por Luis Enrique Alcalá | Nov 18, 2008 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Es evidente que la llamada Doctrina Social de la Iglesia ha llenado buena parte de la política en Occidente durante el siglo XX. En ella se han inspirado los partidos socialcristianos o demócrata-cristianos para conformar sus plataformas ideológicas.
Una serie particular entre las encíclicas sociales que expresan aquella doctrina ocurre en el mes de mayo, para conmemorar la primera de todas, Rerum Novarum, de León XIII, que fue dada a conocer el 15 de mayo de 1891. Como su nombre lo indica, Quadragesimo Anno emanó de Pío XI cuarenta años después de la primera (15 de mayo de 1931), a la que conmemora y toma como punto de partida para un desarrollo ulterior de la doctrina. Igualmente puntual fue Juan XXIII, quien el 15 de mayo de 1961 volvió a marcar la fecha raíz con Mater et magistra. Menos paciente, Juan Pablo II promulgó Centesimus annus el 1Ëš de mayo de 1991, adelantándose en dos semanas al siglo exacto de conmemoración de las enseñanzas sociales de León XIII.
Entre todas las nombradas, Mater et magistra tuvo significación especial, pues se producía en un papado que dos años antes anunciara la intención de convocar un concilio ecuménico, y siete meses después (el día de Navidad de 1961) lo convocaba efectivamente mediante la constitución apostólica Humanae salutis. Era el tiempo del aggiornamento (puesta al día) de la Iglesia Católica en el Concilio Vaticano II, según expresión del propio Juan XXIII. El mundo de la década de los años sesenta vería importantes cambios culturales y políticos; su tres primeros años, sin embargo, estuvieron ocupados por las figuras señeras de John F. Kennedy y Juan XXIII, “el papa bueno”.
En esta Ficha Semanal #221 de doctorpolítico se reproduce cuatro secciones de Mater et magistra, comenzando por la que ofrece famosa descripción de un método simple y sensato para decidir: ver, juzgar y actuar. Al exponerlo, Juan XXIII no sólo prescribía un protocolo serio y responsable para la acción social (específicamente la acción católica), sino que exigía que los principios no quedaran relegados al reino de la pura cavilación.
Un aspecto notable de la carta es una disposición al diálogo respetuoso con quienes no sostengan idénticos criterios y valores. En estimación de Juan XXIII, siempre sería posible “colaborar lealmente en la realización de aquellas obras que sean por su naturaleza buenas o, al menos, puedan conducir al bien”, incluso con quienes “tienen de la vida una concepción distinta”.
Pero la Iglesia no es sólo Mater, y la encíclica social de Juan XXIII enfatiza su carácter de magistra. Por esto no vacila en exigir respeto y obediencia a sus enseñanzas. La eminente bondad de Juan XXIII no le impedía asentar con firmeza la autoridad de la iglesia que presidía.
LEA
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Ver, juzgar, actuar
Necesidad de la acción social católica
236. Ahora bien, los principios generales de una doctrina social se llevan a la práctica comúnmente mediante tres fases: primera, examen completo del verdadero estado de la situación; segunda, valoración exacta de esta situación a la luz de los principios, y tercera, determinación de lo posible o de lo obligatorio para aplicar los principios de acuerdo con las circunstancias de tiempo y lugar. Son tres fases de un mismo proceso que suelen expresarse con estos tres verbos: ver, juzgar y obrar.
237. De aquí se sigue la suma conveniencia de que los jóvenes no sólo reflexionen sobre este orden de actividades, sino que, además, en lo posible, lo practiquen en la realidad. Así evitarán creer que los conocimientos aprendidos deben ser objeto exclusivo de contemplación, sin desarrollo simultáneo en la práctica.
238. Puede, sin embargo, ocurrir a veces que, cuando se trata de aplicar los principios, surjan divergencias aun entre católicos de sincera intención. Cuando esto suceda, procuren todos observar y testimoniar la mutua estima y el respeto recíproco, y al mismo tiempo examinen los puntos de coincidencia a que pueden llegar todos, a fin de realizar oportunamente lo que las necesidades pidan. Deben tener, además, sumo cuidado en no derrochar sus energías en discusiones interminables, y, so pretexto de lo mejor, no se descuiden de realizar el bien que les es posible y, por tanto, obligatorio.
