A partir del 3D

Actualización y complementación de ¡Rotundamente NO!

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Nota Ocasional #17

Notas giradas

LEA, por favor

El presidente Hugo Chávez no supo encontrar un ambiente más serio y solemne que el programa La hojilla, que transmite Venezolana de Televisión, para resollar por la nueva herida a su desmedido ego, infligida por la abrupta cesación de sus funciones de mediador entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas de Liberación de Colombia, el grupo terrorista que mantiene secuestradas a decenas de personas desde hace varios años.

Las FARC han empleado a placer la monstruosa arma del secuestro para ejercer presión política y también para obtener dinero de rescates, del mismo modo como han lucrado con financiamiento proveniente del narcotráfico.

La cosa es muy sencilla: el Presidente de Colombia le hizo saber a Hugo Chávez, mediante un escueto comunicado, que estaba botado. Este señor, que ya soñaba con el Premio Nóbel de la Paz por sus «buenos» oficios en el canje de secuestrados por guerrilleros encarcelados, que debió tramitarse con una delicadeza y una discreción de las que es fenotípicamente incapaz, se sintió humillado. Él, que a comienzos de abril de 2002 despidió a gerentes de PDVSA con la frase «Estás botado», recibió el cuarto tentequieto internacional de los días recientes. Vale la pena recordar que luego de ser restituido en su cargo, y algo escarmentado por el golpe de Carmona Estanga (que él mismo provocara con su agresivo modo de gobernar), ofreció excusas por su grosero desprecio y procedió al reenganche de los ejecutivos despedidos, y reculó en cuanto a la junta directiva que por aquellos días había impuesto, en contravención del más elemental criterio meritocrático.

Pero ahora es él el botado, y este vaso de agua en la cara completa, por ahora, una serie que comenzó por la indignada reconvención del Rey de España en la reciente Cumbre Iberoamericana, continuó por la refutación de sus tesis sobre la OPEP a manos del Rey de Arabia Saudita, y había seguido con la advertencia que recibió de la Presidenta (socialista) de Chile, para que se abstuviera de inmiscuirse en las relaciones bilaterales de ese país y de Bolivia.

Pero Chávez no ha convocado esta vez una rueda de prensa con corresponsales extranjeros. Adonde ha ido a llorar es al asqueroso y violento programa «La hojilla», cuyo nombre lo dice todo. Allí dijo: “Me siento traicionado en mi buena fe. Esto va a afectar las relaciones bilaterales. Uribe rompió con un compromiso porque debió llamarme para aclarar lo ocurrido. Esto es muy grave y tomo nota”. También acusó a Uribe de haber cedido a presiones de la derecha, de Washington y de militares colombianos, y aprovechó para llamar mentiroso a Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado para la Paz. O sea, las mismas excusas de siempre. Cercado internacionalmente, y a punto de que los venezolanos rechacemos su proyecto de «reforma» constitucional, ha ido a hundirse, no en la orilla, sino en «La hojilla».

Avisado de las declaraciones de Chávez, el gobierno de Colombia ha respondido con un nuevo comunicado, que esta vez es mucho más extenso y detallado. Por considerarlo de interés a los suscritores de doctorpolítico, se reproduce a continuación.

LEA

Puntos sobre las íes

Comunicado del Gobierno colombiano en respuesta a Hugo Chávez

1. En su interés por lograr la liberación de los secuestrados, el Gobierno de Colombia permitió la intervención del Presidente Hugo Chávez, no obstante el riesgo de dificultades políticas que algunos anticipaban.

2. El Gobierno de Colombia estimó que el Presidente Hugo Chávez podía ser alternativa eficaz para la liberación de los secuestrados, prefiriendo esta opción a negar su intervención, so pretexto de la preocupación política.

3. Los Presidentes han sostenido tres reuniones donde se ha abordado el tema del acuerdo humanitario, todas con testigos. En la reunión entre los Presidentes Álvaro Uribe y Hugo Chávez en Santiago de Chile, el pasado 9 de noviembre, quedó claro que el Gobierno colombiano no podía permitir una reunión del Presidente Hugo Chávez con Manuel Marulanda, pues para este caso o para una reunión semejante, con otro Jefe de Estado, se necesitaría una zona de despeje. El Presidente Uribe expresó al Presidente Chávez como alternativa, que si previamente las FARC liberaban unos secuestrados, con el compromiso de liberarlos a todos, se podría hacer la reunión del Presidente Chávez con Manuel Marulanda en un sitio de encuentro en Colombia, aún en el Caguán, como lo solicitaba el Presidente Chávez, para iniciar un proceso de paz exitoso. Que el Presidente Uribe estaría dispuesto a concurrir allí posteriormente. Esta propuesta se entregó como «herramienta de negociación» que podía utilizar el Presidente Hugo Chávez para avanzar con las Farc en la liberación de los secuestrados. El Gobierno de Colombia se sorprendió cuando el Presidente Chávez hizo público este tema en París, porque daba por entendido que se trataba de un elemento de negociación para ser manejado con reserva.

4. En la reunión de Santiago de Chile, el Presidente Uribe explicó al Presidente Chávez que en el Gobierno de Colombia toda gestión de paz se consulta con la Fuerza Pública, a fin de no interferir la política de seguridad democrática. El Presidente Uribe explicó al Presidente Chávez que siempre mantiene el buen cuidado para que tales decisiones no afecten la motivación de la Fuerza Pública. El Presidente Chávez respondió que él hablaría con los generales colombianos, incluso con el General Mario Montoya, Comandante del Ejército. El Presidente Uribe dijo que eso no se aceptaba y dio razones. Este tema quedó definido y cerrado.

