LEA #249

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Las bolas de cristal de los economistas procuran por todos los medios atisbar el futuro de Venezuela. Analistas locales, pero también muchos internacionales, mantienen una estrecha atención sobre el desempeño económico del país.

Así por ejemplo, la Unidad de Inteligencia del Economist prevé una desaceleración en el crecimiento del producto nacional bruto en el período 2007-2008. Su más reciente reporte sobre Venezuela, actualizado en el mes de julio, señala: “Deficiencias en el ambiente decisional y una estabilización del ingreso fiscal se combinarán para producir una desaceleración del crecimiento del PNB en el período del pronóstico. Ya en 2007 se ha hecho esto evidente, con el crecimiento más lento del primer trimestre en los últimos cuatro años: 8,8%. … El gasto fiscal creció marcadamente en la segunda mitad de 2006 ante la pendiente elección presidencial, y el estímulo a los gastos de los consumidores que esto proveyó continúa, amplificado por una fuerte reducción de la tasa del IVA y otro aumento grande en el salario mínimo nominal. Pero a medida que progresa el período del pronóstico, se hará más difícil al gobierno mantener una postura fiscal expansionista ante un debilitamiento del ingreso fiscal. Al propio tiempo, el crecimiento del salario real se hará negativo, y el desempleo crecerá a medida que el ambiente se haga más difícil para los negocios. El resultado será una ulterior desaceleración del crecimiento del consumo privado, aun cuando los subsidios directos del gobierno, los controles de cambio (que canalizan el consumo hacia la compra de activos fijos), y una alta inflación (que promueve el consumo contra el ahorro) debiera proveer un piso para el crecimiento del gasto de los consumidores. …prevemos un crecimiento más lento del PNB, de cerca de 6% en 2007 y 4% en 2008”.

Los ojos de los zurdos, naturalmente, ven la cosa de otro modo. Un think tank izquierdista de Washington, el Center for Economic and Policy Research, ha emitido en julio un reporte del que son autores su Co-Director, Mark Weisbrot, y el economista Luis Sandoval. El informe—La economía venezolana en los años de Chávez—sostiene que las evaluaciones estándar sobre el desempeño económico de Venezuela están equivocadas. Así pone: “Venezuela ha experimentado un crecimiento muy rápido desde el piso de la recesión de 2003, y creció 10,3 por ciento el año pasado. La visión más frecuente de esta expansión es que es un ‘boom petrolero’ alimentado por altos precios del petróleo, como en el pasado, y que se dirige a una ‘ruptura’. Se presume que el inminente colapso resultará de una eventual declinación de los precios petroleros o por causa de una mala gerencia gubernamental de la política económica. Hay mucha evidencia que contradice esta sabiduría convencional”.

El estudio es profuso en datos, tablas y gráficos, y destaca indicadores de estabilidad y progreso. Por ejemplo, apunta: “El gobierno ha planificado conservadoramente con respecto a los precios del petróleo: por ejemplo, para 2007 el presupuesto prevé el barril de petróleo a US$ 29, o 52% por debajo del promedio de US$ 60,2 que obtuvo el crudo venezolano el año pasado”. Asimismo nota: “… Venezuela tiene un gran cojín de reservas de las que tomar antes de que una declinación de los precios petroleros comience a apretar sus finanzas. Una declinación de los precios del petróleo de 20 por ciento o más pudiera ser absorbida de las reservas internacionales oficiales, las que, a US$ 25,2 mil millones son suficientes para pagar casi toda la deuda externa venezolana. Esto no incluye otras cuentas gubernamentales offshore, las que se estima en el rango de otros 14 a 19 mil millones de dólares. Con su baja deuda externa (14,6 por ciento del PNB), el gobierno pudiera también recurrir a los mercados de crédito internacional en la eventualidad de una declinación de los precios del petróleo. Más aún, no parece probable un colapso de los precios petroleros en el futuro previsible. El pronóstico a corto plazo de la Agencia de Información de Energía de EEUU del 10 de julio proyecta precios del petróleo de US$ 65,56 por barril para 2007 y de US$ 66,92 para 2008”.

Aunque los fragmentos escogidos de ambos informes hablan de cosas diferentes, es obvio también que el punto de vista y las conclusiones de ambos son igualmente distintas. Dicen los izquierdistas: “Esta favorable situación macroeconómica también ha dejado al gobierno con mucha flexibilidad para tratar la inflación y el desequilibrio relacionado de la tasa de cambios. Puesto que el gobierno está comprometido a mantener un crecimiento sólido, no parece probable que frenará drásticamente el crecimiento económico para reducir la inflación, como se hace comúnmente. Esto es especialmente cierto porque no ha agotado otras alternativas. Por tanto, en los momentos no parece que la actual expansión económica vaya a concluir en algún momento del futuro próximo. Lo que se ha ganado en reducción de la pobreza, empleo, educación y salud en los años más recientes probablemente continuará dándose junto con la expansión”. Y esto sí contradice la predicción del Economist, cuya Intelligence Unit ya había pronosticado, erróneamente, un precio promedio de US$ 55,3 en 2007 y uno de US$ 48 en 2008 para el crudo Brent. Y eso que lo tienen enfrente, en el Mar del Norte.

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CS #249 – ¿Mandado hecho?

Cartas

El público conoce poco de los estudios de opinión política que se ha llevado a cabo recientemente en el país, puesto que los publicitados son sólo dos y su trabajo de campo se efectuó durante el mes de junio. Tan sólo el estudio Monitor Socio-Político, de la encuestadora Hinterlaces, dirigida por Oscar Schemel, y el de IVAD (Instituto Venezolano de Análisis de Datos), cuyo Director es Félix Seijas (Director de la Oficina Nacional de Estadísticas del gobierno de Jaime Lusinchi), han logrado traspasar las barreras de su clientela privada para emerger en los medios de comunicación social.

