LEA #342

LEA

Un cierto interés—no excesivo, debe admitirse—ha despertado entre lectores de esta publicación la idea de propiciar un referéndum consultivo, convocado por iniciativa de electores, para dilucidar políticamente el grado de preferencia nacional por un régimen político-económico de tenor socialista, que el gobierno presidido por Hugo Chávez se empeña en imponer desde su pretendida superioridad en relación con el resto de los venezolanos. Por otra parte, puede anotarse asimismo que no se ha manifestado una contrariedad ante la proposición.

Lo que sí ha sido expuesto, y precisamente por quienes más entusiasmo sienten ante la esperanza de un intento así, es la inquietud de una posible retracción en la disposición a estampar las firmas ciudadanas requeridas para la convocatoria. (En el orden de 1.700.000).

El argumento—o la duda—es si la experiencia de la infame “lista de Tascón” no disminuiría grandemente la propensión a comprometerse con una iniciativa como la propuesta, por temor a sufrir represalias que afectarían, sobre todo, las posibilidades profesionales y económicas de la gente.

Sería, claro, extraordinariamente ingenuo suponer que un gobierno como el existente en Venezuela, luego de una nutrida historia de ventajismo generalizado y de, particularmente, su muy concreta disposición al amedrentamiento y la venganza política, no procuraría intimidar a la población—claramente mayoritaria—que rechaza la implantación a rajatabla de un esquema socialista en Venezuela.

Pero hay dos consideraciones que pueden ser explicadas con facilidad a los miembros del enjambre ciudadano y que, si no invalidan de un todo la angustia, sí pueden moderarla considerablemente. La primera de estas razones es que se está perdiendo el miedo al gobierno, con el paso del tiempo y por causa de su ineficacia. Ya se le habla en otros términos. Obreros empleados en las industrias básicas de la zona de Guayana han exigido al gobierno que “enserie” su manejo de las empresas públicas de allá, con frialdad pragmática que es más ominosa que un lenguaje agresivo. Pero también los protestantes tambores de Curiepe han ido a retumbar ¡a las puertas del mismísimo Palacio de Miraflores!

La segunda razón para no temer es probablemente más persuasiva: quienes firmaron para convocar el referéndum revocatorio de 2004 están marcados ya. Y ¿qué es una raya más para un tigre? Ya están marcados, ya están señalados, y muchos entre ellos han sufrido la represalia y el reconcomio. Que firmasen otra vez no empeoraría para nada su situación.

Un número a considerar: el Consejo Nacional Electoral debió finalmente aceptar la validez de 2.436.830 firmas que activaron el referéndum revocatorio del 15 de agosto de 2004. Fueron 700.000 firmas más que las que ahora se necesita para convocar un referéndum consultivo. Esto es, contamos con 2.500.000 tigres.

LEA

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FS #252 – Complejidad y caos

Fichero

LEA, por favor

Esta Ficha Semanal #252 de doctorpolítico es enteramente atípica, y creo muy posible que no interese demasiado a la totalidad de los suscritores. Su envío obedece al resurgimiento de un interés en el tema de los sistemas complejos y los fenómenos caóticos que con frecuencia se suscitan en ellos, especialmente en el seno de una peña a la que el suscrito asiste con alguna regularidad. Hacia 1991, de hecho, pudo exponer sus principios básicos en ella, con ayuda de un estupendo video que transmitiera varias veces el antiguo Canal 5 de la Televisora Nacional en la serie Dimensión, que patrocinaba la extinta Maravén.

En otras partes, quien escribe ha manifestado su convicción de que son justamente las teorías de la complejidad y el caos el futuro epistemológico de las ciencias sociales. En diciembre de 1990, por ejemplo, escribía: “Hay… una profunda relación entre la geometría fractal y los comportamientos caóticos: la geometría fractal es la geometría del caos. El dominio del lenguaje fractal hace entrever la posibilidad de mejores y más profundas intuiciones acerca de los procesos básicos del universo, de la evolución de las especies, de la conducta humana. Se trata de una revolución excitante, que posiblemente sea el componente más profundo y poderoso de una nueva episteme, de una nueva concepción del mundo”.

En la Ficha Semanal #219 (21 de noviembre de 2006), se leía la siguiente afirmación: “…en los últimos cuarenta años la ciencia ha podido arribar a un conocimiento altamente pertinente al caso de la Política: se trata de la comprensión de los sistemas complejos con las teorías de la complejidad, de los fenómenos caóticos, del comportamiento de enjambres, etc. Un político profesional que ignore estas nuevas estructuras para la interpretación de los sistemas complejos será incapaz de comprender las sociedades contemporáneas y por tanto de prescribir tratamientos a sus problemas”.

Para el año 2005, el abogado Luis Alejandro Aguilar había solicitado al suscrito una guía o tutoría de nuevas lecturas y aprendizajes. Así emprendimos un camino que nos llevó por los terrenos de la lógica, la historia contemporánea, la física moderna, la política, la teoría de la decisión y algo de teorías del caos y la complejidad. Con el tiempo, esta actividad permitió la composición escrita de algunas “lecciones”, y el contenido de la ficha de hoy no es otra cosa que la que escribiera, a manera de introducción, sobre este asunto caótico y complejo.

