por Luis Enrique Alcalá | Jun 15, 2016 | Miscelánea |
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La libertad no es el poder de hacer lo que queramos, sino el derecho de hacer lo que debamos.
Lord Acton
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La mejor venganza es ser feliz
Proverbio Árabe
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Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, por tanto, no es un acto, sino un hábito.
Aristóteles
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Cualquier tonto puede decir que hay una crisis cuando llega. El verdadero servicio al Estado es detectarla en estado de embrión.

El divulgador
Nunca permitas que tu sentido de la moral te impida hacer lo que es correcto.
Isaac Asimov
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Oyendo hablar un hombre, fácil es / saber dónde vio la luz del sol / Si alaba Inglaterra, será inglés / Si reniega de Prusia, es un francés / y si habla mal de España… es español.
Joaquín Bartrina
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Hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria.
Jorge Luis Borges
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Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida; ésos son los imprescindibles.
Las revoluciones se producen en los callejones sin salida.
Desgraciado el país que necesita héroes.
Bertolt Brecht
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Los fieles no necesitan pruebas. Y para el infiel ninguna prueba es suficiente.
Joseph Breuer
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Cualquier camino es tan solo un camino, y en abandonarlo no hay afrenta para uno mismo o para los demás, si eso es lo que tu corazón te dice… Examina cada camino muy de cerca y deliberadamente. Pruébalo cuantas veces lo creas necesario. Luego hazte a ti mismo, y solamente a ti mismo, una pregunta… ¿Tiene este camino un corazón? Si lo tiene, el camino es bueno; si no lo tiene, entonces es completamente inútil.
Carlos Castañeda
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Es en todo tiempo y lugar moralmente erróneo que cualquier persona crea en algo sobre la base de evidencia insuficiente.
William Clifford
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Una cosa es suponer que uno está en el camino cierto; otra es suponer que ese camino es el único.
Paulo Coelho
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Mi definición de un intelectual es alguien que puede escuchar la Obertura de Gullermo Tell sin pensar en el Llanero Solitario.
Billy Connolly
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Cuán considerado de Dios arreglar las cosas de forma tal que, dondequiera que uno haya nacido, la religión local siempre resulte ser la verdadera.
Richard Dawkins
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El oportunista
Yo debo seguir al pueblo. ¿Acaso no soy su líder?
Si no eres muy inteligente debes ser conciliador.
¡Cuánto más fácil es ser critico que tener razón!
La diferencia entre un infortunio y una calamidad es ésta: si Gladstone cayera en el Támesis eso sería un infortunio. Pero si alguien lo sacara de nuevo eso sería una calamidad.
Benjamin Disraeli
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Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas.
Will Durant
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El relativista
Pocas personas son capaces de expresar opiniones que difieran de los prejuicios de su ambiente social. La mayoría de la gente es incapaz incluso de formarse tales opiniones.
Una persona lista resuelve un problema. Una persona sabia lo evita.
Los grandes espíritus siempre han encontrado la oposición violenta de las mentes mediocres.
La diferencia entre el genio y la estupidez es que el genio tiene sus límites.
Cualquier tonto puede saber. El punto es entender.
No sé con qué armas se luchará la III Guerra Mundial, pero la IV Guerra Mundial será luchada con palos y piedras.
No todo lo que cuenta puede ser contado, y no todo lo que puede ser contado cuenta.
La educación es lo que resta después de que uno ha olvidado todo lo que aprendió en la escuela.
Sólo una vida que se viva para los otros es una vida que vale la pena.
Albert Einstein
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No dejaremos de explorar
Y el final de toda nuestra exploración.
Será llegar donde empezamos.
Y conocer el lugar por la primera vez.
T. S. Elliott
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No todo lo que uno tiene derecho a hacer es lo mejor que puede hacerse.
Benjamin Franklin
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Mucha gente, especialmente la ignorante, desea castigarte por decir la verdad, por ser correcto, por ser tú. Nunca pidas disculpas por ser correcto, o por estar años por delante de tu tiempo. Si estas en lo cierto, y lo sabes, que hable tu razón. Incluso si eres una minoría de uno solo, la verdad es siempre la verdad.
Mahatma Gandhi
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Todas las cosas ya están dichas; pero como nadie escucha, siempre hay que empezar de nuevo.
André Gide
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La bondad nunca se equivoca.
Pedro Grases
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Un ser humano debe ser capaz de cambiar un pañal, planear una invasión, destazar un cerdo, guiar un barco, diseñar un edificio, escribir un soneto, balancear cuentas, construir un muro, reparar un hueso, confortar al moribundo, tomar órdenes, dar órdenes, cooperar, actuar solo, resolver ecuaciones, analizar un nuevo problema, palear bosta, programar un computador, cocinar una comida gustosa, pelear eficientemente, morir gallardamente. La especialización es para los insectos.
Robert A. Heinlein
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El estepario
Pero también pertenece del mismo modo a la eternidad la imagen de cualquier acción noble, la fuerza de todo sentimiento puro, aun cuando nadie sepa nada de ello, ni lo vea, ni lo escriba, ni lo conserve para la posteridad.
Hermann Hesse
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El actor no debe atarse afectivamente al resultado sino al proceso. El compromiso es con la obra misma; con la carrera y no con el premio; con la batalla y no con la victoria. El trabajo se vuelve en este sentido intrínsecamente honorable y satisfactorio a través de un proceso de compromiso moral y comprensión.
