El eje chucuto

Ex Fiscal Interventor Auxiliar del Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso de Bienes y Servicios del Ministerio del Poder Popular para el Comercio

 

Vemos políticos indecisos que se las dan de resueltos estadistas, y a la «fuente autorizada» que atribuye su falta de información a «imponderables de la situación». Es ilimitado el número de funcionarios públicos que son indolentes e insolentes; de jefes militares cuya enardecida retórica queda desmentida por su apocado comportamiento, y de gobernadores cuyo innato servilismo les impide gobernar realmente. En nuestra sofisticación, nos encogemos virtualmente de hombros ante el clérigo inmoral, el juez corrompido, el abogado incoherente, el escritor que no sabe escribir y el profesor de inglés que no sabe pronunciar. En las Universidades vemos anuncios redactados por administradores cuyos propios escritos administrativos resultan lamentablemente confusos, y lecciones dadas con voz que es un puro zumbido por inaudibles e incomprensibles profesores. (…) En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia.

Peter Laurence – Raymond Hull

El Principio de Peter

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We can sail, we can sail with the Orinoco Flow. We can sail, we can sail.

Enya

Orinoco Flow

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Trece ministerios eran suficientes para la Administración Pública en Venezuela al inicio de su período democrático, en 1959: Relaciones Interiores, Relaciones Exteriores, Defensa, Hacienda, Fomento, Obras Públicas, Educación Nacional, Justicia, Minas e Hidrocarburos, Trabajo, Comunicaciones, Agricultura y Cría, Sanidad y Asistencia Social. (Más la Secretaría de la Presidencia, que entonces no era un ministerio—Carlos Andrés Pérez la elevaría a ese rango en su primer gobierno—, y cuatro «oficinas centrales» adscritas a la Presidencia de la República: la de Coordinación y Planificación, la de Presupuesto, la de Personal y la de Estadística e Informática). Ahora es Hugo Chávez el jefe de un gabinete de 31 ministros.

Este crecimiento tumoral no le es enteramente atribuible. Su antecesor, Rafael Caldera, ya contó con 27 ministros en su segundo período, así que Chávez sólo ha añadido cuatro, aunque cambiándoles el nombre a todos, naturalmente. (Un viejo consejo gerencial recomienda no tener más de una docena de subalternos que reporten directamente a un jefe, so pena de sobrecargarlo).

Nunca dejó de operar un prurito reorganizador de la Administración Pública en los gobiernos precedentes de la democracia. Al comienzo, Rómulo Betancourt estableció la Comisión de Administración Pública, que confió al economista Héctor Atilio Pujol, con el propósito de reformar y modernizar la organización del Poder Ejecutivo Nacional. Esa antecesora de la COPRE (Comisión Presidencial para la Reforma del Estado) trabajó, primeramente, con una estrategia de cambio en los sistemas y procedimientos de la administración: «¿Hay un problema con la cedulación? ¿Cuántas taquillas hay en la ONIDEX (Oficina Nacional de Identificación y Extranjería) de El Silencio? ¿Cinco? Pongamos ocho. ¿Se están robando los reales? ¿Cuántas copias se hace de un punto de cuenta? ¿Tres? Para controlar mejor generemos ahora el original, la copia blanca, la copia amarilla, la copia rosada, la copia verde…» La velocidad de cambio del aparato administrador público era, por supuesto, bastante mayor que la de una oficina que dibujaba diagramas de flujo en un intento de mantenerlo bajo control. Hasta que llegó Allan Randolph (Randy) Brewer-Carías a presidir la Comisión de Administración Pública.

Caldera había ganado por primera vez la elección presidencial y él, abogado latinoamericano, socialcristiano, deductivista, nombró a Brewer—como él abogado latinoamericano, socialcristiano y deductivista, y quien nunca había sido expuesto a una situación organizativa más compleja que un consejo de la Escuela de Derecho de la Universidad Central de Venezuela o manejado más personal que la secretaria de su Instituto de Derecho Público—para que presidiera el órgano de la reforma del Estado.