LEA

Complejidad y caos

En el año de 1972 se publicaba Stabilité structurelle et morphogénèse, la obra cimera del matemático francés René Thom. (1923-2002). Anunciada como una revolución, trataba de ciertas transformaciones repentinas en formas básicas, especialmente las formas biológicas. Comoquiera que estas transformaciones implicaban una ruptura entre formas sucesivas, se las llamó “catástrofes”, y de hecho se dio en decir que Thom había inventado una “teoría de catástrofes”. (El término “catástrofe” tiene un sentido técnico-matemático en el campo de la rama matemática conocida como Topología. En términos muy gruesos y analógicos, la topología es la rama de la geometría que se ocupa de las propiedades morfológicas que permanecen invariables bajo deformaciones continuas. Si se imagina a un cuerpo como una taza construida con una buena plastilina, es posible deformarlo sin rasgarlo para convertirlo en un aro, y la taza y el aro son entonces topológicamente equivalentes: ambos tienen un agujero por el que se pasa de un lado al otro. El aro es en sí mismo un agujero; el asa de la taza es otro. En cambio no sería topológicamente equivalente la montura de unos lentes, puesto que tiene dos agujeros en lugar de uno. Para que un aro se convirtiera en montura de lentes, o viceversa, tendría que darse una catástrofe).

No pasaría mucho tiempo, sin embargo, hasta que las esperanzas puestas en esta teoría—que resolvería el misterio de las formas y sus cambios, de sus metamorfosis—se mudaran al campo de otra teoría nueva, que por casualidad también tenía un nombre ominoso: la teoría del caos.

Pero antes de que la noción de caos dominara la imaginación de los científicos, el esfuerzo de Thom fue saludado como el portador de un nuevo paradigma. El mismo Thom exponía el asunto en la introducción de su libro:

El uso del término ‘cualitativo’ en ciencia y, sobre todo, en física tiene resonancia peyorativa. Fue un físico quien me recordara, no sin vehemencia, la sentencia de Rutherford: ‘Lo cualitativo no es otra cosa que pobre cuantificación’… La historia ofrece otra razón a la actitud del físico hacia lo cualitativo. La controversia entre los seguidores de la física de Descartes y los de la de Newton llegó a su cúspide a fines del siglo XVII. Descartes, con sus vórtices, sus átomos ganchudos y nociones similares, explicaba todo pero no calculaba nada; Newton, con su ley de proporcionalidad inversa, calculaba todo pero no explicaba nada. La historia ha avalado a Newton y relegado las construcciones cartesianas al dominio de la especulación curiosa. Ciertamente, el punto de vista newtoniano se ha justificado plenamente a sí mismo desde el punto de vista de su eficiencia y su capacidad de predecir, y por tanto de actuar sobre los fenómenos. En el mismo espíritu, es interesante releer la introducción a los ‘Principios de Mecánica Cuántica’ de Dirac, en la que el autor desestima como sin importancia la imposibilidad de ofrecer un contexto intuitivo para los conceptos básicos de los métodos cuánticos. Pero estoy seguro de que la mente humana no estaría plenamente satisfecha con un universo en el que todos los fenómenos estuvieran gobernados por un proceso matemático que fuera coherente pero totalmente abstracto. ¿No estaríamos entonces en el País de las Maravillas?

En una situación en la que el hombre se vea privado de toda posibilidad de intelectualización, esto es, de interpretar geométricamente un proceso dado, o bien buscará crear, a pesar de todo, a través de interpretaciones adecuadas, una justificación intuitiva del proceso, o bien se hundirá en resignada incomprensión que el hábito trocará en indiferencia… El dilema que toda explicación científica confronta es éste: magia o geometría. Desde este punto de vista, los hombres que luchan por comprender nunca tendrán hacia las teorías cualitativas y descriptivas de los filósofos, desde los Presocráticos hasta Descartes, el punto de vista intolerante de una ciencia cuantitativa dogmática.

Así que el libro de Thom era también un manifiesto. Era una rebelión ante una ciencia analítica, casada con una matemática de cálculo, que despreciaba todo lo que cálculo no fuera. Pero a pesar de que Thom rozó nociones que luego serían de gran importancia para el tratamiento matemático de sistemas que exhiben comportamiento caótico (la de “atractrices”, por ejemplo) su “teoría de modelos”— el subtítulo del libro de Thom es, precisamente, “Esquema de una Teoría General de Modelos”—no era la matemática que se necesitaba. Sólo hubiera tenido que buscar en su propio país, pues los franceses Henri Poincaré (1854-1912), Gaston Julia (1893-1978) y Pierre Fatou (1878-1929) fueron los verdaderos precursores de lo que hoy llamamos teoría del caos y de la noción matemática de fractales.

La preocupación de Thom es la forma, y la conversión de una forma en otra a través de bruscas transiciones a las que denominó catástrofes. Es esto lo que modela su topología. Reconoce, ciertamente, algunos precursores, entre los que destaca D’Arcy Thompson (1860-1948), el autor de On Growth and Form (1917), una obra descriptiva que ponía de manifiesto la comunidad de formas entre entidades de distintísimo substrato. (Por ejemplo, un corte transversal de la cabeza de un fémur revela laminillas óseas o trabéculas dispuestas en arcos ojivales de gran semejanza con un arco de arquitectura gótica; o la anatomía de una medusa corresponde a la forma que genera una gota que cae en el seno de un líquido viscoso. Thompson, sin embargo, se limitó a registrar estas analogías taxonómicamente, sin proporcionar una teoría que explicase las similitudes. Tal vez por esto él mismo escribió: “Este libro mío tiene poca necesidad de prefacio, puesto que en verdad no es más que un prefacio de principio a fin”). En cambio, no hace mención de Laws of Form (1969) del inglés G. Spencer Brown (1923-), obra que trata el problema como parte de la lógica. Su autor describía así su contenido: “El tema de este libro es que un universo salta a la existencia cuando un espacio es amputado o descompuesto”. (El libro de Thom aparece (1972) tres años después del de G. Spencer Brown, pero Jorge Luis Borges ha opinado que “Uno crea sus propios precursores”).

