por Luis Enrique Alcalá | May 27, 2008 | Fichas, Política |

LEA, por favor
En diciembre de 1990 pude completar un estudio sobre El problema de la calidad en la educación superior no vocacional en Venezuela, de donde he tomado el extracto que compone la Ficha Semanal #196 de doctorpolítico.
El estudio en cuestión abogaba por las ventajas que un esquema similar al del college norteamericano podía aportar a un primer ciclo de educación superior, siempre y cuando pudiera desplazar su atención de lo clásico o canónico al estudio de los pensadores más recientes. Así, argumentaba en la siguiente dirección: «Los norteamericanos tienen una estrategia de educación superior diferente a la de nuestras universidades, copiadas del estilo francés. Luego de lo que sería equivalente a nuestra escuela secundaria, su high school, el alumno norteamericano que ingresa a la universidad todavía debe pasar cuatro años de una educación de corte general. En sus colleges, pertenecientes a una universidad que también ofrece «estudios de graduados» (master en adelante), o en colleges independientes, los alumnos continúan en la exploración general del universo. Si bien ya se les facilita la expresión de intereses particulares, a través de un campo que enfatizan como un major, la salida es la de un grado de Bachellor in Science o de Bachellor in Arts, que refleja una gruesa división análoga a la de nuestros bachilleres en ciencias y en humanidades. Pero con una enorme diferencia. El tiempo dedicado al aprendizaje general es marcadamente superior en el bachellor estadounidense que en el bachiller venezolano. La edad en la que el bachellor debe escoger finalmente un campo de profesionalización es más madura que la que exhibe nuestro típico bachiller de 17 años. Luego, en dos años tan solo que toma el master de profesionalización, se obtiene un profesional capaz y más consciente de su papel general en la sociedad».
Pero la intención del estudio, que prescribía un cierto pénsum para una «licenciatura de estudios generales» en tres años, no se limitaba a la sola formación de una moderna y redonda concepción del mundo. De este modo adelantaba: «No nos es lícito asumir la postura del griego, que contemplaba al mundo, sino la del romano que lo transformó, según la comparación de Hegel, que en algunas clasificaciones ocurre como pensador ‘de derechasÂ’. No nos será suficiente comprender la realidad, si no logramos transformarla, como destacó Marx, alumno de Hegel y a quien algunas clasificaciones ubican a la izquierda. En el fondo ambos se habían topado con lo mismo, con una dualidad tan resistente como la historia. El hombre de pensamiento no puede eximirse de cooperar en la acción, pero tampoco el hombre de acción puede abstenerse de pensar. Sobre todo en una época como la actual, en la que el propio recambio paradigmático y epistémico induce a la incertidumbre conceptual, es criminal que aquél que vea lo que se puede hacer no procure que se haga, como es altamente peligroso que el que puede hacer rechace contemplar y entender lo que hace».
El trozo escogido para la ficha de esta semana corresponde a la parte final de la sección del estudio dedicada a los estudios sociales.
LEA
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Cambio paradigmático
Desde el punto de vista político, esto es, desde la perspectiva de la actividad del hombre en la solución de problemas de carácter público, es importante llamar la atención al hecho crucial de una crisis en los paradigmas políticos operantes.
El texto de John A. Vásquez, The power of power politics (sin traducción castellana), destaca la crisis de ineficacia explicativa y predictiva del paradigma que concibe a la actividad política como proceso de adquisición, intercambio y aumento del poder detentado por un sujeto de cualquier escala. (Individuo, corporación, estado.) Aun cuando su investigación se centra sobre la inadecuación de esa visión en el campo académico de las ciencias políticas, este fenómeno tiene su correspondencia en el campo de la política práctica. (A fin de cuentas, lo que la baja capacidad predictiva de ese paradigma significa es que en la práctica política el estilo de la Realpolitik parece, al menos, haber entrado en una fase de rendimientos decrecientes.)
Yehezkel Dror ha aportado un enfoque diferente. Dejando de lado el enfoque tradicional de la ciencia política, su interés se desplaza al de las ciencias de las políticas (policy sciences en lugar de political sciences). Por este camino ha podido proporcionar un bien estructurado es-quema de los modos concretos de arribar, con una mayor racionalidad, a «mejores soluciones» para problemas de carácter público. Es recomendable, al menos, el estudio de su libro Design for policy sciences.
La crisis del paradigma de la Realpolitik, junto con el despliegue de nuevos métodos para el análisis y configuración de las decisiones públicas debe desembocar en una nueva conceptualización de la actividad política. A nuestro juicio, el crecimiento de la informatización de la sociedad en su conjunto, exigirá un cambio importante en el modo de legitimación de los actores políticos. Un caso ilustrativo es el de la crisis del Partido Demócrata de los Estados Unidos de Norteamérica. William Schneider, en «Para entender el neoliberalismo», describe el cambio de este modo: «…la división era entre dos maneras distintas de enfocar la política, y no entre dos diferentes ideologías.»… «La generación del 74 rechazó el concepto de una ideología fija»… «En The New American Politician el politólogo Burdett Loomis emplea el término empresarial para describir la generación del 74.»… «De una manera general, los nuevos políticos pasaron a ser empresarios de política que vincularon sus carreras a ideas, temas, problemas y soluciones en perspectiva.» … «Adoptaron el punto de vista de que las cuestiones políticas son problemas que tienen respuestas precisas, a la inversa de los conflictos de intereses que deben reconciliarse.»
En Venezuela el modelo de la reconciliación, de la negociación, del pacto social o de la concertación, resulta ser todavía el modelo político predominante. En análisis relativamente modernos, como en el caso del difundido trabajo del IESA—»El Caso Venezuela: una ilusión de armonía»—la recomendación implícita es la de continuar en el empleo de un modo político de concertación, al destacar como el problema más importante de la actual crisis el manejo del conflicto.
Tal vez porque la etapa democrática venezolana es de cuño tan reciente, haya una resistencia, por ejemplo, al planteamiento de una «reconstitución política». La Constitución de 1961 es un hecho cronológicamente reciente. Como tal se la percibe como si fuese un dechado de modernidad, cuando en verdad viene a ser la última expresión de un paradigma político agotado.
Es por esto que resulta aconsejable incluir en un programa de estudios superiores no vocacionales una discusión sobre las nuevas direcciones y concepciones del quehacer político. Entre éstas, valdrá la pena, a nuestro juicio, examinar el nacimiento de una concepción «médica» de la actividad política, cuyo antecedente más próximo es la afirmación de Dror: «Policy sciences are in part a clinical profession and craft«.
La política no es una ciencia: es una profesión. Es un arte, un oficio. Como tal, puede aprenderse. Del mismo modo que la medicina es una profesión y no una ciencia, aunque de hecho se apoya en las llamadas «ciencias médicas», que no son otra cosa que las ciencias naturales enfocadas al tema de la salud y la enfermedad de la especie humana. Es así como la política debe ser entendida como profesión, aunque existan ciencias «políticas», como la sociología, exactamente en el mismo sentido en que el derecho es una ciencia y la abogacía es lo que resulta ser la profesión, el ejercicio práctico.
