por Luis Enrique Alcalá | Feb 21, 2008 | LEA, Política |

Quien hasta hace no mucho se proyectara como la próxima Presidenta de los Estados Unidos, la senadora Hillary Clinton, ha sido derrotada por Barack Obama en las diez últimas confrontaciones primarias de ese país, y ya comienza a ser percibida por los comentaristas y hasta los propios electores como segura perdedora. El ímpetu alcanzado por la candidatura del senador por Illinois no da muestras de desaceleración, mientras el comando de Clinton procura fabricar explicaciones cada vez más débiles y huecas, en su afán por restar importancia al desempeño de quien pudiera ser el primer presidente negro de los Estados Unidos, a cuarenta años del asesinato de Martin Luther King.
La consigna general de Obama intenta proyectarlo como el “candidato del cambio”. (También han pasado cuarenta años desde que en Venezuela se propusiera: “Caldera es el cambio”, en lema de campaña que por fin lo llevó a la Presidencia de la República). Clinton critica a Obama con el argumento de que es puro discurso y cero hechos, argumentando que ella sí estaría preparada para el ejercicio del cargo desde el primer día. Esta línea de ataque, fuertemente asumida en los últimos días por el aspirante a Primer Caballero de los Estados Unidos, William Clinton, no parece hacer mella en Obama, a quien por primera vez las encuestas generales lo consideran triunfador.
La verdad es que hay al menos una diferencia clara entre Obama y la Sra. Clinton en un punto crucial de la conciencia política estadounidense: ella votó a favor de la invasión de Irak; él fue uno de los pocos que se opuso desde el inicio a la locura de esa guerra.
Obama ha sido igualmente criticado porque ha dicho que no tendría inconveniente en sentarse a dialogar con personajes como Mahmoud Ahmadinejad o Hugo Chávez, y este último está seguramente ligando que Obama prevalezca para recibir, por fin, una invitación a la Casa Blanca, si es que para entonces sigue siendo Presidente en Venezuela. (Clinton opinó que esa disposición de Obama revelaba su ingenuidad, pero contradictoriamente se quejó de que él faltara a la verdad al sugerir que ella no estaría dispuesta a reunirse con dictadores extranjeros).
En todo caso, Obama sigue cosechando delegados a la convención demócrata—ya sobrepasó a Clinton en la cuenta—, gana ventaja sobre ella en las encuestas y recoge más contribuciones en dinero. (La semana pasada los Clinton tuvieron que “prestar” cinco millones de dólares a su organización de campaña, mientras Obama reúne efectivo con facilidad creciente).
Parece, pues, lo más probable que Obama sea el abanderado demócrata y por ende llegue probablemente a la Presidencia de los Estados Unidos. Aunque disminuida, la senadora Clinton pudiera todavía hacer historia si aceptara acompañar a Obama como su compañera para el puesto de Vicepresidenta. De ese cargo, bajo su esposo, saltó Al Gore a la fama planetaria con una buena causa, y tampoco ha habido en los Estados Unidos una Vicepresidenta. Geraldine Ferraro es la única mujer en haberlo intentado, y si logró opacar fácilmente a Bush padre en los debates que sostuvieron, su compañero de fórmula, Walter Mondale, no logró superar la popularidad de Ronald Reagan.
Primer presidente negro; primera mujer en la Vicepresidencia. ¿Un ticket invencible? Al menos un verdadero cambio, ciertamente uno que el planeta necesita.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Feb 21, 2008 | Cartas, Política |

El caso de las acciones legales de la transnacional petrolera Exxon-Mobil—la más grande del mundo entre las privadas—contra PDVSA, en relación con la expropiación de sus activos en la antigua Operadora Cerro Negro (hoy Petromonagas), se perfila como de antología, casi digno de la Historia universal de la infamia que comenzara a escribir Jorge Luis Borges. Pero aunque Exxon-Mobil tiene una historia ética harto dudosa, es ahora el gobierno venezolano el infame, es PDVSA la empresa infame.
To be sure. La transnacional tiene un rabo de longitud brontosáurica que se extiende hasta los tiempos de su fundador, John D. Rockefeller, a quien no se le aguaba el ojo a la hora de volar líneas ferroviarias o extorsionar a competidores, a los que compraba para expandir lo que llegó en su tiempo a ser el monopolio petrolero más importante del mundo. (Paradójicamente, Rockefeller se destacó también como uno de los más importantes y generosos filántropos de la historia). La Exxon-Mobil—antes Exxon, antes Standard Oil de Nueva Jersey, antes, simplemente, Standard Oil—exhibe un récord nada envidiable en materia de irrespeto a los derechos humanos, irresponsabilidad ambiental y corrupción.
La revista Forbes, por ejemplo, decididamente partidaria del capitalismo—en 2005 aseguraba que el renunciado Fidel Castro tenía una fortuna superior a los 500 millones de dólares—encontró que Exxon-Mobil había entregado “cientos de millones” de dólares al régimen corrupto de José Eduardo Dos Santos en Angola a fines de la década de los noventa. La empresa habría obtenido de ese modo concesiones en casi 45 mil kilómetros cuadrados de costa angolesa, poniendo la mano a reservorios de petróleo estimados en 7.500 millones de barriles de crudo. Hace cinco años, la oficina federal estadounidense que se ocupa del control de activos extranjeros la acusó de prácticas ilegales de comercio con Sudán. En el mismo año de 2003 la oficina del Fiscal del Distrito Sur de Nueva York anunció que se había dictado sentencia de tres años y diez meses de prisión contra un alto ejecutivo de Mobil Oil Corporation, por la obtención de comisiones ligadas a la actividad de la empresa en Kazakstán y evasión de impuestos. (La sentencia incluyó la obligación de restituir a la administración del impuesto más de tres millones y medio de dólares). En relación con la corruptela rampante en ese mismo país, James Giffen, de la Corporación Mercator—un modesto banco neoyorquino, no la empresa agroindustrial—fue también acusado por corrupción montante a 78 millones de dólares, pagados al presidente Nursultan Nazarbayev para que Exxon-Mobil obtuviera una participación de 25% en el campo petrolero de Tengiz, el tercero más grande del mundo.
Luego, en lo tocante a derechos humanos, la empresa fue demandada en la Corte Federal del Distrito de Columbia en junio de 2001. Según la acción intentada, la Exxon-Mobil sería cómplice de abusos contra los derechos humanos, incluidos el asesinato, la violación y la tortura, en la provincia indonesia de Aceh. La compañía, a conciencia, habría auxiliado materialmente a fuerzas militares que presuntamente cometieron esos actos al reprimir el descontento civil en la región. Y en cuanto a su tratamiento a personal de tendencia homosexual, la empresa obtuvo una sobresaliente calificación de cero sobre cien en el Índice de Igualdad Corporativa en 2006.
