por Luis Enrique Alcalá | Abr 16, 2009 | LEA, Política |

Una crónica de los días cuaresmales en Sebucán, urbanización del Municipio Sucre caraqueño, reportaría que en la intersección de su cuarta calle transversal con la avenida Miguel Otero Silva se procedió a quemar un Judas en Domingo de Resurrección, un evento que no había ocurrido en ese preciso sitio en, al menos, los últimos veinte años. Por la mera observación de la figura de espantapájaros habría sido imposible determinar a quién representaba, pero un joven que solicitaba de conductores y peatones dinero para el financiamiento de bebida alcohólica portaba un cartel explicativo: se trataba de una efigie de Hugo Chávez.
Tal vez sea apresurado concluir por ese hecho que la popularidad presidencial en fechas recientes haya disminuido; la veintena de jóvenes motorizados—que cualquier encuestadora hubiera clasificado del segmento C hacia abajo—ha podido razonar su mercadeo y previsto, en una urbanización con pobladores del segmento C hacia muy arriba, que sería mucho más fácil recoger plata si se anunciaba la quema de un modelo del Presidente de la República. Aun así, la lectura más favorable a Chávez es que los inquisidores de la prevista pira no le respetan ya, no le tienen miedo.
En la misma zona, quien escribe esperaba unos días antes el Metrobús 111 frente al Polideportivo del Parque Miranda, con el plan de bajarse unos metros más arriba de la ubicación de Judas Chávez. En el poste que señala la parada sobre la avenida Rómulo Gallegos, contemplaba la ineludible publicidad roja del SENIAT, con la infaltable y destacada mención de Chávez. Pequeña muestra, por supuesto, del abuso característico del actual gobierno venezolano.
La molestia y el ensimismamiento fueron rotos por un ruido de metal y pavimento contrapuestos. Era la pala de un empleado del Municipio Sucre que barría, con instrumento ineficiente, hojas y basura de la calle al borde de la acera. Ya no vestía franela roja, sino color crema, y no avisaba algún lema socialista, sino la más sutil insinuación: “El cambio ya empezó”, o algo por el estilo. ¡Qué lástima—pensé—que el alcalde por el que voté con el mayor gusto emplee también dineros públicos para propaganda política! La obscenidad de la propaganda gigantográfica y omnipresente de Chávez, por descontado, es mil veces peor que tan inocuo eslogan, pero la cosa evocó de inmediato el número aquel de 800-IRENE.
Esa leve inconformidad desapareció por completo en Sábado de Gloria. A eso de las cinco y media de la tarde, buena parte de un corpulento árbol cayó sobre un automóvil que pasaba por la tercera transversal de Sebucán, por fortuna sin lesiones graves a los ocupantes. Toda la calle quedó obstruida.
Poco antes de las ocho de la noche la normalidad había sido restablecida. Un camión con trabajadores del Municipio Sucre ya había recogido el estropicio, en horas tardías de difícil día de Cuaresma y respuesta veloz. El cambio, me di cuenta, ya ha empezado.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Abr 14, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
El “destacado hombre de lucha e intelectual de valía” Carlos Blanco, que cada domingo escribe Tiempo de palabra para el diario El Universal, tuvo destacada función pública durante la presidencia de Jaime Lusinchi, cuando ejerciera la Secretaría Ejecutiva de la famosa y extinta COPRE (Comisión Presidencial para la Reforma del Estado), y luego la Presidencia del mismo organismo entre 1989 y 1992, en el segundo e inconcluso período de Carlos Andrés Pérez.
Cada pieza dominical de Blanco es texto adelantado en tono usualmente lapidario, definitivo. Por caso: el domingo 22 de junio de 2008 aseguraba: “No ha habido proyecto más importante y radical para cambiar el país y el Estado que el elaborado por la Copre”. Es decir, el organismo que él dirigió.
En el mismo artículo abría fuegos de este modo: “Si por algo este gobierno será condenado por la Historia, por los de abajo, por los suyos y los de acá, no será por exceso de revolución sino por su carencia. No por los cambios que hizo, sino por los que dejó de hacer. No por la audacia real y profunda, sino por sus vacilaciones y timideces”. De paso explicó: “Sin embargo, si la revolución se entendiera en un sentido más amplio, como reforma profunda y radical, por supuesto que sí era y es necesaria. Un cambio bravo y rudo ya estaba asomando su tentadora y amenazante necesidad a finales de los 80”.