5. De allí la preocupación del Gobierno colombiano al conocer sobre la conversación telefónica del Presidente Hugo Chávez con el General Mario Montoya, a través de la Senadora Piedad Córdoba. Ese mismo día, la Senadora llamó varias veces al General Freddy Padilla de León, Comandante General de las Fuerzas Militares, con quien no habló. Previamente la Senadora había llamado a un vocero de la Iglesia Católica, a quien le expresó el interés del Presidente Hugo Chávez para que el Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana fuera a Caracas a hablar con él. Según lo ha dicho la misma Senadora, ese día también llamó a periodistas y a varias personalidades del país, todo esto sin conocimiento del Gobierno colombiano.

6. El Gobierno de Colombia, al conocer los hechos, apreció que no fue casual la llamada de la Senadora Piedad Córdoba que desembocó en la conversación telefónica del Presidente Chávez con el General Montoya, que se apartaba de lo hablado en Santiago de Chile y desconocía el conducto institucional colombiano. El Gobierno de Colombia no puede permitir que terceros involucren a militares colombianos en el tema, porque atenta contra nuestras tradiciones democráticas de unidad en las Fuerzas Armadas.

7. El Gobierno de Colombia ha sido totalmente respetuoso de la jerarquía institucional de la República Bolivariana de Venezuela. Los asuntos de orden público que interesan a los dos países, así como la necesidad de la coordinación militar en la frontera estimada por el Gobierno de Colombia, han sido siempre expresados de manera directa por el Presidente Álvaro Uribe al Presidente Hugo Chávez.

8. El 21 de noviembre, en horas del medio día, en intervención pública en la ceremonia de graduación del Curso de Altos Estudios Militares de la Escuela Superior de Guerra, el Presidente Álvaro Uribe había reiterado toda la confianza y el apoyo a la gestión del Presidente Hugo Chávez. Ese mismo día, en horas de la noche, el Presidente conoció de la llamada telefónica por información que recibió del General Freddy Padilla de León, Comandante General de las Fuerzas Militares, y del propio General Mario Montoya, Comandante del Ejército Nacional.

9. El Gobierno colombiano ha hecho innumerables esfuerzos por el acuerdo humanitario. Las únicas respuestas de las Farc han sido el asesinato del ex ministro Gilberto Echeverri, del Gobernador Guillermo Gaviria, y los miembros de la Fuerza Pública que los acompañaban en el cautiverio; el asesinato de los once diputados vallecaucanos; la actitud dilatoria frente a la comunidad internacional; la negativa a trabajar una fórmula para la liberación de los secuestrados con los múltiples facilitadores nacionales e internacionales que se han designado.

10. El Gobierno de Colombia muestra su preocupación por la manipulación de pruebas de supervivencia por parte de las Farc, tal como lo dejó claro hoy, en comunicado público, el General Oscar Naranjo, Director de la Policía Nacional.

11. El Gobierno no puede permitir que los terroristas de las Farc continúen con la práctica de «combinar las formas de lucha», mediante la cual secuestran, asesinan y trafican con droga, mientras posan como actores políticos y se relacionan con sectores de la comunidad nacional e internacional. Esta práctica dañina ha contribuido, entre otros episodios criminales, a los asesinatos de integrantes de la Unión Patriótica y de líderes sindicales en Colombia.

12. Todo demuestra que las Farc no han estado interesadas en liberar a los secuestrados, ni siquiera en entregar pruebas de supervivencia, sino en hacer política internacional, mientras en Colombia asesinaron en las últimas semanas a 12 candidatos en las elecciones regionales y produjeron un atentado terrorista contra el Gobernador del Cauca, delitos que ningún país tolera.

13. La política de paz en coordinación con la política de seguridad democrática ha mostrado para el país grandes avances en la disminución de la violencia, en la desmovilización de 46.000 miembros de las organizaciones ilegales, y en la recuperación de la confianza ciudadana en las instituciones democráticas.

14. El Gobierno colombiano reitera que la política de seguridad democrática no hace parte de supuestas divisiones entre «izquierda» y «derecha». Al contrario es un valor para garantizar la eficacia del pluralismo. El actual Gobierno, en su afán por derrotar el terrorismo para fortalecer la democracia, ha demostrado que actúa de manera soberana y autónoma, ajeno a presiones de cualquier país.

15. Colombia no puede permitir que los terroristas de las Farc abusen del dolor de los secuestrados y sus familiares, abusen de los buenos oficios internacionales, abusen de la súplica por el Acuerdo Humanitario, todo para debilitar la política de seguridad democrática, que es la única que finalmente eliminará el secuestro y devolverá la paz.

16. El Gobierno colombiano continuará haciendo todos los esfuerzos para la liberación de los secuestrados y espera que las Farc, en lugar de insistir en su torpeza terrorista, entreguen los secuestrados al Presidente Chávez o al Presidente Sarkozy, o a la Cruz Roja Internacional, cuanto antes y de manera unilateral.

17. Es del mayor interés del grupo terrorista de las Farc crear fisuras y antagonismos entre Colombia y Venezuela. No debemos caer en trampas del terrorismo.

18. El Presidente Álvaro Uribe reitera su disposición de mantener un diálogo constructivo con el Presidente Hugo Chávez.

Casa de Nariño

Noviembre 24 de 2007

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LEA #264

LEA

Willian Lara, Ministro del pomposo «Poder Popular» para la Comunicación e Información, se ha visto forzado a apelar a un viejo argumento de perdedores, al sugerir que la presencia en la calle de los estudiantes partidarios del gobierno, en su marcha de ayer, es la verdadera medición electoral, y no las encuestas de opinión. Así dijo: “La guerra de encuestas que se ha desatado en las últimas semanas queda invalidada con la expresión popular que ha tomado las calles”. Como que no ha notado que otra expresión popular, enteramente contraria, ha tomado otras calles. Es una expresión que no asiste en autobuses o con viáticos pagados por PDVSA.

