por Luis Enrique Alcalá | Dic 3, 2007 | Cartas, Política |

LEA, por favor
Durante toda la tarde y la noche de ayer, luego de cumplido el deber de votar, el suscrito pudo contar con un flujo de información constante, proveniente de una red de muy calificados y diversos actores. Políticos, periodistas, documentólogos, observadores electorales, publicistas, encuestólogos, ejecutivos de la empresa privada, politólogos, voces del exterior, consintieron en actuar como red de doctorpolítico para la convergencia y el análisis de la confusa y a veces contradictoria información. Impedido de nombrarles acá, reconozco ante ellos una deuda enorme, por la que les agradeceré personalmente uno por uno.
No hubiera sido posible que el suscrito dominara por sí solo el rico flujo de datos y apreciaciones que llegaron sin cesar. Dos personas de extraordinaria calidez y perspicacia me acompañaron en el arduo tráfico informativo, y ofrecieron recursos físicos para el manejo de la información, alimento copioso y delicioso y, sobre todo, solidaridad y análisis inteligente. Prácticamente todo lo que se escribe más abajo fue fruto de su excelente e intuitivo análisis, y ni siquiera el título del artículo que sigue a esta nota es invento del suscrito. Igualmente constreñido a mantenerles de incógnito, hago llegarles por este medio mi más decidida gratitud.
Sería tonto esconder la alegría de quien escribe a raíz del resultado del referéndum de ayer. Por largos años ha emprendido, en compañía de unos pocos venezolanos lúcidos, la difícil misión de predicar un tránsito democrático de nuestras evidentes dificultades políticas. Pienso que su perseverancia se ha reivindicado, y también agradezco que me hayan permitido estar en su cercanía. No pocas veces fuimos tildados de ilusos, en el mejor de los casos, de cómplices o cobardes en el peor.
Un verdadero médico, sin embargo, difiere la solución quirúrgica hasta que esté persuadido de que no hay remedio clínico remanente, y luchará con denuedo hasta que los recursos médicos estén verdaderamente agotados. Este es el protocolo establecido hace muchos siglos por Hipócrates, que también debiera señalar el marco ético de los políticos.
El proceso referendario culminado ayer encierra muchas lecciones, y es precisamente el reaprendizaje de la fe en la inteligencia del pueblo venezolano, y en la posibilidad cierta de su expresión como voluntad, la principal de ellas.
Menos venezolanos angustiados querrán irse ahora del país. La fe y la esperanza regresan hoy con el voto respetado, y quieren manifestarse transmutadas en caridad. Hay alguien poderoso y abusivo a quien se le ha parado el trote, y ya el juego no será el mismo. Ahora voy al reposo con orgullo renovado por mi país, que nunca dejé de tener. Gracias a Venezuela.
LEA
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Golpe de pueblo
Consummatum est. Ha dejado de girar el segundo “motor” de la revolución “bolivariana”. Luego de un largo y tenso día, el Consejo Nacional Electoral terminó con la zozobra a la 1:15 a.m. de hoy, 3 de diciembre, con el anuncio oficial del rechazo popular al proyecto de “reforma” constitucional propuesto por el Presidente de la República y al conjunto de modificaciones que aprobara la Asamblea Nacional.
La diferencia mínima que anunciara la Rectora Presidenta del CNE, Tibisay Lucena, luego del sospechoso impedimento a la entrada de los testigos políticos del bloque del NO en la sala de totalización, pareciera construida para permitir el discurso posterior de Hugo Chávez, que reconoció su derrota calificando el resultado como un “final de fotografía” y la victoria de sus contrarios como pírrica. Cifras previas hablaban de resultados con más amplia ventaja—casi 6%—a favor del repudio, y por esto el primer boletín del CNE, emitido con excesivo e innecesario retraso, no deja de suscitar sospechas. Pero, en todo caso, en una votación binaria, sin grises intermedios, sin “más o menos”, un solo voto de diferencia habría sido suficiente. Hugo Chávez, que insistió en identificar el voto afirmativo con un apoyo a su persona y a su liderazgo, que insistió en medirse, fue medido y derrotado. El mito de su invencibilidad se ha resquebrajado.
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Muchos son los protagonistas de esta esperanzadora jornada, que comienza a recomponer el mapa político del país. En primer lugar, los Electores mismos. A pesar de un elevado porcentaje de abstención (44% según el CNE), el enjambre ciudadano ya había formado criterio contrario al proyecto presidencial (con los aditamentos de Cilia Flores), y esta decisión se reflejó convincentemente en todos los sondeos serios de la opinión pública. (Un fenómeno particular parece haberse dado con alguna constancia: la abstención terminó de afectar más al gobierno. Más de un chavista opuesto a la”reforma” se abstuvo de ir a votar, para no decirle que no al comandante).
Luego, la emergencia del poder estudiantil resultó decisiva. Manifestado por primera vez en un despertar imprevisto—nadie contaba con él hace apenas un año—con el rechazo al cierre de RCTV, este poder se condujo con gran sabiduría y consistencia. Poco antes de las dos de la madrugada de hoy, comenzó a circular en mensajes de texto a teléfonos celulares juveniles, el siguiente mensaje: “Corran la voz y díganle a cada amigo estudiante que tengan: esta lucha es nuestra señores… cambiamos el rumbo de nuestro país. Siéntanse capaces y líderes siempre… los estudiantes somos el motor de nuestro propio destino. Gracias”. A cincuenta años justos de la emergencia juvenil que contribuyó a dar al traste con la dictadura de Pérez Jiménez, los estudiantes se despabilaron una vez más y trajeron su fresca resistencia al centro del escenario político.
El partido Podemos, y muy destacadamente dentro de él Ismael García, abrieron la puerta de la Asamblea Nacional a los estudiantes, y en general condujeron una valerosa lucha en el seno de este cuerpo, en condiciones realmente ingratas.
