La última curva

En todas partes se refleja el corazón de la patria

Según reporta el diario El Universal—Alejandra Hernández apoyada en Sara Carolina Díaz—, el «corazón de su patria» dijo que su triunfo electoral le convenía a los ricos, que su éxito del próximo 7 de octubre le conviene a «la burguesía» porque «le garantiza a los ricos que puedan seguir haciendo su vida tranquilamente». Ya lo saben, caballeros empresarios: no habrá más expropiaciones; tranquilos, que no habrá mucho más de las mil y pico que hasta ahora han sido ejecutadas.

También argumentó: «Si ustedes ven las encuestas, incluso en el sector socioeconómico llamado A, que son los más ricos, Chávez saca ahí como 30%. No es que todos los ricos están contra Chávez. No, porque hay muchos ricos que tienen conciencia de que Chávez está haciendo un trabajo para todos, para estabilizar al país y eso le conviene a ellos».

En In sickness and in power (Praeger, 2008) David Owen propuso un inventario de catorce rasgos que definen lo que llamó enfermedad «hibrística» (del griego ὕβρις): “Una carrera hibrística procede más o menos por el siguiente cauce. El héroe obtiene gloria y aclamación por haber logrado un éxito desusado en contra de las probabilidades. La experiencia se le sube a la cabeza: comienza a tratar a los demás, meros mortales ordinarios, con desprecio y desdén, y desarrolla tal confianza en su propia capacidad, que comienza a creerse capaz de cualquier cosa. Este exceso de confianza en sí mismo le lleva a interpretar equivocadamente la realidad que le rodea y a cometer errores». Uno de los rasgos de esta patología es el siguiente: «Una tendencia a hablar de sí mismos en tercera persona o con el plural mayestático». Otro es: «Una propensión narcisista a ver el mundo primariamente como una arena en la que pueden ejercer poder y buscar gloria, antes que un lugar con problemas que necesitan se les aproxime de manera pragmática y no autorreferencial». Otro: «Una manera mesiánica de hablar acerca de lo que hacen y una tendencia a la exaltación». Otro: «Una preocupación excesiva con la imagen y la presentación». Otro: «Una identificación de sí mismos con el Estado, hasta el punto de considerar la perspectiva y los intereses de los dos como idénticos». Otro: «Una tendencia a permitir que su ‘gran visión’, especialmente su convicción de la rectitud moral de un determinado curso de acción, obvie la necesidad de considerar otros aspectos, como la factibilidad, el costo y la posibilidad de consecuencias indeseadas; una terca renuencia a cambiar de curso». Bueno, parece que Chávez quiere cambiar el suyo.

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Un nuevo correo ha llegado a este blog, realmente conmovedor. Se atribuye su contenido a Juan Carlos Zapata, Director de Descifrado, cosa que al blog no le consta. En todo caso, alguien lo escribió y algunos lo circulan a direcciones electrónicas de opositores a modo de silbido en la oscuridad, para infundir ánimos desde una ilusión que llevará a la depresión post partum del 8 de octubre o a la reedición del grito de fraude; en cualquier caso, con desmembramiento de la Mesa de la Unidad Democrática. He aquí su texto:

La tendencia de Capriles ganador se confirma. Hay varios elementos en juego.

Primero, dos encuestas ya dan a Capriles por delante. Una de ellas, Consultores 21, le da 6 puntos de ventaja.* El resultado ha asombrado a los mismos encuestadores, que antes de hacer el anuncio van a hacer otro estudio para confirmar.

Segundo, el Gobierno maneja números dispares. Pero ya en ninguno aparece Chávez barriendo, como era el caso hace un par de meses. En la oficina de Oswaldo Cisneros manejan esta información: Chávez gana por un punto. Pero ya se sabe lo que significa un punto cuando el candidato que sube es Capriles.

Tercero, esto se complementa con una información que tengo del alto gobierno colombiano, cuyos estudios también le dan la victoria a Capriles. Estos análisis los lleva a cabo el Ministerio de la Defensa. Se supone que son fidedignos, por las relaciones—por ahora buenas—con el gobierno de Chávez.

Cuarto, por otro lado, hace una semana, en una reunión privada, Antonio Ledezma señaló que la de Capriles es una victoria irreversible. ¿No va a ser tan irresponsable para decir algo así? El mismo Capriles por primera vez ha señalado que el final no será cerrado.

Quinto, para finalizar, hay que unir estos datos con el comportamiento errático de Chávez y el Comando Carabobo. Los actores del Comando están desaparecidos. Suspenden y mueven actos. La intervención de Chávez en Valencia le ha hecho mucho daño interno. Mover a Maduro para poner como candidato de Carabobo a Ameliach y de manera autoritaria, en un mitin, genera más que resquemores. Desconfianza. Dicen fuentes internas del chavismo que lo de Ameliach es imposición de Diosdado Cabello, cuyos apetitos andan desbocados. Tiene un doble problema Chávez: ya no puede prometer, y no hay obras que inaugurar. El discurso hacia la clase media y el sector privado cae en saco roto. El chavismo y Chávez ya no crecen.

Sexto, este es un punto que agrego hoy domingo, porque ayer, en San Cristóbal, Chávez volvió a dudar de uno de sus candidatos para la gobernación. No está seguro de Tarek El Aissami para el Táchira. La excusa son las ocupaciones del Ministro. Lo evidente es esto: ya el Presidente no es el portaviones de otros tiempos. Antes, candidato que impusiera en una región, candidato que arrancaba con ventaja. Ahora, sus decisiones generan problemas internos. Y sus candidatos no generan entusiasmo. Lo de Tarek no es nuevo. Ya rodaba en Táchira que no se confirmaba como abanderado. De modo que la jornada de ayer fue provechosa para Capriles en Bolívar. Y de dudas para Chávez en Táchira. Carabobo, Táchira, Anzoátegui, Monagas… Muchas dudas juntas…

*Según testimonio de Fortuny, Guzmán & Asociados de hace diez días (Contrapunto de encuestadores), Consultores 21 «desmintió que fuera cifra suya una ventaja de cuatro puntos del candidato opositor sobre el oficialista, como se ha afirmado insistentemente en las redes sociales». Ahora se atribuye a Zapata el conocimiento de una ventaja de seis puntos medida por la misma encuestadora.

