El único pensamiento

Para proponer vacuidades

Para proponer vacuidades

La Rutina, síntesis de todos los renunciamientos, es el hábito de renunciar a pensar.

José Ingenieros

El hombre mediocre

______________

Hay proposiciones que no proponen nada; seudoproposiciones, pudiera llamárselas. Su hábitat natural es el discurso político, pero también los economistas pueden esgrimirlas.

Era práctica ritual de muchos economistas venezolanos reunirse en diciembre de cada año durante el segundo período de Caldera—usualmente en el IESA—para echar predicciones sobre la inflación y la tasa de cambio del año siguiente. Los periodistas hacían su agosto, pues cada economista de alguno de estos «paneles de expertos» estaba muy dispuesto a conceder declaraciones. La declaración estándar era algo más o menos como lo siguiente: «Lo que propongo es un verdadero programa económico integral, armónico, coherente y creíble».

Ya el mero hecho de que tal afirmación se compusiera de un solo sustantivo y cinco adjetivos debía llamar a la sospecha. Pero, por otra parte, una sencilla prueba podía evidenciar que se trataba, en realidad, de una seudoproposición. La prueba consiste, sencillamente, en construir la proposición contraria, la que en este caso rezaría así: «Propongo un falso programa económico desintegrado, inarmónico, incoherente e increíble». Resulta evidentísimo que nadie en su sano juicio se levantaría en ningún salón a proponer tal desaguisado. Ergo, la proposición original no propone, en realidad, absolutamente nada. (En Consenso bobo, Carta Semanal #63 de doctorpolítico, 20 de noviembre de 2003).

Nueve años antes—el 11 de diciembre de 1994—, se usaba el mismo ejemplo en Tiempo de proponer, el artículo principal en el número 9-10 de referéndum, donde se añadía: «Una vez determinado, por los pasos anteriores, que la formulación considerada es, en efecto, una pseudoproposición, investíguese si los proponentes de la misma son capaces de presentar un ejemplo concreto de lo que propugnan. (O sea, ¿alguno de los panelistas del IESA exhibió un ‘verdadero plan económico, coherente y creíble’?)» También se refería allí declaraciones a la prensa de Antonio Ledezma, un tanto disminuido entonces por las decisiones antiperecistas de la Acción Democrática de Luis Alfaro Ucero. Ledezma salía de una audiencia que le concediese Andrés Caldera, Ministro de la Secretaría de la Presidencia, y propuso que se buscara en el país ¡un gran acuerdo nacional! En Los rasgos del próximo paradigma político, del #0 de esa publicación (1º de febrero de 1994) ya se advertía:

La discusión pública venezolana se halla a punto de agotar los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a los principales factores de poder de la sociedad. Nuevamente, no hay duda de que términos tales como el de conciliación o participación se refieren a muy recomendables métodos para la búsqueda de un acuerdo o pacto nacional. No debe caber duda, tampoco, que no son, en sí mismos, la solución.

Tomemos el caso, por ejemplo, de la insistente proposición de una asamblea constituyente, bandera de lucha del llamado Frente Patriótico, asumida como lema electoral de José Antonio Cova, repropuesta por Oswaldo Alvarez Paz al término de las elecciones, voceada por Eduardo Fernández después del 4 de febrero de 1992, admitida como posibilidad por Rafael Caldera en su «Carta de Intención». El problema es que el Frente Patriótico no ha presentado un proyecto de constitución, y tampoco los demás actores mencionados. Es decir, se insiste en hablar de la herramienta sin hablar del producto que ésta debe construir.

Por otra parte, el método mismo tiende a ser ineficaz. Los ideales de democracia participativa, la realidad de la emergencia de nuevos factores de influencia y poder, han llevado, es cierto, a la ampliación de los interlocutores de las «mesas democráticas» de las que debe salir el ansiado «acuerdo nacional». Así fue diseñado, por ejemplo, el consejo de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), al combinar en él la presencia tradicional de líderes empresariales y líderes sindicales, con representantes de partidos, de la iglesia, de las organizaciones vecinales, etcétera. Así buscó conformarse el «Encuentro Nacional de la Sociedad Civil» organizado por la Universidad Católica Andrés Bello, cuando su rector tomó el reto que pareció recaer, a mediados de 1992, sobre la Iglesia Católica venezolana, en respuesta a un estado de opinión nacional de gran desasosiego, que buscaba en cualquier actor o institución que pudiera hacerlo la formulación de una salida a la aguda y profunda crisis política. Pro Venezuela, la Mesa Democrática de Matos Azócar, los encuentros que organizó José Antonio Cova, y la constante prédica de los partidos, todos fueron intentos de alcanzar ese ya mítico gran entendimiento nacional.

La evidencia es, pues, suficiente. La oposición de intereses en torno a una mesa de discusión difícilmente, sólo por carambola, conducirá a la formulación de un diseño coherente. Es preciso cambiar de método. Y es preciso cambiar el énfasis sobre la herramienta por el énfasis en el producto.

