la democracia pluralista”. Hace tiempo que la oposición al elefantiásico texto de 1999 ha quedado en el olvido.

Pero hay un detalle que debiera causar problemas insalvables a la particular candidatura de Diego Arria que, como se sabe, está predicada sobre dos iniciativas fundamentales: procurar que Hugo Chávez sea juzgado por la Corte Penal Internacional de La Haya y convocar a una Asamblea Constituyente. Esto último es totalmente innecesario para los fines declarados por Arria, que el 8 de diciembre declaró en televisión que la constituyente que propugna no sería “para hacer una nueva constitución, sino unos cambios puntuales”. (Ver en este blog Por la tapa de la [b]arri[g]a). Pero el punto es que Arria ha hecho de la convocatoria de una asamblea constituyente la bandera principal de su campaña, y que los LPGUN se deslindan claramente de tal pretensión en su numeral 46: «La prioridad político-institucional del nuevo gobierno no ha de cifrarse en el cambio global de esa Constitución, ni en la convocatoria de una Asamblea Constituyente».

Un concepto errado de constituyente

¿Qué va a hacer Arria? Si se aviniere a firmar el 23 de enero su compromiso con los LPGUN, contradiría frontalmente su planteamiento central. Si no lo hace, ¿podría la MUD permitir su participación en las elecciones primarias del 12 de febrero? ¿Podría su tesorería devolver a Arria el importe de su boleto de entrada, que con toda probabilidad habrá ya gastado? Arria pareciera haber preparado una salida, al enviar a Aveledo una carta que ha dado a conocer el sábado 14 de enero; en ella, sin aludir al asunto constituyente, dice:

En carta dirigida al coordinador de la MUD fijé posición con respecto al Compromiso de Unidad Nacional:

«El Compromiso de Unidad Nacional, debe expresar con absoluta transparencia, las características y dimensión del reto que enfrentará un Gobierno de Unidad Nacional. En este sentido no puedo sino destacarle que decirle al país la verdad, y toda la verdad sobre la situación política y económica en que se encuentra es, más que crítico, esencial para afianzar la credibilidad del compromiso ante la audiencia nacional».

(…)

Sólo si la Unidad adopta el compromiso expreso de hablarle al país de manera clara y contundente, sobre cuán grave es su situación actual, de cuán difíciles son las perspectivas políticas, económicas y sociales de Venezuela, y más grave aún, de caer en la disolución de la vida civil, podremos esperar que para las cruciales elecciones de este año, el país entienda lo que está realmente en juego, y ejerza su derecho al voto de la manera más informada y consciente posible.

En otras palabras, Arria no cree que los LPGUN hablan desde esa claridad, pues en caso contrario no habría necesidad de su advertencia a Aveledo. Ya tiene, entonces, el pretexto para retirar su candidatura, sin admitir la razón real: que su intento no ha recabado un apoyo superior a un promedio de 2% en las encuestas. Para él, las uvas están verdes, como diría la proverbial zorra de Félix de Samaniego.

………

Una segunda cosa que salta a la vista es el tratamiento timorato de la política social de Hugo Chávez, asentado sobre la noción, también formulada por John Magdaleno el 8 de octubre de 2009 (Carta Semanal #352 de doctorpolítico), de que Chávez «nos» gana por las misiones:

…el encuestólogo (…) procedió a instruir a los circunstantes con interpretaciones harto conocidas, presentadas como si nunca hubieran sido pensadas. Por ejemplo, que la aceptación de Chávez había sido alta porque ponía énfasis en la agenda social: salud, alimentación y educación, principalmente; esto es, por las famosas “misiones”. En cambio, la oposición se habría concentrado en la agenda política: la libertad, la crítica a la corrupción y el militarismo, la defensa de los presos políticos y el derecho de protesta, etcétera. Allí estaría la clave de la diferencia en el desempeño del régimen y el de la oposición, entre el oficialismo y “nosotros”.

Los LPGUN declaran en su introducción (16), al reconocer que se inspiran en las «100 Soluciones para la gente» que acompañaron la campaña de la MUD a la Asamblea Nacional: «Nos comprometemos a diseñar y poner en práctica políticas que mejoren la vida de los venezolanos. Para ello, reconoceremos los beneficios otorgados, y trabajaremos para ampliarlos en cobertura y calidad». Hay un grande temor a criticar las misiones de Chávez. (Dicho sea de paso, ¿qué es de la vida del centenar de «soluciones para la gente»? ¿Pudiera Alfredo Keller encuestar y ver si algún elector común recuerda aunque sea una de esas «soluciones»? ¿Habrá votado alguien por convicción de la bondad o conveniencia de alguna de ellas? Lo digo porque la centena ha sido rebasada con creces en los LPGUN, que contienen la muy estimable cifra de 1.252 «lineamientos»).