Donde antes Pujol había puesto curitas y paños calientes, ahora Brewer pretendió reformar absolutamente todo: desde la Corte Suprema de Justicia hasta el Concejo Municipal de Humocaro Alto, pasando por todos los ministerios, todos los institutos autónomos y todas las empresas del Estado. La CAP produjo bajo su guía dos tomos de más de quinientas páginas cada uno, empastados en cubierta dura azul y amarillo—sin rojo; todavía faltaba mucho para la Batalla de la Cachucha—, con las especificaciones para cambiar hasta el último resquicio del Estado.

Alguna vez comenté al propio Brewer este contraste entre él y Pujol, y apunté que no había en el país capacidad gerencial suficiente como para acometer tal cantidad de cambio, y que si llegare a haberla—mediante la contratación, por ejemplo, de Henry Kissinger, Robert McNamara, Peter Drucker y Lee Iacocca—, la intervención de un fornido atleta para trepanar su cráneo, resecarle medio pulmón, reducirle fracturas de costillas, extraerle la vesícula, colocarle una válvula mitral, suturarle úlceras gastroduodenales y circuncidarlo simultáneamente, crearía tal cantidad de trauma que, en cuanto se le destripase una espinilla en la nariz, moriría de shock irremediablemente. Creí que entendería al recomendarle una estrategia de radicalismo selectivo (Yehezkel Dror), para escoger unos pocos puntos estratégicos en el aparato del Estado y en ellos practicar una reforma a fondo. Si la cosa resultaba, entonces pudiera considerarse la extrapolación del esfuerzo a otras dependencias. Las ciencias sociales, le dije, son demasiado incipientes como para permitirse la arrogancia de un cambio omnicomprensivo. Me escuchó con gran atención y, después de considerar mi exposición como «muy interesante», extrajo de su maletín veinte hojas anotadas en papel tamaño extra oficio; ellas contenían tan sólo el índice de una ponencia sobre reforma del Estado que debían discutir los miembros del Grupo Santa Lucía en intervenciones de tres minutos per cápita durante una sesión de media mañana. Había perdido mi tiempo.

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Aun así, Brewer ha sido superado con creces por la voracidad de la revolución «bolivariana», pero antes ya era mucho mayor el problema que llevó a Jaime Lusinchi a crear otro órgano para la reforma del Estado, la difunta COPRE. En ocasión de que Lusinchi contestara a las Comisiones del Congreso de la República que fueron a participarle la instalación del período legislativo de 1985, el entonces Presidente de la República confesó: “…el Estado casi se nos está yendo de las manos”. Era como si el piloto de un gran avión de pasajeros saliese de su cabina para anunciar a los pasajeros de primera clase (los senadores y diputa­dos) que el aeroplano no respondía a los mandos. (Pudiera ser que una mayor tendencia a la candidez fuese característica de los presidentes de Ac­ción Democrática. En 1975, Carlos Andrés Pérez confesaba a los periodistas que no había sido posible dar a luz el documento contentivo del V Plan de la Na­ción por cuanto, a pesar de que él había convocado por tres veces a su discusión ¡los mi­nis­tros no habían leído el documento!) Sin embargo, más tarde no le gustaba a Lusinchi lo que hacía la comisión que él mismo creara, a la que regañó advirtiéndole que era sólo “una comisión asesora y no una co­misión promotora». (El 6 de junio de 1986).

Aumenta la producción de cambures

La capacidad de gestión de los colaboradores del presidente Chávez tiene una magnitud finita, más bien escasa. No sólo es que muchos son más capaces en la fabricación de discursos ideologizados y aduladores cuadres con el jefe que en la gerencia pública, sino que la agresividad de clase del propio Jefe del Estado aliena y excluye a muchos entre los mejores talentos ejecutivos de la Nación. Gustavo Antonio Marturet, de serle ofrecida, no le aceptaría a Chávez la Presidencia del Banco Central de Venezuela.