Pero tal evidencia no fue suficiente para Antonio Ledezma y tampoco, diecinueve años después, para el redactor del editorial de hoy, 4 de marzo de 2013, en Analítica: Los países no se suicidan. Para comprobar su vacuidad, vale la pena transcribirlo in toto:

La crisis que afecta hoy en día a la sociedad venezolana tiene múltiples causas pero tal vez la más inmediata ha sido una errónea concepción de cómo enfrentar la desigualdad económica y social en un petro-estado. Los militares que tomaron el poder encabezados por Chávez a finales del siglo pasado no tenían una ideología clara que les diera luces para resolver los problemas que según ellos aquejaban a la sociedad venezolana. A lo sumo se cobijaban bajo una amalgama ideológicamente incompatible como lo era el árbol de las tres raíces, ya que nada en común tenían las ideas del aristócrata centralizador Simón Bolívar con las del federalista Zamora.

Para resolver esa falta de sustancia Chávez recibió oxigeno ideológico por parte de activistas de la izquierda derrotada en los años sesenta quienes vieron en el joven teniente coronel una oportunidad histórica de desquitarse de la derrota que les habían propiciado Rómulo Betancourt y Raúl Leoni.

Por el otro lado, la dirigencia democrática del país tampoco tenía claro cuál era el rumbo a seguir para superar la crisis. No hubo el diálogo ni la voluntad necesarios para enfrentar de manera radical los cambios inevitables que permitieran evolucionar positivamente hacia otro tipo de sociedad.

Hoy estamos en un estado de anomia y de anarquía, los lazos societarios están severamente afectados y vivimos virtualmente una situación de sálvese quien pueda. La violencia desmesurada, el irrespeto absoluto a las normas de conducta, la incapacidad manifiesta para resolver las necesidades básicas de la población son una combinación explosiva que si no se enfrenta con la debida sindéresis nos puede conducir a una salida trágica tanto para tirios como troyanos.

Es hora de entender que nadie, por sí solo, tiene la clave para resolver esta situación. Ni el gobierno, ni la oposición pueden hacerlo sin un vasto acuerdo nacional en el que se permita sentar las bases de un gran esfuerzo de reconstrucción nacional. Para lograrlo se requiere liderazgo, inteligencia y tolerancia, elementos que parecen escasear en estos tiempos confusos, aunque no dudamos que aparecerán porque los países no tienen vocación de suicidas.

Bueno, comencemos por esto último. Los países sí pueden suicidarse, como muestra elocuentemente Jared Diamond en su libro Colapso. Las sociedades pueden tomar decisiones catastróficas, como los pobladores de la Isla de Pascua que talaron todos los árboles de su territorio, agotando aquello de lo que dependía su subsistencia. El empleo en el pobre editorial de una frase efectista—elevada al honor de titular—para arribar a la conclusión final de que contaremos con «liderazgo, inteligencia y tolerancia» es realmente deplorable.

Desde el mismo comienzo emerge el vacío conceptual. Para poder declarar que algo es erróneo—una errónea concepción de cómo enfrentar la desigualdad económica y social en un petro-estado—es preciso conocer lo que es acertado. ¿Expone Analítica una concepción correcta de esa tarea, o sigue el ejemplo de los economistas que no acertaron a proponer un «verdadero plan económico, coherente y creíble»?

Luego, Analítica ubica la raíz del mal en una carencia ideológica del chavismo, pero es justamente lo ideológico lo que debe dejarse atrás. (Ver en este blog Panaceas vencidas). A «la dirigencia democrática del país» el editorial le echa en cara su ignorancia del rumbo correcto «para superar la crisis», y condena que no hubiera habido «el diálogo y la voluntad necesarios para enfrentar de manera radical los cambios inevitables que permitieran evolucionar positivamente hacia otro tipo de sociedad». ¿Qué dice en concreto tan grandilocuente frase? ¿Fue un asunto de falta de voluntad? Esto supone que la «la dirigencia democrática del país» sabía lo que había que hacer y no quiso hacerlo. Si eran «cambios inevitables»—(Del lat. inevitabĭlis) adj. Que no se puede evitar—, ¿cómo es que no ocurrieron? ¿Procuró conscientemente conseguir «la dirigencia democrática del país» una evolución negativa hacia el mismo «tipo de sociedad»?

Claro, estas insuficiencias de razonamiento no impedirán que haya quien recomiende la lectura de la inútil pieza como lección de política profunda. Y es que suena buenísimo, principalmente por sus declaraciones totalizantes: el irrespeto absoluto a las normas de conducta, por ejemplo. Supongo que Analítica reivindicará que sí las respeta, así como «la dirigencia democrática del país», pero entonces no sería tan absoluto el irrespeto. Por otro lado, no deja de ser ingenuo concebir que el gobierno y la oposición, entes antitéticos, pudieran lograr un «vasto acuerdo nacional» (la clave parece estar en el adjetivo). Tampoco es consistente, si se atiende a la prédica reciente de Analítica, negadora del gobierno y elogiosa de «la dirigencia democrática del país» durante todo el año de campaña electoral y aun ahora: «Ahora bien, si se trata de lograr un consenso, una buena fórmula sería convenir alrededor del candidato con más opción pero representado, no por una miríada de partidos, sino por la tarjeta única de la alternativa democrática. Eso permitiría que todos nos sintiéramos identificados con el espíritu de unión de los venezolanos demócratas». (La oportunidad de la tarjeta única, 25 de enero de 2013).