Algunos analistas han querido descalificar las cifras conocidas de Hinterlaces, argumentando que su muestra no es representativa y que su técnica de levantamiento telefónico de datos no es confiable. A sus resultados, de hecho, ha querido oponérsele los hallazgos de IVAD, sobre todo porque ambas encuestadoras difieren en cuanto al apoyo que acompañaría el desempeño del presidente Chávez. (IVAD sostiene que se mantiene en altos niveles e incluso habría ascendido desde el pasado 3 de diciembre, mientras que Hinterlaces registra su descenso en proporción importante).

En efecto, las cifras de Hinterlaces provienen de 990 entrevistas telefónicas en sólo quince estados del país (recogidas entre el 15 y el 24 de junio), pero esta metodología no tiene por qué despreciarse. Hinterlaces, ciertamente, sabe de su negocio muestral y, cuando afirma que su margen de error es de tres por ciento, debe darse crédito a sus resultados. Debe tomarse en cuenta, por otra parte, que es costumbre de Hinterlaces hurgar más profundamente en la opinión nacional, al administrar frecuentes focus groups que permiten desentrañar la estructura argumental de cada punto de opinión.

IVAD, por su parte, recogió su muestra—1.200 entrevistas directas—entre el 10 y el 18 del mismo mes de junio, y reivindica un margen de error de 2,4%. (Una muestra mayor conduce, naturalmente, a un error muestral inferior, si permanecen iguales las restantes condiciones).

Son dos estudios de opinión, entonces, independientes entre sí, efectuados por dos empresas inconexas, competidoras, las que emplearon metodologías suficientemente distintas. ¿Hay algo en lo que coincidan?

Pues sí. Cuando Hinterlaces pregunta, “¿Está de acuerdo o en desacuerdo con la reforma electoral propuesta por el presidente Chávez, que le permitiría presentarse a reelección indefinidamente?”, obtiene 63% de desacuerdo. Cuando la pregunta la hace IVAD—“¿Está de acuerdo o en desacuerdo con la reelección indefinida de Chávez como presidente?”—registra 64,7% de desacuerdo. Ambas empresas consiguen que cerca de las dos terceras partes de los encuestados se oponen a la pretensión de reelección indefinida de Chávez. (Hinterlaces divide el resto en 19% que está de acuerdo con esa reforma específica y 18% de indecisos; IVAD reporta, sencillamente, 30,7% de acuerdo con esa reforma). Al menos en este punto, por consiguiente, no sirve la medición de IVAD para invalidar el registro de Hinterlaces. Una clara mayoría nacional se opone a dominaciones vitalicias, y no sólo en términos abstractos o generales, sino en referencia concreta a la persona de Hugo Chávez Frías.

………

La pretensión de perpetuarse en el poder no es, en absoluto, nueva en Chávez; no comenzó poco después del 3 de diciembre de 2006, cuando fuese reelecto por segunda vez a la Presidencia de la República. Desde la campaña para su primera reelección, en julio de 2000 contra la muy particular oposición de Francisco Arias Cárdenas, anda diciendo por todo el país que se propone gobernar la república hasta el año 2021. En característica acción preparatoria—Chávez anticipa sin tapujos sus intenciones—ha repetido hasta la náusea esa fecha—faltan catorce años más—como el límite temporal de su dominación. Tanto es así, que los periodistas Joaquín Pereira y Williams Agüero redactaron una entrevista imaginaria—Chávez 2021: Crónica de una hamaca anunciada—que se celebraría en Sabaneta de Barinas el 28 de julio—día del cumpleaños del actual Presidente—de ese año reiteradamente nombrado.

¿Qué tiene de especial el año de 2021? Pues que en él se cumplirían doscientos años de la Batalla de Carabobo, el evento militar que consolidó la Independencia de Venezuela. Chávez, como sabemos todos, concede gran significado a nuestras fechas históricas, dada su inclinación por lo épico. El movimiento conspirativo que dirigió junto con Arias Cárdenas y otros militares de graduación media prestó juramento ante los restos del Samán de Güere en 1983, cuando se cumplían doscientos años del nacimiento de Simón Bolívar (justamente por eso se llamó MBR 200), y afloró en la asonada del 4 de febrero de 1992, en plena celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América—festejo que echó a perder con la insurrección—y que Chávez considera el comienzo de un genocidio de medio milenio. Sería entonces en el año 21 del siglo 21, el primero del milenio nuevo, cuando Chávez consentiría en ser sustituido por un sucesor.

¿Es eso posible, visto lo que Seijas y Schemel han medido?

………

A partir de fines del año 2001, cuando Chávez se alineó ostensiblemente con Sadam Hussein poco después de los mega-atentados de Nueva York y ofreció los frutos—49 leyes—de la primera ley habilitante decretada en su favor, la popularidad de Chávez sufrió un primer descenso vertiginoso. El 23 de enero de 2002 marcó, con una multitudinaria marcha opositora, el momento preciso en que una mayoría nacional se pronunciaba por su salida del poder. Poco después, el 11 de abril del mismo año, una manifestación aún más grande sirvió de pretexto para que una conspiración lo depusiera por el efímero lapso de 47 horas. Durante todo 2002 y buena parte de 2003, año en que arrancaron las “misiones” del gobierno, las mismas encuestadoras que hoy miden lo que miden encontraban que la mayor parte del país estaba contra Chávez. Una desatinada dirigencia opositora dilapidó este decisivo capital político, y el 15 de agosto de 2004 fracasó estrepitosamente en su intento de revocarle el mandato por referendo popular. El efecto de las misiones, una superiorísima organización de campaña, y los errores del “carmonazo” y el paro empresarial-petrolero, terminaron por voltear la tortilla a favor de Chávez. Al poco tiempo, la organización Súmate, que había nacido al calor de la fe en la eficacia de los actos electorales y recogía firmas ciudadanas en “firmazos” y “reafirmazos”, se pasaba al bando de los escépticos electorales y propiciaba abstenciones.