La informatización acelerada de la sociedad, con su consiguiente aumento de conciencia política de las poblaciones, está forzando cambios importantes en los estilos de operación política. El Glasnost, más que una intención, es una necesidad. El previo modelo de la Realpolitik requería, para su operación cabal, de la posibilidad de mantener discretamente oculta la mayoría de las decisiones políticas. Como hemos visto recientemente, hasta las operaciones que son intencionalmente diseñadas para ser administradas en secreto, son objeto de descubrimiento, casi instantáneo, por los medios de comunicación social.
Son condiciones muy diferentes aquellas que definen el contexto actual del actor político. El tiempo que separa la acción política de la evaluación política que de ella hacen los gobernados se ha acortado considerablemente, por señalar sólo uno de los cambios más determinantes. Es así como esta actividad humana atraviesa por un intenso período de reacomodo conceptual.
Si el paradigma médico puede servir para una reformulación de la actividad política, el concepto de qué es lo que puede ser descrito como una «sociedad normal» resulta ser noción central de todo el tema. Se trata de limpiar de carga ideológica y de pasión el acto evaluativo sobre el estado general de una sociedad determinada.
Por ejemplo, una definición de sociedad normal se verá expuesta a cambios de significado con el correr del tiempo, así como la definición de «hombre sano» ha variado en el curso de la historia. No puede ser la misma concepción de salud la prevaleciente en una sociedad en la que la esperanza de vida alcanzaba apenas a los treinta años, que la que es exigible en una que extiende la longevidad con las nuevas tecnologías médicas.
Del mismo modo, una cosa era la «sociedad normal» alcanzable a fines del siglo XVIII y otra muy distinta la asequible a las tecnologías políticas de hoy en día. Por ejemplo, es innegable el hecho de que la mayoría de las naciones del planeta exhiben una distribución del ingreso que dista bastante de lo que una «curva de distribución normal» describiría. Igualmente, la intensidad democrática promedio, aún en naciones desarrolladas, está bastante por debajo del grado de participación que las tecnologías de comunicación actuales permitirían.
Convendrá discutir, en el seno de este programa, sobre el tema de los límites psicológicos, tecnológicos y económicos de la democracia.
Psicológicos, porque no es dable pensar en una reedición literal de la asamblea griega clásica, en la que la agenda total de las decisiones públicas atenienses era manejada por la «totalidad» de los ciudadanos. Hay límites a la idoneidad del procedimiento democrático y hay decisiones, la mayoría de ellas técnicas, que son indudablemente mejor manejadas por los especialistas.
Tecnológicos, porque es la tecnología la que dibuja el borde de lo que es posible en principio. El avance de las redes de comunicación permite prever una mayor frecuencia de procedimientos de referéndum para una mayor gama de decisiones públicas. Y al entreverse la posibilidad la presión pública por acceder a ese grado de participación no se hará esperar.
Económicos, porque obviamente las instituciones políticas tienen un costo de inserción y un costo de operación. No es posible hacer todo.
Pero en cualquier caso, el cambio de paradigma político está en proceso. Retornamos a Schneider: «Los que solucionan problemas viven en una cultura política altamente intelectualizada que respeta la pericia y la competencia. Esto no significa que practiquen una política libre de valores. Varios miembros de la generación del 74 a los que entrevisté se sentían ofendidos cuando se les calificaba de tecnócratas, y prácticamente cada uno de ellos hacía demasiado hincapié en su compromiso con los valores liberales. Sin embargo, no los distinguen sus valores sino su manera de enfocar la política. Los que solucionan problemas practican una política de ideas. Los demócratas más tradicionales se consideran defensores; la suya es una política de intereses.»
Creemos que sería inconveniente enseñar, a los alumnos de un programa que aspira a ser distinguido por su contemporaneidad, una política que sólo se concibe como conciliación de intereses, cuando justamente esa política está dando paso a una política de ideas y soluciones.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | May 22, 2008 | LEA, Política |

El protagonista principal del referéndum del 2 de diciembre pasado no fue Raúl Isaías Baduel; tampoco Jon Goikoetxea, Marisabel Rodríguez, Teodoro Petkoff, Julio Borges o Manuel Rosales; ni siquiera el movimiento estudiantil considerado como un todo. Todos ellos integraron el estelar elenco, pero el Oscar al Mejor Actor cabe, sin duda alguna, al enjambre ciudadano entero, al Pueblo de Venezuela.
Es ese conjunto, un sistema complejo en el que como tal se revelan “propiedades emergentes”, la entidad que estuvo rumiando durante 2007 y finalmente decidió no aumentar más los poderes que ya excesivamente acumula el Presidente de la República.
No ha cesado de rumiar. Desde entonces, ha contemplado en calma la farsa cada vez más evidente de la revolución “bolivariana”, la vaciedad de su discurso, la peligrosidad de sus ejecutorias. La más reciente de sus cavilaciones es obvia: con foco en lo que denuncian las computadoras incautadas por el ejército colombiano en el campamento de Raúl Reyes en Ecuador.
Es el comportamiento más infrecuente entre los humanos el reconocimiento responsable de una falta cometida. Quien choca el automóvil de otro por detrás usualmente se baja a insultar al agraviado, y a transferirle su culpa porque no habría puesto una luz de cruce o apartado el carro. Es posible contar con diez dedos los casos de delincuentes, aun flagrantes, que en toda la historia del hombre han admitido ser culpables.
Chávez no es la excepción a esta regla. Si el 4 de febrero de 1992 asumió la responsabilidad de sus actos fue porque estaba ya reducido y preso; si el 11 de abril de 2002 ofreció renunciar era porque tenía a casi todos los mandos militares en su contra. Pero esta vez, sabedor de la inmensa gravedad de lo que los computadores guerrilleros guardan en sus unidades de almacenamiento, se niega a admitir lo que ya es transparente para el mundo entero porque son datos duros compatibles con su ya larga conducta complaciente hacia las FARC. En vez de aceptar la verdad, la emprende entonces contra la cabeza de Interpol y ordena que la pertenencia de Venezuela a este organismo técnico sea revisada.
Nada de esto, nada de su claro significado, escapa al enjambre ciudadano, harto de la procaz pugnacidad de su presidente. Va destilando así, pacientemente, sus conclusiones, para hacerlas prevalecer en el oportuno momento de la madurez política.
No necesita que ningún iluminado providencial venga a enseñarle nada, ni a regañarlo porque, presuntamente, se degrada moralmente. (“Queremos que la sociedad nos acompañe con su aliento tomando conciencia cada quien del riesgo que corremos como pueblo, si no sucede un viraje urgente como el que, aquí y ahora, proponemos en nombre de todos los venezolanos”. “Movimiento 2 de diciembre” “¿… esperaremos insensibles hasta alcanzar el último grado de la degradación moral?”, Antonio Sánchez García).
Por lo contrario, el Pueblo de Venezuela ha aprendido y crecido en todos estos años de despropósito chavista (y opositor, también), ciudadana y, sobre todo, moralmente. Y no es nada bruto; más bien es muy inteligente.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | May 22, 2008 | Cartas, Política |

“Este libro nació de un texto de Borges…”, decía Michel Foucault en la introducción de su obra cumbre—Las palabras y las cosas—y este texto nació del “Día a Día” del 20 de mayo en el diario Tal Cual, que como siempre lleva la firma de Simón Boccanegra, seudónimo de Teodoro Petkoff, su Director. Si, siguiendo la costumbre de quienes bautizan sus “movimientos” con fechas que pretenden usurpar, ese fragmento de Boccanegra se convirtiere en manifiesto, quien suscribe no vacilaría en firmar al pie.