La recomendación de Analítica es que Venezuela alcance un pensamiento único «en el que se permita sentar las bases de un gran esfuerzo de reconstrucción nacional», mediante un «vasto acuerdo nacional». Pero esto del gran acuerdo nacional parece ser, para algunos, más bien un único pensamiento. ¿No es así, Ledezma? LEA

_________

Share This:

Gourmet de la inteligencia

Tristes, como Durero, por el adiós de Luis

Tristes, como Durero, por el adiós de Luis Penzini Fleury

Es un caballero que se ha ido. Ya no celebrará a Kepler y Copérnico ni hablará orgulloso de sus hijos, ni mejorará el paisaje urbano, ni jugará dominó con nosotros, ni nos obsequiará libros o aderezos deliciosos. No contará más chistes ingeniosos y finos o anécdotas hilarantes, no nos sorprenderá más con las cosas muchas que sabía; no nos abrazará con su sonrisa, no nos llamará con su voz dulce, gentil y pedagógica, no nos convocará a la bondad. El peso de todo eso reunido lo sentiremos ahora, como una sola mole de amistad descomunal, en su elocuente ausencia. Luis Penzini Fleury fue él mismo un generoso regalo cósmico.

Hubo cosas que no pudo conocer: la doblez, la mezquindad, la malicia; en esto era un ignorante. Despedía luz, eso sí; inventaba incesantemente iniciativas bondadosas y eficaces, pintaba las conversaciones de nobleza, comunicaba con entusiasmo su admiración por los hechos de la inteligencia, no se rendía.

El país era, tras la familia, su interés supremo; jamás dejó de vivirlo, de sufrirlo y gozarlo. Últimamente, predicaba que a la sucesión de los discursos de la vieja democracia y el prevaleciente del hombre fuerte militarista, buscáramos superponer a la patria el discurso de los valores, el del hombre sabio.

Una última sonrisa me regaló el lunes, con ojos que se despedían, al regresar a su casa de la diálisis rutinaria en la que puso conmovedora esperanza, pasando frente a la mía para morir. De algún modo, supe que no volvería a verlo y que no le había agradecido adecuadamente todo lo que me había dado.

Mañana será cremado como Sigfrido, la paz de la victoria. Ha muerto un gigante amable, y su huella enorme ha quedado impresa suavemente, como suave era su corazón, en el territorio de nuestras almas y en el de la geografía. Esa marca irá creciendo con la edad de nuestra nostalgia. LEA

………

Funeral de Sigfrido e inmolación de Brunilda – George Szell y Orquesta de Cleveland

___________________________________________________________________________

 

Share This:

La sabrosura acústica

AVISO: El Blog de Dr. Político estará en receso durante el mes de febrero. En este lapso, sólo habrá cambios en la Lectura y el Tragaluz de la parte superior de su columna izquierda y, en ella misma cada sábado, la incorporación del audio de la emisión correspondiente de Dr. Político en RCR.

André Rieu: Koning van lekkere muziek

André Rieu: Koning van lekkere muziek

A mis amigos Cornelis y Vera

sabroso. 1. adj. Sazonado y grato al sentido del gusto. 2. adj. Delicioso, gustoso, deleitable al ánimo.

Dicionario de la Lengua Española

___________________________

La música es el mejor de los elíxires: entra por el oído y por la piel (especialmente por la que cubre el vientre), pero es posible degustarla como manjar maravilloso; nada mejor para expresar y contagiar la alegría. Naturalmente, hay música melancólica y triste, pues su rango emocional equipara al de los sentimientos humanos, pero puede argumentarse que la que más disfrutamos es aquella que tenemos, simplemente, por música sabrosa.

Shostakovich sobre Mravinsky

Shostakovich sobre Mravinsky

Hay música sabrosa en la que han hecho los grandes compositores clásicos. Juan Sebastián Bach es seguramente el jefe en esta materia; hasta un joropo compuso. No otra cosa es el Allegro que cierra su Concierto de Brandenburgo #3 en Sol mayor (BWV 1.048). Si tiene a mano alpargatas, úselas para iniciar bailando esta entrega musical. (En vez de Juan Vicente Torrealba, tenemos a Simon Addison dirigiendo a la Orquesta Filarmónica Inglesa).

Allegro

No sólo en el Barroco era posible componer música sabrosa. Dmitri Shostakovich podía hacerlo convincentemente, como lo demostró con el 2do. movimiento (Allegretto) de su Sinfonía #5 en Re menor, op. 47. Una versión de lujo está acá por la Orquesta Filarmónica de Leningrado bajo la dirección de Yevgeny Mravinsky, el mismo conjunto y el mismo conductor que estrenaron la obra en 1937.

