por Luis Enrique Alcalá | Oct 29, 2012 | Argumentos, Política |

Otra vez se tocan los extremos
Nosotros tenemos que participar, movernos. La lucha es luchando.
Henrique Capriles Radonski, en el estilo de Manuel Rosales
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En alguna parte observó G. W. F. Hegel que en el transcurso de la lucha los enemigos terminan por parecerse. Hay mucho, por ejemplo, de Carlos Andrés Pérez en Hugo Chávez, aunque algunos argüirán, no sin razón, que en lo tocante a megalomanía el segundo ha sobrepasado con creces a su precursor. Chávez fue el complemento perfecto de George W. Bush y se le parecía mucho, sobre todo en eso de sentirse ungido de la historia. Asimismo es notable la adopción de una agresividad irracional en gente opositora, que en principio rechaza a Chávez—de nuevo no sin razón—por su permanente modelación de la violencia.
Tenemos ahora un caso que Hegel consideraría de librito en esto de rivales que hacen mimesis. Se trata de un candidato a gobernador que se refirió a su contendiente como «aburrido», prosiguiendo así en su descripción: «Un bate quebrado, trasnochado, que da sueño…» Parecen cosas de Chávez ¿no es así? ¿No era Chávez quien descalificaba tempranamente a Henrique Capriles Radonski por «majunche»? (DRAE: Ven. De calidad inferior, deslucido, mediocre). ¿No era Capriles quien reclamaba reiteradamente el estilo insultante del Presidente de la República?
Pues bien, las caracterizaciones de aburrido, bate quebrado, trasnochado y somnífero fueron endilgadas por Capriles Radonski a Elías Jaua el pasado domingo 28 de octubre, ayer. Parece que Hegel tenía razón (al menos en este punto); Capriles imita ahora a Chávez y a la perfección, al decir: «Un bate quebrado, trasnochado, que da sueño no va a gobernar el estado Miranda, eso se los aseguro». Cuidado, que antes aseguró que sería presidente.
En su campaña instantánea por la reelección en Miranda, Capriles Radonski ha dado pruebas de su inteligencia mimética; ahora habla de «corazón» a cada rato, reforzando sin proponérselo la fatuidad de Hugo Chávez, el «corazón de su patria». También admite inadvertidamente saber que no puede proporcionar un liderazgo nacional, cuando proclama: «Yo tengo una sola lucha: mejorar la calidad de vida del pueblo mirandino».
El empleo de contrafigura de Hugo Chávez, demostrada la incompetencia de Capriles, está vacante. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 29, 2012 | Memorias, Política |