La nota dice: “Este minicronista oyó ayer a Miguel Henrique Otero explicando en TV los alcances y propósitos del grupo del cual es vocero, el 2D. Según el director de El Nacional, en vista de que los partidos políticos sólo se ocupan del tema electoral y no le paran bola a los ‘verdaderos problemas’ que está viviendo el país, el 2D se ocupará de ello. Es decir, nos hará saber que tenemos un lío con Colombia, que nadie había notado, probablemente; que la inflación va por 30%, cosa que seguramente tampoco nadie sabía, etc., etc. Muy loable, desde luego, ese esfuerzo. Pero a este minicronista le llama la atención que para llevarlo adelante tenga MHO que darle, de refilón, un tequichazo a los partidos. Por una parte, es falso de toda falsedad que los partidos políticos no se ocupen de los problemas del país. En el propio diario de MHO pueden leerse numerosas declaraciones de dirigentes políticos ocupándose precisamente de los problemas a los que aquél se refiere. Por otra parte, uno que es bruto, se pregunta si trabajar para derrotar al gobierno electoralmente, en noviembre, no es la manera más directa y eficiente de ocuparse, precisamente, de los problemas del país. ¿El propio nombre que se ha dado el grupo, 2D, no es, acaso, la mejor demostración de la eficacia de una estrategia democrática y electoral? ¿O es que la contienda por las elecciones de gobernadores y alcaldes es un juego floral, una diversión para eludir los ‘verdaderos problemas’—que sólo desvelarían, al parecer, a los integrantes del 2D? A este minicronista le gustaría saber, junto a mucha otra gente, si, además del esfuerzo—que se le agradece al 2D—de informarnos del mal que estamos muriendo, tienen alguna alternativa que ofrecernos. Porque si preparar una campaña electoral es soslayar los ‘verdaderos problemas’, ¿cuál sería la verdadera manera de hacerles frente?”
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De tan certero disparo se ocupó el mismo día el geólogo petrolero, Gustavo Coronel, antiguo activista de la “sociedad civil” venezolana, ex director de PDVSA, quien desde hace años procura dirigir la oposición local desde su residencia en los Estados Unidos. Así escribió en su ecléctico blog castrense (http://www.lasarmasdecoronel.blogspot.com/): “En Tal Cual, edición de hoy martes 20 de mayo, el cronista Simón Boccanegra publica un corto comentario titulado ‘Preguntas Ingenuas al 2D’, en relación a los propósitos del nuevo grupo de opinión política llamado grupo 2D. A pesar del tono crítico de la nota creo que, por primera vez, se vislumbra la posibilidad de un diálogo serio entre la oposición. Creo que el grupo 2D debe aprovechar la nota de Petkoff para establecer ese diálogo”.
También dice: “Petkoff hace algunas preguntas al Grupo 2D, las cuales, aun formuladas en tono de queja, son pertinentes y pueden y deben ser respondidas de buen talante por el Grupo 2D”. Más adelante compensará eclécticamente, no vaya a ser que se le presuma “teodorista”: “Petkoff está en lo cierto al afirmar que las elecciones son una excelente herramienta de cambio político y el grupo 2D tiene razón al afirmar que la ansiedad mostrada por los partidos de oposición por lograr posiciones burocráticas para sus propios grupos o líderes, no es lo que más le conviene al país en estos momentos”.
Y añade esto: “Lo que el país requiere ya es suficientemente sabido y estoy seguro de que Petkoff mismo debe tener sus ideas bastante claras en ese sentido. Pero, es que ¡la ausencia de Chávez es ya una alternativa a seguir teniendo a Chávez! Nunca he podido comprender el argumento de distinguidos miembros de la oposición, ése de que Venezuela no tiene alternativas a Chávez y, que por ende, tenemos que aguantarlo resignadamente hasta el 2012 (o más allá)”.
Y también: “La estrategia electoral es importante pero no es la única. Allí hay una diferencia de fondo entre el Grupo 2D y líderes como Petkoff, Borges y Rosales, para quienes la vía electoral parece ser la única y quienes parecen haberse convencido de que es necesario calarse a Chávez por cinco años más, a fin de derrotarlo electoralmente en el 2012”.
El artículo de Coronel aboga, finalmente, por la celebración de un “Congreso por la Democracia, en Venezuela, con la participación de dos o tres invitados extranjeros de estatura internacional, a lo Clavel [Havel, se supone], Cardozo [Cardoso, se presume] u otros líderes democráticos del mundo, un Congreso donde la oposición se ponga de acuerdo en torno a estrategias electorales y programas de transición post-Chávez que sean breves, claros y sencillos”. Es decir, todo un evento de primera, con tarjetas de identificación en la solapa y todo.
Toda la pieza está profusamente ilustrada, con una secuencia de ocho fotografías. La que abre la serie y está más destacada es una de Jon Goikoetxea, en la que se le muestra micrófono de megáfono—¿contradictio in terminis?—en mano dirigiéndose a un grupo de estudiantes. No se le nombra en el artículo, pero se le concede el sitio de honor, luego de que recibiera el Premio Milton Friedman (líder de la “Escuela Monetarista de Chicago”, inspiradora de las economías de Ronald Reagan y Augusto Pinochet) de la Libertad. (Concedido por el Instituto Catón, un think tank de definición “libertaria”, es decir, derechista, que “busca ampliar los parámetros del debate de la política pública para permitir la consideración de los principios estadounidenses tradicionales del gobierno limitado, la libertad individual, los mercados libres y la paz”. Esto último, por cierto, no pareciera ser un “principio tradicional de gobierno” de los Estados Unidos, que sin contar una que otra invasioncilla menor se ha comprometido en al menos cuarenta y ocho guerras con posterioridad a su independencia. Una cuenta distinta puede verificarse en la incómoda Wikipedia—List of United States military history events—, que enumera más de doscientos cincuenta “principales despliegues extraterritoriales y domésticos”—guerras como la Segunda Mundial, la de Corea, la de Vietnam, la de Irak, etcétera cuentan cada una como una sola intervención—, sin contar setenta contra sus pieles rojas y la advertencia siguiente: “Además de las operaciones enumeradas arriba, los Estados Unidos tienen una muy activa política exterior que emplea diversos métodos para influir los eventos en otros países. Estos métodos incluyen: venta de armas, asesoría militar y adiestramiento, préstamos internacionales, sanciones económicas, ayuda al desarrollo, transmisiones radiales al exterior, donaciones a organizaciones no gubernamentales, apoyo a grupos separatistas y apoyo de medios de prensa antigubernamentales”). ¿Habrá sido ya coaptado por la derecha estadounidense el prometedor Goikoetxea?
Debajo de Goikoetxea sigue la foto—una de las más pequeñas—de Teodoro Petkoff, y por debajo de ésta las de Miguel Henrique Otero (“Movimiento 2D”), Antonio Ledezma, Oswaldo Álvarez Paz (“Movimiento 4D”), Marcel Granier (“Movimiento 4D”), Oscar García Mendoza (“Movimiento 4D”), Leopoldo López y, para cerrar, la de Manuel Rosales. Implicación: éstos son, para Coronel, los líderes venezolanos más importantes del momento, quienes debieran “dialogar”.