Su récord ambiental no es menos tenebroso. Apartando su reprobable comportamiento en los casos de los derrames petroleros del Exxon Valdez (1989) y el ocurrido en Brooklyn a comienzos del siglo XX (desde una refinería de Standard Oil de Nueva York, Socony, más tarde Mobil Oil Corporation), demandado en 2007 por la Fiscalía del Estado de Nueva York, ha salido a la luz el financiamiento ofrecido por Exxon-Mobil a campañas contrarias a la opinión científica que alerta sobre el calentamiento planetario y su relación con la combustión de combustibles fósiles, así como contra el Protocolo de Kyoto. Esta práctica le ha valido la condena de la Royal Society, la academia de ciencias de Inglaterra. La Unión de Científicos Preocupados (Union of Concerned Scientists) publicó el año pasado un informe que asegura que la compañía aportó, entre 1998 y 2005, unos 16 millones de dólares a cuarenta y cinco organizaciones que disputan el impacto del calentamiento planetario. El informe acusa a Exxon-Mobil de emplear tácticas de desinformación similares a las de las compañías tabacaleras que pretendieron desacreditar el nexo entre el vicio de fumar y el cáncer de pulmón.
En suma, Exxon-Mobil no está gobernada por querubines.
………
Nada de lo que antecede, sin embargo, es pertinente al diferendo entre PDVSA y Exxon-Mobil, que en lugar de atenerse a un acuerdo con la petrolera estatal prefirió, como Conoco, recurrir al arbitraje internacional previsto en los contratos. Otras compañías que operaban en la Faja Petrolífera del Orinoco optaron por conformarse con el valor de libros de su inversión. Por ejemplo, Statoil, empresa noruega, cobró 266 millones de dólares por sus activos, la italiana ENI percibió 700 millones y la francesa Total recibió 834 millones.
Pero las norteamericanas no quieren conformarse con el valor en libros de sus activos, y pretenden un arreglo que los estime en términos de su valor de mercado. Al inicio de los contratos de las operadoras extranjeras en la Faja del Orinoco, el mercado pagaba alrededor de 15 dólares por barril; hoy el barril de petróleo obtiene el precio de 100 dólares. Naturalmente, la discrepancia que arrojan los dos métodos de calcular el valor de la inversión extranjera es muy considerable. Exxon-Mobil ha alegado que su petición—exitosa—de congelar activos de PDVSA hasta por 12 mil millones de dólares busca protegerla de la renuencia venezolana a reconocer el verdadero valor de su inversión en Cerro Negro.
En círculos internacionales se presume que, en el mejor de los casos para Exxon-Mobil, la empresa pudiera esperar a un resarcimiento de 6 mil millones de dólares. Declaraciones recientes de Rafael Ramírez mencionan una cifra no muy lejana a esta estimación. El Ministro del Poder Popular para Energía y Petróleo-Presidente de PDVSA ha manifestado tener en su poder documentos por los que constaría que la compañía demandante aspiraba obtener 5 mil millones de dólares por su participación en la operadora de capital mixto. Dijo Ramírez: “Tenemos documentos en donde Exxon estableció un techo de $5 mil millones, ni la mitad de los $12 mil millones solicitados para la congelación de activos”.
Pero la cosa no se limita a una declaración ministerial. Como se sabe, las acciones emprendidas por Exxon-Mobil han logrado obtener dos decisiones judiciales favorables: una, en los Estados Unidos, ha congelado en cuentas de efectivo de PDVSA la cantidad de 315 millones de dólares; otra, en Inglaterra, es la que impide que la compañía venezolana negocie activos hasta por 12 mil millones. Ya los abogados de la empresa estatal han quemado el cartucho de la aspiración inicial de 5 mil millones de dólares por parte de Exxon-Mobil, al emplear ese argumento en Nueva York ante la Corte Distrital de Manhattan. La jueza a cargo de esta corte ha sostenido el cuasi-embargo de los 300 y pico de millones de dólares, y los defensores de PDVSA se preparan para oponerse a la decisión londinense. En principio aspiran a que la medida que pesa sobre 12 mil millones de dólares de activos de PDVSA sea reducida, de nuevo, al nivel de los 5 mil millones que Exxon-Mobil decía le satisfarían. Esto es, de algún modo PDVSA pareciera resignada a que la gracia nacionalista le cueste, en el caso de Exxon-Mobil, unos cinco millarditos. Ya sabe que no podrá salirse de la suerte pagando solamente el valor en libros de 715 millones de dólares por el arrebatón de Cerro Negro.
………
Hasta aquí no hay nada infame. Es perfectamente normal que una empresa exija una cosa y su antigua socia quiera consentir en una cosa distinta. Es normalísimo el procedimiento de arbitraje, más aún cuando éste estaba previsto contractualmente. Es de lo más común que una parte adopte tácticas agresivas, aunque legales, cuando se sienta en peligro. No cabe rasgarse las vestiduras por las acciones emprendidas por Exxon-Mobil en contra de PDVSA, cuando son una respuesta a la emprendida previamente por PDVSA en contra de Exxon-Mobil. De hecho, ni siquiera puede entenderse bien el caso si se lo interpreta como un episodio aislado y restringido sólo a Venezuela. En los últimos dos años las transnacionales del petróleo han visto una mayor agresividad de las petroleras estatales; BP ha sufrido en carne propia este proceso contra sus actividades en Rusia, por ejemplo. La acción de Exxon-Mobil contra PDVSA lleva el piquete adicional de una señal inequívoca a otras naciones estatizantes, como Rusia, Bolivia o Venezuela: que las grandes compañías petroleras privadas han decidido defenderse.
La infamia—DRAE: 1. f. Descrédito, deshonra. 2. f. Maldad, vileza en cualquier línea.—comienza con la absurda politización de la disputa de la República de Venezuela con Exxon-Mobil. La primera reacción venezolana fue de sorpresa, y expresada hasta con cierta moderación. Esto, por supuesto, no podía durar mucho. En lo que canta un gallo la retórica presidencial llevaba las cosas adonde tenían que llegar: a la denuncia de una maniobra más del “imperio” contra la república heredera de Bolívar.
Hugo Chávez así lo hizo, y con característica fanfarronada amenazó a los Estados Unidos con suspender los envíos de petróleo de Venezuela a esa nación. Por unos días gravitó sobre el mercado petrolero mundial una preocupación que contribuyó a nuevos picos de aumento en los precios mundiales del barril de petróleo, y como las calificadoras de riesgo—Moody, Standard & Poor—manifestaron que no modificarían su valoración del riesgo-país de Venezuela por causa de las acciones emprendidas por Exxon-Mobil, pareció que Chávez iba ya encaminado a uno de sus más notables papeles teatrales. Como si fuese un paso preparatorio, PDVSA anunció que suspendía sus ventas de petróleo a Exxon-Mobil. (El petróleo que Exxon-Mobil compra a Venezuela equivale a 6% del volumen total que maneja).