Es esta actitud la que hoy comenta la periodista Mari Pili Hernández, conocida pro Chávez, en artículo en El Nacional. Hernández se queja: “Me molesta muchísimo el hecho de que frente a cada derrota que Chávez le propina a la oposición, lo único que ésta atina a decir es que la robaron, que le hicieron fraude, que el Presidente tiene controlado el CNE, y toda una serie de  excusas más que se resumen en la pretensión de hacer creer que todo el mundo tiene la culpa de su debacle, menos ellos”. En el cuerpo de su breve artículo, ofrece testimonio de sus experiencias como dirigente intermedia del Partido Socialista Único de Venezuela para concluir que son una realidad las cifras que computan en más de cinco millones de militantes la afiliación a ese movimiento. Desde su sesgada perspectiva, señala que en tanto se construye el PSUV la oposición está de asueto: “Mientras que los opositores están de vacaciones en Miami, en Aruba, en Grecia o en cualquier otro destino distinto a su propio país, los revolucionarios están construyendo el partido más grande y más interesante que se haya constituido en toda la historia de América Latina”. Y remata: “¿Cuándo venga el próximo proceso electoral en Venezuela, quién cree usted que salga victorioso, los que están en Miami o los que todos los fines de semana se están reuniendo aquí en Venezuela, organizándose como partido, escribiendo los estatutos de una organización novedosa y adaptada a los criterios de una democracia del siglo XXI? Creo que la respuesta es obvia. Después no digan que no se los dije”. El próximo proceso electoral, por cierto, es el referendo previsto sobre la reforma constitucional que pudiera abrir las puertas a la dominación vitalicia de Chávez, directamente hasta 2021 y luego, como Gómez, por sucesor interpuesto.

¿Se trata sólo de apreciación interesada esta descripción de una oposición en reposo vacacional? Hay al menos un dirigente opositor que coincide con ella. Un despacho de la agencia EFE, fechado el sábado 4 de agosto, daba cuenta de una “Modesta marcha opositora en apoyo a RCTV Internacional”, convocada por el autodenominado Comando Nacional de la Resistencia. El más conspicuo entre sus líderes, Oscar Pérez, se dirigió a la “modesta” asistencia y le dijo: “Vamos a seguir en las calles, no importa cuántos seamos, no importa cuántos se hayan ido a la playa, aquí estamos nosotros para alzar nuestra voz en contra de Chávez”. La parte, así, ha confesado.

Quizás sea peor todavía que el mismo despacho inserte cáusticos comentarios acerca de las actuales intenciones de las Empresas 1BC. Dice el cable de EFE: “La marcha de hoy fue convocada a pesar de que el Tribunal Supremo aceptó el pasado miércoles un amparo de la Cámara Venezolana de Televisión por Suscripción (Cavetesu) que permitió a RCTV Internacional mantener su señal para los suscriptores por cable. La decisión del Supremo, que fue celebrada por los trabajadores de RCTV, según imágenes transmitidas por ese canal, disgustó a sus directivos que la calificaron de ‘un nuevo atropello’. A falta de otras explicaciones para esta aparente contradicción analistas políticos señalaron que la directiva del canal esperaba del Supremo una decisión adversa para que RCTV Internacional tuviese que salir del aire. Añadieron que mantener en cable la programación que RCTV tenía en señal abierta, como actualmente hace, es económicamente insostenible a mediano plazo, porque los ingresos publicitarios de un canal por cable son diez veces inferiores, en el mejor de los casos, a los de un canal que transmite en señal abierta. Según esa explicación, y ante la imposibilidad económica de seguir manteniendo la programación que RCTV tenía en abierto, la directiva deseaba el revés ante el Supremo para poder atribuir el cierre, y el fin de esa etapa, a una medida oficial”.

………

Pero otra noticia permite, quizás, algo más de optimismo. El diario El Universal reporta desde anoche: “Los partidos políticos que hacen oposición al gobierno de Hugo Chávez están adelantando contactos para unificar posiciones y comunicarle al país próximamente una estrategia que haga frente a la reforma constitucional que ha propuesto el mandatario y que apunta, según sus propios anuncios, a su perpetuación en el cargo”. Esto es, parece posible una nueva coordinación de la oposición formal en torno al rechazo de la reforma constitucional, y este rechazo, si atendemos a Schemel y Seijas, tendría el mandado hecho.

Cuidado. Muchos juraban que el mandado estaba hecho para el referendo revocatorio del año 2004, y una nueva “coordinadora democrática” pudiera, por lo contrario, consolidar la imagen de que quienes se oponen a la reforma constitucional son los mismos que sostuvieron el funesto intento de Pedro Carmona Estanga y el suicida paro petrolero, los mismos que fracasaron en el revocatorio, los mismos que entregaron, con su retirada, la Asamblea Nacional íntegra al chavismo, los mismos que apoyaron la ineficaz candidatura de Manuel Rosales. Es decir, los perdedores.

