Consummatum est

Quien progresó fue él

Veremos claramente un día que el triunfo es la derrota.

Henrik Ibsen

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Una hora antes de que la campaña electoral de 2012 concluyera oficialmente, el jueves 4 de octubre (Día de San Francisco), Venezolana de Televisión transmitía en vivo una entrevista en Miraflores al Presidente de la República; lo propio hacía Globovisión con Henrique Capriles Radonski, Gobernador del estado Miranda, candidato de la oposición. Fue muy instructivo alternar entre ambas señales, para percatarse de que así como hablaron ambos contendientes han debido ser los discursos de la campaña que entonces tocaba a su fin. Ambos entregaron disertaciones elevadas.

No pude encontrar error de importancia en las cosas que le escuchaba a Capriles; antes bien, creí que dijo cosas muy bien dichas. Contestó con gran altura una pregunta acerca de cuál creía que era el mayor logro del presidente Chávez, si es que veía alguno; dijo, sin la menor mezquindad, que sin duda su mayor acierto fue llevar el problema de las necesidades sociales a un primer plano. También dijo que para aprender a ganar era preciso aprender a perder.

Ahora debe Capriles decidir—en pocas horas—si se presentará a la reelección a la Gobernación de Miranda, donde tendría una plataforma de recursos y operaciones, o la declinará para intentar fungir como líder de la oposición. Esto último no es tan fácil, contando con el  carácter de archipiélago de la Mesa de la Unidad Democrática, de la que ha dicho Henry Ramos Allup que no es un sitio donde se comparte principios o ideales, tan sólo propósitos. (Los de derrotar a Chávez). Aun en su propio partido, Primero Justicia, no le será fácil convencer a Julio Borges—que ha diferido ya dos veces su propia aspiración presidencial y se va poniendo viejo—de que le permita mandar. Amanecerá y veremos.

Pero Capriles ha tenido una indudable ganancia, al haber superado con creces el desempeño electoral de Manuel Rosales quien, por cierto, regresó a refugiarse en la Gobernación del Zulia para ejercer el liderazgo opositor a medio tiempo, por tiempo brevísimo. El comando de Capriles, y el mismo candidato, supieron insuflar en el electorado de oposición un hálito triunfalista, y en la recta final de la campaña ejecutaron un envión que a última hora redujo muy significativamente la brecha que por largos meses lo separaba de la primera posición en las encuestas. Que la ventaja de Chávez haya sido ligeramente menor de dos dígitos*—54, 42% contra 44,97%, o 9,45%—debe atribuirse a Capriles y la gente de su comando, así como a los miles de voluntarios que contribuyeron con su esfuerzo. También, claro, a la mala campaña que Chávez hizo: de contenido agotado y repetitivo.

Hay factores estructurales en el resultado del 7 de octubre, y puede comentárselos con mayor extensión. Este blog lo hará; de Chávez me ocuparé más adelante, pero hoy va mi reconocimiento a Henrique Capriles Radonski por una campaña de gran gallardía, con la que ha crecido inmensamente como político. LEA

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*La diferencia final alcanzó dos dígitos: 10,84% (55.11% a 44.27%). Las cifras de arriba corresponden al primer boletín emitido por el CNE, poco después de las 10 p. m. del 7 de octubre.

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Glosa aureliana

Afuera se piensa mejor

 Mi querida niña: ¿cuándo vas a entender que la normalidad no es una virtud? Más bien denota falta de coraje moral.

Alice Hoffman

Practical Magic

…la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución.

Retrato hablado

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Hace poco trajo este blog referencia a una noticia contenida en Rayuela, la novela cumbre de Julio Cortázar. Ella nos informa de peceras con tabiques de vidrio transparente, en la que los peces que nadan allí tropiezan una y otra vez con ellos, pues no pueden distinguirlos del agua. Al cabo de una serie de frustraciones, los animales aprenden y dan vuelta antes de chocar. Luego, retirados los tabiques, continúan creyendo que no pueden pasar de un lado al otro: «Llegar hasta un punto en el agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando…»

Los humanos pensamos desde cajas de percepción; nuestros marcos mentales nos impiden ver cosas que debieran resultar obvias. La oposición política venezolana funciona dentro de una caja que ha limitado su capacidad de formular estrategias eficaces, y la más esclavizante de todas es, justamente, que ella se piensa como oposición. Para los dirigentes de oposición, y la inmensa mayoría de sus seguidores, no hay otra cosa política distinta de la aborrecida presencia de Hugo Chávez, Presidente de la República «Bolivariana» de Venezuela. La Mesa de la Unidad Democrática es una coalición antichavista; Henry Ramos Allup, con característica franqueza, admitió en marzo del año pasado (en declaraciones al diario Ciudad Ccs) que Acción Democrática no compartía “ni ideales ni visiones” con los restantes partidos de la MUD: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”, y el propósito fundamental de la central opositora es salir de Chávez cuanto antes. Su clientela política piensa lo mismo, en muchos casos con radicalidad aun mayor. (Ver en este blog Enfermo típico). La película que exhibe la oposición está filmada en blanco y negro; naturalmente, también la que presenta el oficialismo. El simplismo de ambas posturas las hace mutuamente complementarias.

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Aurelio Useche Kislinger aportó a este blog un extenso comentario a El ojo clínico, en el que argumenta con un catálogo de razones, típicas de la caja perceptual opositora, para poner en duda las mediciones de la opinión pública que registran una amplia ventaja de Hugo Chávez sobre Henrique Capriles Radonski (Datanálisis, 15,3 puntos; Datos, 16 puntos; Hinterlaces, 17 puntos; IVAD, 20,3 puntos). Su última línea concluye: «…me vienen dudas de si las encuestas están reflejando la realidad». Para hacer justicia a los argumentos de Useche, he creído conveniente dedicar esta entrada a glosar su comentario, y le avisé de este método en mi contestación provisional. Glosemos, pues, el comentario del Ing. Useche párrafo por párrafo.

Luis Enrique: no comparto tu visión pesimista, tan determinante, sobre un triunfo de Capriles. Sin desmeritar en lo absoluto tus comentarios e interpretaciones, sería muy importante que tus lectores tuvieran la oportunidad de ver las encuestas en su presentación integral. Ello permitiría observar con plenitud la información y cifras que ellas contienen.