«Un Argumentum ad verecundiam, argumento de autoridad o Magister dixit es una forma de falacia. Consiste en defender algo como verdadero porque quien lo afirma tiene autoridad en la materia». (Wikipedia en Español). En el texto atribuido a Zapata abunda esta clase de argumentación falaz: dos encuestas, Consultores 21, Oswaldo Cisneros, el Ministerio de Defensa colombiano, Antonio Ledezma. Muchas falacias juntas…

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Intención de voto (28 de julio al 5 de agosto; clic amplía)

En la sala del hotel Marriott encontré a Juan Eduardo Smith Perera (hermano de Roberto), Director de Noticiero Digital y, lo que creo muy significativo, a Robert Bottome, el Presidente de Veneconomía, denodado defensor de la empresa privada. También asisitieron dos asesores de la Embajada de los Estados Unidos y me fue presentado el Sr. Benjamín Tripier, de la firma de consultoría gerencial NTN. Asistí en compañía de Teódulo López Meléndez. Uno también puede aducir, falazmente, autoridades para sostener que no estaría esa gente allí de pensar que Oscar Schemel recibe viáticos del gobierno y por tal razón adulteraría sus cifras; todos habíamos ido a ser testigos de la rueda de prensa de hoy, en la que Hinterlaces presentó su estudio Monitor País (enlace a un archivo en formato .pdf de las láminas abajo) correspondiente al levantamiento que hiciera entre el 28 de julio y el 5 de agosto.

El dato que todos esperábamos era el de la intención de voto por Chávez y Capriles. Por el primero, el 48% se inclinó a favor, 30% por el segundo; la brecha es de 18 puntos, anunció Schemel a 52 días de la votación. Para empatar, Capriles tendría que tener una ganancia neta de 1% cada tres días; él solo: esto no es una carrera de relevos. Alea jacta est, como habría dicho Suetonio a Julio César. LEA

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Enlace para descargar láminas de Hinterlaces: MCS – MONITOR PAIS – AGOSTO 2012 – REPORTE ELECTORAL (16-08-2012)

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Para pensar la política

 

La cosa es compleja

Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan.

John Stuart Mill

Ensayo sobre el gobierno representativo

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La política que hacemos es la que tenemos en la cabeza. Naturalmente, las emociones, que se manifiestan no sólo en el cerebro, determinan mucho de nuestra conducta, pero aun ellas ingresan al intelecto junto con las ideas que fluyen por él para formar nuestras decisiones, que siempre son actos de la volición consciente. En esa elaboración, los conceptos que tenemos acerca de la sociedad y su dinámica terminan por conformar el marco de esa toma de decisiones.

Podemos, por ejemplo, creer que el mundo de la política se rige por dinámicas newtonianas, que en él todo es asunto de acción y reacción, de espacios y fuerzas políticas. Hace no mucho que algún articulista nacional dedicara unos cuantos de sus trabajos a discutir la siguiente cuestión: ¿hay espacio en Venezuela para una nueva fuerza política? En su concepción, los partidos políticos eran fuerzas de Newton que ocupaban un espacio limitado, y bien pudiera ser que ese espacio estuviera ya repleto, razón por la cual no podría caber en él otra «fuerza política».

También se es newtoniano (con perdón de Sir Isaac) si se cree que la repetición de una misma política llevará a las mismas consecuencias que cuando se aplicara anteriormente. Es la idea de un espacio político análogo a una mesa de billar; si golpeo con la bola jugadora alguna otra con el mismo ángulo y la misma fuerza en el mismo punto, deberé obtener resultados idénticos: la misma carambola de la vez anterior. Dos ejemplos pueden ilustrar el punto.

Después del fenómeno conocido como el “Caracazo” (27 y 28 de febrero de 1989), se formó un temor prácticamente irreductible a los aumentos del precio del combustible en el mercado local. Como la violencia del 27F fue detonada por el aumento del pasaje interurbano, y éste a su vez fue causado por el encarecimiento de la gasolina, el escarmiento que el caracazo produjo impedía la consideración de aumentar el precio del combustible.

O, por caso, el hecho de que un crescendo de manifestaciones callejeras contra el gobierno a comienzos de 2002 llevara al clímax del 11 de abril con la salida momentánea de Hugo Chávez, consolidó la simplista fe de que la oposición tenía que «mantener caliente la calle”. (Ya se dejó de eso). Por esto se repitió hasta el cansancio la fórmula de la marcha de protesta, reiterada por los agentes de la oposición formal y seguida (aunque cada vez menos) por un segmento de la población que creyó sinceramente en la invariable eficacia política de ese expediente.

La verdad es que la aplicación de una misma receta política tiende a tener efectos distintos en momentos diferentes. Las sociedades no son estáticas mesas de billar; son, más bien, complejos sistemas compuestos por un número grande de conciencias individuales, cuyos estados cambian con el tiempo y la secuencia específica de sus experiencias. Los enjambres humanos son de enorme complejidad, y cambian porque recuerdan y aprenden. Incluso en conglomerados bastante más simples—pongamos una determinada cepa bacteriana—también la confrontación repetida de un mismo antibiótico conduce a la formación de una resistencia adaptativa. El remedio que era capaz de aniquilar millones de bacilos se vuelve repentinamente inútil, una vez que los agentes infecciosos mutan para comportarse como si la cosa no fuera con ellos.

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Hacemos la política que pensamos, y pensamos dentro de conceptos y marcos de interpretación que, desde el trabajo miliar de Thomas Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas), llamamos paradigmas. Éstos son, naturalmente, construcciones mentales; cómodas para el discurso, son sin embargo abstracciones. Formuladas originalmente en un determinado tiempo histórico, su destino es desenfocarse y perder pertinencia en cuanto la realidad social muda. Muchas de ellas son adquiridas en el proceso de formación profesional.

Es así como la muy mayor parte de la historia política venezolana ha sido transitada por actores que pensaron dentro de un paradigma jurídico-militar. Con una que otra excepción, nuestros más influyentes políticos se han formado en leyes o en el arte castrense. La política que secretan no puede ser otra que una en la que se cree que el acto político supremo es una ley, o la que presume que la política es asunto de fuerza. Y como nuestra historia, con abrumadora ventaja, está más llena de jefes militares que de hombres de leyes, es la segunda noción la que predomina. Buena parte de la artesanía política criolla tiene que ver con el problema de cómo mantener bajo control a los militares, y casi que es esta necesidad el problema político principal. Rómulo Betancourt, por ejemplo, ya presidente electo democráticamente, escarmentado por el golpe de 1948 y blanco él mismo de una buena cantidad de asonadas militares (Carupanazo, Porteñazo, etcétera), cambió el funcionamiento del Estado Mayor General de Pérez Jiménez por el de un Estado Mayor Conjunto que aislaba relativamente las distintas fuerzas armadas, para dificultar la coordinación de una conspiración que las reuniese a todas.

