por Luis Enrique Alcalá | Jun 7, 2007 | LEA, Política |

No se puede tapar el sol con un dedo. Ni siquiera con el enhiesto puño izquierdo de Hugo Chávez en el mitin del 2 de junio en la Avenida Bolívar de Caracas. La repulsa mundial, y la de la mayoría de los venezolanos, al fin de la concesión de televisión abierta que estaba en manos de las Empresas 1BC, es un verdadero chaparrón que no cesa, y no le ha servido al gobierno guarecerse tras los 300 o 500 mil paraguas que logró reunir el sábado pasado con el empleo a fondo de todos sus recursos. (¿No y que se habían inscrito en el PSUV—por cierto de logotipo idéntico al del Partido Comunista de Cuba (ver página web de Luis Tascón)—unos 4 millones de venezolanos?)
La defensa de la arbitraria decisión por parte de los colaboradores del régimen ha sido, por su mayor parte, insultante, agresiva, paranoica y, sobre todo, inconsistente. El periodista Ernesto Villegas, por caso, decía hace unos días por Venezolana de Televisión que si RCTV se preocupaba genuinamente por sus empleados debía ponerlos a trabajar para sacar su señal por cable o por satélite. (En eco de Jesse Chacón, que lleva meses argumentando que RCTV puede hacer justamente eso). ¿En qué quedamos? Una vez que neutralizo a alguien, impidiéndole que distribuya veneno por los ductos de aire acondicionado, ¿cómo es que no tengo inconveniente en que lo administre con aguja hipodérmica?
Es así como el gobierno ha perdido la batalla de la opinión, local y planetariamente. Son muy pocas las voces que en el mundo defienden el arrebatón del que RCTV ha sido objeto. Por supuesto, los compinches Castro, Morales, Correa, Ortega. (Por orden de aparición). Decepcionante es que se haya sumado al apoyo de la medida el Partido de los Trabajadores de Brasil, al que pertenece Luis Inazio Lula Da Silva. Pero aparte de éstos, y de unos pocos mal informados políticos ingleses y uno que otro columnista aislado, el rechazo internacional es poco menos que unánime. Ah, habría que anotar también entre los aliados de Chávez, seguramente, al cineasta norteamericano Danny Glover—aunque no se le ha consultado—quien recibirá un financiamiento de Villa del Cine—adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Cultura—de 17,6 millones de dólares para hacer una película sobre el héroe haitiano François-Dominique Toussaint Louverture.
Los cineastas locales se atrevieron a expresar su justificado disgusto ante esta erogación, equivalente de lo que su gremio ha recibido del Estado venezolano en los últimos cinco años. (Con ese monto pudiera financiarse 36 películas nacionales). La respuesta del ministro Francisco (Farruco cuando era simpático) Sesto ha consistido en cercenar las relaciones del despacho con la Cámara Venezolana de Productores Cinematográficos (Caveprol) y la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos (ANAC), bajo el pretexto de que serían “de naturaleza elitista y excluyente, que responden a intereses personales y de pequeños grupos de presión”. Poco le faltó para decir que se trataba de golpistas al servicio del imperio norteamericano, prestos a intentar el magnicidio de Hugo Chávez.
En fin, el gobierno sigue buscándose problemas.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jun 7, 2007 | Cartas, Política |

Este artículo nace—diría Michel Foucault—de la lectura de un texto, no de Borges, sino de Alexis Márquez Rodríguez. El ilustre académico escribió la semana pasada (Tal Cual, viernes 1o. de junio): “Habrá que esperar que Chávez salga del poder, cualquiera que sea la vía, para que se ponga al desnudo su debilidad como líder y gobernante. La engañosa fortaleza de Chávez, su pretendida habilidad y astucia, no son sino la debilidad y la penuria de sus opositores, que aparte de su gran fuerza cuantitativa, han exhibido la más lamentable incapacidad y el más grande desacierto”.
En esta ocasión discreparemos del maestro Márquez en la mitad de sus afirmaciones. Creo que Hugo Chávez es un líder harto capaz, y de esto son prueba sus numerosos triunfos políticos, de los que no es el menor el haber regresado al poder cuarenta y ocho horas después de haber sido depuesto por un golpe de Estado en abril de 2002. Hasta ahora no hay elección que él o sus candidatos no hayan ganado, siempre con ventaja muy suficiente. Chávez se toma muy en serio la política, y trabaja y planifica sin descanso y con bastante antelación, auxiliado por sofisticados aparatos de información y análisis—las famosas salas situacionales—, toda batalla y todo conflicto. Tres meses después del revocatorio de 2004 advertía a una reunión de líderes regionales y municipales recién electos—30 de octubre de 2004—que el enemigo a derrotar sería la abstención. Tenía razón; trece meses después, el 4 de diciembre de 2005, las tres cuartas partes de los electores decidieron no ir a votar.
De modo que no es nada prudente desestimar a Chávez. Puede cometer errores, de hecho los ha cometido, pero en tanto político convencional, cultor de la Realpolitik—la que se ocupa de la adquisición y el aumento de poder en desmedro del adversario—Chávez es un contendor formidable.