La adjudicación de etiquetas calificativas, como «pesimista», es argumentalmente inválida y constituye una de las falacias más elementales. Chávez usa esa técnica con profusión («escuálido», «majunche»). No tengo acceso a las presentaciones integrales de ninguna encuestadora; no soy cliente de ninguna de ellas. Ofrezco en este blog la información que llega a mis manos, y en el mejor de los casos ella se contrae a unas pocas láminas o «resúmenes ejecutivos». Pero tal vez el Ing. Useche no haya leído el archivo de la última presentación en rueda de prensa de Hinterlaces, que puede ser descargado en formato .pdf al pie de El ojo clínico, y se haya limitado a la lectura de este artículo.

He venido observando en algunos de los encuestadores cierto afán de protagonismo por su frecuente presencia en los medios, en los cuales, además de entregar los resultados que, a su criterio, son los más relevantes de sus investigaciones, también emiten juicios de valor que los coloca más en el rol de políticos activos que investigadores de opinión. Y, desde luego, son opiniones, respetables, que constituyen un sesgo en la percepción sobre la opinión pública.

En verdad, no logro encontrar en las intervenciones públicas de algunos encuestadores ningún «juicio de valor». (Corrijo: Datanálisis y Consultores 21, así como Keller, se expresan frecuentemente con sesgo favorable a la oposición). Veo, en cambio, sus interpretaciones de los datos que obtienen, lo que me parece no sólo legítimo, sino útil. En tales intervenciones, seguramente hacen gravitar su conocimiento de primera mano acerca de las «presentaciones integrales» que se echaba en falta en el punto anterior. Y a veces se aventuran a criticar errores de campaña, que los respectivos comandos están en libertad de ignorar. Los encuestadores pueden ser legítimamente «asesores políticos»: Gallup, por ejemplo, se define como compañía consultora basada en investigación de opinión; Pew Research como un think tank; IPSOS tiene una división de «asuntos públicos» capaz de asesorar políticamente; National Opinion Research Center (Universidad de Chicago) lista entre sus capacidades Policy Analysis and Recommendations y algo que llama Technical Assistance, etcétera.

Se ha tratado el caso del chavismo y Chávez, similar al fanatismo religioso. Chávez ha logrado captar a buena parte de la opinión venezolana por su facilidad de expresión, utilizando frases y términos muy parecidos al lenguaje común de la población. Ello sucedió con AD y su principal líder Rómulo Betancourt. AD fue (ya no lo es) el movimiento político de mayor seguimiento en el país. No hay que olvidar al Juan Bimba con su cara feliz, con un bollo de pan en el bolsillo. Ahora tenemos modos más sofisticados: neveras, TV, lavadoras, cocinas, dádivas en dinero, empleo y sueldo sin trabajar. Pero además, un gran temor por la evidente coacción del gobierno. ¿Cuántos de esas camisas rojas van obligados a las manifestaciones de apoyo a Chávez?

Chávez es bastante más que un político con facilidad de expresión y términos del habla popular, en la que usualmente no se consigue referencias a conceptos de Antonio Gramsci o Montesquieu. Ha convertido—Francisco Toro Ugueto dixit—el «discurso salvaje» descrito por José Manuel Briceño Guerrero (El laberinto de los tres minotauros) en un discurso de poder. Chávez «ha adquirido una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar». (Tío Conejo como outsider). Gústenos o no, su comparación con Betancourt es muy insuficiente. Y no deja de haber resonancias religiosas en la fanática aceptación de Capriles como otro Arcángel San Miguel, encargado por Jehová mismo para reducir al nuevo Luzbel que es Chávez a la condición de Lucifer, eternamente condenado al llanto y crujir de dientes. Basta una visita al espacio de Twitter para encontrar innumerables caracterizaciones de Capriles en términos muy cercanos a la superstición. (En 2004, la psicóloga Magaly Villalobos encontró parecido a este respecto entre el chavismo santero y las estampitas marianas que Juan Fernández blandía en época del suicida paro petrolero). Los gobiernos anteriores a Chávez usaban la dádiva sistemáticamente: Plan de Emergencia de Wolfgang Larrazábal o Programa Materno-Infantil de Rafael Caldera. En todos los casos era criticable cuando se la empleaba como herramienta de clientelismo político, cosa que Chávez no inventó, aunque ciertamente la ha exacerbado a proporciones tumorales. Si no neveras, las latas de leche y las planchas de zinc fueron instrumentos proverbiales de la política previa a Chávez. Puestos en plan de exigencia cuantitativa—»¿Cuántos de esas camisas rojas van obligados a las manifestaciones de apoyo a Chávez?»—, convendría que el Ing. Useche precisara una cifra para la cantidad de los que reciben «sueldo sin trabajar»; en los gobiernos anteriores a la larga dominación chavista, hablábamos de los «reposeros».

Desde luego, son millones de gentes recibiendo esos beneficios del gobierno, que no pueden expresarse en libertad, cuando en reuniones, encuestas, focus groups, son invitados a dar su opinión. No entro a debatir si los métodos y diseño de muestras son incorrectos o no. Más bien me refiero al ambiente de libertad de opinión restrictiva que existe en el país. Y nadie olvida los efectos negativos de la lista de Tascón. Y a un cierto temor infundado muy calladamente sobre el secreto del voto. Desearía saber cuáles serían los resultados de una encuesta en Cuba o en la URSS, en su tiempo.

¡Ah, una cifra precisa! Millones de gentes. He visto videos de focus groups conducidos por Hinterlaces en los que ciudadanos catalogables en las clases D y E se expresan libremente en apoyo a la propiedad privada. (Dos fueron colocados en el Tragaluz de este blog, y están a la orden de quienes los requieran). La infame Lista de Tascón actúa desde la época del referendo revocatorio (2004), y no por eso las encuestas han medido equivocadamente la intención de voto. El ventajismo y los métodos sucios del oficialismo no son cosa nueva pero, en general, los venezolanos supimos, gracias a las encuestas, quiénes serían triunfadores y quiénes perdedores en los numerosos cotejos electorales celebrados desde esa fecha, incluyendo la derrota del gobierno en 2007. La comparación con Cuba o la URSS es, de nuevo, desproporcionada. El chavoma, por fortuna, es bastante más benigno que el fideloma o el stalinoma.

