LEA #251

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La inyección de fondos que el Banco de la Reserva Federal, el banco central estadounidense, proporcionó en auxilio de un mercado de valores extraordinariamente volátil y en marcada y preocupante tendencia a la baja, no parece haber sido suficiente para calmar el nerviosismo de los inversionistas, como tampoco su decisión de reducir la tasa de descuento. Esta impresión se deduce de la llamativa baja de los papeles de deuda comercial, que para el día de ayer habían experimentado su mayor descenso semanal (4,23%) en los últimos siete años. La contracción del mercado de estos papeles comerciales soportados por activos—una buena parte de los cuales están ligados a compras de hipotecas subprime—a favor de un mayor interés en bonos del Tesoro norteamericano, impelirá a las empresas a buscar financiamiento para el corto plazo de otras fuentes, y las que no lo obtengan se verán forzadas, a su vez, a contraerse o, tal vez, a cerrar operaciones. El cuadro económico mundial, al menos a nivel de los mercados financieros, dista mucho de haberse afirmado. (A pesar de una cierta estabilización en mercados asiáticos, los europeos y el norteamericano continúan descendiendo).

Una buena noticia puntual, aunque de valor estratégico, proviene de la compra, por parte del Bank of America, de 2.000 millones de dólares en acciones preferidas de Countrywide. (La principal financista hipotecaria de los Estados Unidos). Hasta ayer se tenía a Countrywide en terapia intensiva, casi terminal, mientras se temía su quiebra al verse reducido a la mitad—desde un valor pico en febrero—su valor de capitalización. La reacción positiva a esta inyección del Bank of America fue instantánea. Countrywide experimentó un repunte de 12% en el valor de sus acciones, y ha salido de la lista crítica. El oportuno rescate funcionó admirablemente, y un efecto adicional ha sido el marcado descenso en el riesgo de la tenencia de bonos corporativos, suscitado por la misma operación del Bank of America.

Otros no han sido tan afortunados. El negativo proceso de los papeles comerciales soportados por activos afectó fuertemente a Coventree Inc., una empresa financiera canadiense que debió admitir su fracaso en la renovación de más de 4 mil quinientos millones de dólares (US) en esa clase de efectos. La firma está a punto de cerrar, pues prácticamente no tiene otras fuentes significativas de ingresos. La epidemia, en ruta de pandemia, ha tomado pie firme en Canadá.

¿Y por estos lados? El gobierno venezolano no ha tenido suerte con sus más recientes emisiones de valores, incluyendo el III Bono del Sur (Chávez-Kirchner), cuya emisión, “aplaudida” por Fedecámaras como esfuerzo por recoger liquidez y bajar presión inflacionaria, se vio obligado a suspender. Rodrigo Cabezas ha declarado que se esperará mejores condiciones que las actualmente prevalecientes en los mercados bursátiles del mundo, pero seguramente no ayuda a la cosa, por lo menos en lo atinente a este último papel, que sea noticia el escándalo del maletín de Antonini Wilson.

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CS #251 – Por aquí fumea

Cartas

El sábado de la semana pasada, 18 de agosto, varias cuadras de la avenida Libertador en Caracas, en las proximidades de la sede de Petróleos de Venezuela, veían entorpecido el flujo de vehículos por una profusión de modernos y lujosos autobuses, que habían traído del interior a la ciudad, hasta el cuartel general de la empresa, un considerable número de ciudadanos ataviados con la consabida franela roja. Desde San Cristóbal hasta Santo Tomé de Guayana, la recluta de defensores de PDVSA representó un esfuerzo logístico de primera magnitud, en transporte, manutención, alojamiento. El viaje de un solo autobús, recién sacado de una agencia y proveniente del más remoto de nuestros estados andinos, había costado varios millones de bolívares para traer un poco más de un centenar de peones del gobierno, hasta una zona profusamente adornada con pancartas que daban cuenta de un nuevo ataque del imperio y la oligarquía contra la empresa máxima del “poder popular”. Entre las consignas, la inevitable de “patria, socialismo o muerte”, con la particularidad de que este lema se desdoblaba en tres pancartas costosas, una para decir “patria”, otra, unos metros más allá, para decir “socialismo”, y otra, finalmente, para advertir “o muerte”. Una de estas últimas fue plantada, para su inconveniencia, justamente ante las puertas de la Policlínica Santiago de León, haciéndole propaganda contradictoria y contraproducente, al asociar muerte y medicina. (A lo mejor, por tratarse de una clínica privada que es, por ese mismo hecho, pecaminosa ante ojos revolucionarios, la colocación de la pancarta en cuestión fue adrede).

¿De qué artero ataque se defendía a PDVSA? Pues, obviamente, del montaje mediático, del “pote de humo” que sería, según el vicepresidente Rodríguez, el caso del maletín de Antonini Wilson. Ya el sábado anterior (11 de agosto), a tempranas horas de la noche, el propio Hugo Chávez se había apersonado en la sede petrolera de La Campiña—para reclamar, regañar, despedir un chivo expiatorio y, también, para apoyar a Rafael Ramírez—y las barras de famosos restaurantes chinos de la zona se repletaban de militantes socialistas, mientras esperaban la salida del líder que había ido a PDVSA a enderezar las cosas y ordenar él mismo la operación de defensa que se montaría, con dispendio grande, una semana después. Probablemente anunció ese día a quienes le recibieron en el edificio de la compañía estatal que él haría lo suyo, al adelantar la presentación del proyecto de reforma constitucional a la Asamblea Nacional para el miércoles 15 de agosto.

¿Quién sufragó la compleja operación del sábado 18 de agosto? ¿Qué ente o persona pagó las franelas y demás aperos del kit revolucionario? ¿Quién pagó el servicio de los incontables autobuses, las comidas y los alojamientos? A falta de pruebas sólo queda especular que el financista de la operación de desagravio fue la propia PDVSA. Uno no puede esperar que Clodosbaldo Russián investigue e informe, mucho menos que sancione.

¿Sirvió para algo tan dispendiosa movilización? Pues sí: sabida la potencialidad agresiva de esta clase de revolucionarios manifestantes, apostados en las inmediaciones de PDVSA, una marcha de protesta hasta la misma sede, convocada por el autodenominado Comando Nacional de la Resistencia—los contras—fue cancelada de inmediato. No pareció prudente encaminar lo que habría sido, seguramente, una escuálida asistencia a la convocatoria de Oscar Pérez, a una confrontación en el bien guardado y defendido edificio. Un enorme costo para un triunfo absolutamente insignificante, pero esa es la reacción de un gobierno que alguna vez se predicó contra la corrupción ante el turbio caso del maletín relleno de dólares descubierto en Buenos Aires. En la noche del 3 de diciembre de 2006, Chávez, triunfador de la elección de ese día y asomado en un balcón de Miraflores, aseguraba que su prioridad sería ahora la lucha contra la corrupción y la burocratización. En oportunidad de presentar oficialmente su candidatura ante el Consejo Nacional Electoral, había anunciado que quería ser reelecto para “continuar la lucha contra la corrupción”. Ya sabemos que nada de esto era cierto, que su verdadera prioridad es la de aumentar su poder y ser reelecto indefinidamente, como se contempla en el proyecto de reforma constitucional presentado el miércoles 15 de agosto, en actuación que constituyó un verdadero pote de humo nauseabundo, mero intento de desviar la atención del caso Antonini, que más de un problema le ha traído. Eso, y la obscenidad del gasto multimillonario del sábado 18 de agosto, tres días después de la comparecencia de Hugo Chávez ante la Asamblea Nacional.

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Si bien es cierto que conviene a la República verle el hueso al affaire Antonini, si bien ésa es una pata que no debe dejarse de morder, impidiendo que el grave asunto constitucional pendiente enmascare el significado demoledor que tiene para un gobierno hipócrita, el inicio del cronograma del proyecto de reforma marca la proximidad de una nueva encrucijada política que es preciso atender. Sobre todo cuando, a escasos seis días de haber sido presentado el complejo proyecto, ya la obsecuente Asamblea Nacional lo ha aprobado en primera “discusión”. (Martes 21 de agosto).

Esta prisa contradice lo prescrito por el Artículo 343 de la Constitución, que reza: “La iniciativa de Reforma Constitucional será tramitada por la Asamblea Nacional en la forma siguiente: 1. El Proyecto de Reforma Constitucional tendrá una primera discusión en el período de sesiones correspondiente a la presentación del mismo. 2. Una segunda discusión por Título o Capítulo, según fuera el caso. 3. Una tercera y última discusión artículo por artículo. 4. La Asamblea Nacional aprobará el proyecto de reforma constitucional en un plazo no mayor de dos años, contados a partir de la fecha en la cual conoció y aprobó la solicitud de reforma. 5. El proyecto de reforma se considerará aprobado con el voto de las dos terceras partes de los o las integrantes de la Asamblea Nacional”. Hasta ahora, a menos de una semana de presentado, en escasos cuatro días hábiles, el proyecto ya ha sido aprobado in toto. Chávez no quiere esperar por el plazo máximo de dos años prescrito en la Constitución; quiere el asunto ya y Cilia Flores lo complace. La Presidenta de la Asamblea Nacional argumentó a favor de la prisa del siguiente modo: “Esta es una propuesta orgánica, una propuesta en bloque y cada una de las modificaciones de los 33 artículos están relacionados unos con otros, están relacionados con un proyecto de país en el cual avanzamos y el pueblo se pronunció cuando reeligió al presidente Chávez en diciembre pasado y por ello nuestra propuesta es que se discuta en bloque y que se aprueben en bloque los treinta y tres artículos que está proponiendo el presidente Chávez”.