La portada diseñada por Ariel Toledano
En 1987 pude publicar mis Memorias prematuras, que llevaron por nombre Krisis. Había concluido su redacción el año anterior, y fue el apoyo monetario de Gerd Stern lo que permitió la impresión del libro en edición privada. La nueva imprenta de Javier Aizpúrua se ocupó del trabajo; era el segundo libro que Ex Libris imprimía y el primer libro venezolano que fuera escrito y compuesto íntegramente en un computador personal. (Un Mac Plus con un megabyte de memoria RAM, adquirido en diciembre de 1985; el procesador de texto era MacWrite).
Como expliqué en la introducción, Krisis viene del griego krinein, decidir. Era la historia de una decisión política personal, que fue incubándose entre 1983 y 1985; las memorias relatan mi creciente inmersión en política en esos años. «En cierto sentido, mi proceso personal no es otra cosa que el modo como la crisis del país me pasaba por dentro. (…) Lo que aquí se lee no es otra cosa que el tránsito de la crisis que a todos influye por el alma de una persona que se ha dejado deliberadamente penetrar por aquélla«.
No era fácil a muchos venezolanos, aun a los muy preparados, percibir la profundidad de la crisis. A pesar de que el lapso relacionado es posterior al tristemente célebre Viernes Negro (18 de febrero de 1983), la lectura generalizada era que ese episodio era un ajuste momentáneo, después del cual el país retomaría su ritmo acostumbrado. En esas memorias se menciona un cierto informe mensual por suscripción, con el que pretendía alimentar a mi familia después de que renunciara a un lucrativo empleo para dedicarme a la política. Lo que no se cuenta es que pedí a un querido amigo—desparecido ya—que contribuyera con el capital de trabajo de la aventura. De visita en mi casa me preguntó de qué pensaba escribir, a lo que expliqué: «De los procesos fundamentales de la crisis». Entonces mi amigo, uno de los más importantes y preparados ejecutivos venezolanos del momento, contestó luego de sopesar mi respuesta unos breves segundos: «Y cuando acabe la crisis ¿de qué vas a escribir?» Casi tres décadas después, la crisis no ha concluido.
En este blog se encuentra el texto íntegro de aquellas memorias, pero debo convenir en que su lectura se hace muy difícil en el formato convencional de una entrada típica desde un navegador de Internet. He convertido el archivo de texto original en archivo de formato .pdf y lo coloco abajo para su descarga. Es casi un libro electrónico; los manejadores de archivos en portable document format—Acrobat Reader™, por ejemplo—permiten que se pase sus páginas como si se tratara de un e-book. Tal vez pueda hacerlo auténticamente, y también con Las élites culposas – Memorias imprudentes, más adelante.
Ariel Toledano intentó que la portada simulara un sobre de Manila dirigido a una persona en particular pues, según dijo, el contenido del libro era algo que había dado vueltas antes de encontrar su destinatario; de allí los varios sellos y matasellos. El nombre que se lee parcialmente en la etiqueta corresponde a una persona real que ya no está con nosotros. Es el del dueño del antiguo Abasto Los Palos Grandes, Don Abel Figueira, uno de los personajes importantes del relato. Curiosamente, su segundo apellido era Chaves, con la ortografía portuguesa. LEA
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KRISIS – Memorias Prematuras
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 26, 2012 | Argumentos, Política |

Diseño para la toma del poder
Tal vez la historia española se escriba antes de que ocurra.
La verdad que ya no podemos eludir
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Era el mes de noviembre del primer año de un cierto período presidencial en Venezuela. Un alto funcionario del incipiente gobierno invitó a su casa a un compacto grupo de conocidos, amigos y subalternos de su cargo, a quienes justificó la convocatoria en estos términos: «Les pedí que vinieran para comunicarles que quiero ser el próximo Presidente de la República».
Una discusión más o menos pertinente siguió a tal solemnidad, y cuando tocó el turno a uno de los presentes, éste dijo: «Veo dos problemas en lo que planteas, y te anticipo que el primero de ellos no me interesa en absoluto: no me importa cuántos mítines, cuántos eslóganes, cuántas pancartas y volantes o cuántos jingles sean necesarios para que alcances la Presidencia. No me preocupa para nada cómo harías para llegar a Miraflores. En cambio, me interesa un segundo asunto: ¿que harías tú como presidente? O, puesto de distinta manera, ¿por qué tendrían los venezolanos que elegirte? ¿Para qué quieres ser presidente?»
El interpelado era persona de mente rápida y repuso con agilidad aduladora: «Aquel presidente que se rodee de personas tan capaces y brillantes como las que hoy están aquí será un gran presidente». Quien lo emplazara le hizo notar de inmediato que su respuesta, si bien ágil, astuta y persuasiva, no era en ningún caso convincente.
Poco después se produjo un alejamiento de estos dos interlocutores, y el pretendiente de la Jefatura del Estado se quejaba a comunes amigos que sus llamadas e invitaciones al otro no eran contestadas. No menos de una media docena de reclamos de esta clase le hizo llegar por interpuestas personas, hasta que el destinatario optó por escribir una carta al quejoso. Allí le puso:
Hace poco supe de una vieja leyenda alemana: en el origen del mundo había sólo dos clases de hombres, los héroes y los sabios. Los primeros salían todas las mañanas a trabajar: a conquistar castillos, rescatar doncellas y matar dragones; lo propio de los héroes. Pero éstos, al final de la jornada, se encaminaban a las cuevas de los sabios y les pedían que les explicaran qué significaba lo que habían hecho durante el día, pues no tenían la menor idea de por qué lo hacían.
He registrado mi parentela: tengo, obviamente, sangre española; tengo sangre francesa, italiana y hasta algo de escocesa, pero el alemán no me sale por ninguna parte. A mí tienes que explicarme el sentido de una hazaña antes de acometerla. Su justificación no puede ser una racionalización posterior.
No hay duda de que eres un poderoso emisor de señales políticas, pero lo que a mí me interesa son los significados. Es eso lo que nos separa.
La carta bastó. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 24, 2012 | Música |