A pesar de esta circunstancia, el gobierno «revolucionario» que sufrimos desde 1999 insiste en complicarse la vida. Cada estatización es un nuevo punto de decisión y supervisión, cada nuevo programa un nuevo dolor de cabeza. Para demostrar que habla en serio cuando nos anuncia el «socialismo del siglo XXI», ha expropiado más de un millar de empresas privadas en lo que lleva de dominación. Pero no todo es predicado desde la doctrina; luego de su tercer triunfo electoral, a comienzos de 2007, Chávez explicaba en Brasil a sus colegas del subcontinente que tenía que expropiar a la telefónica nacional porque le estaban grabando las conversaciones. (No hay necesidad de poseer la CANTV para espiarlo, y cuando esa empresa era pública, antes de la privatización de Pérez, grababa las conversaciones de Luis Herrera Campíns).

El resultado del apetito controlador de Hugo Chávez es una administración pública elefantiásica, cancerosa, recrecida sin necesidad…  e ineficiente. Es imposible manejarla razonablemente bien porque los pocos ejecutivos medianamente capaces de los que dispone están sobrecargados. Una burocracia enorme obstaculiza el mejor desempeño de la sociedad y su economía, a pesar de algunas mejoras puntuales. CADIVI y SENCAMER se ocupan de que producir sea cada vez más difícil y costoso. Pregunte a cualquier industrial, incluso a los simpatizantes del oficialismo.

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Más allá de su invasividad, la revolución chavista es, por encima de todo, un discurso altisonante e inconsistente. En 1999 Chávez anunciaba un esquema de desarrollo «pentapolar» que ya nadie recuerda—¿lo recordará él mismo?—, y uno de sus componentes era la construcción del «Eje Orinoco-Apure». Ahora le ha recortado a ese proyecto grandilocuente 1.025 kilómetros, al reducirlo al más modesto «Eje Orinoco» que acaba de anunciar en actos de campaña en el estado Bolívar.

Lo sustancial de este anuncio es la adjudicación por PDVSA de 10% de las acciones de Petropiar a la emproblemada Corporación Venezolana de Guayana; en febrero, el presidente Chávez había indicado que exactamente la misma participación sería poseída por la empresa del grupo chino CITIC, así que a comienzos de año podía hablarse con propiedad del «Eje Orinoco-Yangtsé». Para cargar más peso a las exigidas finanzas de PDVSA, ésta adelantará de una vez, según anuncio presidencial, mil millones de dólares a SIDOR, pues el desarrollo en la Faja del Orinoco, que supuestamente pondrá la producción petrolera venezolana en tres y medio millones de barriles diarios para la Navidad, requeriría 1.200.000 toneladas de acero por año en el próximo quinquenio, para un gasto total de US$ 3.600 millones por este solo concepto. Además de todo lo que ya hace, PDVSA es ahora el salvavidas de la CVG.

¿Cuándo duerme Rafael Ramírez? ¿Habrán llegado él y su jefe a su nivel de incompetencia? ¿Será por eso que se produjo una explosión mortal en Amuay? Un estudio de 2011 sobre la seguridad industrial en la Faja del Orinoco, más precisamente en la Gerencia de Servicios Eléctricos de la División Ayacucho, encontró que 74% del personal no ha participado en comités de seguridad. Que se cuiden los obreros de Guayana del eje chucuto. LEA

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Se veía venir

Todavía no tenía la sonrisa

Tengo en la cara una sonrisa y es que nuestros estudios reflejan que los candidatos tienen una diferencia de 2, 3 o 4 puntos; pero otros estudios, realizados a la misma población, señalan una diferencia porcentual de 27 o 30 puntos, eso es imposible, alguien está mintiendo.

Saúl Cabrera, Vicepresidente de Consultores 21, el 27 de junio de 2012

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De nuevo se pone una agencia de noticias extranjera en la más fresca información de alguna encuestadora local. Esta vez es Reuters la que publica una nota escrita por la ubicua Marianna Párraga junto con Daniel Ore (y reportaje adicional de Eyanir Chinea), y da noticia de la más reciente medición de Consultores 21. La nota lleva por título: Capriles tiene una ligera ventaja en una nueva encuesta de la elección en Venezuela y, después de sus comentarios sobre los estudios de opinión, añade evaluaciones de otros aspectos de la contienda. Este blog se contraerá a traducir sólo lo que se refiere a encuestas:

Una nueva encuesta en Venezuela pone al candidato de oposición Henrique Capriles por delante de Hugo Chávez por la primera vez antes de la elección del 7 de octubre, contradiciendo la mayoría de los estudios que dan al Presidente una ventaja de más de 10 por ciento.

