LEA #237

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No sólo es la licencia de transmisión abierta de RCTV la que se ve amenazada por una cuenta regresiva. En latitudes norteñas así parecen estarlo los caballeros Alberto Gonzales y David Wolfowitz, Fiscal General de los Estados Unidos y Presidente del Banco Mundial, respectivamente.

Por lo que respecta al primero, cada vez más senadores se suman a las voces que exigen su renuncia. (Anteayer presentó la renuncia a su cargo su segundo de a bordo, Paul McNulty, alegando razones personales que se toparon con baja credibilidad). Entre estos senadores frescos se encuentran Chuck Hagel, senador republicano, y su colega y copartidario Pat Roberts, de modo que el asedio contra el Attorney General no se restringe a la oposición demócrata. Hagel dijo: “El pueblo norteamericano merece un Fiscal General, el principal funcionario para la ejecución de la ley, cuyas honestidad y capacidad estén libres de cuestionamiento”. Por su parte, Roberts declaró ayer que Gonzales debiera considerar la salida voluntaria del cargo: “Cuando uno tiene que gastar más tiempo aquí en el Capitolio que en la dirección del Departamento de Justicia, tal vez uno debiera pensar sobre eso”.

¿La Casa Blanca? En apariencia impertérrita, sus voceros han declarado que “todavía”—suena a “por ahora”—el presidente Bush tiene confianza en su viejo amigo. Pero ahora la sátira política norteamericana sugiere que—¡horror!—el vicepresidente Cheney habría invitado a Gonzales a una excursión de caza en su casa de campo. (En la que no hace mucho hirió a un invitado). Se asegura que alguien pudiera no regresar a su cargo de esa pretendida excursión.

En el caso de Wolfowitz, en cambio, el apoyo de Bush ya no parece ser tan sólido, luego de que el comité especial, que consideró el caso para la junta directiva del Banco Mundial, elevara un informe en el que se señala que aquél había violado expresamente el código de ética de la institución. La Casa Blanca comenzó a hablar de la consideración de opciones.

Lo más reciente es la noticia de que el propio Wolfowitz estaría dispuesto a renunciar al cargo si la junta directiva asume parte de la responsabilidad por las condiciones contractuales de su amiga, Shaha Riza. Es decir, el Sr. Wolfowitz negocia su salida. Habrá que ver lo que estará dispuesta a conceder la junta directiva del Banco Mundial.

El panel especial, que entregó su informe este pasado lunes, encontró que el aumento de remuneración obtenido por la Sra. Riza bajo la dirección del Sr. Wolfowitz había excedido el rango permitido por las reglas del banco. Riza, que trabajaba en el Banco Mundial antes de la llegada de su novio a la presidencia, fue transferida al Departamento de Estado norteamericano “para evitar un conflicto de intereses”. Su salario allí, sin embargo, continúa siendo pagado por el banco, y pasó de US$ 133 mil a US$ 193.590 luego de varios aumentos.

Ambos episodios son claras derrotas para el neoconservatismo, aunque una compensación se encuentra en la asunción de Nicolás Sarkozy a la Presidencia de la República Francesa. Ya se ha movido con rapidez, y en una hábil jugada ha nombrado a François Fillon, de notable experiencia negociadora con los sindicatos, en el cargo de Primer Ministro. Dígase lo que se diga, Sarkozy ha venido a trabajar.

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CS #237 – El pozo y el péndulo

Cartas

El Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información, el ciudadano Willian Lara—que para su propio gusto debiera titularse Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información de la Revolución Socialista Bolivariana, a juzgar por el nombre que ahora propone, aduladoramente, para el partido chavista único—se ha convertido en el gran desmentidor de la comarca, y se ocupa de contradecir cualquier manifestación que pudiera interpretarse como crítica del actual gobierno venezolano.

Por ejemplo, ha sido él el encargado de decir que las recientes palabras de Benedicto XVI en Brasil, condenando a los gobiernos de corte autoritario y a los experimentos marxistas—también, por cierto, a los salvajemente capitalistas—no tienen nada que ver con el régimen imperante en Venezuela. Por supuesto que tenían que ver.

Benedicto XVI no se caracteriza por la improvisación o el apresuramiento. Cuando pronunció un valiente discurso en la Universidad de Ratisbona (Regensburg, 12 de septiembre de 2006), en el que denunciaba como inconveniente—citando palabras de un antiguo emperador bizantino—la asociación del Islam con la violencia, tal oración estuvo perfectamente bien prevista por el Sumo Pontífice, y fue algo discutido de antemano por el Papa y su estado mayor. Si unas caricaturas danesas causaron disturbios escandalizados en áreas musulmanas, si en su momento Salman Rushdie recibió sentencia de muerte por sus Versos satánicos, el Vaticano no podía suponer que las palabras cuidadosamente escogidas por el papa Ratzinger pasarían sin pena ni gloria.

Naturalmente, los papas, como buenos diplomáticos, sueltan afirmaciones de corte general para que sean leídas entre líneas. Benedicto XVI no mencionó directamente a Venezuela, ni siquiera a Cuba, pero está meridianamente claro que en América Latina sólo hay dos gobiernos autoritarios: el cubano, decididamente dictatorial, y el de Chávez, en vías de serlo. (Falta ver cómo terminarán de desarrollarse los gobiernos de Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega). Adicionalmente, son esos mismos dos gobiernos los que beben del marxismo: el de Fidel, desde hace tiempo borracho de materialismo histórico, y el venezolano que, sin ir muy lejos, exaltaba los ideales comunistas de Marx y de Trotsky el pasado 5 de mayo, cuando la emprendía en un discurso contra SIDOR mientras destacaba que ese día era el del nacimiento de Karl Marx. ¿A quién pudiera estarse refiriendo el Papa en el continente, entonces? ¿A su anfitrión, el Presidente de Brasil? ¿A Uribe Vélez?