Muchos líderes, Teodoro Petkoff, Roberto Luckert, Julio Borges y Manuel Rosales notablemente, supieron rechazar la propensión abstencionista y convocar a la presencia democrática de la población. Y habiendo actuado con gran drama y valentía Marisabel Rodríguez, antigua esposa del presidente Chávez, el impacto político del año lo produjo, sin duda, Raúl Isaías Baduel. Apostado hoy a boca de jarro de las guarniciones militares de Valencia y Maracay, y habiendo sido salvado de un atentado en su contra, no dejó de enviar oportunos mensajes al país entero, pero sobre todo al estamento armado y al propio Consejo Supremo Electoral.
La enumeración precedente es obviamente incompleta. La jornada del 2 de diciembre tuvo muchos héroes que resulta imposible mencionar. Que hayan triunfado, así sean ciertas las cifras del CNE de una mínima diferencia, en contra de la avasallante maquinaria gubernamental—puesta, como siempre, de manera obscena e ilegal a favor de su objetivo electoral—, habla con gran elocuencia de lo denodado y eficaz de su gallardo esfuerzo.
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El día del referéndum fue un hervidero de rumores, y la psiquis del NO se vio sujeta a un asedio de especies que desanimaban y animaban en rápida sucesión. Después de la medianoche, mientras el CNE mantenía al país en vilo, se aseguraba que Chávez se encontraba en Fuerte Tiuna recibiendo presiones del alto mando militar para que reconociera los resultados, y que el Presidente había declarado que se proponía renunciar.
Esta carta estaba, por supuesto, en la baraja de opciones presidenciales ante la derrota. El Artículo 233 de la Constitución estipula que, de producirse la falta absoluta del Presidente antes de cumplirse los primeros cuatro años de su período, debe procederse a una nueva elección presidencial dentro de los siguientes treinta días, y nada obsta para que un presidente que renuncia pueda ser candidato de nuevo. Si Chávez consideró esta posibilidad, no habrá tardado mucho en percatarse de que entonces no estaría compitiendo con el vencido Manuel Rosales, sino con Raúl Isaías Baduel, y que en tal confrontación muy bien pudiera perder los cinco años y pico que ahora le quedan de poder. Baduel es del “proceso”, garantizaría por tal cosa la permanencia de los canales redistributivos de las misiones, y seguramente atraería a más de un militar entre los más sensatos del régimen, como Jesse Chacón o el mismo Vielma Mora, que ayer casi sostenía un discurso opositor, al hablar de paz y reconciliación nacional. Baduel no es Arias Cárdenas o Guaicaipuro Lameda.
Una segunda opción, se especulaba, es que Chávez procediera a convocar una nueva constituyente—como se lo permite el Artículo 347 de la Constitución—en vista de que el camino que intentó se le había cerrado y en estimación de que llevaría una mayoría a ese órgano peculiar. En su alocución de esta madrugada—sincronizada con los anuncios de Tibisay Lucena—, sin embargo, el Presidente indicó que ahora se mantendría operando dentro del marco constitucional establecido a fines de 1999. La masa no está p’a bollos, habrá pensado, pues mal que bien ese intento sería visto como maniobra para desconocer la voluntad popular.
El Presidente, en verdad, tendría que prepararse para apuntalar una represa agrietada. El próximo año habrá elecciones regionales, y los resultados en Táchira, Mérida, Lara, Anzoátegui, etcétera, vaticinan que el oficialismo pudiera perder un buen número de gobernadores hoy afectos a su régimen.
El resultado político, en síntesis, resta mucho ímpetu al proyecto presidencial de dominación, pero no es el caso de que Chávez esté caído o vaya ahora a quedarse relativamente quieto. Su discurso de hoy fue políticamente hábil, al recoger a su militancia herida y anunciar la continuación de la batalla. Por otra parte, al enmarcarlo como lo hizo, no parece tener mucho espacio para intentar la transferencia de la culpa a lugartenientes ineptos—principalmente Jorge Rodríguez—, y más bien puede decirse que él mismo ha asumido la responsabilidad por el resultado. Algunos reacomodos habrá, pero Chávez no puede darse el lujo de prescindir de colaboradores que, mal que bien, le han servido con más fidelidad que aptitud, cuando no han logrado éxito ni siquiera en la conformación del “partido único socialista de Venezuela”. Chávez sale de esto con verdadero plomo en el ala, pero sigue siendo un contendor formidable.
Naturalmente, hizo gala de las exageraciones y distorsiones acostumbradas. Que él, y la dirección del Comando Zamora, se quejasen de intenciones violentas de parte de la oposición, cuando Iris Varela dio nuevas demostraciones agresivas e ilegales—debiera ser puesta (Artículo 200 de la Constitución) en detención domiciliaria por delitos flagrantes—, o de una campaña mediática abrumadora contra el proyecto, cuando el gobierno domina ampliamente el espectro radioeléctrico, vienen a ser cosas verdaderamente irónicas.
Particularmente cómico es que dejara traslucir el rubor iracundo que le acompaña desde que Álvaro Uribe le remitiera carta de despido, y que afirmara, él que es la inmodestia personificada, que mantenía abierta, “modestamente”, su disposición a mediar en el caso de los secuestrados de la guerrilla colombiana. Escogió este punto, precisamente, para cerrar su hábil discurso, lo que demuestra cuán ardido está por causa de la decisión del Presidente de Colombia.
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Pero no sólo es Chávez perdedor de la contienda que ayer finalizara; otros grandes perdedores son los predicadores de la abstención, las guarimbas y candelitas. Herman Escarrá y Alejandro Peña Esclusa, por ejemplo, o Patricia Poleo, que en programa de radio desde Miami, vociferaba ayer que el gobierno se preparaba a presentar resultados fraudulentos que le dieran la victoria, y que por tal razón ella y sus compañeros de postura habían tenido razón al convocar a la abstención.
Al menos un beneficio saca Chávez de todo esto, que ya ha presentado al cobro: que ahora no puede sostenerse que no estemos en democracia, cuando acata un resultado electoral que le es adverso. El discurso de los opositores de la escuela furibunda se ha quedado, súbitamente, sin objeto.
El país, obviamente, es el principal ganador. De ambos bandos manan los discursos de la reconciliación. He aquí la principal pérdida de Chávez: el verdadero soberano, el Pueblo, ya no el Rey de España, lo ha mandado a callar. A él, y a los pendencieros de cualquiera de los bandos.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 29, 2007 | LEA, Política |

Entre los argumentos de quienes—cada vez son especímenes más raros—promovían la abstención en el referéndum constituyente del próximo domingo, estaba la idea de que, como se trata de decidir sobre un proyecto que no es, en verdad, una reforma sino una modificación profunda de la Constitución, tal grado de cambio no podía salir sino de una asamblea constituyente.
Puesta la cosa hasta allí, esa noción es correcta, principalmente porque la Constitución así lo establece. Al nivel doctrinario del Derecho Constitucional, además, siempre se ha tenido claro que un poder constituido no puede sustituir por otra la constitución que lo ha creado. “…la facultad de reformar la Constitución contiene, pues, tan sólo la facultad de practicar en las prescripciones legal-constitucionales, reformas, adiciones, refundiciones, supresiones…; pero manteniendo la Constitución; no la facultad de dar una nueva Constitución, ni tampoco la de reformar, ensanchar o sustituir por otro el propio fundamento de esta competencia de revisión constitucional, pues esto sería función propia de un poder constituyente y el legislador ordinario no lo es; él sólo tiene una función extraordinaria para reformar lo que está hecho, no para cambiar sus principios y aún menos para seguir un procedimiento distinto al establecido por el poder constituyente”. (Ángel Fajardo, Compendio de Derecho Constitucional).
Los proponentes de la reforma—el presidente Chávez y la Asamblea Nacional—argumentarían que de todas maneras se convoca al Poder Constituyente Originario para que se manifieste en referéndum, pero no les asistiría la razón, porque el Artículo 337 de la Constitución limita las reformas a cambios que no alteren la esencia del texto constitucional. De allí que, con propiedad, se haya sostenido que el proyecto Hugo-Cilia es en sí mismo inconstitucional, aunque hasta ahora el Tribunal Supremo de Justicia haya eludido, cual guabina temerosa, pronunciarse sobre esta aberración.
Ahora bien, los que arguyen que así se roba al Poder Constituyente Originario su prerrogativa de implantar una constitución esencialmente nueva, tienden a confundir a éste con una asamblea constituyente. Por ejemplo, José Amando Mejía Betancourt ha sostenido: “…ningún órgano del Poder Constituido puede imponer su ejercicio, ni obligar al Poder Constituyente a someterse al artículo 345 mencionado; mas aún, el artículo 349 de la Constitución lo reconoce expresamente, al señalar que ‘los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente’, es decir, del Poder Constituyente, que en ese caso adopta la forma de Asamblea Constituyente para expresarse”. (La confiscación del Poder Constituyente en Venezuela).
Esto es una seria confusión. Una asamblea constituyente es verdaderamente un órgano más del poder constituido. Es un conjunto de apoderados a quienes se encarga la misión de producir la proposición de una constitución nueva, pero jamás son el Poder Constituyente Originario, que sólo puede expresarse en referéndum. El Poder Constituyente Originario jamás pierde su condición, ni siquiera cuando están reunidos en asamblea nuestros apoderados para la tarea de redactar un nuevo texto constitucional, y nuca puede “adoptar la forma” de una asamblea. Fue esa misma confusión, se recuerda una vez más, lo que llevó a la supresión del Senado de la República en 1999 por la Asamblea Constituyente, antes de que existiera una constitución nueva y por tanto estuviera en plena vigencia la de 1961, que exigía su existencia.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 29, 2007 | Cartas, Política |

La tortilla política venezolana se ha volteado por completo en las últimas semanas. No sólo el abstencionismo ha entrado en agonía, sino que la intención de votar a favor del proyecto de “reforma” constitucional de Hugo Chávez y su Asamblea Nacional colapsa aceleradamente con el paso de las horas. Lo único que crece es una ola gigantesca de rechazo, que el 2 de diciembre se expresará en un landslide o deslave que detendrá en seco el “segundo motor”—reforma constitucional— de la “revolución bolivariana” y, en acoplamiento inevitable, el tercero, el cuarto y el quinto. (Moral y luces, la nueva “geometría” del poder y la explosión del poder comunal). Chávez va a quedarse con sólo la quinta parte de su fuerza motriz—la ley habilitante—y a este motor se le acaba la gasolina el 1º de agosto de 2008. (Si es que el tsunami del domingo no acaba también con éste).
De todas las encuestas que predicen—todas ellas—el fracaso chavista, puede destacarse lo sugerido por la del Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD, Félix Seijas), que vislumbra un peor y un mejor caso de la votación de repudio. Dice esta encuesta que en el peor de los casos el NO ganará por nueve puntos (NO 54%, sí 45%), y que pudiera darse un mejor caso de veinte puntos de diferencia. (NO 60%, sí 40%).
Chávez se encuentra ahora en un disparadero en el que él mismo se metió. Ebrio de egomanía después de su reelección en diciembre de 2006, calculó mal y pretendió hacer una nueva constitución mediante el inapropiado mecanismo reservado a las reformas que, como dice la Constitución, no pueden modificar “la estructura y principios fundamentales del texto Constitucional”. A medida que crece la información acerca del proyecto, la ciudadanía se percata de que Chávez procura no sólo meternos gato por liebre, sino convertirse en un autócrata consagrado constitucionalmente, en dominación de potencialidad vitalicia.
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La obviedad de la ola de rechazo al plan absolutista ha terminado por derruir los últimos bastiones significativos del abstencionismo. Acción Democrática ha acabado por sumarse a la convocatoria a votar y, más significativamente, también lo ha hecho el Comando Nacional de la Resistencia. En rueda de prensa en la que Oscar Pérez ofreciera declaraciones para anunciar su viraje, brilló por su ausencia la figura de Herman Escarrá, quien no estaba en el presidium. (El diario Vea asegura que ha adquirido pasaje de avión para España, y una aguda observadora ha indicado que como lo de él es el “no retorno”, probablemente se quede en ese país para siempre). Pérez, por cierto, lanzó un astuto reto al gobierno, dirigido principalmente al vicepresidente Jorge Rodríguez: que se instalen cámaras de Venezolana de Televisión y de Globovisión en el peaje de Tazón jueves y viernes—para registrar cuántos autobuses alimentan los cierres de campaña de ambos lado del dilema referendario—y también en el tope del antiguo Caracas Hilton y en el helicóptero de la DISIP que habitualmente vigila las grandes manifestaciones en Caracas. Hasta María Corina Machado ha salido en la pantalla de “Aló Ciudadano” para convocar a la votación, cuando hasta hace nada Súmate parecía mantenerse equidistante del abstencionismo y el voto. La avalancha es indetenible. Hasta Tibisay Lucena, Rectora Presidenta del Consejo Nacional Electoral, ha saludado estos más recientes llamados a votar, no sin aspirar a que se les complemente con una declaración de respeto a los resultados que tendrá que anunciar.
Un rasgo positivo de esta convergencia espontánea—a la que se sumara recientemente FEDECÁMARAS—ha tenido la ventaja de que quienes hubieran podido marcar la oposición con el desprestigio de previos fracasos se han añadido a última hora. El apoyo de Acción Democrática en la hora undécima no tendrá ya el efecto deletéreo—el “beso de la muerte”—que tuvo su apoyo moroso a Salas Römer en 1998. La organización patronal tampoco asumió protagonismo en esta consolidación del repudio, y el Comité Nacional de la Resistencia, que hasta hace horas predicaba la abstención y la frustración del referéndum, no puede pretender que el NO sea su franquicia. Fueron otras las voces, incluyendo las de antiguos aliados—Podemos, Baduel y otros chavistas menores—, que pusieron el piso de la nueva mayoría. La nueva generación estudiantil pudiera alzarse con el título de jugador más valioso de la serie.
En cambio, aquellas manifestaciones tardías tienen un efecto beneficioso: la aniquilación del abstencionismo recalcitrante. Quedarán, por supuesto, rescoldos radicales, pero si no un rey, tal vez un duque o un mero vizconde pueda decirle a Alejandro Peña Esclusa: “¿Por qué no te callas?”
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¿Qué opciones quedan a Hugo Chávez en esta situación, que le llevan a su tercera derrota importante? (La primera, el 4 de febrero de 1992; la segunda, el 11 de abril de 2002).
El desconocimiento de la voluntad mayoritaria sería muy cuesta arriba. El estamento militar, que Raúl Isaías Baduel conoce íntimamente, no parece estar dispuesto a prestarse a una patraña fraudulenta. Es esta posición, justamente, la que calculó el general recientemente retirado para abrirse de capa en rechazo al proyecto presidencial. Y sin el apoyo militar, que en Chile se negó a nadie menos que Pinochet en situación similar, Chávez no podrá imponer su voluntad, por más rabietas que coja.
También puede crear un clima de violencia. Hay ya furgonetas armadas de tripulación pro gubernamental, las que disponen de ventanillas a través de las que se puede disparar, recorriendo Caracas en horas de la tarde y de la noche. De nuevo, la Fuerza Armada, que se ha propuesto proteger el acto electoral, sería un obstáculo prácticamente insalvable para intentos desesperados de esa índole. No faltará quien haya analizado las virtudes salvadoras de la declaración de un estado de emergencia: el de una emergencia producida por el mismo gobierno, según el modelo del incendio del Reichstag en Alemania de 1933. En esa lejana época, sin embargo, no existía CNN, a la que ahora Chávez, con otro ineficaz cohete de humo, acusa de incitar a su asesinato. (El titular “¿Quién lo mató?”, transmitido por la cadena televisiva mundial, correspondía a la noticia de la muerte de Sean Taylor, pero acompañaba la fotografía de Chávez; también la de Uribe, pero el primero se coge todo para él). Un incendio del país por los grupos chavistas de choque sería televisado al mundo entero.
Puede procurar Chávez, por último, una retirada estratégica: hacer que algún habitante o alguna habitanta de Sabaneta de Barinas introduzca un último recurso ante el Tribunal Supremo de Justicia para que éste por fin lo admita, como no ha hecho con ninguno de los recursos anteriores, y salve al Presidente sonando la campana de round concluido. La propia Sala Constitucional pudiera redactar el recurso, en perfecta alineación con la doctrina que ha venido asentando con cada inadmisión. Pero esto sería en sí mismo una pérdida, pues el efecto de “motores” detenidos es, al fin y al cabo, el mismo que causaría una derrota directa, y el carácter de maniobra de un recurso tal sería evidente.
Chávez, pues, no tiene en realidad otro recurso que medirse. Será medido, y será derrotado.
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Como se ha comentado antes, el reciente desempeño internacional de Chávez ha afectado negativamente la percepción interna de su persona política. Es una receta clásica del poder la fabricación de un conflicto externo para justificar el control interno de la población. El problema que tiene Chávez es que no se trata de un conflicto, sino de muchos. Algo aplacados los que se buscó con México, Perú y Brasil, ahora tiene nuevos frentes abiertos con Chile, España y Colombia. Con este último país, nada menos que vecino y antiguo confederado—en la Gran Colombia bolivariana—, ha entrado en un curso de colisión que le costará caro, no en términos económicos—Colombia se vería más afectada por una detención del comercio bilateral, puesto que su balanza comercial con Venezuela es superavitaria—sino políticos. La colonia colombiana en Venezuela es la más numerosa de las que pisan tierra venezolana, y ya muchos de sus miembros, nacionalizados y cedulados por el gobierno de Chávez en procura de su aquiescencia, votan en nuestros actos electorales y referendarios. La colonia española en Venezuela es asimismo numerosa.
