por Luis Enrique Alcalá | May 31, 2007 | Cartas, Política |

Caracas, 30 de mayo de 2007
Al Ciudadano
Willian Lara
Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información
República Bolivariana de Venezuela
Su Despacho
Estimado Sr. Ministro: ocurro a Ud. en acatamiento de las precisas instrucciones giradas por el Único Líder en el día de ayer, 29 de los corrientes, atinentes a la vigilancia extrema que el pueblo de Venezuela debe ejercer para impedir la conspiración en marcha—gringa, mediática y vendepatria—en contra de la revolución socialista.
Debo asentar placentera y agradecidamente, también, que estas líneas están inspiradas por su soberbia actuación de anteayer, cuando develó valiente y astutamente la incitación al magnicidio de la augusta persona presidencial. En efecto, tal y como lo establecieran los especialistas por Ud. consultados—es comprensible que Ud. no los identifique, sobre todo si son cubanos, para protegerlos de la ira del cubanófobo Sr. Alberto Federico Ravell—el análisis semiótico indica a las laras—perdón por el gazapo, quise decir “a las claras”—que se pretendió identificar la figura del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela con la del fallecido papa Juan Pablo II, en momentos cuando caía herido por las balas del pistolero turco Mehmet Ali Agca. (Como se sabe, Turquía está empeñada en ingresar a la Unión Europea, uno de los bastiones de la globalización).
La comparación es, por decir lo menos, enojosamente injusta y definitivamente tendenciosa. Juan Pablo II, una vez recuperado, fue hasta la prisión en la que se encontraba confinado su agresor para visitarle y entregarle su perdón. Ésta es una actitud blandengue que jamás correspondería a la señera implacabilidad revolucionaria de nuestro Único Líder. Es sabido que Hugo Chávez jamás incurriría en el sentimentalismo liberaloide que le llevaría a perdonar un enemigo. El Presidente es cristiano, pero sin exagerar.
Aleccionado, pues, por el inmarcesible ejemplo de su develación de tan criminales intenciones, y las de la cadena internacional de noticias CNN (Cable News Network) con sede en Atlanta—hogar de los Bravos, lo que en sí es una incitación al odio—decidí poner mi atención sobre las más recientes transmisiones de esta última.
Explico esta selectiva decisión. CNN es más poderosa que Globovisión. Es al gigante, y no al pigmeo, al que hay que vencer. Por otra parte, ya sobre Globovisión se ciernen, por expresas y públicas instrucciones del Único Líder en el día de ayer, sus fuerzas, Sr. Ministro, y las del ministro Chacón, así como las del ministro Carreño, las de CONATEL y las de los especialistas en semiótica que a Ud. digna y desinteresadamente sirven. Con esta callapa debiera ser suficiente para obliterar la insolente realenguería del canal de La Florida.
Por consiguiente, he concentrado mi atención sobre el material de CNN después que Ud. lograra escarmentarlos con su diligente y atinada demanda judicial. Debo informarle que el miedo ha hecho que esta cadena capitalista—¡Abajo cadenas!—se haya vuelto aun más subliminal que lo que fuera antes de su justiciera intervención. Paso a referir mi análisis parcial y provisional.
………
Por ahora reportaré los hallazgos semióticos—semiológicos, semánticos, sintácticos, hermenéuticos, heurísticos, logísticos y materialistas históricos—en el análisis científico socialista y revolucionario de un reportaje del periodista Harris Whitbeck, a sueldo de CNN, del 28 de mayo. (Es decir, desafiantemente, de anteayer, el día mismo del anuncio de su oportuno y salvador descubrimiento).
Se trata de una pieza audiovisual (video.ws 17-44-45) colocado en el sitio web de CNN—donde el archivo ocupa 11,1 megabytes de espacio informático—que reporta las protestas mercenarias de presuntos estudiantes contra la sabia decisión de no renovar la licencia de televisión abierta a las Empresas 1BC. El contenido de la pieza misma es el esperable. Una crítica despiadada a la medida libertaria de poner la frecuencia VHF del canal 2 y los activos de RCTV a disposición de nuestros gloriosos militares para uso exclusivo del nuevo canal-esperanza del pueblo: TVes.
Pero es lo periférico, lo subliminal, lo que es realmente ominoso y traicionero. De no habernos enseñado Ud. a leer entre líneas, a hurgar el trasfondo de los significantes y los significados, los venezolanos, como el mundo entero, seríamos fácil presa de la perfidia mediática, que una vez más, se ensaña contra nuestro Querido Único Líder.
Para empezar, la observación del video en cuestión en un computador requiere el empleo del programa Windows Media Player que, no ignoramos, pertenece al capitalista salvaje Guillermo Portones. (William Gates, mejor conocido como Bill). Es decir, que la posibilidad misma de observar la infamia exige nuestra inmersión en el fango liberal. (Era a esto que aludía hace poco Manuel Rosales, cuando prescribía como carta indispensable a los líderes de su movimiento que se llenaran los zapatos de barro).
Esto no es sino el comienzo. Acompañando al material pretendidamente noticioso se adosa al mismo un conjunto de piezas publicitarias a cual más aberrante y violenta, en clara instigación a la sedición y el ataque contra el gobierno dirigido por nuestro Líder Único Socialista Bolivariano en lucha. Veamos.
La primera de las piezas adosadas—inescapables para el vidente, esclavizado y degradado así por Ted Turner y Bill Gates actuando de consuno—es la más burda de las falsificaciones e incitaciones. Se trata de un aviso de CNN Traveler—The magazine for people going places—, ostensiblemente una revista de viajes. Pero la publicidad exhibe la portada de uno de sus números con la fotografía de un grupo de guerreros africanos ágrafos—probablemente bantúes u hotentotes—en primitivos y escasos trajes de combate, y el lema “Cara a la Fe”, con el que se reincide en la asociación con el papa Juan Pablo II y se establece la conexión semiótica fundamental, que es reforzada con el título de otro artículo de la edición: “Bosques de la noche”. (Es decir, del oscurantismo). En subliminales fracciones de segundo la imagen cambia para dar paso a un texto que reza: “Llevándole en un viaje visual a los más vibrantes lugares de la tierra”, con lo que laramente—perdón, claramente—se pretende sugerir la falsedad de que Venezuela es un país vibrante, esto es, un país agitado, exacerbado. Y, de inmediato, la puntilla con la consigna “Suscríbete”, que no puede ser interpretada sino como acto de proselitismo puro.
Una segunda pieza publicitaria que acompaña a la deformada noticia—ya nuestro LU (¡líder único, líder único!) advirtió: “Algunos dicen ser estudiantes. Vamos a creer que son estudiantes”—es más siniestra. En este caso, sobre sugerente fondo negro, se promociona “Las historias no contadas del mundo”, y se les define como “Una comprensión intuitiva de lugares rara vez captados por la cámara”, con lo que evidentemente se encadena esta nueva pieza con el tema de los lugares de CNN Traveler establecido en la publicidad precedente. A continuación, se atreve esta pieza subversiva a su invitación central: “Sea testigo de verdaderas historias de heroísmo, dedicación y determinación frente a los retos más acuciantes del mundo”. Lemas subalternos indican que se referirán a “tragedias humanas”. Para colmo, indica la promoción que Michael Holmes, a sueldo de CNN, presentará el capítulo “En asignación: Mes del desorden destructor”, y reiteran que este programa será aireado todas las semanas. (Reincidencia. Instigación en grado de continuidad).
Un tercer boicot reaccionario está presente en una pieza patrocinada por la petrolera Chevron, en altanera retaliación por la revolucionaria toma de la Faja Petrolífera del Orinoco. La aviesa compañía, cuyo lema es Human Energy—propugnando así el empleo de seres humanos como bestias de tiro—insinúa sibilinamente que la demanda de energía en el mundo se duplicará en los próximos cincuenta años. Establecido este peligroso y falso dato, procede a preguntar capciosamente: “¿Dónde conseguirla?” Para añadir el insulto a la afrenta sugiere la respuesta mediante una “rueda de la fortuna” que gira dejando ver coloridos sectores en los que se lee “diesel”, “hidrógeno”, “soya” y un signo de interrogación sobre el que, finalmente y sembrando incertidumbre, se detiene. La pieza cierra con una nada velada invitación a “descubrir, discutir, debatir”, consignas que aspiran a minar el pensamiento único del partido único de la revolución única, en cuyo seno por principio no se discute. Las insinuaciones de la pieza de Chevron no sólo son una falta de respeto a la línea contraria a los combustibles de origen botánico, expuesta en recientes artículos de nuestro Líder Emérito, el comandante Fidel Castro, sino que mediante su asociación semiótico-semiológico-semántica con un juego de azar lucrativo pervierten el espíritu socialista y son una obvia referencia al programa “¿Quién quiere ser millonario?”, de la extinta RCTV. (Se me ha ofrecido el dato—también, y siguiendo su ejemplo, he consultado especialistas, aunque no pude conseguir, como Ud., independientes—de que, en ignominioso desprecio de nuestra nacionalidad, Chevron planeaba bautizar a una compañía suya, que pretendía desangrar la faja petrolífera de nuestro río padre, con el nombre de Orinoco, siglas que corresponderían a la denominación comercial Orina Oil Company).
¿Creerá Ud. que eso es todo? No, Sr. Ministro; la maldad capitalista todavía dispara un proyectil más insidioso y letal. La cuarta pieza de publicidad-adosada (inescapable) es en apariencia un aviso de Clarion—un fabricante de sistemas de audio especializado en consumistas equipos para uso en automóviles (ser rico es malo)—con el lema “Me siento tan bien…” y un título central: “Sitio de campaña de Clarion-Jamiroquai”.
La asociación política de la palabra campaña es obvia. Menos lo es el sentido de la campaña misma. Por un lado, “clarion” equivale a nuestro clarín. (Definido en inglés: “Una aguda trompeta de guerra de tubo estrecho”). ¿Puede caber alguna duda de que esto es una invitación a la estrechez de una rebelión militar en nuestro país y a la guerra de los Estados Unidos contra Venezuela para “sentirse bien”?
La clave final se encuentra en el vocablo morfémico-semiótico “Jamiroquai”. Más allá de la evocación de “iro” – “ira”, debe entenderse que estamos ante un término compuesto. Sus componentes son “jam”, e “iroquai”. El término “jam” es polisémico en el idioma inglés. Entre sus significados están: “comprimir o empacar algo apretadamente en un espacio especificado”; “empujar algo brusca y forzadamente en una posición o espacio”; “apiñarse sobre una carretera para bloquearla”; “causar que las líneas telefónicas estén continuamente ocupadas con un gran número de llamadas”; “hacer imposible el movimiento al atascarlo”; “hacer ininteligible una transmisión de radio al causar interferencia”. He allí, en la riqueza semántica de “jam”—que también puede designar a un tipo de jalea o mermelada—un completísimo programa subversivo, que impulsa a la construcción de barricadas y al congestionamiento del espectro radiotelefónico-semiótico, con las incesantes llamadas de preocupados padres por la suerte de sus irresponsables hijos, dizque estudiantes, cuando tratan de ubicarlos frente a VTV, CONATEL o en la Plaza Brión, adonde se han dirigido para colocar obscenas pintas en las paredes y derrumbar estatuas de Colón. (Perdone el nuevo error: me refería a la estatua de José Martí).