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La pieza de Coronel puede ser comentada a muchos niveles. Podría empezarse con el análisis de la última de sus oraciones citadas: “… un Congreso donde la oposición se ponga de acuerdo en torno a estrategias electorales y programas de transición post-Chávez que sean breves, claros y sencillos”. Primero que nada, una vez más la acción política relevante queda definida, para opinadores como Coronel, como “oposición” a Chávez. Si Chávez no existiera, ¿cuál sería entonces la esencia de esa acción? (Como el “postmodernismo”, que sólo atina a definirse en relación con el “modernismo” que lo precede). Luego, es sospechosa la cantidad de adjetivos—de transición post-Chávez, breves, claros, sencillos—para calificar a una sola noción sustantiva: programas. Claro, Coronel ha explicado antes que “[l]o que el país requiere ya es suficientemente sabido”, y por esto se abstiene de especificarlo, aunque luego propugne que sobre tal cosa hay que ponerse “de acuerdo”.
Después está su iluminadora declaración de que “la ausencia de Chávez es ya una alternativa a seguir teniendo a Chávez”. (La presencia de Coronel no es lo mismo que su ausencia). Adelanta tan profundo descubrimiento para postular su incomprensión del “argumento de distinguidos miembros de la oposición, ése de que Venezuela no tiene alternativas a Chávez y, que por ende, tenemos que aguantarlo resignadamente hasta el 2012 (o más allá)”. Ésta es una caracterización falaz. Lo que algunos distinguidos miembros “de la oposición” y otros observadores que no se definirían así—de los llamados “Ni-ni”, por ejemplo—han señalado es que no hay en el panorama político venezolano una oferta alterna de proporciones equivalentes a la chavista que, obsoleta y maligna como es, todavía no tiene competidores. (Por lo menos no hay ninguna que haya concitado igual grado de apoyo. ¿O es que acaso “Un sueño para Venezuela”, de Gerver Torres, después de años de patrocinio bancario y largo recorrido por el país, ha levantado una poblada?) Y este dato de nuestra terca realidad no es un axioma del que se desprenda, como teorema ineludible, que hay que calarse a Chávez hasta el 2012 (o más allá). Se trata de dos juicios independientes.
Ya que estamos en esto, puede apuntarse que ciertamente la elección que previsiblemente proveería un sucesor de Chávez ocurriría en 2012, pero en 2010 vuelve a presentarse la posibilidad constitucional de revocar su mandato. Esto no parece ser suficientemente rápido para Coronel—ni para el “movimiento” 2D—y por tanto lo que promueven, sin decirlo, no es un expediente constitucional. Repitamos una cláusula esclarecedora de Coronel: “La estrategia electoral es importante pero no es la única. Allí hay una diferencia de fondo entre el Grupo 2D y líderes como Petkoff, Borges y Rosales, para quienes la vía electoral parece ser la única y quienes parecen haberse convencido de que es necesario calarse a Chávez por cinco años más, a fin de derrotarlo electoralmente en el 2012”. No, la estrategia electoral no es la única, pero ninguna otra aceptable puede contradecirla.
Ha costado mucho haber obtenido los resultados, precisamente electorales, del pasado 2 de diciembre, fecha que ahora se apropia un grupo que procura desacreditar a quienes—Petkoff, Borges y Rosales—con el mayor acierto siempre pusieron fe en el camino electoral, incluso luego de la insensatez del insurreccional paro petrolero, la necedad de los invasores militares en Altamira, el incompetente manejo “coordinado” del fallido intento revocatorio y, sobre todo, la estupidez criminal de la conspiración que tuvo por mascarón de proa a Pedro Carmona Estanga. Hasta el mismo premiado de Catón, Jon Goikoetxea, muy principalmente, insistió siempre en que había que ir a votar el 2 de diciembre de 2007.
Cuatro días más tarde de esa fecha, esta publicación quiso despejar una que otra cosa previa, antes de sugerir un “orden correcto” de las tareas políticas, fortalecido por el crucial logro de rechazar el proyecto de “reforma constitucional” del combo Chávez-Asamblea Nacional. Así ponía: “La primera es la de despejar las leyendas urbanas alimentadas desde los recalcitrantes radicales de oposición que a estas alturas, como dice Luis Alberto Machado, en vez de regocijarse con los resultados del domingo, y por mantener tercamente que tenían razón cuando obviamente carecían de ella, andan buscando el modo de amargarse la vida. (Como, por ejemplo, la necedad totalmente falsa que circula en correos anónimos alegremente distribuidos: ‘Baduel, Chávez, el CNE, el Alto Mando Militar y los factores del NO, negocian unos resultados que no fueran humillantes para Chávez y aparecen esos resultados cerrados’. Esta estúpida especie es de la misma calaña de las que sostenían que Gaviria se vendió en agosto de 2004, que Petkoff fue a reunirse con Fidel Castro de regreso de la toma de posesión de Bachelet en abril de 2006 y que Rosales se reunió en Fuerte Tiuna en diciembre de ese mismo año para negociar su rendición)”. Y luego recomendaba: “Hay, en cambio, un evento electoral inexorablemente pautado para 2008: las elecciones de nuevos gobernadores y alcaldes. Sólo un poco más de diez meses nos separan de esos comicios… La preparación de candidaturas para esa circunstancia ineludible debe comenzar ya”.
En efecto, hay una “diferencia de fondo entre el Grupo 2D y líderes como Petkoff, Borges y Rosales”, y es por ella que el “diálogo” que Coronel vislumbra entre ambos bandos es más bien ilusorio. Es quizás imposible.
………
“Uno crea sus propios precursores”, dijo una vez Jorge Luis Borges, quien inspirara a Michel Foucault, para indicar que a veces uno arriba independientemente a un hallazgo ya encontrado antes por otros. Esto ha debido pasar a Antonio Sánchez García (“Movimiento 4D”), que escribe anteayer el artículo “¡Renuncie, Presidente!”, que encabeza de este modo: “Esa sería la exigencia que una oposición política seria, digna y honorable, a la altura de las circunstancias y responsable ante el pasado, el presente y el futuro de su patria, le hubiera planteado ya hace horas a quien, dirigiendo los destinos de un país decente, hubiera sido desenmascarado ante el mundo como un mandatario irresponsable de su alta investidura, coaligado con las narcoguerrillas de un país vecino y embarcado en la aventura de destruir sus bases morales, jurídicas y culturales”.
Once días antes, el viernes 9 de mayo, el suscrito fue entrevistado gentilmente por José Gregorio Graterol desde Unión Radio. El rumbo de la conversación llevó a que comentara que a principios de 2002, cuando comenzaba a generalizarse en el país la impresión de que una continuación de Chávez en el poder era nacionalmente inconveniente—mayoría civil destrozada por los conspiradores de abril—, los analistas revisaban un abanico de posibilidades: enmienda para recorte del período (Raffalli, Primero Justicia), nueva constituyente, referendo consultivo, “acta de abolición” (quien escribe) y hasta golpe de Estado puro y simple (Olavarría, en el artículo “Derecho de rebelión”). Pero más allá de la consigna inmediatista de las marchas de la época (“¡Chávez, vete ya!”) nunca fue seriamente considerada la petición masiva de la renuncia presidencial, seguramente porque, con alguna razón, se pensaba que Chávez había llegado al poder para aferrarse a él. Entonces dije a Graterol, luego de inventario breve de las más recientes arbitrariedades y delincuencias de Hugo Chávez, que bien pudiera hacerse necesario exigírsela.
