¿Qué está por encima del Estado? La Constitución, primero que nada. Precisamente se hacen constituciones y estatutos de derechos para garantizar la observancia de éstos ante, fundamentalmente, el Estado y para, del otro lado, limitar a éste último. Nuestra Constitución limita a nuestro Estado y describe la expansión de nuestros derechos como personas.
De allí, por supuesto, que la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia sea algo tan importante, siendo su misión vigilar la correspondencia de los actos del poder público con las previsiones constitucionales y asegurar que nuestros derechos no sean limitados por el Estado.
Pero es que la Constitución dimana de nosotros, formados en mayoría suficiente. No somos creados por la Constitución, sino que la antecedemos y le damos el ser. Nosotros estamos, cuando estamos en consciente mayoría, por encima de la Constitución. No estamos limitados por ella en materia distinta de los derechos humanos.
Ésa es, pues, la jerarquía. El Estado es poderoso, sin duda, pero debe serlo a favor nuestro. El Estado está por debajo de nuestra voluntad, por debajo de la Constitución que decretemos. Y esa misma Constitución, por supuesto, también es inferior a nosotros. Nosotros somos el primero de los poderes públicos. Somos constitucionales porque somos los que verdaderamente constituimos la nación; somos constituyentes porque así somos los que definimos la República en la Constitución. Somos supraconstitucionales.
A veces ocurre, entonces, que el gestor completo que es el Estado actúa contra los intereses del Pueblo Soberano y los derechos de sus constituyentes. Se suscita así un conflicto entre el Pueblo Soberano y el Estado. Entre la Corona y su Mandatario. En este caso quien debe ser sustituido es el Mandatario, porque el Pueblo, la Corona, es insustituible, por más que se le invada.
El conflicto puede ser tan agudo que el Mandatario pretenda entenderse como soberano, y en esta agravada situación puede hablarse de usurpación. En un conflicto de tal naturaleza la Fuerza Armada debe reconocer al Soberano por encima del Mandatario, por encima del usurpador y debe desconocerle. No se trata sólo de que la Fuerza Armada deba respetar nuestros derechos humanos en cada caso individual, sino que debe acatar nuestra soberanía en el instante cuando nos expresemos inequívocamente en mayoría.
Una expresión nuestra en este sentido no es un acto electoral. Es un acto constituyente primario. No sólo no está sujeto a regulaciones electorales. No sólo no está sujeto a decisiones de salas constitucionales accidentales o no. No está sujeta, siquiera, a la Constitución misma. La caja ya no nos contiene. LEA
La mano de hoy no ofrece particularidades notables, pero sí propició una discusión en la mesa sobre la que se jugó. La discrepancia tuvo que ver con el modo de salir, sólo que no hubo comprobación inmediata de las opciones. Debo advertir que quien escribe fue quien dijo que habría salido por una piedra distinta de la escogida por Sur. El análisis de hoy se reduce a comparar la realidad con la fantasía. Como siempre, comencemos por evaluar individualmente las cargas de cada jugador.
Sur ha cargado un juego liviano (32 puntos) y sin fallas. Tiene, sin embargo, el problema de tres dobles, dos de los cuales no tienen compañía. Comoquiera que tiene sólo un cinco y sólo un seis, se trata de una carga que puede verse fácilmente en problemas. El curso de la mano lo dirá.
Este cargó el peso promedio de 42 puntos, tiene, como Sur, tres dobles (el 2-2 en pelo) y falla por tres. De regular calidad.
Norte cargó un punto menos que Este, no tiene fallas ni dobles y sus tríos de doses y treses pudieran llegar a ser determinantes. Una carga bastante buena.
Oeste, finalmente, también tiene una buena carga: sin fallas y con un solo doble (6-6) acompañado. No obstante, aporta demasiados puntos a la pareja, con 53.
Una cámara cenital captaría una distribución bastante igualitaria; a primera vista, no es fácil pronosticar a cuál de los dos lados tocará la victoria. Tan sólo resalta la mayor pesadez de la carga de Este & Oeste: 95 puntos contra 73 de Norte & Sur.
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En el juego, Sur, un jugador más ortodoxo que San Cirilo el Filósofo, se atuvo al principio de salir con el doble mayor acompañado, y como su 4-4 y su 3-3 están íngrimos, optó por poner en la mesa el doble blanco. A fin de cuentas, como hemos visto, posee una carga más bien liviana. Este no puede dejar de notar esta elección, y luego de pensar brevemente para reportar otro blanco en su mano, y no teniendo más cuatros que seises, eleva la mesa con 0-6. Norte hace lo que le corresponde: piensa un poco señalando otro seis en su mano y cierra con 6-3, pinta esta última que es más liviana que el cinco de su 6-5 y de la que cargó tres piedras. Oeste, habiendo notado que su compañero todavía puede defenderle una vez más por los blancos, cierra la salida con 0-5, una vez más subiendo la mesa en consonancia con su pesada carga y la primera postura de Este. La primera ronda no tiene otra clave que este forcejeo de Norte-Sur en pro de la liviandad contra Este-Oeste que prefieren la pesadez.