Otra cosa es que sea un político positivo, aquél que sepa resolver problemas de carácter público. Acá Chávez demuestra una malignidad oncológica. La enfermedad política que es el chavismo es neoplásica, cancerosa. Más allá de la previa insuficiencia política—que fue lo que permitió su llegada al poder en 1998—los sucesivos gobiernos de Hugo Chávez han sido venenosos, tóxicos de la nacionalidad.
Pero estaré de acuerdo con Alexis Márquez cuando evalúa la oposición a Chávez como desastrosa. Es una evaluación que ha sido remachada en este espacio una y otra vez, de modo que no necesito abundar en el asunto. Los lectores lo recuerdan claramente, tanta ha sido mi insistencia.
………
En alguna edición anterior se ha contado acá que un cierto articulista de prensa ocasional propuso, el 21 de julio de 1991, la renuncia de Carlos Andrés Pérez a la Presidencia de la República, como vía de escape a la trágica disyuntiva que por aquellos días dominaba la psiquis venezolana: “O Pérez o golpe”. Su artículo, publicado en aquella fecha por El Diario de Caracas, concluía: “El Presidente debiera considerar la renuncia. Con ella podría evitar, como gran estadista, el dolor histórico de un golpe de Estado, que gravaría pesadamente, al interrumpir el curso constitucional, la hostigada autoestima nacional”.
Como es conocido, la proposición no tuvo acogida, aunque Herminio Fuenmayor, entonces Director de Inteligencia Militar, declaró a los medios que existía “una campaña”—un solo artículo—para provocar la salida de Pérez del gobierno. Los más importantes líderes de entonces desecharon la noción, al punto de que Arturo Úslar Pietri, en diciembre de ese año—a menos de dos meses del golpe fallido de Chávez y Arias Cárdenas—y consciente de la grave y evidente crisis, propuso que Carlos Andrés Pérez se pusiera “al frente de un gabinete de emergencia nacional” para conjurarla. Después de la intentona del 4 de febrero de 1992, el mismo Úslar Pietri, Rafael Caldera y Miguel Ángel Burelli Rivas encontraron, por fin, mérito en la salida de la renuncia, y así declararon al efecto. Burelli Rivas, cada vez que lo hacía, no dejaba de afirmar, falsamente, que la idea se le había ocurrido a él antes que a nadie.
Ahora estamos ante un caso similar de retraso político. El Gobernador del Zulia y líder máximo de Un Nuevo Tiempo, Manuel Rosales, ha querido contribuir a la tensa situación creada por la extinción de la licencia de televisión abierta que explotaba RCTV. Ha propuesto hace exactamente una semana que el Presidente de la República convoque un referendo consultivo para que el pueblo diga si está de acuerdo con el fin de las transmisiones de la emisora afectada. Esto es, post mortem.
No contento con eso, Rosales abundó con una señal de extrema debilidad política, al sugerir que tal referendo tendría que ser convocado por el propio gobierno, puesto que si tenía que hacerlo la oposición “tendríamos que salir a recoger el 10% de las firmas, y después van a decir que son planas, que están fallas y daría pie a otra lista Tascón. Que lo convoque Chávez, que le ordene a la Asamblea Nacional que apruebe el referéndum o que lo haga con la mayoría del gabinete ejecutivo. Esas son las dos salidas facilitas que él tiene para convocarlo”.
La proposición de Rosales pareciera escrita en La bemol menor, a juzgar por el número de sus bemoles. Por un lado, está creyendo que Hugo Chávez pudiera interesarse en consultar una medida que decidió ejecutar por su cuenta, en acto personalísimo. Rosales olvida que el Presidente había jugado él mismo, durante la campaña electoral de 2006, con la idea de consultar el arrebatón de RCTV en referendo. Una vez electo sintió, como lo ha hecho otras veces, que no necesitaba consultar nada. Rosales no es quien le va a convencer de lo contrario.
Luego, justamente lo que tendría que haber hecho la oposición es salido a la calle a levantar las firmas requeridas para activar un referendo consultivo, si es que quiere demostrar fuerza. Formulada como lo hace Rosales, la cuestión equivale a solicitar un favor, una gracia de Hugo Chávez, por más que la cosa haya sido propuesta en términos altísonos, como proferidos desde fuerte posición.
Pero la falla fundamental de la proposición de Rosales es que llega para la autopsia, demasiado tarde. Una vez decretado el término de la concesión a las Empresas 1BC ya no hay, en el fondo, nada que consultar. El acto administrativo ha sido consumado, y por tanto un referendo como el que Rosales propone equivale a preguntar si estamos de acuerdo con la muerte de Carlos Gardel. Lo que cabría es una abrogación de la medida, mas la mala noticia es que esto no es posible dentro del actual marco constitucional. El artículo 74 de la Constitución, que establece los referendos abrogatorios, los permite para la abrogación total o parcial de leyes o decretos con fuerza de ley, no para actos administrativos ordinarios como la decisión de no renovar una concesión radioeléctrica.