John Martin: Manfredo en el Jungfrau (1837)
Cinco quintas y una quinta vienen acá para certificar que el número cinco es auspicioso en materia de sinfonías. Después del enorme impacto de la Quinta Sinfonía en Do menor de Ludwig van Beethoven (1770-1827), su opus 67 y una de las piezas más conocidas y apreciadas del mundo, cada compositor que hubiera compuesto ya cuatro sinfonías ha debido sentirse en estado reverente, dispuesto a dar lo mejor de su arte en ese quinto puesto de su producción sinfónica.

Los cinco primeros compases de «la» Quinta Sinfonía

El Theater an der Wien en 1815
Claro que prácticamente todo el mundo sabe quién compuso el famoso motivo ta, ta, ta, taaaa, (Sol, Sol, Sol, Mi bemol), que el grandísimo director Wilhelm Furtwängler marcó como ninguno. El público que lo escuchó por primera vez asistía a un concierto de más de cuatro horas en el Teatro sobre el Río Wien en Viena, el 22 de diciembre de 1808, que incluyó además la première de la Sexta Sinfonía (Pastoral) y siete obras más del compositor; el propio Beethoven dirigió la orquesta. No fue un estreno auspicioso; en un momento dado, Beethoven decidió detener la ejecución de la Fantasía Coral y comenzar de nuevo luego de una fea equivocación de la orquesta. El agotamiento de la audiencia le ofreció a la gran obra una fría recepción, pero un poco más tarde ya ocupaba un sitial de honor en el repertorio sinfónico de la época: el influyente crítico E. T. A. Hoffman escribió un definitivo elogio de la pieza en el Allgemeine musikalische Zeitung. Acá está su primer movimiento, Allegro con brio, en interpretación de Herbert von Karajan al frente de su Filarmónica de Berlín.
Beethoven

Dirk Bogarde y Björn Andresen en Venecia
Algo menos conocida es la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler (1860-1911), una obra monumental que a veces es reportada como escrita en la tonalidad de Do sostenido menor. El propio compositor, sin embargo, aconsejaba no denominarla así, pues otros movimientos están en clave diferente. (El primero está en esa tonalidad; el último en Re mayor). Fue, de nuevo, el autor quien dirigiera el estreno de su sinfonía, el 18 de octubre de 1904 en Colonia. Al año siguiente se la presentaba en Cincinatti, pero pasarían cuarenta más antes de que los londinenses la escucharan completa, aunque el Adagietto colocado abajo—cuarto movimiento: Sehr Langsam—fue interpretado en 1909 en uno de los conciertos Proms de ese año, anticipando la popularidad que alcanzaría con Muerte en Venecia, la película (1971) de Luchino Visconti sobre la novela (1912) de Thomas Mann. Era la canción de amor de Mahler a Alma Schindler, su esposa. La acompañó de estas líneas: «Cuánto te quiero a ti, tú mi sol, no puedo decirte con palabras. Sólo puedo lamentar ante ti mi añoranza y mi amor». Georg Solti dirige ahora la Orquesta Sinfónica de Chicago.
Mahler