………

Dos figuras relativamente recientes son, en cualquier caso, los reales “descubridores” o pioneros del campo dual de caos y fractales: Edward Lorenz, del lado fenomenológico, y Benoit Mandelbrot del lado simbólico o matemático.

Por lo que respecta a Lorenz (1917-), matemático norteamericano dedicado a la meteorología, su tropiezo “serendípico” con el caos es ya bastante conocido. En 1959 manipulaba el clima artificial y meramente simbólico de sus modelos matemáticos en su primitivo computador Royal MacBee. Había formulado ecuaciones que relacionaban variables como temperatura y presión atmosférica y confiado al computador el tedioso cálculo de las interacciones, el que imprimía tablas de resultados y hasta un escueto gráfico que mostraba las oscilaciones del clima a lo largo del tiempo. El computador de Lorenz no tenía mucha capacidad: sólo podía calcular hasta seis posiciones decimales. Pero el impresor era aun más lento, y por tal razón se le pedía que imprimiese los sucesivos valores sólo hasta los tres primeros decimales.

Un buen día Lorenz notó un segmento de gráfico que llamó su atención, por lo que se dispuso a correr el modelo de nuevo en el computador, a fin de examinar con mayor atención el episodio de su interés. Pero en lugar de arrancar los cálculos desde el inicio, dada la lentitud del cómputo, decidió tomar como condiciones iniciales valores previos de las variables cercanas a la zona interesante de las curvas. Así, tomó las hojas impresas, seleccionó un punto en el tiempo, previo pero no muy lejano, leyó los valores correspondientes, los ingresó manualmente a la máquina y arrancó el cómputo. Luego, para evitar el tedio, se fue a tomar café.

Cuando Lorenz regresó a su laboratorio se llevó una sorpresa mayúscula. El impresor trazaba ahora trayectorias enteramente distintas para las variables, y el gráfico no se parecía en nada a lo que originalmente había despertado su curiosidad. Al principio creyó que la causa sería un desperfecto repentino en el computador, o tal vez un error en su sistema de ecuaciones. Poco después encontró la verdad: en realidad no había especificado exactamente las mismas condiciones iniciales, pues leyó valores impresos con tres decimales redondeados, cuando entretelones el computador calculaba seis posiciones decimales. El error de una diezmilésima en la condición especificada para el nuevo cómputo había generado, con el paso del tiempo, discrepancias de gran magnitud. Había nacido la ciencia del caos.

Rápidamente Lorenz sacó la consecuencia: los sistemas complejos revelan una gran sensibilidad a las condiciones iniciales, y una pequeñísima diferencia en éstas puede acarrear a la larga diferencias descomunales. Esta característica de los sistemas complejos salva, justamente, la trascendencia de lo individual, de lo más pequeño, aun en medio de la mayor enormidad. El más pequeño acto individual determina la forma del futuro, y por tanto la complejidad no es excusa para prescindir de la ética personal, así como el conjunto no puede ser pretexto para dañar a la parte.

La metáfora con la que este carácter de los sistemas complejos se popularizó adoptó ropaje, naturalmente, climatológico. Se la bautizó como el principio del ala de mariposa: en un sistema tan complejo como el clima, el aleteo de una mariposa en China puede causar un temporal en California. Una conferencia de Lorenz en 1972 llevó por título Does the flap of a butterfly’s wings in Brazil set off a tornado in Texas? En un cuento de Ray Bradbury (A Sound of Thunder), recogido en The Science Fiction’s Hall of Fame, unos excursionistas que viajan con una máquina del tiempo a un “parque jurásico” se salen del área permitida y pisan inadvertidamente algo de hierba y una mariposa en el pasado remoto. Al regresar al presente comprueban que las cosas son distintas a las que dejaron, y la sociedad democrática en la que vivían acaba de elegir a un candidato que suena muy parecido a Hitler. El artículo técnico de Lorenz sobre la sensibilidad a las condiciones iniciales de un sistema dinámico se publicó en 1963, con el título Deterministic nonperiodic flow.

¿Por qué era esto el preludio de una revolución? Una de las consecuencias de la sensibilidad a las condiciones iniciales que exhibe la dinámica de los sistemas complejos—compuestos por gran número de elementos—es que son fundamentalmente impredecibles. Pero esta impredecibilidad no se deriva, en este caso, de una esencia azarosa, como sí es el caso de los sistemas probabilísticos de la física cuántica. Acá un sistema regido por leyes estrictamente deterministas y que pudiera, habitualmente, “portarse bien”, puede atravesar fases caóticas que son absolutamente impredecibles, porque no se puede conocer con precisión arbitraria su condición inicial.

Era con esto, justamente, con lo que se había topado Poincaré. Al formular su teoría de la gravitación universal, Isaac Newton, reconociendo naturalmente que sobre la trayectoria de la Tierra no solamente influye la masa del Sol, sino las de los restantes planetas del sistema solar—y en estricto sentido la de cualquier otro objeto en el espacio—optó por calcular las atracciones mutuas para una abstracción de sólo dos cuerpos interactuantes, puesto que la introducción de uno solo adicional excedía la capacidad de cálculo de las matemáticas de su época. (The two-body problem). Poincaré trabajó, para un premio que Oscar II de Suecia estableciera, sobre el n-body problem, en su caso referido a la interacción de sólo tres cuerpos. Aun en un sistema en apariencia tan sencillo como el de tres astros, Poincaré encontró incertidumbres irresolubles. Es decir, se encontró con el caos determinista. Un sistema con reglas o leyes físicas perfectamente determinadas puede conducir a la impredecibilidad, a una situación en la que la dinámica ni es lineal, ni es periódica, ni es probabilística, y sin embargo es impredecible.