Pero si en el origen del gobernante está el Derecho, entonces debe descontarse que el nuestro es del tipo latino y no del anglosajón, que enfatiza la casuística y la jurisprudencia—qué decidió un juez en otro tiempo sobre un caso similar—antes que la arquitectura de una pirámide de leyes que descansa sobre una constitución y procede de ésta en pisos de concreción creciente. Nuestro derecho es, pues, deductivo, a diferencia del inductivo de los sajones, y este solo hecho ya produce un paradigma particular con efectos también particulares. Cuando Rafael Caldera llegó por primera vez a la Presidencia de la República, cambió marcadamente el enfoque que precedió al suyo sobre reforma del Estado. El órgano encargado de gestionarla, predecesor de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado, era la Comisión de Administración Pública, que bajo las presidencias de Betancourt y Leoni se aproximó a la tarea con una estrategia de cambios en los sistemas y procedimientos administrativos, dirigida por el economista Héctor Atilio Pujol. Caldera, por su parte, puso al frente de esa comisión al abogado Allan Randolph Brewer Carías, profesor de Derecho Público, quien procedió a dirigir el parto de dos tomos de quinientas o más páginas cada uno, en los que se especificaba una reforma total del aparato público venezolano, desde la Corte Suprema de Justicia hasta el municipio de Humocaro Alto, pasando por todos los ministerios, todos los institutos autónomos y todas las empresas del Estado. Pujol intentaba, en vano, aplicar una terapéutica que era más lenta que la velocidad del cambio inercial de la administración pública venezolana; Brewer prescribió una cantidad y extensión de cambio para las que no había en el país suficiente capacidad gerencial, tal como ahora confronta la administración de Chávez, en acumulación creciente, las deficiencias que se derivan del imposible manejo de un prurito de cambiar todo, al tiempo que se ha excluido de la gestión pública a la mayoría de la gente más preparada.

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El problema fundamental, no obstante, es que los paradigmas de cualquier clase—y en especial los paradigmas políticos—, como los tejidos celulares, envejecen y se hacen escleróticos, se endurecen y se vuelven incapaces de cambiar. El asunto es doblemente grave porque los objetos sobre los que la política se ejerce, las sociedades, experimentan metamorfosis. A fin de cuentas, las manzanas caen desde tiempos inmemoriales del mismo modo y con la misma aceleración que la que legendariamente golpeó la humanidad de Isaac Newton en un jardín de Cambridge. El hígado que examina hoy un médico modernísimo funciona de la misma manera que el que explorasen Avicena o Hipócrates. En cambio, la sociedad sobre la que Pericles gobernara no es la misma que rigiera Luís XIV, y éstas a su vez muy distintas de la que es gobernada por Mariano Rajoy.

Las sociedades humanas crecen en complejidad, en riqueza y variedad de roles, de problemas, de oportunidades. La pretensión de comprenderlas y manipularlas desde ideas de la Revolución Industrial o la Revolución Bolchevique, o con técnicas de Maquiavelo, Marx o Bismarck es no sólo inoperante, sino irresponsable, indigna de una verdadera profesionalidad política.

Incluso las herramientas analíticas clásicas de la política son menos poderosas que las que ahora se derivan de más recientes desarrollos científicos. En la predicción de resultados electorales—en los Estados Unidos—un modelo que sigue conceptos de la predicción de terremotos se ha revelado como acertadísimo. Nacido de la colaboración de un historiador estadounidense, Allan Lichtman, y un geofísico y matemático soviético, Vladimir Keilis-Borok, a partir de 1981, el modelo ha predicho con exactitud los resultados de todas las elecciones presidenciales desde esa fecha, luego de que sus “marcadores” fueran calibrados para coincidir con los desenlaces de las elecciones de los últimos ciento veinte años (entre 1860 y 1980). En vez de referirse a los candidatos específicos o los temas propios de cada campaña, el modelo de Lichtman y Keilis-Borok identifica señales (cuatro básicas y nueve complementarias) que parecen determinar con precisión si una determinada elección será “estable” (cuando gana las elecciones el partido que está en el gobierno) o “cataclísmica” (cuando las gana el partido que está en la oposición). Explica Keilis-Borok. hoy en día profesor de Ciencias de la Tierra en la Universidad de California en Los Ángeles: “Los sistemas que generan elecciones y terremotos son sistemas complejos. No son predecibles con ecuaciones simples, pero después de tamizarlos y promediarlos en el tiempo se hacen predecibles”. Lichtman lo resume de esta forma: “Hemos reconceptualizado la política presidencial en términos geofísicos”.

Hay que darle a la tecla

En general, puede decirse que es de la ciencia de la complejidad, de la teoría del caos o la del comportamiento de los enjambres y las avalanchas, todas inventadas en la segunda mitad del siglo XX, de donde vienen ahora y continuarán viniendo los nuevos moldes de interpretación eficaz. Ninguna de estas disciplinas les es familiar a nuestros políticos convencionales—o, si a ver vamos, a los actuantes en cualquiera otra nación hasta ahora—y sin ellas éstos entienden y entenderán las cosas mal.

Un rasgo fundamental y definitorio de los sistemas complejos es su “sensible dependencia de las condiciones iniciales”. Esto es, que una pequeña variación en el inicio de un proceso complejo puede conducir a un futuro muy diferente. (“¿Desata el aleteo de una mariposa en Brasil un tornado en Texas?”, preguntaba en discurso de 1972 el meteorólogo Edward Lorenz, que ya en 1959 se había topado con esa sensibilidad esencial de los sistemas complejos). ¿Quién sabe si la señora que encendió la airada protesta por el costo del pasaje de autobús en Guarenas, el 27 de febrero de 1989, había recibido abuso del marido la noche anterior? Si Carlos Andrés Pérez no hubiera accedido a su segundo gobierno en acto fastuoso que parecía una coronación, poco antes de apretar el cinturón del pueblo ¿habría reaccionado la psiquis de los caraqueños de la misma forma al aumento de ese costo?

