por Luis Enrique Alcalá | Ene 25, 2007 | Entrevistas, Política |

Esta entrevista fue grabada el 18 de enero de 2007, poco después del triunfo electoral de Hugo Chávez contra Manuel Rosales, y transmitida por Radio Caracas Radio una semana después. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 25, 2007 | Cartas, Política |

No hace mucho que una marcha opositora en 23 de enero hubiera reunido centenares de miles de dispuestos ciudadanos. De la marcha de anteayer, 23 de enero de 2007, dijo el pie de foto de Niccola Rocco para El Universal: “Los manifestantes fueron apenas los suficientes para copar la Plaza Morelos”. Añade: “Un sector de la dirigencia opositora no asistió al acto”. Elvia Gómez, quien escribió la escueta nota, concluye: “Los que asistieron promediaron los 55 años. Algunos dijeron estar allí porque rechazan al Gobierno, pero confesaron su escepticismo por la propuesta de diálogo de la oposición”. MWC News contó a “400 o 500 protestantes”, y menciona a tres personas (con sus edades) en la noticia—Las medidas de Chávez agitan protesta en Venezuela—: Grace Pulido (40), María Butto (70) y Luis Miquilena (87).
Pareció, pues, una de aquellas ralas marchas convocadas por Alejandro Peña Esclusa; para colmo, totalmente desprovista de juventud. ¿Dónde está el poder de convocatoria de los dirigentes opositores venezolanos? No estaban todos, como quedó dicho, pero Leopoldo López había colocado en televisión repetidas cuñas en las que aparecía invitando a la protesta, no sin mencionar que de ese modo hacía caso al llamado de Manuel Rosales. Fue, sin duda, el más notable de los líderes empeñados en la cosa.
Desde la manifestación salió una representación de antiguos parlamentarios hasta la Asamblea Nacional, donde fue recibida por su Segundo Vicepresidente, Roberto Hernández, militante del Partido Comunista de Venezuela. Éste acogió un documento atenido a señalar el peligro de “una reforma constitucional que no incluya a todos los sectores del país”. Ni una sola mención a las medidas concretas de estos días: cierre de RCTV, estatización de CANTV y La Electricidad de Caracas, eliminación de la autonomía del Banco Central, expropiación de empresas extranjeras que operan en la Faja Petrolífera del Orinoco, etcétera. El foco de este liderazgo está puesto en el nivel constitucional; ante las decisiones específicas de gobierno se comportan como ciegos. A pesar de esto Leopoldo López dijo en su discurso: “No es tiempo de agachar la cabeza ni dar todo por perdido. Tarde o temprano seremos una nueva mayoría que represente una alternativa de poder democrático”. No pareciera, a juzgar por la magra asistencia.
Otros notorios participantes: Alfonso Marquina y Pedro Pablo Alcántara (adecos disidentes de la línea de Ramos Allup), Julio Montoya (mano derecha de Manuel Rosales), Gerardo Blyde (de una facción que da en llamarse Primero Justicia “Popular”, aunque no parece serlo, que opone la figura de López a la de Borges), César Pérez Vivas (defenestrado de la Secretaría General de COPEI y ahora impenitente crítico de Eduardo Fernández). Cuatro semipartidos—facciones de Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo, Primero Justicia y COPEI—pueden reunir quinientas personas en la fecha magna del 23 de enero.
En la plaza Morelos, Johan Perozo, pasado hace poco a las filas de Un Nuevo Tiempo, instaba la constitución de “redes populares”, la nueva fórmula mágica—¿contraposición a los concejos comunales?—en la que insiste COPEI luego de que López la recomendara unos días después del 3 de diciembre. Es la nueva moda, la nueva ocurrencia de la oposición, la nueva herramienta sin producto o contenido. Hasta ahí llega la imaginación opositora, su virtud creativa. No en balde le siguen sólo cuatro gatos.
Por supuesto, ya se escucharán razonamientos en apariencia pertinentes: que así de exiguas eran las marchas en 2001, hasta que crecieron inmensas al año siguiente. Que la marcha era necesaria para “calentar la calle” (receta opositora automática, otra vez escasamente imaginativa), y que era imprescindible movilizar a los más de cuatro millones de personas que votaron por Manuel Rosales. Bueno, movilizaron al 0,0125% de ese contingente. Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo habían reivindicado, recuérdese, ser la primera fuerza opositora o la segunda fuerza política del país, cada una por su lado, a raíz de las pasadas elecciones presidenciales. Razonamiento falaz, naturalmente, como acaba de comprobarse en la plaza Morelos.
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Debe ser de meridiana obviedad que no hay liderazgo opositor en el país que dé pie con bola. Que el que queda es de una ineptitud descomunal, que es preciso crear otros espacios políticos y atender otras voces, propiciar la emergencia de nuevos actores. Desde que Chávez se pusiera por primera vez en campaña, nada de lo intentado por la dirigencia opositora ha funcionado: la candidatura de Salas Römer y la campaña anticonstituyente, la postulación a la constituyente, la candidatura de Arias Cárdenas, el pacto tripartito de La Esmeralda que desembocó en el brevísimo régimen de Carmona, el paro en fases pre y postpetroleras, el referendo revocatorio, la candidatura de Manuel Rosales… y ahora la vergonzosa marcha de anteayer. ¿Qué más se necesita para desahuciar—eso sí, con mucho agradecimiento—a dirigencia tan incapaz?
No ha habido, desde los presuntuosos partidos de oposición, ni una sola refutación eficaz de los fundamentos conceptuales de las polémicas medidas anunciadas por Chávez. A lo sumo se aduce que “no tienen nada que ver con el socialismo moderno” y se las usa como base para volver a decir que Chávez es despótico y maluco. (El tsunami no ha cesado; ayer Diosdado Cabello anticipaba la expropiación del Aeropuerto Caracas, para seguir fastidiando a quienes, dueños de automóviles BMW—descripción presidencial—también disfrutan de aviones privados). Y la dirigencia se muestra sorprendida por las decisiones declaradas. ¿Era tan difícil preverlas? Acá mismo se escribió, tan temprano como el 19 de agosto de 2004 (Carta Semanal #100 de doctorpolítico): “Sería ingenuo suponer que ahora Chávez no apretará una tuerca más. La ley de policía nacional, la amenaza de renacionalizar la CANTV (tiene los reales), la ley de contenidos, una nueva ley de cultos, la toma de las universidades y nuevas represiones penales contra sus más detestados oponentes, están a la vuelta de la esquina”.
Hace nada que Chávez, a mayor abundamiento, ha prefigurado la desaparición de las alcaldías de López y Capriles Radonsky, al dictar que debe volverse a la entidad del Distrito Federal. Para apuntalar su opinión explicó que en la mayor parte de los países del mundo las ciudades capitales están sitas en un distrito federal. No se le ocurre a Blyde o a Marquina—ni siquiera a Rosales—señalar: “Señor Presidente, en la mayoría de los países los bancos centrales son autónomos”.
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El esfuerzo que debiera estar emprendiéndose en estos instantes es el de convocar un referendo múltiple por iniciativa popular, en el que se consulte a los Electores si aprueban las medidas avisadas (y ocultadas por Chávez adrede durante su pasada campaña), una por una, cada una en su ámbito. ¿Quieren los venezolanos realmente que su red telefónica doméstica sea administrada por este gobierno? ¿Quieren los caraqueños, que desde que tuvieron electricidad, hace más de un siglo y una década, fueron servidos muy satisfactoriamente por la empresa privada que fundara el ilustre Ricardo Zuloaga, que su eléctrico suministro dependa de una empresa estatal presidida por Juan Barreto?
Habría mucho campo para argumentar eficazmente, sin necesidad de apelar otra vez, ya al borde de la náusea, a la acusación de Chávez sin refutarlo. Que si el alumbrado eléctrico se interrumpe en una calle de cualquier barrio, en cuestión de horas una camioneta de la empresa se presenta a resolver la emergencia. Que sus tarifas están controladas por el gobierno y no han aumentado desmedidamente. La paranoia que sirve de coartada a Chávez, quien pudiera temer que los accionistas norteamericanos de La Electricidad de Caracas interrumpan la electricidad de la capital, en coordinación con una invasión de marines desatada por el emperador George II—algo ocupado y debilitado por estos días, pero loco al fin—, se refuta al indicar que tal contingencia no requiere la estatización de la compañía, sino que un dispositivo de oficiales y tropas de la Fuerza Armada, debidamente especializado, esté siempre listo para asumir el control operativo del suministro, y que otro de la DISIP pueda arrestar diligentemente a los ejecutivos traidores. No hay ninguna razón para estatizar a La Electricidad de Caracas, y esto puede ser explicado transparentemente a los caraqueños, sin la vergüenza inexplicable que enmudece a los infructíferos líderes, y puede pedírseles en referendo su pronunciamiento.
Dicen algunos—»Ya yo marché, ya yo firmé, ya yo recogí firmas, y no valió de nada»—que no se ganaría un referendo tal, sin tomar en cuenta que si se perdiese no estaríamos peor que en estos mismos momentos, cuando las medidas son de aplicación inminente. Es que estamos muy ocupados en la construcción de “redes populares”, en la liza de Borges y López, en la expansión de Un Nuevo Tiempo mientras se gobierna en el Zulia, en la angustia de la reforma constitucional, en el ritual descrédito de Chávez, en tomar línea del verdadero comando de la oposición (Aló Ciudadano). Ah, y en el calentamiento de la calle con alguna que otra marcha. Mientras tanto nos apabullan.
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Para el cuarto y penúltimo movimiento de su Sinfonía Fantástica, Héctor Berlioz escogió como título Marcha al cadalso. Toda la obra, autobiográfica, retrata el amor del músico por una mujer. En ese movimiento en particular describe el sueño que le sobreviene luego de tomar opio, persuadido de que su amor no es correspondido. Sueña que ha dado muerte a la amada, y que le condenan y conducen al patíbulo. “La procesión avanza al compás de una marcha que por momentos es sombría y salvaje, en otros brillante y solemne”. En el sueño asiste a su propia ejecución, y le invade como último pensamiento la imagen de su amor, herido mortalmente por su causa.
El amor de Primero Justicia (Popular o Impopular), el de Un Nuevo Tiempo, el de AD y COPEI por el poder no es correspondido. Quinientos ciudadanos fueron a la plaza Morelos el 23 de enero de 2007. López, Blyde, Montoya, Perozo, Marquina, Alcántara y Pérez Vivas, tal vez, están a punto de fumar opio, despechados con la indigencia del apoyo que levantan. Entretanto, mientras todavía no sueñan que ellos mismos mataron ese apoyo, convocan marchas al cadalso, absolutamente inservibles.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 23, 2007 | Fichas, Política |

LEA, por favor
William James (1842-1910) viene a la Ficha Semanal #128 de doctorpolítico para hacernos reflexionar sobre un asunto que incidiría nuestra actual realidad: la de una desmoralización extendida en algún estrato de la población venezolana; el de los ciudadanos más modernos, menos cargados ideológicamente. Entre ellos cunde la desesperanza, el desánimo, la pretensión de fuga, de rendición.
Los fragmentos iniciales de su ensayo Las energías de los hombres nos confrontan con nuestra holgazanería. («Ya yo marché, ya yo firmé, ya yo recogí firmas, y no valió de nada»). Nos revelan que disponemos de energías ocultas, rara vez exigidas, que despiertan si decidimos continuar el esfuerzo. En un ensayo diferente—Sobre una cierta ceguera en los seres humanos—sentencia: «Doquiera que un proceso vital comunica un ansia a quien lo vive, allí se vuelve la vida genuinamente significativa. A veces el ansia está más atada a las actividades motoras, a veces con las percepciones, a veces con la imaginación, a veces con el pensamiento reflexivo. Pero, doquiera se encuentre, allí está el entusiasmo, el cosquilleo, la excitación de la realidad; y hay allí ‘importancia’ en el único sentido real y positivo en el que la importancia pueda estar en cualquier caso».
Vistos en retrospectiva, los últimos ocho años, si bien han exigido del ciudadano común una actividad cívica a la que no estaba acostumbrado, no son tampoco un tesoro de heroicos esfuerzos. Una media docena de marchas no pueden compararse con el paso de Los Andes por nuestros llaneros de a pie. Durante el boom económico que caracterizó el primer período de Carlos Andrés Pérez, la venta de motor homes se disparó a niveles insólitos, y el parque aeronáutico civil de La Carlota se triplicó en año y medio. Hubo un empresario de la construcción que pronto hacía más dinero vendiendo puestos en la lista de espera de un Cessna Citation—él mismo nunca compró uno; simplemente obtenía un puesto y lo vendía meses o semanas más tarde como revendedor de estadio—que en su actividad habitual. En aquella época comenté, desagradado, a un amigo extanjero: «Los romanos, los ingleses, después de siglos de influencia civilizadora, tienen derecho a la decadencia. Venezuela no ha trabajado lo suficiente como para tener ese derecho».
La figura de William James, junto con Charles Sanders Peirce y John Dewey, descuella en la intelectualidad norteamericana como fundador de la escuela filosófica del Pragmatismo, que privilegia la importancia de los efectos prácticos en relación con las ideas teóricas. Habiendo sido el primero en emplear el término por escrito, en uso de su honestidad intelectual le atribuyó la paternidad a Peirce. Fue, primordialmente, un filósofo, y también un psicólogo: fundó el primer laboratorio de psicología experimental en tierras americanas. Sostenía la posición de que cada individuo tiene un valor único, y por tanto estaba opuesto a cualquier intento de colectivización. Dentro de tres años se cumplirá un siglo de su muerte.
LEA
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Tercer aire
A Leo Alcalá
Todo el mundo sabe lo que es comenzar un cierto trabajo, sea intelectual o muscular, sintiéndose rancio o viejo. Y todo el mundo sabe lo que es el “calentamiento” antes de un esfuerzo. El proceso de calentamiento se hace particularmente sorprendente en el fenómeno conocido como “segundo aire”. Con bastante frecuencia incurrimos en la práctica de detenernos en una ocupación tan pronto como encontramos la primera capa eficaz –por llamarla de algún modo– de fatiga. Entonces hemos caminado, jugado o trabajado “suficiente” y entonces desistimos. Esa cantidad de fatiga es una obstrucción eficaz en nuestra vida cotidiana. Pero si una necesidad inusual nos fuerza a seguir adelante, entonces ocurre una cosa asombrosa. La fatiga empeora hasta un cierto punto crítico, para desaparecer gradual o súbitamente, y entonces nos sentimos más frescos que antes. Evidentemente, en ese momento hemos descubierto un nuevo nivel de energía, el que hasta entonces estuvo enmascarado por el obstáculo de fatiga al que usualmente obedecemos. Podemos toparnos con capa tras capa de esta experiencia. Puede sobrevenirnos un tercer o cuarto “aire”. La actividad mental exhibe el fenómeno, así como la actividad física y, en casos excepcionales podemos encontrar, más allá del propio extremo de la molestia de la fatiga, cantidades de facilidad y de potencia que nunca soñamos poseer, fuentes de fortaleza que no hemos aprovechado jamás, porque habitualmente no pasamos más allá del obstáculo, nunca pasamos más allá de esos puntos críticos iniciales.
Por muchos años he meditado sobre el fenómeno del segundo aire, tratando de encontrar una teoría fisiológica. Es evidente que nuestro organismo tiene almacenadas reservas de energía que no son ordinariamente exigidas, pero que podemos convocar: estratos cada vez más profundos de material combustible o explotable, dispuestos de modo discontinuo, pero listos para el uso de cualquiera que explore profundamente, y reparables por el reposo de la misma forma que lo hacen los estratos superficiales. La mayoría de nosotros continúa viviendo innecesariamente cerca de la superficie. Nuestro presupuesto energético es como nuestro presupuesto nutritivo. Los fisiólogos dicen que un hombre está en “equilibrio nutritivo” cuando día tras día ni gana ni pierde peso. Pero la cosa extraña es que esta condición puede obtenerse con cantidades de alimento sorprendentemente diferentes. Tomemos un hombre en equilibrio nutritivo e incrementemos o disminuyamos sistemáticamente sus raciones. En el primer caso comenzará a ganar peso, en el segundo a perderlo. El cambio será más grande en el primer día, menor en el segundo, menor aún en el tercero y así sucesivamente, hasta que haya ganado todo lo que aumentará, o perdido todo lo que perderá, con esa dieta alterada. Ahora está de nuevo en equilibrio nutritivo, pero con un nuevo peso; y éste ni disminuye ni aumenta porque sus distintos procesos de combustión se han ajustado ya a la dieta cambiada. Se desprende, de una manera u otra, de tanto N, C, H, etc., como ingiere diariamente.
Del mismo modo uno puede estar en lo que llamo “equilibrio de eficiencia” (ni se gana ni se pierde potencia una vez que el equilibrio es alcanzado) en cantidades de trabajo sorprendentemente diferentes, sin importar en que dirección pueda medirse el trabajo. Puede tratarse de trabajo físico, intelectual, moral o espiritual.
Por supuesto que hay límites: los árboles no crecen hasta el cielo. Pero sigue siendo un hecho simple que los hombres poseen cantidades de recursos que sólo individuos muy excepcionales empujan a un uso extremo. Pero estos mismos individuos, que empujan sus energías hasta el extremo, pueden en un vasto número de casos mantener el ritmo día tras día, sin encontrar “reacción” negativa, mientras se mantengan condiciones higiénicas decentes. Su mayor tasa de energizar no les destruye, puesto que el organismo se adapta y, a medida que aumenta la tasa de desperdicio, aumenta consecuentemente la tasa de reparación.
Digo la tasa y no el tiempo de reparación. El más ocupado de los hombres no necesita más horas de descanso que el holgazán. Hace unos años, el profesor Patrick, de la Universidad del Estado de Iowa, mantuvo a tres jóvenes despiertos durante cuatro días y sus noches. Cuando sus observaciones de los sujetos hubieron concluido, les permitió dormir. Todos despertaron del sueño completamente refrescados, y el único que tardó algo más para reponerse de la prolongada vigilia sólo durmió una tercera parte más del tiempo que acostumbraba.
Si el lector reúne estos dos conceptos, primero, que pocos hombres viven a su máximo de energía y, segundo, que cualquiera puede estar en equilibrio vital a muy distintas tasas de energización, encontrará, creo, que un problema muy práctico de la economía nacional, así como de ética individual, se abre sobre esta perspectiva. En términos gruesos, podemos decir que un hombre que energiza bajo su máximo normal fracasa por esa misma proporción en beneficiarse de su oportunidad en la vida, y que una nación llena de hombres tales es inferior a una nación que corre a presiones superiores.
William James
por Luis Enrique Alcalá | Ene 20, 2007 | Notas, Política |

LEA, por favor
La presente «Nota Ocasional» es un nuevo servicio de doctorpolítico, añadido a la Carta Semanal de los jueves y la Ficha Semanal de los martes. Se producirá cuando algún hecho excepcional amerite un comentario que sea mejor exponer instantáneamente. En particular, contendrá con mucha frecuencia la refutación de argumentos políticos que sean particularmente perniciosos o estén muy gravemente equivocados. En el caso de la presente, se contrae a refutar las justificaciones esgrimidas falazmente por el presidente Chávez para la anunciada estatización de la CANTV.
Fue en septiembre de 1995 cuando el suscrito redactara y jurase cumplir un código de ética profesional (de la Medicina Política), una de cuyas estipulaciones establece: «Procuraré comunicar interpretaciones correctas del estado y evolución de la sociedad general, de modo que contribuya a que los miembros de esa sociedad puedan tener una conciencia más objetiva de su estado y sus posibilidades, y contradiré aquellas interpretaciones que considere inexactas y lesivas a la propia estima de la sociedad general y a la justa evaluación de sus miembros«. Se trata, por consiguiente, del cumplimiento de un deber.
La nota de hoy lleva el número 9 porque en ocho ocasiones anteriores los suscritores han recibidos números «extra» de la Carta Semanal, los que cumplieron la misma función descrita para las nuevas notas ocasionales. (Fueron los números 39A, 54A, 76A, 89A, 94A, 127A, 127A2, 186A).
El diario Clarín de Buenos Aires reporta hoy en su sitio web: «Kirchner y Lula acordaron que tienen que moderar a Chávez. Coincidieron en la necesidad de que baje el tono de su discurso para no perjudicar los intereses del bloque regional. Y concluyeron que acelerar los proyectos de integración será clave para contener al venezolano. … Hay que decir que Lula y Kirchner llegaron a su encuentro con buena parte del trabajo hecho. En los dos últimos días, en los encuentros que mantuvieron por separado con Chávez, le reclamaron que abandone los excesos verbales, acentuados desde que asumió su segundo mandato, el 10 de enero pasado. Como sea, Kirchner y Lula coincidieron en la necesidad de moderar el discurso de Chávez en favor de los intereses del bloque regional, que entienden podría verse afectado por la retórica del presidente bolivariano. Se trata de un asunto irritante para los dos países ante este rico y poderoso nuevo miembro pleno del bloque, al que a pesar de los desbordes, siguen considerando un socio estratégico. … Aunque en público sus funcionarios decían lo contrario, Lula y Kirchner estaban molestos por las últimas declaraciones explosivas de Chávez, quien durante su asunción, anunció que Venezuela entraba en la vía socialista».
LEA
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Los motivos del lobo
Una rosa pintada de azul es un motivo; una pintada de rojo es dos motivos: las dos razones que Hugo Chávez aduce para que se tenga por necesarísimo estatizar la CANTV.
En la reciente y accidentada reunión del Mercosur en Río de Janeiro, Hugo Chávez, consciente de que algunas entre las medidas que ha anunciado como de inminente ejecución por su gobierno son vistas con suspicacia por sus colegas de América del Sur, se sintió obligado a dar explicaciones. Así, luego de declarar que las telecomunicaciones son “un sector estratégico” que debe estar en manos del Estado, explicó ayer lo siguiente: »Yo acabo de anunciar la recuperación de la propiedad estatal de la telefónica venezolana. ¿En manos de quién está [CANTV]? En manos de capitales norteamericanos y han utilizado la telefónica venezolana para grabar al Presidente de la República, por ejemplo. Es el imperio, hermano”.
La argumentación es de una indigencia abismal, y habría que ver si los presidentes y funcionarios que asistieron a la cita de Río se tragaron tan pobre y poco convincente justificación. Se compone de dos partes: primera, que las telecomunicaciones, por ser de carácter estratégico, deben ser propiedad pública; segundo, que CANTV habría registrado conversaciones suyas y, por ende, procede la estatización para impedir que tal cosa continúe.
Por lo que respecta al primer argumento, no cabe duda de que las telecomunicaciones revisten dimensiones estratégicas. Ahora bien, no hay país en el mundo que tenga una carga estratégica mayor que los Estados Unidos de Norteamérica, que son la primera potencia del mundo. Sin embargo, jamás han necesitado que sus compañías telefónicas sean de propiedad federal. (Ni de sus estados miembros). Les ha resultado muy suficiente controlarlas y ordenar su fragmentación, cuando han evolucionado hacia monopolios que vulneran la libre competencia que asegura el mejor servicio a los consumidores. Si alguna república requiere tranquilidad estratégica son los Estados Unidos, pero nunca han considerado por tal cosa que Bell South deba ser propiedad de su gobierno. No hay relación lógica alguna entre el carácter estratégico de una actividad y la supuesta necesidad de que sea por tal causa de propiedad estatal.
En cuanto a la segunda razón, con la que la “víctima” Chávez creyó impresionar a los asistentes a la Cumbre del Mercosur, que la CANTV le habría grabado conversaciones, puede apuntarse lo siguiente. Primero, no se necesita poseer una gran empresa telefónica para grabar las conversaciones presidenciales ni ninguna otra. La tecnología actual puede hacer eso sin que se necesite poseer ni una sola acción de CANTV para espiar conversaciones. También la tecnología actual ofrece defensas ante tal espionaje. (Encriptación de llamadas, por ejemplo). De modo que ni es necesario estatizar una empresa para impedir que el Presidente sea escuchado por terceras personas, ni tampoco la estatización garantiza que otros actores dejarán de espiar el tráfico telefónico del mandatario.
Pero hay más: durante el período presidencial de Luís Herrera Campíns el hoy difunto (y muy añorado) Arístides Calvani denunció que las conversaciones presidenciales estaban siendo grabadas desde CANTV, ¡que en los momentos era una empresa estatal! Es decir, desde una CANTV renacionalizada sería perfectamente posible grabar a Chávez. Nada garantiza que una CANTV regresada al control del Estado no grabaría al Presidente.
¿Quién le asegura a Chávez que Diosdado Cabello, por poner un caso hipotético, no está interesado en escuchar sus conversaciones? ¿Quién le dice que Luis Inazio Lula Da Silva no tiene el mismo interés? ¿O hasta Raúl Castro o Evo Morales?
Adicionalmente puede comentarse que la etiqueta de “estratégico” es tanto resbalosa como peligrosa en labios de Chávez. Para empezar, es palabra esdrújula, como “protagónico” o “endógeno”, y es sabido el gusto revolucionario por las palabras acentuadas en la antepenúltima sílaba. Luego, casi todo puede considerarse estratégico. Por ejemplo, desde sus inicios (1977) el Consejo Nacional de Seguridad y Defensa estimó importantísimo asunto la seguridad alimentaria. Es por tal razón que las industrias de alimentos informan desde entonces a este órgano acerca de sus niveles de producción, en cumplimiento de previsiones contenidas en la Ley Orgánica de Seguridad y Defensa de 1976. ¿Significa esto entonces que, porque es estratégico el nivel de los inventarios de harina precocida, Promasa, la productora de Harina Pan, debe ser igualmente propiedad pública? (Esto es, propiedad de Chávez). ¿Y además porque así se garantizaría que no le sirvan una arepa envenenada?
El aparato político de Chávez, por último, es un consuetudinario espía de los venezolanos, y cuando estima que una táctica sucia le conviene entonces da incluso a la luz pública el contenido de conversaciones privadas. Carlos Ortega y Teodoro Petkoff son sólo dos casos, entre muchos, de personas cuya privacidad ha sido, no sólo violada, sino descaradamente publicada por Radio Nacional de Venezuela y Venezolana de Televisión. (Ya no en la oposición, Luis Velásquez Alvaray fue objeto del mismo tratamiento, y en la Asamblea Nacional llevar grabaciones hechas por alguna agencia del gobierno a sus sesiones es moneda corriente).
De modo que ¿a quién quiere Chávez engañar? Quiere el control de la CANTV para espiarnos él a nosotros, en nuestras conversaciones por teléfono, en nuestra correspondencia electrónica, en lo que buscamos por Internet. Le interesa también dominar la infraestructura empleada en la transmisión de los datos electorales, que no es otra que la provista por CANTV. La empresa, además, posee una muy apreciable capacidad computacional, la que según Heinz Dieterich haría posible el perfecto funcionamiento de un modelo socialista pleno, que no habría estado disponible para la Rusia soviética.
Ah, y Chávez quiere la CANTV para sí también porque no tolera otro poder que no sea el suyo, y esto se puso de manifiesto cuando apuntó que CANTV es la actividad que más negocio hace en Venezuela después de PDVSA. Allí tendría, de paso, uno que otro millardito a su disposición. He allí las verdaderas razones, he allí el verdadero peligro.
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por Luis Enrique Alcalá | Ene 18, 2007 | LEA, Política |

El martes de esta semana la Organización de las Naciones Unidas presentó al mundo un informe sobre el número de muertes de civiles en Irak en el año 2006. (Al que le falta registrar por completo las víctimas del mes de diciembre). El informe sostiene que 34.452 iraquíes que no eran militares murieron el año pasado como consecuencia de la violencia desatada en el país a raíz de la invasión norteamericana, la que se acerca ahora al cumplimiento de su cuarto aniversario. El mismo día de la presentación, 70 civiles más se unían a la grotesca cuenta, cuando varias explosiones al noreste de Bagdad ocurrieron en una universidad predominantemente shiíta.
Como era de esperarse, un vocero del gobierno de Iraq expuso que tal cifra era exagerada. La ONU, sin embargo, asegura que el origen de sus datos está en cifras oficiales, contenidos por su mayor parte en certificados de defunción expedidos por el propio gobierno iraquí. (Los familiares de los fallecidos procuran por todos los medios conseguirlos, pues sólo con ellos pueden tramitar asuntos de herencia y posibles compensaciones gubernamentales). Más aún, puede presumirse que la cifra real es en verdad mayor, puesto que no todas las muertes son reportadas.
Los números indican a las claras el fracaso de la iniciativa bélica norteamericana, supuestamente emprendida para traer, no sólo la democracia a Irak, sino para brindar estabilidad a toda el área del Oriente Próximo. La verdad es que más de un experto teme ahora por una “balcanización” de toda la región, al irse consolidando la tendencia de una confrontación abierta y generalizada entre sunis y shiítas.
Esta posibilidad ha sido recientemente regada con material extremadamente combustible: las ejecuciones de Saddam Hussein y sus colaboradores más inmediatos. El periódico Greater Kashmir opina de esta forma: “Un juicio que fue una farsa. Una corte de canguros. Un veredicto amañado… La venganza política del gobierno iraquí, que debe su sobrevivencia a la gigantesca máquina de guerra americano-británica, voló con tal furia que quiso que Saddam fuese ejecutado en una fecha especial”. El periódico revela asimismo un motivo para la urgencia: “Un panel de discusión de La Voz de América ofreció una razón de la prisa judicial. Dijo que según una ley iraquí no pude ahorcarse a un hombre que haya alcanzado la edad de 70 años, y que Saddam los cumpliría en 2007, y así hubiera podido escapar del lazo. Puede ser. Pero hay una razón más convincente y sustancial. No era del interés de América y Europa confrontar a Saddam en el tribunal porque tal cosa habría descubierto su rol al cumplir tratos de suministrarle armas químicas y biológicas (armas de destrucción masiva) que empleó contra los kurdos e Irán. El mundo sabe que Irak servía en esa época a sus intereses y que Saddam era su consentido”.
Tan embarazoso es el asunto que, primero Blair y luego Bush, han procurado distanciarse de la ejecución del antiguo dictador iraquí. Hay que tener riñones para lavarse las manos de esa manera, después de que un promedio de 96 civiles murió diariamente en Irak en 2006 como consecuencia de la invasión que estos señores han protagonizado.
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