Shostakovich sobre Mravinsky según Russov
Ya en pleno siglo XX, Dmitri Shostakovich (1906-1975) liberaría su propia Quinta, op. 47 en Re menor. El 21 de noviembre de 1937, Yevgeny Mravinsky la dirigió por primera vez en Leningrado, tocada por los músicos de la orquesta filarmónica de la ciudad; más de media hora de aplausos recibió la interpretación, y se dice que Mravinsky celebró el triunfo agitando la partitura sobre su cabeza en alegre reacción al entusiasmo del público. (Habría tenido que ser con ambas manos, por el peso del gran tomo, y Mravinsky era una persona muy delgada. Tuve la inmensa fortuna de escuchar a esa misma orquesta y su director en el Royal Festival Hall del South Bank de Londres en el otoño de 1971, en un concierto que cerró con otra quinta sinfonía, la de Tchaikovsky. Fue una experiencia musical—dentro de una opulenta acústica que no desfallecía en el lejano balcón donde escuchaba—que perdurará en mi memoria mientras viva). Son esos mismos músicos quienes tocan de seguidas el magnífico segundo movimiento de la obra, Allegretto, en grabación de 1973. Es un movimiento jocoso, algo al estilo ácido de Prokofiev, construido como variaciones del motivo que abre la sinfonía. No queda sino decir, a Shostakovich, Mravinsky y los músicos de Leningrado, спасибо большое!
Shostakovich

Del país con sol de medianoche
Para Jan Sibelius (1865-1957) su Quinta Sinfonía en Mi bemol mayor, op. 82, marcaba una ocasión especialísima, puesto que le fue encargada por el gobierno finlandés y estrenada el 8 de diciembre de 1915, el día de su quincuagésimo cumpleaños, que había sido declarado fiesta nacional. Ya Sibelius había compuesto, en 1899, el poema sinfónico Finlandia, su opus 26, que en sí mismo era un grito de emancipación del yugo de los rusos. (La obra llegó a ser ejecutada bajo diversos nombres para escapar a la atención de la policía de ocupación; por ejemplo, Sentimientos de felicidad al despertar de la primavera finesa. Su sección final fue más tarde arreglada como el Himno Finlandia, aunque el himno nacional de este país es oficialmente otra pieza). Era, por tanto, un amado héroe viviente de los finlandeses, que son una gente tan particular que el monto de sus multas de tránsito en carreteras depende del ingreso del infractor. Como en casi todos los casos anteriores, el compositor dirigió para el estreno de su sinfonía aniversaria a la Orquesta Filarmónica de Helsinki. Es el primer movimiento de la tercera versión de la composición, que data de 1919, el que toca aquí la Orquesta Filarmónica de Viena bajo la batuta de Leonard Bernstein.
Sibelius

Jugaba bien al ajedrez
En el caso de Sergei Prokofiev (1891-1953), en cambio, su Quinta Sinfonía en Si bemol mayor era nada menos que exactamente su opus 100. Era el líder de una colonia de compositores en las afueras de Moscú, establecida por el gobierno soviético para alejarlos de peligros de la Segunda Guerra Mundial, cuando compuso la sinfonía en un mes del verano de 1944. El 13 de enero del año siguiente, sería estrenada en el Gran Salón del Conservatorio de Moscú y, sí, era Prokofiev quien dirigía la Orquesta Sinfónica del Estado de la URSS. Poco después, sufriría una caída por problemas de tensión arterial de la que nunca se recuperó por completo. Un músico alineado con la revolución bolchevique, moriría apropiadamente el mismo día cuando se anunciara la muerte de Josef Stalin, el 5 de marzo de 1953. Prokofiev fue probablemente el compositor ruso más popular del siglo XX; también fue un buen jugador de ajedrez: en 1914 llegó a ganar una partida al mismísimo José Raúl Capablanca en un tercer intento de partidas simultáneas de exhibición. La ocasión se presentó en San Petersburgo, donde el genio cubano de 26 años quedó al frente de su torneo internacional de grandes maestros con punto y medio de ventaja sobre Emanuel Lasker, a quien arrebataría el título de campeón mundial siete años más tarde. Prokofiev y Capablanca iniciaron entonces una larga amistad. André Previn conduce a la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, la misma que ahora dirige Gustavo Dudamel, para ofrecernos el segundo movimiento de la obra, Allegro marcato.
Prokofiev