Las condiciones iniciales del Caracazo son irrepetibles. Desde entonces, el precio del transporte público urbano e interurbano ha aumentado en innumerables ocasiones, sin que por ello se haya suscitado una agitación ciudadana tan terrible como la de aquel febrero, cuando las abejas humanas de la urbe del Ávila se africanizaran.

Las sociedades mutan; su conocimiento crece y se diversifica. Esto es tanto así que Kevin Kelly, el Fundador Ejecutivo de la revista Wired y autor del ya clásico e importante libro Out of control (Perseus, 1995), pudo decir en reciente disertación sobre el futuro de la ciencia: “La ciencia es nuestro modo de sorprender a Dios. Es para eso que estamos aquí”. En la introducción que de ella hiciera Stewart Brand, éste abundó sobre esa intuición: “Es nuestra obligación moral generar posibilidades, descubrir los modos infinitos—sin importar cuán complejos y pluridimensionales sean—de jugar el juego infinito. Se requerirá todas las especies posibles de inteligencia para que el universo se entienda a sí mismo. En este sentido, la ciencia es sagrada. Es un viaje divino”.

Una política que no esté a la vez abierta y conectada a una percepción tan amplia y elevada como ésa, que no abreve de la ciencia y se conforme con catecismos resumidos de unas “humanidades” clásicas, no puede aspirar a entender la sociedad contemporánea, mucho menos guiarla. El intento de entrar al futuro con los lentes de Ezequiel Zamora puestos, o aun las gafas de un personaje tan visionario como Simón Bolívar, sólo puede desembocar en reflujo, en retroceso. No bastan, para enfrentar las complejísimas condiciones de una sociedad de hoy—la nuestra ya se compone de veintinueve millones de personas—un bagaje de retórica y la elección de un enemigo.

Que la ciencia, que la metodología haga el relevo de la ideología, para que el hombre justo de Vargas se haga con el mundo, y no el audaz de Carujo.

LEA

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Astigmatismo político

Saludo de amor (Edward Elgar) al cierre de juegos impecables en Londres

Salut d’amour

aberration(n.) something that differs from the norm (In 1974, Poland won the World Cup, but the success turned out to be an aberration, and Poland have not won a World Cup since).

world-english.org

aberración. (Del lat. cient. aberratio, -onis). 1. f. Grave error del entendimiento. 2. f. Acto o conducta depravados, perversos, o que se apartan de lo aceptado como lícito. 3. f. Astr. Desvío aparente de los astros, resultante de la combinación de la velocidad de la luz con la de los movimientos de la Tierra. 4. f. Biol. Desviación del tipo normal que en determinados casos experimenta un carácter morfológico o fisiológico. 5. f. Ópt. Imperfección de un sistema óptico que produce una imagen defectuosa.

Diccionario de la Lengua Española

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La impresionante clausura de los Juegos Olímpicos de Londres puso de relieve su magnífica organización. La capital inglesa alojó durante 17 días los mejores atletas de 204 países, sin que incidente alguno empañara las 303 competencias que compusieron las trigésimas Olimpíadas. Lord Coe—el barón Sebastian Newbold Coe—, él mismo ganador de cuatro medallas olímpicas, encabezó el Comité Organizador que hizo un trabajo extraordinario; sus palabras finales en la ceremonia de cierre, británicamente parcas, fueron: «Lo hicimos bien». El conde belga Jacques Rogge, Presidente del Comité Olímpico Internacional, cerró las suyas con un simple «Gracias, Londres».

El 26 de julio registraron los medios internacionales los vistosos comentarios de Mitt Romney, el candidato del Partido Republicano en las próximas elecciones de Presidente de los Estados Unidos, de visita en Inglaterra. Romney, reportó el diario londinense The Telegraph, había elevado «su tendencia a meter la pata» al declarar que, a causa de preocupaciones de seguridad, era «difícil saber como resultarían» los juegos. A modo de fundamentación del imprudente comentario, Romney dijo que había hallado «unas cuantas cosas desconcertantes» y abundó: «Los cuentos acerca de personal insuficiente en la compañía privada de seguridad, la supuesta huelga de funcionarios de inmigración y aduana, no son obviamente algo alentador».

David Cameron, el primer ministro inglés, de tendencia política afín a la de Romney, no perdió tiempo en clavar un dardo a quien aún no había recibido: «Estamos acogiendo unos Juegos Olímpicos en una de las ciudades más ocupadas, más activas, más bullentes de cualquier parte del mundo. Por supuesto, es más fácil si se celebra los Juegos Olímpicos en medio de la nada», aludiendo a Salt Lake City, la capital de los mormones—Romney es uno—, donde el estadounidense presidió los juegos de invierno en 2002. Por su parte, el Alcalde de Londres, Boris Johnson, dirigiéndose a una concentración de 60.000 personas que asistían en Hyde Park al relevo final que trajo la antorcha olímpica a Londres, dijo a los asistentes: «Hay un tipo llamado Mitt Romney que quiere saber si estamos listos».  Entonces arengó, arrancando rechiflas del público: «¿Estamos listos? ¡Sí, lo estamos!» En efecto, los londinenses estuvieron listos.

Romney quiso después, torpemente, enmendar el capote y declaró de nuevo:»Mi experiencia en relación con las Olimpíadas es que es imposible que no ocurran errores en absoluto. Por supuesto, habrá errores de vez en cuando, pero ellos quedan ensombrecidos por las extraordinarias demostraciones de coraje, carácter y determinación de los atletas». Es decir, los competidores rescatarían a los organizadores, sus atónitos anfitriones.

El republicano mormón estaba muy equivocado, tanto en protocolo como en su agorera profecía. Su visión, parece ser, sufre de aberración.