239. Pero los católicos, en el ejercicio de sus actividades económicas o sociales, entablan a veces relaciones con hombres que tienen de la vida una concepción distinta. En tales ocasiones, procuren los católicos ante todo ser siempre consecuentes consigo mismos y no aceptar compromisos que puedan dañar a la integridad de la religión o de la moral. Deben, sin embargo, al mismo tiempo, mostrarse animados de espíritu de comprensión para las opiniones ajenas, plenamente desinteresados y dispuestos a colaborar lealmente en la realización de aquellas obras que sean por su naturaleza buenas o, al menos, puedan conducir al bien. Mas si en alguna ocasión la jerarquía eclesiástica dispone o decreta algo en esta materia, es evidente que los católicos tienen la obligación de obedecer inmediatamente estas órdenes. A la Iglesia corresponde, en efecto, el derecho y el deber de tutelar la integridad de los principios de orden ético y religioso y, además, el dar a conocer, en virtud de su autoridad, públicamente su criterio, cuando se trata de aplicar en la práctica estos principios.
Responsabilidad de los seglares en el campo de la acción social
240. Las normas que hemos dado sobre la educación hay que observarlas necesariamente en la vida diaria. Es ésta una misión que corresponde principalmente a nuestros hijos del laicado, por ocuparse generalmente en el ejercicio de las actividades temporales y en la creación de instituciones de idéntica finalidad.
241. Al ejercitar tan noble función, es imprescindible que los seglares no sólo sean competentes en su profesión respectiva y trabajen en armonía con las leyes aptas para la consecución de sus propósitos, sino que ajusten su actividad a los principios y normas sociales de la Iglesia, en cuya sabiduría deben confiar sinceramente y a cuyos mandatos han de obedecer con filial sumisión.
Consideren atentamente los seglares que si no observan con diligencia los principios y las normas sociales dictadas por la Iglesia y confirmadas por Nos, faltan a sus inexcusables deberes, lesionan con frecuencia los derechos de los demás y pueden llegar a veces incluso a desacreditar la misma doctrina, como si fuese en verdad la mejor, pero sin fuerza eficazmente orientadora para la vida práctica.
Un grave peligro: el olvido del hombre
242. Como ya hemos recordado, los hombres de nuestra época han profundizado y extendido la investigación de las leyes de la naturaleza; han creado instrumentos nuevos para someter a su dominio las energías naturales; han producido y siguen produciendo obras gigantescas y espectaculares.
Sin embargo, mientras se empeñan en dominar y transformar el mundo exterior, corren el peligro de incurrir por negligencia en el olvido de sí mismos y de debilitar las energías de su espíritu y de su cuerpo.
Nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XI ya advirtió con amarga tristeza este hecho, y se quejaba de él en su encíclica Quadragesimo anno con estas palabras: «Y así el trabajo corporal, que la divina Providencia había establecido a fin de que se ejerciese, incluso después del pecado original, para bien del cuerpo y del alma humana, se convierte por doquiera en instrumento de perversión; es decir, que de las fábricas sale ennoblecida la inerte materia, pero los hombres se corrompen y envilecen».
243. Con razón afirma también nuestro predecesor Pío XII que la época actual se distingue por un claro contraste entre el inmenso progreso realizado por las ciencias y la técnica y el asombroso retroceso que ha experimentado el sentido de la dignidad humana. «La obra maestra y monstruosa, al mismo tiempo, de esta época, ha sido la de transformar al hombre en un gigante del mundo físico a costa de su espíritu, reducido a pigmeo en el mundo sobrenatural y eterno» (Radiomensaje navideño del 24 de diciembre de 1943; cf. Acta Apostolicae Sedis 36 (1944) p. 10).
244. Una vez más se verifica hoy en proporciones amplísimas lo que afirmaba el Salmista de los idólatras: que los hombres se olvidan muchas veces de sí mismos en su conducta práctica, mientras admiran sus propias obras hasta adorarlas como dioses: «Sus ídolos son plata y oro, obra de la mano de los hombres» (Sal 114 (115), 4).
