por Luis Enrique Alcalá | Oct 7, 2012 | Argumentos, Política |

Quien progresó fue él
Veremos claramente un día que el triunfo es la derrota.
Henrik Ibsen
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Una hora antes de que la campaña electoral de 2012 concluyera oficialmente, el jueves 4 de octubre (Día de San Francisco), Venezolana de Televisión transmitía en vivo una entrevista en Miraflores al Presidente de la República; lo propio hacía Globovisión con Henrique Capriles Radonski, Gobernador del estado Miranda, candidato de la oposición. Fue muy instructivo alternar entre ambas señales, para percatarse de que así como hablaron ambos contendientes han debido ser los discursos de la campaña que entonces tocaba a su fin. Ambos entregaron disertaciones elevadas.
No pude encontrar error de importancia en las cosas que le escuchaba a Capriles; antes bien, creí que dijo cosas muy bien dichas. Contestó con gran altura una pregunta acerca de cuál creía que era el mayor logro del presidente Chávez, si es que veía alguno; dijo, sin la menor mezquindad, que sin duda su mayor acierto fue llevar el problema de las necesidades sociales a un primer plano. También dijo que para aprender a ganar era preciso aprender a perder.
Ahora debe Capriles decidir—en pocas horas—si se presentará a la reelección a la Gobernación de Miranda, donde tendría una plataforma de recursos y operaciones, o la declinará para intentar fungir como líder de la oposición. Esto último no es tan fácil, contando con el carácter de archipiélago de la Mesa de la Unidad Democrática, de la que ha dicho Henry Ramos Allup que no es un sitio donde se comparte principios o ideales, tan sólo propósitos. (Los de derrotar a Chávez). Aun en su propio partido, Primero Justicia, no le será fácil convencer a Julio Borges—que ha diferido ya dos veces su propia aspiración presidencial y se va poniendo viejo—de que le permita mandar. Amanecerá y veremos.
Pero Capriles ha tenido una indudable ganancia, al haber superado con creces el desempeño electoral de Manuel Rosales quien, por cierto, regresó a refugiarse en la Gobernación del Zulia para ejercer el liderazgo opositor a medio tiempo, por tiempo brevísimo. El comando de Capriles, y el mismo candidato, supieron insuflar en el electorado de oposición un hálito triunfalista, y en la recta final de la campaña ejecutaron un envión que a última hora redujo muy significativamente la brecha que por largos meses lo separaba de la primera posición en las encuestas. Que la ventaja de Chávez haya sido ligeramente menor de dos dígitos*—54, 42% contra 44,97%, o 9,45%—debe atribuirse a Capriles y la gente de su comando, así como a los miles de voluntarios que contribuyeron con su esfuerzo. También, claro, a la mala campaña que Chávez hizo: de contenido agotado y repetitivo.
Hay factores estructurales en el resultado del 7 de octubre, y puede comentárselos con mayor extensión. Este blog lo hará; de Chávez me ocuparé más adelante, pero hoy va mi reconocimiento a Henrique Capriles Radonski por una campaña de gran gallardía, con la que ha crecido inmensamente como político. LEA
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*La diferencia final alcanzó dos dígitos: 10,84% (55.11% a 44.27%). Las cifras de arriba corresponden al primer boletín emitido por el CNE, poco después de las 10 p. m. del 7 de octubre.
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 7, 2012 | Música |

Las cataratas Victoria del río Zambeze, frontera de Zambia y Zimbabue
Todos quisiéramos votar por el mejor hombre, pero él nunca es candidato.
Kin Hubbard
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Uno quisiera que hoy fuera un día tranquilo, que sólo los votos hablaran y fueran atendidos, que respetaran civiles y militares la voluntad de la mayoría que gritará en silencio, como una catarata. Es con ese deseo que contribuyo acá con la voz firme y mayormente serena de quince breves obras musicales, escogidas según el único criterio de la belleza de sus melodías, sin discusión académica acerca de su calidad o nivel. Son, simplemente, melodías que gustan a cualquiera.

Mascagni y sus libretistas
Comencemos, apropiadamente, por el Preludio de Cavalleria Rusticana, la conocida ópera de Pietro Mascagni (1863-1945). Un segundo trozo instrumental de esta obra es mucho más conocido e interpretado, su Intermezzo, pero el Preludio es igualmente hermoso. Edoardo Sonzogno había convocado en 1888 un concurso de óperas en un solo acto para compositores que aún no hubiesen sido representados en un teatro. Mascagni, de 25 años, logró entregar su obra en el último día del plazo y ganó el certamen. No podía ser de otra manera; el día del estreno, el compositor fue requerido al proscenio del Teatro Costanzi de Roma cuarenta veces por la ovación del público. Nos ofrecen esa introducción instrumental los músicos de la Orquesta Filarmónica de Praga, conducidos por Friedemann Riehle.
Mascagni

Enigma, máquina inglesa para descifrar
Las Variaciones Enigma fueron compuestas por Edward Elgar (1857-1934) entre 1898 y 1899. El tema es tratado en catorce variaciones nombradas con enigmáticas claves, la mayoría un conjunto de iniciales. De todos modos, se conoce la identidad de las personas representadas en cada variación: la primera (C. A. E.) es para su esposa, Caroline Alice Elgar; la undécima (G. R. S.) fue inspirada por el perro bulldog de George Robertson Sinclair, el organista de la catedral de Heresford. Elgar se llevó a la tumba el verdadero enigma: la identidad de un tema escondido en la pieza que no es tocado explícitamente y, muy divertido con su travesura, rechazó todas las explicaciones que le fueron propuestas. (Enigma fue, además, el nombre escogido para la máquina que los ingleses usaron en la II Guerra Mundial en la descodificación de comunicaciones alemanas en clave). La más hermosa y expansiva de las variaciones es la novena: Nimrod, en agradecimiento al editor musical Augustus Jaeger, en quien Elgar encontró apoyo y consejo sincero. Nimrod es un patriarca y cazador del Antiguo Testamento, y Jäger significa cazador en alemán. Eugene Ormandy dirige ahora a la Orquesta de Filadelfia (y suya) en la Variación IX.
Elgar

La obra paciente del Colorado
La Suite del Gran Cañón es música típicamente estadounidense, tanto por tema como por línea melódica y apoyo armónico. Es obra de Ferde Grofé (1892-1972), gente de familia musical por el lado paterno y materno. Este neoyorquino hizo mucha música en la radio, y llegó a enseñar orquestación en la prestigiosa Escuela de Música Juilliard. La suite que aquí es representada por su cuarto movimiento, Puesta de sol, es una obra de música descriptiva. (Para escuchar el quinto y último, Chaparrón, ver en este blog De la música como retrato). De hecho, la pieza fue ejecutada por primera vez (Chicago, 1931, año de los cruciales Teoremas de Kurt Gödel) con el nombre de Cinco cuadros del Gran Cañón. Suena la Orquesta Sinfónica del Estado de Utah a cargo de Maurice Abravanel.
Grofé