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Ayer llegó por correo electrónico a este blog el siguiente mensaje:

Encuesta del  C N E De buena fuente y fidedigna, confidencial encuesta que maneja el C.N.E: AMAZONAS CHAVEZ: 42% CAPRILES: 39% N/S.N/C 19% ANZOATEGUI CHAVEZ: 28% CAPRILES: 59% N/S.N/C 12% APURE CHAVEZ: 44% CAPRILES: 43% N/S.N/C 13% BARINAS CHAVEZ: 44% CAPRILES: 45% N/S.N/C 11% BOLIVAR CHAVEZ: 41% CAPRILES: 45% N/S.N/C 14% CARABOBO CHAVEZ: 24% CAPRILES: 63% N/S.N/C 13% COJEDES CHAVEZ: 45% CAPRILES: 41% N/S.N/C 14% DELTA AMACURO CHAVEZ: 42% CAPRILES: 37% N/S.N/C 21% FALCON CHAVEZ: 34% CAPRILES: 55% N/S.N/C 11% GUARICO CHAVEZ: 37% CAPRILES: 41% N/S.N/C 22% LARA CHAVEZ: 33% CAPRILES: 54% N/S.N/C 13% LIBERTADOR-CARACAS CHAVEZ: 38% CAPRILES: 50% N/S.N/C 12% MERIDA CHAVEZ: 34% CAPRILES: 53% N/S.N/C 14% MIRANDA CHAVEZ: 23% CAPRILES: 66% N/S.N/C 11% MONAGAS CHAVEZ: 36% CAPRILES: 49% N/S.N/C 15% NUEVA ESPARTA CHAVEZ: 33% CAPRILES: 54% N/S.N/C 13% PORTUGUESA CHAVEZ: 38% CAPRILES: 57% N/S.N/C 15% SUCRE CHAVEZ: 31% CAPRILES: 44% N/S.N/C 15% TACHIRA CHAVEZ: 28% CAPRILES: 59% N/S.N/C 13% TRUJILLO CHAVEZ: 31% CAPRILES: 44% N/S.N/C 16% VARGAS CHAVEZ: 37% CAPRILES: 41% N/S.N/C 12% YARACUY CHAVEZ: 27% CAPRILES: 55% N/S.N/C 18% ZULIA CHAVEZ: 25 (Allí se cortaba el texto).

También ayer, los comentaristas en español de la transmisión de los Juegos de Londres por DirecTV señalaron como el más significativo triunfo latinoamericano en la impecable justa planetaria la actuación de Rubén Limardo, el esgrimista venezolano que ganó la Medalla de Oro en su especialidad de espada, la primera de algún latinoamericano desde 1904. Hace pocos días, el Chamán del Guaraira Repano comentó, de visita en la sede de Acción Democrática en La Florida, que las declaraciones de Limardo en apoyo a Hugo Chávez habían debido reportarle a éste unos tres puntos porcentuales más en la intención de voto.

Esperaremos los números de una próxima «encuesta» para la desinformación y la esperanza del capriloradonskismo, la nueva aberración que seguramente será adjudicada, en tanto contratante, al Comando Estratégico Operacional, que tiene bastante plata para ordenar estudios demoscópicos y se asustará mucho cuando se confirme que su jefe perderá por 39 puntos en Carabobo. Sobre esa nueva medición, que nos llegará de fuente fidedigna y buena, valdrá la pena averiguar la opinión que merecerá a Mitt Romney. LEA

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Veinte de las nuestras

Consolas de iluminación: Premio Lo Nuestro a la Música Latina, Univisión

 

 

Hay canciones en nuestra lengua a las que volvemos una y otra vez. Han tocado en nosotros alguna fibra sentimental con música emocionante o pegajosa; algunas las cantamos a coro en celebraciones familiares o amistosas, con amplia tolerancia a la desafinación. Pueden ser lentas, boleros o tangos; otras serán vivaces y fiesteras, propias para el baile. Son las nuestras.

La novia de Agustín

De ellas he seleccionado veinte por las que tengo especial afecto; son canciones que quiero como si fueran personas, y la primera es el himno de Agustín Lara, su María Bonita, compuesto para el amor de su vida: María Félix. Aquí la canta Julio Iglesias, quien siempre ha contado con magníficos arreglos musicales para sus grabaciones; la interpreta desde la alegría que sólo puede transmitir un mariachi, esta vez enriquecido por lujosas cuerdas y maderas.

María Bonita

Estudiaba el bachillerato, ya con catorce años o algo así, y las canciones amorosas habían adquirido una significación que antes no tenían. Entonces escuchaba con unos pocos compañeros las transmisiones de radio con primitivas listas del top ten del momento, cuando por un mes o más dominaron la colección dos canciones en la voz de Raúl Shaw Moreno: Sabrás que te quiero, Cuando tú me quieras. Aprendimos la cursilería de sus letras y las cantábamos para novias imaginarias; ninguno de nosotros tenía una real. Es la segunda de ellas la que pongo a continuación. (El nombre verdadero del cantante y compositor boliviano era el de Raúl Shaw Boutier, que cambió cediendo parcialmente a proposición del Trío Los Panchos—le sugirieron llamarse Raúl Moreno—por considerar sus apellidos anglo-franceses extraños al idioma del bolero. No es con ellos, sino con Los Peregrinos que canta su canción).

Cuando tú me quieras

Perfecto para enamorar

Hablando de listas, en 1955 produjo el sello RCA Victor el álbum Top Pops of Latin America, una selección de doce boleros a cargo de la orquesta del portorriqueño Rafael Muñoz y las voces de su hijo, Rafi Muñoz, y José Luis Moneró. En mi incipiente despertar erótico, bailé mil veces Niebla del riachuelo, platónicamente enamorado, con Corina Stolk; probablemente ella no se acuerde de la fiesta en casa de Raúl «Pupú» Rodríguez, el amable y fallecido dentista amigo que mucho después extraería tres de mis cordales, y tampoco que la miraba desde lejos en los obligados desfiles perezjimenistas de la Semana de la Patria. (Llegué a ser Jefe de Redoblantes de la Banda de Guerra del Colegio La Salle de La Colina, y en ese carácter tenía autorización para alejarme de la formación en busca de las muchachas, lo que hacía junto con Alberto Sarmiento, Jefe de Trompetas. Mi único interés, Corina, lucía su uniforme de gala en el grupo del San José de Tarbes de La Florida). Es Moneró quien canta, transformado en bolero, el tango de Juan Carlos Cobián.

Niebla del riachuelo

Pertenece a Federico Méndez Tejeda, nacido en el barrio de Guadalupe de Aguascalientes, México, el bolero ¿De qué manera te olvido?, interpretado acá por una de las voces latinoamericanas de más amplio registro y segura melodiosidad, la de Marco Antonio Muñiz. (El autor murió en la Ciudad de México en 1988).

