En el día del bautizo del libro de mi esposa, publicado por la Fundación Empresas Polar en 2009. A su izquierda, nuestra hija menor, María Ignacia, flanqueada por Andrés, el mayor de los Sucre Eduardo. En la fila posterior nuestros hijos mayores, Eugenia y Luis Armando. Afortunadamente, de mi humanidad sólo sobresale la corbata.

 

No conozco gente que sepa de ella y no la quiera, y ella quiere—mis celos se desvanecen ante el hecho—estrictamente a todo el mundo y sobre éste distribuye su bondad.

Ella cantaba más allá del genio del mar

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Ha concluido el ciclo de cumpleaños de la pareja Alcalá-Sucre y sus vástagos. El de quien escribe, en enero; el de la hija mayor de mi consorte y el de la primera de nuestra prole común en mayo; en julio el de mi primer varón, así como el de nuestro hijo común y el de mi propia esposa cerrando el mes. Finalmente, el de nuestra hija menor, nacida en este mes otoñal del Hemisferio Norte. Así puse en la entrada del epígrafe:

En 1979 fuimos marido y mujer, y nos dedicamos a procrear tres hijos hermosos, entre ellos el primer descendiente varón de mis suegros. (Trajimos uno previo cada uno; yo el ya aludido,* ella una hija que vale la pena). Hicimos primero a Eugenia, a quien su abuelo le escogió el nombre para significar que era bien nacida; yo la exhibía feliz, al mes de haber venido, en mi oficina, y uno de los empleados la bautizó como Estrella de la mañana. Luego, Luis Armando, la copia exacta del mismo abuelo materno, genéticamente portador de 45 cromosomas Sucre,** hombre de mil amigos en quien sus hermanas confían ciegamente. Por último, María Ignacia, nacida en el cumpleaños de mi madre para distinguirse mucho académicamente y con su pluma y, recientemente, en el ciclismo urbano. Los tres han heredado la nobleza de la madre.

Hay una pieza de Alexander Borodin que le gusta mucho a mi esposa; la llama “Mis violines”. Específicamente, se refiere a la transcripción para orquesta de cuerdas del tercer movimiento del Cuarteto de cuerdas #2 de Alexander Borodin, compuesto en 1881, hace 140 años. Es lo que pongo a continuación, ejecutado por la Orquesta de Filadelfia conducida por Eugene Ormandy. (“…quien pulió la Orquesta de Filadelfia hasta la perfección, con el logro de una sedosidad incomparable de su sección de cuerdas, fue el húngaro Eugene Ormandy (1899-1985). quien dirigió la agrupación por un total de cuarenta y cuatro años”. Cumbre palmípedo-lacustre).

 

 Nocturno

 

Gracias a mi jefa y a nuestros hijos. LEA

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* “Como dijera de mi primer hijo, ella es causa de un amor y de un orgullo de los que no he podido recuperarme”.

** Debo haber aportado solamente un cromosoma Y.

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