Aquí la estrenó Tchaikovsky
Ahora llegamos a la Quinta Sinfonía en Mi menor, op. 64. de Pyotr Illyitch Tchaikovsky (1840-1893), la que oí en Londres en 1971 y en el Teatro Municipal de Caracas el domingo 20 de abril de 1975, en el segundo concierto de la Orquesta de Cleveland conducida por Lorin Maazel. (No impidió mi asistencia, y no lo hubiera hecho otra cosa, una fractura triple de la cabeza del húmero izquierdo que sufrí cuatro días antes. Logré sentarme en un asiento que daba al pasillo central desde el ala derecha, para no molestar con mi brazo erguido e inmovilizado por un chaleco de once kilos de yeso). Acá sonará su glorioso cuarto movimiento (Finale: Andante maestoso — Allegro vivace — Molto vivace — Moderato assai e molto maestoso — Presto) en los instrumentos de la lujosa Orquesta de Filadelfia, bajo la conducción de Eugene Ormandy. La música modula de Mi mayor a Mi menor, para regresar triunfante a Mi mayor con el tema expuesto tranquilamente al comienzo. Esta sección final de recapitulación fue el tema original de Valores humanos, el iluminador programa de televisión de Arturo Úslar Pietri. (En una temporada posterior, el tema cambió al del inicio de Primavera, el concerto grosso que comienza el grupo de Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi). El 6 de noviembre de 1888, el propio Tchaikovsky—¡qué raro!—dirigió la première de la sinfonía en el Salón de la Nobleza de San Petersburgo. En el asedio a Leningrado (que es la misma ciudad) por la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial, la sinfonía levantó los ánimos de sus pobladores el 20 de agosto de 1941; la Orquesta Sinfónica de la Radio de Leningrado la interpretó impávida hasta el final—fue transmitida por radio a Londres—aunque se escuchara las bombas explotar cercanas desde el inicio del segundo movimiento.
Tchaikovsky

La primera edición de Manfredo
Bueno, una «quinta» de ñapa y con justificación. La Sinfonía Manfredo en Si Menor, op. 58 de Tchaikovsky, es una sinfonía «de programa» compuesta entre la que acabamos de escuchar y su Cuarta Sinfonía en Fa menor, op. 36; fue, por tanto, su verdadera quinta sinfonía o, si se quiere, la 4.5. Sigue musicalmente la línea expositiva del poema dramático de Lord Byron en una estructura cíclica en la que el tema de Manfredo, de gran poder expresivo, se repite bajo diferente guisa en cada movimiento. Es un placer colocar acá el primero de ellos, Lento lugubre, en potente interpretación de Riccardo Muti y la londinense Orquesta Filarmonia, aunque así tengamos a cinco quintas y dos quintas. En cierto sentido adelantado a su época, el movimiento se aleja de la estricta forma sonata para seguir el guión textual. Cincuenta y cuatro años antes, un más decidido innovador de la forma musical, Hector Berlioz, había compuesto Haroldo en Italia, igualmente inspirado en un poema de Byron; tal vez Tchaikovsky no quiso ser menos y produjo esta obra que superaba en concepto y orquestación a la del francés. De hecho, el programa que guió la composición, provisto por Vladimir Stasov, fue remitido primeramente por Mily Balakirev—él mismo se consideró incompetente para la tarea—a Berlioz, quien declinó hacer el trabajo por razones de edad y salud. El gran compositor ruso completó la labor en septiembre de 1885, y el 11 de marzo del año siguiente dirigía Max Erdmannsdörfer con gran éxito el estreno de esta obra colosal que requiere, además de una orquesta sinfónica grande, el concurso de un órgano para cerrarla.
Tchaikovsky 2
He puesto acá esta última pieza en memoria de mi amigo y compadre Eduardo Plaza Aurrecoechea, con quien la oyera muchas veces por la misma orquesta dirigida por Muti en versión del conductor Paul Kletzki para el sello Angel Records. Él me enseñó de música y dirigió mi deficiente voz de barítono en un coro que sonaba bajo su magia. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 21, 2012 | Argumentos, Política |