Sólo se escuchó la voz disidente de tres diputados del partido Podemos—Ismael García, Arcadio Montiel y Ricardo Gutiérrez—que solicitaban una consideración más sosegada del proyecto. Su postura fue contradicha de inmediato, entre otros por Oscar Figuera, del Partido Comunista de Venezuela, quien afirmó: “Los tiempos son expeditos y los lapsos breves. En tiempos de revolución se demanda la renovación de las normas jurídicas. La reforma es un nuevo empujón revolucionario para el avance del proceso”.

Estamos, por tanto, ante un nuevo atropellamiento, un nuevo apuro, esta vez en el seno de una Asamblea Nacional en la que no existe una sola cabeza opositora.

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El proyecto es de burda construcción, y en la sesión del 21 de agosto Carlos Escarrá se encargó de asumir la defensa de su verdadero propósito. Echando mano de declaraciones de Simón Bolívar en ocasión de formularse la primera constitución de Bolivia, Escarrá defendió que el ejercicio de la Primera Magistratura fuera perpetuo. Ya no le parecía necesario el eufemismo esgrimido semanas antes por Cilia Flores, que hablaba de la permanencia de una posible alternabilidad democrática e indicaba que “la oposición” podría presentar candidatos cada cierto tiempo. El diputado Escarrá seguramente querría una redacción más clara que la propuesta por el mismo Chávez para el Artículo 230, y abandonar todo disimulo para establecer, de una vez, que la presidencia de la República sea vitalicia.

(La redacción actual del Artículo 230 es la siguiente: “El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida, de inmediato y por una sola vez, para un nuevo período”. Y ésta es la redacción que Chávez propone: “El período presidencial es de siete años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida de inmediato para un nuevo período”).

Todo lo demás es, principalmente, un pote de humo para ocultar el fin supremo de la jefatura perpetua, como Escarrá ha defendido y expuesto con tanta candidez. Una modificación merece comentario aparte, en virtud de ser una grosera manipulación. Esta es la consagración constitucional de una jornada laboral máxima de seis horas. Ya ha aparecido publicidad oficial a favor de la reforma basada en esa oferta; es decir, se invita a la aprobación ciudadana de todo un proyecto de aumento de poder en cuanto a ámbito de facultades y en cuanto a duración sobre la base de la fácil jornada de seis horas. (Que en sí misma representaría muy marcado aumento en los costos operativos de las empresas, reduciendo su rentabilidad y su competitividad en un mundo globalizado que ya no puede dejar de tomar en cuenta la barata mano de obra china).

No se necesitaba una reforma constitucional para establecer una jornada laboral de seis horas, si es que se concluyera que tal cosa es deseable. Existe una Ley Orgánica del Trabajo, y bastaba una modificación puntual de la misma para consagrar esa rebaja de la productividad. Es clarísimo que se trata de un incentivo engañoso que permite vender la reforma a los ciudadanos más incautos.

Es más, Hugo Chávez está facultado, por ley habilitante que le confiere facultades legislativas casi omnímodas, para introducir esa modificación en la legislación laboral. Ha optado, en cambio, por presentar ese caramelo dentro de su proyecto de reforma constitucional, con el único objeto de hacerla atractiva por motivos subalternos.

Y la campaña por la aprobación ya ha comenzado, reciamente. El diario El Nacional, en su edición de hoy, recoge la estimación de Máximo Sánchez (Primero Justicia), quien calcula que el gobierno ha gastado a razón de 416 millones de bolívares diarios en propaganda a favor del proyecto.

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Todo este cuadro plantea al país entero un enorme peligro, que es menester conjurar. No debe perderse el foco exacto de lo que tiene que lograrse: que una suficiente mayoría de electores, colocada ante las máquinas que registrarán el voto a favor o en contra del proyecto en el inevitable referéndum, emita una serena y decidida negativa. Como ha sido recomendado por otros analistas, y se ha reportado acá en más de una ocasión, no debemos involucrarnos en discusiones acerca de aspectos fragmentarios del monstruoso intento. Lo que se requiere es un simple y rotundo no.

No se necesita, por tanto, gastar tiempo en la construcción de alianzas o federaciones opositoras, lo que más bien daría la impresión de que se reedita una perdedora Coordinadora Democrática. Es preferible que el enjambre se manifieste como va. Ya hay una buena cantidad de voces nuevas que adelantan, en artículos y declaraciones, o en apariciones en programas de radio y televisión, estupendos argumentos que se oponen a la reforma planteada por Chávez. Que siga el aguacero.

Naturalmente, debe prepararse un contundente movimiento para la defensa, a la ucraniana, de ese voto, si es que esta vez le da al Consejo Nacional Electoral, como no lo ha hecho en ocasiones anteriores, por traicionar la voluntad popular. Pero primero hay que establecer la mayoría. Es ésta la verdadera tarea política de fondo. Como se escribiera acá alguna vez (Carta Semanal #161 de doctorpolítico, 27 de octubre de 2005): “Cuando seamos mayoría podremos mandar”.

Los estudios de opinión indican que esa mayoría existe, al menos en lo concerniente a un rechazo de presidencias vitalicias o perpetuas, para usar la terminología de Carlos Escarrá. No debe dilapidarse, una vez más, ese decisivo capital político.

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FS #158 – Ver

FicheroLEA, por favor

Esta Ficha Semanal #158 de doctorpolítico es totalmente atípica. (Y no sólo por su desusada longitud, verdaderamente abusiva). Las fichas semanales—que nacieron con la intención de enriquecer el servicio de la Carta Semanal, cuando ya se habían producido 92 entregas de ésta—se construyen usualmente con textos de terceros en materia política, y ocasionalmente con textos políticos viejos de quien escribe.

Pero es que el #250 de la Carta Semanal de doctorpolítico, del jueves de la semana pasada, ha suscitado, para satisfacción del suscrito, considerable interés. Más propiamente, han suscitado gran interés el pensamiento y la persona de Pierre Teilhard de Chardin, y algunas preguntas específicas reivindican, igualmente, que se les satisfaga. El objeto de esta ficha anómala es el de suministrar noticia ampliada de la visión teilhardiana del mundo y su evolución que, como se dijo, no tiene nada que ver con la interpretación equívoca que propaga ignorante o interesadamente el Presidente de la República. Para esta tarea se ha escogido el prólogo—Ver—que el propio Teilhard antepone al monumental discurso de su obra cimera: El Fenómeno Humano. Es un texto cuidadosamente construido y, entre otras cosas, un curarse en salud que buscaba protegerse de una ortodoxia católica que le exigiría—como en efecto lo hizo—no socavar las interpretaciones convencionales del significado de Cristo.

Se reproduce acá, pues, Ver, las páginas preludiales de El Fenómeno Humano. En sí mismas constituyen un texto que clarifica y eleva, aunque es recomendación muy cordial de esta publicación que cada suscritora o suscritor adquiera una copia del gran libro, en la estupenda traducción que hiciera M. Crusafont Pairó para la editorial Taurus, si es que ya no lo han leído. Pero como el prólogo no expone sino atisbos de la tesis central de Teilhard, se anexa igualmente a esta ficha el texto completo —de la sinopsis que él mismo escribiese—citada en la carta #250—bajo el título La esencia de El Fenómeno Humano, a manera de epílogo de actualización. No es un texto fácil, hay que apresurarse a advertir, mas no hay apuro en leerlo; un ir y venir sobre él irá revelando poco a poco lo que Teilhard tenía que decir.

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Tratándose del marcado #250 de la Carta Semanal de doctorpolítico, se puso especial cuidado en su redacción, habiéndose invertido una media docena de sesiones en su corrección, tanto en pantalla como en dos versiones impresas. A pesar del celo, al menos dos gazapos, hasta donde se sabe, lograron escapar al cerco corrector. Uno acontece en el artículo breve, en la siguiente oración: “…y el reglamento de interior y debates de la Asamblea Nacional”. Ha debido decir: “… y el reglamento interior y de debates de la Asamblea Nacional”. Citábase una fuente, pero ha debido ponerse más atención y corregirse el error.

La otra equivocación es más frustrante, pero al mismo tiempo divertida y eslabón de un caso de “sincronicidad” jungiana. (“La coincidencia de dos o más acontecimientos, no relacionados entre sí causalmente, cuyo contenido significativo es idéntico o semejante”). El encabezado mismo del correo enviado a los suscritores—no así, por fortuna, el título del artículo principal (Allons enfants de la Patrie)—decía: Carta Semanal #250 – Allons enfants de la Petrie. He aquí el cuento de las mágicas coincidencias.