El referendo debió ser planteado, por iniciativa popular, antes del término de la concesión, no después del hecho. Así se propuso en esta carta (#221, 18 de enero de 2007): “En la campaña del año pasado, porque se interesaba [Chávez] en parecer democrático y amoroso, comentó que a lo mejor consultaba en referendo ciudadano si el pueblo quería que se negara la renovación de la licencia de señal abierta a Radio Caracas Televisión. Ya no quiere acordarse—seguramente no quiere que se lo recuerden—y ha escogido comenzar el año 2007, aun antes de las restantes amenazas, con el anuncio de que el término de la concesión a Empresas 1BC es una decisión tomada. ¿Consultar? ¿Para qué?… De nuevo, pues, lo mismo. Primero una fachada democrática para asegurarse apoyo electoral; una vez obtenido éste, la exhibición de su real temperamento autocrático. (Pregunta al margen: ¿no se le ha ocurrido a ninguno de los dirigentes opositores—que ahora convocan, cada quien por su lado, marchas y concentraciones de todo género—tomarle la vieja palabra y probar la convocatoria de un referendo consultivo sobre la concesión de RCTV por iniciativa popular? Se trata de reunir tan sólo un millón setecientas mil firmas, bastante menos que las que se logró recoger cuando se quiso revocar el mandato presidencial hace tres años)”.
Ahora una cita más extensa del mismo número, para mostrar que el reto no se planteaba sólo para el caso RCTV, sino para el manojo de medidas de vocación totalitaria que Chávez anunció, como avasallante aplanadora, una vez que hubiera sido reelecto el pasado 3 de diciembre:
“El socialismo del siglo XXI es la renacionalización de la CANTV, la estatización de todo el suministro eléctrico, la privación de su autonomía al Banco Central de Venezuela, la desaparición de las alcaldías, la terminación de la licencia de RCTV, el control de las operadoras de la Faja Petrolífera del Orinoco, el nombramiento ministerial de su hermano para que instruya a nuestros hijos en la ideología revolucionaria y mucho, pero mucho, gasto público.
Pero estas medidas, expuestas con el mayor engreimiento, son en su concreción elementos de un programa de gobierno que pudo anunciar y no lo hizo, que pudo presentar en su campaña y no lo hizo. Y es que Chávez no hizo en realidad campaña, si es que por esto se entiende la exposición de un programa de gobierno para el que se busca apoyo o aquiescencia. Ninguno de esos elementos, que debieron ser explicados de antemano a los Electores, fue mostrado en modo alguno. El único mencionado, el cierre de Radio Caracas Televisión, iba a ser decidido por los mismos Electores en referendo consultivo.
No es cierto, pues, que siete millones de venezolanos votaran por esas medidas. No es verdad que los caraqueños preferimos a la Electricidad de Caracas roja rojita, en manos del Estado de Chávez. Es mentira que queremos que se despoje al BCV de su autonomía, facultad sugerida por la sabiduría política acumulada en centenares de años. No es cierto que optamos por federaciones de juntas comunales como sustitutos de los alcaldes. Cada una de estas cosas, que por tratarse de medidas específicas debieron constituir un programa de gobierno conocido por el enjambre ciudadano, fue ocultada adrede, porque Chávez sabía que si las notificaba los resultados electorales hubieran sido otros. En lugar de descubrirlas las escondió, y ahora decidirá como jeque omnímodo cada una de ellas por sí solo, puesto que los borregos de la Asamblea Nacional enajenarán su función propia en el Presidente de la República.
Una vez más, entonces, Hugo Chávez se burla de los Electores y pretende engañarlos. Mientras estuvo en campaña, se limitó a mencionar lo impreso en la etiqueta de un frasco que contenía un menjurje genérico e indefinido, la panacea incógnita del ‘socialismo del siglo XXI’. Desde lejos asomaba ocasionalmente el frasquito, como antes sacaba a cada instante de un bolsillo de sus trajes de marca el librito azul que ahora cree defectuoso. (Idéntico a Jaime Lusinchi, que fue elegido sin más explicación que la del nuevo ‘pacto social’). Pero nunca reveló, al escamotearlas deliberadamente, qué medidas se proponía instrumentar. Para ninguna de ellas tiene consentimiento electoral, ni siquiera para que pueda de nuevo legislar según su único entender. Y si no, que pruebe a consultarlas. Como Caldera en 1998, él tiene la facultad de llamar a un referendo consultivo, y nada impide que en un solo acto referendario se consulte más de una materia ‘de especial trascendencia nacional’. (Artículo 71 de la Constitución).
Pero claro, no está en la naturaleza de Chávez el procedimiento democrático. Lo de él es pantalla y decreto, así que ¿por qué no emprende la oposición la convocatoria de un amplio referendo por iniciativa popular? ¿Qué tal si el triunvirato Borges-Petkoff-Rosales que ha vuelto a reunirse pone orden nuevamente en la incipiente cacofonía opositora y se atreve, aunque sea esta vez, a una iniciativa política audaz, profunda, de aliento? ¿No y que somos cuatro millones de los que menos de la mitad tendría que firmar? ¿No es cierto que la mayoría de los venezolanos—Datanálisis dixit—no quiere ni dictadores ni ‘mares de la felicidad’? Ése es un referendo que pudiera muy bien ganarse para la democracia en Venezuela, que no es otra cosa que el respeto a la inteligencia de sus Electores”. (Fin de la cita).