Reconocimiento y respeto de la jerarquía de los valores
245. Por este motivo, nuestra preocupación de Pastor universal de todas las almas nos obliga a exhortar insistentemente a nuestros hijos para que en el ejercicio de sus actividades y en el logro de sus fines no permitan que se paralice en ellos el sentido de la responsabilidad u olviden el orden de los bienes supremos.
246. Es bien sabido que la Iglesia ha enseñado siempre, y sigue enseñando, que los progresos científicos y técnicos y el consiguiente bienestar material que de ellos se sigue son bienes reales y deben considerase como prueba evidente del progreso de la civilización humana.
Pero la Iglesia enseña igualmente que hay que valorar ese progreso de acuerdo con su genuina naturaleza, esto es, como bienes instrumentales puestos al servicio del hombre, para que éste alcance con mayor facilidad su fin supremo, el cual no es otro que facilitar su perfeccionamiento personal, así en el orden natural como en el sobrenatural.
247. Deseamos, por ello, ardientemente que resuene como perenne advertencia en los oídos de nuestros hijos el aviso del divino Maestro: «¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?» (Mt 16,26).
Angelo Giuseppe Roncalli, Juan XXIII
por Luis Enrique Alcalá | Nov 13, 2008 | LEA, Política |

El 2 de febrero de 2006 se reportaba en el #175 de esta publicación: “No hace mucho que algún encuestador respetable reportaba que sólo un 16% de la población se había beneficiado directamente de alguna de las ‘misiones’, a pesar de haberse gastado en ellas, hasta comienzos de 2005, probablemente 5 mil millones de dólares. (El asunto no es mera transferencia monetaria: la representante de la UNESCO declaró, el día que Chávez proclamaba a Venezuela ‘territorio libre de analfabetismo’, que nuestro país era el único en el mundo que había alcanzado las metas que se había fijado a este respecto”).
Ahora es Edouard Matoko, representante de la UNESCO para Bolivia, Ecuador y Venezuela, residenciado en Quito, quien declaró ayer que “Venezuela es uno de los países que tiene ‘más oportunidades’ de alcanzar los objetivos de ‘Educación para Todos’ (EPT), acordados por la UNESCO para 2015, si mantiene sus inversiones y políticas en este campo”. (Reporta El Universal). Matoko opina que Costa Rica es otro país bien posicionado para alcanzar el mismo logro.
Matoko destacó entre otras cosas la matrícula de la educación primaria en Venezuela, con 95% de escolaridad, y estima que nuestro país “ha dado un salto cualitativo muy importante en los últimos años”, en términos comparativos con otros países de la región. Cree que ha habido buenos avances en capacitación de docentes e infraestructura.
En general, es protocolo automático de cierta oposición desconocer cualquier logro del gobierno, que un examen más serio y sosegado tendría que admitir. Por fortuna, es cada vez más frecuente conseguir cabezas opositoras de mayor inteligencia, capaces de reconocer las bondades de ciertos programas gubernamentales.
En educación, debe reconocérsele al gobierno un ingente esfuerzo, al que dedica 7% del Producto Interno Bruto. No puede combatirse, a pesar de las prédicas homeopáticas, mezquindad con mezquindad.
La oposición a los programas educativos del gobierno debe fundarse, obviamente, en otro terreno, definitivamente más importante. Éste es el de los contenidos de su enseñanza, el de la distorsión adoctrinadora de los “currículos bolivarianos”. El terreno de la libertad de educación, tanto para impartirla como para recibirla.
Pero esta claridad estratégica no debe intentar la ocultación del Sol con un dedo. El gobierno, a pesar del abuso del adoctrinamiento ideológico, ha logrado cotas muy significativas en educación. Para tener autoridad con la que rechazar frontalmente el equivocadísimo planteamiento central del gobierno, conviene reconocer sus logros con la mayor tranquilidad. Ya son dos veces que la agencia de las Naciones Unidas especializada en educación encuentra algo bueno que decir de los programas educativos del actual Estado venezolano.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Nov 13, 2008 | Cartas, Política |

Anteayer se obtuvo permiso de Eduardo Fernández, Presidente del Instituto Internacional de Formación Arístides Calvani, para reseñar acá lo esencial de lo que, en ese momento, todavía transcurría en su Salón Ávila. Había expuesto Saúl Cabrera, por Consultores 21, en una reunión privada convocada por el instituto, lo que considerando a sus clientes podía decirnos del próximo 23 de noviembre, dentro de diez días. Ayer, sin embargo, el diario El Universal publicó una nota bastante completa sobre el evento, de modo que lo que aquí se contará ya no es, técnicamente, una infidencia.