Pero el trabajo de Lorenz condujo a un hallazgo tal vez más sorprendente todavía. Al analizar el curso de sus ecuaciones para los distintos valores con los que las alimentara, encontró que no cualquier resultado era posible, sino sólo unos específicos que, trazados en un sistema de coordenadas, describían una curva con un alto grado de orden, con un dibujo muy preciso. Debajo del trazado caótico subyacía un orden estricto.

Antes de Lorenz ya se tenía la noción de atractriz: un punto, una curva o una región del espacio hacia el que tiende un sistema determinado. (Una hoya de atracción—en sentido hidrográfico, como la hoya de los afluentes de un río principal—es una forma de atractriz). Un modelo sencillo de un sistema de atractrices lo constituye un péndulo que oscila a poca distancia de una base hexagonal, en cuyos vértices se han colocado imanes de aproximadamente igual intensidad magnética. Tomando el péndulo entre los dedos se le dota de un impulso inicial que, al soltarlo, lo hace describir una trayectoria que bajo la acción de los imanes es típicamente errática. Al agotarse el impulso inicial el péndulo se detiene sobre uno de los vértices (una de las atractrices). Incluso en un sistema tan sencillo como éste, no es posible predecir cuál será la atractriz que predominará al final, aun cuando la trayectoria del péndulo, transportada a un sistema de coordenadas, describe una curva particular y definida. Para el tipo de atractriz con el que Lorenz se encontró, el meteorólogo matemático acuñó el concepto de atractriz extraña. (En inglés, strange attractor).

Después de estas cosas climáticas sobrevendría una nueva sorpresa: muchos otros sistemas, de naturaleza o substrato enteramente diferente al del clima terrestre, exhibían igualmente comportamiento caótico, determinado pero impredecible. Por ejemplo, la evolución de poblaciones dentro de un sistema ecológico, o el flujo turbulento, o el ritmo cardiaco—que de su periodicidad regular, registrada en los electrocardiogramas que nos son ya familiares, puede degenerar en la señal caótica de la fibrilación—o el movimiento de precios de una bolsa de valores, o el pink noise que los ingenieros de sonido emplean para calibrar equipos, o ciertas reacciones químicas “disipativas” (de energía), o la distribución espacio-temporal de los sismos, o la de las revoluciones sociales y las guerras, son todos sistemas que exhiben fases caóticas, impredecibles. Los acontecimientos del 27 y el 28 de febrero de 1989, por ejemplo, son más fácilmente comprensibles si se les interpreta como un caso de proceso caótico, antes que como resultado de una acción subversiva intencional. El 27 de febrero de 1989 pudo observarse la propagación de la avalancha desde Guarenas, exacerbándose por la transmisión del evento a través de los medios de comunicación social, pero también a través de una cadena informal de transmisión de información: los mensajeros motorizados, que exhiben desde hace mucho una rápida solidaridad de conducta y que fueron propagando el descontento desde Guarenas a Petare, de allí a Chacaíto, a la estación del Metro en Bellas Artes, y así sucesivamente.

Por si esto no fuera suficiente, poco después se encontró que el comportamiento de estos sistemas, todos de naturaleza distinta, sigue un mismo patrón matemático. Por ejemplo, prontamente se notó que, si bien las variaciones en estos sistemas parecen totalmente erráticas, había secuencias de variación que se repetían, que eran muy parecidas a otras anteriores o posteriores al paso del tiempo. Había en estos fenómenos una autosimilaridad: se parecen a sí mismos en momentos distintos del tiempo.

Lorenz, por supuesto, era matemático, y fue capaz de reconocer que su atractriz no era común, de allí el apelativo de extraña, que le endilgó. Pero tendría que venir otro matemático para hacer la formulación definitiva sobre la matemática que era capaz de describir adecuadamente fenómenos tan disímiles y tan parecidos a la vez.

Benoit Mandelbrot (1924-), matemático de origen polaco y nacionalidad francesa—aunque vive desde hace mucho en los Estados Unidos—publicó en 1982 la summa de una nueva y revolucionaria geometría: la geometría fractal.

Mandelbrot había venido estudiando dos conjuntos aparentemente disímiles de fenómenos. Por una parte, el comportamiento histórico de los precios del algodón, en los que esperaba desentrañar algún concierto; es decir, un proceso temporal. Por la otra, la irregularidad de las costas; esto es, un problema espacial o geométrico. Acometió ambos problemas mientras era investigador del Thomas J. Watson Research Center de la compañía IBM. (Mandelbrot ingresó a IBM en 1958, y trabajó por 32 años en el Watson Center. Hoy en día es Fellow Emeritus de ese instituto).

En el primer caso encontró la propiedad de autosimilaridad ya mencionada. Específicamente, encontró que los precios del algodón no seguían una distribución gaussiana o “normal”, sino una “distribución estable de Levy”. Una distribución “estable” se caracteriza porque la suma de muchas instancias de una variable aleatoria exhibe exactamente la misma distribución pero a otra escala, o sea, exhibe “invariancia a la escala”; en otros términos, exhibe autosimilaridad espacial, se parece a sí misma a distintas escalas. (Una lata de Toddy, la popular bebida achocolatada, muestra la figura de un bebé que sostiene en sus manos una lata de Toddy, la que naturalmente tendrá también otro bebé más pequeño que sostiene otra lata, undsoweiter).

Pero es que exactamente lo mismo halló al acometer el estudio de la irregularidad de una costa—How Long Is the Coast of Britain? Statistical Self-Similarity and Fractional Dimension, 1967—tomando base en trabajos de Lewis Fry Richardson, quien ya había señalado que la longitud de una costa dependía del tamaño de la unidad de medida.