Pero perro que ladra no muerde. A la semana justa de su baladronada, Chávez reculó vergonzosamente. En su último “Aló Presidente”, declaró con la mayor frescura: “Nosotros no tenemos planes de dejar de enviar petróleo a los Estados Unidos”. Naturalmente, ya había recibido explicaciones por las que se enteraba de que tomaría a los Estados Unidos no más de cuarenta días sustituir desde otras fuentes el suministro petrolero proveniente de Venezuela, mientras podrían cubrir el bache momentáneo con su más que suficiente reserva estratégica, que por algo la tienen. En cambio, el descalabro de las finanzas públicas venezolanas sería mayúsculo si PDVSA dejase de remitir petróleo a los Estados Unidos, y esto no parece ninguna buena idea en medio de un año electoral repleto de protestas de toda índole, que han incluido un emblemático asalto popular a un depósito de Mercal en nada menos que Sabaneta, la patria chica del prócer del siglo XXI. Por esto invita ahora Ramírez a Exxon-Mobil a regresar al arbitraje ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI, una dependencia del Banco Mundial, entidad frecuentemente vapuleada por Chávez).
Ahora bien, la infamia más destacada se ha escenificado en terrenos de la muy mediocre Asamblea Nacional. Todo género de improperios y acusaciones salieron a relucir en los “debates” consagrados a la consideración del litigio con Exxon-Mobil. Según más de un diputado, habría que enjuiciar a funcionarios y políticos de la “Cuarta República”, sobre todo porque habrían permitido la vergonzosa renuncia de nuestra soberanía al someter los contratos de la “Apertura Petrolera” al arbitraje que Ramírez ahora acepta. El Día de los Enamorados el mismo Ramírez se había quejado de las rondas de negociación de la “Apertura” en intervención especial ante la Asamblea Nacional: “En las distintas rondas se estableció la figura del arbitraje para resolver las controversias entre las partes. En la primera ronda se estableció el arbitraje pero en el territorio nacional; en la segunda, el arbitraje en territorio nacional pero de acuerdo a las normas de la Cámara Internacional de Comercio; y ya en la tercera, se había establecido el arbitraje internacional en los asuntos que tuviesen que ver con disputas entre las partes, entiéndase, entre las partes privadas y Petróleos de Venezuela”.
Aleccionados así por el Ministro-Presidente de PDVSA, los diputados pasaron a declarar la traición a la patria que habrían perpetrado los negociadores venezolanos de la época. Sin embargo, parecían no estar advertidos de la peor traición de la mismísima PDVSA roja-rojita, que tan recientemente como en marzo del año pasado emitió papeles de deuda cuyo prospecto declaraba: “El contrato estipulará que las Notas serán gobernadas e interpretadas con arreglo a las leyes del Estado de Nueva York”. Y también: “El Emisor ha consentido a la jurisdicción no excluyente de cualquier tribunal del Estado de Nueva York o de cualquier corte federal de los Estados Unidos en Manhattan, Ciudad de Nueva York, Nueva York, Estados Unidos, o cualquier corte de apelaciones del mismo lugar, y ha renunciado a cualquier inmunidad de la jurisdicción de tales cortes respecto de cualquier demanda”. Y más aún: “El Emisor renunciará a tal inmunidad y acordará no ejercer, por vía de proposición, como defensa o cualquier otra forma, en cualquier demanda, acción o procedimiento, la defensa de inmunidad soberana o cualquier otro alegato que no esté personalmente sujeto a la jurisdicción de los tribunales arriba mencionados por razón de inmunidad soberana u otra causa, o sostener que es inmune a cualquier proceso legal”.
¿Qué tal? ¿No sería Rafael Ramírez, junto con toda la Junta Directiva de PDVSA, convicto evidentísimo de traición a la patria? ¿No sería él el primero que debiera ser puesto preso por tan horrible y antipatriótico delito? ¿Y que hay que decir de su jefe inmediato, perfectamente consciente de esa renuncia flagrante a la soberanía de Venezuela?
………
Las contradicciones del régimen chavista son cada día más evidentes. La pobreza argumental del gobierno es absolutamente obvia y, mientras crece el descontento nacional, muy marcadamente entre sus antiguos partidarios, en el escenario internacional crece su ridículo. Hasta quienes le serían ideológicamente afines le reprochan su habladera de pistoladas. La Izquierda Nacional Argentina—que se daba el lujo de criticar a Fidel Castro en 1966 (Ficha Semanal #182 de doctorpolítico, 19 de febrero de 2008)—ha enrostrado a Chávez, hace tres días, su inconsistencia (desde el punto de vista revolucionario): “El presidente venezolano suele aconsejar estudiar los escritos y la práctica de los revolucionarios del siglo XX. Sin embargo parece pasar por alto que todas las revoluciones que desde octubre de 1917 intentaron abrirse camino en dirección al socialismo, partieron de un acto fundacional: la nacionalización de la tierra, del sistema bancario, de la gran industria y del comercio exterior, es decir de la expropiación de la burguesía y la instauración de una dictadura revolucionaria. En Venezuela nada de esto está contemplado en el programa bolivariano. Chávez proclamó el objetivo socialista luego de la contundente victoria electoral en diciembre de 2006. Desde entonces los avances más importantes consistieron en nacionalizaciones, bajo la forma de compras a las multinacionales de una parte del paquete accionario, en las áreas de los hidrocarburos, la electricidad y las comunicaciones, operación que dejó al Estado en situación de socio mayoritario. El camino elegido parece ser el de una coexistencia con el capitalismo, mientras se consolida un área de economía social, con el Estado jugando un papel de contralor en el proceso de acumulación”.
Antes había observado respecto de su derrota del pasado 2 de diciembre: “Casi tres millones de abstenciones no están indicando el retraso de la base respecto al ritmo que le ha impuesto el gobierno al proceso de transformaciones. Parecen más bien expresar el descontento y el malestar de una parte del movimiento chavista ante las limitaciones, vacilaciones y contradicciones de la dirección bolivariana para resolver los problemas de fuerte impacto popular como el desabastecimiento, el aumento constante del costo de vida, la inseguridad y la corrupción de la burocracia; en definitiva para imprimir un giro radical a las tareas nacional-democráticas, tales como la expropiación de los corporaciones monopólicas causantes de la especulación, o la democratización del aparato estatal, controlado por un funcionariado conservador, encargado de desvirtuar o bloquear las mejores medidas del gobierno. Sin embargo, Chávez, que contaba desde febrero de 2007 con poderes especiales para legislar por decreto durante 18 meses, además de mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, no los utilizó para abordar los problemas vitales que gravitaban pesadamente sobre la situación de las capas más desprotegidas. Los aplicó, en cambio, para indultar a los golpistas de abril de 2002 luego de conocidos los resultados del 2 de diciembre, inclinándose en favor del ala reformista de su movimiento. Asimismo, dispuso la liberación de los precios de algunos alimentos básicos y formuló un llamado a la reconciliación de los venezolanos”.