Sus restos no aguardan la resurrección a temperaturas criogénicas
meme an idea, behavior or style that spreads from person to person within a culture.
Merriam-Webster Dictionary
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A meme acts as a unit for carrying cultural ideas, symbols or practices, which can be transmitted from one mind to another through writing, speech, gestures, rituals or other imitable phenomena. Supporters of the concept regard memes as cultural analogues to genes in that they self-replicate, mutate and respond to selective pressures.
Wikipedia
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memez. 1. f. Cualidad de memo. 2. f. Dicho o hecho propio del memo.
memo1, ma. (Voz que imita el tartamudeo). 1. adj. Tonto, simple, mentecato.
Diccionario de la Lengua Española
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El cadáver de Walt Disney fue cremado el 17 de diciembre de 1966 y sus cenizas fueron enterradas en el cementerio Forest Lawn de Glendale, California. A pesar de estos hechos, un gran número de personas está dispuesto a jurar que su cuerpo fue congelado a temperaturas sub cero, a la espera de que las ciencias médicas pudieran revivirlo. De modo semejante, un número equivalente asegura que el cómico mexicano Joaquín Pardavé fue enterrado vivo, a juzgar por los arañazos supuestamente observables en el lado interno de la tapa de su féretro. El cuerpo de Pardavé, fallecido a raíz de un derrame cerebral once años antes que Disney, jamás ha sido exhumado, por lo que habría sido extremadamente difícil a los creyentes en tal leyenda urbana revisar el interior de la urna que aún contiene lo que quede de él. En Venezuela, hay mucha gente que prefiere creer que hubo fraude electoral el 7 de octubre de este año antes que aceptar que su candidato, como lo pone TIME Magazine, fue incapaz de ofrecer una alternativa convincente.
La difusión de memes memos se ha visto potenciada con los medios de la Internet: el correo electrónico y las llamadas redes sociales, en los que se vuelca una avalancha gigantesca de necedad que se amplifica viralmente. Twitter es especialmente competente en acelerar dinámicas rumorosas sin fundamento. Tuits típicos: «Como se explica: q Capriles pierda en Miranda, Zulia, Lara y Carabobo? q haya 81% d participación con la Morrocoy?», «FRAUDE MASIVO los q tengan ojos q vean los resultados del CNE por estados. Capriles solo gana Táchira y Mérida NI Miranda !!», «Exit poll d Carabobo por PREDICTMATICA (48mil muestras) dio ventaja a HCR de 13,7%. Resultados CNE incomprensibles». Naturalmente, ni Gallup asociada con Gaither levanta 48.000 entrevistas en un solo estado venezolano, y por lo que respecta a la encuestadora esgrimida vale la pena considerar la evaluación de Francisco Toro en Caracas Chronicles. Afortunadamente, hay otros más sensatos: «Como carajo vamos a sumar votos rojos si seguimos diciéndoles ignorantes?» Pero no faltan tuits terribles, brevísimos, solemnes y pretenciosos depresores de la autoestima nacional, como esta idiotez: «Somos un país que tiene alergia congénita al esfuerzo y la mejora». (21 de octubre de 2012).
La credulidad es, lamentablemente, un defecto humano harto extendido, para fortuna de los estafadores que la aprovechan. Viktor Lustig, quien birlara alguna vez 5.000 dólares al mismísimo Al Capone, vendió nada menos que la Torre Eiffel a un crédulo André Poisson en 1925. Tal es la memez de los cándidos.
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Los memes que se conocen con el nombre de leyendas urbanas alcanzan en ocasiones el status de teorías explicativas. Hace nada ocurrió en un foro del servicio Open English—el de las cuñas televisivas donde un memo aprende inglés con etiquetas que dicen pollo-chicken y repollo-rechicken—un debate entre un argentino y una venezolana; el primero aseguraba que Cristina Kirchner no era tan mala porque tomaba distancia de los Estados Unidos, el Imperio, sin inmutarse porque él mismo hubiera optado por aprender inglés, el idioma de ese país al que denostaba, seguramente no para hablar con rusos o chinos. Es toda una teoría esta de la dependencia que explica el atraso del desarrollo latinoamericano por la maléfica influencia del país norteño (que ciertamente es muy entrometido). En la década de los sesenta, cuando la democracia venezolana daba sus primeros pasos, corría como meme irónico esta adivinanza: ¿en qué se diferencian un liberal, un socialcristiano y un izquierdista cuando la mujer les pone cuernos? Respuesta: el liberal le mete un tiro al amante y otro a la esposa; el socialcristiano procura el auxilio de su director espiritual; el izquierdista va a protestar ante la embajada americana. Hay mucha verdad en Las venas abiertas de América Latina, pero el propio Eduardo Galeano ha tomado algo de distancia de su libro de 1971.