¿De qué manera te olvido?

Hay muchas versiones de La Bikina, la pegajosa ranchera de Rubén Fuentes con letra de María José Quinanilla. Una de las que más estimo es la de Gualberto Ibarreto, nuestro cantante oriental de El Pilar, estado Sucre.

La Bikina

Ignacio Jacinto Villa

Ignacio Jacinto Villa (1911-1971), salvo para los connoisseurs, no es un nombre familiar. Es el del cantante que todos conocimos como Bola de Nieve, pianista y bolerista. Vino muchas veces a Venezuela, y los más jóvenes, impedidos de asistir a cabarets o night clubs, supimos de él por sus interpretaciones en El Show de las Doce (Víctor Saume) o Renny presenta, del impar Renny Ottolina. Villa cantaba en su inconfundible estilo intimista, apropiadísimo para ofrecernos No puedo ser feliz, el bolero de Adolfo Guzmán González.

No puedo ser feliz

Mi señora sostiene que se debe al cantante mexicano Luis Miguel (Gallego Basteri, nacido en San Juan, Puerto Rico) el renacer de los buenos boleros en el gusto de las jóvenes generaciones. Es él quien canta para nosotros No sé tú, una de las canciones más eficaces del grandísimo Armando Manzanero. Esta versión fue tomada de un concierto en vivo.

No sé tú

El rey Pedro

Nada como la riqueza de la voz de Pedro Vargas, el cantante con rostro de indio que llenó a la América Latina, en innumerables conciertos, con incontables discos y películas, de música hermosamente cantada. Venezuela tuvo el honor de ser su anfitriona en varias ocasiones, y aquí dejó amigos—Amable Espina muy especialmente—por montones. Don Pedro Vargas nos canta acá, como el más autorizado intérprete de las canciones de Agustín Lara y acompañado en vivo de mariachi, la magnífica Un viejo amor.

Un viejo amor

Seguramente es el éxito mayor del español Alejandro Sanz su Corazón partío, el sabroso son que además canta como ninguno, con el delicioso tumbao a la vez latino y gitano de su grupo. (Atención muchachos, he aprendido a no decir conjunto, lo que me marcaría como anciano).

Corazón partío

En la misma onda de sabrosura despechada viene la pieza Para no verte más, del estupendo conjunto—quiero decir, grupo—argentino La Mosca Tse-tsé.

Para no verte más

Regresemos a un pasado cincuentoso, cuando El Ruiseñor de América, Alfredo Sadel (contracción de Sánchez Delgado) hacía de las suyas con su noble timbre de voz. Hasta ópera cantó, aceptablemente, este gran tenor venezolano. Aquí interpreta otra canción señera del decano Lara: Palabras de mujer.

Palabras de mujer

El Cantante

En este punto repetiré una anécdota que antes se ha contado en este blog: a comienzos de 1974 vino a Venezuela nadie menos que Duke Ellington, el Papa del Jazz. Requerido por una periodista en el aeropuerto de Maiquetía, debió contestar cuál era su cantante favorito. Ellington dijo que eso dependía del estilo musical, del mood, de muchos factores, pero que si la entrevistadora quería saber quién era el cantante, El Cantante se llamaba José Feliciano. Period. De su propia pluma, y con su propia guitarra acompañada de orquesta, interpreta Paso la vida pensando.

Paso la vida pensando

El maestro Alberto Domínguez—fundador del Conjunto Frenesí (no grupo)—compuso la célebre Perfidia, un bolero que cantaba con especial gusto Daniel Santos, El Inquieto Anacobero, cuya versión podemos escuchar de seguidas.

Perfidia

Un gitano que canta de todo

El entonado gitano Diego el Cigala y el gran pianista cubano Bebo Valdés forman un dúo espectacular para Vete de mí, la canción de Virgilio Expósito a la que su hermano, Homero, puso la letra.

Vete de mí

Apelemos ahora a la lengua hermana—entre las raíces del idioma castellano debemos contar al grupo lingüístico galaico-portugués, y gallegos y portugueses, como los brasileños, son nuestros—para recordar el muy hermoso filme Orfeu Negro, realizado en Brasil en 1959—el suscrito se graduaba de Bachiller en Ciencias—por el director francés Marcel Camus. (Palma de Oro en Cannes, 1959; Oscar y Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera, 1960). Aquí canta Astrud Gilberto el tema principal, Manhã de Carnaval, que crearon a cuatro manos Luiz Bonfá y Antônio Maria de Araújo Morais, para afirmar el movimiento musical del Bossa Nova.

 Manhã de Carnaval

La Reina del Azúcar

Es un carnaval de muy distinto temperamento el cantado por la incomparable Celia Cruz en su definitiva rendición de La vida es un carnaval, sabrosa salsa de Víctor Daniel.

La vida es un carnaval

¿Quién no ha bailado una conga en trencito en alguna fiesta de carnaval? La contagiosa Vamos pa’ la conga, de Miguel Matamoros, se vistió con ropaje de lujo en el álbum de Ricardo Montaner (Sonorodven, 1991) En el último lugar del mundo. Músicos del calibre de Ilan Chester (piano) y Frank Quintero (batería) participaron en la grabación. Hela aquí.

Vamos pa’ la conga

¡Cómo cuesta trabajo dejar atrás el espíritu carnavalesco, expiatorio, liberador! Por eso viene ahora el hombre de la bilirrubina, Juan Luis Guerra, con su rica interpretación de Woman de El Callao, emblemático calipso de Julio Delgado que evoca los famosos carnavales de nuestro pueblo guayanés.

Woman de El Callao

Un manantial de boleros grandes

Bueno, viene a curarnos de tanto despelote, de nuevo, Armando Manzanero, con su maravilloso bolero Contigo aprendí. Nos llega en la rotunda voz de Alejandro Fernández.

Contigo aprendí

El Tío Simón

El cierre de este trayecto musical de nuestras entrañas está confiado a la pieza universal del venezolano Simón Díaz—portador de la alegría de vivir mucho—: su famosísimo Caballo viejo, que canta al enamoramiento en la vejez. La canción ha sido interpretada en todo el mundo por numerosos cantores, entre quienes descuella más que ningún otro Plácido Domingo. La versión que suena a continuación es de El Caballero de la Salsa, Gilberto Santa Rosa.