Lara procuraba sin éxito controlar el daño infligido a las pretensiones absolutistas de Chávez por la divulgación de los más recientes estudios de opinión. Tan sólo la prestigiosa encuestadora Datos ha revelado el cataclismo de los últimos treinta días, cuando la intención de voto a favor del proyecto oficialista de «reforma» constitucional disminuyera doce puntos. (De 42% a 30%). Prácticamente en la misma proporción ha aumentado el rechazo. (De 30% a 41%). También ha anunciado Datos que decrece la propensión a abstenerse en el referéndum previsto para el 2 de diciembre.

A esta metamorfosis de la opinión pública han contribuido, sin duda, voces sensatas y respetadas, como las de Monseñor Roberto Luckert o Freddy Muñoz, que se han sumado a las de muchos que han llamado a votar No. Una adición contundente ha sido la del movimiento estudiantil, que de modo igualmente inequívoco lanzó ayer la misma invitación, luego de que un reciente parlamento estudiantil aprobara abrumadoramente esa línea. Hoy remata la faena Olga Krnjajsky (www.elgusanodeluz.com) invitando a los abstencionistas a que se abstengan de predicar: “Absténganse.  Absténganse. Vale. Pero  absténganse  también de intentar convencernos que su abstención es el camino y no nos roben ese valiosísimo tiempo que nos es vital y escaso”. Como medición de la voluntad heroica del abstencionista militante, «Olga K» ofrece: “A modo de despedida, no puedo dejar de compartir el siguiente cuento: estaba en una reunión cuando escuché a una señora, de esas militantes de H. Escarrá, preguntándole con honesta candidez a otra amiga: ‘¿Y a qué hora crees tú que termine la Marcha del No retorno?’”

Crece, pues, la ola popular que puede frenar en seco la pretensión de Hugo Chávez de convertir su gobierno en dominación absoluta y vitalicia. Esta vez se ha equivocado garrafalmente. Dentro de sus propios partidarios aumenta la tendencia a rechazar su monstruoso proyecto constituyente. El pueblo venezolano, el verdadero soberano, se apresta a mandarlo a callar, como ya lo hiciera, en representación de la inmensa mayoría de los presidentes de Iberoamérica, el Rey de España.

LEA

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CS #264 – Le sacaron la alfombra

Cartas

En horas de la mañana de ayer, Álvaro Uribe Vélez, Presidente de Colombia, había reiterado su creencia en que Hugo Chávez era la única persona en el mundo que pudiera lograr la liberación de rehenes en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, dado que éstas lo respetan. Luego, intempestivamente, el gobierno de Colombia dio por terminada anoche la mediación de Chávez. Un escueto comunicado leído por el jefe de prensa de la Casa de Nariño, César Mauricio Velásquez, dice lo siguiente:

“El Presidente de la República se permite informar:

1. Hoy, la senadora Piedad Córdoba llamó telefónicamente al comandante del Ejército, General Mario Montoya, le pidió una cita y, a continuación,  le pasó al teléfono al Presidente Hugo Chávez de Venezuela. El Presidente Chávez  le hizo al General Montoya preguntas sobre secuestrados por las Farc.

2. En la reunión de Santiago de Chile, el Presidente Uribe le había dicho al Presidente Hugo Chávez que no estaba de acuerdo con que el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela se comunicara directamente con el Alto Mando institucional de Colombia.

3. En consecuencia, el Presidente de la República da por terminada la facilitación de la senadora Piedad Córdoba y la mediación del Presidente Hugo Chávez, a quienes agradece la ayuda que estaban prestando”.

Ya había habido síntomas claros de que la cosa no estaba funcionando bien. Chávez, por una parte, se presentó a su anunciada reunión en París con Nicolás Sarkozy sin las esperadas pruebas de vida de, al menos, la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, en cuyo caso se ha interesado especialmente el presidente francés. Pero también Uribe fue muy duro anteayer respecto del destino que esperaba a “Tirofijo” Marulanda, luego de que Chávez anunciara que tenía luz verde de Colombia para reunirse con el líder máximo de las FARC y que hasta el mismo Uribe pudiera asistir a esa conversación. El día martes Uribe hablaba a una graduación de cadetes de policía y dijo que Marulanda estaba en lo cierto al temer por su vida si salía de su escondite, al reiterar el rechazo de su gobierno a una reunión de alto perfil en territorio colombiano entre Marulanda y Chávez: “La única gente con la que Marulanda tiene que reunirse son los jueces y la policía, para responder por cuarenta años de asesinatos y otros crímenes”.

Otra declaración de ayer, esta vez de Carlos Holguín, Ministro del Interior y Justicia de Colombia, desacreditaba lo conseguido por Chávez en lo que lleva de mediación: “Lo único que ha conseguido hasta ahora es reunirse con (el jefe de las FARC) Iván Márquez en Venezuela para hablar de música costeña”. Por su parte, Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado de Paz del gobierno colombiano, avivaba la brasa, al destacar que las FARC habían incumplido la promesa hecha varios meses antes a Francia de entregar pruebas de la supervivencia de Ingrid Betancourt.

¿Qué cosas han producido el dramático giro de ciento ochenta grados?