Es decir, ya en enero suponía esta carta lo que luego las encuestadoras dirían: que más de un elector que votó por Chávez debía estar, si no arrepentido, al menos escarmentado, vista la abusiva prepotencia del Jefe del Estado. A veces el ojo clínico se adelanta al bioanálisis.
Si entonces, desde que el año arrancara, se hubieran esforzado las organizaciones opositoras en recabar las firmas necesarias, hoy pudiéramos estar contando otro cuento. En lugar de eso, para estos momentos La Electricidad de Caracas es del Estado, así como—mucho más peligrosamente—la CANTV y la frecuencia y los activos de la red transmisora de RCTV.
A la semana siguiente de que la proposición apareciera en el #221 de esta publicación, Carolina Jaimes Branger me invitó al programa que conducía—ya no lo hace—en RCR, justamente para discutir el asunto. Con no poco realismo, adelantó la duda de que fuera posible recabar un millón setecientas mil firmas para activar el referendo propuesto. Adujo, con no poca razón, que la asistencia a los actos convocados recientemente por la oposición había sido más bien magra, que muchos ciudadanos temerían a una nueva lista de Tascón, o carecerían de la fe necesaria en el Consejo Nacional Electoral. En ese punto repuse que las elecciones de las que veníamos habían comprobado que ya no existía tanta desconfianza en el CNE, vista la afluencia electoral (la abstención pasó de 75% a 25% en un año), que una cosa era convocar a una marcha genérica desde el inevitable Parque Cristal y otra muy distinta organizar una acción concreta para impedir los planes específicos del gobierno y que, por supuesto, la tarea tendría por delante muchos obstáculos y dificultades, pero que precisamente era la tarea política algo que los vencía y las superaba.
Ahora, entonces, viene Manuel Rosales, en ocurrencia repentina, a plantear una consulta tardía, ineficaz. Lo peor, le da tanta flojera el asunto que le propone al gobierno que sea él quien lo convoque. No puede haber mejor demostración de su incompetencia como estratega y como líder.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jun 7, 2007 | Notas, Política |

El desempeño reciente de los Estados Unidos en política exterior bajo el gobierno de George W. Bush—invasión de Irak, renuencia a la cooperación ecológica, Abu Dhabi y Guantánamo, el muro contra los mexicanos, la pretensión de inmunidad ante acusaciones de violación de derechos humanos en cortes internacionales—así como el crecimiento del poder ejecutivo sobre los ciudadanos norteamericanos, en medio de escándalos como los de Libby, Wolfowitz y Gonzales, han debilitado grandemente la autoridad moral norteamericana para hablar de ciertos temas.
La intervención de la secretaria de Estado Condoleezza Rice en la reciente sesión de la Organización de Estados Americanos fue ciertamente eficaz en términos retóricos, mas no en los prácticos. Sus dos referencias al tema de la concesión de RCTV fueron argumentalmente impecables, y su observación final, luego de la primera andanada del canciller Maduro, irrebatible: «En cualquier asunto, estoy segura de que será difícil para cualquier comisión debatir, investigar y criticar más las políticas de EE.UU., de lo que se hace cada noche en CNN, ABC, CBS, NBC y en varios canales estadounidenses más pequeños. Esto es democracia, que los ciudadanos de un país tengan la garantía de que las políticas de su gobierno pueden ser sometidas a la crítica de una prensa libre e independiente, sin interferencias del Gobierno. Los ciudadanos estadounidenses tienen esa garantía. Espero sinceramente que los venezolanos también la tengan».
En efecto, el espacio para la disención democrática en los Estados Unidos es amplio, y no se encuentra amenazado ni siquiera por el gobierno de Bush.
Pero Rice fracasó en su moción para que la OEA enviara observadores a Venezuela que dieran cuenta de la situación de la libertad de expresión en el país. Es la segunda vez que los Estados Unidos dejan de lograr una decisión del organismo en contra de políticas venezolanas, y se suma el último incidente a la derrota de su candidato a la Secretaría General de la OEA. Últimamente, pues, las cosas no le han ido bien al país norteño en el seno del organismo interamericano.
Es una lástima que de pie a Hugo Chávez para que restriegue sus heridas, y a Nicolás Maduro para decir algunas verdades, junto con las consabidas mentiras.
LEA
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Cilia quedó loca
En culminación de una semana de muy inteligentes acciones de protesta, la representación estudiantil que acudió a la Asamblea Nacional para expresar su rechazo al cierre de RCTV y repudiar las falsas acusaciones que algunos diputados—Luis Tascón, Desireé Santos Amaral e Iris Varela—les endilgaran, ejecutó brillantemente un ataque relámpago, para retirarse incólume, evadiendo el teatro que el oficialismo parlamentario quiso montar.
Cilia Flores, la Presidenta de la Asamblea Nacional, quedó balbuceante, pretendiendo establecer que la astuta táctica de los estudiantes sugería que sus recientes acciones formaban parte de un siniestro plan desestabilizador. Durante largos minutos repetía, agónicamente, la retórica pregunta «¿Cómo no pensar…»?