Es clarísimo que el mensaje estaba directamente referido a Castro y a Chávez. Lara, no obstante, quiere convencernos de que el sol sale por el oeste. Dijo que Benedicto XVI “se ha caracterizado por ser un hombre conservador, pero no necesariamente eso nos va a llevar de manera automática a pensar que cualquier palabra que diga, descontextualizada por los propagandistas de la derecha, es contra el gobierno venezolano”. (El canciller Maduro estuvo más duro y advirtió que si fuese cierto que Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, había no sólo repetido los conceptos del Papa, sino también mencionado concretamente a nuestro país, “tendrá una respuesta contundente de Venezuela”).

Como tiene su propio jefe aduladores que repiten y consagran sus desvaríos, el mismo Willian tiene los suyos. Como para reforzar la idea de que Benedicto XVI no ha podido estar refiriéndose al gobierno venezolano, la Cónsul General de Venezuela en Nueva York, Leonor Osorio, acusó al Gobierno de Estados Unidos de hacer uso político de las solicitudes de asilo que ciudadanos venezolanos han presentado desde 2004 para hacer ver al gobierno “socialista cristiano” (!) de Chávez como un estado opresor del que miles tienen que salir huyendo. Es decir, el Papa no puede estar en contra de un régimen “cristiano”, aunque sea socialista. Esto es el progreso de tapar el sol con tres dedos en vez de uno, el de Lara, el de Maduro y el de Osorio, a pesar de que es obvio que el discurso de Benedicto XVI ha debido prepararse en Roma bastante antes de su viaje brasileño, y sus palabras cuidadosa e intencionalmente escogidas.

Claro que el Consejo Episcopal de América Latina y el Caribe (CELAM), ha salido a decir que el Papa no había querido insinuar ejemplos específicos, como para desactivar la bomba representada por la transparente admonición pontifical. También ha señalado que “la distribución desigual de la riqueza es la causa de la pobreza en América Latina”. Algo así como explicar que el opio duerme porque tiene una virtud dormitiva—Vis dormitiva—y que es blanco el caballo blanco de Bolívar.

………

Pero ahora Lara, en su nuevo papel de gran desmentidor, acomete la deconstrucción—ministro postmoderno—de los resultados de una encuesta recientemente revelada por Oscar Schemel, el Director de Hinterlaces. Muy apresuradamente ha salido el Sr. Lara a declarar que el estudio de opinión sólo sirve a intereses de clase y es una “mentira estadística”. El Gonzalo Barrios del régimen—con perdón de la memoria del Dr. Barrios—declaró: “Alguien habló una vez que hay en la vida mentiras capitales, veniales y estadísticas, por lo que creo que en Venezuela hace bastante tiempo y por razones de carácter político estamos frente a una mentira sistemática de la mentira estadística”. Igualmente insinuó que algunos dueños de encuestadoras, en función de sus posturas políticas, “inducen respuestas en la forma misma de formular la pregunta a la hora de hacer la entrevista al encuestado”. El Ministro del Poder Popular para Desmentidos y Rectificaciones no toma en cuenta que la metodología de Hinterlaces incluye el empleo de focus groups, en los que los participantes no están encajonados por preguntas cerradas y pueden explayarse al explicar lo que sienten.

¿Qué tiene de particular la encuesta en cuestión, que obliga al gobierno a tratar de descalificarla? Pues que registra una disminución de 9% en el apoyo a Chávez, y reporta que más o menos la tercera parte de quienes votaron por él el pasado 3 de diciembre está arrepentida.

Estos resultados eran previsibles. Carolina Jaimes Branger y el suscrito anticiparon exactamente eso en un programa conducido por ella en enero de este año en Radio Caracas Radio. No hay misterio en el asunto, o especial mérito profético. Ya para entonces era inocultable—inocultada—la insolente aplanadora de cinco motores con la que el Presidente reelecto había arrancado el año, sin que ninguna de las medidas específicas—eliminación de la autonomía del Banco Central de Venezuela, estatización de la CANTV y La Electricidad de Caracas, negativa a la renovación de la licencia en VHF para RCTV, etc.—había sido mostrada a los Electores durante la campaña electoral. (Había mencionado el caso de RCTV, pero había llegado a sugerir que sometería la decisión a referendo consultivo popular). La arrogante agresividad del Presidente debía ya haber escamado a más de uno de sus votantes.

Hinterlaces, que medía en noviembre de 2006 una aprobación a la gestión de Chávez de 49% de los consultados, registra en los primeros cinco meses del año su caída a 40%. Dijo Schemel a Unión Radio anteayer: “De alguna manera este proceso revolucionario, más que construir o iniciar una revolución, lo que ha hecho es reafirmar los valores democráticos de pluralismo, alternabilidad, consenso; más que un ciudadano socialista lo que está surgiendo es un ciudadano liberal”. Esto no le puede gustar a Chávez en nada y, automáticamente, no puede gustarle a su Goebbels, a Willian Lara. Éste ha salido a decir que las cifras han sido amañadas, que no se corresponden con la “realidad” de un consistente apoyo al Jefe del Gobierno—y de todo lo demás—aunque sin ofrecer de su parte referencia específica a ningún otro sondeo.