………

En la reunión en Chile de la Cumbre Iberoamericana—la misma en la que Chávez fuera regañado por el Rey de España—Uribe había entregado al presidente venezolano pruebas de la existencia de un campamento guerrillero en territorio nuestro. Fotografías obtenidas por satélite ubican el campamento a trece kilómetros de la Sierra de Perijá. Iván Márquez, líder de las FARC, habría hecho escala en el sitio antes de reunirse con Chávez en Caracas.

Y es en esa misma reunión en Santiago en la que Uribe habría expresado específicamente a Chávez que no quería que éste estableciera contactos independientes  con militares colombianos, y que él, Uribe, debía ser el único contacto del presidente venezolano con el gobierno colombiano. En son de broma, pero con sentido muy serio, Uribe dijo a Chávez: “Hugo: no me llames a los generales, porque se me vuelven chavistas”.

El gobierno colombiano tomó la sorpresiva decisión de dar por terminada la mediación de Chávez una vez que el general Mario Montoya, Comandante del Ejército Nacional de Colombia, informara personalmente a Uribe de una llamada de Chávez para hacerle preguntas sobre algunos de los rehenes. El general Montoya había atendido una llamada de la senadora Piedad Córdoba, pero ella pasó a Chávez al teléfono. Los colombianos sospechan, además, que Chávez y Córdoba se encontraban en Cuba cuando llamaron, y creen haber averiguado que no era la primera vez que la pareja Chávez-Córdoba usaba el mismo truco, por lo que han llegado a la conclusión de que ésta ha mantenido una agenda oculta, distinta de la que se muestra en las declaraciones de Chávez y Córdoba por televisión.

Lo cierto es que la decisión de la Casa de Nariño es un balde de agua fría a las esperanzas de los familiares de los rehenes, que suponían que la liberación de éstos sería un regalo navideño. El ex esposo de Ingrid Betancourt y antiguo diplomático francés, Fabrice Delloye, indicó: “Está claro que el Presidente de Colombia no quiere oír acerca de un acuerdo humanitario”. Y el grupo de apoyo francés a la liberación de Betancourt se declaró consternado por la decisión de Uribe, al tiempo que apeló a Sarkozy para que procurara ante el gobierno de Colombia el restablecimiento del esfuerzo de mediación.

Póngaselo como se lo ponga, la posición asumida por Uribe no será fácil de explicar a los interesados personalmente en el proceso, pero tampoco podría ahora Chávez emerger como campeón de la paz, ni lograr un prestigio que necesita con urgencia luego de que Juan Carlos de Borbón lo mandara a callar en público y el Rey de Arabia Saudita lo contradijera directamente en Riyadh. (El rey Abdullah dijo: “El petróleo es una energía para construir y prosperar; no debiera convertirse en un medio de conflicto”. Chávez había propuesto en la reciente cumbre de la OPEP que la organización asumiera una actividad política).

………

Pero si el pretexto específico de la terminación del esfuerzo mediador de Chávez fue la violación de condiciones expresas de Uribe, otros factores contribuyeron a ese desenlace. Colombia había puesto un plazo perentorio para el logro de resultados eficaces. Una vez que Chávez hubiera cometido en suelo francés la indiscreción de decir que Uribe estaría dispuesto a reunirse con Marulanda, el presidente colombiano indicó que tal cosa formaba parte de una conversación confidencial, que estaba supeditada a que la guerrilla liberara a todos los rehenes y que esperaba que Chávez entendiera el plazo del 31 de diciembre para la liberación de al menos 45 de ellos. La advertencia de Uribe se produjo mientras hablaba a un curso de generales en la Escuela Superior de Guerra.

No son sólo las indiscreciones de Chávez, sin embargo, las que motivan la decisión. La propia actitud de las FARC es un ingrediente básico del brusco cambio de la postura de Uribe. En el mismo discurso ante los generales, el presidente de Colombia se refirió al atentado que la guerrilla se proponía ejecutar contra el gobernador del Departamento del Cauca, Juan José Chaux, a quien planeaban asesinar con un ataque dinamitero descubierto por el ejército colombiano. Refiriéndose a los guerrilleros, Uribe dijo: “Ponen unas bombonas de gas doméstico cargadas de explosivos contra el gobernador del Cauca, y salen a la comunidad internacional a hablar como políticos. Además de matones, bufones y mentirosos, quieren todo el protagonismo político para posicionarse nuevamente como personajes”. Uribe había dicho ayer también que la guerrilla abusaba de los buenos oficios de Chávez, y Holguín, en la misma onda, declaró: “Chávez no merece ese tratamiento de las FARC. Las FARC deben cumplir con esa obligación ante la opinión pública mundial de dar pruebas de supervivencia de los secuestrados”.

A pesar de esto, es obvio que la actuación de Chávez no satisfacía al gobierno colombiano. No sólo violó repetidamente una expresa condición puesta por Uribe, al establecer cortocircuitos en su comunicación independiente con funcionarios colombianos a espaldas del Presidente de Colombia, no sólo violó la confidencialidad al propagar que tenía autorización para reunirse con Marulanda e indicar imprudentemente que Uribe estaba dispuesto a asistir a ese encuentro, sino que añadió comentarios contrarios a la exigencia de la liberación de los rehenes secuestrados, a quienes él llama “retenidos”. Chávez dijo, no sin razón, que la condición de la liberación de todos los rehenes antes de la reunión con Marulanda era “absurda”, porque luego de la misma ya dejaba de ser necesaria su actuación. Esta calificación de absurdidad no ha debido caer bien en el Palacio de Nariño.