¿Qué clase de revolución tendría en mente Blanco al opinar de tal manera? Quizás una clave se encuentre en artículo que le publicara la revista Resumen—de famosa dirección por Jorge Olavarría—en su edición del 6 de diciembre de 1981, a comienzos de la década que a su conclusión, según Blanco, ya hacía evidente con rudeza—por ejemplo, con el Caracazo de 1989 (año en el que Blanco comenzaba su presidencia de la COPRE)—la necesidad de revolución. En el artículo de Resumen (Vol. XXXIII, Nº 422), Carlos Blanco apoyaba una proposición de Manuel Alfredo Rodríguez, la de un “frente nacional”, en estos términos: “Desde el punto de vista social un proyecto de esta naturaleza deberá enfrentar con severidad a los sectores monopolistas internos, articulados al capital transnacional y que en el plano económico son la expresión más conspicua del imperio norteamericano”. Antes había diagnosticado: “…se ha ido gestando una oligarquía burocrática, plutocrática y partidista, que se ha apoderado de las palancas de las instituciones publicas y privadas de Venezuela. Esta oligarquía no sólo defiende sus inmediatos intereses pecuniarios, sino que su estatuto moral—orientado por la rapiña más desconsiderada—se ha ido imponiendo como el tono espiritual de los núcleos de poder fundamentales”.
Como puede verse, se trata de una retórica muy parecida a la del gobierno actual, y entonces la metamorfosis de Blanco ofrece una esperanza: los radicales de izquierda, con excepciones, tienden a moderarse con el paso de los años.
La Ficha Semanal #237 de doctorpolítico reproduce in toto el artículo de Carlos Blanco para el número 422 de Resumen, el que fuera publicado bajo el título Posibilidades de un frente nacional. Justo al final, contiene una sorpresa.
LEA
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Un frente nacional
Recientemente, Manuel Alfredo Rodriguez, destacado hombre de lucha e intelectual de valía, ha insistido en la necesidad de promover un gran frente nacional o movimiento de convergencia con el propósito de generar “un nuevo proyecto político capaz de acceder al poder y de proporcionar un nuevo y actualizado modelo a la democracia venezolana”. Creo que este es un tema de excepcional importancia en la Venezuela de hoy y que debe ser discutido seriamente.
Las demandas del país
Ya nadie ignora que la nación está sometida a una de las situaciones más comprometidas de su historia, pues algo así como un ambiente de “fin de mundo” recorre vastas porciones de la población. No sólo se trata del agravamiento de los problemas seculares, sino también de que quienes tienen en sus manos la responsabilidad de afrontar la crisis—fundamentalmente los núcleos dirigentes de AD y Copei—carecen de proposiciones políticas novedosas, aptas para responder a la desarticulación del “modelo” político y económico vigente desde 1958. La dirección dominante en el país ha construido un tipo de democracia aun mas restrictiva que en otros países que poseen regímenes similares, pues en nombre de esta democracia ni siquiera esa mínima participación ciudadana, que funciona casi como hoja de parra del sistema, adquiere vigencia.
Por el contrario, la exclusión de la deliberación y de cualquier atisbo de decisión de la mayoría de los ciudadanos es la nota que predomina, y si esto fuese poco ocurre que en el seno de los partidos también campea la antidemocracia; la ausencia de discusión real y profunda, la segregación de la mayoría de la militancia, los procedimientos de exclusión de las tendencias críticas, imponen los acentos más destacados de ese engendro en que ha devenido la llamada “democracia interna”.
El mundo de los partidos que detentan el poder se ha transformado brutalmente. Ni mensajes, ni programas, ni democracia, ni consulta; lo que se impone es el juego tenebroso de sub-aparatos contra sub-aparatos, en definitiva dominados por el tono electoral, las candidaturas y las prebendas.
También concurren a la gestión de este establecimiento del poder un conjunto de grupos, “roscas”, familias, que han ido conformando Ia corporeidad real de los que deciden, imponen y gobiernan el país. De tal modo que se ha ido gestando una oligarquía burocrática, plutocrática y partidista, que se ha apoderado de las palancas de las instituciones publicas y privadas de Venezuela. Esta oligarquía no sólo defiende sus inmediatos intereses pecuniarios, sino que su estatuto moral—orientado por la rapiña más desconsiderada—se ha ido imponiendo como el tono espiritual de los núcleos de poder fundamentales.
Contra este estado en que se desenvuelven los asuntos del país es que un frente nacional se hace imprescindible.