En estos últimos años, como bien lo expresas en tu libro, han existido errores y omisiones en la actuación de la dirigencia política por errores de percepción; sin embargo, las elecciones primarias me han convencido de que existen cambios muy favorables. Y es que 3,5 millones de venezolanos manifestaron su opinión. Y esta encuesta, con esta muestra, es un indicio invalorable de la opinión pública.

La Mesa de la Unidad Democrática es, indudablemente, un progreso respecto de su señora madre: la Coordinadora Democrática. Hay una distancia considerable en el nivel de competencia de Enrique Mendoza y el de Ramón Guillermo Aveledo, y éste habría sido un mejor candidato de la MUD que Capriles Radonski. Pero las primarias de la MUD no fueron una encuesta; por definición, un evento de esa clase es sesgado, pues convoca a los opositores de Chávez. (La menos cuidadosa de las encuestas procura que su muestra de entrevistados sea representativa de la población general). Tampoco es cierto que votaron en aquéllas 3,5 millones de venezolanos. La asistencia exacta fue de 3.079.284 votantes. El exigente Ing. Useche no debió meter de contrabando la participación de 420.716 electores faltantes. En cuanto a su significación, tal asistencia equivale a 16,79% del registro electoral de enero de 2012 (18.338.913 electores inscritos). En su momento, defendí a Consultores 21—en Dos instantáneas—de una interpretación inexacta de sus datos. Alguien escribió en Twitter: “Consultores 21 calcula que 28% del RE irá a primarias”. La encuestadora tan sólo registró que, en su medición del 5 al 15 de diciembre de 2011, unos 561 entrevistados de una muestra de 2.000 ciudadanos—28,05%—indicaron “alto nivel de seguridad de participación” en las elecciones primarias de la oposición del 12 de febrero. En ningún momento aludió Consultores 21 al registro electoral ni postuló que tal cifra era un pronóstico. Pero si los críticos de algunas encuestadoras fuesen consistentes, ciertamente han debido echar en cara a Consultores 21 este «error» de 67% respecto de la base de votantes efectivos. Por otra parte, la numerosa asistencia a las primarias pudiera haber equivalido a una muy alta proporción de la clientela opositora, y entonces habría que recorrer una distancia de al menos 4.000.000 de votos adicionales para aspirar al triunfo. En cualquier caso, el Ing. Useche pareciera repetir «errores de percepción» de la «dirigencia política» que hace equivaler, como si no hubiera otra, a la de oposición.

He sido un crítico del inicio de la campaña de Capriles, no respondiendo a los ataques desmesurados de Chávez, al llamarlo majunche, o el de Jorge Rodríguez acerca de las náuseas que le generan al escuchar y ver a Capriles. Capriles venía haciendo un papel de bobalicón. Ello por la influencia de los ex chavistas en la MUD, sobre sus temores sobre la conveniencia de atacar a Chávez. Afortunadamente, ha habido un cambio y observo a Capriles con disposición a debatir y refutar a Chávez. Ojalá logre hacerlo con mayor determinación.

Capriles Radonski entendió, como su comando de campaña y quizás toda la dirigencia de la MUD, que era una táctica que le llevaría a la derrota dejar entender que clausuraría las «misiones» del gobierno. Para salir al paso de las dudas, llegó a anunciar una «Ley de Misiones», asunto que de todas formas no tocaría al Presidente de la República sino a la Asamblea Nacional, a menos que el abanderado de la MUD esté previendo ser beneficiario de una de esas leyes habilitantes que son tan criticadas. Así reiteró uno de esos «errores de percepción» que entiende que el considerable apoyo a Chávez se reduce a un interés clientelar. La misma idea se expresó en 2006 con la oferta bandera de Teodoro Petkoff—el «Cesta-Ticket Petrolero»—, reciclada en la tarjeta «Mi Negra» de Manuel Rosales. Arriesgo una conjetura de la que no tengo pruebas: al Ing. Useche no le consta que la idea de Capriles obedezca a la influencia de los ex chavistas en la MUD (Ismael García o Henri Falcón, por ejemplo). Y al expresar un deseo—Insha’Allah—indica a las claras que se ubica en uno de los dos polos de la película en blanco y negro, nítidamente dentro de la caja de oposición. (Para evitar esto, no es en absoluto necesario meterse dentro de la del oficialismo). Además, si Capriles Radonski tuviera la menor capacidad de refutar a Chávez, ¿por qué habría esperado a esta fecha desde que emergiera a la escena política en 1999?

Ha tenido, por lo menos, la intención de denunciar el modelo rentista petrolero, ya agotado en Venezuela. Pero todavía existen muchos venezolanos, pobres, ricos, empleados, profesionales que desean ver a un país con tipo de cambio subsidiado, tasas de interés reguladas por el BCV, crédito del Estado, pero en otras manos. Y es que esos tiempos no volverán. Es necesario que futuros políticos tomen a la economía como centro de su debate, y que procuren hacer riqueza para salir de la pobreza y acabar ese mito de que somos un país rico.

Estoy de acuerdo con el Ing. Useche en la necesidad de dejar atrás el modelo rentista petrolero, que las sucesivas administraciones de Chávez sólo han exacerbado. Sin embargo, me cuesta creer que Capriles, que ha propuesto consagrar las misiones en ley especial, tenga una firme voluntad en este sentido. Y, otra vez, ¿sobre cuál base demoscópica establece el Ing. Useche que «muchos venezolanos»—¿cuántos son? ¿Cuántos pobres, cuántos ricos, cuántos empleados, cuántos profesionales?—sienten el deseo que describe?

Hace unos años atrás, con motivo del referéndum para la reelección de Chávez, una dama que hacía la limpieza en casa decía: “A mí no me gusta Chávez, pero Ud. podrá comprender que él me regaló la nevera, la lavadora, la tv y la cocina”. Ahora, estas elecciones ocurren en un ambiente muy distinto, con mucho más evidencia de la población sobre el fracaso de Chávez, el temor es mayor. El abuso de la opinión pública sobre la gestión de Chávez, y las posibilidades de poner en peligro los ingresos del gobierno, tanto de empleados, contratistas y la coacción desde el gobierno son factores que pesan, indudablemente. En procesos anteriores, hasta 1999, habia más libertades y menos temor.

El radicalismo y el revanchismo son factores que pesan en esta ocasión. Por ello no estoy seguro, me vienen dudas de si las encuestas están reflejando la realidad.