Sería mejor que un movimiento independiente de los partidos de oposición, una asociación de propósito único, asumiera la conducción de la campaña contraria a la reelección indefinida de Chávez, en los términos simples esbozados por Fausto Masó que fueran comentados en la entrega anterior de esta carta. Es una lástima que ya Súmate no sirva para estas cosas. Habría que tomar en cuenta, por lo demás, el tenebroso anatema de Oswaldo Álvarez Paz, quien ha escrito que “desprecia” a quienes propugnen la participación en el referendo que considerará la reforma de la Constitución que propondrá el gobierno. ¿Cuántos venezolanos querrán arriesgar el Purgatorio que les augura tan preclaro e imprescindible líder, si consienten en ir a votar?

Mientras esto ocurre, el país experimenta una bonanza económica sin precedentes, manifestada en niveles de consumo nunca vistos en cuanto a magnitudes y en cuanto a universalidad de clases sociales en participación. Quienes nunca tuvieron lo que hoy disfrutan no tienen sino buenas razones para desear la perpetuación del nuevo estado de cosas, que les ha significado progreso personal y familiar. Y eso que todavía el gobierno no ha entrado en verdadera campaña a favor de la reforma constitucional. Ya gastará mucho, pero muchísimo real en el intento.

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FS #156 – El mejor gobierno

Fichero

LEA, por favor

La doctrina del justo medio, concepción medular de Aristóteles (384-322 a. de C.), le sirve como criterio para decidir cuál es la mejor forma de gobierno, que expone en el capítulo 11 del Libro IV de su obra Política. (Reproducido en esta Ficha Semanal #156 de doctorpolítico). In media virtus es la fórmula latina que recoge el precepto aristotélico. Se trata de un principio sereno, propio de un hijo de médico—Nicómaco—que probablemente recibió de su padre, y practicó tempranamente llegado a Atenas, el arte de la Medicina.

No se trata, sin embargo, de una aurea mediocritas, ni de un tibio promedio entre extremos evitados. Eugenio Trías nos explica: “Siempre recordaré a un viejo profesor del entonces vigente curso de preuniversitario que, con una regla en la mano, explicaba la doctrina aristotélica de la virtud colocando el puntero en posición horizontal. Señalaba entonces el centro y decía: ‘El medio justo no está aquí, no es este punto medio indiferente’. Luego colocaba el mismo puntero en posición vertical. Y señalaba el extremo más alto del mismo: ‘Aquí se halla el justo medio’, nos decía. El justo medio es lo más excelso, añadía, ya que es el lugar de la virtud, que en griego significa excelencia”.

La conclusión de Aristóteles es sencilla: los mejores estados son aquéllos en los que la clase media es la más grande. En la Carta Semanal #57 de doctorpolítico (9 de octubre de 2003), puede leerse un eco de esta preferencia médica por la clase media: “Desde el punto de vista de la Medicina Política resulta muy importante tener una noción clara de qué es una sociedad normal. Los estudiantes de Medicina, antes de estudiar la enfermedad, deben aprender primero cómo está organizado y cómo funciona un organismo sano. A eso dedican dos años de estudio. ¿Qué es una sociedad normal para la Medicina Política? En materia de renta, de riqueza o de pobreza, una sociedad normal ostentará una distribución estadística normal: unos cuantos serán muy ricos, un poco más serán ricos, muchos más serán una clase media muy amplia, bastante menos serán pobres y muy pocos serán muy pobres. En los extremos, la mucha riqueza y la mucha pobreza son tan resistentes como escasos componentes de la realidad de una sociedad normal”.

En el texto de Aristóteles reproducido acá hay una referencia al Libro I de su Ética a Nicómaco, donde enuncia el siguiente principio: “…el bien del hombre resulta ser la actividad del alma de acuerdo con la virtud…” También alude a Focílides, que compartía su opción por la clase media. Éste era un hombre considerado, que aconsejaba: “No comprimas con mucha fuerza y vigor la mano de un niño tierno”. Pero asimismo conocía la fuerza del enjambre ciudadano, y así apuntaba: “El pueblo, el fuego y el agua no pueden ser domados nunca”.

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El mejor gobierno

Debemos ahora preguntar cuál es la mejor constitución para la mayoría de los estados, y la mejor vida para la mayoría de los hombres, sin suponer un estándar de virtud que esté por encima de las personas ordinarias, ni una educación que esté excepcionalmente favorecida por la naturaleza y las circunstancias, ni un estado ideal que es sólo una aspiración, sino tomando en consideración la vida que la mayoría es capaz de compartir, y la forma de gobierno que pueden lograr los estados en general. por lo que atañe a aquellas aristocracias, como se les llama, o bien quedan más allá de las posibilidades de la gran mayoría de los estados, o se aproximan al llamado gobierno constitucional, y por consiguiente no requieren una discusión aparte. Y, de hecho, la conclusión a la que llegamos respecto de todas estas formas reposa sobre las mismas bases. Puesto que, si lo que se dijo en la Ética es verdad, que la vida feliz es la vida según la virtud vivida sin impedimento, y que la virtud es un medio, entonces la vida que está en un medio, y en un medio asequible a cada uno, debe ser la mejor. Y los mismos principios de la virtud y el vicio son característicos de las ciudades y las constituciones; porque la constitución es en imagen la vida de la ciudad.