Consultores 21 es una evolución de la antigua Conciencia 21, una organización analítica de la periferia de COPEI que por muchos años condujera Alfredo Keller, quien se separó del grupo para fundar su propia encuestadora. Cabrera explicó que la firma de la que es socio y director había optado por comparar las condiciones de hoy con las pre-electorales de 2004, la última vez que hubo unas elecciones como las que ocurrirán el venidero 23 de noviembre. El cotejo reveló movimientos interesantes.
Por ejemplo: poco antes de las elecciones del 30 de octubre de 2004, 59% de los encuestados reportaba que su situación personal era buena, y 71% creía que su situación mejoraría. A estas alturas de 2008, un 55% tiene su situación por buena y 62% piensa que su situación será mejor.
En 2004, 55% pensaba que era buena la situación del país; 63% creía que ésta mejoraría. Ahora, sólo un poco menos de la mitad del país (48%) opina que la situación del país es buena y 55% que mejorará.
Para 2004, los dos problemas percibidos como más importantes, cada uno con 25%, eran la situación política general y la situación económica general; seguían el desempleo con 21%, la inseguridad con 17%, la corrupción con 1%. A fines de 2008, la inseguridad es el problema más importante para el 44% de los entrevistados; el 20% reporta la situación política, 13% la situación económica y 9% el desempleo. Ya la corrupción es señalada como el problema principal en el 6% de las entrevistas. (Si una de las teorías favoritas del gobierno—que la delincuencia es producto directo de la pobreza—fuera exacta, ese salto en la percepción de inseguridad de 17% a 44% tendría que significar que este gobierno ha dejado que la pobreza aumente).
La gestión del presidente Chávez era considerada buena o muy buena por el 49% de la muestra en 2004; a estas fechas esa opinión ha descendido a 38,5%. Hace cuatro años 60% de los encuestados creía que el Presidente era capaz de resolver los problemas; sólo 47% sustenta ahora esa impresión. En 2004 decía tenerle confianza el 53%; en 2008 esa confianza ha disminuido a 42%. Ha bajado el porcentaje (40%) que en 2004 opinaba que el liderazgo de Chávez era suficiente; ahora piensa así solamente un 29%. De 58% que creía en 2004 que se requería un nuevo liderazgo, se ha llegado a 68% que quisiera ver nuevos líderes.
No hay cambio apreciable en la disposición a votar de los electores consultados; hoy, y hace cuatro años, un poco menos de 60% dice que irá a votar.
Cabrera estima como probables gobernaciones que irían a candidatos no oficialistas las de Zulia, Nueva Esparta, Carabobo, Miranda, Táchira, Yaracuy y Sucre. Despegados del gobierno—”renegados˝—triunfarían en Guárico, Barinas, Portuguesa y Trujillo. El caso de Lara, sin estar en este último grupo, pude tenerse como en gran medida independiente de los designios del presidente Chávez.
Como otros analistas, Saúl Cabrera prevé que una cuenta nacional de los votos a favor de los candidatos no oficialistas será muy fuerte y sustanciosa.
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La presentación descrita fue precedida, no obstante, por unas palabras de apertura de Eduardo Fernández, el anfitrión. Son los rasgos resaltantes de esta campaña, dijo, el descarado y atropellante ventajismo electoral del gobierno nacional, las amenazas de guerra proferidas por el Presidente y las candidaturas inhabilitadas, y señaló que respecto de esto último faltó respuesta de la oposición.
Más allá de esta descripción, y antes, se refirió a la significación de las elecciones del 23 de noviembre. En orden inverso, al estilo parlamentario: destacó lo que esas elecciones representan para la calidad de vida de la gente que, a fin de cuentas, quiere toda el vivir bien aristotélico. Resaltó asimismo cómo son esas elecciones una más de las batallas entre la descentralización y el centralismo. Y resaltó mucho que estas elecciones pudieran ser una ratificación de los resultados del pasado 2 de diciembre, cuando una mayoría rechazó el despótico proyecto de reforma constitucional propuesto por el Presidente y la Asamblea Nacional.
