CS #221 – Todo es mentira

Cartas

Se ha comentado aquí otras veces, pero en estos días es muy oportuno recordarlo. Durante la campaña electoral de 1998 era issue dominante la propuesta celebración de una asamblea constituyente. Como se sabe, sólo Hugo Chávez Frías, entre los diversos candidatos, abanderaba la proposición. Se alineaba así con una prédica que había comenzado en 1989 el Frente Patriótico (Juan Liscano et al.) y que para 1998 había logrado ser aceptada por una mayoría de los ciudadanos.

El estamento político convencional se oponía firmemente; hasta el presidente Caldera rechazó una petición de última hora para que convocara él un referendo consultivo sobre la conveniencia de elegir una constituyente: “Creo que Rafael Caldera merece ser quien haga esa convocatoria. Más allá de las críticas de la más variada naturaleza que puedan hacérsele, el presidente Caldera puede ser considerado con justicia el primer constitucionalista del país. No sólo formó parte de la Constituyente de 1946; también fue quien mayor peso cargó cuando se redactaba el texto de 1961; también fue quien presidió la Comisión Bicameral para la Reforma de la Constitución de 1991; también fue quien expuso en su aludida ‘Carta de Intención’: ‘El referéndum propuesto en el Proyecto de Reforma General de la Constitución de 1992, en todas sus formas, a saber: consultivo, aprobatorio, abrogatorio y revocatorio, debe incorporarse al texto constitucional’; y también fue quien escribió en el mismo documento: ‘La previsión de la convocatoria de una Constituyente, sin romper el hilo constitucional, si el pueblo lo considerare necesario, puede incluirse en la Reforma de la Constitución, encuadrando esa figura excepcional en el Estado de Derecho’; fue también, por último, quien nombró como Presidente de su Comisión Presidencial para la Reforma del Estado al jurista Ricardo Combellas, el que advirtió ya en 1994 que si este Congreso no procedía a la reforma constitucional habría que convocar a una Constituyente. Si alguien merece la distinción de convocar al Primer Referendo Nacional ése es el Presidente de la República, Rafael Caldera”. … “El Presidente de la República tiene la potestad de desencadenar ese proceso. Será estupendo constatar que en sus manos no se perdió la República, pero lo será más todavía que pueda decirse que en esas mismas manos creció la democracia que él tanto contribuyó a crear”. (referéndum, septiembre de 1998).

La atribución al Presidente de la República en Consejo de Ministros de convocar un referendo consultivo le había sido conferida por la reforma de diciembre de 1997 a la Ley Orgánica del Sufragio y la Participación Política, la que había establecido que además podían convocarlo una mayoría calificada del Congreso de la República y un diez por ciento de los Electores. Seguramente un proceso constituyente iniciado por Caldera habría sido muy diferente de la apabullante secuencia presidida en 1999 por Hugo Chávez.

Pero Caldera no convocó el referendo necesario, y tampoco ningún otro candidato apoyó la cosa. (El opositor final a Chávez, Henrique Salas Römer, opinó que la constituyente era “un engaño y una cobardía”, por más que lo que parecía cobarde era precisamente no convocarla). Ya hacía tiempo que el estamento político convencional se revelaba insuficiente, pero esta omisión trajo profundas consecuencias. Cuando se haga la historia de la “insensatez política” (Tuchman) de las élites venezolanas en las últimas décadas, su tenaz oposición a la constituyente, a pesar de que era incontestable que el “sistema operativo” del Estado venezolano debía ser sustituido por otro, probablemente destaque como el más grave de sus numerosos errores estratégicos. Salas Römer encarnó a la perfección el papel de campeón de los conservadores, dejando a Chávez el ventajoso rol del cambio.

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Tan claro estaba Chávez acerca del apoyo popular mayoritario a la idea de la constituyente, que por intermedio del MVR anunció, a comienzos de 1998, que procedería a recoger las firmas necesarias para convocar el referendo, como lo permitía la ley, por iniciativa popular. Es posible que la recolección no hubiera funcionado muy bien, pero en cualquier caso Chávez se olvidó del asunto. En cuanto supo que las encuestas—ya a mediados de año—le daban como ganador en la elección del 6 de diciembre próximo, entendió también que ya no necesitaba al pueblo. Una vez Presidente en ejercicio podría con toda comodidad convocar el referendo por sí mismo—electo, pero aún no en funciones, diría en La Viñeta: “Yo tengo facultades constituyentes”—así que ¿para qué molestarse reclutando la participación popular? Quien se llena la boca con aquello de la democracia “participativa”, a la hora de la verdad prescinde de ella si estima que no la necesita para alcanzar su objetivo.

Lo mismo acaba de hacer ahora. En la campaña del año pasado, porque se interesaba en parecer democrático y amoroso, comentó que a lo mejor consultaba en referendo ciudadano si el pueblo quería que se negara la renovación de la licencia de señal abierta a Radio Caracas Televisión. Ya no quiere acordarse—seguramente no quiere que se lo recuerden—y ha escogido comenzar el año 2007, aun antes de las restantes amenazas, con el anuncio de que el término de la concesión a Empresas 1BC es una decisión tomada. ¿Consultar? ¿Para qué?

De nuevo, pues, lo mismo. Primero una fachada democrática para asegurarse apoyo electoral; una vez obtenido éste, la exhibición de su real temperamento autocrático. (Pregunta al margen: ¿no se le ha ocurrido a ninguno de los dirigentes opositores—que ahora convocan, cada quien por su lado, marchas y concentraciones de todo género—tomarle la vieja palabra y probar la convocatoria de un referendo consultivo sobre la concesión de RCTV por iniciativa popular? Se trata de reunir tan sólo un millón setecientas mil firmas, bastante menos que las que se logró recoger cuando se quiso revocar el mandato presidencial hace tres años).