La indiferencia debe entenderse acá, naturalmente, en un sentido especial. No es que al líder no le importe. Al líder le importan y tienen que importarle los resultados, especialmente aquellos resultados humanos y organizacionales en los que tiene responsabilidad plena o parcial. A lo que, en razón del honor, debe ser indiferente es a los resultados de las acciones en tanto le afecten personalmente. Suponiendo que su curso de acción sea correcto, que ha descubierto cuál es su deber y cumplido con él, lo que es entonces un asunto de indiferencia, de despreocupación, es su propio éxito o fracaso. Ése es el ideal. Su propio ego debe dejar de importar, tiene que ser eliminado de la ecuación de las variables organizacionales. Tiene que ser trascendido. Y aunque esto pueda parecer escandalosamente idealista, esa praxis es también posible.
Cristopher Hodgkinson
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Uno de los rasgos de una sociedad verdaderamente vigorosa es la capacidad para prescindir de la pasión como partera de la acción; la capacidad para pasar directamente del pensamiento a la acción.
Resulta sorprendente pensar cuánta incredulidad es necesaria para hacer posible la creencia. Lo que conocemos como fe ciega está fundado en innumerables incredulidades.
Normalmente, sólo vemos lo que queremos ver; tanto es así, que a veces lo vemos donde no está.
Eric Hoffer
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El insoportable
Aunque no sea más que una ridícula ilusión, uno está persuadido de que debe escribir para decir lo que nadie ha dicho. Decir lo que nadie ha dicho significa contradecir a todo el mundo. Escribir, por lo tanto, es el placer de contradecir, la felicidad de estar solo contra todos, la alegría de provocar a los enemigos e irritar a los amigos.
Milan Kundera
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Una dama es una mujer que hace que un hombre se comporte como un caballero.
Russell Lynes
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La característica general de la política venezolana hasta ahora es que si usted está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país, entonces usted ya perdió las elecciones.
Argenis Martínez
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El adversario que más te combate es el que está más convencido de que tienes razón.
Theodor Meynert
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Héroe es el que resiste cuando los otros ceden, el que cree cuando los otros dudan, el que se rebela contra la rutina y el conformismo, el que se conserva puro cuando los otros se prostituyen.
Augusto Mijares.
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El liberal
Así, un pueblo puede preferir un gobierno libre, pero si, por indolencia, descuido, cobardía o falta de espíritu público, se muestra incapaz de los trabajos necesarios para preservarlo; si no pelea por él cuando es directamente atacado; si puede ser engañado por los artificios empleados para robárselo; si por desmoralización momentánea, o pánico temporal, o un arranque de entusiasmo por un individuo, ese pueblo puede ser inducido a entregar sus libertades a los pies de incluso un gran hombre, o le confía poderes que le permiten subvertir sus instituciones; en todos estos casos es más o menos incapaz de libertad: y aunque pueda serle beneficioso tenerlo así sea por corto tiempo, es improbable que lo disfrute por mucho.
Si nos preguntamos qué es lo que causa y condiciona el buen gobierno en todos sus sentidos, desde el más humilde hasta el más exaltado, encontraremos que la causa principal entre todas, aquella que trasciende a todas las demás, no es otra cosa que las cualidades de los seres humanos que componen la sociedad sobre la que el gobierno es ejercido… Siendo, por tanto, el primer elemento del buen gobierno la virtud y la inteligencia de los seres humanos que componen la comunidad, el punto de excelencia más importante que cualquier forma de gobierno puede poseer es promover la virtud y la inteligencia del pueblo mismo… Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan.
John Stuart Mill
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La ideología fue para la vida pública lo que un buen arranque de cólera es a la vida privada: consigue resultados. Y, como la cólera, puede también tener desagradables efectos colaterales, tales como la multiplicación de las inútiles antipatías generalizadas.
Kenneth Minogue
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Los dioses y la política son las herramientas con las que los ateos y los que no tienen principios manipulan a los crédulos.
Janet E. Morris
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La aviadora
No creo que el mero sufrimiento enseñe. Si el solo sufrimiento enseñara, todo el mundo sería sabio, puesto que todo el mundo sufre. Al sufrimiento debe añadirse luto, comprensión, paciencia, amor, apertura y la disposición a permanecer vulnerable.
Anne Morrow Lindbergh
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Sin la música, la vida sería una equivocación.
Federico Nietzsche
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No vemos las cosas como son; las vemos como somos.
Anaïs Nin
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El poder gobernante confronta siempre esta cuestión: “En tales y tales circunstancias, qué se debe hacer”. La oposición, en cambio, no está obligada a asumir la responsabilidad o a tomar alguna decisión real.
Mientras una sociedad se aleje más de la verdad, más odiará a aquellos que la digan.
George Orwell
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No pudiendo hacer que lo que es justo sea fuerte, hágase que lo que es fuerte sea justo.
Blas Pascal
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La innovación, casi invariablemente, amenaza al statu quo y, en consecuencia, la innovación es inherentemente una actividad política.
Jeffrey Pfeffer
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La estupidez es el talento para la equivocación.
Edgar Allan Poe
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El legionario
Contemplemos la cuádruple función de la ideología: es un instrumento de poder; un mecanismo de defensa contra la información; un pretexto para sustraerse a la moral haciendo el mal o aprobándolo con una buena conciencia; y también es un medio para prescindir del criterio de la experiencia, es decir, de eliminar completamente o de aplazar indefinidamente los criterios de éxito o fracaso.
Jean-François Revel
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La lógica sólo da al hombre lo que necesita. La magia le da lo que él quiere.
Tom Robbins
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Toda verdad pasa por tres etapas. Primero, es ridiculizada. En segundo lugar, es violentamente rechazada. En tercer lugar, es aceptada como evidente por sí misma.