Si uno se atiene a la consideración de esos tres significados, tiene sobreabundancia de razones para ir a votar. Esa triple y profunda significación constituye la razón para hacerse presente en la votación.
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Pero llegó a manos de doctorpolítico, por los caminos verdes de la correspondencia electrónica, un espectacular ejercicio de Datanálisis, un tour de force resumido en 63 láminas, que llevan por título “Escenarios Políticos 2009-2010”. (Datanálisis ha completado también un estudio compañero: “Escenarios Económicos: 2009-2010”).
Por acá pensamos que ese análisis valía la pena, y que contenía mucho valor agregado para la interpretación de la coyuntura y sus principales cauces de desagüe, cada uno con su propia dinámica. En consecuencia, se llamó a Datanálisis para obtener su autorización para referirse a ese su estudio, lo que se logró por amable gracia de sus autoridades. (Naturalmente, esta publicación prometió no abusar; que no pretendería siquiera mostrar un tráiler de la película. Tan sólo pescar una que otra de sus perlas; ya sabe doctorpolítico que se puede adquirir el estudio todo, que incluye un texto más completo y detallado, el que explica y enhebra la escueta información mostrada en las láminas, llamando a la empresa para pedir la ayuda de Rosario Gayol).
Tres son los escenarios considerados por Datanálisis para los resultados posibles del 23 de noviembre. En el escenario “Vienen por mí”, el oficialismo obtiene el 47,3% de los votos en suma nacional; los candidatos no oficialistas el 52, 7%, desdoblado en 44,1% para candidatos de partidos de oposición y 8,6% para candidatos disidentes del chavismo. Esta posibilidad rendiría ocho gobernaciones a la oposición: Carabobo, Cojedes, Miranda, Nueva Esparta, Sucre, Táchira, Yaracuy y Zulia. Otras tres gobernaciones no podrían ser controladas por el gobierno: Barinas, Guárico y Portuguesa, que quedarían en manos de candidatos disidentes. Es tal escenario, al educado criterio de Datanálisis, lo mejor que puede pasarle a quienes no apoyan a Chávez.
En escenario moderado, “Sin prisa y sin pausa”, se mantiene las tres gobernaciones disidentes pero las candidaturas de oposición no logran triunfar en Miranda y Yaracuy. En esta posibilidad, los no oficialistas suman nacionalmente una votación de 40,5%. (Oposición, 31,9%; disidencia, 8,6%). Los candidatos oficialistas alcanzarían casi 60% de los votos emitidos en todo el país. (59,6%).
Finalmente, una votación total de 69,6% para los candidatos gobiernistas dejaría un total de 30,4% para los no oficialistas (24,6% de oposición, 5,8% de disidentes), y conduciría al escenario de “Profundización de la revolución”. El gobierno tendría una base-pretexto suficiente para acelerar el tránsito de la ruta que se ha marcado. En este caso, sólo habría dos gobernadores disidentes (Barinas, Portuguesa) y una mezcla de sólo cinco gobernaciones en cabezas opositoras: Carabobo, Cojedes, Miranda, Nueva Esparta y Sucre. El escenario, de forma explicada en el informe completo, incluye el triunfo del gobierno en Zulia y, paradójicamente, la resurrección de la oposición (respecto del escenario intermedio) en Miranda.
Naturalmente, el ingreso del río del proceso en alguno de estos cauces disponibles depende de muchos factores. En conversación telefónica, el Dr. José Antonio Gil Yepes, Presidente de Datanálisis, explicó que si la oposición quiere lograr el escenario “más abierto” (Vienen por mí) deberá trabajar con denuedo en llevar los electores a votar, vigilar la cuenta de los votos y defenderlos. Una vez hecho eso, debe presentar la factura del triunfo; esto es, debe comunicarlo eficazmente, pues aquí el presidente Chávez ofrecería una vez más la interpretación de victoria pírrica o consistente en materia fecal. Por último, lo que a la larga importa más, administrar en beneficio de la gente, en los territorios estadales y locales ganados, las autoridades obtenidas.