Saltando al son de los italianos
Andrew Davis dirigirá a continuación a la Orquesta Sinfónica de Toronto para dejarnos escuchar el Nocturno (Moderato) del ballet de Ottorino Respighi (1879-1936) basado en temas de Gioachino Rossini (1792-1868), La boutique fantasque. Una traducción posible de este nombre es La tienda mágica de juguetes o, más simplemente, La tienda caprichosa. El ballet fue estrenado en Londres el 5 de junio de 1919, una semana justa después de que el inglés Arthur Eddington registrara el eclipse solar de ese año mágico—ya no había guerra—en la isla Príncipe del Atlántico africano, logrando una dramática corroboración de predicciones de la Teoría General de la Relatividad que Albert Einstein publicara en 1916 en Annalen der Physik.
Rossini-Respighi

Puede tocar como le dé la gana
Creo que es la segunda de las Danzas Eslavas (en Mi menor) del op. 46 de Antonín Dvořák (1841-1904) la que tiene la más bella melodía de toda la serie. (Ocho piezas, más otras tantas del op. 72). George Szell y la Orquesta de Cleveland se encargan de defender mi fe. Por su parte, Daniel Harding dirige a la Orquesta de Cámara Mahler para acompañar a la despampanante violinista Janine Jansen en el muy breve Valse sentimentale (op. 51 #6) que Pyotr Illich Tchaikovsky (1840-1893) compusiera originalmente para piano. (Estoy enamorado; de su melodía, por supuesto, y de mi señora. ¡Zape, gata!)
Dvořák
Tchaikovsky

El infeccioso disco
Con la orquesta del popular director ruso André Kostelanetz me inicié en una irreversible afición por la música sinfónica, cuando tenía 12 años (yo, no él). Oscar Álvarez de Lemos, padre de mi mejor amigo de la infancia, tenía el disco Columbia CL 747, que por un lado traía la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta de Tchaikovsky, su perfecta obra de juventud, y del otro ponía algunos valses del mismo compositor. Desde que oí la obertura la primera vez quedé patidifuso, y no me tranquilicé hasta que Don Oscar me consintiera llevar la grabación a mi casa, donde no escuché otra cosa, para horror de mi familia, por un mes seguido. Kostelanetz hizo antes que André Rieu mucho por la popularización de la música de los grandes compositores. Ahora interpreta dos arias instrumentalizadas: Vissi d’arte, de la Tosca de Giacomo Puccini (1858-1924) y la maravillosa Mon coeur s’ouvre a ta voix, de la ópera Sansón y Dalila de Camille Saint-Saëns (1835-1921).
Puccini
Saint-Saëns

El alma del Brasil
También en una versión instrumental, escuchemos el Nocturno de las Piezas líricas del op. 54 de Edvard Grieg (1843-1907), originalmente compuestas para el piano. La versión acá colocada es de la Orquesta del Festival de Budapest que dirige Pavel Urbanek. Y, hablando de ese instrumento, es hora de que haga su aparición en el extraordinariamente bello Nocturno #19 en Mi menor (op. 72, #1) de Federico Chopin (1810-1849) en interpretación del pianista chileno Claudio Arrau, un hombre serio. Luego, aprovechando la manida cita del polaco—»Sólo hay algo más hermoso que una guitarra: dos guitarras»—, traigo aquí la Melodía sentimental de Heitor Villa-Lobos (1887-1959), de las manos del joven guitarrista brasileño Bráulio Bosi.
Grieg
Chopin
Villa-Lobos
Y ¿si hacemos sonar juntos a un piano y una flauta? El gran flautista francés Jean-Pierre Rampal toca acá el movimiento Cantabile de la Sonata para flauta y piano de su compatriota, Francis Poulenc (1899-1963). Este caballero formó parte del grupo que se conociera como Les Six, que además de él incluía a Georges Auric, Louis Durey, Arthur Honegger, Darius Milhaud y Germaine Tailleferre. La obra fue compuesta en 1957, dedicada a la mecenas de la música de cámara Elizabeth Sprague Coolidge y hecha para la interpretación de nuestro concertista, con quien el propio Poulenc la estrenó en el Festival de Música de Estrasburgo.
Poulenc

Director grande, orquesta grande
Aires orientales nos llegan con la Canción de cuna del ballet del armenio Aram Khachaturian (1903-1978), Gayané, de fama por su vertiginosa Danza de los sables. Antal Doráti es el magnífico director de orquesta húngaro puesto el frente de la precisa Orquesta Sinfónica de Londres para nuestro deleite. Gayané es una joven trabajadora de kolkhoz que tiene la mala suerte de haberse casado con Giko, un borracho perezoso. Éste la amenaza con despeñar a la hija común—a quien Gayané ha cantado la canción—y la apuñala, pero es arrestado por Khazakov y la heroína se recupera para reponer su amor con el justiciero.
Khachaturian
Nada parecido transcurre mientras suena la Pavane de Gabriel Fauré (1845-1924), su opus 50 en Fa sostenido menor. Fue compuesta para piano, pero el mismo Fauré produjo luego una versión orquestal que puede ser aumentada con coro, pues se añadió una letra a posteriori, que termina diciendo: «Adieu donc et bons jours aux tyrans de nos coeurs! Et bons jours!» (¡Por tanto adiós y buenos días a los tiranos de nuestro corazón! ¡Y buenos días!). El propio compositor juzgó la pieza como «elegante pero sin importancia». En todo caso, me conformo con su elegancia, que proviene del origen español de esa clase de danza y que Daniel Barenboim resalta al frente de la Orquesta de París.
Fauré

Abetos del bosque finlandés Tsarmikuusikko
He dejado para el cierre de esta selección con broche de platino una pieza hasta hace poco ignorada por mí. Es el movimiento quinto y último de la Suite para piano Los árboles, del compositor finlandés Jan Sibelius (1865-1957): El abeto. Un entusiasmo recentísimo por su hermoso tema me hace ponerlo una y otra vez. Ud. verá, creo, que es tan bueno que parece un bolero de los grandes. El fino pianista japonés Ritsuko Kobata lo interpreta estupendamente.
Sibelius
¿Ya votó Ud.? (Por cualquiera de estas piezas). LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Oct 3, 2012 | Argumentos, Política |