Al discutir lo postulado por Fry Richardson, Mandelbrot asoció la observación con un concepto de “dimensión fraccionaria”, o dimensión de Haussdorf. Ciertas figuras son caracterizadas por tener una “dimensión” intermedia entre las que conocemos habitualmente, y que son estipuladas con números naturales: un punto tiene dimensión 0, una línea dimensión 1, un plano dimensión 2, un cubo dimensión 3, etcétera. Ciertas estructuras, calculada su dimensión con ciertos métodos, tienen una dimensión que es, digamos, más de uno pero menos de dos. Por caso, la dimensión “fractal” de las costas de África del Sur es de 1,02, mientras que la de la costa occidental de Inglaterra es medida en 1,25. Del mismo modo, el árbol arterial humano tiene una dimensión fractal de aproximadamente 2,7, a pesar de ocupar él mismo un espacio tridimensional.

Es justamente esta dimensión fractal, o fractalidad, lo que define la irregularidad característica de ciertas formas. La de las costas es una, la de las cadenas montañosas otra, la de las hoyas hidrográficas otra distinta. Y es esta dimensión fractal, por último, la que determina la autosimilaridad. Vista a distintas escalas, la línea de una costa se parece a sí misma.

Seis años después del artículo sobre la dimensión de la costa de Inglaterra, proponía Mandelbrot el término fractal—derivado del latín fractus (fracturado) que nos da fracción—en Les objets fractals, forme, hasard et dimension. Y en 1982 la obra más general y completa The Fractal Geometry of Nature.

Fue su estudio de estructuras matemáticas entrevistas a comienzos del siglo XX por Gaston Julia y Pierre Fatou, lo que llevó a Mandelbrot a describir la estructura matemática que le dio más fama: el conjunto o curva de Mandelbrot. Los precursores franceses habían descubierto las bases fundamentales de esa estructura, pero carecían de una herramienta lo suficientemente poderosa como para visualizarla: el computador. Esta curva, como muchas otras estructuras fractales, es producida por recursión, esto es, por iteración o repetición de un mismo cálculo, el que se realimenta con cada nuevo resultado. La fórmula esencial ya había sido propuesta por Fatou:

X = X2 + c

Un número X es elevado al cuadrado y se le suma un cierto parámetro fijo c. Este resultado es a su vez elevado al cuadrado y sumado a la constante c, y así sucesivamente. Cada resultado es marcado en un sistema de coordenadas y esto define una curva muy extraña en el plano.

La gran síntesis no tardaría en darse: las matemáticas fractales, que definen una autosimilaridad espacial, son las adecuadas para modelar e interpretar la autosimilaridad temporal de los sistemas caóticos. La geometría fractal es el lenguaje del caos.

luis enrique ALCALÁ

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CS #341 – Parada de trote

Cartas

Todas las encuestas que ha podido conocer quien escribe han dado recientes datos bastante similares. Por ser representativo del conjunto, limitemos los números a un solo estudio: el informe final del Monitor Socio-Político de Hinterlaces del 1º de junio de este año. Este estudio “cuantitativo y cualitativo” registra lo mismo que otros investigadores reportan: que una mayoría de los consultados rechaza las políticas más recientes del Ejecutivo Nacional y sus demás poderes sumisos.

En particular, por ejemplo, Hinterlaces (Oscar Schemel) mide 68% de desacuerdo con la nacionalización de empresas y haciendas ordenada desde la Presidencia de la República. (Quienes están de acuerdo con esa medida alcanzan sólo al 28%. Cuatro por ciento no quiso o no supo responder). Por ejemplo, según el estudio referido, 63% estima que esa medida pudiera afectar a la propiedad privada de todos los venezolanos. (Treinta y tres por ciento no cree tal cosa). Por ejemplo, 68% está de acuerdo con la propiedad privada que apoyan los empresarios y no con la propiedad colectiva propuesta por el presidente Chávez. (Veintisiete por ciento dice preferir la propiedad colectiva sobre la privada).

Y 57% no aprueba el establecimiento del “socialismo del siglo XXI” en el país, frente a 35% que lo aprueba. Y si ese socialismo fuera como el cubano, la desaprobación asciende a 87% y la aprobación desciende a 9%. Y 83% expresa desacuerdo con la idea de que es malo ser rico. (Once por ciento expresa acuerdo). Y 86% no piensa que ser pobre es bueno. (Diez por ciento sí lo cree). Y 80%—contra 16%—no concurre con la idea de que todos debemos ser iguales para que no haya ricos ni pobres, como sostiene que ocurriría el Presidente de la República.

En suma, la mayoría de los venezolanos rechaza la pretensión de implantar en el país un sistema político-económico socialista, a pesar de lo cual Rafael Ramírez, bajo su casco de Presidente de PDVSA, proclama: “PDVSA está con Chávez. PDVSA está con la revolución… Quien no esté en un comité socialista es sospechoso de conspirar contra la revolución”.

¿Qué hace uno con una mayoría tan fuerte? Pues procura que se exprese políticamente de modo válido. Pide que el asunto sea votado, pues está seguro de ganar una consulta que lo considere. Es ésa una regla política elemental. Quien tiene la mayoría quiere que se la mida y certifique, porque quien tiene la mayoría puede mandar.

La mayoría abundante que no quiere un régimen socialista para Venezuela debiera apoyar la convocatoria, por iniciativa popular, de un referéndum consultivo sobre dicha posibilidad, de una consulta que le pare el trote a Ramírez y a su jefe.