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Anulando los precoces anticipos de magnanimidad de parte de algunos funcionarios o dirigentes de su campo un tanto blandengues, Chávez, ducho en falacias resbalosas, ha invitado a la oposición a “sumarse a las tareas del cambio”. Pero eso no significa que la tomará en cuenta para formar sus propósitos. Expone que la mayoría es la que debe prevalecer, y la mayoría votó por el “socialismo del siglo XXI”, por lo que la oposición, que es minoría, debe acatar esa voluntad sin pataleo.

Es verdad que Chávez habló siempre de ese socialismo. La semana pasada se recordaba acá: “No es la primera vez que habla de socialismo—tiene años haciéndolo—y no calló el concepto durante su campaña electoral del año pasado, de modo que quienes votaron por él—y también quienes no lo hicieron—debían saber que por ahí vendrían los tiros”. Pero también había dicho, más de una vez, que esa particular variedad de socialismo tenía que ser “inventada”; esto es, que él mismo no sabía cuál era. Bueno, parece que ya la inventó.

El socialismo del siglo XXI es la renacionalización de la CANTV, la estatización de todo el suministro eléctrico, la privación de su autonomía al Banco Central de Venezuela, la desaparición de las alcaldías, la terminación de la licencia de RCTV, el control de las operadoras de la Faja Petrolífera del Orinoco, el nombramiento ministerial de su hermano para que instruya a nuestros hijos en la ideología revolucionaria y mucho, pero mucho, gasto público.

Pero estas medidas, expuestas con el mayor engreimiento, son en su concreción elementos de un programa de gobierno que pudo anunciar y no lo hizo, que pudo presentar en su campaña y no lo hizo. Y es que Chávez no hizo en realidad campaña, si es que por esto se entiende la exposición de un programa de gobierno para el que se busca apoyo o aquiescencia. Ninguno de esos elementos, que debieron ser explicados de antemano a los Electores, fue mostrado en modo alguno. El único mencionado, el cierre de Radio Caracas Televisión, iba a ser decidido por los mismos Electores en referendo consultivo.

No es cierto, pues, que siete millones de venezolanos votaran por esas medidas. No es verdad que los caraqueños preferimos a la Electricidad de Caracas roja rojita, en manos del Estado de Chávez. Es mentira que queremos que se despoje al BCV de su autonomía, facultad sugerida por la sabiduría política acumulada en centenares de años. No es cierto que optamos por federaciones de juntas comunales como sustitutos de los alcaldes. Cada una de estas cosas, que por tratarse de medidas específicas debieron constituir un programa de gobierno conocido por el enjambre ciudadano, fue ocultada adrede, porque Chávez sabía que si las notificaba los resultados electorales hubieran sido otros. En lugar de descubrirlas las escondió, y ahora decidirá como jeque omnímodo cada una de ellas por sí solo, puesto que los borregos de la Asamblea Nacional enajenarán su función propia en el Presidente de la República.

Una vez más, entonces, Hugo Chávez se burla de los Electores y pretende engañarlos. Mientras estuvo en campaña, se limitó a mencionar lo impreso en la etiqueta de un frasco que contenía un menjurje genérico e indefinido, la panacea incógnita del “socialismo del siglo XXI”. Desde lejos asomaba ocasionalmente el frasquito, como antes sacaba a cada instante de un bolsillo de sus trajes de marca el librito azul que ahora cree defectuoso. (Idéntico a Jaime Lusinchi, que fue elegido sin más explicación que la del nuevo “pacto social”). Pero nunca reveló, al escamotearlas deliberadamente, qué medidas se proponía instrumentar. Para ninguna de ellas tiene consentimiento electoral, ni siquiera para que pueda de nuevo legislar según su único entender. Y si no, que pruebe a consultarlas. Como Caldera en 1998, él tiene la facultad de llamar a un referendo consultivo, y nada impide que en un solo acto referendario se consulte más de una materia «de especial trascendencia nacional». (Artículo 71 de la Constitución).

Pero claro, no está en la naturaleza de Chávez el procedimiento democrático. Lo de él es pantalla y decreto, así que ¿por qué no emprende la oposición la convocatoria de un amplio referendo por iniciativa popular? ¿Qué tal si el triunvirato Borges-Petkoff-Rosales que ha vuelto a reunirse pone orden nuevamente en la incipiente cacofonía opositora y se atreve, aunque sea esta vez, a una iniciativa política audaz, profunda, de aliento? ¿No y que somos cuatro millones de los que menos de la mitad tendría que firmar? ¿No es cierto que la mayoría de los venezolanos—Datanálisis dixit—no quiere ni dictadores ni “mares de la felicidad”? Ése es un referendo que pudiera muy bien ganarse para la democracia en Venezuela, que no es otra cosa que el respeto a la inteligencia de sus Electores. LEA

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FS #127 – Política arcaica

Fichero

LEA, por favor

Ángel Bernardo Viso, une autre fois. Esta vez la Ficha Semanal #127 de doctorpolítico copia enteramente la carta #20 (Madrid, 24 de mayo de 1990) de sus Memorias marginales.