Ahora, en todos los estados hay tres elementos: una clase es muy rica, otra es muy pobre, y una tercera en un medio. Se admite que la moderación y el medio son lo mejor, y por tanto claramente será mejor poseer los bienes de fortuna en moderación; porque en esa condición de vida los hombres están más dispuestos a regirse por racional principio. Pero aquél que sobresalga en belleza, fuerza, nacimiento o riqueza o, por el otro lado, aquél que sea muy pobre, o muy débil, o muy sin gracia, encuentra difícil guiarse por racional principio. De estos dos, un tipo se convierte en violentos y grandes criminales, el otro en forajidos y pequeños malhechores. Y dos clases de ofensa corresponden a ellos, la una cometida por violencia, la otra por delincuencia. De nuevo, es menos probable que la clase media se aleje de la norma, o que ambicione por ella en exceso, cosas que son ambas injurias al estado. De nuevo, aquellos que tienen demasiados bienes de fortuna, fortaleza, riqueza, amistades y otras cosas similares, no están dispuestos a someterse a la autoridad ni son capaces de hacerlo. El mal comienza por casa; puesto que cuando son jóvenes, por razón del lujo en el que son criados, nunca aprenden, ni siquiera en la escuela, el hábito de la obediencia. Por otra parte, los muy pobres, que están en el extremo opuesto, son también degradados. De forma que una clase no puede obedecer, y puede gobernar sólo despóticamente; la otra no sabe mandar y debe ser gobernada como esclava. Así surge una ciudad, no de hombres libres, sino de amos y esclavos, los unos desdeñando, los otros envidiando; y nada puede ser más fatal a la amistad y el buen compañerismo en los estados que esto: puesto que el buen compañerismo nace de la amistad; cuando los hombres están en enemistad los unos con los otros, preferirían no compartir siquiera el mismo sendero. Pero una ciudad debiera estar compuesta, en lo posible, de iguales y similares; y éstos son generalmente las clases medias. De donde, la ciudad que esté compuesta de ciudadanos de clase media está necesariamente constituida según los elementos que decimos son la materia de la que el estado naturalmente consiste. Y ésta es la clase de ciudadanos que está más segura en un estado, pues no ansían, como los pobres, los bienes de sus prójimos; ni tampoco otros ansían los suyos, como el pobre ansía los bienes del rico; y como ni conspiran contra otros, ni son tampoco objeto de conspiración, pasan por la vida con seguridad. Sabiamente predicó entonces Focílides: “Muchas cosas son mejores en el medio; yo deseo ser de condición media en mi ciudad”.

Es así manifiesto que la mejor comunidad política está formada por ciudadanos de la clase media, y que un estado de esta clase tenderá a ser bien administrado mientras la clase media sea grande, y en lo posible más fuerte que las otras dos clases juntas o, al menos, mayor que cada una por separado; puesto que la adición de la clase media inclina la balanza, e impide que alguno de los extremos se haga dominante. Es entonces grande la buena fortuna de un estado en el que los ciudadanos tienen una propiedad moderada y suficiente; porque donde algunos poseen mucho, y los otros nada, puede surgir una democracia extrema, o una oligarquía pura; o puede surgir una tiranía de cualquiera de los extremos,—sea de la más incontrolada de las democracias o de una oligarquía; pero no es muy probable que provenga de las constituciones intermedias o de aquéllas que se les parezcan. Más adelante explicaré la razón de esto, cuando hable de las revoluciones en los estados. La condición media de los estados es claramente la mejor, puesto que ninguna otra está libre de conflicto; y donde la clase media es grande es menos probable que haya facciones y disensiones. Por una razón similar los estados grandes están menos propensos a las facciones que los pequeños, porque en ellos la clase media es grande; mientras que en los estados pequeños es fácil dividir todos los ciudadanos en dos clases de ricos y pobres, y dejar nada en el medio. Y las democracias son más seguras y más permanentes que las oligarquías, puesto que tienen una clase media que es más numerosa y tiene una mayor participación en el gobierno; porque cuando no hay clase media, y los pobres exceden grandemente en número, surgen problemas, y el estado pronto llega a su fin. Una prueba de la superioridad de la clase media es que los mejores legisladores han sido de condición media; por ejemplo, Solón, como atestiguan sus propios versos; y Licurgo, porque no era un rey; y Carondas, y casi todos los legisladores.

Estas consideraciones nos ayudarán a entender por qué la mayoría de los gobiernos son o democráticos u oligárquicos. La razón es que la clase media es rara vez numerosa en ellos, y cualquiera sea el partido, sea el de los ricos o el de la gente común, que rebasa la media y predomina, hará la constitución a su modo, y así surge bien sea la oligarquía o la democracia. Hay otra razón—el pobre y el rico pelean el uno con el otro, y cualquiera sea el lado que gane, en vez de establecer un gobierno justo o popular, considerará la supremacía política como el premio de la victoria, y un partido establecerá una democracia y el otro una oligarquía. Más aún, los dos partidos que tuvieron la supremacía en la Hélade miraron sólo al interés de su propia forma de gobierno, y establecieron en los estados, los unos, la democracia, los otros la oligarquía; pensaron en su propia ventaja, y en absoluto en el público. Por estas razones, la forma intermedia de gobierno raramente, si acaso, ha existido, y entre sólo unos pocos. Sólo un hombre entre todos aquéllos que alguna vez gobernaron en la Hélade fue inducido a conceder esta constitución intermedia a los estados. Pero ahora se ha convertido en un hábito, entre los ciudadanos de los estados, ni siquiera preocuparse de la igualdad; todos los hombres buscan la dominación o, si son conquistados, están dispuestos a someterse.