De modo más preocupante, la MUD asume terminología de Chávez, al dedicar la subsección «Y la inclusión social» de la sección «El espíritu general del nuevo gobierno» en el capítulo 1, «Institucionalidad democrática». Allí se lee:

Y la inclusión social

40. La oferta social del programa y del gobierno de la Unidad pertenece al corazón de su ideario. La inclusión social será uno de los grandes desafíos del nuevo gobierno, porque los abismos estructurales para el acceso al disfrute de los derechos sociales básicos son numerosos.

(…)

42. Lo anterior, sumado al espíritu integrador antes referido, hace aconsejable preservar los niveles de protección social que el actual gobierno haya alcanzado, aunque reorientándolos o reconduciéndolos a la lógica institucional y de respeto a los derechos humanos de todos que ha de guiar las políticas y la actuación oficiales.

 

L. P. España: derechos exclusivos sobre exclusión

En cambio, un experto en esto de incluir y excluir, Luis Pedro España (Director, desde hace años, del Estudio de la UCAB sobre la pobreza), escribió el 12 de enero (La estafa mejor vendida) en El Nacional:

Desde el punto de vista técnico, moral y democrático las misiones son, más que una oferta engañosa, un ardid con el que se tiene secuestrada la política social de Venezuela, de la cual puede que no podremos zafarnos hasta que en la práctica se ensayen con éxito mejores fórmulas.

Técnicamente no se acogen a principios de justicia social, redistribución progresiva o consideran indicadores de eficiencia y eficacia. Están disponibles para aquellos ciudadanos que merezcan los favores del Estado según el juicio de los militantes de base del Gobierno, además de contar con todo un rosario de ineficiencias caracterizadas por una lógica de operativo, plan de emergencia o jornada especial, que resta la continuidad y constancia que requiere toda política social que pretenda tener impacto y generar haberes humanos y productivos en sus destinatarios.

Desde el punto de vista moral son un chantaje político que sólo la falta de escrúpulos de sus propugnadores, comenzando por el mismísimo jefe, es capaz de permitir y avalar sin el menor cargo de conciencia o vergüenza política. No sólo se reconoció desde el principio su utilidad política antes que social, sino que además su instrumento de implementación, las listas y censos, no hacen sino ratificar la lealtad prepago (es decir, previa a recibir el beneficio) que está detrás de cualquiera de las (ahora llamadas grandes) misiones.

Democráticamente las misiones han convertido los derechos sociales, que son, más que constitucionales, un producto de las luchas sociales de nuestro pueblo, en favores personales de un caudillo y una ideología, y han suprimido clientelarmente cualquier posibilidad de disenso o simple derecho al pataleo.

En ningún caso las misiones sociales pueden asociarse a éxitos tangibles. La muletilla de reducción de la pobreza es cortesía del boom petrolero y de un aumento del consumo de las familias, que en modo alguno trasforma las causas estructurales de nuestra pésima calidad de vida.

¿Es que la MUD—o los 31 equipos que compusieron sus LPGUN—, que se define como oposición, no sabe hacerla? Al asumir el término «inclusión» como propio—por cierto, España incurre desde hace años en la misma práctica—, refuerza la narrativa oficialista de inclusión y exclusión. (DRAE: incluir. 1. tr. Poner algo dentro de otra cosa o dentro de sus límites. 2. tr. Dicho de una cosa: Contener a otra, o llevarla implícita. excluir. 1. tr. Quitar a alguien o algo del lugar que ocupaba). ¿Es que hay una reunión periódica en algún punto del Caracas Country Club en la que se dilucide cómo se va a excluir efectivamente a determinados venezolanos del «disfrute de los derechos sociales básicos»? Seguramente hay en Venezuela, como en todas partes, empresarios desalmados—al igual que políticos, deportistas, sacerdotes, científicos, literatos, enfermeros y bomberos desalmados—pero, en general, está en el interés del empresario más bruto que la población ante la que se desempeña sea próspera, no pobre o «excluida». La explicación de la pobreza como «exclusión» es una soberana tontería.

………

Los LPGUN son de una densidad equivalente a la del innombrable Consenso-País en aquello de seudoproposiciones o afirmaciones sencillamente bobas. He aquí unos pocos botones de muestra:

76. Los consejos comunales deben estar claramente perfilados como instancias de participación, en los términos del artículo 70 de la Constitución.