Hace aproximadamente dos meses leía en la Enciclopedia Británica—en la décimo quinta edición de 1974—el artículo consagrado a Petrarca, cuando descubrí una íntima afinidad con tan grande maestro, Poeta Laureado de Roma. Reporta así la enciclopedia: “se acusa a sí mismo de todos los siete pecados capitales excepto la envidia”. Y quien escribe ha dicho de sí mismo, en ocasiones cuando la irreverencia es tolerada, exactamente la misma cosa. (En realidad, ahora que lo pienso tampoco creo ser aficionado a la avaricia).

Ahora bien, en la redacción de esta ficha quise incorporar detalles personales de Teilhard, para que la lectura de una síntesis de su tesis evolutiva resultara más amena. Sabía que el lema del blasón de los Teilhard llevaba una frase en latín, de la que recordaba sólo las palabras finales: et celestis origo. En la edición de Taurus de El medio divino, una de las obras de Teilhard de Chardin, venían, incluso, una fotografía del escudo hecho en piedra y la explicación del lema, realmente apropiado para el visionario de El fenómeno humano.

Pero hace tiempo que he extraviado mi ejemplar con la foto, y una búsqueda en Internet me proporcionó la divisa completa: Igneus est ollis vigor et celestis origo. (“De fuego es su energía y celeste su origen”). Y resulta que esta frase—me informó también la Internet, base fisiológica para la mente colectiva de Teilhard—, se encuentra precisamente en una obra de Petrarca—De secreto conflictu, que es donde confiesa en diálogo imaginario con San Agustín seis de los pecados capitales—que cita un pasaje de la Eneida de Virgilio, y en ésta reposa el verso en su forma original: Igneus est illis vigor et celestis origo.

Ya había perdido la razón por la que Petrarca me caía simpático, y regresé entonces a la edición mencionada de la Enciclopedia Británica (Macropædia, XIV) para releer acerca de la olvidada coincidencia concupiscente. No pude dejar de sonreír, al percatarme de que el artículo que sigue al dedicado al Padre del Renacimiento informa de Sir Flinders Petrie, renombrado arqueólogo—por tanto de profesión afín a la de Teilhard—y egiptólogo inglés. (1853-1942). Jung absorbía—¿absolvía?—mi error.

Una vez alcanzado el alivio psicológico de la fea mancha, por la vía de tan extraña sincronicidad, dos amigos me describieron telefónicamente la página de El medio divino que trae la foto del blasón en piedra de los Teilhard, tomándose el amable trabajo de buscar el libro en sus bibliotecas personales.

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La figura de Pierre Teilhard de Chardin es tanto objeto de culto como de patrañas tejidas en torno a su nutrida trayectoria. Por ejemplo, llegó a involucrársele—sin fundamento alguno—en el famoso fraude del “Hombre de Piltdown”, perpetrado por el inglés Charles Dawson, quien fabricara un “fósil” que combinaba fragmentos de huesos humanos y simiescos. Pero el más desapasionado examen de la vida de “San Pedro» Teilhard—yo le hubiera canonizado hace rato—muestra a las claras las huellas dejadas por una persona excepcional.

Nacido en Orcines, una comuna de la región de Auvergnes, Francia, el 1o. de mayo de 1881, ya era en 1925 objeto de la primera represión de su pensamiento. Había sido ordenado sacerdote jesuita en 1911, cuando tenía 30 años de edad, y contaba en su haber una licenciatura en Literatura (además de bachilleratos en Filosofía y en Matemáticas y grados, en la Sorbona, en Geología, Botánica y Zoología) y, por supuesto, los estudios teológicos y filosóficos de su carrera sacerdotal. Vladimir Ledochowski, el Superior General de la Compañía de Jesús, le ordenó en 1925 que dejara de enseñar en Francia—enseñaba, luego de su Doctorado en Ciencias, geología en el Instituto Católico de París—al trascender dos opúsculos suyos sobre la noción de pecado original que parecían alejarse de la doctrina ortodoxa en la materia. De hecho, Ledochowski le exigió que firmara un documento que renegara de sus ideas. Teilhard prefirió permanecer en obediencia y firmó la recantación.

Poco después viajaría a China, donde ya había estado en 1923 (entonces compuso allí La Misa sobre el Mundo, primera parte de Himno al Universo). Esta vez (1926-27) escribió las primeras páginas de lo que llegaría a ser El Fenómeno Humano (completado entre 1938 y 1940). Su presencia en China le permitió ser co-descubridor del “Hombre de Pekín» (Sinanthropus pekinensis), al que determinó, junto con Henri Breuil, como un verdadero Homo faber, constructor de herramientas y conocedor del fuego. Subsiguientes viajes lo llevarían a India, Java y África.

Pero desde aquella primera halada de orejas Teilhard fue un autor censurado. En 1937 debía recibir un doctorado honoris causa de la Universidad Católica de Boston, cuando se le ocurrió a The New York Times presentarlo como el sacerdote que decía que el hombre descendía del mono. Al llegar a Boston supo que ya no recibiría la distinción académica. Después de su muerte, un monitum de la Congregación del Santo Oficio (la Inquisición) ordenaba a los obispos e institutos católicos de enseñanza en todo el mundo que impidieran la lectura de sus obras. La enseñanza de Teilhard que causaba mayores problemas era que hasta una piedra tendría una actividad psíquica; esto es, que cada ente real tenía algo de espíritu en su interior, ya no sólo el hombre, como la Iglesia Católica enseña.

Así, en una suerte de exilio, residía en la iglesia de San Ignacio de Loyola de la ciudad de Nueva York cuando le llegó la muerte, el 10 de abril de 1955. Era domingo, día de la Pascua de Resurrección. Días antes, había expresado su deseo de que Dios se lo llevara justamente en esa fecha. (Hay una versión que le hace decir exactamente lo mismo un año antes, en un acto en el Consulado de Francia en Nueva York).

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(Quien quiera conocer detalles del Global Conscience Project, referido igualmente en el #250 de la Carta Semanal, puede encontrarlos en el sitio http://noosphere.princeton.edu/ Es digno de notar el empleo del término “noosfera”, que es justamente noción de Teilhard de Chardin y de Vladimir Vernadsky, geoquímico y minerálogo ruso. Asimismo, puede resultar interesante la visita al sitio del Co-Intelligence Institute: http://www.co-intelligence.org/)

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Ver

Estas páginas representan un esfuerzo por ver y hacer ver lo que es y exige el Hombre si se le coloca, enteramente y hasta el fin, dentro del cuadro de las apariencias.

¿Por qué tratar de ver? ¿Y por qué dirigir de una manera especial nuestra mirada hacia el objeto humano?

Ver. Se podría decir que toda la Vida consiste en esto si no como finalidad, por lo menos sí esencialmente. Ser más es unirse más y más: éstos serán el resumen y la conclusión misma de esta obra. Sin embargo, lo comprobaremos más aún: la unidad no se engrandece más que sustentada por un acrecentamiento de conciencia; es decir, de visión. He aquí por qué, sin lugar a dudas, la historia del Mundo viviente consiste en la elaboración de unos ojos cada vez más perfectos en el seno de un Cosmos, en el cual es posible discernir cada vez con más claridad. La perfección de un animal, la supremacía del ser pensante, ¿no se miden por la penetración y por el poder sintético de su mirada? Tratar de ver más y mejor no es, pues, una fantasía, una curiosidad, un lujo. Ver o perecer. Tal es la situación impuesta por el don misterioso de la existencia a todo cuanto constituye un elemento del Universo. Y tal es consecuentemente, y a una escala superior, la condición humana.

Pero si de verdad resulta tan vital y beatificante el conocer, ¿por qué, una vez más, dirigir con preferencia nuestra atención hacia el Hombre? ¿No está ya suficientemente estudiado el Hombre, y no es suficientemente enojoso hacerlo? ¿Y no es precisamente uno de los atractivos de la Ciencia el de desviar y hacer descansar nuestra mirada sobre un objeto que, por fin, no sea nosotros mismos?

Bajo un doble aspecto, que le convierte doblemente en el centro del Mundo, el Hombre se impone a nuestro esfuerzo por ver como clave del Universo.