También dijo Schemel que se nota “fatiga, cansancio, desesperanza, frustración por el incumplimiento de las promesas y la falta de resultados” en la gestión gubernamental y que una de las razones de tal cansancio es que el Presidente concede la suprema importancia a una agenda ideológica “que no toma en cuenta los problemas de la gente”. Añadió: “De la votación del presidente Chávez, de cada diez personas, tres están arrepentidas, de cada diez, tres están molestas y decepcionadas, y la valoración del gobierno de forma positiva ha bajado 9 puntos”. Otro clavo para la urna: el encuestador, habitualmente muy acertado—incluso para anticipar triunfos electorales de Chávez—indicó que la agenda ideológica de éste “tiene un rechazo del 67 %. El socialismo no logra cautivar a la mayoría de la población, más bien lo asocian con programas sociales y solidaridad y no como un nuevo orden económico y social”. Otro más: que las últimas mediciones de Hinterlaces miden un 81% de desacuerdo con la decisión presidencial de suspender la concesión de Radio Caracas Televisión. “Incluso los chavistas consideran que es una decisión arbitraria y personalista del Presidente Chávez, que limita la posibilidad de contar con opciones diversas no sólo de entretenimiento, sino de información y opinión”.

Se ha dicho mucho que Chávez sí cree en las encuestas y en su importancia. Sabedor de que ya su propio electorado desconfía del excesivo poder que concentra, ha comenzado a desacelerar uno de los cinco motores de la revolución “que no para nadie”. Es decir, ha comenzado a pararla él mismo. Ya no es tan inminente la reforma constitucional a la que había impuesto un cronograma de urgencia, y la cosa no será sometida a referendo, como había anunciado, en este año de 2007.

………

Aun las más férreas dictaduras pueden desplomarse súbitamente. La del Shah de Irán, Reza Pahlevi, por ejemplo, contaba con una policía política que era envidia del más autoritario de los gobernantes de su época, pero ella no pudo evitar su caída. (El hecho fue una sorpresa para las más avezadas cancillerías occidentales). Ferdinand Marcos, el autócrata filipino que era el esposo de la dueña de cinco mil pares de zapatos, se vino abajo tan rápidamente como Pahlevi, como una máquina de escribir que fuese lanzada desde una torre del Parque Central. La opinión pública, normalmente estable, puede experimentar, con no poca frecuencia, un comportamiento pendular.

¿Qué puede pasarle a un gobierno que ha tenido dificultades en la formación de su ansiado partido único; que ha tenido roces importantes con Lula, con Bachelet y el Senado chileno, con el gobierno de Uribe, con García, con Calderón, con las petroleras internacionales, con Bush, con SIDOR y su dueño argentino, con la banca nacional; que ha disminuido marcadamente las reservas internacionales en lo que va de año; que preside sobre la inflación, la escasez y una delincuencia en deslave; que ha alienado a gran parte de los militares con su estúpido lema de “patria, socialismo o muerte” y la altanera advertencia de que quienes no gusten de él deben irse; que es el obsceno centro de un desbocado culto a la personalidad que repite su efigie en cada rincón del país?

No puede esperar, como sueña Lara, que el apoyo pre-electoral a su favor se haya mantenido incólume. Ya antes el apoyo a Chávez se ha desplomado verticalmente en breve lapso. Así ocurrió poco después del 11 de septiembre de 2001, cuando inició una de sus innumerables giras por el exterior, llenas de imprudentes declaraciones. En Londres quiso lucirse con una improvisación sobre el caso del Sierra Nevada, buque obsequiado por Carlos Andrés Pérez a Bolivia durante su primera presidencia bajo sospecha grave de corrupción. Chávez preguntó retóricamente en la capital inglesa cuánto habría costado el voto que había salvado a Pérez, impensadamente, y no faltó quien recordara que ése había sido el voto de su entonces canciller, José Vicente Rangel. Llegó hecho una mapanare enfurecida contra el diario El Nacional porque había reportado el acto fallido—a pesar de que muchos otros medios habían destacado lo mismo—y pronto las huestes de Lina Ron fueron a sitiar, amenazantes, el periódico que antes estaba de Puente Nuevo a Puerto Escondido. Pocos meses después Chávez estaba caído.

Pareciera estar incubándose una nueva crisis de la legitimidad del gobierno de Hugo Chávez. En la anterior, una conducción opositora soberbia y equivocada llevó al desastre del carmonazo. Hay que rezar porque esta vez no se cometa los mismos errores.

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FS #144 – Manual del mandarín

Fichero

LEA, por favor

El 20 de septiembre de 1998 se publicaba el número 28 de la publicación referéndum, que el suscrito elaboraba mensualmente—más o menos—desde 1994. Era, naturalmente, año de elecciones en Venezuela, el año en el que sería electo Hugo Chávez Frías a la Presidencia de la República en las votaciones del 6 de diciembre. Antes, el 8 de noviembre, tendrían lugar las elecciones parlamentarias. Estas últimas debieron haberse realizado conjuntamente con las presidenciales, según reforma de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política efectuada por el Congreso de la República en diciembre de 1997.