Arthur Schopenhauer
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El hombre que no tenga música en sí mismo, ni se conmueva con el acorde de dulces sonidos, es apto para traiciones, estratagemas y botines.
William Shakespeare
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El verdadero artista dejará que su mujer muera de hambre, que sus hijos anden descalzos y su madre se esclavice por su supervivencia antes que trabajar en algo distinto de su arte.
Ustedes ven cosas y preguntan ¿por qué? Pero yo sueño cosas que nunca han sido y pregunto ¿por qué no?
El secreto del éxito es ofender al mayor número de personas.
Todas las grandes verdades comienzan como blasfemias.
George Bernard Shaw
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En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte.
Susan Sontag
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No somos seres humanos que tienen una experiencia espiritual. Somos seres espirituales que tienen una experiencia humana.
Pierre Teilhard de Chardin
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La verdad engendra odio.
Terencio
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La historiadora
Las crisis no necesariamente purgan a un sistema de la locura; los viejos hábitos y actitudes son duros de matar.
Conscientes del poder controlador de la ambición, la corrupción y la emoción, puede ser que en busca del buen gobierno debiéramos buscar primero la prueba del carácter, y esa prueba debe ser la del coraje moral.
El problema puede no ser tanto un asunto de educar a los funcionarios para el gobierno como de educar al electorado para que reconozca y premie la integridad de carácter y rechace lo postizo.
Barbara Tuchman
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La diferencia entre la realidad y la ficción es que ésta tiene que ser verosímil.
Nunca discutas con gente estúpida. Te arrastrarán a su nivel y después te ganarán con experiencia.
Si estuviéramos hechos para hablar más que para escuchar, tendríamos dos bocas y una oreja,
Mark Twain
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Solíamos decir de él que sería el mejor de los compañeros, si no dijera siempre la verdad.
Puedo resistir todo, excepto la tentación.
Un cínico es quien conoce el precio de todo y el valor de nada.
Las mujeres existen para ser amadas, no para ser comprendidas.
Oscar Wilde
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Mi propósito era tan sólo el de reducir la frondosa masa de contradicciones y abusos que acaban por convertir el derecho y los procedimientos en un matorral donde las gentes honestas no se animan a aventurarse, mientras los bandidos prosperan a su abrigo.
Margueritte Yourcenar
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 13, 2016 | Argumentos, Política |

P. P. Fernández: La culpa es de la gente críticona
Recibí hoy de Eduardo Fernández un artículo de su hijo Pedro Pablo, por correo electrónico. El trabajo se llama La mejor apuesta, y su tesis es simple: «Un gobierno de Unidad Nacional es la mejor apuesta que podemos hacer todos».
En camino a esa conclusión, el articulista argumenta:
Algunos plantean que la solución de todos los problemas es la salida de Maduro. Son los mismos que decían que todo se resolvería cuando la providencia se llevara a su antecesor. El problema es muy complejo y hay demasiadas variables que nadie controla. (…) Hay gente que plantea salidas muy sencillas: “Convocamos el RR, o mejor, convocamos la gente a la calle para que Maduro renuncie de inmediato, constituimos un gobierno nuevo, resolvemos el problema de las divisas con una lluvia de inversiones internacionales que van a venir y con eso resolvemos también el problema de desabastecimiento, removemos a todos los poderes públicos (Lo vamos a hacer bien, no como Carmona), destituimos al Alto Mando Militar y sometemos la Fuerza Armada al poder civil (Ya eso está hablado) y enfrentamos a los colectivos y a los “Pranes” con el SEBIN y la Dirección de Inteligencia Militar”. Actúan como que fueran los directores de una película que dominan el desenlace de la trama y escogen el final feliz. Me recuerdan a aquellos que en los años 80 y 90 iniciaron la campaña antipolítica para destruir a los partidos, con Marcel Granier a la cabeza, pensando que iban a ser ellos los llamados a salvar a la patria a la caída del sistema. No se imaginaron que el llamado sería el Teniente Coronel nacido en Sabaneta, ni tampoco que su régimen político duraría, por lo menos, 17 años.
Nada hay de novedoso en el último y tramposo razonamiento; el 27 de julio de 2013, Leopoldo Castillo participaba en un conversatorio de la Casa de América en Madrid y esgrimió idéntico argumento: «Leopoldo Castillo creyó ver, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998». (A llorar p’al valle). Allí comenté:
Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos. (…) Es realmente irónico que quienes fueron los principalísimos responsables de la llegada de Hugo Chávez Frías a Miraflores quieran cargar la culpa a los que se preocuparon de advertir a tiempo la necesidad de corrección, que pretendan pasar factura a Ibsen Martínez y RCTV por la transmisión de un registro de la realidad: la magnífica telenovela Por estas calles.
Dicho sea de paso, la exitosa telenovela—resonaba con el sentir nacional—se inició después de la asonada del 4 de febrero de 1992 (3 de junio); mal ha podido causar la insurrección de Chávez y el resto de conjurados, que por propia admisión había comenzado desde al menos el 17 de diciembre de 1983, un poco más de ocho años antes del alzamiento y cinco antes de que Eduardo Fernández fracasara en su intento por alcanzar la Presidencia de la República. (Ver la relación de esa campaña en Un reconocimiento mezquino). Criticar a los partidos políticos es etiquetado fácilmente como «antipolítica», cuando lo que muchos pedíamos era una política distinta.
Por esos días [junio de 1985] publicó Eduardo Fernández un artículo que llamó “La conspiración satánica”, haciendo uso de la frase de Caldera de hacía unos meses. En este artículo, publicado en el diario El Nacional, Eduardo hacía una especie de retrato hablado de los “conspiradores”, advirtiendo contra quienes osaran cuestionar a los partidos, puesto que criticar a los partidos equivaldría automáticamente a denigrar de la democracia como sistema. No hacía más, pues, que repetir la falacia de la identificación de partidos concretos con democracia. (Comentario en Krisis: Memorias prematuras).
El 23 de febrero de 2009, el mismo Eduardo Fernández predicaba a la Peña de los Lunes en casa de Luis Ugueto Arismendi, ocho días después del éxito de Chávez en el referendo sobre la enmienda que lo autorizaba a reelegirse indefinidamente: «Con estos partidos [de la MUD] no vamos p’al baile; es necesaria una organización política nueva»; es decir, no es que criticaba a los partidos sino que los desahuciaba, y entonces, según él mismo, denigraba de la democracia como sistema. No me fue fácil creer lo que oía veinticuatro años después de su denuncia a la crítica a los partidos, por lo que tardé un día para llamarlo y decirle: «Es muy importante que tu apreciada voz haya pronunciado esa recomendación; si estás hablando en serio, me gustaría mostrarte un diseño que he elaborado para la organización que se requiere». Aceptó la cosa y nos reunimos; la presentación que le hice en su propio computador no recibió de su parte la más mínima objeción. Este estado de cosas fue anunciado a la misma peña el 30 de marzo de 2009—Contribución a la Peña de Luis Ugueto Arismendi—, a la que se dijo: «Es la construcción de una organización que porte y difunda ese [nuevo] paradigma la tarea política más importante del nivel estratégico. En la actualidad, se inicia en el IFEDEC, en labor de ingeniería genética, el desarrollo de una opción para la organización requerida», explicando de seguidas las «hipótesis fundamentales»* que guiaban ese desarrollo: lo que Fernández había aceptado. Poco después, supe que había decretado su rechazo, y nunca más hablamos del asunto.
Pero antes de que se pusiera de moda descalificar la crítica con el cognomento de «antipolítica», a un año de la «conspiración satánica» fernandina, ya un tocayo del articulista comentado, Pedro Pablo Aguilar, que fuera Secretario General de COPEI (el partido de los Fernández), regañó a la sociedad que se atrevía a quejarse de los partidos: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder.” (El Nacional, 7 de junio de 1986). La cosa era que nosotros estábamos en contra de los partidos, que no los comprendíamos; no que los partidos estuvieran de espaldas a la realidad del país.
Una vez un profesor extranjero, experto internacional en sistemas de decisión racional de alto nivel, fue invitado por un ministro central de un gabinete de esta última mitad de siglo venezolana. El profesor, a petición del ministro, recomendó la institución de un centro de investigación y desarrollo de políticas—con una cierta propensión al largo plazo, bien dotado de recursos, escudado del poder—; una unidad de análisis de políticas para la Presidencia de la República, naturalmente sometida al corto plazo, con capacidad de respuesta instantánea; y un programa de formación para los que trabajarían en ambos tipos de centro. Dijo que esa trilogía era indispensable para aumentar la racionalidad en la toma de decisiones públicas. Después de escucharlo con mucha atención, y después de declarar que esto último era lo que él procuraba hacer desde su ministerio, el ministro dijo: “El problema, profesor, es que por mucho tiempo más la clave de la política venezolana estará en el número de compadres que tenga el Presidente en el país”. (Carmelo Lauría, Ministro de la Secretaría de la Presidencia de la República de Carlos Andrés Pérez, a Yehezkel Dror en 1977 y en mi presencia, durante una entrevista que él mismo había solicitado; en De héroes y de sabios, junio de 1998).
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Claro que la postura conciliatoria de Fernández hijo, en sí misma positiva, tiene antecedente en Fernández padre («tigrito» y «tigre», o «pollo» y «gallo» en avícola terminología de Salas Römer):
Entretanto, ya figuras de oposición pintan a Maduro con colores casi tan apetecibles como los que adornarían a Capriles. Eduardo Fernández ha propuesto que se conceda al Vicepresidente “el beneficio de la duda”; según él, ha demostrado ser “proclive al diálogo”. (En declaraciones a Noticias 24 Radio del 11 de diciembre de 2012, citadas al día siguiente en La desembocadura).
Ahora esgrime P. P. otra vez una tesis paterna: «Un gobierno de Unidad Nacional es la mejor apuesta que podemos hacer todos». Naturalmente, siempre y cuando lo presida su progenitor, el papá de P. P. (Después se queja de quienes, según él, «pensaban que iban a ser ellos los llamados a salvar a la patria a la caída del sistema»). Pero ¿es que a eso de «un gobierno de Unidad Nacional» no se aplica lo de «salidas muy sencillas»? ¿No es Fernández el joven el director de una película que «domina el desenlace de la trama y escoge un final feliz» para él y su padre? LEA
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En artículo posterior (Últimas Noticias, 15 de junio), Pedro Pablo Fernández escribe, ya sin careta: «Apoyar e impulsar al gobierno para que profundice las medidas que viene tomando es lo mejor que podemos hacer en beneficio del país, del gobierno, y sobre todo, en beneficio de los que pretenden sucederlo, porque las medidas que no se tomen hoy se tendrán que tomar mañana a un costo político mayor». ¿Querrá decir, por ejemplo, apoyar, impulsar y profundizar los CLAP?
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* 1. La organización no es un partido político convencional definido por una ideología, ni nace para oponerse o desplazar a los partidos; se rige por una metodología y pueden pertenecer a ella miembros de partidos. 2. La organización no lo es de organizaciones, sino de ciudadanos. 3. La organización no se define como instrumento de la “comunidad opositora”, y su apelación universal pretende ayudar a subsanar el problema de un país dividido. 4. La misión fundamental de la organización es la de elevar la cultura política de la ciudadanía en general, y la de formar a personas con vocación pública en el arte de resolver problemas de carácter público, esto es, en Política. 5. La organización establecerá una unidad de desarrollo de políticas públicas, a ser sometidas a la consulta más amplia posible. 6. La organización facilitará la emergencia de actores idóneos para el ejercicio de las funciones públicas. 7. La organización será establecida inicialmente en los espacios de Internet; el país contaba con 7.167.000 internautas a fines de 2008 (desde el nivel de 5.500.000 a comienzos de año), de los que más del 60% se ubican en las clases D y E; el 90% de esta población usa conexión de banda ancha. 8. La organización deberá estar en condiciones operativas en un plazo no mayor de seis meses desde ahora, a tiempo para incidir determinantemente en las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional.
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 11, 2016 | Dr. Político en RCR, Política |

El autor de Payasos
Hoy ha arribado a su transmisión #200 el programa de Dr. Político en RCR, que intentó ofrecer una anticipación positiva de nuestro futuro mediante la repetición de ideas expuestas en el programa centenario (21 de junio de 2014). Otras observaciones acerca del entorpecimiento del proceso revocatorio por el Consejo Nacional Electoral y de cómo los tratamientos correctos a los problemas públicos no se obtienen por transacción, completaron los planteamientos de la satisfactoria fecha. El hermosísimo tema principal del Intermezzo de la ópera Payasos (Ruggiero Leoncavallo) y un fragmento del movimiento final de la Sinfonía del Nuevo Mundo (Antonín Dvořák) acompañaron esta transmisión, cuyo registro de audio se coloca acá de seguidas:
LEA
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 10, 2016 | Política, Terceros |
«Vladimir Flórez, conocido por el seudónimo de Vladdo, es un caricaturista, periodista y dibujante crítico colombiano». Se reproduce acá un artículo suyo en El Tiempo de Bogotá de hace dos días. Resuena con una tesis de este blog, expuesta en Etiqueta negra el pasado 11 de abril: «El país que sufre agudos dolores y privaciones está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición». (Cuatro años antes, en el epílogo de Las élites culposas: «Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre»). LEA

La afilada pluma de Vladdo
Venezuela, sin gobierno ni oposición
Nicolás Maduro es un inepto; eso no se discute. La tragedia que vive Venezuela lo retrata de pies a cabeza; es un tipo de muy bajo nivel para manejar una situación tan delicada.
Sin embargo, el drama de ese pobre país es que así como no tiene Gobierno, tampoco tiene oposición. O, bueno, sí la tiene, pero deja mucho que desear. Mientras tanto, sus habitantes se hunden en un mar de desespero y pesimismo, con una clase media cada vez más débil; con muchos ciudadanos cercanos a la indigencia y unos pocos en medio de la opulencia.
En días pasados tuve una conversación que me dejó atónito. Una persona venezolana que lleva muchos años viviendo en Colombia me contó que hace poco asistió a un matrimonio en Caracas. Cuando le pregunté si no había sido terrible, con tanta escasez, me aclaró que no; que había comida y licor en abundancia; como si nada. Que todo estuvo normal, que fue una parranda común y corriente… Mientras me decía eso, me preguntaba si serán esos los mismos que salen a las marchas o se graban en YouTube diciendo que se están muriendo de hambre.
La verdad es que yo quisiera ir y ver con mis propios ojos lo que está pasando en el hermano país, pero no puedo; me ponen preso o me deportan desde el mismo aeropuerto, debido al «irrespeto» a los símbolos patrios de Venezuela del que me acusó Maduro el año pasado.
A juzgar por los reportes de prensa, la situación de Venezuela es muy difícil, pero me parece que la culpa no es exclusiva de la incapacidad del sucesor de Chávez ni de las políticas represivas de su régimen. Buena parte de esa responsabilidad la tiene la dirigencia política, social y empresarial de ese país.
Tras obtener la mayoría de escaños en la Asamblea Nacional, la MUD llegó a actuar muy torpemente. Al grosero retiro de las imágenes de Chávez de la sede legislativa le siguió una andanada de declaraciones y anuncios que dejaban ver, de entrada, su deseo de destituir a Maduro, quien—así tenga cada día más ribetes de dictadorzuelo—es el presidente legítimo, elegido en una votación popular con amplia participación ciudadana.
El gran lío es que a la oposición le interesa más el poder que resolver los problemas del país.
Creo que el gran lío es que a la oposición le interesa más el poder que la solución de los problemas que está atravesando el país. Si sus líderes actuaran con paciencia, con tacto, con inteligencia, con generosidad, otra podría ser la historia.
Lo triste es que desde aquí no ve uno una figura con la preparación, el respeto y la representatividad suficientes para aglutinar a la población y sacar a Venezuela adelante. En coyunturas como esta se necesita a alguien que esté por encima de la política menuda, despojado de intereses mezquinos; alguien capaz de empezar a trabajar para resolver la crisis, pero que a la vez deje a un lado el revanchismo y reduzca la confrontación; alguien que quiera tender puentes en vez de profundizar más en la división existente en la sociedad venezolana y que podría derivar en enfrentamientos con consecuencias imprevisibles.
Por otra parte, el papel de organizaciones internacionales de la región ha sido muy precario. Unasur es un chiste y al desprestigio actual de la OEA se sumó la salida en falso de Luis Almagro, quien, con sus descalificaciones personales contra Maduro no solo excedió los límites de su cargo sino que menoscabó su autoridad como secretario general. Alguien de su categoría no puede enzarzarse en discusiones con un presidente ni mucho menos hacer declaraciones que no le corresponden…
Es evidente que el caos de los venezolanos solo lo pueden resolver ellos; pero mientras el Gobierno, la oposición y la sociedad civil no se pongan de acuerdo para trabajar por unos propósitos comunes, de poco o nada servirán los buenos oficios de un Rodríguez Zapatero ni del mismísimo papa Francisco. Vladdo
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por Luis Enrique Alcalá | Jun 7, 2016 | Argumentos, Política |

De allá para acá y viceversa
Un buen amigo me escribió desde Estados Unidos, y esto suscitó un cruce de correos que reproduzco abajo por creer que hay en él nociones importantes, necesarias para el enfoque correcto, práctico y eficaz en la solución de nuestros problemas políticos. LEA
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El 6 de junio, 11:56 AM:
Hola querido LEA
Como siempre oí tu programa.
Tu cita sobre el líder capaz de unir, no es que sea conveniente, sino que es de carácter imperativo.
Pero veamos el tema en forma algo desagregada.
Cuando el diálogo póstumo con los ex presidentes César Gaviria y Jimmy Cárter, recuerdo que escribí sobre la necesidad de un proceso previo de reflexión profunda y de contar con un garante. Te confieso que con la inveterada manía de ver las cosas de arriba hacia abajo en la estructura política. Hoy en día tenemos un fenómeno de unión de una mayoría del país en torno a algo etéreo como es el descontento frente al gobierno y frente a la oposición. Este fenómeno puede interpretarse como el mestizaje político, que creo haberte citado en otra nota, y que se está produciendo por generación espontánea, tal vez impulsada por lo que se vive de aquí y de allá, puesto que no existe una acción ni comunicacional, ni de estímulo al «ninismo» , más que el rigor del deterioro.
Pienso que de existir esa figura o estructura política con capacidad para articular un discurso de unificación, o por lo menos de funcionamiento político civilizado, debería canalizar su acción en un sentido preponderante de abajo hacia arriba, apoyándose en ese mestizaje de facto que cité al comienzo y utilizando sus habilidades para lograr «leverage» político que funcione de arriba hacia abajo. El nivel de confrontación de poderes que se percibe, necesita muchos más elementos coercitivos que persuasivos. No me refiero sólo al legislativo-ejecutivo como Asamblea o Consejo de Ministros, sino a los distintos factores que los componen, incluyendo las fuerzas armadas.
De esta manera estimo que, de lograrse esa estructura política, puede configurarse ese garante del proceso de reflexión y diálogo, que lo transformaría de una idea cargada de buena intención a algo más concreto y con la contundencia necesaria para vencer la atmósfera de resistencia que claramente se percibe. Por otra parte, estaríamos echando las bases para la superación de esa insuficiencia política que tú tanto mencionas con acierto y que podría sacarnos de esta rutina pendular de mediocridad de un lado a mediocridad del otro.
No pienso que las aseveraciones sobre éste o aquél tiene más que ganar o perder resulten ni convenientes ni prácticas. Pactar significa empatar, lograr el terreno común conveniente a las partes, si partimos de quienes serán los ganadores o perdedores el diálogo muere al nacer.
Como siempre el problema es el tiempo, que en este caso viene configurado por la desesperación, pero estamos en la actual coyuntura porque no hemos seleccionado cursos de acción de mediano plazo debido a que «no tenemos tiempo».
Un abrazo
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El 6 de junio, 6:03 PM:
Gracias, Orlando, por tus reflexiones.
Desde la perspectiva de la Política Clínica, la categoría que debe prevalecer es la corrección de los tratamientos públicos, no la conciliación de intereses a través de la transacción. Si alguien tiene una infección bacteriana, le convendrá la administración de penicilina, y ésta no es transable; su dosis no debe determinarse en una negociación.
Hace poco recordé, una vez más, a mi maestro y mentor, Yehezkel Dror. En julio de 1972, nos enseñó a varios venezolanos que si quería uno ser eficaz sus valores debían ser transparentes, pero que si se pretendía lograr consenso entonces era mejor que fueran opacos. Tiendo a preferir la eficacia; creo que es mi responsabilidad en tanto político clínico. No procuro caerle bien a todo el mundo, no soy como un conocidísimo dirigente político local (eterno pescueceante); una vez me confió, sin que viniera a cuento: «Creo que Aristóbulo tuvo razón al decirme que yo soy el único político venezolano que es a la vez de los Leones del Caracas y los Navegantes del Magallanes». (Acabo de coñacearlo en mi blog; ve Un reconocimiento mezquino).
Sobre el «abajo» y el «arriba». Lo que debiera estar aquí es lo que usualmente se entiende allá; es el Pueblo (los de «abajo») lo que debe entenderse en posición superior; los que se creen «arriba» (Maduro, Ramos Allup) debieran entenderse como los servidores del Pueblo, puesto que éste es el Soberano.
En Venezuela, hay hoy en día más de 16 millones de internautas (80% del registro electoral), y 70% de ellos están ubicados en los estratos D y E; Internet no es algo del Country Club. Esto permite una acción política de bajísimo costo; ya no estamos en época en la que se precise instalar una «casa del partido» en cada caserío de la nación. La inversión inicial es baratísima, y su sostenimiento y expansión viene del mismo mercado político general.
Es pronosticable que la mayoría de los actores con recursos, ante una solicitud de cooperación por parte de un outsider con tratamientos realmente eficaces, se pronunciarían por los términos dilemáticos más conservadores. Pero es concebible que una minoría lúcida entre los mismos pueda proveer los recursos exigidos por una campaña poco costosa en grado suficiente, al menos para cebar la bomba que pueda absorber los recursos totales del mercado político general, pues si la aventura cala en el ánimo del público, una multitud de pequeños aportes puede sustituir o complementar a un número reducido de aportes cuantiosos. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela).
Eso fue escrito en septiembre de 1987, 21 años antes de que Obama captara el 70% de los recursos de su campaña de 2008 en donaciones por Internet en promedio de $50 per cápita.
Te dejo con los pasajes cruciales en De héroes y de sabios (junio de 1998):
Una muy buena parte de la resistencia de la política convencional al tema programático es una desconfianza muy arraigada respecto de las posibilidades e intereses del pueblo, de los intereses y capacidades de los Electores.
La inmensa mayoría de la dirigencia nacional, política o privada, alimenta un desprecio básico por el pueblo venezolano. A casi todo proyecto político verdaderamente audaz y significativo se le opone usualmente la idea de que el pueblo no se interesa sino por muy elementales necesidades de supervivencia, por las más egoístas apetencias, por los más triviales objetivos.
O si no, se derrota alguna buena idea con la declaración de que el pueblo no la entendería, de que “no está preparado para eso”.
En un programa de radio dedicado al análisis político, hace pocos años, el conductor del mismo decidió explicar a sus oyentes en qué consistía una “caja de conversión”, cuando esta receta económica empezaba a ser propuesta en Venezuela. Al poco rato recibió la llamada telefónica de un oyente, quien dijo: “Lo que Ud. está explicando es muy interesante, pero ¿no cree que debería hablar Ud. más bien del precio del ajo y la cebolla en el mercado de Quinta Crespo, porque eso no lo entiende el pueblo-pueblo?” Mientras el conductor del programa contrargumentaba para oponerse a la postura del oyente telefónico, un segundo oyente llamó a la emisora. Y así dijo al conductor: “Mire, señor. Yo me llamo Fulano de Tal; yo vivo en la parroquia 23 de Enero; yo soy pueblo-pueblo; y yo le entiendo a Ud. muy claro todo lo que está explicando. No le haga caso a ese señor que acaba de llamar”.
En mi escueta experiencia las personas responden con entusiasmo a un liderazgo que les respeta, que les estima, que piensa que son capaces de entender e interesarse por lo que la prédica convencional asegura que no les importa. En uno de los experimentos comunicacionales de éxito más rotundo que se hayan visto en Venezuela, la más crucial de las causas del mismo fue el concepto que de los lectores se formó un cierto periódico de provincia. Definió de antemano a su lector tipo como una persona inteligente, que preferiría que se le elevase a que se le mantuviese en un nivel de chabacanería. El periódico logró, en contra de cualquier pronóstico, el primer lugar de circulación en su ciudad en el lapso de seis meses desde su aparición, y cuatro meses después se hizo acreedor al Premio Nacional de Periodismo, en competencia con otros dos candidatos de gran peso.
Lo contrario también puede lograrse. Cuando Lyndon Johnson asumió la presidencia de los Estados Unidos, declaró la “Guerra a la Pobreza”, un conjunto de programas en el que el Headstart Program, destinado a proveer instrucción preescolar a niños de sus principales guetos urbanos, era su programa estrella. Al año de la declaración de guerra el Headstart Program había fracasado estrepitosamente.
Naturalmente, la administración Johnson ordenó un estudio que pudiera poner de manifiesto las causas del fracaso. La investigación evaluadora indicó una causa principal entre todos los factores de actuación negativa. Los maestros del programa se disponían a tratar con “niños desaventajados”—todos los instructivos que manejaban se referían a sus futuros alumnos precisamente así: disadvantaged children—y de manera inconsciente transmitían esa noción a los niños. Éstos, a su vez, “internalizaban el rol”, como dicen los sociólogos, de niños desaventajados y se comportaban como tales. Se esperaba de los alumnos un rendimiento deficiente y esto fue exactamente lo que proporcionaron.
Depende, por tanto, de la opinión que el líder tenga del grupo que aspira a conducir, el desempeño final de éste. Si el liderazgo venezolano continúa desconfiando del pueblo venezolano, si le desprecia, si le cree holgazán y elemental, no obtendrá otra cosa que respuestas pobres congruentes con esa despreciativa imagen. Si, por lo contrario, confía en él, si procura que tenga cada vez más oportunidades de ejercitar su inteligencia, si le reta con grandes cosas, grandes cosas serán posibles.
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El 7 de junio, 11:38 AM:
LEA
Primero que nada muchas gracias por el tiempo que tomas para atender mis inquietudes con respuestas tan completas y valiosas.
No creo que pueda diferir de tus consideraciones y afirmaciones, aún en el campo de la selección entre la eficacia y el consenso, pues precisamente al invocar un leverage del ninismo, bien canalizado, creo que le doy posibilidades a un nuevo liderazgo y su estructura, libre de pasiones e ideologías, para colaborar con eficacia en los diálogos. Además, creo que se abriría un camino para formular una alternativa política real sin caer en la palidez del consenso. Es por esto que escribí: «El nivel de confrontación de poderes que se percibe, necesita muchos más elementos coercitivos que persuasivos». Esto no significa que no se busque adhesión en los cuadros tradicionales, lo que pienso es que el éxito de este proceso la propende de forma automática. Fíjate en el caso de Podemos en España, con una idea bien fundada, unida a una capacidad política fresca y notoria, y utilizando la comunicación moderna, el movimiento de acampados en una plaza, se ha convertido en la segunda fuerza electoral, a cinco puntos del partido popular y prácticamente han roto el bipartidismo. No intento hacer una analogía, sólo una semejanza, por cuanto las dos sociedades no son iguales, pero creo que corresponde al talento político, hacer los ajustes necesarios para hacer calzar la idea.