Más allá de estas elecciones, un dato importante y reiterado determina la tarea política a mediano plazo. (Gil Yepes lo considera el dato fundamental, por el que las cuentas no le cuadran bien al gobierno). Sobre una base de 1.299 entrevistas, Datanálisis encuentra que 30,3% de esa muestra se define como pro gobierno, chavista u oficialista, y 19,2% como de la oposición o antichavista. La otra mitad de la torta está compuesta por 7,6% de quienes dicen no saber o prefieren no contestar la pregunta de ubicación política ¡y 42,9% de gente que está en el medio o no es de ninguno de los dos bandos! (Es muy interesante la presencia de este gran grupo en los varios rangos socioeconómicos. Es menor en la clase A/B, donde sólo 24,1% se aleja de los polos. En ese estrato, 55,2 % es antichavista y 17, 2% es chavista. Al otro extremo, en el estrato E, 38,2% apoya al gobierno y 13,1% lo rechaza; una grande porción de 40,2% no se identifica con ninguno de los bandos o se estima equidistante. Pero en las clases C y D crece este último grupo: es de 46,8% en la C y de 47,7% en la D).
Una y otra vez, se manifiesta un enorme segmento del mercado, casi una mitad que supera por trece puntos al que le sigue (el gobiernista) y permanece a la espera de un mensaje político fresco, que venga de actores con la misma cualidad.
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En un sistema político menos enfermo que el nuestro, las elecciones del 23 de noviembre se dirimirían localmente. Es el Presidente de la República quien ha empacado el asunto con envoltorio nacional, ante la alcahuetería del Consejo Nacional Electoral (su mayoría), que no logra encontrar nada censurable en su sectaria y ventajista intervención. Hay un sentido, pues, en el que la línea opositora debiera ser contraria, como en la práctica lo ha sido: se trata de asuntos estadales y locales. Cada ciudadano debiera preocuparse, tan sólo, de su municipio y su estado (en Caracas, también de la estructura metropolitana).
Vista la cosa de ese modo, quien escribe no tiene derecho a entrometerse en el proceso electoral del Municipio Salias, puesto que habita en el Municipio Sucre, y tampoco, dado que es residente del estado Miranda, en la discusión por la gobernación de Anzoátegui. (Por más tentador que sea atender el más gustoso de los chismes recientes: que Tarek William Saab, gobernador de la entidad, habría recibido en una de sus cuentas bancarias, según un ex canciller de Chávez, Luis Alfonso Dávila, un depósito por Bs. F 350.000, proveniente de una empresa contratista del estado).
Y si uno tuviera que aconsejar el voto de cualquier ciudadano con responsabilidad, debiera decirle que el criterio principal para decidir su voto no es otro que el de la buena vida aristotélica recordada por Eduardo Fernández, a la que tiene derecho. Tendría que dilucidar quiénes, entre los candidatos por los que puede votar, garantizarían mejor un buen gobierno para su propia comunidad. (No tendría autoridad moral nadie, ni del gobierno ni de la oposición, para venderle algún candidato que probablemente sea un pésimo gobernante).
Pero también debiera decírsele que, en igualdad de condiciones, si cree que los candidatos de ambos bandos pueden conducir los asuntos estadales o municipales con idoneidad, entonces debiera votar a favor del no oficialista, porque un concejal más para el gobierno refuerza sus posibilidades de extender su dominación, a todas luces abusiva y perniciosa en saldo neto. Entre otras cosas porque, como apuntara Fernández, un gobernador, un alcalde, o unos concejales que no respondieran a directrices del gobierno, serían mejor defensa de la descentralización del poder, cosa necesaria.
Sobre todo, habría que decirle que no deje de emitir su voto, que no se abstenga.
Al final de la jornada, por supuesto, no será lo importante la interpretación que ofrezcan de los resultados los líderes políticos de cada tienda, ni siquiera la que adelanten competentes comentaristas o encuestadoras. Será la interpretación que por su cuenta elabore el enjambre ciudadano lo que será decisivo. Por los vientos que soplan, es razonablemente probable que la conclusión a la que llegará el 70% de la población que no es chavista será que el gobierno habrá visto reducirse su dominación el 23 de noviembre de 2008. Esto será suficiente, por ahora.