Allegretto

Después de esta sabrosura sofisticada, noble y de trovador, admitamos nuestras raíces plebeyas—todo el mundo tiene al menos una—y abracemos el canto del juglar. Podemos comenzar por Nuestramérica y pedir a Soledad Bravo que nos cante Déjala bailar en paz. (Que no nos engañe la letra castellana; la pieza es del brasileño Chico Buarque de Holanda, y se llama originalmente Deixe a menina).

Déjala bailar en paz

Barry, Robin y Maurice Gibb formaron el popular grupo los Bee Gees, e hicieron varias canciones de gran éxito. En el filme insignia de la música disco, descuella entre ellas Stayin’ alive, que John Travolta bailó famosamente en Saturday Night Fever (1977) junto a Olivia Newton-John. Hela aquí:

Stayin’ alive

El grupo sueco ABBA—Agnetha Fältskog, Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid Lyngstad—llenó los oídos del mundo con música buena y sabrosa en los años setenta y ochenta. Uno de sus números más incitantes al baile alegre es Super Trooper, canción que dio el nombre al álbum en el que se grabara.

Super Trooper

Para los caraqueños, la alegre sabrosura se consigue concentrada en la Billo’s Caracas Boys, la maravillosa orquesta que formó el ilustre inmigrante dominicano Luis María Frómeta Pereira. Todos hemos bailado felices su Canto a Caracas.

Canto a Caracas

Andrea y Eros

Andrea y Eros

Es claro que Andrea Bocelli es uno de los líderes del género crossover (combinación de música clásica y pop); canta con igual propiedad arias de ópera y temas del repertorio popular. Protegido de Luciano Pavarotti, gusta de cantar en compañía de colegas, tal como su mentor lo hiciera. Con Eros Ramazzotti ha cantado muchas veces, e Il mare calmo della sera—canción de Zucchero Fornaciari, Giampiero Felisatti y Gloria Nuties—es una de sus mejores colaboraciones; es muy agradable al oído el contraste de la voz redonda del primero con la áspera del otro.

Il mare calmo della sera

Difícil resulta a los melómanos de esta época concebir la música sin la presencia del guitarrista andaluz Paco de Lucía. Inolvidable, por ejemplo, es su participación en Carmen, la película de Carlos Saura con la compañía de baile de Antonio Gades. Con Al Di Meola grabó Mediterranean Sundance en 1977; luego, éste formó The Guitar Trio—aumentando el requisito de Chopin («Sólo hay algo más hermoso que una guitarra: dos guitarras»)—al añadir a John Mc Laughlin, un grupo excepcional que grabó en 1981 Río Ancho-Mediterranean Sundance como oímos a continuación del álbum Friday Night in San Francisco, en una endemoniada fusión de flamenco y jazz.

Río Ancho-Mediterranean Sundance

Hablando de jazz, un álbum experimental del digno género, con altísima popularidad, fue Time Out, por el Cuarteto de Dave Brubeck. Las piezas ocurren en ritmos inusuales, siendo la más convencional Strange Meadowlark que, arrancando en tiempo indefinido, pronto se acomoda en un familiar 4/4.

Strange Meadowlark

En mi memoria auditiva ocupan neuronas muy próximas It’s not unusual, el número que lanzó a Tom Jones a la fama, y Music to watch girls go by, que confirmó la de Andy Williams (fallecido el año pasado a sus 84 años). ¿Quién discutirá que son piezas de música sabrosa?

It’s not unusual

Music to watch girls go by

Toda la música del musical cumbre de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, The Sound of Music, es un festín auditivo, pero seguramente es uno de los números más simpáticos These are a few of my favorite things, que María canta con los niños von Trapp para ahuyentar el miedo. (En teatros desde 1959; en el cine en 1965 con sendos Premios Oscar a la Mejor Película y el Mejor Director). La versión que sigue es de la voz inconfundible de la dueña del rol principal, Julie Andrews.

These are a few of my favorite things

Cartel de película

Cartel de película

Otra María protagoniza West Side Story, el musical con las piezas compuestas por Leonard Bernstein, mítico Director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York. America es un número de entreverado y sabroso ritmo, que cantan los jóvenes portorriqueños liderados por María (Natalie Wood) y Anita (Rita Moreno). Robert Wise, quien había ganado el Oscar como director de la película precedente, había hecho lo mismo en este filme de 1961 en compañía de Jerome Robbins; en total, la película que coloca a Romeo y Julieta en las calles de Nueva York obtuvo de la Academia del Cine diez premios de once nominaciones.

America

Pero si, ya no la Academia del Cine, sino la Sueca como en el caso de Jorge Luis Borges en Literatura, se niega a conceder a José Antonio Abreu el Premio Nóbel de la Paz, insistiré con la candidatura de André Rieu, el violinista y director de orquesta holandés que puede ser tenido como el Isaac Asimov de la música. No sólo es que la divulga, sino que su gusto es, como el del escritor ruso-estadounidense, universal y dirige como éste escribe, con sabrosura. He aquí su rauda versión sintética de la Obertura de Carmen, la ópera magna de Georges Bizet. (Rieu dirige su Orquesta Johann Strauss).