En suma, ahora que Fidel Castro se retira desde el borde de la tumba, le va a costar mucho a Hugo Chávez la pretensión de erigirse como su sucesor. La izquierda latinoamericana más radical sabe ya que no es más que un aguajero.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Feb 19, 2008 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Uno de los espejismos más comunes en la conciencia política es el del aparente monolitismo del campo del contrario, sobre todo si se trata de opositores de afinidad marxista. La deformación perceptual es más aguda en los que ocupan el extremo opuesto, esto es, en gente de extrema derecha. Basta que exista una institución como el Foro de Sao Paulo para que quiera verse en las acciones políticas de las miríadas de organizaciones izquierdistas de América Latina la expresión de un plan único secreto, contra el que sería necesario alzarse de urgencia para anularlo con, por ejemplo, alguna nueva manifestación “pacífica, democrática y constitucional” que en verdad es un golpe de Estado militar. (¡Ni un día más!, artículo de Alejandro Peña Esclusa. El autor dice: “Hay mucha gente dispuesta a salir la calle, para exigir pacíficamente un pronto cambio de Gobierno. Cuando eso ocurra, se repetirá la crisis militar del 2D. Las Fuerzas Armadas optarán por convencer a un sólo hombre de aceptar la voluntad popular, antes que reprimir injusta e ilegalmente a miles de venezolanos”. Antes, premunido de su última teoría conspirativa y en estilo machacón, desvaloriza el logro democrático del 2 de diciembre: “Ese día no hubo un triunfo electoral, sino una gravísima crisis militar. Las Fuerzas Armadas detectaron que, si el CNE anunciaba la victoria del Sí, el pueblo saldría masivamente a la calle para hacer valer su voluntad. Así que prefirieron presionar a un sólo hombre—Chávez—antes que reprimir injusta e ilegalmente a miles de venezolanos”).
Pero lo cierto es que los seres humanos encuentran el modo de disgregarse dentro de cualquier ideología. Bastaría para demostrar esto la emergencia pública reciente de una crítica muy fuerte a Hugo Chávez, que proviene de las filas de la izquierda continental y hasta de adentro de su propio patio. Un caso importante es la crítica que de él hace la Izquierda Nacional argentina, puesto que ya no se trata de un teórico inmigrado como Heinz Dieterich, sino de una organización política que nació en 1945, con el advenimiento de Juan Domingo Perón al poder.
Y es que Izquierda Nacional, de inclinación trotskista, se permite criticar al mismísimo Fidel Castro, y no de ahora, sino de pocos años después del inicio de la Revolución Cubana. La agrupación publicó en marzo de 1966 una crítica abierta a Fidel Castro y su discurso de clausura de la Tricontinental de La Habana. (La Izquierda Nacional responde a Fidel Castro: Cuba, la URSS y la revolución de América Latina). Naturalmente, la crítica es de un marxismo a otro, pero es que marxismos hay tantos como sectas protestantes, realidad que no cabe en cabeza de Peña Esclusa y quienes como él razonan.
La Ficha Semanal #182 de doctorpolítico reproduce la primera parte del documento mencionado de la Izquierda Nacional argentina, escrito en el argot tan particular que es el marxismo que, más que una ideología, es verdaderamente una metafísica.
LEA
…
Respuesta a Fidel Castro
La experiencia cubana
En su discurso clausurando la Conferencia Tricontinental de La Habana, Fidel Castro profirió cargos, acusaciones y amenazas que redefinen la situación política del gobierno cubano, gravitan negativamente sobre los intereses de la revolución latinoamericana, y obligan a una respuesta del socialismo de la izquierda nacional.
Nuestra posición frente a la República Socialista de Cuba se ha fundado y se funda en el principio de la defensa incondicional del Estado Obrero. Calificamos al actual régimen de Cuba, cualesquiera sean sus capitulaciones y sus yerros, como un régimen obrero en marcha hacia el socialismo, y objetivamente, como parte indisociable de la revolución nacional latinoamericana.
Hemos dicho que la experiencia de Cuba, con sus derroteros peculiares, confirma la teoría marxista de la revolución permanente, es decir, que en la época del imperialismo, las revoluciones democráticas, antifeudales y nacionales de las colonias y semicolonias, no pueden aspirar a consolidarse en una etapa “democrático-burguesa” pura, bajo frentes de clases “nacionales” o “antifeudales” en que el proletariado juegue una función subordinada, y con ideologías y jefaturas políticas que sólo aspiren a un “capitalismo soberano” y a una justicia social retributiva. Por el contrario, cualesquiera sean las formas iniciales que asuma el proceso revolucionario, su consolidación y triunfo dependen de la conquista de la jefatura revolucionaria por la clase trabajadora y por un partido socialista y revolucionario. Esto no implica desconocer el “frente único antiimperialista” ni proclamar e! “socialismo puro”, sino definir, conforme a la experiencia histórica, la correlación concreta entre las clases en lucha más o menos consecuente con el imperialismo y los feudales.
Poder obrero y frente único
La revolución cubana, su obligado desenvolvimiento desde la etapa democrático-agraria a la etapa socialista, sin solución de continuidad, asumiendo un carácter a la vez sucesivo y combinado, volvió a corroborar el valor de esta estrategia, no desmentida (como afirmaría la ignorancia) por la táctica de frente nacional aplicada en el Vietnam, sino en cuanto ésta, durante ciertos periodos (tal como lo reconocieran las propios líderes vietnamitas, como el General Giap) incurrió en desviaciones derechistas, frenando la revolución agraria por consideración a los aliados. Añadamos que esta desviación se produjo, primordialmente, por la presión política del gobierno soviético y del Partido Comunista Francés, inficionado de “social imperialismo” metropolitano.
El camino indonesio
La revolución cubana en suma, contrasta con la experiencia catastrófica del Partido Comunista indonesio, cuyo índice masivo de afiliación, cuantía de recursos, control de la dirección sindical, medios incalculables de difusión, ascendencia en las Universidades, participación gubernativa e influencia sobre importantes núcleos de las fuerzas armadas, no le salvaron de ser barrido por la reacción nacionalista de derecha e imperialista, por su confianza precisamente, en la estabilidad del régimen “democrático burgués” de Sukarno, su “gradualismo táctico”, y su indefensión política y militar.