Como Viso ha escogido la forma epistolar para disparar una ráfaga de veintitrés magníficos ensayos, constantemente alude a las cartas anteriores. (Dice, no poco borgianamente, en la Advertencia: «…la forma elegida para este libro no es un ardid literario, ni un disfraz, sino el cauce espontáneo de vivencias e ideas sólo empezadas a recuperar por la conciencia al final de una madrileña tarde de abril, en el curso de una larga confesión interior dirigida a un amigo, perdido de vista desde la juventud, y cuya respuesta no me alcanzará»).

En la carta vigésima, refiere a menciones previas de Mircea Eliade (Tratado de historia de las religiones y El mito del eterno retorno), Juan Nuño (Los mitos filosóficos) y, sin nombrarlos, a Manuel García Pelayo (Los mitos políticos) y Germán Carrera Damas (El culto a Bolívar Validación del pasado): «…Carrera Damas también ha demostrado que el culto a los héroes no sólo ha sido aceptado por el establishment, incluida la jerarquía católica —que por la pluma de Monseñor Navarro se esforzó en probar la ejemplaridad del cristianismo bolivariano—, sino por los grupos de izquierda, y en especial por el Partido Comunista…» (Carta décimo novena, 20 de mayo de 1990 desde Madrid).

Conviene notar, pues, que la escritura de Viso precede por dos años a la emergencia pública de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992. Como pasa con los analistas profundos, lo que escribe tiene valor profético; basta leerlo para comprobar su luminosa vigencia. Por ejemplo, apunta en la carta décimo novena: «…jóvenes y revolucionarios se han llamado algunos movimientos políticos por ser ésos los caracteres distintivos del grupo promotor de la Independencia, cuyas hazañas siguen vigentes gracias a su reactualización periódica. …toda la educación venezolana está basada explícita o implícitamente en esa idea; es más, la nacionalidad misma, en su sentido concreto y excluyente, depende de una idea parecida; por eso Arturo Uslar Pietri ha podido decir que en Hispanoamérica el estado (a mi juicio, un puro fruto revolucionario) ha precedido a la nación…»

Nihil sub sole novum. (Eclesiastés, I, 10). No hay nada de novedad en el plan chavista, que no hace sino repetir extravíos arcaicos, primitivos, bárbaros. Se trata —el programa de Chávez— de recaídas atávicas que ya nuestro pueblo ha sufrido. Esta vez es tan absurda la cosa que a su término probablemente nos hayamos curado de eso para siempre.

También usa Viso al final de la carta reproducida acá, la noción mitológica germana designada como ragnarök, la titánica lucha entre los dioses del Valhalla al final de los tiempos. Jorge Luis Borges escribió una de sus piezas más cortas justamente bajo ese título, que comienza diciendo: «En los sueños (escribe Coleridge) las imágenes figuran las impresiones que pensamos que causan; no sentimos horror porque nos oprime una esfinge, soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos. Si esto es así ¿cómo podría una mera crónica de sus formas transmitir el estupor, la exaltación, las alarmas, la amenaza y el júbilo que tejieron el sueño de esa noche?» Borges describe un sueño en el que los dioses regresan, incongruente como los sueños son, y concluye con esta última cláusula: «Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses». Puede estar llegando la hora de dar muerte a Bolívar.

LEA

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Política arcaica

Resulta una experiencia temible sumergirse en los mitos antes expuestos, con el fin de explicar nuestra manera de entender el tiempo histórico: «Time the destroyer is time the preserver», escribió también T. S. Eliot… En Disgregación e integración, Laureano Vallenilla Lanz se había adelantado de manera brillante a las ideas apuntadas en las páginas anteriores, al decir: «Para los hombres que durante un siglo se sucedieron en la dirección intelectual y política de Venezuela, jamás el pasado tuvo significación alguna… Del caos de la Colonia nació la efímera y candorosa República de 1811; del caos de la guerra magna surgió la Gran Colombia; del largo y tenebroso caos de la dominación oligarca surgió el partido liberal; y cuando la dinastía de los Monagas volvió la República a la nada, la obra creadora se dividió entre los convencionales de 1858 y los guerrilleros federales, hasta que del seno de otro caos formado por la dictadura y por la guerra de cinco años apareció la República democrático-federativa del 64… Obsérvese además que cada generación, cada partido, cada revolución, no abrigó nunca otro propósito sino el de destruir para crear».

La repetición en el tiempo del mito juvenil y revolucionario, y su carácter cíclico, adquirido después de su nacimiento, me hace pensar que el modo de aprehender la realidad histórica por parte de la sociedad venezolana, inducida por el grupo gobernante, en gran medida se ha vuelto arcaico; ese carácter cíclico es propio de las sociedades primitivas, como demuestra la etnografía, y de las sociedades tradicionales analizadas por Eliade en sus obras antes citadas. En una de ellas, El mito del eterno retorno, ese autor nos señala que el hombre primitivo no tiene capacidad para comprender a cabalidad los sucesos aislados, ni los conflictos personales, sino en la medida de su correspondencia con un arquetipo. Por eso el héroe es dotado por la imaginación popular, después de su muerte, con todos los rasgos correspondientes a su categoría, mientras caen en el olvido los elementos distintivos propios de un ser humano: la memoria colectiva no los retiene.