Lo que, entonces, es la mejor forma de gobierno, y lo que la hace la mejor, es evidente; y de todas las demás constituciones, dado que decimos que hay muchas clases de democracia y muchas de oligarquía, no es difícil ver cuál es la primera y cuál tiene el segundo u otro lugar en el orden de la excelencia, ahora que hemos determinado cuál es la mejor. Porque aquello que esté más cerca de lo óptimo debe por necesidad ser mejor, y lo que esté más lejos será peor, si juzgamos absolutamente y no relativamente a condiciones dadas; digo “relativamente a condiciones dadas”, puesto que un gobierno particular debe ser preferible, pero otra forma pudiera serlo para alguna gente.

Aristóteles

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LEA #248

LEA

La Electricidad del Poder Popular para Caracas ha puesto en práctica un agresivo sistema de cobranzas a sus usuarios, y éste es el único cambio que se haya notado en la empresa recientemente estatizada. El suscrito habla acá como consumidor, que además de recibir las facturas del servicio por correo, permitió a la empresa—cuando era privada—remitir mensajes a su teléfono celular que informaran del monto adeudado, quince días y cinco días antes de su vencimiento.

Pero hace dos meses se añadió un nuevo procedimiento: ahora llama telefónicamente un empleado o empleada de la empresa rouge, petite rouge, con un buen número de preguntas a la mano, cuyas respuestas ya conoce, para advertir que la factura vencerá dentro de cuatro días. Dos veces ya he tenido que informar al molesto interlocutor que recibo tanto la factura impresa como los mensajes a mi teléfono móvil, y que ni necesito ni he autorizado a la empresa a que penetre la privacidad de mi hogar con fastidiosas llamadas de cobro anticipado. La última vez he pedido que se tome nota de mi deseo de que no sigan molestando. El mes próximo sabré del caso que habrán hecho de mi requerimiento de paz.

Ayer por la mañana, sin embargo, justamente de regreso de una oficina de Elepopopcar para pagar la factura veinticuatro horas antes de su vencimiento, encontré en mi casa una hoja impresa con una reiteración de la advertencia. Al 30 de julio aparecía en ella una deuda por vencer el 2 de agosto—sólo registraba el monto del servicio eléctrico, sin reportar lo correspondiente a aseo urbano, que también cobran—e intimaba su pago. Al número de cuenta-contrato, por cierto, le faltaba una cifra, aunque el resto de los datos parecía estar correcto. (Titular del contrato, dirección de domicilio, monto adeudado).

Empecé a preguntarme, entonces, cómo se habría inflado el costo operativo de la empresa a pocas semanas de haber pasado a manos de la gestión chavista, y cuántos nuevos empleados habrían recrecido la nómina de sueldos y salarios. Seguramente, además, el mensajero que trajo la última intimación, a quien no pude ver para informarle que ya no debía nada, ha debido venir con su inevitable atuendo de franela roja, por lo que presumo que un gasto considerable en franelas contribuye ahora a una reducción de la rentabilidad corporativa.

Un reexamen del papel impreso me ofreció la clave de esta más reciente presión: bajo el logotipo de la empresa y su razón social pude leer su novísimo lema: “Iluminando el camino al socialismo”. Esto es, la verdadera razón de haber contratado a alguien y haberlo vestido de rojo—en algún número significativo—es de orden propagandístico. Como el escuálido gobierno no tiene, pobrecito, suficientes canales de comunicación para vocear sus imposiciones ideológicas, debe incurrir en el costo de imprimir desde un computador el millón y tantos volantes que distribuye, mediante entrega personalizada, con el estúpido lema.

Cuando la empresa era privada no fastidiaba tanto, y tampoco nos penetraba con mensajes favorables al capitalismo salvaje.

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CS #248 – Otra voz

Cartas

En el #246 de la Carta Semanal de doctorpolítico, en relación con la reforma constitucional que procura permitir a Hugo Chávez convertirse en gobernante vitalicio, y luego de mostrar que la posibilidad de reelegir indefinidamente a una misma persona es, en realidad, un derecho del soberano que no atenta contra los derechos humanos ni contradice tratados válidamente pactados por la República, se hizo la siguiente advertencia: “Por más que, en principio, sea una potestad soberana la de reelegir a un mandatario indefinidamente, es altamente prudente, sobre todo en el caso venezolano actual, proteger al propio soberano de los abusos de un presidente ventajista y sucio”.

Esta postura proviene de la consideración de Chávez como político nada convencional, que desprecia las “blandenguerías” del trámite democrático y no tiene escrúpulos a la hora de emplear abusivamente todas las oportunidades que le abre el desmedido poder que detenta, empleado de manera “realista” hasta las últimas consecuencias. Chávez no se rige por la urbanidad política que los gobernantes de talante democrático observan en la práctica común. Es ésa la razón por la que la alternabilidad, que en teoría ofrece la Constitución para una elección en la que pueda oponérsele uno o varios candidatos, está dificultada dentro de una campaña electoral que sería marcadamente asimétrica, en la que no debe esperarse en absoluto la igualdad de condiciones.

Luego, en el #247 de la semana pasada, y tomando en consideración que la Constitución requiere una mayoría simple para la aprobación en referéndum de una reforma constitucional, y que los estudios de opinión continúan registrando una mayoría de aprobación de Hugo Chávez, se expuso: “¿Cómo, entonces, pudiera derrotarse la pretensión de Chávez? Una vez más, el texto de Hawrylyshyn pudiera ofrecer la clave. En cada uno de los ejemplos que citara, hay una figura personal como catalizador necesario, un líder. Si estamos en medio de una solución sobresaturada, y no se ha producido todavía la precipitación de la mezcla, es porque ninguno de los muy repetidos líderes de la oposición tiene la virtud catalítica. Se necesitaría una voz distinta”.