317. A partir de entonces se perdieron tres grandes virtudes que tuvo nuestra economía por más de 50 años: tipo de cambio estable, inflación de un dígito, y crecimiento sostenido y constante [¿no son «sostenido» y «constante» la misma cosa?], lo que, entre otros factores, encontró sustento en la disciplina fiscal y monetaria que fue característica de dicho período.

363. El próximo gobierno de Unidad Nacional debe asegurar un cambio de rumbo para Venezuela. Es una tarea compleja, considerando que el actual gobierno ha acentuado la reconocida fragilidad de la economía venezolana y la vulnerabilidad de los venezolanos frente a cambios de origen externo o el impacto de políticas abiertamente inadecuadas.

394. Parte del gasto público debe destinarse a programas de obras públicas, incluyendo la reorganización del programa de construcción de viviendas en necesaria alianza con el sector privado.

551. La primera acción debe ser la emisión de un nítido y coherente mensaje dirigido al sector privado productor y a los consumidores para reestablecer [sic] la confianza.

1151. Se implementarán programas de recuperación de la infraestructura y superestructura aeroportuaria existente, lo que incluye la adecuación de los sistemas de control de tráfico, terminales, pistas y demás áreas, así como la mejoría de los servicios de navegación.

A estas alturas el lector habrá aprendido a construir proposiciones contrarias a las listadas, esperables, por tanto, en el discurso de campaña de Hugo Chávez. Como ayuda a su propio ejercicio, he aquí una posible redacción alterna del número 76: «Los consejos comunales deben estar opacamente perfilados como instancias de participación, en contravención del artículo 70 de la Constitución». Ñapa: la redacción chavista del número 551 quedaría así: «La primera acción debe ser la emisión de un borroso e incoherente mensaje dirigido al sector privado productor y a los consumidores para establecer la desconfianza».

………

Pero es la pretensión principal de la MUD que quienes participen como precandidatos en sus elecciones primarias del 12 de febrero se comprometan a asumir los LPGUN como el programa que el Ejecutivo Nacional, dirigido por uno de ellos, desarrollaría. Además quiere que se comprometan a no presentarse a la reelección en 2018.

Vamos a ver si nos entendemos. Los LPGUN han asentado que «La base normativa fundamental para el nuevo gobierno es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela». Bueno, es la atribución 18 del Presidente de la República (Artículo 236 de la Constitución) «Formular el Plan Nacional de Desarrollo y dirigir su ejecución previa aprobación de la Asamblea Nacional». Y establecía originalmente el Artículo 230: «El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido, de inmediato y por una sola vez, para un período adicional». Como sabemos, la enmienda constitucional aprobada el 15 de febrero de 2009 eliminó la limitación de la reelección por un solo período adicional.

Entonces, si la Constitución es consagrada como «la base normativa fundamental» de un hipotético «Gobierno de Unidad Nacional», ¿cómo es que la MUD misma la vulnera imponiendo limitaciones a prerrogativas irrenunciables, vistiendo a sus precandidatos con camisas de fuerza? Ningún candidato a la Presidencia puede renunciar a una atribución que sea, a la vez, una exigencia, como la potestad de formular el plan de acción del Ejecutivo Nacional; tampoco puede imponérsele la renuncia a la posibilidad de reelegirse, como tampoco puede renunciar un obrero a sus prestaciones sociales, aunque algún patrono inescrupuloso presente en un tribunal del trabajo un papel firmado donde eso conste.

Claro que ya ha comenzado el sutil reacomodo terminológico, que abre la puerta a desdecirse en estas contradicciones, anunciadas con bombos y platillos. El documento aquí discutido se llamó Lineamientos del Programa de Gobierno de Unidad Nacional; si nos fijamos en la redacción de la invitación al acto del 23 de enero, ya ella dice Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional. (Una unidad «nacional», por cierto, que la encuesta del IVAD del 27 de octubre al 3 de noviembre de 2011 estimó en 27,4%). La cosa como que es una mera sugerencia.

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De resto, el lenguaje, las nociones fundamentales y los supuestos de los fulanos LPGUN ponen de manifiesto la vigencia, en el reino de la oposición, de conceptos políticos tan anticuados como presuntuosos. Uno destaca: la creencia de que los países son hechos por los gobiernos. (15. «Construir una sociedad productiva y de progreso». 363. «El próximo gobierno de Unidad Nacional debe asegurar un cambio de rumbo para Venezuela». O, al final: «Unidad en la inclusión. La política debe servir para construir una sociedad que incluya a todos»).