Hay algo más grave; Eliade explica en sus dos obras referidas, y en su extensa Historia de las ideas y de las creencias religiosas, que en las sociedades primitivas y tradicionales los mitos de origen tienen como misión fundar la realidad; sólo pasa a ser real lo que corresponde al arquetipo, dios o héroe fundador: «Debemos hacer lo que los dioses hicieron al comienzo» (Çatapatha Brâhmana, VII, 2, 1, 4). «Así lo han hecho los dioses; así hacen los hombres». (Taîttirîya Brâhmana, I, 5, 9, 4). «Ese adagio indio resume toda la teoría subyacente a los rituales de todos los países». De modo que la mitificación de los héroes de la Independencia no es inocente: ella fija un modelo de conducta alejado en el tiempo y que requiere ser actualizado tal como tuvo lugar inicialmente… Dedicarse a la mitopoeia es mucho más riesgoso que convertirse en aprendiz de brujo.

El hecho antes señalado es de gran importancia para mi análisis; demuestra que el culto venezolano a los héroes —el más marcado de toda Hispanoamérica—, tiene igualmente un claro carácter arcaico y no es en absoluto positivo para enfrentar los retos de nuestra época. Adicionalmente, como te expresé en otra parte de este escrito, ese culto induce a creer que cada país latinoamericano es una nación distinta y completa, creencia justamente criticada por Julián Marías en Hispanoamérica, y por Octavio Paz en De la Independencia a la Revolución. Ese arcaísmo no sólo ha inducido sino que implica un retroceso en la relación con la sociedad colonial, cuya clase dirigente tenía una concepción de la historia semejante a la de los pueblos cristianos de su tiempo… Finalmente, dicho arcaísmo se compagina a cabalidad con nuestro pretendido carácter de pueblo joven; dos siglos de existencia es un lapso muy breve en la vida de un pueblo, y según algunos ésa es la duración de nuestra historia; ella justifica todos los errores políticos, los pasados desmanes populares y las frecuentes rectificaciones de rumbo; ella refuerza igualmente todos los caracteres arcaicos, pues parece natural mantener todavía los rasgos de niños balbuceantes.

Juan Nuño también nos dice, en su antes citado libro, refiriéndose al judaísmo, al cristianismo y al hegelianismo, que «Una visión simplificadora de la historia se ha complacido en oponer la concepción lineal y abierta a otra circular y cerrada», siendo así que «ninguna de las grandes visiones de la historia escapa, de una forma u otra, a algún tipo de circularidad…» «por lo que… preferible sería elegir entre concepciones cíclicas de tiempo indeterminado y concepciones cíclicas de tiempo limitado. Y en ambas se presenta el mito de la recuperación de algo pasado, o en tanto tal pasado o en tanto proyectada utopía o incumplida promesa».

Sin estar capacitado para entrar al fondo de este arduo tema de filosofía de la historia, creo deber observar que, al menos para los cristianos, la escatología deja un gran margen de libertad antes del fin de los tiempos —acontecimiento imprevisible e independiente de la voluntad humana—; en uso de esa libertad, el hombre construye dramáticamente su vida y contribuye al desarrollo del mundo; es más, de acuerdo con Teilhard, en El medio divino, la acción humana tiene un valor absoluto en sí mismo y su objeto es lograr, mientras llega la parusía, una progresiva espiritualización de la materia, completando la obra divina; de esa manera, al acabarse el tiempo del hombre, no habría una abolición de la obra humana, ni una recuperación de algo exclusivamente elaborado por Dios; la historia sería lineal y progresiva: nos presentaríamos al gran juicio con nuestros modestísimos trabajos, pero acompañados con la Gioconda, la Pasión según San Mateo y hasta la mismísima Puerta del Infierno

Me podrás decir que esas ideas del poco común jesuita —asombroso descendiente directo de Voltaire—, esconden simplemente sus creencias, a pesar de los silogismos que plagan su citado libro. Sin embargo, si es cierto que aun el pensar filosófico está orientado por soterrados mitos, si nuestra poderosa irracionalidad aflora a cada paso, aunque tratemos de evitarlo, si incluso las ideas concebidas por la mente no pueden evadir los arquetipos descubiertos por Jung, más vale tomar en cuenta esos hechos, en lugar de eludirlos y, aunque sea a tientas, tratar de desechar las creencias empobrecedoras y aferrarse sólo a aquéllas susceptibles de servir de base a una vida y a una cultura dignas de ser asumidas en su plenitud.

En todo caso, aun dentro de las limitaciones señaladas por Nuño, es indudable que una concepción —más bien ilusión—, histórica de un ciclo tan arbitrario y limitado como el prevaleciente entre nosotros, y la devolución por el período heroico de los «tiempos aurorales» (de esa crepuscular aurora de 1810), no se limitan a ser arcaizantes: están en el fundamento mismo de nuestros fracasos. No obstante, el triunfo de aquella concepción no puede ser nunca definitivo ni completo en una sociedad como la nuestra, cuya credulidad es sólo parcial en relación con lo que se le enseña, más todavía si se pretende hacerlo con académica pedantería o utilizando las pompas del poder.

La coexistencia inevitable entre esas dos contradictorias maneras de pensar el tiempo histórico, crea un desajuste adicional en nuestro medio, mayor al atribuido en estas páginas a las diferencias étnicas y sociales; no se trata de algo situado en la superficie, sino en el fondo del alma, y que ayuda a explicar los tropiezos de nuestra sociedad mejor que el estudio de todos los errores económicos juntos; es más, cuando se adopta una correcta política liberal para reformar la economía —caso actual de Venezuela—, su vacilante y deformada aplicación no se debe a razones económicas, sino a un recurrente populismo y a deficiencias humanas y conceptuales que continuarán presentándose mientras no logremos exorcizar nuestros demonios.