Pero no está dicho todo: “jam” significa asimismo, sobre todo cuando se emplea la palabra en la expresión “jam session”, una reunión informal de músicos para improvisar, especialmente en jazz o blues. (También en rock: piedra, como las que llueven sobre nuestros heroicos y desprotegidos agentes de la Policía Metropolitana o efectivos de la Guardia Nacional). El tiro de gracia viene dado por el añadido del componente “iroquai”, que alude vagamente a la agresiva tribu norteamericana de los iroqueses, prefiguración de lo que luego sería el imperialismo yanqui. Y es que la conjunción de “jam” e “iroquai” en el nombre “Jamiroquai” designa, oiga Ud. bien, Sr. Ministro, ¡a una banda inglesa de jazz ácido! Dígame Ud. si esto no es una flagrante incitación a echar ácido en el rostro imperecedero de nuestro AUP. (No Arturo Úslar Pietri, de cuya obra recuerda con gran cariño nuestro Amado Único Presidente, con extraordinaria memoria, sobre todo una palabra de toda su obra pedagógica, la que denota al pelo “que nace en el pubis y en las ingles”. DRAE). Por si fuera poco, la banda en cuestión, que más que musical es terrorista, inició sus actividades proselitistas en 1992, el año procero de la gesta heroica que celebramos patrióticamente cada 4 de febrero.
No puede quedar duda, pues, de que la cadena CNN está metida hasta el cuello en una conspiración de largo alcance, quizás iniciada tan temprano como 1992, que persigue dar al traste con la revolución bonita. En corroboración de esta presunción puede apuntarse que una hipótesis lingüística hace descender el vocablo “jam”—en su sentido musical—de la lengua Wolof que, como Ud. sabe, es hablada únicamente en el África occidental. (Gambia, Mauritania y Senegal). Este dato confirma que los guerreros africanos exhibidos en la portada de CNN Traveler descrita al comienzo son una clave semiológico-semiótica-semántica, que contribuye a la conformación del rico—es malo serlo—mensaje golpista y magnicida.
He querido, Sr. Ministro, alertar, a través de su digno oficio, a los órganos de seguridad del Estado venezolano sobre la confirmación de lo que Ud. había ya barruntado con astucia y singular penetración. Pongo a su disposición, Sr. Ministro, y a la de los especialistas por Ud. consultados—incluyendo los dos independientes que Ud. también contactó—el archivo audiovisual objeto del análisis precedente y mis profusas notas técnicas, asentadas metódica y pacientemente a mano en un cuaderno salido de las prensas endógenas e indígenas de alguna cooperativa cuyo meritorio nombre olvido ahora culposamente. Así podrán ellos, en el sigiloso anonimato revolucionario, reconstruir los pasos de mi análisis y, de resultar, como estoy seguro que ocurrirá, que mi estudio ha puesto de manifiesto la horrible intención del dueño de CNN y los Bravos de Atlanta, podrá Ud. hacer una nueva solicitud a la Fiscalía General de la República para que siga causa penal contra la infame cadena, ante los tribunales de la República y la Corte Interamericana de los Derechos Humanos.
Con mi mayor admiración quedo de Ud., Sr. Ministro, y con las inolvidables palabras del diputado Saúl Ortega,
Patria, Socialismo y/o Muerte
Mercedes Frías
………
P. S. del 31 de mayo de 2007
Admirado Sr. Ministro: la extensión de la venenosa campaña de CNN contra nuestro Líder Único parece mucho mayor de lo que supuse en un principio. Prosiguiendo en mis estudios he hallado ahora que exactamente el mismo grupo de piezas publicitarias que acompañan, inescapables, las calumnias del Sr. Harris Whitbeck, adorna igual y absolutamente todos—extrapolo—los videos de cada noticia publicada en el sitio web de la cadena. El daño semiótico es incalculable.
Hasta ahora he podido comprobar que las piezas relativas a CNN Traveler, Chevron, “Las historias no contadas del mundo” y Clarion acompañan a:
1. La noticia sobre un pasajero con tuberculosis, embarcado originalmente en Atlanta hacia París—la que en sí misma es prueba de guerra bacteriológica desde la ciudad sede de CNN—y que deberá sufrir cuarentena. (El número cuarenta es una infeliz alusión a los ladrones denunciados por Sherezada ante el Emir de los Creyentes).
2. Un reportaje sobre la fuerza destructora de un huracán. ¿Podemos ignorar las fáciles y tendenciosas asociaciones que conducen a la irreverente expresión “el Huracán Hugo”?
3. Una nota sobre la inclemente caída de granizo en Denver. En este caso se pretende transformar las escasas lloviznas que han debido soportar los revoltosos opositores golpistas juveniles presuntamente estudiantes, en una imagen denver-gadura destructiva, para ocultar el verdadero significado semiótico-meteorológico de nuestro reciente clima: que se trata de, como recogiera Nuestro Amado Líder, que son los escuálidos que lloran.
4. La reseña de una señora muerta en Nueva Zelanda. La dama en cuestión empleaba una bomba eléctrica de oxígeno, que dejó de funcionar cuando fuese cortada la luz a su vivienda por falta de pago. Hasta las cercanías de Australia llega la cizaña que pretende oponerse a la valerosa nacionalización de La Electricidad de Caracas.
Lo más tramposo de todo es que todas las piezas publicitarias acompañan inescapablemente a una noticia sobre la designación del Sr. Robert Zoellick como próximo Presidente del Banco Mundial por parte del demonio mismo, el Sr. George W. Bush. Aquí busca CNN confundir nuestras pesquisas, con la pretensión de hacernos creer que también propician el magnicidio en contra de Bush, en postiza y engañosa pose de anarquistas contrarios a todo gobierno.
PS y/o M
MF
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P. S. 2 del 31 de mayo de 2007
Admirado Sr. Ministro: la infame cadena CNN, no contenta con el cúmulo de criminales incitaciones que he descubierto en celoso seguimiento de los métodos de Ud., ha colocado una manipulada encuesta—QuickVote—en su sitio web, en la que pregunta: “¿Ha sido dañada la democracia venezolana por la decisión del gobierno de cerrar una estación privada de televisión?” (La construcción de la pregunta ya es deforme: todo el mundo sabe que no se ha cerrado nada).
Vea Ud. las cifras adulteradas que aparecen en el sitio referido:
30 de mayo – 4:07 p. m. (Note Ud. el irrespetuoso uso de las siglas de la Policía Metropolitana, infiriendo capiti diminutio al escribirlas en minúsculas).
Sí: 5.412 votos (93%)
No: 389 votos (7%)
Total: 5.412 votos
30 de mayo – 4:59 p. m.
Sí: 6.083 votos (93%. ¡Qué coincidencia!)
No: 425 votos (7%. ¡Qué coincidencia!)
Total: 6.508 votos
31 de mayo – 1:18 a. m.
Sí: 28.390 votos (95%. Por fin disimulan).
No: 1.469 votos (5%. Note el avance del No en términos absolutos y porcentuales).
Total: 29.859 votos
A pesar de que la empresa golpista advierte que el QuickVote no es científico y refleja sólo las opiniones de aquellos usuarios de Internet que han escogido participar, que no se puede suponer que los resultados representan las opiniones de los usuarios de Internet en general, ni del público como conjunto, todo esto curándose en salud, no logra ocultar su grosera manipulación de las cifras.
Sigo acá de nuevo, Sr. Ministro, su magnífico ejemplo, cuando hace quince días deconstruyera Ud. falsas representaciones de la encuestadora Hinterlaces, la que levantó el falso testimonio de que el Presidente de la República tenía ahora menor apoyo de los ciudadanos que a comienzos del pasado diciembre, y que cuatro quintas partes de la población estaban en desacuerdo con la medida de extinción de la moribunda concesión de RCTV.
PS y/o M
MF
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | May 29, 2007 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Hay que ser caradura para afirmar, como lo hacen constantemente el presidente Chávez y sus acólitos, que en Venezuela reina la más amplia libertad de expresión. No hay registro en la historia del país, ni siquiera en épocas de sus peores dictaduras, de tanta y tan prolongada violencia en contra de sus medios de comunicación y sus periodistas, saña alimentada por el propio gobierno en forma mendaz y traicionera.
Ahora ha cometido éste su arbitrariedad más evidente, con su negativa a renovar la concesión a Radio Caracas Televisión. No habían pasado tres minutos del inicio de la transmisión inaugural de TVes, el nuevo canal al servicio del despótico presidente, cuando ya transmitía la imagen y la voz de este ciudadano, con el pretexto de comentar la Copa América 2007. La nueva televisora, dirigida por quien—Lil Rodríguez—en 2000 se airara hasta el límite de la irracionalidad por el cierre de El Diario de Caracas (porque quedaba desempleada)—ahora también en manos proclives al régimen—es obscenamente pro chavista, financiada por empresas públicas que, como Pequivén, anuncian en sus cuñas que son “industrias socialistas”.
Como se lo enrostrara hoy la Unión Europea, no hay justificación para que, a la extinción del lapso de la concesión, se prescinda de una licitación que asignara el uso de la frecuencia ya arrebatada. El gobierno, pues, ha actuado como usurpador, y no posee un ápice de razón justa para adueñarse de otra frecuencia en el espectro—para no considerar la grosera expropiación ordenada por un complaciente Tribunal Supremo de Justicia—cuando dispone de VTV, Vive, Telesur, las arbitrarias cadenas y las arbitrarias cuñas, y la asquerosa y cobarde aquiescencia de Televén y Venevisión. (Anoche, artistas y periodistas de este último canal dieron un magnífico ejemplo de valentía y solidaridad pues, arriesgando su puesto de trabajo, se acercaron hasta los estudios de Globovisión para manifestar su apoyo a RCTV y su disgusto por el cierre de este canal. Gledys Ibarra lo puso sucintamente: “Nos han quitado un pedazo de la lengua”).
La Ficha Semanal de hoy, 29 de mayo de 2007 (#146), reproduce el artículo principal—El enjambre—de una de las primeras Cartas Semanales de doctorpolítico (cuando todavía ni siquiera se llamaban así). Fue un número extra (16A), escrito en la madrugada del 10 de diciembre de 2002, luego de conocer la violenta y extensa acción coordinada de bandas que agredieron un sinnúmero de medios de comunicación privados por todo el país.
Como se verá del texto, el suscrito tenía esperanzas en que la presión del paro de esos días forzaría un cambio político importante, a pesar de no haber estado de acuerdo con su lanzamiento. (Todavía la oposición venezolana estaba muy herida y debilitada a raíz del gravísimo error del 12 de abril de aquel año). Esas esperanzas se vieron frustradas, pero el razonamiento del artículo sigue siendo, creo, esencialmente correcto y vigente.
El cierre de RCTV es un error político garrafal de parte de Hugo Chávez. Ya es notorio el novísimo factor de la protesta. Por primera vez desde que comenzara el despropósito chavista, es la juventud estudiantil la que asume un papel de protagonista. Por ahora se trata de enjambres tranquilos. Pero pudieran africanizarse.
LEA
…
El enjambre
Era la Mérida de 1962. Presidía la República Rómulo Betancourt. No hacía mucho que las fuerzas de seguridad venezolanas habían descubierto, en costas del estado Miranda, un desembarco de armas provenientes de Cuba, destinadas a alimentar la subversión en nuestro país. A Betancourt no sólo quiso eliminarlo Rafael Leonidas Trujillo, alias «Chapita», dictadorzuelo brutal y corrupto, sin más ideología que la de su propio provecho, a costa de sangre y de muerte. También Fidel Castro, esta vez un dictador ideologizado en el marxismo, que veía en la incipiente pero promisoria democracia venezolana una amenaza para sus propósitos.
Mérida fue en ese entonces pieza clave de la infancia de nuestra democracia, pues fue en La Azulita, a escasos kilómetros de la ciudad de Febres Cordero, donde comenzó la guerrilla sesentosa venezolana.
Allí, en Mérida, a comienzos de la prodigiosa década de los sesenta, escuchábamos a un experto en el combate político duro; ese que busca el poder por la violencia. Nos explicaba cómo era posible, a un simple cuarteto de terroristas de oficio, provistos de sendos revólveres, disolver una marcha de diez mil manifestantes, en una ciudad con la topografía urbana de Mérida, provocando el caos y la muerte sin herir directamente a nadie.
La receta era sencilla. Cada conjurado, con su revólver, por supuesto, debía apostarse al término de cada calle de una esquina, en cada ramal de una bocacalle de ciudad construida según el patrón que los urbanistas conocen como cuadrícula española. Allí acecharían hasta que el grueso de la marcha llegase a la intersección.
Entonces, y sólo entonces, cada matarife desenfundaría, y uno de ellos haría un disparo al aire. Provocaría, sin duda, una estampida de la gente en la dirección contraria. Entonces dispararía, de nuevo al aire, sin herir persona alguna con la bala, un segundo conjurado. El resultado sería el previsible: la masa humana volvería atropelladamente sobre sus pasos, buscando quizás un curso de escape perpendicular. Pero un tercero haría nuevos disparos al aire desde el polo de la nueva dirección, y al reflujo de la desesperada masa respondería, en eco siniestro, el cuarto pistolero. La manifestación se mataría ella misma, aplastada por sus propios pisotones. Un equipo de cuatro.
En enseñanza menos luctuosa, a quienes nos iniciábamos en el tráfago estudiantil de las universidades, ya habíamos aprendido cómo se boicotea una asamblea de quinientas personas. Sólo es preciso sembrar una decena de agitadores en sitios dispersos de la sala de asamblea. Una rechifla desde un asiento de atrás a la izquierda, el eco en gritos amenazantes desde el centro, la repetición desde asientos delanteros, coreada ahora de nuevo desde atrás y a la derecha. Pandemonio.
La técnica es siempre la misma. No se necesita que sean muchos los revolucionarios profesionales. Basta un pequeño número, bien adiestrado, inmisericorde, violento. Adina Bastidas no necesitó más de una treintena de camaradas de su hijo para sembrar la desazón en la Universidad Central de Venezuela, durante más de un mes. Los tomistas del Rectorado de la UCV, alimentados logísticamente por la propia Vicepresidencia de la República dizque bolivariana de Venezuela, fueron capaces de romper la paz de Los Chaguaramos en contra de la voluntad de decenas de miles de miembros de la comunidad universitaria.
Una treintena de policías aprendió de ese modelo «universitario». O mejor dicho, recibió del dramaturgo el mismo libreto. Prevalidos de la noche tomaron el centro más neurálgico de nuestra policía de metrópoli, y allí aguardaron, seguros del apoyo, hasta que fuera tomada desde arriba por completo. Lo que no pudieron lograr en la UCV lo obtuvieron en la Policía Metropolitana.
¿Por qué se tomó la Policía Metropolitana? Porque el libreto estratégico dice que no es bueno que la PM ande por allí fuera de nuestro control mientras asaltamos a Venevisión, RCTV, Globovisión, Televén, Meridiano, TRT, etc. (Y no queremos olvidar a todos los demás canales, periódicos, estaciones de radio. Rogamos su benevolencia para no desviarnos de la ruta que traíamos. Una relación tal vez parcial de la madrugada se encontrará bajo este texto).
………
Si algo está en minoría en Venezuela es la violencia real organizada. La de los ataques de ayer. No son muchos los atacantes. Nunca lo han sido. Y ahora pretenden, luego de las batallas de Cotiza y Maripérez, no ya tomar un buque o una estación de gasolina, sino tomar al ciudadano, que existe en millones.
¿Cuántos cubanos podría traerse? ¿Cuántos sicarios y guerrilleros de Colombia? ¿Cuántas Linas Rones tiene? Tiene, no hay duda, oficiales de estado mayor y de campaña. Rodríguez Chacín, García Ponce, García Carneiro, Diosdado, de un lado; Otayza, Freddy, del otro. Pero muy pocos sargentos como Lina. ¿Por qué ha tenido que multiplicarse Lina Ron en tantas batallas? Porque no hay muchos o muchas como ella. Ni siquiera porque hubieran ochenta círculos peligrosos en Petare, como se afirma. ¿Cuántos petareños podrá tener un círculo? ¿Treinta? Dos mil cuatrocientos en total. ¿Cuántos habitantes tiene Petare? ¿Medio millón?
¿Doscientos contra uno?
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Dictaduras mucho más estrechas que la que Chávez aspira a completar, como la de Reza Pahlavi en Irán, con un estado que era la admiración del planeta por lo eficaz de sus policías, especialmente de su policía política, y amigo de los Estados Unidos, cayó estrepitosamente. Chávez no puede durar eternamente. El castrismo no puede ejecutarse en cámara lenta, porque mucho antes de asegurarse la parálisis del cuerpo social, éste se manifiesta como enjambre, como una eruptiva de incendios simultáneos en tantos sitios que el gobierno de una era totalmente informatizada ya no puede apagar.
Es el enjambre, Presidente, lo que puede perfectamente matarle. No un asesino a sueldo, no un asalto militar. Ud. pudiera morir como Mussolini sin Petacci. Si Ud. continúa en su libreto, y busca dominar a Venezuela como Castro sojuzga a Cuba; si Ud. manda a atacar ahora a una decena de urbanizaciones en Caracas, para aterrorizar las casas de sus enemigos; si Ud. llegare a ordenar una vez que se eche el común delincuente, con la seguridad de resultar impune, sobre los pobladores que le adversan, en alguna persecución de nombre y apellido, sepa que está sellando su suerte.
Las abejas son usualmente inocuas hacia el hombre o las bestias. Pero son letales para el más grande de los animales. Hasta el mayor de los elefantes sucumbe a los mil aguijones envenenados de un enjambre. Como mil hipodérmicas sobre un hombre, cada una de las cuales inocula la milésima parte de una dosis mortal.
Ojalá no. Pero si llegara a ser, en desagravio a Bolívar, que su cuerpo colgara de un poste, amoratado, herido de mordiscos y cuchillos, mojado de saliva ajena, desnudo y de cabeza de un árbol de la Plaza Bolívar, Ud. recordará otro árbol señero, al que nunca conoció frondoso, ante el que una vez juró su desatino.
Los fascistas morían a manos de las turbas ciudadanas. No sólo el jefe.
Por eso su derrota no depende de la coordinadora, ni de la gente del petróleo, ni de la iglesia, ni de la banca, ni de los medios, ni de nadie. Si pudiera eliminar, que no puede, cada grupo, cada institución, cada poder, todavía quedaría el poder del enjambre. Lo mataríamos inevitablemente, porque Ud. habría africanizado estas abejas.
Si Ud. quiere salvarse, repliéguese. Retire sus círculos de la calle. Sepárese temporalmente del cargo. No presida la República en diciembre. No diga que no puede porque la Constitución (234) se lo permite. Regálenos veintisiete días de paz. ¿Es mucho pedirle, Presidente? ¿O es que Ud. necesita aniquilar en navidades?
Los otros, los que se pararon, que recuperen ahora en el trabajo, que estarán después más fuertes y centrados.
Tome Ud., Presidente, veintisiete días de retiro. Repase su estrategia y su concepto.
Pero le decimos. También en enero será derrotado. Se lo apostamos. Y eso no lo evitará la muerte de algunos apostadores.
………
Relación de medios atacados el 9 de diciembre de 2002
Globovisión, RCTV, Meridiano Televisión y Venevisión, así como los medios del estado Aragua, el diario “El Aragüeño” y el canal regional TVS.
El canal Promar TV, en el estado Lara, también sufrió los ataques de los oficialistas, así como el diario El Impulso de Barquisimeto.
También fueron rodeados el diario El Siglo y El Aragüeño en Maracay.
Los chavistas rodearon y tomaron las sedes de TV Táchira, Radio Valera y Radio San Juan de los Morros en Guárico.
Globovisión Zulia sufrió destrozos en sus instalaciones.
TVO Anzoátegui: estaba cerrada (ellos sólo transmiten hasta las 9 de la noche), sólo destrozos en la fachada.
Fueron atacados simultáneamente en todo el país, todos los medios de comunicación televisivos e impresos.
Desde hace varias horas rodean el Hotel Gran Meliá Caracas.
10 de diciembre de 2002, 3:46 a.m.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | May 24, 2007 | LEA, Política |

Recientemente, una inútil polémica evaluativa ha ocupado a un ex Presidente de los Estados Unidos, James Carter, y al actual, George W Bush. El primero dijo, para luego desdecirse, que Bush Jr. era el peor presidente de la historia de su país. La Casa Blanca observó que los comentarios de Carter comprobaban su creciente irrelevancia.
Es la última encuesta (5 de mayo) de Newsweek, sin embargo, algo que los equipara. En 1979, cuando los Estados Unidos confrontaban la “crisis de los rehenes” en Irán, bajo la presidencia de Carter, este caballero recogía sólo 28% de aprobación por parte de sus conciudadanos. La semana antepasada lo ha empatado George W. Bush, con idéntico porcentaje. (Todavía un punto menos que la peor medición de su presidente padre, que llegó a medir 29%). Casi las dos terceras partes de los estadounidenses consideran que Bush es “terco y renuente a reconocer sus errores” en materia de la ocupación de Irak.
Y es este funesto presidente norteamericano, en quien menos del 30% de los ciudadanos de su país confía, quien dice que aún pone toda su confianza en el Fiscal General de los Estados Unidos, Alberto Gonzales, porque “no ha hecho nada malo”.
Ya es cadáver insepulto Paul Wolfowitz, el que se viera obligado a renunciar a la presidencia del Banco Mundial, a pesar del apoyo de Bush, por su violación a las normas éticas de la institución en beneficio de su “amiga con derecho”. Ahora es Gonzales quien está a punto de caramelo. No sólo se ha visto cada vez más implicado en el despido injusto y sectario de ocho fiscales del Departamento de Justicia, sino que su carácter desalmado se ha evidenciado al conocerse cómo fue a presionar en un hospital—por órdenes de Bush, naturalmente—a un recién operado predecesor, John Ashcrot, quien había declarado ilegal un programa de espionaje telefónico del Ejecutivo. (Bush mismo se encargó de preparar la desconsiderada visita de Gonzales y Andrew Care a Ashcroft, mediante llamada telefónica personal a la esposa del enfermo). El evento fue descrito con pelos y señales la semana pasada por James Comey, antiguo Fiscal General Adjunto, al Comité Judicial del Senado. Gonzales y Care, entonces al servicio directo de la Casa Blanca, presionaron en su presencia al paciente, quien reunió fuerzas para rechazar de nuevo la ilegalidad. (Care llegó acompañado de ruidosa parafernalia de agentes del FBI, quienes recibieron sus órdenes de no permitir que la reunión fuera impedida).
Al día siguiente, impertérrito, Bush reautorizó el programa de espionaje telefónico. Fue sólo después de la amenaza de renuncia de Comey, entonces Fiscal General en funciones, y otros altos funcionarios del Departamento de Justicia, que Bush reculó y pidió que el programa fuera puesto sobre sólidas bases legales.
Estas inhumanas conductas de Gonzales y su jefe—parecen cosas de Nicolás Maduro—muestran a las claras cómo es que Bush es el principal responsable de los desaguisados cometidos por su gobierno, que son muchos, empezando, precisamente, por haber nombrado a Gonzales, a Wolfowitz, a Bolton, a Rumsfeld. Continúa en remojo la posibilidad de un impeachment de Bush y de su Vicepresidente, Dick Cheney. (Cada vez hay más libros e iniciativas estadales y de ciudades norteamericanas sobre el tema). Sólo el frío cálculo político de los demócratas, que medirán las propias conveniencias, pudiera salvarlos de esta última instancia.
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por Luis Enrique Alcalá | May 24, 2007 | Cartas, Política |

Hace exactamente una semana, en salón del Ateneo de Caracas, el partido Un Nuevo Tiempo, cuya cabeza es el Gobernador del Estado Zulia, Manuel Rosales, llevó a cabo un primer pleno nacional dedicado a temas de organización, planificación y estrategia. Según reporta El Universal, se reunieron dirigentes de ese partido en los veinticuatro estados de la República, los encargados de promover “un movimiento popular de profundo arraigo democrático” que nace con la idea de “ser amigo” de otros partidos.
Esto último es lo indicado, si se toma en cuenta que el Secretario General de UNT es Gerardo Blyde, quien se refirió a la organización como “el principal partido de oposición”. No hace tanto—30 de noviembre de 2005—de que el mismo caballero leyese, en nombre de Primero Justicia—partido del que igualmente ejerció la Secretaría General—un comunicado en el que preguntaba y contestaba: “¿Qué le ofrece Primero Justicia a los venezolanos? Seguir liderizando a una nueva generación, consolidarnos como la alternativa democrática, construir una nueva mayoría donde tengan cabida todos los venezolanos y por eso con más fuerza y mayor compromiso con Venezuela nuestro candidato presidencial a la cabeza de Primero Justicia será la alternativa del nuevo liderazgo para la elección presidencial del 2006”. (Todavía no se había peleado con Julio Borges). Conviene, pues, que al menos haya amistad entre PJ y UNT; así podrá sumarse sus simpatías hasta alcanzar entre ambos 5,1% de las preferencias ciudadanas. (Monitor Socio-Político de Hinterlaces #16, marzo de 2007: Primero Justicia, 2,8%; Un Nuevo Tiempo, 2,3%).
El evento recibió las palabras orientadoras del Presidente de la Comisión Organizadora, Manuel Rosales. Reporta el mismo diario que Rosales habló media hora—una bendita concisión, si se le compara con los interminables soliloquios de Hugo Chávez—y “abordó las amenazas contra la libertad de expresión, el desabastecimiento, la reforma constitucional, la politización de la FAN, los referendos revocatorios y el perfil que él aspira que tenga el nuevo partido”. (La crítica ritual y el dibujo organizativo).
Y es aquí, en esto del perfil del partido, donde se encuentra una definición que vale la pena comentar. Rosales advirtió a todo aquel que tenga aspiración de liderazgo en Un Nuevo Tiempo que ese título, el de líder, sólo se lo ganará quien “se llene los zapatos de barro”.
Se trata de una formulación “políticamente correcta”, para usar el argot norteamericano, o una expresión comme il faut, si se quiere la cosa afrancesada. Esto es, una declaración efectista que corresponde a aquello del “profundo arraigo popular”, pues debe ser que en la interpretación rosalista del pueblo el lodo es un ingrediente que le es consustancial. Para corroborar la conveniencia de la amistad entre UNT y PJ, puede destacarse que la misma idea, puesta de otra forma, había sido mencionada por Julio Borges, con ocasión del lanzamiento de su candidatura presidencial, justamente en el patio de Rosales, en Maracaibo, en mayo de 2005, al decir que Primero Justicia: “se cansó de declararle a Marta Colomina por Unión Radio y de hacer política por televisión”. Es decir, a patear cerro y llenarse los zapatos de barro.
Rosales no indicó otro rasgo deseable en los dirigentes de Un Nuevo Tiempo; no exigió, por ejemplo, que los dirigentes del partido fuesen estudiosos de los problemas públicos y sus soluciones. Nada cambia. En 1998 escribía Argenis Martínez: “La característica general de la política venezolana hasta ahora es que si usted está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país, entonces usted ya perdió las elecciones”. (Recordado el 27 de marzo de 2007 en la Ficha Semanal #137 de doctorpolítico). Para hacer política, muy especialmente en funciones de dirigente, lo imprescindible sería, calzado, atravesar por charcos en caminos de tierra, para llenar los zapatos de barro. No es política ideológica, no es política programática; es política de lodazal. (Y política de lugares comunes).
………
Tanto Un Nuevo Tiempo como Primero Justicia son atávicos remedos de sus viejos modelos: Acción Democrática y COPEI. (Que comenzaron el año con simpatías de 1,1% y 0,7%, respectivamente, según el décimo sexto Monitor Socio-Político de Hinterlaces). Conceptual y estructuralmente, no representan innovación, un código genético organizacional diferente. Puede decirse de ellos, sin embargo, que son esfuerzos meritorios, puesto que acumulan incontables horas de trabajo, deliberaciones, buenas intenciones. Lo que no son es suficientes.
Una vez más, se trata de partidos de carácter ideológico. Esto es mucho más claro en el caso de Primero Justicia, para el que existe un “borrador”, redactado mayormente por Julio Borges, que debió ser discutido en su “congreso ideológico. (El congreso “Centrados en la gente” debió ocurrir, de acuerdo con anuncio oficial de PJ, para fines de 2005. Hasta ahora no se ha celebrado).
Pero también, aunque con menos precisión, Un Nuevo Tiempo pretende arrancar de raíces ideológicas. Omar Barboza definió su familia ideológica al indicar que UNT encarnaría la “nueva democracia social”. (O socialdemocracia). Esto es, se ubica en el campo que antaño ocupara Acción Democrática.
En otras ocasiones se ha aludido acá a un trabajo de Amos Davidowitz—The Internet and the Transformation of the Political Process: MAPAM, a Case Study, 1996—que contiene una aguda observación acerca de la obsolescencia del formato convencional de los partidos políticos. El tratamiento del tema por Davidowitz es bastante informal, en el sentido de que en esencia es un relato de sus experiencias en el MAPAM, el ala radical del laborismo israelí. El autor confía al lector que una súbita toma de conciencia le hizo entender que no tener una posición política era un lujo que ningún israelita debiera permitirse, dada la muy tensa y peligrosa situación del Cercano Oriente. Así, Davidowitz “fue de compras”—party shopping—y terminó decidiéndose por el MAPAM: «a socialist party, left of the labor party». (El partido laborista israelí, conocido como Avoda, es el equivalente de Acción Democrática. MAPAM vendría siendo algo así como nuestro MAS original).
De este modo cuenta que al convertirse en “un miembro activo y asumir responsabilidades dentro del partido” se percató de que “la estructura organizativa del partido no estaba funcionando tan bien” como pensó que estaría. “Inicialmente, creí que era un problema gerencial, pero a medida que estudiaba los problemas en profundidad, me di cuenta de que las cuestiones patentes eran más profundas”.
Entonces Davidowitz inserta la siguiente descripción: “Los partidos políticos en el mundo son un fenómeno relativamente nuevo como desarrollo de la Revolución Industrial. Cada uno afronta los problemas creados por el nuevo orden social de acuerdo con su propia filosofía política. El MAPAM, como tal, operaba de acuerdo con este modelo. Un segundo aspecto de esto es que los partidos políticos clásicos, de los que MAPAM es uno, son una manifestación de los grandes movimientos sociales de comienzos de siglo. Todo esto implica una estructura organizativa de segunda ola. Al darme cuenta de esto, se hizo claro que el problema no era gerencial sino el de un sistema estructural inapropiado. En los partidos políticos de segunda ola, las cuestiones principales eran el control de los medios de producción, el trabajo y los recursos naturales. Un partido de segunda ola proporcionaba LA RESPUESTA: socialismo, capitalismo, marxismo, fascismo, y suponía que si todo el mundo seguía sus dictados todos los problemas del mundo se resolverían. No es necesario decir que ninguna de las agendas mencionadas trajo la era utópica que anunciaban. La cuestión es: ¿cuáles son los temas principales para un partido de tercera ola? Me pareció que, si un partido de segunda ola centraba sus actividades alrededor de la producción, el trabajo y los recursos en una estructura jerárquica centralizada, un partido moderno debía tratar con información, comunicaciones, medios y servicios en un sistema más abierto, interactivo y distributivo, un sistema que necesita los medios para procesar y distribuir información”. (Davidowiz alude, evidentemente, a la distinción establecida por Alvin Toffler en su libro de 1980 La Tercera Ola, entre una primera ola civilizatoria—en términos gruesos, iniciada al irrumpir la tecnología de la agricultura—una segunda ola—que corresponde a la época iniciada con la Revolución Industrial—y una tercera, caracterizada, entre otras cosas, por la emergencia de las tecnologías de información—con la sustitución de la identidad entre valor y producto por la de valor e información—y las de la bioingeniería, por el asedio al concepto del Estado-Nación y por una democracia más participativa).
El análisis de Davidowitz, sin pretensiones de gran sociología, es muy pertinente al caso venezolano que nos ocupa. Nada más obsoleto, si aplicamos su criterio, que el mentado “socialismo del siglo XXI” y su equivalente organizativo: el Partido Socialista Único de Venezuela. Todo el planteamiento “anticapitalista” de Hugo Chávez está irremediablemente vencido. Pero también se han encaminado en retroceso Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia, al tratar de dibujarse como partidos ideológicos. Como apunta Davidowitz esquemáticamente, las ideologías—capitalismo o liberalismo, socialismo o comunismo, socialdemocracia o socialcristianismo—son excusas catequísticas para no pensar en concreto y profesionalmente los problemas de carácter público. De allí sus formulaciones abstractas—una “economía con rostro humano”, proposición de COPEI en febrero de 1992 para sustituir, como “paquete alternativo”, el paquete neoliberal del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez—y sus discursos vacíos y meramente efectistas, usualmente demagógicos. (“Voy a acabar con la pobreza”. Manuel Rosales, en el arranque de su campaña por la Presidencia en 2006).
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Hacer estas observaciones no equivale a sustentar una postura “antipolítica”. En cambio, es la constatación de una crisis de paradigmas, que es la verdadera razón de la insuficiencia política observable en Venezuela—y en muchos otros países—desde hace ya un buen tiempo. El 20 de octubre de 1991 ya Arturo Úslar Pietri se había dado cuenta del problema: “Esto significa, entre otras muchas cosas importantes, que de pronto el discurso político tradicional se ha hecho obsoleto e ineficaz, aunque todavía muchos políticos no se den cuenta”. No ofrecía solución, sin embargo: “Toda una retórica sacramentalizada, todo un vocabulario ha perdido de pronto significación y validez sin que se vea todavía cómo y con qué substituirlo… Hasta ahora no hemos encontrado las nuevas ideas para la nueva situación”.
Ahora redescubre el asunto la historiadora Margarita López Maya, escarmentada tardíamente de su chavismo original y contumaz e igualmente perdida, como Úslar: “ Las democracias liberales occidentales, limitadas por los condicionamientos impuestos por los sectores dominantes del capitalismo, son por sí solas incapaces de profundizar la democracia política. Y, el partido-Estado, que dominó los socialismos del siglo XX, y sigue vigente en China y Cuba, acabó con el pluralismo en las sociedades donde se impuso, fracasando como modelo libertario. Ante estos antecedentes, lo que prevalece hoy es la incertidumbre y la confusión. No se sabe cómo inventar partidos diversos, que no caigan en los vicios del pasado y puedan expresar políticamente la compleja, diversa, y plural sociedad que existe y que se moviliza con frecuencia. Necesitamos encontrar formas políticas creativas que calcen a nuestra democracia participativa”.
La profesora López Maya se escama ahora con el autoritarismo de Chávez, una vez que ha caído, con retraso considerable, de la mata proverbial. Ya no es la misma que hacía la apología del chavismo en Le Monde Diplomatique, la publicación del mayor palangrista de la izquierda europea, Ignacio Ramonet. Ya no se ocupa de defender las decisiones del Consejo Nacional Electoral, con falacias, sobre las “planillas de caligrafía similar”. Ya no habla como la conferencista magistral de los Encuentros en Defensa de la Revolución Bolivariana (2003 y 2004). Ya no firma cartas abiertas dirigidas a Hugo Chávez en defensa de Rodrigo Granda, en las que se lo describe pomposamente, con todas sus letras, como “miembro del equipo de relaciones internacionales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC”. (5 de enero de 2005).
Claro, no es que López Maya se distinga precisamente por su poder predictivo. Tan tarde como en enero de 2006 decía en el Foro Social Mundial que hay algunos países, entre los que citó a Perú y México, “casi a punto de sumarse a la ola progresista”. (Es decir, creía en el triunfo de Humala y López Obrador). Pero aunque usted no lo crea, ha terminado por despertar, mucho más tarde que Ángela Zago o los difuntos Alejandro Armas y Jorge Olavarría, y atisba ahora, aún algo dubitativamente—“No tengo claro si el socialismo chavista será democrático” (febrero 2007)—que “Chávez hoy impone las reglas de juego a sus aliados y opositores. Allí están como muestra el PSUV y las descalificaciones a los partidos afines, las leyes-decretos, sin pasar por ningún mecanismo de ‘democracia participativa y protagónica’. Algunos de los integrantes de la Comisión Presidencial de la Reforma Constitucional son máximas figuras de poderes públicos, pero han aceptado subordinarse al Presidente, acatando sin chistar un mandato de confidencialidad impuesto por él. Tienen listo un proyecto de reforma, que después que lo vea el Presidente pasará a la Asamblea Nacional, y será consultado en parlamentarismo de calle, mecanismo participativo insuficiente en una sociedad compleja, plural y diversa como la nuestra”. (Abril, 2007). Por estos días escribe en Últimas Noticias: “Vistas en conjunto estas tendencias, más otras, la recomposición de nuestro sistema político lo asemeja cada vez más a uno donde Estado, partido-Estado, y consejos comunales son una sola estructura, un modelo de Estado centralizado, donde las decisiones las toma una reducidísima elite—¿una sola persona?—que encarna los intereses de la mayoría. Dictadura de la mayoría, ‘democracia’ centralizada camino al viejo socialismo del siglo XX”. Cuando muchas otras voces decían exactamente eso bastante antes de que López Maya experimentara su reciente epifanía, la desenfadada historiadora las desechaba como reaccionarias.
Son observaciones, pues, que hace con repentina y atrasada lucidez. Bienvenida sea, no obstante, cuando por fin recibe una lengua de fuego del Espíritu Santo y comenta: “Comienza un año políticamente incierto, pues diciembre cerró con señales inquietantes. Había pensado disfrutar unas tranquilas fiestas, pero al Presidente le dio un arrebato revolucionario en el Teresa Carreño y prácticamente ordenó la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela. Sin debate, sin consulta, y con tono arrogante al referirse a los partidos políticos aliados de su gobierno”. (Enero, 2007). Ahora dice: “existe la intención de subordinar todos los poderes a la Presidencia” y que Chávez “luce cada vez más unilateral y caprichoso”, en comentarios desmentidos por el aludido el día que anunciara, como regalo de Año Nuevo, un próximo aumento de los precios de la gasolina.
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Asistimos, entonces, a la descomposición de las viejas formas de hacer política, que más pronto que tarde serán sustituidas por maneras más sensatas y eficaces. Por supuesto, lo viejo se resiste a morir. Hace pocos días fue presentada una nueva versión del Partido Liberal—Movimiento Democrático Liberal—que insiste en plantear la acción política en los viejos términos. Marco Polesel, su cabeza visible—de regreso de peleas con la ex sindicalista Haydeé Deutsch por la botella vacía del Partido Liberal que fundara y abandonara Andrés Sosa Pietri—indica que en el movimiento tendrán cabida todas las personas y organizaciones “que comulguen y procuren defender al Liberalismo Clásico u Originario, la Democracia Liberal y el Liberalismo Económico o Capitalismo Liberal”. Toda una novela de Dickens.
Hace una semana el Secretario General de COPEI hizo lo suyo, y presentó la propuesta programática de una organización que ahora quiere llamarse Partido Popular—para marcar enfáticamente su identificación con el partido derechista de José María Aznar, del que COPEI recibe alguna ayuda desde hace unos años—lo que representa una instantánea competencia para Polesel—e indicó que aquélla queda sustentada en un «proyecto de centro reformista», basado en el humanismo cristiano (es decir, Maritain), que propone la economía social de mercado (es decir, Adenauer), tiene como norte la reconquista de la descentralización (es decir, Salas Römer), y contrapone al lema oficialista: «Patria, socialismo o muerte», el mensaje: «Democracia, libertad y vida». Periódico de ayer.
De Acción Democrática no se sabe nada últimamente. Pura pérdida.
Entretanto, altos dirigentes del chavismo—Adán Chávez, Jorge Rodríguez—ofrecen cifras contradictorias sobre el número de inscritos en el partido socialista único del jefe único de la única revolución. Como denuncia Margarita López Maya, “el gobierno utiliza los recursos públicos, y las misiones sociales como propios en la creación y coordinación a nivel regional y local del PSUV. Diversos funcionarios de alto rango convocan a los venezolanos a registrarse en ese partido. Esto recuerda demasiado el partido-Estado de los socialismos reales”. Genuino abusismo del siglo XXI.
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Pero es una sociedad cada vez más informatizada y aprendida la que terminará exigiendo e imponiendo una política clínica, ocupada principalmente de la solución de los problemas de carácter público, pues no otra cosa justifica—ciertamente no la mera lucha por el poder desde ideologías encontradas—la existencia del Estado y cualquier otra forma de instituciones y actores políticos. Lo que viene es la Medicina Política.
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por Luis Enrique Alcalá | May 22, 2007 | Fichas, Política |

LEA, por favor
En el número anterior se avisó que esta Ficha Semanal #145 de doctorpolítico se reproduciría un trabajo relativamente extenso—Primer referendo nacional—que fuera publicado originalmente el 20 de septiembre de 1998 en el número 28 de la publicación referéndum, redactada y editada por quien escribe entre 1994 y 1998. En el largo artículo se proponía la realización de una consulta sobre la deseabilidad de convocar una asamblea constituyente, aprovechando que el Congreso de la República había incluido un título nuevo—De los referendos—en la reforma de diciembre de 1997 a la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. Para el momento la proposición no tuvo acogida. Fue elevada directamente a la consideración del Presidente de la República de entonces, Rafael Caldera, por intermedio de representación ante su Ministro de la Secretaría de la Presidencia, Fernando Egaña, actuación parecida ante su Ministro de CORDIPLÁN, Teodoro Petkoff, y por entrega del texto que aquí se transcribe en La Casona. Ambos ministros, sobre todo este último, indicaron su general acuerdo con la idea, pero por razones que desconoce el autor de estas líneas, la proposición fue desestimada. En octubre de ese mismo año, cerrada la posibilidad de que fuese Rafael Caldera el organizador de la constituyente, el suscrito creyó oportuno escribir: “…que el presidente Caldera haya dejado transcurrir su período sin que ninguna transformación constitucional se haya producido no ha hecho otra cosa que posponer esa atractriz ineludible. Con el retraso, a lo sumo, lo que se ha logrado es aumentar la probabilidad de que el cambio sea radical y pueda serlo en exceso. Éste es el destino inexorable del conservatismo: obtener, con su empecinada resistencia, una situación contraria a la que busca, muchas veces con una intensidad recrecida”.
En efecto, al año siguiente una decisión de la Corte Suprema de Justicia—19 de enero de 1999—sobre recurso de interpretación del Artículo 181 de la LOSPP, declaraba que sí podía consultarse a los ciudadanos si era su voluntad elegir una asamblea constituyente, aun cuando esta figura no estuviera contemplada en la Constitución de 1961. La argumentación acogida por la Corte de la ponencia del magistrado Humberto La Roche, era esencialmente la misma del texto acá reproducido (publicado cuatro meses antes), basada sobre la noción de supraconstitucionalidad del Poder Constituyente Originario. Lo que vino después es conocido, y su resultado es la Constitución de 1999, un documento producido en constituyente de muy deformada representatividad, y aprobada en defectuoso referendo del 15 de diciembre de 1999.
Quien escribe había venido argumentando desde 1983, y más explícitamente con la escritura desde 1994—a la par que otras voces—que se necesitaba un proceso constituyente, pues el “sistema operativo” del Estado venezolano se había hecho obsoleto en más de un punto, y esa razón indicaba que no sería suficiente una reforma. (Cuando se desea actualizar el sistema operativo de un computador—era imagen que ofrecía para ilustrar el punto—digamos para llevarlo de Windows 1.0 a Windows XP, el procedimiento no consiste en enmendar con pegotes el viejo sistema. Lo que se hace es sobreimponer de una vez el nuevo sistema sobre el viejo).
En mayo de 1998 una dama caraqueña, esposa del importante empresario aludido en la ficha #144 de la semana pasada, escuchó una exposición del suscrito en ese sentido. Opinó entonces: “Lo que propone Luis Enrique es muy bueno, porque le quita una bandera a Chávez”. Respondí que la constituyente, aunque causara ese efecto colateral beneficioso, debía ser emprendida aunque Chávez no existiese. Es de este intercambio que nace la reunión referida en la ficha anterior, acaecida el 24 de junio de 1998. A pesar de que la dama en cuestión, lúcidamente, había aducido a su esposo que si la mayoría del pueblo quería constituyente era hora de acoger su causa, el producto de esa reunión en su casa fue la constitución de un “movimiento de maletín”, La Gente es el Cambio, que suscribió una campaña televisada multimillonaria contra la noción de la constituyente. Una vez elegido Chávez, y producida la decisión de la Corte, una de las personas directivas de La Gente es el Cambio procuró candidatearse para la constituyente que hasta hacía poco consideraba obra del demonio.
El tratamiento del problema constituyente por los “factores reales de poder” en Venezuela fue una de sus estrategias menos eficaces. Al remar a contracorriente de la opinión popular, entregaron a Hugo Chávez el poder en bandeja de plata, y la constituyente que siguió fue muy distinta de lo que hubiera podido ser convocada y reglamentada bajo la dirección de Caldera.
El suscrito debe admitir que la decisión de publicar esta ficha debe su origen a una inexactitud que se le enrostra: que critica sin proponer. Como lo comprueba ésta y la ficha anterior, al menos para el problema electoral de 1998 y para el más profundo problema constitucional, quien escribe había propuesto tratamientos diferentes de los que la oposición a Chávez terminó administrando. Un dueño de planta de televisión argumentó su oposición a la idea de consultar sobre una constituyente en los siguientes términos: “Yo apoyaré todo lo que diga Salas Römer, aunque no tenga razón, porque él es el único que puede derrotar a Chávez”. Salas Rómer había ya declarado que la constituyente era “un engaño y una cobardía” y, como sabemos, fracasó en el intento de vencer al actual Presidente de la República. Su partido, Proyecto Venezuela, apoyó después candidatos a actuar dentro de ese engaño y esa cobardía.
LEA
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Primer referendo nacional
Un nuevo título distingue a la Ley Orgánica del Sufragio y la Participación Política: el Título Sexto de esta ley está dedicado por entero a la celebración de referendos.
Los referendos deben practicarse “con el objetivo de consultar a los electores sobre decisiones de especial trascendencia nacional”.
Hay algunas materias que, independientemente de su trascendencia, según la ley no pueden ser consultadas. Estas son las materias de carácter presupuestario, fiscal o tributario; la concesión de amnistía o indultos; la suspensión o restricción de garantías constitucionales y la supresión o disminución de los derechos humanos; los conflictos de poderes que deban ser decididos por los órganos jurisdiccionales; la revocatoria de mandatos populares, salvo lo dispuesto en otras leyes; los asuntos propios del funcionamiento de entidades federales y sus municipios.
La expresa prohibición de suspender garantías por referendo remite al recuerdo de la amenaza de Rafael Caldera de recurrir a este expediente cuando, a comienzos de este período, su segundo decreto de suspensión de garantías fue rechazado por el Congreso. La amenaza surtió su efecto. Un subsiguiente envío de, en esencia, el mismo decreto, contó con los votos de Acción Democrática para la aprobación parlamentaria.
Y la exclusión de la revocatoria de mandatos populares como materia de referendos va contra su concepto de reforma constitucional en 1991 y del principio expuesto en su Carta de Intención con el Pueblo de Venezuela, donde se propugna, entre otros, los referendos revocatorios.
Desde el punto de vista del Derecho Público lo correcto es crear los referendos—más allá del único previsto en la Constitución vigente para reformarla—en una normativa constitucional, como lo prefiere Caldera, a como lo hizo el Congreso, que los permite en uno de los títulos de la ley electoral, la que, naturalmente, tiene rango subconstitucional. Un referendo nacional es una convocatoria al propio fundamento de la democracia—los Electores—para tomar “decisiones de especial trascendencia nacional”. El nivel correcto para prescribir los actos del poder público primario es el de la Constitución. Una vez hecho desde el rango de una ley, aunque orgánica, no podía esta ley además vulnerar, con referendos revocatorios, períodos de mandato establecidos constitucionalmente. De allí la salvedad: “salvo lo dispuesto en otras leyes”. Pero ninguna ley distinta podrá hacer lo que ésa no pudo: disponer algo distinto de lo que manda la Constitución. La salvedad, pues, no ha puesto a salvo nada, y al menos en ese punto los referendos aguardan por su correcta inserción constitucional.
Pero fuera de las materias prohibidas toda otra decisión de especial trascendencia nacional puede ser consultada a los Electores. (La ley referida los pone en minúsculas). De hecho, en una misma consulta puede decidirse sobre más de una materia, pues la ley indica que “podrá convocarse la celebración de más de un referendo simultáneamente en una misma fecha”.
Una vez convocado un referendo el Consejo Nacional Electoral debe asegurar su celebración en un término no mayor de noventa días y no menor de sesenta. Esto es, a esta fecha todavía quedaría tiempo de celebrarlo junto con las elecciones presidenciales de diciembre. Para que esto sea posible habría que convocarlo antes del día 6 de octubre próximo.
¿Quiénes pueden convocar un referendo nacional? En el orden del texto de la ley, en primer lugar, el Presidente en Consejo de Ministros; luego una sesión conjunta del Congreso de la República por votación favorable de sus dos terceras partes; finalmente un número no menor del diez por ciento de los Electores, o un poco más de un millón de ellos.
Por orden de representatividad decreciente, consideremos primero la ruta de la iniciativa popular: obtener más de un millón de firmas de Electores registrados en apoyo a la convocatoria del referendo. Que esto se intentaría fue prometido únicamente por Hugo Chávez Frías en declaraciones de su campaña. Parece ser que su organización no pudo o no quiso, a pesar de la promesa y de su pretendida fuerza, obtener el número de firmas necesarias. Sólo le quedan quince días.
Luego está el Congreso de la República, el que ya ha concluido su período y que no hizo caso de la proposición que el Dr. Allan Brewer le hiciera llegar. Siempre se puede, por supuesto, convocar a sesiones extraordinarias para ese único fin. El Congreso de la República podría. Le quedan quince días para hacerlo.
Por último puede hacerlo el Presidente en Consejo de Ministros. Tiene quince días para convocarlo. La pregunta es ¿para qué hacerlo? La respuesta legal es obvia: para que los Electores tomen “decisiones de especial trascendencia nacional”. La pregunta política sólo podemos contestarla los Electores: ¿queremos nosotros tomar esas decisiones?
Constituyente
No puede caber duda de que Venezuela está frente a decisiones de especial trascendencia nacional. De hecho, una de ellas ha motivado la actual discusión pública sobre referendos. Se trata de la conveniencia de convocar un órgano constituyente. Y según todos los registros una buena parte de los Electores, de hecho la mayoría, dice querer una Constituyente.
Como quiera que se mantienen discrepancias importantes, no sólo entre quienes creen que no debe convocarse una Constituyente y quienes piensan lo contrario, sino respecto de la forma de integrarla y la extensión de sus poderes, y respecto de la necesidad o no de reformar la Constitución de 1961 para convocarla, sería muy conveniente despejar también estas diferencias con ocasión del referendo.
Acá hay, pues, varios puntos a dilucidar, y esto requiere la mayor claridad sobre ciertos puntos fundamentales.
Según importantes expertos sería preciso reformar la Constitución de 1961 para que pueda convocarse un órgano constituyente (Brewer-Carías y otros), pues hay que preservar el «hilo» de una constitución que sólo prevé reformas y enmiendas según procedimientos expresamente pautados y que además establece en su artículo 250: «Esta Constitución no perderá vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone».
Pero este artículo se refiere a algo inexistente. El texto de 1961 no dispone de medio ninguno para derogarla. Sólo menciona enmiendas o reforma general. No prescribe medio alguno para sustituirla por conceptos constitucionales cualitativamente diferentes. Y esto sería, a mi juicio, la única razón valedera para convocar una Constituyente: que se requiera un nuevo pacto político fundamental que no pueda ser obtenido como reforma o enmienda del pacto constitucional existente. Si los cambios constitucionales previstos por quienes propugnan la Constituyente pueden ser obtenidos por modificación de las prescripciones vigentes o mera inserción de prescripciones adicionales, entonces no requerimos una. Bastaría entonces una reforma según lo pautado en el Artículo 246.
¿Puede argumentarse que nuestra actual armazón constitucional necesita, ya no ser modificada, sino sustituida por otra que contemple aspectos que no pueden obtenerse por reforma y que de alguna manera implican un concepto cualitativamente distinto? Sí puede hacerse, y de hecho se ha argumentado así en varias instancias. Baste como muestra referirse a lo que el Dr. Brewer-Carías ha señalado respecto de una posible integración de Venezuela en una confederación política, a la que habría que transferir poderes que actualmente son prerrogativa propia de nuestro Estado. Un cambio de esta naturaleza es claramente algo que no puede ser llamado una reforma, y menos aún una enmienda, que es aquello para lo que el “poder constituyente ordinario” o “derivado”—el Congreso de la República—tiene facultades expresas. Esta es la verdadera razón para la convocatoria de una Constituyente. Los argumentos que visualizan un órgano de este tipo como medio de recambiar el elenco de actores políticos nacionales son un desacierto: para esto es que se ha creado el procedimiento electoral.
Habiendo establecido este punto fundamental, regresemos a uno que es objeto de debate y divergencia: dado que es necesaria la Constituyente y que la conveniencia de convocarla puede ser sometida a referendo ¿es necesario reformar la Constitución de 1961 para convocarla aun en caso de que el referendo rinda una decisión positiva?
Quienes así piensan han dicho que la inclusión de un nuevo artículo en el texto de 1961 en el que se prevea la celebración de una Constituyente pudiera incluso ser considerada una enmienda, pero que hacerlo por esta vía causaría un considerable retraso. Las enmiendas aprobadas por el Congreso son sancionadas, a diferencia de las reformas, por las Asambleas Legislativas de los Estados, y a este respecto el ordinal quinto del Artículo 245 de la Constitución establece que las Cámaras procederán a declarar sancionado lo que haya sido aprobado por las dos terceras partes de las Asambleas, en sesión conjunta de aquéllas “en sus sesiones ordinarias del año siguiente” a aquél en el que la enmienda haya sido sometida a la consideración de las Asambleas. Es decir, si el Congreso que formulara la enmienda fuese el que se reunirá a partir de enero de 1999, entonces no podría tal enmienda ser sancionada hasta el año 2000, y sólo entonces se podría proceder a elegir los miembros de la Constituyente.
En cambio, los proyectos de reforma estipulados en el Artículo 246, sancionados por la mayoría de los Electores—en el único tipo de referendo previsto en la Constitución de 1961—no requieren un lapso intermedio entre la aprobación por las Cámaras y la celebración del referendo. (De nuevo en sesión conjunta las Cámaras fijarían la oportunidad ad libitum). De hecho, pues, este proceso puede ser más corto que el de una enmienda. El único problema es que añade un segundo referendo y por tanto otro tipo de retraso y un costo mucho mayor. O sea, si la secuencia comenzara por el referendo consultivo de diciembre de 1998 para establecer el deseo de los Electores acerca de la Constituyente, convirtiéndolo, como se ha dicho, en un mandato para que el Congreso del próximo año proceda a la reforma pertinente, esta reforma no entraría en vigencia sino después de un segundo referendo, el que probablemente no podría celebrarse hasta mediados de 1999, para aprovechar el montaje de las elecciones municipales de ese año. Y luego habría que organizar—otro retraso y otro costo—las elecciones de la Constituyente misma.
Hay dos maneras de salvar un retraso tan inconveniente. La primera, manteniendo el punto de la previa reforma constitucional, es que el Congreso de este mismo período celebre antes de diciembre sesiones conjuntas extraordinarias para aprobar un proyecto de reforma en este sentido (el que tendría que ser presentado, para no tomar en cuenta una engorrosa y azarosa discusión de las Asambleas Legislativas, por una tercera parte de los congresistas y admitido por las dos terceras partes). Luego de la aprobación—por mayoría simple—en ambas Cámaras, la sesión conjunta puede perfectamente determinar que el referendo sancionatorio se produzca junto con las elecciones presidenciales, en el mismo acto en el que se consultaría ulteriormente si los Electores queremos elegir la Constituyente pautada en la reforma.
Para el referendo que aprobaría la inclusión de la figura de la Constituyente en el articulado de 1961 no hay que sujetarse, pues, a los plazos fijados para los demás referendos. No puede privar una ley sobre la Constitución, y ésta deja a la potestad del Congreso la fijación de la oportunidad. Así, una división del trabajo necesario se insinúa con claridad: el Congreso, simplemente, debe abrir la puerta constitucional a la convocatoria de constituyentes; el Presidente de la República, junto con sus Ministros, procede a consultar a los Electores si queremos convocar una de una vez, la primera “Constituyente constitucional”, valga la redundancia si es que la hay. Ambas agendas, separadas, se complementarían.