Carmen

Rieu, por otra parte, tiene un sentido espectacular del espectáculo, valga la redundancia. En múltiples ocasiones, se agencia el concurso de otros magníficos artistas, como ahora, cuando convoca a los Coros Evangélicos de Harlem y Soweto para una eléctrica rendición de When the saints go marching in (en Maastricht, la ciudad  capital de la provincia holandesa de Limburg donde se fabricó la Unión Europea).

Valió la pena ese concierto neerlandés a cargo del gran holandés errante, y así cerramos con el testimonio de Mark Anthony quien canta, precisamente y pensando no en Europa sino en la estupendísima Jennifer López, Valió la pena. La salsa, sin duda, es sabrosura pura. LEA

Valió la pena

_____________________________________________________________

 

Share This:

Bonjour tristesse

Antes eran los bloques de la Urb. 2 de diciembre

Antes eran los bloques de la Urbanización 2 de diciembre

Me deja—agrega el médico—perplejo/vuestro mal, y no debe acobardaros;/tomad hoy por receta este consejo/“Sólo viendo a Garrick podréis curaros”./—¿A Garrick? —Sí, a Garrick… La más remisa/y austera sociedad le busca ansiosa;/todo aquel que lo ve muere de risa;/¡Tiene una gracia artística asombrosa!/—¿Y a mí me hará reír? —¡Ah! sí, os lo juro;/Él sí; nada más él; mas… ¿qué os inquieta?/—Así—dijo el enfermo—, no me curo:/¡Yo soy Garrick!… Cambiadme la receta.

Juan de Dios Peza

______________

¿Para qué negar una tristeza? Eso me ha dejado el 23 de enero, el día de ayer, y me ha durado hasta hoy. La inconsistencia implícita en una «celebración» oficialista de un nuevo aniversario del 23 de enero de 1958, cuando cayera el régimen de un dictador calificado por Hugo Chávez (el 25 de abril de 2010) como «el mejor presidente que tuvo Venezuela por mucho tiempo… Lo odiaban porque era militar». Al comenzar el año aciago de 2002, el mismo Chávez decía que no había nada que celebrar el 23 de enero. Pero ahora su propio gobierno conmemora la fecha para arrebatarle la efeméride a la oposición, que había anunciado una marcha de manifestación política. Para desatar una «marea roja» no hubo oficinas públicas abiertas al servicio del ciudadano. Así lo advirtió una funcionaria a mi esposa, cuando solicitaba la solución de un simple trámite que ya lleva más de tres años. (La atendería el próximo lunes, porque el miércoles de esta semana debía asistir a una manifestación). El propio Chávez recordaba contradictoriamente, el 23 de enero de 2011, a Fabricio Ojeda, líder de la resistencia civil contra el tirano tachirense.

La tristeza había comenzado un día antes, cuando leí en El Universal: «…un grupo de sujetos encapuchados usando armas de varios calibres, ingresó al edificio 32 de la urbanización 23 de Enero y sacó de sus hogares a tres hombres (Ángel Rodríguez, César Torres y Elías Benjamín Laya), el resto de integrantes del colectivo armado enfrentaba a una comisión de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que patrullaba la zona y que trató de impedir que se cometiera el triple homicidio, relataron vecinos del sector. La GNB no pudo evitar la muerte de las tres víctimas, porque el colectivo que los enfrentaba estaba mucho mejor armado que los militares y lograron repelerlos y luego huyeron. (…) A Elías lo mataron dentro de su casa, a Ángel lo maniataron y lo bajaron arrastrado por las escaleras del edificio hasta tirarlo en la entrada y acribillarlo, y a César lo lanzaron desde una de las ventanas de su apartamento en el piso 11».

En la fecha conmemorativa, ciudadanos ataviados de rojo se reunieron en la urbanización de los horribles homicidios de la víspera, allí donde ni siquiera gente de la Guardia Nacional «Bolivariana» es capaz de resguardar la vida de sus habitantes. En esa urbanización creada por Pérez Jiménez funciona un Estado dentro del Estado, y es intocable. Está bien que Néstor Reverol, Ministro del Interior y Justicia, ruja contra presuntos atentados fraguados contra Nicolás Maduro y Diosdado Cabello; así ha dicho: «No vamos a permitir ni un milímetro de desestabilización de parte de la ultraderecha». Debiera notar, sin embargo, que a los colectivos armados de la Parroquia 23 de Enero les ha permitido varias leguas.