Un íntimo amigo de ambos nos solía repetir desde la universidad ¿recuerdas? que los venezolanos tenemos mentalidad apocalíptica, pues a cada inconveniente grave juzgamos que ha llegado el fin del mundo; no podía responderle entonces, porque no lo sabía, que en una sociedad donde se crea la expectativa de renacimientos periódicos es lógica la creencia en destrucciones inminentes, auspiciadas en tiempo electoral por los candidatos de todos los partidos, pretendiendo que ellos son la última oportunidad de recuperar el país antes de su inevitable naufragio; no se trata, lógicamente, del germánico ragnarök —catastrófico combate final entre los dioses— sino de un fin de mundo a nuestra medida; más que nada, de una nueva e importante mengua en relación con nuestra posición anterior… Esa mentalidad, donde el arcaísmo desemboca en predicción de atenuadas catástrofes, no puede permitir el desarrollo buscado por la política liberal antes citada, ni con el apoyo de todos los Fondos Monetarios del mundo; tampoco permite una plena realización personal: somos miembros de la tribu, de acuerdo con la vieja definición aristotélica, so pena de ser animales o dioses.

Ángel Bernardo Viso

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LEA #220

LEA

Después de elaborado forcejeo entre telones, George W. Bush acaba de anunciar que en pocas semanas enviará a Irak un contingente de 21.000 soldados norteamericanos adicionales. Su línea de razonamiento sostiene que aflojar en Irak en estos momentos provocaría el colapso del gobierno local y que, en cambio, el incremento (surge) de tropas estadounidenses “en este momento crucial”, para ayudar a los iraquíes a “romper el actual ciclo de violencia” pudiera apresurar “el día en que nuestras tropas puedan regresar al hogar”.

Se trata de unas cinco nuevas brigadas de cuatro mil hombres cada una, que elevarán el actual contingente de 135.000 soldados a 153.000. El grueso de las nuevas fuerzas será asignado a Bagdad, donde será nombrado un nuevo comandante supremo, aunque dos batallones de marines irán a la provincia de Anbar. (El 80% de la violencia entre sectas ocurre en un radio de 45 kilómetros alrededor de Bagdad).

Bush solicita 5 mil seiscientos millones de dólares frescos para pagar las tropas y mil doscientos millones más para reconstrucción y creación de empleos entre la población de Irak. A este país se le exige 10 mil millones de dólares a los mismos fines, aunque no se permitirá la “interferencia” iraquí en las operaciones militares.

Como era de esperarse, el plan no cuenta con el consenso político que sería recomendable, ya no digamos entre los demócratas—el senador Edward Keneddy ha introducido un proyecto de ley que bloquearía el financiamiento—sino entre los mismos republicanos y no pocos jefes militares. Norman Coleman, senador republicano por Minnesota que busca ser reelegido en 2008, declaró: “Me rehuso a poner más vidas americanas en riesgo en Bagadad sin seguridad de que los iraquíes mismos estén dispuestos a terminar la violencia de iraquíes contra iraquíes. Por esto es que me opongo a la proposición de un aumento de tropas en Bagdad, donde la violencia sólo puede ser definida como sectaria”.

Lo que más temen los críticos del nuevo plan de Bush es que el aumento de la presencia norteamericana en Irak reavivará el desagrado de la población en general, por un lado, y que, por el otro, el gobierno de ese país se haga todavía más “adicto” a la ayuda de los Estados Unidos.

Pero, como por estos lares, el presidente Bush no atiende a las críticas, ni de los demócratas, ni de sus copartidarios ni del público en general. The beat goes on.

LEA

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CS #220 – Mucho camisón

Cartas

En agosto de 2000, una importante transnacional petrolera que operaba en el país—ya no lo hace—pidió al suscrito una presentación to understand Chávez. Ése fue el título que escogió para nombrar la específica solicitud. Lo que fue mi primera afirmación, ya una vez en la sesión de trabajo que sostuvimos, es que estábamos en presencia de un fenómeno que ameritaba un enfoque de antropología política; esto es, que lo que había llegado al poder en Venezuela era toda una cultura, no meramente otro partido u otro presidente. Que ahora estábamos en presencia de un conjunto de valores, creencias, criterios y percepciones enteramente distinto del convencional.

Una segunda presentación—cinco fueron en sucesión requeridas—echó mano de una tipología adelantada por Yehezkel Dror en 1971, en su libro Crazy States: A Counterconventional Strategic Problem. (En entrevista que le hiciera veinte años después Daniella Ashkenazy para The Jerusalem Post, la periodista resumía el asunto del libro: “…Dror construyó un modelo teórico de Estados fanáticos y grupos marginales que se alimentan de ideologías agresivas de alta intensidad”). Los rasgos de un “Estado loco” (enumerados en la Carta Semanal #62 de doctorpolítico, del 14 de noviembre de 2003), según el experto, son los siguientes: 1. tiene objetivos muy agresivos en contra de otros; 2. mantiene un profundo e intenso compromiso con esos objetivos (dispuesto a pagar un alto precio por su logro y correr grandes riesgos); 3. está imbuido de un sentido de superioridad frente a la moralidad convencional y las reglas habitualmente aceptadas de la conducta internacional (dispuesto a la inmoralidad e ilegalidad en términos convencionales en nombre de “valores superiores»); 4. exhibe un comportamiento lógicamente consistente dentro de tales paradigmas; 5. lleva a cabo acciones externas que impactan la realidad (incluyendo el uso de símbolos y amenazas).