La encuesta de Consultores 21 mostró a Capriles con 47,7 por ciento versus Chávez con 45,9 por ciento, rebasando al líder socialista desde que el estudio del grupo diera a Chávez una ventaja en junio de 3,4 por ciento.

La encuesta, que fue preparada para clientes privados y tiene un margen de error de 3,2 por ciento, fue obtenida el viernes por Reuters. Sus hallazgos fueron confirmados por Consultores 21.

Los estudios de opinión son controversiales en Venezuela, donde ambos campos políticos se acusan mutuamente de encargar encuestas sesgadas. La mayoría de las encuestadoras más conocidas da al Presidente, que quiere extender su gobierno de 14 años, una sólida ventaja.

Ése es el contexto en el que Párraga y colaboradores ubican la noticia. LEA

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Patología de la arrogancia

Extracto de La enfermedad de la victoria, el Capítulo VIII de Las élites culposas (Libros Marcados, 2012)

Una de sus mejores caricaturas

El período que va desde el inicio de la tercera presidencia de Hugo Chávez hasta la evidencia de su absceso pélvico es el lento desarrollo de un síndrome inexorable: la enfermedad de la victoria. Los japoneses la llaman senshobyo.

Éstos son los signos: arrogancia, exceso de confianza, complacencia, la repetición de previos patrones victoriosos en la lucha (en vez de desarrollar nuevas tácticas que anticipen los avances enemigos), la caricaturización y subestimación del contrincante, el desconocimiento de la información de malas noticias. Mientras el lado victorioso se vuelve complaciente, creyéndose invencible y conduciéndose con arrogancia, sus contrarios escarmientan y se adaptan.

Los griegos, por su parte, llamaron hibris a esa conducta.  La ὕβρις era un crimen, y el más grande de los pecados, en la Grecia clásica. El inglés moderno denota por hubris a la arrogancia y el sentido de superioridad excesivos; los griegos destacaban, más bien, la actitud humillante que se derivaba de esa conciencia, observable con más facilidad en ricos y poderosos. Esta visión antigua coincide con la cristiana: la soberbia es el peor de los pecados. Quien tenía hubris, o “hibris”, en realidad retaba a los dioses y sus leyes, y la tragedia griega le retrataba en su caída.

David Owen* define en In sickness and in power: “No es ‘hibris’ todavía un término médico. El significado más básico fue desarrollado en la antigua Grecia, simplemente como la descripción de un acto: un acto hibrístico era uno en el que una figura poderosa, inflada con excesivos orgullo y confianza en sí misma, trataba a los otros con insolencia y desprecio”.

Es en el teatro griego, sin embargo, donde se refina la característica y se explora los patrones de la conducta hibrística, así como sus causas y consecuencias. Explica Owen en su libro:

Una carrera hibrística procede más o menos por el siguiente cauce. El héroe obtiene gloria y aclamación por haber logrado un éxito desusado en contra de las probabilidades. La experiencia se le sube a la cabeza: comienza a tratar a los demás, meros mortales ordinarios, con desprecio y desdén, y desarrolla tal confianza en su propia capacidad que comienza a creerse capaz de cualquier cosa. Este exceso de confianza en sí mismo le lleva a interpretar equivocadamente la realidad que le rodea y a cometer errores. Tarde o temprano le llega su castigo y conoce su némesis, que lo destruye. Némesis es el nombre de la diosa de la retribución, y en el drama griego a menudo los dioses disponen la némesis porque es visto el acto hibrístico como uno en que el perpetrador trata de desafiar la realidad ordenada por ellos. El héroe que comete el acto hibrístico busca transgredir la condición humana, imaginándose ser superior y en posesión de poderes como los de los dioses. Pero los dioses no aceptarán eso; es así como son ellos quienes lo destruyen. La moraleja es que debemos poner cuidado en no permitir que el poder y el éxito nos suba los humos, haciéndonos demasiado grandes para nuestros zapatos.