Chávez dijo que Pérez Jiménez había sido mejor gobernante que todos los presidentes demócratas que lo sucedieron y le precedieron a él pero, en materia de seguridad personal, el gobierno claramente deficitario es el suyo.  LEA

_________

Share This:

Notas para un hormiguero

Borges, nombre del infinito

En los textos de Jorge Luis Borges hay, como en más de una historia suya, diversos planos para la admiración y el disfrute. El primero de ellos, disponible para la degustación primera, es el de su castellano. Borges es preciso y económico en el uso del lenguaje; sus metáforas son poderosas y a la vez tranquilas, y con la mera conjunción de adjetivo y sustantivo ha producido parejas significantes de una calidad inigualable: oblicuo alfil, numeroso lecho, tenue armamento, vastas enciclopedias, avenidas urgentes, divinidad desdeñosa, atareado rumor, sacrificio condigno, causa recóndita, varios porvenires…

Luego, ya en oraciones enteras, Borges produjo sentencias que, recogidas ellas solas, formarían una memorable colección de epigramas:

…el destino puede ser despiadado con las mínimas distracciones; …poblar de algún modo el tiempo; ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir!; Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; …todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora; …los atributos de impeccabilitas y de humanitas no son compatibles; Pensar, analizar, inventar… son la normal respiración de la inteligencia; La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado.

Y siempre es elegante; en sus construcciones, con frecuencia aparece la duda, la reserva. Inmediatamente después de la primera palabra en La intrusa, el cuento que destronaría a El Sur como su favorito, aparece un primer paréntesis:

Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo…. En El Sur ya había dicho: Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura.

En El jardín de senderos que se bifurcan, pone:

Yo oía con decente veneración esas viejas ficciones, acaso menos admirables que el hecho de que las hubiera ideado mi sangre…

En el breve prólogo a Artificios, la segunda parte de Ficciones, advierte:

Aunque de ejecución menos torpe, las piezas de este libro no difieren de las que forman el anterior. Dos, acaso, permiten una mención detenida…

Pendiente del azar y sus estragos,“acaso” era una de sus palabras favoritas. Fue él quien dijera: “La duda es uno de los nombres de la inteligencia”.

También, como hemos visto, emplea frecuentemente el circunloquio negativo:

El ejercicio de ese cargo no me fue grato; …exhibían credenciales no siempre falsas; Más de tres veces no lo vi…; Nadie ignora que el Sur empieza del otro lado de Rivadavia…

…cuando ha podido decir, como todo el mundo: Todo el mundo sabe que el Sur…

………

Todavía en el análisis de los fragmentos de su texto, Borges exige cuidado y atención a lo que, en apariencia sólo, son observaciones pasajeras. Vimos dos ejemplos de esto: en El jardín aparece que el narrador recuerda que su antepasado, Ts’ui Pen, quiso componer “una novela que fuera todavía más populosa que el Hung Lu Meng”, y resulta que esta obra existe y, según supimos por Ana María, ha vendido más de cien millones de ejemplares. Y es que la novela real, no la imaginada del imaginario antepasado de quien cuenta, tiene alrededor de cuarenta protagonistas y cerca de quinientos personajes adicionales; era, ciertamente, populosa. En El Sur, lo que parece una referencia en passant ha sido escogida con toda la intención: “Algo en su pobre arquitectura le recordó un grabado en acero, acaso de una vieja edición de Pablo y Virginia”. Bueno, no se trata de una alusión insignificante a cualquier libro con ilustraciones; Pablo y Virginia es una novela de Bernardin que abunda, con benevolencia de los protagonistas, sobre las diferencias de clase social, y es el odio social lo que impele las bolitas de miga de pan que se estrellan en el rostro de Dahlman y lo fuerzan al duelo que, acaso, lo matará. Ni el uno ni el otro dato son condición para satisfacerse con ambas narraciones, pero señalan que Borges es rico y entreverado.

………

Por supuesto, sus temas, de los que hablamos poquísimo; tan sólo dijimos que su género fue llamado metafísica-ficción. Era un filósofo diletante—(Del it. dilettante, que se deleita). 1. adj. Conocedor o aficionado a las artes, especialmente a la música. 2. adj. Que cultiva algún campo del saber, o se interesa por él, como aficionado y no como profesional—que mastica y digiere bocados de filosofía con boca de literato. El infinito, por supuesto; los dobles, los espejos, el uno y el otro, los sueños, el lenguaje y su estructura, lo esotérico y arcano, la muerte violenta, los héroes nórdicos, los libros prodigiosos, la infamia, los asesinos, la alquimia, no Dios tanto como los dioses. Cada asunto tratado por él demuestra que lo ha pensado a fondo, que además de escritor es pensador. Nadie antes que él los había comentado con tanta soltura y propiedad.

………

Las claves biográficas. A Richard Burgin admitió en Cambridge (Massachussetts) que en cuanto leyó dos capítulos del Quijote, siendo todavía un niño, deseó aprender el español antiguo, como décadas más tarde aseguró que Pierre Menard se propuso, y creó este personaje el mismo año cuando su padre moría, y él es Menard y su padre Cervantes. El padre tuvo para él una influencia decisiva; en tierna edad de Borges ya lo introducía en problemas filosóficos, su biblioteca de más de mil libros en inglés fijó su interés en esa cultura y lo hizo bilingüe desde muy temprano, y le dio claves específicas para pensar acerca de la memoria humana.