Un meme análogo es el que explica la pobreza de un pueblo como el nuestro por la corrupción que consume dineros públicos, los que invertidos en asistencia social la eliminarían. A raíz de la aprobación en 1982 de la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Público, el profesor Humberto Njaim (Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela), hoy Miembro de la Academia de Ciencias Políticas, aportó un útil estudio de sus costos y beneficios. En él reveló sus estimaciones cuantitativas de la corrupción administrativa venezolana: el perezjimenismo habría sustraído fondos por el equivalente de 1% del Presupuesto Nacional; la democracia habría llevado el asalto hasta 1,5%.
En marzo de 1999, cuando Hugo Chávez llevaba apenas un mes en su cargo actual, informé de esta medición a un conductor de taxi que me llevaba de La Carlota a El Paraíso y quiso comentar los problemas del nuevo presidente, apremiándome con la cuestión de una corrupción que nos tendría sumidos en la pobreza. Al oír los índices del profesor Njaim, preguntó con incredulidad (¡gracias a Dios!): «¿Tan poquito?» Entonces puse la cosa en la escala del momento: «No, no es poquito. El presupuesto que manejará Chávez es de veinte billones [castellanos] de bolívares, y 1,5% de eso es la suma de 300.000.000.000 de bolívares». «Es verdad—repuso el chofer—, ¡eso es un realero!»
La conversación cayó en un cauce nuevo para él; vi su sonrisa y creí escuchar los engranajes de su cerebro moviéndose mientras le daba la buena noticia de que no nos habíamos robado 98,5% del presupuesto nacional, y que si bien la corrupción era de un todo execrable, no podía ser que un tumor de 1,5% de tamaño explicara nuestra dolencia social. Quizás algo fundamentalmente malo, si acaso, había en nuestro manejo de la inmensa mayoría del gasto público.
Bueno, trescientos mil millones de bolívares de los actuales son el presupuesto nacional de 2012. Supongamos que Pérez Jiménez los administrara; entonces irían a manos corrompidas tres mil millones de bolívares, unos setecientos millones de dólares si CADIVI los cambiara. Si los manejasen las administraciones democráticas de 1959 a 1983, entonces la sustracción de fondos nacionales sería unos Bs 4.500.000.000. (Repito, de los de hoy; si, como algunos hablan todavía, se contaran en bolívares «débiles», hablaríamos de 4 billones y medio de bolívares esmirriados). Si las administraciones de Chávez hubieran agravado el problema triplicando la tasa perezjimenista (a 3%, o el doble de la corrupción «democrática»), los «boliburgueses» habrían aprovechado 9.000 millones de bolívares. Finalmente, si quisiéramos suponer que la corrupción actual ha quintuplicado la cosa, llevando el peculado a 5% del presupuesto nacional, los dineros extraviados en cuentas suizas y otras sumarían 15 mil millones de bolívares, quince billones en la escala monetaria hace tiempo obsoleta.
Pues bien, la población venezolana puede ser estimada a la fecha en 29 millones de habitantes. Supongamos ahora que el arcángel Gabriel corta de un tajo con su espada flamígera toda la corrupción y reparte este último realero en cuotas idénticas a cada venezolano; entonces ¡cada ciudadano recibiría al año la cantidad de Bs. 517! ¿Saldríamos de abajo con menos de un bolívar con cincuenta céntimos diarios per cápita?
Alegrémonos porque no se han robado al menos 285 mil millones de bolívares y enterremos, a temperaturas no criogénicas para que nunca resucite, el meme idiota de que nuestra anormal distribución de la riqueza se debe a la corrupción administrativa. LEA
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