Los actores políticos determinantes de la hora—todavía lo eran Acción Democrática y COPEI—optaron por desdecirse en ese aspecto de la reforma, y decidieron apresuradamente separar las elecciones presidenciales de las parlamentarias y regionales. Albergaban la esperanza de predominar en ellas, dado que el candidato Chávez no disponía de una organización política tan desarrollada y omnipresente como las maquinarias de los partidos tradicionales. Esto fue uno más de los graves errores que terminaron por desacreditar a AD y COPEI, y que llevaron al triunfo electoral de Hugo Chávez. La cínica y cosmética candidatura de Irene Sáez—Luis Herrera Campíns, Presidente de COPEI, la justificó públicamente en Caraballeda como el modo de que los copeyanitos que no tenían acceso al gobierno se «resolvieran» económicamente—, la candidatura del opaco hombre de aparato adeco, Luis Alfaro Ucero, que finalmente fue defenestrado por sus compañeros para ofrecer un tardío beso de la muerte a Henrique Salas Römer… cosas como ésas reforzaron la dinámica favorable a Chávez, que emergió como una alternativa popular antiestablishment una vez que se desplomara, como la estatua ecuestre de Bolívar en Chacao, la candidatura de la ex Miss Universo, convertida entonces en Miss Titanic.

Ya para mediados del año electoral de 1998 comenzaba a parecer inevitable el triunfo de Chávez. El 24 de junio un conocido e importante empresario convocó a una reunión de análisis en su casa, con la intención de determinar un curso de acción que pudiera impedir la ganancia del llanero. Un famoso encuestólogo se encontraba presente en la reunión e indicó que, según sus registros, ninguna de las otras candidaturas, incluida la de Salas Römer, tendría oportunidad de ganar el 6 de diciembre. Allí formuló una recomendación a la que no se hizo caso: «Yo estimularía la emergencia de una contrafigura de Chávez, aunque no vaya a ser candidato».

En el número señalado de referéndum se publicó dos artículos. El primero, reproducido en este #144 de la Ficha Semanal de doctorpolítico, trató del problema meramente electoral, mostrando cómo es que todavía a esas alturas existía un cauce para oponer una candidatura verdaderamente eficaz a la figura de Chávez. Su título fue Manual del mandarín, en alusión al «mandarinato nacional», expresión con la que alguien designaba, más bien incorrectamente, lo que luego un editor de periódicos y su periodista hija denominaría «los factores reales de poder». El segundo de los artículos, bastante más largo, será reproducido en la ficha de la semana que viene.

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Manual del mandarín

Es sólo muy recientemente que la “teoría de la complejidad”—que incluye la llamada “teoría del caos”—ha podido proporcionar un paradigma adecuado al tratamiento del futuro de un sistema complejo. Los primeros ejercicios analíticos de predicción eran fundamentalmente proyecciones en línea recta. (La estadística había proporcionado la herramienta de la “regresión lineal”, mientras el “determinismo histórico” de las doctrinas marxistas contribuía a esa opinión de que el futuro era único e inevitable). Obviamente, sólo pocos fenómenos pueden ser adecuadamente descritos como una línea recta.

El reconocimiento de la multiplicidad del futuro llevó, más tarde, al desarrollo de la técnica de “escenarios” (principalmente por la Corporación RAND, en la década de los sesenta), en los que se exponía intencionalmente un conjunto de descripciones diferentes del futuro en cuestión. Sin embargo, aun la técnica de escenarios tiende a estar asociada con una percepción del problema en forma de “abanico” de futuros, según la cual se presume una continuidad de la transición entre los distintos futuros, al desplazarse por el área continua del abanico. Este modo de ver las cosas supone, por tanto, una enorme cantidad de incertidumbre, pues los futuros serían, en el fondo, infinitos.

El formalismo matemático sobre el que se asienta la teoría de la complejidad, en cambio, permite describir el futuro como una estructura arborificada o ramificada, como una arquitectura discontinua en la que unos pocos futuros posibles actúan como cauces o “atractrices” por los que puede discurrir la evolución del presente.

Los sistemas complejos, como el clima, la ecología o la sociedad, se mueven a lo largo de unos pocos cauces. El futuro, entonces, no está compuesto de una variedad infinita de escenarios. Son tan sólo unos pocos cursos, carriles o cauces—sus atractrices–—los que conducen el cambio de un sistema complejo. Son, por ejemplo, unos pocos conductos los que están desaguando el caudal político venezolano, y si esto es así la incertidumbre viene siendo algo menor de lo que habitualmente se supone. Hay incertidumbre, naturalmente, pero al menos podemos estructurarla, al menos conocemos la forma general del delta de los cauces políticos en Venezuela a fines de 1998.

Las atractrices estúpidas

Entre los venezolanos de posición social dominante, política o económica, hay una cierta división de percepciones respecto de los resultados en las próximas elecciones presidenciales. Hay quienes piensan que el triunfo electoral de Chávez Frías es inevitable. Hay quienes aún esperan algún tipo de sorpresa, algún reacomodo, alguna emergencia que niegue la posibilidad de Chávez Frías en la Presidencia de la República.

Y entre los primeros hay asimismo una subsiguiente ramificación. Está la rama de quienes se resignan al hecho y preparan como pueden su red de seguridad: dólares afuera, principalmente. Está la rama de quienes creen que es posible controlar o influir a Chávez Frías, o por lo menos que es posible evitar ser decapitados. Le adulan recomendándole un cambio de imagen y le compran decenas de trajes de precio millonario de un conocido sastre caraqueño; le ofrecen cenas íntimas; le entregan millones de bolívares; le ponen a su disposición aviones que lo trasladen en sus giras.