Características del frente nacional
Un proyecto político que se proponga ser poder y transformar sustancialmente la sociedad venezolana, desde luego que debe definir sus enemigos y sus integrantes con mucha claridad. Desde el punto de vista social un proyecto de esta naturaleza deberá enfrentar con severidad a los sectores monopolistas internos, articulados al capital transnacional y que en el plano económico son la expresión más conspicua del imperio norteamericano. Tal confrontación define el tipo de alianzas que es posible establecer en el seno de un frente: todos los sectores sociales distintos a la macolla del capital monopolista, donde evidentemente la clase obrera y un conjunto de sectores medios tienen la posibilidad real de tener el mayor peso social.
Políticamente el frente nacional no puede dejar de proponerse desalojar del poder a los núcleos dirigentes que han detentado el poder en los últimos veinte años, sobre todo representados por las direcciones de AD y Copei. En ese frente como sectores integrantes deben concurrir los partidos, grupos e individualidades que compartan tales propósitos. La izquierda, a mi juicio, puede jugar un papel fundamental si se propone ir mas allá de sí misma y por esta vía transformar su visión y sus prácticas, para colocarse en sintonía con las demandas de la sociedad. Sin embargo, otros sectores políticos que no se definen por ser de izquierda pueden y deben concurrir a este vasto encuentro nacional. Un objetivo principalísimo es motivar a muchos hombres y mujeres que han sufragado y simpatizado por AD y Copei y que hoy están dispuestos a explorar otros caminos más promisores, a condición de desechar el sectarismo y la prepotencia mesiánica que algunos sectores ostentan.
Comparto la opinión de que en este sentido un buen núcleo de la izquierda ha cometido errores pues ha actuado con un sentido claramente hegemónico y segregador. Sin embargo, hay otros grupos que estamos dispuestos a que—sin desdibujar nuestro perfil político e ideológico—arribemos a una convergencia entre iguales, para tareas de corto y largo plazo.
La candidatura presidencial
Resulta inobjetable el planteamiento de Manuel Alfredo en el sentido de que un frente nacional puede, según las circunstancias. estar representado por un candidato civil o militar. Creo que hay que explorar creadora y seriamente las distintas posibilidades que estén o puedan estar en discusión. Hay gente que como yo cree que ese candidato nacional puede ser José Vicente Rangel, no porque no existan otros venezolanos con títulos y condiciones para representar adecuadamente una política como la propuesta, sino porque Rangel se presenta como un dirigente que reúne, al lado de la coherencia en su acción, una indesmentida amplitud, junto a la nada despreciable condición de ser un dirigente que sin “aparato” ha logrado mantenerse y desarrollarse en la conciencia espontánea de la gente común y corriente.
Proponemos a José Vicente Rangel sin negarnos a considerar a otros venezolanos que puedan representar esa impostergable demanda del país para un nuevo liderazgo y nuevos rumbos. Hay que explorar y rápido. Antes de que sea demasiado tarde.
Carlos Blanco
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 7, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
El lunes 3 de noviembre del año pasado, el suscrito tuvo el honor de dirigirse a un grupo selecto de venezolanos, en plan de ofrecer algunas nociones supuestamente útiles para la comprensión de la crisis económica mundial, así como otras pertinentes a la estimación del proceso político nacional.
Esta ficha de Martes Santo, la #236 de doctorpolítico, consiste en la reproducción, con pequeños ajustes necesarios a la preservación de confidencialidad, de la parte correspondiente a la crisis planetaria. Unas semanas antes de la exposición, el mismo grupo había escuchado dos estupendas caracterizaciones de sus aspectos económicos, financieros y energéticos.
De las pocas ideas que quien escribe pudo ofrecer, causó particular extrañeza una segunda reflexión: “El frenazo del crecimiento económico, expresado en el carácter recesivo de la crisis financiera y real, marca un tiempo de diástole, aprovechable para el examen y el aprendizaje”. En realidad, casi un mes antes (9 de octubre de 2008), la Carta Semanal #306 de doctorpolítico se atrevía a sugerir:
¿Qué tiene de malo que cada cierto tiempo haya una contracción de la economía? La terre entière agradecería que se le exigiera bastante menos por un rato. La Tierra diría que ya el calentamiento global que la quebranta pudiera hacerse repentinamente fiebre, y entonces las pérdidas económicas del mundo harían que las de estos días lucieran pálidas. Nadie imagina la fuerza devastadora de un deslave a escala de cordilleras enteras, un invierno nuclear de mediano tamaño llevado por huracanes más grandes y frecuentes desde el Mar Rojo hasta la masa norteamericana, tsunamis anchos en el Océano Índico o terremotos de 9 grados Richter en media Faja del Orinoco, carcomida la dermis llanera por una succión de petróleo que cava la mayor caverna de la Tierra. Lo que puedan terminar perdiendo las economías del mundo por los actuales deslaves financieros es juego de niños ante una pérdida geofísica de proporciones mundiales, así que pudiéramos aprovechar la contracción económica para pensar la economía. Es tiempo de frugalidad, tiempo de ensimismamientos.