En primer lugar, y de una manera subjetiva, resultamos ser inevitablemente centro de perspectiva en relación con nosotros mismos. Fue seguramente una candidez, quizá necesaria, de la Ciencia naciente el de imaginarse que podría observar los fenómenos en sí mismos, tal como se desarrollarían fuera de nosotros mismos. Instintivamente, los físicos y los naturalistas operaron al principio como si su mirada cayera desde lo alto sobre un Mundo en el que su conciencia pudiera penetrar sin experimentarlo en sí mismos, sin modificarlo con su propia observación. Hoy empiezan a darse cuenta de que sus observaciones, aun las más objetivas, están todas ellas impregnadas de convenciones apriorísticas, así como de formas o de costumbres de pensar desarrolladas a lo largo del proceso histórico de la Investigación. Llegados al extremo de sus análisis, ya no están muy seguros de si la estructura conseguida es la esencia misma de la Materia que estudian o el reflejo de su propio pensamiento. Y de una manera simultánea se dan cuenta de que, por un choque retroactivo de sus descubrimientos, ellos mismos se hallan cogidos en cuerpo y alma en la red de las relaciones que habían creído lanzar desde el exterior sobre las cosas; en una palabra: se hallan presos en su propia trampa. Metamorfismo y endomorfismo, diría un geólogo. El objeto y el sujeto se mezclan y se transforman mutuamente en el acto del conocimiento. Quiéralo o no, desde ese momento el Hombre vuelve a encontrarse a sí mismo y se contempla en todo lo que observa.

He aquí una verdadera servidumbre, la cual, no obstante, está inmediatamente compensada por una grandeza cierta y única.

Resulta simplemente banal, e incluso enojoso, para un observador el transportar consigo mismo, vaya donde vaya, el centro del paisaje que atraviesa. Pero ¿qué es lo que le sucede al paseante si las circunstancias le llevan hacia un punto naturalmente privilegiado (encrucijada de caminos o de valles), desde el cual no ya sólo la mirada, sino las mismas cosas irradian? Es entonces cuando, al coincidir el punto de vista subjetivo con una distribución objetiva de las cosas, se establece la percepción en toda su plenitud. El paisaje se descifra y se ilumina. Se ve.

Este parece ser precisamente el privilegio del conocimiento humano.

No hay necesidad de ser hombre para percibir los objetos y las fuerzas dispuestos circularmente alrededor de uno mismo. Todos los animales lo hacen tanto como lo hagamos nosotros. Pero es peculiar al Hombre ocupar en la Naturaleza una posición tal, que esta convergencia de líneas resulta ser no sólo visual, sino estructural. Las páginas que siguen no harán más que comprobar y analizar este fenómeno. Por virtud de la cualidad y de las propiedades biológicas del Pensamiento nos encontramos situados en un punto singular, sobre un nudo, que domina la fracción entera del Cosmos actualmente abierto a nuestra experiencia. El Hombre, centro de perspectiva, es al propio tiempo centro de construcción del Universo. Por conveniencia tanto como por necesidad es, pues, hacia él hacia donde hay que orientar finalmente toda Ciencia. Si realmente ver es ser más, miremos al Hombre y viviremos más intensamente.

Pero para ello es necesario que acomodemos de una manera correcta nuestra visión.

Desde que existe el Hombre se ofrece como espectáculo a sí mismo. De hecho, desde hace algunas decenas de siglos, no hace otra cosa que autocontemplarse. Y ello no obstante, apenas si empieza a adquirir con ello una visión científica de su propia significación en la Física del Mundo. No debemos extrañarnos demasiado de este lento despertar. Nada resulta tan difícil a menudo de percibir como aquello que debiera “saltarnos a la vista”. ¿No le es necesaria al niño una educación especial para aislar las imágenes que asaltan su retina recién abierta al mundo que le rodea? Para descubrirse a sí mismo hasta el fin, el Hombre tenía necesidad de toda una serie de “sentidos” cuya gradual adquisición, según diremos, llena y marca los hitos de la historia misma de las luchas del Espíritu.

Sentido de la inmensidad espacial, tanto en lo grande como en lo pequeño, que desarticule y espacie, en el interior de una esfera de radio indefinido, los círculos de objetos que se comprimen a nuestro alrededor.

Sentido de la profundidad, que relegue de una manera laboriosa, a lo largo de series limitadas, sobre unas distancias temporalmente desmesuradas, los acontecimientos que una especie de gravedad tiende de manera continua a comprimir para nosotros en una fina hoja de Pasado.

Sentido del número, que descubra y aprecie sin pestañear la multitud enloquecedora de elementos materiales o vivientes que se hallan comprometidos en la más mínima de las transformaciones del Universo.

Sentido de la proporción, que establezca en lo posible la diferencia de escala física que separa, tanto en dimensiones como en ritmos, el átomo de la nebulosa, lo ínfimo de lo inmenso.

Sentido de la cualidad o de la novedad, que pueda llegar, sin romper la unidad física del Mundo, a distinguir en la Naturaleza unos estadios absolutos de perfección y de crecimiento.

Sentido del movimiento, capaz de percibir los irresistibles desarrollos ocultos en las mayores lentitudes —la agitación extrema disimulada bajo un velo de reposo, lo completamente novedoso deslizándose hacia el centro mismo de la repetición monótona de las mismas cosas.

Sentido de lo orgánico, finalmente, que descubra las interrelaciones físicas y la unidad estructural bajo la superficial yuxtaposición de las sucesiones y de las colectividades.

A falta de estas cualidades en su escrutar, el Hombre continuará siendo indefinidamente para nosotros, hágase lo que se haga para que podamos ver, lo que aún resulta ser para tantas inteligencias: un objeto errático dentro de un Mundo dislocado. Que se desvanezca, por el contrario, en nuestra óptica la triple ilusión de la pequeñez, de la pluralidad y de la inmovilidad, y el Hombre vendrá a adquirir la situación central que habíamos anunciado: cima momentánea de una Antropogénesis que corona a su vez una Cosmogénesis.

El Hombre no sería capaz de verse a sí mismo de manera completa fuera de la Humanidad, ni la Humanidad fuera de la Vida ni la Vida fuera del Universo.

De ahí el plan esencial de este trabajo: la Previda, la Vida, el Pensamiento, estos tres acontecimientos que dibujan en el Pasado y dirigen para el futuro (¡la Sobrevida!)

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Sí, el Fenómeno humano, bien digo.

Esta palabra no se ha tomado en modo alguno al azar. Por el contrario, la escogí por tres razones.

En primer lugar, para afirmar que el Hombre, dentro de la Naturaleza, es de verdad un hecho que reclama (por lo menos de una manera parcial) unas determinadas exigencias y métodos de la Ciencia.

Seguidamente, para hacer comprender que entre los hechos que se presentan a nuestro conocimiento ningún otro puede ser ni más extraordinario ni más luminoso.

Finalmente, para insistir mucho sobre el carácter particular del Ensayo que aquí presento.

Mi único fin y mi verdadera fuerza a través de estas páginas es sólo y simplemente, lo repito, el de intentar ver; es decir, el de desarrollar una perspectiva homogénea y coherente de nuestra experiencia general, pero extendida al Hombre. Todo un conjunto que se va sucediendo.

Que no se busque, pues, aquí una explicación última de las cosas, una metafísica. Y que nadie se extrañe tampoco acerca del grado de realidad que voy a dar a las diversas partes del film que presento. Cuando intente figurarme el Mundo antes de los orígenes de la Vida, o la Vida en el Paleozoico, no deberé olvidar de ninguna manera el hecho de que existiría una contradicción cósmica en imaginar a un Hombre como espectador de estas fases anteriores a la aparición de cualquier Pensamiento en la Tierra. Yo no voy, pues, a pretender describirlas como fueron realmente, sino como deberemos representárnoslas para que el Mundo nos resulte verdadero en aquel momento; el Pasado no es en sí mismo sino tal como aparece ante un espectador colocado sobre la cima avanzada en la que nos ha colocado la Evolución. Método seguro y modesto, pero suficiente, según veremos, para que se haga surgir por simetría, en dirección al sentido del tiempo, unas sorprendentes visiones del futuro.

No hay que decir que, incluso reducidos a estas humildes proporciones, los puntos de vista que intento expresar aquí son ampliamente tentativos y personales. Considérese, sin embargo, que al estar apoyados sobre un esfuerzo de investigación considerable y sobre una prolongada reflexión, dan una idea, como ejemplo, de cómo se plantea hoy científicamente el problema humano.

Estudiado de una manera estricta en sí mismo por los antropólogos y los juristas, el Hombre es una cosa mínima e incluso reiterativa. Su individualidad demasiado intensa, al enmascarar a nuestros ojos la Totalidad, hace que nuestro espíritu se sienta inclinado, al analizarlo, a trocear la Naturaleza y a olvidar sus relaciones profundas existentes y sus horizontes inmensos; es decir, todo aquello que corresponde al antropocentrismo en su aspecto malo. De ahí la repugnancia, todavía muy visible entre los sabios, a aceptar al Hombre de otra manera que no sea por su cuerpo, como objeto científico.

Ha llegado el momento de darse cuenta de que toda interpretación, incluso positivista, del Universo debe, para ser satisfactoria, abarcar tanto el interior como el exterior de las cosas lo mismo el Espíritu que la Materia. La verdadera Física será aquella que llegue algún día a integrar al Hombre total dentro de una representación coherente del mundo.

Séame dado aquí hacer sentir que esta tentativa es posible y que ella depende, para aquel que quiere y sabe llegar hasta el fondo de las cosas, de tener valentía y alegría de actuar.