Quien, como Fidel Castro, conoce de qué modo dos docenas de sobrevivientes de un desembarco pueden llegar a derrocar un régimen muñido de todos los poderes, tendrá motivo para preguntarse cómo es que —según informan las agencias y según expresó Castro mismo en su discurso— 100 mil comunistas indonesios fueron asesinados por la reacción alevosa, incluida la plana mayor del partido y su secretario general Aidit. No habrían muerto si hubiese habido batalla, como no mueren de ese modo en el Vietnam frente al ejército más poderoso de la tierra.
Nuestra defensa de Cuba
Fidel Castro rindió homenaje a las 100 mil víctimas, pero nada dijo de la política responsable de esa catástrofe. Perdió la oportunidad, por ejemplo, de marcar a fuego a quienes propugnan gobiernos “de amplia coalición democrática” para cubrir la “etapa” de lo “revolución democrático-burguesa”. Fidel Castro, por el contrario, empleó la mitad de su discurso de clausura en atacar… al trotskismo, cuyas “desprestigiadas teorías” han dejado de ser un simple “error” de una tendencia de la clase obrera, para convertirse (oh, manes de Stalin, Beria y Vishinsky) en una “agencia del imperialismo”.
Podría señalársele a Fidel Castro que lo que salvó su cabeza y salvó a su movimiento fue su capacidad, que es su gran mérito histórico, para no enfrentar inerme el terror represivo de Batista, y su capacidad para cruzar el Rubicón de la mera revolución agraria, combinándola con las primeras etapas de la revolución socialista. Castro no lo ignora, pues lo ha vivido; mas no puede decirlo pues tendría que admitir que ese proceso sólo se explica a partir de la teoría marxista, actualizada por Trotsky, de la revolución permanente. Y Castro no se había propuesto hablar sobre los responsables políticos de las cien mil víctimas indonesias, sino contra… los “trotskistas”.
De nuestra solidaridad con la revolución cubana no hemos hecho, los socialistas de la izquierda nacional, un pingüe negocio de turismo revolucionario, ni un fetiche de cretinos románticos, ni una argucia para evadir la realidad argentina. Hemos ridiculizado y desenmascarado a quienes sacaban patente de revolucionarios en Cuba para encubrir su cipayismo y su antiperonismo gorila aquí. Cuando el imperialismo yanqui lanzó sus mercenarios sobre Bahía de los Cochinos, nuestra prensa —en aquel entonces el semanario “Política”— fue la primera en salir a la calle denunciando al agresor y solidarizándonos con el agredido. Dijimos entonces que, al defender su isla, pueblo y gobierno cubanos defendían con su honor, nuestro honor; con su pan, nuestro pan; con el porvenir de sus hijos, el porvenir de nuestros hijos. Y que esa batalla se inscribía en la misma tradición heroica y libertadora de Maipú y Ayacucho, de Junín y la Vuelta de Obligado.
Unidad, no sujeción
Esto decíamos en “Política” al par que, como siempre, reservábamos nuestra independencia crítica (como derecho y deber de revolucionarios) para juzgar y opinar acerca de la política y concepciones del movimiento cubano y de sus líderes, principalmente en lo que afectase al destino de Latinoamérica y sin admitirle a nadie el derecho de interferir sobre la conducción revolucionaria en cada país como, adelantémonos, ha interferido Fidel en su discurso, al atacar (previa digitada exclusión de la Conferencia) a los revolucionarios de la guerrilla guatemalteca.
“Pruebas” y “testimonios”
¿Sobre qué fundamenta Fidel Castro su ataque “a los trotskistas”? Sobre consideraciones circunstanciales del periodista Adolfo Gilly, quien escribe a titulo individual y con más competencia y rectitud (suponemos) que el otrora complaciente biógrafo de Castro, Jules Dubois. Sobre declaraciones de “un ex secretario mexicano” de León Trotski, quien afirmó que Ernesto Guevara había sido liquidado en Cuba. Sobre opiniones vertidas por el órgano poumista español (editado en Francia) “La Batalla”. Sobre afirmaciones de algún órgano que responde a un enigmático Buró Latinoamericano de la IV Internacional al que dice pertenecer el periódico “Voz Proletaria” editado en la Argentina.
Los “trotskistas” de Castro
Castro no ignora que la entidad denominada “los trotskistas” es tan ambigua y difusa como para no ser absolutamente nada. Pero tampoco ignora que un periodista competente y, por lo que sabemos, sin partido, que fue durante dos años su huésped en la isla y escribió con sus aciertos y sus errores buenas crónicas, quizás las mejores, sobre, la revolución cubana; un ex secretario, hace 25 años, de Trotski; un órgano poumista; y un buró fronterizo (no en sentido geográfico sino psiquiátrico, como se revela a la menor lectura de “Voz Proletaria”), no son “los trotskistas” a quienes puede localizar, si lo desea, en el Secretariado Internacional de la IV Internacional que funciona en París, o, más cerca, en el Socialist Worker Party norteamericano, cuyo periódico, “The Militant”, es el único semanario que ha defendido consecuentemente a Cuba revolucionaria, no en Praga ni en Estambul, sino en las entrañas del monstruo, en la ciudadela del imperialismo. Castro quizás ignore que Wildebaldo Solano, director de “La Batalla”, dirigió la única organización revolucionaria durante la guerra civil española que sostuvo intransigentemente la lucha por el poder obrero y contra el frente popular. Este “agente imperialista”, para emplear la expresión englobadora de Fidel Castro, dirigía las juventudes del POUM, las Juventudes Comunistas Ibéricas, que rompieron con el POUM cuando éste capituló ante el frente popular.
Para hablar en términos actuales, fueron las Juventudes Comunistas Ibéricas la única organización leninista consecuente, la única que pidió para la revolución española el camino recorrido por Castro, 20 años después, en Cuba, permitiéndole librar a su movimiento del destino trágico de España… y de Indonesia. De los tres secretarios generales de aquella juventud, uno murió en el frente de Madrid; otro, en los sótanos de la G.P.U.; el tercero, Wildebaldo Solano, mantiene las banderas de lucha. ¿También es un agente imperialista este héroe del proletariado español? ¿Fueron agentes imperialistas los héroes de las Juventudes Comunistas Ibéricas?
Sus huéspedes trotskistas
Castro quizás ignore ésta y otras historias. Pero hay una cosa que no ignora, dónde están los trotskistas, pues los trató y frecuentó quizás más asidua, y con seguridad más recientemente, que los socialistas de la izquierda nacional, quienes preferimos reducir a lo indispensable nuestro… “universalismo”, porque tenemos mucho que cumplir en donde estamos y de donde somos. Y para probar con un solo ejemplo nuestra afirmación, bástenos recordarle el caso más notorio, el del secretario general de la IV Internacional, Mandel-Germain, quien no sólo fue huésped agasajado de Cuba, sino que participó en la polémica sobre industrialización y motivaciones de la productividad entablada entre el comandante Guevara y el no marxista (pero favorito de los agentes soviéticos) Bettelheim a quien llegó a pulverizar, literalmente, en una mesa redonda televisada.