El cálculo del Presidente ha fallado a este respecto. Si lo que se propone es introducir una última distracción—la ruptura formal de relaciones con Colombia, que ya ha declarado imposibles mientras Álvaro Uribe ejerza su Presidencia—horas antes del referéndum, tal cosa no hará sino confirmar lo que seguramente es un acicate para votar No: la constatación del carácter ridícula e innecesariamente pendenciero de Hugo Chávez, que preocupa desde hace un tiempo hasta a sus más íntimos colaboradores. Una vez más, el estamento militar venezolano no ve con buenos ojos la escalada de un conflicto colombo-venezolano, que llevaría al país a su primera guerra intramericana, pues las únicas guerras en las que participó fueron para liberarse de España y emancipar a otros países, incluida Colombia, de esa Madre Patria. Si Bolívar nació, sin escogerlo, en Caracas, eligió morir en Santa Marta. De hecho, liberó primero a Colombia en Boyacá, dos años antes de Venezuela en Carabobo.
En las últimas horas se quiso perfilar incluso una querella con la Unión Europea. Alejandro Fleming, embajador venezolano ante la entidad supranacional, hizo una airada advertencia en contra de lo que suponía pudiera ser una ingerencia indebida de la Unión en el referéndum del 2 de diciembre. Su actuación se evidenció como inútil, pues el Parlamento Europeo se limitó a exhortar a “todos los participantes”, gobierno y oposición, para que se garantice los derechos democráticos y se logre un ambiente de tranquilidad y libre acceso a la información.
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A partir del 2 de diciembre tendremos en Venezuela un paisaje político recompuesto. El propio Chávez lo sabe y lo dice. Sabe que su derrota dejaría paralítica a su revolución—“Si no se aprueba la reforma la revolución entrará en una fase de peligrosa desaceleración que pudiera llevarla a velocidad cero”—y que su mandato terminaría más temprano que tarde. Ha admitido que tendría que irse y buscar un sucesor, de nuevo usurpando una decisión que no le toca, sino a nosotros los Electores. La institución del “gallo tapado” es mexicana (en el viejo uso del PRI), no venezolana.
No es esta dinámica de crisis una que pueda ser eludida por Chávez en su nuevo papel estelar de detective histórico, que busca comprobar que Bolívar fue asesinado por antepasados de Uribe Vélez, porque “en la época de la muerte de Bolívar la tuberculosis no era tan letal como para acabar con la vida de una persona en sólo semanas”. (El Universal). Ni siquiera admite ahora que los restos que reposan en magnífico catafalco en el Panteón Nacional, ante los que ha ido tantas veces a rendir honores, sean verdaderamente los del Libertador. Este nuevo capricho médico forense no servirá tampoco como elemento distractor, y Diógenes Escalante ya empieza a lucir, comparativamente, como persona bastante cuerda.
Hay quienes abogan por una nueva asamblea constituyente como expediente capaz de canalizar pacíficamente la crisis que se avecina. La idea pudiera no ser mala para ese propósito, aunque los procesos constituyentes no debieran estar destinados a estas funciones de salvavidas.
En el plazo inmediato hay que rebasar el peligroso escollo del proyecto presidencial-asambleístico de “reforma” constitucional y, también, el que le seguirá instantáneamente: la reacción de un ego desbocado y agresivo a la bofetada popular. Por esto la previsión más importante será la de eludir las provocaciones de violencia. Ni siquiera para protestar un improbable fraude será necesaria otra cosa que la presencia decidida, pero siempre pacífica, en las calles.
Para posteriores decisiones habrá tiempo, y acerca de ellas deberá exigirse inteligencia y seriedad.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 27, 2007 | Fichas, Política |
LEA, por favor
La presente Ficha Semanal extra (#172A de doctorpolítico), contiene el archivo del texto leído en una segunda presentación alojada en YouTube, sobre el tema del inminente referéndum del 2 de diciembre.
El ambiente que se respira en Venezuela hoy es el de la creciente convicción de que será posible derrotar electoralmente el proyecto de «reforma» constitucional introducido por Hugo Chávez y aderezado por la Asamblea Nacional. Los registros de opinión permiten colegir que una abstención disminuida llevará al oficialismo a su primera derrota comicial.
Aunque se trate de esfera distinta, el súbito deterioro de la posición internacional del presidente Chávez gravita sobre su apoyo interno, que decrece por horas. Luego de desbaratar con su indiscreción y su pantallerismo la posible mediación entre el gobierno de Colombia y la cuarentona guerrilla de ese país, Chávez no ha podido contener su agresiva lengua, y ha procedido a cubrir de epítetos irrespetuosos e insultantes al presidente Uribe y a otros miembros de su gobierno. Después de un comunicado inicial relativamente moderado—aconsejado, suponemos, por funcionarios venezolanos de mayor prudencia—ahora anuncia que las relaciones de Venezuela con Colombia (y con España) están congeladas.
Continúa, pues, el calvario mundial de Chávez, quien hasta hace nada fuera tratado con benevolencia y hasta con alguna admiración por sus pares en el planeta. Luego de su altercado con el Rey de España, la refutación que le ofreciera el Rey de Arabia Saudita, y su más reciente pataleta contra Uribe, ha salido a la luz la irritación de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que se ventilara en entrevista que le hiciera en Canal 13 la periodista Vivi Kreutzberger. (Gigantes con Vivi).
Antes de su fallida entrevista con Nicolás Sarkozy—Chávez no llevó ninguna prueba de supervivencia de ningún secuestrado por las FARC—el presidente venezolano declaró que se hallaba en plena exploración de la escena del crimen que habría acabado con la vida de Simón Bolívar, en nueva y absurda alucinación. Cuando en una conversación reciente, alguien apuntó que Chávez reincidía en su comparación personal con Jesús de Nazaret, el humor negro de un circunstante encontró la siguiente respuesta: «Crucifiquémosle, entonces». Otro aportó el siguiente dato, alusivo al regaño de Juan Carlos de Borbón: que ahora a la mujer de Chávez le dirían Woman del Callao.