Caballo viejo

¡Qué buena es nuestra música! LEA

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La sabiduría del enjambre

Una bandada de estorninos que vuelan juntos sin impedirse

 

A O. P. C.

 

Dudo en verdad que exista para el ser pensante otro minuto más decisivo para él que aquel en que, al caer las vendas de sus ojos, descubre que no es de ninguna manera un elemento perdido en las soledades cósmicas, sino que existe una voluntad de vivir universal que converge y se hominiza en él.

Pierre Teilhard de Chardin – Ver (Preámbulo a El Fenómeno Humano)

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Esto nos lleva a preguntarnos qué otras cosas están almacenadas en una abeja que aún no hemos visto. O qué otras cosas están almacenadas en la colmena que todavía no han aparecido porque no ha habido suficientes colmenas en fila simultáneamente. Si a ver vamos, qué está contenido en un humano que no emergerá hasta que estemos todos interconectados por alambres y política. Las cosas más inesperadas fermentarán en esta supermente-colmena biónica.

Kevin Kelly – Out of control

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El amable Oscar Pérez Castillo me hizo llegar una nota personal acerca de Elinor Ostrom. En ella decía: «Comparto la Weltanschauung de Elinor Ostrom, defensora de los comunes, la gente popular. Ella propiciaba y defendía los proyectos o tareas entre los comunes. Dejados solos, los pueblos, la gente encontraba solución a su propios problemas en combinación entre todos, no desde arriba, no impuesto por alguien, por algún sabihondo».

A mi vez, correspondí con la nota-obituario de la revista TIME del 25 de junio de este año, escrita por Rana Foroohar:

La profesora en Bloomington

Ella fue a enseñar en la Universidad de Indiana en 1965 porque la escuela ofreció un empleo a su esposo en el departamento de ciencias políticas. Pero Elinor Ostrom, que en 2009 se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Nobel de Economía, pronto se convirtió en la atracción principal. Su trabajo, enfocado sobre cómo la gente ordinaria que usa recursos naturales—como bosques, pesquerías y campos petroleros—puede manejarlos más inteligentemente que las compañías o los gobiernos, nunca ha sido más oportuno que ahora. «Después de los rescates del TARP* y la devastación de las democracias en Europa a manos de tecnócratas financistas, el mundo está comenzando a apreciar lo que Elinor Ostrom ha venido alumbrando profunda, persistente y serenamente durante casi 50 años»; eso escribió el año pasado Robert Johnson, Director del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico, cuando Ostrom, que falleció el 12 de junio a sus 78 años,** fue incluida en la lista de TIME de las cien personas más influyentes. A diferencia de muchas estrellas de la economía, Ostrom pensaba de abajo hacia arriba en lugar de arriba hacia abajo, pues creía que los ciudadanos tienen «poder y capacidades» más allá de las de las burocracias gobernantes y que los individuos pueden hacer una gran diferencia, aun en los mayores problemas del mundo. En momentos cuando casi todos nuestros problemas más urgentes—desde la degradación ambiental hasta la creciente desigualdad—requieren una acción colectiva, sus ideas son un mensaje que los líderes del mundo harían bien en recordar y hacerles caso.

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*TARP (Troubled Assets Relief Program), es un programa federal de los Estados Unidos para adquirir activos débiles y acciones de entidades financieras privadas en problemas, creado mediante ley firmada por el presidente George W. Bush el 3 de octubre de 2008. (Nota de Dr. Político).

**Su esposo, Vincent, autoridad mundial en gobierno democrático, la sobrevivió por escasos 17 días. (Ídem).

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La insensatez es la regla

Pensé que la nota de Pérez Castillo se relacionaba con mi mención de la conjetura de Bárbara Tuchman—La marcha de la locura—en el programa radial Dr. Político del pasado sábado 4 de agosto: «The problem may not be so much a matter of educating officials for government as educating the electorate to recognize and reward integrity of character and to reject the ersatz». (El problema pudiera ser no tanto un asunto de educar a los funcionarios para el gobierno como el de educar al electorado para que reconozca y premie la integridad de carácter y rechace lo postizo). También resonaba la cosa con la anterior emisión del programa (28 de julio), cuando sonó en él la Fanfarria para el hombre común de Aaron Copland y se citó palabras de Will Durant (en Los placeres de la Filosofía):

Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas.

 

Fanfarria para el hombre común – Eugene Ormandy, Orquesta de Filadelfia

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Todavía aportó Pérez Castillo un recuerdo pertinente: el de la obra de Ernst Friedrich Schumacher: Small is beautiful – Economics as if people mattered (1973). Este libro de 290 páginas (en la edición de Harper Torchbooks) se convirtió en la biblia del movimiento de tecnologías apropiadas: aplicaciones a pequeña escala, trabajo-intensivas, energéticamente eficientes, ambientalmente sensatas y localmente controladas. Es tecnología centrada en la gente, la base tecnológica del desarrollo sustentable.

La cosa, pues, tiene detrás la obra de poderosos pensadores, y en el fondo están los marcos mentales desarrollados a partir de los años sesenta en disciplinas como la teoría de sistemas complejos y la teoría de los enjambres. Escribe Kevin Kelly en el primer capítulo de Out of control (Addison Wesley 1994, Perseus Books, 1995), en referencia al trabajo pionero de William Morton Wheeler (1865-1937):

La organización de una minúscula abeja produce un patrón para su minúscula décima de gramo de células de las alas, otros tejidos y quitina. El organismo de una colmena produce la integración para su comunidad de obreras, zánganos, polen y prole. Todo un organismo de 50 libras de colmena emerge con su propia identidad de las pequeñas partes-abeja. La colmena posee mucho que ninguna de sus partes posee. La mota que es el cerebro de una abeja opera con una memoria de seis días; la colmena como conjunto opera con una memoria de tres meses, el doble de la vida promedio de una abeja.

Las hormigas, también, tienen mente de colmena. Una colonia de hormigas, en movimiento de un nido a otro, exhibe el substrato kafkiano del control emergente. Cuando hordas de hormigas abandonan su campamento y se dirigen al oeste, llevando huevos, larvas, pupas—las joyas de la corona—en sus picos, otras hormigas de la misma colonia, obreras patrióticas, cargan el tesoro hacia el este con la misma velocidad, mientras aun otras obreras, quizás reconociendo mensajes conflictivos, corren en una y otra dirección con las manos vacías. Un día de oficina típico. Y, sin embargo, la colonia se mueve. Sin que haya una toma de decisiones visible en un nivel superior, escoge un nuevo sitio para anidar, instruye a las obreras que comiencen a construir y se gobierna a sí misma.