Los países tienen la mala costumbre de construirse ellos mismos, muchas veces a contrapelo de los estorbos de los gobiernos más entrometidos, como el que ahora tenemos. Es típica la arrogancia política de quienes creen que los presidentes son los jefes de los pueblos. (Henrique Salas Römer, por ejemplo: «Aquel que pretenda gobernar sobre un país…», diciembre de 1998. O Hugo Chávez, «No me ocupo de la oposición; estoy muy ocupado dirigiendo al país», septiembre de 2005). Los presidentes son, escasamente, los jefes del aparato ejecutivo estatal en el nivel nacional. No son nuestros jefes; son nuestros mandatarios. Somos nosotros los mandantes.

Ya basta de presunciones obsoletas, que indignan. LEA

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El récipe del Dr. Keller

Una idea dura más que una estocada

True, This! —
Beneath the rule of men entirely great,
The pen is mightier than the sword. Behold
The arch-enchanters wand! — itself a nothing! —
But taking sorcery from the master-hand
To paralyse the Cæsars, and to strike
The loud earth breathless! — Take away the sword —
States can be saved without it!

 

Edward Bulwer-Lytton
Richelieu or The Conspiracy
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La pluma es más poderosa que la espada es un tópico literario acuñado por el autor inglés Edward Bulwer-Lytton (The pen is mightier than the sword), como una metonimia para indicar que hace más daño un escrito bien concebido y dirigido contra un punto débil del adversario, que una estocada. Se usa habitualmente para referirse a la primacía de los recursos literarios sobre los militares, o de la inteligencia sobre la fuerza (de un modo similar al refrán castellano más vale maña que fuerza). Aunque la forma de expresarla es original, la idea de que la expresión escrita o, en general, cualquier forma de comunicación, sobrepasa en eficacia a la violencia tiene muchos precedentes. La expresión cuarto poder con el que se compara a la prensa con los tres poderes clásicos del Estado comparte gran parte de ese sentido.

Wikipedia en español

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En mayo de 1998 asistí a una reunión de análisis en el bufete de Humberto Bauder Fontúrvel, donde expuse mi argumentación sobre la conveniencia de la constituyente. Con metáfora informática, dije que el “sistema operativo” del Estado venezolano no funcionaba bien y había que instalar uno nuevo. (No se pasaba de Windows XP o Vista a Windows 7 poniendo remiendos al sistema más antiguo, sino dominándolo con la superposición del nuevo). El “constituyente ordinario” (el Congreso de la República) quedaría excedido en sus facultades, puesto que él mismo era creación de la constitución que había que sustituir enteramente con nuevos conceptos constitucionales. Ante esta declaración, Corina Parisca de Machado, presente en aquella sesión, encontró virtud en el planteamiento, al suponer que “le arrancaría una bandera a Chávez”. Admití ese efecto colateral beneficioso, pero recalqué que la constituyente debía operar aunque Chávez no existiera. De más está decir que si se hubiese seguido ese camino, la constituyente habría sido muy distinta de la que Chávez terminó convocando.

Corina Parisca se convirtió en entusiasta defensora de la noción, y me invitó a exponerla a su esposo, el importante industrial Henrique Machado Zuloaga, poco después de la reunión en el Escritorio Bauder. La Sra. Machado se animó, incluso, a promoverme, al decir a su marido: “Cuando ya 56% de los venezolanos quiere constituyente es hora de abrazarla. Tenemos que ayudar a Luis Enrique, porque no sabemos si lo que detendrá a Chávez es un acorazado, un cuerpo de ejército o un indiecito con una flecha”. Yo era el indiecito; la versión tropical de David, armado únicamente de una honda y una piedra, enfrentado al gigante Goliat.

El asunto quedó pendiente, hasta que llegó una fecha patria no laborable: el 24 de junio de 1998, día de la Batalla de Carabobo. A las 3 de la tarde quedamos convocados, además del suscrito, Pedro Carmona Estanga, José Rafael Revenga, Beatriz De Majo y el encuestador Alfredo Keller para discutir la situación política, en momentos cuando ya se veía con claridad que, de no ocurrir un milagro, Hugo Chávez sería el nuevo Presidente de la República. Entretanto, Salas Römer cabalgaba ese mismo día acompañado de su montonera electoral.

El anfitrión abrió fuegos sintéticamente: mientras Chávez subía en las encuestas, la cotización del bolívar bajaba. La economía rechazaba a Chávez; era preciso diseñar “una campaña inteligente, profunda y con mucho real” para detenerlo. Carmona Estanga añadió indicadores económicos que corroboraban lo dicho por Machado, y entonces los “políticos” presentes presentaron su evaluación.