No debe, en consecuencia, llamar a la sorpresa la profusa andanada de anuncios que ha hecho el Presidente en reestreno en los últimos días. Ni su proverbial procacidad, ni su tono épico, ni su ambición, ni su agresividad. Es un caso clínico de entidad patológica ya descrita hace tres docenas de años y, por otra parte, todo estaba ya, de una manera o de otra, clara y reiteradamente anunciado. No es ahora cuando Chávez habla de revolución—DRAE: 2. Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación… 4. Cambio rápido y profundo en cualquier cosa—pues viene caracterizando así su propósito desde su campaña de 1998 (desde su fallido golpe de 1992, si a ver vamos), y su gobierno desde que asumió por primera vez la jefatura del Estado venezolano en 1999. No es la primera vez que habla de socialismo—tiene años haciéndolo—y no calló el concepto durante su campaña electoral del año pasado, de modo que quienes votaron por él—y también quienes no lo hicieron—debían saber que por ahí vendrían los tiros. No es tampoco nuevo su corolario ideológico: que el capitalismo es malo, que ser rico es malo, que lo privado es malo.

De modo que sabíamos todos que ése era su pensamiento. Jamás lo ha ocultado, como sí lo hiciera en su momento su mentor, Fidel Castro. La diferencia está en la amplitud y la celeridad de su movimiento al inicio mismo de su segundo período constitucional (respecto de la Constitución de 1999).

Debe tenerse siempre en mente la formación militar de Chávez. Tiene lógica que se mueva a conquistar más territorio cuando ha adquirido poder fresco, cuando su fortaleza está refrescada. Acaba de ganar por abrumadora ventaja las elecciones del 3 de diciembre, y todo el Estado es suyo. Es el momento de avanzar con firmeza, mientras sus fuerzas están no sólo intactas, sino recrecidas.

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Así que la Blitzkrieg es ancha y diversa. Chávez quiere otro Código de Comercio, quiere otra Constitución, quiere además del Ejecutivo también Poder Legislativo. No tiene suficiente con PDVSA (que hinchará nacionalizando asociaciones de la Faja del Orinoco); ahora necesita bajo su control y mando la telefonía y toda la electricidad servida; EDELCA y CADAFE no le bastan. La frecuencia del Canal 2, por supuesto, irá a quienes se alineen con sus propósitos bajo Izarra y Chacón. Los municipios son también algo que debe ser suplantado: creará “ciudades federales” que no tengan alcaldes sino una federación de juntas comunales. (¿Cómo se decidirá la colocación de una alcantarilla?) El Banco Central de Venezuela no debe ser autónomo, y a juzgar por sus constantes identificaciones con Jesús de Nazaret y la repetición de sus críticas a muy conspicuos personajes de la iglesia católica venezolana, pudiera estar pensando—su megalomanía da para eso—en hacer, al estilo de Enrique VIII, una iglesia “bolivariana” de la que él sea papa.

Naturalmente, atrás han quedado los discursos sobre el “desarrollo pentapolar”, y no dijo nada acerca de los “núcleos de desarrollo endógeno” que poblarían el país, y el “eje Orinoco-Apure” está olvidado. Ahora juega con juguetes nuevos, como los aviones de guerra Sukhoi que dispendian combustible sobre Caracas para unirse al autobombo.

Es una agenda de voracidad pantagruélica, y si ya había diagnosticado el 3 de diciembre—le tomó ocho años percatarse—que la corrupción y el burocratismo minan su gobierno, ahora ampliará los terrenos de caza de corruptos y corruptores con más empresas y más ministerios—veintisiete, son ya—donde la insolente discrecionalidad del funcionario chavista tendrá más oportunidad de burocracia. No ha comenzado siquiera a atacar la corrupción cuando le arroja más alimento. (Preguntado sea de paso, ¿se deberá la defenestración de José Vicente Rangel a ponerlo como chivo expiatorio del burocratismo y la corrupción? A fin de cuentas, el Vicepresidente Ejecutivo sería el principal responsable de ambas cosas. ¿O será, simplemente, que Rangel aconsejaba más mesura y más magnanimidad luego del triunfo electoral decembrino y tal cosa chocaba contra los designios de atropellar con la revolución?)

Pero hacer las cuentas por separado no termina de captar la intención general: Chávez cree ser capaz de construir, en lo que le quede de vida, una sociedad enteramente nueva. Ése es el tamaño de su desmesura.

Así explica: «Aquí llegó la hora del fin de los privilegios, del fin de las desigualdades ¡Llegó la hora!  Y nada ni nadie nos hará detener el carro de la revolución ¡Cuéstenos lo que nos cueste! ¡Nadie detendrá el carro de la revolución socialista en Venezuela! Cueste lo que cueste». Y añadió: «Es imposible la igualdad en el capitalismo, sólo es posible en el socialismo. Por eso es que, sin exageración, vengo afirmando que el pensamiento de Bolívar es un claro pensamiento socialista». (No importa si esto es una grosera falsificación de la verdad histórica).

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Volviendo a la antropología, es ya sabida observación etnológica que los ítems culturales recién llegados a una sociedad se integran a ella con enlaces distintos de los que la encajaban en la sociedad que los inventa o los aporta. El significado de un arcabuz no es el mismo para el conquistador español que para el aborigen que aprende a accionarlo. Éste lo incorpora a su mapa cultural para asimilarlo, y esa carta de significados es otra.

Las reacciones a los anuncios de Chávez no son los mismos en diferentes culturas políticas. Aun antes del discurso de ayer ya las anticipaciones—los trailers de la película—habían causado graves y numerosos sobresaltos en el orden financiero, bursátil y cambiario.