Esto dio a Mandel-Germain un resonante prestigio en Cuba, lo que no extrañará a nadie que conozca, por ejemplo, su reciente “Tratado de Economía Marxista”. Porque Castro no lo ignora, es que sostenemos que su “equivocación” constituye una agachada. En realidad, sus tiros van a otra parte, que no son “los trotskistas”, cuya fuerza minúscula, dispersa e irrelevante volvería desproporcionado más allá de todo asombro un ataque que cubre la mitad del discurso de clausura de la Tricontinental.
Guevara: Castro no explica
Pero acabamos de citar a Ernesto Guevara. No es cuestión de su muerte sino de su vida. Y de la vida política cubana, de la que Guevara ha desaparecido. Castro podrá explicar que el paradero de Guevara es cierto, aunque secreto, y cualesquiera sean nuestras aprehensiones, su afirmación nos obliga, sus palabras hacen mérito en nuestro ánimo.
Pero Castro no explica este hecho no menos fundamental: que la desaparición del comandante Guevara de la vida política cubana implica el cierre de una discusión entablada, impuesta por los hechos, sostenida por declaraciones inequívocas. La tesis recientemente sostenida por la prensa imperialista de un Guevara “chinófilo” enfrentado a un Castro “soviético” es falsa, por lo menos con relación a Guevara.
Precisamente, en su viaje último, éste chocó con los dirigentes chinos en Pekín, cuando los dirigentes chinos le reprocharon, unilateralmente, que Cuba se había limitado a una “defensa moral” de la revolución vietnamesa. Guevara les replicó, con absoluto derecho: “La misma defensa moral que nosotros obtuvimos de los camaradas chinos cuando la crisis de los misiles en Cuba”.
Carpetazo burocrático
Posteriormente Guevara pasó por Argelia y allí pronunció el conocido discurso en el cual enjuicia, en forma apenas velada, la política nacionalista de la burocracia soviética. En su renuncia a los cargos y a la ciudadanía cubana, afirmará después su identificación en materia de política exterior con Fidel Castro, lo que no puede borrar el discurso de Argelia, al par que deja pendiente la polémica interna, por lo menos en lo relativo a la conducción económica. Uno y otro aspecto se cortan de cuajo con el retiro de Guevara, y a eso sigue un golpe de timón a la derecha, el terrorismo burocrático que resucita las infamias criminales del “trotskismo contrarrevolucionario”, el arroz chino, los chinos “sirviendo” con sus actitudes la política imperialista yanqui.
Esta supresión burocrática de una discusión abierta por el desarrollo mismo de la revolución cubana, el monolitismo administrativo y asfixiante, denotan con harta evidencia la mano de la burocracia soviética, su método, sus modelos, sus intereses, su nudo corredizo.
El lenguaje de Beria
Nuestras aprehensiones sobre la suerte personal del Che, que sepultamos ante la afirmación terminante de su compañero de armas más directo, provienen de que ese compañero, en el contexto mismo en el cual la reitera, saca a relucir la jerga de Stalin y de Beria, la fórmula del trotskismo que ha dejado de ser una tendencia, aunque errónea, del movimiento obrero, para convertirse en una agencia del imperialismo. Con esa fórmula se montaron los procesos de Moscú, cuyas víctimas están siendo hoy rehabilitadas. ¡Y esas víctimas eran las cuatro quintas partes de los dirigentes del Partido Bolchevique de 1917! Con esa fórmula se exterminó a miles de revolucionarios durante la guerra civil española.
En la actualidad, los dirigentes soviéticos acusan de “trotskistas” a los dirigentes chinos y, en general, a quienes enfrentan de algún modo la política revisionista y capituladora de la llamada “coexistencia pacifica”, a la que no adhirió precisamente Ernesto Che Guevara. Fórmula tan elástica, pues, tiende un puente entre una política revolucionaria y la calidad de agente del imperialismo, puente nada académico pues, como es lógico, en plaza sitiada a los agentes del imperialismo les espera el pelotón de fusilamiento.
Viraje a derecha
Sí, creemos —puesto que lo ha afirmado tajantemente— que el comandante Guevara no ha seguido la suerte de los bolcheviques leninistas entre 1931 y 1938. Pero también creemos que Fidel Castro, al promover o tolerar la supresión de Guevara del escenario cubano, y al resucitar infaustamente el repertorio ideológico del verdugo Stalin, ha introducido los métodos del terrorismo, el monolitismo burocrático y la brutalidad más desmoralizante en su país y en el movimiento revolucionario latinoamericano, y que lo ha hecho capitulando ante la burocracia soviética, que tolera a Cuba a condición de separarla de Latinoamérica, y se empeña en congelarla para que no perturbe su idea fija de un “acuerdo” de “coexistencia pacífica” con el imperialismo norteamericano.
La Izquierda Nacional
por Luis Enrique Alcalá | Ene 31, 2008 | LEA, Política |

A pesar de los desmentidos, tanto Colombia como los Estados Unidos toman muy en serio los más recientes ladridos de Hugo Chávez, quien asegura que esos dos países preparan una acción bélica contra Venezuela.
El Instituto de Estudios Estratégicos es el think tank del ejército estadounidense para el análisis y la investigación en asuntos geoestratégicos y de seguridad, y es un complemento a su War College y su apoyo analítico y el del Departamento de Defensa de ese país. Como tal prepara estudios pertinentes a estos campos y publica una buena parte de los mismos.
En agosto de 2007, antes de que Hugo Chávez acusara a Álvaro Uribe de nada, el instituto aludido publicó un estudio que lleva el siguiente título: La nueva realidad de la seguridad en América Latina. El conflicto asimétrico irregular y Hugo Chávez. En el sostiene Max G. Manwaring (Profesor de Estrategia Militar y Titular de la Cátedra de Investigación General Douglas MacArthur del Colegio de Guerra del Ejército de los Estados Unidos) esta compleja afirmación: “Chávez argumenta que la liberación, el Nuevo Socialismo y el Bolivarianismo (el sueño de un Movimiento Latinoamericano de Liberación contra la hegemonía de los EE. UU.) sólo podrá lograrse mediante (1) el cambio radical de la política tradicional del estado venezolano por la de una democracia ‘directa’ (totalitaria), (2) la destrucción de la hegemonía norteamericana en toda América Latina a través de (3) la conducción de una ‘Super-Insurgencia’ irregular y asimétrica, o ‘Guerra de Cuarta Generación’ para deponer al ilegítimo enemigo externo y (4) la construcción de un nuevo estado bolivariano, comenzando por Venezuela y extendiéndose a toda América Latina”.