No es fácil, por supuesto, alcanzar la calma en medio de la vorágine, o en una sociedad sometida por su propio Estado a un continuo sobresalto. Pero es preciso responder a la agitación con serenidad. Es la única forma de conseguir la interpretación tranquila de la que mane una decisión atinada. Estos días de tradicional receso pueden servir muy bien a tal propósito. LEA
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Ideas para la crisis
Asistimos a una crisis de crisis. Es trilladísimo lugar común que la peor de las maldiciones en China te desea que vivas una época interesante. La inestabilidad de muchos cambios se encargará de que afrontes innumerables y graves problemas. No es necesaria una maldición más específica.
Es rasgo de la época una condición a la que los médicos se refieren con el nombre de “hemorragia por capas”: se tiene la certeza de que sobrevendrán sangramientos, pero se ignora dónde y cuándo se presentarán. En 1982, Yehezkel Dror definió esta característica en los siguientes términos: “La sorpresa se ha hecho endémica”.
No podrá entenderse la crisis si se procura tomar distancia de ella (lo que, de paso, es imposible). Por lo contrario, debe uno adentrarse al mismo corazón del huracán, donde sabemos que reina la calma, propicia al examen sosegado de las cosas. En la esperanza de contribuir a ese examen se ofrece acá unas pocas reflexiones de la crisis en su nivel planetario.
Primera reflexión: En la gestación de la crisis mundial destacan eventos de magnitud cataclísmica que han resultado ser marcadores definitorios; por ejemplo, el desplome de la Unión Soviética y la reciente y súbita disminución de primacía de los Estados Unidos, entre otros.
A estas mutaciones de gran tamaño conviene añadir otras de distinto tenor, que dándose con un componente principalmente científico y tecnológico, hablan no tanto de preocupación como de esperanza.
La emergencia de una conciencia ecológica. Tan tarde como en 1969 se publicaba una colección de trabajos sobre el tema bajo el nombre La ciencia subversiva: ensayos hacia una ecología del hombre. En 1967, lo que sería la biblia predictiva del más prestigioso futurólogo—Herman Kahn, (The Hudson Institute)—The Year 2000: A Framework for Speculation on the Next Thirty-Three Years, no hacía mención alguna del tema ambiental en sus más de cuatrocientas páginas. Las nuevas generaciones, en cambio, vienen con una conciencia ecológica innata.
Los inicios de la conquista del espacio. El impresionante telescopio espacial Hubble se descompone en el espacio y los ingenieros de la NASA pueden arreglarlo a casi 600 kilómetros de distancia. Los chinos acaban de alunizar y, ayudados por ellos, hasta nosotros hemos puesto un satélite “bolivariano” en órbita.
La ingeniería genética. La promesa descomunal de una ingeniería que ni siquiera tenía nombre en 1979, que ya ha hecho el mapa del genoma humano, y, más en general, las nuevas tecnologías médicas. Hace pocos meses se transplantó, con total éxito funcional, dos brazos ajenos a un ciudadano alemán que el año pasado perdió los suyos en un accidente.
La Internet. Con seguridad, la más trascendente de las revoluciones, asentada sobre las propias de la computación y las telecomunicaciones. La polis planetaria en gestación construye su cerebro, en conexión sin precedentes, ya no pasiva como la de la televisión, de los habitantes del planeta. En Venezuela se estimaba a inicios de 2008 una población de cinco millones y medio de internautas, de los que casi las dos terceras partes corresponden a los estratos D y E. Para 1995, ya IBM de Venezuela había registrado esa vocación universal de modernidad en el pueblo venezolano, al conocer que la compra-venta de computadores personales de segunda mano en los barrios caraqueños movía más dinero que el mercado corporativo de computación.
Segunda reflexión: El frenazo del crecimiento económico, expresado en el carácter recesivo de la crisis financiera y real, marca un tiempo de diástole, aprovechable para el examen y el aprendizaje. Exactamente el mismo ideograma chino genera las nociones de crisis y oportunidad. El vocablo “crisis”, proveniente del griego, significa en esta lengua decisión. (Krinein, decidir). La decisión sensata debe ser precedida por la reflexión.