………

La imaginación de Borges es un animal desatado pero preciso, y el humor es su compañero. Leemos en La biblioteca de Babel:

Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico.

¿Cómo podría un pueblo báltico formar un dialecto de una lengua amazónica?

O el método que atribuyó a su holgazanería: en lugar de acometer un tratado, inventar a un tratadista y comentarlo. A fines de los sesenta ya se había cansado del procedimiento, aunque no de lo asombroso. Por eso escribió La intrusa.

………

Su poesía no es sólo la de sus exactos y elegantes sonetos; su prosa toda es poesía. Pero sus poemas son muy buenos, algo clásicos en forma aunque libres en la métrica de los versos. Tal vez descubre más sus amores en la versificación:

¿En qué hondonada esconderé mi alma/ que como un sol /para que no vea tu ausencia/ terrible, sin ocaso,/ brilla definitiva y despiadada?

La escala de Borges, a pesar de las enormes vastedades que comentó, es la de un joyero o artesano de lentes como Spinoza—“No lo turba la fama, ese reflejo/ De sueños en el sueño de otro espejo,/ Ni el temeroso amor de las doncellas./ Libre de la metáfora y del mito/ Labra un arduo cristal: el infinito/ Mapa de Aquel que es todas Sus estrellas”—; es la escala del joyero que fue Federico Chopin, incapaz de obras de larga duración. Mucho menos lo turbaría la urgencia de escribir una larga novela; su Historia de la eternidad ocupa, impresa, sesenta y ocho páginas. Como sus piezas son de pequeña extensión, es posible leerlo con la calma y atención que permiten entenderlo sin problemas.

………

Su posición política fue conservadora y antiperonista. Del peronismo dijo que no era ni bueno ni malo, sino incorregible. Recibió una afrenta cruel del primer gobierno de Perón, a quien llamó farsante, y su madre y su hermana sufrieron cárcel peronista; la primera domiciliar, la segunda real por un año entero. En el prólogo a La moneda de hierro, dejó esta constancia:

Me sé del todo indigno de opinar en materia política, pero tal vez me sea perdonado añadir que descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística.

………

Los científicos más profundos conocieron y aprendieron de sus historias. La ciencia más moderna es la de la complejidad, de lo caótico. Es uno de los centros de investigación más afamados del campo el Instituto de Santa Fe, en Nuevo México. Por un buen número de años fue su Director Murray Gell-Mann, Premio Nobel de Física en 1969, arquitecto del Modelo Estándar de la Física Cuántica, construido sobre su Teoría de los quarks. En 1994, El Quark y el Jaguar: Aventuras en lo simple y lo complejo, un libro de Gell-Mann ubicable como obra de “ontología física”, resonaba con La escritura del Dios, narración en la que es un jaguar protagonistaPero el título fue escogido por Gell-Mann como referencia a otro texto: un poema de Arthur Sze con este verso: “El mundo del quark tiene todo que ver con un jaguar que da vueltas en la noche”. Sze, obviamente, leyó a Borges. Gell- Mann, no obstante, es también lector de Borges; en una conversación de 1998 con Jeffrey Mishlove lo recuerda, muy à propos:

Si vemos la forma como el universo se comporta, la mecánica cuántica nos ofrece la indeterminación fundamental, inevitable, así que se puede asignar probabilidades a historias alternas del universo. En ocasiones estas probabilidades se acercan mucho a la certidumbre, pero en realidad no son nunca certezas. Y, a menudo, las probabilidades están bastante distribuidas. El resultado es que las posibles historias alternas del universo forman una especie de árbol que se ramifica. Jorge Luis Borges, en uno de sus cuentos maravillosamente imaginativos, creó a alguien que construyera un modelo de las historias alternas ramificadas del universo bajo la forma de un jardín de senderos que se bifurcan.

Borges mismo fue un invento borgiano; fue inverosímil. De vida sencilla y asequible, a pesar de su erudición especializada no fue pedante. Todo el mundo podía alcanzarle para conversar.

Borges es, sencillamente, uno de los nombres del infinito. LEA

………

APÉNDICE

Epílogo a la edición de Emecé de sus obras completas escrito, por supuesto, por él mismo.