Dudo en verdad que exista para el ser pensante otro minuto más decisivo para él que aquel en que, al caer las vendas de sus ojos, descubre que no es de ninguna manera un elemento perdido en las soledades cósmicas, sino que existe una voluntad de vivir universal que converge y se hominiza en él.

El Hombre, pues, no como centro estático del Mundo—como se ha creído durante mucho tiempo—sino como eje y flecha de la Evolución, lo que es mucho más bello.

Pierre Teilhard de Chardin

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CS #250 – Allons enfants de la Patrie

Cartas

Dicen los entendidos que no hay cosa más difícil, aun para los cantantes profesionales, que cantar una canción en francés, tan numeroso es el rango fonético de esa lengua, lleno de nasalidades y vocalizaciones intermedias, requerido de tres acentos distintos—agudo, grave y circunflejo—para representar matices de pronunciación diferentes a los de las vocales no acentuadas. Para quien el castellano sea la lengua materna, el asunto es verdaderamente dificultoso. Acostumbrado a una constancia fonética de cinco claras vocales, el idioma inglés, pero sobre todo el francés, le representan una cuesta parlante de pronunciada pendiente.

No debiera uno, por tanto, haber exigido a Hugo Chávez que dejara de pronunciar repetidamente Montesquiú—hacia 1999, ya no lo hace, pues va agotando el entusiasmo por los autores que menciona—en lugar del difícil Montesquieu. A fin de cuentas, Montesquiú suena a musiú. Si lo pronunciaba mal, por otra parte, lo escribía correctamente. Ese nombre, bien escrito, fue precisamente la primera palabra que pusiera en misiva dirigida a la Corte Suprema de Justicia cuando ya ésta había abierto las puertas, en decisión del 19 de enero de 1999, al referéndum que preguntaría a los Electores si era su voluntad convocar una asamblea constituyente. La Corte había opinado después que esta asamblea no podía ser considerada “originaria”, y a esta postura quiso oponerse Chávez en la carta aludida.

La Corte tenía razón. A este punto se había adelantado el suscrito en artículo publicado en Maracaibo en el diario La Verdad (Contratesis, 10 de septiembre de 1998):

La constituyente tiene poderes absolutos, tesis de Chávez Frías y sus teóricos. Falso. Una asamblea, convención o congreso constituyente no es lo mismo que el Poder Constituyente. Nosotros, los ciudadanos, los Electores, somos el Poder Constituyente. Somos nosotros quienes tenemos poderes absolutos y no los perdemos ni siquiera cuando estén reunidos en asamblea nuestros apoderados constituyentes. Nosotros, por una parte, conferiremos poderes claramente especificados a un cuerpo que debe traernos un nuevo texto constitucional. Mientras no lo hagan la Constitución de 1961 continuará vigente, en su especificación arquitectónica del Estado venezolano y en su enumeración de deberes y derechos ciudadanos. Y no renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros la aprobemos en referéndum.

Es así como la asunción de poderes absolutos por parte de una constituyente pretendidamente originaria, cuando el Poder Constituyente Originario reside en el pueblo y fue éste el que la creó—como órgano del Poder Constituido, por tanto—, fue una verdadera usurpación, y la eliminación del Senado en 1999 por parte de aquélla un acto írrito. Es incomprensible cómo la dirigencia opositora de la época aceptó algo así. Henrique Capriles Radonski continuó presidiendo la Cámara de Diputados hasta el año siguiente, como si la gravísima mutilación del Congreso de la República no hubiera ocurrido. Una cierta parálisis argumental caracteriza desde entonces a la oposición formal venezolana; pareciera que una pesada culpa admitida le impide refutar el muy defectuoso discurso chavista.

Pero cuando la Corte Suprema de Justicia intentó oponerse a la caracterización de la constituyente como “originaria”, Chávez remitió al máximo tribunal su particular interpretación. Esto reporta Carlos Sabino: “Cuando la Corte Suprema insinuó que la ANC no podía ser ‘originaria’ (es decir, plenipotenciaria) por cuanto eso no había sido aprobado en el referéndum correspondiente ni aparecía en la Constitución vigente, el presidente decidió elaborar una sesuda carta que mostraría a los recalcitrantes magistrados sus argumentos y sus razones. El discurso tenía cuatro páginas y, como a veces sucede, las dos últimas habían quedado en orden inverso. Todo el país vio por televisión cómo el presidente, después de leer las dos primeras cuartillas, pasó sin más a la cuarta, la leyó por completo y, dándose cuenta de que había llegado al final pero todavía le quedaba una página en la mano, leyó ésta—la tercera—y terminó así tranquilamente su alocución”.

La gaffe permite presumir que no fue Chávez quien redactara el enrevesado texto, aunque una hipótesis distinta es que su delirante retórica sugiere una redacción propia trasnochada, en madrugada apercibida de enciclopedias y diccionarios. En cualquier caso, la carta llevaba una intención política y una insegura demanda de reconocimiento. A pocas semanas de haber asumido la Presidencia de la República, Chávez parecía desesperar porque se le tuviese por persona culta, en especial si escribía a los supremos magistrados. De allí que redactara, por ejemplo: “…valoración que informa las pulsiones óntico-cósmica, cosmo-vital y racional-social inherentes al jusnaturalismo y su progresividad…”, o “La evidente isostasia de las masas tiende a romper toda resistencia, todo desequilibrio…”, o “El Estado investido de soberanía, en el exterior sólo tiene iguales, pero la justicia internacional no alcanza a quienes, por centrifugados, tendrían que ser mutilados (Ratzel; McKinder)”.

Además de estos autores, favoritos de los aficionados, como Chávez, a la geopolítica—Ratzel, por cierto, con su concepto del espacio vital (Lebensraum), fue asumido como justificador por los nazis—se cita en la misiva presidencial a Gaitán, al inevitable Bolívar, a Darwin y a musiú Montesquiú. Estos dos últimos apuntalarían la verdadera intención totalitaria, expuesta con las mayores crudeza y pomposidad en el último párrafo: “Inmerso en un peligroso escenario de Causas Generales que dominan el planeta (Montesquieu; Darwin), debo confirmar ante la Honorabilísima Corte Suprema de Justicia el Principio de la exclusividad presidencial en la conducción del Estado”. (La tipografía enfática es de Chávez).

Poco después, el órgano al que Chávez se dirigía como “honorabilísimo” sería víctima de sus primeros improperios. La Corte Suprema de Justicia se sintió obligada a responder el 12 de abril de 1999: “…la Corte Suprema de Justicia, en Pleno, examinó las declaraciones atribuidas al ciudadano Presidente de la República Hugo Chávez Frías, difundidas por la prensa nacional en esta fecha, en las cuales se refirió a esta Corte Suprema de Justicia, señalando que ‘no existe’ en ella ‘autoridad legítima y moral’…” “En virtud de las anteriores consideraciones, esta Corte Suprema de Justicia, declara: Primero: Rechaza categóricamente todas las expresiones en contra del Alto Tribunal de la República que excedan de la seria crítica de sus actos y se conviertan en ofensas e irrespeto, bajo ninguna circunstancia tolerable por esta Institución. Segundo: Exige al ciudadano Presidente de la República Hugo Chávez Frías cese en su actitud irrespetuosa y hostil contra la Corte Suprema de Justicia, a la cual le corresponde como función primordial preservar el Estado de Derecho, y la que en ejecución de sus atribuciones constitucionales y legales, cumple su labor jurisdiccional teniendo, como único límite, la recta aplicación del ordenamiento jurídico establecido”.

………

Los problemas de Chávez con la pronunciación francesa han llegado hasta estos días. Estando en Buenos Aires concedió una larga entrevista al programa Dos voces, transmitida el 8 de los corrientes por Todo Noticias, una especie de Globovisión argentina. Al iniciarse la segunda mitad de la transmisión, se pidió a Chávez que dijese si consideraba que Venezuela es un país socialista, y uno de los entrevistadores—Gustavo Sylvestre—introdujo la consideración de que “…para algunos ya [el socialismo] pasó de moda, las ideologías han muerto…”

En este terreno nuestro presidente se encontró a sus anchas, y así contestó: “Mira, el socialismo nunca morirá. Cristo vino al mundo a lanzar un proyecto socialista, perfectamente socialista: la igualdad… la igualdad, el amor entre los seres humanos… la hermandad… en la comunidad, la ecclesia… Así que eso nunca morirá”.

Ante esta declaración, el segundo entrevistador—Marcelo Bonelli—intentó precisar: “Pero ¿qué quiere decir? ¿Que el cristianismo es socialismo?” Chávez prosiguió impertérrito, cómodo: “Sí, sí. Teilhard (el Presidente dijo Tallar) de Chardin (el Presidente pronunció un tolerable Shardán), el gran téologo—tú lo debes haber leído—, con un profundo raciocinio demostró que el socialismo y el cristianismo van de la mano. El capitalismo es anticristiano. Ve, Cristo llegó con un látigo, a sacar los mercaderes del templo”.


………

Más, sin embargo, que problemas de fonación Chávez confronta unos de mucha mayor importancia: los de comprensión.

Jesús de Nazaret no “llegó” con un látigo. Chávez hace que un episodio específico del relato evangélico, la expulsión de los mercaderes del templo, predomine como conducta típica o principio programático. Jesús no llegó a expulsar mercaderes del templo, sino a exponer una rica doctrina del amor, que requiere muchas más páginas que las necesarias para describir su violencia cuando se trataba de la profanación de la casa de Dios.

Menos aún llegó para expulsar mercaderes: en un episodio entre cientos de episodios muy distintos, expulsó con fiereza a quienes lucraban su religión judía desde puestos de buhonero que afeaban la entrada del templo divino. Pero Jesús habló en sus sermones afectuosamente de personas ricas y tuvo más de un amigo rico—Lázaro, por ejemplo—, porque si no fuera así no se hubiera dado ni la Última Cena. Jesús abrazaba a mercaderes sin empacho, considerándoles profesionales necesarios, perfectamente capaces de bondad. Y también, dicho sea de paso, daba al César lo que es del César. Ni el episodio evangélico de los mercaderes del templo contiene el tono más frecuente de Jesús, ni éste vino a “lanzar” un proyecto socialista.

Luego, Teilhard no era un teólogo. Era un sub-teólogo, sí; su obra permite al habitante de este siglo una imagen de Dios más admisible que una zarza ardiendo o un ojo inscrito en un triángulo. Pero su profesión, aparte de la de sacerdote, era la de paleontólogo. Fue también, si se quiere, un gran místico, aunque en serenos—y no por eso menos intensos—términos fenomenológicos, y no en los poéticos de Teresa de Jesús. Más de una vez se halló en medio de una excavación sin los medios litúrgicos para oficiar misa—en su época obligación diaria de los curas—, y entonces escribió en Himno al Universo: “Porque una vez más, Señor, no ya en los bosques del Aisne, sino en las estepas de Asia, yo no tengo ni pan, ni vino, ni altar, me elevaré sobre los símbolos justamente hasta la pura majestad de lo Real y te ofreceré, yo tu sacerdote, sobre el altar de la Tierra entera, el trabajo y la pena del mundo”. Palo’e misa, sí señor.

No se puede decir, sin embargo, que con raciocinio profundo Teilhard de Chardin demostrara nada como lo que Chávez entiende. Para empezar, difícilmente puede demostrar nada lo que es una especulación; grande, bella, sugerente, poderosa, pero especulación al fin. La interpretación de El Fenómeno Humano, la obra cumbre del jesuita francés, en toda su hermosa y persuasiva espectacularidad, no es algo de lo que la ciencia más apacible pudiera decir quod erat demostrandum.

Tampoco “llegó” Teilhard con un programa socialista en la mano, mucho menos un manifiesto comunista. A lo que Teilhard llama “Socialización” es a un proceso que dará paso a una mente colectiva del planeta, a una reflexión simultánea de la humanidad, no a la estatización de compañías privadas o la constitución de cooperativas.

Para sostener estas aseveraciones nada mejor que el propio Teilhard explicando La esencia del Fenómeno Humano, al hablar de su libro capital. En esa introducción, una vez repasados los rasgos del fenómeno, escribe imponentemente: “Reunidos entre sí y con otros muchos, estos diversos indicios me parece constituyen una prueba científica seria de que el grupo zoológico humano (en conformidad con la ley universal de centro-complejidad), lejos de derivar biológicamente, a través de una individualización desencadenada, hacia un estado de granulación creciente, o tal vez de orientarse (por medio de la astronáutica) hacia un sustraerse a la muerte mediante una expansión sideral, o sencillamente de declinar hacia una catástrofe o hacia la senescencia, se dirige en realidad, mediante la ordenación y convergencia planetarias de todas las reflexiones elementales terrestres, hacia un segundo punto crítico de Reflexión, colectivo y superior: un punto más allá del cual (precisamente porque es crítico) no podemos ver nada de manera directa; pero también un punto a través del cual podemos pronosticar (conforme he explicado) el contacto entre el Pensamiento, nacido de la involución sobre sí de la trama de las cosas, y un foco trascendente ‘Omega’, principio a la vez irreversibilizante, motor y colector de esta involución”.

(Debe notarse que la monumental cita precedente está formada por sólo tres oraciones gramaticales, concatenadas de modo tal que sólo requieren un punto: el final. La impresión que causa este trozo es la de una dificultad insalvable, pero puede recordarse acá lo escrito el 4 de octubre de 2005, en la Ficha Semanal #66 de doctorpolítico: “Se necesita, pues, algún trabajo para penetrar esa literatura francesa del ensayo que es a la vez ciencia y filosofía, ambas en envoltura poética que para colmo no es clásica, ni siquiera romántica, pues ha surgido después de que los franceses inventaran el impresionismo y descubrieran el surrealismo. Al suscrito, sin ir muy lejos, le cuesta bastante desentrañar esos textos à la manière française. Hace muchos años debí dedicar algo más de un mes a comprender—creo que cabalmente—lo que Pierre Teilhard de Chardin quería decir en su introducción a ‘El Fenómeno Humano’, unas seis páginas. Pero una vez que quebré el código particular del autor, de allí en adelante la lectura se hizo cristalina”. La parsimoniosa lectura del fragmento transcrito conduce a esa diafanidad en la comprensión. Hasta Chávez pudiera entenderlo, si se lo propusiera).

Si los hombres debemos permitir que pase lo que Teilhard avizora, él no ha dicho que tal cosa sea prerrogativa del César. No hay nada en ese concepto teilhardiano que niegue o prohíba la individualidad. De lo que Teilhard habla, dicho en lenguaje actual, es de propiedades emergentes, de la inteligencia colectiva de los enjambres. Es éste un tema en torno al cual hay gran actividad, en muchas disciplinas. La Internet encarna el medio técnico para la realización de la Socialización, y de esto se habla con mucha seriedad. La Universidad de Princeton sostiene un Global Conscience Project, que lleva a cabo experimentos para registrar influencias que provienen de “mentes colectivas”: “Una Red Global de dispositivos electrónicos produce continuamente una secuencia de datos al azar. Sutiles patrones en los datos están ligados a eventos que causan pensamientos compartidos y emociones en millones de personas. Los resultados desafían ideas comunes respecto del mundo, y también indican que no pueden ser atribuidos a fuerzas físicas ordinarias o campos electromagnéticos”. (Entre los eventos que estuvieron correlacionados con alteraciones marcadas de la azarosa secuencia de datos estuvieron, por supuesto, los ataques hiperterroristas del 11 de septiembre de 2001, el estrellamiento del avión en Wellstone y la crisis de los rehenes en Chechenia).

También hay un Co-Intelligence Institute, que define su materia así: “El término ‘co-inteligencia’ se refiere a una forma compartida, integrada de inteligencia que encontramos en nosotros y a nuestro alrededor cuando estamos vivos más vibrantemente. También se encuentra en las culturas que se sostienen armoniosamente con la naturaleza y el vecino. La co-inteligencia se manifiesta cuando quiera que reunimos nuestras inteligencias personales para producir resultados que son más perspicaces y poderosos que la suma de nuestras perspectivas individuales”. Esto es, la co-inteligencia es más que nuestras inteligencias individuales, pero no puede existir sin ellas. En la medida en que se quiera sustituirla por una inteligencia central única el enjambre queda sometido y anulado, y ya no habrá co-inteligencia, ya no será la Socialización de Teilhard.

Pero es que, claro, el Instituto de Co-Inteligencia también alerta sobre la co-estupidez, que define de este modo: “La ‘co-estupidez’ describe la incapacidad colectiva de grupos, comunidades, organizaciones y sociedades para ver lo que está ocurriendo dentro de ellos y a su alrededor, y para tratar eficazmente lo que encuentran. Es lo opuesto de la inteligencia colectiva”.

Y especifica: “Es importante entender, no obstante, que decir que un grupo o sociedad se esté comportando co-estúpida o co-inteligentemente no dice nada acerca de la inteligencia de los individuos involucrados. Algunos de los grupos más co-estúpidos están compuestos por gente brillante, que usa su brillantez para socavarse los unos a los otros de forma que nada sumen”. Es posible creer, inteligentemente, en la co-estupidez de que un socialismo es la solución a todos los males de la civilización pre-planetaria.

Finalmente, puede decirse asimismo que hay gente inteligente en el país que cree, poco inteligentemente, que cuando Chávez se refiere a Tallar o Montesquiú sabe de lo que está hablando.

LEA

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FS #157 – La piel de mula

Fichero

LEA, por favor

Naturalmente, ha sido la comidilla política en Venezuela, Argentina y el resto del mundo, el pintoresco episodio de un maletín lleno de dólares—1.720 millones de bolívares a la tasa de Cadivi, 3.440 millones a la del mercado paralelo—incautado en el aeropuerto de Aeroparque, en Buenos Aires, por autoridades aduaneras argentinas. Ya habría bastado para suscitar interés el reparto de actores de la película: ejecutivos públicos argentinos y venezolanos, un empresario privado venezolano—la mula portadora—y el hijo de un vicepresidente de PDVSA. Pero el incidente ocurrió, para mayor realce, en momentos cuando Hugo Chávez se encontraba en Buenos Aires, durante una visita de Estado a Néstor Kirchner.