Bueno, una golondrina no hace verano. El recurso anecdótico a la declaración de una empleada doméstica en la casa del Ing. Useche no puede ser generalizado al estatus de ley de la sociología venezolana. No hay modo de inferir a partir de ese único caso que no hay gente que apoye a Chávez por razones distintas. De nuevo, es un acertado señalamiento del clientelismo que evidentemente practica el gobierno, asunto antes cubierto. Pero cabe preguntar al Ing. Useche, que cuestiona a nuestros encuestadores, ¿es que ha hecho él algún estudio de opinión científicamente diseñado que le permita afirmar que ahora «el temor es mayor»? ¿Pudiera ofrecernos él, en «presentación integral», los detalles de su estratificación, nivel de confianza y margen estadístico de error? En este punto, la crítica al gobierno que atinada y legítimamente sustenta es extrapolada, sin decirlo, a la postulación de un mítico voto oculto que pudiera manifestarse el 7 de octubre para dar un triunfo a Capriles. Es hipótesis vieja; en 2004, fue adelantada por Alfredo Keller para augurar un triunfo opositor en el referendo revocatorio de ese año, y su campeón fue Ibsen Martínez, quien ahora escribe artículos de apariencia erudita en los que intenta invalidar, entre alusiones irrelevantes y altaneras de intención ofensiva, los estudios de opinión pública que miden mayor intención de voto por Hugo Chávez, sobre la base de ocasionales y escasos errores pasados. Su lógica, aplicada a sí mismo, lo descalificaría.

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El Ing. Useche ha hecho un favor a los lectores de este blog: el de presentar sugerentemente el catálogo de motivos por los cuales negarse a la aceptación de una realidad simple. La gran mayoría de los registros de opinión en Venezuela, como lo han destacado sin queso que alabar varios medios extranjeros y agencias noticiosas como Associated Press y Reuters, reporta que la candidatura de Chávez Frías lleva una ventaja muy significativa a la candidatura de Capriles Radonski, y sólo faltan 76 días para el 7 de octubre. Si no está esa mayoría unánimemente equivocada, este candidato segundo tendría que sacar de la manga recursos milagrosos para siquiera empatar la votación.

Con argumentos como los del Ing. Useche, se consuelan quienes piensan políticamente dentro de la caja perceptual de los partidos de oposición y sus seguidores. Su esquema retórico es la proyección de un deseo, wishful thinking. Naturalmente, el que se esté en minoría no significa que se esté en el error. Pero algún significado tendrá que IVAD haya contabilizado (5 al 15 de julio) en 18% el voto opositor duro, ante 46,9% del chavismo firme o que, muy similarmente, Hinterlaces también consiga 18% de apoyo al total de los partidos de la MUD, frente a 42% a favor del PSUV.

Quizás sea una explicación de tan marcado y reiterado fracaso el asunto de los tabiques que encierran la percepción y el pensamiento de la oposición. El chavismo es muy pernicioso, pero no por ese mismo hecho convierte en buenos a sus opositores; a ambos hay que dejarlos atrás. LEA

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Estratigrafía de la opinión

Recién salido del horno (un clic sobre cualquier imagen la amplía)

Empieza a sedimentar un segundo estrato de encuestas de opinión, realizadas con posterioridad a las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática; por tanto, decidoras del impacto sobre la intención de voto de los venezolanos que ha tenido la candidatura que emergiera de aquellas votaciones: la de Henrique Capriles Radonski. Si la primera capa de mediciones indicó que Hugo Chávez aventajaba a Capriles por unos veinte puntos en promedio, lo que se sabe ya de la segunda no modifica sustancialmente la lectura desesperanzadora para el abanderado de la MUD, a pesar de que el Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD) traiga noticias relativamente buenas para Capriles; si en marzo IVAD midió una brecha a favor de Chávez de 29,9%, ahora esta diferencia es de sólo 24,6%.

Este movimiento no se produce porque la intención de voto a favor de Chávez haya disminuido en los últimos treinta días; por lo contrario, ha aumentado: en marzo era de 56,5% y en abril es de 58,6%. Es decir, la candidatura de Chávez ha aumentado 2,1 puntos en el último mes. Pero Capriles ha crecido más en ese lapso (según IVAD); de 26,6% en marzo, la intención de voto a su favor se sitúa ahora en 34%, o 7,4 puntos de incremento en treinta días. En apariencia, un resultado muy alentador para la oposición; de crecer a este ritmo sin parar, la candidatura de Capriles sumaría en cinco meses un incremento de 37 puntos porcentuales, y entonces ganaría la elección ¡con 71%! ¡Sólo 29% de los electores votaría en octubre por Hugo Chávez! ¡La tortilla se habría volteado por completo!

Ahora bien, si la intención de voto por Chávez no está descendiendo ¿de dónde sale el aumento de la de Capriles? En marzo, los indecisos—más o menos equivalentes a la suma de los entrevistados que dicen no saber o no responden—representaban 26,9% de la muestra; ahora, ese segmento se ha reducido a 7,4%. Dicho de otro modo, el cambio pudiera interpretarse como una mayor captación de indecisos por parte de Capriles, lo que no es en sí una sorpresa; se puede decir que Chávez debe estar muy cerca de su techo. Éste habría captado sólo 12,4% de los indecisos en marzo, mientras que Capriles habría convencido a casi 44% de ellos. Tal cosa significa que la reserva de indecisos se ha adelgazado; ya sólo quedaría 7,4% de indecisos—lo que llama la atención por su exiguo tamaño a cinco meses de las votaciones; usualmente este porcentaje es mayor—, y ese porcentaje es exactamente el crecimiento experimentado por Capriles en el último mes. Si Capriles repitiera tal desempeño y Chávez no captara un indeciso más, entonces ya no habría más indecisos para convencer y Capriles sumaría 7,4 puntos a sus actuales 34, para alcanzar un techo teórico de 41,4, o 17,2 puntos por debajo de Chávez. (Claro, esto no toma en cuenta el caso de un crecimiento de Capriles dentro de un juego de suma cero contra Chávez, en el que lo que uno ganara el otro lo perdería).