………

¿Qué podía esperarse de Chávez? Por una parte, su inclinación simpática a favor de las FARC y el ELN es evidente. Hace tiempo que no lo dice, pero Chávez opina muy mal de las “cúpulas podridas” que gobiernan en Colombia, y si tolera a Uribe es porque éste maneja sus relaciones con el presidente venezolano con gran habilidad y porque éste teme un conflicto importante con Colombia. Chávez no puede tragar con agrado la cercanía de Colombia y los Estados Unidos, así que al ofrecerse como mediador ha debido saberse que sus sentimientos están más cerca de los guerrilleros que de Uribe.

Por encima de todo, los rasgos de la personalidad de Chávez prácticamente aseguraban que a la postre fracasaría. No son cualidades que le adornen ni la capacidad de diálogo ni la discreción. Por lo contrario, su lengua es proverbialmente floja y mal hablada, y no es capaz de ponerse de acuerdo sino con quienes le reconozcan como un segundo Jesús de Nazaret o un segundo Bolívar, a quien debe acatarse sin chistar so pena de insulto inmediato. Sus propios partidarios han recibido muestra amplia de ese carácter atrabiliario e intolerante. (En la Carta Semanal #256 de doctorpolítico, del 27 de agosto de este año, se había adelantado: “Resulta irónico que quien, característicamente, se muestra incapaz de diálogo en su propio país, y no tenga por costumbre jugar el papel de mediador, sino el de autócrata arbitrario que no admite la disensión siquiera de sus propios partidarios, emerja ahora como el intermediario sereno que se requiere para tan delicado asunto”).

No poca ingenuidad, pues, hubo de parte de Uribe y de Sarkozy al confiar en Chávez un asunto cuya delicadeza exigía en el mediador virtudes de las que carece. En París se ufanó Chávez de haber conseguido en tres meses más progreso que el logrado por el gobierno de Colombia en cinco años, en imprudente e insultante declaración. (Esto fue lo que suscitó la declaración de Holguín acerca del coloquio sobre música costeña). Y ya Sarkozy ha probado directamente el irrespeto a la confidencialidad de las conversaciones que surge con ocasión de las actuaciones de Chávez. El Elíseo ha tenido que desmentir que hubiera ofrecido la isla de Martinica como escenario de un encuentro entre Chávez y Marulanda. A lo mejor lo dijo Sarkozy, pero quería que el dato se mantuviera en reserva mientras se construía la posibilidad real.

No obstante, a fin de cuentas, los afectados continuarán siendo los rehenes secuestrados y sus familiares. Tal vez ha debido elegirse la opción de una llamada directa de Uribe a Chávez, para reclamarle fuertemente su conducta mientras se mantenía vivo el puente que se construía con esperanza. Quizás Uribe calcula que Chávez será quien llamará a excusarse en procura del restablecimiento de la mediación, y que sólo una posición endurecida como la que ha mostrado puede enderezar al díscolo e imprudente Presidente de Venezuela. (El gobierno francés ya ha indicado que Sarkozy enviará una carta a Uribe, más afín a su propia postura política, para que permita la continuación de los “buenos” oficios de Chávez). Pero en términos gruesos el juicio será negativo para Uribe, pues aparecerá como el villano que interrumpió el proceso de negociaciones.

Ahora bien, el verdadero villano es Manuel Marulanda. No es Álvaro Uribe quien ha privado de su libertad a los secuestrados (o “retenidos”, en la terminología de Chávez). Uribe, a lo mejor, ha exhibido impaciencia, pero las FARC y el ELN son entidades claramente criminales, y son ellas, no el gobierno de Colombia, los culpables de que no haya Navidad feliz para los rehenes y sus familias.

Mientras tanto, estaremos a la espera de la reacción de Chávez. Tendría que morderse la lengua para no insultar a Álvaro Uribe Vélez.

LEA

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FS #171 – Carta para Arturo

Fichero

LEA, por favor

Algún interés suscitó una afirmación contenida en el número anterior de la Ficha Semanal de doctorpolítico“Venezuela no es un pueblo. Es tan sólo la población que de la parte septentrional de América del Sur ha hecho el pueblo español. Esta es la verdad que ya no debemos eludir”—que, como se dijo, fue dirigida a Arturo Sosa hijo en carta mía del 7 de septiembre de 1984. Esta ficha #171 reproduce la sección de la extensa carta que se refiere al «tema hispánico».

Para aquel entonces Jaime Lusinchi acababa de suceder a Luis Herrera Campíns en la Presidencia de la República, había acontecido el Viernes Negro y Felipe González había sido recientemente entrevistado por Marcel Granier en «Primer Plano». El petróleo había sufrido una marcada erosión de su precio internacional, y no se soñaba conque México querría hacerse, con su afiliación a un NAFTA todavía inexistente, más norteamericano que latino. Todavía España no había sido aceptada en la Unión Europea, y tampoco era miembro de la OTAN. Por supuesto, aún vivíamos la bipolaridad de la Guerra Fría y pocos pensábamos en el desplome de la Unión Soviética. El suscrito ruega, en consecuencia, tolerancia a los errores de percepción en un documento escrito hace veintitrés años, y el reconocimiento de las cifras de la época.

La carta al Dr. Sosa, combinada con el texto de una conferencia que dictara el suscrito en Filadelfia—ante una convención (II Simposio Internacional de la Predicción, junio de 1983) del International Institute of Forecasting—permitió componer un artículo que fue publicado en la revista de la Constructora Nacional de Válvulas, junto con una conferencia inédita, que abogaba por la misma tesis integracionista, del Dr. Arturo Úslar Pietri.