Es poco probable que Sánchez García haya escuchado el programa de Graterol, así que estaría en la situación borgiana. Esto tranquiliza a quien escribe, pues usualmente está en desacuerdo con Sánchez García. Del propio artículo de éste se desprende que cree que Chávez haría caso omiso de una petición de renuncia (a la que habría que construirle una abrumadora mayoría para que fuese eficaz). Por esto es otra cosa a la que apunta cuando, también descargando su invectiva contra los dirigentes partidistas—“Ante el ominoso silencio de quienes debieran estar exigiendo su inmediata renuncia”—, cierra su argumento con las horrorizadas preguntas: “¿Habrá quienes honren lo que nuestra sociedad civil espera de ellos? ¿Habrá quienes asuman el peso de la historia y salven la Patria en peligro? ¿O esperaremos insensibles hasta alcanzar el último grado de la degradación moral?” Así concluye: “De la respuesta a estas sencillas interrogantes depende el futuro de la Patria”.
Sánchez García fue figura muy visible del “Movimiento 4D”, aquel grupo en el que destacaban dos de los retratados por Coronel, Oscar García Mendoza (patrocinante de “Un sueño para Venezuela”) y Marcel Granier. (De éste se guindó oportunamente Sánchez García, cuando a raíz del arrebatón contra RCTV dijera: “Venezuela ha perdido un canal, pero ha ganado un estadista”). Éste era otro “movimiento” inmediatista más—ya difunto—, que pretendía que el silencio de la abstención de 75% en las elecciones para Asamblea Nacional en 2005 equivalía a catorce “mandatos” específicos “del Pueblo a la Nación” que jamás fueron pronunciados.
Ahora ha sido sucedido por otro “movimiento” (rebajado de 4D a 2D) con parecido propósito. El más notorio líder (su presidente de facto) de la nueva agrupación, a la que no se puede augurar destino mejor que el de la precedente, es Miguel Henrique Otero, editor y codueño del diario El Nacional. Es el mismo periódico que apoyó a Hugo Chávez en 1998 y al comienzo de su gobierno, cuando uno de sus antiguos directores, el desaparecido Alfredo Peña (trasladado de prisa a Venevisión la última vez que Caldera ganó una elección), fungía como Ministro de la Secretaría de la Presidencia de Chávez, y cuando quien entonces era la esposa de Otero, Carmen Ramia, aún dirigía la Oficina Central de Información.
Otero dice no tener nada en contra de los partidos de oposición o las elecciones regionales, aunque advierte: «Pero para llegar al proceso del 23 de noviembre, primero se deben (sic) atender las irregularidades en el área militar y educativa, por ejemplo”. De lo educativo se está ocupando un gentío; ¿será que Otero (o su “movimiento”) se ocupa de “las irregularidades en el área militar”?
Lo que nos lleva a mencionar al más nuevo entre los mártires castrenses, el general Francisco Usón, otro notorio líder del “Movimiento 4D”. (También muy cómodo en la primera parte del gobierno de Chávez, al punto de que fuera su Ministro de Finanzas en 2001 y hasta 2002, hasta cuatro años después de iniciado el estropicio). Usón ha dicho en Globovisión que el “Movimiento 4D” “representa a todos los venezolanos que, en un momento dado, estamos preocupados por la situación del país”. Ha debido preocuparse él antes, desde 1999 al menos, por un lado; por el otro, el “Movimiento 4D” representa, si acaso, a los opositores más talibánicos y atrabiliarios de Hugo Chávez, que nunca han tenido sentido político y que, en más de una ocasión, fueron sus promotores de antaño.
El 28 de febrero de este año, la Carta Semanal #276 de doctorpolítico advertía: “…no es en absoluto despreciable la probabilidad de que este quinquenio no culmine. Muchos factores, en convergencia no necesariamente planeada, pueden suscitar un desenlace distinto: la interrupción del mandato de Chávez antes de que llegue a su término constitucional”. Pero también señalaba: “Suceder a Hugo Chávez en la Presidencia de la República es, sin duda, un asunto enormemente complejo… como dice el adagio político norteamericano, you can’t fight somebody with nobody. Si se ve la cosa desde el punto de vista de la oposición a Chávez, la ausencia de una figura nacional clara, con suficiente arraigo, es la más evidente carencia política”. Y más adelante: “Lo más probable es que el régimen de Chávez pueda superar este año de 2008, especialmente porque la población querrá esperar la consulta electoral de noviembre, que será un indicador muy significativo del apoyo que haya podido conservar. Todavía pudiera sobrevivir a 2009. La mera inercia de un ente tan enorme como el gobierno hará que su caída no sea excesivamente rápida, como debe comenzar a frenarse un supertanquero unas buenas decenas de kilómetros antes de llegar a Rotterdam, so pena de encallar en medio de la ciudad. El éxito de un referéndum revocatorio será más seguro en la medida en que se haya hecho universalmente insoportable el gobierno de Chávez, y para esto deberá invertirse lo que queda de este año y el siguiente. Así como Chávez tuvo la paciencia de esperar cinco años para revocar la licencia de señal abierta a RCTV, así debiera tenerse pulso firme para eludir atajos desesperados y asegurar la revocación”.
Ni Miguel Henrique Otero es, después de muy largos intentos, una figura nacional clara con suficiente arraigo, ni debe permitírsele que nos lleve por atajos desesperados.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | May 20, 2008 | Fichas, Política |

LEA, por favor
A Juan Bravo Sananes
Es una fortuna para nuestro país que Yehezkel Dror lo haya conocido y amado. En un cortejo mutuo que duró entre 1972 y 1994, el profesor Dror visitó innumerables veces a Venezuela, en cuyo destino, con dolor creciente, no ha dejado de interesarse.
Yehezkel Dror es una autoridad mundial en los temas de la gran política: la toma de decisiones de alto nivel. Nacido en Viena y graduado en leyes en Harvard, Dror saltó a la atención de los entendidos con un penetrante e inusual libro: Crazy States: A Counterconventional Strategic Problem. (1971). Un año más tarde dictaba en Caracas su primer “taller” para tomadores de decisiones de alto nivel. Desde entonces, Dror penetró y cofundó el campo de las policy sciences desde un nivel de universalidad sin precedentes. Los gobiernos de Canadá, Holanda e Inglaterra, por mencionar algunas naciones cliente, así como la Comunidad Europea en Maastricht buscaron sus servicios de brujo insuperable. En su propio país de adopción y residencia, Israel, Dror fue Wolfson Professor of Political Science en la Universidad Hebrea de Jerusalén, y sabio residente (chief scientist) del Partido Laborista y el Ministerio de Industrias. En la actualidad dirige un novedoso think tank que fundara hace poco: el Jewish People Policy Planning Institute, JPPPI. (http://www.jpppi.org.il/).