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No dispongo de otras cifras provenientes de IVAD; en cambio, he podido ponerme en las treinta láminas que componen el Resumen Ejecutivo del Monitor País (Reporte Electoral) de la firma Hinterlaces, del 21 de abril de 2012. (Abajo, un enlace permite descargarlas en .pdf). Este estudio corresponde a lo medido en 1.529 entrevistas directas en hogares, en una cobertura geográfica de toda la población urbana y rural del país según una muestra estratificada, semi-probabilística, polietápica y aleatoria que rinde un nivel de confianza de 95% y un error muestral máximo admisible de ±2,7%. Fueron sus variables de control la edad, el sexo y los niveles socio-económicos y educativos, y los datos fueron levantados entre el 10 y el 18 de este mes.

De una vez, traigamos el dato significativo global, comparable a lo que conocemos de IVAD. Para Hinterlaces, Chávez adelanta en 19 puntos de intención de voto a Capriles:

Intención de voto medida en abril de 2012

Ese registro es 1% superior al obtenido por la misma firma el mes anterior, cuando medía 52% a favor de Chávez y el mismo 34% para Capriles. (Una semana después de las primarias de oposición, Capriles recababa 37% de intención de voto y Chávez 49%; esta mayor cercanía—sólo 12 puntos de diferencia—se diluyó en poquísimos días, luego del anuncio de la recidiva del cáncer en la humanidad presidencial).

José Rafael Revenga describe la peculiaridad de Oscar Schemel, el capitán de Hinterlaces, con el siguiente cognomento: «el mejor conceptualizador de los encuestadores venezolanos». Es una opinión con la que concurro; Schemel no se limita a ofrecer el dato bruto, sino que explica su razón de ser, el proceso de psicología social que está detrás de los resultados, y lo que dice tiene sentido, cuadra con lo que un buen ojo clínico descubriría. Seguramente es la doble metodología de Hinterlaces lo que permite a Schemel la formulación de explicaciones convincentes; además de las encuestas convencionales, la firma reúne focus groups que le permiten profundizar en las razones de los ciudadanos representativos de posturas típicas para sostenerlas, sean éstos de simpatía oficialista, opositores o gente no alineada con ninguno de estos polos.

Tres quintas partes aprueban la gestión de Chávez

Las cifras de intención de voto encontradas por Hinterlaces tienen una base explicable en la evaluación de la gestión del Presidente. Para explicar el gráfico de la derecha que resume esa evaluación, la lámina 11 del Resumen Ejecutivo señala:

EVALUACIÓN DE LA GESTIÓN PRESIDENCIAL

La enfermedad del presidente Chávez borró definitivamente de la psiquis colectiva y de la agenda pública la exitosa movilización de las Primarias de la Oposición, anulando además el debate electoral.

Se impuso nuevamente una hiper-personalización del debate político-electoral en la figura del presidente.

El juicio crítico respecto a la gestión del Presidente Chávez fue desplazado por un juicio emocional y moral que se tradujo en respaldo incondicional.

La evaporación de las primarias de la MUD

Estructuralmente, pues, la posición del candidato de oposición no ha mejorado según Hinterlaces; ha tenido incluso un leve retroceso de 1% en el último mes en términos de su distancia respecto de la intención de voto a favor de Chávez. Vista la cosa dinámicamente en un lapso mayor—noviembre 2011 a la fecha—se percibe más fácilmente el problema (el gráfico se lee a lo árabe, de derecha a izquierda: lo más reciente es lo registrado en la primera columna de la izquierda). El significativo efecto de las primarias consistió en el acortamiento de la ventaja de Chávez, que pasó de 16% a 12% una semana después del evento electoral opositor; mas, en pocos días, Chávez superaba la cota anterior y se adelantaba con 18 puntos de ventaja.

Percepción de la gestión en los últimos cuatro años

Del mismo modo, demos profundidad temporal a la evaluación de la gestión presidencial. Para esto, Hinterlaces suministra una lámina que cubre desde el año 2008 hasta estos últimos días; es digna de ser tomada en cuenta la nota que pone abajo con algunas interrogantes. (Hacer clic sobre la lámina para ampliarla). Si alguno de los efectos que enumera se diese, el efecto negativo sobre la valoración de Chávez no se daría por mérito de Capriles sino por demérito propio, y podría sugerir a gente propensa al sabotaje la introducción de acciones que agravaran las situaciones en ella descritas o, simplemente, el estímulo a la percepción de que se agravan.

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Son cosas como éstas las que encuentra la estratigrafía de la opinión más reciente. El papagayo tricolor no levanta vuelo más allá de cierto techo, y ésta es una situación harto conocida para los estudiosos de las campañas electorales en los países que las celebran. En 1983, Rafael Caldera, quien tenía una estatura y una sustancia muy superiores a las de Capriles Radonski (independientemente de las simpatías que suscitara), se dirigía irremisiblemente a su derrota a manos de Jaime Lusinchi, un candidato que objetivamente no le llegaba a los talones. En medio de la campaña, un pequeño respiro registrado por los estudios de opinión insufló un iluso triunfalismo en muchos miembros de su comando electoral. Referí este estado de ánimo y su equivocada interpretación en mis Memorias prematuras de 1986:

La campaña de Caldera, mostraban las encuestas, había logrado repuntar un poco. (Esto era lo que había despejado las aprensiones del comando de campaña). Sin embargo, dije, todo piloto sabe que se hace ascender un avión aumentando el flujo de combustible. Si el avión venía volando en un cierto “techo”, comienza a ascender. Pero sólo para colocarse en un nuevo techo; superior, por cierto, pero techo al fin. Y el problema era, no sólo que el nuevo techo conseguido no era suficiente, sino que el avión de Caldera ya no podía aumentar más el combustible porque ya no tenía otra cosa que ofrecer. (…) ¿Dónde estaba la gasolina necesaria para volver a subir de techo? No podría provenir del próximo anuncio del programa de gobierno, por lo que conocía de su mediocridad.

El avión opositor tiene su motor embanderado

Ésta parece ser, agravada, la misma situación que aflige a la candidatura de Capriles, que necesita mucho más que un tal «autobús del progreso» que no produce entusiasmo y se dirige inercialmente a un barranco. Si la apuesta de la oposición venezolana fuera la de cambiar oportunamente el autobús por un avión, su único motor, el candidato único que eligió el 12 de febrero, parece no generar empuje suficiente. (Hinterlaces e IVAD coinciden en atribuirle 34% de la intención de voto). Por cierto, ni Capriles ni su comando han hecho alusión alguna a lo que fuera cacareado hace apenas tres meses, el 23 de enero: el programa de gobierno de la «Unidad Democrática»; como en el caso de Caldera, no será de lo programático de donde vendrá el empuje extra para superar el actual techo de intención de voto. Lisa y llanamente, Capriles no calza los puntos de una contrafigura eficaz, no es gallo para Chávez, «no da», como decía Edmond Saade de Manuel Rosales un mes antes de las elecciones presidenciales de 2006.