………

Dice el primer párrafo del Artículo 71 de la Constitución Nacional: “Las materias de especial trascendencia nacional podrán ser sometidas a referendo consultivo por iniciativa del Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; por acuerdo de la Asamblea Nacional, aprobado por el voto de la mayoría de sus integrantes; o a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral”. Se trata de la elevación (con las variantes del caso) de la norma creada en la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política, en la reforma de diciembre de 1997, a rango constitucional. (Artículo 181: El Presidente de la República en Consejo de Ministros, el Congreso de la República por acuerdo adoptado en sesión conjunta de las Cámaras, convocada con cuarenta y ocho horas de anticipación a la fecha de su realización, por el voto favorable de las dos terceras partes de los miembros presentes; o un número no menor del diez por ciento de aquellos electores inscritos en el Registro Electoral, tendrán la iniciativa para convocar la celebración de un referendo, con el objetivo de consultar a los electores sobre decisiones de especial transcendencia nacional).

El actual gobierno, que tanto autobombo resuena para presentarse como defensor de una democracia “participativa”, quiso en realidad hacer más difícil la participación popular en las decisiones “de especial trascendencia nacional” a través de un referéndum. En el proyecto de reforma constitucional derrotado el 2 de diciembre de 2007, se dejaba idénticas las exigencias señaladas al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo para la convocatoria de un referéndum de esa clase, pero se pretendía duplicar el esfuerzo de los ciudadanos para lograr lo mismo, al proponer la elevación a veinte por ciento de los electores registrados para asegurar la iniciativa eficaz. Como el proyecto no resultó aprobado, bastarán ahora 1.700.000 firmas ciudadanas válidas para causar un referéndum sobre la siguiente pregunta: ¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela de un sistema político-económico socialista?

Eso es una materia de evidentísima trascendencia nacional, y se hace necesario dilucidarla porque el gobierno venezolano está empeñado en establecer un sistema socialista que no cuenta con el apoyo mayoritario de los ciudadanos. Es preciso pararle el trote.

………

Pudiera argüirse que los venezolanos ya nos pronunciamos al efecto el 2 de diciembre de 2007. Pero esto último no es verdad. Ese día rechazamos dos proyectos de reforma constitucional propuestos por Hugo Chávez y Cilia Flores, pero en ninguno se consultaba tan portentosa materia de manera franca y clara.

Hubo, sí, en esos proyectos intentos de contrabandear una decisión de imponer sobre la Nación un régimen socialista. Por ejemplo, en la modificación pretendida del Artículo 16 de la Constitución, relativo al territorio nacional, se decía: “Las comunas serán las células sociales del territorio y estarán conformadas por las comunidades, cada una de las cuales constituirá el núcleo territorial básico e indivisible del Estado Socialista Venezolano”. Se quería también cambiar el Artículo 70 y decir: “Son medios de participación y protagonismo del pueblo, en ejercicio directo de su soberanía y para la construcción del socialismo…” Al pretender la modificación del Artículo 103, en lo tocante a una “educación integral”, se quiso normar: “…el Estado realizará una inversión prioritaria de acuerdo a (sic) los principios humanísticos del socialismo bolivariano…” Etcétera.

Pero, por una parte, el gobierno no parece dispuesto a darse por aludido con la inequívoca manifestación del Pueblo, a pesar de que el propio Presidente de la República comentara luego del 2 de diciembre de 2007: “Quizás no estamos maduros para empezar un proyecto socialista, sin temores. No estamos listos todavía para emprender un Gobierno abiertamente socialista”. (Rafael Ramírez piensa, evidentemente, otra cosa). Por la otra, conviene estar seguros en asunto tan grave. Los proyectos de reforma constitucional derrotados el 2 de diciembre de 2007 comprendían la modificación de sesenta y nueve artículos de la Carta Magna, y puede sostenerse que a nadie le es posible especificar con seguridad a qué fue exactamente lo que una mayoría de electores negó su aquiescencia.

Más aún: a pesar de que aquel día se echó para atrás todos y cada uno de los artículos reformados en ambos proyectos, incluyendo la eliminación de límites (un solo período) para la reelección del Presidente de la República, el pasado 15 de febrero se aprobó la reelección indefinida del mismo cargo y otros de origen electivo. Es decir, que la inconsistente (frecuentemente inconstitucional) jurisprudencia del Tribunal Supremo de Justicia es que un proyecto complejo de reforma constitucional que sea repudiado por la mayoría puede ser aprobado después a pedacitos.

Así, pues, conviene sostener un referéndum consultivo acerca de esta materia por dos razones: para que la cosa quede meridianamente clara; para parar el trote a Rafael Ramírez y su jefe.

………

Lo que antecede es invitación que esta publicación extiende a los ciudadanos venezolanos, a los electores, a los integrantes del Poder Constituyente Originario, a la Corona Soberana de Venezuela, a su Pueblo. De encontrar resonancia tal exhortación, y de considerarse que el suscrito puede ser de alguna utilidad en la formación de la convocatoria del referéndum descrito, él declara estar a la orden de quienes se sumen a la iniciativa.

Y añade esta opinión: con un pronunciamiento de la Corona como el mencionado se logra un doble propósito adicional; se acaba con el monopolio gubernamental de la iniciativa política, se macera con tiempo el desempeño electoral en los próximos comicios para elegir una nueva Asamblea Nacional. (Se calienta músculo político). Por supuesto, se le para el trote al gobierno.