Por otra parte, el mestizaje político se refiere al proceso que ha surgido, por generación espontánea en gran parte del soberano, porque de la dirigencia, que como bien indicas actúa a espaldas del pueblo, no espero tal comportamiento, no está en su naturaleza y la confrontación menos se lo permite. No pueden ser del Caracas y del Magallanes, aunque así lo predique Eduardo Fernández para simular una imparcialidad o una mutación política.
Creo que la tarea pendiente es cómo convertir esa energía social potencial en algo coordinado que logre cambios extraordinarios. No digo que sea fácil transitar este camino, pero por una parte confío en el talento y la buena voluntad de venezolanos que todavía no han sido absorbidos por la vorágine y por otra, en tu apreciación de que en la actualidad el esfuerzo no es tan costoso como antes y la facilidad técnica para la comunicación es un recurso a la mano.
Gracias de nuevo Luis Enrique.
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El 7 de junio, 12:43 PM:
Gracias una vez más. No me gusta el ejemplo de Podemos, porque es de nuevo una formación ideologically driven, y precisamente lo que hay que hacer es dejar atrás lo ideológico, establecer una política postideológica o, mejor, transideológica. (Como sabes, he escrito mucho sobre este asunto desde hace 31 años).
No basta, pues, colarse por la fisura abierta entre unos PP y PSOE excedidos, incompetentes. Si eso fuera «la solución», entonces lo que ahora huelen los libertarios en EEUU (que tienen un chance en las elecciones estadounidenses porque el GOP y los demócratas han entrado en rendimientos decrecientes) sería una ruta correcta; pero los libertarios son también ideologizantes.
La cosa no es no ser éste o el otro; la definición no puede ser negativa, en función de terceros actores. Por eso es que tampoco se trata de una oferta de centro, pues tal cosa continuaría referida al eje izquierda-derecha que ya no tiene asiento real. El 12 de mayo de 2012 moría Carlos Fuentes, y en esa fecha Madrid y Ciudad de México publicaron su último artículo (Viva el socialismo. Pero…). Allí pone hacia el final: «¿Cómo responderá François Hollande a este nuevo desafío, el de una sociedad que ya no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha?» En febrero de 1985, con veintisiete años de anticipación, ya yo había escrito:
Las ofertas provenientes de los actores políticos tradicionales son insuficientes porque se producen dentro de una obsoleta conceptualización de lo político. En el fondo de la incompetencia de los actores políticos tradicionales está su manera de entender el negocio político. Son puntos de vista que subyacen, paradójicamente, a las distintas opciones doctrinarias en pugna. Es la sustitución de esas concepciones por otras más acordes con la realidad de las cosas lo primero que es necesario, pues las políticas que se desprenden del uso de tales marcos conceptuales son políticas destinadas a aplicarse sobre un objeto que ya no está allí, sobre una sociedad que ya no existe. (Proyecto SPV).
He dicho esto de muchas formas; por ejemplo, en Retrato hablado (30 de octubre de 2008). Añado énfasis en cursivas:
…la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución.
Lo que hay que hacer no podrá determinarse mediante la reiterada atención puesta sobre los factores políticos actuantes, en una castrante fijación sobre ellos; todos hacen política obsoleta e ineficaz, irrelevante. El foco no está en los partidos, en Borges, López o Machado; debe ponerse en el Pueblo. Y la postura requerida es la de políticos que se entiendan como profesionales de la solución de problemas públicos, una postura clínica, una comprensión de la política como arte de carácter médico. Yehezkel Dror, mi amigo y mentor, escribió en enero del año pasado:
In imperial Portuguese statecraft rulers and their advisors often viewed themselves as medical healers of the body politic. Some contemporary thinkers impressively continue this tradition, such as “Dr. Politico” (Dr. Luis Enrique Alcala) in Venezuela.
Me importa un carajo (perdona el latín) lo que digan Iglesias, Almagro o Ramos Allup. La clave no está en ellos. También está en el texto de 1985 lo siguiente (Tiempo de incongruencia):
Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra.
De allí también su transparencia. El ocultamiento y el secreto son el modo cotidiano en la operación del actor político tradicional, y revelan en él una inseguridad, una presunta carencia de autoridad moral que lo hacen en el fondo incompetente. La política pública es precisamente eso: pública. Como tal debe ser una política abierta, una política transparente, como corresponde a una obra que es de los hombres, no de inexistentes ángeles infalibles.
Más de una voz se alzará para decir que esta conceptualización de la política es irrealizable. Más de uno asegurará que “no estamos maduros para ella”. Que tal forma de hacer la política sólo está dada a pueblos de ojos uniformemente azules o constantemente rasgados. Son las mismas voces que limitan la modernización de nuestra sociedad o que la pretenden sólo para ellos.
Pero también brotará la duda entre quienes sinceramente desearían que la política fuese de ese modo y que continúan sin embargo pensando en los viejos actores como sus únicos protagonistas. Habrá que explicarles que la nueva política será posible porque surgirá de la acción de los nuevos actores.
Serán, precisamente, actores nuevos. Exhibirán otras conductas y serán incongruentes con las imágenes que nos hemos acostumbrado a entender como pertenecientes de modo natural a los políticos. Por esto tomará un tiempo aceptar que son los actores políticos adecuados, los que tienen la competencia necesaria, pues, como ha sido dicho, nuestro problema es que “los hombres aceptables ya no son competentes mientras los hombres competentes no son aceptables todavía“.
Ni Ramos Allup, ni Almagro ni Iglesias son actores nuevos.
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