Lo que había que pensar, por supuesto, era la única contrarréplica que se le ha ocurrido al gobierno para defenderse de la admirable presión estudiantil: que son manejados desde los Estados Unidos para la ejecución de un «golpe blando». (Apunte de mi señora esposa: «El Sr. Chávez, que dijo al Senado brasileño que repetía como loro lo que piensa Washington, tiene la Asamblea Nacional repleta de sus propios loros»).
Mejor papel que Flores—a quien convendrían cursos de castellano, razonamiento y oratoria—hicieron los estudiantes que apoyaban al gobierno. Hablaron mejor que la Presidenta de la Asamblea Nacional.
Naturalmente, no dejaron de exponer sus prefabricados lemas: «Tenemos un solo proyecto de país, tenemos una forma de ver este país y tenemos un solo líder que es el presidente Chávez». Admitida la culpa: líder, partido y pensamiento únicos.
Seguramente irritó sobremanera a Cilia Flores que los estudiantes en protesta no se prestaran al circo que tenía montado, que dieran un rotundo mentís a la interesada y falsa especie de que forman parte de una conspiración inconfesable. Sobre todo ha debido arderle que, en gesto elocuentísimo, los representantes estudiantiles que asistieron con franelas de color rojo rojito se las quitaran ante las cámaras de una cadena nacional de radio y televisión que ella misma gestionó, luego de decir: «No queremos estar uniformados».
La furia del líder único de la única revolución debe haber llegado a extremos indecibles. Primero el ministro Willian Lara le pone en ridículo con el anális semiológico de Globovisión, y ahora Cilia Flores se deja derrotar por unos imberbes.
Allí quedan las palabras de Douglas Barrios: «Los estudiantes no somos socialistas, somos seres sociales. No somos neoliberales, somos libres. No somos oposición, tenemos proposición. Soñamos con un país donde podamos ser tomados en cuenta sin tener que estar uniformados. Sin más nada que decir nos retiramos ¡Por ahora!»
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Jun 5, 2007 | Fichas, Política |

LEA, por favor
El 6 de febrero del año 2006, lunes, asistía el suscrito a la reunión habitual de un grupo de caraqueños, que se reunía periódicamente para comentar el acontecer nacional y escuchar exposiciones de personas con autoridad en algún tema. En esta ocasión dispondría de veinte minutos para exponer, al igual que otro habitué del grupo, que explicaría sus ideas sobre la situación del país. Esa persona está identificada en el texto reproducido—en esta Ficha Semanal #146 de doctorpolítico, que contiene mi exposición de ese día—con las letras YYY. Las letras XXX representan al anfitrión y director del grupo.
Para esa sesión y, como explico en el texto, por primera vez desde que asistía a las tertulias del grupo, escribí unas palabras que leí en ella. Iban dirigidas principalmente a rechazar, por falaz y contraproducente, la tesis de que el 4 de diciembre de 2005, cuando se eligió la actual Asamblea Nacional sin participación de los partidos de la oposición, el pueblo venezolano habría hablado claramente—mediante su abstención electoral (75%)—y emitido dieciséis mandatos específicos. Es como mucho poner en boca de quien calla.
El líder más notorio entre los que encabezaban un tal «Movimiento 4D», el grupo que articuló tan peregrina interpretación, era Marcel Granier. (A raíz del cierre de RCTV, hay quienes han querido identificar en él al arquetipo de líder salvador. Así, por ejemplo, se guinda Antonio Sánchez García en artículo publicado en Venezuela Analítica, y en el que, luego de hacer disquisiciones sobre conceptos de su tocayo Antonio Gramsci—en coincidencia citatoria con Chávez—, advierte a éste: «Lo peor es que le queda clavada una espina: Marcel Granier. Quien ayer nació a la nueva historia venezolana como el líder que el momento demanda: de un temple, una cultura y un equilibrio emocional digno de grandes circunstancias históricas. Hemos perdido ‘por ahora’ un canal. Hemos ganado un estadista». Sánchez García fue asimismo figura descollante del abortado «Movimiento 4D»).
Detrás de tal pretensión actuaba el error de creer que aquel día de comicios se había producido la deslegitimación del régimen. Así habían llegado a creerla importantes líderes políticos y empresariales, y así querían hacerle propaganda. La lectura de mi texto permitirá notar que la decisión que tenía era la de alertar a ciudadanos influyentes e interesados en la buena salud de la Nación, porque desde esas creencias nos encaminaríamos hacia un nuevo fracaso político, uno que traería muy graves consecuencias. Al hacerlo, reivindicaba «[p]recisamente porque nos parece de la mayor importancia política salir de Chávez, es por lo que nos desespera ver la reiteración suicida de una ceguera estratégica que no tiene precedentes en nuestro país».
Si no fui escuchado totalmente, al menos creo haber desinflado algo las posibilidades prácticas de la interpretación del mandato múltiple del 4D. (En la versión reproducida aquí he sustituido, admito, un sustantivo y un adjetivo por otros menos fuertes). Pero, si ese error no se siguió cometiendo, sí se incurrió en otros, como la candidatura de Manuel Rosales, que no ganó ni en el Zulia. Así tenemos un presidente reelecto y cada vez más avasallante, más desafiante. Ha llegado a lograr hasta una rápida rectificación de Benedicto XVI, cosa que no lograron los musulmanes. (Por supuesto, lo que el Papa no ha recogido permanece dicho, y en esto resalta su aviso sobre autoritarismos).