El profesor Dror es autor de un buen número de libros de gran importancia en su campo: Design for Policy Sciences, Public Policy-Making Reexamined, Policymaking Under Adversity, y el monumental Capacity to Govern: A Report to the Club of Rome (2001), así como el ya mencionado Crazy States. Ahora pone a punto su próximo libro, The New Ruler, un manual de sabiduría para el ejercicio de un “Nuevo Gobernante”, que Dror define como “un líder político modelo de nivel superior requerido en el siglo 21”.
Fue con gran alegría que el suscrito recibiera anteayer, de manos del propio Dror, una sinopsis del libro, aparecida como documento base en el sitio web del JPPPI: The New Ruler: Leadership for the 21st Century. (Todo el ensayo está permeado por un concepto, ofrecido ya por Dror en su informe al Club de Roma: la superación de la vieja «razón de Estado» por la más universal «razón de humanidad»). De este artículo se traduce en esta Ficha Semanal #195 de doctorpolítico su sección final: “Un espejo personal para políticos que aspiran a parecerse a un Nuevo Gobernante”, que está estructurada en diecisiete consejos específicos.
Quien escribe admite haber sentido una cierta alarma al leer la décima cuarta prescripción: “Para todo lo que hagas, independientemente de su validez, necesitarás mucho poder. Inevitablemente, tendrás que usar estratagemas que podrán ser inmorales. Haz esto muy de vez en cuando, y pon cuidado extra en que no envenenen tu alma”. Es mi preferencia no dejar ni un solo resquicio a la inmoralidad, pues por él se colarán después, con facilidad, violaciones mayores una vez que uno se tolera “pecados veniales”. Prefiero, pues, entender esta admonición de Yehezkel Dror—en quien me honro en reconocer a mi amigo y mentor de más de treinta años—en los términos acuñados por otro gran judío, Isaac Asimov: “Nunca dejes que tu sentido de la moralidad te impida hacer lo que es correcto”.
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El líder ante el espejo
1. Como fundamento de todo lo que pienses y hagas, entiende que ser un Nuevo Gobernante es una vocación y una misión que te impone muchas responsabilidades, con privilegios que son sólo un instrumento que te ayude a cumplir tus tareas.
2. Como político de alto nivel del siglo 21, o como quien aspira a serlo, tu primera misión es o será cuidar del futuro a largo plazo de la humanidad y tu país. Esto implica dedicar mucha atención, en la contemplación tanto como en la acción, al tejido del futuro hacia los cimientos de un mundo nuevo.
3. Esto no significa que el aquí y ahora no sean parte de tu deber, pero no deberás permitir que el “tiempo de ahora” y el “aquí estoy” dominen tu mente y monopolicen tu atención. Más bien, el cuidado del futuro deberá recibir alta prioridad tanto en tu mente como en tus acciones.
4. Para hacer esto con eficacia debes desarrollar el carácter, los valores, las capacidades cognitivas, el conocimiento y las destrezas de conducta esenciales para cumplir tu misión principal y también las misiones secundarias.
5. Como político, en parte te debes a quienes te eligieron y te seleccionaron. Pero compartes responsabilidad por el futuro de la humanidad entera. Por tanto, deberás dar mucho peso en tus decisiones importantes a consideraciones de la raison d’humanité.
6. Tejer el futuro implica cuestiones morales que no tienen precedente, tales como el significado de la “justicia” a una escala planetaria, los usos justificados de la fuerza, la limitación de la libertad de la ciencia y la información, y el manejo del potencial de la biotecnología. La consideración de estas cuestiones es, por consiguiente, una apremiante condición “práctica” para llegar responsablemente a una decisión sobre la acción apropiada. Para hacer esto deberás involucrarte en mucho pensamiento penetrante que te provea fundaciones profundas de la práctica y la pragmática.
7. De hecho, necesitas más. Para decidirte de modo responsable, necesitas involucrarte en mucha contemplación. No permitas que la presión de los eventos cotidianos, tu aprecio por la compañía y las tentaciones de ser “práctico” te impidan involucrarte solitariamente en mucha contemplación dirigida a la acción.
8. El pensar-en-la-historia está en el núcleo de tu intento por dar forma al futuro. Debes entender los procesos globales para ser capaz de optimizar intervenciones en ellos, lo que a menudo asumirá la forma de “gran política”. Esto requiere una exhaustiva conciencia de la complejidad de los procesos históricos, los que no son lineales y son densos no sólo en incertidumbre sino también en la cualidad de ser inconcebibles. No menos importantes son la identificación e invención de opciones de política que, realizadas con una adecuada masa crítica, pueden cambiar trayectorias históricas hacia direcciones deseadas. Es imperativo el desarrollo de tus capacidades de pensar, sentir y decidir en esos términos, así como dentro de marcos de surgimiento y declinación.
9. Evita ser cautivado por eslóganes simplistas, tales como el de la “sustentabilidad”, o ser esclavizado por “soluciones” simples, tales como dejar todos los problemas difíciles a la magia del mercado. Evita también las jaulas mentales de la “corrección política”, aun cuando no puedas admitirlo en público.
10. La educación del público es una de tus principales misiones, como un valor en sí misma y como una precondición para la realización de nuevas políticas y la movilización del apoyo que necesitas para hacerlo. El empleo de nuevos modos de interacción y comunicación, tales como nuevos sitios de redes como Facebook, blogs, YouTube y similares, puede ser muy útil, y te hará menos dependiente de recursos monetarios y popularidad en los medios masivos. Pero cuida no resbalarte de la educación del público hacia la fosa de la propaganda y el sesgo de los medios masivos.
11. La advertencia precedente no es más que una introducción a tu difícil y dolorosa tarea de involucrarte en mucha destrucción creativa, tanto en relación con tus ideas favoritas como con los tercos datos exteriores de las opiniones fijas, los intereses creados y otras tiranías del statu quo.
12. La participación en la construcción de una decisiva gobernabilidad planetaria, como algo esencial al futuro de la humanidad, es parte de tu misión. La cooperación con Nuevos Gobernantes es un modo principal de cumplirla.
13. Dependes de otros para ayudarte a pensar y decidir y para implementar tus opciones. Cuida evitar los amigotes y a quienes te dicen que sí a todo. En su lugar, construye equipos de consejo y consulta compuestos de personas dispuestas a decirle la verdad al poder. Pero no confíes en un único grupo de consejeros. Mientras más importante sea una cuestión, más deberás exponerte a una multiplicidad de perspectivas, puntos de vista, evaluaciones y opciones. Pero sé siempre escéptico, tanto de ti mismo como de los demás.
14. Para todo lo que hagas, independientemente de su validez, necesitarás mucho poder. Inevitablemente, tendrás que usar estratagemas que podrán ser inmorales. Haz esto muy de vez en cuando, y pon cuidado extra en que no envenenen tu alma.
15. Evita una “política como el arte de lo posible”, impulsada por encuestas de opinión y la búsqueda de compromisos fáciles, en vez de luchar por la mejor opción sobre sus méritos sustanciales. Explicarte a ti mismo, y la ilustración del público y la construcción de coaliciones apropiadas de los dispuestos deben ser tus herramientas principales para lograr el consenso necesario, no los sesgos de los medios masivos.
16. Es también necesario el cultivo de una filosofía personal adecuada, incluyendo mucho entusiasmo estoico, para que puedas persistir haciendo lo muy difícil.