El jefe de ese gobierno opinó que, el 2 de diciembre de 2007, quienes desaprobaron su proyecto y el de Cilia Flores alcanzaron una victoria pírrica. (“De mierda”). En verdad, el proyecto del Ejecutivo Nacional fue derrotado por una ventaja de 1,31%; el proyecto de la Asamblea Nacional por 2,02%. Expresemos ahora, para que no haya dudas ni posibilidad despectiva, una victoria de oro. Por ejemplo, la ventaja de 22 puntos medida por Hinterlaces para la negativa a su pregunta: ¿Ud. está de acuerdo o en desacuerdo con la idea del Presidente Chávez de establecer el socialismo del siglo XXI en Venezuela? (35 a 57).

Vamos a pararle el trote a Hugo Chávez.

luis enrique ALCALÁ

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LEA #341

LEA

La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas (18 de abril de 1961) dice en su Artículo 39 (numeral 2): “Cuando terminen las funciones de una persona que goce de privilegios e inmunidades, tales privilegios e inmunidades cesarán normalmente en el momento en que esa persona salga del país o en el que expire el plazo razonable que le haya sido concedido para permitirle salir de él, pero subsistirán hasta entonces, aún en caso de conflicto armado”.

El gobierno de facto en Honduras argumentará que una vez vencido el plazo de 72 horas que dio al personal diplomático venezolano para que salga del país, los privilegios e inmunidades concedidos a ése se habrán extinguido, y por tanto podrá deportar a ese personal contra su voluntad anunciada sin violar aquella convención.

El gobierno constitucional venezolano ha emitido instrucciones clarísimas a su personal diplomático: “Permanezca en Honduras”. El choque parece inevitable y el punto lógico-jurídico-político de la cancillería venezolana es razonable: el ultimátum con plazo de 72 horas fue emitido por un gobierno inconstitucional, ilegal, írrito. Por tanto, ningún acto de un gobierno como ése puede tener validez, y en este caso no podría aplicar disposiciones de la Convención de Viena. Venezuela da por no recibida la conminatoria.

Al mismo comienzo de la crisis hondureña, por otro lado, el Presidente de la República advirtió que consideraría un acto expreso de guerra por parte de Honduras cualquier maltrato al embajador venezolano. Si llegare a producirse la expulsión forzada de los diplomáticos venezolanos, y si Chávez quisiera sostener su palabra, habría peligro cierto de guerra entre ambos países.

Los aviones Sukhoi Su-30 MK2 de la Fuerza Aérea Venezolana tienen una autonomía de vuelo más que suficiente para atacar blancos hondureños: 3.000 kilómetros. Pero es que seguramente, en un combate tan desigual como el planteado, Venezuela podría contar con bases de operación concedidas por Nicaragua. (Y se queja de las anunciadas de Estados Unidos en Colombia).

No es de despreciar tan horrible posibilidad. No sería la primera vez en la historia que un gobierno en serios problemas se involucra adrede en un conflicto bélico con otro país, como medio de concitar apoyo interno y superar dificultades de gobernabilidad. Hugo Chávez está de a toque. Tiene motivos doctrinales, políticos, coyunturales, temperamentales y espectaculares para declarar la guerra a Honduras. ¿Qué otra cosa pudiera traer más satisfacción a un militar de su tipo?

LEA

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FS #251 – Antipolítica pura

Fichero

LEA, por favor

Entre nosotros, los venezolanos, no carecemos de fanáticos. Unos cuantos entre ellos son verdaderos creyentes en el sentido de Eric Hoffer (The True Believer, 1951). Hoffer mostró en su célebre ensayo cómo es que el fanático de un extremo puede, con pasmosa facilidad, convertirse en militante radical del extremo contrario. La causa es menos importante que el propio fanatismo.

Así, se consigue uno con ejemplares antaño militantes de causas izquierdistas que, a la vuelta de pocos años, postulan un panteón en el que Ronald Reagan y George W. Bush son dioses fundamentales. El suscrito se topó con uno de ellos en 1996: un economista que antes gravitaba en las filas del Movimiento Al Socialismo (MAS) proponía entonces que el bolívar fuera anclado en el dólar. Cuando se le observó que tal cosa tendría como efecto la transferencia de nuestra soberanía monetaria a la Reserva Federal de los Estados Unidos, contestó lisamente que prefería que Alan Greenspan le cuidara sus reales antes que lo hiciera Antonio Casas González, a la sazón Presidente del Banco Central de Venezuela.

En los mismos Estados Unidos, por supuesto, ha habido especímenes notorios de esa clase. Uno de ellos fue Karl Hess, que alcanzó notoriedad como escritor de discursos para Barry Goldwater, candidato del Partido Republicano en su campaña de 1964 contra Lyndon Johnson. Justamente en el discurso de aceptación de su candidatura en la convención republicana, Goldwater empleó una frase que Hess le suministrara: “El extremismo en defensa de la libertad no es un vicio; la moderación en la búsqueda de la justicia no es una virtud”. (Hess admitiría luego que se trataba de una paráfrasis de Cicerón, tomada a su vez de un historiador del período de Abraham Lincoln).

Cuando Goldwater fue apaleado por Johnson en las urnas, la desilusión de Hess lo llevó a anotarse en el radicalismo de izquierda, afiliándose a nada menos extremista que el movimiento de los Black Panthers, cuyos líderes se confesaban socialistas o comunistas. Finalmente, Hess emergería como teórico de un “anarco-capitalismo” negador de la política misma.

En marzo de 1969 logró que la revista Playboy le publicara el artículo “La muerte de la política” (The Death of Politics), del que la Ficha Semanal #251 de doctorpolítico reproduce sus secciones de inicio y de cierre. Es una pieza clásica del lenguaje radical antipolítico.