Luego está una tercera rama, la más estúpida de todas, de los que han cruzado la raya de la inmoralidad política y se creen autorizados a emplear medios criminales para impedir el triunfo de Chávez Frías. Esta rama tiene a su vez tres ramitas: el asesinato, el fraude electoral, el golpe “preventivo” antes de las elecciones nacionales, contando con el tumulto justificador que las regionales establecerían a partir del 8 de noviembre. (Una semanita después). De todas las atractrices estúpidas ésta es la más fuerte y recrecida.

Tiene que haber en estos momentos la conformación de un plan de esta naturaleza: antidemocrático, abominable, estúpido. Hay demasiados signos de que esto es así.

Más a futuro, otra pequeña rama aspira surgir: un golpe de Estado “curativo” una vez que Chávez Frías esté en el poder y haya producido, previsiblemente, efectos allendistas.

Pero hay todavía otra esperanza para quienes han colocado sus apuestas sobre la mesa de las elecciones regionales: que un triunfo de Acción Democrática, similar al que obtuvo en las elecciones de 1995, opondría un muro de contención regional al poder central de Chávez Frías, y hay quien no descarta que esta línea divisoria sería la que separaría a los eventuales contendientes de una guerra civil: los poderes “locales” (de todos modos son controlados centralmente por el cogollo y el caudillismo adeco) frente a Chávez Frías, quien claramente prefiere un Estado fuertemente centralizado, con policía única nacional.

Los modos de pensar de quienes transitan por estos cauces son realmente defectuosos. La democracia está amenazada, dicen, por Chávez Frías, y para evitar este daño es preciso interrumpirla antes de que él lo haga. Bárbara Tuchman empleaba como ejemplo de insensatez política la declaración más citada de la guerra de Vietnam. Un mayor norteamericano justificaba que se hubiera arrasado un pueblo vietnamita del siguiente modo: “Se hizo necesario destruir el pueblo con el objeto de salvarlo”.

Las atractrices electorales

Para propósitos de la elección presidencial—no para otras instancias políticas—puede considerarse hoy que tres de los cinco candidatos presidenciales están ya técnicamente fuera de juego: Alfaro, Fermín, Sáez. Aclaro más. Alfaro Ucero y Acción Democrática continuarán siendo muy importantes factores políticos. Sáez Conde y COPEI en menor medida, y sólo si la candidata señorita declina antes de ser contada, como modo de preservar algo de su muy disminuido capital político. Fermín, pienso, tendría que reinsertarse en otro sitio. Buscar más adelante, tal vez, una gobernación para comenzar de nuevo. Pero lo que es para las elecciones presidenciales ninguno de ellos cuenta como candidato viable.

La atractriz electoral de mayor cauce, por ahora, es sin lugar a dudas la de Chávez Frías. Le sigue, con caudal en apariencia creciente, la atractriz de Salas Römer, pues es el único con potencial de aglutinar, más que un entusiasmo con su discurso, el fuerte rechazo y el temor que Chávez Frías genera. Y queda todavía un pequeñísimo cauce, un tubo capilar casi, que proporciona el Artículo 151 de la Ley del Sufragio y Participación Política: “…en caso de candidatos ya postulados que por muerte, renuncia, incapacidad física o mental o por cualquier otra causa derivada de la aplicación de normas constitucionales o legales deben ser retirados, se admitirán las correspondientes sustituciones”.

O sea, todavía puede darse un candidato sorpresivo de última hora. Esto es lo que había anunciado en público primero que nadie Pompeyo Márquez y luego quiso capitalizar Eduardo Fernández.

Para que una sorpresa de este tipo fuese realmente viable varias condiciones tendrían que llenarse. Entre ésas una es absolutamente indispensable: el candidato emergente no puede ser percibido por los Electores como alguien que de un modo u otro ha formado parte de la configuración del poder prevaleciente. Es decir, habría que olvidarse de Giusti, Ramírez León, Ledezma, del mismo Fernández. No podría ser viable sino un verdadero “outsider”.

Hace unos cuantos años ya se quería estimular a un cierto organismo público para que se atreviese a formular aunque fuese un proyecto audaz entre un nutrido conjunto de proyectos convencionales. Para esto se le planteó la siguiente parábola de la ruleta. Un jugador racional que dispone de mil bolívares—hace 18 años era una cantidad no despreciable—haría bien, primero que nada, en reservar la mitad y arriesgar al principio sólo quinientos bolívares. Y estos quinientos debiera colocarlos así: la gran mayoría, digamos cuatrocientos cincuenta, en apuestas de mayor probabilidad—rojo, negro, par, impar. Pero debiera poner un poquito, unos cincuenta bolívares, en un pleno: el diecisiete negro, por ejemplo, puesto que si pierde será poco, pero si gana el factor multiplicador del pleno es muy considerable.

Así que ante estas atractrices electorales los colocadores de recursos que, muy correctamente, consideran que Chávez Frías es un retroceso y un peligro totalmente inadmisibles, debieran considerar el mismo protocolo: reservar quinientos por si acaso; invertir cuatrocientos cincuenta en Salas Römer; guardar cincuenta para la eventualidad de un pleno sobre el Artículo 151.

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LEA #236

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Nicolás Sarkozy se apresta, como se anticipaba en el número anterior, a asumir la Presidencia de Francia. Tan sólo el anuncio de su triunfo sobre Ségolène Royal provocó tumultos en la capital francesa. El jefe de la Confederación General del Trabajo, Bernard Thibault, se sintió impelido a advertir que los sindicatos que agrupa “están dispuestos a combatir” cualquier intento de Sarkozy por forzar reformas económicas y sociales que no le sean consultadas.

La declaración de Thibault es en cierta medida una carambola contra gente cercana al nuevo presidente francés, quienes han sugerido que los sindicatos, que reúnen sólo a un 8% de los trabajadores, no pueden descarrilar el programa de quien fuera electo por 53% de los votantes franceses. Incluso la CDFT, una confederación más moderada, ha expuesto que será muy importante la consulta y la construcción del consenso.

Sarkozy comienza, pues, su mandato con tempranos nubarrones. Pero más allá de los temas programáticos, es lo anecdótico en materia de ética lo que parece plantearle el problema inmediato más agudo. Antes de asumir su nuevo cargo, Sarkozy aceptó tomarse unos días para el esparcimiento, en asueto sobre el yate de su viejo amigo, el poderoso industrial Vincent Bolloré. Más de un crítico ha interpretado el lujo abierto como algo intrínsecamente censurable.

El problema, no obstante, parece configurarse  con declaraciones en apariencia poco transparentes de Sarkozy tanto como de Bolloré. Éste declaró ayer que su compañía nunca había tenido “contactos de negocios con el Estado francés”. Por su parte, Sarkozy se refirió a su amigo como “un gran industrial francés que nunca trabajó con el Estado”.

No es fácil explicar estas declaraciones cuando la agencia AFP ha descubierto que las compañías del empresario obtuvieron contratos del Ministerio de la Defensa, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Relaciones Interiores, mientras Sarkozy ejercía esta última cartera. Los montos de los trabajos no suenan desmedidamente altos—un contrato de 36 millones de euros por servicios de carga aérea para Defensa, o uno de 5,6 millones para servicios similares a Relaciones Exteriores, o uno concedido por el ministerio de Sarkozy para la refacción de un edificio de la policía en Grenoble—así que sectores de la opinión francesa comienzan a preguntar el por qué de las negaciones. ¿Por qué es que Bolloré niega todo negocio con el Estado francés cuando su compañía de televisión coloca el 25% de sus ventas en televisoras estatales?

Hay quien teme en Sarkozy una desfachatez parecida a la de Silvio Berlusconi, el controversial político italiano con quien ya le han comparado, precisamente por su descarada afición al lujo. No parecen buenos augurios para el sucesor de Chirac.

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CS #236 – Second Cold War

Cartas

En algunas ocasiones se hace posible trazar el origen de una expresión, lo que no es tan fácil si ella es particularmente afortunada, pues en este caso varios reivindican la paternidad, como si se tratara de ex compañeros sexuales de Anna Nicole Smith que compiten por la custodia y presunta fortuna de su menor hija. En el caso de la expresión “Guerra Fría” está documentado que el financista Bernard Baruch, influyente asesor de Franklin Delano Roosevelt, la empleó por primera vez en un discurso pronunciado el 16 de abril de 1947. La popularización de los términos, no obstante, se debe al periodista liberal (en el sentido norteamericano de “izquierdista”) Walter Lipmannn, quien escribiera el libro The Cold War ese mismo año.

Una guerra “fría” es una que no llega a expresarse en la confrontación bélica directa de los contendientes. La Guerra Fría denota el período de casi cincuenta años que caracterizó las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, cada nación soportada por un cúmulo de aliados, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial y hasta el desplome del régimen soviético. Cubre, por tanto, el bilateralismo del Primer y el Segundo mundos—el grupo de países capitalistas enfrentado al de los países comunistas—del que estaba excluido el Tercer Mundo, o países pobres o subdesarrollados. (Más tarde designados con el eufemismo de países “en vías de desarrollo”, para evitar la connotación despreciativa implicada en el término “subdesarrollados). Explícitamente, no obstante, pretendían quedar fuera de la confrontación los países que formaron el movimiento de los “no alineados”.

Los rusos y los norteamericanos no combatieron jamás—directamente—con las armas los unos a los otros. Prefirieron entrometerse en guerras de terceros, pero sobre líneas de clara demarcación entre las preferencias por el Primer Mundo o el Segundo. Así se peleó la Guerra de Corea y también la de Viet Nam, y escasamente hubo en ese tiempo algún conflicto militar que no estuviese cubierto por la tensión bipolar de la Guerra Fría. Pero toda la época se caracterizó por una guerra ideológica, un intenso espionaje mutuo y una preocupante carrera armamentista. Sobre todo a partir de 1949, cuando la primera detonación de un artefacto nuclear por los soviéticos puso fin al monopolio estadounidense en este campo, la escalada armamentista adquirió visos de enorme peligrosidad para el mundo entero. Para agosto de 1984, Thomas Ackerman, James Pollack y Carl Sagan habían calculado que un intercambio nuclear de 5.000 megatones, la mitad del arsenal de la época, tendría como una de sus secuelas un descomunal invierno artificial, en el que nubes de hollín y de polvo generadas por las explosiones harían barrera a más del 90% de la radiación solar incidente, y esto sin contar el efecto del desplazamiento de las nubes propiamente radioactivas. Tan apocalíptica visión dio paso a un equilibrio en verdad tenido como “loco”: MAD era el nombre que refería la idea de que ni la Unión Soviética ni los Estados Unidos iniciarían una guerra nuclear, pues tal movida desencadenaría una Mutual Assured Destruction.

Ésta era la neurótica paz que propiciaba la Guerra Fría. Se hicieron de antonomasia los más fríos analistas. En particular uno de ellos, Hermann Kahn—que fuera el modelo del Dr. Strangelove, representado por Peter Sellers en una famosa película del mismo nombre—era tan desalmado como para acuñar el término de “megamuertes”, una unidad cómoda para computar las pérdidas humanas estimadas para distintos escenarios de conflicto nuclear. (On Thermonuclear War, 1960, en título alusivo a la clásica obra Sobre la guerra, de Carl von Clausewitz).

………

Ahora, sin embargo, terminada ya la Guerra Fría de Baruch y Lipmann, se ha iniciado una segunda. Hay una guerra fría clarísima entre los Estados Unidos y Venezuela, la que cada vez adquiere más tensión. Estamos, por supuesto, ante una guerra fría asimétrica. El potencial bélico norteamericano es incomparablemente mayor que el venezolano; obviamente, no son armamento que asuste a la gran potencia norteña los 100.000 fusiles Kalashnikov que Hugo Chávez ordenara adquirir para armar a sus milicias “bolivarianas”. Si se diera un conflicto militar abierto entre Venezuela y los Estados Unidos la destrucción asegurada ya no sería mutua, sino unilateral. Lo destruido sería venezolano; no hay manera de que nuestras fuerzas armadas coloquen un solo soldado en territorio estadounidense.

A pesar de esto, no parece haber la posibilidad de una confrontación armada entre ambos países. Aunque los Estados Unidos—más bien, el gobierno de George W. Bush—pudiesen armar un caso para terminar de declarar a nuestro país como un “Estado forajido” (rogue country), por ejemplo por la vía de sus acusaciones sobre narcotráfico desde nuestro territorio con presunta anuencia o, al menos, negligencia gubernamental, o al señalarnos como refugio de terroristas, el actual Congreso norteamericano, ya enfrentado al presidente Bush por la guerra de Irak, no aprobaría un centavo de dólar para una invasión a Venezuela, ni siquiera en condiciones de una crisis energética muy acusada.

Lo que queda es una guerra fría, y en ella los Estados Unidos no tienen argumento para asegurar una condena de Venezuela por parte de la Organización de las Naciones Unidas o su Consejo de Seguridad. De las cuatro potencias que, además de los propios Estados Unidos, tienen poder de veto en el seno de ese consejo, Venezuela tiene relaciones razonablemente buenas con al menos tres de ellas: Rusia, China y Francia, aun cuando en esta última, una vez dado el triunfo electoral de Sarkozy—cuestionado aun antes de asumir la presidencia francesa por vacacionar en el yate de un amigo multimillonario y advertido por nuevos brotes de violencia en su país, justamente para protestar su triunfo—, las cosas ya no le serán tan favorables. Pero ¿cuál sería el caso de Estados Unidos contra Venezuela, que no enriquece uranio como Irán, ni detona artefactos nucleares como Corea del Norte? ¿Sería suficiente para una resolución de la ONU que verdaderamente afecte a nuestro país acusarlo de promover acuerdos comerciales y políticos con Irán por toda América Latina, como ahora hace Chávez, convertido en todo un agente de negocios de la antigua Persia?

Y es que ni siquiera es claro que la Organización de Estados Americanos, cuya Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha asumido el examen del caso de la concesión denegada a RCTV, esté próxima a una execración de Venezuela. Un miembro de esta comisión, su relator sobre libertad de expresión, por cierto venezolano, Ignacio Álvarez, acaba de declarar a El Mercurio de Chile en los siguientes términos: “Los Estados tienen la facultad de administrar el espectro radioeléctrico y tomar decisiones respecto de la asignación de concesiones y la renovación de éstas. Esto forma parte de la soberanía». (Cabe apuntar que Álvarez señaló asimismo, reporta ANSA, que debe haber respeto a otros estándares internacionales, como los de observar la corrección del proceso administrativo y evitar que la decisión soberana se tome sobre la base de la línea editorial de los medios, así como que exista “la posibilidad de recurrir a un órgano jurisdiccional independiente y autónomo para que revise la legalidad de las decisiones que se tomen”. En este caso, la OEA, por intermedio de la CIDH, tendría que declarar que nuestro Tribunal Supremo de Justicia, ante el que RCTV ha interpuesto un recurso de nulidad de la medida anunciada por el Ejecutivo, no es “un órgano jurisdiccional independiente y autónomo”. No es probable que el organismo gerenciado por Insulza quiera meterse en un brete de ese tamaño.

En consecuencia, en la pelea de perros de Bush y Chávez no hay muchos que quieran meterse, ni siquiera Álvaro Uribe, que acaba de regresar de Estados Unidos luego de visita poco exitosa—en términos de su aceptación por el Congreso de EE. UU.—para reconfirmar el apoyo estadounidense al Plan Colombia.

La dinámica, pues, conduce a la continuación de la Segunda Guerra Fría, la asimétrica. Aquí ambos gobiernos procurarán molestarse el uno al otro. En relación con la reciente decisión tribunalicia de desechar los cargos contra Luis Posada Carriles se introduce un irritante adicional. Peter Kornbluh, un experto en Cuba de los Archivos Nacionales de Seguridad de los Estados Unidos, ha declarado en los siguientes términos: “Simplemente, es la hora de los aficionados en el Departamento de Justicia. Justamente en el caso en el que el Departamento de Justicia necesitaba manejarlo adecuadamente, lo han hecho en un estilo de policías de comiquitas que es tan poco profesional que casi hace sospechar que procuraban minar su propio caso”. Éste es un hueso que Chávez no dejará de morder, y ya se ha reiterado que Venezuela pedirá formalmente la extradición del ex Disip de origen cubano, aunque sólo sea para exponer que el gobierno norteamericano se rige por un doble estándar en materia de terroristas.

La Casa Blanca, además de comentar negativamente de modo habitual la gestión de Chávez, ha comenzado a apretar por el lado de las drogas. Resalta ahora un elemento nuevo: que el tráfico desde Venezuela ya no sólo parte de aeropuertos clandestinos, sino que desde aeropuertos nacionales, y en vuelos comerciales, se está transportando drogas en cantidades muy apreciables. John Walters, el zar antidrogas de los EE. UU., puso como ejemplo la incautación de una tonelada métrica de cocaína en México en febrero pasado, empacada en una veintena de valijas embarcadas en un vuelo comercial proveniente de Maiquetía. Poco veladamente, sugirió que una cantidad de ese tamaño hace presumir corrupción local. Nuestro gobierno replica que Venezuela es una víctima del narcotráfico, y que nuestros “gloriosos soldados” se la pasan destruyendo alijos de drogas. Por su parte, The Wall Street Journal anota que el Consejo de Control Internacional de Narcóticos, una agencia de las Naciones Unidas, reportó en marzo que Venezuela había aumentado en 87%, en el año de 2005, las capturas totales de cocaína, lo que pareciera desmentir que el país no coopera en la lucha contra las drogas, por lo menos para esas fechas.

………

La Segunda Guerra Fría, por supuesto, es esencialmente una batalla de propaganda en la escena internacional. Por más que Chávez tienda a despreciar, insultantemente las más de las veces, cualquier crítica proveniente del exterior, es claro que debe estar preocupado. Su respuesta sobre el tema de las drogas fue más defensiva que agresiva. Viene, por otro lado, de importantes desencuentros con los gobiernos de Chile y Brasil, uno sobre el caso RCTV y otro sobre el caso del etanol. (En el que su gobierno ha incurrido en evidentes contradicciones).

El gobierno venezolano, así como había decidido confrontar a RCTV desde sus inicios, así como Bush buscaba pelea con Irak aun antes del 11 de septiembre de 2001—como lo expuso Bob Woodward en Plan of Attack—también buscó irritar al gobierno estadounidense desde muy temprano. La visita que hiciera a Sadam Hussein en 2000 fue un claro acto de desafío.

Pero está sintiendo la presión, y sabe lo importante que es disfrutar de una imagen internacional favorable. No otra cosa que esto puede explicar la reunión del canciller Maduro y Jesse Chacón, Ministro de Telecomunicaciones e Informática (del Poder Popular), con los embajadores extranjeros acreditados en nuestro país, justamente para explicar la posición del gobierno en torno al caso RCTV, que amenaza con convertirse en enorme raya sobre la imagen internacional de Chávez y su combo. En esta reunión el ministro Chacón, en peculiarísima lectura de la Constitución, aseguró a los pacientes diplomáticos que esta Carta Magna prohibe la renovación automática de las concesiones. Que uno sepa, la Constitución de 1999 prescribe, pero sólo para el expreso caso de las explotaciones de recursos naturales, que “el Estado podrá otorgar concesiones por tiempo determinado” en su Artículo 113, y que “El Ejecutivo Nacional no podrá otorgar concesiones mineras por tiempo indefinido” en el segundo párrafo de su Artículo 156. No se conoce que las Empresas 1BC se dediquen a la explotación minera o de otros recursos naturales. El razonamiento de Chacón se parece al que esgrimía Chávez en 1994, cuando explicaba a la revista Newsweek que la Constitución de 1961 “prácticamente” lo obligaba a rebelarse.

Ayer intentaba Bernardo Álvarez, embajador venezolano ante los Estados Unidos, convencer de que no debía criticarse la acumulación de poderes en Chávez cuando Bush había recibido poderes extraordinarios para su lucha contra el terrorismo. La retórica no causó efecto, pues los circunstantes (en una reunión del Consejo de Asuntos Mundiales del norte de California) no favorecían ninguna concentración excesiva de poderes. Varios de ellos replicaron que aumentar los poderes a Bush no era una buena idea.

La Segunda Guerra Fría es coartada de Chávez tanto como para Bush. No nos sirve para nada a los venezolanos. No sirve para nada a los estadounidenses. En nuestro caso particular, no basta una chequera coyunturalmente abultada para retar a la primera potencia del mundo. Hugo Chávez se ha sobreextendido. Su indudable capacidad, obviamente compulsiva y obsesiva, no le permitirá gestionar la excesiva agenda que se ha impuesto. Ha querido abarcar demasiado. Independientemente de la posible solidez de sus posiciones internacionales—más bien inconsistentes—no tiene cómo manejarlo todo. Va a perder esta guerra fría.

LEA

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