Tercera reflexión: Una idea de la profundidad y extensión de la crisis se obtiene al considerar que no sólo los procesos económicos y políticos se manifiestan críticamente. Igual cosa sucede con los sistemas de pensamiento. Prácticamente no hay ciencia que no haya experimentado o esté sufriendo una crisis de paradigmas. Cuando se creía que al fin había un modelo coherente de la materia—el Modelo Estándar (1967)—se descubre que sus leyes sólo describen el 4% de la materia presente en el universo. (La materia y la energía “oscuras”, de las que nada se sabe, componen el resto). Es a partir de 1959 cuando comienza la ciencia del caos, y después la de los sistemas complejos, la teoría de enjambres, etcétera, que ofrecen nuevos y poderosos marcos mentales que van desde la meteorología hasta la economía, pasando por la turbulencia de fluidos, la cosmología, el crecimiento de las ciudades, la cardiología y la psiquiatría, entre otras áreas del conocimiento. A empezar y pensar de nuevo. Hasta el campo religioso está en asedio. Escribió Teilhard de Chardin: “El siglo XX fue probablemente más religioso que cualquier otro. ¿Cómo pudiera no serlo, con tantos asuntos por resolver? El único problema es que todavía no ha encontrado un Dios que pueda adorar”. La imagen que las diversas y hermosas metáforas que son las religiones—budista, judía, cristiana, islámica, etcétera—proporcionan de Dios ya no son fácilmente implantables en conciencias del siglo XXI, que asumen la ciencia como piso natural de sus creencias.
Cuarta reflexión: Es imposible superar tan grande remolino sin la disposición a abandonar viejos paradigmas, algunos entre ellos los más queridos. No puede esperarse resultados nuevos de la repetición de los mismos procedimientos que nos han metido en problemas. Para ser una persona 21, que comprenda su siglo y lo maneje, es preciso ponerse al día con los más recientes marcos mentales proporcionados por la ciencia. Nuestros políticos convencionales, como en todo el mundo, son seres newtonianos, que comprenden la política en términos de espacios y fuerzas—“¿Hay espacio en Venezuela para una nueva fuerza política?”, se ha oído discutir—, y por tanto están constitucionalmente impedidos de entender la dinámica de los grandes sistemas complejos. A un alumno de cuarto grado puede aceptársele decir que el cuerpo humano se divide en cabeza, tronco y extremidades—la misma idea de una anatomía tripartita de gobierno, empresarios y trabajadores—pero no a un profesional de la Medicina.
Quinta reflexión: Resulta aconsejable un intento por estructurar la incertidumbre, puesto que no puede reducírsela por completo—la sorpresa se ha hecho endémica—y por tanto es útil un inventario de los problemas más importantes. Por ejemplo, el 13 de octubre The New Yorker ofrecía su decidido aval a la candidatura de Barack Obama en un largo editorial, donde decía: “La restauración estadounidense en asuntos exteriores requerirá un compromiso no sólo con la cooperación internacional, sino también con instituciones internacionales que puedan tratar el calentamiento global, las dislocaciones de lo que probablemente sea una crisis económica global que se profundiza, las enfermedades epidémicas, la proliferación nuclear, el terrorismo y otros desafíos más tradicionales a la seguridad. Muchos de los vehículos de la era de la Guerra Fría para el contacto y la negociación—las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el régimen del Tratado de No Proliferación Nuclear, la Organización del Tratado del Atlántico Norte—están moribundos, deteriorados u obsoletos”. Del enfoque fresco, zero budgeting, back to basics de estos problemas podrán surgir tratamientos distintos. En realidad, ningún país debiera poseer armas nucleares. Para prevenir escenarios de invasiones agresivas extraterrestres, o para demoler aerolitos amenazantes en imitación de Bruce Willis en Armagedón, la Organización de las Naciones Unidas debiera asumir un único control planetario de esta clase de armamentos.
luis enrique ALCALÁ
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por Luis Enrique Alcalá | Abr 2, 2009 | Cartas, Política |

Los últimos cuatro meses del proceso político nacional han puesto de manifiesto que el proyecto oficialista dista mucho de tener apoyo unánime entre los electores venezolanos. Éste es mayoritario, sí, y se mostró el 23 de noviembre con una mayoría de gobernaciones y, especialmente, de alcaldías obtenidas por candidatos oficialistas, así como a través de la aprobación de la enmienda que permite reelecciones indefinidas en el reciente referéndum del 15 de febrero.