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por Luis Enrique Alcalá | Nov 11, 2008 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Por estos días, unos cuantos irredentos regatean la significación de la elección de Barack Obama como cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Impedidos de negarla por completo, en vista de la oleada aprobatoria en todo confín del mundo, entresacan con pinzas los artículos más críticos para distribuirlos electrónicamente. Su líder máximo, por lo contrario, se ha sumado gallardamente al reconocimiento universal.
El presidente George W. Bush dirigió a su país, alrededor de las diez de la mañana del día 5 de noviembre, una breve y noble alocución que lo enaltece. Es la traducción de ese discurso el escueto contenido de esta Ficha Semanal #220 de doctorpolítico.
Además de llamarla victoria impresionante e histórica, Bush empleó algunas de las imágenes usadas por Obama en su discurso de la víspera en el Parque Grant de Chicago. Por ejemplo, que la nación se mueve como una sola, en dirección de una unión más perfecta, que se trata ahora de un período de cambio en Washington. Más aún, para acallar a quienes estiman peligrosa una presidencia de Obama, dijo Bush: “El gobierno de los Estados Unidos permanecerá vigilante para cumplir con su más importante responsabilidad: la protección del pueblo estadounidense. El mundo puede estar seguro de que este compromiso continuará firme bajo nuestro próximo Comandante en Jefe”.
Honrar honra, por supuesto. Así como fue elegante John McCain en la oportunidad de reconocer su derrota, la alocución de George W. Bush fue una lección universal de respeto democrático. Las posturas de Obama y Bush, evidentemente, son muy opuestas en muchos de los grandes temas del momento. Pero el presidente Bush se elevó por encima de las diferencias para dar, sin mezquindad, la bienvenida al cambio, aunque éste llegue para revertir, incluso tempranamente, muchas de sus decisiones más vistosas. Y el senador Obama dijo en la noche del 4 de noviembre: “Recordemos que fue un hombre de este estado quien primero portara el estandarte del Partido Republicano a la Casa Blanca, un partido fundado sobre los valores de la confianza en uno mismo, la libertad individual y la unidad nacional. Ésos son valores que todos compartimos. Y aunque el Partido Demócrata ha ganado esta noche una gran victoria, lo hacemos con una medida de humildad y la determinación de sanar las divisiones que han frenado nuestro progreso”.
¡Cómo hace falta esa clase en la Presidencia de la República de Venezuela, donde su titular es singularmente divisionista, mezquino, procaz y amenazante!
Ayer mismo la pareja Obama fue recibida en la Casa Blanca por la familia Bush. Antes de viajar a Washington, el Presidente Electo dejó personalmente a sus hijas en su colegio de Chicago. Las fotografías de la ocasión muestran a Obama de chaqueta casual y gorra de los Medias Blancas, la divisa de Oswaldo Guillén y Alfonso Chico Carrasquel.
LEA
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Honrar honra
Buenos días.
Anoche sostuve una cálida conversación con el Presidente Electo, Barack Obama. Le felicité y al senador Biden por su impresionante victoria. Dije al Presidente Electo que puede contar con la completa cooperación de mi administración en su transición a la Casa Blanca.
También hablé con el senador John McCain. Lo felicité por la campaña llena de determinación que él y la gobernadora Palin emprendieron. El pueblo estadounidense siempre estará agradecido por la vida de servicios que John McCain ha dedicado a su nación. Sé que continuará haciendo tremendas contribuciones a nuestro país.
Sin importar cómo votaron, todos los estadounidenses pueden estar orgullosos de la historia que ayer fue hecha. Por todo el país, los ciudadanos votaron en grandes números. Mostraron a un mundo vigilante la vitalidad de la democracia estadounidense, y las zancadas que hemos dado hacia una unión más perfecta. Escogieron a un Presidente cuya jornada representa un triunfo de la historia estadounidense: un testimonio de trabajo duro, optimismo y fe en la duradera promesa de nuestra nación.
Muchos de nuestros ciudadanos pensaron que no vivirían para ver ese día. Este momento es especialmente edificante para una generación de estadounidenses que fueron testigos de la lucha por los derechos civiles con sus propios ojos, y cuatro décadas después ven realizarse un sueño.