Nadie pidió la opinión a Romero Bonifaz, negador de su segundo apellido
Mantén tu atención centrada enteramente en lo que es verdaderamente tu propio asunto, y permanece lejos de lo que pertenece a otros; es de su incumbencia y en caso ninguno cosa tuya.
Epicteto
El consejo no solicitado es siempre entrometido.
Jonathan Lockwood Huie
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No debe haber quien ignore entre nosotros que en cuatro días, el domingo 7 de octubre, Venezuela celebrará la elección presidencial que en principio debe determinar quién será el Jefe del Estado para el período 2013-2019. Cada ciudadano deberá ser respetado en su decisión electoral, sea que quiera votar por Hugo Chávez Frías, Henrique Capriles Radonski, María Bolívar, Orlando Chirinos, Reina Sequera o por Luis Reyes Castillo. (Yoel Acosta Chirinos nos hizo el favor de retirar su candidatura). También deberá ser respetado quien decida abstenerse de votar por cualquiera de ellos o quien produzca conscientemente un voto nulo, e incluso quien se equivoque y lo produzca sin intención. Es de la esencia de la democracia ese respeto; sobre todo quienes se autodefinen como demócratas con «patriótica» arrogancia moralista están obligados a tal respeto so pena de inconsistencia. Cualquiera que pretenda forzar a otro a votar en contra de su conciencia es un entrometido.
Pero también se entrometen quienes, desde afuera, emiten solemnes declaraciones que dejan entrever dudas acerca del proceso electoral venezolano. Por ejemplo, dos senadores estadounidenses—Robert Menéndez, demócrata y Marco Rubio, republicano—que ayer declararon así conjuntamente:
El 7 de octubre, los venezolanos tendrán que elegir entre dos futuros radicalmente diferentes para su país en elecciones de importancia estratégica para nuestro hemisferio. El gobierno venezolano tiene la obligación de realizar un proceso electoral libre y transparente, garantizar la seguridad de todos los votantes, y respetar la voluntad de los electores. El pueblo venezolano debe saber que las democracias del Hemisferio Occidental están dispuestas a responsabilizar a cualquier persona que amenace con perturbar la celebración pacífica de elecciones libres y justas.
Instamos a la Administración y la comunidad de las democracias en el hemisferio a mantener un ojo vigilante sobre las condiciones previas y durante el día de las elecciones para garantizar que la voluntad del pueblo se exprese en los resultados.
Eso es una falta de respeto, una intromisión, además de una velada amenaza incumplible. Es al Consejo Nacional Electoral y a los venezolanos todos a quienes corresponde «garantizar que la voluntad del pueblo se exprese en los resultados». No le sale a los senadores Menéndez y Rubio señalarle obligaciones al gobierno de Venezuela, ni a nuestro pueblo cuáles cosas debiéramos saber.

Buscando votos en Florida
Días antes, el presidente Barack Obama había dicho a América TV (Miami): «Mi gran preocupación respecto a Venezuela es que el pueblo venezolano tenga una voz en sus asuntos internos y que, en última instancia, pueda tener elecciones libres y justas». El pueblo venezolano tiene voz en sus asuntos internos, y no recuerdo que Obama haya manifestado sus deseos de elecciones libres y justas en la Inglaterra que eligió a Cameron, la España que optó por Rajoy y la Francia que escogió a Hollande. Uno entiende las propias necesidades electorales del Presidente de los Estados Unidos, acusado de mano débil con Chávez, pero con esas declaraciones se ha entrometido. Captando sus implicaciones, el Palacio de Itamaraty observó por boca del canciller Antonio Patriota que el gobierno de Brasil tiene plena confianza en que el proceso electoral en Venezuela será «creíble y transparente».
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Pero es un entrometido mucho peor Carlos Gustavo Romero Bonifaz, Ministro de Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia. Este señor ha salido a decir que en caso de un triunfo electoral de Capriles, Bolivia se vería obligada a «revisar las relaciones bilaterales con Venezuela“. Metiéndose donde no debe, ha opinado que si Chávez perdiera la votación «se pretendería retornar a la subordinación de nuestros países al imperio del norte».
Aclaremos algunas cosas al entrometido funcionario boliviano. Bolivia recibe importante apoyo monetario venezolano gracias a los dólares que fluyen a las arcas de PDVSA, y ésta es una empresa nacional desde que Carlos Andrés Pérez nacionalizara la industria petrolera venezolana en 1975, afectando a empresas extranjeras de las que las principales eran del «imperio del norte». Tampoco parece que en su segundo gobierno Pérez diera muestras de subordinación a los EEUU cuando escogió, como invitados especialísimos a su segunda investidura, al socialista Felipe González y a Fidel Castro. Antes del primer período de Pérez, Rafael Caldera Rodríguez procedió a denunciar el tratado comercial de Venezuela con los Estados Unidos y a promover la Ley de Reversión de las concesiones petroleras.
En un famoso debate de la campaña electoral de 1963, se enfrentaron—por primera vez en la televisión venezolana—dos de los candidatos del momento: Rafael Caldera y Arturo Úslar Pietri. Éste enrostraba al primero el pecado de haber participado en el gobierno electo en 1958—en cumplimiento caballeroso del Pacto de Punto Fijo—, puesto que Acción Democrática era marxista, la encarnación del demonio. Caldera se mostró extrañado de que esa reconvención viniera de quien fuese ministro del gobierno de Isaías Medina Angarita, cuando éste había pactado con el Partido Comunista de Venezuela en las elecciones municipales de 1941 y había establecido relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. Úslar calló respecto del primer detalle, pero atinó a responder que las relaciones con la URSS habían sido inauguradas «por presión abierta y expresa del gobierno de los Estados Unidos». Claro, los EEUU estaban en guerra con Hitler y la URSS era aliado momentáneo de ese país y de Inglaterra, pero no fue Caldera quien reveló la enormidad de la soberanía disminuida sino Úslar, que al cabo de la elección acordó muy inconsistentemente que su partido ingresara al «Gobierno de Ancha Base» presidido por Raúl Leoni, militante de AD, la encarnación de Satán según los medinistas.
En Venezuela hay, naturalmente y como la hay en Bolivia, gente que piensa que los Estados Unidos son lo máximo; durante el segundo período de Caldera una fuerte corriente de opinión quería dolarizar la economía venezolana, y se promovió la «caja de conversión» como el método para hacerlo, como Argentina lo hizo, con resultados desastrosos, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem bajo su ministro financiero Domingo Cavalho. Pero la opinión de esos venezolanos y bolivianos es algo que debe ser respetado, y lo que es una irrespetuosa distorsión de nuestra historia, y un entrometimiento inaceptable, es la falsa noción de que los gobiernos democráticos venezolanos se subordinaron alguna vez al «imperio del norte».
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Medalla de oro
Romero Bonifaz es sólo el subcampeón del entrometimiento, a pesar de su notable esfuerzo. El primer lugar en el podio le corresponde al general Henry Rangel Silva, Ministro de la Defensa. Refiriéndose a Capriles, dijo: «El señor dice ayer [1º de octubre] de que va a nombrar un Ministro de la Defensa, un general activo como su Ministro de la Defensa. Eso es una de las declaraciones que realmente nunca debió haber sacado porque quiere generar o quiere proyectar un nivel de triunfalismo. ¿Cómo va a decir que va a nombrar un general activo cuando en su plan de gobierno está desarticulando a la Fuerza Armada? Yo no creo que haya general activo que se preste, en el supuesto negado por supuesto, a desarticular a la Fuerza Armada».
Bueno, veamos. En el programa de gobierno de Capriles (ProgramadeGobiernoCaprilesRadonski) no se encontrará ni una sola mención de la palabra militar o el término defensa. Varias veces se consigue la noción de seguridad, sólo que exclusivamente referida al plano social y jurídico.
Pero sí dice ese documento:
Hemos tomado como punto de partida los Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional 2013-2019 y, con la participación de cientos de expertos de todo el país y tomando en cuenta lo que aprendimos y escuchamos en nuestros recorridos por comunidades de toda Venezuela, hemos elaborado este Programa de Gobierno en función del trayecto de vida de la familia y cada uno de sus miembros y, en particular, del trayecto de aquellos que tienen más obstáculos para progresar.
Busquemos entonces en aquel acuerdo previo (lineamientosmesaunidad) el plan de «desarticular la Fuerza Armada». Esto es lo que dice en materia de La Fuerza Armada Nacional:
106. Reformular la institución castrense y redefinir su rol en el nuevo gobierno democrático, para despojarla de sujeciones ideológico partidistas.
107. Subordinar el estamento militar a los principios constitucionales y a los lineamientos institucionales del poder civil, lo que es fundamental para el fortalecimiento del sistema político.
108. Restablecer el carácter de la Fuerza Armada Nacional como una institución apolítica, obediente al poder civil, no deliberante y sometida a la Constitución y a las Leyes.
109. Proponer la revisión de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación.
110. Distinguir y definir las áreas de interés común y las áreas de interés propio para los civiles y los militares, respectivamente, a los fines de lograr el equilibrio entre ambos sectores.
111. Reducir progresivamente el monopolio militar en materia de seguridad, en la medida en que organizaciones civiles diseñen, desarrollen y ejecuten eficazmente dicha función, a los fines de que se concrete la corresponsabilidad.
112. Eliminar la Milicia Bolivariana, como cuerpo militar separado de los componentes constitucionales de la Fuerza Armada Nacional, dependiente del Presidente de la República.
113. Fortalecer los mecanismos que garanticen la investigación y el proceso por parte de autoridades civiles de las violaciones a los derechos humanos cometidas por los militares, la reparación del daño causado y la adopción de medidas que eviten la repetición de tales abusos.
114. Adoptar las decisiones dirigidas a reducir la competencia de los tribunales militares al ámbito estrictamente castrense.
115. Propiciar espacios de colaboración entre civiles y militares, en los que éstos se mantengan dentro de la esfera de actuación que democrática y constitucionalmente les corresponde.
En lo que antecede, que suscribo por entero, no hay otra cosa que la corrección de las aberraciones que las administraciones de Hugo Chávez, en contravención de la Constitución Nacional, han producido en el estamento militar venezolano, al que se le hace gritar «Patria, socialismo o muerte». Esto dice el Artículo 328 de la carta política fundamental de Venezuela:
La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación. La Fuerza Armada Nacional está integrada por el Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional, que funcionan de manera integral dentro del marco de su competencia para el cumplimiento de su misión, con un régimen de seguridad social integral propio, según lo establezca su respectiva ley orgánica.
Está claro ¿no? En ningún caso puede ser llamada una desarticulación de la Fuerza Armada Nacional su regreso a lo que la Constitución le prescribe. La Fuerza Armada Nacional es hoy, por obra de Hugo Chávez y ministros como Rangel Silva, un órgano deformado, groseramente puesto al servicio de una persona y su parcialidad política. La agenda explicada arriba es una necesidad.
Quien está excedido, entrometido, es Rangel Silva. No le toca a él, no le incumbe, no es su asunto debatir si un legítimo candidato presidencial puede nombrar un militar activo como su Ministro de Defensa—del «Poder Popular», por si acaso—en la eventualidad de ser electo Presidente de la República. Claro, es característico del Ministro de la Defensa este tipo de exabruptos. (Ver en este blog Glosa de cuatro soles). Habría que preguntarle cómo es que él, general activo, se prestó a la desarticulación de la Fuerza Armada con la introducción de una milicia «bolivariana» que es, por la medida chiquita, una ocurrencia extraconstitucional. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Sep 30, 2012 | Música |

Cinco veces Caruso por un fotomultígrafo (Myers-Cope Co., Atlantic City)
Un gran pecho, una boca grande, noventa por ciento de memoria, diez por ciento de inteligencia, mucho trabajo duro y algo en el corazón.
Enrico Caruso
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Para celebrar un cumpleaños argentino fue puesta aquí La voz de la mujer el 12 de septiembre, una entrada de dieciséis canciones en voces femeninas cuya demagógica y feminista declaración final fue: «…sin la voz de la mujer la propia música sería un error». Es un grande compromiso, por tanto, el contraste de esa ofrenda musical con lo que pueden hacer los varones con su garganta. Un modo desleal de competir es aumentar la oferta a veinte canciones por veinte cantantes y, además, tomarlas en su mayoría del drama cantado: ópera, opereta, zarzuela, musical. Es exactamente una selección ventajista lo que sigue: veinte números por veinte voces masculinas de primerísima línea. Nosotros ganaremos estas elecciones a lo macho.
¿Por dónde empezar? ¿Habrá que seguir criterio cronológico, alfabético, geográfico? Se me pone que para no abusar entraremos poco a poco en profundidades, primero con canciones y sólo después en el mundo del aria operística. Esto nos ofrece la ventaja de escoger la canción napolitana, un género en sí misma, para iniciar la serie con nadie menos que Enrico Caruso (1873-1921), un semidiós del canto. Para su maravillosa voz compuso Salvatore Cardillo la bella canción Core ‘ngrato en 1911. Desde entonces, numerosos cantores italianos la han hecho suya, pero Caruso la cantaba, naturalmente, con gran gusto. Pocas grabaciones hacen justicia a su voz, dada la tecnología de la época; acá nos valemos de una rematrización digital por Tom Froekjaer que recupera buena parte de su registro grave.
Caruso

El gran payaso
Fue en 1880 cuando se estrenara Funiculì, Funiculà, justamente para celebrar la inauguración del funicular en el monte Vesuvio. El periodista Peppino Turco se ocupó de la letra y Luigi Denza proveyó la música. Tiene ésta un entusiasmo que cautivó inmediatamente al público y a compositores como Arnold Schönberg (la arregló para cuarteto de cuerdas), Nikolai Rimsky Korsakoff y Richard Strauss. Los dos últimos creyeron que era música folclórica y la emplearon inadvertidamente en piezas suyas (Rimsky: Neapolitanskaya pesenka, 1907; Strauss: Aus Italien, 1886). A Strauss le salió cara la gracia; Denza lo demandó por plagio y el alemán se vio forzado a pagarle regalías. En 1944, una erupción del famoso volcán destruyó el teleférico conmemorado, pero la canción perdurará por siempre. La canta acá Luciano Pavarotti (1935-2007), que la repopularizó con una interpretación fabulosa.
Pavarotti

La voz de plata
Rudolf Sieczyński compuso Wien, du Stadt meiner Träume (Viena, ciudad de mis sueños) en el año en que comenzaría la Primera Guerra Mundial, el doloroso conflicto de cuatro años que acabó con el Imperio Austro-Húngaro que lo inició sin proponérselo. Fue el mítico cantante austríaco Richard Tauber (1891-1948) quien la cantó mejor que otro cualquiera. Aquí está su voz como fuera grabada en la película Deseo del corazón, realizada en 1935. Si la guerra hizo que las ínfulas imperiales quedaran borradas de una vez para siempre, no así el amor de los vieneses por su ciudad, una de las más hermosas del mundo, asiento de refinada y desarrollada civilización (Universidad de Viena, Filarmónica de Viena, Círculo de Viena, Sigmund Freud, Franz Schubert, Arnold Schönberg, Otto Wagner, Gustav Klimt, Porcelana de Augarten, Wiener Schnitzel, Sachertorte). Debemos mucho a esa ciudad soñada.
Tauber

Uno de la Trinidad
Era de Tauber su canción insignia Dein ist mein ganzes Herz (Tú eres mi corazón), el aria más popular de la opereta El país de las sonrisas (Das Land des Lächelns), compuesta por Franz Lehár, el autor de La viuda alegre, en 1929. Pero desde los conciertos de «los Tres Tenores»—Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, José Carreras—es a éste último a quien se le ha dejado la interpretación de la hermosa pieza. Una versión más antigua de la opereta (1923) fue producida bajo el nombre Das gelbe Jacke (La chaqueta amarilla) con poco éxito. La posterior revisión de Lehár, estrenada en el Teatro Metropol de Berlín, la transformó en una de las más apreciadas operetas del compositor, cuya acción alterna entre Viena y China. Aquí está el catalán Josep Maria Carreras i Coll, nacido en 1946, valiente vencedor de la leucemia en dura batalla de 1988.
Carreras

La muerte prematura
Nos cuesta salir de Viena, donde oímos ahora Grüß mir mein Wien (Saludos a mi Viena) un aria compuesta por Emmerich Kálmán (Imre Koppstein, húngaro) para su opereta Gräfin Mariza (La condesa Mariza, Viena, 1924). Como en las más de las operetas vienesas, el asunto es intrascendente, lleno con las frívolas preocupaciones y enredos de condes y condesas. El número ha sido encargado por este blog a Fritz Wunderlich (1930-1966), fallecido a raíz de un accidente doméstico en la casa de campo de unos amigos, donde cayó por una escalera días antes de cumplir 36 años. Antiguo panadero, había estudiado canto y aprendió a tocar el corno francés; entre sus pasatiempos favoritos estaban la cacería y manejar carros veloces. En su corta carrera, el cantor alemán llegó a distinguirse como el cuarto más grande tenor de todos los tiempos, según una amplia consulta de la Revista de Música de la BBC en 2008. Sin duda, una hermosa voz truncada por un descuido.
Wunderlich

Bajo profundo
Es hora de que entren voces más graves, todavía en territorio de música más bien ligera. Entre los más conocidos musicales de la prolífica pareja creativa formada por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein está, sin duda, South Pacific, llevado al cine con Mitzi Gaynor y Rossano Brazzi como protagonistas en 1958. (La historia está basada en Cuentos del Pacífico Sur, libro de 1946 que mereció el Premio Pulitzer a James A. Michener). Brazzi no podía cantar Some enchanted evening como la pegajosa canción lo requería, y nadie menos que el gran bajo Giorgio Tozzi suplió la voz de la película. Pero es la versión que Ezio Pinza (1892-1957)—con numerosas temporadas en el Metropolitan Opera House de Nueva York, así como en Milán, Roma y Londres—llevó al musical en los teatros de Broadway en pareja con Mary Martin, la que aquí se escucha. Si no hubiese muerto el año anterior ni Gaynor ni Brazzi habrían aparecido en el filme.
Pinza

La voz de un caballero
Ahora, señoras, agárrense las medias, que pudieran caérseles con la poderosa y noble voz del gran Plácido Domingo (José Plácido Domingo Embil, 1941), señor del canto, la amistad y la filantropía. Posee Domingo una de las voces más versátiles de la actualidad, la que le permite cantar más recientemente en papeles reservados a los barítonos. De él ha dicho la gran soprano wagneriana Birgitt Nilson: «Dios ha debido estar en excelente estado de ánimo el día que creó a Plácido. Tiene todo lo que se necesita para una de las más grandes carreras que hayamos visto: una voz increíblemente hermosa, gran inteligencia, asombrosas musicalidad y capacidad de actuación, una maravillosa apariencia, un gran corazón y es además un querido colega. Es casi el lingüista perfecto, pero aún no ha aprendido a decir no en ningún idioma». Ha aprendido, sin embargo, a cantar la negación: helo aquí en No puede ser, el persuasivo número de La Tabernera del puerto, zarzuela de Pablo Sorozábal. (Waldbühne de Berlín, 2006).
Domingo

Un maestro
Pasemos ahora al trago amargo de Gustav Mahler. De sus Canciones de un compañero de viaje (Lieder eines fahrenden Gesellen) escuchemos Ich hab’ein glühend Messer (Tengo un cuchillo centelleante), lo que es en verdad un extraño título de canción que tal vez deba decirse solamente en alemán. La magnífica voz de Dietrich Fischer-Dieskau (1925-2012; murió en mayo) es la encargada de interpretar esta dramática y difícil canción. De nuevo, es inglesa la clasificación de Fischer-Dieskau como el segundo cantante más grande del siglo XX (detrás de Jussi Bjoerling), según la encuesta Classic CD-Top Singers of the Century a críticos de música en junio de 1999. En cualquier caso, es el cantante de ópera y Lieder más grabado de la historia (principalmente por Deutsche Grammophon). Elisabeth Schwarzkopf, que cantó con él en innumerables ocasiones, lo llamó «un dios nato que lo tiene todo». Quizás es más significativo que en Francia, de eterna competencia con Alemania, lo llamaran «El milagro Fischer-Dieskau».
Fischer-Dieskau

Un tubo de órgano
Ciertamente tenía Feodor Ivanovich Chaliapin (1873-1938) una voz oscura. Uno de los más grandes bajos de la historia, se apropió de los roles de Boris Godunov, Iván el Terrible, Don Quijote y Mefistófeles, aunque también combinaba en sus recitales canciones del folclor ruso, como Los boteros del Volga, que popularizó. Era un personaje pintoresco y generoso, alegre y divertido pero igualmente propenso a liarse a golpes. Hijo de una familia campesina de Kazan, en Rusia, fue esencialmente un autodidacta. La Revolución Rusa de 1917 afectó su existencia, y dejó su patria para radicarse en París, desde donde viajaba por todo el mundo con su exitoso y admirado arte; fue Sergei Rachmaninoff su muy especial amigo y promotor. Llegó a hacer cine en 1933: Las aventuras de Don Quijote, una película filmada tres veces (en alemán, francés e inglés). Aquí canta en ruso la Elegía de Jules Massenett, una melodía de sobrecogedora belleza.
Chaliapin

Vino al país
Para cerrar el grupo de voces graves he escogido el Prólogo de la ópera más famosa e interpretada de Ruggiero Leoncavallo: I Pagliacci. Todo barítono que se precie la ha cantado en sus recitales; su letra explica el tenso nudo dramático de la ópera: los artistas son de carne y hueso, y al par de nosotros respiran el aire. Es decir, disfrutan o sufren la vida en cada momento; que los protagonistas vivan en la vida real el mismo conflicto que actúan es un estupendo recurso teatral. El bajo-barítono Ettore Bastianini (1922-1967) canta ese inteligente prólogo para nosotros. En 1952 se decidió por la tesitura baritonal, pero antes ya había dejado huella en sus papeles como bajo. (En la década de los cuarenta vino a Venezuela, donde cantó Lucia di Lammermoor, Aída, Rigoletto y La bohème). En 1965, un cáncer en la garganta, su instrumento de trabajo, determinó el fin de su carrera de cantante y, dos años después, su muerte.
Bastianini

El viaducto metropolitano
De la mano de Leoncavallo reingresan los tenores, esta vez con uno de los grandes, Beniamino Gigli (1890-1957). Le tocó nada menos que ser el puente entre Caruso y Bjoerling en el Metropolitan Opera House de Nueva York, donde debutó en 1920, y lo tendió con gracia y la musicalidad de su privilegiada voz. Le oiremos Mattinata, la canción que Leoncavallo compusiera para Caruso, quien la grabó por primera vez en 1904 con el compositor al piano. Después la grabarían muchos tenores y hasta Joan Sutherland, pero las damas ya no tienen la palabra sino para hablar bien de los varones. Una de ellas, su madre, le aconsejó sobre cantar bien: «Tienes que ser bueno y tener amor en tu corazón». Bueno era; no hay otro cantante que haya recaudado más dinero que él para fines benéficos, en casi mil conciertos a beneficio de causas diversas. Ud. juzgará al oírlo si Gigli tenía amor en el corazón.
Gigli

No necesita ver
Nadie discutirá que Andrea Bocelli tiene una voz muy poderosa y gran gusto para cantar. Nacido en 1958 en la Toscana de padres campesinos, vino al mundo con problemas de visión—glaucoma congénito—que se convirtieron en ceguera total a sus doce años, a consecuencia de un encontronazo en un partido de fútbol. La introspección característica del invidente tal vez lo ayude, como a José Feliciano, a concentrase en la música, el arte del oído. La productora Caterina Caselli había grabado una cinta con el canto de Bocelli, y ésta terminó llegando a manos de Luciano Pavarotti, quien recomendó a Zucchero, la estrella italiana de rock, que no perdiera de vista al cantante ciego. Una memorable actuación en el Festival de San Remo de 1994 fue su lanzamiento definitivo. Bocelli se mueve con igual soltura en la canción y en el aria; de hecho, se lo tiene por un distinguido profesional del crossover clásico. Nos trae a esta selección un aria del Werther de Massenett: la hermosísima Pourquoi me réveiller? (¿Por qué me despiertan?)
Bocelli

Un cantante añorado
La juive (La judía) es una ópera en cinco actos de Fromental Halévy, estrenada en 1835 en la Opéra de Paris. Llegó a ser una de las obras del teatro lírico más apreciadas en el siglo XIX, en buena medida por el eficaz libreto original de Eugène Scribe, quien narró apasionadamente el amor imposible de un cristiano y una mujer judía. Sin embargo, el aria que cierra el Acto Cuarto, Rachel, quand du Seigneur, puede deber parcialmente su texto y seguramente su ubicación al tenor del estreno, Adolphe Nourrit. El fino tenor estadounidense Richard Tucker (1913-1975) canta esa aria de seguidas, en una demostración de su impecable técnica. Al Sr. Tucker le dio por asumir cierta costumbre italiana de cantar sollozando, pero a pesar de eso su tono spinto—entre lírico y dramático, o a mitad de camino entre Pavarotti y Domingo—se sobrepuso a las críticas acerca de ese estilo efectista, que no deja de ser cómico en un gringo, si no cursi.
Tucker

Una verdadera pérdida
Algo de ese estilo hiperemocional se consigue en el canto de Salvatore Licitra (1968-2011), quien tenía una voz delgada y meliflua, dulce y afinada, capaz, sin embargo, de un registro grave considerable. En la tercera aria en francés de esta entrega, la melodiosa Je crois entendre encore (Creo escuchar todavía) de Los pescadores de perlas (1863) de Georges Bizet, se ponen de manifiesto tales características. Licitra cantó un buen número de papeles en los mejores teatros; un golpe de suerte lo llevó a sustituir en 2002 a Pavarotti en el Metropolitan en el papel de Mario Cavaradossi en Tosca, cuando il divo anunció su imposibilidad de cantar con sólo dos horas de anticipación. Su prematura muerte se debió, como en el caso de Wunderlich, a causas accidentales; en su caso, estrelló su motoneta contra un muro en Donnalucata, Sicilia. Luego de nueve días en coma, falleció el 5 de septiembre del año pasado.
Licitra