Hugo Chávez ha descubierto, como antaño Isaac Newton, una fuerza universal, esta vez no gravitacional sino política: el imperialismo norteamericano. Este importante vector de la polis planetaria explicaría absolutamente todo; no se necesita identificar otras causas. En el caso de los dólares transportados de contrabando al país sureño, Chávez vio de inmediato la mano del imperio. Así lo declaró tempranamente, en cuanto fuera asediado por periodistas argentinos interesados en su opinión sobre lo acontecido. No dijo que el suceso fuese preocupante, ni que hubiera de ser investigado hasta clarificarlo por completo, ni tampoco pareció preocuparse porque una mancha afeara al gobierno argentino y la campaña presidencial de la Sra. Kirchner. Él ya tenía claro que en esto debía verse la trama de una nueva maniobra del gobierno de George W. Bush en su contra.

Entonces, alguna agencia estadounidense, en operación encubierta, habría colocado casi ochocientos mil dólares en un maletín del ciudadano venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson y convencido a Diego Uzcátegui—padre de Daniel Uzcátegui, el acompañante y avalista de Antonini—de solicitar cupo al sur en avión fletado por funcionarios argentinos, para que se embarcasen con ellos tres ejecutivos de PDVSA, su propio hijo y, con él, el Sr. Antonini. La misma agencia gringa, en perfecto remate de su golpe maestro, habría alertado a los aduaneros en Buenos Aires para que interceptaran a Antonini y registraran su equipaje de mano. Éste es el cuento chino que Chávez pretende que creamos.

La Ficha Semanal #157 de doctorpolítico se atiene a reproducir tres reportajes publicados en el diario argentino La Nación. Los dos primeros, uno de Mariano Obarrio y otro de Hugo Alconada Mon, son del sábado 11 de los corrientes; el tercero, también de Obarrio, apareció en La Nación al día siguiente, domingo 12 de agosto.

La lectura de este material ofrece interés porque en esos trabajos hay matices y detalles muy reveladores, como los que describen, por ejemplo, el abusivo tratamiento de agentes de la guardia personal de Hugo Chávez en tierra extraña, o el grado de malestar causado por la raya que el asunto representa para el gobierno de Kirchner.

En el texto de la tercera nota se ha corregido el apellido de los Uzcátegui, que el periodista Obarrio escribía «Uzcateguy».

LEA

La piel de mula

El caso de la valija causa tensión entre Kirchner y Chávez

Mariano Obarrio

Hugo Chávez rechazó el pedido argentino de dar explicaciones por el escándalo de la sospechosa valija. El presidente Néstor Kirchner llegó a esta ciudad para celebrar una cumbre sobre energía junto con sus colegas de Venezuela y de Bolivia, Evo Morales. Pero quería una aclaración de Chávez, que lo ayudara a capear la tormenta. El socio bolivariano se negó tajantemente.

“Allá ustedes con sus percepciones”, cortó en seco el mandatario venezolano a los medios argentinos, entre ellos LA NACION, que lo abordaron para transmitirle la inquietud que allí mismo mostraban funcionarios argentinos.

Desde el lado venezolano, entonces, persiste el hermetismo. ¿Quién es y qué hacía Guido Alejandro Antonini Wilson, el empresario que intentó ingresar en la Argentina el sábado, a las 3 de la madrugada, con una valija que contenía 800.000 dólares sin declarar? Iba, junto con funcionarios de la petrolera estatal venezolana Pdvsa, en un avión rentado por el gobierno argentino. Por el caso, Kirchner echó anteayer a Claudio Uberti, hombre de máxima confianza del ministro Julio De Vido.

“Yo no sé por qué hay tanto empeño en darle a esto una dimensión que no tiene”, respondió Chávez a la prensa. Y cuando LA NACION le puntualizó el pedido público de funcionarios argentinos, Chávez alzó la voz: “No te voy a hacer declaraciones, si ya te lo dije”. Uno de sus custodios de camisa roja tomó del brazo a este cronista y lo retiró con violencia. No fue mucho más útil hablar con el canciller bolivariano, Nicolás Maduro: “No hay nada que aclarar. Dedíquense a temas más importantes, como el energético”, despachó a LA NACION.

El reclamo público a Venezuela fue formulado desde anteayer por el Gobierno. Y ayer, bien temprano, fue reiterado por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el ministro de Planificación, De Vido, y en forma reservada por otros funcionarios. Sólo se sabe que Antonini es amigo de los directivos chavistas de Pdvsa y que viajaba en el mismo avión privado que los funcionarios de confianza de Kirchner.

El clima de tensión era fácil de percibir en Tarija. Terminado el acto del enésimo lanzamiento de la integración energética entre la Argentina, Bolivia y Venezuela, cuyos avances reales son escasos, Kirchner se retiró, literalmente, por la puerta de atrás del anfiteatro del hotel Los Parrales. No quería hablar con los periodistas. Quedó, pues, en el más puro hermetismo, la charla de 15 minutos que había mantenido con Chávez antes de la ceremonia que se realizó en el lujoso hotel de la capital de este estado petrolero.

El Presidente llegó puntualmente a las 10, de no muy buen humor. Se lo veía circunspecto; fue al día siguiente de haber tenido que expulsar a Uberti, un operador de su confianza en la diplomacia con Venezuela.

Kirchner llegó aquí acompañado por De Vido, el canciller Jorge Taiana y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, además del titular de Enarsa, Exequiel Espinosa, el hombre que alquiló el avión privado en el que entró al país Antonini. Fue llamativo que no hubiera integrado la comitiva la primera dama y candidata presidencial, Cristina Kirchner.

El mismo De Vido dijo a LA NACION a paso rápido, al llegar al hotel: “Hemos pedido y hablado con ellos [el gobierno de Venezuela] para que hagan una aclaración como corresponde”.

—¿Quién era el empresario Antonini? —se le preguntó.

—Son ellos los que lo tienen que decir. Nosotros sabemos lo que dice el comunicado de Enarsa: que subió al avión y que ignorábamos quién era.

—Pero venía acompañando al hijo del vicepresidente de Pdvsa.

—Sí, exactamente. Esperemos a ver qué tienen ellos para decir.

Y se dirigió a su habitación. En medio de ese nervioso arribo, Kirchner también fue interceptado en el lobby por la prensa argentina. “¿Cómo se siente con lo que pasó con la valija?”, le preguntó una cronista.

“Bárbaro. Nosotros no tenemos nada que ver”, replicó Kirchner. ¿Está enojado con De Vido? “Yo no me enojo con nadie”. ¿Se le van a pedir explicaciones a Venezuela? “Todos sabrán quiénes dicen la verdad y quiénes mienten. Ésa es la realidad”. Y se escabulló.

Consultado un alto funcionario sobre si el tema se abordaría en una cumbre bilateral con Chávez, respondió: “¿Y a vos qué te parece?” Y se fue.

Luego de unos minutos, Kirchner y Chávez descendieron a un subsuelo del hotel para conversar. Tras 25 minutos, regresaron a la planta baja. Chávez pasaba el brazo derecho por encima del hombro de De Vido, en forma paternal. No había rostros festivos. Todos se dirigieron al acto de integración energética, tema que sí produce un sentido de hermandad entre ellos, y todos hicieron profesión de fe bolivariana, incluido Kirchner.

Mientras tanto, los allegados de Kirchner comentaban en el lobby que el Presidente no estaba enojado con Uberti porque creyera que estaba “involucrado en un hecho ilícito”, sino porque “dejó subir en el avión a cualquiera sin saber quién era y qué cargaba en la valija”. Luego del acto, vendrían los desplantes de Chávez y Maduro. Nada de aclaraciones, pese a que lo pedía el “compañero Kirchner”.

Los hombres de la seguridad del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, imponen respeto por su despliegue. Pero también por sus valijas. Son de gran tamaño, capaces de contener armamento, siempre listo para ser usado ante un posible atentado contra Chávez. Por donde transita el líder bolivariano se ponen en línea, con rostro circunspecto, observan los alrededores, los jardines, los montes. Y ayer cortaban el paso de los pasajeros hacia sus habitaciones en el hotel donde se realizó la reunión entre Néstor Kirchner, Chávez y Evo Morales.

………

En Miami nadie quiere decir dónde está el señor de la valija

Hugo Alconada Mon

El misterio sobre dónde está el valijero continúa. Cuatro días después de que, según el Gobierno, viajó a Uruguay, sus abogados insistieron en que está en esta ciudad, pero su familia dijo a LA NACION que sigue “en el exterior”. Y el interrogante no es anecdótico, como quizá parezca.