…………

A riesgo de cometer un anacronismo, delito no previsto por el código penal, pero condenado por el cálculo de probabilidades y por el uso, transcribiremos una nota de la Enciclopedia Sudamericana, que se publicará en Santiago de Chile, el año 2074. Hemos omitido algún párrafo que puede resultar ofensivo y hemos anticuado la ortografía, que no se ajusta siempre a las exigencias del moderno lector. Reza así el texto:

BORGES, JOSÉ FRANCISCO ISIDORO LUIS: Autor y autodidacta, nacido en la ciudad de Buenos Aires, a la sazón capital de la Argentina, en 1899. La fecha de su muerte se ignora, ya que los periódicos, género literario de la época, desaparecieron durante los magnos conflictos que los historiadores locales ahora compendian. Su padre era profesor de psicología. Fue hermano de Norah Borges (q. v.). Sus preferencias fueron la literatura, la filosofía y la ética. Prueba de lo primero es lo que nos ha llegado de su labor, que sin embargo deja entrever ciertas incurables limitaciones. Por ejemplo, no acabó nunca de gustar de las letras hispánicas, pese al hábito de Quevedo. Fue partidario de la tesis de su amigo Luis Rosales, que argüía que el autor de los inexplicables Trabajos de Persiles y Segismunda no pudo haber escrito el Quijote. Esta novela, por lo demás, fue una de las pocas que merecieron la indulgencia de Borges; otras fueron las de Voltaire, las de Stevenson, las de Conrad y las de Eça de Queiroz. Se complacía en los cuentos, rasgo que nos recuerda el fallo de Poe, There is no such thing as a long poem, que confirman el uso de la poesía de ciertas naciones orientales. En lo que se refiere a la metafísica, bástenos recordar cierta Clave de Baruch Spinoza, 1975. Dictó cátedras en las universidades de Buenos Aires, de Texas y de Harvard, sin otro título oficial que un vago bachillerato ginebrino que la crítica sigue pesquisando. Fue doctor honoris causa de Cuyo y de Oxford. Una tradición repite que en los exámenes no formuló jamás una pregunta y que invitaba a los alumnos a elegir y considerar un aspecto cualquiera del tema. No exigía fechas, alegando que él mismo las ignoraba. Abominaba de la bibliografía, que aleja de las fuentes al estudiante.

Le agradaba pertenecer a la burguesía, atestiguada por su nombre. La plebe y la aristocracia, devotas del dinero, del juego, de los deportes, del nacionalismo, del éxito y de la publicidad, le parecían casi idénticas. Hacia 1960 se afilió al Partido Conservador, porque (decía) “es indudablemente el único que no puede suscitar fanatismos”.

El renombre de que Borges gozó durante su vida, documentado por un cúmulo de monografías y de polémicas, no deja de asombrarnos ahora. Nos consta que el primer asombrado fue él y que siempre temió que lo declararan un impostor o un chapucero o una singular mezcla de ambos. Indagaremos las razones de ese renombre, que hoy nos resulta misterioso.

No hay que olvidar, en primer término, que los años de Borges correspondieron a una declinación del país. Era de estirpe militar y sintió la nostalgia del destino épico de sus mayores. Pensaba que el valor es una de las pocas virtudes de que son capaces los hombres, pero su culto lo llevó, como a tantos otros, a la veneración atolondrada de los hombres del hampa. Así, el más leído de sus cuentos fue Hombre de la esquina rosada, cuyo narrador es un asesino. Compuso letras de milonga, que conmemoran a homicidas congéneres. Sus estrofas de corte popular, que son un eco de Acasubi, exhuman la memoria de cuchilleros muy razonablemente olvidados. Redactó una piadosa biografía de cierto poeta menor, cuya única proeza fue descubrir las posibilidades retóricas del conventillo. Los saineteros ya habían armado un mundo que era esencialmente el de Borges, pero la gente culta no podía gozar de sus espectáculos con la conciencia tranquila. Es perdonable que aplaudieran a quien les autorizaba ese gusto. Su secreto y acaso inconsciente afán fue tramar la mitología de un Buenos Aires que jamás existió. Así, a lo largo de los años, contribuyó sin saberlo y sin sospecharlo a esa exaltación de la barbarie que culminó en el culto del gaucho, de Artigas y de Rosas.

Pasemos al anverso. Pese a Las fuerzas extrañas (1906) de Lugones, la prosa narrativa argentina no rebasaba, por lo común, el alegato, la sátira y la crónica de costumbres; Borges, bajo la tutela de sus lecturas septentrionales, la elevó a lo fantástico. Groussac y Reyes le enseñaron a simplificar el vocabulario, entorpecido entonces de curiosas fealdades: acomplejado, agresividad, alienación, búsqueda, concientizar, conducción, coyuntural, generacional, grupal, negociado, promocionarse, recepcionar, sentirse motivado, sentirse realizado, situacionismo, verticalidad, vivenciar… Las academias, que hubieran podido desaconsejar el empleo de tales adefesios, no se animaron. Quienes condescendían a esa jerga exaltaban públicamente el estilo de Borges.

¿Sintió Borges alguna vez la discordia íntima de su suerte? Sospechamos que sí. Descreyó del libre albedrío y le complacía repetir esta sentencia de Carlyle: ‘La historia universal es un texto que estamos obligados a leer y a escribir incesantemente y en el cual también nos escriben’.

Puede consultarse su Obra Completa, Emecé Editores, Buenos Aires, 1974, que sigue con suficiente rigor el orden cronológico.

………

luis enrique ALCALÁ

Esta entrada contiene notas compuestas para el club de lectura Las Hormigas, al que ayudé en el conocimiento de Jorge Luis Borges a fines de 2012.

______________________________________________________

 

Share This: