FS #239 – Variación matricial

Fichero

LEA, por favor

En septiembre de 1987, hace ya casi veintidós años, completó el suscrito un estudio que llamó Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela. Dos fueron las “sorpresas” discutidas en tal trabajo: el acceso de un outsider a la Presidencia de la República y un golpe militar. Sobre esto último afirmaba en las conclusiones: “…de ganar las elecciones de 1988 uno de los candidatos tradicionales… la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable”. Pudiera sostenerse entonces, y halando las cosas por los cabellos, que el estudio mencionado tuvo un error de al menos un mes y cuatro días respecto de la asonada del 4 de febrero de 1992.

Al iniciar la discusión de la sorpresa golpista, establecía: “Las mismas condiciones que hacen en general más probable la aparición de un hecho político sorpresivo son las que han aumentado la base con la que contaría un intento militar de tomar el control de las cosas: las condiciones de creciente deterioro de la situación. Sería muy raro que en las condiciones venezolanas de la actualidad no hubiesen aumentado las aproximaciones al tema y el examen de las consecuencias de un hecho tal por parte de actores con alguna posibilidad técnica de intentarlo. Para empezar, la imagen del golpe circula por la psiquis del país en una mayor proporción desde hace al menos dos años. Este fenómeno incluye la añoranza comparativa de Pérez Jiménez para quienes conocieron su época, así como el atrevimiento de decirlo en personas de los estratos sociales menos dotados, quienes tienen menos que perder, pues en todo caso participan menos de los ya exiguos beneficios del sistema actual”.

Pero antes de considerar el caso del golpe, un primer capítulo (La propensión a la sorpresa) discutió factores comunes a ambas posibilidades, y de él su primera sección hacía referencia a cambios en la matriz de opinión pública en materia política. Es esta sección el contenido de la Ficha Semanal #239 de doctorpolítico. En ella se registra un deterioro súbito y marcado de la imagen de los partidos políticos cuando apenas comenzaba el sexto gobierno (Jaime Lusinchi) de la democracia venezolana.

No habiendo en esa época una prédica que pudiera identificarse como antipolítica—la vilipendiada telenovela Por estas calles se estrenó veintiséis días después del primer alzamiento de 1992, mientras que Abdalá Bucaram Ortiz y Antanas Mockus no hacen presencia política hasta mediados de los años noventa—aquel desplazamiento de la opinión en 1984 sólo puede atribuirse a evaluación autónoma de la ciudadanía y, presumiblemente, a un desempeño insatisfactorio por parte de los partidos.

LEA

Variación matricial

No es necesario, para convencer de la posibilidad de una sorpresa política al ciudadano informado, hacer un recuento exhaustivo de los registros más formales de la opinión ni de aquella que se expresa en manifestaciones tales como artículos, conferencias, exposiciones de toda índole, reveladoras de un estado de ánimo nacional que incluye el escepticismo y hasta el hartazgo con todo un modo de conducir la función pública, tanto en el nivel del Gobierno como en el nivel de sus conductos nutritivos principales: los partidos políticos.

A pesar de esto, es conveniente datar el momento cuando se produjo el primer desplazamiento medible de la psiquis venezolana, desplazamiento que en estos momentos ya se ha asentado con claros signos de irreversibilidad. El desplazamiento, asimilable analógicamente al de las placas tectónicas de la geología, comenzó a ser más marcado cuando aún el Presidente Lusinchi no había cumplido un año como gobernante.

En efecto, la encuestadora Gaither registró en agosto de 1984 un súbito movimiento de opinión respecto de encuestas anteriores por lo que respectaba a la identificación del «mejor partido». Dicha encuesta comparaba sus resultados contra los obtenidos en la pregunta «¿cuál es el mejor partido?» en agosto de 1974 (primer año de gobierno de Pérez), septiembre de 1979 (primer año de Herrera) y octubre de 1983 (dos meses antes de las últimas elecciones presidenciales). Los siguientes datos dan los porcentajes de personas que respondieron «ninguno» (entre las opciones AD, COPEI, MAS y otros) y que no opinaron.

………………..AGO.74    SEP.79    OCT.83    AGO.84

NINGUNO ……..16             14                19               29

NO OPINA ……..13             13                 8                14

TOTAL ………….. 29             27              27                43

Como puede verse, el total de personas que no lograba identificar un mejor partido entre las opciones disponibles experimentó un salto brusco equivalente a 16% más de los encuestados que en veces anteriores.

Ese mismo año, el 27 de mayo, las elecciones municipales registraban el más alto porcentaje de abstención electoral registrado desde 1958. Las abstenciones en las elecciones nacionales de 1983 representaron un 12,25% de los electores, mientras que seis meses después la abstención en los comicios municipales alcanzó el 40,7%. (Aún si se compara este radical comportamiento con la abstención de las elecciones municipales de 1979 – 27,1% – la diferencia entre las dos elecciones municipales es de 13,6% más de abstenciones.)

Dos años más tarde, la encuesta Datos (trabajo de campo entre el 20 de mayo y el 13 de junio de 1986) registró un 58% de encuestados a favor de elegir un independiente para desempeñar la Presidencia de la República y, tal vez más sorprendentemente, que el 52% lo consideraba posible.

Finalmente, en julio y agosto de este año de 1987 la encuestadora Gaither realiza en el Area Metropolitana de Caracas una «elección simulada», en la que un partido nuevo, no especificado y sin estipulación de candidato, obtiene el segundo lugar con 22%, detrás de Acción Democrática (37%) y relegando a C.O.P.E.I. (17%) al tercer puesto. En este mismo sondeo el porcentaje de la categoría «no sabe/no contesta» es de 12%. (La encuestadora «aclara que este «nuevo partido» es un atractivo para muchos votantes, sin especificar candidato, pero quizás ese ideal no sea alcanzable en la práctica.» La diferencia entre esta última impresión y el 52% que en 1986 midió Datos como creyentes en la posibilidad de un independiente en Miraflores puede deberse a la cercanía de la próxima fecha electoral y a la creencia de que ya no habría tiempo para montar ese «partido nuevo», esa opción diferente.)

Por otra parte, la misma proliferación de ofertas políticas nuevas es un indicador de que se percibe la situación política como más fluida. El Consejo Supremo Electoral es una institución de suyo conservadora, pero la nueva presión es registrada allí de modo evidente. El Presidente del organismo, Dr. Carlos Delgado Chapellín, opinó ante la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado que debiera concederse al elector venezolano la libertad jurídica de la abstención, como una forma para expresar su descontento ante las opciones que se le presentan. Eso es manifestación de una orientación creciente de la opinión pública, en la que, ante la ausencia de una opción nueva convincente cobra fuerza la salida de la abstención o el voto nulo como vehículo de protesta.

En suma, no hay dudas de que la matriz de opinión pública venezolana ha experimentado un muy significativo desplazamiento de signo contrario a los conductos políticos tradicionales, de que tal desplazamiento se ha producido recientemente con alguna brusquedad y de que tal desplazamiento no se ha detenido.

Luis Enrique Alcalá

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CS #328 – La nueva política

Cartas

El término “paradigma” y su uso en la expresión “paradigma político” se ha hecho de uso bastante generalizado. El sentido en el que se emplea es el propuesto por Thomas S. Kuhn en su obra de 1962 The Structure of Scientific Revolutions. Kuhn se refiere con el término paradigma al núcleo esencial de una determinada teoría o doctrina científica. Por ejemplo, en materia del fenómeno de la gravitación, el paradigma de la física aristotélica quedaba definido por el concepto de causa final; Aristóteles explicaba que los cuerpos cayesen porque todos los cuerpos buscarían ir hacia su lugar natural, la tierra, dado que todos los cuerpos estarían hechos del “elemento” tierra. Sobre el mismo fenómeno el paradigma de Newton sustituye el concepto de Aristóteles por la idea de “acción a distancia”, que permite concebir una “fuerza de gravitación universal” existente entre dos cuerpos cualesquiera. Einstein prescinde de esa noción de acción a distancia y la sustituye, a su vez, por la proposición de que la presencia de masa en el espacio induce una curvatura en éste; sería esta curvatura la que seguirían los astros al girar en derredor de cuerpos de mayor tamaño, y no una fuerza de gravitación.

La famosa obra de Kuhn describe el progreso de la ciencia entre épocas de estabilidad conceptual, de permanencia de un determinado paradigma, hasta que una crisis en el poder explicativo del paradigma conduce a la formulación de uno nuevo. Esta idea ha sido extendida para explicar la sucesión en el tiempo de las distintas concepciones sobre lo político. Los paradigmas, pues, son los marcos mentales básicos a partir de los cuales se interpreta la realidad. Obviamente, de ellos depende la conducta humana. Dice John Stuart Mill: “Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan”. (Ensayo sobre el gobierno representativo).

………

La crisis de los paradigmas socio-políticos ha tenido una grave expresión en el descrédito que sufrió la llamada planificación estratégica. Comúnmente se acostumbra fechar la primera derrota importante de los planificadores estratégicos con el embargo petrolero árabe de fines de 1973. Las predicciones dejaron de ser confiables, al generalizarse la impresión de volatilidad o impredecibilidad del mercado petrolero. La discontinuidad, por otra parte, comenzó a manifestarse en el mundo político por esa misma época. La caída del régimen del Shah de Irán fue la primera “sorpresa” de cierta magnitud, la que inicia la serie de acontecimientos “impensables” que incluyó cataclismos tales como el derrumbamiento del Muro de Berlín y la desmembración de la Unión Soviética como secuela de la perestroika de Gorbachov.

Una turbulencia de tan grande magnitud dejaba mal parados los intentos predictivos de los más sofisticados centros de análisis. Junto con un agotamiento del recetario político clásico, esa inestabilidad ha sido la razón principal de que cundiera el escepticismo hacia los intentos de manejar el ambiente social desde marcos generales como guía para la acción. Ahora, un nuevo simplismo ideológico (el “socialismo del siglo XXI”) lleva las cosas al otro extremo, luego de una renuncia a pensar estratégicamente. Para que esto fuera posible, para que sonara viable al elector promedio en Venezuela, hubo antes un proceso de erosión en el pensamiento político de corte general.