Si ahora, en cambio, se toma cada medida por separado—por ejemplo, las nacionalizaciones anunciadas—uno pudiera recordar que la CANTV fue empresa del Estado desde la década de los años cincuenta hasta el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, sin que la sociedad venezolana se neurotizara por eso. Y tampoco es que las empresas públicas de suministro eléctrico sean una novedad en el país. O, pensando en otras latitudes, en su tiempo François Mitterrand nacionalizó toda la banca francesa—aunque luego se percató de su error y debió devolverla a la esfera privada—y en la cuna de la democracia y el capitalismo, la venerable Inglaterra, hasta hace nada la televisión era actividad enteramente reservada al Estado.

Pero el problema con una telefonía estatizada en la Venezuela de hoy es que la CANTV pronto sería roja rojita, y un peligroso instrumento de control social en manos de un gobierno que jamás ha sido escrupuloso respecto del derecho a la disensión. La lista de Tascón sería, ante la constante vigilancia de las conversaciones telefónicas (y correos electrónicos), un burdo y primitivo expediente. (Aunque es bueno refrescar que la CANTV estatal, durante la presidencia de Luis Herrera Campíns, se dio el lujo de espiar las comunicaciones de Miraflores).

Esto, por supuesto, sin entrar en la consideración de la esperada ineficiencia y el mal servicio que, puede jurarse, regresarían al espacio telefónico nacional con una industria telefónica en poder de Chávez. Y tampoco considerando que el reestrenado presidente no ha mostrado cuál es la relación lógica o fenoménica existente entre una telefonía pública y “la mayor suma de felicidad posible”.

Pero, repito, no todas las culturas políticas entienden las cosas de tal modo, ni ven en ellas motivo de alarma sino de alborozo. Por ejemplo, en http://upsidedownworld.org/, sitio en Internet que se proclama como espacio de equilibrio, Jason Wallach escribía anteayer quejándose del injusto trato que la nacionalización de la CANTV habría recibido de la prensa norteamericana. Citando a Wikipedia, saludaba que la decisión de Chávez impidiera que el magnate mexicano Carlos Slim—dueño entre muchas otras telefónicas de TELMEX—adquiriera el control de CANTV, pues “[a]unque TELMEX es ahora una compañía privada sigue siendo todavía un monopolio. Prácticamente no hay en México otras compañías telefónicas que ofrezcan otra opción a los consumidores. TELMEX ofrece un pobre servicio al cliente que está disponible sólo de lunes a viernes, lo que deja a los usuarios desvalidos durante el fin de semana. TELMEX es asimismo la segunda compañía en cuanto a quejas interpuestas ante PROFECO, la agencia mexicana de protección al consumidor”.

Habiendo hecho un examen de noticias relacionadas con el anuncio de Chávez, Wallach señala que a Natalie Obiko Pearson se le escapó una “gema” que pudiera ser una de las verdaderas razones para la nacionalización de CANTV. Obiko escribió para Associated Press: “La CANTV privatizada también ha provisto un beneficio clave a los venezolanos: uno de los pocos modos de eludir el control de cambios. Los inversionistas han podido comprar sus acciones en bolívares y venderlas en dólares en la Bolsa de Valores de Nueva York. Una adquisición forzada de CANTV cerraría esta opción de preservar riqueza en una economía cuya inflación se ha venido dando en 17 por ciento”. Wallach aplaude que esta puerta se cierre, pues añade lo siguiente: “¿Cree realmente Ms. Obiko que cualquier cantidad de venezolanos, de los que un 49% vive mes a mes en la pobreza, gasta su ingreso disponible en inversiones en el mercado de acciones? ¿No sería correcto cerrar lo que es esencialmente una trama de lavado de dinero para inversionistas venezolanos que quieren eludir los riesgos económicos que sus compatriotas más pobres no pueden evitar?”

Etcétera. No todo el mundo se queja.

………

La pregunta realmente importante es, evidentemente, ¿qué hacer ante la aplanadora que Chávez ha puesto en movimiento?

Hay algo que no es lo que debe hacerse, y es el mero señalamiento de una inconformidad. Manuel Rosales, por ejemplo, el pretendido “líder de la oposición”, diciendo que Chávez gobierna como un déspota. ¿Es eso algo nuevo, o que vaya a impedir la puesta en práctica de las decisiones anunciadas?

Hay que dar un debate público y serio, a fondo, sobre la ideología que está detrás de todo. Ese debate fue eludido intencionalmente por el derrotado candidato durante toda la campaña electoral, y ya es tiempo vencido de entablarlo. Si bien puede esperarse que la ambiciosa agenda chavista—mucho camisón p’a Petra—traerá importantes problemas al gobierno, si puede creerse que los insultos al Secretario General de la OEA le han enrarecido el ambiente internacional a Chávez—en reciente sesión del Consejo Permanente del organismo los gobiernos socialistas de Chile (que inició la cadena), Brasil y Uruguay se unieron a varios otros para condenar la grosería de Chávez y defender a Insulza—si bien hay algo de inteligencia en dejar que el autoritario presidente se cocine en su propia salsa, no puede continuarse evadiendo el debate ideológico.

Una vez más: a Chávez se le acusa pero no se le refuta. Ocho años de desmanes incontenidos, en los que la oposición se ha limitado a engrosar un prontuario, a nutrir un catálogo de acusaciones, han puesto de manifiesto la ineficacia de tal “estrategia”.