Si Guido Alejandro Antonini Wilson, de 46 años, se encontrara aún en la Argentina, como él dijo a LA NACION por teléfono anteanoche, la Justicia podría citarlo a declarar. Si tras una escala por Aruba recaló en Venezuela, como sostienen algunas versiones, podría obtener refugio o estar en serios problemas, y si volvió a Estados Unidos, podría ser detenido.

“No creo que sea tan estúpido como para volver a Florida”, dijo a LA NACION un ex alto funcionario de la administración Bush. Añadió que las autoridades norteamericanas podrían tener interés en detenerlo y “exprimirlo” de información.

“Si en la valija llevaba dólares y es ciudadano norteamericano, como trascendió, tiene que explicarlo porque puede ser lavado de dinero”, comentó el ex funcionario. Y tomó en cuenta el cariz político del asunto: “Hay que ver si el gobierno argentino le pide colaboración al norteamericano y si éste tiene interés en meterse en un caso en el que Hugo Chávez ya lo acusó de estar involucrado”.

Apenas nacido el escándalo, Chávez dijo que “el imperialismo” estaba detrás de los dólares y que era “falso de toda falsedad” que el asunto tuviera que ver con su comitiva.

Periodistas cercanos a su gobierno, como Mario Silva, buscaron ligarlo al antichavista Isaac Pérez Recao, que vive aquí, y a una empresa de armas, Armor Holdings, al circular la versión de que había ido a Buenos Aires en busca de contactos para esa firma. Eso es incorrecto. “Hasta donde sé, no tenemos un empleado bajo ninguno de esos nombres”, refutó Shannon.

Smith, vocero de BAE Systems, la dueña de Armor, cuando LA NACION consultó si alguien llamado Guido y/o Alejandro y Antonini (y/o Wilson) trabajó o trabaja como empleado o contratista.

Sí es seguro que la esposa de Antonini, Jacqueline Regnault, vive con él en el complejo de condominios de lujo de Key Biscaine. Ella o algún otro familiar mandó decir ayer a LA NACION que Antonini “no está aquí” y que “continúa fuera del país”.

A dos kilómetros de allí, en una bellísima residencia con marina propia en uno de los canales de la isla, un joven afirmó 15 minutos después que “el señor salió, pero vuelve en un par de horas”, cuando se le preguntó por Antonini. Dos horas más tarde, una empleada doméstica comentó que en la casa -valuada en US$ 3,9 millones- no vivía ningún Antonini desde hacía al menos un año: “Aquí vive la familia Durán”. Durán sería Franklin Durán, con quien Antonini comparte el amor por los autos: participaron juntos en un rally por Europa a bordo de un Porsche auspiciado por Venoco, compañía en la que Durán y otro venezolano, Carlos Kauffman, son accionistas.

Lazos chavistas

Kauffman es recordado en Caracas por su notable enriquecimiento durante el gobierno chavista. Adquirió al menos un avión, un helicóptero ·y hasta compró una Ferrari”, de color rojo, “y le puso un sello en su ventana trasera que decía ¡¡¡No!!!, la consigna de Chávez cuando fue el referéndum revocatorio”, contó a LA NACION un conocido periodista desde Caracas.

La relación entre Antonini y Durán no se acaba en la pasión por los autos. La casa donde vive Durán figura en registros de Miami como propiedad de Antonini. Allí constituyó domicilio legal su firma Foxdelta Investments, junto con otro socio, Wladimir Abad. Los mismos registros muestran que “el valijero” y Kauffman compartieron al menos un domicilio comercial en el 9° piso de una torre en el 1155 de la calle Brickell Bay. Pero ya la desactivaron, confirmó LA NACION.

Abad o un homónimo cobró notoriedad un mes atrás, cuando la agencia de lucha contra las drogas norteamericana, la DEA, confiscó un avión que estaba a nombre de American Food Grain, propiedad de Abad, Arturo Minarro y el empresario Ricardo Fernández Barruecos, por supuestas irregularidades en los papeles.

Fernández Barruecos es también dueño de Proarepa, una firma favorecida por el gobierno chavista, con contratos multimillonarios para programas de distribución de alimentos.

Los abogados de Antonini quieren extremar el bajo perfil de su cliente, tras el despegue meteórico de su patrimonio desde que 10 años atrás vendía repuestos al por menor—y al contado—para tractores agrícolas, detalló ayer El Nuevo Herald.

La venta de maquinaria agrícola a Venezuela fue uno de los grandes anuncios que hizo el gobierno argentino, allá por junio de 2003.

………

Kirchner reclama una disculpa de Chávez

Espera la renuncia del vicepresidente de la petrolera Pdvsa

Mariano Obarrio

El presidente Néstor Kirchner le pidió anteayer a su par de Venezuela, Hugo Chávez, y espera de él, que haga un “gesto tajante” que, además de traducirse en una disculpa pública, derive en la renuncia del vicepresidente de la empresa petrolera venezolana, Pdvsa, Diego Uzcátegui Matheus, un hombre clave del chavismo.

Por ese motivo, la tensión bilateral podría crecer. Fuentes oficiales muy cercanas a Kirchner revelaron ayer a LA NACION que ese pedido se debe a que el Gobierno sabe que Uzcátegui Matheus fue quien pidió que Guido Alejandro Antonini Wilson viajara en polémico vuelo privado alquilado por Enarsa, el 4 de agosto último.

Ese ciudadano venezolano fue quien entonces intentó ingresar en el país 800.000 dólares sin declarar. En el mismo avión privado viajaba el director del Occovi, Claudio Uberti, el presidente de Enarsa, Ezequiel Espinosa, tres directivos de Pdvsa y Daniel Uzcátegui Matheus, hijo del vicepresidente de la petrolera bolivariana.

“Fue Uzcátegui Matheus quien le pidió a Uberti si podía llevar a Buenos Aires a cinco directivos de Pdvsa”, confió una fuente a LA NACION. “Y entre esos cinco directivos había dos que no lo eran y él no lo dijo”, se indignan en la Casa Rosada. Uno era Daniel Uzcátegui Matheus y el otro era Antonini Wilson, que portaba la valija.

El escándalo le costó la cabeza a Uberti, de relación muy estrecha con Diego Uzcátegui, con quien anudaba todos los convenios energéticos bilaterales. Ahora, en Balcarce 50, piden ese “gesto de reciprocidad”: la cabeza de Uzcátegui.

En los despachos muy cercanos a Kirchner no descartan que el ingreso de dinero sin declarar «pudiera ser parte de un negocio de Uberti». Y admiten que “se debería establecer hasta qué punto estaba desinformado Julio De Vido”, el ministro de Planificación, de quien Uberti dependía hasta su renuncia. Más allá de ello, Uberti siempre gozó de la confianza de Kirchner para centralizar las negociaciones con Venezuela. Y el Presidente sólo lo desplazó una vez desatado el escándalo, el jueves último.

En la Casa Rosada relatan que el 3 del actual Uberti y Diego Uzcátegui participaron de un almuerzo en el que terminaron de anudar todos los convenios energéticos que Chávez y Kirchner anunciarían en Buenos Aires el lunes último. A los postres, el vicepresidente de Pdvsa le preguntó al ex responsable del Occovi:

—Claudio, tengo cinco directivos de Pdvsa que tienen que ir al Cono Sur. ¿Tú no los puedes llevar en tu avión a Buenos Aires?

—Sí, cómo no. Salimos a las 6 de la tarde.

Uberti—siempre según la versión de la Casa Rosada—sólo se enteró en el aeropuerto de Maiquetía de que dos de esos pasajeros no pertenecían a Pdvsa: Daniel Uzcátegui y Antonini Wilson.

Indignación

“Pedimos que renuncie, porque Uzcátegui sabía que dos no eran directivos. Y Uberti afirma que él dijo ‘cinco directivos’. Chávez sabe el daño que le hizo a Kirchner”, señaló a LA NACION una fuente oficial de la Presidencia.

Diego Uzcátegui no es un funcionario cualquiera, ni es sólo el vicepresidente de Pdvsa. Es también el presidente de la filial argentina de Pdvsa y de la empresa Petrolera del Conosur SA. No era un desconocido para la Casa Rosada. Todavía hay incertidumbre acerca de si Chávez aceptará desprenderse de Uzcátegui. “El Presidente lo pidió y así lo espera”, señaló otra fuente.

Pero el líder bolivariano no le garantizó nada durante la reunión a solas que mantuvieron durante 20 minutos, anteayer, en Tarija, Bolivia. Según fuentes cercanas al jefe del Gabinete, Alberto Fernández, Chávez ensayó un pedido de disculpas, pero en forma privada, ante las recriminaciones de Kirchner por el silencio del bolivariano.

“Se pretende que las disculpas sean públicas y tajantes, además del gesto de renuncia del vicepresidente de Pdvsa”, confirmó esa fuente.

Por ahora no hubo gestos concretos de Chávez. Sólo existió una tibia declaración del presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, que anteayer, tras la tensa cumbre Kirchner-Chávez, prometió una investigación para esclarecer el escándalo.

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