Después advierte: “Los síntomas en la conducta que pueden justificar un diagnóstico de síndrome hibrístico se hacen típicamente más intensos mientras más tiempo permanezca en el poder un jefe de gobierno”, y completa la descripción señalando los “factores externos” que aumentan la probabilidad del cuadro clínico: “éxito abrumador en la obtención y preservación del poder, un contexto político en el que hay mínimas limitaciones del líder que ejerce su autoridad personal y la duración del tiempo de su permanencia en el poder”. De seguidas, Owen sugiere que se diagnostique ese síndrome cuando quiera que tres o cuatro síntomas, de la lista que sigue, estén presentes en los gobernantes:

—Una propensión narcisista a ver el mundo primariamente como una arena en la que pueden ejercer poder y buscar gloria, antes que un lugar con problemas que necesitan se les aproxime de manera pragmática y no autorreferencial.

—Una predisposición a emprender acciones que probablemente les exhiban favorablemente, esto es, para resaltar su imagen.

—Una preocupación excesiva con la imagen y la presentación.

—Una manera mesiánica de hablar acerca de lo que hacen y una tendencia a la exaltación.

—Una identificación de sí mismos con el Estado, hasta el punto de considerar la perspectiva y los intereses de los dos como idénticos.

—Una tendencia a hablar de sí mismos en tercera persona o con el plural mayestático.

—Confianza excesiva en su propio juicio y desprecio por el consejo o la crítica de otros.

—Exagerada fe en sí mismos, rayana en un sentido de omnipotencia, respecto de lo que pueden alcanzar.

—Una creencia en que antes que ser responsables ante el mundano tribunal de sus colegas o la opinión pública, el tribunal al que tienen que responder es muy superior: la historia o Dios.

—Una convicción inamovible de que serán reivindicados en ese tribunal.**

—Inquietud, irreflexión e impulsividad.

—Pérdida de contacto con la realidad, a menudo asociada con un aislamiento progresivo.

—Una tendencia a permitir que su “gran visión”, especialmente su convicción de la rectitud moral de un determinado curso de acción, obvie la necesidad de considerar otros aspectos, como la factibilidad, el costo y la posibilidad de consecuencias indeseadas; una terca renuencia a cambiar de curso.

—Como resultado, un cierto tipo de incompetencia en la implementación de una política, que puede ser llamada incompetencia hibrística. Es aquí donde las cosas van mal, precisamente porque el exceso de confianza hace que el líder no se moleste con la carpintería de una política. Aquí puede haber una desatención a los detalles aliada a una naturaleza indiferente.

En librerías

Fue un ataque de la enfermedad de la victoria, de hibris o senshobyo lo que llevó a los japoneses al desastre de Midway, poco después de su espectacular bombardeo de Pearl Harbor y su precoz extensión por islas y costas del Pacífico; fue la enfermedad de la victoria lo que llevó a Napoleón a la catastrófica invasión de Rusia, y a Hitler más de un siglo después a concebir y fracasar estrepitosamente, con su Operación Barbarroja, en el mismo intento. A comienzos de 2007, eso mismo estaba pasando a Hugo Chávez, enfermo de triunfo, en el año cuando sufriría a su término la primera derrota electoral de su trayectoria. Hugo Chávez, como acabamos de ver, exhibía muy notoriamente no tres o cuatro de los síntomas enumerados por Owen sino todos los catorce.*** Su hibris lo llevó a la pérdida del referendo aprobatorio de dos proyectos de reforma constitucional; uno sometido por la Presidencia de la República y otro por la Asamblea Nacional. LEA

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* Lord Owen es un médico inglés que investigó sobre la química del cerebro y trabajó con neurólogos y psiquiatras, pero también ha sido un destacado político que sirvió como miembro del Parlamento, Sub-secretario de Estado para la Marina, Ministro de Salud Pública y Ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra. Está particularmente calificado para disertar sobre la enfermedad de poder.

** Pedro León Zapata pintó a un tiranosaurio con charreteras y botas militares—Tiranosaurio Red—que decía: “A mí me absolverá la prehistoria”, en clara alusión a famosa frase de Fidel Castro en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada.

*** Aunque el libro de Owen fue publicado por Praeger en 2008, no se encontrará en él ni una sola mención de la persona política de Hugo Chávez. No pareciera estar el autor muy consciente de su existencia, puesto que verdaderamente nuestro Presidente es un caso de librito, prácticamente el modelo perfecto para la enumeración de los signos del desorden hibrístico tratado en la obra.

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De frente… ¡March!

 

Efectivos de la Fuerza Aérea India marchan en Nueva Delhi (2009)

Los compases musicales binarios son unidades de composición rítmica que, como su nombre indica, están divididos en dos tiempos: Un, dos; Un, dos… y es usualmente el primero el que se acentúa, ejecutándose más fuertemente que el segundo. Son los compases de 2/2 (dos notas blancas por compás) o 2/4 (dos negras), pero también 6/4 o 6/8, en los que un trío de negras o de corcheas es ejecutado en un solo tiempo del compás. La composición típica con ese ritmo es la marcha—a fin de cuentas usamos dos piernas para marchar—pero también son de tiempo binario los pasodobles y las polcas. (En la próxima oportunidad, pida a su pareja bailar un pasodoble como si marcharan y verá que tal cosa es cierta. O hágalo de una vez, solo o acompañado, con España cañí, es decir, gitana; es pasodoble de Pascual Marquina Narro a cargo de la orquesta de André Rieu).

España cañí

Del mismo modo, una polca pudiera ser marchada en lugar de danzada, puesto que se escribe y ejecuta en 2/4. La Polca de Ana, compuesta por Johann Strauss hijo para conmemorar (en 1852) el día de Santa Ana, una festividad importante para los vieneses, es tocada aquí por la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida en esta ocasión por Daniel Barenboim.

Polca de Ana

En los circos son frecuentes los compases binarios, e Igor Feodorovich Stravinsky compuso la Polca de circo para un joven elefante (1942) a petición del coreógrafo George Balanchine, que había acordado con el circo de los hermanos Ringling y el de Barnum & Bailey aportarles un número de ballet. Sólo al final la pieza adquiere el carácter de una polca, cuando Stravinsky emplea el tema de la Marcha militar #1 de Franz Schubert. Ballanchine produjo una coreografía que se estrenó con gran éxito en el Madison Square Garden, donde danzaron cincuenta elefantes ataviados con tutús rosados de ballet y cincuenta bailarines humanos. Marc Soustrout conduce la Orquesta Filarmónica del País de Loire.

Polca de circo

Todavía en contexto circense, entremos de lleno a las marchas con una clase de este tipo de composición que es característica del mundo del circo: la marcha rápida y alegre que en inglés se conoce con el nombre de screamer (gritón). Una típica es La abeja del circo, compuesta por Henry Fillmore e interpretada por la Banda de la Marina de los EEUU.

La abeja de circo

Portada original de la marcha del Washington Post (1889)

No hay duda de que el más famoso y prolífico compositor de marchas de ese país fue John Philip Sousa. Su Stars and stripes forever es la marcha oficial de los Estados Unidos, y Semper fidelis sonaba en las películas estadounidenses de la II Guerra Mundial en las que intervinieran sus Infantes de Marina. Compuso también marchas no militares, y la más conocida es la que hizo para el periódico The Washington Post. A pesar de su carácter civil, la toca aquí la Banda del Ejército de los EEUU.

Washington Post

Un largo camino

Naturalmente, las marchas son mayormente piezas para el uso militar. Su espacio natural es el de avenidas y plazas por las que desfilan los soldados de regimientos militares, en exhibición de su poderío con vistosos uniformes. Algunas, en cambio, ofrecen consuelo a gente que pelea en las guerras y, en ciertos casos, caen prisioneros. Una famosa en la Gran Guerra, It’s a long way to Tipperary, hace soñar a las tropas de Su Majestad Británica con el regreso a la patria. Jack Judge, su compositor, era de padres irlandeses y sus abuelos eran oriundos de Tipperary. El Coro del Ejército Rojo de Rusia la interpreta acá. Luego, la Marcha del Coronel Bogey, hecha famosa en la película El puente sobre el río Kwai (1957) como símbolo de resistencia de prisioneros de los japoneses en la II Guerra Mundial; es tocada y silbada por la Orquesta Boston Pops y dirigida por Arthur Fiedler, su longevo conductor. Fue compuesta por el teniente Frederick Joseph Ricketts, sobre el silbido de un golfista militar que sonaba las dos notas de un intervalo descendente de tercera cuando se aprestaba a golpear la pelota, a modo de aviso en lugar del acostumbrado grito.

It’s a long way to Tipperary

Coronel Bogey

Rusos con uniformes de la II Guerra Mundial en 2008

Grandes compositores, no sólo los especialistas, han escrito en el género que nos ocupa. El ruso Sergei Prokofiev, por ejemplo, es el autor de la Marcha para banda militar en Si bemol mayor, su op. 99. La Banda de Concierto de Estocolmo, bajo la batuta de Gennady Rozhdestvensky, nos ofrece la versión que sigue.

Marcha para banda militar

Y militar es, por supuesto, la Marcha Radetzky, de Johann Strauss padre (no confundir con la Marcha Rakoczy de Héctor Berlioz), a cargo de Alfred Scholz y la Orquesta Vienesa de Conciertos. Su hijo homónimo le superó con creces como compositor. El propio Brahms lo envidiaba; cuando la hijastra de Johann hijo, Alice von Meyszner-Strauss, le pidió al maestro alemán que firmara su abanico de autógrafos (usanza de la época), éste escribió en él los tres primeros compases de El Danubio Azul, añadiendo: Leider nicht von Johannes Brahms («Lamentablemente, no de Johannes Brahms»). De él es la estupenda Marcha egipcia, op. 335 (mucho más egipcia que la Marcha triunfal de la ópera Aída). Ejecutantes de lujo, el gran maestro Nikolaus Harnoncourt y la mejor orquesta del mundo, la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam, la interpretan con coro.

Radetzky

Egipcia

Más al norte, en Rusia, además de Prokofiev, Pyotr Illich Tchaikovsky compuso más de una marcha. Nos es muy familiar, claro, la Marcha del primer acto de Cascanueces, pero también el comienzo de La bella durmiente, justamente después del número de Introducción, trae una marcha. En el primer caso, André Previn dirige la Orquesta Sinfónica de Londres; en el segundo, Anatole Fistulari está al frente del mismo conjunto musical.

Cascanueces

> La bella durmiente

Yendo un poco al oeste, la música del finlandés Jan Sibelius domina nuestros oídos desde territorio liberado de los rusos. Es una de sus obras de juventud la Suite Karelia que canta a una región que amaba, entre otras cosas, porque allá llevó a su esposa en luna de miel. El primero de los tres movimientos es una marcha, aunque lleve el extraño nombre de Intermezzo (no es intermedio entre dos piezas, sino entre la que lo sigue y el silencio que lo precede). Paavo Berglund dirige la Orquesta Sinfónica de Bournemouth.

Intermezzo

El socio de Gounod

No se ha comentado acá que un subgénero de marchas es el de carácter fúnebre. La marcha fúnebre por antonomasia es, sin duda, el segundo movimiento de la Sonata #2 para piano de Federico Chopin, pero es igualmente famoso el tercer movimiento de la Primera Sinfonía (Titán) de Gustav Mahler. También es magnífica la marcha fúnebre de la Música para el funeral de la Reina María, de Henry Purcell, que puede escucharse en este blog en Música elegíaca y fúnebre. Ahora sonará la pieza que musicalizaba el programa de TV de Alfred Hitchcock, Marcha fúnebre para una marioneta, del gran melodista francés Charles Gounod. La oiremos por los músicos de la finísima Orquesta de Filadelfia bajo la dirección de Eugene Ormandy, quien la puliera hasta la perfección. La misma gente interpretará la sabrosa Marcha de los juguetes, de Babes in Toyland, opereta del norteamericano Victor Herbert. Y para aprovechar esta múltiple y opulenta presencia, se cierra esta entrada con la Marcha (cuarto movimiento) de las Metamorfosis Sinfónicas de Paul Hindemith sobre temas de Carl Maria von Weber. (Guardo un grato recuerdo de la impecable ejecución de las Metamorfosis por la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, el 19 de mayo de 1994, en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez).

Marcha fúnebre para una marioneta

Marcha de los juguetes

Metamorfosis IV

Buen provecho. LEA

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¿Cómo ves la vaina? (Actualizado)

Para Varianzas la cosa es cara o sello

El responsable de las encuestas de Varianzas—enlace abajo para descargar la más reciente en .pdf—es el sociólogo Rafael Delgado Osuna y, según él, la cosa está de a toque. Para un estudio con error muestral de 2,16% en cualquier dirección, una intención de voto de 49,3% (Chávez) y 47,2% (Capriles) es un verdadero empate técnico. La encuesta incluye preguntas de difícil evaluación; por ejemplo: Si Chávez no ha vencido la enfermedad antes del 7-O ¿por quién votará? (Lámina 13). La firma no explica quién emitirá juicio médico confiable a este respecto o cómo se enterarán los electores de la situación.

A pesar de esta medición, Francisco Toro Ugueto (Caracas Chronicles), quien hace la referencia a la encuesta como signo de buen trabajo del comando de Capriles, cree que Chávez ganará las elecciones. He aquí la traducción de su blog, que redacta en inglés:

Cuando converso de la elección de octubre, la gente invariablemente me pregunta por «los números». ¿Cómo van los números? Ese tipo de cosas.

Quieren decir las encuestas, por supuesto.

Pero la próxima vez que alguien me pregunte, voy a sacudir la cabeza y decir «no se está viendo bien».

En un contexto internacional, es extraordinariamente raro que un presidente en ejercicio pierda la reelección en medio de una racha de fuerte crecimiento económico. Y en el contexto de un petroestado, sería genuinamente extraordinario que un presidente en ejercicio perdiera con precios petroleros de tres dígitos.

Algunos verán esta actitud como derrotista. Yo, por supuesto, pienso que es realista. La gente vota por sus bolsillos. Más específicamente, vota por la tendencia de sus finanzas domésticas. En este momento—aunque sea difícil de creer—un número muy grande de venezolanos está viendo sus finanzas mejorar mes a mes.

Estamos exigiendo mucho del campo de Capriles cuando le pedimos que venza esta desventaja estructural. Porque, debemos estar claros: que la carrera sea incluso competitiva ya es un enorme testimonio del trabajo que ha hecho.

En efecto; los amigos preguntan siempre: «¿Cómo ves la vaina? ¿Quién crees tú que va a ganar?» El coro de encuestadores y opinadores dista mucho de la consonancia (ver tabla abajo), pero mi opinión clínica, independientemente de las mediciones, no ha variado desde que la expresara el 10 de marzo de 2011. En referencia a los precandidatos opositores de entonces (en lista que incluyó a Capriles), escribí: Puede señalarse en cada uno de ellos algunas bondades, sin la menor duda, pero pareciera que ellas son insuficientes para la tarea de alcanzar la Presidencia de la República en un cotejo que, indefectiblemente, incluirá la candidatura de Hugo Chávez, quien repetirá y ampliará su comportamiento ventajista. No es un candidato “normal” quien puede derrotar al Presidente en ejercicio. Menos suficientes todavía serían esas bondades para manejar acertadamente el Poder Ejecutivo Nacional en las condiciones esperables para 2013, en el improbable caso de que éste cayera en sus manos. LEA

Desde las primarias de oposición

(Enlace para descarga: Varianzasagosto)

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Actualización: hoy, 20 de agosto de 2012, se ha filtrado por una nota de Bloomberg que Datanálisis ha medido, en levantamiento practicado entre el 16 de julio y el 9 de agosto, que la ventaja de Chávez sobre Capriles se ha reducido a 12,5 puntos. La intención de votos por el primero ha bajado a 46,8% mientras que a favor del segundo se pronunció el 34,2% de 1.288 entrevistados. También habría reportado la encuestadora 18,8% de indecisos. Mariana Párraga y Eyanir Chinea reportaron sobre lo mismo para Reuters.

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