Y es que tras esa candidatura insuficiente hay una limitación de origen: el hecho de que es la candidatura de la oposición. Es razonable suponer que la abstención de masa opositora el 12 de febrero de este año fue más bien baja, que fue a votar en las primarias una buena parte de la población que se define como de oposición. El movimiento favorable para Capriles, registrado por IVAD en el último mes, sería el crecimiento esperable de alguien que sacó 1.800.000 votos en dirección a los 3.000.000 de votos en la totalización. Hasta cierto punto es esto lo que explica Hinterlaces en una de sus conceptualizaciones características (láminas 28 y 29):

¿PRIMARIAS o PLEBISCITO? Más allá del objetivo de elegir al candidato único de la oposición, las Primarias se convirtieron finalmente en un Plebiscito, donde la motivación fundamental fue expresar el descontento y el malestar por la gestión del Presidente Chávez y de su gobierno. Los medios de comunicación destacaban la amplia participación de más de 3 millones de venezolanos, mucho más que el triunfo del candidato. De hecho, la comunicación de la oposición puso en segundo plano la elección del candidato único. Lo importante era protestar contra el presidente Chávez a través de la participación en estas Primarias. «Hay que ir a votar en las Primarias». Quienes participaron en este evento insistían más en manifestar su rechazo al Presidente Chávez que en su apoyo por cualquiera de los pre-candidatos. Hay que destacar que, con la elección del pre-candidato «menos confrontacional», el país opositor ha venido entendiendo o aceptando que no se puede vencer al Presidente Chávez desde una posición radical y extrema, opositora y anti-chavista. Visto como un Plebiscito, la participación ciudadana en este evento resulta limitada y explica el débil impacto que tuvo posteriormente sobre el respaldo electoral del candidato único de la oposición.

En la misma línea, Noticias 24 recogió el 22 de abril la primicia de José Vicente Rangel sobre la medición de IVAD ya reseñada, y citó algunas de sus palabras que a su vez citaban a Luis Vicente León:

El periodista acotó que el director de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León, señaló durante la reciente presentación de los resultados de los sondeos de la empresa que “se esperaba que la intención de votos por Capriles fuera superior a la suma de los precandidatos previo a las primarias, sin embargo, esto no pasó y aunque tres millones de votos fue buen resultado no dice nada porque para ganar el 7 de octubre se debe tener al menos 7 millones, resultado que se le hace cuesta arriba a Capriles”.

Hace un mes, la mayor parte de la dirigencia y la comunidad opositora prefirió ignorar, al menos ostensiblemente, la lectura de la mayoría de las encuestadoras, a pesar de que entre todas depositaron una capa de sedimento homogéneo que separa el estrato de los votos a favor de Chávez de los que Capriles recogería. La segunda capa está acumulándose y no parece haberse adelgazado. Ya van dos vaciados: IVAD e Hinterlaces; en los próximos días sabremos de otros. LEA

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Descargue el Resumen Ejecutivo del Reporte Electoral: MONITOR PAIS – ABRIL 2012

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Un cisne negro

 

Aitor Muñoz: contraportada, lomo y portada de Las élites culposas (clic amplía)

(Extracto del noveno capítulo de Las Élites Culposas, próximo a aparecer en librerías).

Luego de extraños y prolongados silencios, Hugo Chávez viajó a Cuba en enésima ocasión y pronto se supo que allí estaba por razones médicas. Allí, por propia admisión, fue intervenido quirúrgicamente para extirparle un tumor canceroso. Al cabo de angustiosos días de desinformación y rumores de toda índole, Chávez habló en cadena de televisión y radio desde La Habana el 30 de junio de 2011, para dar algún detalle de su enfermedad y su tratamiento. Desde entonces, ha ido y venido para acomodar sesiones de quimioterapia entre menos exigentes jornadas de trabajo. Durante los días que ha pasado en Venezuela, ha regresado a su pose conciliatoria: ha comentado que ya no debe decirse “Patria, Socialismo o Muerte”; ha recomendado un uso menos frecuente de las camisas rojas que identifican a sus seguidores y a él mismo; ha ordenado el cortejo de la clase media venezolana. Ha asegurado que vencerá la enfermedad que ahora lo vence. Dice que ya no se siente enfermo, sino como convaleciente de la enfermedad que “tuvo”.

Pero ahora que le ha llegado su némesis, su castigo olímpico en forma de cáncer pélvico, cirugía, quimioterapia y caída de pelo, pareció, inicialmente, arrepentirse a toda prisa de haber insistido tanto en lo que llama socialismo del siglo XXI, en el uso ad nauseam del color rojo y el lema Patria, Socialismo o Muerte—ya este último término no le causa gracia—a ver si se apiada de él un panteón irritado por su arrogancia. Cerró el año 2011 reconociendo, en repetida confesión televisada, sus grandes errores, pero ya ha vuelto por sus fueros.

Mucho antes del proceso canceroso de su organismo, partidarios que han sido suyos ya lo desahuciaban políticamente, tan evidente es su agresivo engreimiento. Incapaces de admitir la restauración de antiguos usufructuarios del poder, se quejan de no distinguir en el paisaje la figura de un outsider, sin saber que emplean el mismo término que introdujera a comienzos de los ochenta, cuando ya era obvio el desarreglo político del país, el oráculo semanal que fuera Gonzalo Barrios.