Estamos, claramente, ante un presidente al borde del descontrol absoluto, y su círculo íntimo se encuentra profundamente preocupado. Por esto, y porque la previsible derrota de su proyecto de absolutismo vitalicio puede terminar de sacarlo, irreversiblemente, de sus cabales. (Si es que alguna vez tuvo).
LEA
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Segundo libreto
En la recta final hacia el referéndum del 2 de diciembre en Venezuela, que decidirá la aceptación o, más probablemente, el rechazo de la prótesis constitucional que pretende implantar el Presidente de la República, vale la pena registrar los más recientes desarrollos y lanzar la mirada hacia los días posteriores a esa fecha.
En primer término, es notorio el desasosiego que cunde en las filas gubernamentales. El ministro Willian Lara, y el mismo Presidente, han procurado negar las malas noticias de todas las encuestas, que miden un rechazo mayoritario al proyecto de alteración constitucional y una disminución de la inclinación a abstenerse de votar. Así, han tenido que echar mano de un viejo argumento de perdedores, sugiriendo que la presencia en las calles de sus partidarios es la mejor de las encuestas. Pero ellos mismos saben que esa presencia se hace posible con los lujosos autobuses que fletan para traer adeptos, a quienes pagan viáticos a manera de soborno, y que en su caso no son detenidos por guardias nacionales en el peaje de Tazón, como si hacen con los que trasladan a sus opositores.
Luego, el gobernador del estado Miranda, Diosdado Cabello, se vio forzado a aconsejar a sus huestes que no cayeran en triunfalismos, y una vez más la voz presidencial se hizo eco de tal advertencia. Así declaró que “no se puede cantar victoria antes de la victoria”, y expresó su temor al decir que “Si no se aprueba la reforma la revolución entrará en una fase de peligrosa desaceleración que pudiera llevarla a velocidad cero”. Antes, en un intento por hacer entender el referéndum como una confirmación de su mandato, postuló que si su proyecto no resultaba aprobado tendría que ir pensando en un sucesor.
En segundo término, no sólo ha decrecido dramáticamente la propensión a abstenerse, sino que se ha hecho notable la mejora de la confiabilidad del acto mismo de la votación. El diario El Nacional ha reportado que de “la apertura de 1% de las cajas al cierre de la votación en el referéndum revocatorio presidencial de 2004 se pasó a 54% de las cajas”, y de “tener testigos en muy pocas auditorías, ahora los partidos participan activamente en las 10 revisiones del sistema electoral que se hacen rutinariamente antes de una contienda”. Cuando Luis Inazio Lula Da Silva dice confiar en que nuestro Presidente respetará los resultados del escrutinio, en realidad le está exigiendo que lo haga, a sabiendas de que los boletines del Consejo Nacional Electoral reflejarán la voluntad popular.
En principio, un referéndum que sea adverso a su proyecto no impide que el Presidente continúe gobernando hasta comienzos de 2013. Técnica y jurídicamente no está en juego su cargo, pero el rechazo de su pretensión tendrá efectos equivalentes al de negarle un voto de confianza. Por esto tiene razón al pensar que la cacareada revolución puede llegar a disminuir su velocidad a cero. Los famosos “motores” de la revolución se detendrían.
Se hace, pues, muy aconsejable ir pensando en mecanismos constitucionales para la expresión de la voluntad del Soberano, el Pueblo de Venezuela.
El 19 de enero de 1999, la Corte Suprema de Justicia, en decisión histórica, sentenció que podía preguntarse al pueblo si quería elegir una asamblea constituyente, a pesar de que esta figura no estuviese contemplada en la constitución vigente en ese momento, que era la promulgada el 23 de enero de 1961. Más adelante, la Corte especificó que “la asamblea constituyente tiene por único objeto dictar una nueva Constitución”.
Una constitución es, por supuesto, entidad superiorísima y mucho más fundamental que un presidente cualquiera. Si un mero referéndum consultivo sirvió para dilucidar si queríamos, mediante asamblea constituyente no contemplada en la constitución, sustituir la que nos regía por otra enteramente nueva, ¿qué pudiera oponerse a la noción de que otro referéndum consultivo nos preguntara si queremos elegir un nuevo presidente, aunque formalmente no se haya cumplido el período especificado para quien esté en ejercicio?
Las condiciones constitucionales son muy sencillas: “Artículo 71 de la Constitución. Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo… a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral”.
No podría discutirse que una pregunta tal sea o no “de especial trascendencia nacional”, y el corte definitivo del registro electoral al 31 de agosto de 2007 indica que en estos momentos son reconocidos 16.112.857 ciudadanos como electores. Esto es, tan sólo 1.611.286 firmas, treinta y tres por ciento menos que las requeridas para la revocación, harían inevitable ese preciso referéndum.
Hay, por tanto, en nuestra armazón constitucional, suficientes canales para la expresión democrática, y para la solución de una posible y repentina crisis de gobernabilidad que ya teme y anuncia el propio Presidente.
Más allá de esta eventualidad, el horizonte político venezolano exige la presencia de nuevos actores políticos y nuevas organizaciones políticas. Una vez más, como lo vienen haciendo desde hace años, las encuestas más recientes registran que una amplia mayoría nacional no se satisface ni con el gobierno actual ni con su oposición formal. Y, seguramente, una buena parte de quienes hoy apoyan a estos extremos insuficientes lo hace porque no contempla una opción satisfactoria. Se requerirá, en consecuencia, la emergencia de organizaciones de código genético más evolucionado que el que poseen los partidos convencionales, y actores políticos que puedan trascender el discurso esclerosado de la política del poder puro y la obsoleta distinción de izquierda y derecha, desde una política clínica. El socialismo del siglo XXI es una contradicción en términos, puesto que el socialismo es una invención ideológica del siglo antepasado y, como toda ideología, sea ésta liberal, socialcristiana, socialdemócrata, socialista, comunista o anarquista, no es otra cosa que una panacea simplista, imposible, ineficaz e inconveniente.