Quienes creemos que Chávez es muy inconveniente para el país hemos tenido pocos y fugaces momentos de satisfacción. En contraste, hemos sufrido pérdidas muy numerosas y profundas. La última es la clausura de Radio Caracas Televisión. Debemos estar haciendo cosas muy equivocadas, vistos los resultados.
LEA
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Advertencia airada
La importancia de los temas fijados por XXX para esta sesión, así como la importancia propia del actual momento político nacional, me han inducido, por primera vez desde que asisto a esta peña, a preparar de antemano mi contribución de hoy. La traigo acá en el ánimo de una regla admirable de Paul Ricoeur, el extraordinario y profundo filósofo fallecido el año pasado. Dijo Ricoeur: “Para ser uno mismo, dialogar con los otros; para dialogar con los otros, ser uno mismo”.
Lo primero que quiero asentar acá es que no creo que haya esta tarde en este sitio alguna persona que haya expresado, de manera más drástica, directa y longeva que yo, el rechazo a la figura del actual Presidente de la República y la política que nos ha traído. Desde un artículo de prensa en el mismo mes de febrero de 1992, en el que expresé mi opinión, que permanece invariable, de que la asonada del 4 de febrero de ese año era un abuso inexcusable, por cuanto el derecho de rebelión no reside en un grupo o minoría cualquiera, no reside en Fedecámaras, no reside en la CTV, ni en la Iglesia Católica, ni en el Bloque de Prensa, ni en ninguna organización por más meritoria y elogiable que haya podido ser su trayectoria, y ciertamente no residía ese derecho en una logia de militares que juraran prepotencias solemnes ante los restos de un decrépito samán. El sujeto del derecho de rebelión no es otro que una mayoría de la comunidad, y cualquier grupo que se lo arrogue sin autorización de esa mayoría es claramente un usurpador.
Como he sentido la malignidad cancerosa del proceso Chávez desde su primera emergencia con toda claridad, no he dejado de rechazarlo y combatirlo con los recursos de los que dispongo desde ese momento. La enumeración de las instancias en las que he hecho esto sería un uso indebido del tiempo que tengo ahora, pero señalaré que en esa larga secuencia fui la primera persona que comparó públicamente a Chávez con Hitler, en octubre de 1998, durante la recta final de la campaña presidencial de ese año. Poco antes, por otra parte, había dicho personalmente al propio Chávez sobre su abuso de 1992 y que no debía seguir glorificando esa fecha que celebró otra vez el sábado pasado. Ya electo, en un acto público, y separado de su persona por unos dos metros, interrumpí su discurso para decir, en voz tan alta como para que los circunstantes escucharan perfectamente, que él estaba completamente equivocado en su concepto constituyente.
Hago esta salvedad porque es experiencia repetida que quienes difieren de ciertas interpretaciones estándar, que quienes se atreven a criticar a la conducción ostensible del proceso opositor son tenidos por poco menos que traidores, y en el mejor de los casos por ingenuos comeflores que no han entendido la dimensión del monstruo que nos domina desde Miraflores.
Pero no, no estamos engañados, ni le hacemos el juego al régimen con nuestra divergencia. Precisamente porque nos parece de la mayor importancia política salir de Chávez, es por lo que nos desespera ver la reiteración suicida de una ceguera estratégica que no tiene precedentes en nuestro país. Es una postura que se asienta sobre espejismos, que proyecta en la mayoría de la nación, injustificadamente, sus propias y equivocadas lecturas acerca de la realidad. La preponderancia de esa manera de ver las cosas, precisamente, imposibilita el diseño y ejecución de una estrategia correcta, y por esto hemos asistido, una y otra vez, a una sucesión de derrotas lamentables. Es porque no queremos ser derrotados una vez más por lo que nos angustiamos y hablamos.
En el mundo ha habido totalitarismos terribles, como los descritos por Luis Enrique Oberto o Hannah Arendt. Stalin, Mao, Hitler, Castro, son las formas más virulentas de la historia reciente. Pero por más que Chávez se enfila en la dirección del totalitarismo, y confirma ese rumbo con su incesante desafío oral, sería un grandísimo error, un error de bulto, afirmar que Venezuela está ahora en las condiciones de Rusia en 1925, o Alemania de 1939, o China de 1964, o Cuba de ese mismo año. En siete años de gobierno ya Fidel Castro había despachado con el fusilamiento a centenares de contrarrevolucionarios, y no había dejado empresa privada viva en Cuba, ni permitía aunque fuese un solo medio de comunicación independiente.