De Lara para el mundo
En todo tiempo y lugar, ha sido Una furtiva lagrima un aria cantada muy a menudo. Es el emblema vocal de L’elisir d’amore (Milán, 1832) una de las óperas más distinguidas del compositor de bel canto Gaetano Donizetti, ya muy popular en el siglo XIX y listada como la duodécima ópera más cantada en la actualidad. Es una romanza—una balada narrativa de carácter íntimo—tal como el aria de Bizet que antecede, a la que el compositor marcó como tal en la partitura. Se convoca acá al tenor barquisimetano Aquiles Machado para que se ocupe de su inevitable canto. Machado, nacido en 1973, debutó en Caracas (1996) justamente en El elíxir del amor. Ya ha sido escuchado con aprecio en Roma, Nápoles, Berlín, Barcelona, Nueva York, Los Ángeles, Madrid, Viena; es el primer cantante venezolano en presentarse en La Scala de Milán, y un verdadero orgullo nacional.
Machado

Potencia en la voz
Nada íntimo es otro emblema operístico: La donna è mobile de la ópera Rigoletto, famosa entre las famosas de Giuseppe Verdi. El Duque de Mantua explica a quien quiera oírlo, con Do de pecho y todo, que las mujeres son frívolas y mudables qual piuma al vento, a pesar de que él mismo es tan variable en sus amores como lo que describe. Pero los personajes de la ópera—el Duque, su bufón jorobado Rigoletto, la hija de éste Gilda y el espadachín (hoy diríamos sicario) Sparafucile—resaltan entre los más inolvidables en el campo del canto dramático. Francesco Maria Piave basó su libreto para la ópera en El rey se divierte, un drama de Víctor Hugo de connotaciones políticas, las que siempre están presentes en la obra de Verdi; de hecho, Rigoletto tuvo problemas con los censores austríacos, a cuyo control estaban sometidos los teatros del norte de Italia. (El estreno tuvo lugar en Venecia en 1851). Otro latinoamericano (un año mayor que Machado), el magnífico tenor mexicano Rolando Villazón, canta ahora una de las arias más conocidas del mundo.
Villazón

Un tenor detallista
Carlo Bergonzi (Vidalenzo, 1924), ya retirado, fue justamente conocido como tenor especializado en óperas de Verdi. A pesar de esto, lo traemos acá con un aria de Manon Lescaut, bella ópera de Giacomo Puccini. El aria de tenor más conocida de esta obra es Donna non vidi mai (No he visto mujer antes… simile a questa). A Bergonzi se le ha reconocido «su bella dicción, su suave legato, su cálido timbre y su elegante fraseo». Un tenor refinadísimo, sin duda, apropiado para el aria del caballero Des Grieux, enamorado a primera vista de Manon. Los amantes, empujados por las ruinas periódicas que les afligen por codicia de la dama, irán desde Francia a parar a Luisiana, poco después de la época en que John Law, el escocés que rigió la economía francesa bajo Luis XV, inflara con artificiales manejos la famosa burbuja financiera del Mississippi, antecesora de fiascos capitalistas más modernos.
Bergonzi

Un gran tenor
Es igualmente de Puccini, por supuesto, la ópera Tosca, una de sus más logradas y apreciadas, llena de hermosas melodías y drama político de alta tensión. (El barón Scarpia es el antecesor profesional de nuestro Pedro Estrada, jefe de la Seguridad Nacional de Pérez Jiménez). Al inicio del Acto III, el pintor Mario Cavaradossi se dispone a morir fusilado por orden de Scarpia y evoca, mientras escribe una nota a su amada que el carcelero entregará a cambio de un anillo de valor, la pasión con la que él y Floria Tosca se amaban. Una furia desesperada le hace gritar que morirá cuando nunca había amado tanto la vida. Esto es el aria E lucevan le estelle, con una de las melodías más hermosas y con más interesante armonía del maestro de la ópera italiana. La canta aquí Giuseppe di Stefano, a quien el gentil lector Leonardo Durán llamara (en un comentario en este blog) «el Ferrari de los tenores».
di Stefano
![Nicolai Gedda 0-00 Great Moments of, [Front]](https://doctorpolitico.com/wp-content/uploads/2012/09/Nicolai-Gedda-0-00-Great-Moments-of-Front-300x300.jpg)
Capaz de todo
Nicolai (Gustav Harry) Gedda (Estocolmo, 1925) es un perfecto tenor sueco apreciado por su disciplina y el control de su voz, de hermoso tono. Es probablemente el tenor operático más grabado de la historia (más de doscientos registros). Debutó en la Ópera Real Sueca a sus 26 años, en un papel exigentísimo, el de Chapelou en Le postillon de Lonjumeau, ópera de Adolphe Adam; el aria Mes amis, écoutez l’histoire, requiere entonar un Re sobreagudo, un tono por encima de un Do de pecho, cosa que Gedda puede hacer con pasmosa facilidad. Con estas condiciones y la longevidad de su carrera, no hay plaza importante que no haya escuchado a Gedda—Cantante de la Corte Sueca, Legión de Honor francesa, Miembro Honorario de la Royal Society de Londres—, a quien escucharemos en uno de los roles que son su especialidad cantando la noble Aria de Lenski, del Eugene Oneguin de Pyotr Illich Tchaikovsky.
Gedda

La voz de titanio
Pero hay perfecciones aun más perfectas y, sorprendentemente, en la misma Suecia. Jussi Bjoerling (1911-1960) es el tenor hasta ahora insuperado en la historia de la ópera grabada. (Es opinión que asentara arbitrariamente en este blog en La voz de titanio, el 1º de mayo de 2010. Me conforta el apoyo de la encuesta Top Singers of the Century, mencionada arriba). Antes de hacer una comparación que pudiera ser definitiva para saldar el asunto de quién es el mejor tenor de todos los tiempos, le oiremos en la brevísima aria de Fedora (Umberto Giordano), un encore casi: Amor ti vieta (El amor te prohíbe). Otra vez, pidamos la opinión de una dama de la ópera, la soprano Victoria de los Ángeles, que cantó y grabó con Bjoerling muchas veces: «A pesar de los desarrollos técnicos, ninguna de las grabaciones de Jussi Bjoerling nos da el verdadero sonido de su voz. Era una voz mucho, mucho más hermosa que la que podemos oír en las grabaciones que nos dejó».
Bjoerling
El remate ahora. La calidad especialísima de la voz de Bjoerling tiene un nombre específico: squillo. El término alude a la cualidad resonante, como una trompeta, de una voz lírica. Es lo que le permite sobreponerse a las orquestaciones más enriquecidas; es una técnica de proyección de la voz que debe ser usada en su justo término, ni mucho porque sonaría estridente ni muy poco porque se ahogaría dentro de la riqueza orquestal.
Pues bien, el tenor Gioacchino Lauro Li Vigni, que aunque nacido en Brooklyn fue criado en Palermo, ha hecho un análisis que le permite postular con bastante seguridad que hay una diferencia en el control del squillo entre cantantes recientes de la época de Pavarotti—que favorecen la sexta y séptima armónicas de una nota—y los de la era de Bjoerling, que proyectaban con preferencia la quinta armónica (más grave). Es esa sutil diferencia una de las que separan al italiano del sueco, y podemos escucharla con nitidez en las frases finales de Nessun dorma que concluyen en el Do de pecho. Los partidarios de Luciano creyeron que su versión de la difícil aria de Turandot era la definitiva; los de Jussi sabemos que la medalla de titanio es suya. Abajo está, primero, la ejecución de Pavarotti y la imagen de su espectro sonoro; después, la huella acústica y gráfica de Bjoerling. Cotéjese asimismo la duración y potencia del clímax en ambos cantantes.
Luciano