Sin embargo, en lo tocante a los resultados del 23 de noviembre en materia de gobernaciones, el gobierno perdió algo de terreno en comparación con las que obtuvo el 30 de octubre de 2004, pues la oposición capturó tres gobernaciones adicionales (Carabobo, Miranda y Táchira) a las dos que tenía (Nueva Esparta y Zulia). A éstas debe añadirse la pérdida oficialista de dos bastiones municipales muy significativos: la Alcaldía Metropolitana de Caracas y la Alcaldía del Municipio Sucre del Estado Miranda.
A partir de tales resultados, y a pesar de que continúan siendo afectos al proyecto oficialista 18 gobernadores y 263 alcaldes, el gobierno nacional lanzó dos ofensivas simultáneas, dirigida la primera a erosionar las posibilidades de gestión de gobernadores y alcaldes de oposición y su ámbito de poder, y la segunda a obtener, por la vía de la enmienda constitucional, lo que realmente le interesaba del proyecto de reforma que fuera rechazado por muy exigua mayoría el 2 de diciembre de 2007: la reelección presidencial indefinida.
El 15 de febrero, 55% de los votos emitidos fue positivo para la enmienda propuesta, pero algo más de 5 millones de votantes (45%) se expresó en contra. Tanto porcentualmente como en números absolutos, resultó evidente que el presidente Chávez suscita una oposición muy voluminosa, de casi la mitad del país.
A pesar de esta circunstancia y de los llamados al diálogo y la cooperación de parte de gobernadores y alcaldes de oposición, y hasta de voces afectas al oficialismo (notablemente la de José Vicente Rangel), el presidente Chávez optó por arreciar su ofensiva, y adicionar el frente económico al político. Es decir, en obvia tergiversación de los significados electorales, transformó lo que era una decisión constituyente puntual en un cheque en blanco a favor de su agenda ideológica y la expansión de su poder a costa de factores públicos y privados que no le son favorables.
La ejecución de esta ofensiva ha sido implacable: empleando tanto la fuerza pública como los activistas de choque a su disposición, ha ordenado y practicado nuevas estatizaciones y expropiaciones y desatado el acoso simultáneo de los mandatarios regionales y locales de oposición, cuyo triunfo de noviembre le irritaba.
El despliegue de esta voracidad y agresividad coincide con la imposibilidad de diferir decisiones económicas contractivas e impopulares, y sirve para disimular estas últimas.
Es ante este panorama que quienes se propongan actuar políticamente, para proporcionar al país tratamientos eficaces a sus problemas públicos principales y superar tan pernicioso proceso, deben reunir la claridad e inteligencia necesarias a una doble tarea: la superposición de un nuevo discurso y una nueva gramática política a través de una especie diferente de organización política y voces frescas, y la contención de la agresividad gubernamental cotidiana mientras lo primero se completa.
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Por debajo del proceso oncológico de la dominación chavista, hay una condición patológica que lo precede y lo permitió: una insuficiencia política crónica (al menos desde 1984) y grave causada por la esclerosis paradigmática del liderazgo político convencional. El paradigma político prevaleciente es todavía el que entiende la política como lucha por el poder, desde un partido que no puede entenderse sino ubicado en algún punto del intervalo definido por los polos de extrema izquierda y derecha extrema. El chavismo es la exacerbación de ese concepto: la práctica de la Realpolitik hasta sus últimas consecuencias desde un izquierdismo infeliz, extremo y sin destino.
Tal paradigma puede ser sustituido, como comienza en la práctica a ocurrir aun antes de que las elaboraciones teóricas parezcan existir. (“La victoria de Obama no señala un desplazamiento ideológico en este país. Significa que el público americano se ha hartado de las ideologías”, escribió Roger Simon para Capitol News el 5 de noviembre de 2008). “Nicolás [Sarkozy] ha adoptado el bipartidismo no sólo con una gracia natural, sino también con un sincero abrazo de corazón. Él se yergue en el moderno molde post-ideológico”, opinó Tony Blair en la edición “Hombre del Año 2008” de TIME Magazine. “Pienso que recibimos un fuerte mandato de cambio… Esto significa un gobierno que no esté impulsado ideológicamente”, dijo Barack Obama en entrevista para la misma edición de la revista).
Es desarrollo conceptual fundamentalmente venezolano que el nuevo paradigma político, que sustituirá al prevaleciente, es de carácter clínico, y su aceptación está a punto, pues se percibe con claridad una reciente y creciente emergencia de su postulado fundamental y sencillo: que la Política sólo cobra sentido como el oficio de resolver los problemas de carácter público.
Pero la expresión efectiva de un paradigma político se lleva a cabo mediante el vehículo de una organización que lo practique y difunda. Es la construcción de una organización que porte y difunda ese paradigma la tarea política más importante del nivel estratégico.