Los personajes como Hess constituyen una cepa resistente de la biota política. Ocasionalmente, son útiles como campaneros de la injusticia, pero la mayor parte del tiempo son sus opiniones un factor corrosivo de las posibilidades de hacer política civilizada. Todas las sociedades los incluyen desde la antigüedad, y la nuestra no es una excepción a esa regla.

LEA

Antipolítica pura

Éste no es tiempo de política radical, revolucionaria. No todavía. A pesar del descontento, los motines, la disensión y el caos, la política de hoy es reaccionaria. Tanto la izquierda como la derecha son reaccionarias y autoritarias. Es decir: ambas son políticas. Sólo procuran revisar los actuales métodos de adquirir y blandir el poder político. Los movimientos radicales y revolucionarios no buscan revisar sino revocar. El blanco de la revocación debiera ser obvio. El blanco es la política misma.

Los radicales y los revolucionarios han puesto sus miras en la política desde hace ya un buen tiempo. Mientras los gobiernos fracasan por el mundo, mientras millones toman conciencia de que el gobierno nunca ha podido y nunca podrá manejar los asuntos de los hombres con humanidad y eficacia, la propia inadecuación del gobierno emergerá, al fin, como la base de un movimiento verdaderamente radical y revolucionario. Entretanto, la posición radical-revolucionaria está sola. Es temida y odiada, tanto por la derecha como por la izquierda, aunque ambas tengan que tomar prestado de ella para sobrevivir. La posición radical-revolucionaria es el libertarismo, y su forma socioeconómica es el capitalismo del laissez-faire.

El libertarismo es la visión de que cada hombre es el dueño absoluto de su vida, para usarla y disponer de ella según crea conveniente: que todas las acciones sociales del hombre debieran ser voluntarias: y que el respeto a idéntica propiedad de la vida en el otro y, por extensión, a la propiedad y los frutos de esa vida, es la base ética de una sociedad humana y abierta. Desde este punto de vista, la única—repito, única—función de la ley y el gobierno es la de proveer la clase de defensa propia contra la violencia que un individuo, si fuera lo suficientemente poderoso, proveería por sí mismo.

Si no fuera por el hecho de que el libertarismo admite libremente el derecho de los hombres a formar voluntariamente comunidades o gobiernos sobre esa misma base ética, el libertarismo pudiera ser llamado anarquía.

El capitalismo del laissez-faire, o anarco-capitalismo, es simplemente la forma económica de la ética libertaria. El capitalismo del laissez-faire abarca la noción de que los hombres debieran intercambiar bienes y servicios, sin regulación, sólo sobre la base de valor por valor. Reconoce la caridad y los emprendimientos comunales como versiones voluntarias de esta misma ética. Tal sistema sería el trueque directo, de no ser por lanecesidad ampliamete sentida de una división del trabajo en la que los hombres, voluntariamente, aceptan símbolos de valor como el dinero y el crédito. Económicamente, este sistema es, con orgullo, la anarquía.

El libertarismo es rechazado por la izquierda moderna, que predica el individualismo pero practica el colectivismo. El capitalismo es rechazado por la derecha moderna, que predica la empresa pero practica el proteccionismo. La fe libertaria en la mente de los hombres es rechazada por los religionistas que sólo tienen fe en los pecados del hombre. La insistencia libertaria en que los hombres deben ser libres de hilar alambre de acero tanto como sueños de humo es rechazada por los hippies, que adoran la naturaleza pero desprecian la creación. La insistencia libertaria en que cada hombre es un territorio soberano de libertad, y su lealtad primaria es consigo mismo, es rechazada por los patriotas que cantan libertad pero también gritan estandartes y límites. No hay en el mundo de hoy un movimiento operante que esté basado en una filosofía libertaria. Si lo hubiera, se encontraría en la anómala posición de emplear el poder político para abolir el poder político.

………

El poder y la autoridad, como sustitutos del desempeño y el pensamiento racional, son los espectros que obsesionan al mundo de hoy. Son los fantasmas de ayeres maravillados y supersticiosos. Y la política es su pariente. La política, a través del tiempo, ha sido una negación institucionalizada de la capacidad del hombre de sobrevivir a través del empleo exclusivo de todos sus propios poderes para su propio bienestar. Y la política, a lo largo del tiempo, ha existido sólo mediante los recursos que ha sido capaz de saquear de la gente creativa y productiva a la que, en nombre de muchas causas y moralismos, ha denegado el empleo exclusivo de todos sus propios poderes para su propio bienestar.

En última instancia, esto debe significar que la política niega la naturaleza racional del hombre. En última instancia, significa que la política es sólo otra forma de magia residual en nuestra cultura, una creencia en que de alguna manera las cosas surgen de la nada; que las cosas pueden ser dadas a alguien sin primero tomarlas de otros; que todas las herramientas de la supervivencia del hombre son suyas por accidente o derecho divino y no por pura y simple inventividad y trabajo.

La política ha sido siempre la forma institucionalizada y establecida con la que algunos hombres han ejercido el poder para vivir del producto de otros hombres. Pero incluso en un mundo hecho dócil a estas exigencias, no es necesario que los hombres vivan devorando a otros.

La política devora a los hombres. Un mundo de laissez-faire liberaría a los hombres. Y es en esta suerte de liberación que la más profunda revolución entre todas está justamente comenzando a agitarse. Ella no ocurrirá de la noche a la mañana, así como las luces del racionalismo no se encendieron con rapidez y aún no iluminan brillantemente. Pero ocurrirá, porque tiene que ocurrir. El hombre sólo puede sobrevivir en un universo inclemente mediante el uso de su mente. Sus pulgares, sus uñas, sus músculos y su misticismo no serán suficientes para mantenerlo vivo sin ella.

Frank Hess

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