Las más de las veces, sin embargo, las lecturas defectuosas, distorsionadas, inexactas, tienen que ver con la equivocada noción de que los opositores a Chávez somos mayoría, y que sólo basta coordinarla y dirigirla bien para crear una condición que desencadene la caída del gobierno. Por poner un ejemplo, nuestro apreciado coexpositor YYY, escribió la semana pasada en El Universal un artículo en el que proponía un referendo organizado por Súmate para que digamos si queremos ir a elecciones en las condiciones actuales, y vislumbra que millones de venezolanos diríamos no y causaríamos un efecto “demoledor”, para usar su adjetivo. En mi criterio ese panorama no es sino una ilusión. En el momento de mayor efervescencia opositora, cuando la fe fue puesta sobre un referendo revocatorio convocado por iniciativa popular, Súmate nos dijo que la recolección de firmas había alcanzado la cifra de 3 millones 700 mil. Realmente veo muy cuesta arriba que con los recientes desempeños opositores, con la abstención que refleja una desilusión y una falta de fe, pueda siquiera alcanzarse ese número, y entonces lo que YYY quiere obtener no se lograría, sino todo lo contrario. Se haría un esfuerzo para demostrar fehacientemente que somos minoría.
Pero creo que es un ejemplo aún más emblemático y sintomático de la ceguera estratégica reiterada, de una renuencia a aceptar que la dirigencia opositora se ha equivocado sistemáticamente, un manifiesto que circula ahora por la red, y que obtuve por gentileza de ZZZ. Me refiero a un manifiesto a cuyo pie se han colocado las firmas de una veintena de nombres muy destacados e ilustres, a quienes no nombraré para tratar de ser lo más clínico posible y también porque en esa lista están los nombres de algunos muy queridos amigos y los de otros que sin serlo son objeto de mi admiración.
El manifiesto lleva por título: El 4 de diciembre, un mandato del pueblo a la nación. Dicho sea de paso el título es algo autista y redundante. El DRAE define nación como el conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno. Es decir, el pueblo estaría, en opinión del redactor, dándose órdenes a sí mismo.
De resto, el texto se compone de un conjunto de aseveraciones tajantes, que aseguran alegremente que el 4 de diciembre quienes nos abstuvimos de votar emitimos una serie de mandatos explícitos y específicos. Por ejemplo, dice el texto que
El 4-D el pueblo venezolano manifestó su voluntad de progresar y prosperar de manera sustentable, con igualdad de oportunidades para todos; así como superarse y ser dueño de su destino.
El 4-D el pueblo venezolano formuló su deseo de contar con una Fuerza Armada que garantice la independencia, la soberanía y la integridad del territorio nacional.
El 4-D el pueblo venezolano exigió el rescate de la Industria Petrolera para que se sitúe, nuevamente, entre las más poderosas, eficientes y productivas empresas del mundo.
El 4-D el pueblo venezolano invocó el cumplimiento de la cláusula federal y redimir las reformas políticas dirigidas a la descentralización y la paulatina desconcentración del poder político, como fórmulas de control social y garantía de libertad.
Etcétera. No pienso referir acá cada uno de los dieciséis mandatos concretos que los firmantes del manifiesto aseguran que se expresaron inequívocamente el pasado 4 de diciembre. Al ver algunos de los nombres uno puede pensar que unos pocos creen realmente que la cosa es así: se han convencido de que 75% de los electores venezolanos ha alcanzado esa especificidad y esa unanimidad. Otros, y al menos sabemos de un caso directamente, prestaron sus nombres sin saber cuál sería la redacción final, honrados de acompañar tanto nombre notable. Pero otros saben perfectamente que la retórica que mostré en unos pocos ejemplos es falsa y manipuladora. Nadie puede afirmar responsablemente las cosas que contiene ese manifiesto.
Entonces preocupa grandemente que nuevamente se proponga a la opinión pública, a esa entelequia a nombre de la que muchos pretenden hablar y llaman “la sociedad civil”, una interpretación de la realidad completamente falseada que impedirá la formulación y puesta en práctica de una estrategia verdaderamente eficaz. El manifiesto al que aludo es ya una desesperante repetición de lo que no ha funcionado hasta ahora. Es de nuevo la letanía acusadora de Chávez, en una práctica que se limita a eso, a la acusación, sin alcanzar jamás el nivel urgentemente requerido de la refutación de Chávez.
Preocupan estas cosas porque los nombres firmantes son los de personas de poder e influencia, que pueden determinar la postura de los imprescindibles asignadores de recursos financieros y de espacios de comunicación en este año que quiérase o no, será un año electoral. La ceguera continúa. Uno de los firmantes me decía en 1998: “A mí no me importa si Salas Römer tiene o no la razón; si está equivocado o no; a mí lo que me interesa es que es el único que puede derrotar a Chávez, y por esto lo voy a apoyar, diga lo que diga”. Salas Römer había dicho que la constituyente era “un engaño y una cobardía”, y así se alineó en contra de la mayoría nacional que quería una constituyente y, por supuesto, perdió. La insensatez es una cizaña de difícil extirpación.
Así que ahora, como se van conformando las cosas, de no producirse una toma de conciencia, una iluminación repentina, ocurrirá otra vez que prevalecerá la insensatez política y Chávez será reelecto en diciembre de 2006, mientras los que hayan predicado abstenerse, retirarse, abandonar el campo al enemigo, pretenderán que son triunfadores, que Chávez habrá sido deslegitimado, como la Asamblea Nacional, y que hemos emitido un nuevo mandato del pueblo a la nación.