Una voz distinta ha sido, justamente, la de Fausto Masó, quien en su artículo del sábado 28 de julio en El Nacional, dice cosas como éstas:

“Chávez manipula la reforma, las fechas del referéndum, busca la ocasión propicia, sueña que los abogados secuestren el debate para convertirlo en un torneo de constitucionalistas. En cambio, si todo se simplificara en un no, llevaría las de perder, porque si Chávez fuera derrotado en el referéndum todo cambiaría. Hay que decir no antes de que presenten la reforma, después que la presenten y hasta el 2012.

Diga, pues, no, y olvídese del tema de la propiedad, la división territorial. No invoque a Hans Kelsen o pregunte por la ilegalidad de la reforma. Diga no un día de fiestas y en un velorio, no en el Country, no en la Pastora. Así se unificará a la oposición, la que correrá esta vez con ventaja: el tiempo la favorece y si, incluso, la reforma fuera pospuesta ya habría derrotado a Chávez, porque cada vez le costará más hacerla aprobar.

No se trata de que los partidos se unan en una superestructura o que uno acapare el tema, sino de que al barrio llegue un sencillo no, de un coro de intelectuales, músicos, porteros y vagos, y también, claro, políticos. No, y nada más que no.

Hay que repetir a coro este no. Cada quien con la fuerza de su voz o de su organización, sin firmar un documento que lleve días redactarlo, ni establecer un suprapartido o acordar una propuesta de país, cosas vitales que quedarían relegadas para cuando sea oportuno. Ahora todo se reduce a un simple no, a unirse en el no. A la unidad en la acción, por la base.

Este ‘no’ funcionará como esa gotita que rebosa un vaso, la pajita que le quiebra la espalda al camello, con tal de que conserve su santa simplicidad, no lo enreden disquisiciones metafísicas, maniobras, y sea un punto de encuentro, una coincidencia, no una lucha velada por el poder, una competencia mezquina.

Diga no, pues, y evite a continuación que le cambien la conversación y que nadie capitalice el no. Diga no, como de niño usted protestaba contra una inyección, rechazaba ir al colegio, no quería comer la hallaca de su mamá. No, y no, y después váyase al cine, haga el amor y sea feliz, inmensamente feliz”.

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La virtud del récipe de Masó es inocultable. Es la virtud de la simplicidad, de la sencillez. Remite la cosa, sencillamente, al enjambre ciudadano. No requiere ni organización ni, en apariencia, liderazgo. De hacerse posible, de extenderse por la conciencia ciudadana la noción de que no conviene a la Nación aprobar la reforma constitucional, de adquirirse la terquedad simple que predica el articulista, Chávez se estrellaría en su pretensión.

Pero Masó mismo ha actuado como líder: ha señalado el camino, ha fijado el objetivo y la forma de alcanzarlo. Ésa su voz, entonces, debe ser amplificada y sus instrucciones repetidas.

Porque la cosa no es tan simple. El 15 de diciembre de 1999 también se requirió de nosotros un simple sí o un simple no. Sin embargo, esa afirmación o esa negación aceptaban o negaban trescientos cincuenta artículos, muchos de ellos de gravedad y gran complejidad—con bastantes más de un parágrafo o numeral—junto con una disposición derogatoria, dieciocho disposiciones transitorias y una disposición final única. En verdad, mediante una afirmación o una negación simples decíamos, digamos para no complicar mucho las cosas, trescientos setenta síes o noes.

Cuando se discutió el proyecto en el seno de la Asamblea Constituyente, por supuesto, hubo oportunidad de considerar la compleja pieza artículo por artículo, ordinal por ordinal. Esos grados de libertad no están a la disposición de los ciudadanos, por más que se cacaree una democracia participativa. Los Electores somos puestos ante una simple disyuntiva: tómelo o déjelo. En su conjunto.

Ahora, en oportunidad del referéndum que se avecina, una vez que la obsecuente Asamblea Nacional haga la pantomima de analizar la propuesta presidencial y la apruebe con muy menores alteraciones, estaremos también ante el artificioso negocio de aprobar o rechazar con un solo adverbio de afirmación o negación más de una proposición de modificar el texto constitucional de 1999. Lo que se presentará a nuestra consideración no será una proposición simple, sino un paquete o manojo de cambios e innovaciones.

Es ésta la circunstancia que intentará aprovechar el oficialismo. Puede hacer, y la hará, mucha propaganda acerca de otros ingredientes de la torta reformista que deberemos tragar entera o negarnos a comer, como propone Masó. Tal vez sintiendo la tibia temperatura que acompaña su pretensión continuista, el propio Chávez ya ha comenzado a decir que el desarrollo del “poder comunal”—los soviets—es más importante que el asunto de la reelección “continua”. Sí, claro, pero la nuez del bombón, despojado de sus múltiples envoltorios y capas de chocolate y mantequilla de maní es la perpetuación de Chávez. El riesgo, entonces, es que una mayoría quede encandilada por la impresión de que el pueblo continuará aumentando su poder y se trague, sin pensarlo mucho, a Francisco Franco o Juan Vicente Gómez, que murieron con el poder en sus manos. La inversión ya concedida a los pequeños proyectos decididos por los consejos comunales abona esta interpretación. El dinero es empleado por este gobierno, como por ningún otro, para comprar apoyos, y hasta ahora este expediente le ha funcionado. Para un buen número de conciencias el tema será que mientras Chávez gobierne la prosperidad continuará, como ha ocurrido hasta ahora. ¿Por qué habría que preocuparse por veinte o treinta años más de progreso económico personal?