De Majo dijo que era imposible que la candidatura copeyana de Barbie Sáez repuntara para ganarle a Chávez; Revenga emitió el mismo pronóstico para la candidatura de Alfaro Ucero, que aún estaba vigente. Keller apeló a sus mediciones para pronosticar—¡horror!—que tampoco Salas Römer podría parar el ascenso de Chávez y sería derrotado. Entonces propuso: “Yo auparía a una contrafigura de Chávez que fuera capaz de vencerlo con argumentos, aunque esa persona no vaya a ser candidato”. Keller daba a entender con esta última condición que Salas Römer ya estaba montado en el burro—¿caballo?—y que no convendría improvisar una candidatura de última hora. Al terminar su exposición, clavó en mí su mirada.

Tal vez Alfredo Keller no me diga nunca si pensaba en mi persona como capaz de hacer la tarea que había delineado; lo cierto es que mi tono extraña y escarmentadamente modesto de esa tarde me impuso no postularme para la misión, e intervine por la salida lateral de hablar una vez más acerca de la necesidad de promover un proceso constituyente, lo que no fue atendido por los circunstantes. Por un minuto, se examinó perentoriamente dos posibles contrafiguras que pudieran debatirle a Chávez: Alberto Quirós Corradi y Elías Santana, que no causaron mucho entusiasmo. La proposición de Keller ya no estaba sobre la mesa.

(Del libro Las élites culposas: Memorias imprudentes).

……..

El trabajo político primario consiste en identificar algún problema público y prescribir el mejor tratamiento posible. El político que ejerce su profesión como un arte de carácter médico no siempre puede aplicar directamente el tratamiento que estima preferible, pero está obligado a formularlo y darlo a conocer públicamente.

Resulta obvio que el más grave de los problemas públicos en Venezuela es la presencia invasiva del chavoma, un proceso político canceroso que puede ser descrito en sus rasgos más sobresalientes del siguiente modo (redacción de diciembre de 2002):

…el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario [a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación], al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto.

Seguramente será el resultado de las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática, previstas para el domingo 12 de febrero, la emergencia de Henrique Capriles Radonski como el candidato presidencial de esa alianza partidista. Aunque en este blog se ha descreído de la capacidad de Capriles para constituirse en contrafigura—you can’t fight somebody with nobody—, no es enteramente imposible que baste para triunfar lo que pudiera ser su oferta central: que su presidencia tendrá como norte principal el alivio responsable de la pobreza y representaría la paz.

Pero es muy probable que el 12 de febrero se eligiera un Salas Römer—otro Henrique y, al decir de Leopoldo Baptista Zuloaga, ese nombre escrito con hache denota gente de real—, y entonces el récipe del Dr. Keller, desatendido en 1998, continuaría siendo muy indicado. En cualquier caso, convendría apoyar a quien pueda hacer la tarea de refutar el discurso de Chávez, a quien se acusa todos los días sin rebatirlo. LEA

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Quæstiones disputatæ

Triunfo de Sto. Tomás de Aquino contra los herejes - Filippino Lippi, Santa Maria sopra Minerva, Roma

El teólogo medieval Tomás de Aquino (1225-1274), voluminoso por obra y corpulencia, era un polemista formidable. Como buen profesor universitario de la Edad Media, se exponía dos veces al año a quæstiones quodlibetales de parte de la audiencia en discusión pública. Éstas eran preguntas o problemas o cuestiones que alguien del auditorio—ad libitum, como le diera la gana—planteaba al profesor. Eran, por consiguiente, de tema misceláneo. Tomás y Juan Duns Escoto dejaron obra escrita con algunas de sus contestaciones a planteamientos de esa clase.

Las quæstiones disputatæ, en cambio, eran escogidas por el ponente: «Las discusiones públicas regulares se llamaban quæstiones disputatæ, es decir, temas o preguntas discutidas en las que uno de los profesores de la universidad presentaba sus tesis y las defendía contra los argumentos de sus oponentes. En cierto modo, el profesor luchaba en su terreno, ya que era él quien elegía el tema a tratar». Es esta cómoda ventaja la que ahora escojo para dilucidar una cuestión que surgiera en reciente emisión del programa Palabras más, palabras menos, que conduce animadamente para Radio Caracas Radio la periodista María Alejandra Trujillo. Esta edición, transmitida el 6 de diciembre a partir de las 7 a.m., versó sobre los precandidatos presidenciales de la Mesa de la Unidad Democrática y, más particularmente, sobre el «debate» escenificado por Venevisión el domingo 4 de los corrientes. Pedro Pablo Peñaloza y yo fuimos los invitados.

En esa ocasión dije: «La pregunta de nuevo es: ante el enemigo, o el contendor o el competidor Hugo Chávez Frías, ¿hay alguien que haya aparecido hasta ahora que tenga una estatura suficiente como para, por ejemplo, refutar el discurso de Chávez? Nosotros acusamos todos los días a Chávez. Pedro Pablo trabaja en un programa [Aló ciudadano] que ritualmente, todos los días a la semana, mete quince páginas más al prontuario delictual de Hugo Chávez. ¡Qué maluco es! Pero el señor dijo hace siete años ‘Ser rico es malo’, y yo todavía estoy esperando el primer líder de la oposición que diga, ‘señor Chávez: usted está equivocado por esto, por esto y por esto'». A lo que la entrevistadora repuso, creyendo que me refutaba: «Lo ha dicho la diputada María Corina Machado; lo ha dicho». Y al comenzar a contestarle, me quitó la palabra para pasarla a Peñaloza, su colega.

Tengo por seguro que la Licda. Trujillo ha confundido los términos. Es verdad que la ingeniera Machado opone ahora, al «Socialismo del siglo XXI», el «Capitalismo Popular». Pero oponer no es refutar. El DRAE define: «Contradecir, rebatir, impugnar con argumentos o razones lo que otros dicen». Y una oferta meramente contraria a otra no es una refutación (1. f. Acción y efecto de refutar. 2. f. Argumento o prueba cuyo objeto es destruir las razones del contrario). Tampoco todo lo que se opone a lo malo es bueno por ese mismo hecho; ambas cosas pueden estar equivocadas y es éste, precisamente, el caso.

La diputada Machado, elegida a la Asamblea Nacional el 26 de septiembre del año pasado, aspirante a la candidatura presidencial de la MUD menos de diez meses después de haber asumido su responsabilidad actual, ha escogido el terreno ideológico para combatir a Hugo Chávez. Es la única entre los precandidatos que se medirán para dilucidarla, el próximo 12 de febrero, que lo ha hecho. Acierta al oponerse, yerra al adoptar motivo y tema ideológico porque todas las ideologías deben ser desechadas. Las ideologías son medicina antigua, esa pretensión de que una fórmula general que quiere imponer un valor particular sirve para comprender cómo funcionan las sociedades y cómo deben ser éstas organizadas. El concepto convencional de que la política es una lucha por el poder autorizada por una ideología a la que se estima suprema es obsoleto—Arturo Úslar Pietri: «…el discurso político tradicional se ha hecho obsoleto e ineficaz, aunque todavía muchos políticos no se den cuenta» (20 de octubre de 1991)—; la Realpolitik sobre la coartada ideológica es un remedio ineficaz, por más vistoso que continúe siendo. La política exigible en estos tiempos es transideológica, postideológica, médica, clínica. (Ver sobre este punto en este blog Panaceas vencidas, para no extender esta nota demasiado. Si se prefiere video, ver una explicación en la Entrevista con William Echeverría del 24 de noviembre de 2010, que coloco al final).

Pero el punto es que la oferta opuesta a Chávez del Capitalismo Popular no es propiamente hablando una refutación de su discurso. (Dicho sea de paso: ¡dale con lo de popular! COPEI, Partido Popular; la Alianza Popular de Oswaldo Álvarez Paz, que ni es alianza ni mucho menos popular; o las redes populares de Leopoldo López, precedidas de su abortada Primero Justicia Popular, sustituida finalmente por su Voluntad Popular, que ahora twitea sibilinamente diciendo que «a la voluntad popular no la detiene nada», exponiendo una verdad para que se confunda con el nombre de su movimiento. ¿A quién se quiere engañar con el adjetivo?)

Lo que he querido decir es lo mismo que he dicho ante audiencias diversas y escrito muchas veces desde hace tiempo. Por ejemplo, el 13 de octubre de 2003—hace ocho años—en la Carta Semanal #56 de doctorpolítico: «Pudiera ser que haya que tomar al pie de la letra la recomendación, que varias veces hemos citado, de Alfredo Keller: ‘Debe darse espacio, recursos y promoción a una contrafigura de Chávez, aunque esa contrafigura no vaya a ser candidato’. Esto es, identificar a quien pueda hacer el trabajo refutador, interpretativo y comunicacional de superar el discurso chavista. Una mera acusación (de la que hay tantas), repetimos, no es una refutación».

Hugo Chávez profiere, incesante y abundosamente, un discurso totalizador, una ideología que, como la marxista, ambiciona tener una respuesta para todo. Por esto escribí más recientemente (Retrato hablado, 30 de octubre de 2008):

Siendo así las cosas ¿cuáles serían los rasgos imprescindibles en tal contrafigura?

El primero de ellos, paradójicamente, es que no sea una contrafigura de Chávez. Es decir, que su razón de ser no sea oponerse al actual Presidente de la República. El discurso de una contrafigura exitosa, si bien tendrá que incluir una refutación eficaz del chavismo, deberá alojar asimismo planteamientos nacionales que debiera sostener aun si Chávez no existiese. El problema político venezolano es más grande que Chávez. (…)

Luego, y en estrecha relación con lo anterior, la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución.

Quien sea capaz de un discurso así, por supuesto, deberá haber abrevado de las más modernas y actuales fuentes de conocimiento, y haber arribado a un paradigma de lo político que deje atrás tanto la desactualizada y simplista dicotomía de derechas e izquierdas—capitalismo o liberalismo versus socialismo—como el modelo de política de poder (Realpolitik). El discurso de Chávez es, obviamente, decimonónico, pero no podrá superársele con Hayek o Juan XXIII.

Quien pretenda el trabajo de contrafigura de Chávez deberá, en la misma línea, ser enciclopédicamente capaz. Esto es así, más que porque lo requiera la tarea política normal, porque la narrativa de Chávez, fuertemente ideológica, contiene una explicación y una respuesta para prácticamente casi todo. Hay una manera “bolivariana” de lavarse los dientes, de entender la historia de Venezuela y del mundo, de suponer el futuro, de estimar cómo deben ser los seres humanos, de prescribir la forma de la economía y los contenidos de la educación, de cambiar los nombres de todas las cosas, etcétera. La contrafigura tendrá que moverse con comodidad en más de un territorio conceptual, tendrá que ser tan “todo terreno” como Chávez. No bastará que sea “buen gerente”, o que haya hecho méritos como operador político convencional.

Era a cosas así a las que me refería cuando afirmé que ningún precandidato de la MUD, o ningún dirigente opositor, había mostrado estatura suficiente para derrotar electoralmente al actual Presidente de la República o, siquiera, refutado al menos que «ser rico es malo», afirmación que glosa la vieja sentencia de Proudhon: «La propiedad es un robo». La refutación correcta de tales tesis no es ideológica; ella es científica, proveniente de la observación clínica, responsable, de la naturaleza de las sociedades. (De nuevo, sobre este tema invito a ver la entrevista colocada abajo. También, puede leerse Marcos para la interpretación de la libre empresa en Venezuela. Que el lector perdone que le ponga tareas, sólo porque la cosa es muy seria, muy grave, y requiere resistir la propensión a la más confortable consideración apurada).

Todo esto, de por sí bastante comprimido, no cabía en la entrevista que María Alejandra Trujillo nos hizo a Pedro Pablo Peñaloza y a mí. Ofrezco a ella mis excusas por haberla conducido a la confusión. LEA

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El gran remate (actualizado)

Intervenciones de un minuto vs. horas de cadena

 

La periodista María Alejandra Trujillo me entrevistó, y a su colega Pedro Pablo Peñaloza, para su programa—Palabras más, palabras menos—en Radio Caracas Radio (750AM), sobre el tema del segundo «debate» entre los precandidatos presidenciales de la Mesa de la Unidad Democrática. Por momentos, pareció que la anfitriona se proponía polemizar conmigo, y Peñaloza, quien forma parte de la planta del programa Aló ciudadano (Globovisión) que RCR retransmite, terminó teniendo palabras más y yo palabras menos. He aquí el archivo de audio de la doble entrevista, transmitida el 6 de diciembre de 2011 a partir de las 7 de la mañana.

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El formato sigue siendo malísimo. Hasta en el eficiente y disciplinado Grupo Santa Lucía los participantes pueden hablar tres minutos, que más o menos permiten el desarrollo de una idea. En Venevisión se repitió la camisa de fuerza de sesenta segundos de la UCAB, para contestar preguntas que en más de un caso fueron complejas. (El Chamán del Guaraira Repano caracterizó al evento como un remate por Twitter. «¿Quiere Ud. decir debate?», le pregunté. «No, nadie debatió nada con ningún otro; no sé porque insisten en llamar a esas subastas así. Eso se parece más a las señoritas de un concurso de belleza, presionadas para contestar en un minuto por qué quieren ser Miss Venezuela o Miss Universo. ¿Cómo puedes explicar por qué quieres ser Presidente en ciento cuarenta caracteres? Por cierto, le ha dado a ciertos locutores de televisión por aparentar que dominan la pronunciación inglesa de los gringos diciendo tuírer. Creen que porque oyen uórer para decir agua (water), deben pronunciar tuírer en lugar de simplemente tuíter. La doble consonante t no se convierte jamás en r. Es algo muy ridículo, algo así como los que pronuncian afectadamente Da jístori chánel para decir The History Channel, o como los más ridículos chavistas que escriben Waraira con una inicial extraña como si fuera autóctona, cuando la verdad es que los caribes ni siquiera teníamos alfabeto»).