Dicho de otro modo, no se le pide a nuestro renuente Congreso que se pronuncie por la convocatoria; ni siquiera que convoque a un referendo para consultar el punto. Tan sólo se le pide, a unas Cámaras que dejaron transcurrir todo el período legislativo sin iniciativa constituyente, que consagre lo que a todas luces es necesario establecer. Esto al menos nos debe el actual Congreso a los Electores. En este caso podría ahorrarse muy importantes sumas de dinero—en una situación fiscal tan apretada como la nuestra—pues las elecciones de la Constituyente podrían hacerse coincidir con las elecciones municipales de 1999 y su trabajo podría comenzar el mismo año que viene.
Y si el Congreso consintiese, como es su obligación política, en producir la reforma de una vez, haría bien en no postular una Constituyente de composición partidizada. Que los legisladores que eliminaron la uninominalidad para la elección del Senado no la prohíban para la Constituyente. Si, por lo contrario, diseñaran un formato constituyente enfrentado a las aspiraciones más populares, estarían preparando una contradicción prácticamente insalvable en el doble referendo que propongo: la aprobación a la convocatoria de la Constituyente junto con el rechazo a la forma prescrita en la reforma.
Queda una vía más radical, finalmente, para la convocatoria de la Constituyente: derivarla directamente de un referendo que pudiera efectuarse ahora, en diciembre de 1998.
Esto es, se prescindiría de la reforma previa en el texto constitucional vigente. ¿Es esto anticonstitucional? Creo que puede argumentarse que el punto es, más bien, supraconstitucional.
En efecto, el Poder Constituyente tiene justamente ese carácter supraconstitucional. Este poder no es otra cosa que el conjunto de los Electores, de los Ciudadanos, del Pueblo. Si en cualquier caso, una reforma constitucional no puede ser promulgada sin el voto favorable del Poder Constituyente, un referendo directo sobre algún punto constitucional es un acto equivalente, en su esencia y en sus efectos, al de un procedimiento convencional de reforma. Si el Poder Constituyente considerase como deseable la convocatoria de una Constituyente, sería inconcebible que el Congreso de la República presentase a ese mismo poder un proyecto de reforma contrario a ese deseo, o que le dijese a los Electores que su deseo supremo no puede ser llevado a la práctica porque no esté contemplado en las actuales disposiciones constitucionales.
Y es que el purismo jurídico que ahora se esgrime contra la derivación directa de una Constituyente a partir del propio Poder Constituyente no es exhibido para nada a la hora de evaluar jurídicamente el siguiente hecho incontestable: el Congreso elegido en diciembre de 1958, y que produjo la Constitución que hoy nos rige, nunca estuvo explícitamente facultado por los Electores para constituirse como órgano constituyente. Ese Congreso se arrogó, pues, facultades extraordinarias que no le habían sido conferidas por nadie, y produjo una Constitución que nunca fue aprobada por el Poder Constituyente sino por las Asambleas Legislativas (¡el más débil procedimiento pautado ahora para las enmiendas!), a pesar de lo cual dictó en el Artículo 252: “Queda derogado el ordenamiento constitucional que ha estado en vigencia hasta la promulgación de esta Constitución”.
Si alguna justificación pudiera aducirse en la fundamentación del origen de nuestra actual Constitución, tendría que ser la de que el Congreso que la produjo tuvo un origen democrático, a diferencia del anterior constituyente, el Congreso de la época dictatorial. Y aun así debe admitirse que esta procedencia democrática, que bastó para basar la nueva Constitución, es menos fuerte y directa que la de un referendo explícito.
Como tampoco, a un nivel distinto por cierto, el purismo constitucional se hizo escuchar demasiado cuando el presidente Caldera amagó con la convocatoria de un referendo sobre su segunda suspensión de garantías constitucionales en este período, a pesar de que los referendos consultivos no estaban previstos en ninguna norma legal venezolana. Nadie menos que el reconocido constitucionalista José Guillermo Andueza declaró por aquellos días que ya tenía preparado el texto del decreto que convocaría el referendo.
Valga la referencia al Dr. Andueza para citarlo en abono a la tesis de que una decisión de convocar directamente la Constituyente a partir de un referendo no sería un acto inconstitucional. En su trabajo para optar al título de Doctor en Ciencias Políticas en 1954, “La jurisdicción constitucional en el derecho venezolano”, el entonces bachiller Andueza se acogía, en su aspecto material—a distinción del procesal—a la siguiente definición de inconstitucionalidad: “una contradicción lógica en que se encuentra el contenido de una ley con el contenido de la Constitución”. Y un mandato de convocatoria de la Constituyente emanado del propio Poder Constituyente no es una ley; es verdaderamente una disposición supraconstitucional que no puede entrar en contradicción con algo que ni siquiera ha sido previsto por la Constitución actual: la sustitución total de ella misma por una nueva Constitución. Si algo es una contradicción lógica con ella misma, repito, es la Constitución de 1961 cuando afirma que no podrá ser derogada “por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone”, dado que no dispone ninguno.
Tal vez el bachiller Andueza sostenía entonces criterios distintos que los que hoy pueda ejercer, pero otras lecturas del mismo trabajo podrían llevarnos a suponer que él prefería en 1954 que los cambios constitucionales fuesen producidos sólo por constituyentes. Por ejemplo, decía en ese tiempo: “Siendo la Constitución la norma suprema del Estado, la que ocupa el vértice superior de la pirámide jurídica, ella no puede ser derogada ni abrogada por el procedimiento legislativo ordinario. Si ello fuera posible, el legislador estaría investido de una función constituyente y las constituciones escritas serían—como lo dijera con tanta propiedad el juez Marshall—«intentos absurdos de parte del pueblo para limitar un poder que por su propia naturaleza es ilimitado»”. (El jurado examinador de la tesis del bachiller Andueza, sin admitirse solidario de sus ideas, encontró en ella méritos que la hicieron acreedora de una mención honorífica y recomendó su publicación. Ese jurado estuvo compuesto por los doctores F. S. Angulo Ariza, Eloy Lares Martínez y Rafael Caldera Rodríguez).
En suma, creo que sería preferible, más suave y respetuosa, una reforma inmediata, en sesiones extraordinarias del actual Congreso de la República, que diera lugar a una reforma creadora de la figura de Constituyente dentro del texto constitucional vigente, la que puede perfectamente someterse a referendo aprobatorio según el Artículo 246 de ese texto y conjuntamente con un referendo consultivo que convoque el Ejecutivo Nacional acerca de la deseabilidad de la celebración de una Constituyente concreta. Pero si este Congreso vuelve a fallarnos, si persiste en obliterar los canales lógicos del cambio constitucional, el medio más airado y abrupto del origen directo en el referendo consultivo está siempre disponible, pues su brusquedad no equivale a la falta de juridicidad. Ese Congreso merecería entonces esa ira y esa brusquedad.
Es así como pienso que compete ahora al Presidente de la República argumentar ante el Congreso la necesidad de la reforma, advirtiendo que convocará a referendo para decidir sobre la convocatoria de la Constituyente.
Más aún. Creo que Rafael Caldera merece ser quien haga esa convocatoria. Más allá de las críticas de la más variada naturaleza que puedan hacérsele, el presidente Caldera puede ser considerado con justicia el primer constitucionalista del país. No sólo formó parte de la Constituyente de 1946; también fue quien mayor peso cargó cuando se redactaba el texto de 1961; también fue quien presidió la Comisión Bicameral para la Reforma de la Constitución de 1991; también fue quien expuso en su aludida “Carta de Intención”: “El referéndum propuesto en el Proyecto de Reforma General de la Constitución de 1992, en todas sus formas, a saber: consultivo, aprobatorio, abrogatorio y revocatorio, debe incorporarse al texto constitucional”; y también fue quien escribió en el mismo documento: “La previsión de la convocatoria de una Constituyente, sin romper el hilo constitucional, si el pueblo lo considerare necesario, puede incluirse en la Reforma de la Constitución, encuadrando esa figura excepcional en el Estado de Derecho”; fue también, por último, quien nombró como Presidente de su Comisión Presidencial para la Reforma del Estado al jurista Ricardo Combellas, el que advirtió ya en 1994 que si este Congreso no procedía a la reforma constitucional habría que convocar a una Constituyente. Si alguien merece la distinción de convocar al Primer Referendo Nacional ése es el Presidente de la República, Rafael Caldera.
Otras consultas
Una vez que se decida convocar a los Electores, al Poder Constituyente, para consultarlo sobre el tema discutido previamente, vale la pena aprovechar la excepcional ocasión para consultarle sobre otras materias de “especial trascendencia nacional”. Por una parte hay varias decisiones que revisten esa trascendencia y que vienen siendo insistentemente propuestas al país. Por la otra, una vez más, no estamos en condiciones de desperdiciar recursos. Hay que sacarle el jugo al Primer Referendo Nacional.
Por ejemplo, hace ya varios años que se propone vender—en distintas modalidades y proporciones—una porción de las acciones que el Estado venezolano posee exclusivamente en su empresa más importante: Petróleos de Venezuela. (A pesar de que hay quien sostiene que debe “privatizársele” por completo, la mayoría de quienes propugnan la noción sostiene que debe venderse un veinte por ciento de la propiedad y destinarse los fondos a obtener para el pago sustancial o completo de la deuda pública externa. Así argumenta, entre otros, el candidato presidencial Miguel Rodríguez).
Por ejemplo, hace ya varios años que se propone implantar en Venezuela un régimen monetario conocido con el nombre de “caja de conversión”, el sustituto total o parcial del Banco Central de Venezuela que pondría moneda nacional en circulación en función estricta de las reservas en dólares—la divisa preferida por los proponentes—y de una tasa rígidamente fija.
Pues bien, éstas son materias, sin ninguna duda, de “especial trascendencia nacional”. Es tan obvia su trascendencia que no es necesario demostrarla. Es difícil proponer cosas de mayor trascendencia—aunque las hay—y por tanto serían materia perfecta de un referendo.
Es de suponer que no faltará quien diga que tales decisiones no están al alcance del juicio de los Electores. Que “el pueblo” no está preparado para eso, que “el pueblo” no está en capacidad de entender esos asuntos, que hace falta saber mucho de economía petrolera o monetaria para tomar esas decisiones. Estaría equivocado quien así argumente contra la posibilidad de consultar sobre esas proposiciones en referendo.
En primer lugar, porque en el caso de la venta parcial de las acciones de PDVSA se estaría ante una decisión de propietarios. Precisamente es uno de los argumentos favoritos de quienes abogan por la fórmula extrema de regalarlas a los venezolanos mayores de edad, que de ese modo se estaría “devolviendo” a los nacionales la efectiva posesión de su riqueza más grande. Y los propietarios pueden auxiliarse con todas las opiniones técnicas que requieran, pero nadie distinto a ellos mismos puede en propiedad disponer de su patrimonio.
En segundo lugar, porque la más moderna y poderosa corriente del pensamiento social ya ha adoptado la realidad de los sistemas complejos: que éstos—el clima, la ecología, el sistema nervioso, la corteza terrestre, la sociedad—exhiben en su conjunto “propiedades emergentes” a pesar de que no se hallen en sus componentes individuales. (Ilustración de Ilya Prygogine, Premio Nobel de Química: si ante un ejército de hormigas que se desplaza por una pared, uno fija la atención en cualquier hormiga elegida al azar podrá notar que la hormiga en cuestión despliega un comportamiento verdaderamente errático. El pequeño insecto se dirigirá hacia adelante, luego se detendrá, dará una vuelta, se comunicará con una vecina, tornará a darse vuelta, etcétera. Pero el conjunto de las hormigas tendrá una dirección claramente definida). Así por ejemplo, la teoría económica clásica fundamentaba la lógica macroeconómica del mercado en la racionalidad microeconómica del comprador individual: el homo economicus que tomaba sus decisiones con toda lógica sobre una base de información transparente y perfecta. Hoy en día no es necesario suponer la racionalidad individual para postular la racionalidad del conjunto: el mercado es un mecanismo eficiente independientemente y por encima de la lógica de las decisiones individuales.
La inteligencia colectiva emerge como propiedad social, y si alguno quiere argüir en contra, mediante la exhibición de supuestas decisiones erradas de los venezolanos en las elecciones producidas con sus votos, se puede a la vez contraponerle que no hicimos otra cosa que distinguir entre opciones que no fueron determinadas por nosotros, y que en todo caso, en consecuencia, no fue “el pueblo” sino sus dirigentes políticos convencionales, quienes fabricaron las alternativas. Sobre la propiedad emergente de nuestra inteligencia colectiva podemos fundar con tranquilidad las decisiones más trascendentes. Es en ese sentido que Rafael Caldera tenía razón cuando dijo: “El pueblo nunca se equivoca”.
Pero también habrá quien esgrima la propia Ley Orgánica del Sufragio y la Participación Política para decir que consultas de ese tipo no serían legalmente posibles, por cuanto esa ley proscribe los referendos sobre materias presupuestarias, fiscales o tributarias, y la venta de acciones de PDVSA o el establecimiento de una caja de conversión indudablemente afectarían al presupuesto, al Fisco y a la tributación. Esto, sin embargo, no es lo que la ley significa, puesto que de ser así no se podría consultar prácticamente nada, ya que casi cualquier “decisión de especial trascendencia nacional” tendería a tener consecuencias en uno o varios de esos ámbitos prohibidos. La venta de acciones de PDVSA no es materia presupuestaria, fiscal o tributaria; es materia patrimonial. La implantación de un mecanismo de caja de conversión no es materia presupuestaria, fiscal o tributaria; es materia monetaria. La consulta sobre tales cuestiones es perfectamente ajustada a derecho.
Por estas razones, pues, quisiera votar en un referendo que nos permitiera dilucidar estas cuestiones de indudable importancia y que han sido las protagonistas del debate económico reciente. Además, la inclusión de estos temas en el referendo que podremos celebrar en diciembre de este mismo año, contribuirá a desplazar la atención de la cosmética de las campañas y sus muy escuetos eslóganes para fijarla sobre puntos realmente programáticos, lo que desde todo punto de vista es sano para la Nación.
Confianza
Como es perfectamente sano para la Nación el referendo mismo y la propia Constituyente. Concebidos con serenidad, convocado uno por el actual Presidente de la República y la otra según las reglas que puedan derivarse de la consulta popular o de una no imposible reforma de la Constitución, restituirán en grado apreciable la disminuida seguridad política venezolana.
Celebrado el referendo en diciembre de este año, para empezar, junto con las elecciones presidenciales, puede desaguarse por su fundamental cauce buena parte de la angustia ciudadana que hasta ahora sólo disponía de los cauces candidaturales y parece preferir uno entre ellos, el que se prevé más turbulento. Conduciendo buena parte del raudal de inconformes voluntades electorales por un brazo tan primario y portentoso como el de un referendo, es de esperar que la preferencia por lo tumultuoso disminuya, y así llegue a la Presidencia de la República un candidato inviolento.
No debemos temer a una Constituyente. Ya parece haberse desvanecido la noción de que la Constituyente a convocar tendría poderes omnímodos, disolvería otros poderes, y forzaría una nueva Constitución sin someterla a referendo.
No renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros no la aprobemos en referendo. Así que nada podrá hacerse sin nuestro consentimiento. Así que cualquier temor residual no será otra cosa que temor de nosotros mismos.
Somos nosotros mismos. Somos los que saqueamos ciudades en 1989, los que apoyamos a Chávez después de haber apoyado a Sáez, los que cambiamos bolívares por dólares para depositarlos lejos de la Patria, los que abandonamos pacientes en los hospitales y niños en la calle. Somos los que debemos decenas de millones de dólares, los que cuestionamos todas nuestras instituciones, los que descreemos de nosotros mismos.
Pero somos también quienes respetamos las vidrieras ante el apagón descomunal de 1993 porque no quisimos dar pretexto a un golpe de Estado. Somos los mismos que no salimos a defender a Chávez un año antes porque pensábamos como nos ha citado “Amaneció de golpe”: estábamos arrechos pero no queríamos el golpe. Somos los que aceptamos de Caldera y con mayor paciencia los que rechazamos de Pérez. Somos los que juzgamos a Pérez. Somos los que regresamos al cabo a los hospitales. Somos los que han hecho bajar el dólar. También somos los que rechazamos las calificaciones que se hacen de nuestra deuda. Somos los que producimos el petróleo heredado. Somos los mismos.
Podemos celebrar perfectamente una gran Constituyente. Vamos a celebrarla. Que no nos digan de afuera que no podemos tocar nuestro estatuto básico porque nos sacarán los reales. Ya nos han dicho lo mismo con muchas otras cosas y esto último es verdaderamente el colmo.
Podemos elegir sensatamente a nuestros apoderados constituyentes y prescribir límites a su poder, sujetando siempre sus efectos a nuestra aprobación.
Podemos elegir un conjunto de variadas trayectorias y perspectivas; no sólo los expertos en Derecho Constitucional y los historiadores que se ha dicho bastarían, sino los futurólogos y los expertos en sistemas.
Podemos elegirlos uninominalmente y también cooptar autoridades de conveniente inclusión y que aborrezcan imaginarse en campaña por cerros o cañadas. Podemos servir a la Constituyente con una secretaría técnica que prepare e investigue, y auxiliarla por un Consejo Asesor que recoja la experiencia y el ángulo de gremios y corporaciones.
La Constituyente no es, ciertamente, una fórmula mágica. Con ella, como dice un candidato, no podremos ir al mercado. No se trata de postularla como panacea. Se trata, simplemente, de reconocer que nuestra armazón constitucional contiene verdaderas camisas de fuerza que impiden la adaptación de nuestro Estado a las nuevas dimensiones planetarias de lo político y la ampliación de la democracia hasta los nuevos límites que la moderna tecnología comunicacional le impone. A comienzos del período constitucional que ahora llega a su fin el Dr. Ramón Escovar Salom, preguntado acerca de los principales problemas del período contestó así: “El problema principal va a ser el de la gobernabilidad”. Cuando afirmaba esto no se refería a la dificultad de gobernar a un pueblo díscolo y desobediente que fuese necesario someter. Se refería más bien, como luego detalló con claridad, a los impedimentos fundamentales que la Constitución y las leyes imponían al gobernante. Se trata entonces de eso, de aumentar la gobernabilidad a través de una mejor estructura constitucional. Y a pesar de que con una nueva Constitución no se vaya al mercado, ni se mejore la situación de los hospitales, ni la condición de seguridad de los habitantes del país, sí es cierto que mejores disposiciones constitucionales incidirían sobre todos y cada uno de esos problemas, a través de una mejora sustancial en la capacidad del Estado. En todo caso, uno no rechaza el empleo de una herramienta porque no sirva para fines diferentes al que está destinada.
Finalmente, hay quienes argumentan que el mero hecho de convocar a una Constituyente es un acto desestabilizador. Que abriría un extenso compás de incertidumbre superpuesta a la existente, de por sí considerable.
Es todo lo contrario. La convocatoria sensata y responsable de una Constituyente contribuirá a la liberación de tensiones y proveerá un cauce perfectamente normal, aunque extraordinario, para la modernización de nuestro Estado.
Para más de un actor político convencional la oportunidad de los cambios nunca llega. Nunca parecen ser oportunos. Al menos desde 1963 se producía, siempre en año electoral, la proposición de separar las elecciones legislativas de las presidenciales. Así se hizo en 1968, 1973 y 1978, contando el proponente, por supuesto, conque su proposición sería rechazada con el argumento de inconveniencia de la oportunidad por tratarse de años electorales.
No puede posponerse por más tiempo el cambio fundamental que requiere la República. Diferir de nuevo la transformación para un momento más oportuno que nunca llegaría equivale a asegurarla como consecuencia de una explosión. En estos momentos la Constituyente se perfila como un gran proceso estabilizador.
Pero también lo es el referendo mismo, la apelación directa a la opinión del Poder Constituyente, de los Electores de la Nación, para decidir sobre asuntos de nuestro más alto interés. En el fondo, más que una elección de representantes o mandatarios, es el referendo el acto supremo de una democracia. Es la participación total de la voluntad de los Electores en la toma de decisiones fundamentales.
La necesidad de la participación popular en esta toma de decisiones políticas no es en absoluto exclusiva de Venezuela. Tampoco es tan nueva, a pesar de su creciente actualidad. Hace ya dieciséis años, en 1982, publicaba John Naisbitt el más seminal entre sus libros, “Megatendencias: diez nuevas direcciones que transforman nuestras vidas”. Se explicaba allí la actuación de las más grandes y poderosas corrientes de transformación en el mundo postmoderno. La séptima de ellas era la del cambio de una democracia representativa a una democracia participativa. Decía Naisbitt entonces de este modo: “Políticamente estamos hoy inmersos en el proceso de un desplazamiento masivo de una democracia representativa a una participativa. En una democracia representativa, por supuesto, no votamos sobre los temas directamente; elegimos a alguien que vote por nosotros… Hemos creado un sistema representativo hace doscientos años cuando era la forma práctica de organizar una democracia. La participación ciudadana directa simplemente no era factible, así que elegíamos personas que fueran a las capitales de estados, nos representaran, votaran y luego regresaran a contarnos lo que había pasado. El representante que hacía un buen trabajo era reelecto. El que no lo hacía era rechazado. Por doscientos años esto funcionó bastante bien… Pero sobrevino la revolución en las comunicaciones y con ella un electorado extremadamente bien educado. Hoy en día, con información instantáneamente compartida, sabemos tanto acerca de lo que acontece como nuestros representantes, y lo sabemos tan rápidamente… El hecho es que hemos trascendido la utilidad histórica de la democracia representativa y todos sentimos intuitivamente que es obsoleta”.
Estamos, por tanto, a las puertas de nuestro primer ejercicio nacional de democracia participativa. Ni más ni menos. Tal ocasión no puede ser otra que la de felicitarnos por la presencia de la oportunidad. Hagamos, por tanto, de nuestro Primer Referendo Nacional una gran ocasión, un gran referendo. Hagamos esto sin temer de nosotros mismos, con confianza en que somos lo suficientemente maduros para producir un resultado a la vez audaz y sensato.
A fin de cuentas, hay constantes en nuestras opiniones políticas más elementales que prefieren la democracia a la opción autoritaria, a pesar de la vociferación televisada de atrabiliarios personajes, a pesar de la escandalosa propaganda de una silla que ha ido a recalentarse hasta Madrid, a pesar de la falaz contraposición de una “mala” democracia y una “buena” dictadura, a pesar de la prédica odiosa e irresponsable de abusadores golpistas.
Hay que preservar por encima de todo lo que más de un siglo tardó en conquistarse: el régimen democrático obtenido en 1958. No podemos permitir que se le amenace.
Pero también necesitamos expandir la democracia, “ejercer una acción pública para acrecentar la democracia hasta que ésta alcance sus límites tecnológicos”. El medio para alcanzar esto no es otro que la Constituyente, y el detonante de su proceso no debe ser otro que el Primer Referendo Nacional.
El Presidente de la República tiene la potestad de desencadenar ese proceso. Será estupendo constatar que en sus manos no se perdió la República, pero lo será más todavía que pueda decirse que en esas mismas manos creció la democracia que él tanto contribuyó a crear.
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