17. Ningún ser humano puede llegar a ser un Nuevo Gobernante perfecto. Pero puedes luchar por aproximarte a él. Esto requiere autoconciencia y autoevaluación constantes, así como una ardua reconstrucción de ti mismo, asistida por consejeros de gran estatura en quienes confíes.
Yehezkel Dror
por Luis Enrique Alcalá | May 15, 2008 | Cartas, Política |

O Luis Inazio Lula Da Silva está muy mal informado, o no tiene escrúpulos para decir tonterías. Su declaración de que Hugo Chávez Frías es, sin lugar a dudas, el mejor presidente de Venezuela en los últimos cien años es una necedad que pudiera ser calificada de incomparable. Porque Lula establece una comparación implícita con más de un prohombre venezolano del siglo XX. De los varios presidentes de Venezuela en el último siglo, hay al menos tres que descuellan como modelos de rectitud republicana y, ciertamente, habitan nichos inalcanzables para Chávez: Isaías Medina Angarita, Rómulo Betancourt y Rafael Caldera Rodríguez. Este último dijo hace unos años en acto abierto que Venezuela había contado en su historia con dos arquitectos de la cosa pública: uno, Simón Bolívar, había sido el arquitecto de la libertad; el otro, Rómulo Betancourt, el arquitecto de la democracia. En esta compañía Chávez viene a ser, en el mejor de los casos, el albañil del odio.
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Le toca ahora recibir procacidad—un tanto refrenada—de parte de Hugo Chávez, a Ángela Merkel, Canciller de la República Alemana. ¿Qué la hace merecedora de tan distinguido tratamiento? Pues Doña Ángela se ha permitido opinar que Hugo Chávez no es la voz de América Latina. ¿Es esto una falsedad o, al menos, una inexactitud?
Es posible, naturalmente, anotar como aliados prácticamente incondicionales de Chávez a Fidel (no Raúl) Castro, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega, y como alcahuetes de conveniencia a Cristina Kirchner y a Lula Da Silva. Este último puede que haya sido deslumbrado por la indiscutible fuerza de la revolución chavista, pero es que ésta es una revolución fácil, que se estableció en el desierto político que existía para 1998—producto de la erosión provocada o permitida por Acción Democrática y COPEI, principalmente—y ha sobrevivido gracias a un erario de 600 mil millones de dólares buenos para el soborno ciudadano, mientras siembra división social e improvisa según los interminables caprichos de su líder. Uno pudiera coincidir con Lula si éste se limitase a decir, con verdad, que Venezuela no había conocido, en los últimos cien años, un presidente como Chávez. En eso tendría razón.
Pero apartando estos seis mandatarios, Chávez no puede ser tenido por vocero de Michelle Bachelet, Álvaro Colom, Alan García, Álvaro Uribe, Elías Antonio Saca, Tabaré Vásquez, Oscar Arias, Manuel Zelaya Rosales, Martín Torrijos, Leonel Fernández o Felipe Calderón, por no mencionar que tampoco representa muy bien al senado brasileño o al chileno. Habrá que ver por dónde viene Fernando Lugo, de Paraguay. Más moderado que Lula, ha dicho que encuentra “interesante” la actual presidencia venezolana, pero en general ha procurado distanciarse de figuras populistas.
Entonces, ¿incurrió en inexactitud la canciller Merkel al afirmar que Chávez no puede ser comprendido como la voz de América Latina? ¿Es ésa, su evaluación personal, una afrenta imperdonable a Venezuela?
Por supuesto que no. A pesar de asunto tan evidente, el presidente Chávez formuló la mitad de una grosería—la detuvo porque, según dijo, se trata de una mujer (lo que no le ha impedido insultar a Condoleezza Rice o maltratar a su antigua esposa)—y afirmó que la señora Merkel pertenecía “al mismo partido de derecha radical que apoyó a Hitler”.
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Antes de resultar electa como Canciller de Alemania, Ángela Merkel fue la Presidenta de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) desde el 9 de abril del año 2000. A partir de noviembre de 2005 dirige el ejecutivo alemán y una “Gran Coalición” de gobierno compuesta por su partido, la Unión Social Cristiana (CSU) y el Partido Social Demócrata de Alemania (SPD). Es una coalición que subsiste desde hace casi tres años, lo que habla volúmenes enteros de su tino conciliatorio y su disposición democrática. O sea, luce talentos ausentes en Chávez.
Merkel es la primera mujer que dirige a la Alemania moderna (1871 hasta ahora), y su canciller más joven desde la Segunda Guerra Mundial, tragedia que no conoció personalmente, puesto que nació en 1954, nueve años después de que Adolfo Hitler estuviera muy fallecido. Difícilmente puede suponerse que ella, personalmente, hubiera tomado partido por el aberrante dictador de los alemanes.
Pero claro, Chávez no dijo que Ángela Merkel hubiera defendido a Hitler de modo personal. En realidad, lo que afirmó es que ella pertenecía a un partido “de derecha radical” que sí lo había hecho. Esto es lo que hay que dilucidar.
La Unión Demócrata Cristiana a la que Merkel pertenece fue fundada al término de la Segunda Guerra Mundial, de nuevo una vez que Hitler se hubiera suicidado mucho y hubiese sido exhaustivamente cremado. El primer líder de la CDU en Berlín, Andreas Hermes, fue puesto en la cárcel por los nazis. ¿Por qué razón? Pues porque participó en el complot del 20 de julio de 1944, cuyo propósito era asesinar a Adolfo Hitler, quien escapó de milagro al atentado en Rastenburg. No pareciera, entonces, que ese líder primigenio de la CDU defendiese mucho al señor Hitler. (A propósito, el complot había logrado reclutar muchos oficiales renuentes para mediados de 1944 porque ya se tenía noticia de la matanza de 250.000 judíos húngaros en Auschwitz, como culminación del Holocausto que Mahmoud Ahmadinejad, otro de los socios “latinoamericanos” de Chávez, se especializa en negar).
También fue prisionero de los nazis nadie menos que Konrad Adenauer, el líder fundamental de la democracia cristiana germánica—y de la democracia en general—y primer Canciller de la República Federal Alemana.
Adenauer fue preso de Hitler por primera vez en 1934, a raíz de la “Noche de los Cuchillos Largos”, cuando uno o dos centenares de asesinatos fueron perpetrados y más de un millar de personas fue a la cárcel por razones políticas. Antes, debió refugiarse en una abadía porque los nazis lo acosaban desde que se había negado a estrechar la mano de uno de sus líderes en Colonia, donde Adenauer ya tenía ascendencia política. (Había sido alcalde de la ciudad desde 1917 hasta 1933, y Presidente del Consejo Prusiano de Estado hasta este último año—es decir, a la llegada de Hitler al poder—desde 1922). Como pasó con Hermes, fue apresado otra vez en 1944 luego del atentado contra Hitler. La Gestapo no pudo probar su participación en el complot y magnánimamente lo liberó pocas semanas después.