Entretanto, vayamos a votar el 2 de diciembre para decir rotundamente NO al proyecto presidencial. Esta vez vamos convocados por voces sensatas, entre las que descuellan las refrescantes voces estudiantiles. Ahora nos tranquilizan, además, al ofrecerse como vigilantes de nuestros votos y garantes de su respeto. El enjambre ciudadano ya ha decidido, y sólo falta que se manifieste el próximo domingo.
No hay excusa, pues, para la abstención. Vayamos todos a votar. Vayamos a rechazar la pretensión absolutista y vitalicia del Presidente. Y sepamos que sí hay futuro: el que juntos construiremos.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 27, 2007 | Fichas, Política |

LEA, por favor
El contenido de esta Ficha Semanal #172 de doctorpolítico no es otra cosa que el texto narrado en la presentación colocada el 19 de los corrientes en YouTube.
En una lámina de la presentación misma aparece una cita del diputado Carlos Escarrá, que vale la pena repetir porque algún día, tal vez en un juicio como los de Nuremberg, haya que recordarla para demostrar que su adhesión a la maligna dominación de Chávez no tiene excusa. Dijo Escarrá en la Asamblea Nacional: “El presidente viene a ser en nuestra constitución como el sol que, firme en su centro, da vida al universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua y permanente”.
Por supuesto que Escarrá, además de desviado políticamente, porta en su cabeza una cosmología muy desinformada. Nuestro sol no está en el centro del cosmos, y mucho menos le da vida; tan sólo provee la energía para que la vida sea posible en el tercer planeta de su sistema solar. Lo más probable es que el pintoresco y arrastrado diputado estuviera más bien pensando en Luis XIV de Francia, le Roi Soleil, el monarca absolutista por antonomasia.
Amistosos corresponsales han atendido la invitación a ver la presentación en YouTube, y luego han preguntado por el basamento de ciertas afirmaciones en ella contenidas. Por ejemplo, han querido conocer dónde y cuándo admitió Alejandro Plaz que el presunto fraude del 15 de agosto de 2004 no era demostrable. La admisión se produjo en tenaz entrevista que le hiciera Pedro Pablo Peñaloza en El Universal (1o. de agosto de 2005).
Otras preguntas tuvieron que ver con las encuestas que daban ganador al gobierno en el referéndum revocatorio. Una advertencia de Edmond Saade, Presidente de Datos y de Venamcham, ocurrió en desayuno ofrecido por Mauricio García Araujo a los dirigentes de la Coordinadora Democrática, a escasos quince días del referéndum. El día 13 de agosto de 2004, cuarenta y ocho horas antes del evento, Consultores 21 dio a conocer las cifras de su más reciente tracking poll, que diferirían sólo en décimas de las que anunciara el Consejo Nacional Electoral en la madrugada temprana del día 16. Salvo una encuesta chimba cuya publicación requirió un desmentido posterior de El Universal, todas las encuestadoras venezolanas, y más de una extranjera, predijeron el triunfo del gobierno.
El 30 de septiembre de este año era entrevistado Luis Vicente León en aquel mismo periódico, y dijo: “Miren la paradoja: durante años la oposición, siendo minoritaria, dio esperanzas falsas a su gente para motivarlos a votar y los frustró. Cuando los resultados le fueron adversos jugó a la abstención y acostumbró a una parte de los votantes a que no valía la pena participar, llenando el mercado de mitos y realidades sobre el sistema electoral. Pues ahora, cuando finalmente tiene una opción, su trabajo previo la desarma, el abstencionismo natural la entrampa y probablemente ocasionará que los resultados finales le sean tan adversos como siempre”.
Por fortuna, ya la posición abstencionista anda de capa caída.
LEA
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Libreto sencillo
La nación venezolana llega a una encrucijada de suma gravedad. El próximo 2 de diciembre se celebrará el referéndum que decidirá sobre una nueva constitución para Venezuela.
El Presidente de la República ha introducido un proyecto de amplia y profunda alteración de nuestro marco constitucional, que tiene por objeto extender el ámbito de su ya recrecido poder y su duración, haciéndolo, en la práctica, absoluto y vitalicio. Por si esto fuera poco, la Asamblea Nacional ha añadido otros cambios a la Constitución que hacen todavía más nocivo el proyecto presidencial.
El Presidente ha impedido la consideración serena de tal despropósito, al imponer innecesaria prisa al referéndum.
El Presidente ha procurado disimular su verdadero objetivo—la prolongación y ampliación de su poder—mediante un proyecto de gran complejidad que hace difícil distinguirlo.
El Presidente ha demostrado poco respeto por la inteligencia de los Electores, al incluir en su proyecto carnadas que lo hagan apetecible, como una reducción de la jornada laboral que pudiera legislarse en otro sitio y es absurdo elevar a rango constitucional.
El Presidente ha frustrado el debate democrático, al no hacer caso de los argumentos de quienes consideran inconveniente su proyecto, despreciándolos e insultándolos, llamándolos vendepatrias si no son de su bando y traidores si hasta ahora lo han sido.
Es imperativo que Venezuela impida este proyecto de dominación absoluta. El Presidente ya dispone de poder excesivo, con el que pudiera resolver más de un problema público importante si, en vez de mantener un permanente clima de conflicto interno y externo y de procurar a toda costa su propio engrandecimiento, se dedicara a trabajar para el bien de todos los venezolanos.
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Puede aceptarse que el Presidente ha logrado cosas valiosas, como una mejora importante del nivel de vida de venezolanos de escasos recursos; puede decirse que ha despertado en ellos un sentido de dignidad que muchos les negaban; puede reconocérsele que tiene razón al preferir un mundo multipolar antes que uno dominado por una sola potencia; puede admitirse con él que una democracia representativa no es suficiente en una época con los medios de hacerla participativa; puede hasta decirse que la reconversión monetaria es aconsejable o que tiene sentido ahorrar energía con iluminación fluorescente en lugar de incandescente. No se trata de negarle hasta el agua al Presidente; de lo que se trata es de rechazar que se erija como voluntad política única y absoluta, de rechazar que pretenda sustituirnos como Soberano.
Absolutamente nadie tiene derecho, por más méritos que haya podido acumular, a considerarse tan superior a sus compatriotas que pretenda todo el poder. No puede admitirse, como dice uno de los partidarios del Presidente, que él sea “como el sol que, firme en su centro, da vida al universo”.
Es peligrosísimo para la República que se confiera poderes totales a una persona que impide el diálogo respetuoso, muy peligroso dar esos poderes a quien todo lo resuelve agresivamente con el insulto o la amenaza.
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Es cierto que era evidente un gran deterioro de la política en Venezuela antes de que el Presidente asumiera su cargo por primera vez; el país sufría entonces—como la sufre ahora de forma agravada—una seria insuficiencia política. También es cierto que desde que se convirtiera en Primer Mandatario la oposición formal ha sido muy incompetente, pues lo acusa todos los días pero jamás ha sabido refutarlo.
A mediados de 2002, una mayoría de venezolanos prefería que el actual Presidente abandonara su cargo. La burocracia opositora dilapidó esa mayoría y la tiñó de sospecha, con el aborrecible golpe de Estado de Carmona Estanga, el suicida paro petrolero y la ineficaz conducción del esfuerzo revocatorio.
Las mismas encuestadoras serias que en 2002 y parte de 2003 registraban un mayoritario rechazo del Presidente, anticiparon con suficiente tiempo, y así lo manifestaron a la Coordinadora Democrática, que el gobierno saldría airoso del referéndum revocatorio, a causa de aquellos errores y el arranque explosivo de las “misiones” a fines de 2003. Esas cosas lograron convertir un repudio general en un apoyo suficiente, y el 15 de agosto de 2004 hubo realmente más Noes que Síes.
La central opositora adelantó entonces, como excusa por su fracaso, la explicación falsa del fraude electoral; un fraude que nunca ha sido probado, a pesar de muchos intentos; un fraude del que Alejandro Plaz, altísimo directivo de Súmate, dijo hace ya más de dos años que no se podía demostrar.
El daño causado a la fe civil por esa falsedad es enorme, y ahora pesa en la angustiada conciencia de muchos ciudadanos que desde entonces creen, razonablemente, que no vale la pena ir a votar. Esa herida fue reabierta en diciembre de 2005, cuando casi todos los candidatos de oposición a la Asamblea Nacional se retiraron de las elecciones, e increíblemente se quiso presentar la elevada abstención de esos comicios como un triunfo contra el gobierno, que a pesar de ella ocupó absolutamente todos los puestos de la legislatura nacional. La abstención ha trabajado siempre a favor del gobierno.
Esa herida fue de nuevo removida en diciembre de 2006, cuando otra vez se voceó falsa e irresponsablemente que el candidato opositor había ganado las elecciones.
El Grupo La Colina, un afamado núcleo de profesionales que asesora a la oposición, ha certificado que las máquinas de votación hacen exactamente lo prometido, y que la secuencia de votos que en aquel momento guardaban no podía ser conocida si la oposición no prestaba su concurso. Más aún, el Grupo La Colina ha opinado inequívocamente que las máquinas de votación defienden mejor el voto opositor que un procedimiento manual, que nos regresaría al pasado del acta mata-votos cuando la oposición ya no es capaz de movilizar suficientes testigos a las mesas.
Algunos han argumentado que la abstención equivale a un rechazo. Esto no es verdad; pueden perfectamente abstenerse quienes estén de acuerdo con el proyecto del Presidente, por una cualquiera de varias razones. No puede atribuirse toda la abstención a quienes adversan al gobierno.
Otros, en fin, pretenden que se sume los votos negativos y las abstenciones para construir un teórico rechazo total, y también calculan que si esa suma llega a 60 o 70% de los Electores eso sería una derrota para el gobierno y una deslegitimación de la nueva constitución que se nos quiere imponer. Esto es un grave error: el 15 de diciembre de 1999 la Constitución que nos rige fue aprobada con el voto afirmativo de sólo 30,2% de los Electores; la suma de votos negativos y abstenciones alcanzó a 67,8%, y sin embargo la Constitución de 1999 está en plena vigencia. La suma que sería mortal para nuestra democracia es la de los votos afirmativos y la abstención, que más de una vez nos ha derrotado.
En noviembre de 2004 los ciudadanos de Ucrania forzaron al gobierno—corrupto, tramposo y con excesivo poder—a repetir unas elecciones que sabían fraudulentas. Pero eso fue posible porque hubo, primero que nada, una mayoría real y, luego, porque los ucranianos fueron a votar. En Ucrania no cogió cuerpo la prédica abstencionista, ni se razonó que abstenerse era lo mismo que votar. El que calla otorga.
Ahora llega otro de nuestros políticos diciembres, y otra vez es una mayoría nacional la que no quiere el proyecto del Presidente. Esta mayoría debe hacerse presente, como se hicieron presentes para ganar los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela en su reciente elección. Esta mayoría debe ir a votar el próximo 2 de diciembre con un rotundo y sencillo no al proyecto presidencial.
Hay que decir al Presidente el 2 de diciembre que basta de cirugía; que debemos pasar ya a una serena fase médica, en la que el paciente pueda recuperarse con calma, sin más anestesia, sin más prótesis constitucionales, más bisturí o más tenazas que corten y agredan el cuerpo social.
Hay que decirle que ha llegado la hora de la paz.
No debemos abstenernos; no debemos callar. Por lo contrario, somos nosotros, el verdadero Soberano, no ya el Rey de España, quienes debemos hablar para decir al Presidente que es tiempo de que calle. Ya ha hablado demasiado.
Ahora el derecho de palabra es nuestro.
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