Encontrar una estrategia verdaderamente eficaz requiere un valor poco común entre los hombres: el necesario para abandonar tercas percepciones equivocadas, el reconocer que se ha errado. Es verdad que el 4 de diciembre se pudo ver una debilidad en el régimen, y por esto es posible intentar una aventura electoral con alguna esperanza razonable de triunfo. Pero, por un lado, la oposición institucionalizada en los partidos, que se retiraron porque sabían que no podían ganar ni que Teresa de Calcuta presidiera el CNE, mostró aún más debilidad que la aparente en el gobierno; por otra parte, no es en las direcciones que ahora parecen cundir en buena parte de la conciencia opositora por donde se encontrará la salida. La mentira no se combate con otra mentira de mole equivalente; la mentira sólo se vence con la verdad.
Gracias.
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | May 31, 2007 | LEA, Política |

Las peregrinas e ineptas acusaciones de Willian Lara contra Globovisión, que deducen absurdamente pretendidos mensajes subliminales magnicidas, llaman profundamente a la preocupación. (La vistosa teoría de la eficacia de la «propaganda subliminal» está hoy grandemente desacreditada entre los entendidos en comunicación social). El ministro Lara, quien debiera auspiciar una ley que, como otrora, lleve su apellido, sabe perfectamente que está diciendo tonterías totalmente haladas por los pelos. (Su puntilloso verbo preferiría la elegante fórmula de «traídas por los cabellos»). No se necesita ser semiólogo para entender las señales: el gobierno está dispuesto a montar nuevas arbitrariedades sobre la más delgada de las falacias o la más inverosímil de las patrañas.
Esto es muy mal signo. Cuando el ministro Lara «informa» que ha consultado especialistas en semiótica—incluyendo «dos independientes», con lo que de paso confiesa impensadamente que los restantes no lo son—y expone su estrafalario teorema, nos indica que le importa un rábano si le creemos o no, si la comunidad internacional le cree o no. A fin de cuentas, ya el Presidente de la República ha aplicado varias veces el remedio: la retirada y el aislamiento. Retirado de su propio golpe de Estado el 4 de febrero de 1992, retirado de su cargo diez años más tarde un 11 de abril, retirado de la Comunidad Andina de Naciones, retirado del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se retirará, como ha anticipado, de la Organización de Estados Americanos y, si lo considera necesario, del Mercosur. Su modelo es Castro, que ha preferido el autismo para Cuba.
Pero también es grandemente preocupante la sintomatología—o más propiamente, la semiología (médica)—de Hugo Chávez, manifestada en su atropellado y, poco característicamente, breve discurso de anteayer.
Las imágenes que empleó fueron casi todas proyecciones. (El segundo estadio de los mecanismos freudianos de defensa es la proyección en terceros de nuestras propias culpas). Así acusó a los directivos de RCTV de «manipular sentimientos», al poner «fascistamente» a llorar empleados desolados por la muerte de su sitio de trabajo. Hay que tener tupé. Si alguien manipula constantemente sentimientos, con populista y demagógica y ramplona sensiblería, ése es Hugo Chávez.
Pero también empleó el más primitivo mecanismo de defensa: el de la negación. El de la infantil negativa a ver la realidad. Es inocultable el casi unánime chaparrón de repudios internacionales a su arbitraria, rencorosa y personal decisión de cerrar la señal de RCTV, pero el presidente Chávez ha optado, una vez más, por el desprecio y la burla a periodistas y actores, a estudiantes, a naciones y órganos internacionales, a quien exprese su repudio ante el abuso que ha dirigido.
Incluso entre quienes apoyan sus más generales políticas hay quienes rechacen el cierre de RCTV. Mercedes Arancibia, portavoz de Reporteros Sin Fronteras en España, habitual admiradora de Chávez, ha dicho: «A lo mejor uno puede estar de acuerdo en líneas generales con Chávez, lo que no puede es consentirle este tipo de actuaciones». En entrevista que concediera a la Deutsche Welle, Arancibia comentó: «Vale que se cree autosuficiente, vale que está convencido de que la aceptación que recibe por su política social le autoriza a hacer cualquier cosa… Vale todo eso, pero el eco internacional que ha tenido esta última medida, probablemente, espero, le hará reflexionar. Por la resonancia que ha tenido el caso RCTV, se puede decir que Hugo Chávez ha dado un patinazo internacional».
Hasta ahora, nada le ha puesto a dar su brazo a torcer. Contesta con amenazas, admite el falaz conteo del espadachín Barreto—que los estudiantes que protestan son muy pocos comparados con la población estudiantil, sin mencionar, por supuesto, que los que han salido a defender la expropiación y la extinción de RCTV son escasísimos—, se burla desconsideradamente de los empleados que él mismo dejó cesantes.
Está más peligroso que nunca, pues se comporta como fiera herida y acorralada. Como más de un autócrata, se conforta con el espejo falso que le ponen enfrente sus más obsecuentes colaboradores. Por eso ha aceptado como veraz la alucinación de su ministro Lara. Por eso le cree a Barreto y a Carreño.
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