Por mencionar un caso especialmente auspicioso de activo diseño, en la actualidad progresa, en labor de ingeniería genética, el desarrollo de una opción para la organización requerida. Las siguientes son algunas entre las hipótesis fundamentales que guían este desarrollo:
1. La organización no es un partido político convencional definido por una ideología, ni nace para oponerse o desplazar a los partidos. Se rige por una metodología y pueden pertenecer a ella miembros de partidos.
2. La organización no lo es de organizaciones, sino de ciudadanos.
3. La organización no se define como instrumento de la “comunidad opositora”, y su apelación universal pretende ayudar a subsanar el problema de un país dividido.
4. La misión fundamental de la organización es de la elevar la cultura política de la ciudadanía en general, y la de formar a personas con vocación pública en el arte de resolver problemas de carácter público, esto es, en Política.
5. La organización establecerá una unidad de desarrollo de políticas públicas (think tank), a ser sometidas a la consulta más amplia posible.
6. La organización facilitará la emergencia de actores idóneos para el ejercicio de las funciones públicas.
Quienes trabajan en el proyecto, que será sometido a la crítica abierta, estiman que su operatividad se producirá en un plazo no mayor de seis meses.
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Un problema distinto es la lidia cotidiana con el atropello gubernamental, la necesidad de contenerlo.
La contención del avasallamiento oficialista es posible, y en más de una ocasión se ha revelado como eficaz. En 1999 se obligó al Ejecutivo a rehacer la redacción del decreto que convocaba a referéndum para decidir si se elegiría una asamblea constituyente. Más recientemente (2008), el gobierno debió retroceder en la imposición de normas demagógicas de admisión a las universidades, el currículo “bolivariano”, la declaración de las FARC como insurgentes, la prohibición de aumentar el costo de los pasajes en Caracas, el cobro de la transmisión de videos de Venezolana de Televisión, la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia. (“Ley sapo”). Este mismo año debió mostrar a la comunidad judía venezolana, aunque fuera momentáneamente, solidaridad y cooperación tras el ataque a la sinagoga de Maripérez, y deslindarse, aunque fuera en meras palabras, de las operaciones del Colectivo La Piedrita.
Hoy más que nunca, cuando el gobierno busca reducir a la impotencia los mandatarios estadales y locales que no le obedecen, y vulnerar o eliminar de un todo a importantes centros de poder económico, es preciso organizarse para esa contención.
Dicho de otro modo, esta contención necesita un aparato especializado. Quienes asignan recursos financieros o comunicacionales deben propiciar su establecimiento y facilitar su acatamiento por actores autónomos.
Es este aparato el cliente necesario de una instancia que ha venido siendo propuesta con insistencia: la de una “sala situacional”. (Sobre todo desde que el presidente Chávez famosamente saludara y agradeciera la suya en la noche del 15 de febrero, y varias decenas de personas se levantaran a recibir el saludo y la gratitud). En verdad, conviene a un aparato de contención el auxilio de una función que recabe inteligencia, en posible anticipación de los movimientos del gobierno.
El aparato de contención debe responder a la guía de un jefe único. La solución no es una instancia suprema colegiada, como se probó ya con poco éxito en tiempos de la Coordinadora Democrática. Al jefe del aparato deberá darse autoridad y recursos para que establezca el estado mayor y las unidades funcionales que hagan falta. Deberá ser persona inteligente y experimentada, que comprenda la verdadera naturaleza de la guerra y no sea meramente algún fanfarrón que sólo atine a predicar valentías radicales e inviables con envoltura moralista. (No es la jefatura indicada la de quienes propugnan, carentes de toda imaginación política, recetas violentas que ni siquiera existen como posibilidad).
Esta jefatura no guarda relación alguna con una candidatura presidencial, y quien la ejerza no deberá pretender que ésta se desprende de su trabajo.
El aparato no debe exigir a gobernadores y alcaldes de oposición su participación en la lucha. Éstos deben en principio restringirse al cumplimiento de las funciones para las que fueron electos, y a la defensa de sus administrados y sus atribuciones, en ocasiones federados con colegas amenazados. Si el oficialismo abusa de los cargos que acumula involucrándolos en el combate partidista, no debe reproducirse esa conducta de este lado. El aparato puede y debe, eso sí, facilitar información a los gobernadores y alcaldes de oposición y defenderles.