Es justamente un avance estratégico lo que Chávez ha emprendido, y como tal debe ser tratado en el terreno estratégico, que no es otro que la comunicación de verdades al enjambre ciudadano. El rasgarse las vestiduras, los planes de autoexilio, las tonterías del golpe o el magnicidio, no son en absoluto soluciones. Hay que discutir ante el país si es que es deseable, o siquiera posible, una sociedad de la igualdad, aunque para lograr esa sociedad de igualitarias hormigas haya que sacrificar la libertad en el altar de un ego telúrico.

Claro que puede uno admitir, mientras se construye una opción sólida, que la astucia de Chávez se revela al haber escogido un psiquiatra como nuevo Vicepresidente. No es malo que alguien tan desquiciado tenga a mano ayuda profesional, pues ya es inocultable la patología del Presidente, impedido de magnanimidad, aquejado de desmesura y de soberbia galopantes. Es lamentable que Jorge Rodríguez parezca seguir los pasos de su predecesor, recientemente despedido sin pena ni gloria. El martes el índice bursátil de Caracas sufrió una pérdida de más de dieciocho puntos, y hubo de suspenderse la negociación de los títulos de CANTV. Pero el flamante vicepresidente Rodríguez declaró ayer: «No se ha desplomado absolutamente nada; la Bolsa está más fuerte que nunca, la economía está más fuerte que nunca». Esto es, como solía decir José Vicente Rangel en época del paro, el país está excesivamente normal.

LEA

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FS #126 – Secretario atento

Fichero

LEA, por favor

Una brevísima Ficha Semanal #126 de doctorpolítico recoge recientes declaraciones de José Miguel Insulza, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos. El día 5 de enero Insulza quiso hacer referencia específica al anuncio del presidente Hugo Chávez de que no será renovada la concesión de señal abierta de televisión a las Empresas 1BC. Como se sabe, ésta es la señal que transmite Radio Caracas Televisión por el canal 2 de la banda VHF.

Según el gobierno, es potestad del Estado venezolano la concesión de estas frecuencias—de acuerdo con legislación remozada en época de la presidencia de Jaime Lusinchi—y la que favorece a RCTV expiraría en mayo (28) de este año. La empresa, por su parte, aduce que su documentación indica que su licencia estaría vigente hasta el año 2020. (Hasta ahora esta documentación no ha sido hecha pública).

Insulza advirtió que no es su propósito entrar en consideraciones legales, al estimarlas asunto propio de las leyes venezolanas, limitándose a anticipar las consecuencias políticas de la medida. A pesar de tal cosa, el presidente Chávez considera que el Secretario General se ha entrometido en asuntos internos del país, y un comunicado de la Cancillería exhorta a Insulza a retractarse.

Lo que Insulza ha expuesto es absolutamente razonable. Si las acusaciones proferidas por Chávez y el Ministro de Información, Willian Lara, en contra de RCTV tuvieran algún fundamento, éstas debieran ser llevadas a la atención de la Fiscalía General para su procesamiento por vías judiciales. En lugar de tan razonable y democrática ruta, el gobierno quiere optar por una medida administrativa de carácter discrecional.

Puede darse por descontado que el caso será debatido en sesión plenaria de la OEA, donde el embajador de Venezuela deberá ofrecer explicaciones y fundamentar su declaración de que Insulza habría violado, con esta actuación, la carta del organismo.

LEA

Secretario atento

El Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, manifestó hoy su preocupación ante el anuncio formulado por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, de no renovar la concesión de la emisora Radio Caracas Televisión.

Insulza manifestó que, sin entrar en consideraciones legales sobre una medida de esta naturaleza —lo que estimó como materia propia del ordenamiento jurídico interno de cada Estado— es necesario tomar en cuenta las repercusiones políticas que la misma podría acarrear. El cierre de un medio de comunicación masivo es un hecho muy poco común en la historia de nuestro continente, y no tiene precedentes en las últimas décadas de democracia.

El gobierno venezolano ha justificado su decisión en base a cargos políticos graves en contra de la emisora, que van desde su apoyo al frustrado golpe militar de 2002, hasta una sistemática política en contra del proceso democrático. Ciertamente se trata de acusaciones severas, sostuvo Insulza, pero, de una parte, la existencia de una pluralidad de medios es lo que permite la expresión de las más diversas opiniones; y por otra, si se ha cometido algún ilícito, el camino que corresponde en democracia es acusar a los presuntos autores ante la Justicia.

Si en cambio se adopta una medida administrativa de cierre del medio, agregó, ello aparece como una forma de censura contra la libertad de expresión y, a la vez, se transforma en una advertencia a los demás, llevándolos a limitar su acción a riesgo de correr la misma suerte.

Tal decisión, advirtió Insulza, es contraria al clima político generado a partir de las elecciones de Diciembre, cuando el reconocimiento, por parte de la oposición, de la victoria del Presidente Chávez, pareció abrir camino a un clima de diálogo y concordia entre todos los venezolanos. En ese proceso positivo la presencia de una prensa libre y plural jugó un papel fundamental.

El Secretario General expresó su esperanza de que esta decisión sea revisada y que se permita la continuación normal de las transmisiones de Radio Caracas Televisión, en concordancia con la voluntad señalada por el gobierno de proteger las libertades democráticas. Al mismo tiempo, llamó a los medios de comunicación a seguir ejerciendo su función informativa de manera veraz, libre y objetiva, al servicio de todos los ciudadanos.

José Miguel Insulza

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