El espectro de Pavarotti (clic amplía)
Jussi

El registro de Jussi Bjoerling
Quod erat demostrandum. LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Sep 28, 2012 | Argumentos, Política |

Pronóstico del tiempo
El suscrito no tiene modo de evaluar las condiciones atmosféricas en ambientes oficialistas. Prácticamente todo aquél que conoce y trata habitualmente es partidario de Capriles Radonski y se propone votar por él cuando llegue el próximo domingo 7 de octubre. Sólo puedo certificar, por consiguiente, que la campaña del candidato de oposición ha logrado crear entre sus seguidores una atmósfera de triunfo a punta de los datos de una encuestadora (Consultores 21), la ambigüedad de otra—Datanálisis: «Pueden ocurrir cambios», después de reportar una ventaja de 10 puntos para Chávez—, cálculos de las implicaciones del «voto oculto» de 2,4% reportado por la primera, y todo género de argumentos cualitativos: «Soy el único caraquista que ha llenado el estadio del Magallanes».
Esto es en sí un éxito; que el capriloradonskismo haya logrado suscitar ese clima triunfal es un logro considerable. La campaña de Capriles ha ganado momentum en las últimas semanas, y ya estima que puede considerársele Presidente electo. Puede ser, pero si llegare a ganar el candidato del gobierno, como parece medir la mayor parte de las encuestadoras de cierta reputación, la depresión post partum (¿post abortus?) del 8 de octubre será mayor en la medida en que esa climatología opositora se consolide y crezca más todavía.
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Ciertamente, Hugo Chávez ha desarrollado la peor de sus campañas, y no sólo por sus limitaciones físicas; ha sido repetitiva, lamentablemente ideológica y por eso mismo anacrónica. Vuelve a prometer lo prometido con redoblada cursilería: «Construir esta Patria para que tú, compatriota, hombre, mujer, madre, padre, joven, niña, niño venezolano y venezolana puedas vivir bien, con justicia y dignidad es lo que anima mi lucha y es una de las principales razones que tengo para vivir, junto a mis seres más queridos, mi hijo, mis hijas, mis padres». (Propuesta del Candidato de la Patria Comandante Hugo Chávez para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019).
Pero quien se le enfrenta dice cosas parecidas; quiere consagrar las misiones en una ley y asegura que no sacaría a Venezuela del pacto chavista del ALBA (tal vez no le cambiaría el nombre al antiguo hotel Hilton), y dice: «Yo quiero ser Presidente para construir un país, no un partido». (Ñapa: sin insultar).
Ambos candidatos debieran percatarse de que los países o patrias tienen la mala costumbre de construirse a sí mismos, muchas veces a pesar de los gobiernos: «…mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor». (Will Durant, Los placeres de la filosofía).
Es eso tarea del enjambre ciudadano, no del Estado; lamentable es que los presidentes y candidatos se entiendan de modo tan poco modesto, como jefes del país, como épicos «conductores de pueblos». («Porque aquel que pretenda gobernar sobre un país…»; Henrique Salas Römer, diciembre de 1997). La misión de un presidente es la de dirigir la administración pública nacional para resolver o aliviar los problemas públicos de su ámbito; el Presidente de la República no es nuestro jefe; somos nosotros quienes debemos mandarle.
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Tengo rato sintiendo que un eventual triunfo de la candidatura «socialista» será por una diferencia relativamente moderada. («…si, como parece irremediable, Chávez ganare el 7 de octubre, sería más sano que no sacara demasiada ventaja a Capriles y que su propia votación resultara disminuida mientras la abstención, signo de inconformidad con los dos polos, fuese de proporción cercana a la que los candidatos recaben. Por ejemplo, Chávez 38%, Capriles 32%, abstención 30%». ¿Una tragedia inescapable?, 5 de julio de 2012). Esto es, quisiera ver a Chávez por debajo de 40% y una manifestación vigorosa de insatisfacción con ambas versiones de la película en blanco y negro con la que la polarización pretende retratar a Venezuela.
Puedo equivocarme, por supuesto: «Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia». (Código de conducta, 24 de septiembre de 1995). Pero si llegare a producirse el resultado que mi ojo clínico me permite presumir, habrá comenzado un tiempo de trabajo más arduo y mejor encaminado.
Creo que después del 7 de octubre habrán mejorado las condiciones para una necesaria distensión. Hace rato que ya no oímos «¡Exprópiese!» Apartando la disminución de sus fuerzas físicas, el Presidente de la República ha comenzado a notar que no cuenta con gerentes capaces en número suficiente dentro de su gobierno, que cada estatización—después del millar que ha ordenado—es un nuevo escaparate en un lomo recargado, que hasta Cuba se abre tímidamente a la iniciativa privada, que su socialismo no puede funcionar y sólo le queda definirlo de otra manera menos marxista para preservar la etiqueta en la que tanta propaganda ha invertido.
En cualquier caso, Venezuela no se extingue el 7 de octubre, y los que se han fajado en la aventura capriloradonskista también serán mejores si son humildes:
Hace unos días, en un sorprendente ejercicio de lucidez, por lo demás habitual en él, el Dr. Ramón J. Velásquez dibujó con hábil pincel grueso el trayecto histórico que nos ha traído a este insólito momento. Con toda la intención trazó la rúbrica de cierre: “El resultado de todo esto es que el país está dividido”. ¿Unir a “la oposición”, cuando la mitad de la nación no le está afiliada, sería la estrategia adecuada? Tal vez, pero la tarea política profunda es la de unir a ese país dividido. Es imposible completarla con altanería. (Principal virtud. Carta Semanal #320 de doctorpolítico, 19 de febrero de 2009).
Sería verdaderamente sorpresivo que Capriles resultase electo el 7 de octubre pero, como decía mi mentor y amigo Yehezkel Dror, en el mundo actual «la sorpresa se ha hecho endémica». Ya es parte del cambio climático. LEA
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