Pero un outsider, alguien que viene de fuera, no puede surgir de las filas chavistas, ni siquiera en el improbable caso de que Hugo Chávez, fajado con su enfermedad, se vea impedido de la candidatura. Tampoco, por supuesto, de las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática. Los partidos que componen la abigarrada mezcla de MUD no han experimentado la metamorfosis que sería necesaria para convertirse en actores relevantes y pertinentes. Se trata de un impedimento congénito o, aun más profundamente, genético, constitucional. El valor que se requiere para sobreponerse a eso es el necesario para sufrir una lobotomía ideológica; no es coraje frecuente. Quizás, si nos indignamos como en El Cairo, Madrid, Londres y Nueva York, algún día estén dispuestos a someterse a esa operación.

luis enrique ALCALÁ

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Schemel, el aguafiestas (actualizado)

Actualización: La encuestadora—Consultores 30.11—que comanda Germán Campos hace con frecuencia, por encargo del gobierno, estudios con muestras bastante mayores que las habituales de mil o mil doscientos entrevistados. Hoy (12 de marzo) anunció por Venevisión sus últimos resultados: la intención de voto para el 7 de octubre es de 57,5% a favor de Hugo Chávez, y de 26,6% a favor de Henrique Capriles Radonski. La ventaja del actual titular de la Presidencia de la República es de casi 31 puntos porcentuales. (Hugo Chávez regresa de Cuba antes de la llegada a ésa de Benedicto XVI, quien no podrá administrarle la Unción de los Enfermos).

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Con todo y tumor, Chávez será candidato… y resultaría electo

 

 

Cuenta la leyenda que en un antiguo y remoto país del oriente había un rey muy cruel y, por lo tanto, injusto. Todo aquello que lo fastidiara lo destruía de inmediato. Así también, cada vez que recibía un mensajero proveniente de los confines de su reino, si este le traía una mala noticia lo hacía matar de inmediato. De esta manera, confundiendo el mensaje con el mensajero y la realidad con la sombra de la misma, logró que nadie se atreviera a decirle lo que realmente pasaba. Fue así que ni siquiera se enteró de que había dejado de ser rey, tal era el pánico que aún provocaba ese tipo de comentarios. Fue así también que cuando su pueblo lo condenó a muerte ni el verdugo se atrevió a comunicarle la sentencia. Nadie sabe si tuvo tiempo de sorprenderse cuando su cabeza cayó sin anuncio previo.

Carlos Besanson

No matar al mensajero

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El futuro es plural. Antes de convertirse en presente para colapsar rápidamente como pasado, es posible el acontecimiento de cosas disímiles.

No todo es posible, sin embargo. No es posible, por ejemplo, que Rómulo Betancourt sea de nuevo candidato a la Presidencia de la República, ni tampoco Aristóbulo Istúriz o Nelson Mezerhane. No es posible que el mundo se acabe en 2012, a pesar de los crédulos y supersticiosos, y tampoco que la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas acoja en su seno a la Federación Venezolana de Astrólogos. En verdad, son sólo unos pocos cauces de un delta de posibilidades los que pueden desaguar la actual situación política nacional, que el 7 de octubre se convertirá en momento electoral. La estructura del futuro no es un abanico de superficie continua sobre la que sea posible trazar, en principio, un número infinito de escenarios. La disposición del futuro es arborificada.

Por supuesto, no es imposible que el régimen venezolano se desplome súbitamente antes de la fecha de los previstos comicios; tampoco que se produzca la falta absoluta del Presidente de aquí a allá. Pero lo que parece la boca más ancha, el Caño Araguao de la política nacional, se destaca en el mapa del cartógrafo Oscar Schemel, que a juicio del Chamán del Guaraira Repano es el «mejor conceptualizador» y explicador entre nuestros encuestólogos. (El mismo chamán, cuyos certeros augurios hemos publicado varias veces en este blog, se animó hace una semana a sugerir que el presidente Chávez permanezca en Cuba, alargando su estancia terapéutica en la isla de los Castro, para recibir el 26 de marzo la visita de Benedicto XVI y solicitarle la Unción de los Enfermos—antes Extremaunción—en lo que sería, sin duda, un sacramento de lujo, administrado por nadie menos que el Sumo Pontífice).

Hinterlaces, la firma de Schemel, recogió datos entre el 24 de febrero y el 1º de marzo para componer su Monitor País del 5 de los corrientes. Este estudio, por consiguiente, es posterior a la celebración de las primarias opositoras (12 de febrero) y al anuncio del nuevo tumor en la humanidad presidencial, acaecido a la conclusión del Carnaval.

Aprobación en ascenso (clic amplía)

El efecto de esta noticia ha sido, como era de prever, positivo para la evaluación del Primer Mandatario como gobernante… y también como candidato. Dice Hinterlaces: «Sube de 64% (enero 2012) a 66% la valoración positiva de la gestión del presidente Chávez. Casi 7 de cada 10 venezolanos aprueban la labor presidencial». Y también apunta: «6 de cada 10 venezolanos está «de acuerdo» con la gestión del Presidente Chávez y un tercio del país está en «desacuerdo». La enfermedad vuelve a concentrar la atención en el liderazgo personal de Chávez y desplaza el cuestionamiento de las fallas de gestión».

Sorprende de lo encontrado por Schemel el incremento, favorable a Chávez, en las clases más altas de la población. La décima lámina del Resumen Ejecutivo del reciente estudio asienta:

EVALUACIÓN DE LA GESTIÓN PRESIDENCIAL

Entre enero y febrero, observamos que en la clase E y quienes se autodefinen como independientes hay un desplazamiento de una «valoración de balance crítico» a una «posición de respaldo» a la gestión del Presidente Chávez.

Desde octubre, hemos venido observando un aumento en la valoración positiva de la gestión del Presidente Chávez en el grupo AB.

El rechazo a la gestión del Presidente Chávez tiende a concentrarse en la clase media C+.

Este movimiento de la opinión no podía dejar de causar efecto sobre la intención de voto en los actuales momentos. Naturalmente, el efecto de las elecciones primarias de la Mesa de la Unidad Democrática prestó algo de aliento a la figura de Henrique Capriles Radonski, quien se colocó a sólo 12 puntos por debajo de Chávez—49% a 37%—una semana después de las primarias (19 de febrero), recortando la distancia del promedio de las encuestas en tres puntos. Pero ahora ha crecido la ventaja del adelantado a 18 puntos sobre, hasta ahora, su único contendor.

Henrique Capriles Radonski: ligero ascenso y peor caída

El cuadro es realmente desalentador para la población opositora. El mismo 12 de febrero por la noche, conocidas ya las esperanzadoras cifras anunciadas por Teresa Albánez, multada por incendiaria, se comentó aquí: «En todo caso, los próximos tres meses indicarán si existe alguna posibilidad de que Capriles supere a Chávez en las elecciones que sobrevendrán en ocho; ya algunas encuestas han mostrado la disminución de la ventaja de Chávez a números de un solo dígito, cuando hasta hace nada le adjudicaban 15 puntos sobre Capriles. Este blog desea a Capriles la mejor de las suertes. Ojalá logre un desempeño convincente a breve plazo». (Triunfo rotundo).