En Venezuela fue muy intenso el rechazo a los “habladores de paja” de los departamentos de planificación estratégica. El IESA publicó en 1985 El caso Venezuela: Una ilusión de armonía, libro en el que sus editores, Moisés Naím y Ramón Piñango, objetaban a la planificación estratégica en el trabajo introductorio del siguiente modo: “El mejoramiento de la gestión diaria del país requiere que los grupos influyentes abandonen esa constante preocupación por lo grandioso, esa búsqueda de una solución histórica, en la forma del gran plan, la gran política, la idea, el hombre o el grupo salvador. Es urgente que se convenzan de que no hay una solución, que un país se construye ocupándose de soluciones aparentemente pequeñas que forman eso que, con cierto desprecio, se ha llamado ‘la carpintería’. Si bien no hay dudas de que la preocupación por lo cotidiano es mucho menos atractiva y seductora que la preocupación por el gran diseño del país, es imperativo que cambiemos nuestros enfoques”.

Es decir, el remedio propuesto era el de sustituir los estrategas por los tácticos.

Poco después (entre 1989 y 1993), muy connotados profesores así como gerentes reconocidamente capaces del sector privado ejercieron importantes funciones públicas (entre ellos, de modo destacado, Moisés Naím), con resultados terribles. Por esta razón resulta interesante contrastar este caso local de miopía técnica con el juicio que mereció a Tocqueville la ceguera de los funcionarios del gobierno de Luis XVI cuando  la Revolución Francesa estaba a punto de estallar: “…es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, Intendentes, los magistrados—hayan exhibido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hombres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la administración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario”. (Alexis de Tocqueville: El Antiguo Régimen y la Revolución).

………

Es sólo muy recientemente que la “teoría de la complejidad”, que incluye la llamada “teoría del caos”, ha podido proporcionar un paradigma adecuado a los muy complejos procesos sociales. Los primeros ejercicios analíticos de predicción eran fundamentalmente proyecciones en línea recta. (La estadística había proporcionado la herramienta de la “regresión lineal”, mientras el “determinismo histórico” de las doctrinas marxistas contribuía a esa opinión de que el futuro era único e inevitable). Obviamente, sólo pocos fenómenos pueden ser adecuadamente descritos como una línea recta.

El reconocimiento de la multiplicidad del futuro llevó, más tarde, al desarrollo de la técnica de “escenarios” (principalmente por la Corporación RAND, en la década de los sesenta), en los que se exponía intencionalmente un conjunto de descripciones diferentes del futuro en cuestión. Sin embargo, aún la técnica de escenarios tiende a estar asociada con una percepción del problema en forma de “abanico” de futuros, según la cual se presume una continuidad de la transición entre los distintos futuros, al desplazarse por el área continua del abanico. Este modo de ver las cosas supone, por tanto, una enorme cantidad de incertidumbre, pues los futuros serían, en el fondo, infinitos.

El formalismo matemático (fractales) sobre el que se asienta la teoría de la complejidad, en cambio, permite describir el futuro como una estructura arborificada o ramificada, como una arquitectura discontinua en la que unos pocos futuros posibles actúan como cauces o “atractrices” por los que puede discurrir la evolución del presente. (Un modelo sencillo de un sistema de atractrices lo constituye un péndulo que oscila a poca distancia de una base hexagonal, en cuyos vértices se han colocado imanes de aproximadamente igual intensidad magnética. Tomando el péndulo entre los dedos se le dota de un impulso inicial que, al soltarlo, lo hace describir una trayectoria que bajo la acción de los imanes es típicamente errática. Al agotarse el impulso inicial el péndulo se detiene sobre uno de los vértices, una de las atractrices. Incluso en un sistema tan sencillo como éste, no es posible predecir cuál será la atractriz que predominará al final).

Incertidumbres de este tipo han llevado a la desesperante noción de que la predicción social es imposible. El hecho de que por lo atrayente del nombre, se haya popularizado más la teoría del caos que la teoría de la complejidad que la engloba, ha contribuido aún más a la desesperanza.

Pero esto es un conocimiento y una aplicación superficiales de tales teorías. Por una parte, aun los fenómenos caóticos transcurren por cauces que siguen un orden subyacente estricto. Por la otra, ya a niveles prácticos se ha tenido éxito en introducir estímulos que “sincronizan” procesos caóticos para hacerlos seguir trayectorias estables. En otras palabras, es posible dominar el caos. Más aún, la proporción de caos dentro de los sistemas complejos es usualmente pequeña, y predomina en éstos un proceso opuesto y más poderoso de autorganización, especialmente en sistemas que, como el social, son capaces de intercambiar información.

Naturalmente, ciertos episodios caóticos pueden tener consecuencias lamentables en magnitudes enormes. Los acontecimientos del 27 y el 28 de febrero de 1989, por ejemplo, son más fácilmente comprensibles si se les interpreta como un caso de proceso caótico, antes que como resultado de una acción subversiva intencional. (Hubo incidencia de agitación programada, pero el grupo Bandera Roja no tenía, por supuesto, la escala que pudiera producir lo que ocurrió. El 27 de febrero de 1989 pudo observarse la propagación de la avalancha desde Guarenas, exacerbándose por la transmisión del evento a través de los medios de comunicación social, pero también a través de una cadena informal de transmisión de información: los mensajeros motorizados, que exhiben desde hace mucho una rápida solidaridad de conducta y que fueron propagando el descontento desde Guarenas a Petare, de allí a Chacaíto, a la estación del Metro en Bellas Artes, y así sucesivamente).

En contraposición a estas posibilidades caóticas, los sistemas sociales aprenden y se autorganizan. Es así como aun en condiciones de extrema complejidad es posible tanto predecir el futuro como seleccionarlo. Por el lado de la predicción social, el problema es ahora un asunto de identificación de las atractrices actuantes en un momento dado. Por el lado de la acción, se trata de evitar ciertas atractrices indeseables y de seleccionar alguna atractriz conveniente o, más allá, de crear una nueva atractriz altamente deseable.

Es un trabajo muy diferente del que puede acometer el mejor entre los políticos convencionales, cuyo know how seguirá siendo útil, aunque con rendimiento decreciente.

luis enrique ALCALÁ

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LEA #328

LEA

El 13 de enero de este año fue el Presidente de la República a la Asamblea Nacional, para hablar durante más de siete horas sobre los logros de su gobierno en, no sólo el ejercicio del año anterior, sino de la década entera que lleva gobernando. (Una cuarta parte ya de toda la previa época democrática). Cuando comenzaba a incursionar sobre el tema educativo, enumeró algunas carreras nuevas, y entonces escogió significativamente detenerse un rato sobre la flamante carrera de Ingeniería Azucarera. “¡Fíjense por donde venimos!”, dijo, y repetía: “¡Ingeniería azucarera! ¡El socialismo alimentario!”, o algo parecido.

Bueno, desde el lunes ondea una bandera de la Misión Zamora, “Tierra y Hombres Libres”, en tierras (33 hectáreas) del fundo La Paca, que surte de azúcar al central azucarero El Palmar y a la producción de Ron Santa Teresa. Es harto conocido que estas actividades ocurren en tierras que, desde el siglo XVIII, son propiedad de la familia Vollmer.

El pretexto, expuesto por Juan Carlos Loyo, Presidente del Instituto Nacional de Tierras, es que el fundo La Paca produciría menos de ochenta toneladas de azúcar por hectárea, las que vendrían a conformar los requerimientos mínimos de productividad para que la vocación planetaria de la “revolución bolivariana” no se vea vulnerada en su lucha contra el imperio capitalista, o algo así.

Fue justamente en territorio de ese imperio donde se libró una cruenta guerra civil, en gran medida peleada por la liberación de los esclavos en plantaciones agrícolas al sur de los Estados Unidos. Era el presidente de esa nación, naturalmente, Abraham Lincoln, que pagó con su vida su dedicación a la libertad universal de todos los hombres, independientemente de su raza. Es conocida expresión de su elocuencia democrática el trozo copiado a continuación:

No se puede crear prosperidad desalentando el ahorro. No se puede fortalecer al débil debilitando al fuerte. No se puede ayudar a quien gana un salario rebajando a quien lo paga. No se puede auspiciar la hermandad de los hombres estimulando la lucha de clases. No se puede ayudar al pobre destruyendo al rico. No se puede eludir los problemas gastando más de lo que se gana. No se puede edificar carácter y coraje quitándole al hombre su iniciativa e independencia. No se puede ayudar permanentemente a los hombres haciendo por ellos lo que pudieran y debieran hacer por sí mismos.

LEA

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FS #238 – Petición de cacao

Fichero

LEA, por favor

Con motivo del juicio que culminara en la condenación a penas máximas de funcionarios de la Policía Metropolitana por muertes acaecidas el 11 de abril de 2002, ha salido a la luz un documento de una década anterior, en el que Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Diosdado Cabello, José Vielma Mora, Ronald Blanco La Cruz y dieciséis militares más, anunciaban que no escucharían de boca del juez militar Ramón Moreno Natera la imposición de un auto de detención.

El abogado defensor José Luis Tamayo leyó extractos de este documento el 15 de enero de 2008, al protestar la negativa de la juez Marjorie Calderón a sobreseer la causa contra Iván Simonovis, Henry Vivas y Lázaro Forero, y los funcionarios de la Policía Metropolitana Marco Hurtado, Julio Rodríguez Salazar, Héctor Rovaín, Arube Pérez Salazar, Luis Molina Cerrada, Erasmo Bolívar, Rafael Neazoa López y Ramón Zapata. Quince días antes, el Presidente de la República había decretado una Ley de Amnistía, cuyos beneficios fueron negados a los policías mencionados.

Los militares nombrados firmaron una carta de recusación del juez Moreno Natera el 15 de mayo de 1992, tres meses y cuatro días después de haber actuado criminalmente con armas de la República en alzamiento inconstitucional, ilegítimo y abusivo en contra de un gobierno elegido por una mayoría de venezolanos. La razón para repudiar cualquier acción de ese juez era que éste habría ordenado el traslado de algunos de los golpistas prisioneros en el Cuartel San Carlos a la Cárcel de Yare, y que tal cosa habría sido hecha con “nocturnidad y apremio”. (¿Es que la intentona criminal del 4 de febrero de 1992 ocurrió a plena luz del día y poquito a poco?) También porque se les había dicho que el traslado, que acataron como “medida disciplinaria”, sería revertido poco después y tal promesa habría sido violada, olvidando que “la palabra es el honor del hombre”.

Entre los destinatarios de la patética misiva se contaban “la conciencia jurídica del mundo civilizado y democrático” (¿la de Mugabe, por ejemplo?) y los “compañeros de armas de los gloriosos ejércitos latinoamericanos” (que en manos de Pinochet, Videla, Goulart, Castro, Somoza y demás dictadores alcanzaron la gloria). Entonces si era “excelentísimo” el Nuncio Apostólico de Su Santidad (todavía no ocurría el asilo de Nixon Moreno) e importantes “las comunidades que integran las Facultades de Derecho” y los Colegios de Abogados, a los que apelaban con la cursi e inmodesta pretensión de que hablaban desde “las celdas de la dignidad”.

En 1992 preocupaba mucho a los reclusos que un juez militar actuara “servil y obedientemente” por mandato del Presidente de la República, y que tal cosa negara el “principio de la separación de los poderes que caracteriza la existencia de un Estado Republicano y Democrático”. Entonces se quejaban porque los hubieran cambiado de celdas y afirmaban: “Aquí, en Venezuela, los Poderes del Estado se encuentran concentrados en manos del Jefe del Ejecutivo. Es decir, vivimos bajo un régimen autocrático y totalitario de gobierno”.

La Ficha Semanal #238 de doctorpolítico reproduce el contenido de la carta comentada, con una que otra mínima corrección de acentuación o puntuación. Un facsímil en archivo .pdf de las seis páginas del documento, con las firmas de los militares golpistas, puede obtenerse en http://imagenes.globovision.com/archivos/75126_cartac.pdf o en http://media.noticias24.com/0904/chavez93.pdf

LEA

Petición de cacao

Al Pueblo de Venezuela

A la conciencia jurídica del mundo civilizado y democrático

A la juventud militar que hemos precedido en la lucha por la defensa de nuestra integridad territorial y de la dignidad nacional para restablecer la supremacía de la Constitución

A nuestros compañeros de armas de los gloriosos ejércitos latinoamericanos

Al Excelentísimo Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa Juan Pablo II y a los Excelentísimos Representantes del Cuerpo Diplomático acreditado en Venezuela

A las comunidades que integran las Facultades de Derecho del País

A los Colegios de Abogados

Los suscritos, Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela, soldados del Ejército Bolivariano, que el 4 de febrero del presente año cumplimos con el deber que nos imponen los artículos 51 y 250 de la Constitución Nacional, violada y puesta fuera de vigencia por el actual Gobierno, el más corrupto de nuestra historia republicana, hoy en las celdas de la dignidad, recluidos en la Cárcel de Yare, Estado Miranda, en el Cuartel San Carlos y en el Fuerte Tiuna de la ciudad de Caracas, declaramos:

Recusamos ante la opinión pública al Juez Militar que conoce de nuestra causa, por considerarlo persona no idónea para conocer de ningún juicio militar, por carecer de independencia y autonomía, ya que actúa servil y obedientemente no conforme a la Ley, sino a los mandatos del Presidente de la República y de su Ministro de la Defensa. Este Juez, con su conducta, pone de manifiesto que en Venezuela no existe un Poder Judicial autónomo e independiente como el que consagra la Constitución Nacional. Trátase de un Juez vasallo, que sepulta el Estado de Derecho y deshonra la Magistratura Militar. Su conducta niega el principio de la separación de los poderes que caracteriza la existencia de un Estado Republicano y Democrático. Aquí, en Venezuela, los Poderes del Estado se encuentran concentrados en manos del Jefe del Ejecutivo. Es decir, vivimos bajo un régimen autocrático y totalitario de gobierno.

Ciertamente, el Juez Militar Ramón Moreno Natera no ha actuado, ni podrá actuar como representante de un Poder Judicial como el que consagra la Constitución Nacional en su artículo 205: “En el ejercicio de sus funciones los Jueces son autónomos e independientes de los demás órganos del Poder Público”. Norma ésta que reproduce, como cabeza rectora de la administración de Justicia, la Ley Orgánica del Poder Judicial en su artículo 1°: “El Poder Judicial es independiente de las demás ramas del Poder Público en el ejercicio de sus funciones”, y que consagra también como tal el Código de Justicia Militar en su artículo 22: “Los Jueces Militares son autónomos en el ejercicio de sus funciones y soberanos en la apreciación de los hechos que les corresponden juzgar”.

En efecto, el traslado arbitrario, de un grupo de Oficiales, con nocturnidad y apremio, desde el Cuartel San Carlos de Caracas, a la cárcel de Yare lo ordenó dicho Juez Moreno Natera, obedeciendo instrucciones y dictados del Presidente de la República y del Ministro de la Defensa, cumpliendo una orden. Una vez llevado a cabo dicho traslado, el ciudadano Ministro de la Defensa manifestó, según lo publicó la prensa, que ello ocurrió porque “el Juez comprendió y aceptó las argumentaciones que él le había expresado”. Posteriormente el Ministro le expresó a las esposas de dos de los Comandantes detenidos, que “fue equivocada la orden de ese traslado por parte del Presidente de la República”.

Las anteriores aseveraciones que hacemos fueron difundidas por la prensa nacional, que dio publicidad a esas manifestaciones del Ministro de la Defensa. Pero aún hay algo más que añadir al respecto:

Para que se llevara a cabo el traslado de ese grupo de Oficiales a la Cárcel de Yare, fue necesaria una negociación entre los representantes del Ministerio de la Defensa y los Militares detenidos en el Cuartel San Carlos, en presencia de una representación del Ministerio Público y otra de las Autoridades Eclesiásticas de Venezuela, a saber: “que el traslado se imponía sólo como una medida disciplinaria y temporal que acataban como tal dichos militares detenidos y que en los próximos días serían trasladados de nuevo al Cuartel San Carlos”.

Así pues, en esta negociación no intervino el Juez Militar, sino los representantes del Ministerio de la Defensa. El traslado entonces, de hecho, lo imponía el Alto Mando Militar en base a una promesa en cuyo cumplimiento estaba envuelto el Honor Militar. (La promesa no se cumplió, olvidándose que la palabra es el honor del hombre). El Juez Militar Ramón Moreno Natera, estuvo ausente de esta tragicomedia físicamente, pero permitió que las Autoridades Militares decidieran,actuaran y negociaran a sus espaldas, obedeciendo órdenes a su vez del Presidente de la República. Testigos de esto, y muy calificados por cierto son los Monseñores Mario Moronta y Diego Padrón, Obispos Auxiliares de Caracas, y el Padre Arturo Sosa, representantes de la Iglesia, el ciudadano Fiscal General fe la República, Dr. Ramón Escovar Salom, quien estuvo acompañado del Director General de la Fiscalía y del Director de los Derechos Humanos Dr. Antonio Herrera y Padre Dr. Luis María Olaso.

De todo lo anteriormente expuesto se evidencia que el Juez Militar que conoce de nuestra causa no lo es independiente y autónomo, sino más bien un Juez servil y obediente a los dictados del Ministro de la Defensa y a la vez del Presidente de la República, con lo cual todas sus actuaciones estarán fundamentadas no en debido proceso legal, no en la Constitución y las Leyes, pero sí en las ordenes castrenses y políticas del Ministro y del Presidente.

Por tales razones pues, que son obvias, hemos decidido negarnos a que seamos impuestos del írrito auto de detención, dictado por ese Juez Militar al cual recusamos por ante el Pueblo, máximo Tribunal de la República y al cual reconocemos como fuente legítima única de todos los Poderes. Y es que el Juez Ramón Moreno Natera actúa en una relación de supra-subordinación con el Ministro de la Defensa, servidor del Presidente de la República.

A un Juez semejante, un distinguido militar retirado procesado y condenado injustamente por influencias políticas y mercenarias a principios de siglo, le escribió en el expediente, al apelarle el fallo inicuo:

“Hombre cretino y soez

cuyas sentencias oprimen,

tu no eres Juez del crimen

sino un crimen hecho Juez”

Con razón decía un extraordinario jurista latinoamericano, asesinado por los políticos corruptos de su país, al expresarse acerca de un Poder Judicial cortesano y mercenario, que: “Cuando el puesto de los prevaricadores de la justicia está en la magistratura judicial, el de los hombres honestos está en la cárcel”.

Desde las celdas que dignifican, Cuartel San Carlos de Caracas; sede del Batallón Lino de Clemente de Fuerte Tiuna y Cárcel de San Francisco de Yare en el Estado Miranda, a los quince días del mes de mayo de mil novecientos noventa y dos.

Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela, soldados del Ejército Bolivariano

MBR 200

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CS #327 – A superar

Cartas

Debe dejarse atrás la cogedera de seña en Cuba, especialmente si es de letras de conga habanera como la de: “Los componedores se van, componiendo sus tambores p’a gozá, p’arrollá”. (Cf. Los componedores, Mosaico #1, Billo’s Caracas Boys). Llegado una vez más a estas tierras de abrazar a los Castro, el Presidente de la República gritó: “¡Debemos seguir a la ofensiva, arrollando a la contrarrevolución, no tenemos más alternativa!” En La Habana han debido explicarle que si quería que su régimen se pareciera al castrista, tenía que decir contrarrevolución en lugar de oposición. El mero cambio terminológico justificaría cualquier atropello p’arrollá, puesto que la sexta acepción que el DRAE registra para el verbo arrollar es: “Atropellar, no hacer caso de leyes, respetos ni otros miramientos ni inconvenientes”.

La consigna general de atropello sin escrúpulos fue estrenada hace tres días, en alocución histéricamente laudatoria de la caída de Pedro Carmona Estanga y su propio regreso al poder, luego de que no le hubieran dejado ir a refugiarse en un museo militar más grande, en, otra vez, La Habana. Como es costumbre en Chávez, la arenga no dejó de construirse con una abigarrada mezcla de verdades, semiverdades, exageraciones y afirmaciones falaces. (No hubo “reacción popular” histórica y protagónica—esdrújula, en síntesis—entre las seis de la tarde del 11 de abril de 2002 y la tarde del 13, cuando grupos en buena medida “convocados” por miembros armados del Partido Comunista de Venezuela se atrevieron a acercarse a Miraflores, una vez que la criminal estupidez carmonista hubiera colapsado. Gente de La Charneca explicaba en la mañana del 12, únicamente, su preferencia por un modo constitucional para salir de Chávez. Con el resultado estaba de acuerdo).

Ahora busca por todos los medios, principalmente con el empleo simultáneo de diputados y jueces asicariados, el atropello de políticos y ciudadanos que en nada amenazan la “estabilidad democrática”—que él mismo sobresalta casi a diario—y mucho menos su “revolución”, que no es otra cosa que el desorden de un resentido apetito de poder. En su delirio, el planteamiento de un canal de contraflujo en la autopista a Guarenas constituye una amenaza contrarrevolucionaria.

Pero como algunos quemadores de Judas en Sebucán, hay observadores que no lo respetan, a quienes tales ladridos de día trece—número pavoso en muchas partes—les suenan huecos. Entre éstos son particularmente interesantes quienes conocen de vida ya longeva los tipos humanos y, sobre todo, los verdaderos revolucionarios. El fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Domingo Alberto Rangel, fue entrevistado por el diario zuliano Versión Final, que ayer reproduce su interpretación de Chávez como conguero componedor. Así contestó a José Flores Castellano:

Chavez llamó a sus seguidores a arrollar a la contrarrevolución e instó a los tribunales a castigar a los medios por tratar de “subvertir” la estabilidad democrática en el país, ¿qué opina usted de esa actitud?

—Yo creo que eso es pura paja y que no llevará absolutamente nada a la práctica. Chávez es el hablador de paja más grande de la historia de Venezuela, supera en eso a Juan Vicente González, al cabito Cipriano Castro y a cualesquiera otros charlatanes de nuestra historia.

El Presidente dijo que su revolución es “eterna”, ¿no es un tanto hitleriana esa afirmación? ¿Revela tentaciones autoritarias?

—Es posible que sea hitleriana, pero yo creo que Hitler era un hombre más serio. Fue a una guerra cuando creyó que Alemania estaba suficientemente armada. Es que Chávez es un payaso, perdóneme que sea tan franco, pero es un payaso. Y ya lo están viendo así a escala internacional, Chávez pasa ya por un hablador de tonterías.

Pudiera ser que hubiera una suerte de afinidad entre el actual presidente y la noble profesión de i pagliacci. El suscrito compuso el 1º de octubre de 1998 un artículo para el diario—también zuliano—La Verdad, y lo llamó Payasadas. He aquí algunos extractos:

Creo que es la primera vez que lo hace el diario El Nacional: considerar que es materia de primera página la celebración del primer cumpleaños de una niñita. La “noticia de primera página”, junto con su correspondiente fotografía, remite a un despliegue a página completa de su sección de sociales, en la que más fotos cubren el área de impresión junto con el texto que se estila en estos casos. Sale la niñita fotografiada en brazos de sus “orgullosos padres”, salen fotografiados los más notables entre los asistentes al sarao infantil, y no dejan de ser capturadas por el lente las infaltables payasitas…

El problema es que el papá de la niñita, ataviado con lujosa camisa y ocasional sonrisa es nada menos que Hugo Chávez Frías, el candidato presidencial más “popular”, y que la fiestecita se efectuó en la sede del Círculo Militar de Caracas.

Naturalmente, los niñitos de Chávez Frías crecen y cumplen años. Naturalmente, la celebración de esas ocasiones es una entrañable costumbre a la que tienen derecho todos los niños y todos los “orgullosos padres”. El punto curioso es el estilo “clase alta” de la fiesta aludida y el inusitado despliegue que del acontecimiento hizo El Nacional.

Demasiado rápidamente, pienso yo, el patriótico candidato –y no pocos de su séquito– ha admitido “la necesidad” de las camionetas “Blazer”, los trajes de Clement y las piñatas con payasitas. Según él declaró hace unas cuantas semanas, ya se siente en control del poder, y en consecuencia empieza a mostrarnos ya cuál va a ser su estilo de vida en cuanto perciba el primer sueldo presidencial.

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Del otro lado hay asimismo cosas que deben ser dejadas atrás, y dos son particularmente perniciosas.

La primera de ellas es la de las valentías de salón, que prescriben absurdas enormidades, concepciones criminales absolutamente enfermizas. Hace poco alguien recomendaba en una tertulia de amigos, con la tranquilidad de quien recomienda la lectura de un libro, que la forma de salir de Chávez era propiciar ¡la eclosión de un “segundo Caracazo”!

La irresponsabilidad de una idea tal es casi inmedible; se trata de imaginar el acicate eficaz a una epidemia de saqueos en desbordamiento masivo, con su ineludible secuela de muertes y daños patrimoniales graves en grande extensión. Una amoralidad tan descomunal se acompaña de la cobardía: quien recetara ese holocausto, obviamente, no está dispuesto a saquear él mismo, ni a permitir que sus familiares lo hagan. Esas cosas se ven por televisión, mientras la popular carne de cañón que él incitaría por apropiadas personas interpuestas se ve disminuida por la muerte. Tampoco es tan increíble persona dueño de establecimiento alguno, que pudiera verse afectado en desórdenes urbanos desencadenados por su precisa ingeniería.

La descripción precedente no es ficción; el suscrito escuchó, atónito e indignado, la insólita propuesta, que además de doblemente inmoral sería enteramente ineficaz. Ni siquiera el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, a quien se le desmayara el Ministro de Relaciones Interiores durante alocución televisada el 28 de febrero de 1989, cayó bajo el impacto del Caracazo. Para lo único que serviría una recomendación tan insana es para la muerte de unos cuantos, entre los que no estarían ni el Presidente ni el proponente.

Esta insensatez debe cesar. No debe repetirse. Dejemos atrás la recomendación insensata de Henrique Salas Römer en artículo de 1999: que si Chávez glorificaba el 4 de febrero, el acto de una logia reducida, “nosotros” debíamos glorificar el desenfreno del 27 de febrero, que por masivo sería más democrático y equiparable en mérito cívico ¡a la caída del Muro de Berlín y los acontecimientos de la plaza de Tiananmén!

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Una segunda cosa perniciosa es más difícil de distinguir, pues es prédica en apariencia menos violenta y, en más de un caso, acometida con inocente tenacidad. Ella es la pertinaz convicción de que con teoremas y teorías logra comprobarse que hubo fraude en todo evento electoral celebrado en Venezuela entre el 15 de agosto de 2004 y el 15 de febrero de 2009. (Poco antes de esta última fecha, un empresario local de aguerrida participación política aseguraba por televisión: “Nosotros no hemos perdido ni una sola elección desde el revocatorio de 2004”. El 3 de noviembre de 2004 decía valiente y certeramente Eduardo Fernández a la dirección nacional de COPEI: “Hay dos ‘guarimbas’, que quisiera analizar. Una es el fraude: ‘no lo estamos haciendo mal, lo que pasa es que nos roban las elecciones’… Si eso fuera verdad, en nuestro análisis tendríamos que ver cómo hacemos para no ser tan bobos, que ganamos todas las elecciones y nos las roban”).

Un dedicado grupo de profesionales—ESDATA—se ha convencido de que ha “demostrado” los presuntos fraudes, aduciendo teoremas o “leyes” de Newcomb-Bensford y similares, y presenta en su página web tendenciosas presentaciones y datos tendenciosos en abono de su pretensión. Dirigido por gente tenaz y motivada, sus ejercicios han servido para convencer del milagroso hallazgo a personas que carecen de las herramientas críticas que les serían necesarias para discernir la verdad. Es la impresión de quien escribe que las intenciones del grupo son honestas e igualmente valientes; su método, en cambio, es equivocado.

La historia de la ciencia moderna aloja más de un caso de elaboraciones con plena consistencia interna (lógico-matemática) y que además concuerdan con las observaciones. Así lo explica Nassim Nicholas Taleb en el muy recomendable libro The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable (Random House, 2007), del que tuviera noticia por aviso de José Rafael Revenga y posesión por regalo de mi hijo mayor:

“Más allá de nuestras distorsiones de percepción, hay un problema con la lógica misma. ¿Cómo puede alguien que no tiene idea de lo que pasa ser, sin embargo, capaz de sostener un conjunto de puntos de vista perfectamente razonables y coherentes que cuadran con las observaciones y se atienen a toda regla lógica? Considérese que dos personas pueden sostener creencias incompatibles basadas en exactamente los mismos datos… En un famoso argumento, el lógico W. V. Quine mostró que existen familias de interpretaciones y teorías lógicamente consistentes que pueden casar con una serie dada de datos. Esta visión debiera advertirnos que la mera ausencia de sinsentido puede no ser suficiente para convertir a algo en verdadero”. (Capítulo Sexto, La falacia narrativa, pág. 72).

Antes que Quine, Bertrand Russell había salvado su voto sobre el primer y más famoso libro de Ludwig Wittgenstein, su pupilo: “Como alguien que posee una larga experiencia de las dificultades de la lógica y de lo engañoso de teorías que parecen irrefutables, me declaro incapaz de estar seguro de la corrección de una teoría sobre el único basamento de que no pueda conseguir algún punto en el que esté equivocada”. (Prólogo al Tractatus Logico-Philosophicus).

Pero lo que no ha hecho la gente de ESDATA es mostrar evidencia empírica, legalmente convincente–en el sentido de convicción penal—de que en verdad se perpetró fraude en siquiera uno de los eventos electorales que ha examinado. Su admirable constancia conduce a un callejón sin salida, y sus evidentes talentos serían muy útiles en otras tareas. Lo que habrán generado será un ejemplo hipotético de cómo hubieran podido obtenerse los resultados que revisaron si hubiera sido perpetrado un cierto fraude que suponen existió. No han probado que de ninguna otra manera pudieron haberse dado esos resultados, ni tampoco tienen pruebas empíricas, no teoremas viejos o recién descubiertos, de que, en efecto, Jorge Rodríguez o Tibisay Lucena ordenaron la ejecución del fraude imaginario y fueron obedecidos. Cuando son precisados para que expliquen cómo se habrían producido materialmente los hechos, se ven reducidos a conjeturas especulativas.

Y es que el laborioso trabajo de ESDATA es aprovechado por gente interesada en propiciar iniciativas antipolíticas, o entendido e interpretado erróneamente en el mejor de los casos, como para concluir que la participación electoral no vale la pena.

El reino de la lógica, y el de sus hermanas la matemática y la estadística teórica, es una cosa; el de lo empírico es otra muy distinta. Otro, más diferente aún, es el de la política práctica. En otras ocasiones se ha recordado aquí cómo un pueblo decidido, como el ucraniano, es capaz de revertir, llegado el caso, elecciones trucadas por un gobierno comunista, “revolucionario”, arrollador. Dos condiciones son necesarias a un tal logro: ser mayoría y la comparecencia ante las urnas de votación. Si los ucranianos se hubieran quedado en sus casas considerando teoremas exquisitos, absteniéndose de votar, la Revolución Naranja no habría ocurrido nunca.

luis enrique ALCALÁ

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