Manwaring—qué nombre tan apropiado—aunque fonéticamente próximo a manguareo no manguarea. El profesor de estrategia militar no cree que esa formulación de objetivos sea la parla de un loco. Por lo contrario, cree que se trata de “la retórica de un individuo que cumple la función leninista-maoísta tradicional y universal de proveer una visión estratégica y el plan operativo para adquirir poder revolucionario”. Manwaring estima que Chávez provee “a líderes políticos—populistas y neopopulistas, nuevos socialistas, revolucionarios desilusionados, oposicionistas y nomenklaturas sumergidas en todo el mundo—un modelo marxista-leninista-maoísta relativamente ortodoxo y sofisticado para la conducción y puesta en práctica de una ‘Super-Insurgencia’ irregular”.
Lo más revelador del estudio, sin embargo, es la evaluación que su autor pone en la sinopsis: “…esta clase de guerra es el único tipo de conflicto que los Estados Unidos hayan perdido alguna vez”. Manwaring alude, obviamente, a la Guerra de Vietnam, coincidiendo con Chávez en la imagen que ambos consideran apropiada.
A lo mejor es esa debilidad admitida la que Chávez busca explotar.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Ene 31, 2008 | Cartas, Política |

Uno tiene que imaginar aquellas reuniones semanales del Comité Nacional de COPEI, o del CEN (Comité Ejecutivo Nacional) de Acción Democrática considerando, como punto primero del orden del día, cómo fregar a los venezolanos, para que fuese cierto que la condición del pueblo antes de Chávez fuera el resultado de una intencionalidad reprobable en los actores políticos que entonces predominaban. Tal descripción es, naturalmente, absurda; puede decirse que los miembros de ambos cuerpos colegiados tenían un interés en ser personas influyentes y poderosas, pero no es cierto que procuraban serlo a costa del bienestar de los venezolanos.
Uno tiene que imaginar que un día a la semana se reúnen en el Caracas Country Club una o dos docenas de los hombres más ricos del país para “excluir”—DRAE: Quitar a alguien o algo del lugar que ocupaba. Descartar, rechazar o negar la posibilidad de algo—, concreta y operacionalmente, a las “mayorías excluidas” del país. No hay tal propósito consciente en las personas adineradas de esta nación.
A pesar de cosas tan evidentes, se admite sorprendentemente, en el lenguaje político común, que hay mayorías excluidas del progreso por élites egoístas (capitalistas salvajes) y que la baja calidad de la política prechavista se debía a acciones intencionales por parte de los dirigentes de ella en connivencia con las primeras. Hasta centros de investigación de la pobreza que son sostenidos por mecenas privados hablan de “exclusión” para referirse a la causa de una patológica distribución de la riqueza en Venezuela. (El llamado Proyecto Pobreza, de la Universidad Católica Andrés Bello, por ejemplo, produce documentos con títulos como “Estado y exclusión social”).
………
En la psicología de la cognición frame (marco) es un conjunto conceptual asociado con alguna idea, con alguna palabra, y que la acompaña en su combinación con otras palabras o ideas. Por ejemplo, la palabra “alivio” tiene un marco conceptual asociado a ella: con el fin de dar alivio a alguien es preciso que haya una aflicción y una parte afligida y una parte que la alivie, que quite el daño o el dolor. Quien alivia es un héroe. Quien quiere impedirle es un villano, puesto que quiere que la aflicción siga. (Toda esa información se conjura con el uso de esa sola palabra). Si ahora se combina con la palabra “fiscal”, para constituir la frase “alivio fiscal”, se dice con ella que el impuesto es una aflicción. Con esa metáfora, quien libere del impuesto es un héroe y quien trate de detenerlo un hombre malo. De modo que, si se generaliza el uso de la expresión “alivio fiscal”, con eso se generaliza la aceptación del marco conceptual descrito. (Ejemplo del profesor George Lakoff, de la Universidad de California en Berkeley. En entrevista registrada el 15 de enero de 2004 en BuzzWatch—Inside the Frame—, Lakoff describe así el sinuoso procedimiento lingüístico: “Desde el primer día de Bush en el poder, el lenguaje proveniente de la Casa Blanca cambió por completo. Los boletines de prensa cambiaron. Una de las nuevas expresiones fue ‘alivio fiscal’. Evoca todas esas cosas: que los impuestos son una aflicción de la que debemos librarnos, que hacer eso es heroico, que quienes tratan de impedir esta cosa heroica son malos. Los boletines de prensa se enviaron a todas las televisoras, a todos los periódicos, y pronto los medios comenzaron a usar la expresión ‘alivio fiscal’. Esto pone allí un cierto marco: un marco conservador, no un marco progresista. Pronto una buena cantidad de gente estaba usando la expresión ‘alivio fiscal’ y antes de darse cuenta los demócratas comenzaron a usar la expresión ‘alivio fiscal’ y se dieron un tiro en el pie”).
Lo mismo ocurre con la palabra “exclusión”. Al decirla se implica por ella que hay alguien que no está donde debiera porque hay otro que lo impide, que lo “excluye”. De alguna manera hemos aceptado colectivamente esta explicación de la pobreza venezolana; por lo menos, no hay una refutación activa del “marco” usualmente evocado por ese concepto de exclusión, ni siquiera suficientemente por parte de quienes son acusados de ser los perpetradores de ella.
A partir de tan lamentable forfeit, se construye la noción de que los ricos de este país son culpables de la pobreza de la mayoría. Ellos procurarían activamente la pobreza de los muchos. “Ser rico es malo”.
La verdad es que está en el interés empresarial, principalmente, que la mayoría de los habitantes de un país disfrute de ingresos sustanciosos, capaces de sostener un nivel de consumo que signifique ventas altas y ganancias también altas. Cualquier empresario que buscase activamente que aumentara la pobreza de la sociedad en la que actúa sería un suicida.
Pero el pensamiento marxista o marxistoide sostiene, justamente, que los empresarios, los ricos, son estos kamikazes de la economía, y que se suicidan todos los días, como en harakiri reiterado, en el seno de templos especiales que conocemos con el nombre de empresas. Sería en ellas, principalmente, donde se lleva a cabo la exclusión que produce la pobreza que, a su vez y a plazo más bien breve, terminaría por matar al empresario. El análisis “científico” del marxismo reside principalmente en El capital de Carlos Marx, cuyo objeto de estudio fundamental es la “plusvalía”, o el “robo” que el patrono haría al obrero como único creador del valor económico. (A estas alturas del siglo XXI hay todavía quienes creen que el análisis de Marx es científico. Así, por caso, ha opinado el general retirado Raúl Isaías Baduel, en su discurso de despedida de su actividad militar del 18 de julio del año pasado: “En el Aló Presidente del 27 de marzo de 2005, el Señor Presidente Chávez indicó, cito: ‘el Socialismo de Venezuela se construiría en concordancia con las ideas originales de Carlos Marx y Federico Engels’ fin de la cita. Reiterando lo que al respecto he mencionado en una oportunidad anterior, si la base para la construcción del Socialismo del Siglo XXI es una teoría científica de la talla de la de Marx y Engels, lo que construyamos sobre ella no puede serlo menos, so pena de que la estructura construida no pase a ser más que una humilde choza levantada sobre los cimientos de un rascacielos”).