Parece que al plazo más breve no se ha producido todavía ese desempeño que pudiera convencer, y que la oposición se encamina a una derrota que quizás no sea tan grave como la que experimentara con la candidatura de Manuel Rosales, que el 3 de diciembre de 2006 perdió hasta en el Zulia (en todo el territorio nacional, sólo pudo ganar en el municipio Maracaibo).

Esperanzas puestas en un tercero

Falta, no obstante, un buen trecho por recorrer. Hay que continuar observando el curso de la opinión para saber si el Caño Araguao mantiene el caudal que ahora se le mide, si lo aumenta o experimenta disminución. Digamos, hasta el 12 de mayo, tres meses de desempeño posterior a las primarias. Entonces habrá que decidir si es aconsejable dirigirse al matadero para acompañar al Gobernador de Miranda, quien deberá abandonar este cargo para el 1º de julio. Una medición de Hinterlaces pareciera desestimular en algo la imaginación de una tercera candidatura: la de un outsider, o de un «independiente» en terminología de la encuestadora. Casi la mitad de los entrevistados cree que ese tercero o tercera no tendría chance aunque, naturalmente, la pregunta fue formulada para el caso de que Chávez no pudiera ser candidato y, también, en ausencia de una figura concreta. (La suma de quienes creen que sí lo tendría—37%, equivalente al apoyo a Capriles luego de su triunfo primario—y quienes dicen no saber o no contestaron alcanza a 51%).

Con todos los buenos deseos de este blog para Capriles Radonski, acá se dijo hace un año (El pelotón opositor) acerca de quienes pescueceaban ya—Herman Escarrá, Oswaldo Álvarez Paz, Eduardo Fernández, María Corina Machado, Ramón Guillermo Aveledo, Cecilia Sosa, Cecilia García Arocha, Pablo Pérez, Henrique Capriles Radonski, Julio Borges, Leopoldo López, Manuel Rosales, César Pérez Vivas, Henri Falcón, Henrique Salas Feo, Henry Ramos Allup, Miguel Ángel Rodríguez, Teódulo López Meléndez, etcétera, etcétera, etcétera—para alzarse con la candidatura de oposición: «Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato ‘normal’ quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos».

Medición del 27 de octubre al 3 de noviembre de 2011

Claro que al reportar (Reiteraciones con pretexto), el 11 de noviembre del año pasado, la medición del Instituto Venezolano de Análisis de Datos publicada el día anterior por el diario El Nacional—intención de voto para Chávez de 49,3% ante 37,1% que votaría en su contra—, una amable dama caraqueña preguntó a quien le hiciera llegar mi artículo: «¿Qué credibilidad tiene LEA? Si no tiene mucha y su visión es siempre pesimista, no me parece muy válido este artículo y menos difundirlo».

Eso es bastante más inocuo que matar al mensajero, por más que haya quienes deseen la desaparición de Oscar Schemel o Félix Seijas. Me ofrezco solidariamente para ser sacrificado en su compañía. A fines de tal solidaridad, excitaré a la jauría opositora reproduciendo un trozo del artículo principal de la Carta Semanal #100 de doctorpolítico (Bofetada terapéutica), posterior en cuatro días al infructuoso referendo revocatorio del 15 de agosto de 2004:

Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos.

Y esta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia.

Mala praxis

Y eso que todavía no había decidido la locura de abandonar la elección de Asamblea Nacional en 2005 y reivindicar después que la abstención de 75% era ¡un sonado éxito! (Schemel, por cierto, había medido 71% de posible abstención en octubre de 2005, un mes antes de la estampida de Fila de Mariches que desencadenara Henry Ramos Allup y que, por tanto, añadiera a lo sumo 4% a la ausencia de votantes). Todavía, tampoco, había producido esa misma dirigencia la menesterosa candidatura de Manuel Rosales, ni la inexplicable derrota del 15 de febrero de 2009 ante la enmienda constitucional de reelección indefinida u otros fracasos menores. Hasta el 15 de agosto de 2004, sólo había fracasado en la elección de diputados constituyentes, en el referendo de 1999 sobre la Constitución, la presidencial de 2000, el Carmonazo, el suicida paro petrolero y el referendo revocatorio.

Se trata de la misma gente, de los mismos conceptos estratégicos. No ha atinado a otra cosa que a concebirse como oposición—Henry Ramos Allup: “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”—, no ha podido hacer otra cosa que acusar a Chávez, incapaz de refutar su discurso, que es lo que siempre se ha necesitado. Ahora parece que el candidato que recibió 1.800.000 votos el 12 de febrero—y que por tanto tendría que añadir 5.200.000 el 7 de octubre para ganarle a Chávez—ha decidido no confrontarlo, proyectarse como «chavista light» y eludir pacíficamente el combate. No es imposible que con tal estrategia logre su propósito. Aquí mismo se dijo el 12 de febrero: «Tampoco puede haber duda de que una presidencia de Capriles Radonski, a pesar de sus limitaciones, sería muy preferible a la continuación de Chávez en el poder. Es posible, por otra parte, que una mayoría del electorado crea el 7 de octubre que conviene la paz al país; si Capriles se distingue por algo de la opción continuista es, precisamente, porque representaría la disolución del clima pugnaz y agresivo que ha caracterizado el tiempo de Chávez. Quizás eso sea suficiente».

Realmente no lo creo. Esa posibilidad lleva el cauce de un caño muy secundario de nuestro delta político. El Caño Araguao sigue siendo un triunfo de Chávez el 7 de octubre de 2012, seguido por su falta absoluta—por muerte o incapacitación por razones de salud—en un plazo no mayor de tres años, lo que implicaría una nueva elección. (Artículo 233 de la Constitución). Si los factores que pueden impulsar otra candidatura se cierran en sus actuales posiciones, quizás logren entrar en razón al momento de que Chávez no esté para presidir la República. De todos modos, y por si acaso, se recomienda por enésima vez la lectura de Retrato hablado (30 de octubre de 2008). Allí se describe los rasgos de una contrafigura con posibilidades de ser exitosa.

Por ahora, estoy dispuesto a morir a manos de un rey cruel e injusto, que mata mensajeros. LEA

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Para descargar este artículo en .pdf: Schemel, el aguafiestas

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