Claro que el rating de Venevisión es muy superior, y el horario de domingo por la noche captó mucho más audiencia que el 1,8% de la transmisión previa de Globovisión. (A pesar de eso, Vladimir Gessen aseguró en aquel momento, tal vez irónicamente: «…ya las primeras cifras hablan de un nuevo récord en el rating de Venevisión”). La respuesta estándar de la Mesa de la Unidad Democrática a la crítica del formato es que los precandidatos primarios no deben debatir entre ellos, sino con Hugo Chávez. (Así lo dijo por tuírer Marta Colomina, repitiendo cosa dicha con ocasión del «debate» primero). Entonces, ¿para qué lo llaman debate? Lo cierto es que el producto de la cosa es decididamente pobre, aun si se entiende el asunto como una comparación implícita con la persona política del Presidente de la República. Y si éste habla durante horas, difícilmente puede rebatírsele en ráfagas cortas de sesenta segundos. Pero allá los estrategas de la MUD.

Una magnífica crónica (en inglés) del evento ha sido escrita, con gran precisión, por Francisco Toro Ugueto en Caracas Chronicles. Suscribo su análisis íntegramente. Por ejemplo, que María Corina Machado pudo exhibirse como la más competente e informada de los ejemplares exhibidos. («…María Corina barrió el piso con sus oponentes…», dijo Toro). Se atenía a la pregunta, presentaba datos pertinentes con la mayor seguridad y daba respuestas concretas. Pero su intervención final fue verdaderamente desafortunada, construida sobre la dudosa tesis de que «Venezuela necesita ovarios» para derrotar a Hugo Chávez, objetivo que fue su leit motiv a lo largo del programa, mientras decía que tal cosa era lo esencial y que era ella quien podía garantizarla. La pregunta era por qué quiere Ud. ser Presidente, y al enfocarse exclusivamente sobre el propósito de vencer a Chávez reforzó la falla de origen de la oposición venezolana: que sólo se entiende, precisamente, como oposición. Si Chávez no existiera, en consecuencia, el sentido de una presidencia de Machado dejaría de ser.

Diego Arria creyó que debía atenuar la virulencia que mostró en el primer encuentro, aunque mencionó de nuevo la constituyente y La Haya, y compitió en vaguedad con Pablo Pérez. Este señor resultó ser, en estrecha competencia con Pablo Medina, el peor de los participantes; a fin de cuentas, como me apuntó el chamán, había más expectativa acerca de lo que dijera el Gobernador del Zulia que acerca de lo que expusiera Medina, que siempre se ha comportado como un agitador. Los dos Pablos, pues, lo peor del programa de variedades. El zuliano al insistir en una gesticulación postiza—debe haberla traído de sus mítines—para sustituir el puñetazo zurdo sobre la palma derecha por un enganche de ambas manos; pareció estar hablándole a sordomudos. Medina, posiblemente creyendo que Arria se la había comido en la UCAB, quiso emularlo al decir que quería ser Presidente para que Chávez entendiera que iba contra él—dijo «Vamos por ti»—luego de acusar al alto gobierno de haber matado a Danilo Anderson.

Y es sobre este asunto donde se escuchó la única respuesta de cierto nivel: Capriles Radonski dijo que no le correspondería a él, como Presidente de la República, enjuiciar a nadie. Ésa era la respuesta. Después de este punto alto de su intervención, no dijo nada que valiera la pena recordar. Naturalmente, reiteró que era un buen gobernador como antes había sido un buen alcalde y un buen Presidente de la Cámara de Diputados. Su descubrimiento: «Cuando se hace las cosas bien, salen cosas buenas». Su punto de venta: «Soy un hombre bueno».

Queda por comentar el desempeño de Leopoldo López. Errático. Su respuesta de la primera ronda no tuvo absolutamente nada que ver con la pregunta. En la segunda se repuso, pero en general dio la impresión de haber sido aleccionado por John Magdaleno: «Leopoldo, el problema que más preocupa a los venezolanos, según miden las encuestas, es la inseguridad. Tú sólo debes hablar de eso. Si te preguntan por el deporte, por las finanzas públicas, por la salud, tú debes hablar de la inseguridad».

En síntesis, un acontecimiento del que no emergió una sólida contrafigura de Hugo Chávez. Si lo mejor que puede reunir la MUD es esta muestra donde una descollante ingeniera industrial quiere ser Presidente para derrotar a Chávez, le han hecho a éste un gran favor al exhibir tan grande pobreza. «Un suceso intrascendente», fue lo último que me dijo el chamán, antes de ascender la montaña. LEA

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