El aparato de contención hará bien en alejarse del protocolo de acusación ritual que cada día añade unas cuantas páginas al prontuario del régimen, sin atinar a refutarlo. “Nuestra oposición ostensible acusa a Chávez, pero no le refuta. Los medios de comunicación del país debieran ofrecer espacio a un ejercicio argumental diferente al del mero discurso opositor. Y a quienes sean capaces de formularlo y decirlo”. (Carta Semanal #60 de doctorpolítico, 30 de octubre de 2003). “La pregunta realmente importante es, evidentemente, ¿qué hacer ante la aplanadora que Chávez ha puesto en movimiento? Hay algo que no es lo que debe hacerse, y es el mero señalamiento de una inconformidad… Una vez más: a Chávez se le acusa pero no se le refuta. Ocho años de desmanes incontenidos, en los que la oposición se ha limitado a engrosar un prontuario, a nutrir un catálogo de acusaciones, han puesto de manifiesto la ineficacia de tal estrategia”. (Carta Semanal #220, 11 de enero de 2007).
Una táctica para producir metódicamente las refutaciones necesarias es la de marcación individualizada sobre cada funcionario o vocero importante del gobierno, incluyendo, por supuesto, al propio presidente Chávez. “Los dispositivos de defensa en la práctica del fútbol adoptan básicamente una de dos configuraciones: la llamada marcación o defensa de zonas, por la que se asigna a cada jugador la responsabilidad de cubrir un determinado territorio del campo de juego, o la usualmente más eficaz marcación de hombre por hombre… En el fragor de la presente lucha política nacional pareciera que los opositores al gobierno han optado por una marcación de zona. Todo el mundo se mete con todo el mundo… Tal vez valga la pena intentar ahora una marcación hombre a hombre”. (Carta Semanal #77 de doctorpolítico, 11 de marzo de 2004).
Es claro que la labor de contención no se limita a la refutación del discurso oficial, y que debe incluir operaciones de otra naturaleza, incluyendo publicaciones, emisiones radiales y televisadas, protestas y otras acciones de calle, así como presiones sobre las instituciones públicas—a pesar de su obsecuencia—y comunicaciones e interacciones con actores internacionales.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Abr 2, 2009 | LEA, Política |

Lewis Coser, el sociólogo estadounidense que dedicó gran parte de su vida de científico al estudio del conflicto, alertó una vez sobre los inconvenientes del excesivo secreto aun en el reino de lo militar. (The Dysfunctions of Military Secrecy, 1963). Fue capaz de mostrar cómo pueden suceder guerras estúpidas porque los contendientes están mal avisados acerca de las capacidades reales del adversario.
La informatización acelerada de la sociedad, con su consiguiente aumento de conciencia política de las poblaciones, está forzando cambios importantes en los estilos de operación política. El glasnost de Mikhail Gorbachov, como se ha dicho acá otras veces, más que una intención era una necesidad. El previo modelo de la Realpolitik requería, para su operación cabal, de la posibilidad de mantener discretamente oculta la mayoría de las decisiones políticas. Pero, en muchas ocasiones, hasta las operaciones que son intencionalmente diseñadas para ser administradas en secreto son objeto de descubrimiento, casi instantáneo, por gobiernos competidores, los medios de comunicación social u otros investigadores interesados.
La política moderna debe entenderse más como un juego de ajedrez, en el que cada contendor tiene información completa acerca de la cantidad de piezas en poder del oponente y su ubicación. (Hasta la estrategia es conocida: si un jugador de las piezas negras, en principio destinado a la defensa, elige responder con una Defensa Siciliana, definida por su primera jugada, quien mueve las blancas sabe que deberá atenerse a un opositor agresivo que no se resignará a un juego calmado). Lo que es crucial en esta clase de confrontaciones es que cada jugador ignora cuál será el próximo movimiento de su adversario. (Cosa que tiende a ocurrirle a los actores de la oposición en este país).
El tema es importante en sociedades en las que, como la nuestra, el poder político no respeta las esferas privadas y tampoco sigue las reglas de la urbanidad política convencional, que en algún grado moderan la suciedad de la lucha. Un gobierno que graba conversaciones, que espía directamente, que viola información confidencial de modo cotidiano, es un caso especial.
Pero aun en ese caso es poco útil hacerse paranoico. Naturalmente, la prudencia es una gran virtud, pero la conducta ganadora es la de concebir y ejecutar estrategias “insensitivas”, relativamente inmunes y estables.
Es posible formularlas. Dentro de toda su agresividad y patanería, el actual gobierno venezolano procura no rebasar ciertos límites. A pesar de su admiración por Fidel Castro, Hugo Chávez no ha usado el fusilamiento ante paredón como técnica de gobierno. (Por ahora).
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