Esa primera edición—entiendo que también única y última—de la revista Válvula contuvo opiniones de Ángel Bernardo Viso, Ángel Padilla, Hermann Roo y Diego Bautista Urbaneja, y también mi respuesta a la crítica personalizada de este último. En esa respuesta advertí, sobre la noción de una reunión política de los pueblos hispánicos: «No creo que necesitamos… una justificación histórica. No se trata de ‘reconstituir’ un imperio ni de justificarnos como museo en una eterna reiteración adoratriz de los panteones. El futuro no es historia todavía, por lo que una justificación por el futuro difícilmente puede justificar históricamente nada… Pero hay un sentido profundo en el que la tesis, o más que la tesis la causa, puede ser declarada como correcta. En política la corrección final la confiere el entusiasmo del pueblo. ¿Por qué no consultar el asunto con él? ¿Por qué no preguntarle a los habitantes del área? Ése sería un experimento corroborador o falsificador… No es éste el espacio para delinear lo que serían unos artículos de la Confederación Iberoamericana, pero se trataría en todo caso de cosas tales como la mencionada de la guerra y en general la diplomacia, el establecimiento de una moneda general del ámbito, la fusión de las deudas externas, el libre tránsito y comercio de los nuevos ciudadanos. Cosas, por ejemplo, como una policía federal, más potente, concederemos, que nuestras policías locales ante la vigente realidad de un crimen transnacionalizado… Que esto sea improbable es una perogrullada. El trabajo del hombre es precisamente la negación de probabilidades, la consecución de cosas improbables».

Y la redacción del artículo para Válvula añadió material nuevo. Un fragmento en particular puede explicar otra afirmación de la ficha de la semana pasada. («…como nosotros, que formamos nuestro cerebro y nuestra alma en el espacio de la lengua castellana. Como pueblo somos, por encima de cualquier otra cosa, españoles, por más que políticamente no seamos súbditos de la Corona de España»). Éste es el fragmento:

«Han sido los trabajos de Sapir y Whorf los que han destacado con mayor fuerza los diferentes marcos mentales, las diversas metafísicas que los distintos lenguajes imponen a los parlantes. Hay cosas formulables en un idioma que resultan impensables en otro. Se piensa distinto en español que en inglés o en chino. El efecto es profundo y a veces indetectable. Esto significa que hay trescientos millones de personas que piensan parecido porque hablan el mismo idioma: el español. Los pueblos que hablan español están ligados, por supuesto, por razones históricas. Pero si cada una de las naciones del mundo hispánico no hubiese tenido relación con ninguna otra y hubiese inventado el idioma castellano independientemente, esto bastaría para hacerlas muy similares en enfoques y percepciones de las cosas. Efectivamente, es el lenguaje un fenómeno profundo y radical. Es por esto que, aunque no tuviésemos razones históricas para considerarnos un solo pueblo, la comunidad metafísica del lenguaje nos presenta la unión como la más sensata opción de futuro».

Somos, pese a quien pese, españoles.

LEA

Carta para Arturo

He escrito que a raíz de la exitosísima y reciente aparición de Felipe González en la televisión venezolana se generó un entusiasmo con lo que de sus decires fue menos importante, habiéndose descuidado o pasado por alto la más penetrante de sus admoniciones. Felipe, al comienzo mismo del “Primer Plano” ubicó el reto verdadero, el reto realmente decisivo, en el reto de la modernización. Por eso he hablado de medianos y de largos plazos. De lo que Octavio Paz, aceptando la fórmula francesa, llama procesos de “cuenta corta” y de “cuenta larga”. ¿Cuánto tiempo querremos ignorar a Toffler, a Naisbitt, a Servan-Schreiber, a Úslar Pietri, a Escovar Salom y ahora a González? A largo plazo, ni la siderúrgica actual, ni mucho menos el petróleo, como industrias de “segunda ola”, podrán darnos vida en el arranque definitivo de la gran “tercera ola”. Lo que pasa, claro, es que viendo el tamaño de nuestro Estado y la altura de la vara se concluye que no nos será posible superarla. Eso debe quedar para otros que puedan. No para nosotros, que ni siquiera hemos dominado las tecnologías de la segunda ola. Entonces estaríamos condenados a la insignificancia. Y de lo que se trata, exactamente, es de cuál va a ser nuestra significación.

No se trata solamente de salvar el apremio de la deuda de nuestro país. Eso se va a lograr ahora. (En gran medida, lo que se va a lograr ahora es mejor que lo que se hubiera logrado si se hubiese insistido en cerrar una negociación a fines de 1983, precisamente porque se tuvo el pulso para no aceptar las únicas condiciones que se ofrecían en 1983. Pero eso no tengo que contártelo a ti.) Los problemas reales son los de la capacidad de pago futura, la que dependerá de la posibilidad, no sólo de “reactivar” la economía, sino de hacerla progresar y expandirse. Pero ¿cómo puede progresar y expandirse una actividad económica que continuaría estando sujeta a las principales limitantes estructurales de hoy? Está claro que por un tiempo podrá contarse con una cierta disposición, en el sector público, de proteger la actividad privada. (Aunque ya estamos viendo, en el caso de la Electricidad de Caracas, como esa intención puede rápidamente alcanzar sus límites). Pero no es la actividad empresarial privada la que, en el lapso que tomará volver a llegar al momento de pagar la deuda, va a generar el flujo de fondos necesario. pues esa actividad privada, aún con una exportación mayor—lastrada por la viscosidad permisológica de un sector público muy alejado de la mentalidad aliancista del MITI japonés—seguiría arrojando productos de “segunda ola” para un mercado superindustrial cuyo crecimiento más significativo se daría en consumo de “tercera ola” y un mercado del “Tercer Mundo” con las características que ya vimos: en crecimiento, con poca capacidad de pago y altamente competido por ofertas de decenas de países en la misma necesidad que la nuestra. A mediano plazo, cuando vuelva a madurar el pago de la deuda, deberán salir los “churupos” de las actuales fuentes de divisas, del petróleo. Y ya vimos cómo puede llegar a estar la cosa petrolera.

Y ahora para la “cuenta larga”. Felipe tiene razón. Las sociedades que no encuentren la voluntad y la forma de modernizarse, de informatizarse, de cabalgar la “tercera ola”, van a quedar descolgados. Ahora bien, la “tercera ola” no es sólo la informatización, el espacio exterior o la bioingeniería. En el nivel político, más que nunca la “tercera ola” será una discusión de grandes interlocutores. Y hasta ahora sólo parece que conversarán los sajones, los eslavos, los europeos dependientes de los sajones y los dependientes de los eslavos, los chinos y los japoneses, los hindúes. Es decir, unidades políticas de centenares de millones de personas. Los demás no “conversamos”. Los demás hacemos ruido, proceso de por sí inorgánico y sin dirección. Los demás hacemos un telón de fondo abigarrado y cacofónico. Que, por supuesto, puede llegar a forzar, en ocasiones, la mano de los grandes interlocutores, con el lacerante aguijón del terrorismo, con la posibilidad de la huelga o el boicot. Y que, no menos obviamente, puede convertirse en cataclismo social global, si aceptáramos para nosotros el papel de proletarios globales ante esa nueva configuración de señores.

Son señores ante los que Venezuela, una población y no un pueblo, con sus quince millones de habitantes, ni siquiera tiene sentido. Quince millones de habitantes no son más que la cifra oficial de hispanoparlantes que hay en los Estados Unidos de Norteamérica. La población mexicana de Los Ángeles sólo es superada por la de Ciudad de México y Miami es dos tercios cubana.

¿Qué son, entonces, quince millones de habitantes? No son un mercado económico, no son el soldado de gran cerebro que es Israel, no son el gerente especializado que es Suiza. No son, es claro, interlocutores válidos para los grandes actores de la “tercera ola”. Así, no debe sorprendernos que la primera parte del discurso de Felipe sea recibido como que si no fuera con nosotros, porque forzar la definición de Venezuela como si fuera un pueblo lleva de inmediato a la conciencia de que somos enano ante gigantes.

Venezuela no es un pueblo. Es tan sólo la población que de la parte septentrional de América del Sur ha hecho el pueblo español. Esta es la verdad que ya no debemos eludir. Un pueblo es un conjunto que sí puede ser, como lo exigía Toynbee, un “campo inteligible” para el estudio histórico.

En 1968 Jorge Luís Borges pasó un tiempo en Cambridge “on the Charles” para enseñar en las aulas de Harvard. Por ese tiempo se le hizo un conjunto de entrevistas muy iluminadoras de su pensamiento. En una de ellas dice diferenciarse de Unamuno en que a éste le angustia la trascendencia y la inmortalidad, mientras que a él, Borges, no le importa si ya no sigue siendo Borges, si no hubiera sido nunca Borges, si no hubiera nunca sido. Es claro que Borges es un redomado mentiroso. Si a alguien le preocupan esas cosas es a Borges, que no cesa de escribir del infinito, de los espejos y de sus dobles. En el fondo, no puede haber español a quien no interese la trascendencia.

Y tú, y yo, y tus hijos y mis hijos, no menos que Grases y Alfonsín y Juan Carlos y Felipe y Bolívar y Sucre y Castro y Ortega y Duarte y Cortázar y García Márquez y Borges y Mendoza y Vollmer y Tinoco y Lansberg y Neumann y Cisneros y Aparicio y Armas y Maradona y Berrocal y Soto y Botero y Saura y Gades y Segovia y Díaz y trescientos millones más, somos exactamente eso: somos españoles.

Hemos incurrido en dos errores de óptica cuando hemos pensado en la integración. El primero, error de operación, ha consistido en suponer que la integración económica es menos difícil que la política, cuando comenzar por lo económico es comenzar por la competencia. El segundo error, error de construcción, error más grave, ha sido pensar en integración sin pensar en España, en integrar solamente a la “América Latina”. Y, como he dicho en Filadelfia, no estaremos completos sin España.

He escrito América Latina entre comillas porque América Latina no existe. América Latina no es un pueblo. Es la población que del continente americano, hecho físico, hizo el español. Por eso, tampoco la población española de la península ibérica es algo más que parte de un pueblo que un día tuvo que separarse pero ya no necesita permanecer desunido.

¿Qué coño hace Felipe González en la Comunidad Económica Europea? ¿Allí donde tantas trabas le ponen, donde quieren someter a prueba de varios años la “calidad humana” del español antes de franquear su libre tránsito? ¿Qué coño hace Felipe en la OTAN que lo convertirá en blanco de cohetes rusos, violentando hasta el dolor personal sus sentimientos más ancestrales?

Somos peces en peceras de tabiques móviles. España peninsular se dirige hacia los francos y sajones porque se sabe también pequeña. Es también una población en busca de un pueblo. Quisiera acercarse más y lo hace tímidamente. Pasa vacaciones en América y protege a Contadora y defiende las Malvinas. Pero no es capaz de imaginar que nosotros pudiéramos reconocernos sus hermanos, como ya estaba declarado para 1810: “…cuando ya han sido declarados, no colonos, sino partes integrantes de la Corona de España, y como tales han sido llamados al ejercicio de la soberanía interina y a la reforma de la constitución nacional…” (Acta del Ayuntamiento de Caracas del 19 de abril de 1810). España peninsular, que todavía se siente madre, no se ha percatado de que no es otra cosa que hermana. Hermano mayor, sí, el más adelantado, el que más nos puede enseñar de industria. Hermano.