Ahora Sur debe decidir por cuál de las pintas abiertas se quedará fallo; no necesita ser un genio para guardar el único cinco que tiene, en previsión de que sea repetido contra él por Oeste, y opta por salir de la debilidad del 3-3 sobre la pinta iniciada por su pareja. Este aprovecha para continuar la descarga de piedras altas desprendiéndose del molesto 5-5, pensando para indicar su otro cinco. Norte insiste en la preservación de una mesa baja y repone la salida de su compañero con 3-0 después de pensar un poco para advertir de su tres restante. (Jugar 5-6 la elevaría, lo dejaría con una falla y, en cualquier caso, estaría poniendo una pinta de la oposición. Jugar 3-2 ofrecería una piedra nueva, para mayor facilidad de respuesta de los oponentes). Oeste le lleva la contraria; sabe que Sur no tiene treses—si los tuviera, habría salido por el 3-3 que colocó en su jugada anterior (en lugar del 0-0)—y, además, es ahora quien tiene la mayoría por esa pinta y sabe también exactamente cuál es el tres faltante (el 3-2) y que Norte lo tiene; en consecuencia, una vez que su compañero ya salió del 5-5, cierra la pinta que inició para colocar una iniciada y cerrada por Norte, poniendo a Sur a jugar por una sola punta. (Lo hace pensando, para indicar que aún guarda un cinco en su poder).
Sur, en efecto, debe pegarle a su salida rápidamente con 0-1, puesto que no tiene otra opción. Tampoco Este tiene jugada por una de las puntas y se le presentan las posibilidades de jugar 1-1 o 1-5; siguiendo la lógica de la mano coloca la más pesada, habiendo notado que su pareja guarda, al menos, otro cinco. Una vez más, Norte elude servir el seis y cierra con 3-2. Es ahora Oeste quien repite el seis de la primera jugada de su compañero con 2-6, evitando iniciar pinta nueva si cerrara el cinco con 5-4.
El implacable plan de liviandad del eje vertical continúa al cerrar Sur el seis con 6-1 lo que, de paso, es la repetición de la pinta que inició en su previa postura. Ahora sí se acuesta Este con 1-1. La fidelidad al plan tácitamente asumido lleva a Norte a rehusar, por tercera vez, servirle a Oeste un seis con 5-6; prefiere iniciar pinta nueva con 1-4, aunque presume que su oponente se encabezará por los treses con 4-3. Es precisamente eso lo que Oeste hace.
Sur cierra una vez más una pinta alta, reponiendo el dos inaugurado por su pareja al jugar su único cinco, el 5-2. Este sólo puede jugar 2-2 rápidamente, lo que permite a Norte obligar a Oeste a reventar su efímera cabeza—»Poco duró la dicha», se dice en las mesas amistosas—jugando 2-0, a conciencia de que ahora encabeza a Este. (Desde la primera ronda se sabe que Oeste no tiene más blancos, y Sur jugó rápidamente el 0-1 la penúltima vez). En efecto, Oeste se ve obligado a jugar 3-1.
Ya Sur adivina lo que va pasar, pues hace al último dos (2-4) en poder de Norte, dado que fue su compañero quien iniciara esa pinta; al cerrar con 1-2 prepara la tranca. Trágicamente, Este debe servirla al reventar su fugaz cabeza de blancos con 0-4. Norte no se hace rogar y tranca a dos recogiendo 31 puntos de los contrarios.
Antes dije que no había particularidades notables en esta mano, pero sí la hubo: no pasó ninguno de los jugadores hasta el desenlace.
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Lo que sostuvo el infrascrito, como mirón, es que si hubiera sido Sur hubiera salido en pelo con 4-4, puesto que el juego de blancos es debilísimo en Sur y no descarga tantos puntos como con la opción del doble cuatro y, además, el compañero no presumirá esta piedra en poder del salidor.
Como se dijo al comienzo, esta posibilidad no fue analizada en detalle de inmediato, pero el escepticismo con el que la sugerencia fue recibida alimentó la curiosidad, y una consulta a El arte de las 28 piedras, de Alfredo Fernández, parecía darme la razón. En la sección que dedica al tratamiento de los dobles en pelo en la carga del salidor (Capítulo VI. La Salida. V. Juego donde existen varios dobles en pelo), dice: «Así, en la mayoría de los casos, deberá salirse con el doble mayor si éste está comprendido dentro del rango del doble-cuatro al doble-seis». (1ra. edición, 1996, pág. 103).
Pero veamos qué hubiera ocurrido con la salida por 4-4 en una trayectoria razonable.
Triunfo relativamente magro
Sur habría recibido inmediatamente un pase en castigo a su osadía, pues Oeste, teniendo la piedra de cuadrar (3-4) la usa cuadrando a la mano en lugar de al pie para asegurarle al compañero una nueva pinta para jugar, sobre todo si éste pensó para jugar 4-6 indicando otro cuatro en su poder y el propio Oeste guarda también otro (4-5). Más adelante, Norte prefiere con mucha razón irse de la cabeza de cuatros antes que servir el seis de los contrarios, y Oeste evita a continuación dar el tres que Norte ha puesto ya dos veces pensando y juega 5-0. La salida por 4-4 también habría dado el triunfo al eje vertical, pero la cosecha habría sido más escasa.
Parece que yo no tenía razón, al menos en este caso. LEA
La política que hacemos es la que tenemos en la cabeza. Naturalmente, las emociones, que se manifiestan no sólo en el cerebro, determinan mucho de nuestra conducta, pero aun ellas ingresan al intelecto junto con las ideas que fluyen por él para formar nuestras decisiones, que siempre son actos de la volición consciente. En esa elaboración, los conceptos que tenemos acerca de la sociedad y su dinámica terminan por conformar el marco de esa toma de decisiones.
Podemos, por ejemplo, creer que el mundo de la política se rige por dinámicas newtonianas, que en él todo es asunto de acción y reacción, de espacios y fuerzas políticas. Hace no mucho que algún articulista nacional dedicara unos cuantos de sus trabajos a discutir la siguiente cuestión: ¿hay espacio en Venezuela para una nueva fuerza política? En su concepción, los partidos políticos eran fuerzas de Newton que ocupaban un espacio limitado, y bien pudiera ser que ese espacio estuviera ya repleto, razón por la cual no podría caber en él otra fuerza política.
También se es newtoniano (con perdón de Sir Isaac) si se cree que la repetición de una misma política llevará a las mismas consecuencias que cuando se aplicara anteriormente. Es la idea de un espacio político análogo a una mesa de billar; si golpeo con la bola jugadora alguna otra con el mismo ángulo y la misma fuerza en el mismo punto, deberé obtener resultados idénticos: la misma carambola de la vez anterior. Dos ejemplos pueden ilustrar el punto.
Después del fenómeno conocido como el “caracazo” (27 y 28 de febrero de 1989), se formó un temor prácticamente irreductible a los aumentos del precio del combustible en el mercado local. Como la violencia del 27F fue detonada por el aumento del pasaje interurbano, y éste a su vez fue causado por el encarecimiento de la gasolina, el escarmiento que el caracazo produjo impedía la consideración de aumentar el precio del combustible.
O, por caso, el hecho de que un crescendo de manifestaciones callejeras contra el gobierno a comienzos de 2002 llevara al clímax del 11 de abril con la salida momentánea de Hugo Chávez, ha consolidado la simplista fe de que “hay que mantener caliente la calle”. Por esto se repitió hasta el cansancio la fórmula de la marcha de protesta, reiterada por los agentes de la oposición formal y seguida (aunque cada vez menos) por un segmento de la población que cree sinceramente en la invariable eficacia política de ese expediente.
La verdad es que la aplicación de una misma receta política tiende a tener efectos distintos en momentos diferentes. Las sociedades no son estáticas mesas de billar; son, más bien, complejos sistemas compuestos por un número grande de conciencias individuales, cuyos estados cambian con el tiempo y la secuencia específica de sus experiencias. Los enjambres humanos son de enorme complejidad, y cambian porque recuerdan y aprenden. Incluso en conglomerados bastante más simples—pongamos una determinada cepa bacteriana—también la confrontación repetida de un mismo antibiótico conduce a la formación de una resistencia adaptativa. El remedio que era capaz de aniquilar millones de bacilos se vuelve repentinamente inútil, una vez que los agentes infecciosos mutan para comportarse como si la cosa no fuera con ellos. LEA
En Diálogo Duro, se anunció anteayer que se desmontaría algunas de las incompetentes argumentaciones del presidente Hugo Chávez ante el asedio de Stephen Sackur, conductor del programa Hardtalk para la BBC de Londres. El segundo tema acometido por Sackur fue el de una democracia que excede el mero origen en elecciones, y trajo a colación el caso de la jueza Afiuni como ejemplo de irrespeto a la independencia de los poderes. Después de una respuesta nada convincente del presidente Chávez, Sackur insistió:
—Pero muchos observadores independientes han examinado lo que ha hecho en ese caso y en otros y concluyeron, y estoy citando aquí a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, cito: «el sistema político de Venezuela está fundamentalmente minado por la falta de independencia de la justicia».
Esta fue la respuesta del Presidente de la República:
—¿Tú hablas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos? ¿Te atreves tú a defenderla o alguien, con un poquito de moral y de respeto por sí mismo? Esa Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha apoyado golpes de Estado. Cuando yo fui derrocado aquí por los ricos, apoyaron al gobierno y desconocieron mi carácter legítimo y democrático. Es una comisión manipulada…
La salida es típica; evade la pregunta y ataca al crítico en el tipo más primitivo de falacia: el argumento ad hominem (sin referirse a la proposición descalifica a quien la profiere). Pero, además, en este caso la acusación específica contra la CIDH es enteramente falsa, y fue rebatida hace años; para ser precisos, el 23 de mayo de 2002, en documento del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos “sobre las observaciones y recomendaciones de los Estados Miembros al Informe Anual de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos del año 2001”. Ese informe dice:
Aprovecho esta importante ocasión para expresar el beneplácito de la Comisión por el restablecimiento del orden constitucional y del gobierno democráticamente elegido del presidente Chávez. Ante el intento golpista, la Comisión Interamericana reaccionó públicamente y de inmediato expresando, entre otras cosas, su más enérgica condena por los hechos de violencia que costaron la vida de al menos 15 personas y causaron heridas a más de un centenar. Asimismo, la Comisión lamentó constatar que durante los días 12 y 13 de abril se produjeron detenciones arbitrarias y otras violaciones a derechos humanos; deploró la destitución de las más altas autoridades de todos los poderes públicos; y advirtió que dichos hechos configurarían los supuestos de interrupción del orden constitucional contemplados en la Carta Democrática. En este contexto y en cumplimiento de sus obligaciones convencionales y estatutarias, el 13 de abril de 2002 la Secretaría Ejecutiva de la Comisión, conforme a su práctica de más de cuatro décadas de trabajo, se dirigió a quienes en ese momento detentaban el poder de facto en Venezuela, para solicitar información sobre la detención e incomunicación del Presidente Hugo Chávez Frías y profirió medidas cautelares relacionadas con la libertad, integridad personal y garantías judiciales del señor Tarek William Saab, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional de Venezuela. En los últimos días, el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Luis Alfonso Dávila, habría catalogado de “ambigua” la posición mantenida por la CIDH frente a los hechos ocurridos en Venezuela en recientes días. Para sustentar tal afirmación, el Ministro Dávila citó esta comunicación nuestra dirigida a José Rodríguez Iturbe, quien fuera designado Canciller en el llamado gobierno de transición. La CIDH se ve obligada a precisar que esa comunicación no puede interpretarse como forma alguna de reconocimiento al régimen de facto. En ningún momento, explícita o implícitamente la Comisión reconoció al gobierno de facto en Venezuela. Conforme a su práctica y a la de otros órganos internacionales de derechos humanos, se dirigió a quienes el día 13 de abril de 2002 detentaban de facto la autoridad estatal en Venezuela, ya que el ejercicio de la autoridad, usurpada o no, conlleva la obligación de respetar y garantizar los derechos humanos. En múltiples ocasiones en el pasado la Comisión ha mantenido comunicaciones con gobiernos de facto en distintos países del hemisferio, a la par de condenar enérgica y categóricamente los quiebres institucionales. No corresponde a la CIDH conforme a sus facultades convencionales o estatutarias reconocer a gobiernos sino proteger los derechos humanos de las personas y es lo que precisamente hizo en este caso.
La facilidad con la que el Presidente de la República dice cosas que no son verdaderas es sencillamente asombrosa. Sólo un desprecio por la memoria y el grado de información de la ciudadanía explica tan flagrantes falsedades. En este caso, sobre todo, a lo falaz se añade lo malagradecido. LEA
La venerable BBC de Londres transmite un excelente programa de entrevistas conducido por Stephen Sackur: Hardtalk, Diálogo duro. El más reciente de los entrevistados por Sackur ha sido Hugo Chávez, el Presidente de la República de Venezuela. Hoy, martes 15 de junio, la estación londinense transmitió el programa, y los 22 minutos y medio del intercambio pueden colocarse acá por cortesía de la BBC. Sackur venía muy bien preparado y, como es característico de Hardtalk, no dio cuartel al presidente Chávez. Éste no tuvo más remedio que apelar a sus trucos habituales: eludir las preguntas que le son incómodas, sin contestarlas, mientras procura desacreditar a quien le critique, así sea con mentiras evidentes. En los próximos días disecaremos algunas de las cosas dichas por Chávez a la BBC; por ahora, este blog se limita a presentar el video completo de una entrevista en la que Chávez quedó desnudo. LEA
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