Los seres humanos somos perfectamente capaces de trabajar en enjambres sin autoridad centralizada. El mismo Kelly refiere con detalle los asombrosos experimentos de Loren Carpenter con grandes audiencias, a las que pone a jugar ping-pong—2.500 personas a cargo de una sola raqueta vs. un número equivalente que controla la otra—o con un simulador de vuelo, en una secuencia de decisiones distribuidas, sin que un líder central las oriente o determine. He aquí el audio de una descripción leída de tales experimentos:

 

Los juegos de Carpenter

Ilya Prigogine (Premio Nobel de Química en 1977) también usa ejemplos formíceos para ilustrar una característica de los sistemas complejos—compuestos por numerosos elementos interconectados—: sus propiedades emergentes, que se manifiestan a nivel del conjunto aunque estén ausentes en los componentes. Así se describe en este blog, en Temas de Política Clínica (3), la imagen que nos ofrece: «En ilustración de Ilya Prigogine, Premio Nóbel de Química: si ante un ejército de hormigas que se desplaza por una pared, uno fija la atención en cualquier hormiga elegida al azar, podrá notar que la hormiga en cuestión despliega un comportamiento verdaderamente errático. El pequeño insecto se dirigirá hacia adelante, luego se detendrá, dará una vuelta, se comunicará con una vecina, tornará a darse vuelta, etcétera. Pero el conjunto de las hormigas tendrá una dirección claramente definida». (Ver también Democracia de enjambres, para una oposición de estos conceptos al simplista centralismo socialista). Como lo ponen técni­camente Gregoire Nicolis y el mismo Ilya Prigogine en Exploring Com­plexity (Freeman, 1989): “Lo que es más sorprendente en muchas socie­dades de insectos es la existencia de dos escalas: una a nivel del indivi­duo y otra a nivel de la sociedad como conjunto donde, a pesar de la inefi­ciencia e impredecibilidad de los individuos, se desarrollan patrones cohe­rentes característicos de la especie a la escala de toda la colonia”.

Es esta característica natural de los sistemas complejos el más poderoso fundamento de la democracia y el mercado. A pesar de la imperfección política de los ciudadanos concretos, la democracia sabe encontrar el bien común mejor que otras formas de gobierno; a pesar de la imperfec­ción económica de los consumidores el mercado es preferible como distribuidor social.

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No Hugo Chávez, que hablaba de «constituciones moribundas», sino el muy estadounidense futurólogo John Naisbitt, escribía en Megatendencias (1982):

Hemos creado un sistema representativo hace doscientos años, cuando ésa era la manera práctica de organizar una democracia. La participación ciudadana directa simplemente no era factible… Pero sobrevino la revolución en las comunicaciones y con ella un electorado extremadamente bien educado. Hoy en día, con una información compartida instantáneamente, sabemos tanto acerca de lo que está pasando como nuestros representantes y lo sabemos tan rápidamente como ellos. (…) La democracia participativa está revolucionando la política local en América y borbotea hacia arriba para cambiar también la dirección del gobierno nacional. Los años 70 marcaron el comienzo de la era participativa en política, con un crecimiento sin precedentes en el empleo de iniciativas y referenda… Políticamente, estamos en un proceso de desplazamiento masivo de una democracia representativa a una democracia participativa… El hecho es que hemos superado la utilidad histórica de la democracia representativa y todos sentimos intuitivamente que es obsoleta… Esta muerte de la democracia representativa también significa el fin del sistema de partidos tradicionales.

Las ideas de Naisbitt no dejan lugar a equívocos, y vale la pena recordar que fueron escritas bastante antes de la explosión de posibilidades abiertas por la Internet, que durante las últimas dos décadas ha comenzado la construcción, cada vez más acelerada, de la mente del mundo.

Fishkin y Luskin

Pero ya se mueve una nueva tendencia que rebasa y complementa la democracia participativa. La democracia deliberativa ha hecho su aparición. Ella fundamenta la legitimidad de una decisión democrática no ya en la mera agregación de preferencias que se manifiesta en los votos, sino en una auténtica deliberación de los ciudadanos—en la práctica, de una muestra representativa de ellos—sobre asuntos tan concretos como la aprobación del presupuesto de un municipio. James Fishkin (Democracy and deliberation, 1991), profesor de la Universidad de Stanford, ya ha logrado implementaciones prácticas del concepto en más de una docena de países, y reporta la sensatez de las decisiones ciudadanas en los asuntos que se somete a su consideración mediante deliberative opinion polls. Robert Luskin ha contribuido conceptualizaciones fundamentales a la idea en el Centro de Votación Deliberativa.

La democracia no se ha detenido, entonces. No es cierto que se haya agotado, como ciertos teóricos del autoritarismo quisieran hacernos creer. Pero tampoco debe entenderse que estos nuevos procedimientos pueden sustituir por entero las instituciones políticas a las que nos hemos acostumbrado. No toda clase de decisión se toma mejor en enjambre. El cerebro humano no ha abandonado el cerebro del reptil, que sigue existiendo, esencialmente idéntico al del dinosaurio, en nuestros mesencéfalos. La sabia estrategia de la naturaleza es la de construir pisos superiores, más evolucionados, preservando las funciones que hace magníficamente el Complejo R. (Ver en este blog Política natural).

Lo pequeño es hermoso, sin duda; la gente común puede tomar, en algunos casos, mejores decisiones que los ministerios de un gobierno o el directorio de alguna corporación. No en todo; un enjambre ciudadano sería torpe manejando crisis y, como nos alertara el cibernetista inglés Stafford Beer (Platform for change, Wiley, 1975), un debate maniqueo entre centralización y descentralización es en gran medida una trampa lingüística: cualquier sistema biológico viable tiene procesos vitales muy centralizados en feliz convivencia con otros perfectamente descentralizados. En el más desarrollado de todos, el cuerpo humano, coexisten para complementarse el sistema nervioso central y el sistema nervioso autónomo. La nueva democracia, potenciada por la maravillosa bendición de la Internet, no debe ser la anarquía. No somos una primitiva bandada de estorninos. LEA

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