Pero Konrad Adenauer había sido líder prominente del Partido del Centro, que puede ser visto de algún modo como antecesor de la CDU. (En el sentido de que una buena cantidad de sus antiguos miembros se afilió a la Unión Demócrata Cristiana a su fundación). ¿Puede decirse que esta antigua raíz de la CDU apoyó al nacional-socialismo en algún momento? En ningún caso; los centristas se opusieron tempranamente a los nazis, y en particular dirigieron ataques feroces contra Franz von Papen, antiguo militante del Partido del Centro, a quien consideraban un traidor. (Von Pappen, llamado a la cancillería alemana por el anciano presidente von Hindenburg, negoció el acceso de Hitler al poder accediendo en secreto a servir como Vicecanciller de éste. Después de verse forzado a renunciar—luego de la Noche de los Cuchillos Largos—todavía aceptó von Papen representar a Hitler como su embajador en Austria, donde preparó la penetración nazi en este país hasta 1938, el año del Anschluss).
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Volviendo a Doña Ángela. A pesar de nacer en Hamburgo, se crió y creció en la República Democrática Alemana (RDA)—en Templin, Brandenburgo—esto es, en la Alemania comunista. Llegó incluso a formar parte de la Juventud Alemana Libre (FDJ), el movimiento oficial de la RDA para el adoctrinamiento de los jóvenes en las exquisiteces del marxismo-leninismo. (La FDJ, dicho sea de paso, había nacido en 1936 para oponerse, justamente, al gobierno de Adolfo Hitler). De hecho, la señora Merkel, Doctora en Física (luego de tesis de grado en algún tema de química cuántica), llegó a ser miembro del consejo distrital de esa organización en su zona y nada menos que Secretaria de Agitación y Propaganda del mismo grupo en la Academia de Ciencias. Ahora lleva tendencia conservadora, pero fue ideológicamente preparada en el marxismo, de manera que más bien ha podido tener una que otra afinidad con Hugo Chávez, que el pasado domingo casi la insulta. (Le dijo que se fuera a… sin terminar de especificarle destino). No hay absolutamente nada en la señora Merkel, ni directamente ni por asociación, que pueda vincularla en nada con Adolfo Hitler.
Dicho todo lo que antecede, es evidentísimo que una vez más Hugo Chávez hace gala de su incontinencia verbal y su irresponsable ignorancia. Pero él se la pasa exigiendo que otros se retracten—todavía está su mejilla ruborosa por el consejo real de callarse la boca—, exigencia que es incapaz de aplicarse a sí mismo.
No, Hugo Chávez no nació para la rectificación. Mucho menos para reconocer que ve pajas en ojos ajenos cuando tiene más de una viga en el propio. En uno de sus primeros periplos euroasiáticos visitó Alemania, y en uno de los discursos que pronunció en la tierra de Ángela Merkel expuso que él admiraba mucho a ese país, en particular porque los alemanes habían dado al mundo uno de sus mayores avances tecnológicos: ¡las divisiones Panzer! (Por supuesto, consideraba natural esta apreciación, por ser él un militar de blindados. Venía, por lo demás, de celebrar en China—donde, según dice un reciente visitante venezolano, sólo pudo ver un retrato de Mao Tse Tung, frente a la sede del Partido Comunista Chino, mientras vio centenares con la efigie del Coronel Sanders—la afinidad entre la revolución comunista en ese país y la revolución venezolana que él dirigía).
No, Hugo Chávez es incapaz de cometer el pecado de sindéresis. Acusa de defender a Hitler a un partido, el de la señora Merkel, que jamás lo hizo, y olvida (porque en verdad ya se le olvidó, de tanta sandez que ha dicho) que en 1999 escribía una carta a la Corte Suprema de Justicia que cerraba así: “El Estado investido de soberanía, en el exterior solo tiene iguales, pero la justicia internacional no alcanza a quienes, por centrifugados, tendrían que ser mutilados (Ratzel; McKinder). Esas son las razones por las cuales el Jefe de Estado conduce, en soledad, la política exterior y, en soledad, es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Nacionales. Inmerso en un peligroso escenario de Causas Generales que dominan el planeta (Montesquieu; Darwin), debo confirmar ante la Honorabilísima Corte Suprema de Justicia el Principio de la exclusividad presidencial en la conducción del Estado”.
Vale la pena apuntar que las tesis geopolíticas de Halford John Mackinder, inglés, y Friedrich Ratzel, alemán, cuya autoridad evocaba Chávez para decir a los magistrados de 1999 que él era el mandamás, fueron asumidas por los nazis como justificadores “científicos” de su dominación. (En especial la tesis del “espacio vital” del profesor Ratzel). Esto es, que Chávez está muchísimo más cerca de Hitler que la señora Merkel.
En efecto, Chávez es una especie de embrión o maqueta inconclusa copiada de Adolf Hitler. Concédase, en honor a la verdad, que la malignidad del chavoma es inconmensurablemente menor que la del hitleroma. Nadie puede acusar a Chávez de noches “de cuchillos largos” o de “vidrios rotos”; nadie puede decir que ha asesinado a seis millones de judíos—tan sólo los desprecia y los insulta—, como tampoco que ha desatado una guerra mundial, pues se limita a librar una mini Guerra Fría en apariencia valerosa contra la primera potencia mundial.
No se trata, por tanto, de exagerar. Si uno echa en falta el sentido de responsabilidad en Hugo Chávez, no puede uno incurrir en barbaridades análogas a las que él profiere.
Pero la forma de su dominación y su gobierno, su fractal, diríase, se parece mucho, aunque embrionariamente, al de Adolfo Hitler, y este rasgo era distinguible en él desde bien temprano. El 19 de agosto de 1998, poco antes de que Chávez ganara sus primeras elecciones, el suscrito componía un artículo—El efecto Munich—que publicó días después el diario La Verdad de Maracaibo. Ya entonces era posible decir cosas como éstas: “Como Hitler con el tristemente célebre putsch de la cervecería, Chávez marcó su origen político con un fracasado intento de tomar el poder por la fuerza. Como Hitler con sus camisas pardas, Chávez ha organizado fuerzas de choque a las que ha juramentado para combatir en caso de que su ‘inevitable’ triunfo electoral le sea desconocido. Como Hitler ante el envejecido Hindenburg, ha querido adelantar las elecciones presidenciales para recortar el período de nuestro anciano presidente”. (Creo que se trató de la primera vez que se estableciera en público una afinidad entre Adolfo Hitler y Hugo Chávez). Es Chávez, no Merkel, quien se parece a Hitler.
Dime con quién andas y te diré quién eres. Las gigantografías que adornan, en adulación obscena, las paredes exteriores de las oficinas del SENIAT, hablan de una integración latinoamericana con una efigie central de Simón Bolívar, rodeada de fotografías, todas de Chávez, en compañía de un selecto grupo de mandatarios de América Latina. Entre ellas descuella, en posición superior, una con Raúl Castro. Chávez se declara panadería burda de Mahmoud Ahmadinejad, Robert Mugabe y Alexander Lukashenko (conocido este último por fomentar el culto de su personalidad y la añoranza de la era soviética en Bielorrusia).
Chávez, pues, se siente muy cómodo entre dictadores. Lo que más envidia de Simón Bolívar son los poderes dictatoriales que más de una vez le tocaron. Por de pronto, tal vez se encuentre con Ángela Merkel en Lima. Ella ha dicho que saludará a todos los presidentes, lo que incluye, por supuesto, a Chávez. Sería muy interesante conocer el diálogo que pudiera producirse entre ambos.
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