………
Ahora bien, ¿qué es lo que ocurre realmente en el flujo económico habitual de una empresa capitalista típica? Tomemos por caso una industria imaginaria y esquemática que actúe en ambientes financieros en los que la tasa de interés sea parecida a la de países desarrollados o, más bien, a la que prevaleció en Venezuela (9% anual) durante el período democrático hasta 1989, el año de introducción del “paquete económico” del segundo gobierno de Pérez, para los intereses que los bancos pagaban a los depósitos a plazo fijo. A lo largo de esa etapa, un industrial exitoso se daba con una piedra en los dientes cuando la ganancia de su empresa, típicamente de 10% o 15% de sus ventas, llegaba a representar cada año un 20% del capital que había invertido en ella. La diferencia de 11% sobre la tasa de interés era el incentivo que le movía a arriesgar capital y esfuerzo, y a someterse a riesgos adicionales de otra índole. (El riesgo al fracaso o el riesgo jurídico, por ejemplo). Ese margen diferencial era suficiente para que no se conformara con recibir 9% de un banco sobre el capital que depositara en él, o 12% si se atrevía a prestarlo él mismo con los riesgos implicados en la actividad de prestamista.
Digamos que en esa industria imaginaria hay un total de 400 personas trabajando (entre empleados y obreros) y que cada uno devenga, en promedio, 8.000 bolívares (fuertes) de remuneración mensual por su trabajo. (Unos ganan menos de 8.000 y otros ganan más, como es lo usual). El total de la remuneración del trabajo sería en este caso de 3.200.000 bolívares mensuales, o 38.400.000 anuales.
Supongamos ahora que esta fuerza de trabajo es dirigida por cuatro socios ejecutivos, cada uno de los cuales posee un 25% del capital y devenga un sueldo mensual de 65.000 bolívares (65.000.000 en bolívares débiles), u ocho veces el promedio de la remuneración promedio a los trabajadores, para una remuneración ejecutiva total de 260.000 bolívares mensuales o 3.120.000 anuales.
Supongamos también que por la magia del socialismo del siglo XXI se logra que estos ejecutivos ya no perciban sueldos, sino que trabajen con el mismo ahínco que antes como esclavos, y que lo que antes ganaban se reparta entre los 400 trabajadores. Bueno, en este caso la remuneración mensual de toda la fuerza de trabajo pasaría de ser 3.200.000 bolívares a ser 3.460.000 o, lo que es lo mismo, la remuneración mensual promedio de cada trabajador crecería de 8.000 bolívares mensuales a 8.650. Es decir, para conseguir un aumento salarial de sólo 8% debo reducir todo ejecutivo a la esclavitud, confiando en que su dedicación y su productividad permanecerían inalteradas bajo ese régimen.
En una industria típica la remuneración del trabajo está alrededor de 40% del costo total de producción, y éste es un 70% del total de costos y gastos. (Los gastos generales no asociados a la producción serían el 30% de ese total). Esto provendría de la siguiente estructura: un total anual de costos de la producción de 96.000.000 bolívares—de los que 38.400.000, como hemos dicho, corresponderían a la remuneración del trabajo—y gastos generales de 41.142.857 para un total de gastos y costos de 137.142.857 bolívares. Si la ganancia fuese, como es típico, de 10% de las ventas, entonces la empresa tendría que vender 152.400.000 bolívares por año para que, restado de ellos el total de costos y gastos, esa ganancia quedara en algo más de 15.000.000. (Exactamente, 15.257,143).
Si ahora consideramos que con ese monto se cumple el objetivo de un rendimiento anual de 20% sobre el capital invertido, lo que los accionistas han arriesgado en la empresa es un poco más de 75.000.000 de bolívares (76.285.714).
Ahora bien, es igualmente política habitual de una industria apartar la mitad de la ganancia para reinversión en la empresa que la mantenga viable, de modo que lo que realmente llega a repartirse de dividendos a los accionistas es asimismo la mitad de aquélla. En este caso, 7.628.571 bolívares por año. Ah, pero el socialismo del siglo XXI hace otro acto mágico al obtener de los ejecutivos accionistas su tesón de siempre aunque les arrebate los dividendos para repartirlos, una vez más, entre los trabajadores. Por este acto contrario a la “exclusión” cada trabajador recibiría al año 19.071 bolívares adicionales, o el equivalente de 1.589 bolívares mensuales más.
En síntesis, la desaparición de la remuneración ejecutiva y los dividendos vendría a representar un aumento mensual en la remuneración promedio de los trabajadores de 2.239 bolívares. Su sueldo pasaría de 8.000 bolívares por mes a 10.239, para un aumento de 28%.
¿Representaría tal cosa el paso de algún trabajador de la “exclusión” a la “inclusión social”?
De más está repetir que los cálculos presentados son esquemáticos—no se ha considerado cosas tales como las habituales comisiones pagadas a vendedores ni el impepinable rubro del impuesto sobre la renta—y corresponden a una empresa ficticia, pero se trata de un ejemplo bastante cercano a las condiciones frecuentes de una industria promedio.
¿Es esto tan difícil de explicar a la población?
La conclusión es clarísima: no hay nada de ciencia en la interpretación marxista de la economía de las unidades productivas. La verdad es que la labor empresarial, erróneamente tenida por excluyente, se remunera (salvo casos especiales particularmente escandalosos) de modo muy razonable. Si se eliminara la remuneración ejecutiva y el pago de los dividendos, se “excluiría” (esta vez sí) la función imprescindible de aquel que arriesga considerablemente para obtener una justa ganancia. En nuestro caso: cada uno de los cuatro socios recibiría una alta remuneración mensual (65.000 bolívares) por la delicada gestión que implica imaginar y definir el negocio, mantenerlo unido coherentemente y dirigir sus operaciones en medio de un ambiente competitivo y estatalmente regulado. Además recibiría un dividendo que debe compensarle la inmovilización de los recursos que invierte como capital y el riesgo nada trivial de perderlo. En el ejemplo discutido, cada accionista habría tenido que aportar 19.071.429 bolívares, y recibiría por año 1.907.143 bolívares como dividendo, un 10% de su inversión.
¿Es esto algo censurable? ¿Debe esto impedirse para que cada trabajador reciba 1.589 bolívares adicionales por mes, suponiendo que la rentabilidad de la empresa seguiría siendo la misma al suprimir el incentivo al capitalista salvaje?
De nuevo, ¿son estas claras cuentas algo de dificilísima explicación a los ciudadanos de este país?
LEA
___________________________________________________________
intercambios