Ahora ha concluido una larga campaña, y nos movemos hacia adelante como una sola nación. Estamos embarcándonos en un período de cambio en Washington; sin embargo, hay algunas cosas que no cambiarán. El gobierno de los Estados Unidos permanecerá vigilante para cumplir con su más importante responsabilidad: la protección del pueblo estadounidense. El mundo puede estar seguro de que este compromiso continuará firme bajo nuestro próximo Comandante en Jefe.
Queda trabajo importante por hacer en los próximos meses, y continuaré conduciendo los asuntos del pueblo mientras este cargo permanezca bajo mi responsabilidad. Durante este tiempo de transición, mantendré al Presidente Electo plenamente informado de las decisiones importantes. Y cuando el 20 de enero llegue el tiempo, Laura y yo regresaremos a nuestro hogar en Texas con atesorados recuerdos de nuestro tiempo acá, y con profunda gratitud por el honor de servir a este sorprendente país.
Será una visión estimulante ver al presidente Obama, su esposa Michelle y sus hermosas hijas atravesar las puertas de la Casa Blanca. Sé que millones de estadounidenses estarán sobrecogidos de orgullo por ese inspirador momento que muchos han esperado por largo tiempo. Sé que la querida madre y los abuelos del senador Obama habrían estado encantados ver al hijo que criaron ascender las escalinatas del Capitolio y jurar que respetará la Constitución de la más grande nación de la faz de la tierra.
Anoche extendí una invitación al Presidente Electo y a la Sra. Obama para que vengan a la Casa Blanca. Laura y yo esperamos darles la bienvenida tan pronto como sea posible.
Muchas gracias.
George W. Bush
por Luis Enrique Alcalá | Nov 6, 2008 | LEA, Política |

Mientras todavía las colas de votantes no habían cesado en los Estados Unidos, discutí, atónito y amargamente decepcionado, con un venerado historiador venezolano, antaño izquierdista, que postuló como rasgo definitorio de la época el peligro de “la amenaza islámica” y consagró, como obra maestra de sabiduría política, la ocupación estadounidense de los territorios iraquíes. Argumentó que las torturas en Abu Ghraib y Guantánamo, las mentiras del gobierno de Washington, las decenas de miles de muertos, los millones de desplazados, eran sólo detalles, minucias que la historia futura olvidaría para retener lo que a su juicio era lo esencial: que los Estados Unidos habían sabido crear en Irak un foco para el control del mundo árabe.
Pero ayer un ingente proceso pacífico, civil y civilizado, fue mucho más histórico que la horrorosa guerra que George W. Bush y Dick Cheney desataron para saciar sus prejuicios y conveniencias. La elección de Barack Obama como Presidente de los Estados Unidos es ya, a un día escaso de haberse producido, históricamente mucho más trascendente que aquel desatino.
Los documentos históricos de los Estados Unidos conceden pedestal privilegiado a algunos entre sus discursos: el Farewell Address de George Washington; el de Abraham Lincoln en Gettysburg—that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth—; el inaugural de John F. Kennedy—Ask not what your country can do for you; ask what you can do for your country—y su discurso berlinés cuando un vergonzoso muro aún dividía la capital de los alemanes: Ich bin ein Berliner. El discurso que Barack Obama pronunciara antenoche, en el parque que Chicago dedicara a Ulises Grant, será igualmente canonizado.
Algunos concursantes tropicales por el papel de héroes pudieran medirse por la nobleza de su contenido, para desterrar de sus alocuciones la mezquindad y el resentimiento. Obama asumió el compromiso de gobernar también para aquellos cuyo voto, según sus palabras, debía “todavía merecer”, pues si no tuvo su apoyo escucha sus voces, y recordó dos veces al primer presidente republicano, el gran Lincoln, que como él salió del estado de Illinois, en mención genuinamente admirada de su partido, opuesto al suyo propio, y antes con la cita de su imperecedera definición de democracia.
Ante este portento de elocuencia, esta carta hace metamorfosis y hoy se transforma en ficha: reproduce su versión castellana del memorable discurso de Obama en la noche del 4 de noviembre. Hoy, persuadida de la perennidad de esa oración, la pluma de doctorpolítico descansa.
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