Nosotros también lo intuimos, pero parcialmente. Lo ha procurado Ángel Bernardo Viso sin llegar a proponerlo. Lo viene sugiriendo Úslar con temerosa insistencia. Pero todavía no terminamos de entender que reunirnos con Iberia no significa representar al hijo pródigo, lo que no queremos. Ya no volveríamos a la Madre Patria. Ahora iríamos al encuentro de un hermano.

Casi lo postula Cambio 16: “Si Argentina y España consolidan sus regímenes democráticos, resuelven sus apuros económicos actuales y empiezan a andar por la historia con normalidad, en muy poco tiempo tocarán a su fin dos siglos de impotencia en el área de lo que fue el viejo imperio español”. (Juan-Tomás de Salas. Editorial de junio de 1984. Destacado nuestro).

Equivoca el ámbito, por cierto, y elige sugerir la unión de las democracias más incipientes, sin tomar en cuenta la doble dificultad que significaría la asociación de dos mochos para rascarse, la casi imposibilidad de lograr el equilibrio por la fusión de dos inestabilidades. Y dice Juan-Tomás: “Pensando en grande, pensando así, la suerte del Presidente Alfonsín en Argentina es, de algún modo, nuestra propia suerte. Si allí se consolida la libertad, la nuestra se fortalece de inmediato; y si Argentina fracasa, nosotros fracasamos también. Bien conviene no olvidar esta verdad cuando escuchemos las palabras del presidente Alfonsín en este su primer viaje de Estado a Europa. Quijotismo no, pero ayudar lo que se pueda”.

Habrá que recordar a Salas que quijotismo es una doble aberración, que no consiste en afrontar gigantes. Consiste sí, en afrontarlos solos. Y dos contra los gigantes también es poco. Consiste, también, en ver gigantes donde sólo hay molinos, que son máquinas.

Es la máquina de las civilizaciones glorificadoras de la máquina lo que nos abruma. La sociedad sajona que uno de sus psicólogos, Skinner, explica como reflejo condicionado, como mecanismo. Es el poder del ruso, que también Pavlov explica como lo explica Skinner—no por coincidencia, si recordamos a Tocqueville, quien entre otros percibió en el ruso y el norteamericano las similitudes. Es la sociedad que no sólo se aliena como dijeron Hegel y Marx y Feuerbach, pues ya no sólo es que habrían creado su Dios y luego le adoran, sino que son creadores de máquinas y se conciben luego a sí mismos como tales. Es el molino de Mac Luhan, para quien “el medio es el mensaje”. Es la pura herramienta, que ciertamente invita al uso. Es la herramienta sin destino. Para el protestante, fabricante sin cesar de la herramienta, no hay otro camino que el ensanchamiento de los medios, pues su religión le dice que no puede haber fines porque el fin ya está predestinado.

Y son esos gigantes con atavismo de esclavo los que ahora apilan cohetes y coleccionan probabilidad de muerte. La pura herramienta que, ciertamente, invita al uso. Al uso por parte de un vaquero que hace chistes con cataclismos inminentes o por parte del colosal tirano ruso, a quien ya empieza a vislumbrársele el derrumbe. Y no hay holocausto más peligroso que el de un tirano cuando se desploma.

Por esto es que más allá de las necesidades nuestras, más allá del gran mercado que sí habría que proteger, y de los precios y las inflaciones, nos toca el deber de ser la gran cuña de paz, neutral y sin cohetes de España reconstituida. Venezuela resultaría aplastada si pretendiese interponerse entre el Kremlin y la Casa Blanca, como quedaría reducida España dentro de la OTAN y de la Comunidad Económica Europea. Pero fuera del pueblo español no hay otro candidato a ese papel amortiguador, porque no lo es China y no lo es la India ni el Japón y porque Europa es sólo un posible campo de batalla y de los demás ningún otro tiene el tamaño.

Y entonces sí seríamos un mercado enorme, en el que alcanzaríamos la dimensión necesaria a una verdadera industrialización. Entonces sí podríamos salir de la inflación. Entonces lo que debemos entre todos se tornaría un arma poderosa. Entonces sí podríamos decir a soviéticos y norteamericanos que el conflicto de Centroamérica va a ser digerido en nuestro seno. Entonces la Guyana ya no sería el contendor indespreciable que es para Venezuela, sino lo que Hong Kong es a la China para una federación española. Entonces sí podríamos emprender la senda de la informatización y la modernidad. Entonces seríamos protagonistas de la “tercera ola”. Lo suficientemente significativos como para proponer incluso la reconstitución de una hermandad más temprana, la del español y el portugués.

Habrá que despejar suspicacias. Habrá que explicar que nuestros Estados conservarían su autonomía ante un gobierno federal democráticamente electo—“constituido por el voto de estos fieles habitantes”. (Acta del 19 de abril). Habría que asegurar que permanecerían las peculiaridades vascas, catalanas, peruanas, mexicanas, canarias, uruguayas, panameñas, colombianas, venezolanas, castellanas. Habría que darse cuenta de que contaríamos con un tribunal propio y eficaz para dirimir los diferendos territoriales entre nuestros Estados—como los Estados norteamericanos acordaron un procedimiento para dirimir los suyos—y de que entonces sí nos arreglaríamos para explotaciones conjuntas de yacimientos comunes y que ya no tendríamos, por esto, que alienar nuestra voluntad a jueces alemanes o ingleses reunidos en La Haya.

LEA

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