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El 19 de julio próximo pasado Carlos Escarrá, miembro de la secretísima comisión asesora de la reforma, explicaba lo que viene. Chávez propondrá, dice Escarrá “el malo”, una “constitución socialista”. ¿Qué significa eso? Pues que el nuevo marco constitucional establecería “una visión colectiva de los derechos fundamentales, sin menoscabar los derechos individuales; un cambio en las reglas económicas, un cambio en la visión de los derechos económicos y un cambio en las estructuras del Estado”. También dijo Escarrá que las bases socialistas—esto es, del socialismo “bolivariano”—se obtendrán con “la fundación del Poder Popular a partir de los Consejos Comunales” y con “el paso de la propiedad pública a la propiedad social”. Por último, el cuento de que una “nueva geometría del poder” armonizaría “el desarrollo social con densidad poblacional”, creando “ciudades y territorios federales”. Así habla quien hace poco admitiese que era, ya no socialista, sino comunista de corazón.

Toda esa enumeración corresponde al empaque y rodeo del verdadero veneno, y ya vendrán expresados en un buen número de artículos, parágrafos, incisos y numerales. Para lo que verdaderamente interesa a Chávez bastará una línea que modifique la redacción del actual Artículo 230 de la Constitución, que estipula: “El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido, de inmediato y por una sola vez, para un período adicional”. Querrá Chávez que diga: “El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido, de manera continua, para períodos adicionales”.

Y no es que las restantes reformas no sean deseables para el gobierno. Con lo de la geometría no euclidiana del Poder Público, atenta contra la muy moderada competencia y realenguismo de los gobernadores y alcaldes, y se trata, por tanto, de una manera de disminuir esos poderes. Con lo de la propiedad social y la “visión colectiva” de los derechos fundamentales, asimismo, disminuye o mantiene a raya a poderes económicos. Estas provisiones, en consecuencia, no tienen otro objeto que continuar la comilona de poder, del que una pequeña porción se dará a los soviets para disimular.

Pero lo que verdaderamente busca Chávez es la modificación del Artículo 230. Como se ha arrogado, desde hace mucho tiempo, el privilegio de la inconsistencia, se ha opuesto en días pasados a la reelección indefinida de alcaldes y gobernadores con el cómico argumento de que los mandatarios locales sólo buscarían ¡perpetuarse en el poder!

Él no; él no busca la posibilidad de ser mandatario de por vida como Napoleón, cuando fuera proclamado Cónsul Único vitalicio en 1802. (Bonaparte había hecho una constitución nueva—la Constitución del Año VII, la cuarta en nueve años —en 1799, por la que era nombrado, como Primer Cónsul, jefe del Poder Ejecutivo por una década. Sometida a plebiscito en diciembre de 1799, doscientos años justos antes de la que nos rige, y a pesar de que reducía considerablemente la democracia alcanzada hasta entonces por los franceses, fue aprobada por 3.001.007 votos contra 1.526. Tres años más tarde, obtenía el cambur de por vida, esta vez en mayo de 1802, por 3.568.885 votos a favor y 8.374 en contra). Chávez es inmune a la sospecha de ganas de perpetuarse en el poder; abnegadamente, el requiere puerta franca porque ejerce funciones de “coordinación nacional”, cosa que le queda grande a los pobres gobernadores y alcaldes. O como lo pone Carlos Escarrá: “En esta etapa de gestación de la revolución bolivariana pacífica, el liderazgo de Chávez es necesario”.

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El planteamiento de Fausto Masó es esencialmente correcto; es el correcto. Lo que puede contra un tigre mariposo, cazado en Guayana, es una jauría de pequeños perros Beagle que lo cercan en círculo de ladridos que lo aturden. El Bismarck, el insolente acorazado alemán que despachó solo, en su primera sortie, a un acorazado inglés y su compañero, el crucero de combate que era buque insignia de la marina de guerra británica, fue cazado poco después por una verdadera jauría de buques menores y aeroplanos, cada uno de los cuales habría sido incapaz de batir al gigante por sí solo. El veneno de un enjambre lo suficientemente grande de abejas africanizadas pudiera matar a un elefante, aunque éste  llegue a pesar 10.000 kilos y una abeja 100 miligramos, para una proporción de peso de 100.000.000 a 1.

El problema es que el gobierno no se quedará quieto. Ya debe haber calculado y apartado Chávez, según presupuesto de Andrés Izarra, los millardos que gastará en propaganda a favor de la reforma. Para lograr el “no” simple predicado por Masó habrá que hacer contrapropaganda.

La ventaja de la oposición acá es que puede seguir las recomendaciones de sencillez. Es sabia la proposición de Masó de no complicarse la vida invitando a Escarrá “el bueno” para que dicte conferencias magistrales llenas de esdrújulas. La oposición a la reforma no debe permitir que se la enrede en bizantinas discusiones por las ramas.

Una cosa sí es grandemente peligrosa. La estupidez política de quienes propugnan el método abstencionista. No cejan en su terca tontería. Si hay que estar claros sobre las líneas de Masó, tanto o más claros debe estarse respecto de la recomendación suicida de no ir a votar. A quienes defienden la abstención hay que callarles la boca, así sean estudiantes. («A través de un manifiesto, el movimiento estudiantil llamó a desconocer el referéndum…», El Nacional, 31 de julio de 2007). El discurso contestatario de Baduel les ha animado, y vuelven a creer en la fórmula expedita de un golpe de Estado. Es labor de patria no prestarles atención.

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